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Diego Silva-La Contrucción del Enemigo

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LA CONSTRUCCIÓN DEL ENEMIGO

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APUNTESPARAUNENSAYO SOBREADOLESCENTES

,

EXCLUSIONES EINFRACCIONES

Diego Silva Balerio(2) - Luis Pedernera (3)

“Somos inmortales, durante nuestro principio somos invencibles. Lo sabemos todo porque no hay mucho que saber .Somos puro capitulo uno.

Conocemos lo básico, lo que realmente importa, lo imprescindible… Caemos desde los árboles, dormimos en el suelo, sangramos poco, cicatrizamos rápido… lloramos de risa, las enfermedades apenas se detienen en nuestro cuerpo a beber un cocktail febril y siguen su camino, nos encanta cumplir años porque ese día confirma la brevedad de lo que ha sido y el infinito de lo que

será…. Cuando somos nuevos no envejecemos crecemos…” 4

LACONSTRUCCIÓNDELAADOLESCENCIADESDELACARENCIA

La intención de este trabajo es situarnos frente al concepto adolescencia desde una perspectiva que permita develar las zonas oscuras de una noción construida socialmente desde la carencia, como algo negativo y enfrentar la idea de peligro, que refuerza un esquema de construcción de los conflictos desde lo punitivo.

En este terreno, o sea en la construcción del discurso nada más claro que la afirmación foucoultiana

“…en toda sociedad la producción del discurso está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida por cierto numero de procedimientos que tienen por función conjurar poderes y peligros…”5 es esta afirmación que nos permite decir que con la adolescencia, y de suyo con los adolescentes, cuando de consumo se trata hay que domesticarlos con el marketing social, pero cuando se ‘desvían’ porque no acceden a ese modelo ideal de consumo, hay que controlarlos con el instrumento más poderoso y pervertido de dominación, los sistemas penales.

La adolescencia es un concepto bastante nuevo en nuestras sensibilidades, es propio de la modernidad, Barran ubica el surgimiento del concepto en las tres primeras décadas del novecientos6.

Emerge como concepto construido socialmente que se encargara de dotar y subjetivizar vivencias propias de una edad de la vida como algo negativo que debe ser controlado, fundamentalmente por el saber médico.

Esta noción negativa, sigue aún hoy trasladándose a esta porción de la infancia que se ubica entre los 12 y tantos y los 18 años. Muchas veces el propio concepto de adolescencia esta cargado de

1 Publicado en Revista Nosotros Nº 13. Año 2004. Editada por el Centro de Formación y Estudios del INAU. Montevideo. 2[email protected]

3[email protected]

4 Recuerdos de la adolescencia del personaje del libro “Mantra” de Rodrigo FRESAN, Colección Año 0, Mondadori, 2001. 5 FOUCAULT, Michel. 1999. El orden del discurso, Edit. Tusquets

6 BARRAN, José P. 1996. “¿El adolescente una creación de la modernidad?, en Historias de la vida privada. El nacimiento de

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valoración negativa, sustituyendo a definiciones emblemáticas que definen a la infancia por su carencia, como los conceptos “infanto juvenil” o “menor”.

La inseguridad de la edad, el despertar sexual, la rebeldía a la autoridad, serán las ideas que abonaran una imagen deformada, donde las peculiaridades propias de una persona en desarrollo serán desfiguradas para conformar narrativas estigmatizantes y discriminadoras que darán lugar a la construcción de “un monstruo”. No el que se representa en las proyecciones cinematográficas, sino como es entendido por los antiguos para quienes mostrum significaba advertir, avisar. Se trataba de alguien diferente, extraordinario, un aviso, una advertencia de los dioses. En ese sentido la adolescencia personifica el miedo a lo distinto, olvidado y temido, a lo que vendrá, o a lo que nos avisan que vendrá.

Esa mirada que los coloca como sujetos potenciales, como la perspectiva del futuro, los ubica en un espacio de no ser, no son porque serán más adelante, cuando sean adultos. De esta forma se desconoce un principio básico de razonamiento aristotélico: definir a las cosas por lo que son; en la medida que se definen las cosas por lo que no son, los adolescentes son definidos a partir de su referencia al mundo adulto, no son adultos y esta es la matriz a partir de la que se construirán los saberes y los enfoques disciplinares. Esta noción además de ser etnocéntrica, es vulneradora de derechos y contraria a la Convención ya que le niega el carácter inherente de ciudadano que implica la calidad de persona humana. Asimismo se torna ambigua ya que reacciona de forma diferencial según se trate de adolescentes integrados o excluidos, y las políticas públicas imprimirán esa diferencia en el trato, como lo afirma Atilio Boron “…en el apartheid social del capitalismo contemporáneo el estado sigue desempeñando un papel crucial: es el Leviatán hobbesiano en los ghettos y los barrios marginales mientras garantiza las bondades del contrato social lockeano para quienes habitan opulentos suburbios”7.

