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LA ESPAÑA DEMOCRÁTICA (DESDE 1975)
1. LA TRANSICIÓN A LA DEMOCRACIA
Cuando Franco muere el 20-XI-1975 la gran pregunta era si sería posible el franquismo sin Franco. Y si era así, ¿cómo podría desmontarse sin crear graves tensiones? Muchos autores han insistido en el carácter excepcional del periodo 1976-78, cuyos cambios políticos exigieron planificar cuatro aspectos:
a) el objetivo del cambio (la democracia)
b) el procedimiento (partir de la legalidad existente) c) el instrumento jurídico (la Ley para la Reforma Política) d) y la persona que dirigiría el cambio (Adolfo Suárez).
Todo lo demás era una incógnita sobre la que hubo mucho de improvisación en función de las circunstancias. El grado de movilización social y concienciación política era muy escaso y la mayor parte de los españoles estaban desinformados y despolitizados, aunque expectantes.
A. FACTORES FAVORABLES A LA TRANSICIÓN
o la etapa franquista había dejado el fascismo muy lejos, en los años `50
o la dictadura era personal, no militar, lo que crea incertidumbre a la muerte de Franco (incertidumbre que se tiene que resolver de alguna manera)
o desunión de los dirigentes franquistas, no forman un frente único
o cambio de mentalidad social
o la monarquía mantuvo imagen de estabilidad para los franquistas (no parecía una aventura) o clima exterior muy favorable y colaborador
Podemos ver la Reforma como una “traición” a la esencia del régimen:
o cometida por la propia clase política franquista o refrendada por el pueblo
o aceptada por la oposición
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El ejército, garante del franquismo, no pudo detener el proceso:
o su poder era periférico (el franquismo no era un régimen militar)
o estaba dividido ante una reforma apoyada por la Corona y el pueblo
o todos los hechos fueron consumados antes de su reacción
B. LAS REFORMAS POLÍTICAS
Juan Carlos es coronado el 22 de noviembre y confirma al presidente del gobierno, Arias Navarro, que forma gobierno en diciembre; Arias introduce en el gobierno a personalidades que habían apostado por reformas graduales en los años finales del franquismo (Fraga en Gobernación, Areilza en Exteriores, Garrigues en Justicia). Debe recordarse que la monarquía que concibió Franco era autoritaria y tenía que descansar sobre instituciones no democráticas: unas Cortes “orgánicas” que no eran elegidas por sufragio universal, un rey con funciones ejecutivas, un sistema sin partidos políticos y con sindicatos verticales y con ausencia de derechos y libertades fundamentales. Trata de ser un compromiso entre continuidad y aperturismo.
La clave parecía ser el rey: su actitud parecía abrir expectativas nuevas (su discurso de coronación insinuaba una disposición favorable). La permanencia del mecanismo de gobierno franquista, donde lo importante era ganar la confianza del jefe del Estado y no la confianza de la opinión pública, favoreció la autoridad del rey. Se trataba de ver cuál sería la actitud del gobierno de Arias: éste se demostró incapaz de sacar adelante una reforma aceptable para todas las tendencias.
La oposición optó por la “ruptura democrática” y exigía: amnistía política, libertad sindical y de partidos, convocatoria de elecciones a Cortes Constituyentes y autonomías regionales. El Ejército y la Iglesia están a la expectativa, fieles al gobierno y recelosos de los cambios. Las huelgas de principios de 1976, con un volumen desconocido hasta entonces (más de 17 mil en el primer trimestre del año), las manifestaciones y la reanudación del terrorismo exaltaron a los duros (el Búnker), opuestos a toda reforma. Los partidos y sindicatos, aún ilegales, actuaban ya de forma pública. La crisis económica, con su conflictividad social y sus reivindicaciones laborales, añadió impulso a los cambios políticos.
En este contexto, las primeras medidas de Arias no eran suficientes para la oposición: indulto político limitado, legalización de partidos políticos que no fueran separatistas ni estuvieran ligados a disciplinas internacionales (una clara alusión al PCE) pero no se habla de elecciones libres, ni de amnistía total a los presos políticos ni de autonomías. En marzo, la Junta Democrática y la Plataforma Democrática formaron Convergencia Democrática, reuniendo a toda la oposición, salvo los grupos catalanes. El mismo mes, Arias envía a las Cortes un proyecto de ley sobre el derecho de asociación, que todo el mundo ve muy tímido.
