DEPARTAMENTO DE HISTORIA MEDIEVAL
GUERRA Y NOBLEZA EN LA CORONA DE ARAGÓN. LA
CABALLERÍA EN LOS EJÉRCITOS DEL REY (SIGLOS
XIV-XV)
JORGE SÁIZ SERRANO
UNIVERSITAT DE VALENCIA
Servei de Publicacions
Aquesta Tesi Doctoral va ser presentada a Valencia el día 22 de
Març de 2003 davant un tribunal format per:
- Dr. D. Francisco Paulino Iradiel Murugarren
- Dr. D. Enric Guinot Rodríguez
- Dr. D. Miguel Ángel Ladero Quesada
- Dra. Dª. Mª. Teresa Ferrer Mallol
- Dr. D. Francisco García Fitz
Va ser dirigida per:
Dr. Antoni Furió Diego
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Jorge Sáiz Serrano
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I.S.B.N.:84-370-5764-7
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46010 València
Spain
GUERRA Y NOBLEZA EN LA CORONA DE ARAGÓN.
LA CABALLERÍA EN LOS EJÉRCITOS DEL REY
(SIGLOS XIV - XV)
Tesis doctoral presentada por:
Jorge Sáiz Serrano
Dirigida por:
INDICE
INTRODUCCIÓN. 5
Presentación 7
I. Caballería y ejército en la Baja Edad Media. 17
1. La adaptación de una élite militar, la caballería en la guerra 17
2 Las transformaciones de los ejércitos de caballería (finales s. XIV – mediados s. XV) 33
PRIMERA PARTE. LAS ESTRUCTURAS MILITARES Y SOCIALES. 51
II. Del feudo de bolsa a la soldada. Las estructuras militares en la Corona de Aragón (siglos XIII- XIV). 53
1 El servicio militar de los beneficiarios de feudos: caracteres, transformaciones y crisis 55
2 La difusión del reclutamiento a sueldo: de las campañas mediterráneas a la guerra con Castilla (1282-1365) 66
III. Casa y clientela feudal, la fuente social del potencial militar. 81
1 Casa y clientela, organización social del poder feudal: caracteres, estructura y tipología 82
2 El funcionamiento de la casa feudal: dimensiones y composición 96
IV. La organización social de la caballería tardofeudal. 111
1 El predominio de tropas de la casa y clientela. 113
2 De companyies de casa a tropas de caballería 136
V. Los grupos de una clientela militar: mecanismos de vinculación y pautas de servicio. 153
1 Cortesanos al servicio de la Casa Real 157
2 Caballeros y escuderos al servicio de una casa feudal 173
SEGUNDA PARTE. LA CABALLERÍA EN LOS EJÉRCITOS DEL REY 215 VI. El escenario militar de la Corona de Aragón (1420-1448): financiación y
composición del ejército 217
1 La expedición marítima de 1420: hacia Cerdeña y Córcega 218
2 La operación de presión política contra Castilla del verano de 1425 227
3 Las campañas de la guerra de Castilla de 1429-1430 233
4 La expedición mediterránea de 1432: hacia Nápoles por Sicilia y Túnez 244 5 La conquista de Nápoles: las campañas finales de 1441-1442 250 6 Las campañas centro-italianas entre 1443 y 1448 261 VII. Reclutamiento y encuadramiento de las tropas de caballería. La organización
militar del ejército real 277
1 El peso y la organización táctica de la caballería en los ejércitos 278 2 Las convocatorias o ampraments. Planificación política y gestión territorial de la
movilización de gente de armas 287
3 La hegemonía del reclutamiento asoldado. El contrato de acorriment: características y
mecánica de pago 295
4 Encuadramiento y estructuras de mando del ejército: una administración militar centralizada
desde la Casa Real 314
VIII. Entre las clientelas y el mercado. Estructura y formación de las compañías
nobiliarias en el primer tercio del siglo XV 333
1 Un modelo de compañías altonobiliarias: la gente de armas del duque de Gandía y del
conde de Luna 335
2 Familiares, clientes y contratados en las compañías de la baja nobleza 352 IX. Nobles, caballeros y hombres de armas. Condición social, procedencia geográfica y
equipamiento de los combatientes 375
1 Los hombres de armas a través de los registros de mostres 375
2 Perfiles sociales de hombres de armas: entre la baja nobleza y las clases medias. Las
mostres de 1430 399
X. Una vía clientelar de formación de tropas permanentes. La evolución del ejército de
caballería (1425-1448) 429
1 El peso de la clientela militar del rey en las campañas hispánicas (1425-1430) 434 2 La regularización de contingentes en la continuidad de la guerra (1432-1442) 446 3 La consolidación de un ejército permanente: la caballería tras la conquista de Nápoles
TERCERA PARTE. GUERRA Y NOBLEZA. 491 XI. La nobleza ante la guerra. Niveles de militarización y caracteres de la carrera
militar 493
1 La participación de la nobleza en las guerras del rey. Una militarización desigual. 493 2 La carrera de las armas: cultura nobiliaria y patrocinio real. 518
XII. Nobleza y profesionalización militar. 547
1 La profesionalización nobiliaria en la guerra: condicionantes y perfiles sociales. 547 2 Las compañías de los profesionales. La gente de armas de Eiximén Pérez de Corella y
Ramon Boïl. 576
XIII. La rentabilidad de la guerra como problema. 601
1 El impacto de la guerra en la economía nobiliaria. Costos y riesgos. 603
2 Los beneficios plurales del servicio militar al Estado. 628
3 La participación en la renta centralizada como alternativa a otras fuentes de ingreso
nobiliarias. 656
CONCLUSIONES. 675
ABREVIATURAS UTILIZADAS
ACA: Arxiu de la Corona d’Aragó AMV: Arxiu Municipal de València
APPV: Arxiu de Protocols del Reial Col.legi Seminari del Corpus Christi de Valencia. ARV: Arxiu del Regne de València
ASP: Archivio di Stato di Palermo
BCCV: Biblioteca del Reial Col.legi Seminari del Corpus Christi de Valencia.
B: Batlia
C-C: Claveria Comuna
CR: Cancilleria Reial
CRP: Conservatoria Real Patrimonio
GOV: Governació
LL-P: Lletres i privilegis
MC: Manuals de Consells
MR: Mestre Racional
PC: Procesoss de Corts
PROT: Protocols
RC: Reial Cancilleria
lib.: libro
CO.DO.IN: Colección de documentos inéditos del archivo general de la Corona de Aragón. ss.: sous reials de Valencia
d.: diners
ss. b.: sous de Barcelona ss. j.: sueldos de Jaca ll.: lliures
PRESENTACIÓN
Toda investigación histórica es fruto, en menor o mayor medida, de una sensibilidad historiográfica hija de su tiempo. El presente trabajo nació al calor del interés renovado que se vivió a comienzos de los años 90 sobre el problema del Estado como actor social y en concreto el controvertido y fecundo debate sobre el Estado en el Feudalismo. Una recuperación de la historia política condicionada en parte por un presente por entonces extremadamente convulso en el ámbito europeo. Para quien esto suscribe, cautivaron y condicionaron la línea a seguir las lecturas iniciales de obras de la sociología histórica sobre la historia social del poder político y militar (Michael Mann, Charles Tilly), tanto como la de trabajos renovados de la medievalística francesa sobre el Estado y la guerra en la Edad Media (El Domingo de Bouvines de Duby, L’État et les pouvoirs de Le Goff, La guerra en la Edad Media de Contamine), pero también clásicos del materialismo histórico donde, de forma poco común, se situaba a la guerra y el Estado en primer plano (El Estado Absolutista, de Anderson).
y de la guerra, como lo tuvieron a comienzos de los 90 los conflictos de la ex-Yugoslavia o la desintegración de la antigua URSS. Sin duda, las iniciativas privadas en la gestión y dirección de la guerra han prosperado de forma creciente a raíz del desarrollo de conflictos de baja intensidad, enquistados en áreas que escapan al control estatal en el Tercer Mundo (de Colombia a Afganistán), así como en otros territorios de la periferia de Europa (Balcanes, Magreb, Oriente Medio) donde el Estado es débil. Pero el negocio de la guerra en mayúsculas sigue teniendo como principales beneficiarios a los Estados de los países desarrollados, y en concreto a sus ejércitos profesionales y, gravitando en torno a éstos, a las empresas e industrias armamentísticas y de servicios logísticos a las tropas. Unos y otros viven de las guerras.
marco de integración de los nobles y caballeros en la guerra. Los segundos interrogantes suponen ahondar en las complejas relaciones existentes entre la nobleza y el ejército, en concreto las razones sociales y económicas del servicio militar de los nobles y caballeros, cuestionándome por qué unos participaban más que otros y desglosando cuál era la rentabilidad que ofrecía la guerra, confrontando los beneficios que ofrecía con los costes y riesgos que acarreaba.
