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Las fiestas de quintos en El Arenal

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LAS FIESTAS DE QUINTOS EN EL ARENAL

PEDRO JOSÉ CASTELLANOSALAVEDRA

APaulina,quintodel91.Alos quintos del 90,del92ydel97quemeacogie- ron calurosamente en las suyas.Y gra- ciasa FernandoyAna ya Carmeny Felipeporsuapoyo«logístico».

Desde1989 ejercí dos años alternos la docencia en los institutos de Arenasde San Pedro, y tuveocasión dever cómoenElArenal,algunosde losque erannuestrospoco participa- tivos e implicados alumnos,se con- vertí an eneficaces organizadores y protagonistasactivosdelasfiestasde su quinta,parte muy significativa de lavidafestivay social de su pueblo.

En 1990,91 Y 92,fui espectador y participanteen algunas deellas,y rea- licé algunasobservaciones.Entre fe- breroy octubrede 1997,en diversas charlasy entrevistasde campo,mu- chaspersonas mehanido aportando datos. No citaré a todas, pero síal menos a Aquilino Crespo,nacido en 1909 y quintoen el30 sobreaspectos referidosa lostiemposmásremotos, Eugenio Salgado Serrano «el guita- rrero»,nacidoen 1926y quintoen el 45,Aquilino Crespo hijo y su mujer Andrea Jiménez Chinarro sobre los años posteriores a la guerra. Y a Miguel Ángel TroitiñoVinuesaen una doble faceta de quintoarenalo de los 60 y profesional de las Cienc ias Sociales que me ha aportado valiosas orientaciones.

El Arenal estáa media ladera de la falda sur de la Sie rra de Gredos,a 9 km de ArenasdeSan Pedro.Su tér- mino es eminentementemontañoso, entre700 y 2.200 metros de altitud, con clima mediterráneo interior favo- recido por la abundanciadelluvias de origenorográfico.La economíase ba- saba en una agriculturademontaña, relativamente próspera por la bonan- za del climay la abundanciade agua que permitían el regadío,junto con una ganadería,especialmente capri- na,en zonas altas.Buscandoelauto- abastecimiento,las pequeñas parce- las abancaladasse dispersaban por lasladeras para cubrirdistintos ámbi- tos y obtener diversosproductoscom- plementarios.Asíse ocupó todo eles- pacio disponible hasta que a principios delxx se llegó a susmáxi-

mas posibilidades de crecimiento (Troitiño, 1976).

LAS FIESTAS DE QUINTOS HASTA LOS AÑOSCINCUENTA

Forman parte del ciclo festivo anual, que se repite cada año,y del ciclo vi- tal,por el que individuos varones,ex- clusivamente,pasanuna sola vez en la vida. El períodode quinto se desa- rrollabaal llegar a la edad military sor- tear,segúnlas legislacionesdiversas, en torno alos 19 o 20 años.

En carnavalse desarrollael núcleo más importante de las fiestas.Antes habíancogidoun pino,regalado por el ayuntamiento,junto con trastos,ma- dera de derribo y otra leña,incluso quitandode noche la que los vecinos nohubieran guardado.Se apilabaen la plazadelpueblopara alimentar una enormefogata.

Latarde anterioralDomingoGordo comenzaban lasfiestas con la ronda de quintos.Estrenando su primer traje, sejuntaban en la plaza con familiares varones y otros hombres que quisie- ran,y recorrían el pueblo cantando y parando en casa de los quintosy las tabernas,donde se bebía,entonces casiexclusivamente vino,a cuenta de padres y parientes (1).

Porla noche,tras prenderla enor- me hoguera,celebraban una cena de cabrito,organizaday servidasólopor los hombres, en que los asistentes contribuíanen una colectapara com- pensarlos gastos. La mañanadeldo- mingo,bien vestidos de nuevo,eran talleados en elayuntamiento.

El Lunes de Carnaval teníanlugar lascarreras de gallos.Eminentemente masculinas,las organizaba cualquier cuadrillade amigos,pero la más so- lemne era la delos quintos,que alco- rrerlos por primera vez iniciabanlos actos de su vidaadulta;porellotenía elementosritualesqueotrasnotenían porqué observar.

