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CONTEXTUALIZACIÓN:

Para muchos historiadores, la crisis del 98 representa el comienzo de la propia crisis del sistema de la Restauración. La España de la Restauración coincide con un periodo de estabilidad política (puesto que hay paz entre los estados) y económica (desarrollo industrial, es decir el periodo de industrialización que será el proceso de expansión de la Revolución Industrial que había tenido lugar en Inglaterra) en toda Europa. En este momento Europa se lanzó a la conquista de África y de Asia, la situación mundial justificaba una nueva distribución colonial que el derecho internacional favorecía, facilitando en reparto del mundo entre Gran Bretaña, Francia, Alemania, Japón y Estados Unidos; será precisamente esta potencia (EEUU) la que, superada la Guerra de Sucesión y necesitada de nuevos mercados en donde colocar los excedentes de producción y capital, puso sus ojos en las últimas piezas del imperio español: las islas de Cuba y Puerto Rico en el Caribe, y las Filipinas en el Pacífico. España estaba aislada internacionalmente, en el sentido que apenas había entrado en ese sistema de alianzas de la Restauración Europea (sólo había firmado un tratado internacional con Italia, por tanto su peso en Europa era débil), poco tenía que hacer frente a la presión del incipiente empuje de los EEUU.

La pérdida de las posesiones españolas de Antillas y del Pacífico forma parte, por tanto, de la remodelación del mapa colonial impuesto por las grandes potencias industrializadas a finales del siglo XIX, del llamado segundo reparto colonial.

ANTECEDENTES Y CAUSAS DEL LEVANTAMIENTO:

Tanto Cuba como Puerto Rico (colonias españolas situadas a pocas millas de las costas estadounidenses) tenían una economía basada en la agricultura de exportación, con el azúcar de caña y el tabaco como principales productos. Con las fuertes medidas arancelarias proteccionistas (1891) impuestas por la metrópoli [1], que obligaban a comprar las carísimas harinas castellanas y los textiles catalanes de forma exclusiva (convirtiéndose en delito comprar esos productos procedentes de otros lugares), se pretendía dificultar el comercio con EEUU, principal comprador de productos cubanos. El malestar de EEUU por esta situación llegó hasta tal punto que el presidente norteamericano (McKinley) amenazó con interponer un bloqueo comercial a Cuba si el gobierno español no modificaba la política arancelaria de la Isla (en el año 1894 está documentado que EEUU adquiría el 88’1% de las exportaciones cubanas, mientras que sólo se beneficiaba del 37% de sus importaciones). Además (desde 1870) tenían prohibido exportar azúcar a Europa. Se trataba de un tipo de explotación agraria basada en la esclavitud, de personas negras fundamentalmente, en beneficio de una reducidísima oligarquía. La población de Cuba en 1898 estaba distribuida étnicamente de la siguiente manera: 33% negros o mestizos y 67% blancos (de los cuales el 9% eran soldados). En Puerto Rico cabe destacar que desde los años ochenta se había desarrollado un movimiento criollo autonomista (Asamblea de Ponce, 1887) a causa del descontento generado por la miseria, el analfabetismo y la estructura agraria de los cultivadores de café y azúcar.

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algunos recursos naturales, y se utilizaba como nexo de unión en las relaciones comerciales con la vecina China. Ya en los años setenta empezó a gestarse una conciencia nacional que reclamaba la igualdad de derechos de los filipinos con los peninsulares, dichas exigencias contaban con el apoyo del clero secular filipino al frente de las órdenes religiosas. Este grupo de personas protagonizó el Motín de Cavite en el año 1872, se trató de un levantamiento militar ocurrido en el arsenal de Cavite como protesta contra el dominio español, el movimiento insurreccional fue rápidamente aplastado por las tropas españolas que defendían la españolidad y el sometimiento colonial del territorio, y se saldó con varios exiliados y asesinados, entre otros, tres sacerdotes filipinos de los cuales no se pudo demostrar que estuvieran implicados. Este hecho hizo que el movimiento insurreccional ganara adeptos además de publicitarse. Desde 1880 el movimiento continuó con la formación de “La propaganda” que era un grupo revolucionario formado por jóvenes filipinos (conocidos como “los ilustrados”) que estudiaban en universidades españolas y europeas y que proclamaban reformas como la representación en las Cortes, entre ellos destacó José Rizal, fundador además de la “Liga Filipina”, quien luchó pacíficamente por la introducción de reformas en su país. Aunque se opuso a colaborar con los insurrectos independentistas fue condenado a muerte por su supuesto apoyo. Su injusta ejecución lo convirtió en un mártir de la causa filipina.

