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Libertad y necesidad en Nietzsche

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Academic year: 2020

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(1)LIBERTAD Y NECESIDAD EN NIETZSCHE. MA. JIMENA CADAVID MARTINEZ Cod. 200012416. DIRECTOR: GERMÁN MELÉNDEZ. DEPARTAMENTO DE FILOSOFÍA. UNIVERSIDAD DE LOS ANDES.

(2) CONTENIDO. Introducción ……………………………………………………………………………… 3. Primera parte: La Libertad Metafísica …………………………………………………. 8 1. Metafísica: Arte, Religión y Moral …………………………………………………… 8 1.1. La Metafísica ……………………………………………………………………... 8 1.1.1. El Arte ………………………………………………………………………. 10 1.1.2. La Religión ………………………………………………………………..… 12 1.1.3. La Moral …………………………………………………………………..... 15 1.2. Libertad Metafísica o Libertad de la Voluntad ……………………………….. 19 2. Filosofía Histórica y Crítica de la Libertad Metafísica …………………………..….. 24 2.1. Crítica de la Metafísica ………………………………………………………..... 26 2.1.1. Crítica del Arte …………………………………………………………..… 28 2.1.2. Crítica de la Religión …………………………………………………..…... 30 2.1.3. Crítica de la Moral ……………………………………………………...….. 32 2.2. Negación de la Libertad Metafísica ……………………………………………. 36 3. El Compatibilismo ……………………………………………………………………... 44. Segunda parte: Libertad y Necesidad ……………………………………………..….… 50 1. El Espíritu Libre y la Libertad Negativa …………………………………………..… 52 2. La Necesidad ……………………………………………………………………….…... 57 3. La Libertad Positiva: Creación Artística ……………………………………….……. 61 4. La Moral de Nietzsche ……………………………………………………………....… 67. Conclusión ………………………………………………………………………….….….. 71. Bibliografía ……………………………………………………………………………..… 73. 2.

(3) LIBERTAD Y NECESIDAD EN NIETZSCHE. INTRODUCCIÓN. Comúnmente, los conceptos de libertad y necesidad se consideran contradictorios. A pesar de esto, existen autores que pretenden unirlos. Un ejemplo de ello es Nietzsche, quien en sus obras de periodo medio (Humano, demasiado Humano, Aurora y Ciencia Jovial)1, especialmente en HdH., plantea la posibilidad de autodeterminación y autovaloración, es decir, de un tipo particular de libertad, frente a una necesidad inherente al mundo. Así, en el prólogo del primer volumen de HdH., libro que tiene como subtítulo: “Un libro para espíritus libres”, Nietzsche afirma: “cabe presumir que un espíritu en el que el tipo ‘espíritu libre’ ha un día de madurar y llegar a la sazón hasta la perfección haya tenido su episodio decisivo en un gran desasimiento”, el cual –en un primer momento- se caracteriza por ser “una gran enfermedad que puede destruir al hombre, esta primera erupción de fuerza y voluntad de autodeterminación, de autovaloración, esta voluntad de voluntad libre”2. En un parágrafo más adelante dice: “esa libertad madura del espíritu que es igualmente autodominio y disciplina del corazón y permite el acceso a muchos y contrapuestos modos de pensar”3. Mientras que en otros pasajes afirma: “pero todo es necesario, cada movimiento puede calcularse matemáticamente”4, “Todo es necesidad: así reza el nuevo conocimiento; y este conocimiento mismo es necesidad”5. Ahora bien, me interesa averiguar si realmente hay contradicción en este planteamiento de Nietzsche que da cabida dentro de un mismo sistema y plano real a dos conceptos normalmente considerados antagónicos. Más específicamente: ¿cómo se puede hablar de la posibilidad de “espíritus libres”, cuya principal característica es la autodeterminación, cuando el mundo se presenta como necesario, es decir, como determinado y, por tanto, sin libertad? 1. Abreviaremos los títulos de estas obras del siguiente modo: A. (Aurora), CJ. (La Ciencia Jovial) y HdH., I (Humano, demasiado Humano, vol. 1), HdH., II (Humano, demasiado Humano, vol. 2, Opiniones y Sentencias varias), HdH., II, El caminante y su Sombra (Humano, Demasiado Humano, vol. 2, El caminante y su Sombra). Las referencias completas de las obras citadas se encuentran en la Bibliografía. 2 HdH., I, Prólogo, § 3. 3 Ibid., § 4. 4 HdH., I, § 106.. 3.

(4) En otras palabras, ¿hasta qué punto se puede hablar de libertad en un mundo regido por la necesidad? Pero no sólo se trata de averiguar si existe o no una contradicción, sino que pretendo ir más lejos explorando los significados y consecuencias que puede conllevar una postura en la que teniendo en cuenta el determinismo se da cabida a un tipo particular de libertad. En la mayoría de los casos, la necesidad se entiende como lo que no puede ser de otra manera, lo que está enteramente condicionado y determinado. Este concepto se encuentra estrechamente ligado al determinismo y a la causalidad, esto es, a una consecución condicionada de causas y efectos que implica que el mundo no ha podido ser de otra manera a como ya es. De otro lado, la libertad se entiende como lo que es incondicionado, indeterminado y contingente, en donde existe la posibilidad de elección, pues al no estar determinados todos los hechos, las cosas se pueden hacer de diferentes maneras. La libertad se relaciona con el libre albedrío, de acuerdo al cual existe “la posibilidad de proceder según expresión de la voluntad no determinada por las condiciones exteriores”6. Mientras la necesidad se le imputa al mundo, la libertad se le imputa al hombre. Vistas así las cosas, podemos afirmar que libertad y necesidad se excluyen y se contraponen. De esta forma, quienes son completamente partidarios de la necesidad niegan “el libre albedrío basándose en que los actos y la conducta del hombre siempre se hallan predeterminados por circunstancias exteriores, que no dependen de él”7. De otro lado, quienes defienden la libertad excluyen toda determinación y condicionamiento del mundo exterior sobre la voluntad humana, la que aparece como potencia infinita y absoluta sobre las acciones. Estos conceptos se relacionan directamente con la religión, la moral y la ciencia. La relación con las dos primeras se basa en que mientras, por un lado, la libertad conduce a hacer responsable al hombre de sus actos, pues éste los realizó según su voluntad; de otro lado, la postulación de una necesidad absoluta acabaría con toda responsabilidad humana, pues la voluntad del hombre estaría determinada por causas externas a él. Y es suficientemente conocido que la mayoría de las religiones, en especial el cristianismo, junto con la moral8 5. Ibíd., § 107. ROSENTAL, M. y IUDIN, P. (1984). Diccionario Filosófico. Bogotá, Ediciones Nacionales. Pág. 274. 7 Ibíd., Pág. 274. 8 Entiéndase aquí moral como grupo de normas generales que califican y distinguen las acciones humanas según su bondad o maldad. 6. 4.