último curso de licenciatura (1991-1992), era tan sólo una mera iniciación a la investigación que buscaba examinar la bibliografía sobre el “poder del Estado en la Corona de Aragón entre los siglos XIII y XV”. El segundo ya se materializó, a partir de 1992-1993, en la línea que conduce a la presente tesis, a través del marco más amplio de la relación entre “Estado, Guerra y Sociedad en la Corona de Aragón y el reino de Valencia (siglos XIV y XV)”.
La primera toma de contacto con el tema, a partir de otoño de 1992, vino de la mano del examen de los fondos de la Tesorería de Alfonso el Magnánimo en los años 20, y en concreto durante la guerra con Castilla de 1429-1430, junto con mi amigo y compañero Luis Pablo Martínez, con quien compartía mutuo interés por la guerra y el Estado. Descubrir los registros de la Tesorería general de la Corona de Aragón en el ARV supuso aproximarse al mejor escenario para investigar la guerra, el ejército y el Estado. Del examen de los asientos de pago del tresorer y la copia de las amplias y áridas nóminas de nobles y caballeros que recibían acorriment del sou para servir al rey a cargo de hombres a caballo, empezaba a llamarme la atención la proliferación de nobles con oficios cortesanos (cambrers, botellers,
uixers d’armes, alguzirs, etc.), que al mismo tiempo participaban en la guerra. Paralelamente se comenzó a ampliar el campo de análisis, investigando aquellas familias nobiliarias que más recurrentemente aparecían en los registros, lo que me acercó a la riqueza y variedad de los fondos notariales y judiciales del ARV y del APPV, concentrados en torno al bienio 1429-1430.
caballería de la Corona de Aragón de la primera mitad del siglo XV (reclutamiento a sueldo, protagonismo de la Casa y clientela feudal, etc.), así como sus transformaciones en el reinado de Alfonso el Magnánimo. En segundo lugar, las formas de integración de la nobleza en la guerra y los beneficios que supuso su inserción en estructuras militares dirigidas por el Estado, en comparación con otras fuentes de rentas a su alcance y en relación con los costos y riesgos que acarreaba el servicio armado.
Para cubrir ambas líneas de trabajo se ha recurrido al estudio combinado de diversos frentes documentales y a la elaboración de cuatro grandes bases de datos. En primer lugar, para la organización y el modelo de ejército de caballería y su evolución en la primera mitad del siglo XV, se examinaron los registros de la Tesorería real y cajas paralelas a la misma conservadas (custodiados en su práctica totalidad en el ARV), así como los fondos alusivos a la organización militar generados por la Cancillería real (esencialmente las series Curiae Sigilli Secreti del ARV y Exercitum et Curiarum del ACA) y las compilaciones realizadas al efecto por oficiales reales (Llibre de stols e armades reials de la BCCV). Desde los registros financieros, el trabajo se concretó en la confección de una amplia base de datos (4.766 fichas) de todos los nobles, caballeros y hombres de armas contratados por las finanzas reales (a cargo de una compañía armada o individualmente) a lo largo de ese periodo, básicamente entre 1420 y 1447, durante las campañas de Alfonso el Magnánimo, una base de datos que ha supuesto el punto de referencia para el examen del ejército y el seguimiento y selección de linajes e individuos nobles.
Finalmente, en cuarto lugar, para el análisis de la vinculación de la nobleza en la guerras de la primera mitad del XV, me propuse combinar la información obtenida de los tres primeros frentes documentales (ejército real, compañías nobiliarias y hombres de armas, Casas y clientelas) con las nóminas de individuos nobles disponibles así como con la información notarial y judicial sobre los linajes a lo largo de ese periodo. Para ello, por una parte, se estudiaron las convocatorias militares del primer tercio del siglo XV (1420, 1424-1425), contenidas en los registros de la Cancillería Real del ACA, así como, a nivel valenciano, las citaciones a las armas y a Cortes entre 1413 y 1448 y una tacha fiscal de 1430, recogidas en diversas secciones locales del ARV y AMV (Cancillería, Governació, Procesos de Corts), logrando una amplia base de datos de sujetos nobles (2.505 fichas) entre 1413-1448, básicamente valencianos. Y, por otra parte, se examinó la rica información de regestas documentales de fondos notariales y judiciales sobre linajes recogida en el FGC (Fichero Genealógico Lluís Cerveró)del ARV, accediendo a apellidos previamente seleccionados. Una labor que se extendió a su vez a la consulta de fondos notariales ya elegidos (básicamente entre 1420-1430), custodiados tanto en el ARV como en el APPV. El resultado de la integración de esos frentes documentales se concretó en la elaboración de prosopografías sobre linajes nobiliarios y sus diferentes miembros documentados, labor ésta que todavía permanece abierta, pues ni mucho menos un tema tan vasto como el presente se cierra con el presente trabajo.
A partir de toda esa información, los resultados, concretados en la presente tesis doctoral, se desglosan en cuatro bloques. Una introducción general, sobre el peso y caracteres de la caballería y ejércitos bajomedievales, y tres grandes partes: en primer lugar, las estructuras militares y sociales de la caballería en la Corona de Aragón del siglo XIV; en segundo lugar, la concreción y transformación de esas estructuras en el reinado de Alfonso el Magnánimo; y en tercer lugar, la relación guerra y nobleza, examinando, desde el ejemplo valenciano, la integración de los nobles y caballeros en las guerras del Magnánimo así como la rentabilidad de las mismas para éstos.
Trescientos y mediados del Cuatrocientos, haciendo especial hincapié en el papel que asume la Casa Real en la dirección y protagonismo de esos cambios.
En la primera parte (capítulos II al V) se abordan las estructuras militares (reclutamiento) y sociales (Casa y clientela feudal) que fundamentan la presencia de la caballería en los ejércitos bajomedievales. Rebaso por ello el marco cronológico esencial de la tesis, la primera mitad del siglo XV, y me aproximo al contexto militar de la Corona de Aragón en el siglo XIV con el objetivo de cubrir el origen del modelo de ejército de caballería del reinado del Magnánimo. Inicialmente (capítulo II) se examina la transformación de las estructuras militares estatales, el paso del servicio basado en feudos-renta o feudos de bolsa a la generalización del reclutamiento a sueldo así como la administración militar de mediados del siglo XIV con el cada vez mayor control centralizado desde la Casa Real. A continuación (capítulos III-V) se profundiza en la Casa y clientela feudal, como formas organizativas del poder social del conjunto de la clase feudal, incluida la persona del monarca, y concebidas como fuentes esenciales del potencial militar. El objetivo en este sentido es doble. Por un lado, valorar cómo se materializa en la Corona de Aragón, entre la nobleza y entre la monarquía, el proceso de fortalecimiento y expansión de las clientelas centralizadas en torno a la Casa, como organización patrimonial, y remuneradas con un esquema amplio de retribuciones monetarias (rentas, pensiones) a cambio de servicios. Por otro lado, determinar el peso y papel de la Casa y clientela en la organización social de las fuerzas de caballería, ahondando en el análisis de aquellos servidores vinculados a la Casa o externos a la misma que muestran un mayor protagonismo militar. Para ello se parte de los planteamientos al respecto de la historiografía anglosajona, la que de forma más fecunda ha asumido el reto de interpretar y examinar las nuevas redes clientelares al servicio de la clase feudal, al hilo del concepto de Bastard Feudalism, y se propone un esquema de análisis válido para el examen conjunto de la Casa y clientela del rey (Alfonso el Magnánimo) y de un noble (Alfons d’Aragó y su hijo Alfons el Jove).
