Bogotá, D.C., Fecha: Agosto 04 de 2009
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Tesis doctoral Trabajo de Grado Señores
BIBLIOTECA GENERAL Cuidad
Estimados Señores: Los suscritos
Novoa Serrano, Andrés, con C.C. No. 80 926 688 García Uricoechea, Julio, con C.C. No. 80 872 689 González Rivero, Felipe, con C.C. No., 80 886 968
Autor(es) de la tesis doctoral y/o trabajo de grado titulado: JÓVENES, ESTILO Y HIP HOP EN EL SUR ORIENTE DE BOGOTÁ. Presentado y aprobado en el año 2009 como requisito para optar al título de PISCOLOGOS; autorizo (amos) a la Biblioteca General de la Universidad Javeriana para que con fines académicos, muestre al mundo la producción intelectual de la Universidad Javeriana, a través de la visibilidad de su contenido de la siguiente manera:
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TÍTULO COMPLETO DE LA TESIS DOCTORAL O TRABAJO DE GRADO: JÓVENES, ESTILO Y HIP HOP EN EL SUR OREINTE DE BOGOTÁ
AUTOR O AUTORES
Apellidos Completos Nombres Completos
NOVOA SERRANO GARCIA URICOECHEA
GONZALEZ RIVERO
ANDRES HERNANDO JULIO GUILLERMO
FELIPE DIRECTOR (ES) TESIS DOCTORAL O DEL TRABAJO DE GRADO
Apellidos Completos Nombres Completos
AMAYA URQUIJO ADIRA
ASESOR (ES) O CODIRECTOR
Apellidos Completos Nombres Completos
TRABAJO PARA OPTAR AL TÍTULO DE: PISOLOGOS
FACULTAD: PSICOLOGÍA
PROGRAMA: Carrera X Licenciatura ___ Especialización ____ Maestría ____ Doctorado ____ NOMBRE DEL PROGRAMA: PSICOLOGÍA
NOMBRES Y APELLIDOS DEL DIRECTOR DEL PROGRAMA: MARTÍN EMILIO GÁFARO BARRERA
CIUDAD: BOGOTA AÑO DE PRESENTACIÓN DEL TRABAJO DE GRADO: 2009
NÚMERO DE PÁGINAS 202
TIPO DE ILUSTRACIONES: Ilustraciones
Mapas Retratos
Tablas, gráficos y diagramas Planos
MATERIAL ANEXO (Vídeo, audio, multimedia o producción electrónica): NINGUNA Duración del audiovisual: ___________ minutos.
Número de casetes de vídeo: ______ Formato: VHS ___ Beta Max ___ ¾ ___ Beta Cam ____ Mini DV ____ DV Cam ____ DVC Pro ____ Vídeo 8 ____ Hi 8 ____
Otro. Cual? _____
Sistema: Americano NTSC ______ Europeo PAL _____ SECAM ______ Número de casetes de audio: ________________
Número de archivos dentro del CD (En caso de incluirse un CD-ROM diferente al trabajo de grado): _________________________________________________________________________
PREMIO O DISTINCIÓN(En caso de ser LAUREADAS o tener una mención especial):
_______________________________________________________________________________
DESCRIPTORES O PALABRAS CLAVES EN ESPAÑOL E INGLÉS: Son los términos que definen los temas que identifican el contenido. (En caso de duda para designar estos descriptores, se recomienda consultar con la Unidad de Procesos Técnicos de la Biblioteca General en el correo [email protected], donde se les orientará).
ESPAÑOL INGLES
PSICOLOGIA SOCIAL SOCIAL PSYCHOLOGY
SUBJETIVIDAD SUBJECTIVITY
JUVENTUD YOUTH
MÚSICA MUSIC
RESUMEN DEL CONTENIDO EN ESPAÑOL E INGLÉS: (Máximo 250 palabras - 1530 caracteres):
de la realidad y referencias sobre la concepción de lo que es el estilo en la construcción de sí mismo. Se contó con dos entrevistas semi-estructuradas, análisis liricas y notas de campo que fueron analizadas utilizando un análisis de discurso, de los eventos que hacen parte de la vida cotidiana del “Che Guerrero” como representante significativo de la cultura Hip Hop en el Sur Oriente de la ciudad. Se pudo encontrar que este joven construye muchas realidades (social, política, personal, familiar y artística) alrededor de un solo estilo que lo identifica, es decir, su marca personal como el Che Guerrero.
JÓVENES, ESTILO Y HIP HOP EN EL SURORIENTE DE BOGOTÁ
Trabajo de Grado
Julio García Uricoechea, Felipe González Rivero y Andrés Novoa Serrano
Directora: Adira Amaya Urquijo
Pontificia Universidad Javeriana
CONTENIDO
O. INTRODUCCIÓN, 3
0.1. Planteamiento del Problema, 5 0.2. Fundamentación Bibliográfica, 13 0.3. Objetivos, 54
0.3.1. Objetivo General, 54 0.3.2. Objetivos Específicos,54 0.4 Categorías, 55
1. MÉTODO, 56
1.1. Tipo de Investigación, 56 1.2. Participantes, 59
1.3. Instrumento, 61 1.4. Procedimiento, 62
2. RESULTADOS, 67
3. DISCUSIÓN, 105
4. CONCLUSIONES, 126
5. REFERENCIAS BILBIOGRFICAS, 132
Abstract
En esta investigación se quisieron evidenciar la construcciones sociales y los procesos de construcción de realidades y de sí mismo en un joven de la cultura Hip Hop del Sur Oriente de Bogotá y dejar entrever la relación que existe entre la construcción de realidades subjetivas desde sus experiencias. Para ello se revisaron conceptos teóricos acerca de la construcción de realidades de los jóvenes, la juventud y su relación con las culturas juveniles ligadas a la música, la construcción social de la realidad y referencias sobre la concepción de lo que es el estilo en la construcción del sí mismo. Se realizaron análisis de líricas, notas de campo y conversaciones por medio del método de análisis de discurso, de los eventos que hacen parte de la vida cotidiana del “Che Guerrero” como representante significativo de la cultura Hip Hop en el Sur Oriente de la ciudad. Se pudo encontrar que este joven construye diversas realidades (social, política, personal, familiar y artística) alrededor de un solo estilo que lo identifica, es decir, su marca personal como el Che Guerrero.
Palabras Claves: Psicología Social (SC 48380), Subjetividad (SC 50450), Juventud (SC 57320), Música (SC 32650).
This study sought to demonstrate the social constructions and the reality and self construction process in a young man of Hip Hop culture from the South East of Bogota, leaving a glimpse of the relationship between the construction of subjective reality from his experiences. This investigation revised theory about the identity construction of young people, youth and their relationship with the youth culture associated with music, the social construction of reality and references to the concept of what is the style in the construction of self. There were lyrics, field notes, and conversations analysis by means of discourse analysis method, of events that are part of everyday life of "Che Guerrero" as a significant representative of the Hip Hop culture in the South East of the city. It was found that this young man constructed realities (social, political, personal, family and art) around a single style that identifies him, his personal brand as Che Guerrero.