(5) defienden la existencia de un libre arbitrio o libre albedrío, de acuerdo al cual los hombres deben responder por sus acciones, las cuales pueden ser calificadas como buenas o malas; bondad y maldad que se consideran como absolutas, generales e incondicionadas. En la moral se habla de culpa y en la religión de pecado. Ahora, la relación con la ciencia radica en que ésta se construye sobre el presupuesto de la necesidad causal (contraria a la libertad) que le permite al hombre acceder al conocimiento y constitución de los hechos y procesos naturales sin apelar a recursos sobrenaturales inexplicables, por el contrario, ella puede explicar basándose en la realidad. Por esta relación con la moral, con la religión y con la ciencia, muchos autores incluyen y hacen compatibles dentro de su sistema a la libertad y a la necesidad, a pesar de su demostrada exclusión. Esto, generalmente, con la pretensión de dar cabida en el mundo tanto a la moral como a la ciencia, sin permitir que la una demerite o descarte a la otra. Generalmente, varios de estos autores al no querer hacer a un lado la moral tienen que recurrir a explicaciones más allá del orden natural, tienen que recurrir a la metafísica, escindiendo el mundo en dos: uno causal y necesario, y otro nouménico, incondicionado e indeterminado; a los que el hombre pertenecería simultáneamente. Con esto encontramos un nuevo concepto relacionado con la libertad y la necesidad: la metafísica, pues la moral y la religión para atribuirle la libertad al hombre, cuando el mundo demuestra estar regido por la necesidad, tienen que apelar a un más allá, a un mundo incognoscible, al que mientras la razón no tiene acceso, sí lo tiene la voluntad. Estos autores son, entonces, un ejemplo de la posibilidad de que dos conceptos normalmente considerados contradictorios, puedan aparecer juntos sin excluirse. Ahora bien, en lo que respecta a Nietzsche, resulta imposible incluirlo dentro este grupo. Precisamente en las obras del período medio existe una explícita crítica y, más aún, una decidida oposición de Nietzsche a la moral, la metafísica y la religión. Es más, la creencia en el libre arbitrio, en la libertad de una moral que se construye sobre presupuestos metafísicos, es para Nietzsche uno de los más grandes errores humanos: “la creencia en la libertad del albedrío es un error originario de todo lo orgánico”9, “la historia de los sentimientos morales es la historia de un error, del error de la responsabilidad, el cual estriba en el error de la libertad del albedrío”10. Pero, por otra parte, Nietzsche afirma la posibilidad de que se 9. HdH., I, § 19. Pág. 54. HdH., I, § 39. Pág. 68.. 10. 5.

(6) produzcan “espíritus libres” caracterizados por la autovaloración y autodeterminación, posibilidad que a la luz de su creencia en la necesidad parece contradictoria, más aún cuando el propósito de Nietzsche no es el de darle cabida a la libertad en su sistema con el propósito de no excluir la moral tradicional. Esto parece empeorar la situación de Nietzsche, pues ¿cómo logrará incluir la libertad en un mundo necesario sin hacer uso del más allá? Lo que sucede es que para Nietzsche tanto la libertad como la necesidad tendrán un sentido diferente del tradicional. Precisamente su propósito es superar esta visión, es mostrar que toda la tradición metafísica con su particular moral, religión y arte, no es más que el producto de un error del entendimiento, que con el correr del tiempo se ha convertido en un instrumento de dominación y poder. En un primer momento la filosofía de Nietzsche es destructiva de los viejos ideales, del romanticismo, de la moral y su libertad metafísica, pero él, a través de esa parte negativa, postula y construye un momento constructivo. La parte crítica de HdH., A. y CJ. ocupa un lugar fundamental, pero no lo abarca todo, se destruyen y socavan los fundamentos de la tradición pero sin caer en el nihilismo, sino postulando una nueva visión del mundo con una nueva moral. Después de negar el libre arbitrio, se abre campo para la verdadera libertad que está íntimamente ligada con la naturaleza, con el cuerpo, el mundo y la necesidad. Es la libertad que parte de la misma necesidad, del juego recíproco de fuerzas que constituyen todo el devenir, para, a través del conocimiento, darle un sentido a ese juego, creando una obra artística a través de la propia naturaleza, creando constantemente nuevos valores. La libertad también tiene dos momentos uno negativo o liberador de la vieja moral y, otro, positivo que abre el camino de la autovaloración y autodeterminación, de la creación artística. En la primera parte de este ensayo mostraré las características básicas de los principales blancos hacia los que Nietzsche dirige su crítica, para luego mostrar, paralelamente a cada uno, la forma en que Nietzsche los cuestiona. Es decir, no sólo mostraré qué tipo de libertad critica Nietzsche y cómo lo hace, sino también, la concepción general de la que se desprende esa libertad. El primer capítulo constituye la descripción del arte, de la religión, de la moral y la libertad, que se relacionan con una concepción metafísica del mundo. En el segundo se presenta la parte crítica y destructiva que Nietzsche lleva a cabo, por medio de su filosofía histórica, de los frentes descritos en el capítulo anterior, llegando hasta la crítica de la libertad metafísica y la asunción de la necesidad. Debido a que Nietzsche además de criticar la libertad y defender la necesidad, también afirma una libertad, en el tercer capítulo presento 6.

(7) dos diferentes modalidades de compatibilismo, es decir, de posiciones en las que se hace concordar la necesidad con la libertad, para mirar si Nietzsche podría encajar en una de ellas o si más bien se lo podría calificar de incompatibilista. La razón que me condujo a hacer una descripción de la metafísica, la moral, el arte y la religión para luego mostrar su crítica, en un trabajo donde el problema es entre la libertad y la necesidad, radica en que la crítica que Nietzsche hace de la libertad y la necesidad se desprende del cuestionamiento que él hace de toda la tradición metafísica. Además, debido a que en el momento en que Nietzsche habla de su libertad, habla también de una nueva moral sin religión y de un arte diferente. En adición, como se mostrará en la segunda parte, la libertad de Nietzsche es una libertad alcanzada, que tiene dos momentos, y uno de ellos, el negativo, consiste en desligarse de la tradición (de todo lo tratado en la primera parte). En la segunda parte se muestra que la libertad de Nietzsche se une con la necesidad, pero en él, ambas tienen una definición diferente de la normal. En el primer capítulo se muestra, por medio de la imagen del espíritu libre, cómo la libertad de Nietzsche tiene dos momentos: uno negativo y otro positivo. Se muestra primero que el negativo constituye el desprendimiento de todos los ideales metafísicos. Pero este momento no es definitivo, sino que posibilita el siguiente. Pero antes de mostrar en qué consiste la libertad positiva, en el segundo capitulo se precisa establecer el sentido que Nietzsche le da a la necesidad, puesto que, en el tercero, se mostrará que esa libertad positiva consiste en la conciencia de la necesidad, en la unión del hombre con el mundo que se completa en la creación artística. Esta nueva visión del mundo, de la libertad y la necesidad, implica una nueva moral (cap. IV), que ya no parte de principios ideales, sino trae de nuevo al hombre a la tierra y a su cuerpo.. 7.

(8) PRIMERA PARTE: LA LIBERTAD METAFÍSICA. 1. Metafísica: arte, religión y moral.. La obra del período medio (Humano Demasiado Humano, Aurora y La Ciencia Jovial) se caracteriza fundamentalmente por una profunda y radical crítica de la moral tradicional, la religión11 y el arte. En ella, Nietzsche pretende socavar todos los fundamentos sobre los que se ha erigido la cultura occidental. Fundamentos que, según él, parten de una visión metafísica del mundo, de la creencia en nociones absolutas y eternas, de la creencia en una división bipartita del mundo (dualismo). Se trata entonces de mostrar que toda metafísica, junto con los sentimientos, juicios, creencias y presupuestos que se han construido a partir de ella están fundados en el error. Para cumplir su propósito, Nietzsche se aleja de la forma tradicional de hacer filosofía y propone su propio método: el análisis histórico, que se vale de procedimientos científicos, como lo son, un riguroso y minucioso estudio, y la consideración de la historia dentro de cualquier investigación. De este modo, Nietzsche contrapone su filosofía histórica a la metafísica tradicional. Básicamente, lo que Nietzsche va a criticar son las bases metafísicas, por medio de las cuales se han erigido las concepciones de moral, arte y religión más predominantes hasta el momento. Veamos, entonces, cuál es la metafísica que Nietzsche critica, junto con las concepciones que de ella se derivan. Para, luego, mostrar de qué forma pretende Nietzsche minar sus fundamentos. Entre los que se encontrará como uno de los más importantes y originarios: el de la libertad de la voluntad, al que Nietzsche califica como “error originario de todo lo orgánico”12, que hasta ahora había sido respetado y reconocido como una de las verdades fundamentales, como una de las columnas que sostienen el edificio de la metafísica.. 1.1. La Metafísica Para la concepción metafísica del mundo, el hombre aparece como fin y sentido último de la realidad, como “medida cierta de todas las cosas”13, como el único ser que puede llegar a. 11. Aunque Nietzsche usa el término general de “religión”, se refiere, más específicamente al cristianismo. HdH., I, § 18. 13 HdH., I, § 2. 12. 8.

