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Lib – Que es la globalización (VDigital-Uni-Muenchen) – Beck – 2008

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bolsillo

paidos

(2)

B61sillo Paidos

Titulos publicados:

1. N . Klein - No logo

2. G. Duby - Europa en la EdadMedia 3. M . T. Serafini - Corno se esm'be 4. J. Rifkin - La economia del hidm'geno

5. G. Epiney-Burgard y E. Zum Brunn - Mujeres h-ovadoras de Dios 6. U . Be& - Un nueuo mundofiliz

7. R. Sheldrake - Depmos que saben que sus amos cstan camino de casa 8. k Ellis y R. Chip Tafiate - Controlc su ira antes de que ella

& controlc a usted

9. P. Grirnal - La civilizacidn romana 10. S. Gnizinski

- Elpensamiento

me+ 1 1. R. A. Neirneyer

- Aprendrr de

ka pkrdrda

12. A. Mattelart - HistorUl dC ka sociedad de la informacibn 13. L. -J. Calvet - HistoM de la escritura

14. J . Attali - Diccionario dcl sigh 17. U. Beck- jQIlteskaglobaliacidn?

Ulrich Beck

(3)

Titido original: War Lc Globalrimng? Irrtümer aks Globalimrw - Antwortrn auf GlobaIüimylg

Publicado en d e d n por Suhrkamp Verlag, Fnncfon del Meno

Traducci6n de Bernardo Moreno (panes I y 11) M.a Rosa Borris (partes 111 y N)

Cubiena de Opaiworks

8 1997 by Suhrkamp Veriag, Erancfort del Meno O de la uad1mi6n, kmardo Moreno y M.° Rosa Bor& 0 1998 de C& las ediciones en casrellano,

Ediciona Paid6s IbCrica, S . k ,

Av. Diagonal, 662-664 - 08034 B d o n a www.paidos.com

ISBN: 978-84-493-2091-0' Dep6sito 14:B.-55.225/2007

Impreso ui EspaKa - Printed in Spain

SUMARIO

. . .

I.

Contribu~entes virtuales 15

11. Entre la economfa mundiai y la individdici6n, el Estado nacional pierde su soberania: iqud hacer? 29 111. E1 choque de la globalizaci6n: un debate que

. . .

llegaconretraso

41

SEGUNDA

PARTE

$$JE

SIGNIFICA LA GLOBALIZACI~N?

DIMENSIONES,

CONTROVERSIAS Y DEFINICIONES

IV.

La apertura del horizonte mundial: hacia una

. . .

sociologia de la globalizaci6n

59

1.

La sociologia como potencia de orden i n t e l e d :

. . .

la teoria del contenedor de la sociedad 60

. . .

2. Espacios sociales transnacionales 66

a. Afica no er un continente sino un concepM

.

67 b. MexZcanos norteamericanos

y norteamericanos

. . .

(4)

'3

. Logicas. dimensiones y consecuencias de

la'globalizacion

. . .

73

a

. El sistema mundial capitalista:

Wallerstein . . . 75

b

. Poktica post-internacionaL Rosenuu, Gibin

yHeld

. . .

79 C

. La sociedad

del

riesgo mundiaL

h

globalizacidn ecoldgica como politizacz'bn involuntaria

. . .

87 d

. Por quk es fiha

h

tesis de la

macdonaldizacidn

del

mundo: paradojas

de la globaliwibn czlltural

. . .

94 e

. Laglocalizacidn: Rohnd Robertson

...

103

f.

Poder imaginar vidasposibles:

Arjlln Appadurai

. . .

1 13 g

. Riqueza globalizadz. pobreza localizadz:

Zygmunt Bauman

... 1 1 6

h

. Capitalismo sin trabajo

...

122 V

.

La sociedad civil transnacional: cbmo se forma

una vision cosmopolita

... 133

1

. Balance provisional: el «nacionalismo

metodologico» y su contradiccion . . . 133 2

.

Boicot de masas simbolicamente escenificado:

iniciativas cosmopolitas y subpolitica global

. 140

3

.

Topopoligamia: estar casado con muchos

lugares a la v a es la mejor manera de que la

globalizacion irrumpa en la propiavida

... 147

4

. iC6m0 es posible la critica intercultural? .... 155

a

. «Esa sabidurta tan lkna depicaresca~

... 157

.

b Universalismo contextiwl

...

1 62

VI

.

En torno a la sociedad mundid: perspectivas

concurrentes

...

171

1

. ;Terceras culturas o sociedad civil global?

.

173

. . .

2

. Democracia cosmopolita

181

...

3

. Sociedad mundial capitalista

186 4

. Sociedad del riesgo mundial: se abre la jaula

. . .

de la modernidad 190

5

. La sociedad mundial como polftica no

. . .

democr~ticamente legitimada 195

. . .

6

. Perspectivas: el Estado transnacional

206

1

.

Metafisica del mercado mundial

. . .

2

.

E1 llamado comercio mundial libre

...

3

. Estarnos

economicamente (todavla) en una situacion de internacionalizacion y no de

globalizacion

...

4

.

Escenificacion del riesgo

...

5

.

La carencia de politica como revolucion

. . .

6

.

EI mit0 de la linealidad

...

7

.

Crftica del pensamiento catastrofista

. . .

8

.

Proteccionismo negro

. . .

9

. Proteccionismo

verde

...

10

.

Proteccionismo rojo

. . .

1

. Cooperacion internacional ... 242

2

. Estado transnacional o asoberania incluyente)) 246

3

. Participaci6n en el capital . . .

254

(5)

5.

iSon las empresas transnacionales

• ademocrdticas o antidemocrdticas?

... 257

6.

Alianza para el trabajo ciudadano

...

260

7 . 2Qud hay despuds

del modelo Volkswagen

de nacion exportadora?