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sectores de las clases medias con un apoyo activo al régimen; creyeron que concediendo una limitada apertura (un pacto entre los sectores del régimen) podrían mantenerse indefinidamente en el poder. Los rupturistas no tuvieron en cuenta, en sus primeras llamadas a la movilización, que esas clases medias no querían poner en riesgo el orden y la estabilidad, valores prioritarios para la mayor parte de la sociedad.
Así, ni la reforma controlada desde arriba ni la ruptura democrática desde abajo habían conseguido avanzar en sus propósitos, la primera bloqueada por el sector inmovilista del mismo régimen; la segunda, por la diversidad y atomización de los partidos y grupos políticos que la sustentaban.
El freno de Arias a las reformas hace que el rey le fuerce a dimitir y lo sustituya por Adolfo Suárez, casi un desconocido en ese momento (julio del 76). Era partidario de las reformas pero, por su pasado (era un hombre del Movimiento, apadrinado por figuras importantes del régimen), los franquistas confiaron en él. Su programa consistía en convocar un referéndum para decidir sobre la reforma y, en caso de aprobación, convocar elecciones libres. La oposición quedó entre la espada y la pared, entre aceptar y apoyar así una monarquía continuadora del franquismo, y rechazar y entonces pasar por obstructora del cambio.
Suárez fue dando pruebas de su voluntad de reforma: despenalización de la pertenencia a partidos políticos, libertad de manifestación y reunión y amnistía para los delitos políticos y sindicales.
…la disyuntiva política del posfranquismo consistía en elegir entre la reforma del franquismo, cambiando su forma pero no su fondo, y la ruptura con el franquismo, cambiando su forma para cambiar su fondo; Suárez sólo tardó unos meses en decidir que la disyuntiva era falsa: entendió que en política la forma es el fondo, y que por tanto era posible realizar una reforma del franquismo que fuese en la práctica una ruptura con el franquismo.
Anatomía de un instante, Javier Cercas, 2009
Aunque parecía tener claro su objetivo, el problema era cómo llevarlo a cabo: el guionista fue Torcuato Fernández Miranda; su instrumento, la Ley para la Reforma Política. Fernández Miranda, presidente de las Cortes y buen conocedor de las Leyes Fundamentales franquistas, aprovechó los mecanismos existentes para reformarlas. Por tanto, en la forma se respetaba la normativa vigente para evitar un vacío legal: era lo que él llamaba "de la ley a la ley a través de la ley", la voladura controlada del régimen. Aprobada por las Cortes franquistas en noviembre (el llamado harakiri, su suicidio político), fue refrendada en referéndum y entró en vigor en enero de 1977. Los puntos más trascendentales eran:
Establecía el concepto de soberanía popular igual para todos los mayores de 21 años
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Autorizaba expresamente al Gobierno o al Congreso de los Diputados así elegido a iniciar una reforma constitucional
Otras medidas liberalizadoras del gobierno Suárez:
o supresión del Tribunal de Orden Público o amnistía política parcial
o autorización de la Diada catalana o autorización de la ikurriña
o desmantelamiento del Movimiento
o autorización de todos los partidos (incluido el PCE, en abril de 1977) o reconocimiento del derecho de huelga
o libertad de expresión
Estas medidas son fruto del consenso con la oposición en medio de la tensión por la violencia terrorista de la extrema izquierda, ETA y la extrema derecha. La matanza de Atocha, en la que miembros extrema derecha asesinaron a cinco abogados de Comisiones Obreras en enero de 1977, fue el punto de inflexión en la apertura hacia la izquierda: el entierro fue multitudinario y el PCE se mostró abiertamente sin que hubiera incidentes, lo que abrió el camino a su legalización, tres meses después.
Escena de la manifestación convocada con motivo del entierro de los cinco abogados laboralistas asesinados en la Matanza de Atocha
La lista de partidos era farragosa, con gran incertidumbre respecto al apoyo de cada uno. La derecha no democrática estaba muy fragmentada. La derecha democrática formó un partido conservador, Alianza Popular, dirigido por Fraga Iribarne, que reunía a buena parte de los reformistas que habían sido relevantes en el régimen franquista. En el centro se formó un partido-coalición encabezado por Suárez, la Unión de Centro Democrático, UCD, una amalgama de tendencias: democristianos, socialdemócratas, liberales, regionalistas, que coincidían en apoyar la gestión de Suárez.