0. INTRODUCCION
El propósito del presente trabajo es conocer y comprender las construcciones sociales y los procesos de construcción de realidades de un joven de la cultura Hip-Hop del suroriente de la ciudad de Bogotá, y el papel que están jugando esas realidades en la construcción de sí mismo. Para lograrlo se planteó una metodología de corte cualitativo, utilizando el análisis del discurso como marco metodológico y epistemológico para abordar el objeto de estudio, utilizando un diseño emergente y el método de observación cualitativa. La selección del participante del estudio tuvo en cuenta los términos de tiempo transcurrido en la “escena” o práctica del hip hop, y que reside actualmente en la Localidad Cuarta, ubicada al suroriente de Bogotá. Esta investigación pretende dar cuenta de las dinámicas de creación de mundos sociales de un joven “hopper” y de la manera como estos mundos pueden llegar a estructurar su proyecto de vida alrededor de comprensiones y experiencias vividas con el Hip-Hop como cultura.
Se consultaron un total de 31 referencias distribuidas de la siguiente forma: 18 son internacionales, y las 13 restantes son nacionales.
internacionales, ya que la cultura hip hop es global y transnacional y a la vez local en tanto se arraiga en la experiencia cultura de algunos jóvenes del suroriente, la cual se plantea un contexto territorial determinado por unas condiciones específicas, como la situación económica, política, educativa, social y cultural que atraviesa el país.
0.1 Planteamiento del problema
La población joven en Colombia, desde la Constitución Política de 1991 y sus avances pertinentes al tema, y desde estudios en psicología y psicología social, constituye un campo de reflexión complejo frente a cómo los y las investigadores sociales entienden e investigan lo concurrente a la misma. Estas fuentes nos informan que algunas formas de “ser joven” se distinguen de según las realidades sociales. La Constitución expresa claramente, en sus artículos 45 y 103 que los jóvenes, sus derechos y su conocimiento constituyen parte del estado social de derecho que existe en este país; por más diversas y heterogéneas que sean sus formas y experiencias de vida. Ante tal responsabilidad, resulta válido y pertinente problematizar sobre las realidades que viven algunos jóvenes de la ciudad, propiciando un escenario para que las ciencias sociales, las psicologías, sus campos afines, los jóvenes y la Constitución Política de 1991, puedan interpelar para posibilitar caminos de diálogo entre la Universidad como academia, la Constitución como carta magna de la democracia en el país y los jóvenes como representantes del primer constituyente.
interacciones en la cotidianidad, entre la realidad objetiva y la realidad subjetiva (Berger y Luckmann, 2003).
En 1991, la Constitución Política de Colombia, por medio del inciso dos del artículo 45, estableció que “El estado y la sociedad garantizan la participación activa de los y las jóvenes en los organismos públicos y privados que tengan a cargo la protección, educación y progreso de la juventud” (Política Publica de Juventud, 2006, p. 39). Este le permitía y garantizaba a la juventud por primera vez la posibilidad y el deber ciudadano de participar activamente en los escenarios públicos en aras de la construcción de la democracia. La construcción de la democracia como ejercicio de participación suscitaría cambios a nivel culturales, judiciales y políticos que cambiaron el rumbo de la nación (Alcaldía Mayor de Bogotá, 2008).
Teniendo claros los cambios que han sufrido los jóvenes en su realidad institucional desde la Constitución de 1991, se puede concluir que sus derechos están más claramente nombrados y los espacios donde hacerlos respetar están también cada vez más presentes en esta ciudad. Sin embargo, las realidades se viven de otra manera en la vida cotidiana, pues el incremento de espacios y de derechos nombrados no necesariamente equivale a una mejora respecto a las vivencias y experiencias de los jóvenes en sus escenarios locales.
otras. Estos últimos autores, se apartan de esta idea de las culturas juveniles como movimientos políticos, pues para ellos las prácticas y las creaciones de los jóvenes no necesariamente tienen una intencionalidad política, sino que evitan realizar cualquier tipo de afirmación, ni intentan catalogar de ninguna manera las acciones de las culturas juveniles, aunque en muchas ocasiones estas “chocan muchas veces con el sistema” (Muñoz y Marín, 2002).
Las realidades diarias se construyen por medio de prácticas físicas y discursivas que nos involucran en relación con otros; el mundo se constituye como complejo y diverso porque es un mundo de relaciones, de múltiples relaciones, que se resignifican todos los días por medio de ejercicios y prácticas que construyen significados en tanto actos. Estos significados se construyen en relación con otros, pues hablar de un nosotros mismos remite a hablar de otros. Desde la perspectiva del construccionismo social, el mundo puede ser entendido principalmente como relaciones. (Berger y Luckmann, (2003).
Es así como la cotidianidad con la que se llevan a cabo los ejercicios de construcción de significados dirige el foco de atención a las teorías psicológicas y sociales. Una comprensión que aporta en el marco conceptual del construccionismo social es la de Berger y Luckmann (2003), en donde la vida cotidiana se divide en sectores, unos que se aprehenden por rutina (faceta no problemática de la vida cotidiana) y otros que presentan problemas de diversas clases, en los que se enfrentan dificultades que todavía no se han introducido en la rutina.
concebir la realidad a través de un contexto de experiencia y acción pluralista y heterogénea (Zemelman, 1997 en Rojas, 2003).
Desde esta perspectiva de la subjetividad, los y las jóvenes siendo sujetos sociales, construyen sus sentidos de vida a partir de la relación entre lo que se da objetivamente (lo que se experimenta como realidad exterior) y los significados subjetivos (lo que se experimenta como algo interior a la conciencia del individuo). A partir de lo anterior, y tal como lo afirman Rapacci y Ocampo (2001), citado por Rojas (2003), en “Pensándonos con los Hombres y las Mujeres Jóvenes desde Nuevos
Horizontes”, se hace necesario explorar los diversos referentes a partir de los cuales los y las jóvenes construyen sus sentidos de vida, considerándose prevalente la necesidad de hacer una lectura de las condiciones que afectan los procesos en los que se tejen las relaciones sociales de éstos y éstas en la actualidad (Rojas, 2003).
A partir de la pluralidad de los mundos de vida, se legitiman las distintas realidades de formas igualmente diversas, identificándose dificultades desde el universo simbólico en la construcción de una cosmovisión que las abarque a todas, desarticulándose entonces la correspondencia entre realidad objetiva y realidad subjetiva por medio de la relativización de los soportes externos constituidos por la tradición y el orden institucional que orientan la conducta del ser humano.
relación, plantean que las formas como los sujetos se organizan y como esas organizaciones adquieren una duración en el tiempo, depende del significado que los individuos que hacen parte de la cultura le otorgan al intercambio de recursos que son significativos para estos.
Esta concepción de sujeto no dualista, permite aproximarse a las culturas juveniles desde la articulación de varias características que son comunes a un grupo específico y que dentro de éste, sus integrantes tienen a su vez una subjetividad propia sobre su forma de pensar y actuar dentro de la sociedad, mezclando esta subjetividad con particularidades que todos los miembros de una cultura juvenil comparten y aceptan como legítimas y que dan sentido y base fundamental a las creencias que giran alrededor de su estilo de vida.
Con respecto a los estudios de culturas juveniles, según lo que postula Cabello (2006), el concepto clave de la Escuela de Birmingham para investigar los comportamientos juveniles sería el de la resistencia a través de las prácticas de los jóvenes, es decir, el uso estratégico por medio de sus prácticas para enfrentarse activamente al control social que intentan ejercer sobre ellos los diferentes agentes del mundo adulto; la familia, los docentes, las autoridades escolares, la policía, entre otros. Imponiendo de una u otra manera unas formas de conducta y de valores que muchas veces los jóvenes no comparten y a las que no les encuentran sentido.