La

fijacion de nuevos objetivos culturales, pollticos

y econ6micos

...

263

8. Culturas experimentales, mercados nicho y autorrenovacion social

...

271 9. Empresarios publicos

y

trabajadores

autonomes

...

276

10. iPacto socid contra la exclusi6n?

... 278

VII.

Europa como respuesta a la globalizacion

....

2 8 5

VIII.

Escenario de decadencia a la carta o

la brasileiiizacion de Europa

...

293

En este libro nos proponemos tratar con el mayor dete- nimiento y claridad posibles acerca del arduo -y sembrado de minas- problema de la globalizacion: su polivalencia, su ambigüedad y sus dimensiones (raras veces diferencia- das). Intentaremos descubrir algunas trampas mentales,

y

ensefiar como eludirlas, pero, sobre todo, abrir el horizonte a respuestas politicas al tema de la globalizacion. En el fon- do late tambitin esta doble pregunta, a la vez sencilla y com- pleja: ;Qud es la globalizacion, y como se puede configurar pollticamente?

E1 presente ensayo estA asimismo recorrido por dos filo- nes criticos, en los que se documentan y presentan diversos hilos temdticos, experiencias

y

controversias sobre la globa- lizacion con la ayuda de textos «cl&icos» y recientes:

Hace dos aiios que iniciti este trabajo, cuya terminacion ha sido posible fundamentalmente gracias a una ~Distin- guished Research Professorship)) que me concedio la uni- versidad de Cardiff, en Gales, y que desempefid durante el

(6)

seme'stre de invierno de

1995-1996. Sin las interesantisi-

rnas charlis mantenidas con Barbara Adam, Martin Al- brow, J6rg Dürrschmidt, Anthony Giddens, David Held, Scott Lash, John Thompson, Robin White-Grove, Helen Wilkinson, Brian Wynne y tantos otros, pero, sobre todo, Corno siempre, con Elisabeth Beck-Gernsheim, este texto no habria visto nunca la luz. Aprovecho la ocasi6n para ex- presarles a todos elios rni rnds profund0 agradecirniento.

PRIMERA

PARTE

(7)

I

CONTRIBUYENTES VIRTUALES

Con la dernolicibn pacifica del muro de Berlfn y el CO- lapso del imperio sovittico fueron muchos los que creyeron que habia sonado el final de la politica y nacia una dpoca si- tuada m& alla del socialismo y el capitalismo, de la utopia

y la emancipacion. Pero, en los ultimos afios, estos defenes- tradores de

10

polftico han bajado bastante el tono de su voz. En efecto, el tdrmino «globalizaci6n», actualmente omni- presente en toda manifestacion publica, no apunta precisa- mente al final de la polftica, sino simplemente a una salidz

(8)

der sistema de pensiones, de la ayuda social y de la politia municip'al de infraestructuras, asi como el poder organiza- do de los sindicatos, el superelaborado sistema de negocia-

cion de la autonomia salarial, el gasto publico, el sistema impositivo y la ((justicia impositiva)), todo ello se disuelve y!

resuelve, bajo el so1 del desierto de la globalizacion, en una (exigencia de) configurabilidad politica. Todos los actores sociales deben reaccionar y dar una respuesta concreta en este h b i t o , donde curiosamente las respuestas no siguen ya el viejo esquema derecha-izquierda de la prkctica poli- tica. 1

<Se puede decir que

10

que füe la lucha de clases en el si- glo XIX para el movimiento obrero es la cuestion de la globa- lizacion en el umbral del siglo

xx

para las empresas que ope- ran a nivel transnacional? (Con la diferencia, por cierto esencial, de que el movimiento obrero actuaba como un contrapoder, mientras que las empresas globales estdn ac- tuando hasta la fecha sin tener n i n e n contrapoder - m s -

nacional- enfrente.)

PO^ que

la globalizacion significa politizacion? Porque la puesta en escena de la gIobalizaci6n permite a los em- presarios, y sus asociados, reconquistar y volver a disponer del poder negociador politica y socialmente domesticado del capitalismo democrdticamente organizado. La globaliza- cion posibiiita eso que sin duda estuvo siempre presente en el capitalismo, pero que se mantuvo en estado larvado du- rante la fase de su domesticacion por la sociedad estatal y democritica: que los empresarios, sobre todo los que se mueven a nivel planetario, puedan desempefiar un papel

1 . Viase ai respecto k Giddens, jenseits von Links und Rechts,

Francfort del Meno, 1997.

clave en la configuracion no so10 de la economia, sino tarnbitn de la sociedad en su conjunto, aun cuando «solo» fuera por el poder que tienen para privar a la sociedad de sus recursos materiales (capital, impuestos, puestos de tra- bajo).

La economia que acnia a nivel mundial socava los ci- mientos de las economfas nacionales y de los Estados na- cionales,

10

cual desencadena a su vez una subpolitizacion de alcance completamente nuevo y de consecuencias im- previsibles. Se trata de que, en este nuevo «asalto», el viejo enemigo «trabajo» se esti viendo relegado a la via muerta de la historia, pero tambitn, fundamentalmente, de que «se es& dando la jubilacion)), por asi decir, al ((capitalismo general ideal», como iiamara Marx al E s t 4 se trata, en definitiva, de la liberacion respecto de los corsds del tra- bajo y el Estado tal y como han existido en los siglos XIX

Y

xx.

«Tod0

10

que es estamental y tradicional, y esti anquilo- sado y encallecido, se estd evaporando)}, habia pregonado Marx en su Man$esto comunista de manera bastante tajan- te con referencia al potencial revolucionario del capital. Lo ((estarnental)) era entonces la organizacion social-estatal y sindical del trabajo, y

((10

anquilosado y encallecido» eran las ventajas burocriticas y el esquilmamiento del pueblo por parte del Estado (nacional). Vemos, asi, c6mo las nue- vas dimensiones de la ((politica imperativa y realista~ de la globalizacion se asientan sobre unos fundarnentos caracte- rizados por su efectividad y elegancia.