La insurrección independentista estalló en 1896 con el denominado Grito de Balintawak[2], promovida por “Katipunan”, organización secreta (fundada por Andres Bonifacio) que pretendía la expulsión de los españoles y de de las órdenes religiosas, así como la confiscación de latifundios. El general Polavieja, que encabezaba el sector más inmovilista y férreo de la defensa española fue enviado a aplastar la insurrección, fue él quien condenó a muerte a Rizal, y logró aplastar la insurrección, al menos de manera temporal. Polavieja regresó triunfalmente a España y fue sustituido por Fernando Primo de Rivera[3], quien tuvo que hacer frente a nuevas oleadas revolucionarias, pero que finalmente logró neutralizar a los cabecillas pactando su exilio a cambio de dinero en 1897. Poco después estallaría la guerra con EEUU, coincidiendo con el intento de Emilio Aguinaldo de reiniciar el conflicto desde su exilio en Hong-Kong.

Por su parte el problema colonial de Cuba había constituido una de las mayores preocupaciones desde el inicio de la Restauración. Ya en 1868 tuvo que hacer frente a La Guerra de los Diez Años, que finalizó con la Paz del Zanjón en 1878. Pero los acuerdos firmados por ambas partes no convencieron a todos los independentistas, por lo que las hostilidades se reanudaron en 1879 por poco tiempo (Guerra Chica o Chiquita) pero tras esto la Isla se mantendría en paz durante más de quince años. Estas dos guerras tuvieron consecuencias importantes: impulsaron el nacionalismo cubano y fortalecieron la penetración económica de los capitalistas de EEUU en la isla, que desde 1892 gozaron de un arancel muy favorable para sus productos en Cuba.

A pesar de que desde 1878 se llevaron a cabo una serie de concesiones (de tipo administrativo y económico) lo cierto es que el gobierno no introdujo reformas políticas de envergadura, se limitó a:

 Dotarle del grado de provincia con representación en el parlamento.  Abolir (tardíamente) la esclavitud (1886).

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Tampoco concedió ningún tipo de autonomía, ya que muchos españoles residentes en la isla (principalmente burócratas, comerciantes y azucareros) se oponían rotundamente.

LA GUERRA DE CUBA Y EL ENFRENTAMIENTO CON LOS EEUU

En el año 1892, José Martí [4] fundó el Partido Revolucionario Cubano, que inició el movimiento independentista el 24 de febrero de 1895 (el Grito de Baire [5]). El gobierno español, presidido por Cánovas decidió responder con mano dura, y mandó un ejército peninsular a cuyo mando se encontraba el general Martínez Campos, quien combina una política negociadora y diplomática con represión y mano férrea frente a los insurrectos, primando desde 1896 una táctica militar de aplastamiento de la insurrección, finalmente solicitó su regreso a la metrópoli al negársele tomar medidas contra la población civil que permitía, secundaba y apoyaba la guerrilla. Tanto Cánovas como Sagasta decidieron no reparar en gastos, agotando si fuere necesario, todos los recursos humanos y económicos en defensa de la colonia. Por su parte, los insurrectos recibían apoyo logístico (armamento sobre todo) de EEUU. La falta de éxitos militares propició el envío de otro general buen conocedor de la isla con idea de imponer métodos más severos, Valeriano Weyler, quien decidió “concentrar” a los campesinos en aldeas cerradas para aislarlos de las tropas insurrectas, mambises [6], dividiendo la isla en trochas[7]. Pero la dificultad de proveer de alimentos y de facilitar asistencia médica, tanto al ejército, como a la población civil, se tradujo en una elevada mortalidad de militares y civiles, amén de las bajas en el frente.

En este orden de cosas la guerra estalló en Filipinas, y en España se rompía el consenso liberal-conservador.

Cánovas muere asesinado por un anarquista italiano en agosto de 1897, el gobierno liberal decidió a la desesperada probar la estrategia de la conciliación. Tras ser Weyler fue relevado del mando se concedió a Cuba:

- Autonomía. - Sufragio universal.

- Igualdad de derechos entre insulares y peninsulares. - Autonomía arancelaria.

Pero las reformas llegaban con demasiado retraso, los mambises, que contaban con el apoyo estadounidense y se estaban haciendo cada vez más fuertes no aceptaron estas decisiones tomadas unilateralmente por el gobierno metropolitano.

La intervención directa de los EEUU se iba gestando a raíz de una serie de acontecimientos. Mientras que la política española trataba de evitar por todos los medios un enfrentamiento directo contra los EEUU, la prensa amarilla[8] de aquel país y los ideólogos del imperialismo norteamericano eran favorables a la intervención militar en Cuba. Entre ellos destacó Theodor Roosevelt, quien tres años más tarde, en 1901, sería elegido presidente de los EEUU tras el asesinato de William McKinley a manos de un anarquista. En el verano de 1897 una nota del gobierno americano ante el español protestaba por la dureza del general Weyler, al tiempo que exigía una rápida pacificación de la isla.

