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El discurso oral del chicano como nueva perspectiva de análisis de la segunda persona singular

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Lengtras Modernas 22 ( 1995), 167-179 Universidad de Chile

EL DISCURSO

ORAL DEL

CHICANO

COMO

NUEVA

PERSPECTTVA

DE

ANALISIS

DE

LA

SEGUNDA PERSONA

SINGUIAR

Fesro ConREA-URTBE

Arizona State University

El presente trabajo examina la producción discursiva chicana oral con el

propósito de identifrcar la funcionalidad del pronombre personal de

segun-da persona dentro de dos dominios de interacción, formal e informal, desde

una perspectiva analítica que trata de superar las falencias de las metodologÍas cuantitativas.

En el análisis del discurso oral y espontáneo de una comunidad chicana de Phoenix, Arizona, se diseñó una alternativa metodológica para

estudiar la segunda persona singular del español con base en el análisis del discurso. Esta permite una aproximación más acotada a la realidad

lin-girística del suroeste en la medida en que considera que la segunda persona

cumple un papel indispensable en el proceso de identificación de roles sociales dentro del discurso. Dentro de esta aproximación pragmática, se

pueden identificar diferencias sociales y lingirísticas en la comunidad chicana, asÍ como establecer factores de identidad cultural que proyectan este estudio hacia otro tipo de corpus textual.

El

presente trabajo indaga Ia producción discursiva chicana

oral con

el

propósito

de

identificar

la

funcionalidad

de

la

segunda persona

en

dos dominios de interacción, formal e informal, dentro una perspectiva analíti-ca que trata de superar las falencias de algunas de las metodologías exclusi-vamente cuantitativas.

Con

el

propósito

de

analizar

el

discurso

oral

y

espontáneo

de

una comunidad chicana del suroeste de los Estados Unidos, se ha diseñado una

alternativa metodológica para Ia segunda persona singular del español con base

en

el

análisis

del

discurso,

la

que permite

una

aproximación más

acotada a la realidad lingüística del suroeste, en la medida en que la segun-da persona cumple un papel indispensable en el proceso de identificación de roles sociales dentro del discurso mismo. Al considerarse esta

aproxima-Para correspondencia y solicitudes de separatas, dirigirse a: Fabio Correa-Uribe, Phoenix Country Day School, P.O. Box 15087, Phoenix, AZ 85060, Estados Unidos.

(2)

168 LENGUAS MODERNAS 22, 1995

ción pragmática, se pueden definir diferencias sociales y lingüísticas dentro

la comunidad chicana, así como configurar factores de identidad cultural que proyectan este estudio hacia otro tipo de corpus textual.

El

presente trabajo corresponde

a

una investigación que analizó los factores extralingüísticos estrechamente relacionados con

la

selección de cualquiera de los pronombres del singular

túy

usted en una comunidad ur-bana del suroeste norteamericanol. Este enfoque, tanto sociolingtiístico, en

lo

que respecta

al

estudio de cruce de las variables mencionadas, como etnográfico respecto a Ia observación en la recolección de los datos

y

el posterior análisis del discurso, permitió establecer pautas más concluyentes y actuales respecto de la funcionalidad de la segunda persona del singular

en este

tipo

de discurso y de comunidades. Nuestro estudio ofrece datos

del habla espontánea de la comunidad en los dominios de

la

iglesia y el

vecindario

o

barrio.

Los resultados

no

varían radicalmente

de

aquellos encontrados por otros investigadores en otras áreas del suroeste rrorteame-ricano.

Los pronombres usados para

la

segunda persona son los que mejor reflejan, en sus aspectos distributivos y semánticos, su dependencia de las

relaciones sociales de los hablantes y del medio sociocultural en que

ocu-rren

(Solé 1970). La selección de determinada forma de tratamiento de-pende

no

sólo del contexto gramatical, sino también del contexto social, condicionado por variables tales como la edad, el sexo o la posición social de los hablantes. En términos generales, el pronombre ha sido estudiado

desde

varios

puntos de

vista,

pero

necesariamente

a

part.ir de

su

funcionalidad en el discurso. Se le han atribuido diversos usos (:rnafórico, referencial, deíctico, entre otros), considerando que el pronombre

adquie-re

su

función

en

el

momento de la emisión en

el

discurso, donde toma valores tanto referenciales (que serían lingüísticos, si se refieren a elemen-tos presentes en el acto de habla) como sociales (valores extralingüísticos o sociolingüísticos que adquiere en determinado contexto).

