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Edición y estudio del libro segundo de "La crónica de los muy valientes y esforçados e invencibles cavalleros don Florisel de Niquea..."

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UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID

FACULTAD DE FILOLOGÍA

Departamento de Filología Española II

(Literatura Española)

TESIS DOCTORAL

Edición y estudio del libro segundo de La crónica de los muy valientes y

esforçados e invencibles cavalleros don Florisel de Niquea...

MEMORIA PARA OPTAR AL GRADO DE DOCTOR PRESENTADA POR

Gema Montero García

Director

José Ignacio Díez Fernández

Madrid, 2016

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ÍNDICE

RESUMEN ... 5

ABSTRACT...11

INTRODUCCIÓN ... 19

I. INTRODUCCIÓN AL GÉNERO CABALLERESCO ... 25

1. LOS LIBROS DE CABALLERÍAS CASTELLANOS: CARACTERIZACIÓN ... 27

2. EL ÉXITO DE LOS LIBROS DE CABALLERÍAS ... 33

3. LA CRÍTICA A LOS LIBROS DE CABALLERÍAS ... 38

4. EL CICLO DE AMADÍS DE GAULA ... 42

II. EL AUTOR: FELICIANO DE SILVA ... 49

1. DATOS BIOGRÁFICOS ... 51

1.1. Antecedentes familiares ... 51

1.2. El falso «provincianismo» de Feliciano de Silva ... 53

1.3. El enigmático matrimonio y su descendencia ... 55

1.4. Las relaciones literarias ... 59

2. LA PRODUCCIÓN LITERARIA ... 62

2.1. La producción caballeresca ... 64

2.1.1. La Crónica de Florisel de Niquea o Ciclo de los Floriseles ... 79

2.2. La producción celestinesca ... 92

2.3. La producción poética: las poesías intercaladas y el Cancionero inédito ... 94

III. APROXIMACIÓN AL FLORISEL II ... 99

1. CONTEXTO HISTÓRICO DEL FLORISEL II ... 101

2. SÍNTESIS ARGUMENTAL ... 107

3. ESTRUCTURA INTERNA ... 110

4. TÉCNICAS NARRATIVAS ... 114

4.1. El traductor y el cronista ficticio... 114

4.2. El entrelazamiento ... 116

4.3. Las historias contadas o entrelazadas ... 119

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4.5. Los textos intercalados: poesías y cartas ... 124

5. TEMAS Y MOTIVOS ... 131

5.1. El hecho de armas o la aventura caballeresca ... 132

5.1.1. El caballero y el héroe ... 132

5.1.2. El héroe: don Florisel de Niquea ... 134

5.1.2.1. Nacimiento e infancia ... 135

5.1.2.2. Don Florisel en lucha: los combates individuales ... 138

5.1.2.3. Don Florisel en lucha: el asedio a Constantinopla ... 145

5.2. El componente mágico y maravilloso ... 152

5.2.1. De origen maravilloso (mirabilis) ... 153

5.2.1.1. Sueños y premoniciones ... 153

5.2.1.2. Prodigios y profecías ... 154

5.2.1.3. Lugares encantados intemporales ... 159

5.2.1.4. Seres fantásticos ... 161

a) Seres racionales: gigantes y enanos ... 161

b) Bestiario: los unicornios y «los dragos» ... 166

5.2.2. De origen mágico (magicus) ... 168

5.2.2.1. La magia ... 168

5.2.2.2 Palacios encantados y encantamientos ... 171

6. LA ORIGINALIDAD DE SILVA ... 173

6.1. El protagonismo múltiple ... 174

6.1.1. Falanges de Astra: el gran amigo y aliado ... 175

6.1.2. Amadís de Grecia: el padre ... 179

6.1.3. Amadís de Gaula: el tatarabuelo y modelo del linaje ... 185

6.1.4. Florarlán: el descendiente ilegítimo ... 189

6.2. El disfraz o cambio de personalidad ... 192

6.3. El elemento pastoril ... 194

6.4. Las descripciones y las extensas enumeraciones... 200

7. POPULARIDAD E INFLUJO ... 205

IV. LA DIVERSIDAD DEL PERSONAJE FEMENINO EN EL FLORISEL II ... 213

1. FUNCIONES ... 215

2. PROTAGONISTAS ... 218

2.1. La amada del héroe: Helena ... 218

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2.3. La amazona: Zahara de Cáucaso... 234

2.4. La dama rechazada: Arlanda ... 238

2.5. La dama abandonada y vengativa: Sidonia ... 244

2.6. La dama abandonada: Lucela ... 249

2.7. La doncella andante: Cleofila ... 252

3. ANTAGONISTAS ... 254

2.1. La dueña traidora: la mujer del «caballero loco» ... 254

4. AUXILIARES ... 257

4.1. Las magas o sabias: Urganda y Zirfea ... 257

4.2. Las doncellas: Artimira y Silersia ... 259

5. DESTINATARIOS Y TESTIGOS ... 263

V. LA EDICIÓN ... 267

1. EDICIONES ... 269

2. DESCRIPCIÓN DE LOS EJEMPLARES CONSULTADOS ... 270

3. CRITERIOS DE NUESTRA EDICIÓN ... 283

4. TIPOS DE VARIANTES ... 285

VI. CONCLUSIÓN ... 287

VII. BIBLIOGRAFÍA ... 295

VIII. EDICIÓN CRÍTICA ... 319

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EDICIÓN Y ESTUDIO DEL LIBRO SEGUNDO DE

LA CRÓNICA DE

LOS MUY VALIENTES Y ESFORÇADOS E INVENCIBLES CAVALLEROS

DON FLORISEL DE NIQUEA...

Resumen

Los libros de caballerías castellanos suponen uno de los géneros más destacados y transcendentales del siglo XVI, por encima de otros que, aparentemente, tuvieron una enorme relevancia para sentar las bases de la narrativa moderna; nos referimos a la ficción pastoril, la picaresca, la sentimental o la bizantina. Señalamos como principio y origen del mismo la publicación de la primera edición del Amadís de Gaula de Garci Rodríguez de Montalvo, a partir de la versión primitiva medieval, en 1508. Tuvieron un éxito sin precedentes en la época, como lo corroboran los más de ochenta títulos que forman parte del corpus caballeresco y una difusión de casi dos siglos, desde finales del siglo XV hasta comienzos del siglo XVII, tanto de manera impresa como de forma manuscrita. Sin duda, podemos asegurar que eran los best-seller de la época, convirtiéndose en todo un fenómeno literario, con una notoriedad que traspasó nuestras fronteras peninsulares, tanto en Europa como en América. Prueba de ello son las numerosas traducciones que se hicieron en Italia, Francia, Alemania, Holanda, Inglaterra, Portugal e incluso hasta una versión hebrea del primer libro del Amadís de Gaula. En cuanto a su influencia en el Nuevo Mundo no podemos dejar de mencionar, a modo de curiosidad, cómo estos libros dejaron su huella a través de los conquistadores. Así, Magallanes llamó patagones a los aborígenes de la región austral de Sudamérica por influencia del Primaleón, del que deriva el topónimo Patagonia y Las Sergas de Esplandián, de Montalvo, fue fuente de inspiración para otros dos topónimos: California y Amazonas.