Entiempos,se corrieronen la plaza, enterrados hasta el cuello. El quinto, vendados los ojos y tras darle vueltas paradespistarlo,conuna hoz -espada según otras versiones- tratabade cor- tarle la cabeza mientrasun personaje,

vestidode formaespecial,hacía sonar un tambor dirigiéndoloo despistándo- lo.Nada más me han concretado so- bre aquel ritual pues cambió,y quien lo han conocidofuede niño,como es- pectador.

Desdelos años 20 se correncon ca- ballerías. Padres,tíos o abuelosprocu- raban, según sus posibilidades,una buena montura,propia,o prestada, prefiriendocaballo a mulay ésta a bu- rro,yla engalanaban conlos mejores jaeces yuna mantade lujoquese te- nía para ocasiones especiales. Al- gunas mujeres trataban quesu hijo, sobrino o nietollevase elgallo más hermosoy lo criabanespecialmenteo lo adquiríanbiencriado.

Al mediodía los quintosse congre- gaban enla plaza con sus monturas y gallos,eiban a correrlos.El lugar varió con eltiempo,perodebíaser una calle importante, con espacio para los es- pectadores.Entre dos árboles,uotra sujeción,tendíanuna cuerdadela que se colgaban uno aunolos gallos,ata- das las patas yemborrachados. Los quintos,a galope tendido pordebajo, trataban de agarrar la cabeza y arran- cársela,mientrasque desde el extre- mo alguientensaba o aflojabala cuer- da para facilitarloo dificultarlo.Aveces elque lograbaarrancarla lalanzaba al grupode espectadores,especialmen- te alas mozasyquizáa algunacon- creta.Se corríanasítodos,pero si los habíade muchos quintos,por no alar- garlo corrían parte,ylos demás se mataban directamente.

Esa noche sereunían conparientes yamigos varonesycomían juntoslos gallosen una cenaahoraorganizada y servida porlosquintos,enlaque ofre- cían,junto alguiso,vino,licoresy ta- baco a cargode su fondo.Ylos que participaban,denuevo contribuíanen otracolecta final.

El Martes de Carnaval,díaen que se celebró en tiempos la mascarada carnavalesca de loshormachos,se juntaban solos para cenar morcilla blancaquecada unotraía de sucasa.

El Miércolesde Carnaval,otrodía im- portante, sacaba n La Vaquilla. Era una estructuraqueme describencon

«forma de escale ra..,sostenida por debajo por uno o dos quintos,con un 45

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NARRIA

LaVaquilla. Martes de Carnaval, 1997.

par de cuernos enlos extremos de los palos laterales,cubierto y con un cencerro colgado que avisaba de su presencia.Los demás la acompañaban con la cara tiznada o pintada,pidien- do por las calles chorizos que colgaban en la lata,palo lleva- do por dos a hombros,y hue- vos que recogían en cestas.

Iban provocando la hilaridad y gastaban bromas,algunas de mal gusto,al vecindario y en especial a los niños ; a veces derivaban en auténticas bata- llas de huevos no bien recibi- das por todos.

Con lo recogido organizaban una nueva cena a la que ya asisten mujeres. Según alguno de los informantes de más edad,esta costumbre de la ce- na de los chorizosy huevos de los quintos se institucionalizó por los años20.Antes la cues- tación no debía ser exclusiva de los quintos;otro informante recuerda haberla hecho siendo niño en esos años.

Las actividades de los quin- tos continuaban la noche de San Juan con la Enramada.

Los mozos, especialmente si tenían novias o cortejaban,sa- lían de ronda por las calles,cantando una versión arenala del conocido Trébole(2),adornando puertas o bal- cones de las chicas con ramas,flores o frutas y escribiendo piropos en las paredes.No era exclusiva de los quin- tos,aunque sí la hacían de una mane- ra más formal y finalmente también se institucionalizó en torno a ellos. Era ocasión de que se volvieran a reunir, quizá cenar solos,y hacer la ronda juntos.Y también escribíanvivas a su quinta,motes o bromas,a veces gam- berreaban y quitaban o trastocaban cosas.

En la semana de fiestaspatronales del Cristo de la Expiración,que co- mienzael segundo domingo de octu- bre,costeaban una jornada,contra- tando la músicade esa noche.

Sorteaban en noviembre,y antigua- mente se creyó que cogiendo un hue- so delcementerio se libraban de ir a África,aunque mis informantes ya lo consideraban como algoantiguo y su- persticioso. Al poco se celebraba una despedida,pues casi todos se iban en poco lapso de tiempo,con una ronda y una cena en familia;parientes o ami- gos acudíana despedirlosy les daban vituallaso dinero para sus gastos. Así se cerraba el ciclo de ese año y pron- to comenzaban los siguientes quintos.

