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Fecha de aceptación: dic./2013

Santiago(133) enero- abril

La intervención socioeducativa

para el fortalecimiento de las

comunidades

Dra. Alisa N. Delgado-Tornés

I

Dra. Alicia de la C. Martínez-Tena

I

Dra.C. Idalia Illescas-Nájera

II

Dra.C. Marcela Rosas-Nexticapa

II

[email protected],[email protected], [email protected] , [email protected]

I,Facultad de Ciencias Sociales.Universidad de Oriente,Santiago

de Cuba, Cuba

IIFacultad de Nutrición,Campus Xalapa,Universidad

Veracruzana, México Resumen

El artículo tiene como propósito pensar y recrear el debate en torno a la intervención socioeducativa. Invita a resignificar las formas de la intervención. Se enfatiza en la necesidad de problematizar dentro de un proceso donde el educador queda incluido, como sujeto de la experiencia. Se asume la intervención como una praxis intencionada, regulada por un coordinador grupal que se desempeña en un determinado rol de educador, promotor, terapeuta, investigador, mediador o facilitador. Se destacan la tradición reflexiva de Paulo Freire y Enrique Pichón Riviere, cuyos aportes reducen los inmensos peligros de una intervención socioeducativa instrumental.

Palabras clave: intervención socioeducativa, educación popular, participación, actores sociales.

Abstract

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regulated for a group coordinator that performs in a determined role of educator, promoter, therapist, investigator, mediator or facilitator. Paulo Freire’s reflexive tradition and Enrique Pichón Riviere, whose contributions stand out the immense dangers of an intervention conquer instrumental socioeducativa.

Key words: intervention socioeducativa, popular education, participation, social actors.

La intervención socioeducativa. Breves notas para su comprensión

La intervención socioeducativa se ha convertido en un proceso sustantivo de disímiles procesos culturales, y en particular en los educativos, en los cuales incide decididamente la comunicación. Pero también encontramos algunas posturas que la consideran tan solo una herramienta instrumental para interpretar las realidades y no para transformarlas.

La intervención social debe ser pensada continuamente, como una condición para su desarrollo y finalidad, sin embargo, al hablar del proceso de resignificación, no debemos obviar sus particularidades propias y su incidencia en el desarrollo comunitario.

En las reflexiones alrededor de las prácticas de intervención, se le ha criticado:

-El empirismo.

-El asistencialismo

-La metodología fragmentadora de la realidad y orientada a la corrección de disfuncionalidades.

-Lo repetitivo y rutinario de una práctica profesional –activismo, caracterizada por metodologismo positivista y teóricamente una retórica agitacional y voluntarista

Casi siempre, cuando estamos inmersos en la intervención, se presenta la necesidad de problematizar este proceso desde la perspectiva emic, la cual también propicia la reflexión como sujeto de la experiencia de intervención y de la investigación participativa. Desde las ciencias sociales, el proceso de intervención se trabaja en la búsqueda de transformaciones en personas y grupos, a la vez que se investiga durante el proceso, lo que va a permitir conocer qué y cómo se interviene.

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El imperativo de trabajar la intervención desde la grupalidad lo atribuimos sobre todo, al hecho de que los procesos grupales son de extraordinaria riqueza, potencian la espiritualidad, la subjetividad de las personas, y por lo regular es un espacio de reflexión y de creación. En el grupo se descubren una y diversas historias en las que la batalla del conflicto presenta una continua modificación a través de las voces, los silencios, el gesto, la acción o el drama.

El carácter contradictorio en el que las vivencias individuales se multiplican en una proyección grupal subjetivada hacen posible situaciones nuevas que provocan aprendizajes y cambios, lo que demuestra por qué el grupo es un lugar óptimo para aprender, para investigar, para transformar y para transformarnos.

De este modo, querámoslo o no, nos estamos acercando una vez más al concepto de intervención, palabra compleja si no encontrara su salvación en un quehacer intensamente relacionado con la sensibilidad, la responsabilidad y la ética. Con este término se pretende hurgar en nuestras intenciones, porque esta palabra es lucha de contrarios; se mimetiza al explorar, diagnosticar o trabajar el grupo, se sumerge en sus sentidos y te puede llevar a hacer lo que dices que nunca harías.