(9)

-

qui buscar no-A para obtener

A;

como, por ejemplo, elimi-

nar o «s6cuestrar» puestos de trabajo para asegurar puestos de trabajo en un determinado lugar. Precisamente porque el trabajo se puede y debe reducir o rarificarse para incremen- tar los beneficios, la politica actual se trasmuta subrepticia- mente en su contrario. Todo el que fomenta el crecimientcu

economico acaba generando desempleo; y todo el que rebaja . . drhsticamente los impuestos para que aumenten las posibi- lidades de beneficios genera posiblemente tambidn desem- pleo. Las paradojas politicas y sociales de una economia transnacional, que con la ((eliminacion de las trabas a la in- version)) (es decir, con la eliminacion de la normativa ecold- gica, sindical, asistencial y fiscal) debe ser mimada y premia- da para que destruya cada v a m h trabajo

y

de este modo se

incrementen cada v a m h la produccidn y los beneficios,

deben quedar no obstante cientfficamente evidenciadas y

politi camente reforzadas.

Lo cual quiere decir 10 siguiente: la puesta en escena de la globalizacion como factor amenazador, es decir, la politi- ca de la globalizacion, no pretende solamente eliminar las trabas de los sindicatos, sino tambidn las del fit& nacio-

na4 con otras palabras, pretende restar poder a la politica estatal-nacional. La retorica de los representantes economi- cos m h importantes en Contra de la polftica social estatal y de sus valedores deja poco que desear en cuanto a claridad. Pretenden, en definitiva, desmantelar el aparato y las tareas estatales con vistas a la realizacion de la utopia del anarquis- mo mercantil del Estado minimo. Con 10 que, paraddjica- mente, a menudo ocurre que se responde a la globalizacion con la renacionalizacion.

No se suele reconocer que, en el tema de la globaliza-

cidn, no so10 «se juegan la piel» los sindicatos, sino tambikn

la politica y el Estado. Los politicos de los distintos parti- dos, sorprendidos y fascinados por la globalizacion adebi- litadora de instituciones)), est4n empezando a sospechar

vagamente que, como dijera Marx tiempo ha, se pueden convertir en sus propios «sepultureros». De todos modos, personalmente yo no puedo por menos de considerar una ironia el que algunos polfticos pidan a voces mercado, mer-

cado y mhs mercado y no se den cuenta de que, de este modo, e s t h matando el mismisimo nervio vital y cerrando peligrosamente el grifo del dinero y del poder. ;Se ha visto alguna v a una representacion mhs descerebrada y alegre de un suicidio tan manifiesto?

Pero jen

q ~ e

se h n d a el nuevo poder de los empresarios transnacionales? jDe donde surge y d m o se reproduce su

potencial estratdgico?

A

nadie se le oculta que se ha producido una especie de toma de los centros materiales vitales de las sociedades mo- dernas que tienen Estados nacionales, y ello sin revolucion, sin cambio de leyes ni de Constitucion; es decir, mediante el desenvolvimiento simple y normal de la vida cotidiana o, como suele decirse, con el business as

wl.

En primer lugar, podemos expomrpuestos

de

trabajo aili

I

donde a la creacion son m& de bajos mano de obra. los costes laborales y las cargas fiscales En segundo lugar, estamos en condiciones (a causa de las nuevas tdcnicas de la informacion, que llegan hasta los uItimos rincones del mundo) de desmenuzar los productos

y las prestaciones de servicios, asi como de reparn'r el craba-

jopor todo el mundo, de manera que las etiquetas nacionales

y empresariales nos pueden inducir ficilmente a error.

(10)

P-EGO

-

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8

(11)

g a r All donde creen atisbar un porvenir de bienestar y abun-

dancia. P& su Parte, se enredan en un mar de contradiccio-

nes los intentos de los Estados nacionales por mantenerse ais-

lados, pues, Para subsistir en medio de la competencia de la sociedad mundial, cada pais tiene que atraer imperiosamen-

te capital, man0 de obra y cerebros.

Los gladiadores del crecimiento economico, tan corteja- dos por los politicos, socavan la autoridad del Estado al exi- girle prestaciones por un lado y, por el otro, negarse a pagar impuestos. Lo curioso del caso es que son precisamente los mis ricos los que se vuelven contribuyentes virtuules, toda vez que su riqueza descansa en dtima instancia en este vir-

tuosismo de

10

virtual. Asf, de manera (las mas de la veces)

legal pero ilegitima, es& socavando el bien general que tanto proclaman.

La

revista Fomne, que publica regularmente la lista de

los quinientos empresarios mas ricos del mundo, se congra- tula de que estos hayan ((traspasado las fronteras Para con-

quistar nuevos mercados y fagocitar la competencia local.

Cuantos m h paises hay, mayores son los beneficios. Los beneficios de las quinientas empresas mis grandes del mundo han aumentado un 15%, mientras que su volumen

de negocio solo

10

ha hecho en un 1 1%».3

«iVivan los beneficios, mueran los puestos de trabajo!)),

leemos en

Der

Spiegel. «Un milagro economico especial

tiene atemorizada a la nacion. En las empresas se ha infil- trado una nueva generacion de altos ejecutivos que rinden culto, a imitacion de EE.UU., a la accion bursatil. Resulta-

3. Fortune, Nueva York, 5-8-1996, citada por Frkdkric F. Clair- mont en ({Endlose Profite, endliche W e h , Le Monde djplomatique, 1 1

de abrii de 1997, p4g. 1, donde se encontrardn tambitn algunos datos sobre el desarrollo transnaciond.

do fatidico: la bolsa recompensa a los destructores de em- pleos.»4

Los empresarios han descubierto la nueva formula mhgica de la riqueza, que no es otra que ((capitalismo sin trabujo mis capitalismo sin impuestos»).