Un últimoencuentro se podíaproducir

a la vuelta,para celebrar un regreso sin percances.

INTERPRETACiÓN

Estos son ritos de iniciación que fi- jan el final la adolescencia y el co- mienzo del papel en la sociedad como individuo adulto. Se celebrarían en nuestro entorno desde tiemposances- trales,aunque faltan fuentes históricas que nos den referencia clara de ellas antes del XIX.La implantación,enton- ces, del servicio militar obligatorio, afectó justamente a los jóvenes en tránsito,y se encajaría la categoría de quinto en complejos iniciáticos pree- xistentes.

Los elementos rituales descritos no son exclusivos de aquí,sino que en otros lugares (Vadillo, 1997, cap. V) también los vemos,quizá con otro or- den; formaban parte de un amplio re- pertorio común en las sociedades tra- dicionales. Cumplen varias funciones.

La primera,remarcar el inicio de la mayoridad. Las travesuras (o gambe- rradas) de los quintos , relacionadas con los excesos del carnaval y aguan- tadas con estoicapermisividad,repre- sentarían el final de la inconsciencia juvenil, después no tolerada. Pero otras actitudesson adultas:estrenan

traje, gasto grande que no se hacía hasta culminar el creci- miento,beben y fuman abierta- mente,son convidados y de- vuelven la invitación,organizan y pagan fiestas.Se colocan,en definitiva,en plano de igualdad con los mayores.Poco después de la vuelta de su servicio, mu- chos comenzaban realmente su vida independiente y la for- mación de nuevas familias.

Tienen también una función socializadora,marcando su po- sición en el grupo. Muestran la capacidad económica, en la posibilidad de disponer de bue- nos trajes,montura y jaeces, y sus aptitudes personales como la capacidad organizativaden- tro de su quinta,e incluso su habilidad física de jinete.Y se crean o refuerzan vínculos tan- to entre quintos como entre fa- milias.

Una tercera función es el re- fuerzo de su rol masculino tras la infancia, en actos en que participan sólo con los hom- bres,mientras la mujer juega un papel marginal como corres- ponde a la menor representa- ción social que tenían asigna- da.

Correr los gallos es el rito más im- portante. Con muchas variantes,en general es una celebración masculina, propiade adultos o individuos en trán- sito para serlo,y vinculada al carna- val,aunque en casos no se cumplen estas premisas. Implica siempre la muerte y comida común del gallo al que se mata de diferentes formas: unas veces enterrado y decapitado o apaleado,otras colgado de un muro o poste y lapidado. La forma más es- pectacular y extendida es colgado de una cuerda y decapitado con arma blanca o las manos por jinetes que co- rren debajo (Temprano Peñín, 1996).

Su difusión fue amplísima por toda la península,descritoen el XIX incluso en Madrid (Caro Baraja,1992,1,cap.

IV),y documentado en tiempos re- cientes en numerosísimos pueblos castellanos y leoneses (Temprano Peñín,1996). En de la comarca nos consta al menos en El Raso,Cande- leda, Fresnedilla (Padilla,1984,pág.

34) y Poyales del Hoyo (Vadillo,1997, pags.54-56) a caballo,Arenas de San Pedro,donde se lapidaban colgados de los muros del castillo,o Piedralaves en que pervive convertida en carrera de cintas.

Para buscar su significadoorigina- rio quizá haya que remontarse a un pasado ancestral,a un mundoideoló- 46

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Unodelosúltimos años quese corrieron los gallos.

gico yamuylejano.El gallo esun sím- bolo polivalent e;por su permanente capacidaddeapareamiento,de fertili- dad y procreación. La sangre también tenía un fuerte contenido simbólico comoportadorade fuerzas mágicasy en ritualesantiguossevertíasobre el suelo o los presentes (Biederman , 1993,y Becker,1996).Así,la delga- lio,que en una variante incluso está semi enterrad o,fertiliza ritualmente la tierra. Deahí su relación con el car- naval que, según interpr etaciones, tendría su origen en antiguos ritos agrarios deregenera ción dela fertili- dad dela naturaleza.Colgado,derra- ma su sangre,además, sobreel pro- pio oficiante, trasmitiéndole esa capacidad fecundadora;y en el acto tan extendido(Temprano Peñín,1996, 1,pág.57) de arrojarla cabeza san- grante sobre alguna moza,especial- mente a la que se pretende,tendría contenidosexual,una proyeción la ca- pacidadfecundadoramasculinasobre ella.