La intervención, por provocadora que sea, no deja de ser indispensable. Los sociólogos, psicólogos sociales y otros profesionales no podemos prescindir de ella, porque intervenires adentrarnos y participar en un sistema humano, movidos por determinadas necesidades sentidas, percibidas o reclamadas. Lo más saludable será entonces explorar dichas necesidades y preguntarnos a favor de qué, de quién o de quiénes está el pensamiento y la acción de dicha intervención.

El concepto de intervención es proclive a sufrir diversas interpretaciones, no obstante, siempre hemos estado dispuestas a correr ese riesgo, y aún peor, el de plantearnos algo nuevo frente a la obstinada existencia de viejos mitos que se empeñan en la reproducción de lo más repetitivo, regresivo o instrumental en el hacer y el pensar científico-profesional, particularmente en el campo de la Psicología Social.

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entrenamiento o como aprendizaje de la comunicación, siempre estará referida a una praxis intencionada, regulada por un coordinador grupal que se desempeña en un determinado rol de educador, promotor, terapeuta, investigador, mediador o facilitador. En tales casos, el grupo donde transcurra la intervención podrá ser considerado como grupo de intervención.

Como nada transcurre sin tradición ni futuro estamos haciendo una pausa reflexiva, propia de la investigación-acción, desde el proceso investigativo en que hemos estado inmersas indagando grupos para el aprendizaje de la comunicación, la sensibilización y la transformación, con la intención de volver sobre lo hecho, reflexionar sobre la construcción y refinamiento de los conceptos, constatar si realmente esa intervención construida en la acción, en la indagación cualitativa de lo grupal logra mantenerse frente a la postura humana heredada que subvalora lo afectivo y lo cultural. ¿Hemos logrado pensar y actuar de otra manera? ¿Hemos logrado encontrar los tránsitos metodológicos entre lo individual y lo grupal? Se podrían agregar muchas otras interrogantes, pero de lo que se trata es de abrir más nuestra participación en la práctica y adoptar nuevas decisiones que nos permitan continuar creciendo y madurando en la libertad alcanzada.

Lo anterior sirve para volver a otra mirada: una vez más volver a la cultura, en particular al arte y la literatura, porque la belleza es siempre creación (Vitier, 1994) y porque la realidad es objeto de estudio y de interpretación no solo de las ciencias, sino también del arte.

El carácter simbólico de muchas de las representaciones sociales, artísticas y literarias, interesan a científicos y epistemólogos dada la fuerza que se logra en la percepción de la realidad por la vía de la espiritualidad y su transportación hacia lo mas profundo de sí mismo; experiencia y forma de conocimiento del mundo y del yo profundo desde una dimensión estética, ya que "la intuición y el corazón pueden ser tanto o mas definitivos para la tarea científica y educativa como la razón y el cerebro. Para lo primero como para lo segundo sobran ilustraciones y casos en la historia de la ciencia."1

1 Orlando Fals Borda, Investigación-acción. Ciencia y educación popular en los 90, Trabajo presentado en el Taller Internacional Problemas de la construcción plural del paradigma emancipativo de América Latina, 23-27 de enero, Ciudad de La Habana, material mimeografiado. 1995. pág. 7.

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Lo primero que proponemos es presentarles la herencia cultural, la obra de aquellos fundadores que desde posiciones científicas e ideológicas distintas, construyeron teorías grupales y de comunicación para perfeccionar la intervención socioeducativa movidos por metas e ideales de cambio social y psicosocial, de transformación social de las comunidades. Recrearemos también un espacio de intervención educativa y político que promueve una nueva ética en la comunicación: la Educación Popular. Vamos a partir entonces de intelectuales de gran compromiso social, de creatividad, de anti-soledad en el pensamiento y en la acción, y con ello, estaremos declarando explícitamente nuestra postura, nuestras más preciadas prioridades para la intervención socioeducativa, la investigación y el trabajo grupal.

La concepción psicodinámica de Kurt Lewin, a pesar de quedar atrapada en la inercia experimental del laboratorio social, nos legó un camino fértil para desarrollar el aprendizaje grupal en la dinámica del proceso y, sobre todo, el legado de la investigación-acción que fuera posteriormente replanteado por los educadores populares, entre otros, en un modelo metodológico diferente, como vía de transformación de la realidad y del sujeto; este modelo fue enriquecido por una metodología cualitativa de acción y conocimiento, cuyo padre fundador fue ese sociólogo y educador popular colombiano Orlando Fals Borda.