La recaudacibn por impuestos a

las empresas -los impuestos que gravan los beneficios de 4s- tas- cay6 entre 1989 y 1993 en un 18,6%,

y

el volumen to- tal de

10

recaudado por este concepto se redujo drhticamente a la mitad. «La red social debe transformarse y dotarse de nue- vos fundarnentos)), sostiene Andrd. Gorz. «Per0 con esta transformacion - q u e no supresion- cabe preguntarse igualmente por qud se ha vuelto aparentemente infinancia- ble. Los pafses de la UE se han hecho m b ricos en los tiltimos veinte aiios en un porcentaje que oscila entre el50 y el70%. La economia ha crecido mucho mis deprisa que la pobla- ci6n.

Y, sin embargo, la UE cuentaahora con veinte millones

de parados, cincuenta millones de pobres y cinco millones de personas sin techo. iD6nde ha ido a parar este plus de rique- za? En Estados Unidos, es de sobra sabido que el crecimiento economiw solo ha enriquecido al10% m b awmodado de la poblacion. Este 10% se ha llevado el96% del plus de riqueza.

La

situacion no ha sido tan critica en Europa, aunque aqui las wsas no difieren tampoco sustancialmente.

»En Alemania, los beneficios de las empresas han au- mentado desde 1979 en un 90%, mientras que los salarios solo 10 han hecho en un 6%. Pero los ingresos fiscales pro- cedentes de los salarios se han duplicado en los Gltimos diez aiios, mientras que los ingresos fiscales por activida-

(12)

des ~mpresariales se han reducido a la mitad: solo repre-

sentan un' 13% de los ingresos fiscaies globales. En 1980

representaban aun el25%; en 1960, hasta el35%. De no

haber bajado del25%, el Estado habria recaudado en los ultimos aiios ochenta mil millones de marcos suplementa- rios por afio.

»En los dem& paises se advierte una evolucidn parecida.

La

mayoria de las firmas mdtinacionales, como Siemens o

BMW, ya no pagan en sus respectivos paises ningun im-

puesto

...

Mientras esto siga asi

...,

la gente tendrh todo su

derecho a no estar contenta de que le reduzcan las presta- ciones sociales, las pensiones y los saiarios.»5

Por su parte, las empresas transnacionaies estdn regis- trando unos beneficios rdcord (merced sobre todo a la masiva supresion de puestos de trabajo). En sus balances anuales, los consejos de administracion presentan unos be- neficios netos astron6micos, mientras los politicos, que tie- nen que justificar unas cifras de paro escandaiosas, suben los impuestos con la vana esperanza de que, con la nueva ri- q u a de los ricos, se creen ai menos unos cuantos puestos de trabajo.

La

consecuencia de todo esto es el aumento de la con-

flictividad tambidn en el campo de la economia, es decir,

entre los contribuyentes virtuaies y los c~ntribu~entes rea-

les.

Mienuas que las multinacionaies pueden eludir al fisco del Estado nacionai, las pequefias y medianas empresas, que son las que generan la mayor parte de los puestos de trabajo, se ven atosigadas y asfüadas por las infinitas uabas y gravhenes de la burocracia fiscal. Es un chiste de mal

5 . Andre Gon, en entrevista concedida d Frankfirter AIlgnneine Zeitung, 1 de agosto de 1997, pAg. 35.

gusto que, en el hturo, sean precisamente los perdedores de la globalizacion, tanto el Estado asistencial corno la demo- cracia en funciones, los que tengan que financiarlo todo mientras los ganadores de la globalizacidn consiguen unos beneficios astronomicos y eluden toda responsabilidad res- pecto de la democracia del hturo. Consecuencia: es preciso formular en nuevos tdrminos tedricos y politicos la cues- tion transcendentai de la justicia sociai en la era de la globa- lizacion.

Tambien saltan a la vista las contradicciones del ((capi- taiismo sin trabajon. Los directivos de las rnultinacionales ponen a salvo la gestion de sus negocios ilevdndoselos a la India del sur, pero envian a sus hijos a universidades euro- peas de renombre subvencionadas con dinero pdblico. Ni se les pasa por la cabeza irse a vivir alli donde crean los puestos de trabajo y pagan muy pocos impuestos. Pero para si mismos reclaman, naturalmente, derechos funda- mentales politicos, sociales y civiles, cuya financiacibn pd- blica torpedean. Frecuentan el teatro; disfrutan de la natu- raleza y el campo, que tanto dinero cuesta conservar; y se

10

pasan bomba en las metrdpolis europeas aun relativa- mente libres de violencia y criminalidad. Sin embargo, con su politica exclusivamente orientada a la generacion de be- neficios e s t h contribuyendo a la vez ai hundimiento de este modo de vida europeo. Pregunta: idonde desearh vi- vir, ellos o sus hijos, cuando nadie financie ya los Estados democrAticos de Europa?

Lo que es bueno para el Banco de Alemania no 10

es ya necesariamente para la propia Alemania. Las mdtinaciona- les abandonan el marco de los Estados nacionales y retiran

(13)

socid de sus respectivos paises,

y

410 tanto mds

cuanto que m& fuertehente se fundamentaba tste en el aspecto pura- mente economico. Son precisamente los Estados asisten- ciales bien acolchados los que caen en este insidioso circulo

vicioso: deben pagar prestaciones codificadas a un niimero cada vez mayor de personas -pronto habrd cinco millones de parados registrados solamente en Alemania- al tiempo que van perdiendo el control de los impuestos, porque, en la partida de poquer por su religacion local, las empresas transnacionales han acaparado las cartas definitivarnente ganadoras. Dichas empresas se subvencionan de varias ma- neras: primero optimizando la creacion de infraestructuras,

en segundo lugar recibiendo subvenciones, en tercer lugar minimizando los impuestos, y en cuarto lugar ((externali- zandon los costes del desempleo.