Una de las claves de este éxito fue el público aficionado a los libros de caballerías que abarcaba todas las clases sociales, incluso los sectores más humildes. Cabe señalar que esta lectura se veía reducida al ámbito cortesano, su limitación era puramente económica, ya que eran libros costosos que no estaban al alcance de todo el mundo. Sin

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embargo, libreros e impresores desarrollaron diferentes estrategias editoriales para que fueran más asequibles: la división de la obra en fascículos, las subastas y almonedas, y también el alquiler de las obras. Todo ello posibilitó que las historias narradas en estos libros también fueran conocidas por personas analfabetas a través de la lectura en voz alta formando corrillos, práctica habitual en la época como ya plasmara Cervantes en su Quijote (I, cap. XXXII). Resulta sorprendente que el público femenino representara un alto porcentaje lector de estos libros a pesar de la fuerte oposición y crítica de moralistas, teólogos y humanistas de la época que consideraban estos libros como mentirosos e incitadores a comportamientos deshonestos por parte de la mujer. Los autores, conscientes de quiénes son sus más fervientes lectores, dedican sus obras a mujeres pertenecientes a la nobleza e introducen diversos elementos más del agrado de este tipo de público. Incluso podemos hablar de un libro de caballerías escrito por una mujer, se trata del Cristalián de España de Beatriz Bernal.

Este panorama de máximo apogeo de la literatura caballeresca viene a desencadenar, posteriormente, el fenómeno contrario: el olvido y el silencio. Este nuevo periodo tiene como origen la opinión demoledora de Cervantes en el Quijote. La gran parodia de los libros de caballerías se convierte en la sentencia definitiva del objeto de lo parodiado. Bien es cierto que, desde mediados del siglo XVI hasta el primer cuarto del siglo XVII, se produce un cierto agotamiento del género por la disminución de la publicación de textos originales, pero se trata de una crisis editorial ligada a la crisis económica de la época, no de una decadencia literaria del género en sí mismo, porque se sigue difundiendo a través de reediciones, manuscritos y mediante la transmisión oral. De esta forma, la afición por los libros de caballerías se prolongó hasta muchas décadas después de la publicación del Quijote.

Ahora bien, el juicio cervantino supuso el golpe de gracia para este género al considerar que todos sus textos (excepto aquellos que elogia) una «mesma cosa» (I, cap. XLVII). Esta idea de que todos ellos son libros repetitivos que parten de un patrón o modelo y se convierten en meras copias de un original, sentó las bases y fue avalada por la crítica posterior decimonónica, basada en la intuición, que no en el conocimiento. Y que la crítica posterior ha ido perpetuando sin tener en cuenta que no se puede reducir a un único patrón un género con casi dos siglos de vida, con un corpus de más de ochenta títulos, que sufrió una importante evolución con el fin de mantener ávido el interés de los lectores y que se convirtió en un fenómeno editorial. Gracias a esta nueva

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premisa, este panorama ha cambiado radicalmente en los últimos veinte años gracias a la labor de distintos especialistas e investigadores que han revitalizado el estudio del género caballeresco.

Esto no quiere decir que estos libros no se ajusten a un esquema argumental básico. Si tuviésemos que explicar de manera sencilla y en líneas muy generales qué son los libros de caballerías, diríamos que narran la biografía del héroe protagonista, un caballero andante, y esa trayectoria biográfica se articula en torno a dos ejes: el eje caballeresco y el eje amoroso. En primer lugar, se narra el nacimiento del héroe, su investidura caballeresca y su vida adulta. Este héroe protagonista se enamora de una dama, ambos poseedores de todo tipo de virtudes en un universo idealizado donde demuestran mediante la ordalía o prueba amorosa que son los más leales amadores. En segundo lugar, la trayectoria del caballero continúa con aventuras bélicas o aventuras maravillosas, o ambas.

No solo fueron condenados al destierro del olvido los textos caballerescos, sino también sus autores. Uno de los ejemplos más llamativos es el de Feliciano de Silva. Autor que tiene el extraño privilegio de ser el más importante y prolífico dentro del género caballeresco, y el más denostado e ignorado por la crítica, influenciada por el juicio cervantino. Su peculiar estilo altisonante, retoricista, manierista, oscuro y un sinfín de apelativos más fue objeto de numerosas burlas por parte de distintos escritores de la época y, por supuesto, de Cervantes. Pero hay que señalar que este estilo es uno de los rasgos distintivos de este escritor, que define sus libros y que no supone un demérito a la riqueza material de toda su obra, y así hay que entenderlo.

En este contexto favorable para la investigación, se enmarca esta tesis, cuya finalidad se centra principalmente en reivindicar la figura de Feliciano de Silva y resucitar del abandono uno de sus textos, la Parte Segunda de la Crónica de los excelentes príncipes don Florisel de Niquea y del fuerte Anaxartes, la qual trata de las grandes guerras y deffensiones que entre los príncipes christianos la fortuna puso, por causa de la segunda Helena, del qual testimonio los campos de Grecia con universal sangre gozaron, según que en lengua griega la Reina de Argines la escrevió, que después fue de latín reduzida en romance castellano, por el muy noble cavallero Feliciano de Silva (título abreviado como Florisel II). Y derivado de lo anterior, introducir al lector en el análisis de los aspectos biográficos del autor, así como en los

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motivos, temas o tópicos de índole caballeresca presentes en el texto y otros vinculados al afán experimentador y renovador, originales del propio escritor, siempre desde la perspectiva en la que se inserta la obra dentro de su producción caballeresca y del Ciclo de Amadís de Gaula, del que se considera legítimo continuador.

Estos años de investigación dan como resultado la exposición en esta tesis de dos partes claramente diferenciadas: el análisis detenido de la obra y la edición crítica del Florisel II. En el análisis detenido de la obra se plantea una introducción respecto al género caballeresco, que pretende ser solo un primer acercamiento al tema que permita valorar la importancia prestada al mismo. Posteriormente, tras trazar el perfil biográfico del autor, desarrollamos su producción literaria que nos permite insertar el texto en unas coordinadas concretas espacio-temporales. A continuación, se acomete el estudio de la obra en sí, desde planteamientos estructurales y formales, a partir de tres bloques temáticos: el hecho de armas, el tema sentimental o amoroso y el componente mágico o maravilloso. Por último, la edición crítica, para la que hemos utilizado los ejemplares que se conservan actualmente de las ediciones de Valladolid, 1532; edición princeps y que tomamos como texto base para la transcripción del texto; Sevilla, 1546; Lisboa, 1566; y Zaragoza, 1584. El cotejo de estas ediciones han revelado que tanto la de Sevilla como la de Lisboa presentan numerosas variantes respecto al texto base, pero menos numerosas que las de Zaragoza. Todas ellas no solo indican la propia vacilación y evolución de la lengua a lo largo estos años, sino las transformaciones de esta obra a lo largo de sus sucesivas reediciones. Este cotejo agotador ha permitido sacar a la luz la edición moderna de un texto, anotada, que sea accesible a cualquier especialista, investigador o curioso del género caballeresco en general, y de Feliciano de Silva en particular.

El Florisel II se encuadraría dentro de ese grupo de obras condenadas al olvido por extrañas razones y que no ha empezado a interesar hasta que la labor de la crítica en los últimos años y las aportaciones más recientes han centrado su mirada en la extensa producción caballeresca de Feliciano de Silva. Este se considera el verdadero continuador del Amadís de Gaula y así parecen percibirlo sus lectores debido al extraordinario éxito de sus obras. En su saga amadisiana logra reunir a todo el linaje de Amadís, cuyos descendientes son capaces de superar las hazañas de sus progenitores en cada nueva generación. La propuesta narrativa de Silva forma parte del modelo de la

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experimentación, se aleja del paradigma amadisiano y busca nuevas fórmulas de enriquecer y transformar el género para divertir y entretener a sus lectores.