En este sentido, y como afirman Muñoz y Marín (2002), “muchos de los jóvenes poseen otras lógicas, saberes y formas de conocer el mundo, de pensarlo y de actuar sobre él, respecto a los adultos que están acostumbrados a ciertas formas de vivir y percibir su situación en la sociedad. La juventud hoy se caracteriza por la creación de diferentes formas de experimentar, vivir, y expresarse hacia el mundo y las realidades dentro de las que se encuentra inmersa”.
Actualmente los jóvenes construyen sus experiencias de vida con mayor énfasis en el valor simbólico de los objetos, que se convierte en un importante elemento de identificación y diferenciación, por los sentidos que los jóvenes les confieren, es decir, las distintas maneras en que construyen sus representaciones del ser joven: los símbolos, las practicas socioculturales, los modos de apropiarse, de construir culturalmente un territorio, las formas de sociabilidad, de vestir, de peinarse, las prácticas a través de las cuales se comunican y hablan de las diferentes maneras de ser joven (Piña, 2007).
Así mismo, Muñoz y Marín (2002), afirman que las culturas juveniles están creando y construyendo constantemente, y estas creaciones son nuevas formas de ser y existir en el mundo que los rodea, que dan la posibilidad de definir formas aceptables de existencia, a lo que los autores denominan como prácticas de libertad.
en la periferia de la ciudad, cuyas condiciones sociales, económicas, de salubridad, y desarrollo entre otras, son precarias. Esta situación se vive de manera recurrente en el país y afecta el desarrollo, en su mayoría, de los sectores más vulnerables de las ciudades. La Localidad Cuarta de San Cristóbal de la ciudad de Bogotá es uno de los lugares cuya historia está atravesada por esta problemática, pues se encuentra latente dentro de la historia de su origen. Actualmente las condiciones de vida permanecen inestables, considerándose esta localidad como una de las más vulnerables de la ciudad (Alcaldía Mayor, 2007).
Por ende, el presente trabajo busca tener una comprensión acerca de la visión que estos jóvenes tienen frente a su realidad, y así mismo la forma en que esto es llevado, a través del tiempo, a lo público como medio de expresión, es decir, lo que podría llamarse como los procesos de construcción social, la o las formas en cómo estas construcciones realizadas por los jóvenes influyen así mismo en su forma de estar en el mundo, la manera en que actúan y se relacionan consigo mismos y con un otro, por medio de creaciones propias dentro de una sociedad y una cultura en particular. Por esto, se pretende realizar un acercamiento a la cultura hip hop y sus formas de creación en el sur oriente de Bogotá.
más allá de todo esto, y lo que se busca es reconocer esas dimensiones desconocidas que llevan a los jóvenes a involucrarse de tal manera que lo adaptan y lo apropian como su forma de vida.
A partir de lo anteriormente planteado y para guiar la presente investigación surgió la pregunta acerca de ¿Qué realidades construye actualmente con el hip hop un
joven de la Localidad Cuarta de San Cristóbal y qué papel están jugando esas
0.2 FundamentaciónBibliográfica
Este trabajo se enmarca desde el enfoque construccionista social como corriente de la psicología social, el cual se interesa en la construcción de realidades por medio de la interacción y las relaciones, las cuales están mediadas por el lenguaje. Como propone Berger y Luckmann, (1998) “es el que da el camino de la vida y en la sociedad y llena esta misma de objetos significativos”. Para este enfoque, el lenguaje cumple un papel esencial en la comprensión de la construcción social de la realidad, generada por las relaciones que los seres humanos construyen, determinando así, que lo social no es algo externo al sujeto, pues la narración al ser el medio para relacionarse construido por el lenguaje, en este momento deja de ser una realidad solamente externa, reflejando así lo que es verdad y el sentido que se le da a esta. Es una verdad que rige la forma de relacionarse con el mundo, construida por cada sujeto, por ende, es necesario aclarar, no es absoluta, pues desde el construccionismo social, no tiene sentido estudiar una verdad única y absoluta, ya que lo que interesa, según Ibáñez, (1994), “es el valor de uso dado por la adecuación a las finalidades que nosotros mismos le asignamos al conocimiento", y lo reafirma luego diciendo: “… a partir del momento en que abandonamos la idea de que el conocimiento y la verdad tienen unos fundamentos últimos, que el conocimiento y la verdad son absolutos, no nos queda más remedio que mirar hacia las prácticas sociales para intentar comprender cómo producimos y cómo justificamos nuestras creencias, nuestras verdades, nuestros conocimientos” (Ibáñez, 2002).
existe porque la hemos construido como tal, de manera colectiva, a través de un largo proceso histórico e íntimamente relacionado con nuestras características humanas”.
A propósito del carácter colectivo de la construcción de la realidad del que nos habla Ibáñez, Bruner, (1991) señala que “estar expuesto al flujo del lenguaje no es tan importante como utilizarlo mientras se hace algo. Así el lenguaje es un dispositivo de relación, pues no sólo describe la realidad, sino que ayuda a comprenderla y transformarla”. Esto muestra que dentro de las funciones del lenguaje se encuentra la de construir cualidades subjetivas, las cuales no pueden verse como algo único e independiente del entorno, dado que el lenguaje no es un fenómeno individual, es un fenómeno social, por ende se puede decir la realidad social se construye desde una naturaleza simbólica y subjetiva. Así, no puede desvincular lo social de su estructura lingüística.
Desde la propuesta de Berger y Luckmann, (2003), se entiende que la construcción social de la realidad está basada en tres grandes dimensiones, los fundamentos del conocimiento en la vida cotidiana, la sociedad como realidad objetiva y la sociedad como realidad subjetiva.
descriptivo y, como tal, “empírico”, pero no “científico”, que así desde esta postura se considera la naturaleza de las ciencias empíricas (Berger y Luckmann, 2003).
Uno de los factores de análisis de cómo se experimenta la vida cotidiana, es a través de la conciencia que según Berger y Luckmann (2003), es siempre intencional, siempre apunta o se dirige a objetos. Nunca se puede aprehender un “substrato supuesto de conciencia” como tal, sino sólo la conciencia de esto o aquello. El objeto de la conciencia se puede experimentar como parte de un mundo físico exterior o elementos de una realidad subjetiva interior. Lo que interesa aquí es el carácter intencional común de toda la conciencia, lo que significa que la conciencia es capaz de moverse en diferentes esferas de la realidad. Dicho de otro modo, se tiene conciencia de que el mundo consiste en realidades múltiples. En este caso el papel de la vida cotidiana se relaciona con la conciencia, en donde la primera se superpone a la segunda de manera masiva, urgente e intensa en el más alto grado, convirtiéndose para el sujeto, evidente por sí mismo, constituyendo su actitud natural hacia la vida cotidiana.
las coordenadas de la vida en la sociedad y llena esa vida de objetos significativos (Berger y Luckmann, 2003).
El aquí y el ahora del presente de cada persona organiza la realidad de la vida cotidiana, todo lo que tiene que ver con las presencias inmediatas, como también cosas que no están presentes aquí y ahora. Esto quiere decir que la vida se experimenta en grados diferentes de proximidad y alejamiento, tanto espacial como temporal. Lo más próximo a una persona es la zona de vida cotidiana directamente accesible a la manipulación corporal. Esta zona contiene el mundo que está al alcance, el mundo en el que se actúa a fin de modificar la realidad. En este mundo de actividad la conciencia está dominada por el motivo “pragmático”, es decir, que la atención que se le pone a este mundo está determinada principalmente por lo que se hace, lo que se ha hecho o lo que se piensa hacer en él. De esta manera, es el mundo de cada persona por excelencia. Es preciso esclarecer que la realidad de la vida cotidiana incluye zonas que no resultan accesibles de esta manera (Berger y Luckmann, 2003).
otros en las rutinas normales y auto-evidentes de la vida cotidiana. La vida cotidiana se divide en sectores, unos que se aprehenden por rutina (faceta no problemática de la vida cotidiana) y otros que presentan problemas de diversas clases, en los que se enfrentan dificultades que todavía no se han introducido en la rutina (Berger y Luckmann, 2003).
