EL SERMÓN DEL MONTE. - La enseñanza sobre la puerta estrecha, fue una respuesta a la pregunta: Son pocos los que se salvan? (Lucas 13:23).

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Texto completo

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EL SERMÓN DEL MONTE

Al Sermón del Monte le corresponde un lugar sobresaliente dentro de la doctrina cristiana y es material de estudio obligado para todo aquél que desee establecer un estilo de vida que le agrade a Dios.

El asunto es que aunque el creyente promedio conoce algunos apartes de este importante discurso, podemos decir que a nivel general son pocos los que conocen y lo dominan en su estructura completa.

Generalmente se ha pensado que el Sermón del Monte constituía un solo discurso pronunciado por Jesús en una ocasión determinada. Sin embargo, y de acuerdo con la mayoría de los eruditos, aunque corresponde a un discurso real pronunciado en una ocasión concreta, este sermón también contiene una recopilación ordenada de algunas de las enseñanzas más notables del Señor, varias de las cuales aparecen en los otros evangelios en el contexto original en el cuál surgieron. Por ejemplo: - La oración del Padre Nuestro surgió como una respuesta del Señor a Sus discípulos, quienes deseaban aprender a orar (Lucas 11:1).

- La enseñanza sobre la puerta estrecha, fue una respuesta a la pregunta: ¿Son pocos los que se salvan? (Lucas 13:23).

Consideremos cuatro aspectos fundamentales que nos pueden ayudar a conocer mejor esta enseñanza pronunciada por Jesús en una colina cercana a Capernaum, y que se encuentra registrada en los capítulos cinco, seis y siete del evangelio de Mateo.

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1) ¿QUE ES?

Es la constitución, el sistema de normas o principios que deben regir la vida de todos aquellos que hemos reconocido a Jesús como el rey de nuestras vidas. Presenta el carácter y la conducta ideal de un ciudadano del reino de los cielos. No es coincidencia que el Sermón del Monte se encuentre ubicado justamente al inicio del evangelio de Mateo, cuyo tema es “Jesús el Rey”.

Algo muy importante que debemos tener en cuenta, es que las enseñanzas de este sermón no fueron dirigidas a inconversos, sino a discípulos del Señor:

“Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo…” (Mateo 5:1-2).

En aquellos días mucha gente seguía a Jesús y como los discípulos permanecían tan cerca de él, podían recibir una buena dosis de prestigio. Esto haría que se sintieran tentados a creerse muy importantes, orgullosos, posesivos etc. En su enseñanza, Jesús los reorientó no solo a ellos, sino también a los creyentes de todas las generaciones para que no esperáramos reconocimiento, fama y fortuna, sino por el contrario, estuviéramos dispuestos a sufrir persecución, aflicciones, y muerte al yo, viviendo de acuerdo a unos estándares completamente contrarios a los patrones del mundo, en procura de un galardón eterno.

2) ¿QUÉ NO ES?

Algunos ven el Sermón del Monte como una serie de instrucciones a seguir para llegar al cielo, pero esto es un error. Jesús no estaba presentando una lista de

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condiciones para ser salvo. Como dijimos antes, el mensaje estaba dirigido a los discípulos. Recordemos que la Biblia enseña claramente que el hombre no puede salvarse por medio de sus buenas obras. La salvación solamente es posible por medio de la fe en la persona y la obra redentora de Cristo.

Solo reflexionemos por un momento: Si el hombre no pudo cumplir con los mandamientos de la ley de Moisés, mucho menos podría cumplir con este nuevo código moral cuyas demandas están en un nivel de exigencia más elevado. Por ejemplo, recordemos las palabras del Señor cuando dijo: “Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio” (Mateo 5:21-22a).

3) ¿CÓMO DEBEMOS ASUMIRLO?

Ya que allí está plasmada la forma en que Dios desea que vivamos, debemos mirar el Sermón del Monte como un modelo para nuestra conducta, pero siempre teniendo en cuenta que el cumplirlo no depende de nuestra capacidad humana.

¿Conoce la diferencia que hay entre un termómetro y un termostato? La función del termómetro simplemente es medir el nivel de la temperatura. Mientras que el termostato tiene la capacidad de regularla. De acuerdo con esta comparación, el Sermón del Monte funciona más bien como un termómetro y no como termostato. Es decir, nos indica cómo vivir, y nos ayuda a evaluar si lo estamos logrando, pero no puede darnos el poder para hacerlo. Eso es algo que depende directamente de la intervención sobrenatural del Espíritu Santo en nuestras vidas.