Para lograr su propósito no solo contó con su inagotable imaginación y habilidad creadora, sino que basándose en la tradición mantuvo los tópicos o lugares comunes de los libros de caballerías hispánicos y que, como resultado de su vocación experimentadora, no dudó en entremezclar elementos a priori heterogéneos heredados de otras tradiciones y épocas. Es tan buen conocedor de su oficio que no podríamos definirlo como un mero continuador, maneja el hibridismo entre los distintos géneros como nadie y es capaz de recurrir a temas que escapan del contexto meramente caballeresco, como el entrelazamiento con otras temáticas, incluyendo motivos bizantinos, sentimentales, pastoriles y humorístico-paródicos, y el empleo de ciertas técnicas más cercanas al teatro que a la prosa.

Así, el Florisel II nos acerca a algunos de sus elementos más originales y novedosos: el protagonismo múltiple, el uso del disfraz, la influencia de la materia troyana, el pastor Darinel, la inclusión de poesías intercaladas, el empleo del humor y, especialmente, la rica y variada tipología de personajes femeninos.

Con todo ello, queremos resaltar la importancia de esta investigación al presentar de manera legible un texto muy extenso que brinda la oportunidad de poner al alcance de la comunidad investigadora una obra muy relevante, que aporta numerosos materiales y elementos que pueden ser merecedores de capítulos o estudios generales aparte, así como su relación con otros textos caballerescos anteriores y posteriores. Asimismo, el papel que el estudio de esta obra y este autor pueden aportar para la interpretación y conocimiento de los libros de caballerías castellanos y el ciclo amadisiano. Su análisis puede proporcionar datos sobre la tradición literaria en la que se sustenta, la importancia de su influencia y su difusión en la sociedad contemporánea de la época, sus relaciones e intertextualidad con otras obras, autores y géneros, los mecanismos de formación y características de este tipo de textos y, especialmente, conceder a Feliciano de Silva el papel preeminente que se merece y que tantas veces se le ha negado.

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EDITION AND STUDY OF THE SECOND ROMANCE OF

LA

CRÓNICA DE LOS MUY VALIENTES Y ESFORÇADOS E INVENCIBLES

CAVALLEROS DON FLORISEL DE NIQUEA...

Abstract

The Castilian chivalry romances are one of the most important and transcendental genres of the sixteenth century over others that, apparently, had enormous relevance for laying the foundations of modern narrative; we are referring to pastoral, picaresca, sentimental or Byzantine fiction. We must pinpoint its origin at the publishing in 1508 of the first edition of Amadis de Gaula, by Garci Rodríguez de Montalvo, which originated from its medieval primitive version. They had unprecedented success at the time, as confirmed by the more than eighty titles that are part of the chivalric corpus and a spread of over nearly two centuries, from the late fifteenth century to the early seventeenth century, both in print and in manuscript form. With absolute certainty we can assure that they were the best-sellers at that time, becoming a literary phenomenon, with a reputation that crossed over our peninsular borders, both in Europe and in America. Proof of this are the numerous translations that were done in Italy, France, Germany, Holland, England, Portugal and even a Hebrew version of the first book of Amadis de Gaula. As for their influence in the New World, we cannot fail to mention, as a curiosity, how these books left a mark on the new territories through the conquerors. As such, Magellan called Patagonians to the natives of the southern part of South America under the influence of Primaleón , from which derives the place name of Patagonia; and Las Sergas de Esplandián, of Garci Rodríguez de Montalvo, was a source of inspiration for two place names : California and Amazon.

A key to this success was that the public fond of chivalry books came from all social classes, even the more humble ones. Noteworthy that the reading was reduced to the court level, due to an economic limitation, as they were expensive books not available for everyone. However, booksellers and printers developed different editorial strategies to make them more affordable: the division of the book in fascicles, auctions,

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and also book lending. All of this made possible that the stories told in these books were also known to illiterate people through reading aloud in reading circles, a common practice at the time as described by Cervantes in Don Quijote (I, ch. XXXII). It is surprising that women represented a high percentage of the readers of these books despite the strong opposition and criticism from moralists, theologians and humanists of the time who considered that these books were instigators of lying and dishonest behavior for women. The authors, aware of who were their most fervent readers, dedicated their books to women belonging to the nobility and introduced various elements most appreciated by this audience. We can even talk about a chivalry romance written by a woman, it is the Cristalian of Spain by Beatriz Bernal.

The peak of chivalric literature subsequently triggers the opposite phenomenon: the oblivion. This new period has its origin in the demolishing opinion of Cervantes in Don Quijote. The great parody of the romances becomes the final judgment of the object being parodied. It is true that, from the mid-sixteenth century to the first quarter of the seventeenth century, a genre depletion occurs by decreasing the publication of original texts, but it is an editorial crisis linked to the economic crisis of the time and not caused by a literary genre decadence in itself, because it continues to spread through re-editions, manuscripts and by oral transmission. In this way, the appeal of romances of chivalry lasted until many decades after the publication of Don Quijote.

But Cervantes judgment marked the coupe de grace for this genre considering that all texts (except those that he praises) are a «mesma cosa» (I , chap. XLVII ) . This idea that all of them are repetitive books that start from a pattern or model and become mere copies of the original, set the foundations and was later endorsed by the nineteenth-century critique, based on intuition rather than knowledge. And this idea has been perpetuated by later criticism, despite the fact that a genre with almost two centuries of life and a corpus of over eighty titles, cannot be reduced to a single pattern; a genre which underwent a major evolution in order to keep avid the interest of readers and became a publishing phenomenon. With this new premise, this picture has changed radically over the last twenty years thanks to the work of various specialists and researchers that have revitalized the study of the chivalric genre.

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This does not mean that these books do not conform to a basic plot outline. If we had to explain simply and in very general terms what the romances are in terms of content, we would say that they narrate the biography of the main hero, a knight, and this biographical path revolves around two axes: the chivalry and the love axis. First of all, the birth of the hero is described, then his knightly investiture and finally his adult life. This main hero falls in love with a lady, both of them embellished with all kinds of virtues in a totally idealized universe where they demonstrate by an ordeal or test of love that they are the most loyal lovers. Then, the biographical path continues with knight military adventures, wonderful adventures, or both.

Not only the romances of chivalry were ostracized to oblivion but also their authors. One of the most striking examples is that of Feliciano de Silva. Author with the rare privilege of being the most important and prolific in the chivalric genre and yet, at the same time, the most reviled and ignored by critics, influenced by Cervantes judgement. His peculiar high-flown, rhetorical, mannerist, dark style and a never-ending list of more adjectives was the subject of numerous jokes by various writers of the time and, of course, including Cervantes. But it should be noted that this style is one of the hallmarks of this writer, a feature that defines his books and should not be a demerit to the material richness of all his work, and as such must be understood.

In this favorable context for research, this thesis mainly aims at vindicating the figure of Feliciano de Silva and resurrect one of his texts from the forgotten, the Parte Segunda de la Crónica de los excelentes príncipes don Florisel de Niquea y del fuerte Anaxartes, la qual trata de las grandes guerras y deffensiones que entre los príncipes christianos la fortuna puso, por causa de la segunda Helena, del qual testimonio los campos de Grecia con universal sangre gozaron, según que en lengua griega la Reina de Argines la escrevió, que después fue de latín reduzida en romance castellano, por el muy noble cavallero Feliciano de Silva (short title as Florisel II). And derived from the above, introducing the reader to the analysis of the biographical aspects of the author as well as the motifs, themes or topics of knightly characteristics in the text and others linked to the experimenting and innovative eagerness, unique of this writer, always from the perspective that the work is part of his chivalric work and part of the Amadis de Gaula, of whom he is considered the legitimate successor.