como una valoración conjunta del modelo de administración militar. Los dos siguientes capítulos pretenden ser una radiografía de las bases sociales de la presencia de la caballería en los ejércitos reales de la Corona de Aragón, desde la perspectiva de la nobleza y el reclutamiento en tierras valencianas. Se examinan, de esta forma, por un lado, la estructura y formación de las compañías nobiliaria de caballería, poniendo de relieve el respectivo peso de las clientelas o el mercado en la movilización de combatientes y los elementos de continuidad con las estructuras heredadas del siglo XIV; y por otro lado, los hombres de armas, su diversa condición social, procedencia geográfica y el coste y distribución de su equipamiento (armadura, caballos). Finalmente, se presenta el cambio esencial que se detecta en el reinado del Magnánimo, la emergencia de fuerzas permanentes de caballería, favorecida por la persistencia de la guerra, la reorganización de la estructura clientelar de la caballería real y el dinamismo de la política financiera del rey.
seguimiento de los ejércitos, la vulnerabilidad económica y los rescates. Se pasa después a desglosar el alcance y tipología de los amplios beneficios que implica la guerra, desde los tradicionales (botín y recompensas señoriales) hasta las retribuciones monetarias (soldadas, pensiones, rentas, etc.). Finalizo examinando, a partir de cuatro ejemplos concretos, la importancia que supone para la nobleza la participación en la renta centralizada procurada por su servicio militar profesional en comparación con sus otras fuentes de ingresos (señoriales y crédito).
Hasta llegar al final han sido diez años de trabajo discontinuo pero insistente. Durante ese tiempo los interrogantes han ido aumentando al mismo ritmo proporcional que descendían las seguridades teóricas propias de un ambicioso comienzo. Pero paralelamente también me he beneficiado del diálogo y experiencias de investigación compartidas con un grupo de amigos y colegas. De hecho, son muchas las personas que, de una manera o de otra, han hecho posible que este trabajo llegara a buen puerto.
I. CABALLERÍA Y EJÉRCITO EN LA BAJA EDAD MEDIA
1. LA ADAPTACIÓN DE UNA ÉLITE MILITAR, LA CABALLERÍA EN LA GUERRA
Son numerosos los tópicos imperantes en torno al papel militar de la caballería entre los siglos XIV y XV, pero también en la época dorada de la misma, entre los siglos X/XI al XIII. La imagen del caballero con armadura pesada prácticamente ha monopolizado la naturaleza de la guerra medieval. Una imagen en gran medida distorsionada por las fuentes contemporáneas, tanto las literarias (crónicas, obras didácticas) como las artísticas que, al servicio de la élite nobiliaria, consagran sus mejores expresiones a la figura y el rol del miles, marginando o silenciando a los restantes componentes de los ejércitos medievales (peones, ballesteros, especialistas en asedios, etc.)1.Se defiende la existencia durante el periodo clásico
feudal (XI-XIII) de una supremacía absoluta de la caballería pesada como arma en los ejércitos, frente a la insignificancia táctica de la infantería, reflejo a su vez del dominio y poder social de la nobleza y de la debilidad de los poderes estatales. Sólo a partir del primer tercio del siglo XIV comienza un irremediable proceso de decadencia del papel militar de la caballería y un progresivo auge de la infantería. Es entonces, a lo largo de los siglos XIV y
XV, cuando el caballero va perdiendo su protagonismo en los escenarios militares. La caballería, como fuerza de los ejércitos, deja de estar a la altura de los "nuevos" tiempos, los tiempos del fortalecimiento del Estado, con sus renovados aparatos burocráticos y financieros, y los tiempos de nuevas armas y nuevas tácticas, las transformaciones en el arte de la guerra con la creciente promoción de la infantería y los lentos progresos de la artillería. El tópico tiene, a nuestro juicio, dos caras exageradas que dificultan la comprensión de la amplia capacidad de adaptación militar de la caballería medieval: ni hubo supremacía total de la caballería en los siglos XI – XIII, ni decadencia continua de la misma en los siglos XIV y XV. Dos imágenes que nacen en gran medida de una escasa reflexión en torno a la realidad cotidiana de la práctica de la guerra medieval y las transformaciones sociales y militares en la composición de los ejércitos. Es necesario un replanteamiento crítico del papel de la caballería, matizando ambas vertientes. De esas dos caras del tópico la que más atañe a la cronología del presente trabajo es la de la irremediable decadencia bajomedieval de la caballería. Una imagen que posee casi la fuerza de un paradigma entre cierta historiografía.
Para la defensa de la decadencia de la caballería se recurre a una argumentación cultural. Durante el Trescientos y más específicamente en el Cuatrocientos, la cultura caballeresca, como ideología de las aristocracias dominantes, llegaba a sus cotas más altas de formalización práctica y teórica (codificación de múltiples expresiones rituales -pasos de armas, justas y torneos, etc.- y auge de una tratadística caballeresca al respecto) y de difusión social (rituales caballerescos como espectáculos públicos), como reacción a la progresiva desvirtuación e inadecuación del rol militar de la caballería. Una caballería bajomedieval, la del alba de los "tiempos modernos", desvinculada de las nuevas necesidades político-militares, y replegada en un mero universo cultural, esplendoroso no obstante, de referencia y cohesión del conjunto de la heterogénea clase feudal. Era el recuerdo decadente de un pasado de esplendor, del auge perdido de la antigua caballería feudal de los siglos XI al XIII.
En buena medida, el origen de esa percepción de la caballería bajomedieval debemos buscarlo en la difusión de las tesis de Johan Huizinga2. El autor holandés interpretó la
codificación de una desarrollada cultura caballeresca en los últimos siglos medievales como un mecanismo cultural de evasión lúdica y colectiva de la nobleza, totalmente desvinculado de la realidad material de la conducción de la guerra y desarrollado con el fin de hacer frente a las propias dificultades materiales en que la aristocracia se vio inmersa. Para el citado autor, el universo cultural e ideológico caballeresco y, sobre todo, su notable floración en el
Cuatrocientos, devino para la nobleza en la auténtica idealización de un pasado de hegemonía perdida, una forma de evasión cultural, un anhelo común de la clase nobiliaria como reacción a las realidades sociales y militares del momento, con las que estaba en clara contradicción. Su concepción de la caballería bajomedieval llevaba implícita, de hecho, la afirmación que ésta ya no ejercía influencia importante alguna en la conducción de la guerra3. La visión de
Huizinga, elaborada a principios de siglo, se fijó progresivamente como el punto de partida, en cierta medida ortodoxo, de gran parte de los estudios del problema de la caballería bajomedieval4. Una visión clásica que ha pervivido, en cierto sentido, hasta la actualidad.
Podría decirse que el paradigma de la decadencia bajomedieval de la caballería habría podido condicionar, en cierta medida, las líneas de investigación sobre la propia caballería y, en general, sobre la nobleza europea, sobre todo entre la historiografía francesa5. En este
sentido, no debe ser casualidad la gran concentración de estudios sobre la caballería en los siglos XI-XIII, en la fase de su génesis y progresivo apogeo: unos estudios que profundizan en las claves sociales del origen, consolidación y caracteres de la caballería como expresión material e ideológica de la nueva clase feudal, tal y como puede seguirse en los trabajos de historiadores franceses como G. Duby6, J.P. Poly y E. Bournazel7 y J. Flori8, que
continuaron la línea abierta al respecto por M. Bloch9. Por contra, cuando se aborda el tema
en los siglos XIV y XV se acentúa el análisis de la vertiente cultural e ideológica de la
3"El ideal caballeresco, con su contenido todavía religioso, sólo podía ser profesado por una época capaz de cerrar los ojos a la fuerza de las realidades": Ibid., p 152; sus tesis al respecto pueden verse en el capítulo 7 "La significación política y militar del ideal caballeresco", pp. 133-152; y en su posterior trabajo “La valeur politique et militaire des idees de chevalerie à la fin du Moyen Âge”, Revue d’histoire diplomatique, 25, (1921), pp. 126-138; el continuador de las tesis de Huizinga en ámbito anglosajón fue KILGOUR, R.L., The Decline of Chivalry as shown in the French Literature of the Late Middle Ages, Cambridge, 1937.