(9) conocer la esencia del mundo y a partir de esa esencia eterna e invariable explicarlo. Precisamente de la necesidad de explicación de los grandes interrogantes, de lo general, del conjunto de las experiencias, de la necesidad de “un fundamento unitario, que totalice (...) la recomposición de un mundo fragmentado”14, junto con “la necesidad de seguridad y la insatisfacción ante el mundo”15 surge la metafísica16. En otros términos, como resultado de la búsqueda de sentidos, significados, y justificaciones de la existencia (en especial de la existencia dolorosa y angustiosa) y de ciertos fenómenos, el hombre recurre a explicaciones más allá del orden natural, se vale del artificio de un mundo suprasensible al que solo él puede acceder, numénico, incondicionado contrapuesto al mundo fenoménico, condicionado, natural y sensible. Pero el mundo suprasensible no sólo se contrapone al fenoménico, sino que además es su causa, su razón y su fundamento17, gracias a él podemos acceder a la verdad del mundo. De este modo, el mundo es dividido en mundo aparente o fenoménico y mundo real o de las esencias verdaderas, ubicando así lo valioso por fuera del orden natural, dejando en este último todo lo carente de valor, menospreciado y vil; creyendo así que existen conceptos y sentimientos contrarios, como el del bien y el mal, la verdad y el error, el altruismo y el egoísmo. Concediéndole el carácter de superiores, mejores, buenos, eternos, universales a los sentimientos que son propios de la moral, el arte y la religión; cualidades y sentidos que no pertenecen a ningún objeto natural, por lo que se les tiene que imputar un origen sobrenatural, “milagroso, inmediatamente a partir del núcleo y la esencia de la “cosa en sí””18; relacionados por tanto con la interpretación metafísica que reniega y rechaza el mundo sensible, caracterizándolo como aparente e ilusorio frente a la realidad y verdad que ostenta el mundo ideal en el que son ubicadas las cosas más valiosas. Entonces, se piensa que por medio de. 14. BARRIOS Casares, Manuel (1996). “Nietzsche: La Crítica de la Metafísica como Curvatura de la Ilustración”. En: NIETZSCHE, F. Humano, Demasiado Humano. Madrid, Akal. Pág. 14. 15 Íbid., pág. 17. 16 Véase: SCHOPENHAUER, Arthur (1950). El Mundo como Voluntad y Representación. Buenos Aires, Ateneo Editorial. Vol. 2, cap. XVII “De la necesidad metafísica en el hombre”. En donde más precisamente la necesidad metafísica surge del asombro frente a la finitud y el dolor, y se muestra que por medio de la metafísica se trata de dar sentido y explicación a los problemas e interrogantes que surgen a partir de la naturaleza pero que no se pueden explicar desde ella. Además ella aparece como un consuelo y guía de conducta para los hombres, como una justificación de la existencia, como el conocimiento que parte de la esencia: “por metafísica entiendo todo supuesto modo de conocer que va más allá de las posibilidades de la experiencia, es decir, de la Naturaleza o de los fenómenos de las cosas, para dar una solución, cualquiera que sea su sentido, a los problemas de esa naturaleza, o en términos más vulgares, trata de descubrir qué es lo que hay detrás de la naturaleza y qué es lo que la hace posible”. Pág. 181. 17 HdH., I, § 16: la cosa en sí, que siempre suele considerarse como la razón suficiente del fenómeno. 18 HdH., I, § 1. 9.

(10) esos sentimientos –de la moral, del arte y de la religión- se puede acceder a la esencia real del mundo. Así pues, la metafísica cree ser poseedora del baluarte de la humanidad, cree que tiene acceso a la verdad absoluta, cree que puede llegar a conocer el fin y sentido último de la vida humana, que además es el de toda la realidad. En ella, el hombre niega la finitud y caducidad de la vida dándole un significado infinito y eterno, además encuentra “significado en cosas que encontraba desagradables o despreciables”19, “con la remisión a un trasmundo metafísico de cosas fijas, eternas e inmutables se pretendía escapar al vértigo de un mundo sentido inicialmente como puro devenir caótico de acontecimientos”20. Cree que “con sentimientos profundos se profundiza en lo interno, se aproxima uno al corazón de la naturaleza”21 y accede a la verdad, a la esencia eterna e inmutable, a la verdadera realidad; cree que tiene la clave que permite comprender el mundo: la cosa en sí que es fundamento y explicación del fenómeno. De este modo, el hombre se estima superior en alto grado con respecto a los demás animales, pues además de conocer la esencia, es el centro y fin de la realidad. Es él quien posee los sentimientos más sublimes y bellos, que lo colocan en una posición privilegiada: cerca del ideal, de la perfección y de Dios. Los grandes presupuestos de la moral tradicional, la religión y el arte descansan sobre una concepción metafísica del mundo. Cada una de estas visiones y creencias, desde su óptica tradicional, junto con los sentimientos que de ellas provienen, tienen un nexo directo con la manera metafísica de abordar y comprender el mundo. Nacieron como soluciones, remedios y modos de satisfacción de la necesidad metafísica del hombre, como paliativos de la existencia. Todas se relacionan con la metafísica, pretenden llegar al mismo fin pero por caminos diferentes. Nietzsche las considera como distintas variedades de mentira metafísica22.. 1.1.1. El Arte Por su parte, la relación del arte23 con la metafísica radica, para Nietzsche, en primera instancia, en que es considerado un “medio privilegiado de acceso a la esencia más íntima de 19. HdH., I, § 17. BARRIOS, Manuel. Op. cit., Pág. 17. 21 HdH., I, § 15. 22 BARRIOS, Manuel. Op. cit., pág. 13 23 El arte que aquí se describe pertenece al romanticismo de la filosofía pesimista, que, según Nietzsche, se expresa en la música de Wagner (y en la filosofía de Schopenhauer). Postura que en el Nacimiento de la 20. 10.

(11) lo real”24. Como diría Schopenhauer, el artista cree plasmar en su obra la esencia real del mundo, capta y expresa los arquetipos, los modelos del mundo sensible (las ideas platónicas) que pertenecen al mundo metafísico. De otro lado, el arte aparece como medio de alivio frente a lo penoso y desagradable de la existencia. En efecto, el arte trabaja sobre presupuestos metafísicos, a partir de los cuales construye su propio aparato, presupuestos a los que, por su eficacia, no quiere renunciar, tales como: “a lo fantástico, mítico, inseguro, extremo, (...) a lo simbólico, a la sobreestimación de la persona, a la creencia en algo milagroso del genio”25. Se presenta como una forma particular de dar solución a la necesidad metafísica, encontrándole un significado sublime, profundo, bello, perfecto, superior a la existencia, significado que es comprendido y expresado por medio de la obra. Ésta recibe un valor tan alto, gracias a que se le imputa un origen milagroso, súbito, repentino, que no parece provenir del mundo fenoménico, sino del mundo de la esencia de éste, del mundo de la cosa en-sí. Entonces el artista aparece como producto de un extraño azar, de una circunstancia milagrosa, de “una gracia de lo alto”26, por lo que se le estima y valora en gran medida; aparece como un genio, como poseedor de la “intuición”, “con lo cual se les atribuye una especie de anteojo milagroso con el que ven directamente en la esencia”27. De esta manera, el artista está muy cerca del mundo real, su mundo de ensueño está por encima de la naturaleza, pues posee los modelos uniformes, los tipos y arquetipos de ésta. El artista, llámese pintor, escultor o escritor, cree que expresa la idea del hombre, que la naturaleza lo ha inspirado para expresar sus modelos. Estos personajes son admirados y sobreestimados como “espíritus grandes, superiores, fecundos”, “de origen suprahumano y poseerían ciertas milagrosas facultades por medio de las cuales adquieren sus conocimientos por una vía enteramente distinta a la de los demás hombres”28, tienen una capacidad superior para acceder a la esencia, a la verdad de la apariencia, son genios que gracias a su intuición e inspiración creen poder comunicar, a través de su obra, “algo definitivo y decisivo sobre el hombre y el mundo”29. Por ejemplo, se cree que la música por medio de su simbolismo de las formas habla directamente a lo interior y proviene de lo interior, de lo profundo, de la cosa en-sí del mundo; ella se pregunta por el Tragedia fue adoptada por Nietzsche, y que, luego, fue criticada fuertemente en HdH., A. y CJ. Véase CJ., § 370. 24 BARRIOS, Manuel. Op. Cit., pág. 13 25 HdH., I, § 146. 26 HdH., I, § 162. 27 HdH., I, § 162, 28 HdH., I, § 164.. 11.