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In this thesis, as a result of years of research, we expose two clearly distinct parts: a detailed analysis of the romance and the critical edition of Florisel II. The detailed analysis of the romance includes an introduction to the genre of chivalry, intended only as a first approach to the subject that will help to assess the importance given to it. Later, after tracing the biographical profile of the author, we explain in detail his literary production that lets us locate the book in specific space-time coordinates. Then the study of the work itself is undertaken, from both structural and formal approaches, built upon three theme blocks: the feat of arms, the sentimental or love theme and the magical or wonder component. Finally, the critical edition, for which we used the copies that are now preserved editions of Valladolid, 1532; princeps edition and the text that we took as basis for the transcription of it; Sevilla, 1546; Lisbon, 1566; and Zaragoza, 1584. A comparison of these different editions have revealed that both the Sevilla as well as the Lisbon editions have numerous variants over the base text, but less numerous than those of Zaragoza. All of them not only show the hesitancy and evolution of the language over the years, but the transformation of this romance throughout its successive editions. This exhaustive comparison allowed us to bring to light the modern edition of a very long romance, annotated, that is accessible to any specialist, researcher or person interested in general in the chivalry genre, and in particular in Feliciano de Silva.

The Florisel II would fit within that group of romances condemned to oblivion for strange reasons, and has not become a subject of interest until the work of critics in recent years and the most recent contributions of researchers that have focused on the vast chivalric production of Feliciano de Silva. He is considered the true successor of Amadís de Gaula and he is perceived as such by his readers due to the extraordinary success of his books. In his amadisiana saga he manages to gather all the lineage of Amadís, whose descendants are able to overcome the deeds of their parents in every generation. Silva’s narrative proposal is part of the model experimentation, moves away from the amadisiano paradigm and seeks new ways to enrich and transform the genre to amuse and entertain readers.

To achieve his purpose he had not only his inexhaustible imagination and creative ability, but also, based on tradition, he maintained the topics and common places of Spanish romances of chivalry; and as a result of his experimenting vocation, he did not hesitate to intermingle heterogeneous elements that were a legacy of other traditions and

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eras. He is so well-versed in his line of work that we could not defined him as a mere continuator, he manages hybridizing between different genres as no one and is capable of pulling from topics beyond the purely chivalry context, such as the entanglement with other topics, including Byzantine motifs, sentimental, pastoral and comedy- parody, and the use of certain techniques closer to theater than to prose.

Thus, Florisel II brings us closer to some of his most original and innovative elements: multiple main characters, the use of disguise, the influence of the Trojan matter, the Pastor Darinel, including interspersed poems, the use of humor and, especially, the rich and varied types of female characters.

With all this, we would like to emphasize the importance of this research as we present a readable version of this very extensive book and makes available to the research community a very relevant book. This research also provides numerous materials and elements that may be worthy of chapters or general studies by themselves, as well as their relationship with other prior or latter romances of chivalry. Also, the importance that the study of this romance and this author can provide for interpretation and understanding of Castilian chivalry romances and the amadisiano cycle. Its analysis can provide data on the literary tradition in which it is based, the importance of its influence and spread in contemporary society, its relations and intertextuality with other books, authors and genres, the mechanisms of developing and characteristics of this type of texts and especially granting Feliciano de Silva the leading role he deserves that has been so many times denied.

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y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de

tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer, y así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos; y de todos, ninguno le parecían tan bien como los que compuso el famoso Feliciano de Silva, porque la claridad de su prosa y aquellas entricadas razones suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y cartas de desafío...» (Quijote I, cap. I)

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19 INTRODUCCIÓN

Fue en este templo de la sabiduría y el conocimiento donde nació en mí una pasión, un descubrimiento que hasta la fecha no se había manifestado. Aunque siempre fui una devoradora de libros, mi pasión por el género caballeresco se remonta al comienzo de mis estudios de Filología Hispánica en esta Universidad. A raíz de entonces, aquellos caballeros andantes formaron parte de mis lecturas, con más ahínco si cabe, y no solo no pude desprenderme de ellos, sino que me embaucaron con sus aventuras. Las lecturas de Amadís de Gaula, de Tirant lo Blanch y, por supuesto, del Quijote. La gran parodia de los libros de caballerías despertó en mí el interés de averiguar qué era todo ese universo caballeresco que don Quijote había leído hasta el punto de enloquecer y del que Cervantes no solo mostraba un profundo conocimiento, sino que había disfrutado con la lectura de las aventuras de los héroes de los libros de caballerías sirviéndole de inspiración literaria. Así pues, mi reto era viajar por las mismas páginas que nuestro hidalgo cervantino sin perder la poca o mucha cordura con la que contaba al sumergirme en tan apasionante género. Aunque, sinceramente, no sé si lo he conseguido.

Leyendo el famoso episodio del escrutinio de la biblioteca de don Quijote y las numerosas referencias que, a lo largo de la obra, se dedican a los libros de caballerías castellanos, me llevó a descubrir que existía un corpus caballeresco de más de ochenta títulos, incluyendo testimonios manuscritos, que se desarrolló a lo largo de dos siglos y que daría lugar en el siglo XVII al teatro breve caballeresco. Fue para mí un descubrimiento revelador. El Amadís no terminaba con el Amadís, iba más allá, era mucho más; había toda una serie de continuaciones que perpetuaban el linaje del héroe y que conformaban uno de los ciclos caballerescos más importantes de nuestra literatura: el Ciclo de los Amadises. Pero, no solo eso, existía otro gran ciclo: el Ciclo de los Palmerines; a los que había que añadir otros catorce ciclos1.

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Así, al finalizar mi curso de Doctorado, decidí centrar mi trabajo de investigación sobre la obra que inauguraba el Ciclo de los Palmerines: el Palmerín de Olivia. Al desarrollar esta investigación, me di cuenta de lo difícil que era aproximarse a algunas obras de este género debido a la inexistencia de ediciones modernas, el difícil acceso a los ejemplares y los escasos estudios que se habían dedicado a este género.

La decisión de elegir este texto se fundamenta en la reflexión de que ha sido un género maltratado, en el sentido de que sus obras quedaron marginadas después de su gran desarrollo en los Siglos de Oro. El origen radica principalmente en las opiniones decisivas que Cervantes vierte en el Quijote, al considerar todos sus textos (excepto aquellos que elogia) una «mesma cosa» (I, cap. XLVII) y que la crítica posterior ha ido perpetuando sin tener en cuenta que fue un género con casi dos siglos de vida, que sufrió una importante evolución con el fin de mantener ávido el interés de los lectores y que se convirtió en un verdadero fenómeno editorial:

Verdaderamente, señor cura, yo hallo por mi cuenta que son perjudiciales en la república estos que llaman libros de caballerías; y aunque he leído, llevado de un ocioso y falso gusto, casi el principio de todos los más que hay impresos, jamás me he podido acomodar a leer ninguno del principio al cabo, porque me paresce que, cuál más, cuál menos, todos ellos son una mesma cosa, y no tiene más éste que aquél, ni estotro que el otro2.

Afortunadamente, este escenario ha cambiado de manera asombrosa en las últimas dos décadas, gracias a la labor filológica de investigadores como Mª Carmen Marín Pina y Daniel Eisenberg cuya indispensable y fundamental Bibliografía de los libros de caballerías castellanos, publicada en el año 2000, supuso un punto y aparte. Asimismo, la magnífica labor del Centro de Estudios Cervantinos, bajo la dirección de José Manuel Lucía Megías y Carlos Alvar, mediante sus dos colecciones: Los Libros de Rocinante y las Guías de lectura caballeresca, cuyo objetivo es sacar ediciones modernas del corpus completo de los libros de caballerías castellanos y ofrecer la posibilidad de acercar estos textos no solo a los investigadores, sino al público en general. También hay que mencionar el espléndido y pionero trabajo, Amadís: heroísmo mítico cortesano, de Juan Manuel Cacho Blecua, publicado en 1979. Esta obra supondría un avance fundamental en el estudio de este género al ofrecer una serie de pautas para afrontar el análisis detallado y minucioso de las distintas obras caballerescas. Del mismo modo, resulta necesario mencionar el gran número de

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congresos, exposiciones, conferencias, seminarios internacionales y proyectos monográficos que han contribuido al acercamiento y conocimiento del género caballeresco y que han impulsado notablemente su desarrollo.