Por otra parte está la forma como se experimenta la interacción con otras personas en la vida cotidiana. Según Berger y Luckmann (2003), la experiencia más importante que se tiene de los otros se produce en la situación “cara a cara”, que es el prototipo de la interacción social y del que se derivan diversos modos de tal experiencia. En la situación “cara a cara” las otras personas se aparecen en un presente vívido que dos o más personas comparten, resultando un intercambio continuo entre la expresividad de alguien y la de su interlocutor. Esto significa que en la situación “cara a cara” la subjetividad del otro es accesible mediante un máximo de síntomas, los cuales son todas las expresiones que se hacen de manera consciente o inconsciente cuando se está en dicha situación con otra persona.
interés y el grado de intimidad pueden combinarse para aumentar o disminuir el anonimato de la experiencia, o sea el conocimiento en mayor o menor medida que se tiene de la otra persona. La realidad social de la vida cotidiana es pues aprehendida en un continuo flujo de tipificaciones que se vuelven progresivamente anónimas a medida que se alejan del “aquí y ahora” de la situación “cara a cara”. La estructura social es la suma total de estas tipificaciones y de las pautas recurrentes de interacción establecidas por intermedio de ellas. Desde esta postura, la estructura social es un elemento esencial de la realidad de la vida cotidiana (Berger y Luckmann, 2003).
Otro de los aspectos importantes para analizar minuciosamente el conocimiento sobre la realidad social y su manifestación en la vida cotidiana, necesariamente hay que abordar con mayor amplitud es el tema del lenguaje. En este sentido la expresividad humana es capaz de objetivarse, o sea, se manifiesta en productos de la actividad humana, que están al alcance tanto de sus productores como de las otras personas que no son directamente productoras de algún hecho o acción particular, pero que se comparten porque son elementos de un mundo en común. Dichas objetivaciones sirven como índices más o menos duraderos de los procesos subjetivos de quienes los producen, lo que permite que su disponibilidad se extienda más allá de la situación “cara a cara” (Berger y Luckmann, 2003).
igual el mensaje que deja solo ver el cuchillo clavado en la mesa) y que se note sus gestos que están significando que esta de mal humor. En este caso como lo propone Berger y Luckmann (2003), el cuchillo clavado en la mesa del comedor se ha convertido en un constituyente objetivante accesible de la realidad que se comparte con otras personas. El cuchillo expresa en este caso una intención subjetiva de violencia, es tanto un producto humano como una objetivación de la subjetividad humana. La realidad de la vida cotidiana no solo está llena de objetivaciones, sino que es posible únicamente por ellas.
El lenguaje desde el foco del análisis lingüístico, se puede definir como un sistema de signos vocales, es de hecho el sistema más importante de la sociedad humana. Se puede empezar hablar de lenguaje cuando las expresiones vocales estén en condiciones de separarse del “aquí y ahora” inmediatos en los estados subjetivos. Significa esto que el lenguaje se puede originar en la situación “cara a cara”, pero puede separarse fácilmente de ella. La separación del lenguaje radica en su capacidad de comunicar significados que no son expresiones directas de subjetividad, de esta manera es capaz de transformarse en objetivo de vastas acumulaciones de significado y experiencia, que puede preservar a través del tiempo y transmitir a las generaciones futuras. El lenguaje hace “más real” la propia subjetividad, no solo para el interlocutor que está escuchando, sino también para sí mismo. Como resultado de la trascendencia que otorga el lenguaje, es capaz de “hacer presente” una diversidad de objetos y personas que se hallan ausentes espacial, temporal y socialmente del “aquí y ahora” (Berger y Luckmann, 2003).
lingüístico por el cual alcanza esta trascendencia puede denominarse lenguaje simbólico. Al nivel del simbolismo, la significación lingüística alcanza su máxima separación del “aquí y ahora” de la vida cotidiana. La religión, la filosofía, el arte y la ciencia son los de mayor importancia histórica entre los sistemas simbólicos de esta clase.
La semántica es otra de las formas de expresión del lenguaje, representados por el vocabulario, la gramática y la sintaxis, los cuales organizan y clasifican en esquemas los objetos para diferenciarlos según su género o número; formas para predicados de acción opuestos a predicados de ser; modos para indicar grados de intimidad social, y demás. Dentro de los campos semánticos así formados se posibilita la objetivación, retención y acumulación de la experiencia biográfica e histórica. La acumulación es selectiva, ya que los campos semánticos determinan que habrá que retener y qué habrá que olvidar de la experiencia total tanto del individuo como de la sociedad (Berger y Luckmann, 2003).
distribuido socialmente, es decir que diferentes individuos y tipos de individuos lo poseen en grados diferentes (Berger y Luckmann, 2003).
Por otro lado se evidencia en este mismo análisis de la construcción social de la realidad, el tema de la sociedad como realidad subjetiva, en la que una de sus principales características tiene que ver con la internalización de la realidad, donde se da un continuo proceso dialéctico que se da en dos momentos: el individuo de la sociedad, externaliza simultáneamente su propio ser y el mundo social y lo internaliza como realidad objetiva. Sin embargo y como lo afirma Berger y Luckmann (2003), “el individuo no nace miembro de una sociedad: nace con una predisposición hacia la socialidad, y luego llega a ser miembro de una sociedad”. En la vida de todo individuo, por lo tanto, existe una secuencia temporal, en cuyo curso el individuo es “inducido” a participar en la dialéctica de la sociedad. El punto de partida de este proceso lo constituye la internalización, es decir, la capacidad de interpretar de manera inmediata un acontecimiento objetivo que expresa un significado por parte de otra persona que se vuelve subjetivamente significativo para uno. Esto no quiere decir que se esté comprendiendo al otro de manera correcta, aunque la subjetividad del otro resulte significativa, haya o no congruencia entre sus procesos subjetivos y los de uno. Entonces la internalización en este sentido es la base, primero, para la comprensión de las demás personas con que se tiene algún tipo de relación y segundo, para la aprehensión del mundo en cuanto realidad significativa y social.
sociedad. La socialización secundaria es cualquier proceso posterior que induce al individuo ya socializado a nuevos sectores del mundo objetivo de su sociedad. Esta socialización primaria requiere de un aprendizaje cognoscitivo y se efectúa en circunstancias de enorme carga emocional. Para este caso el niño acepta los “roles” y actitudes de los otros significantes y los apropia de ellos, y gracias a esta identificación con los otros significantes el niño se vuelve capaz de identificarse él mismo. La socialización primaria crea en la conciencia del niño una abstracción progresiva que va de los “roles” y actitudes de otros específicos, a los “roles” y actitudes en general, es decir, que en la medida que otras personas apoyen la actitud de alguien especifico, la generalidad de la norma se extiende subjetivamente (Berger y Luckmann, 2003).