En suma, la mano de hierro con aquellos que no encuentran un espacio de integración en lo social, y las bondades del estado democrático para quienes tienen sus derechos garantizados. Este tratamiento dual esta cargado por variables de clase social, que aunque para muchos se trate de un concepto devaluado y carente de significación, las vivencias de las personas que pueblan los márgenes territoriales y simbólicos de la sociedad nos dicen lo contrario.

SOBRE “DESVIACIONES” YADOLESCENTES

La selectividad del sistema de control penal es una característica arto mencionada y estudiada en los análisis criminológicos, tanto que se banalizó, perdió significado, la naturalizamos como latiguillo crítico del sistema penal olvidándonos cómo funciona, cómo impacta en los jóvenes excluidos.

Convendría por eso detenernos un poco y repasar como la misma sigue haciéndose carne en las personas menores de 18 años y en particular en los adolescentes. Por ejemplo desde que se instaló en nuestro país un programa financiado por el BID y ejecutado por el Ministerio del Interior denominado Programa de Seguridad Ciudadana han sido los adolescentes quienes han sentido más

7 BORON, Atilio. 2002. Imperio & Imperialismo (Una lectura crítica de Michael Hardt y Antonio Negri). P.52 Buenos Aires:

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duramente el ejercicio en sus vidas del sistema de control social y ‘prevención de la delincuencia’. Se trata de dispositivos de ‘política social’ ejecutados, en muchas ocasiones por ONGs, desde las propias comunidades de origen, pero respondiendo a un enfoque de los conflictos cotidianos, construidos desde una perspectiva punitiva8 9. En ese sentido basta consultar alguno de los reglamentos del

Programa, donde se afirma: “…son elegibles las comunidades ubicadas de acuerdo al mapeo epidemiológico del delito y la violencia que se encuentren localizadas en las áreas de mayor riesgo priorizando aquellas carenciadas…” y allí desarrollaran proyectos cuyos destinatarios son adolescentes; o el programa ‘vecino alerta’ que en un país envejecido vera en los adolescentes de la esquina a sus principales enemigos instaurando una modalidad propia de las sociedades de control de las que nos habla Deleuze10. Recientemente tenemos dos ejemplos paradigmáticos, por un lado el

flamante decreto ministerial sobre consumo de bebidas alcohólicas en la vía publica; y por otro el proyecto del Ministerio del Interior de ‘limpiar las calles’ de niños, niñas y adolescentes que sobreviven en ellas trabajando o mendigando. Seudo soluciones preocupadas y altruistas, propias de los ‘salvadores de niños’, que con declaradas buenas intenciones consolidan la idea de los adolescentes pobres como un problema de seguridad.

Ello en los hechos ha significado un aumento de las detenciones de menores de edad entre el periodo 1996 -200011 y un incremento de la judicialización y la imposición de penas de aproximadamente un

50% en el periodo 2000-200212 que recaen en un 95% sobre personas cuyas edades oscila entre los

14 y los 17 años.

Por otra parte, en el año 1999 el proyecto de Código de la Niñez y Adolescencia que se encontraba para aprobación en el Senado, no logra concretarse entre otros factores por una discrepancia con la definición establecida en el texto del proyecto sobre infancia y adolescencia. La discusión se centró en el límite etareo a partir del cual comenzaría la adolescencia (12 años), las personas por debajo de esa edad quedaban fuera de la aplicación de penas y sometimiento a procedimientos por infracción, cuestión que no era compartida por muchos senadores. Una vez más el concepto de adolescente conjura miedos y genera consensos.

Conceptualizamos la selección discrecional de los operadores legislativos, policiales y judiciales, y que se amplía a otras organizaciones como discriminación. El artículo 2 de la Convención expresa que ningún niño debe ser privado del ejercicio de sus derechos cualquiera sean sus particularidades, asimismo solicita a los Estados que lo protejan “…contra toda forma de discriminación o castigo por causa de la condición, las actividades, las opiniones expresadas o las creencias de sus padres, o sus tutores o de sus familiares”. En ese sentido como afirma Zaffaroni la discriminación de clase que

8 Programa de Seguridad ciudadana, Ministerio del Interior, Taller de difusión del fondo para actividades preventivas locales,

29 de julio de 1999.

9 URIARTE, Carlos, “Control Institucional de la niñez y adolescencia en infracción”, Ed. Carlos Álvarez, 1999 y “El Uruguay de

los 90´: entre Políticas Sociales y políticas Criminales”, AA.VV. IELSUR 1997.

10 DELEUZE, Gilles (1999) Conversaciones 1972-1990. Valencia: Pre-textos.

11 Informe no gubernamental de aplicación de la Convención de los Derechos del Niño Periodo 1996-2000- Comité de los

Derechos del Niño- Uruguay.