En una de las colecciones anteriormente mencionadas, publiqué, en el año 2003, Florisel de Niquea (Partes I-II). Guía de lectura, con el número veintiocho en la colección Guías de lectura caballeresca del Centro de Estudios Cervantinos.

Tampoco hay que olvidar la importantísima aportación tecnológica que ha supuesto la creación de Internet para este campo de investigación. Esta herramienta nos facilita el acceso online a catálogos digitalizados de bibliotecas de todo el mundo que permiten la consulta de ejemplares, estudios críticos, revistas electrónicas, así como a portales especializados o bases de datos específicas.

Desempolvar un texto que no había visto la luz desde los Siglos de Oro, y con ello contribuir a la divulgación y el conocimiento de un género que cautivó a los lectores de la época, se convirtió en el eje central de mi estudio. Este hecho provocó que se convirtiera en objeto de mi interés un texto, del que durante la realización de este trabajo de investigación no he tenido conocimiento de que existiera una edición moderna, perteneciente a una de las familias caballerescas más importantes y de cuyo autor la crítica se ha prodigado en numerosos vituperios. Se trata de la Parte Segunda de la Crónica de los excelentes príncipes don Florisel de Niquea y del fuerte Anaxartes, la qual trata de las grandes guerras y deffensiones que entre los príncipes christianos la fortuna puso, por causa de la segunda Helena, del qual testimonio los campos de Grecia con universal sangre gozaron, según que en lengua griega la Reina de Argines la escrevió, que después fue de latín reduzida en romance castellano, por el muy noble cavallero Feliciano de Silva (título abreviado como Florisel II), de Feliciano de Silva, impresa en Valladolid, el 10 de julio de 1532, por Nicolás Tierri.

La selección de esta obra tuvo que ver también, entre otras razones, con el hecho de que perteneciera a la serie denominada Ciclo de los Floriseles que se inserta, a su vez, dentro del Ciclo de los Amadises y cuyo autor, Feliciano de Silva, fuera uno de los más prolíficos de nuestra literatura española y uno de los más denostados y olvidados. El motivo por el que el objeto de este trabajo se centra únicamente en el Libro Segundo se debe fundamentalmente a dos razones. La primera, por encontrarse ya matriculada una tesis doctoral referida al Libro Primero en la Secretaría de Doctorado de la Facultad

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de Filología de la Universidad Complutense de Madrid; y la segunda, la gran extensión de la obra, ya que para mantener la calidad exigida tanto en la edición como en el estudio era necesario centrarse en un texto con una extensión determinada que permitiera y facilitara un análisis detallado del mismo.

La estuctura seguida en esta tesis doctoral se plantea en dos partes que se delimitan en: por un lado, el estudio de la obra; y por otro, la edición crítica del Florisel II. La primera se estructura en cinco capítulos claramente diferenciados. El primero de ellos formula un breve estado de la cuestión acerca de la caracterización de los libros de caballerías, su éxito y la crítica recibida. En el mismo, se expone un somero análisis de los libros que componen el Ciclo de Amadís de Gaula, así como su clasificación, para abordar, posteriormente, de una forma más clara los distintos elementos que configuran la obra de Silva dentro del paradigma amadisiano y sus continuaciones. Tras trazar la trayectoria biográfica del autor; en el segundo capítulo, se pretende desarrollar la producción de Silva en relación con el Ciclo de Amadís de Gaula, en general, y con la Segunda Parte de la Crónica de don Florisel de Niquea, en particular, además de esbozar el resto de su producción literaria. El capítulo posterior se inicia con una aproximación al contexto histórico de la obra para dar paso a una breve síntesis argumental. A lo largo de este tercer capítulo desarrollamos el análisis del texto desde un marco estructural y formal que configuran los elementos propios de la narración.En el capítulo cuarto se dedica especial atención al estudio de los variados y ricos tipos de personajes femeninos. Merecen un capítulo aparte porque hemos intentado trazar un panorama general sobre el estado de la representación de la mujer en esta obra, desgranando sus diferentes tipologías literarias para ofrecer una visión diferente de este grupo tan heterogéneo que muestra unos caracteres particulares y claramente definidos en temas como el amor, el matrimonio, la sexualidad y la aventura. El quinto capítulo lo constituyen las cuestiones textuales referidas a las distintas ediciones y la descripción de los ejemplares consultados, así como los criterios de edición y tipos de variantes.

La segunda parte se ha dedicado a la edición crítica del texto, referida a la edición de Valladolid de 1532, en cuyas notas se han hecho explícitas las variantes textuales con las tres ediciones que la siguieron: la de 1546 (Sevilla, Jacome Cromberger), la de 1566 (Lisboa, Marcos Borges) y la de 1584 (Zaragoza, Domingo de Portonaris); como las aclaraciones de las citas referidas a personajes históricos o mitológicos dentro del propio texto. Las dificultades que ha planteado la edición han sido diversas, desde las

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que tienen que ver con el cotejo de diferentes testimonios pertenecientes a distintas ediciones hasta las debidas al estilo retoricista y artificioso de Silva. Para finalizar, se incluye un glosario de voces comentadas para facilitar la lectura y una mejor comprensión del texto.

En las siguientes líneas, quiero dejar constancia de mi agradecimiento a las personas e instituciones que me han servido de puntal para que esta tesis vea la luz después de largos años de trabajo e investigación.

Sería injusto no mencionar, en primer lugar, a mi director de tesis, don José Ignacio Díez Fernández, tanto en el nivel académico como personal. Su implicación desde el comienzo, la defensa de esta investigación, su inestimable ayuda y, por supuesto, sus valiosos consejos, que han quedado reflejados en esta tesis doctoral, esperemos que con el mayor de los aciertos. También a José Manuel Lucía Megías, que me brindó la posibilidad de colaborar y participar en el proyecto de Guías de lectura caballeresca del Centro de Estudios Cervantinos cuando esta tesis ya había comenzado a dar sus primeros pasos y que me obsequió con su generosidad y sapiencia.

Los bibliotecarios de la Biblioteca Nacional no solo me dispensaron con su profesionalidad, también con su lado más humano en el trato, que armados de paciencia atendieron, día sí y otro también, mis insistentes preguntas y peticiones. Especialmente el personal de la Sala Cervantes. Al igual que los encargados de la Biblioteca del Palacio Real de Madrid, por la atención recibida en cada una de mis prolongadas visitas. En el bello palacio de los Dávalos-Sotomayor, que hoy es Biblioteca Pública de Guadalajara, orgullo de esta pequeña ciudad por su fondo literario, no solo encontré mis peticiones, también hallé gente preparada y dispuesta a ayudarme en mis búsquedas bibliográficas que, la mayoría de las veces, había que hacerlas extensivas a la Biblioteca de Castilla-La Mancha. También en el Archivo Histórico de la citada ciudad pusieron a mi disposición, desinteresadamente, sus conocimientos, medios e instrumental técnico.

A María de Lora Deltoro por su entera disposición para trasladar, de forma brillante, el resumen de mis ideas a la lengua de Shakespeare.

