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CON TECHO Y SIN HOGAR

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Academic year: 2021

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ISBN 978-84-8440-473-6 9788484404736

CON TECHO Y SIN HOGAR

CON TECHO Y SIN HOGAR

Efectos de la vivienda precaria en la vida

de las personas de Barcelona.

Una mención especial a las familias

con hijos

MARTA PLUJÀ I CALDERON

Cáritas

SECRETARÍA DE ESTADO DE POLÍTICA SOCIAL Y CONSUMO DIRECCIÓN GENERAL DE POLÍTICA SOCIAL DE LAS FAMILIAS Y LA INFANCIA MINISTERIO

DE SANIDAD, POLÍTICA SOCIAL E IGUALDAD

GOBIERNO DE ESPAÑA

2010-2015

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CON TECHO Y SIN HOGAR

Efectos de la vivienda precaria en la vida

de las personas de Barcelona.

Una mención especial a las familias con hijos

MARTA PLUJÀ I CALDERON

Cáritas

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Junio, 2011

© Cáritas Española Editores Embajadores, 162 28045 Madrid Teléf.: 91 444 10 00 [email protected] www.caritas.es

ISBN: 978-84-8440-473-6 Depósito legal: M-28375-2011 Preimpresión e impresión:

Gráficas Arias Montano, S. A.

28935 Móstoles (Madrid)

Impreso en España/Printed in Spain Corrección:

Lourdes Ortiz Floriach

Departamento de Comunicación Cáritas Diocesana de Barcelona

Redacción y coordinación:

Marta Plujà i Calderon

Departamento de Gestión y Análisis Social Área de Programas y Servicios Cáritas Diocesana de Barcelona

Fotografías:

Marta Plujà i Calderon Lourdes Ortiz Floriach

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Equipos territoriales de las diócesis de Barcelona, Sant Feliu de Llobregat y Terrassa. Equipo del Área de Programas y Equipa- mientos. Equipo del Programa de Salud Mental. Equipo de la Fundació de l’Habitatge Social.

A las «Marquesas» de Cáritas, trabajadoras sociales jubiladas, es- pecialmente a M. Gemma Bonet, Teresa Casanovas, Roser Coro- mina, Assumpta Fernández, Montserrat Garcia, Montserrat Plans y Antònia Sans.

Personas atendidas en: Centro «La Mercè», El Talleret, Espai d’Orientació Laboral d’Alexandre Galí, Baobab, Curso del hogar de Santa Coloma de Gramenet, Curso de electricidad de Badalona.

Abdoulaye, Carmen, Carmen J., Elsa, Eva, Fabiana, Fadiha, Josep, Montserrat y Nadia, por la valentía de abrir su corazón y explicar sus vivencias a quien las quiera conocer.

Imma Boj, directora del Museu d’Història de la Immigració de Catalunya, y Cristina Aguiriano, responsable de la Biblioteca del MHIC.

Maria Fèlix Roncero Escudero, Archivo del Patronat Municipal de l’Habitatge de Barcelona.

Mercè Tatjer i Mir, geógrafa (UB).

Jaume V. Aroca, periodista.

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PRESENTACIÓN ... 11

NOTA METODOLÓGICA ... 13

INTRODUCCIÓN ... 15

Capítulo 1: DefiniCiónyConCeptualizaCión ... 19

1. ¿Qué es un techo? ... 21

2. ¿Qué es un hogar? ... 22

3. Formas de vivir en las viviendas que nunca serán hogares 26 3.1. Compartir la vivienda ... 28

3.2. «vivir de patrona» ... 29

3.3. Vivir en una habitación ... 30

3.4. Estar en acogida ... 32

3.5. Barraquismo ... 33

3.6. Camas calientes o pisos patera ... 34

3.7. Vivir de okupa ... 35

3.8. Situación de sin techo ... 36

Capítulo 2: DimensiónhistóriCaDelosteChosquenosonhogares ... 39

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1. Una historia que se repite ... 41

2. Testigos pioneros ... 46

3. Cambios en la arquitectura y el urbanismo ... 52

Capítulo 3: DimensióneConómiCa. reCursosentiemposDeCrisis ... 55

1. Alternativa a la pensión ... 59

2. Un negocio ... 60

3. Fuente extra de ingresos ... 61

Capítulo 4: DimensiónsoCial. CaraCterístiCasDelaspersonas quevivenenteChosquenosonhogares ... 63

1. Perfiles ... 67

2. Los perfiles en datos ... 72

Capítulo 5: efeCtosDeunavivienDapreCariasobrelaviDaDelaspersonas .... 75

1. El papel crucial del empadronamiento ... 78

2. Convivir con gente desconocida ... 81

3. Vivir hacinados ... 83

4. Perder la memoria a trocitos ... 85

5. Situación de sin techo, un caso extremo ... 86

Capítulo 6: efeCtossobrelasaluD. vivirenpreCarioperjuDiCa (ymuCho) lasaluD ... 89

Capítulo 7: elimpaCtoenlaviDaDemenoresyaDolesCentes. unahuellainDeleble ... 99

1. Falta de espacio vital para el crecimiento ... 102

2. Dinámicas inadecuadas ... 103

3. Falta de seguridad ... 104

4. El síndrome de los padres invisibles ... 105

5. Movilidad constante ... 107

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6. La fragilidad de la salud de menores y adolescentes ... 107

Capítulo 8: unfenómenoConnombrepropio ... 111

1. Carmen y Eva: Vivir la crisis en carne propia ... 113

2. Elsa: obligada por las circunstancias ... 118

3. Abdoulaye: el viaje sin retorno ... 123

4. Josep y Montserrat: marcados por la esquizofrenia ... 129

Capítulo 9: ¿qhaCe Cáritas barCelona? respuestasenelámbitoDelavivienDa ... 133

1. La Fundación Privada Foment de l’Habitatge Social (FHS) ... 136

2. La experiencia de los pisos compartidos ... 139

2.1. Un piso para cada necesidad familiar (y personal) ... 139

2.1.1. Pisos para familias monomarentales ... 140

2.1.2. Pisos para personas solas (jóvenes y adultas) en situación de exclusión social ... 140

2.1.3. Unidades de convivencia para personas mayores . 141 2.2. El camino de la dignidad ... 142

3. Testimonios de un cambio ... 142

3.1. Nadando a contracorriente ... 143

3.2. El amor imposible ... 148

3.3. La huida de Fabiana ... 153

3.4. Dignidad en la vejez ... 157

Capítulo 10: propuestas ... 161

1. Líneas de acción de Cáritas Barcelona ... 164

1.1. Centros abiertos para menores y adolescentes ... 164

1.2. Refuerzo educativo y apoyo a la escolarización ... 164

1.3. Centros de apoyo materno-infantil ... 165

1.4. Espacios de guarda ... 165

1.5. Fomento del deporte ... 165

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1.6. Pisos unifamiliares y pisos compartidos para

distintos perfiles familiares ... 165

2. Pedimos «a quien corresponda» ... 166

2.1. Demandas legales ... 166

2.2. Demandas políticas ... 169

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS ... 171

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Desde los diferentes puntos de atención de Cáritas Diocesana de Barcelona, se constata cómo la vivienda, según su nivel de precarie- dad, marca el bienestar de las personas y puede llegar a condicionar su calidad de vida en el futuro.