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confianza. Dos meses más tarde, la noche del 15 de febrero, una explosión voló la proa del barco, hundiéndose a continuación rápidamente. El número total de víctimas fue de 254. El hundimiento del acorazado el 15 de febrero de 1898 fue el principal detonante de la Guerra Hispano-Norteamericana. El suceso fue ampliamente difundido y tergiversado por diversos medios de comunicación estadounidenses, como parte de la propaganda en la Guerra Hispano-Estadounidense, para justificar la intervención y posterior anexión estadounidense de Cuba y una serie de colonias españolas repartidas por todo el mundo. La propuesta española de estudiar el suceso en una comisión de investigación internacional fue desoída por el gobierno de EEUU, que atribuía toda responsabilidad a España. Las causas del incidente, accidente o ataque son varias, destacando las dos siguientes:

- La primera teoría consiste en que se trató de una explosión provocada, bien por patriotas cubanos pro-españoles, marinos españoles, insurgentes cubanos o marinos estadounidenses interesados en provocar el desencadenamiento de la guerra mediante unaoperación de bandera falsa, se habrían acercado al buque en la oscuridad y adosaron una mina a la proa del Maine.

- La segunda teoría es que la detonación se produjo accidentalmente en los pañoles de munición, por una explosión espontánea de polvo de carbón de una carbonera imprudentemente localizada junto a la santabárbara[9] de la nave.

El presidente estadounidense (McKinley) había hecho una oferta para comprar la isla cubana (por 300 millones de dólares) a la reina María Cristina, a lo que ésta y el gobierno español se opusieron rotundamente ya que aquello, a parte del deshonor, hubiera supuesto también el descrédito de la monarquía. Fue entonces cuando el gobierno de Washington lanzó un ultimátum[10] exigiendo la renuncia de toda soberanía sobre la isla. Ante la segunda negativa del gobierno de Madrid, EEUU declaró la guerra, sin más preámbulos a España el mes de abril del año 1898.

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EL TRATADO DE PARÍS:

La intervención de los EEUU se saldaba, tras una rápida guerra, en la derrota de la escuadra española en Cavite (Filipinas) y en Santiago (Cuba). Al mismo tiempo, la intervención norteamericana en Filipinas provocó un nuevo alzamiento en la isla que finalizó con la expulsión de los españoles. Tras esta rápida victoria estadounidense comenzará el Tratado de Paz de París 14: España reconocía la independencia de Cuba, y cedía a EEUU Puerto Rico, la isla de Guam (en las Marinas) y las Filipinas, éstas con una compensación de 20 millones de dólares. A parte de estas cesiones, en el tratado se confirmaba la soberanía de los territorios no mencionados en el acuerdo. En resumidas cuentas este tratado fue un dictado de exigencias norteamericanas que España tuvo que acatar sin posibilidad de réplica, de cuya ratificación fueron excluidos cubanos, puertorriqueños y filipinos.

Estos eran los tres archipiélagos del océano Pacífico: las islas Marianas (excepto Guam), las Carolinas y las Palaos y, por no haber sido incluidas en el texto, quizá por error, las islas Sibutú y Cagayán. Sin embargo este patrimonio apenas duró dos años en manos de España. La venta de las islas fue el último acto, muchas veces olvidado, de la pérdida del imperio español. Como consecuencia del desánimo que había traído tanta derrota y por iniciativa de Alemania, interesada en mantener su pugna con las potencias coloniales, España entabló negociaciones de venta de las Marianas, Carolinas y Palaos que se materializaron en el tratado hispano-alemán en el año 1899 (30 junio).

Año y medio más tarde (noviembre 1900) un tratado hispano-norteamericano subsanó el error de 1898, y las islas Sibutú y Cagayán de Joló pasaron a la soberanía de EEUU a cambio de 100.000 dólares que se embolsaba el gobierno de España.

LAS CONSECUENCIAS DEL “DESASTRE” Y LACRISIS DEL 98.

Económicas:

La pérdida de los restos del imperio desde la perspectiva económica no supuso un “desastre”, más bien al contrario, el enorme coste que suponía mantener aquel territorio y la guerra era tal, que al finalizar la guerra pudo llevarse a cabo un saneamiento de la Hacienda y, por primera vez, el Estado español tuviera superávit a principios del siglo XX. Desde entonces se produjo un viraje hacia el proteccionismo.

Demográficas:

Sin embargo, la derrota y la pérdida de unos 50.000 combatientes (en realidad puede contabilizarse hasta 120.000 muertos, más por enfermedades infecciosas que por fallecimiento en combate entre 1895-1898) produjo una conmoción enorme en la sociedad española.