y es que también es símbolo de masculinidad ,como macho que domi- na y defiendebelicosamentea su gru- po amplio de hembras. Según un pen- samientomágico ancestral,«de lo que se come se cría»,elcomedor adquie- re característicasde lo comido.Asísu ingestión refuerzamágicamen te la vi- rilinidad.

Pero la cristianizacióntransformaría se significado.Elgalloes ahoraunser lujurioso y lascivo (Biederman, 1993, pág. 206)Ysu muerte la represióndel apetitocarnal en la cuaresma que co- mienza (Caro Baraja, 1992, 1,págs.

106Y107).

Vaquilla ,huevos, carne de cerdo son también sím- bolizaciones an- cestrales de la fertilidad de la naturaleza que celebra el carna- val. El cerdo es, en una de sus in- terpretaciones, símbolode rique- za y prosperidad agropecuaria que, curio- sa- mente, se man- tiene en algo de tan amplia difu- sión aún como las huchas de cerdito donde los niños guardan su riqueza moneta- ria . El huevo es germen de vida y, por consi- guiente,símbolo muy difundido que antiguamente desempeñaba un papel en los cultos de fecundidad.Y la vaca fue símbolo de la misma Madre Tie- rra en la que reside la fertilidad . (Biederman, 1993,y Becker, 1996).

También los ritosen torno a estosele- mentos cambiaríande significadocon elcristianismo,y asílaingestión ritua l del cerdo será preparación para el ayuno y abstinenc iacuaresmales y,en tiempos más recientes,su consumo públicoevitaba sospechas de criptoju- daísmo.

Pero las motivac iones ancestrales dejaron de ser conscientes hace mu- chos siglos y en tiempos recientes se manteníanno por magia,ni incluso re- presentación religiosa,sino por cos- tumbre o divers ión,y como ritos inici á- ticosque simanteníansu vigencia.

Estos elementos de carnavaly San Juan se documentan en muchos sitios (Caro Baraja , 1992, 1 Y2,cap.22), pero la partic ipac ión nos aparece siempremás abierta en otros lugares.

Aquí el grupo dio un protagonismo inusitado a sus mozos en trán si to, complejizandosus rituales, y los con- virtióen los grandes protago nistas de parte impor tan te del cicl o festivo anual.Parece quese tratade un fenó- meno bastantereciente ,de principios de siglo ;la supervivenc iaenlos 50 de corridasparalelas menosritualizadas, o eltestimon io de cómo en los años 20 se complej izóelritual de correrga- llos y se regularizóentorno alos quin- tos la cena de chorizos y huevos, apuntana que en esos momentos se institucionalizaban en torn o a elloses- tasfiestas.

En esos años hay cambioseconómi- cos y socio-políticos que se podrían poner en relación. La forma tradicional deexplotación se habíaextendidopor todo el espacio disponible hasta las primerasdécadas del XX,en quellegó a sus máximasposibilidades de creci- miento. Desde entoncesla presiónde- mográfica y la aperturaalexteriorafec- tan negativamente a ese sistema,que comienza a entrarencrisis.El retraso generalizadodel paísylas circunstan- cias de la Guerra Civily la posguerra hicieron que se pudiera mantener to- davía esa situacióncríticalatente has- ta finalesde los 50(Troitiño,1976),jus- tamente elperíodoen quetieneplena vigencia todo elcomplejo de fiestas como lo venimosdescribiendo.

Ser quintohasta mediadosdelXX no era fácil,y las glebas generalizadas hacían que los pobres no se escapa- ran del largo serviciomilitar,como po- dían,pagando, los ricos.Viajarera po- co habitual,y la miliera un auténtico viaje iniciático en elque salian porpri- mera,y quizá únicavez, de su entorno próximo. Las guer ras colon iales del XIX o la de África (3), las agitaciones políticas delpaísy después la Guerra Civillo hicieronrealmente difícil.