(12) significado, busca la razón del mundo y entonces expresa lo sublime, misterioso y bello de la existencia, a lo cual se liga la felicidad. Entonces el arte resulta como un alivio de la existencia, como una forma de engrandecimiento y valoración de la vida humana, como uno de los caminos a través de los cuales el hombre se acerca a la esencia y conoce lo perfecto, lo sublime y bello, lo que le da razón para confiar y creer en un mundo que no es sólo dolor, finitud y caos, sino que también es eterno, ordenado, unitario e imperecedero en su esencia, en el que lo bello está cerca de la felicidad, pues irradia el resplandor del mundo inteligible. Para aliviar la vida de los hombres, los poetas “o bien apartan la mirada del penoso presente o bien le procuran al presente colores nuevos mediante una luz que hacen irradiar del pasado”30, funcionan como puentes hacia tiempos, ideas y religiones remotísimas. Por medio del arte el hombre se siente cerca del cielo, de Dios, de la vida eterna y plácida. Gracias al arte la miseria se convierte en goce, “la obra del artista se convierte en la imagen de lo eternamente persistente”31, el mundo se muestra cargado de sentidos y significados “en relación con un orden de cosas superior”32, bello y sublime. Sin la fantasía y la fabulación propias del arte, “¡qué áspera y cruel aparece entonces la vida!”33. La concepción artística también está conectada con la religión, puesto que cree en dioses y demonios, en la animación de la naturaleza, y más aún, debido a que conecta sus formas de alivio de la existencia con usos de religiones pasadas, y a que “asume una gran cantidad de sentimientos y disposiciones generados por la religión”34.. 1.1.2. La Religión La estrecha relación que existe –para Nietzsche- entre arte y religión está basada, naturalmente, en el lastre metafísico que ambas conllevan. Más exactamente la religión a la que Nietzsche se refiere es al cristianismo, por ser reconocida como la religión predominante en Europa y porque “o cristianismo é um dos grandes responsáveis de falsear o sentido do natural, seus concietos rejeitam o mundo”35. De igual modo que el arte, la religión surge como 29. Íbid. § 164 HdH., I, § 148. 31 HdH., I, § 222. 32 HdH., I, § 218. 33 HdH., I, § 154. 34 HdH., I, § 150 35 DE BARRENECHAEA, Miguel Angel (2000). Nietzsche e a liberdade. Río de Janeiro, 7 Letras. Pág. 28. “El cristianismo es uno de los grandes responsables de falsear el sentido de lo natural, sus conceptos rechazan el mundo”. 30. 12.

(13) una forma de solución a la necesidad metafísica, pero, obviamente, por medios diferentes a los de aquella. Surge como un modo especial, para un grupo muy especial: la plebe, el pueblo. Para Schopenhauer, “las religiones destinadas a la multitud innúmera de los incapaces de examen y de reflexión no comprenderán jamás, sensu propio, las más profundas verdades, no tienen necesidad de ser verdaderas más que sensu allegorico”36. Partiendo de Schopenhauer, expresa Nietzsche: “Las religiones deben por consiguiente (...) expresar sensu allegorico, en atención al entendimiento de la masa, esa prístina sabiduría que es la sabiduría en sí”37. Se trata entonces de la solución metafísica para los menos doctos, para las inteligencias vulgares y débiles, a quienes el misterio del universo no se les puede revelar tal y como es, pues sobrepasa sus capacidades de comprensión, por lo que se tienen que usar otros medios, se tiene que colorear, mistificar y acomodar la verdad por medio de alegorías, de símbolos y figuras que la representen, de tal modo que resulte comprensible para el pueblo. Mientras la filosofía metafísica proviene de la reflexión, del pensamiento y de la comprensión directa de la verdad, la religión aparece como una forma de expresar la esencia del mundo que no da pruebas ni demostraciones, que no va directamente a la cosa en-sí, sino que se vale de explicaciones fantásticas, de mediaciones, de historias, de mitos accesibles para todos (pero que al final olvida su origen alegórico y se presenta como verdad directa); lo cual no afecta el resultado que se busca, pues igual que las otras formas de metafísica, cumple con su propósito de dar consuelo y justificación de la existencia dolorosa. La religión se vale del mito, de la mistificación de la realidad, dentro de ella no existe la noción de proceso natural, todo surge milagrosamente, arbitrariamente, por obra de Dios. El consuelo que suministra se basa en la postulación de la creencia en la posibilidad de una vida eterna y bienaventurada junto al creador, de la creencia en la posibilidad de acceder a la perfección, a la salvación, al ideal divino. Ideal al que se puede llegar partiendo de las normas y guías de conducta que propone la religión, a las cuales se les imputa un origen divino. Son el mandamiento de Dios a través del cual se aleja el pecado y se consigue la gracia y la salvación de nuestra alma condenada en principio al dolor eterno. Pero la inmortalidad no sólo se le da al hombre bueno, es decir, al que cumple con el precepto divino, sino también al malvado. El primero, en tanto redimido, salvado, perdonado, tiene la posibilidad de una vida eterna celestial, divina, mientras que el segundo como castigo por sus pecados (por no 36 37. SCHOPENHAUER, A., op. cit., pág. 183. HdH., I, § 110. 13.

(14) cumplir el mandamiento divino) recibe una eternidad infernal, dolorosa, llena de suplicios y sufrimientos eternos. Para la religión, existe el juicio final en el que Dios castigará o premiará a los hombres de acuerdo con sus actos, de acuerdo con su vida. La religión tiene como presupuesto la división entre alma y cuerpo, entre natural y sobrenatural, entre el bien y el mal38. A todo cuerpo le corresponde un espíritu o alma. Así, la vida eterna se da después de la muerte corporal, en donde lo que pervive es el alma. Lo natural se califica como malo, por eso el cuerpo, en tanto natural, es despreciado: “las inclinaciones e instintos de los hombres son malvados”39. El santo, el asceta lucha contra las pasiones, necesidades y apetitos, pues todos ellos conducen al pecado, a la falta contra Dios; se flagela, martiriza y autodesprecia para conseguir la salvación de su alma, para ser redimido del pecado, para acercarse al ideal divino de altruismo, amor incondicional, bondad y perfección. El santo considera que tiene una parte divina y una diabólica, un enemigo interior contra el que debe luchar. Además tiene visiones por medio de las cuales le es revelada la verdad divina. Verdad que aunque puede resultar fuerte y difícil para unos –para los pecadores-, para otros –para los que siguen las leyes divinas- resulta siendo consoladora y congratulante. Para los que actuaron bien, para quienes se acercaron a Dios y acataron sus normas, el horizonte resulta maravilloso, lleno de recompensas y congratulaciones. Dios es el garante de que en el mundo de la esencia, lo ideal y lo real están unidos, pues Él es esa misma unión; esto significa que, en Dios los ideales se hacen efectivos, en Él se da la justicia plena, la bondad absoluta, la belleza, la perfección, etc. Los presupuestos que subyacen a esta creencia son los de la libertad incondicional y absoluta de Dios para disponer del mundo, el de su bondad y justicia, también absolutas, para disponer de tal forma que todo acabe “sucediendo como era conveniente que sucediera, sin que haya motivos para rechazar la vida o para quejarse de ella”40; además existe el presupuesto de la libertad humana, en tanto que el hombre puede decidir llevar su vida o no de acuerdo con los parámetros divinos, razón por la que puede ser castigado o recompensado. Aunque, para la religión, la libertad de Dios sobrepasa enormemente la libertad humana, pues habrá recompensa y justicia en el reino de Dios, pero esto no depende finalmente de la voluntad humana, sino de la voluntad divina.. 38. CJ., § 259: “El bien y el mal son los prejuicios de Dios”. CJ., § 294. 40 A., § 92. 39. 14.