Este circulo vicioso en el que cae el Estado asistencial no s610 es el resultado de unos recursos decrecientes junto a

gastos que suben como la espuma, sino tambitn de la falta

de medios de pacificacion conforme el abismo entre pobres y ricos se va haciendo cada vez mds grande. Dado que el marco del Estado nacional ha perdido su f u e m vinculante, los ganadores y los perdedores de la globalizacion dejan de sentarse, por asi decir, a la misma mesa. Los nuevos ricos ya no «necesitan» a los nuevos pobres. Entre arnbos colectivos resulta dificil llegar a un compromiso, porque falta un mar- CO c o m h apropiado en

ei

que se puedan abordar y regular estos conflictos que traspasan las fionteras.6

No resulta dificil imaginar que la logica c o n f l i c d del

juego capitalista sale renovada y refomda, al tiempo que

disminuyen los medios de pacificacion del Estado (en su

6. V k e al respecto las p*s. 116-122 de este libro.

esfuerzo por que aumente el pastel a repartir mediante un crecimiento economico forzoso)

.

Asi, resulta bastante cuestionable el modelo de la prime- ra modernidad, que se penso y organizo sobre la base de la unidad de la identidad cultural («pueblo»), del espacio y

(14)

ENTRE LA E C O N O M ~

MUNDIAL

Y LA

INDIVIDUALIZACI~N,

EL

ESTADO NACIONAL

PIERDE

S U

S O B E R A N ~ :

<QUE

HACER?

La conclusi6n salta a la vista: el proyecto de la moderni- dad parece haber fracasado. Los filosofos de la posmoderni- U f u e r o n los primeros en extender - d e manera jubilosa y enfiitica- el certificado de defuncion a la pretension de racionalidad por parte de la ciencia. Lo que se hace pasar por universaiismo occidentai de la Ilustracion y de los dere- chos humanos no es otra cosa que la opinion de ehombres blancos, muertos o viejos», que oprimen los derechos de las minorias ktnicas, religiosas y sexuales rnientras imponen de manera absoluta su «metadiscurso» partidista.

Mediante la tendencia secular a la individzlalizacidn, se dice luego, se torna poroso el conglomerado social, la socie- dad pierde conciencia colectiva y, por ende, su capacidad de negociacion politica. La bhqueda de respuestas politicas a las grandes cuestiones del füturo se ha quedado ya sin sujeto y sin lugar.

(15)

qui hasta ahora ha integrado y legitimizado al modelo occi- dental, eS decir, al proyecto de modernidad del Estado na- cional. Vistos desde esta perspectiva, los neoliberaies son los liquidadores de Occidente, aun cuando se presenten como sus reformadores. Por

10

que se refiere al Estado asis- tencial, la democracia y la vida ptiblica, la suya es una mo- dernizacion condenada a muerte.

Sin embargo, la decadencia empieza por el cerebro. EI fatalismo es tambidn una enfermedad del lenguaje. Antes de arrojarnos desde la Torre Eiffel, deberiamos ir a ver al mddico del lenguaje. «Los conceptos e s t h vacios, y ya no aprehenden, iluminan ni seducen. Lo gris, que impregna todo el mundo, tiene probablemente tambikn su hnda- mento en un enmohecimiento de las palabras.))' Lo que pa- rece una degeneracion podria, si sale bien, superar las orto- doxias que han hecho fiacasar a la primera modernidad y auspiciar la irrupcion de una segunda modernidad.2

1. U. Beck, «Vater der Freiheit», en U. Beck (comp.), Kinder der Freiheit, Francfort del Meno, 1997, pdgs. 377 y sigs.

2. Patersemper incertus. De un tiempo a esta parte se discute acalo- radamente en la prensa acerca de la paternidad de la expresi6n ((segunda modernidd. Sin embargo, el no haber leido ni poder citar no bastan para ganarse la originaiidad -ni para atraerse las sospechas-. Auf dem

Weg in diezweite Mociemees el tltuio -bastante explicito- de una CO-

lecci6n por mi editada. Asimismo, Auf dem Weg in eine andere Modeme

es el subtitulo de mi libro RisikogeseIiCFchaft, aparecido en 1986 en la edi- ci6n de Suhrkamp. En esa misma colecci6n se ha tenido ya ocasi6n de distinguir claramente entre ((modernizaci6n senciilan y ((modernizaci6n reflexivan, asi como entre «primera modernidad* y ((segunda moder- nidad» - c o m o por 10 dem& en todos los libros que han venido despuh-. Die E$ndung des Politischen (aparecido en 1993, tambitn editado por Suhrkamp) se iba a haber ilamado en un primer momento jenseia von Links undRecha y, en un segundo momento, Zweite Mo&-

ne; pero ambos tituios se rechazaron luego por varios motivos. Adern&,

En mi libro Ki&r der Freiheit (Hgos a2

de

libertad) he

tratado de mostrar como la denominada adegeneracion de

los valores)) tal vez signifique el final del quehacer politico

de la ortodoxia colectiva, pero no el del quehacer politi- CO propiamente dicho. Paralelamente al destefiimiento del medio social moral, van tomando forma curiosamente los hndamentos vitales -a nivel mundial- de un republica-

nismo cosmopolita, en cuyo centro se encuentra la libertad

de cada cual.