La investigación-acción como investigación-acción-participativa (IAP) pone en práctica una ética no intrusiva, que fomenta la dimensión activa de la transformación cuando lo subjetivo adquiere un rol esencial en la vivencia de la práctica.

Además de suponer la simultaneidad del proceso de intervenir y de conocer, la IAP desarrolla una estrategia de acción definida que involucra a los participantes en la producción colectiva de los conocimientos; se trata de investigaciones que se hacen "con y para la gente, no sobre ella".2 No puede concebirse

la IAP sin una participación genuina en el proceso de recolección de información cualitativa, de reflexión, de análisis y producción colectiva de resultados que se generan desde la práctica y que regresan a ella enriqueciéndola y transformándola.

2 Orlando Fals Borda, Rehaciendo el saber en: Orlando Fals Borda y M. Anisur Arman, Acción y Conocimiento, Bogotá: CINEP.1991, p. 191.

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La visión pedagógica de Paulo Freire, que se apoya en un soporte centrado en las vivencias de los grupos, en la comunicación y el diálogo, se reconoce hoy como un acontecimiento que va mucho más allá de los cambios que tienen lugar en un proceso de renovación pedagógica; sus aportaciones conforman un movimiento y modelo cultural que han fertilizado el campo de las ciencias sociales y las prácticas del trabajo comunitario, con planteamientos filosóficos y conceptuales sin los cuales sería muy difícil hoy lograr avances teóricos y prácticos en materia de transformación social, así como la visualización de consecuencias políticas y éticas creíbles.

Desde el enfoque epistemológico de Paulo Freire no es posible dicotomizar la teoría de la práctica, del mismo modo que no dicotomiza el tema epistemológico del proceso pedagógico. Su enfoque resulta "dialéctico, complejo, procesual, holístico, contextual, histórico, dinámico".3 La Escuela fundada por Enrique Pichón

Riviere, por otra parte nos ofrece aportes que reducen los inmensos peligros de una intervención solo socioeducativa instrumental,pues no constituye el único recurso de este enfoque Ellos enriquecieron entonces la ciencia psicológica al concebir un ejercicio en el que investigar fuera al mismo tiempo operar y actuar (investigación-acción a través del método clínico y la técnica de los grupos operativos).

Para José Bleger, "la práctica no es una derivación subalterna de la ciencia, sino su núcleo o centro vital, y la investigación científica no tiene lugar por encima o fuera de la práctica, sino dentro del curso de la misma"4 Y por supuesto, no podemos ignorar

la búsqueda de la espontaneidad; de su acción grupal en busca de fantasías, de su acción profiláctica, de su respeto a la capacidad del hombre para elegir y soñar.

Aquello que no se sostenga en la tradición podrá resistir el paso del tiempo aunque solo sea en la polémica, en la discrepancia o en el debate. La profundidad de su rescate tiene su consecuencia en la

3 Carlos Núñez Hurtado, "Vigencia del pensamiento de Paulo Freire", Cátedra Jaime Torres Bodet, Patzcuaro, Michoacán, fotocopia. 2003. p. 9.

4 J. Bleger: Psicohigiene y Psicología Institucional, México; Editorial Paidós. 1994, p. 45.

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posibilidad de un cambio, en la recuperación de la capacidad de crear y recrear. Somos, por tanto, depositarios y portadores de aquellos fundadores, y ante ellos no podemos sino entregarnos al reto creativo al que nos invitaron. Esta entrega no lleva al camino del aislamiento y el mimetismo, sino que, por el contrario, lleva al encuentro con "lo maravilloso", que en el lenguaje de una intervención socioeducativa grupal creadora "comienza a serlo de manera inequívoca cuando surge de una inesperada alteración de la realidad (el milagro), de una revelación privilegiada de la realidad, de una iluminación inhabitual o singularmente favorecedora de las inadvertidas riquezas de la realidad"5.