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abría a las clases medias (el llamado “eurocomunismo”). Su líder era Santiago Carrillo, que renunció a cualquier tentación revolucionaria y asumió la monarquía y el reformismo. Había, además grupos marginales de extrema izquierda.
En cuanto al nacionalismo: en Cataluña, Jordi Puyol aglutinó a diversos grupos de carácter liberal y democristiano en Convergencia Democrática de Cataluña. En el País Vasco, las fuerzas iban desde la democracia cristiana del PNV hasta el socialismo de
Euskadiko Ezquerra.
Hubo que determinar el sistema electoral (aún vigente): consistía en formular una ley a través de la cual el Gobierno -de UCD- pudiese obtener mayoría absoluta. Puesto que los sondeos concedían a UCD un 36-37% de los votos, se buscó hacer una ley en la que la mayoría
absoluta pudiese
conseguirse con alrededor
del 36-37%, con un
mecanismo que en parte favorecía a las zonas rurales, donde UCD era predominante frente a las zonas industriales, en las que lo era el PSOE. Las
Cortes tendrían dos
cámaras: un congreso de 350 diputados y un Senado
con 254 senadores,
elegibles por provincias, con cierta proporcionalidad a la población (pero donde las provincias menos
pobladas estaban
sobrerrepresentadas). La concentración del voto provincial facilitaba la presencia de fuerzas nacionalistas para dar cauce a sus demandas. Las candidaturas al Congreso se hacen en listas cerradas para dar más peso a los partidos y favorecer las mayorías; las del Senado son abiertas, con igual número de senadores en todas las provincias, para intentar crear una cámara de representación territorial (además, el rey, en esa ocasión, eligió al 20% de los senadores).
Previamente a las elecciones, en un acto simbólico con gran contenido político, Don Juan cedía los derechos al trono a su hijo, el rey Juan Carlos: era ya una monarquía restaurada.
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de los escaños). El triunfo fue para UCD con importante peso del PSOE. Las dos grandes formaciones nacionalistas triunfaron en sus regiones.
Las Cortes inician la discusión de la Constitución mientras el gobierno restablece la Generalitat catalana al regreso del exilio de Josep Tarradellas, presidente del gobierno catalán en el exilio, a quien Suárez reconoció legitimidad ( su célebre frase el día de su regreso: Ciutadans de Catalunya, ja sóc aquí!, tuvo un enorme significado simbólico) y aprueba el régimen preautonómico, una transición hacia la instauración de cada Comunidad Autónoma, generalizando el principio de autonomía regional a toda España (el famoso café para todos, en 1978). En Cataluña, la causa autonomista la encarna el nacionalismo moderado de Jordi Pujol (el estatuto de autonomía se aprueba en 1979). En Vascongadas, el gobierno fue a remolque de los hechos. No se cumple la esperanza de que el autogobierno y la democracia enfriarían el terrorismo. En 1974 ETA político-militar había roto con ETA militar y sigue la vía política, apoyando el estatuto en 1979.
Un hecho trascendental fue la nueva amnistía de octubre de 1977: siendo la de 1976 considerada insuficiente por la oposición de izquierdas, se aprueba ahora la liberación de diversos presos políticos y presos de ETA que aún se encontraban en prisión por razones ideológicas.
Nosotros considerábamos que la pieza capital de esta política de reconciliación nacional tenía que ser la amnistía. ¿Cómo podríamos reconciliarnos los que nos habíamos estado matando
los unos a los otros, si no borrábamos ese pasado de una vez para siempre?
7 El Abrazo, de Juan Genovés, 1977; realizado en 1973, se hizo público tras la matanza de Atocha y el
artista lo planteó como un símbolo de reconciliación nacional tras la amnistía de 1977
La Constitución es aprobada por las Cortes y sometida a referéndum el 6-12-1978. Con este apoyo del pueblo español se cumplen los objetivos básicos de la Transición.
2. DE LA CRISIS DE UCD A LA CONSOLIDACIÓN DE LA DEMOCRACIA
La disolución de las cámaras una vez aprobada la Constitución dio lugar a nuevas elecciones en marzo del 79: las nuevas Cortes tienen una composición similar a las de 1977, habiendo obtenido UCD el 35% de los votos y el PSOE el 29%. Se afirman los partidos nacionalistas (incluida la aparición de la coalición abertzale Herri Batasuna, con tres escaños), incluso aparece el Partido Socialista Andaluz. En abril se celebran las primeras elecciones municipales, con triunfo de la izquierda en las principales ciudades (gracias al pacto PSOE-PCE).