Esta sociedad desarrolló un meca- nismoculturalsolidariocon sus miem- bros jóvenes en un momento en que las circunstancias económicas empie- zan a no ir tan bien.Se refuerza su presenciaen todo elcomplejofestivo, que adquirirá otra función: ayudar a cubriralgunasde susnecesidades con la recaudaciónde fondos y provisiones para que elservicio militarfuera más llevadero.La colaboraciónfuncionaco- mo un fondo de solidaridad , un acto que obliga moralmente a todos,pues cuando fueron quintos recibieron ayu- da y cuando lo seansus hijostambién la recibirán.

LAS FIESTASDE QUINTOS ACTUALES

Como en todo elcampo español,a fi- nalesde los 50 y enlos 60,El Arenal se veinmerso enuna crisissocioeco- nómicaquehaceinviables sus formas devida habitualesylleva a gran parte de sus habitantes al éxodo rural, es- pecialmente hacia Francia o Madrid.

Los quequedarontrataronde orientar su actividad hacia formasde agricultu- rafrutícola más comerciales-cerezos, castaños...-,difícilespor las viejases- tructuras heredadas,a la vez que los pinares han ido ocupando elespacio deloshuertos abandonados. Y,como en tantoslugares delas sierrasdel in- terior próximas aMadrid,se ha desa- 47

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NARRIA

rrollado un turismo que durante las va- caciones y los fines de semana llena el pueblo. La construcción y sector ter- ciario vinculados a este representan desde los años 70 un recurso econó- mico básico para los arenalos.

(Troitiño,1976).

Aunque los arenalos identifican las fiestas actuales como continuadorasde su tradición,lo cierto es que durante estos 35 años, son muchos y profun- dos los cambios,relacionados clara- mente con las nuevas circunstancias económicas,sociales eideológicas.

Se ha rejuvenecido,por las nuevas legislaciones, la edad de los quintos, hoy 17 años, pero la actitud de estos jóvenes actuales es equiparable en al- gunos aspectos a la de los veinteañe- ros de hace treinta o cuarenta años,y comportamientos habituales hoy entre ellos, sus padres no los iniciaronhas- ta los 20 o 21. Pero hay un desfase que no ocurría antaño,entre la asun- ción de roles de adultoy la verdadera capacidad económica de comenzar una vidaindependiente.

La pertenencia a una quinta está ca- da vez menos ligadaalcumplimiento inmediato del servicio militar,por las prórrogas u objeción. Pero,en cual- quier caso,todavía las celebraciones de la quinta se desarrollan en el mo- mento previo a un cambioimportante en la vidadel muchacho,unos porque eligen ír a la mílínada más sortear, otros por seguirestudiando enseñan- za superior en alguna ciudad,y los que buscan su camino en la emigra- ción porque lo emprenden al poco tiempo.

Un problema es el demográfico.La emigracióny el descenso de la natali- dad hace a las quintas actuales poco numerosas,y los quintos del año se veríanimposibilitados para abordarlas solos. Las soluciones han sido dos, una solicitar la ayuda de amigos de otras quintas ,siempre anteriores, y otra la participación de bastantes quintos que no residen en el pueblo pero que son hijos de emigrantes y que pasan allí sus vacaciones. Algunos no reparan en esfuerzos para que estén ahí sus hijos esos días.

Antes había enorme permisividad del vecindariodurante las fiestas,es- pecialmente de carnaval, hacia las bromas y,a veces,desmanes de los quintos,pero el resto delaño las co- sas volvían a su cauce.Hoy la permi- sividadhacia los actos de losjóvenes es mayor durante todo el año, pero sus desmanes durantelas fiestasson menores. Son mal toleradascosas co- mo el robo de leña, las batallas de huevos,las pintadas,de modo que su práctica eslimitada.

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Ya no se realiza el talleo el Domingo Gordo y la ronda y la hoguera y la cena del cabrito se han pasado al Sábado de Semana Santa para favorecer la presencia de gente que vive fuera. La fogata se prepara en unas antiguaseras,para evitar el peligro de incendio,y desde los años 60 no se quema el pi- no,sino otra leña. Este,que se elige entre los mejores del pinar a veces con mucha antelación, y se subasta durante la cena para aportar beneficios a su fondo.

En las carreras de gallos es donde han sido más visibles los cambios. Su prohibiciónvenía de lejos,en relación con la prohibi- ción de todo tipo de actos carna- valescos que mantuvo el fran- quismo, y siempre se habían celebrando con ciertavigilancia por si llegaba alguna autoridad.