El encuentro con lo maravilloso podrá también convertirse en el destino creativo de los que trabajamos en grupos, con grupos o desde el grupo si logramos contagiar, seducir, estremecer y trascender en una obra compartida, presidida por la comunicación ,y el diálogo. También significa develar en conjunto, dialógicamente, el misterio de la comunicación sin distinguir entre espectadores y actores, con la aceptación del riesgo de la transformación permanente, en términos también de la búsqueda de la espiritualidad que pasa inevitablemente por el descubrimiento y redescubrimiento de la subjetividad individual y grupal.

La intervención socioeducativa es un concepto que se ha introducido en el campo de las prácticas sociales y culturales y designa al conjunto de actividades a realizar, organizadas, con la coparticipación de todos los actores sociales involucrados y con la finalidad de actuar sobre un aspecto de la realidad para comprenderla y transformarla. A estas prácticas les acompañan procedimientos, métodos y técnicas, dentro de un encuadre axiológico que reproduzca un actuar comprometido de los diferentes actores. Con esta definición, las autoras del presente artículo ofrecen comentarios para reflexionar acerca de nuestras prácticas.

La Educación Popular en la intervención socioeducativa

Inmersa en la tradición reflexiva de la Educación Popular, pensar y recrear la comunicación que deviene del grupo nos ha llevado a

5 Alejo Carpentier, "Viaje a la semilla", en, Novelas y relatos, La Habana: Editorial Pueblo y Educación, 1974, p. 49.

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y recrear la comunicación que deviene del grupo nos ha llevado a desarrollar una actitud interesada en captar el movimiento complejo de la comunicación; la comunicación, como proceso, está arraigada al accionar interventivo en una doble variante: lo que se observa, piensa y recrea afectivamente, y lo que se hace interactivamente con el grupo, el accionar para vivir la confluencia de valores contradictorios en la comunicación. Esto provoca que la intervención se vea como la reedición de una nueva disposición ética y estética: la metáfora del viaje, del puente, de la búsqueda de otros rumbos dialógicos que hacen valiosa la travesía (el proceso comunicativo), en especial cuando los cambios nos sorprenden en un lugar donde no los esperábamos.

Intervención y comunicación andan irremediablemente juntas; ambas pueden servir para "pronunciar el mundo", para transformarlo y hacerlo que retorne problematizado (Freire, P: 1970).

Es importante destacar el gran interés de Paulo Freire por la comunicación, por el lenguaje, que según él mismo afirmara lo llevó a incursionar en el campo de la educación. Efectivamente, en la base de su pensamiento pedagógico subyacen los fundamentos de una teoría de la comunicación que es soporte de su pedagogía y que es, además, sustento de una manera de vivir y de percibir la vida, el mundo.

En su excelente obra Extensión o Comunicación aparecen ideas expresadas con gran riqueza de vocabulario y con gran maestría verbal, que sostienen la ética compleja de una teoría de la comunicación que rescata al diálogo y a la educación como prácticas de la libertad frente a procesos extensionistas, unidireccionales o invasivos que conciben a la comunicación como transmisión, donación, depositar, entregar o invasión cultural.

Su ideal de educador dialógico que aparece ya en la Pedagogía del Oprimido, hace pensar en la comunicación como proceso que presupone un conocimiento inacabado del otro y del mundo, permanentemente recreable en una transformación cuyo proceso implica la esperanza.

El diálogo puede ser la clave de la intervención socioeducativa: si se abre paso entre el ser (ético) y el conocer, entre la comprensión y la intolerancia, entre las intenciones, el hacer y el convivir.

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Paulo Freire en su inmensa riqueza, se convierte en una gran motivación para los que pretendemos recuperar valores de

rigurosidad ética y estética, para con ellos asumir la intervención

socioeducativa grupal, descubriéndonos en los otros, afirmándonos en nuestra propia personalidad y cultura, problematizando cuestiones vividas y sentidas en la simultaneidad del proceso de conocer e intervenir.

Asumir la intervención dentro de esos valores nos mueve a clarificar la comunicación en la que estamos inmersos, viviendo y trabajando. En este caso se trata de identificar los fundamentos de una teoría de la comunicación que permita sostener un modelo de intervención socioeducativa con fuertes soportes éticos, psicológicos y espirituales. Esos soportes, extraídos de la obra de Freire, están en línea con las actuales aportaciones comunicativas de las ciencias sociales para potenciar el desarrollo de las comunidades.