12 DNI – UNICEF (Setiembre 2003). Investigación inédita. Datos presentados en el Taller sobre Privación de Libertad a niños,

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efectúa el sistema penal es una afrenta a la dignidad humana13. Por tanto concebimos la selectividad del sistema de control social como una de las violaciones que prescribe el artículo 2 de la Convención. Por otra parte el sistema penal opera destruyendo los vínculos comunitarios, ampliando la distancia social y facilitando la construcción del monstruo. En la medida que analizamos los comportamientos de los adolescentes desde la distancia, perdemos de vista la dimensión humana de los conflictos sociales, así como los diferentes factores que inciden en su construcción. En ese sentido el criminólogo noruego Nils Christie nos invita a reflexionar sobre los mecanismos para enfocar los conflictos cotidianos y dice: “Piensen en los niños propios… La mayoría de las veces hacen cosas que la ley podría considerar delitos. Desaparece dinero de una cartera. Un hijo no siempre dice la verdad…Le pega al hermano. Pero sin embargo no les aplicamos categorías del derecho penal. No llamamos delincuentes a estos niños ni a sus actos. ¿Porque? Simplemente porque no estaría bien. ¿Por qué no? Porque sabemos demasiado. Conocemos el contexto…”14

La construcción punitiva abona aun más la destrucción de los vínculos comunitarios. La adolescencia como edad cercana a conceptos como “rebeldía”, “riesgo”, “disconformidad”, “ruptura”, “trasgresión”, “negación de la autoridad”, “desobediencia” “confrontación”, nos acercan a esta etapa de la vida desde la dualidad entre lo socialmente aceptado y lo impuesto. Frente a sujetos en crecimiento la imposición de la ley como un simple ejercicio de poder y disciplinamiento vertical y autoritario será quien generará un encuentro violento entre dos edades los adultos y los jóvenes15.

Consultado el Profesor Zaffaroni acerca del ‘incremento de la delincuencia’ afirma: “Creo que lo que incrementa el delito, sobre todo el delito contra la propiedad, es la falta de proyecto colectivo. Cuando lo hay, aun cuando económicamente se encuentre en el límite de su existencia, en esos casos baja en delito. Baja porque hay un proyecto común; vamos todos para adelante porque hay que salir de la catástrofe. Pero sin proyectos no se puede vivir. El ser humano es proyecto y no podes dejar a un pibe en la puerta de la villa y decirle quedáte acá fumando un porro, o esperando a que la policía le pegue un balazo, sin inserción laboral, sin inserción estudiantil, sin proyecto de vida. Y bueno sale el proyecto loco, producto de la frustración”16.

La construcción punitiva de las políticas sociales, por un lado tornan al receptor adolescente en el enemigo, cosificándolo, ya que centra la acción en la prevención de conductas delictivas. Y por otra parte hace naufragar el proyecto colectivo propiciando la fragmentación que promueve el miedo y la desconfianza en el otro, enfrentando a las personas y creando categorías de ciudadanos.

TUTELARO PENAL: LAINVERSIÓNDELOSPRINCIPIOS

En post del bien de los adolescentes que pasan por el sistema penal, por su educación, su “rehabilitación”, y otros múltiples fines altruistas se han minimizado garantías caras de un derecho democrático. El sistema tutelar reniega de la idea de un derecho penal juvenil ya que no debe penarse a inimputables. Como se los quiere proteger, educar o sanar todo está permitido.

13 ZAFFARONI, Eugenio. (1986) Sistemas Penales y Derechos Humanos en América Latina (informe final). P.430. Buenos

Aires: Depalma

14 CHRISTIE, Nils. (1993) La Industria del control del delito. Buenos Aires. Editores del Puerto. 15 LE BRETON, David (2003) “Adolescencia bajo riesgo”, AAVV, Mvd. Ed. Trilce.

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Es necesario evitar caer en la inversión de los principios del derecho, donde por ejemplo la presunción de inocencia no se torne como la opinión del juez en la narración de Franz Kafka donde dice “Mi principio fundamental es éste: la culpa es siempre indudable17”.

En el mismo relato aparece un observador de la Colonia Penitenciaria quien pregunta al oficial acerca del conocimiento que el condenado tiene de su sentencia, frente a lo que recibe la contundente respuesta: “No –dijo el oficial, tratando de proseguir inmediatamente con sus explicaciones, pero el observador lo interrumpió. -¿No conoce su sentencia?. –No –repitió el oficial, callando un instante como para permitir que el observador ampliara su pregunta- Sería inútil anunciársela. Ya la sabrá en carne propia”. Y continua preguntando el observador “¿el individuo tampoco sabe como fue conducida su defensa? No se le dio ninguna oportunidad de defenderse –dijo el oficial…”.