(15) 1.1.3. La Moral Como ya se dijo, moral, religión y arte están íntimamente relacionadas. Pero, la relación de la religión con la moral es todavía más estrecha, aunque en algunos respectos va en un solo sentido, es decir, para algunos efectos, la religión conlleva una moral, mientras que la moral puede darse sin religión. “Aquel cuya fe vacila, admite, sin embargo, “la moral” como si ésta fuese algo obvio”41. En otros términos, “la moral es la continuación de la religión pero con otros medios”42. Por esta conexión es que la crítica de Nietzsche es todavía más extensa y profunda cuando se refiere propiamente a la moral, ya que al cuestionar la moral tradicional, a su vez se cuestiona la moral propia de la religión, del cristianismo: “o juízo moral é equiparado ao juízo religioso, ambos são idênticos na sua origem, correspondem a meros símbolos, representan meras imaginações ou ficções”43. Con la crítica de la moral Nietzsche pondrá en la mesa de disección todas las creencias y presupuestos sobre los que se ha asentado la tradición filosófica y religiosa de occidente, presupuestos que se consideran indiscutible e incuestionablemente válidos. La moral que Nietzsche va a poner en cuestión es la que se vale de presupuestos metafísicos, la que parte de la creencia en un “deber ser” que tiene validez universal, en un ideal incondicionado que pertenece a un mundo inteligible que, a su vez, regiría al mundo fenoménico: “si la moral es incondicionada, sus exigencias regirán de modo absoluto”44. Pero, la moral y sus máximas no pertenecen a este mundo de apariencia, sino al de la esencia, al de lo en-sí, “los juicios morales pasan de largo ante la realidad y, de esta manera, nos seducen: nos convierten a nosotros mismos en seres irreales y falsos”45, parten de la contraposición metafísica entre lo que es y lo que debe ser (el ideal). Aquí se acoge el imperativo categórico, es decir, aquel en que “el mandato no está puesto bajo ninguna condición. (...) impera, como dice Kant, incondicionalmente, absolutamente (...) sin limitaciones”46. De este modo, las exigencias morales, no parten de ninguna condición, no se basan en la consideración del provecho o perjuicio, sino que son consumadas porque así era debido, sin explicación, condición o justificación. Para la religión, la exigencia, la guía de conducta estaba fundada en 41. JASPERS, Karl (1963). Nietzsche. Buenos Aires, Editorial Sudamericana. Libro segundo, cap. I, pág. 214. DELEUZE, Gilles (1986). Nietzsche y la Filosofía. Editorial Anagrama, Barcelona. Pág. 138. 43 DE BARRENECHAEA, M., Op, cit. Pág. 23: “el juicio moral es equiparado con el juicio religioso, ambos son idénticos en su orígen, corresponden a meros símbolos, representan meras imaginaciones o ficciones”. 44 JASPERS, K., op. cit., pág 219. 45 JASPERS, K., op. cit. Pág. 220. 46 GARCÍA MORENTE, Manuel. Lecciones Preliminares de Filosofía. Bogotá, Ediciones nacionales. Pág. 318. 42. 15.

(16) Dios, sólo Él sabe qué es bueno o malo. Mientras que “la moral se funda sobre sí misma, en tanto facultad de la razón”47, se condiciona sólo por sí misma, se da su propia exigencia que vale para todo ser racional (es decir, tiene una validez universal) y que mide el mundo real, por lo que su “contenido no se puede hallar ni oír, como un hecho empírico, sino como hecho inteligible”48, ya que, dentro del mundo natural, siempre se está sometido a una condición fáctica que piensa en el provecho y la utilidad, lo real está condicionado, es lo no-moral, lo que carece de valor, lo que no debe ser. Así, la moral va más allá de la realidad y representa la verdad y el valor de ésta. Los sentimientos y acciones propios de ella, no están condicionados por nada, son en sí y por sí mismos valiosos, sus preceptos son universalmente válidos. Si en la religión la necesidad metafísica era satisfecha por medio de la creencia en la posibilidad de una vida eterna y celestial (por contraposición a la vida finita y desgraciada del mundo natural), y estaba garantizada por medio de Dios; en la moral, dicha necesidad se satisface por medio de la creencia en la posibilidad de alcanzar el mundo de nuestro deseo – que trasciende al fenoménico-, en el que el ser y el deber se unen, en donde se alcanzaría la verdadera felicidad. Y esto se cree lograr a través del acatamiento de sus normas, puesto que ellas buscan acercarnos a la virtud, la que, a su vez, conducirá al mundo de las formas. La garantía de esto, se encuentra, para el moralista, en su propia razón absoluta e incondicionada. El puesto que ocupa Dios en la religión lo va a venir a ocupar la razón en la moral. Aquí la razón es la sustancia universal común a todos los hombres. Así pues, el hombre moral cree estar más cerca del mundo inteligible, de la verdad, de la esencia del fenómeno. Por medio de la ley moral cree poder acceder al deber ser, al ideal del mundo que todos compartimos y que no está condicionado por nada. Aquí, al igual que en la religión, se parte de la distinción entre alma y cuerpo, en donde la primera tiene una cabal preeminencia frente al segundo, pues ella está más cerca de la esencia, mientras que el cuerpo pertenece al mundo natural, de las condiciones, de la causalidad. La naturaleza es despreciada porque aleja el ideal, porque nos presenta un mundo desvalorizado, condicionado y relativo; lo real “no puede subsistir frente al criterio de lo moral: por eso, a partir de esa norma, es juzgado como lo absolutamente inmoral, por tanto, como lo no valioso, como lo que no debe ser”49. Entonces, el hombre, en tanto moral, está por encima de la naturaleza, es superior a. 47. JASPERS, K. Op. cit., pág. 218. Íbid., pág. 219. 49 JASPERS, K. Op, cit. Pág. 222. 48. 16.

(17) todos los demás seres debido a su capacidad racional (que además es la capacidad de acceso a la esencia ideal), más aún, es quien mide y valora las cosas, el juez del mundo, que siempre sabe cómo actuar, pues posee la conciencia moral, “la voz de Dios en el corazón del hombre”50. Por medio de la conciencia moral el hombre siempre sabe lo que tiene que hacer, ella es la conciencia del deber que se enfrenta al ser real: “la conciencia moral contiene dentro de sí un cierto número de principios, en virtud de los cuales los hombres rigen su vida (...) y, por otra parte, tienen en ellos una base para formular juicios morales acerca de sí mismos y de cuanto les rodea”51. Es decir, esta conciencia además de dictar el modo de acción, permite valorar, puesto que tiene acceso a las ideas, a las formas puras, por lo que puede distinguir entre el bien y el mal, entre lo moral y lo inmoral. Cualidades que sólo pueden ser relativas al hombre, pues las demás cosas del mundo, al estar regidas por la causalidad, no pueden recibir ninguna clase de valoración. A pesar de que el hombre posee la conciencia del deber –de lo bello, de lo bueno, de lo verdadero-, no siempre actúa en concordancia con ella, en principio, porque el ideal no se puede realizar cabalmente en el mundo natural, y, luego, porque la mayoría de los hombres realizan sus acciones sujetos a una condición, actúan de forma relativa, considerando los perjuicios y los beneficios personales. Por esta razón, es que son considerados los “actos de moralidad milagros, puesto que, según la expresión de Schopenhauer, son “imposibles y, sin embargo, reales””52. Es decir, se realizan en la realidad, a pesar de que provienen de leyes ideales. Los verdaderos actos morales son excepciones dentro del actuar humano, un ejemplo de estos actos son los llamados altruistas, en donde, como por un milagro, se actúa sin pensar en sí mismo, sino sólo considerando el deber, que en este caso consiste en promover y procurar el bienestar ajeno: Por ejemplo, en Aurora, “el hombre que realiza actos sociales bajo los impulsos de simpatía, del desinterés particular y del interés general” es “considerado el hombre moral por excelencia”53. Para la moral, lo primordial es la colectividad, la sociedad, “el rebaño”. La felicidad que promueve la moral (tradicional proveniente del cristianismo) está basada en ser “un instrumento útil para la sociedad”, por eso los sentimientos54 de altruismo, simpatía y compasión son los impulsores más importantes para la moral. De este 50. HdH., II, El caminante y su sombra, § 52. GARCIA Morente, M. Op. cit., pág. 315. 52 HdH., I, § 57. 53 A., § 132. 51. 17.