En cuaiquier caso, es dificil elevar la voz Contra el poder global del mercado mundial. Esto so10 es posible a condi-

ci6n de acabar con la idea de un mercado mundial mun- dialmente poderoso que gobierna en nuestros cerebros y paraliza toda su actividad. En este libro me gustaria enfien- tarme a este megafantasma que actuaimente recorre Euro-

pa con el tirachinas de una simple diferenciacion (entre,

por una parte, el globalimzo y, por otra, la globalidady la globalizacibn). Esta diferenciacion tiene la virtud de des- marcarse de la ortodoxia territorial de

lo

politico

y

lo social que surgio con el proyecto del Estado nacional de la prime- ra modernidad y se impuso omnimodamente a nivel cate- gorial e institucional.

sin duda la irnportancia que se auibuye a un concepto juega en esto un papel insignificante. Desde el punto de vista del contenido, existe asi- mismo una gran afinidad entre sep& mociemihd y otra rnociemiakd

los temas de la citada colecci6n -individuaiizaci6n, crisis ecol6gicas,

sociedad sin trabajo y hasta la misma globalizaci6n- son aspectos esen-

cides de la sociedad&L riesgo. Estoy seguro de que la siguiente queja se formulard asl: «iVaya, no hay nada nuevo

...

!» Si existe aigiin parentesco

electivo conceptual, no puede ser m& que con la palabra acufiada por Jürgen Habermas modernidad inconclusa». V& tambitn J. Haber- mas, ((Jenseits des Nationalstaats?», en U. Beck (comp.), Politik der Glo-

(16)
(17)

de hasta qut punto se da dicha sociedad se puede convertir empir*icamente, segGn esto (de acuerdo con el teorema de Thomas, se&n el cual

10

que los hombres consideran real se convierte en real), en la pregunta de como y hasta qud punto los hombres y las culturas del mundo seperciben en sus diferencias respectivas y hasta qut punto esta autoper- cepcion desde el punto de vista de la sociedad mundial se torna relevante desde el de la conducta.3

En la expresion ((sociedad mundial)), «mundial» signifi- ca segGn esto diferencia, p i u r a l i u y mociedadn significa estado de no-integracion, de manera que (tal y como sostie- ne

M.

Albrow) la sociedad mundial se puede comprender como una pluraliakd sin uniakd. Esto presupone - c o m o se veri a

10

largo del presente libro- varias cosas muy dife- renciadas; por ejemplo, formas de produccion transnacio- nal y competencia del mercado del trabajo, informes mun- diales en los medios de comunicacion, boicots de compras transnacionales, formas de vida transnacionales, crisis y guerras percibidas desde un punto de vista «global», utiliza-

cion militar y pacffica de la energfa atbmica, la destruccion de la naturaleza, etc.

Por su Parte, la globalizacibn significa los procesos en vir- tud de los cuales los Estados nacionales soberanos se entre- mezclan e imbrican mediante actores uansnacionales y sus respectivas probabilidades de poder, orientaciones, identi- dades y entramados varios.

Un diferenciador esencial entre la primera y la segunda modernidad es la irrevisabiliakd

de

k

globalidad resultante. Lo cual quiere decir

10

siguiente: existe una afinidad entre

3. Veanse mis adelante las p@. 87 y sigs., 103 y sigs., y p*. 140- 155 Y 173-216.

las distintas logicas de las globalizaciones ecologica, cultu-

ral, economica, polftica y social, que no son reducibles -ni explicables- las unas a las otras, sino que, antes bien, de-

ben resolverse y entenderse a la vez en si mismas y en mu- tua interdependencia. La suposicion principal es que s610 asi se puede abrir la perspectiva y el espacio del quehacer politico. iPor qut? Porque s610 asi se puede acabar con el hechizo despolitizador del globalismo, pues s610 bajo la perspectiva de la pluridimensionalidad de la globalidad es- talla la ideologia de los hechos consumados del globalismo. Pero iqud es

10

que torna irrevisable la globalidad? He aqui ocho razones, inuoducidas con frases programiticas:

1. EI ensanchamiento del campo geografico

y

la crecien- te densidad del intercambio internacional, asi como el caracter global de la red de mercados financieros y del poder cada vez mayor de las rnultinacionales. 2. La revoluci6n permanente en el terreno de la infor-

macion y las tecnologias de la comunicaci6n. 3. La exigencia, universaimente aceptada, de respetar

los derechos humanos -tambitn considerada (de boquilla) como el principio de la democracia.

4.

Las corrientes iconicas de las industrias globales de la cultura.

5.

La politica mundial posinternacional y polickntrica: junto a los gobiernos hay cada vez mAs actores trans- nacionaies con cada vez mayor poder (multinaciona- les, organizaciones no gubernamentales, Naciones Unidas).

G.

EI problema de la pobreza global.

(18)

8. EI problema de los conflictos transculturales en un lukar concreto.

Con tales presupuestos cobra la sociologia nueva impor- tancia como investigacion de 10 que significa la vida huma- na en la inmensa gran trampa en que se ha convertido el mundo. La globalidad nos recuerda el hecho de que, a par- tir de ahora, nada de cuanto ocurra en nuestro planeta po- drh ser un suceso localmente delimitado, sino que todos los descubrimientos, victorias y cathtrofes afectarh a todo el mundo y que todos deberemos reorientar y reorganizar nuestra vidas y quehaceres, asi como nuestras organizacio- nes e instituciones, a 10 largo del eje ((local-global)). Asi en- tendida, la globalidad ofrece a nuestra consideracion la nue- va situacion de la segunda modernidad. En este concepto se recogen al mismo tiempo los motivos bhicos de por qut las respuestas tipo de la primera modernidad resultan Contra- dictorias e inservibles Para la segunda modernidad, con el resultado de que se debe fundar y descubrir de nuevo la po- litica para el tiempo que dure la segunda modernidad.