En el caso de las familias que atendemos, sólo un 54% dispone de hogar, ya sea un piso alquilado para ellas solas o un piso de pro- piedad. El resto no tienen más alternativa que vivir en habitaciones realquiladas, acogidas en casa de otras personas, residir en un centro de Cáritas o de otra entidad, o malvivir en la calle.

El informe se centra en estas situaciones en que no se dispone de un hogar. Y pone un énfasis especial en los efectos en los niños que se encuentran privados de un espacio digno donde estar con los pa- dres, jugar y hacer los deberes.

En el ámbito específico de la vivienda, Cáritas hace un esfuer- zo constante para ayudar a las familias más vulnerables. Tomando como referencia un enfoque de prevención, se intenta frenar la pre- cariedad a la que están expuestas, a través de proyectos como los pi- sos compartidos, los espacios de ayuda mutua, los centros abiertos para niños o el refuerzo educativo.

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Al mismo tiempo, no podemos dejar de valorar los esfuerzos de las familias que se encuentran en esta situación de exclusión resi- dencial. Se ven abocadas a ello por falta de trabajo, de un permiso de residencia o por la insuficiencia de ingresos económicos.

Alquilar un piso les resulta imposible, pero confían en que esta situación será sólo provisional. Desgraciadamente, no siempre es así y el sufrimiento de vivir, por obligación, con personas desco- nocidas o de residir bajo techos que no son hogares se alarga de manera indefinida.

El informe que sigue, pues, se suma a todas las acciones que Cá- ritas Diocesana de Barcelona desarrolla para contrarrestar la exclu- sión residencial, reivindicando que todo el mundo tiene que tener derecho a un hogar digno. Y se enmarca, también, en la campaña de la Unión Europea “Ninguna persona sin hogar”, que ha empe- zado este año con el objetivo principal de que, en Europa, no haya nadie durmiendo en la calle en 2015.

jorDi rogláDe leuw

Director Cáritas Diocesana de Barcelona

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La elaboración de este informe se ha hecho a partir tanto de un análisis cuantitativo como de uno cualitativo.

Para el primero se ha utilizado la base de datos sociales propia de Cáritas Diocesana de Barcelona. Es una base de datos que cuenta con más de 50.000 registros activos de personas atendidas por la ins- titución y que ha permitido cuantificar el alcance de la realidad que queríamos explicar.

Para el análisis cualitativo hemos recurrido —como en cualquier investigación— a la revisión de fuentes documentales primarias, concretadas en informes sociales extraídos de la base de datos propia.

También de fuentes documentales secundarias, es decir, otros es- tudios e informes que han abordado el tema en diferentes momentos históricos u otros temas que pueden tener relación con el que ahora nos ocupa.

Sin duda, la parte más interesante, por lo que puede tener de úni- ca, es la elaborada a partir de los grupos de discusión, organizados tanto con personal técnico de la institución (trabajadoras sociales, educadores sociales, psicólogas, técnicas de los Programas de Infan- cia e Inclusión, trabajadoras sociales jubiladas) como con grupos de

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personas atendidas por los servicios que Cáritas Diocesana de Bar- celona tiene en las tres diócesis barcelonesas.

Por último, otro capítulo muy importante, por lo que tiene de testimonio narrado en primera persona, es el realizado a partir de entrevistas personales y en profundidad a personas afectadas por las condiciones de vida que describimos en este informe. Ellas son las verdaderas protagonistas, si bien involuntarias, de lo que aquí se explica.

No ha sido un trabajo fácil. Es mucha la información recogida, de una gran riqueza documental, y poner cada cosa en su lugar ha sido en algunos momentos muy laborioso, sobre todo porque a menudo tocaba entrar en el terreno emocional y esto siempre es delicado.

Pero creemos que el resultado ha sido un trabajo muy rico y acla- ratorio de las condiciones de vida de las personas que no tienen un techo digno para vivir y que han tenido que recurrir a la ayuda de Cáritas para allanar el camino que las tiene que llevar a una vida en dignidad.

Con este informe que os presentamos queremos contribuir, una vez más, a hacer visible una realidad que a menudo está escondida y, a veces, nos cuesta mirar frente a frente. Forma parte de nuestra cotidianidad, pero es dura y difícil de tratar. Una vez más, haciendo honor a uno de los ejes estratégicos de la Acción de Cáritas, como es el de la sensibilización y la denuncia, queremos acercarnos —y acercaros— a una realidad, la de las personas que viven en techos que no son (ni de lejos) hogares, para, entre todos, intentar cam- biarla.

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De todos es sabido el interés que despierta el tema de la vivien- da en Cáritas. Lo demuestran los diversos estudios1 que lo han tratado desde diferentes puntos de vista. Por eso, todavía quere- mos añadir otro, uno muy especial, porque pretende profundizar sobre una situación que hacía muchos años que no se daba con tanta fuerza —desde el final de los años cincuenta—, si bien siem- pre ha existido más o menos: el hecho de compartir vivienda, ya sea entre familiares o conocidos, estar acogido o bien vivir en habitaciones.

Si es tan especial para nuestra institución poder tratar amplia- mente este tema es porque detrás de estas situaciones hay personas, familias que sufren sus inconvenientes y, también, disfrutan de sus virtudes (aunque sean pocas).

En este informe hemos intentado averiguar qué se esconde detrás de estas situaciones, y sobre todo cómo las viven las familias que las padecen.

1 Informe de Cáritas Diocesana de Barcelona sobre Vivienda: L’habitatge digne per a tothom, encara una utopia (1992). Estudios: Habitatge: Luxe o necessitat?

(2003); L’Habitatge, un factor d’exclusió social (2007).

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Lo hemos titulado Con techo y sin hogar. Y no es un título gratui- to. La mayoría de las personas que hablan con voz propia en estas páginas no tienen un hogar, por mucho que tengan un techo. Un hogar —como también redescubriréis con la lectura— tiene que ver con el techo, pero además es el espacio que proporciona intimidad, protección, donde se guardan los recuerdos y se fabrican los sueños y los proyectos y, también, es donde se guardan los bienes persona- les, sean muchos o pocos. Y, por supuesto, los techos que tienen es- tas familias, estas personas, están muy lejos de siquiera asemejarse a un hogar...

Bien es verdad que hay muchos estudios hechos sobre la vivien- da, y en algunos se habla, de paso, del fenómeno de las habitaciones que se alquilan o los pisos que se comparten y otras formas pre- carias de tenencia, pero no hemos encontrado demasiados que se adentren en los efectos que estas maneras de vivir tienen sobre las personas: su salud, sus relaciones, la construcción familiar. Y esto es justamente lo que más nos ha interesado.

En estas páginas encontraréis una parte de la historia que ya conocéis, la de los abuelos y los padres de muchos de nosotros, que vivieron en habitaciones o compartieron piso, al llegar a las ciuda- des industriales buscando una vida mejor. También la de los que ya vivían en Catalunya, propietarios de pisos o inquilinos que encon- traron en el alquiler de una habitación la manera de completar los sueldos exiguos que se cobraban por muchas horas de trabajo duro en las fábricas, sobre todo las textiles.

Es una historia que se repite en momentos como el actual, en el cual la crisis económica global y globalizada sacude con fuerza las economías familiares, y que tiene como una de las primeras consecuencias la precarización de la vivienda. Por eso, también en- contraréis las historias de vida de algunas de las personas —sus vi- vencias y sus deseos—, que ahora, en el siglo xxi, tienen que volver a utilizar esta forma de tenencia porque no pueden acceder a una vivienda propia (ni de alquiler ni de compra).