Ideológicas y cambio del estatus internacional:

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Por tanto, a pesar de su significado simbólico, sus repercusiones inmediatas fueron menores de lo que se esperaba. Según algunos historiadores no hubo una gran crisis política, como se había vaticinado, ni la quiebra de Estado, y el sistema de la Restauración sobrevivió al “desastre” y los viejos políticos conservadores y liberales se adaptaron a los nuevos tiempos y la retórica de la “regeneración” con la que pretendieron renovarse caló profundamente. Según los historiadores que defienden esta postura, la estabilidad política y económica que siguió al “desastre” deja entrever que la crisis del 98, más que política o económica, fue fundamentalmente una crisis moral e ideológica, que causó un importante impacto psicológico entre la población. Cabe citar que ante la ola de antimilitarismo por parte de la población civil, hubo un cambio de mentalidad de los militares, que se inclinaron, en buena parte hacia posturas más autoritarias e intransigentes.

Políticas:

Otros historiadores, sin embargo, creen que se hizo patente, tras la pérdida de estas colonias, el resentimiento de los militares hacia los políticos, así como el crecimiento del antimilitarismo popular. El gobierno liberal de Sagasta fue sustituido por el conservador de Francisco Silvela, que intentó poner en práctica una serie de reformas para afrontar la crisis del sistema canovista. Apareció entonces el concepto de regeneracionismo[12], defendido fundamentalmente por las clases medias y cuyos ideales quedaron ejemplificados en el pensamiento de Joaquín Costa[13], quien propugnaba la necesidad de dejar atrás los mitos de un pasado glorioso, modernizar la economía y la sociedad y alfabetizar a la población, así como acabar con el sistema caciquil y comenzar una etapa de transparencia electoral.

Culturales:

Además el “desastre” dio cohesión a un grupo de intelectuales, conocido como la Generación del 98 (Unamuno, Pio Baroja, Valle Inclán, Azorín…). Todos ellos se caracterizaron por su profundo pesimismo, su crítica frente al atraso peninsular y plantearon una profunda reflexión sobre el sentido de España y su papel en la Historia.

NOTAS

[1] Según la RAE: Nación, u originariamente ciudad, respecto de sus colonias.

[2] una reunión de los miembros del Katipunan en Balintawak en la que adoptaron la decisión de levantar en armas al grito de “¡Viva Filipinas!” “¡Viva el Katipunan!”.

[3] Fernando Primo de Rivera y Sobremonte: (Sevilla, 1831- Madrid, 1921), primer marqués de Estella, fue un militar y político español. Hijo del destacado marino José Primo de Rivera y tío del dictador Miguel Primo de Rivera.

[4] Hijo de emigrantes españoles, murió en la batalla de Dos Rios luchando contra el ejército español. Fue un destacado poeta perteneciente a la corriente literaria denominada Modernismo. Autor del Manifiesto de Monte-Christi, verdadero programa independentista.

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[6] (mambí, en singular) se utiliza para referirse a los guerrilleros antiespañoles de Cuba, soldados que en el siglo XIX participaron en las guerras por la independencia. La palabra mambí viene asociada a Juan Ethnnius Mamby "Eutimio Mambí", oficial negro que desertó del bando español, un líder que luego luchó contra los españoles en Santo Domingo, cincuenta años antes del inicio de la Guerra de los Diez Años en Cuba.

[7] Largas líneas fortificadas de costa a costa, como forma de evitar el apoyo civil a los sublevados.

[8] Tipo de prensa sensacionalista que refiere la noticia incluyendo titulares catastrofistas y gran número de fotografías e ilustraciones detalladas acerca de crímenes y enredos políticos.

[9] Según la RAE: (Mar.) Pañol o paraje destinado en las embarcaciones para custodiar la pólvora.

[10] Según el diccionario de la RAE: En el lenguaje diplomático, resolución terminante y definitiva, comunicada por escrito.

[11] RAE: Buque de guerra blindado y de grandes dimensiones.

[12] Según la RAE: 1. m. Tendencia a regenerar en una comunidad los valores morales y sociales que se consideran perdidos o aminorados. 2. m. Movimiento ideológico que se inició en España a fines del siglo XIX, motivado principalmente por el sentimiento de decadencia y por la pérdida de sus colonias, y que defendía la renovación de la vida política y social española.

[13] Fue un político, jurista, economista e historiador español, el mayor representante del movimiento intelectual decimonónico español conocido como Regeneracionismo, con su conocido lema «Escuela, despensa y siete llaves para el sepulcro del Cid».//«En 1898, España había fracasado como Estado guerrero, y yo le echaba doble llave al sepulcro del Cid para que no volviese a cabalgar.» (Joaquín Costa).

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