A partir de este concepto de globalidad, el concepto de globaliwidn se puede describir como un proceso (antigua- mente se habria dicho: como una dialdctica) que crea vincu- los y espacios sociales transnacionaies, revaioriza culturas

10-

cales y trae a un primer plano terceras culturas -«un poco de esto, otro poco de eso, tal es la manera como las noveda- des llegan al munde)) (Saiman Rushdie)-. En este comple- jo marco de relaciones se pueden reformular las preguntas tanto sobre las dimensionescomo sobre IasJTonterasde la glo- balizacibn resultante, teniendo presentes estos tres p a r h e - tros:

- en primer lugar, un mayor espacio;

- en segundo lugar, la estabilidad en el tiempo; y

- en tercer lugar, la densidad (social) de los entrama-

dos, las interconexiones y las corrientes idnicas transnacionales.

Dentro de este horizonte conceptual, estamos ya en ~condiciones de contestar a otras preguntas, como, por

qejemplo: «;En qut estriba la singularidad historica de la globalizacion presente y sus paradojas en un lugar concreto (por ejemplo, en comparacion con el denominado asistema mundial capitalista», que se encuentra ya en formacion des-

,de el colonialismo y del que habla Immanuel Wallerstein)?* La singularidad del proceso de globalizacion radica ac- tualmente (y radicarh sin duda tarnbitn en el füturo) en la ramifcacibn, h s i d a d y estabilidad de stls reci)rocas redes de relaciones regionales-globales ernpiricumente comprobables y de su autodefinician de los medios de comunicaLidn, asi como de los espacios sociales

y

de las c i t h corrientes icbnica en los

planos cultllral, politico, militur y econdmico.5 La sociedad

mundial no es, pues, ninguna megasociedad nacional que contenga -y resuelva en si- todas las sociedades naciona- les, sino un horizonte mundial caracterizado por la multi- plicidad y la ausencia de integrabilidad, y que solo se abre cuando se produce y conserva en actividad y comunica-

cion.

Los esctpticos de la globalidad se preguntarh: iqu6 hay de nuevo en todo esto? Para luego sentenciar: nada del otro mundo. Pero se equivocan desde los puntos de vista hist6-

4. Sobre I. Waiierstein, veanse las pags. 75-79 del presente libro. 5. Esto 10 subraya el grupo de D. Held en «Die Globalisierung der

Wirts&&, en U. Beck (comp.), Politik der Globalisimng.

(19)

rico, empirico teorico. Nuevo no es s61o la vida cotidiana y las transacciones comerciales allende las fionteras del Es-

tado nacional al interior de un denso entramado con mayor dependencia y obligaciones reciprocas; nueva es la autoper- cepcion de esta transnacionalidad (en los medios de CO- municacion, en el consumo, en el turismo); nueva es la «translocalizacion» de la comunidad, el trabajo y el capital; nuevos son tambidn la conciencia del peligro ecol6gico glo- bal y los correspondientes escenarios de actividad; nueva es la incoercible percepcion de los otros transculturales en la propia vida, con todas sus contradictorias certezas; nuevo es el nivel de circulacion de las {(industrias culturales globa- les» (Scott LashIJohn Urry); nuevo es tambidn el paulatino abrirse paso de una imagen estatai europea, asi como la cantidad y poder de los actores, instituciones y acuerdos transnacionales; y, finalmente, nuevo es tambidn el nivel de concentracion economica, que, pese a todo, se ve Contra- rrestado por la nueva competencia de un mercado mundial que no conoce fionteras.

Finalmente, y en consecuencia, globalizacion significa tambikn: azwencia

de

Estado mundial; m h concretamente: sociedad mundial sin fit& mundial y sin gobierno mun- dial Estamos asistiendo a la difusi6n de un capitalismo globalmente desorganizado, donde no existe ningin poder hegemonico ni ningiin rdgimen internacional, ya de tipo economico ya polftico.

Las otras tres partes del presente ensayo se abordarh en el horizonte de esta diferenciacion. En la segunda parte

-2Qd

signzfia

kz

globalizacl'6n?- se esbozan, y cotejan entre si, la pluridimensionalidad, ambivaiencia y paradojas de la globalidad y de la globalizacibn desde los puntos de vista social, emn6mic0, politico, ecologico y cultural.

Como trataremos de mostrar en la tercera parte -Erro- tpe5 delglobalismo-, el espacio libre configurador, el prima- do de

10

politico, solo se puede recuperar con una critica decidida al globalismo.

En la cuarta parte -Respuestus a kz globalizacibn-, en 'una especie de brainstomzing ptiblico se presentan como contraveneno Para la paralisis polftica actual diez puntos

bbicos que permiten abordar las exigencias planteadas por

la era global.

EI final 10 conforma la siguiente ((prueba del dedo» de

(20)

EL CHOQUE DE LA GLOBALIZACI~N:

UN DEBATE QUE

LLEGA CON RETRASO

EI debate sobre la globalizacion llega -y zarandea-

con retraso a la opinion publica de este pais. En Gran Bre- taiia, por ejemplo, hace mAs de diez afios que se debate ani- mada y productivamente en torno a este importante tdrmi-

no en el seno de todos los partidos politicos, emulados al respecto por economistas, soci6logos, polit6logos e histo- riadores. Tambidn esti siendo importante el choque a!e la

ghbalizacidn en Alemania.

Una de la razones es porque, en la opinion aqui domi- nante, la globalizacion se relaciona unilateralmente ante

todo con la supresion de puestos de trabajo dentro del pais

y

con su traslado a paises con sueldos m h bajos; y esto en una dpoca en la que la sociedad, a pesar del mayor creci-

miento economico y de los vertiginosos beneficios obteni-

dos por las rnultinacionales, esta registrando un paro a gran escala que recuerda bastante los tiempos de Weimar.