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¿Cómo les afecta? ¿Tiene repercusiones sobre su salud? ¿Y sobre la de sus hijos e hijas? ¿Cómo lo viven? ¿Qué futuro las espera?

En este informe también hemos intentado dar respuesta a estas preguntas y a otras que nos han ido surgiendo a lo largo de las múl- tiples entrevistas realizadas. No hemos podido responderlas todas, claro está, pero al ponerlas sobre la mesa ya está hecho el primer paso: abrir el debate y un espacio de reflexión. Esperamos que no sea en vano.

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conceptualización

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Partimos de la tesis de que cualquier techo sólo permite guare- cerse, pero no es un hogar entendido en su sentido más amplio de pertenencia, seguridad, integración, etc. Para empezar cabe defi- nir qué es un hogar y establecer la diferencia con aquello que se entiende por techo.

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Espa- ñola (RAE), techo es: “Parte superior de un edificio, que lo cubre y cierra, o de cualquiera de las estancias que lo componen”. Es decir, un lugar donde estar a cubierto de las inclemencias del tiempo, básicamente. En ningún caso se le puede dar al techo el signifi- cado pleno de un hogar, el lugar donde ser persona con todo su sentido.

De este modo, se pueden distinguir diferentes grados de pre- cariedad y exclusión residencial, como veremos. Desde los casos más extremos de vivir literalmente en la calle o vivir en albergues o refugios de servicios sociales a compartir vivienda o vivir en una vivienda masificada. Estas formas de vivir “a cubierto” son formas que la Federación Europea de Asociaciones Nacionales que

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Trabajan con Sin Hogar (FEANTSA)2 —órgano financiado por la Comisión Europea— describe como “sin hogar”, y sobre esta con- vención se trabaja a nivel europeo en políticas sociales.

2. ¿QUÉ ES UN HOGAR?

Según el Diccionario de la RAE, hogar es la “casa o domicilio.

Familia, grupo de personas emparentadas que viven juntas”.

La Organización de Naciones Unidas, en las Encuestas de Con- sumo de Alimentos y de Hogares (UNSD-1987)3, recomienda, para la realización de censos de población, la utilización de un concep- to de hogar “basado en las disposiciones adoptadas por las perso- nas, individual o colectivamente, para satisfacer sus necesidades de alimentos u otros artículos esenciales para vivir”.

El Instituto Nacional de Estadística español, en la realización de encuestas, describe: “Identificación de la vivienda y hogar: Se con- sidera que forma un hogar la persona o grupo de personas que resi- den habitualmente en la vivienda familiar y comparten alimentos u otros bienes con cargo en un mismo presupuesto. Si en la vivienda viven dos o más grupos humanos con presupuestos diferenciados, cada uno de ellos forma un hogar y hay que realizar el ENTE a todos”.

Atendiendo a estas definiciones, se adivina que el hogar se defi- ne por las personas y no por el techo que las guarece.

En la Campaña de las Personas Sin Hogar 2008 de la Confedera- ción de Cáritas Española figuraba ya una aproximación bastante afi-

2 FEANTSA: www.feantsa.es

3 ONU-Departamento de Asuntos Económicos y Sociales, División de Estadística.

Manual de Encuestas sobre hogares. Estudios de Métodos, Serie F Nº 31, Nueva York, 1987. http://unstats.un.org/unsd/publication/seriesf/seriesf_31s.pdf Encuesta Nacional de Salud (ENTE 2006). http://www.ine.es

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nada de lo que nuestra institución entiende por hogar: “Se trata de crecer en el sentimiento de hogar, como sentido y vivencia donde encuentro el calor, porque pertenezco, me siento protegido, puedo crecer si lo quiero, puedo aprender, compartir, soñar, jugar; porque si me falta alimento o vivienda, este ‘calor–comunidad’ me envuelve, me apoya y me sirve de plataforma para volver a empezar. Tengo ho- gar porque a mi alrededor encuentro redes de apoyo, me relaciono, establezco vínculos y los establecen todos aquellos que me rodean”.

Por su parte, FEANTSA define a la persona sin hogar como

“aquella persona que no puede acceder —o bien conservar— a un alojamiento adecuado, adaptado a su situación personal, perma- nente y que le proporcione un marco estable de convivencia, ya sea por falta de recursos, ya sea por dificultades personales o socia- les, para llevar una vida autónoma”.

Así, HOGAR es un espacio donde ser persona, donde vivir con calidad de vida, con dignidad. El hogar es donde se tienen los me- dios de subsistencia (salud, alimentación, procrear, descansar del trabajo); de protección (espacio vital, entorno social, sistemas sa- nitarios y de seguros, familia); de afecto (autoestima, relaciones familiares y de amistad, vida privada, intimidad); de comprensión (tanto en el ámbito educativo como en el político); de creación (emocional, pero también de las habilidades sociales y persona- les); de recreo (para las actividades de ocio y de intimidad); de identidad (personal, social, religiosa); y de libertad (igualdad de derechos, elección y discrepancia).

Además, el hogar también es un derecho universal. La Decla- ración Universal de los Derechos Humanos conjuga en su articu- lado varios derechos que proporcionan la efectiva realización de la tenencia de un hogar, tomando, como concepto, una visión no restringida al ámbito económico.

También la Constitución española establece que la vivienda es un derecho al cual tiene que poder acceder toda la población es-

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pañola (art. 47) y la extranjera (art. 13), que se tienen que aten- der los problemas específicos de los ciudadanos durante la tercera edad (art. 50) y que las comunidades autónomas pueden asumir competencias al respecto (art. 148.1.3).

Artículo 12

Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación.

Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.

Artículo 25

Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y especialmente la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios;

también tiene derecho a los seguros en caso de paro, enfermedad, invalidez, viudedad, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por cir- cunstancias independientes a su voluntad.

Artículo 13

1. Los extranjeros disfrutarán en España de las libertades públicas que ga- rantiza el título presente en los términos que establezcan los tratados y la ley.

Artículo 47

Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y esta- blecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la es- peculación.

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Se entiende, así, que la vivienda es un derecho básico para todo el mundo, sea cual sea su situación administrativa y que acceder a una vivienda digna debería hacerse en igualdad de condiciones.

En cambio, como ya se decía en el Documento de Bases Legales del Consenso sobre las Migraciones en Catalunya4, “el derecho a la vivienda dentro de la Constitución española se regula como un principio rector de la política social y económica, por lo tanto, no es un derecho directamente exigible”.

Al final, los derechos sociales que proporcionan “la existencia de hogar” empiezan a plasmarse cuando se tiene un acceso real a la vivienda, pero no se consolidan sólo así. Además, es necesario incidir en la ubicación de la propia vivienda, de su entorno, en el sostenimiento de la situación laboral, del acceso a la educación y la salud; al facilitar la creación de redes sociales, de nacimiento de vínculos, de vías solidarias en el ejercicio de la ciudadanía. No hay un concepto más transversal que el de HOGAR.

Este espacio requiere, en primer lugar, de un lugar físico, que en nuestra sociedad es la VIVIENDA: “Un mecanismo esencial en el proceso de integración social de cada persona, pero para que este principio se cumpla de manera precisa hace falta que reúna determinadas características físicas, de equipamientos, de instala- ciones, de coste económico y de integración sociourbanísitica”5.