La formación dentro de la conciencia del otro generalizado señala una fase decisiva en la socialización, ya que implica la internalización de la sociedad en cuanto tal y de la realidad objetiva en ella establecida, y al mismo tiempo el establecimiento subjetivo de una identidad coherente y continua. La sociedad, la identidad y la realidad se cristalizan subjetivamente en el mismo proceso de internalización, o sea la internalización del lenguaje, que por cierto es el instrumento más importante de la socialización. Este primer proceso de socialización finaliza cuando el concepto del otro generalizado (y todo lo que este comporta) se ha establecido en la conciencia del individuo (Berger y Luckmann, 2003).
y cuyos “portadores” se definen institucionalmente. Los “submundos” internalizados en la socialización secundaria son generalmente realidades parciales que contrastan con el “mundo base” adquirido en la socialización primaria. Sin embargo, también ellos constituyen realidades más o menos coherentes, caracterizadas por componentes normativos y afectivos a la vez que cognoscitivos.
Una de las diferencias en el acento de la realidad del conocimiento internalizado en la socialización primaria y secundaria, es que en la primera se da casi automáticamente, en la segunda debe ser reforzado por técnicas pedagógicas especificas, así el individuo debe sentir este conocimiento como algo familiar. El grado y el carácter preciso de estas técnicas pedagógicas variarán de acuerdo con las motivaciones que tenga el individuo para la adquisición del nuevo conocimiento. Un ejemplo de ello es que para adquirir una nueva lengua se construye sobre la realidad ya establecida de la “lengua materna”.
recorriendo en el diálogo los diferentes elementos de la experiencia y les adjudica un lugar definido en el mundo real (Berger y Luckmann, 2003).
Estos procesos de socialización y subjetivación en los que participan los jóvenes se da según el contexto en el que se están desarrollando, en este caso la Localidad Cuarta, donde hay ciertas características que determinan ese dialogo entre el joven rapero y su entorno social, estableciendo una construcción del sí mismo a partir de sus motivaciones personales y espirituales y que le permiten desarrollar herramientas tomadas del hip hop para sobrepasar los obstáculos que le presenta la realidad objetiva de su entorno.
En un primer momento, según la Asamblea General de las Naciones Unidas, el concepto de juventud fue definido en 1985 para el Año Internacional de la Juventud, haciendo referencia a las personas que se encuentran en un rango de edad entre los 15 y los 24 años. Sin embargo, la concepción de juventud varía dependiendo del país y el contexto socio-cultural, institucional, económico y político dentro del que se desarrolle (ONU, 2008).
como lo proyecta la ONU en lo anteriormente mencionado. Es la sociedad en la que la persona vive la que define su condición de joven, pero así mismo, las prácticas tanto verbales como no verbales que reflejan un imaginario juvenil, una forma de vida que está de acuerdo a ciertos imaginaros que le otorgan sentido al mundo por medio de los cuales construye su realidad.
Según Serrano et al. (2003), citado por Quintero (2005), la producción de dicha condición juvenil sugiere dos procesos que se dan de manera simultánea. Por un lado, la construcción juvenil, en donde se ve a las generaciones jóvenes como objeto de conocimiento debido a las diversas construcciones discursivas, y por el otro, la producción de lo juvenil que enmarca los mecanismos y dispositivos que se encargan de mantener o reproducir la condición juvenil. Estos dos procesos conllevan a que los discursos sean los determinantes de las formas de relación y producción social de esta condición, por lo que se pueden ver como constructores-productores, de este modo, se naturaliza y homogeneíza una manera histórica de experimentar lo juvenil.
A partir de lo anterior, se puede realizar un acercamiento a la definición de juventud, la cual será de guía fundamental en la investigación, en donde de acuerdo con Muñoz, (2008), “… su comprensión como un concepto lleno de contenido dentro de un contexto histórico y sociocultural, y por ende la condición de ser joven, como una simbolización cultural con variaciones fundamentales en el tiempo”.
Es necesario tener en cuenta el desarrollo del concepto de juventud a lo largo de la historia, pues se han dado cabios significativos que ayudan a la comprensión del concepto mismo y a una visión más completa de su relación con la actualidad.
instauró una medida que prohibía recluir en las prisiones a las personas menores de 16 años, comenzando así toda una reforma que generaba una brecha generacional. En 1908, debido a la creación de los tribunales de menores, esta nueva categoría de edad empezaba a ser reconocida socialmente, generando de esta manera diversas reformas en los espacios institucionales, como lo eran la escuela, el mundo laboral, el servicio militar, dejando ver la emergencia de una nueva generación que se interesaba por crear una cultura propia que se diferenciara de la adulta (Feixa, 2006).
Esta medida fue impuesta en un principio en Gran Bretaña y Estados Unidos, pero luego se fue expandiendo al resto de países occidentales. Inicialmente los jóvenes de las clases sociales medias y altas, pertenecientes a las elites económicas y políticas fueron quienes se vieron privilegiados, ya que ahora no debían incorporarse al mundo laboral inmediatamente después de terminar la escuela, sino que entraban a un período que estaba dirigido a los estudios más especializados y al ocio. Este período de
moratoria social tenía un carácter excluyente, puesto que los jóvenes de las clases sociales bajas no podían aprovechar dicho tiempo de la misma forma que los otros, pues sus oportunidades de estudio eran casi nulas, y por otro lado no tenían la posibilidad de trabajar debido a su condición de joven (Feixa, 2006).
El caso colombiano no difiere mucho de lo anteriormente expuesto, pues a pesar de que desde los años 30 y 40 emergen las primeras manifestaciones de formas de vida juvenil, hasta después de la mitad del siglo se extiende esta aceptación de la condición juvenil hacia las clases sociales populares, aunque no se puede decir que se ha llegado a la equidad total, pues los y las jóvenes mejor posicionados siguen teniendo mayores y mejores oportunidades que los y las jóvenes que no cuentan con estos recursos. Así mismo estas diferencias se pueden encontrar en temas relacionados con el género (Quintero, 2005).
Estos aportes del autor son importantes para tener una comprensión de la característica histórica que tiene la condición de juventud en el país, pero en los últimos años se ha visto un cambio en la forma de pensar la juventud. Al entrar en el mundo de la juventud contemporánea como un grupo generacional integrante de una sociedad, se pueden analizar las generalidades sobre sus dinámicas, creencias y simbolizaciones que los identifican, así como también el afrontamiento de la vida cotidiana en términos de rutinas que tienen un impacto en la vida social de cada joven. De esta manera se encuentran políticas de vida que dan sentido a su forma de vivir en el mundo social en el que están desarrollando su carácter y perspectiva que da un horizonte a su posición y significación acerca de la sociedad, comunidad y entorno próximo en el que viven.
Una de las maneras de comprender la problematización de las dinámicas políticas juveniles, es a la luz de los referentes conceptuales de las ciencias sociales, principalmente desde los aportes sociológicos de Touraine, Giddens y Beck, citados por Muñoz y Martínez (2007). La idea central es la comprensión de las dinámicas colectivas juveniles como formas políticas de desmodernización, anticipación moral y política de la vida. Según lo postulan Muñoz y Martínez (2007), lo que se entiende por dinámicas colectivas juveniles son “las formas de agregación y configuración de vínculos
psicosociales que permiten religar los mundos de la vida juvenil, los cuales podrían ser
enunciados como culturas juveniles, tribus urbanas o movimientos juveniles” (p. 69).
contexto del modelo clásico de la modernidad; también pone en cuestión los saberes modernos y sus prácticas discursivas, es decir, que los saberes y sus enunciados deben reconstruirse y resignificarse para comprender esas nuevas realidades. Un ejemplo claro de construcción de nuevas realidades es lo que sucede internamente dentro de las culturas juveniles, donde se esta resignificando sus ideas y comprensiones sobre el mundo una y otra vez, en la medida en que esta va evolucionando y dejando una huella en su propia historia.