·El hilo lógico entre comunicación, acción e intervención. El sujeto de la comunicación va a verse a sí mismo involucrado en su propia acción.

·El sujeto de la comunicación, que es un ser de la praxis, y es a su vez un sujeto de la reflexión.

Freire encontró en la palabra dos dimensiones: acción y reflexión, de tal forma que si se la privara de su dimensión activa se estaría sacrificando automáticamente la reflexión, y convirtiendo a la palabra en "palabrería", en "palabra hueca".

·Se denota una nueva capacidad para interactuar.

Se superan las antinomias estímulo-respuesta, y objeto-sujeto, porque Freire no plantea la interacción con un objeto, sino la participación en el proceso de comunicación como sujetos de la praxis y de la reflexión

·El encuentro, condición ineludible del diálogo, convierte el proceso comunicativo en un suceso profundamente espiritual.

"La educación es comunicación, es diálogo en la medida en que no es transferencia del saber sino un encuentro de sujetos interlocutores que buscan la significación de los significados".6

6Paulo Freire, ¿Extensión o comunicación? La concientización en el medio rural, México: Siglo XXI. 1993, p.77.

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·La empatía.

El amor es la transformación definitiva (Freire, P: 2000). Para Freire esta capacidad de proyectarse dentro del otro está insertada en un proceso de comunicación y transformación, de búsquedas afectivas y de compromisos. Se distingue por una auténtica escucha y por el respeto y comprensión del otro, que nunca será objeto sino que será sujeto del proceso de comunicación.

·Ética en las relaciones de poder

Partir de los niveles de percepción en que se encuentran los educandos, los grupos populares, y con ellos ir avanzando y transformando en rigurosidad científica lo que era, en el punto de partida, sentido común. (Freire, P en: Torres, 1988).

Reconocemos que estamos realizando una búsqueda intencionada a partir de una aproximación crítica al fenómeno de la comunicación, no para verla simplemente en la verticalidad y unidireccionalidad de un proceso en el que el emisor manda a través de un canal neutro sobre un receptor mudo. Nos detenemos en Freire, como tantos y tantos que cada vez más intentan reflexionar sobre su obra desde sus propias prácticas, porque su concepción de la comunicación está arraigada a una visión educativa que pasa por los ejes de la esperanza, de la conciencia crítica o de la liberación, así como también por los ejes de la transformación, como una provocación a un cambio radicalmente humano (Vitón, 2001)

En Paulo Freire la transformación solo asoma dentro de la coherencia dada entre diversas dimensiones; en cualquier intervención socioeducativa no se debe ni puede separar lo comunicativo de lo educativo, de lo investigativo o de lo político, tal como ocurre en otro tipo de discurso, que trata de separar la dimensión política de la educación, presenta lo comunicativo como abstraído de los procesos socios históricos, desprecia lo cultural y lo enfrenta a lo científico, y propone al mercado como única guía para las transformaciones posibles. Frente a esta peligrosa desintegración Freire apuesta por la unidad entre educación y proyecto ético-político de transformación, por la unidad entre comunicación y emancipación.

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En P. Freire está arraigada una visión de intervención socioeducativa que pasa por los ejes de la esperanza, de la conciencia crítica o de la liberación, así como también por los ejes de la transformación, como una provocación a un cambio radicalmente humano; la transformación solo asoma dentro de la coherencia dada entre diversas dimensiones; no deseo ni puedo separar lo comunicativo de lo educativo, de lo investigativo o de lo político, tal como ocurre en el discurso neoliberal, que trata de separar la dimensión política de la educación, presenta lo comunicativo como abstraído de los procesos socios históricos, desprecia lo cultural y lo enfrenta a lo científico, y propone al mercado como única guía para las transformaciones posibles. Frente a esta peligrosa desintegración Freire apuesta por la unidad entre educación y proyecto ético-político de transformación, por la unidad entre comunicación y emancipación.

Detenerse en la comunicación, hurgar en ella como necesidad del ser humano para erosionar la homogeneidad y multiplicar sus voces, conforma una intención en la que Psicología Social y Educación Popular pueden coincidir para compartir un placer cognoscitivo, práctico y transformador, que ennoblece a ambas.