A mi hermano, Isidro, que me ofreció todo su apoyo informático cuando era presa del pánico debido a problemas con el software al final del proceso.

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Por último, no me gustaría que sonara a frase manida, pero los ánimos de mi familia me han servido de constante estímulo. En cada palabra que escribía, en cada coma... A Miriam y a mis dos Antonios que han tenido a bien compartir techo y mantel con Feliciano y don Florisel de Niquea, hasta el punto de confundirlos con uno más de la familia.

Si este texto ha estado más de dos siglos sin ver la luz, la que suscribe, y permítaseme un cierto tono humoristico, del estilo de nuestro escritor, lo ha estado durante más de dos lustros, aunque, eso sí, de manera intermitente. Pero ha merecido la espera.

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1. LOS LIBROS DE CABALLERÍAS CASTELLANOS: CARACTERIZACIÓN

En 1611, Sebastián de Covarrubias definía a los libros de caballerías en su Tesoro de la lengua castellana o española como «los que tratan de hazañas de cavalleros andantes, ficciones gustosas o artificiosas de mucho entretenimiento y poco provecho, como los libros de Amadís, de don Galaor, del Cavallero del Febo y los demás», en una época en la que todavía seguía vivo el interés por este tipo de obras.

Años antes, Cervantes, en el capítulo XLVII de la primera parte del Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha3, el canónigo sentenciaba así a los libros de caballerías impresos en su tiempo:

Verdaderamente, señor cura, yo hallo por mi cuenta que son perjudiciales en la república estos que llaman libros de caballerías y, aunque he leído, llevado de un ocioso y falso gusto, casi el principio de todos los más que hay impresos, jamás me he podido acomodar a leer ninguno del principio al cabo, porque me parece que, cuál más, cuál menos, todos ellos son una mesma cosa, y no tiene más éste que aquél, ni estotro que el otro.

Esta idea de «son una mesma cosa», son todos iguales, ha pesado de tal manera sobre la crítica de la prosa de ficción de los Siglos de Oro que ha dificultado (junto con otros factores4) la definición5 y concreción de un corpus caballeresco, así como la caracterización del género y su delimitación6. Hoy en día, esta idea está totalmente desterrada, se considera que los textos que pertenecen a la literatura caballeresca son heterogéneos, presentan diferencias entre unos y otros, en un claro ejemplo de evolución de un género.

3

Citamos por la ed. de Martín de Riquer (1994). Todas las citas referidas al Quijote las realizaremos a partir de esta edición.

4

Eisenberg y Marín Pina (2000:8) mencionan como factor principal «la rareza y complejidad bibliográfica de estos libros», con ejemplares de difícil localización, la dificultad de su consulta en las bibliotecas, la extensión de estas obras y los equívocos y confusiones bibliográficas que suscitan. Eisenberg ya planteaba estos problemas cinco años antes (1995).

5 Frente a la disparidad de criterios a la hora definir este conjunto de obras; Bognolo (2001:15) utiliza el

término de «novela de caballerías» y Green (1980:353) diferenciaba entre «libro de caballerías», cuyo modelo era el Amadís de Gaula, y «novelas caballerescas», que seguirían a Tirant lo Blanch; hoy en día, la crítica se muestra unánime al definirlos como «libros de caballerías» siguiendo los criterios de Lucía (2004-2005: 206) y Eisenberg (1975), quienes afirman que esta expresión era la más común utilizada por los lectores y autores de la época para referirse a este género narrativo y editorial.

6 «Cada vez parece más evidente, en efecto, separar las líneas de las diferentes materias, como la artúrica,

la carolingia y la troyana, que en las obras se mezclan y se confunden, haciendo imposible trazar fronteras tajantes. El género era totalmente permeable, capaz de acoger, adaptándolas, las traducciones, o capaz de asumir, renovándolos, materiales medievales, como las leyendas artúricas o tristanianas.» (Bognolo, 2001: 217)

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Los libros de caballerías castellanos pueden ser definidos a partir de diversos parámetros comunes según los distintos intentos de definición y descripción del género7 en cuanto a su contenido, su entorno histórico-geográfico y las particularidades de sus personajes. Siguiendo a Eisenberg (1982: 55-74), podemos sintetizarlos del siguiente modo:

-Tradición medieval. Son obras que entroncan directamente con la tradición medieval: la materia clásica, la materia carolingia y, fundamentalmente, con la materia de Bretaña8; reelaborando temas y motivos e incorporando nuevos materiales propios del Renacimiento, época en la que el género alcanzó un gran desarrollo. Suponen el puente entre la Edad Media y el Renacimiento.

-Carácter idealista9. No es que sean inverosímiles, sino que su sistema de ficción no se basa en el principio de la verosimilitud: aquello que puede ser aceptado como verdad, lo que es creíble, aunque no sea cierto.

-El personaje principal o personajes protagonistas. El héroe es el caballero que realiza grandes hazañas para conseguir fama, buscar su identidad y ser merecedor del amor de su dama. Los principales protagonistas, caballeros, pertenecen a la clase de los combatientes. El gran éxito popularidad de este tipo de obras provocará que toda la sociedad participe de los ideales caballerescos10.

-Torneos, pasos de armas y duelos. Son simulacros de carácter bélico que sirven al caballero para defender la justicia y afianzar su propia trayectoria caballeresca.

-Los sabios y los encantadores. Estos seres mágicos, ya sean hombres o mujeres, ayudan a los caballeros protagonistas en sus aventuras, funcionan como auxiliares

7Para una cacterización del género véase Ferreras (1987: 34-35), Guijarro (2007: 54), Orduna (2001:

540-543) y Rey Hazas (1982: 65-105).

8 Alvar (2002:62) incluye en esta denominación «a las narraciones referidas a Tristán e Iseo, que en

principio eran independientes de las hazañas de los caballeros de la Mesa Redonda y de los nobles del rey Arturo: la Materia de Bretaña tenía dos ramas frondosas, ambas con gran vitalidad: una, representada por el rey Arturo y los caballeros de la Mesa Redonda, se situaba en el reino de Logres, en la Bretaña insular; la otra, centrada en Tristán e Iseo, transcurría en las apacibles tierras de Cornualles, ajena a las actividades de los habitantes de Camelot». Así, las «leyendas artúricas» y las «leyendas de Tristán» estarían incluidas bajo la etiqueta general de «Materia de Bretaña».

9 Rey Hazas (1982) establece que la novela idealista presenta cuatro rasgos caracterizadores: «1) El tema

central es el amor, fundamentándose en el amor cortés, 2) la omnisciencia del narrador, 3) los protagonistas pertenecen a las clases elevadas y no hay evolución psicológica, 4) el final feliz, que se corresponde a una visión del mundo idealizada.»

10

Cervantes en el Quijote describe perfectamente cómo el acceso a los libros de caballerías había llegado también a las clases más modestas de la sociedad a través de la transmisión oral, en el famoso episodio de la venta de Palomeque el Zurdo (I, 32), donde el ventero refiere su afición por los motivos bélicos de estas obras y Maritornes todo lo referido a los lances amorosos y las «cuitas» de los caballeros.

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mágicos, marcando el destino del héroe, como en la tradición medieval de los personajes mágicos11.

-El gigante. En estas obras aparece denominado como «jayán», es el antagonista básico del héroe-caballero. Representa el arquetipo del malvado dominado por el orgullo y la desmesura. Es el modelo anticaballeresco.

-Los monstruos y los seres híbridos. Seres reptilianos como las serpientes y los dragones adquieren una dimensión monstruosa encarnando el símbolo del mal. A medida que va evolucionando el género, estos seres darán paso a los monstruos híbridos.