Las nuevas Cortes se centran en la tarea legislativa: los aspectos más importantes fueron la construcción del estado de las autonomías, la reforma del código civil (especialmente en la cuestión del divorcio y la igualdad legal de la mujer con el nuevo derecho de familia) y las leyes del Tribunal Constitucional y del Consejo General del Poder Judicial. Al tiempo, el gobierno inicia las conversaciones para el ingreso en la CEE (se hizo la solicitud en 1977 y las negociaciones se inician en 1979, con muchos retrasos hasta su culminación en 1985). Al mismo tiempo, el terrorismo arreciaba (118 muertos ese año, 86 de ellos debidos a ETA).
Mientras, los dos partidos mayoritarios se ordenan internamente en sus congresos: UCD confirma el liderazgo de Suárez pero el PSOE abre una crisis con la dimisión de Felipe González al ver rechazada su propuesta de abandonar el marxismo (un congreso extraordinario en septiembre aceptó sus tesis y González volvió a la secretaría general).
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gobierno), la derrota de la postura de UCD en el referéndum autonómico andaluz, la crisis económica, el descontento de parte del ejército por la escalada terrorista y las querellas internas (los democristianos del partido pactaron con Alianza Popular) culminan con la dimisión de Suárez en enero de 1981. Es propuesto para sustituirlo Leopoldo Calvo Sotelo y, en la sesión de investidura, se produce el asalto al Congreso por parte de un grupo de guardias civiles dirigido por el teniente coronel Tejero. La falta de apoyo a los golpistas y la actitud firme del rey hicieron fracasar el golpe de estado.
Cartel anunciando la postura ambigua del PSOE ante el ingreso en la OTAN
En 1982, lo más destacado, antes de las elecciones de octubre, fue el ingreso en la OTAN (con la oposición “de entrada” del PSOE y grandes movilizaciones de la izquierda y de grupos pacifistas). Tanto el PCE como UCD vivían en permanente crisis interna: los comunistas, por la grieta entre renovadores, prosoviéticos y fieles a Carrillo, que se irá agrandando; en UCD, por la amalgama de tendencias y personalismos (los socialdemócratas de Fernández Ordóñez abandonan el partido y se unen al PSOE, mientras los democristianos de Óscar Alzaga se unen a Alianza Popular).
9 El resultado de las elecciones de 1982 supuso un vuelco electoral por el hundimiento del partido del
gobierno y la polarización electoral entre izquierda y derecha (es sorprendente el parecido con el resultado de las elecciones municipales de 1931)
La mayoría absoluta le permitía gobernar con holgura. Sus objetivos se acercaron al pragmatismo, dejando de lado presupuestos ideológicos anteriores; los más importantes fueron:
o acabar con el paro, lo que no se logró
o reconversión industrial, a veces con resultados sociales muy duros o adhesión a la CEE (1986)
o entrada en la OTAN, decidida por referéndum (1986), para lo que el PSOE tuvo que cambiar su actitud reticente inicial por un decidido apoyo al sí
o mejora de las relaciones exteriores, sobre todo con los vecinos (Francia, Marruecos, Argelia), y reconocimiento del Estado de Israel (1986)
o estabilidad definitiva interior, alejando el peligro de un golpe militar
Las reformas legislativas trataban de asegurar la modernización del país: en el campo de la Educación, la LODE (1983, Ley orgánica del Derecho a la Educación) y la reforma educativa con la LOGSE, 1990; leyes del aborto (ley de supuestos), reforma militar, y traspaso de competencias a las comunidades autónomas (LOAPA).
Las tensiones en el País Vasco fueron constantes por el terrorismo, la actitud del partido abertzale Herri Batasuna, cuya entrada en las instituciones trató de impedirse y por la actividad de un nuevo frente terrorista, el GAL, que desde 1983 realizaba acciones contra el entorno de ETA.
10 La evolución de los resultados electorales entre 1977 y 2008
En 1993, una nueva mayoría relativa muestra la pérdida de posiciones del PSOE a caballo de la crisis económica y del avance del PP (refundación de AP en 1989), con su nuevo líder, José Mª Aznar, que reemplazó a Fraga Iribarne, considerando que su techo electoral era insuficiente. Aznar logró hacerlo crecer y triunfar en las elecciones autonómicas de 1994.