4Sobre el itinerario historiográfico de las tesis de Huizinga hasta inicios de los años 70, vid. BARBERO, Alessandro, "Guerra, nobiltà, onore fra Trecento e Quattrocento nella storiografia anglosassone", Studi Storici, 27, (1986), pp. 173-201, especialmente pp. 173-174; y CARDINI, Franco "Per una storia della storia della cavalleria", Guerre di primavera. Studi sulla cavalleria e la tradizione cavalleresca, Florencia, 1992, pp. 51-64, especialmente pp. 63-64.
5Tal y como sutilmente sugiere A. BARBERO: "Guerra, nobiltà..., cit,", p. 174 nota. 8.
6DUBY, Georges, Hombres y estructuras de la Edad Media, Madrid, 1989 (reed.), en concreto los trabajos "Los jóvenes en la sociedad aristocrática de la Francia del Noroeste en el siglo XII", pp. 132-147; "Los orígenes de la caballería", pp. 209-228; y sobre todo su fenomenal monografía sobre el noble Guillermo el Mariscal en el tránsito de los siglos XII al XIII, Guillermo el Mariscal, Madrid, 1988.
7POLY, Jean Piere - BOURNAZEL, Éric, El cambio feudal (siglos X al XII), Barcelona, 1980.
caballería, como puede apreciarse en los trabajos de Franco Cardini10 o J.E Ruiz Doménec11.
En cierta medida, podría decirse que el problema de la caballería en los últimos siglos medievales ha quedado planteado, fundamentalmente, desde una perspectiva culturalista y antropológica. Una perspectiva que domina los estudios de la caballería bajomedieval y que, de forma indirecta, ha acabado por hacer arraigar la tesis de la decadencia militar irreversible de la caballería como un útil mecanismo explicativo, entre otros, de la propia efervescencia de la ideología y cultura caballeresca. Pero, yendo más allá, ¿podríamos, igualmente, establecer alguna relación entre esa hegemonía de estudios culturalistas y la inexistencia de monografías o síntesis sobre la caballería como pequeña nobleza en el periodo bajomedieval12?
Hemos de reconocer, de hecho, que la influencia del análisis culturalista de la caballería en la defensa de su declive militar tardomedieval ha sido enorme, sobre todo en los sectores dominantes de la historiografía francesa e italiana sobre el tema: como el propio Georges Duby, quien sostiene que la caballería, como fenómeno cultural y militar, en las primeras décadas del Doscientos ya era una reliquia del pasado13; o Jean Flori quien,
analizando la caballería francesa bajomedieval, sitúa ya el comienzo de su ocaso militar a partir del Trescientos, aunque en sus últimos trabajos ha corregido esa visión14; o de igual
forma, Franco Cardini quien defiende la persistencia entre los siglos XIII y XVI de un proceso de reiterada decadencia militar de la caballería a raíz de su inadaptación a los crecientes cambios técnicos en la guerra (desde la expansión de la infantería hasta el desarrollo de las armas de fuego); una caballería que se refugiará en el complejo de rituales caballerescos15. En este sentido, se llega a poner como ejemplo de la decadencia
10Como los estudios contenidos en CARDINI, Franco, Guerre di primavera. Studi sulla cavalleria..cit; y del mismo autor, L’acciar del cavalieri. Studi sulla cavalleria nel mondo toscano e italico (secc. XII – XV), Florencia, 1997.
11RUIZ DOMÉNEC, Jose Enrique, La caballería o la imagen cortesana del mundo, Génova, 1984; y La novela y el espíritu de la caballería, Barcelona, 1993.
12La escasez de monografías al respecto ha sido señalado en un estado de la cuestión sobre la baja nobleza europea en PASTOR Reyna et alii, "Baja nobleza: aproximación a la historiografía europea y propuestas para una investigación", Historia Social, 20, (1994), pp. 23-45, especialmente, p. 36.
13En su estudio sobre Guillermo el Mariscal concluye afirmando que desde inicios del XIII, "la caballería ya no era, como tampoco lo era el mismo Guillermo, sino una forma residual, una reliquia" Cfr. DUBY, Georges, Guillermo el Mariscal..., cit, pp. 170-171.
14Flori, cuestionándose el problema de "una chevalerie obsolète?", afirma que para la caballería "sa suprématie est tout de même battue en brèche, sur le terrain, par l'evolution des tactiques et des tecniques de la guerre. Ce mouvement, déja largement amorcé au XIVé siècle, s'amplifie dans la seconde moitié du XVé siècle": FLORI, Jean, La chevalerie..., cit, p. 39.En su reciente síntesis sobre la caballería se ha mostrado, sin embargo, menos tajante recordando que “tampoco es seguro que la caballería quedara obsoleta en los siglos XIV y XV” y realizando un análisis más equitativo de su papel militar: FLORI, Jean, Caballeros y caballería..., cit, pp. 116-120
tardomedieval la mutación funcional que el torneo sufre de los siglos XII al XV: pasa de ser el ejercicio nobiliario de entrenamiento militar por excelencia en la fase de apogeo de la caballería (siglos XII-XIII), a transformarse, a lo largo del XIV y sobre todo durante el XV, en un espectáculo cortesano de recreo nobiliario al servicio del Estado, como medio propagandístico de autoafirmación de la clase nobiliaria16. El torneo y los enfrentamientos
deportivos (pasos de armas, justas, etc.) devienen meros rituales cortesanos, ceremonias fastuosas, fiestas de caballería privadas de contactos directos con la realidad de la guerra y sometidas a estrictas formulaciones y reglamentaciones17.
Sin embargo las formas culturales de la caballería tardomedieval no estuvieron desvinculadas de la realidad militar. En esa dirección, en el cuestionamiento de la tesis dominante fueron decisivas las aportaciones de la historiografía anglosajona a partir de inicios de la década de los 70. En los trabajos de autores como Maurice Keen18 y sobre todo Malcolm
Vale19 puede verse una revisión del problema de la pretendida decadencia, y más
concretamente de la tesis de la desvinculación entre la guerra y la cultura caballeresca tardomedieval. Los citados autores defienden el mantenimiento de una estrecha correspondencia entre el apogeo del aparato cultural caballeresco y una guerra bajomedieval en la que la caballería continúa estando altamente valorizada, pero ahora con una nueva dimensión pública, de servicio nobiliario al príncipe, esto es, de servicio al Estado y con una cada vez mayor integración en los ejércitos estatales. En este sentido, los rituales caballerescos como los torneos y justas, a pesar de su creciente pompa y teatralidad, no
la caballería le quedaba el aparato, los torneos, los desafíos 'a singular combate': pero la guerra verdadera de finales de la Edad Media era ya otra cosa. Las armas de fuego, a partir del siglo XIV, dieron el golpe de gracia a la utilidad militar y prestigio moral del combatiente a caballo": CARDINI, Franco, "El guerrero y el caballero", en LE GOFF, Jacques (ed.), El hombre medieval Madrid, 1990, pp. 117-118; y del mismo autor, "Guerra e guerrieri nel 'medioevo caballeresco'", en Guere di primavera..., cit, pp. 197-207, especialmente pp. 206-207. De hecho, su idea de la irreversible decadencia armada de la caballería la traslada a su fenomenal síntesis sobre la evolución de la organización y cultura de la guerra cuando indica que "la crisi de la cavalleria, maturata nel corso del Duecento ed esplosa nel sucesivo Trecento, era anche crisi spirituale -o come si direbbe 'di valore'-; ed era altresi crisi propiamente militari": Quell'antica festa crudele. Guerra e cultura de la guerra dall'età feudale alla grande rivoluzione, Florencia, 1982, p. 40.
16FLORI, Jean La chevalerie..., cit, pp. 55-58, y del mismo autor, Caballeros y caballería..., cit, pp. 146-151; RUIZ DOMÉNEC, Jose Enrique, "El torneo como espectáculo en la España de los siglos XV-XVI", en La civiltà del Torneo (sec. XII-XVII). Giostre e tornei tra Medioevo ed età Moderna, Narni, 1990, pp. 159-193; CARDINI, Franco, "Note sul torneo", Guerre di primavera..., cit, pp. 237-258.