Artículo 50

Los poderes públicos garantizarán la suficiencia económica a los ciuda- danos durante la tercera edad, mediante pensiones adecuadas y actualizadas periódicamente. Con independencia de las obligaciones familiares, promove- rán el bienestar mediante un sistema de servicios sociales que atenderán los problemas específicos de salud, vivienda, cultura y ocio.

4 Documento de bases legales. Consenso Social sobre Migraciones en Catalunya.

Barcelona, marzo de 2008.

5 Informe sobre la inclusión social en España. Fundación Foessa. Cáritas Españo- la, 2008.

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HOGAR

3. FORMAS DE VIVIR EN LAS VIVIENDAS QUE NUNCA SERÁN HOGARES

La vivienda, por sí sola, no garantiza la integración, es más, en determinadas circunstancias puede ser un desencadenante de la exclusión social. Las condiciones físicas, la accesibilidad y el contexto pueden determinar —y de hecho determinan— que se convierta o no en hogar.

Es en este sentido que FEANTSA clasifica en quince categorías aquellas situaciones que convierten a las personas en “sin hogar”, en la mayoría de los casos a pesar de tener un techo6:

FORMACIÓN

TRABAJO

SALUD CURARSE

LLORAR AFECTOS ALIMENTACIÓN

VESTIDO OCIO

AUTONOMÍA RESPETO

RED

DERECHOS

SEGURIDAD

Donde tengo mi espacio, mi intimidad.

Donde nadie puede entrar arbitrariamente.

Que puedo trasladar de lugar, sin renunciar a mi identidad. Donde me pueden acoger si ya no puedo vivir en la que había sido mía.

Formado por mis bienes (pocos o muchos, o casi ninguno). Por mis sueños y mis proyectos. Por aquello que comparto o el recuerdo de aquello que compartí.

Mi barrio. Mi vecindario, los amigos. Los compañeros del parque, de banco o de juegos.

6 Esta clasificación se llama ETHOS (siglas que responden a la denomina- ción inglesa de TIPOLOGÍA EUROPEA DE SIN HOGAR Y EXCLUSIÓN RE- SIDENCIAL) y permite recoger de manera desagregada las diferentes si- tuaciones con las que se puede encontrar una persona con problemáticas relacionadas con el mal alojamiento.

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SItuAcIoNES DE EXcluSIÓN rESIDENcIAl Sin hogar (Roofless)

1. Vivir en un espacio público (sin domicilio).

2. Pernoctar en un albergue, forzado a pasar las horas diurnas en un espacio público.

Sin vivienda (Houseless)

3. Estas en centros de servicios o refugios (hostales para sin techo, albergues para mujeres, etc.).

4. Vivir en alojamientos temporales: pagados por la municipalidad, aloja- mientos interinos (esperando asesoramiento), unidades de vivienda de transición (a corto plazo), etc.

5. Vivir en alojamientos temporales reservados a inmigrantes (solicitantes de asilo, repatriados, etc.).

6. Vivir en instituciones: prisiones, centros de atención sanitaria, hospitales que han de dejar en un tiempo definido sin tener adonde ir...

7. Vivir en alojamientos de apoyo (sin contrato legal de alquiler).

Vivienda insegura

8. Notificación legal de abandono de la vivienda.

9. Vivir temporalmente con familiares o amigos de forma involuntaria.

10. Vivir bajo la amenaza de violencia por parte de la familia o de la pareja.

11. Vivir en una vivienda sin título legal (subarriendo).

Vivienda inadecuada

12. Vivir en una estructura temporal o barraca.

13. Vivir en un cámping/caravana.

14. Vivir en una vivienda no apropiada según la legislación estatal.

15. Vivienda masificada (de acuerdo con la legislación estatal).

En este informe hablaremos de varias situaciones que tienen en común la existencia de un techo, pero que se da en condiciones muy precarias.

Para hacerlo, hemos de tener en cuenta, de entrada, qué se con- sidera una vivienda adecuada. Por un lado, tiene que estar en condiciones de habitabilidad. Es decir: hace falta que disponga de

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los permisos pertinentes para poderla habitar (no puede ser un local comercial, ni un trastero, ni estar en ruinas...). Por otro, hay que adecuar la ocupación a la capacidad, teniendo en cuenta los índices de hacinamiento, que se calculan comparando la superfi- cie de la vivienda con las personas que viven de manera habitual.

En Catalunya, la Generalitat establece como mínimo 10 metros cuadrados por persona para obtener la cédula de habitabilidad.

Así, superar la media de 6 metros cuadrados por persona se consi- dera hacinamiento crítico, y si se está entre los 6 y los 10 metros cuadrados, es una situación de hacinamiento moderado.

Decimos esto porque algunas de las formas de tenencia de la vi- vienda de las que iremos hablando podrían ser dignas en determi- nadas circunstancias (porque quizás tienen cédula de habitabilidad o se encuentran en condiciones óptimas), pero, en cambio, están fuertemente sobreocupadas.

A continuación presentamos diferentes situaciones respecto a la vivienda que nunca serán un hogar:

3.1. Compartir la vivienda

compartir*

1 tr. Repartir, dividir, distribuir algo en partes.

2 tr. Participar en algo.

(*) Diccionario de la RAE

Consiste en la decisión de disfrutar de una misma vivienda to- mada por varias personas o familias para repartir los gastos y ob- tener el beneficio de la ayuda mutua.

Igual que el realquiler, no se trata de una decisión plenamente libre, porque obedece a una situación económica precaria, si bien sí que es querida y elegida.

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La principal diferencia entre esta forma de tenencia y el real- quiler de habitaciones es que la primera se da en igualdad de con- diciones entre las diferentes personas o familias que están bajo el mismo techo. Se reparten los gastos proporcionalmente y con la convivencia y las colaboraciones cotidianas se acaban estable- ciendo relaciones de ayuda mutua.

Como decíamos en la introducción de este informe, la historia se repite, y actualmente esta forma de tenencia vuelve a estar en auge — después de un tiempo en el cual parecía que se había dejado de lado.

Esta ha sido una fórmula utilizada tradicionalmente sobre todo por estudiantes y personas separadas que no pueden afrontar eco- nómicamente el mantenimiento de un piso en propiedad o de al- quiler y que con la actual crisis está tomando nuevas formas: hay propietarios que no pueden hacer frente al pago de la hipoteca e inquilinos que, habiéndose quedado sin trabajo, tienen que buscar la manera de compartir los gastos, familias que habían seguido el proceso normal de emancipación y que por problemas económi- cos tienen que recular.

3.2. “Vivir de patrona”

Históricamente, “vivir de patrona” era alojarse en una casa don- de, por un precio convenido, también se podía comer. Se trataba de casas de particulares (normalmente de viudas) que con este servicio obtenían un sobresueldo. Más tarde, muchas se reconvir- tieron en las pensiones que conocemos actualmente.

Fue muy popular durante los años cincuenta y sesenta, con las grandes oleadas migratorias interiores. Para los inmigrantes, era la forma más común de establecerse durante los primeros meses

—o años— de llegada. Era, por decirlo de alguna manera, el punto de observación de la nueva sociedad que se utilizaba hasta encon- trar el propio lugar.

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De hecho, actualmente se da prácticamente en los mismos pa- rámetros. Las pensiones (no ya el hecho de “vivir de patrona”) son un recurso de primera llegada —al menos lo han sido durante los años en que los flujos migratorios eran muy numerosos—. Y to- davía lo son para casos de gran necesidad, sobre todo cuando hay descendencia, mientras no se encuentra otra forma de vivienda más apropiada.