Para el caso concreto de la condición juvenil y su multiplicidad de formas de ver y vivir en el mundo, el problema se intensifica en tanto coexisten en ellos reflejos “zombis” de las demandas del modelo clásico de la modernidad y contingencias cargadas de riesgo y fiabilidad de la desmodernización (Muñoz y Martínez, 2007). Por ejemplo: coexisten en los mundos de la vida juvenil, instituciones “concha” como la escuela y categorías “zombis” como la idea clásica de “perfectibilidad humana”, o sea el ideal de hombre y mujer que una sociedad quiere como modelo y que son ideas que se van a trasmitir por medio de la escuela y la familia; y realidades desmodernizadoras como la descontextualización de los saberes escolares y la vida cotidiana o la imposibilidad en estos momentos de estructurar proyectos formativos de larga duración.
definición, en tanto construye permanentemente sus posibilidades a la luz de acervos de acontecimientos socialmente construidos que tienen un final cada vez más acelerado.
Los desarrollos teóricos e investigativos obtenidos por la microsociología en las voces del interaccionismo simbólico, la fenomenología, la etnometodología, entre otros, permiten comprender los sentidos dados a las construcciones sociales de las múltiples realidades o cotidianidades. A partir de las herramientas que se aplican en cada una de estas posturas de abordaje al fenómeno, se puede develar los trasfondos y significaciones de las acciones sociales.
Dinámicas colectivas juveniles
Desde la perspectiva de Muñoz y Martínez (2007), los saberes-poderes como la sociología jurídico-penal, han significado las dinámicas colectivas juveniles desde la proscripción social, funcionando con etiquetamientos hacia los jóvenes como:
Delincuentes: subculturas marginales que en aras de la consecución de los fines culturales de la sociedad de consumo, atentan contra el orden social entendido como una concreción de ciertos medios para la satisfacción de las necesidades. Esta tensión se ve intensificada dada la actuación de corte irreverente de los jóvenes, siendo “hipotéticamente” los jóvenes de sectores marginales los más propensos a las dinámicas de oposición, confrontación y delincuencia, y quienes por ende entran a ser significados como “delincuentes latentes”.
Contestatarios: personas rebelde o disidente a las representaciones colectivas y a los fines culturales que éstas comportan, y que buscan nuevos escenarios o resignificaciones del mundo convencional ofrecido, a partir de lo contracultural.
Consumidores: “neohedonistas” devenidos del mercado y del consumo, críticos del productivismo, pero idólatras del mediatismo, considerados como “sujetos aligerados”.
Desde el enfoque del interaccionismo simbólico se puede indagar y acercar a las diferentes dinámicas colectivas juveniles, preguntándose por las cotidianidades construidas socialmente, por el entramado de significaciones que les dan sentido y por todas sus producciones y expresiones emergentes. Así se empezaría a comprender los mundos de vida juveniles y a los consumos culturales que les mediatizan, tales como: la música, el vestido, las redes sociales, los espacios de interacción, la semiótica corporal las simbolizaciones construidas y los etiquetamientos que hacen y les hacen (Muñoz y Martínez, 2007).
Un último punto en el que Muñoz y Martínez, (2007) se pronuncian sobre las dinámicas colectivas juveniles, tiene que ver con las formas políticas de la ciudadanía juvenil, bajo conceptos como: “hijos de la libertad” en los que la temática de los estilos de vida alternos al mundo industrial va integrada al cambio estructural de las señales simbólicas o representaciones colectivas de la sociedad global actual. En palabras de Beck, (1996) citado por Muñoz y Martínez (2007), “estos cambios suponen la
liberación de los individuos del enjaulamiento de las instituciones, significa el
renacimiento de conceptos tales como: acción, subjetividad, conflicto, saber, crítica y
creatividad” (p. 86). Todo esto permite entender que la ciudadanía juvenil emerge como formas alternativas de significar lo social. Entonces, para recoger todo lo anterior se puede decir que la no satisfacción de las necesidades básicas, resulta en las dinámicas sociales subculturales que proponen nuevos medios para satisfacción de los fines existentes, como lo significan las dinámicas colectivas juveniles, ocurriendo una estigmatización hacia los jóvenes como delincuentes, contestatarios o consumidores.
día se vive en el planeta, hace que muchas veces los esfuerzos de muchos jóvenes y sus ganas de expresarse y ser escuchados por personas de su comunidad o de la ciudad e inclusive del país, no sea posible por falta de ciertas demandas que exige el mundo capitalista, es decir, que tener bajo presupuesto o conexiones en el mundo de la farándula para despegar como músico, como artista u otra forma de expresión que tienen los jóvenes para manifestar su propio estilo de vida, se puede ver opacado por ciertas creencias más fuertes que le llega a grandes masas por medio de los diferentes medios de comunicación, dando pautas de lo que se debe escuchar que es bueno y que no, como se debe vestir alguien que esté a la moda, que artistas y que música u otra forma de arte es valorado y que no. Pero este tipo de calificaciones y de imitaciones de lo que se cree que es autentico y perfecto porque los medios masivos lo proponen hace que otros con talento y que luchan todos los días por sus ideales de vida, y que también quisieran expresar para muchos su manera de ver las cosas, se quede en que la gente los perciba como rebeldes, descarriados, asumiendo que existen unas pautas de conducta que en la vida social en general pueden no ser bien aceptadas como practicas completamente normales de los jóvenes (Bernal, 2004).
Según Bernal (2004), la globalización es un fenómeno de índole principalmente económica, cuyos tres ejes más importantes son el afianzamiento del comercio internacional, el creciente poder de las empresas multinacionales y la rapidez con la cual se mueven las corrientes financieras dentro de regulaciones internacionales. Otro rasgo característico de este fenómeno es la interdependencia asimétrica, donde la sensibilidad y la vulnerabilidad de los Estados frente a las crisis en otras partes del mundo son fundamentales. Es importante anotar que las primeras manifestaciones de la globalización se dieron después de la Segunda Guerra Mundial, primero a partir de consensos de todo tipo que se buscaron entre los países para la reconstrucción; en segundo lugar, ante la naciente hegemonía mundial de Estados Unidos.
Ahora bien la problemática cultural que hay detrás o que se da como consecuencia de una concepción global del mundo y, por ende, de un pensamiento unificado, se puede estar cayendo en el enorme error de no tener en cuenta muchos pensadores, escritores, intelectuales y demás, debido a que generalmente se valora a nuestros creadores sólo cuando se reconocen en el exterior y tendemos a sobrevalorar a los creadores de otras culturas diferentes de la nuestra. En el caso concreto que se está estudiando en esta investigación, el ejemplo claro está en cómo sobrevaloramos las creaciones culturales que hacen los jóvenes que se expresan a través del hip hop y aunque son jóvenes que pertenecen a una misma cultura que la nuestra, a su vez en su barrio, en su localidad por medio del hip hop ponen de manifiesto otro tipo de cultura con su forma de ver y vivir en esta sociedad en particular.
escritores, y, últimamente, Miami determina quién y cuál tipo de música deben escuchar nuestros jóvenes. Pero una posición crítica es casi invisible y, definitivamente, casi inexistente. Un ejemplo clarísimo de esto último es el caso de la diva del pop Shakira: cuantas personas se preguntan si Shakira es buena o no, si canta técnicamente o no, si su trasformación física es espontánea o no, si existen intereses económicos detrás de su imagen o no, si su música está diseñada para imponer patrones estéticos o no, si sus letras son realmente poéticas o no. Lo importante para la mayoría es el número de premios que gana, el número de discos que vende, el número de giras que realiza, el número de asistentes que van a sus conciertos.