Los problemas de corrupción, el desprestigio y el fin del apoyo de CiU, que había salvado la falta de mayoría absoluta desde 1989, terminaron con la derrota electoral de 1996 a manos del PP, que obtuvo una mayoría relativa. La victoria de los populares
se reafirmó en 2000, esta vez con mayoría absoluta. Los principales objetivos de los gobiernos del PP fueron:
I. el cumplimiento de los criterios de convergencia con la Unión Europea, lo que permitió que España pudiera adherirse a la Unión Monetaria: disminución del déficit público, de la inflación y de los tipos de interés
II. privatización de empresas públicas
III. descenso del paro gracias a la mejora económica, del 20 al 11% (y gracias a la evolución demográfica)
IV. acoso a ETA mediante el aislamiento de su entorno político V. posicionamiento con Estados Unidos en su política exterior (la
guerra de Iraq)
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cuyo líder, Rodríguez Zapatero, intentó atraerse a las fuerzas nacionalistas y progresistas (para cerrar el paso a la derecha) con una doble política:
leyes progresistas : la nueva ley educativa (con el espinoso tema de la Educación para la Ciudadanía), las leyes del aborto (ley de plazos), del matrimonio homosexual y ley de la Memoria Histórica
reforma de los estatutos de autonomía para tratar de cerrar las tensiones competenciales, que terminó con escaso éxito
Estas iniciativas, unidas a su intento de diálogo con ETA, le ganaron la oposición cerrada de la derecha, pese a lo que revalidó el triunfo en 2000, aunque su débil mayoría le obligó a pactar con IU y los nacionalistas.
3. LA POLÍTICA ECONÓMICA
La economía española mostraba un gran retraso respecto de los países europeos que le servían de referencia: su producto por habitante era, en 1976, un 20 por 100 inferior al de la media de los países comunitarios; arrastraba una tradición de intervencionismo y proteccionismo intensos -atenuada en la etapa de rápido crecimiento posterior al Plan de Estabilización- que dejaba una herencia de distorsiones productivas y mercados rígidos. A ello se añadió el crecimiento del precio del petróleo en 1973-74 (se multiplicó por cuatro).
Hasta 1977, los gobiernos no se enfrentan a la crisis, que se manifiesta en diversos aspectos:
o disminución del crecimiento del PIB (7,8 en 1973, 1% en 1975)
Evolución del PIB con los distintos gobiernos democráticos
12 Tasa de paro (porcentaje sobre la población activa)
o aumento de la inflación (12% en 1973, 26 % en 1977)
Tasa de inflación entre 1961 y 2000
Por otra parte, la presión laboral exige aumentos salariales, que alimentan más la inflación. Para salir de la situación, el Vicepresidente para Asuntos Económicos, Fuentes Quintana, promueve un acuerdo de todos los partidos parlamentarios en octubre de 1977, los Pactos de la Moncloa, apoyados también por los sindicatos CCOO y UGT. Los acuerdos principales fueron:
o tope salarial para 1978 del 22%
o flexibilización de plantillas en algunas empresas o aumento del 30% en las pensiones
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Se consiguió reducir la inflación (20% en 1978, 16,7% en 1979) pero creció el paro (10% en 1979).
Un aspecto que requería una reforma profunda era el sistema fiscal. La reforma fiscal de 1977, debida a Fernández Ordóñez, supuso la modernización de la tributación española con arreglo al modelo dominante en el resto del mundo occidental, introduciendo el impuesto sobre la renta.
El gran despegue de los impuestos directos se produce en los setenta, estableciendo una mayor relación entre la riqueza y la carga impositiva, modificando un sistema que daba prioridad a la recaudación
indirecta y, además, proporcionando unos ingresos a la administración capaces de hacer frente al desarrollo de los servicios públicos
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incorporándolas al Instituto Nacional de Industria. La reconversión se centró en los sectores en crisis, con una demanda más débil (astilleros, siderurgia, textil) y ello contribuyó a elevar la tasa de paro al 20,5 % en 1985. Fue acompañada de medidas de ayuda a la reindustrialización, que beneficiaron, sobre todo, a Madrid y Barcelona en detrimento de la región cantábrica, de mayor “monocultivo” metalúrgico y siderúrgico.