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Para asumir correctamente el Sermón del Monte, necesitamos por lo menos cuatro cosas:

1. Conocerlo. Para esto necesitamos diligencia en el estudio. Estamos hablando de tres capítulos completos que requieren de una lectura atenta. En él encontraremos la senda que debemos seguir hacia la verdadera felicidad. Nos plantea verdades poderosas acerca de la forma correcta e incorrecta de orar, ayunar, dar y vivir. Incluye temas como el adulterio, el asesinato, el perdón, el matrimonio, el divorcio, los juramentos, la retribución, y la hipocresía entre otros.

2. Entenderlo. Para esto necesitamos una profunda reflexión, además de un esfuerzo especial en oración buscando la revelación de Dios.

3. Aplicarlo. Para esto necesitamos sabiduría. El conocimiento llega por medio del estudio. Pero la sabiduría cuando somos llenos del Espíritu Santo. Como dijimos anteriormente, sólo podemos obedecer estas enseñanzas cuando vivimos bajo el poder y el control del Espíritu Santo. Alguien comparó el Sermón del Monte con una maravillosa bombilla eléctrica que aunque tiene una gran capacidad de brillo, para funcionar necesita estar conectada a una fuente de poder.

Mantenernos enfocados en él. Sabemos que como seres humanos somos imperfectos y en algún momento le podemos fallar a Dios. ¿Qué debemos hacer si quebrantamos alguna de Sus normas presentadas en este sermón? Lo mismo que hicimos el primer día que nos acercamos a Él: Arrepentirnos de todo corazón y clamar por Su misericordia y su perdón. Esas son las ventajas de tener un Salvador. Una vez hecho esto, simplemente

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debemos levantarnos y enfocar nuevamente nuestra mirada en esta preciosa carta de navegación.

El Sermón del Monte necesita ser predicado y/o estudiado permanentemente para traer convicción a los corazones de los hombres. Esta es una herramienta divina para ayudarnos a reconocer cuan imperfectos somos y lo mucho que necesitamos depender de Dios.

4) SU ESTRUCTURA

Básicamente el Sermón del Monte se puede dividir de la siguiente manera:

1. Características de los ciudadanos del reino (Mateo 5:1-16).

2. La relación entre los ciudadanos del reino y la ley (Mateo 5:17-48).

3. Instrucciones prácticas para la conducta en el reino (Mateo 6:1 - 7:12).

4. Desafío a vivir una vida consagrada (Mateo 7:13-29).

Para terminar nuestro estudio, vamos a considerar brevemente la enseñanza insignia de la primera de las secciones nombradas anteriormente. Nos estamos refiriendo a “Las Bienaventuranzas”, las cuales se encuentran registradas en Mateo 5:1-12.

Comencemos por decir que las bienaventuranzas no indican el camino de la salvación, sino las características de quienes ya han sido salvos. No son promesas para la persona, sino una descripción de la persona.

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Bienaventurados significa literalmente: Felices! Dichosos! Bendecidos! En esta sección, Jesús describe el bienestar que Dios le ha concedido y pertenece solamente a los creyentes. Cada bienaventuranza viene acompañada de una recompensa especial. Veamos:

1. Los pobres en espíritu. El ciudadano del reino de los cielos se caracteriza primeramente por su genuina humildad. Su actitud de vida es completamente contraria a la autosuficiencia de los fariseos de la época del Señor, ya que es alguien que ha reconocido su propia bancarrota espiritual y ha entendido que su única esperanza está en confiar en la gracia y la omnipotencia de Dios, dependiendo totalmente de Él no solo en lo relacionado con la salvación de su alma, sino también en todas las áreas de su vida.

Sólo el pecador que ha sido salvado puede darse cuenta de cuánto le debe a Dios. Solo ellos pueden apreciar en verdad su pobreza de espíritu.

Recompensa: “De ellos es el reino de los cielos”. Es un regalo de gracia!

2. Los que lloran. Este lloro no es un lamento normal por las dificultades en la vida. Es la aflicción del creyente en dos aspectos:

- Dolor por el pecado propio. Esta es la tristeza según Dios de la que habla el apóstol Pablo y que produce arrepentimiento (2 Corintios 7:10).

- Dolor por el pecado y la condición del mundo, y su rechazo del Salvador. El ciudadano del reino tiene un sentir en su corazón como el que tuvo en sus días Lot,

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quien afligía cada día su alma justa viendo y oyendo los hechos malvados de quienes vivían a su alrededor (2 Pedro 2:7-8).