Por todo esto es necesario ser conscientes de la necesidad de reconocer nuestros valores policulturales, las posibilidades de pensamiento propio, nuestro potencial para la creación en todos los campos. Solo de esta manera se podrá pretender un dialogo fructífero con el mundo en el marco de la globalización y la revolución tecnológica. De lo contrario quedaremos en la pobreza económica, intelectual, artística y ética, sin una segunda oportunidad sobre la tierra (Bernal, 2004). Se debería ser consciente de que nuestras tradiciones, concepciones y valores (europeos, africanos e indígenas) deben ser tenidos en cuenta para pensarnos y sentirnos.
Una propuesta estratégica para disminuir el impacto cultural ocasionado por los fenómenos mencionados fue planteada por el pensador colombiano Francisco Beltrán, filósofo, escritor y principal impulsor de la editorial Nueva América, citado por Bernal (2004). Algunos de sus puntos principales son:
B) Estimular el redescubrimiento cultural para reconocer la validez de los valores culturales propios y su aplicación.
C) Realizar eventos para intercambiar las expresiones culturales propias.
D) Buscar condiciones concretas para satisfacer las necesidades básicas de autoeducación, no sólo en lo referente a la instrucción, sino en lo relacionado con la cultura popular.
E) Estimular un quehacer comunitario de búsqueda, comprensión, solidaridad, creatividad y compromiso social responsable.
Culturas juveniles
La construcción de identidades se pueden dar como una respuesta del tejido relacional entre la población juvenil y las diferentes instancias socializadoras, como la familia, la escuela, los grupos de pares, y los medios de comunicación, entre otras, generando de esta manera una sensibilidad juvenil que tiene un carácter de interacción múltiple y poco sencilla.
Lo anterior hace referencia a las culturas juveniles definidas por Feixa y Porzio, (2004), las cuales pueden ser analizadas, por un lado, desde las condiciones sociales que son construidas con materiales que provienen de las identidades generacionales, de territorio, género, etnia, y clase. Por el otro lado, siendo este aspecto el más renombrado, las imágenes culturales que se hacen visibles a través de elementos materiales y no materiales que son provenientes de la moda, la música, el lenguaje verbal y no verbal, las actividades focales, es decir, las diversas prácticas sociales. De una u otra forma, estas prácticas tienen un aspecto histórico que se extiende hacia el mundo a través, en una gran parte, de los medios de comunicación que les prestan atención por un tiempo, pero que su trascendencia en las realidades juveniles es mucho más larga.
La estabilidad de las culturas juveniles no se da de manera independiente, pues son los mismos jóvenes quienes deben procurar su permanencia, debido al aspecto cambiante que ya se ha mencionado, es por esto que se puede ver un gran compromiso por parte de la población juvenil hacia la manera en que se relacionan con el mundo, y como afirma Nilan, (2004):
“la potencialidad del hibridismo de las formas de la cultura juvenil surge en el compromiso de los miembros locales con las formas y los discursos de la cultura popular impulsada globalmente. Se trata de una constitución de dos sentidos en la subjetividad, en a que los individuos traen tanto discursos de identidad reales como potenciales a sus momentos de compromiso con los materiales de la cultura popular global”.
Es pertinente reconocer que la concepción de culturas juveniles ha ido cambiando a través del tiempo, ya que se han investigado desde muchos años atrás, pero siempre desde una perspectiva distinta, o tal vez, incorporando nuevas formas de entendimiento, dándose así cambios que se pueden nombrar brevemente para una mayor comprensión del tema.
identificarse con estas cultura parentales. En un segundo momento, se consideran las culturas juveniles como tribus urbanas, basadas en la idea de que los jóvenes sufren de problemas de identidad por lo que se ven en la necesidad de incorporarse en espacios seguros que los protejan del mundo exterior, y este lugar es parte del tratamiento a estas deficiencias. Esta visión entiende la identidad juvenil como un problema, pero los autores se alejan de este entendimiento pues no ven principalmente la identidad como eje único para caracterizar a las culturas juveniles, sino que se encaminan hacia un enfoque de la construcción de subjetividades individuales y colectivas, que aunque se desenvuelvan dentro de contextos y situaciones difíciles no abandonan sus prácticas creativas.
Por último, las culturas juveniles entendidas como nuevos movimientos políticos, se refieren a la visión de que todas las prácticas juveniles que sean caracterizadas como diferentes, están atravesadas por pensamientos políticos y están dirigidas puramente a la intervención en lo público. Esta visión se puede ver claramente en los aportes de Reguillo, (2000) citado por Marín y Muñoz, (2002), cuando afirma que,
“la anarquía, los grafiti urbanos, los ritmos tribales, los consumos culturales, la búsqueda de alternativas y los compromisos itinerantes, deben ser leídos como formas de actuación política no institucionalizada y no como las prácticas más o menos inofensivas de un montón de desadaptados”.
desde una dimensión estética que sitúa a los jóvenes en un lugar específico, pues en sus palabras se trata de “definir nuevas formas de ser y existir” (Marín y Muñoz, 2002).
Es difícil generar un cambio en la manera en que se perciben las culturas juveniles, y claro está a los jóvenes, pues este punto de vista ha sido legitimado durante las tradiciones de las generaciones, en donde el joven es un sujeto al que se debe educar y guiar hacia el mundo del adulto, función que cumplen las instancias que se han dedicado a la educación, como la familia, la iglesia, y la escuela, que son los entes que han sido socialmente aceptados como figuras de autoridad (Bernete, 2007).
Por esta razón, es necesario alejarse de la concepción que se ha tenido de las culturas juveniles como subculturas particulares, y así mismo las prácticas simbólicas como sistemas de reglas únicas, alejadas de los códigos comunes, de los espacios dentro de los que se encuentran inmersos, entendiendo que la población joven, o una parte de ella se sitúan desde un mundo propio desde lo simbólico, pero que de manera simultánea interactúa y comparte un mundo material con los otros. Este punto de vista conlleva a que se mantengan las brechas generacionales y culturales que hoy en día se ven, pues se está excluyendo a los jóvenes de la sociedad, percibiéndolos como integrantes de un mundo simbólico distinto, alejándose de la posibilidad de que todos se encuentran inmersos en una misma sociedad, y que es dentro de esta que se dan las prácticas simbólicas y de creación (Bernete, 2007).
identificación). Estos signos se gestan en una doble dimensión identidad – alteridad, en el que la identidad se refiere a la construcción de umbrales simbólicos de pertenencia, donde se delimita quiénes pertenecen al grupo juvenil y quiénes quedan excluidos. La definición de grupo implica el auto-reconocimiento, su auto-adscripción, y da cuenta de la intensidad del sentido de pertenencia al movimiento (Piña, 2007).