17Sobre la reglamentación de los torneos y batallas deportivas en el marco de los reinos peninsulares véase, por ejemplo: RIQUER, Martí de, Lletres de batalla, cartells de deseiximents i capítols de passos d’armes, Barcelona, 1968-1969; id. Caballeros andantes españoles, Madrid, 1967; DE ANDRES DIAZ, Rosana, "Las fiestas de caballería en la Castilla Trastámara", En la España Medieval, 5, (1986), pp. 81-107; MARTIN, Jose Luis - SERRANO-PIEDECASAS, Luis, "Tratados de caballería. Desafíos, justas y torneos", Espacio, Tiempo y Forma, Hª Medieval, t. 4, (1991), pp. 161-242;
18KEEN, Maurice, La caballería, Barcelona, 1986.
llegaron a perder totalmente su originaria función para-militar: a pesar de su creciente elitismo los juegos y enfrentamientos deportivos continuaron siendo ejercicios nobiliarios formativos de adiestramiento para la guerra, aunque cada vez más estimulados por el Estado, como actividades cortesanas de expresión de la renovada hegemonía aristocrática al servicio del Estado. Tanto Keen como Vale sostienen, en definitiva, que la caballería en los siglos finales de la edad media mantenía su peso e importancia militar fruto de su adaptación y dinamismo, reflejo indirecto del dinamismo de una nobleza que, si bien pasaba por evidentes problemas materiales, seguía participando intensamente en las guerras20.
Porque, de hecho, es precisamente en términos militares y sociales, y no estrictamente culturales, donde nos interesa llevar el problema de la "decadencia" de la caballería. Realmente, ¿cómo había evolucionado el rol militar de la misma a lo largo de los siglos XIV y XV?; ¿conoció un simple proceso de declive y cada vez se mostroó más inadaptada a los progresos del arte de la guerra y la transformación de los ejércitos? Frente a esta visión, la historiografía más estrictamente centrada en la historia social de los ejércitos y la guerra ha confirmado que la caballería bajomedieval, lejos de padecer un unidireccional y lento ocaso, todavía mantuvo un periodo final de auge comprendido entre finales del siglo XIV y mediados del XV: periodo en el que una caballería mejor equipada continuaba siendo la espina dorsal de los ejércitos, integrándose en los mismos de forma más operativa en estrecha coordinación con las fuerzas de infantería. Desde este punto de vista, si bien es evidente que hubo un notable cambio respecto a la época considerada como la de su tradicional hegemonía, tal cambio no puede interpretarse en términos de "decadencia", sino más bien como una transformación del peso militar de la caballería. Y ello era reflejo de su adaptación a la propia transformación de la naturaleza de la guerra y a la estructura de los ejércitos. Intentemos, pues, un replanteamiento del problema, interrogándonos cómo se llegó a esa transformación y cuáles fueron sus caracteres.
Para muchos historiadores el periodo comprendido entre finales del Doscientos y comienzos del Trescientos marcaba el punto de inflexión de la época de dominio militar de la
caballería pesada: los tiempos de su hegemonía en combate iban tocando a su fin. Hasta entonces y durante más de dos siglos las cargas de choque de la caballería pesada representaban una de las manifestaciones de la guerra más importantes21, aunque su
predominio táctico nunca había sido ni tan absoluto como tradicionalmente se pretendía ni en la actuación de la caballería pesada se resumía toda la práctica de la guerra en la plena Edad Media, tal y como se ha destacado por parte de la historiografía militar más reciente22. De
hecho, en los escenarios militares de los siglos X – XIII, la caballería, sin duda la élite militar, no sólo jugaba en ocasiones papeles más decisivos combatiendo desmontada, a pie, sino que para la efectividad de sus cargas necesitaba de la acción combinada con otros combatientes (esencialmente tiradores, arqueros o ballesteros); de igual forma, la caballería actuaba menos en unas escasas batallas campales y más en las operaciones que dominaban la realidad de la guerra, los asedios y las incursiones de desgaste y destrucción23. Ahora bien, aunque el
21Sobre el origen y caracteres de la técnica militar de la caballería pesada en torno al siglo XI vid: FLORI, Jean, "Encore l'usage de la lance. La tecnique du combat chevaleresque vers l'an 1100", Cahiers de Civilisation Médieval, 31, (1988), pp. 213-240; GAIER, Claude, “A la recherche d’une esgime decisive de la lance chevaleresque: le `coupe de fautre´ selon Gilesbert de Mons (1168)”; id. Armes et combats dans l’univers médiéval, Bruselas, 1995, pp. 57-77; CIRLOT, Victoria, "Tecniques guerrières en la Catalogne féodale: le maneiment de la lance", Cahiers de Civilisation Médieval, 28, (1985), pp. 37-43; SETTIA, Aldo, “Le radici teconologiche della cavalleria medievale”, Rivista Storica Italiana, 97, (1985), pp. 264-273. Una descripción de la táctica clásica de las cargas de choque de caballería y las formas de combate de la caballería pesada: CONTAMINE, Philippe, La guerra en la Edad Media, Barcelona, 1984, p. 287; VERBRUGGEN, J. F., The art of warfare in western Europe during the middle ages. From eigth century to 1340. Volume 1, Amsterdam, Nueva York, Oxford, 1979 -ed. orig. 1954-, especialmente pp. 89-96. Un clásico estudio social de una batalla en la que toma parte la caballería pesada en Georges DUBY, El domingo de Bouvines, 24 de julio de 1214, Madrid, 1988, sobre todo, pp. 102-161.
22Para un replanteamiento del papel militar de la caballería pesada en la época clásica feudal véanse: BACHRACH, Bernard S., “On Roman Ramparts, 300- 1300..., cit”, pp. 88-91;GARCIA FITZ, Francisco, Ejércitos y actividades guerreras..., cit, pp. 30-34; GILLINGHAM, John, “An Age of Expansion c. 1020 – 1204..., cit”, pp. 76-8; MORILLO, Stephen, Warfare under the Anglo-Norman Kings, 1066-1135, Woodbrigde, 1994, pp. 160-162 y del mismo autor “The ‘age of chivalry’ revisited”, KAGAY, Donald – VILLALÓN, Andrew (ed.), The Circle of War in the Middle Ages. Essays on Medieval Military and Naval History, Woodbrigde, 1999, pp. 45-58. Una síntesis sobre la evolución y tácticas de la caballería también puede verse en HALL, Bert S., Weapons and Warfare in Renaissance Europe, Londres, 1997, “The evolution of tactics and the role of Cavalry”, pp. 10-15.
ejercicio de la guerra no se reducía a las cargas ni era un patrimonio exclusivo de los milites sí estaba dirigido y controlado por ellos. Unos milites en principio (siglos X-XI) sólo como combatientes a caballo pesadamente armados (loricatus, armatus), pero progresivamente (siglos XII-XIII) como categoría social reservada a los miembros de la naciente y heterogénea clase feudal24. En su conjunto en la fase feudal "clásica", entre el 900 y el 1300
aproximadamente, los destinos de las operaciones militares se decidían mayoritariamente por el grado de presencia y participación de contingentes de caballeros protegidos con cotas de malla, armados de lanza y espada, y centro de un pequeño equipo de asistentes, entre tres y cinco scutiferi, armigeri, con sus respectivos caballos25; ellos eran el centro de un ejército que
también necesitaba de la concurrencia de la infantería (peones, arqueros, ballesteros) que les superaba en número, pero también de especialistas en cercos y asedios: entre todos los combatientes a pie, pedites, peons, los ballesteros y arqueros comenzaban a ser utilizados a
Medieval Siege, Woodbrige, 1992; JONES, Richard, “Fortifications and sieges in western Europe, 800-1450”, KEEN, Maurice (ed.), Medieval Warfare..., cit, pp. 164-185. Y sobre el peso de la guerra de desgaste en ámbito peninsular y anglonormando véase: GARCIA FITZ, Francisco, Castilla y León frente al Islam. Estrategias de expansión y tácticas militares, Sevilla, 1998, pp. 59-170; MORILLO, Stephen, Warfare under the Anglo-Norman Kings..., cit, pp. 98-102; STRICKLAND, Mathew, War and Chivalry. The Conduct and Perception of War in England and Normandy, 1066-1217, Cambrigde, 1997, pp. 248-281.