Recompensa: “Recibirán consolación”. La consolación del perdón y la salvación por un lado (Isaías 40:1-2), y la consolación total y futura en la presencia de Dios (Apocalipsis 7:17).

3. Los mansos. Los ciudadanos del reino también se caracterizan por su mansedumbre. Es decir, son personas humildes, sumisas de corazón a la voluntad de Dios. Tal como lo enseñó Jesús, reflejan el carácter de un hijo de Dios en el hecho de que no demandan nada para sí mismos, sino por el contrario, están dispuestos a llevar su cruz, negándose a sí mismos para seguir fielmente al Salvador (Mateo 16:24).

Lo contrario a alguien manso es una persona explosiva y fuera de control. El creyente por su parte, no es que haya aprendido a controlarse, sino que ha rendido su vida al control del Espíritu Santo (Gálatas 5:23).

Recompensa: “Recibirán la tierra por heredad”. Esta es una alusión directa al Salmo 37:11.

4. Los que tienen hambre y sed de justicia. Esta bienaventuranza describe un deseo ferviente por la justicia salvadora en Cristo. La justicia de Dios por encima de una justicia propia. Es lo opuesto a la auto-justificación. Recompensa: “Serán saciados”. Es decir, serán llenados de lo que buscan. Su hambre y sed de una relación correcta con Dios será satisfecha (Juan 6:37).

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5. Los misericordiosos. Ser misericordiosos significa ser activamente compasivos, lo cual abarca dos aspectos:

 Refrenarse de castigar a los ofensores que lo merecen.

 Ayudar a los necesitados que no pueden valerse por sí mismos.

Recompensa: “Alcanzarán misericordia”. No la misericordia de la salvación que es gratuita. Sino la misericordia necesaria para la vida cristiana y para el tribunal de Cristo.

6. Los de limpio corazón. El ciudadano del reino es una persona limpia de corazón. Ser limpio de corazón significa tener motivos puros, pensamientos santos y una conciencia limpia delante de Dios.

Recompensa: “Verán a Dios”. Esta verdad puede ser entendida de varias formas:

 Verán a Dios ahora por medio de la comunión en la Palabra y el Espíritu.

 La posibilidad de recibir manifestaciones sobrenaturales de Dios.

 Verán a Dios porque vivirán en comunión plena con Él por toda la eternidad.

7. Los pacificadores. Nuestro Dios es un Dios de paz (Hebreos 13:20) y Cristo es descrito como Príncipe de paz (Isaías 9:6). Todos los hijos de Dios son partícipes de la naturaleza divina y por eso se manifiestan como pacificadores. Cabe aclarar que esta bienaventuranza no describe a quienes tienen una disposición hacia la paz, sino a los que intervienen activamente para establecer la paz.

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Recompensa: “Serán llamados hijos de Dios”. No es que hayan llegado a ser hijos de Dios por su trabajo en pro de la paz, sino que al actuar como pacificadores, se manifestarán como hijos de Dios, es decir, que serán reconocidos como tales.

8. Los que padecen persecución por causa de la justicia. Los creyentes van a sufrir por elegir hacer lo que es correcto. El Señor enseñó con claridad esta verdad cuando nos advirtió que el mundo nos aborrecería (Juan 15:19). La naturaleza caída ama su propia injusticia y por eso el mundo no regenerado ve con malos ojos y rechaza a los creyentes y su estilo de vida puro (1 Pedro 4:2-5). Recompensa: “De ellos es el reino de los cielos”.

9. Los que padecen persecución por causa de Cristo. Esta bienaventuranza se parece mucho a la anterior, pero en este caso la persecución no es por causa de la justicia, sino directamente por causa de Cristo. Jesús nos advirtió con claridad que sus discípulos no debemos esperar aceptación y honra del mundo, ya que no pertenecemos al mismo (Juan 15:18-23).

Recompensa: “Su galardón es grande en los cielos”.

Para terminar, reflexione en oración por un momento: - ¿Es usted un discípulo de Cristo? Si no es así, entréguele ahora mismo su corazón. Confíe el destino eterno de su alma en las manos del Salvador.

- Ahora, si usted ya es creyente, responda a la siguiente pregunta:

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¿Está dirigiendo su vida de acuerdo con las normas establecidas por Dios en el Sermón del Monte? ¿Las conoce? ¿Las entiende? ¿Se mantiene enfocado en las mismas? Si no es así, pídale perdón a Dios por su desobediencia y pida la gracia necesaria para establecer un estilo de vida que esté en armonía con esta importante enseñanza.

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