Desde

el

punto de vist¿ pragmático, en

el

estudio de los enunciados hay que considerar que en la conversación los papeles de hablante y oyente

se intercambian, con lo que se establece una dinámica deíctica con puntos de orientación cambiantes. En este nivel pragmático, los pronombres revis-ten un valor esencial y asumen principalmente su funcionalidad a partir de las formas verbales2. Por

lo

tanto, el valor de los pronombres es apoyado

por

las formas verbales empleadas

en

el

discurso. Los pronombres son

I La m.,estra seleccionada está compuesta por 20 indiüduos (N=20),los cuales residen en

el área de Phoenix, Arizona. Al pertenecer todos a un mismo grupo religioso, esta variable adquirió particular relevancia, ya que la religión católica constituye un polo importante en la üda diaria de este tipo de comunidades méxico-americanas.

2 Escaly Zamora (1987) sintetiza lo anterior afirmando que existen dos usos diferentes de

los pronombres: uno, que puede reconocerse por la relación sintáctica del pronombre con el antecedente y otro, en qtre la relación entre pronombre y referente se establece

(3)

F. Correa-Uribe / La segunda persona singular en el discurso chicano oral 169

sometidos a análisis, el que se basa tanto en su funcionamiento como en su

significado

y

su referencialidad; adquieren,

en

consecuencia, valores de

distinto tipo. Cuando

un

emisor se dirige a

un

receptor, el hecho de pre-sentarse una característica de tipo social determinada (distanciamiento

so-cial,

por

ejemplo) hace

que

no

sólo se

utilicen

las formas verbales de segunda persona, sino las

de

tercera persona

e,

incluso, las formas del plural.

Este uso de

la

forma verbal

de

tercera persona singular

(correspon-diente a usted en nuestro estudio) está estrechamente relacionado con la

función que adquiere en el momento del acto de habla o en la emisión, la cual está supeditada a factores extralingüísticos (posición social, edad, etc.)

que

constituyen

la

base para este

tipo

de

análisis.

A

partir

de

los años setenta, se ha dado importancia a varios aspectos concernientes a la varie-dad pronominal (como grados de formalidad

o

confianza) estrechamente relacionados con algunos estudios sobre los pronombres de segunda perso-na, específicamente lo relativo a los rasgos 'solidaridad' y 'poder', estableci-dos

por

Brown

y

Gilman (1960)

en

su clásico estudio sobre

la

segunda persona

del

alemán,

el

francés

y

el

italiano.

Al

analizar los motivos que

determinan

la

selección

de

las formas pronominales, podemos observar

que

estos rasgos también pueden ser aplicados, según

lo

señalan estos

autores, a la dualidad

túy

usted del español3. Este modelo, que en su mo-mento surgió como innovador en el análisis de la variedad pronominal de la segunda persona en los estudios realizados en Europa, ha permanecido como parámetro en la mayoría de las investigaciones. El análisis de dicha variedad se hace cada vez más complejo si se tiene como punto de partida la movilidad en las estructuras sociales y los cambios en las normas locales de las comunidades que se presentan día a día, como sucede en este caso,

en comunidades consistentemente diglósicas.

Según Keller (1974), los términos'solidaridad'

y'poder'

no se refieren

a los pronombres

túy

usted solamente, sino también a las cuatro relaciones que se presentan dentro del paradigma de los pronombres: el usted rr.utuo,

el

mutuo

y

las dos relaciones asimétricas

o no

recíprocas.

Tanto

la psicolingüística como la psicología social han concluido que la

comunica-ción siempre está supeditada a dos factores inherentes, la solidaridad y la posición social o el poder. En otras palabras, estos dos esquemas son

uni-versales y constituyen factores integrales de cualquier sociedad. Esto signifi-ca que las cuatro relaciones propuestas por Keller varían de acuerdo con la norma de poder que se ejerza en los interlocutores en una situación

deter-SBrown y Gilman (1960) llevan a cabo un estudio sobre el uso de los pronombres de tratamiento de segunda persona tu/uous en francés, tu/aoien italiano y Du/Sie en alemán, que

aporta r¡n nuevo punto de vista al conocimiento de las formas pronominales de segttnda

perso-na. Sus resultados sugieren que la importancia de expresar diferencias de slatus a través del uso de los pronombres ha disminuido Írltimamente en lo que concierne a la importancia de expre-sar grados de solidaridad o de poder entre los participantes en el acto comunicativo.