Ademh, se pueden aducir otros cuatro motivos para ex- plicar el choque politico de la globalizacion que esta sacu-

diendo la Europa central (Francia, Austria, Suiza, Italia y, sobre todo, Alemania).

(21)

del marco deman» o la «nacion exportadora»- por parte de uni globalizaci6n del mercado mundial que viene pre-

suntamente de hera.

En segundo lugar, hay algunos Estados asistenciales,

como Francia y Alemania, que, a diferencia de EE.UU. y

Gran Breraiia, pertenecen al ;rupo de los que salen perjudi-

cados con la globdizacion, atrapados como se ven en me- dio de la disyuntiva de la politica social en una kpoca de globalizacion econ6mica: el desarrollo economico se hurta

al control del Estado nacionai mientras, por otra parte, sus

consecuencias sociales -paro, migracion, pobreza- se Ce-

ban en las arcas del Estado asistencial nacional.

En tercer lugar, la globalizacion zarandea la imagen de

espacio homogdneo, cerrado, estanco y naciond-estatal

que tiene de si mismo un pais que ostenta el nombre de Re- pdblica Federal en sus fundamentos constitucionales. En

carnbio, en Gran Bretafia, que era un imperio mundial, la

globalizaCi6n aparece como un bonito recuerdo de hte. Tambidn es Alemania desde hace mucho tiempo un lugar

global en el que se dan cita diferentes culturas del mundo, con sus correspondientes contradicciones. Pero esta reali- dad ha permanecido hasta ahora oculta en el concepto que tiene de sl misma una nacion mayormente homogdnea. Todo esto ha salido a la luz a raiz del debate acerca de la globalizacibn, pues dsta significa, como se ha dicho, ante todo una cosa: desnacionaiizacion, es decir, erosion pero tarnbidn posible transformacion del Estado nacional en un Estado transnacional.

El choque de la globalizacion en cuanto choque de la desnacionalizaci6n no s610 cuestiona las categorias al USO sobre la identidad de los alemanes de la posguerra, es decir,

un ((modele de Alemania» corporativista con su especifico

sistema social. Esta experiencia, y esta exigencia, se casa

mal, en cuarto y ultimo lugar, con las disputas en torno a la reunificacion de las dos Alemanias. Sin embargo, el drama de la reunificacion (en muchos aspectos semejante a un drama matrimonial) ha supuesto que los alemanes se ocu- pen de si mismos y de la cuestion: iquk elementos ((aiema- nes» comunes se han mantenido tras medio siglo de separa- cion, y con cuales de dichos elementos merece la pena identificarse? En esta fase de autocontemplarse y autocues- tionarse, estalla ahora esta noticia o bomba que es la globa- lizacion: el Estado nacional pierde soberania y sustancia con la -tan pulcramente planeada- separacion de com- petencias en el marco del mercado comtin europeo, y esto en todas las dimensiones: recursos financieros, poder de configuracion politica y economica, polftica informativa y cultural, identificacion cotidiana de los ciudadanos

...

La

posibiIidad1

de que surjan ((Estados transnacionalesn como respuesta a la globalizaci6n, con

10

que esto supone en los planos economico, militar, polltico y cultural, la avanza- mos aqui solo a modo de hipotesis de trabajo.

Si en el vdrtigo y remolino del afio asombroso de 1989 se decia todavia: ((Crece junto

10

que pertenece al mismo tron-

CO» (Willy Brandt), el mensaje del debate de la globaliza-

cion es ahora el siguiente: en la base de estas esperanzas -y de sus correspondientes desencantos- subyace una imagen anticuada del idilio del Estado nacional.

E1

modelo tradi- cional del Estado nacional d l o tendra probabilidades de su- pervivencia en la nueva estructura de poder del mercado mundid, asi como en las instancias y movimientos transna- cionales, si el proceso de globalizaci6n se convierte en crite-

(22)

rio de la polftica nacional en sus respectivos h b i t o s (eco- nomfa: legislacibn, defensa, etc.)

.

Este reconocimiento no es algo que se deje al libre arbi-

trio, por asi decir, de los actores individuales ni de los acto- res sociales y politicos, La nueva situacibn social surgida a nivel mundial, en la que, por ejemplo, la idea de productos,

empresas, tecnologias, industrias (e incluso asociaciones deportivas)

«nationales»

se welve cada vez m b ficticia,

exi-

gefomosamente, so pena de hundimiento economico, poli-

tico y cultural, unas miras mCis amplias Para la era global,

sus posibilidades, ideologias, paradojas e histerias; pero,

fundamentalmente, Para el nuevo juego de poder

d

que to-

dos -unos mAs que otros- estamos llamados ineluctable- mente.

0 , formulado de otra manera,

k

globrzlidrd es um con- dicibn impostergable

de k

actr'vidad

hunaana

en

las

postrime- riar

de

este sigk,.

Por 10 cual, deben reformularse los fundamentos de la primera modernidad.

< Q u ~

significa la tolerancia? ~ Q u d implican los derechos humanos, que se supone deben valer Para todos, con respeto a las distintas culturas? iQuidn ga- rantiza los derechos humanos en el mundo del post-Estado nacional! iCbmo se puede salvar, o reformar, la seguridad social, que hasta ahora se ha concebido desde el punto de

vista del Estado nacional, habida cuenta de la pobreza glo-

bal cada v a mayor y del uabajo asalariado en progresiva disminucibn? jEstallark nuevas guerras de religibn cuando se erosionen los Estados nacionales, guerras agravadas por las catasuofes ecologicas? jO nos estamos dirigiendo a un mundo sin violencia, que, tras el uiunfo del mercado mun- dial, vivird en un clima de paz? jE~tamos tal vez incluso en el umbral de una segunda Ilusuaci6n!

Referencias

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