-El viaje. El deseo insaciable de viajar provoca que el héroe parta en busca de aventuras. Al inicio, se tratará de un viaje iniciático para forjar su propia trayectoria personal hasta llegar a convertirse en caballero. La aventura va al encuentro del héroe y no puede huir de ella12, debe probar en ella su valía y su cualificación excepcional. Los espacios donde se desarrolla básicamente la aventura son de dos tipos: espacios naturales, como el bosque, los mares y las ínsulas; y espacios artificiales, como la ciudad, la corte o el castillo.

-La falsa traducción. Normalmente se atribuye en estas narraciones la autoría a un sabio o mago, masculino o femenino, que participa en los hechos que narra e, incluso, auxilia a sus protagonistas, otorgando al relato un cierto tono de verosimilitud. La supuesta procedencia de una fuente histórica es una forma de otorgar autoridad al libro de caballerías. El tópico de la falsa traducción es uno de los motivos más frecuentes del género caballeresco.

-La geografía exótica e imaginaria. Es frecuente en los libros de caballerías la aparición de geografías exóticas y reinos imaginarios. Fundamentalmente, por influencia de los libros de viajes.

-Antigüedad. El argumento se desarrolla en el pasado, en un tiempo no anterior al nacimiento de Cristo. Normalmente, en un contexto social cristiano, continuamente en lucha contra otras fuerzas sociales o culturales.

-Pseudo-historicidad (Eisenberg, 1982: 119-129). No son simples relatos ficticios, sino «crónicas» o «historias» que relatan hechos ocurridos en el pasado, en ocasiones, manuscritos encontrados en un lugar lejano. Se remontan a una época

11 Véase el estudio de Mérida, 1994b.

12 Para Paul Zumthor (1994: 163), el viaje pone en marcha nuestra capacidad para cruzar un límite y

afrontar una alteridad. La idea del viaje manifiesta nuestra tendencia innata al desplazamiento, una perspectiva de movilidad y un deseo de conocimiento.

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próxima a la novela artúrica. Son de gran extensión y, en ocasiones, se organizan en sagas familiares.

-Las «historias fingidas». Los lectores de la época conocen esos sucesos del pasado, mediante la traducción de dichas crónicas de un idioma extraño al «romance castellano». Esta creación de «historias fingidas» sería uno de los argumentos más utilizados por los detractores de los libros de caballerías, a pesar de su propósito didáctico y el interés moralizante propios de estas obras, donde los autores proponían siempre modelos y virtudes para seguir e imitar, independientemente de la desproporcionalidad o inverosimilitud.

Si para la crítica ha sido compleja la tarea de definir este género y su caracterización, aún más compleja ha sido a la hora de fijar qué tipo de obras componen este amplio y variado corpus caballeresco. Para ello, algunos críticos tienen en cuenta el ámbito de la «materia caballeresca», un registro aún más extenso que, además de los libros de caballerías, incorporaría también historias caballerescas breves, poemas caballerescos, narrativa caballeresca espiritual, romances y obras de teatro de tema caballeresco (Lucía y Sales, 2008: 28-34).

Sin embargo, otra de las consideraciones fundamentales para establecer un corpus caballeresco es tener en cuenta el concepto de género editorial13 (Lucía, 2001a). Es decir, los lectores de la época sabían perfectamente qué obras eran libros de caballerías, reconocían los textos por su estructura externa, por una serie de características físicas que los impresores habían predeterminado desde los inicios del género, sin tener en cuenta la lengua original en la que estaban escritos o la nacionalidad del autor. Algunas de esas características eran la edición en folio, la gran extensión de las obras «libros grandes», los grabados que incluían y su característica letra gótica (Marín Pina, 2011: 24). Bajo este criterio José Manuel Lucía Megías amplía los límites del corpus caballeresco a textos medievales con apariencia de libros de caballerías renacentistas (por ejemplo, la reedición realizada por Cromberber en 1512 del Zifar), crónicas y textos históricos y a algunas traducciones no escritas originariamente en castellano (Lucía y Sales, 2008: 47-59). Por tanto, su corpus, que comienza con el Amadís de

13

«En el género editorial se engloban tanto las características internas que hacen posibe que una serie de textos compartan una unidad genérica literaria, como aquellas externas que marcan vinculaciones (tipográficas e iconográficas) entre ellas. En otras palabras, el género editorial abarca tanto al lector

(relacionado con el texto) como al comprador (relacionado con el libro), y todo ello gracias a unas determinadas expectativas de recepción, muy codificadas y (re)conocidas por todos, que pueden ser utilizadas por los libreros e impresores para hacer más atractivos sus productos» (Lucía, 2001b: XIX).

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Gaula de 1508, consta en la actualidad de ochenta y seis títulos que incluye obras manuscritas y también textos de los que no se conserva ningún ejemplar (Lucía y Sales, 2008: 61-64).

Tan extensa antología, en un intento de organización, ha sido objeto de diferentes propuestas de clasificación. La más extensa de las clasificaciones fue la realizada por Pascual de Gayangos en su Catálogo razonado de los libros de caballerías que hay en lengua castellana ó portuguesa hasta el año 1800 (Madrid, 1857) cuyo único criterio utilizado fue el del contenido, basado en el origen de los textos14 (Lucía, 2000: 35):

Para tratar de estos libros con el dévido orden, convendrá dividirlos en tres grandes

ciclos: el bretón, el carlovingio y el greco-asiático. Los dos primeros son, con alguna ligera excepción, exclusivamente franceses; y el tercero fué engendrado en la Península por la brillante imaginación de nuestros escritores. A este último habrá necesariamente de agregarse otra multitud de libros, así en prosa como en verso que, estrictamente hablando, no son más que una modificación del género, como son la novela caballeresca-sentimental, los libros de caballerías morales ó á lo divino, los que están fundados sobre la historia de España, y por último, las bellísimas epopeyas caballerescas traducidas ó imitadas del italiano (Gayangos, 1874: VI)

15

.

Lucía y Sales (2008: 70-79), por su parte, proponen una clasificación basada en el desarrollo de un género que, lógicamente, habría sufrido algún tipo de evolución o transformación a lo largo de casi dos siglos. Por un lado, plantea dos paradigmas o modelos caballerescos durante el siglo XVI, cuyo comienzo habría que situarlo a finales del siglo XV, y un tercero durante el siglo XVII. Los dos primeros pueden delimitarse cronológicamente; los primeros textos publicados durante la primera mitad de siglo y los publicados durante la segunda mitad:

- Bajo la denominación de «paradigma inicial» o «idealista», se encontrarían todas las obras que toman como paradigma el Amadís de Gaula, que proponen un visión idealista del mundo caballeresco con una estructura narrativa muy elaborada y con un claro propósito didáctico en defensa de una determinada ideología; como indica Marín Pina (2011: 109)16:

Directa o indirectamente, estos libros se ofrecen a un público vinculado a la monarquía y a las altas esferas del poder, a unos lectores educados en el seno de una sociedad caballeresca en vías de transformación que, al perder la función militar para la que fue

14Para Gayangos el Florisel II estaría dentro del ciclo greco-asiático, ya que sus protagonistas principales

son príncipes griegos y sus aventuras tienen como centro de gravedad la corte de Constantinopla, desarrollándose la mayor parte de las aventuras en Asia.

15

Citamos por Lucía (2000: 35).