(18) modo, “únicamente son morales las acciones realizadas a favor del prójimo, y sólo en su beneficio”55. Ahora bien, el único ser dentro de la naturaleza que realmente tiene capacidad de acción es el hombre, puesto que, además de pertenecer al mundo fenoménico por medio de su cuerpo, pertenece al mundo inteligible en tanto alma, razón inteligible o espíritu. Para actuar se necesita una voluntad, una voluntad libre, esto es: una voluntad que no esté regida por las leyes de la necesidad ni de la causalidad, propias del fenómeno. Si el hombre fuera como los demás seres o cosas, es decir, si sólo perteneciera a la naturaleza, no podría hablarse de moral, pues no cabría la posibilidad de acceder al mundo metafísico, y, en consecuencia, el hombre, al igual que todas las demás cosas de la naturaleza estaría regido por la necesidad, la cual indica que todo es como tiene que ser, que las cosas no pueden ni ser, ni haber sido de otra manera. La moral es cosa de hombres, “los calificativos morales no pueden predicarse de las cosas, que son indiferentes al bien y al mal; sólo pueden predicarse del hombre, de la persona humana”56. Sería ridículo calificar, juzgar como bueno o malo a un animal, a un fenómeno natural, a una cosa inanimada. Como Nietzsche mismo afirma, “No nos quejamos de la naturaleza por inmoral cuando nos envía una tormenta y nos empapa: ¿por qué llamamos inmoral al hombre pernicioso? Porque aquí suponemos un albedrío que opera arbitrariamente, libre; allí, necesidad”57. Sólo el hombre tiene deseos, aspiraciones, sólo él actúa conforme a fin, de acuerdo con motivaciones58 anteriores a la consumación del acto, sólo él posee razón inteligible, y, según Kant: “la razón es, pues, la condición permanente de todos los actos voluntarios en que se manifiesta el hombre”59. Sólo él puede o no actuar movido por su conciencia moral, es decir, sólo él tiene la capacidad de realizar un acto considerando razones altruistas (morales) o razones egoístas (inmorales). Por lo tanto, los calificativos morales sólo son propios de una conducta humana basada en la libertad de acción, en “la potestad de obrar por reflexión y elección”60, basada –como fue dicho- en la libertad de la voluntad.. 54. Los sentimientos son, para Nietzsche, inclinaciones o aversiones que encubren juicios y valoraciones. Véase A., § 35. 55 A., § 148. 56 GARCÍA M., M. Op. cit., pág. 316. 57 HdH., I, § 102. 58 Véase A., § 102, en donde los juicios morales “son verdaderamente los motivos de los actos (...) los que impulsan a los hombres a sus acciones morales”. 59 KANT, Immanuel (2000). Crítica de la Razón Pura. Madrid, Los clásicos Alfaguara. A 553 B 581, pág. 476. 60 Real Academia Española (1992). Diccionario de la Lengua Española. Madrid, Vigésima primera edición. Tomo I, pág. 83. 18.

(19) Por estas razones, no sólo los sentimientos altruistas son los más predominantes dentro de la moral, sino que también los sentimientos “en virtud de los cuales hacemos a alguien responsable”, poseen una importancia radical para la moral tradicional que Nietzsche critica: “sólo son morales las acciones que realizamos bajo la libertad de la voluntad”61. Bajo la doctrina de la moral se encuentra la libertad, pues de su existencia depende toda valoración, todo elogio y censura. Aquí se puede hacer responsable y culpable a alguien, puesto que se supone que está bajo la discreción humana realizar o no un acto, cumplir o no cumplir con las leyes morales, “naturalmente, causar daño inintencionadamente no es inmoral, aquí rige el azar”62. Porque se cree en la libertad, se censura a quienes, a pesar de conocer los preceptos morales, actúan movidos por intereses ajenos a la moral, y se elogia a quienes realizan una acción de acuerdo con el deber ser, con el ideal moral. Además, sólo se habla de deber cuando se piensa que las cosas pueden ser o haber sido diferentes de cómo son, el “deber expresa un acto posible cuyo fundamento no es otra cosa que un mero concepto”63, de modo que la presuposición del deber contradice la necesidad natural. Por esta razón es que la naturaleza no puede ser juzgada moralmente, porque no actúa conforme con las máximas morales, pero no por desconocimiento o negación de ellas, sino porque no posee una facultad que le permita decidir sobre su actuar, ella está determinada y condicionada. Para que existan acciones morales, para que pueda predicarse de una acción bondad o maldad, para que pueda elogiársela o vituperársela, el hombre debe poseer una voluntad, independiente del mundo natural y su necesidad, una voluntad libre, debe existir un “deseo consciente que lleva al hombre a realizar determinadas acciones"64, por medio del cual se le pueda hacer responsable de sus acciones, y entonces se las pueda valorar moralmente como buenas o malas.. 1. 2. Libertad Metafísica o Libertad de la Voluntad Así pues, la libertad es uno de los presupuestos básicos de toda moral y religión de tendencia metafísica. Como dice García Morente, en Kant65, la libertad de la voluntad es una condición. 61. A., § 148. HdH., I, § 104 63 KANT, I, op. cit., B 575, pág. 472. 64 ROSENTAL, M., y IUDIN, P., Diccionario Filosófico, Bogotá, Ediciones Nacionales. Pág. 484. 65 Considérese que Nietzsche critica la moral kantiana, como una de las morales tradicionales que se basan en presupuestos falsos: “la vieja moral, sobretodo la de Kant, exige del individuo los actos que se deseen de todos los hombres: hermosa ingenuidad era ésa” (HdH I., § 25) 62. 19.

(20) de posibilidad de la conciencia moral66. Si el hombre no se considera libre, no puede haber ningún tipo de valoración, no se puede elogiar ni mucho menos castigar ninguna acción humana. La moral que se cimienta sobre supuestos metafísicos, depende de la existencia de una voluntad libre, de un libre albedrío “como posibilidad de proceder según expresión de la voluntad no determinada por las condiciones exteriores. (...) tan sólo la libertad no sujeta a limitación ni a condición alguna se presenta como única base de la responsabilidad del hombre y, por consiguiente, de la ética”67. El reino de las ideas es considerado el reino de la libertad68. Por medio de la libertad el hombre accede a su esencia infinita e incondicionada, la libertad pertenece a nuestra esencia, por medio de ella (en tanto facultad moral) nos podemos poner en contacto con el mundo inteligible. Gracias a ella nos distanciamos de la naturaleza y nos acercamos al mundo ideal. Presupone una división del mundo y del hombre en dos instancias paralelas: fenómenonouméno, cuerpo-alma, “el hombre es, pues, Fenómeno, por una parte, y, por otra, esto es, en relación con ciertas facultades, objeto meramente inteligible, ya que su acción no puede en absoluto ser incluida en la receptividad de la sensibilidad”69.. La valoración y la moral. pertenecen a otra dimensión, al trasmundo metafísico. La libertad conecta los dos mundos, además conduce a postular la inmortalidad del alma y la existencia de Dios, puesto que si existe un más allá de donde provienen las máximas morales, si existe un mundo eterno, absoluto e incondiciondado, y, además, si el hombre (por encima de los demás seres y cosas) constata que una parte de sí pertenece a él, esto lleva a afirmar que el hombre posee un alma, un espíritu, que se distingue y se puede separar del cuerpo en tanto que no está sujeto a las leyes de éste, pero, más aún, se establece que en ese mundo sin condiciones debe estar Dios. “Si nuestro yo, como persona moral, no está sujeto al espacio, tiempo y categorías (...) el tiempo no existe aquí, es una forma aplicable a fenómenos”70, entonces nuestra alma, nuestra conciencia es ajena al espacio y al tiempo del mundo natural, por esto, en tanto diferente del cuerpo, es eterna. La libertad es una de las pruebas de la existencia del alma, en razón de que ella es ajena a las leyes naturales, ella no está sujeta a las condiciones de la vida, “el hombre 66. GARCÍA Morente, Manuel., Op. cit., Lección XX, cap. 8, pág. 322: “una primera condición de la posibilidad de la conciencia moral es que postulemos la libertad de la voluntad” 67 ROSENTAL-IUDIN, Op. cit., pág. 274. 68 A., §125: “frente al reino de la acción, de la volición y de la vida, el reino de las ideas aparezca como el reino de la libertad”. 69 KANT, Immanuel. Crítica de la Razón Pura. Madrid: Alfaguara, 1998. 70 GARCÍA Morente, Op., cit., pág. 324. 20.