24Porque de hecho, es en ese periodo, como demuestra la interferencia entre el sentido puramente militar y social del término miles, cuando se asiste a la génesis de la nobleza como clase social mediante la lenta y conflictiva fusión entre las aristocracias políticas, herederas del sistema social antiguo (tardoromano y carolingio) y sus clientelas militares de servicio ("castellanos") a cargo de comitivas de guerreros a caballo. Fusión e interrelación fluida y violenta al principio que tiende a cerrarse a partir de los siglos XII y XIII. La codificación por parte de la Iglesia, de un esquema ideal de la sociedad, la clásica vertebración social trifuncional, acabaría consagrando la fusión de la naciente y nueva clase social como bellatores, encargados de la defensa del resto de órdenes, misión militar de la que se haría derivar su hegemonía. De esta forma el caballero y el noble, acabaron formando el mismo referente de prestigio social; un prestigio y una ideología dominante que tenía plasmación material y directa en el auge militar de la caballería como reflejo, precisamente, de la cristalización efectiva del dominio de la nueva clase social, la aristocracia feudal. Sobre el origen de la nobleza como clase y su vinculación con la caballería como realidad militar y posteriormente social, entre la amplia bibliografía a reseñar, no exenta de importantes debates (desde el concreto entre Flori y Barbero por ejemplo, hasta el debate más amplio y reciente sobre el propio origen del sistema social feudal –Guy Bois, David Barthélemy, Susan Reynolds etc.-) destacaríamos los siguientes trabajos monográficos y síntesis sobre el tema, presentadas sin ánimo de prolijidad: BARBERO, Alessandro, L’aristocrazia nella società francese del medioevo, Bolonia, 1987 y del mismo “Noblesse et chevalerie en France au Moyen Âge, une reflexion”, Le Moyen Âge, 3-4, (1991), pp. 431-449; BOIS, Guy, La revolución del año mil, Barcelona, 1991, pp. 213-248; CARDINI, Franco, Alle radici della cavalleria medievale, Florencia, 1981; COSS, Peter, The Knight in Medieval England, 1000 – 1400, Stroud, 1993, pp. 5-29; DOLSET, Henri, “En el corazón del debate sobre la feudalidad: las clientelas militares”, Historiar, 4, (2000), pp. 66-83; DUBY, Georges, "Los orígenes de la caballería..., cit”, y Los tres órdenes o lo imaginario del feudalismo, Barcelona, 1983, especialmente pp. 213-238; FLORI, Jean, “Chevalerie, noblesse et lutte des clasess au Moyen Âge”, Le Moyen Âge, 94, (1988), pp. 257-279; id., Caballeros y caballería..., cit, pp. 69-90; LAURANSON-ROSAZ, Christian “La ‘Mutación feudal’: una cuestión controvertida”, Historiar, 4 (2000), pp. 12-31; PASTOR Reyna et alii, "Baja nobleza: aproximación a la historiografía europea…cit”; POLY, Jean Piere - BOURNAZEL, Éric, El cambio feudal..., cit, pp. 3-126; QUINTANILLA RASO, Mª Concepción, Nobleza y caballería en la Edad Media, Madrid, 1996, pp. 27-56; STRICKLAND, Mathew, War and Chivalry. The Conduct and Perception of War..., cit, pp. 1-30.
mayor escala amenazando la invulnerabilidad del guerrero a caballo pesadamente armado26.
En ese periodo los caballeros aparecían representados por comitivas armadas, bien vasallos infeudados, bien miembros de la casa o familia señorial o bien mercenarios27, al servicio de
señores feudales que controlan castillos, que serían quienes dirigirían y protagonizarían la expansión de las fronteras del sistema feudal hacia el este (tierras escandinavas y eslavas) hacia el norte (tierras célticas galesas, escocesas e irlandesas) y hacia el sur (zonas musulmanas de las penínsulas ibérica e italiana)28.
En el tránsito al Trescientos y, sobre todo, en el devenir de toda esa centuria, fue cuando la participación y preponderancia bélica de la caballería comenzó a verse amenazada. De hecho, en el siglo XIV, una guerra que se había hecho más recurrente –respondiendo a la realidad de un múltiple sistema de pequeños Estados feudales en continua competencia y expansión– y por ello de mayor intensidad y complejidad –cada vez más campañas de conquista territorial-, facilitó la promoción cuantitativa y cualitativa de otros combatientes –desde la infantería tradicional de ballesteros hasta caballería ligera, arqueros y contingentes de tropas ligeras a pie, éstos últimos característicos en conflictos de frontera– que respondían mejor a las nuevas necesidades, que habían tenido un relieve menor, aunque no marginal, en épocas anteriores, y que ahora eran crecientemente integrados en unos ejércitos de mayores dimensiones y cada vez más de naturaleza contractual, movilizados por reclutamiento a sueldo ante la propia expansión de los medios materiales, administrativos y financieros de los Estados29 .
26Sobre la incidencia táctica y técnica de la ballesta en su fase inicial de difusión vid. GAIER, Claude, "Quand l'arbaletè était une nouveauté. Réflexions sur son rôle militaire du Xe au XIIIe siècle", Le Moyen Âge, 99, (1993), pp. 201-229. En general, sobre al respectivo peso de la caballería e infantería en la plena edad media: entre los siglos X-XIII, la caballería, como élite militar y social, aunque necesitaba de la concurrencia y coordinación con otros combatientes mayores en número, estaba mejor organizada y cohesionada que las tropas de infantería; de forma que se ha llegado a afirmar que ese periodo no era tanto el del predominio de la caballería como el del declive de la infantería que hundía sus raíces en las estructuras sociales y políticas, en la debilidad de los poderes estatales y del mundo urbano y en el protagonismo de la aristocracia: MORILLO, Stephen, Warfare under the Anglo-Norman Kings..., cit, pp. 160-162; “The ‘age of chivalry’ revisited..., cit”.
27Sobre la génesis del reclutamiento asoldado y la importancia de la casa y clientela feudal en las comitivas armadas remito más adelante respectivamente a los capítulos II y III.
28R. Bartlett ("Tecnique militaire et pouvoir politique..., cit,”) sintetiza los caracteres de la superioridad de la tecnología militar de Europa occidental (analizando el Norte de Francia, Inglaterra y Alemania) entre el siglo X y XIII, en la persistencia de un rol central de la caballeria pesada (aunque quizá se deja llevar por el tópico de la superioridad absoluta de la misma), el crecimiento de la potencia de tiro con la creciente utilización de ballesteros y arqueros, y la multiplicación de castillos de piedra pequeños y de gran altura con una correspondiente mejora en las técnicas de asedio. Su análisis de los caracteres y expansión de la misma y sus consecuencias políticas sobre áreas eslavas, escandinavas y célticas (con una inferioridad militar de combatientes a pie con arcos, hacha, lanza y espada, y de caballería ligera) puede, de hecho, ser ampliado a la Europa mediterránea en su expansión sobre áreas musulmanas.
De esta forma, la caballería pesada tradicional comenzaba a ver reducido su papel y peso en relación a nuevos contingentes utilizados por parte de los ejércitos de los estados feudales. Por un lado las heterogéneas fuerzas de infantería: los clásicos infantes urbanos y populares, ballesteros, lanceros y arqueros30; pero también grupos de combatientes a pie,
aventureros mercenarios originarios algunos de áreas fronterizas (routiers, cottereau,
almogàvers)31. Pero, por otro lado, tropas a caballo alternativas equipadas más ligeramente y
de mayor movilidad y rapidez; una caballería ligera nacida en parte por el aumento de los costes del equipo del caballero pesado y la creciente participación plebeya en el combate a caballo (por ejemplo, la proliferación entre los siglos XII y XIII, de sirvientes a caballo, combatientes montados de equipo ligero como los sergents a cheval franceses)32, y en parte
por la asimilación de formas militares de fuera de las fronteras del sistema feudal (desde los
hobelars ingleses en sus guerras galesas y escocesas hasta los jinetes castellanos y cavalls alforrats catalano-aragoneses, en sus enfrentamientos con el mundo musulmán)33. La
caballería pesada clásica se veía obligada, en suma, a convivir cada vez más en los ejércitos con unos nuevos contingentes que táctica y cuantitativamente rompían su hegemonía y que de hecho, podríamos interpretar su mayor presencia no sólo en términos de operatividad y mejor adaptación a la guerra, sino también para algunos de ellos como un efecto indirecto de la
el papel dominante tradicional de la caballería pesada podría decirse estaban ya presentes desde el siglo XIII e incluso antes, a fines del XII, aunque habían ido desarrollándose a diferente ritmo en diversos territorios europeos de frontera, como ahora expondremos. Sobre la génesis del reclutamiento asoldado, uno de los cambios más notables, remito al próximo capítulo.