Es evidente que una pensión no podrá ser nunca un hogar, en primer lugar porque no es un espacio propio, pero puede llegar a ser mucho más digno que otras residencias. Ahora bien, la ex- periencia nos dice que las pensiones a las que económicamente pueden recurrir las personas que atendemos a menudo son luga- res sórdidos, mal equipados, sobreocupados y que difícilmente pa- sarían las inspecciones pertinentes.

3.3. Vivir en una habitación

realquilar*

1 tr. Dicho del arrendatario de un piso, local o habitación: Alquilarlo a otra persona.

2 tr. Tomar en alquiler un piso o un local de una persona que no es la dueña, sino que es, a su vez, arrendataria.

subarrendar*

1 tr. Dar o tomar en arriendo algo, no de su dueño ni de su administrador, sino de otro arrendatario de ello.

(*) Diccionario de la RAE.

El realquiler significa pagar por una parte como si se tratara de un todo. Es decir, alquilar una habitación y determinados servi- cios (baño, cocina, lavadora...) para utilizarlos como si se tratara de una vivienda completa.

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La relación que se establece entre el inquilino y el propietario (legal o no) está marcada por un orden jerárquico de poder del segundo hacia el primero.

En su forma legalmente contemplada en la Ley de Arrenda- mientos Urbanos de 1994, debe haber un contrato escrito y la vi- vienda tiene que tener unas dimensiones apropiadas.

lEy 29/1994, DE ArrENDAmIENtoS urbANoS, DE 24 DENovIEmbrE (lAu)

Artículo 8. Cesión del contrato y subarriendo

2. La vivienda arrendada sólo se podrá subarrendar de forma parcial y previo consentimiento escrito del arrendador.

El subarriendo se regirá por aquello que se dispone en el presente Título para el arrendamiento cuando la parte de la finca subarrendada se destine a la fi- nalidad indicada en el artículo 2.1. De no darse esta condición, se regirá por aquello que se pacte entre las partes.

El derecho del subarrendatario se extinguirá, en todo caso, cuando lo haga el del arrendatario que subarrendó.

El precio del subarriendo no podrá exceder, en ningún caso, del que corres- ponda al arrendamiento.

Ahora bien, el REALQUILER DE HABITACIONES del cual ha- blaremos en este informe se da en condiciones diversas, a menudo al margen de la legislación. Por lo tanto, normalmente no hay ningún contrato escrito que regule las condiciones de uso y de precio, ya sea porque el propietario a veces no está enterado; por- que a menudo las viviendas no tienen cédula de habitabilidad;

porque tanto el arrendador como el propietario son plenamente conscientes de que vivirán más personas aparte de quienes tienen alquilada la vivienda; porque se han comprado los pisos para al- quilar las habitaciones, o bien, como pasa últimamente, porque es el propietario de un piso quien alquila una habitación de su casa para poder hacer frente al pago de la hipoteca.

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Este fenómeno va ligado fundamentalmente a un contexto eco- nómico de crisis, de carencia de vivienda de alquiler y a las diversas oleadas migratorias a lo largo de los siglos xx y xxi. Y casi siempre es el único recurso que les queda a las personas sin permiso de resi- dencia y que tienen que subsistir gracias a la economía sumergida.

En ciertos casos, los precios no incluyen el uso de los servicios (cocina, baño, electrodomésticos), en otros, va todo incluido; a ve- ces se paga un tanto por persona, en otras ocasiones el precio se establece por habitación... No hay normas, las reglas del juego las marca la persona que figura como propietaria de la vivienda (aun- que no lo sea).

Esta decisión de subarrendar no suele ser libre ni voluntaria, sino forzada por las circunstancias, principalmente debido a una economía precaria y de una carencia total de red familiar y social.

Esto, en cuanto a quien paga por un techo. La otra cara de este fenómeno la protagoniza quien pone en realquiler su vivienda, ya sea de propiedad o alquilada. En este lado se encuentran las perso- nas o familias que a raíz de la crisis económica no pueden hacer frente al pago de su vivienda y ven en el realquiler una puerta de salida. Y también las que han convertido el subarriendo en una fuente de negocio (y explotación), como veremos a lo largo de este Informe.

3.4. Estar en acogida

acoger*

1 t1 tr. Dicho de una persona: Admitir en su casa o compañía a alguien.

2 tr. Servir de refugio o albergue a alguien.

3 tr. Admitir, aceptar, aprobar.

(*) Diccionario de la RAE.

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Consiste en dar alojamiento de forma gratuita y totalmente al- truista a personas que tienen necesidad, bien porque no tienen recursos económicos, la situación administrativa resuelta o por razones humanitarias.

Esta modalidad se detecta principalmente en dos colectivos.

Por un lado, el subsahariano. Por el otro, y a raíz de la crisis eco- nómica, se da entre los hijos que ya se habían independizado pero que vuelven a casa de los padres, porque se han quedado en paro y no pueden hacer frente al coste de la vivienda en solitario. Tam- bién debido a la crisis está pasando con familias enteras.

Se trata de un recurso concebido como provisional y que esta- blece vínculos de dependencia entre quien lo recibe y quien lo da.

Lo que podría ser una forma de solidaridad se puede llegar a vivir como un fracaso personal y ser fuente de conflictos de conviven- cia. La crisis también está haciendo desaparecer esta modalidad, porque donde antes había generosidad, ahora hay precariedad económica y cada vez más se pide dinero a cambio de la estancia, convirtiendo la acogida en habitación realquilada.

3.5. Barraquismo

barraca*

1 f. Caseta o albergue construido toscamente y con materiales ligeros.

(*) Diccionario de la RAE.

Estas autoconstrucciones levantadas en suelo que no es propio no tienen ningún tipo de relación arrendataria con quien tiene la propiedad.

Las barracas no tienen una estructura sólida ni cimientos, es- tán hechas con materiales de escombros, maderas, latas, cartones,

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plásticos, lonas, trozos de uralita... No tienen servicios propios ni comunitarios: ni agua corriente ni electricidad ni alcantarillado.

Tuvieron un momento de auge en mitad del siglo pasado y ahora vuelven —no con tanta fuerza— con características nuevas, como los barrios de caravanas en descampados o las construccio- nes precarias en fábricas abandonadas. Este fenómeno tiene una presencia mayoritaria de personas de etnia gitana, pero también hay inmigrantes indocumentados.

El fenómeno de la autoconstrucción se da de una forma no tan precaria como el barraquismo.

Se trata de casas que, si bien tuvieron su origen en forma de barraca, han ido mejorando con el paso de los años y a medida que sus propietarios han conseguido un mayor poder adquisitivo.

Pero a pesar de que puedan tener un aspecto correcto, muchas no disponen de alcantarillado y las instalaciones de luz y agua segu- ramente no obtendrían los permisos reglamentarios.

3.6. Camas calientes o pisos patera

cama*

1 1 f. Conjunto formado generalmente por una armazón de madera o metal con jergón o colchón, almohada, sábanas y otras ropas, destinado a que las personas se acuesten en él.

caliente**

Con una fuerte actividad.

patera*

1 f. Embarcación pequeña, de fondo plano, sin quilla.

(*) Diccionario de la RAE.

(**) Diccionario de la Enciclopèdia Catalana.

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A pesar de que en estos momentos no se da con tanta frecuen- cia como unos años atrás, todavía sigue existiendo el fenómeno de alquilar colchones o sofás a turnos, por horas.