Es así como este mismo autor Piña (2007), describe dos dimensiones de las identidades que se resaltan en el estudio que realiza sobre la construcción de identidades juveniles urbanas desde el marco del hip hop: identidades gregarias e identidades proscriptas. Las identidades gregarias son aquellas construcciones sociales que buscan (conscientemente o no) reproducir el sistema o lógica de funcionamiento del aspecto cultural en el que las personas logran acoplarse fácil y rápidamente a los patrones de vida y estilos introducidos por la cultura en la que está inscrita una sociedad de individuos. Mientras que las identidades proscriptas son catalogadas como tribus urbanas, ya que representan construcciones sociales que buscan “la defensa de ámbitos y calves simbólicas que los y las jóvenes han creado y reconocen como propios. Es muy difícil que se consolide una cultura juvenil dentro de un patrón dominante que presiona y coacta a estos grupos para tratar de adaptarlos al sistema.
Muñoz y Marín (2002), en su libro “Secretos de Mutantes”, presentan sus conclusiones de otra manera respecto a las ideas cerradas o terminadas en una investigación tradicional. Más bien las presentan como “claves de acceso” que resultan trascendentales a la hora de considerar la importancia del estilo en la creación de “múltiples centros de producción de sentido”. Estas “claves de acceso” remiten por ejemplo, a la construcción de la palabra outsider como categoría de estudio, en donde entienden al outsider desde una comprensión densa y compleja, no simplemente como alguien que se encuentra o se sitúa fuera del sistema social, económico y/o político en el que vive, sino también como alguien, como se ejemplifica, desde William Burroughs, como alguien que ha tenido que padecer “los controles y el efecto de los poderes en carne propia”. Los mismos autores previenen al lector de ideologizar a estas personas desde nuestro rol de investigadores sociales haciendo la siguiente aclaración: “pensamos que el problema de los enfoques desviacionistas no es de haber faltado a la verdad sino de haberle puesto una impronta moralista” (Muñoz y Marín, 2002).
creación fuera de los cánones establecidos por la academia. Las potencias de la cultura que viven (también) de allí.” (Muñoz y Marín, 2002).
Esto resulta importante y pertinente, como postura epistemológica de investigación y como aportes fundamentales a las comprensiones que permiten problematizar las relaciones entre los jóvenes, el hip-hop y sus creaciones. Estos dejan muy claro que para algunos investigadores es estigmatizante definirlos como outsiders y marginales. Sin embargo, aclaran que estas críticas están fundadas en el desconocimiento de las raíces de movimientos como el hip hop o punk. (Muñoz y Marín, 2002).
De esta forma, ideologizar puede terminar negando, en tanto impide reconocer sus creaciones y los alcances de estas. Esto se ve reflejado en su análisis de la voz de un joven quien afirma lo importarle no es estar dentro o fuera del sistema, sino que más bien sitúa la importancia de su forma de habitar el mundo en el “estar en desacuerdo y en buscar otras alternativas”.
Muñoz y Marín (2002), luego de esto agregan: “De lo que se trata es de entender también el proceso de creación cultural en un contexto de capitalismo tardío. Así podemos comprender la música rap, guiados por Tricia Rose (1994). Puesto que el hip
hop ha experimentado la comercialización de muchas formas, allí puede haber enseñanza acerca de la creación y del sentido de las resistencias en una sociedad de tales características.” (Muñoz y Marín, 2002)
capitalismo tardío, ellos en ese proceso también han encontrado formas de crear y encontrarle sentido a crear dentro de ese sistema.
Los autores anteriormente mencionados se refieren también a la importancia de entender estas creaciones como “múltiples centros de producción de sentido”. Esto en aras de tomar distancia de la universalidad homogénea y simplista de los fenómenos, retomando a Tricia Rose (1994) en Muñoz y Marín (2002) para: “afirmar con respecto al break, que el reto visto como resolución de conflictos proviene de una versión romántica que los medios tienen de las culturas, pero también es usada por miembros del hip hop que quieren educar, sacar a los jóvenes de problemas ¿Quién dice qué y cómo lo usa?” (Muñoz y Marín, 2002).
Cuestionando la importancia del qué, para privilegiar el cómo y el quién como el foco de las preguntas sobre las cuales es pertinente formularse, en términos de entender cómo se generan cosas con las creaciones de los jóvenes. Para permitir hacer un puente entre lo creativo y lo estético. Poniendo en evidencia que es quien ellos son y que son los caminos que han recorrido con sus maneras de habitar el mundo las cuales generan toda esta serie de complejidades (Muñoz y Marín, 2002).
elementos de mayor relevancia dentro de su mundo subjetivo y social, para la configuración de sus identidades (Piña, 2007).
El hip hop como práctica sociocultural proviene de la sociedad norteamericana y es simbolizado por jóvenes de sectores populares de manera muy particular, para construir identidades colectivas, representaciones de vida y cultura.
Una vez abordadas de manera general las características de una cultura juvenil, y dentro de este marco la cultura del hip hop es pertinente hacer una contextualización que abarque las características de la cultura Hip Hop, haciendo un breve recuento de su historia en el mundo, para luego pasar a su historia en el contexto colombiano, la cual es parte del foco de la investigación, y de esta manera poder tener una visión más amplia de lo que el trabajo plantea.
El Hip Hop
Entonces, se puede decir que el Hip Hop es una cultura juvenil que nace de la vida urbana afroamericana y latina de comienzos de los años setenta en el South Bronx de Nueva York, siendo depositario de la historia de segregación racial y marginación social, económica y política que viven los afroamericanos y los latinos en Estados Unidos. El Hip Hop contempla cuatro manifestaciones artísticas, el Break Dance, el
individuales y colectivas por medio de las materias que componen las cuatro plataformas (Marín y Muñoz, 2002).
El movimiento hip hop desarrolla prácticas socioculturales que involucran cada vez más a sus integrantes en un universo simbólico compartido, que tiene expresión en la realización de diversas actividades relacionada con esta cultura.
El término Hip Hop es acuñado por los DJ’s (Disc Jockey), para hacer referencia al movimiento que hacen cuando saltan de un tornamesa a otro en sus sesiones, pues hip en inglés significa saltar, y hop, cadera. A los seguidores del hip hop, más exactamente a los jóvenes y las jóvenes que practican el break dance, (baile acrobático relacionado
con el hip hop. Piña, 2007) se les ha denominado B-Boys (Break Boys), pues los DJ’s que tocaban en los parques de Nueva York los llamaban de esta manera cuando bailaban su música. El cantante de rap es llamado MC (Master of Ceremonies o en español, Maestro de Ceremonias), el cual en un principio era una figura que acompañaba y apoyaba al DJ en su presentación, pero a través del tiempo fue cobrando mayor importancia siendo hoy en día la figura más representativa de esta cultura (Reyes, 2007).
El hip hop en Bogotá nace en los años ochenta, gracias a la llegada de ciertas películas cuyo contenido se basaba en el baile (break dance) y así mismo personas que viajaron a Estado Unidos y trajeron las primeras ideas y elementos que comenzaron a estructurar esta cultura. La amplia difusión de este tipo de películas tuvo repercusiones en todo el mundo. En el caso concreto de Colombia y específicamente en Bogotá tuvieron gran influencia ya que mostraban la forma como se desarrollaban los retos entre diferentes grupos neoyorkinos, de manera que este baile se convirtió en una moda audiovisual de las principales discotecas y fiestas que se organizaban en Bogotá en los años ochenta. Centenares de personas en Bogotá comenzaron a imitar los pasos y movimientos que aparecían en dichas películas y algunos de estos jóvenes, de manera análoga, dieron inicio a la conformación de los primeros grupos de hip hop como los de Nueva York (García, 2004).
La primera aparición de grupos de rap y break dance en la localidad cuarta de San Cristóbal fue entre 1986 y 1990, en donde aparecen grupos tales como “Speed