30Para los casos de Flandes, Italia del norte y la Península Ibérica en el Doscientos véanse, respectivamente: GAIER, Claude, “Análisis of military forces in the principality of Liège and the county of Looz from the Twelfth to the fifteenth century”, Studies in Medieval and Renaissance History, 2, (1965), pp. 205-261; SETTIA, Aldo, Comuni in guerra. Armi ed eserciti nell'Italia delle cità, Bologna, 1994, especialmente, pp. 95-106 y 140-143, y POWERS, James F,, “Townsmen and soldiers. Tne interactions of urban and military organization in the Militias of medieval Castile”, Speculum, 46, (1971), pp. 641-655; id. A society organized for war. The iberian municipal militias in the Central Middle Ages, 1000-1284, Berkley-Los Ángeles-Londres, 1988, pp. 112-161, y del mismo autor, "Dos reyes guerreros y sus milicias municipales. El ciudadano-soldado en la ley y en la vida", BURNS, Robert. I, Los mundos de Alfonso el sabio y Jaime el Conquistador. Razón y fuerza en la edad media, Valencia, 1990, pp. 123-158. La promoción de la infantería ha llevado incluso a utilizar el término de una “Infantry Revolution” en el XIV: ROGERS, Cliford, “The Military Revolutions of the Hundred Years War”, Journal of Military History, 57, (1993), pp. 241-278, sobre todo, pp. 247-257; id. “The Age of the Hundred Years War”, KEEN, Maurice (ed.), Medieval Warfare..., cit, pp. 136-160, spbre todo, pp. 142-144.
31CONTAMINE, Philippe, La guerra..., cit, pp. 92-93 y 163 y del mismo autor Histoire militaire de la France. 1. Des origines a 1714, París, 1992, pp. 91-92; DUBY, Georges, El domingo de Bouvines..., cit, pp. 105-109. Sobre los almogávares en concreto véase la clásica obra (aunque divulgativa) SOLDEVILA, Ferran, Els almogàvers, Barcelona, 1967, y sobre todo FERRER MALLOL, Mª Teresa, Organització i defensa d'un territori fronterer. La governació d'Oriola en el segle XIV, Barcelona, 1990, especialmente capítulo 7, pp. 237-284. 32CONTAMINE, Philippe (dir.), Histoire militaire..., cit, pp. 89-91 .
expansión del sistema feudal por el conjunto de los territorios europeos fusionando y agregando formas militares originarias de sociedades no feudales34.
Sin embargo, aunque era evidente que las transformaciones militares que anunciaban en el Trescientos suponían profundo cambio respecto al peso de la caballería –como atestiguaban algunas victorias de formaciones cerradas de infantes contra caballería pesada como la de las milicias flamencas Courtrai (1302), los schiltrom escoceses en Bannockburn (1314) o los suizos en Morgaten (1315)–, el papel militar de la misma estaba muy lejos de haber comenzado a eclipsarse. De hecho, no hubo realmente una “decadencia militar” de la caballería ya que su dominio nunca había sido completo. Lo que comenzaba era un complejo proceso de readaptación de la caballería a las transformaciones de las estructuras militares y sociales (aumento de los ejércitos y de su composición, desarrollo del reclutamiento asoldado, nacimiento de la fiscalidad y crecimiento del poder estatal)35: una adaptación que
intensificaba las dimensiones de su polivalencia táctica, ya apuntada entre los siglos XI y XIII (combate a pie, integración con tiradores, etc.)
De esta forma, la caballería del siglo XIV mantuvo su importancia desde el punto de vista social, ya que continuaba siendo la manifestación bélica por excelencia de una nobleza cada vez más volcada a la guerra, en su dirección y conducción. Pero también desde el punto de vista táctico al adaptarse mejor a la composición más heterogénea de los ejércitos. La caballería, lejos de iniciar un ineludible declive, comenzó a ser reintegrada en los ejércitos de una forma más operativa en estrecha coordinación e interrelación con las fuerzas de infantería, acentuando así su papel como combatientes tanto a caballo como a pie. Una transformación que había comenzado, precisamente, en guerras en la frontera del sistema feudal36: de forma esporádica, en su origen (siglo XII) en las Cruzadas37; posteriormente en
34En este sentido damos la vuelta a la argumentación principal de R. Bartlett sobre una progresiva asimilación de la tecnología militar feudal (caballería pesada, ballestería y castillos) por parte de las sociedades no feudales (escandinavas, bálticas, galesas, escocesas) a través de su conquista y la progresiva imitación de las mismas por parte de éstas logrando transformar sus estructuras políticas hacia formas feudales ("Tecnique militar…cit, p. 1144). Si estas sociedades incorporadas a la Europa feudal asimilan esas técnicas, la sociedad feudal en expansión también integra formas militares nuevas y no sólo en la Europa noroccidental, centro de estudio del trabajo de Barlett, como demuestra la integración de arqueros y piqueros célticos -galeses y escoceses- en los ejércitos ingleses, sino también en la Europa mediterránea, con la utilización en los ejércitos castellanos y catalano-aragoneses de formas de caballería ligera de origen musulmán, jinetes y cavalls alforrats, o de formas de combate de frontera de una infantería ligera y muy móvil, como los almogávares. Sobre la caballería popular, la caballería villana en el marco peninsular volveremos en el próximo capítulo.
35Al respecto remito al próximo capítulo.
las guerras inglesas contra Escocia de finales del Doscientos38; y ya a lo largo del siglo XIV
irradiándose progresivamente, y cada vez a mayor escala, por diferentes escenarios europeos a través de la guerra de los Cien Años y sus diferentes derivaciones (por la intervención de compañías mercenarias) en las penínsulas ibérica e italiana39.
La plena integración coordinada de hombres de armas e infantería de tiradores era, de hecho, una de las innovaciones tácticas más relevantes del Trescientos, una nueva "arma" que revalorizaba el papel de la caballería de forma muy notable: los ejércitos ingleses, verdaderos pioneros en la innovación, demostraron en victorias continentales como Crecy en 1345, Poitiers en 1354, o Azincourt en 1415, la creciente operatividad de formaciones coordinadas de tiradores (esencialmente arqueros, que en gran parte acudían al combate montados a caballo) con hombres de armas desmontados. Con esa innovación, la caballería pesada mantenía vigente su importancia, coordinada con la infantería y estimulando su polivalencia en combate40: los hombres de armas acudían a los frentes a caballo pero, en función de las
operaciones bélicas a desarrollar, tanto podían combatir montados, manteniendo las cargas de choque, como desmontados en formaciones compactas usando la lanza a modo de pica o esgrimiendo la espada en ataques frontales. Esa mejor coordinación y fusión entre caballería e infantería unida al desarrollo del reclutamiento asoldado a lo largo del XIV ha llevado a algunos autores a situar esos cambios en el origen de la revolución militar en la edad moderna e incluso a postular la existencia de una revolución militar medieval41. Pero en general
38ALLMAND, Christopher, La guerra de los Cien Años..., cit,, p. 91; y del mismo autor, “New Weapons, New Tactics”, en PARKER, Geofrey (ed.), The Cambrigde Illustrate History of Warfare..., cit, pp. 92-105, sobre todo pp. 92-93; HALL, Bert S., Weapons and Warfare..., cit, pp. 23-28, “Intregating Cavalry and Longbow tactics”. 39FOWLER, Kenneth, “L’emploi des mercenaires par les pouvoirs iberiques et l’intervencion militaire angalise en Espagne (vers 1361 – vers 1379), RUCQUOI, Adeline (ed.), Realidad e imágenes del poder. España a finales de la Edad Media, Valladolid, 1988, pp. 23-56; FOWLER, Kenneth, “Sir John Hawkwood and the English condottieri in Trecento Italy”, Rensaissance Studies, 12 (1998), pp. 131-148; id. “Condotte et condottieri. Mercenaires anglais au service de Florence au XIVe siècle”, en PAVIOT, Jacques – VERGER, Jacques (comp..), Guerre, pouvoir et noblesse au Moyen Âge. Mélanges en l’honneur de Philippe Contamine, Paris, 2000, pp. 283-290; FOWLER, Kenneth, Medieval Mercenaries. Vol. I. The Great Companies, Oxford, 2000; DE BENITO, Miguel Ángel, “Las tropas extranjeras y su participación en los ejércitos castellanos durante la baja edad media”, Revista de Historia Militar, 75, (1993), pp. 47-76. La circulación de experiencias militares ocurrida a lo largo del Trescientos y el profundo conocimiento de las diversas tácticas de combate dejó su huella en la obra de Francesc Eiximenis. En sus capítulos dedicados a la guerra de su obra el Dotzè del Crestià –finalizada hacia 1387 y que envió a Alfons d’Aragó marqués de Villena tras su nombramiento como condestable de Castilla–, Eiximenis describe las diferentes formas de combate de los hombres de armas del momento, invocando la autoridad d’un gran combatent d’aquest temps; al respecto vid. RIQUER, Martí de, “El arte de la guerra en Eiximenis y el conde de Denia”, id. Caballeros medievales y sus armas, Madrid, 1999, pp. 25-43, especialmente, pp.29-32. 40ALLMAND, Christopher, La guerra..., cit, pp. 91-92; AYTON, Andrew, "English Armies in the Fourteenth Century", en CURRY, Anne - HUGHES, Michael (dir.), Arms, Armies and Fortifications in the Hundred Years War, Woodbridge, 1994, pp. 21-38, especialmente, pp. 34-35.