Seguramente, esta es la máxima expresión de cómo una necesi- dad vital ha derivado en explotación (infra)humana.

Las administraciones locales están haciendo verdaderos esfuer- zos para erradicar esta forma de explotación, controlando la loca- lización de los pisos patera, es decir, aquellas viviendas donde es evidente la sobreocupación y, también, priorizando el control de las cédulas de habitabilidad.

3.7. Vivir de okupa

En nuestro país, el movimiento okupa está formado por sim- patizantes, activistas, residentes y usuarios de las actividades so- ciales y culturales que organizan los centros autogestionados, y tienen una función social mucho más importante que la de ser edificios residenciales7.

Este movimiento que se da internacionalmente no sólo centra sus reclamaciones y demandas en la escasez y el acceso a la vi- vienda, sino que también critica las políticas macroeconómicas, la gestión política de la vivienda y de los espacios culturales.

Pero más allá del movimiento social tradicional, está surgiendo una nueva forma de okupación no tan filosófica y mucho más de raíz económica.

7 ¿Dónde están las llaves? El movimiento okupa. Estudio coordinado por Ramón Adell Argilés i Miguel Martínez López. Los Libros de la Catarata. Madrid, 2004.

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Algunos sectores de población con muy pocos o nulos recur- sos económicos están aprovechando las redes que les proporciona el movimiento okupa para poder disfrutar, temporalmente, de vi- vienda gratuita.

3.8. Situación de sin techo

Se trata del eslabón de la escalera más precario de todas las mo- dalidades de tenencia de vivienda, sencillamente porque no tiene.

Una persona en situación de sin techo es la que vive en la calle, ya sea las veinticuatro horas o sólo durante el día porque por la noche utiliza la red de albergues para dormir.

Estas personas están obligadas a buscar cobijo en portales, caje- ros, bocas de metro... Además, también tienen que recurrir a otros servicios públicos o privados para comer o vestirse. No tienen prác- ticamente ninguna pertenencia y las pocas que tienen les acompa- ñan allá donde van o las dejan en la consigna de entidades sociales.

Estas personas, al ocupar las posiciones sociales más desfavo- rables, están social e individualmente expuestas a adoptar “estilos de vida” con más riesgo para la salud que las personas que tienen mejores condiciones. Además, a pesar de sufrir un índice de en- fermedades superior a la media, tienen graves dificultades para recibir y seguir tratamientos médicos.

También sufren más si cabe que otro colectivo los efectos de la inse- guridad. Según el estudio dirigido por Pedro Cabrera ¿Quién duerme en la calle?8, cerca del 50% de las personas que viven en la calle en Barcelo- na “dicen que han sido víctimas de algún delito mientras pernoctaban en la calle, siendo los más habituales los robos y las agresiones”.

8 Pedro Cabrera, M. José Rubio i Jaume Blasco, ¿Quién duerme en la calle? Una investigación social y ciudadana sobre las personas sin techo. Fundación Caixa Catalunya, Barcelona, 2008

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Así, las personas en situación de sin techo son las que mejor repre- sentan el antagonismo al hecho de tener un hogar, que, como hemos visto del proporciona seguridad, calor, protección y estatus, entre otros.

Cualquiera de estas formas de infravivienda revela un perfil social caracterizado por un nivel de paro elevado, contrapuesto a un bajo ni- vel de estudios y, también, por una proporción muy alta de personas extranjeras. Todos estos factores de vulnerabilidad dificultan la movi- lidad hacia otras formas de vivienda más apropiadas y de más calidad.

Ahora bien, como estamos inmersos en una profunda crisis económica, también se encuentran en esta tesitura personas que en una situación normal no se encontrarían así. Personas que, a pesar de contar con unos ingresos fijos, no pueden afrontar el pago de su vivienda, bien porque compartían los gastos y ahora los tienen que afrontar en solitario —como sería en los casos de se- paraciones o divorcios—, o bien el de aquellas familias que tienen algún —o más de uno— miembro de la familia que se ha quedado en el paro y han visto disminuir los ingresos.

• EnEuropa(UE-15)hay18millonesdepersonasafectadasporlaexclusión

residencial, de las cuales, 2,5 millones serían sin techo (personas que duer- men en la calle o en albergues de emergencia de estancia limitada).

• EnEspaña,secalculaquelapoblaciónsinhogarestaríaentrelas15.000y

las 30.000 personas.

• EnCatalunya,estaríanalrededorde10.000personas.

• EnlaprovinciadeBarcelonasecuentanentre7.000y8.000:

— Barcelonès: 3.741.

— Vallès Oriental y Occidental: 645.

— Alt Penedès: 588.

— Maresme: 547.

Fuente: Síndic de Greuges de Catalunya. estudio extraordinario El fenómeno sin hogar en Catalunya: personas, administraciones, entidades. 2005.

(39)
(40)

de los techos que no

son hogares

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Se hace difícil describir la realidad vivida en términos de vi- vienda en todo el territorio de nuestras diócesis, porque la docu- mentación escrita habla sobre todo de Barcelona ciudad. Pero es posible extrapolar la información al resto de las grandes ciudades de las diócesis de Sant Feliu y Terrassa, sobre todo de esta últi- ma, puesto que las condiciones económicas de Sabadell, Terrassa o Granollers son también las de grandes ciudades industrialmente desarrolladas.

Podemos, pues, establecer el paralelismo con una Barcelona que empieza a crecer como capital catalana y donde se concen- tra el grueso de la inmigración. Esto es así porque tanto entonces como ahora se cree que en una gran urbe será más fácil encontrar medios de subsistencia, a pesar de que la experiencia nos demues- tra que suele ser más fácil salir adelante en núcleos más pequeños.

Por lo tanto, la similitud entre la situación que se vivió en Cata- lunya en las décadas de los años veinte a los sesenta con la actual es innegable. Los fenómenos de precariedad habitacional se repi- ten ligados a las oleadas de inmigración (primero interior tanto del campo catalán como del resto de España, y actualmente de

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otros países) y a la precariedad económica de los residentes y de los recién llegados. También hay que tener presente que entonces no había tradición entre las administraciones públicas de cons- truir vivienda social y que ahora no se tiene una percepción real de la dimensión de esta necesidad. Por lo tanto, la vivienda social que se construye siempre está por debajo de las necesidades reales y una parte de demandantes no puede acceder (rentas más bajas, personas en situación irregular).

En los años veinte del siglo pasado la financiación de la poca obra social que se construía iba a cargo de las cajas de ahorros y las compañías de seguros, las únicas entidades que se podían per- mitir inversiones de larga duración.

Como refleja el libro del Patronato Municipal de la Vivienda de Barcelona Barcelona. Les cases barates (PMH. Barcelona, 1999), el Informe de política de vivienda de 1920, sitúa los primeros blo- ques de viviendas baratas en Sants, Les Corts, Gràcia, Sant Martí o Sant Andreu, todas zonas que coronan la ciudad por el exterior.

En los años treinta, la forma de tenencia mayoritaria era el alquiler, y como está documentado en varios estudios, se trataba de alquileres mensuales de precio muy elevado para la capaci- dad económica de las clases populares de la época9. Estas mismas fuentes cifran entre un 20% y un 25% del jornal de los obreros no cualificados el precio que se pedía por el alquiler de la vivienda, especialmente en Barcelona10.