(21) es libre en el mundo de la ausencia de libertad”71; así, la libertad es una facultad de la conciencia moral y la conciencia hace parte del alma. Por medio de la volición libre, el hombre puede dominar y manejar la experiencia fenoménica, puede actuar movido por sus propias leyes, ó sea por las leyes morales que son universales y eternas: valen para toda acción u omisión humana en cualquier tiempo y situación. En el mundo inteligible se realizan todos los ideales del hombre, la garantía de esto es Dios, en tanto ser perfecto y bueno. La unión de lo real con lo ideal es Dios, su existencia es “el aseguramiento de que en este mundo no hay separación o diferenciación entre lo que yo quisiera ser y lo que soy, entre lo que mi conciencia moral quiere que yo sea y lo que la flaqueza humana en el campo de lo fenoménico hace que sea”72. La libertad de la voluntad se fundamenta en la creencia en la metafísica, ya que por medio de la libertad se abre la puerta del mundo inteligible, que es al ámbito propio del alma inmortal y de Dios. Consiguientemente, para la moral, dicha creencia cobra un gran valor, ya que por medio de ella se puede hacer responsables a los hombres de sus acciones, y, en adición, calificárselas de buenas o malas. Moralmente, las repercusiones de esta valoración son la censura o el elogio, pero cuando estas apreciaciones se dirigen al terreno de las instituciones humanas, al terreno de la legalidad y de la convivencia, la censura se convierte en castigo y el elogio en recompensa, “cada sociedad, cada individuo, tienen constantemente presente una jerarquía de los bienes según la cual determinan sus actos y juzgan los de los demás”73. La moral al partir de la libertad que hace responsables a los hombres, busca “la conservación y el fomento de la humanidad”. Sus leyes no sólo son normas de conducta individual (para alcanzar el ideal), sino que, también, tienen como propósito la convivencia humana. En razón de esto, se consideran morales las acciones que tienen motivos altruistas y compasivos, motivos que buscan el bienestar ajeno, el bienestar de toda la comunidad por encima del bienestar individual. De este modo, las acciones moralmente “malas” deben ser castigadas, mientras que las “buenas” deben ser recompensadas. Además, bajo la presunción de la libertad, ya sea que al transgredir la ley moral se afecte o no a otros, en la conciencia humana, se dan los sentimientos de culpa y arrepentimiento. A partir de la desazón que produce un acto que va contra la moral, a partir del sentimiento de que “el acto no habría debido. 71. HdH., II, el caminante y su sombra, § 12. GARCÍA MORENTE, Pág.. 325. 73 HdH., I, §107. 72. 21.

(22) producirse necesariamente”74, se infiere que somos responsables por nuestras acciones o por nuestro ser o por los motivos o por los efectos de los actos. Entonces nos sentimos culpables y arrepentidos por nuestra inmoralidad. La presunción de la libertad conlleva a hacer responsables a los hombres, ya sea por los motivos, por las acciones, por las consecuencias o por el ser mismo; al partir de la responsabilidad, se puede elogiar o vituperar, cuando se cree que existe una voluntad libre que produce las acciones, el hombre siente malestar o bienestar frente a su proceder, se cree merecedor de un castigo o recompensa según sea el caso, pues, aunque era su deber acatar las normas morales o las normas de convivencia, sin embargo, hubiera podido actuar de otro modo, él era quien decidía qué camino tomar. Si se es libre, se es culpable por las violaciones de la norma moral y los delitos legales (que se supone surgen de ésta), entonces, se debe responder por las acciones y sus consecuencias, se está en la obligación de reparar los errores y, consiguientemente, de ser recompensado por actuar como era debido. Así pues, el hombre gracias a la libertad se opone a la necesidad del mundo, “el hombre es libre en el mundo de la ausencia de libertad, el eterno taumaturgo, sea que actúe bien o mal, la asombrosa excepción, el superanimal, el cuasidiós, el sentido de la creación, lo que no puede pensarse ausente, la clave del enigma cósmico, el gran soberano de la naturaleza y despreciador de la misma”75. Entonces, el hombre no está sometido a las leyes de la naturaleza, sino que es autónomo, actúa conforme a sus deseos, a sus propios fines, a su intencionalidad, se da su propia ley, por medio de su voluntad actúa independientemente de la coacción exterior. Ahora, en tanto el hombre actúa de forma independiente y libre, debe responder por el resultado de sus actos, los demás hombres lo pueden juzgar por sus acciones. Se le juzga y valora, pues además de darse sus propias leyes, tiene la conciencia de las máximas morales, que valen indistintamente para todo hombre. Aquí la libertad consiste en decidir si se actúa o no de acuerdo con la ley moral, que todos conocemos, pero que no todos realizamos en el mundo natural para retornar al mundo inteligible; consiste en “”uma capacidade de escolha para cumprir determinados imperativos”76. Si el hombre actúa inmoralmente, será reprobado, juzgado y castigado; mientras que, si actúa en concordancia con sus deberes, cada vez estará más cerca del mundo ideal. Así, la libertad consiste en el 74. HdH I., § 39. HdH., II, el caminante y su sombra, §12. 76 DE BARRENECHEA, M., op. cit., pág. 14: “Una capacidad de elección para cumplir determinados imperativos”. 75. 22.

(23) “exercício de uma suposta faculdadde ativa, a vontade”77 autónoma que sólo depende de la ley moral. Libertad que es condición para responsabilizar a los hombres por sus acciones, es condición para inculparlos por la transgresión de las leyes morales. Pero, además, es condición para alcanzar la santidad, para regresar al mundo inteligible, en donde se alcanza la salvación y la redención: “Se o homen exercer o seu arbítrio, acatando as ordens divinas, intermediadas pelo sacerdote, poderá “lavar” o seu pecado original, sendo digno da salvação. Nesta interpretação, o exercíso da liberdade teria como meta o regresso ao outro mundo, rejeitando todas as manifestações terrestres que afastam desse caminho”78. De este modo, el sujeto que se considera libre puede acatar las leyes o no, puede pecar, puede contrariar las leyes morales, pero también, puede pagar su culpa, puede saldar la deuda que ocasionó al infringir la ley, para retornar al camino de la redención, el camino hacia el más allá bienaventurado. Por eso, cuando los hombres ponen en peligro la eterna salvación del alma, además de haber delinquido contra los “cánones y ordenamientos humanos”, se da “la desazón del remordimiento de conciencia, el aguijón más agudo en el sentimiento de culpa”79. De este modo, la religión, la moral y la metafísica se asientan sobre la creencia en la libertad de la voluntad, en una libertad que trasciende los límites mundanos para acercar al hombre a su esencia infinita y eterna que se encuentra en el mundo verdadero, en el mundo inteligible; en una libertad que parte de la escisión del mundo en noúmeno y fenómeno (esencia y apariencia), en la creencia en una voluntad autónoma, que no depende de ninguna coacción ni determinación exterior, por lo que se puede responsabilizar al hombre de sus acciones y valorarlas moralmente; en la creencia en una intencionalidad humana y divina; en la convicción de que el sujeto por medio de su voluntad es causa incondicionada y espontánea de sus acciones, que posee “una facultad trascendental de la libertad capaz de iniciar en sentido absoluto un estado y, consiguientemente, una serie de consecuencias del mismo”, en la creencia en que el hombre posee libre arbitrio “ya que la sensibilidad no determina su acción de modo necesario, sino que el hombre goza de la capacidad de determinarse. 77. Íbid, pág., 14: “Ejercicio de una supuesta facultad activa, una voluntad”. Íbid., pág. 34. “Si el hombre ejerce su arbitrio, acatando las órdenes divinas [o morales], intermediadas por el sacerdote, podrá lavar su pecado original, siendo digno de salvación. En esta interpretación, el ejercicio de la libertad tendría como meta el regreso al otro mundo, rechazando todas las manifestaciones terrestres que alejan de ese camino”. 79 HdH., I, § 133. 78. 23.