podríamos interpretar esas transformaciones como una manifestación más entre otras (desarrollo de la fiscalidad estatal y del reclutamieno asoldado) del desarrollo del Estado, del considerado como estado “moderno” cuyos cimientos nacían entre fines del XIII y mediados del siglo XIV42. En ese sentido sí cabría concebir esos cambios sociales y militares como las
raíces del sistema militar al servicio de los Estados que se consolidaría en los siglos XVI-XVII43.
Volviendo al papel de la caballería cabe señalar que los retos de su mayor integración con los tiradores acabarían reforzando su peso militar. A finales del XIV e inicios del XV, un perfeccionamiento en el equipamiento del combatiente a caballo, surgido precisamente como respuesta a la creciente potencia de tiro de la ballestería y los arqueros y, de hecho, a la propia necesidad social y militar de mantener vigente el peso de la caballería, iba a lograr redimensionar la importancia material de la misma inaugurando para ella un nuevo e importante resurgimiento militar. En este sentido, el tránsito del XIV al XV coincidió con el comienzo de las cotas mayores de mejora del arnés y defensas del hombre de armas. Un perfeccionamiento que lograría su verdadero cenit a lo largo de la primera mitad del siglo XV con la difusión del arnés blanco como armadura blindada de placas con junturas articuladas que cubrían por completo el cuerpo repartiendo equitativamente el peso, intentando ofrecer al combatiente la máxima protección que fuese compatible con maniobrabilidad: la cota de mallas, otrora dominante, comenzaba a ser desterrada y usada únicamente como complemento para cubrir los puntos débiles del arnés blanco44; pero también la difusión partir de los años 70
Revolution. State, Society and Military Change in Medieval and Early Modern Europe, Londres-Nueva York, 1995, pp. 1-22. Para Ayton y Price comprender la revolución militar moderna exige examinar los cambios del XIV así como el conjunto de las variadas experiencias militares tardomedievales en donde hunde sus raíces. No entraremos en las diferentes derivaciones del rico debate historiogrático sobre la “revolución militar” (Michael Roberts en 1956, Geofrey Parker en 1976 y 1988, Jeremy Blanck en 1991) cuyo interés radica en los intentos cada vez más globales por interpretar las notables transformaciones militares de finales del XV y los XVI –XVII (el early modern periodo inglés), integrando los factores tecnológicos, sociales, políticos y financieros: puede seguirse una síntesis del mismo en ANDÚJAR, Francisco, Ejércitos y militares en la Europa moderna, Madrid, 1999, pp. 15-38.
42Respecto al desarrollo del Estado remito a las referencias contenidas en el siguiente capítulo, nota 41.
43En esa línea Prestwich rechaza la existencia de una revolución militar medieval –el propio proceso acumulativo de cambios cuestiona el concepto mismo de revolución– y postula para el caso inglés una interesante propuesta, un proceso de control cada vez mayor de la financión y organización de la guerra y la movilización de ejércitos por parte del Estado, que tiene dos fases: en primer lugar entre fines del XII – inicios del XIII, de cambios en las tradicionales formas de obligación militar, y en segundo lugar, entre fines del XIII y 1340, con la generalización del reclutamiento asoldado: PRESTWICH, Michael, Armies and Warfare..., cit, pp. 334-346.
– 80 del XIV del ristre que permitía una mejor fijación de la lanza en el combate a caballo, posibilitando de esta forma que la carga de choque, en declive en la segunda mitad del XIV, renovase su importancia45. Los cambios técnicos acabaron por estimular enormemente la
polivalencia en combate de un hombre de armas así equipado en estrecha coordinación táctica con otras tropas (arqueros y ballesteros, algunos a caballo, lanceros, etc.). Así el caballero del Cuatrocientos como hombre de armas, lejos de ser un incoveniente caduco en el arte de la guerra -un "pobre crustáceo" si era descabalgado en combate y atacado por infantería46-,
conservaba su importancia en los ejércitos actuando tanto desmontado, adaptándose a las operaciones de asedio y combate de puntos fortificados, como a caballo, en razzias de desgaste, en batallas, conservando la clásica táctica de la carga principalmente como contingentes de ataque por flancos, o fustigando las salidas de los asediados o en encuentros con las tropas que acudían a ayudar a los sitiados47. Casi un siglo de progresiva readaptación,
gracias a experiencias de creciente plurifuncionalidad en combate y de integración más eficiente en los ejércitos, difundidas progresivamente a tenor de la "internacionalización" de conflictos como la Guerra de los Cien Años, unida a las novedades técnicas en su armamento y equipo, iban a dar sus frutos a lo largo del siglo XV.
De hecho, la primera mitad del XV fueron los tiempos por excelencia de los hombres de armas (hommes d'armes, men at arms, homines armati, hòmens d'armes), los tiempos de una caballería pesada readaptada a las diferentes expresiones materiales de la guerra y mejor equipada e integrada en unos ejércitos en los que todavía era su nervio por excelencia48. La
especialmente pp. 73-142; BUTTIN, François, Du costum militaire au moyen Âge et pendant la renaissance, Memorias de la Academia de Buenas Letras de Barcelona, 12, Barcelona, 1971; VALE, Malcolm, War and Chivalry..., cit, pp. 105-112.
45Sobre la importancia de la difusión del ristre, arrest o rest para la mejora de la táctica de cargas a caballo vid. VALE, Malcolm, War and Chivalry..., cit, pp. 115-119; y BUTTIN, François, "La lance et l'arrèt de cuirasse", Archeologia, 99, (1965), pp. 78-205; su presencia que comienza a ser localizada en inventarios de caballeros de los años 70 y 80 era ya un hecho en la Corona de Aragón en 1385 como confirma que Francesc Eiximenis lo incluya enrtre los elementos del hombre de armas de su época: RIQUER, Martí, “El arte de la guerra en Eiximenis..., cit”, p. 42.
46"El caballero cubierto de acero de la cabeza a los pies, era un proyectil imparable lanzado en batalla: pero bastaba rodearlo y descabalgarlo para que se convirtiera en un pobre crustáceo en poder de la plebe a pie": CARDINI, Franco, "El guerrerro y el caballero..., cit”, p. 118. Una posiblidad real no sirve para confirmar una pretendida “decadencia” de la caballería.
47Sobre la operatividad militar de la caballería: ALLMAND, Christopher, “New Weapons, New Tactics, 1300-1500..., cit”, pp. 98-99 donde incide en “The survival of chivalry”; VALE, Malcolm, War and Chivalry..., cit, pp. 100-128 “Cavalry and infantry”; a los que podíamos añadir buena parte de las referencias sobre la práctica de la guerra medieval citadas más arriba en la nota 23.