En el sórdido cuento de Kafka el condenado estaba totalmente sometido a la voluntad de sus captores, su vida les pertenecía, le era negada su humanidad en la medida que nada de lo que dijera o hiciera podía afectar su condena. Sólo importa el castigo, la tecnología refinada para producir dolor es infalible, cumple su función aflictiva a la perfección.

El pasaje conceptual y fáctico desde un sistema tutelar hacia un derecho penal juvenil mínimo implica cambiar la racionalidad del sistema de justicia de menores, modificar las claves de análisis que se utilizan para introyectar variables garantistas de derechos humanos. Ello implica renunciar a la concepción de ‘todopoderosa’ de la justicia, cuando se penaliza a adolescentes pobres la justicia no provee soluciones. Ya que desde el sistema penal no se pueden cambiar años, décadas de exclusión de un adolescente y su familia, la que ha sido víctima de infinidad de deterioros producto de políticas trituradoras de humanidad sea porque no las tomó en cuenta o porque la hizo dependiente del asistencialismo.

¿Cuáles son las posibilidades de cambiar una trayectoria de exclusión desde el sistema penal?

Elena Larrauri nos aporta elementos claros para analizar estos asuntos, nos alerta acerca de los supuestos fines filantrópicos de las sanciones penales expresando “...debemos precavernos de aquellos que intentan hacer el bien a través de la aplicación de una medida penal. Las medidas penales son medidas impuestas, son castigos y por lo tanto lo mejor que puede pasar es que no tengan que aplicarse porque hay mecanismos alternativos de tratar los comportamientos delictivos, y si se tienen que aplicar, que duren el menor tiempo posible y sean lo menos intensas posible. Entre procurar hacer el bien y evitar hacer el mal, hay que optar por lo segundo cuando se entra en el sistema penal”18.

Los adolescentes son expuestos a necesidades básicas que ponen en entredicho su sobrevivencia, la perspectiva de seguridad ciudadana olvida de forma tendenciosa que en un enfoque de derechos humanos la seguridad implica un planteo más serio -y menos simplista- que el de no verse expuestos a

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hechos delictivos, sino que está profundamente imbricado a la vigencia y el ejercicio de los derechos económicos, sociales y culturales. A estas necesidades humanas, debemos agregar las impuestas por la sociedad de consumo, el capitalismo opera de forma perversa ya que ofrece todo a los que no pueden tener casi nada, pero si intentan obtenerlo por medios desvalorados socialmente, el sistema

imprime castigos luctuosos.

Pero esta característica execrable del capitalismo actúa de forma dual, por una parte hace de la adolescencia y la juventud un bien preciado, ya que se dirige hacia ellos con la publicidad a fin de incrementar las ventas y las ganancias. Este direccionamiento del mercado de consumo hacia los más jóvenes, posibilita un proceso de adolescentización de la sociedad, donde pueden observarse las obsesiones de muchos adultos por saltarse las barreras temporales. Pero estos discursos solo operan cuando nos referimos a los consumidores, a los compradores, sí no lo pueden hacer, sí están excluidos del mercado y del goce de derechos básicos el discurso muta, se torna discriminante, peligrosista, de control penal duro.

En una sociedad que individua e individualiza, la Convención sobre los Derechos del Niño, nos tiene que invitar a comprometernos con el otro desde una perspectiva de descubrimiento y aceptación de lo diferente. En ese sentido debemos trascender la dialéctica de “mi derecho termina donde empieza el derecho del otro” para construir una noción de los derechos como algo colectivo. Según la incisiva reflexión de Alejandro Cussianovich tenemos que empezar por sentir que mi derecho “…concluye en el momento en que ese mismo derecho hace respetable al otro... “19.

Por eso y volviendo al fragmento con que iniciábamos este texto la adolescencia es una etapa de cambio “que habilita la conjunción imprescindible de un espacio (la adolescencia como trasgresión) y una función (el adolescente como etapa vital)”20, de ruptura, de páginas en blanco que están allí para ser llenadas por la vivencia y la confrontación. No en vano en la música y la literatura la adolescencia ha concitado la atención y generado memorables obras21. Del mundo adulto depende necesariamente

reconocerlos como personas diferentes y comenzar a dosificar, hasta hacer desaparecer, esa vocación perversa de control y disciplinamiento punitivo.

19 CUSSIANOVICH, Alejandro. (2001) La infancia en los escenarios futuros. Lima. Universidad Mayor de San Marcos. 20 KLEIN, Alejandro, Imágenes psicoanalíticas y sociales del adolescente”, Ed. Psicolibros, UDELAR, 2002

21 Por nombrar alguno encontramos entre la literatura el clásico libro de la rebeldía adolescente “El guardián entre el centeno”

Referencias

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