Entonces es pertinente aprovechar de la Psicología Social la explicación científica de la comunicación, la articulación metodológica entre los conceptos individuo y sociedad, así como numerosos aportes en el estudio de los pequeños grupos, vistos como relación dialéctico-mediadora entre lo individual y lo social. La Educación Popular siempre ha tomado elementos de la Psicología Social como sustento teórico.

Por otro lado, la Educación Popular aporta una nueva modalidad de conocimiento, que parte de las condiciones de vida de los individuos, de los grupos; ella propicia un método participativo que apuesta por el análisis y la transformación de la realidad por parte de aquellos que la están viviendo. Por ser una propuesta de gran potencial transformador, la Psicología Social puede rescatar no solo la revalorización de lo cotidiano, de lo cultural, uno de los aportes más genuinos de la Educación Popular, sino la misma recuperación de la subjetividad, de la afectividad, de la alegría, de lo propio, lo pequeño y cotidiano, y un reconocimiento de lo diferente.

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En nuestro país esta brecha ya está abierta, entre otras razones porque, convocados por la Asociación de Pedagogos de Cuba a través del Colectivo de Investigación Educativa (CIE) Graciela Bustillos, se mantienen, desde 1998, espacios de encuentros anuales entre educadores que realizamos trabajos comunitarios desde la Educación Popular. Muchas de estas experiencias son promovidas y realizadas desde diversos centros culturales, centros de Educación Superior o de otros niveles y formas de enseñanza, por el Poder Popular, por jubilados de la educación, por Universidades Populares Comunitarias, Salud Pública, centros de investigación científica, organizaciones sociales y de masas, etcétera.

Lo más prometedor de estas experiencias es observar cómo se introducen, desde la Educación Popular, herramientas metodológicas, relacionales e investigativas para articular las dimensiones de lo político, lo ético, lo organizativo, lo cultural y lo cotidiano en dichas prácticas, desde el eje de la comunicación y el diálogo. Se trata de un desafío, de una confrontación con nuestros propios límites, que nos va a poner en el camino de pensar, trabajar y crear, revalorizando lo cotidiano y enriqueciendo nuestra participación social.

Una auténtica intervención socioeducativa debe procurar un acercamiento entre Psicología Social y Educación Popular; provocar otras miradas, descubrir testimonios subjetivos de un universo expectante que nos llama a crear elocuente y expresivamente. Así, los invito a evocar el carácter develador de la cultura para expresarnos, desde la ciencia, en lenguajes diversos; introducirnos desde una epistemología de la práctica, en un proceso de intervención que sea una experiencia, una forma de conocimiento, una forma de transformar y de transformarnos, que nos ayude a descubrir el carácter práctico del pensamiento.

Si participamos todas y todos proactivamente, la intervención socioeducativa debe conllevar a la construcción de los nuevos contextos de aprendizaje, entonces será nuestra responsabilidad compartida transformar estos contextos en verdaderas oportunidades de aprendizaje.

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Nos referimos a Ignacio Martín-Baró de El Salvador, Orlando Fals Borda de Colombia, Paulo Freire de Brasil, Maritza Montero, de Venezuela, Arturo Barranza Macías y Carlos Núñez Hurtado de México, Oscar Jara de Costa Rica, Jaime Alfaro Inzunza de Chile, Ana María Pérez Rubio de Argentina y tantas y tantos más. Hemos constatado que, al menos en nuestros países, profesionales en el área social tienen poca noción en cuanto a los aportes propios en su área profesional desde América Latina. No les culpamos, sino que esto es evidencia de insuficiencias en la calidad curricular de los procesos de formación y los modelos culturales en que nos formamos.

En la actualidad, asistimos a lo que se suele denominar "un cambio de época"; los cambios en lo político, social, económico, tecnológico y cultural son de tal magnitud y trascendencia, que llevan a que hoy no se pueda hablar de "época de cambios".

Contexto de constantes cambios, contradictorio en sus resultados, en donde la ciencia y la tecnología han dado al ser humano la capacidad de transformación del mundo; donde subsisten a la vez la pobreza y la exclusión social de la mayoría de la población, siendo América Latina uno de los continentes más impactados por el crecimiento de la pobreza. Proceso en el que todas las esferas de la vida son afectadas y transformadas; en estas condiciones y en este contexto deberá moverse el profesional del siglo XXI. La intervención socioeducativa está abocada a asumir una postura propositiva y creativa.