Por eso, ya en aquella época se empezó a practicar el realquiler de habitaciones, como medida puramente economicista. Pero la

9 José Luis Oyón, Barcelona 1930: un atlas social. Edicions de la UPC (Arquitec- tura). Barcelona, 2001.

10 N. Rider, Anarquisme i lluita popular: la vaga dels lloguers de 1931. Revista L’Avenç, núm. 89, 1986.

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fórmula se decantó más como “casas de huéspedes” —las actuales pensiones.

Según el estudio de José Luis Oyón citado, es, además, un fenó- meno sobre todo femenino, básicamente porque son las mujeres las que soportan una economía más precaria: “Más de un tercio de los hogares que declaran huéspedes o realquilados están encabe- zados por mujeres solas, mayoritariamente viudas”. Por otro lado, también revela que los hogares con realquilados donde el cabeza de familia es aragonés o andaluz triplican los hogares donde el cabeza de familia es catalán.

Atendiendo al censo de 1930 que contabiliza las familias que viven bajo un mismo techo, la cohabitación en la ciudad de Bar- celona sube al 9%, un porcentaje que se eleva al 17,4% si se tiene en cuenta la realidad de la muestra realizada por el estudio citado.

Así, en este aspecto también se mantiene el paralelismo con la época actual, en la cual el fenómeno del realquiler de habita- ciones se mantiene en los márgenes de la ilegalidad. Según datos del Instituto de Estadística de Catalunya (Idescat), en 2007 había un porcentaje del 1,5% de hogares con dos núcleos o más, cerca de 50.000 personas. Teniendo en cuenta que el porcentaje de real- quiler constatado por nuestra institución es del 34% en una base de precisamente 50.000 personas (datos de 2009), no parece osada esta afirmación.

El estudio sobre 1930 puso sobre la mesa el hecho de que más del 42% de las familias de clase obrera cohabitaban con otras fami- lias, ya fueran de la propia saga familiar o no tuvieran parentesco, y se trataba mayoritariamente de familias aragonesas, andaluzas y murcianas venidas con la oleada migratoria.

En aquel momento las casas de huéspedes y el realquiler se concentraban en Ciutat Vella, sobre todo en la parte baja de La Rambla (Santa Mònica), el Raval y Poble Sec. Mientras que contra-

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riamente a lo que pasa hoy, la zona del Eixample queda al margen.

Entonces el Eixample mantenía su estatus burgués y acomodado.

En los años treinta del siglo pasado, las situaciones de hacina- miento se daban sobre todo en Can Tunis, Les Corts-Collblanc, Can Baró y Poblenou, con tasas iguales o superiores al 50% a la media de la ciudad.

Pero si hay un hecho diferencial de aquella época con la actual es el barraquismo, un fenómeno que se irá reproduciendo durante las primeras décadas del siglo xx, durante la posguerra y hasta los años cincuenta y sesenta.

Los núcleos de barracas estaban formados por familias recién llegadas de las zonas rurales de Catalunya y especialmente del res- to de España que por sus bajos ingresos no podían acceder a un alquiler del Eixample ni de Ciutat Vella o los núcleos del extrarra- dio. Así, se situaron en las zonas de las periferias urbanas.

En Barcelona, se encontraban en Montjuïc-Can Tunis, Can Baró, Nou Barris y Poblenou-Barceloneta.

Es cierto que actualmente hay algún núcleo de barracas disper- so, pero es muy puntual, puesto que con las Olimpiadas de 1992 este fenómeno parece haberse erradicado. El fenómeno que hoy se da es el barraquismo vertical, caracterizado por los pisos patera (que ya hemos explicado en el capítulo segundo).

Los núcleos de barracas no tenían ninguna condición higiéni- ca y las administraciones públicas no hicieron ninguna actuación para llevarles servicios hasta muy entrada la década de los sesenta.

Las primeras casas baratas surgieron durante la dictadura de Primo de Rivera, y atendiendo a razones muy diferentes de las que se esgrimían en la Europa de la época, más alejadas de la moderni- dad y más cercanas al control y la seguridad. La República tampo-

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co aportó novedades en la urbanización de barrios obreros, a pesar de que sí que introdujeron mejoras sociales en cuanto a los equi- pamientos. De hecho, no fue hasta finales de los años cuarenta cuando se empezaron a construir algunas casas sociales y bloques de “protección oficial” (Eduard Aunós, Bon Pastor, Ramon Albó).

En los años cincuenta, las únicas promociones de vivienda pú- blica que se hacían eran las destinadas a realojar a las familias de barraquistas, pero siempre eran insuficientes respecto a la de- manda. Los primeros realojados serían los habitantes del Polvorí, Montjuïc y Bon Pastor11.

Más tarde, la intención de Cerdà al diseñar el Plan del Eixample (1959) fue romper los monopolios de propiedad del suelo y evitar la especulación con los alquileres, en un intento por seguir la ten- dencia europea de dar prioridad a la construcción de viviendas para las clases trabajadoras, e incorporando nuevos conceptos en cuanto a la organización del espacio y el urbanismo. Esta visión chocó de pleno con la mentalidad burguesa de la ciudad, que no veía con buenos ojos la creación de vivienda específica para los trabajadores12.

Y, de hecho, el sueño de Cerdà no se ha podido hacer realidad hasta ahora. La necesidad de vivienda obligó a fragmentar los pi- sos del Eixample, pero de este modo hizo brotar el negocio in- mobiliario basado en la especulación —primero del suelo y des- pués inmobiliario— y alimentado por las necesidades de las capas más humildes de la población. Negocio que se ha mantenido —y aumentado— hasta nuestros días.

11 Barcelona. Les cases barates. Patronat Municipal de l’Habitatge de Barcelona.

Barcelona, 1999.

12 Miquel Domingo i Ferran Segarra, Les cases barates i el paper de l’habitatge popular en l’urbanisme contemporani, a Barcelona. Les cases barates. Patronat Municipal de l’Habitatge de Barcelona. Barcelona, 1999.

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2. TESTIGOS PIONEROS

Es esencial en un trabajo como este ir a buscar testigos a la fuente más cercana: las profesionales del trabajo social que fueron pioneras en los barrios más desfavorecidos de nuestras ciudades.

Las trabajadoras sociales de Cáritas fueron las primeras en aden- trarse en el Chino, el Somorrostro, en Pomar, Sant Roc, Tres Rosas o Sant Cosme, por poner algunos ejemplos. Y fueron pioneras en el trabajo comunitario que llevaría al nacimiento de las asociacio- nes de vecinos y, con ellas, las primeras mejoras de unos barrios más que pobres. Teresa Casanovas, trabajadora social, habla de la situación en la Barcelona de los años sesenta:

“Yo en aquellos momentos, entre el 64 y el 65, empecé a trabajar en el Barrio Chino.

El problema del realquiler era más que evidente... Tengo la sensación de que la mayoría de las personas que vivían allí no estaban empadronadas, pero entonces las escuelas estaban más abiertas y no pedían certificados de empa- dronamiento para que a los niños se les pudiera escolarizar.

Había un problema de hambre. A los niños se les enviaba a los comedores del Auxilio Social con una fiambrera a buscar la comida para toda la familia. Ha- bía niños que robaban comida para poderla llevar a su casa...

La situación estaba marcada por un mercado laboral muy exiguo, basado prin- cipalmente en la construcción. Muchas de estas personas eran inmigradas del sur y del centro de España.

Las mujeres normalmente hacían limpieza y no estaban demasiado bien tra- tadas... Iban a casas donde había dinero y se las trataba casi como si fueran esclavas...