A partir de la despoblación la presión aumenta y se pasó a ce- lebrarlas en las afueras,donde parecían menos evidentes,aun- que cualquiera podía acudir a verlas.La autoridadcompetente, quizá por no entrar en conflictos con los vecinos actuando contra una costumbre tan arraigada,se mantenía distante pese a ser de conocimiento general su celebración.

Paralelamente a intentos de hacer efectiva la prohibiciónoficial,se desa- rrolló desde inicios de los 60 un proce- so de degeneración,quizá alimentada por esta,pero que teníaotras causas.

Debido a la nueva tecnologíaagraria las caballerías pierden su función eco- nómica,su exhibición deja de ser un símbolo social -sustituidas por otras muestras de la prosperidadcomo co- ches o casas de nuevaconstrucción- y su número desciende y la nueva juven- tud no estaba habituada a la monta.

Las carreras de gallos de cuadrillas desaparecieron definitivamente a fina- les de los 60,y las delos quintoscon- tinuaron por su valor ritual, pero se sustituyóelcaballo o mula por un bu- rro,más accesible,menos rápido y me- nos peligroso,que iguala socialmente a todos,desapareciendo el sentido de engalanarlos.Con esto y la torpeza co- mo jinetes de los mozos,las carreras terminaron perdiendo la espectaculari- dad de otros tiempos,aunque mantu- vieronsu plena vigencia.

La cena dela morcillablanca desa- pareció.Y aunque la cuestacióndel Miércolesde Cenizase sigue llaman- do lavaquílla,desde los años 60 ésta ya no se fabrica.En su lugar se lleva un burro con serones,montado por un

Recogida de huevos la tarde de lavaquilla.

quinto vestido de mujer, acompañado por la comitiva hace la colecta de hue- vos y chorizos.

Los«menús»originarios de las ce- nas se han complementado con otros platos que se repiten en una neotradi- ción ya fraguada: al guiso de gallo pre- cede una sopa de ave con fideos o a los chorizosy huevos una ensaladilla rusa... Y fruta,café y licores añadidos al vinoy tabaco de siempre, emulando el ritual de los restaurantes.

Han aparecido celebraciones carna- valescas de tipo «moderno», inspira- das en modelos brasileños eitalianos que se introducen en España desde el levantamiento de las prohibiciones del carnaval en los años 70, pero añadido a la celebracionesantiguas.El sábado primero de cuaresma, se celebra un carnavalmoderno con disfraces en la discoteca.

Las costumbres de la Enramada han ido desapareciendo,mantenién- dose sólo la de las pintadas.Estas an- tes apenas permanecíanexpuestas porque los escarniados se apresura- ba a borrarlas;si no,como la pintura de antaño era más soluble y se la lle- vaba la lluviacon cierta facilidado,en todo caso,la costumbre de reencalar las casas tradicionaleshacía desapa- recer las que pudieran quedar. Las nuevas pinturas resultan difíciles de quitar y los muros de las edificaciones modernas no siemprese encalan,así

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que se ha convertido enuna práctica mal vista ,una forma de ensuc iar el pueblodela que losvecinos se quejan y queel ayunta miento prohíbe. Por ello la enramada han caídoendesuso, las andanzas nocturnasson casiclan- destinas y las cancionesse callaron para evitardelatar el paso delos pin- tadores.

La despedida de los quintos y la ayuda ha desaparecido.Supartidase producede formadesperdigada y las condiciones socioeconómicas hacen que ya no sea necesaria esta forma desolidaridad.Lo que han hecho al- guna vez es pagarse unacelebración privadasihay dinerosobrante,otam- biéna finalesde año reunirse en una cena con los delqueempieza para

«pasarles elmando" , aleccio narlos sobrecómo deben organizarse yce- derles lo quequede del fondo.Y últi- mamentelos nuevos quintoscomien- zan sus actividadesantesquesuaño, recaudando viandasy vendiendo pa- peletas para una cesta de Navidad que rifancon elsorteodelNiño.

Pero,aunque ha cambiadoelpapel quejuegan losjóvenes en la sociedad y hanido cambiando las formasexter- nas delas fiestasde quintos,lo que no ha cambiado en estas celebraciones es su primitiva función iniciáticaque aún desempeña con pleno vigor.El paso por el complejo festivo sigue marcandoelcomienzo de la vidaadul- ta,sigue dando la oportunidada los adolescentes entránsito de empezar a organizarse yactuardeforma autó- noma y sigue mostrando anteelgrupo sus capacidadessociales.