Los actores sociales en la intervención socioeducativa comunitaria

La comunidad, escenario de la intervención socioeducativa, ofrece un amplio panorama de actores sociales y redes en los que la intervención socioeducativa halla diversidad de expresiones para organizar las acciones. Pensar la intervención desde la horizontalidad dialógica presupone incluir a todos los actores sociales que construyen relaciones para poder ofrecer alternativas con las voces de los comunitarios.

La comunidad designa el espacio físico y el mundo de las significaciones y también la estructura social de un grupo. La comunidad es un conjunto de relaciones sociales donde la

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producción, distribución y consumo de bienes y servicios necesarios para la vida, el control social y la participación sociocultural y el apoyo mutuo ofrecen mecanismos endógenos contenidos en los actores sociales para realizar una intervención centrada en éstos últimos.

El contexto donde vamos a intervenir indica para el futuro la necesaria relación entre democracia, desarrollo y política social, que parta de una mirada holística que conciba al sujeto en toda su dimensión biológica, social, cultural, económica, psicológica y trascendente, en el que se asuma una perspectiva integral para que supere la mirada parcial del SER. No se puede intervenir solo desde una dimensión.

El actor social comunitario tiene que ser visto en sus múltiples y diversos referentes: la familia, el grupo étnico, las agrupaciones informales, aquella que ofrece la riqueza del capital social comunitario, las redes, las instituciones públicas y privadas y otros actores que son referentes para la construcción y reafirmación de la identidad, como sujeto dinámico, histórico y con un devenir. Los actores sociales piensan y construyen el futuro.

La intervención socioeducativa para el desarrollo de las comunidades necesita ser pensada en sus dimensiones cultural, ética, axiológica y humana, ella no será posible ni en las sociedades más avanzadas, ni prescindir del ser humano integral como el protagonista de su propio desarrollo.

Para la realización de la intervención socioeducativa sustentada en el protagonismo del Ser, a favor del desarrollo humano, significa abordar la perspectiva propia de la intervención, es en esencia acción social. Cualquiera que haya sido su orientación, enfoque o propósito, la intervención se ha dado para incidir (acelerar, orientar o modificar) los procesos sociales (desde el individuo, las organizaciones, las comunidades, la familia) que se generan en búsqueda de satisfacer las necesidades humanas fundamentales -calidad humana de vida.

Esto es básico en toda intervención social, y nos da la posibilidad de enfrentar los retos que las actuales condiciones del desarrollo nos plantean, que tiene como fortalezas:

•La comprensión integral y holística tanto del sujeto como de la realidad.

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•La intervención socioeducativa en función de la modificación de los procesos sociales.

•El espacio de intervención amplio y variado en los procesos sociales.

•La formación metodológica y técnica para acción social y la intervención.

El involucrar a los actores sociales para propiciar la comunicación dialógica, connota el lado axiológico de la intervención socioeducativa, pues toda acción social es siempre una actividad consciente e intencional, donde los actores sociales actúan conforme a principios y exigencias normativas.

Conclusiónes

La intervención socioeducativa requiere de un amplio conocimiento tanto universal como específico de su concepción y práctica en América Latina y, en particular, del desarrollo que ha adquirido en las realidades concretas y desde donde actuamos. Al analizar su praxis nos convoca a asumir una posición autocrítica sobre el proceso vivido en los últimos años y de manera significativa, desde el plano académico y del trabajo comunitario. Los profesionales de hoy nos formamos en esos procesos, por esto es de gran importancia el poder contribuir a explicar lo que acontece con la intervención socioeducativa, en particular para el caso que nos ocupa: para el fortalecimiento de las comunidades.

Es necesaria esa reconceptualización contextualizada, para luego definir qué desarrollo humano integral comunitario aspiramos, que coloque las prácticas de intervención en mejores condiciones para comprender y abordar los cambios que se vienen dando en todos los niveles y esferas de lo social.

Generalizar perspectivas de intervención para toda América Latina es complejo, puesto que si bien existen características y condiciones similares, nuestros países y las regiones tienen condiciones específicas y concretas, y los que intervenimos también poseemos desarrollos diferentes.

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Referencias

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