Puede apreciarse el descenso continuado del peso de la industria en la economía española
El peso relativo de los tres sectores en el PIB: la modernización económica continúa las pautas de los países occidentales
Las medidas del ministro de Economía, Miguel Boyer, fueron conservadoras: lucha contra la inflación (con resultados positivos), para lo cual se optó por la moderación salarial y la devaluación para reducir el déficit de la balanza de pagos.
Otras medidas de la etapa del PSOE fueron:
o mayor presión fiscal, debido al mayor gasto o lucha contra la economía sumergida
o moratoria nuclear
o nuevos coeficientes obligatorios para la banca para financiar el creciente déficit público
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La incorporación efectiva de España a la Comunidad Económica Europea, el 1 de enero de 1986, planteó un gran reto a la economía española. Además, los países miembros de la Comunidad firmaron, pocos meses después, el Acta Única Europea, que incorporaba el acuerdo de completar, para el 31 de diciembre de 1992, la construcción del Mercado Interior Comunitario, un espacio de libre circulación de bienes, servicios y factores de producción; se trataba de estimular el ánimo decaído de las economías del área mediante el aumento de la competencia resultante de la eliminación del importante conjunto de factores que continuaban obstaculizando el funcionamiento de un verdadero mercado único. De este modo, España hubo de cumplir los compromisos asumidos y hubo de hacerlo en un plazo breve, que se puede dar por concluido en 1993, y partiendo de un nivel medio de protección relativamente elevado. El proceso de eliminación del proteccionismo supuso, por el lado de las importaciones, el pleno desarme arancelario ante los países comunitarios y la adopción de la tarifa exterior comunitaria frente a terceros países (aceptando acuerdos preferenciales que la Comunidad tenía suscritos con otras áreas), la eliminación de los sistemas de comercio no liberalizado, la renuncia a otras prácticas administrativas de protección y la supresión, tras la introducción del IVA, de los ajustes fiscales en fronteras que encubrían recargos proteccionistas; e implicó, por el lado de las exportaciones, la reducción de los mecanismos administrativos, crediticios y fiscales que suponían subvenciones encubiertas para favorecer las ventas al exterior.
Un aspecto esencial de la integración en la Unión Europea han sido las ayudas recibidas, que han permitido afrontar la modernización de las infraestructuras y mejorar la renta agraria disponible.
Desde 1992 la política económica estuvo marcada por el Tratado de la Unión Europea, conocido también como Tratado de Maastricht, dirigido a la instauración del euro como moneda común de la Unión Europea. Las principales medidas suponían el control de la inflación y del déficit público establecidas en el Pacto de estabilidad y crecimiento.
Los índices económicos comenzaron a subir a partir de 1995, trayendo una fase expansiva que duró hasta principios de 2008, con un incremento medio anual del PIB del 3,5%, lo que ha constituido el periodo de crecimiento más alto desde 1975, y una reducción del paro. Las razones fueron básicamente dos:
I. la incorporación de España a la Unión Monetaria propició una caída de los tipos de interés, que se acentuó a partir de la instauración del euro como moneda oficial en 2002. La bajada de los tipos y la ausencia de riesgo de tipo de cambio dentro de la zona euro llegó a provocar un aumento de la confianza de los inversores y un fuerte aumento del crédito.
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17 El gasto de la administración central ya es superado por el de las comunidades autónomas
La consecuencia de estas políticas de disribución de competencias, sumadas al gasto público, ha sido una mayor equidad entre regiones (que puede verse en la menor diferencia entre los extremos de la gráfica inferior) y que algunas de las que tenían la renta más alta en 1978 (Madrid y Cataluña) han contribuido más al proceso de compensación de desequilibrios regionales, hasta el punto de verse superadas por País Vasco y Navarra (gracias a los conciertos económicos y a la Hacienda Foral) y por Baleares (por el efecto del turismo).
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Por otra parte, la política redistributiva, que ha sido consecuencia de las ayudas europeas, ha producido la convergencia de la renta española con la media de la UE. Algunas comunidades (Madrid, Navarra, País Vasco, Baleares y Cataluña) han superado la media comunitaria.
Convergencia de España con la UE; la gran ampliación de 2004 hacia los países de este de Europa, todos con menor renta que España, produce esa subida brusca de la media comparativa al bajar la media de
los 27 miembros
No obstante, aún puede apreciarse la diferencia entre el gasto español en políticas sociales y el gasto de los países comunitarios, especialmente de los países nórdicos.