(4)

170 LENGUAS MODERNAS 22, 1995

minada. Si se toman en cuenta las variables que,pueden intervenir en la

disribución

de tú/usted.

o

uos, esto es, Ia relación de nivel social entre los hablantes, la jerarquía existente, el contexto (formal o informal) y las acti-tudes psicológicas, se pueden establecer diferentes tipos de interrelaciones.

En

lo

que respecta

a

los pronombres

de

segunda persona., muchos investigadores han centrado su interés en la naturalezay uso de las fórmu-las de tratamiento (Head 1978, Rosengren 1974, Fontanella 1970, Brown y Gilman 1960), ofreciendo una visión tradicionalista de los criterios de dife-renciación semántica (respeto, poder, solidaridad). Esta visión general ha

permitido establecer los patrones que se siguen en la elección de los pro'

nombres

de

segunda persona usados

en

Latinoamérica:

tú,

usted, uos, s1t.

mnced.

La

determinación

de

los factores sociales que afectan

el

uso

de

los pronombres ha servido como patrón de análisis en varias regiotres latino-americanas, empleándose diversas metodologías.

Torrejón

(1991) realiza

un estudio de las fórmulas de tratamiento en Chile con el

fin

de verificar si

la selección de la fórmula de tratamiento está determinada por la posición relativa de los hablantes en la escala social y por el tipo de relación que se

da entre

los dos. Estos mismos parámetros se consideraron

en

estudios previos como los de Ringer (1985) en Bogoá, Powers (1981) en México, Páez-Urdaneta (1980) en Caracas, Lambert y Tucker (1976) en Colombia y Puerto Rico, Solé (1970) en Argentina, Perír y Puerto Rico, Weber (1941) en Buenos Aires y Sologuren (1954) en Perú, señalando que el uso de los pronombres de segunda persona (incluyendo el uos) varíajunto con la es-tructura sociala. El hecho de que convivan, en el habla diaria de estas co-munidades, tres pronombres para la segunda persona (tú, usted

y

aos) ha hecho que se investigue a fondo este tipo de pronominalizaciones en

diver-sos entornos (el hogar, el trabajo, la iglesia) .

Las metodologías utilizadas

en

los últimos veinte años (tanto

en Latinoamérica como en los Estados Unidos) al analizar la seguncla persona diñeren con respecto a la recolección de los datos. En efecto, varios

aspec-tos en estas investigaciones varían considerablemente: por

un

lado,

el

nú-mero de informantes es importante, ya que se han utilizado desde cinco informantes (Ringer 1985) hasta doscientos cuarenta (Solé 1970) y cuatro-cientos (Keller 7975); por otro, estas investigaciones han empleado, como

metodología, principalmente las entrevistas directas

con

los

hablantes

(Solé 1970), las encuestas

por

medio

de

cuestionarios

(Torr«jón

1991,

Páez-Urdaneta 1980, Lastra

de

Suárez 1972,

Solé

1970, Powers 1981,

4 En algunas regiones de América del Sur (Caracas, Santiago, Br¡enos Aires) no se

obser-van discrepancias que permitan correlacionar la variable sexo con el uso de la segunda persona

(Torrejón l99l). Segírn Coates y Cameron (1988), cuando los informantes de cada clase social se dividen por sexo, es posible, generalmente, ver que las mujeres tienden a aferrarse más al patrón tradicional estable cido por la sociedad (usted como forma de respeto y fú como forma

de confianza). Esta variable, sin embargo, no ha sido considerada como relevante hasta el momento .

(5)

F. Correa-Uribe ,/ La segunda persona singular en el discrtrso chicano oral 171

Fontanella 1970) y, en algunos casos, hasta las impresiones personales del investigador (Ringer 1985).

El

uso pronominal

de la

segunda persona

ha

sido

objeto

de

estu-dio en

algunas comunidades hispanohablantes

de

los

Estados Unidos (Brown 1975,

Marín

1972, Jaramillo 1990,

Keller

1975).

Tanto

el

tipo

de

comunidades analizadas como

la

metodología han variado consisten-temente5.

Jaramillo (1990) presenta uno de los estudios más recientes en el área

del

suroeste de los Estados Unidos, en

el

que usa una encuesta puerta a

puerta, adaptación del cuestionario usado

por

Lambert y

Tucker

(1976), consistente en preguntas básicas sobre los usos de tú

y

usted.