También había mucha gente trabajando en fábricas, modistas y confeccionis- tas a domicilio, en el mercado del Born y en el puerto, y de cobradores y conductores del tranvía. Había muchos trabajos a domicilio de doblar papel, de pintar figuritas, etc. Había mujeres que se dedicaban a la limpieza y otras a la prostitución... Era una salida económica, pero muy dura... Recuerdo que el comisario de policía de la comisaría de la calle García Morato [actual Avin-

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guda de les Drassanes] era el propietario de la pensión Estrella, que aceptaba alquilar habitaciones por horas. Había muchas [pensiones] controladas por policías y que, además, se dedicaban al realquiler.

En la calle García Morato había muchos pisos cerrados y tapiados donde mu- chas familias se instalaron de okupas. Cogían la luz de las farolas de la calle y subían el agua que cogían en las fuentes con cubos y cuerdas por los balcones y ventanas.

Había tantos problemas, en aquel momento, y tan pocos recursos que la ima- ginación era la mejor herramienta del trabajo social. En aquella época fue muy importante el trabajo comunitario”.

Llama la atención como, ya con anterioridad a la fecha que explica Teresa Casanovas, hay constancia de sobre ocupaciones en pensiones del casco antiguo de la ciudad. El periodista Jaume V.

Aroca y la directora del Museo de Historia de la Inmigración de Catalunya, Imma Boj, transcriben en su blog digital el informe de un funcionario de la policía que acude a una pensión de la calle Conde de Asalto, 40 de Barcelona [actual Nou de la Rambla] por una denuncia de hacinamiento. Por gentileza de estos dos blogue- ros transcribimos aquí parte del informe policial que da cuenta de las condiciones de vida de aquellas familias:

Expediente 465: Conde del Asalto, 40 (2)

“Así, en las distintas habitaciones residen las personas que se indican:

• 4personasquepagan12pesetas.

• Esta habitación es de aproximadamente DOS METROS de larga, por UN

METRO [la mayúscula es del original] de ancha, en ella viven 3 personas que pagan 42 pesetas a la semana (matrimonio e hijo de diez años).

• 2personas,15pesetasdiarias.

• 2personas,18pesetasdiarias.

• 3personas,15pesetasdiarias,guisanyduermenenella.

• 2personasquepagan8pesetas,carecedeventanaynotieneotraventila- ción que la puerta de entrada.

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• 4personas,14pesetasdiarias.

• 3personas,13pesetas.

• 3personas,15pesetas.

• 5personas,15pesetasdiarias,guisandentroynotienenotraluzqueuna

ventana pequeña a patio interior.

• 3personas,12pesetas,guisan,luzapatiointerior.

Estas en el piso segundo.

En el tercero existen las siguientes habitaciones:

• 3personas,11pesetas,guisanenlahabitación.

• Estaesuncuartodedesahogo,habilitadoparahabitación,susdimensiones

son las justas para una cama individual, que está rozando a la pared por los cuatro costados y en la que vive un matrimonio 8 pesetas diarias, carece de ventana.

• Enlasmismascondicionesquelaanterior,pagan8pesetas,vivendosy

carece de ventana.

• 4personas,11pesetas.

• 5personas,13pesetas.

• 4personas,13pesetas,conunaventanapequeña.

• 3personas,15pesetas.

• Otro cuarto de desahogo en el que viven tres personas, pagan 8 pesetas,

naturalmente sin ventana.

• 5personas,15pesetas.

• 4personas,15pesetas.

• 3personas,15pesetas,guisanenlahabitación.

• 4personas,15pesetas,guisanenlahabitación.

(…) Algunas de las personas que no caben en sus habitaciones duermen en los pasillos.

12 de junio de 1954”.

(50)

Como bien dicen estos blogueros, un pequeño cálculo permite hacerse a la idea del negocio que suponían para sus propietarios estas pensiones semiclandestinas: “En el momento de la inspec- ción vivían 76 personas en 23 habitaciones que cada día pagaban 326 pesetas que, si se mantenía la ocupación, cada mes suponían 9.780 pesetas (58,78€). Una fortuna en aquella época, cuando el salario medio de un trabajador en Barcelona rondaba las 1.000 pesetas (6€)”.

Igual que pasa hoy, también eran más caras las habitaciones donde había niños y niñas.

A pesar de la denuncia de 1954, la pensión ilegal parece que no cerró, porque Aroca y Boj referencian otra inspección del mismo edificio durante los años setenta, y hasta es probable que no haga demasiado tiempo que haya dejado de funcionar —quizás como piso patera—, puesto que en el bloque: “Durante nuestra visita, en una de las habitaciones del piso, encontramos el carné de un estudiante marroquí”, dicen.

Esta misma historia se va repitiendo, con diferentes protagonis- tas, pero siempre de clases muy humildes, a lo largo de la historia reciente de nuestras ciudades y de nuestros pueblos.

Assumpta Fernández, también trabajadora social de Cáritas, nos habla de otro perfil de la exclusión residencial: los abuelos perceptores del FAS13 y los núcleos de población de etnia gitana y los barraquistas, en su caso de los años ochenta en el Baix Llobregat:

13 FAS (Fondo de Asistencia Social): Pensión asistencial que se pagaba por vejez o por enfermedad a aquellas personas que no habían cotizado nunca y que, por lo tanto, no tenían derecho a ninguna pensión. Hoy es una pensión resi- dual, sustituida por las diferentes prestaciones sociales no contributivas.

(51)

“En mi caso, como siempre trabajé con personas mayores, no tengo casos de realquiler, en todo caso iban a pensiones.

En Sant Vicenç dels Horts había un barrio colgado en la montaña donde vi- vían la mayoría de los abuelos del FAS que atendíamos, era sobre el año 85.

Viladecans era un pueblo tranquilo, sólo había un barrio de gitanos con casas de autoconstrucción.

Pero además de los barrios gitanos, también había autoconstrucción de perso- nas venidas del sur, de Andalucía, de Murcia, de Extremadura...

A partir de los años setenta empezaron a hacer casas de protección oficial y se empezaron a erradicar estas formas tan precarias de vivienda”.

Montserrat Garcia, trabajadora social de Cáritas, escribía en el número 111 de los Cuadernos de Orientación Familiar del Institu- to Católico de Estudios Sociales de Barcelona (septiembre de 1988) sobre el desahucio, otro aspecto relacionado con la vivienda pre- caria y la pobreza de las familias:

“Los datos publicados en el n.º 11 de Noticias de Cáritas, que tienen su fuente en el Juzgado Decano de Distrito de Barcelona, nos dan una cifra escalofriante de desahucios.

Son datos del mes de enero a septiembre de 1986. En este periodo de nueve meses ha habido 4.096 desahucios en Barcelona. Para dar más fuerza a esta cifra podríamos decir, sin miedo a equivocarnos, que un total de 18.300 per- sonas —contando cuatro miembros por familia— se han quedado en la calle;

mejor dicho, han sido sacadas de su casa o han sido arrancadas y dejadas con los muebles y todas sus pertenencias en medio de la calle.

(...)

Estas son las alternativas que ellos mismos buscan y que esperan que resuel- van su situación:

a) Otro pisito, primero en el mismo barrio. Después en otro barrio.

b) Alguien que los acoja: familia, amigos, conocidos.

c) Regreso al pueblo.

d) Ir a vivir a una pensión.

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