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creada, se refugia en la imitación ornamental de sí misma. Los lectores hallan recreado en estos libros un mundo caballeresco más o menos idealizado, repleto de aventuras amorosas y bélicas, de espléndidos torneos, justas y fiestas cortesanas, de prodigios y maravillas capaces de perpetuar la ensoñación de la antigua caballería, que pasa a ser, además de recreo con el que atrapar el tiempo pasado y sus ideales, una forma de vida. Al igual que la historiografía o la poesía de cancionero, también estos libros representan de diferente manera la ideología del estado moderno y algunos participan activamente en la propaganda de la política imperial. Como venía siendo usual en la literatura del tiempo, todos ellos transmiten el nuevo ideario a través de una serie de imágenes de representación del poder real de tipo providencialista y teocéntrico, profético y mesiánico.

Este tipo de obras se asienta sobre dos ejes fundamentales: «el de la identidad caballeresca y el de la búsqueda amorosa» (Lucía y Sales, 2008: 71). Dentro de este modelo, aparecen otros dos grupos de obras claramente diferenciados. Por un lado, una serie de textos denominados «realistas» que buscan un mayor realismo y verosimilitud, alejándose del elelemento mágico y fantástico, con un claro propósito didáctico en defensa de la ortodoxia religiosa. Por otro, aparecen otros autores, como Feliciano de Silva, que plantean el fenómeno de la experimentación caballeresca en un afán renovador del género, que introduce nuevos elementos como el humor, o elementos de la ficción sentimental y la pastoril, entre otros, que marcarán el modelo narrativo durante la segunda mitad del siglo XVI.

-El paradigma del «entretenimiento», que triunfará a mediados de siglo y abandonará el didactismo precedente para centrarse en el entretenimiento y ampliar así el número de lectores mediante la utilización de distintas fórmulas como «la hipérbole (o exageración), el erotismo y las aventuras maravillosas» (Lucía y Sales, 2008: 78). La obra que abre paso a este nuevo modelo será el Espejo de príncipes y caballeros (1555) de Diego Ortúñez de Calahorra.

Estos dos paradigmas iniciales habría que ampliarlos a un tercer modelo en el siglo XVII, denominado «modelo quijotesco» o «propuesta cervantina» (Lucía y Sales, 2008: 80-84). Cervantes con el Quijote logra que confluya el realismo del paradigma inicial y el humor y el entretenimiento, plantea un nuevo modelo de paradigma caballeresco en:

un libro de caballerías que, escrito teniendo en cuenta la literatura de entretenimiento triunfante en su momento, vuelve los ojos a la “forma, sentido y finalidad” que ofrece el

Amadís de Gaula, dando como resultado el libro de caballerías más realista, más verosímil de los que se hayan escrito. Idealismo, realismo y entretenimiento se dan cita en

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el texto cervantino, tres de las grandes líneas de evolución y transformación del género a lo largo del siglo XVI (Lucía y Sales, 2008: 81).

2. EL ÉXITO DE LOS LIBROS DE CABALLERÍAS

La literatura caballeresca es uno de los géneros literarios y editoriales más importantes de nuestros Siglos de Oro, que alcanzó un gran desarrollo durante el siglo XVI y que se prolongó hasta más allá del primer cuarto del siglo XVII. La crítica coincide al señalar como origen del mismo la publicación de la primera edición conservada del Amadís de Gaula refundido de Garci Rodríguez de Montalvo, a partir de la versión primitiva medieval, impresa por Jorge Coci en Zaragoza en 150817. Se considera el paradigma fundacional sobre el que se asienta todo el género caballeresco, como también creía Cervantes, a través de las palabras del cura:

[...] porque, según he oído decir, este libro fue el primero de caballerías que se imprimió en España, y todos los demás han tomado principio y origen d´este.

(Quijote I, cap. VI)

Como fecha de extinción, tradicionalmente, se ha propuesto 1602, año en el que se publica el último texto caballeresco original: el Policisce de Boecia. También se ha planteado 1623, fecha de la reedición de la tercera y cuarta parte del Espejo de Príncipes y Cavalleros. Sin embargo, con la inclusión en el corpus (Lucía y Sales, 2008: 64) de la Quinta parte del Espejo de Príncipes y Cavalleros, último texto original del género que se conserva en un códice manuscrito en la Biblioteca Nacional de Madrid18, que no llegó a publicarse, obliga a prorrogar este límite cronológico hasta una fecha posterior a 1623 aún sin determinar. Lucía y Sales (2008: 64) tampoco descartan la ampliación del corpus caballeresco ya que se tiene noticia de la existencia de determinados títulos caballerescos, a través de inventarios o descripciones, pero de los que no se conserva ningún ejemplar19.

17

Tanto Lucía y Sales (2008: 27) señalan que el libro circularía ya de manera impresa a partir de 1496 «seguramente gracias a la labor de los maestros impresores alemanes que habían abierto taller en Sevilla».

18

Recientemente, Rafael Ramos ha dado noticia del hallazgo de otro ejemplar conservado en la Biblioteca del Ministerio de Asuntos Exteriores. Contiene un prólogo al lector y un Sexto Libro.

19

Citan las siguientes obras: «Leoneo de Hungría (Toledo, 1520); Leonís de Grecia; Lucidante de Tracia

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34

De este modo, a lo largo de aproximadamente unos ciento cincuenta años, vieron la luz más de 80 títulos diferentes adscritos al género, de los que se conocen unas 243 ediciones en el siglo XVI y, en total, más de 300 ediciones desde finales del siglo XV hasta las primeras décadas del XVII, que no solo se publicarían dentro de nuestras fronteras, sino también en Portugal, Francia, Italia, Alemania, Inglaterra y Holanda, y cuyo éxito y popularidad llegaría hasta América20. Hay que tener en cuenta que no todos los libros de caballerías gozaron de la misma difusión, no todos tuvieron la aceptación de un público más allá de un determinado momento o un determinado ámbito geográfico (Lucía, 2004-2005: 220).

Dentro de este periodo, podríamos señalar dos momentos o etapas que afectan al éxito de los libros de caballerías: una primera etapa de gran desarrollo, difusión y florecimiento, y una segunda etapa de decadencia.

La primera etapa cronológicamente abarcaría desde finales del siglo XV (con la aparición del Amadís de Gaula) hasta mediados del siglo XVI. Diversos son los factores que propiciaron el gran auge de estas obras durante este momento:

-Su publicación y éxito coincide con dos hechos históricos importantes: la expansión del imperio español en América y la subida al trono de Carlos V, gran aficionado a la lectura de libros de caballerías. Los ideales imperialistas se reflejan bastante bien en estos libros.

-La naturaleza literaria de los textos caballerescos va unida a su carácter de producto editorial. Lucía y Sales (2008: 43) afirman que son la «la doble cara de un mismo objeto: a un tiempo texto y libro; literatura y negocio». Por ello, tanto libreros como impresores asumirán distintas estrategias editoriales para satisfacer la demanda de un público ávido de esta literatura caballeresca21.

-Al igual que los libreros e impresores, a medida que nos adentramos en el siglo XVI, adoptan distintas estrategias editoriales; los autores, que son conscientes de a qué público dirigen sus obras vinculadas a una ideología de tipo renacentista y monárquica, en un afán de renovación y transformación del género, buscarán ampliar los «grupos de

20

Sobre este aspecto pueden consultarse los numerosos ejemplos que aparecen en el libro de Irving A. Leonard (1959: 101-111).

21 Entre las estrategias editoriales Lucía (2002a:18-21) destaca: « - La estrecha vinculación que se

establece entre algunos textos y una determinada ciudad, impresor o librero; el texto caballeresco pasa a convertirse en un mero producto comercial, nacido al amparo de un determinado público o de unas particulares expectativas de ventas. - En otras ocasiones, la edición de un libro de caballerías está estrechamente relacionada con aspectos personales de su autor o de algunos responsables de su edición.»

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