(24) espontáneamente a sí mismo con independencia de la imposición de los impulsos sensitivos”80.. 2. Filosofía Histórica y Crítica de la Libertad Metafísica. Las características descritas más arriba, representan algunos de los más importantes frentes que Nietzsche ataca, cuestiona y pretende destruir en Humano demasiado Humano, Aurora y Ciencia Jovial. Se trata de objetar y dejar sin pie todo tipo de variante metafísica, trátese de la moral, del arte o del cristianismo. Como afirman la mayoría de intérpretes, el período correspondiente a estas obras, se caracteriza por una fuerte crítica a los antiguos ideales de Nietzsche, a sus ídolos y maestros de juventud: “es indudable que, biográficamente, el segundo período de Nietzsche representa una ruptura, un desgarrón profundo y tal vez irreparable: la separación interna de Wagner y el apartamiento de Schopenhauer, es decir, la despedida de sus héroes de juventud”81, “el abandono definitivo de la amarga metafísica de Schopenhauer (...), la ruptura personal con el músico y mistagogo, Richard Wagner”82. Como el mismo Nietzsche lo afirma, ellos, junto con los griegos y el idealismo alemán, representan una enfermedad contra la que hay que luchar, una visión que fue abrazada en un comienzo, pero de la que ahora él se desliga y se despide rotundamente. Se trata de la despedida de la “ciega voluntad moral de Schopenhauer” y del “romanticismo de Richard Wagner”83, del adiós al pesimismo romántico que cae bajo los encantos de la moral, de la metafísica o de la religión, de “toda música romántica, este arte ambiguo, jactancioso, sofocante, que (...) hace proliferar toda clase de vagos anhelos, esponjosas apetencias”84. Se dedica, entonces, Nietzsche a alejarse, a curarse “a fondo de todo pesimismo (la gangrena de los viejos idealistas y héroes de la mentira, como es sabido)”85, de todo consuelo metafísico, desligándose de lo más querido, de “todo lo de antiguo venerado y digno”86, sospechando de todo lo tradicional, de todo lo que siempre se ha considerado incuestionable, sospechando de la moral y sus sentimientos, de la religión y del arte. Pero, para criticar, para cuestionar y 80. KANT, I. Op. cit., pág. 464. FINK, Eugen (1976). La filosofía de Nietzsche. Madrid, Alianza. Pág. 50 82 BARRIOS C., M. Op. cit., pág. 7. 83 HdH., I, prefacio, § 1. 84 HdH., II, prefacio, § 3. 85 HdH., I, prefacio, § 5. 86 HdH., I, prefacio, § 3. 81. 24.

(25) destruir todo indicio y variante de una visión metafísica del mundo, Nietzsche se vale87 del análisis histórico y genealógico, contrapone su filosofía, esto es, la filosofía histórica (“que en absoluto puede ya pensarse separada de la ciencia natural”88) a la filosofía metafísica. Nietzsche se vale de la ciencia para escudriñar, para indagar sobre los motivos, pretensiones y prejuicios que se esconden tras la moral, el arte y la religión. Lo que se pretende es demostrar que detrás de todo eso que hasta ahora se ha considerado verdadero, eterno, absoluto, incondicionado, incuestionable, sublime, valioso, etc, se esconden costumbres, prejuicios, motivos y creencias que se han incorporado en la humanidad a través de complejos procesos históricos, que con el pasar del tiempo terminan siendo olvidados. Todo lo que ha sido estimado como lo más valioso, los sentimientos morales, lo que cree conocer el corazón del mundo, no es más que una falaz ilusión, no son más que embustes y mentiras que el mismo hombre se ha inventado para resistir la angustia y el dolor de la existencia. Esto se demuestra por medio del análisis histórico, por medio “del preguntar y del investigar crítico” de la ciencia, la cual “significa esencialmente para Nietzsche crítica (...) de la filosofía, de la religión, del arte y de la moral transmitidos. La ciencia no significa, pues, para él la investigación de un ámbito de lo real, sino la demostración del carácter ilusorio de aquellas actitudes humanas que en su primer período Nietzsche consideraba como los accesos originarios y verdaderos a la esencia del mundo”89. Entonces, vale la pena aclarar, concordando con Fink, que la ciencia que Nietzsche utiliza para contrariar a la moral, la religión y el arte, no es ninguna de las ciencias positivas, no se trata de la ciencia clásica que de manera similar a la metafísica promulga una validez y verdad universal, y que estudia, indaga alrededor de los fenómenos naturales. No se trata de cambiar una propuesta o modelo por otro, sino que lo se hace es valerse de métodos que se consideran propios de aquella para acabar con la moral, la metafísica y la religión. La ciencia representa un momento de transición, no es la meta final, ni el modelo al que Nietzsche se apegará luego de ganar la batalla contra la metafísica. Para Barrios, “Nietzsche apela ahora a la ciencia: en virtud de su valor metodológico, como un procedimiento explicativo más riguroso que el que es propio de las explicaciones metafísicas, con su recurso a hechos y verdades eternos; mas, al mismo tiempo, en virtud de su valor histórico-cultural, como aquel tipo de actividad cognoscitiva que. 87. En HdH., A. y CJ. HdH., I, § 1. 89 FINK, E., op. cit., pág. 54. 88. 25.

(26) mejor sintoniza con un tipo de civilización más abierta (...) consciente del carácter experimental de la existencia”90. De este modo, Nietzsche pretende hacer “una química de las representaciones y los sentimientos morales, religiosos, estéticos”91, pretende ir hacia al origen, pretende analizar las condiciones históricas y lingüísticas en las que surgen los conceptos que posteriormente se convierten en sentimientos, se busca describir el nacimiento de la religión, del arte y de la moral. “(...) entonces es necesario un movimiento regresivo: en tales representaciones debe comprender la justificación histórica y también la psicológica”92. Además del análisis histórico, se busca hacer una observación psicológica, una “reflexión sobre lo humano, demasiado humano”93, un análisis de las acciones humanas, se busca “rastrear escépticamente los motivos de sus actos”94. La intención de Nietzsche es mostrar que a la zaga de la supuesta unidad de los sentimientos, las acciones y los juicios humanos, se hallan una multiplicidad de motivos, instintos, impulsos y fuerzas desconocidos y ocultos para el hombre mismo; para llegar a esto se necesita de la investigación minuciosa, detallada y particularizada (que proporciona el método histórico-científico) de las condiciones históricas, genealógicas, lingüísticas, culturales y religiosas que propiciaron su nacimiento. Así, Nietzsche pretende romper las cadenas de la tradición metafísica, que durante tanto tiempo han coaccionado y dirigido el camino de la humanidad.. 2.1. Critica de la Metafísica De esta manera, Nietzsche critica, cuestiona, pone bajo los “escalpelos y pinzas” de la mesa de disección psicológica95 los sentimientos morales y religiosos. Estos sentimientos son vinculados siempre con una interpretación metafísica del mundo, lo que Nietzsche busca, es darles una explicación histórica, para desligarlos de toda la significación trasmundana que han poseído: “tan pronto como la religión, el arte y la moral son descritos en su nacimiento de tal modo que cabe explicárselos completamente sin acudir a la hipótesis de cuñas metafísicas al comienzo y en el curso del trayecto, cesa el acentuadísimo interés por el problema puramente. 90. BARRIOS C., M., op. cit., pág. 13 HdH., I, § 1. 92 HdH., I, § 20. 93 HdH., I, § 35. 94 HdH., I, § 36. 95 HdH., I, § 37. 91. 26.

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