LAS FIESTAS Y EL CAMBIO CULTURAL

Enlos años 60 sufrieronelimpacto de la emigración,dejando incluso de cele- brarseunos años.Pero cuandolacaí- da demográficase estabilizóylos emi- grantes comenzaban a volver por vacaciones,resurgieron con renova- dovigor,más comunitarias incluso si cabe.

Ya se expuso comoel turismoeshoy un motor importante dela economía del pueblo.Pero,aunqueno faltan tu- ristas forasteros,casi 40años después del inicio delas emigraciones,la ma- yoríadeveraneantes son todavíaanti- guos emigrantesy sus descendientes, que siguen manteniendo losvínculos con su pueblo. Como cuando son quintos,tambiénalgunos hijosehijas de arenalos instaladosfuera,hanveni- do aquía casarsecon partedela pa- rafernalia tradicional,eso si,cambiado la época,queantesera enotoño oin-

vierno,cuando los cultivosse atendían menos,yahora en períodovacacional para favorecerla presencia de losde fuera.Junto confactoressentimenta- les o lúdicos,elcomplejodelaidenti- dad colectiva,en elque las tradiciones juegan un papel importante,contribu- ye a que los arenalos dela diáspora vuelvanal pueblo con regularidad.

Enlosúltimos añoshan surgidoen- torno alas fiestasconflictos,cuya fu- tura resolución quizáprovoquenuevos cambios.Uno es elrelacionadocon la presenciade mujeresenlas celebra- ciones.Hoy que el papel femeninoto- ma más import ancia, para algunas arena las su apartamiento de estas fiestasresultaun anacronismo.Lama- nifestación de esta contradicción se plasmaenvarios aspectos. Seva con- figurandoun grupodequintas,las del mismo año que los quintos,que no tie- ne funcionespero existeal menos en la expresiónhabitual; intervienen ex- clusivamenteenlacena delmartesde carnaval.En aquellasquesonsólopa- ra hombres aúnseveda suentrada, pero he sidotestigode como alguna mujer ha tratado deir y,al ser echada, se han provocado discusiones acu- sando a los hombresde machistas.Y últimamente paralela a la cena mas- culinaeldía de la hoguera,algunas organizan una cena alternativa que, como nos decía uninformante, «no es tradicional, pero quizádentro de cin- cuenta añoslo sea" .

Otro es elderivadode las corridas de gallos.Yainternamente surgía la crítica hacia una costumbre para la sensibilidadactualsalvaje,peroa prin- cipios de los noventa,ecologistas fo- ráneos presionaron ante las autorida- des provincialespara hacer cumplir la legislación prohibiéndolas.He presen- ciadolallegada deforasteros concá- maras,tratando de obtener pruebas con las que interponer denunc ias . Hubo unintento de soluciónporparte de algunosarenalosproponiendoco- rrerlos ya muertos,comose hahecho enlugares como elpueblo vizcaínode Lequeitio,donde sus fiestascongan- sos son incluso motivo de interéstu- rístico. Consultado elGobiernoCivil, prohibió incluso esto,en mi opinión fuerade derecho puestoqueuna vez muertosno se puede aplicar lasleyes contrael maltrato;sería como denu- ciar el maltrato defileteso jamones. El resultado es quelos gallosdejaron de correrseenel93creándoseun fuerte resentimiento hacialos políticos, «que prohíbennuestrasfiestas porque no mueven muchos millones como otras",y un rechazo bastante contra- producente haciaelecologismo,por- que «va contranuestrastradiciones".

Elconflictosigue latente pues siguen abiertos los pleitos,y pareceque no seha descartado la posibilidaddevol- ver a correrlos,eso si,matados previa- menteycertificadasumuerte.Porque, alfin yalcabolos gallosaún mueren cada añoparacomerlos.

NOTAS

(1) Sobrela músicade estasrondasver el artículo deAraceliYustasquesigue al pres ente en esta revista.

(2) Ver tambiénel artículosiguiente.

(3) Guerra queaún recuerdanlosquin- tos actualesensusrondas(véanse en el artículosiguiente)y dela que algunosse pretendían librar conelrecu rso mágicodel hueso.

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