Al

investigar

una muestra de 50 adultos (25 hombres y 25 mujeres), residentes de un área rural del Valle del Río Grande en Nuevo México, sus resultados

reve-lan un conservadurismo en las formas de tratamiento superior a otras

inves-tigaciones, especialmente en las interacciones padres/hijos.

Sin

embargo, puesto

que

todos

los

estudios

anteriores,

excepto

Jaramillo (1990), se han concentrado en poblaciones estudiantiles de ado-lescentes y niños (Brown 1975, Keller 1975, Marín lg72), no se cuenta aún con un estudio más amplio del núcleo familiar méxico-americano. La

varia-ción

generacional

de

este

tipo de

comunidades, propuesta

por

Sánchez (1982), tampoco ha sido unavariable estudiada, lo que mueve a proponer

un

estudio más riguroso que

la

incluya. Asimismo,

la

metodología se ha reducido al uso de cuestionarios específicos sobre los usos de

túy

usted, sin dar una visión exacta de lo que es el uso r¿al

Al

analizar las connotaciones usuales del pronombre usted,, se advierte que éstas pueden reforzarse como resultado de una postura aristocrática y

un deseo de distanciamiento social o psicológico (Solé 1970). Para citar un ejemplo, en el caso de las comunidades méxico.americanas, Jaramillo en-contró en Nuevo México que la fuerza predominante de usted en el

domi-nio formal

(trabajo, servicios profesionales, iglesia) corrobora el uso de la

norma estándar; en este caso, el uso de usted sería el reflejo de,

por

una parte,

lo

que

la

comunidad considera poder

y

diferencia de s/¿úzs social

5 Mediante el uso de un cuestionario escrito, Brown (1975) observó que airn se conserva

una relación de respeto de los hijos hacia los padres. Este hecho establece un contraste notorio con el estudio de Marín (1972) en Canadá, quien detectó nna apreciable pérdida de respeto en las relaciones hijos,/padres que afecta considerablemente el uso de tú/ust¿tl. Keller (1975), por

slr parte, ha estudiado una de las mayores y más significativas muestras del uso de tú/usted (400

informantes) y la influencia del pronombre yoz, basándose en un corpus de Nueva York y de

Citrdad de México, recogido mediante t¡n cuestionario denominado self-rating. Sus resultados

permiten concluir, por rrna parte, que el uso no recíproco de usted (es decir, enunciado por el

emisor) está supeditado por la edad, convirtiéndose, en determinado momento, en un índice ling[rístico de madurez; por otra parte, hay tanto en Nueva York como en Ciudad de México una tendencia a marcar un ascenso en la relación íntima entre los indiüduos (de cunte o pana

^ rumtnrlre) mediante el cambio de tú a u.st¿d.

(6)

t72 LENGUAS MODERNAS 22, T995

que afecta las relaciones sociales

/,

por otra, de las interacciones que tien-den a ser más formalizadas e impersonales por naturaleza.

En otra área del suroeste norteamericano, la existencia o no existencia

de jerarquías sociales puede constituirse en una de las variables más signifi-cativas en la medida en que los informantes pertenecen a un mismo

entor-no social , donde se crea otro tipo de responsabilidades o compromisos ya

sean

de

tipo

moral, religioso

o

social (Jaramillo 1990). Nuestro estudio contribuye a la investigación sociolingüística del español chicano lanto

por-que permite

un

análisis más profundo

del

habla chicana como porque entrega algunos aportes a la investigación sobre los pronombres. En efecto, (1) el empleo del discurso espontáneo de los informantes en distintos do'

minios, como fuente de análisis de los usos de los pronombres de segunda persona, provee una nueva estrategia en la metodología de recolección de datos; (2)

el

testimonio real de

lo

que constituye la variación prr:nominal

puede ofrecer parámetros

de

selección diferentes

a

los encontrados en investigaciones anteriores en

el

suroeste (generación, edad, sexo, etc.); y (3) la presentación de estr¡dios específicos allega información sobre la

si

tuación de las comunidades hispanoparlantes de los Estados Unidos6.

El

observar directamente

la

intervención de los informantes cuando interactúan ofrece una gran ventaja para el propósito de esta investigación: el análisis de los usos de

y usted a partir del discurso oral de una

comu-nidad

chicana residente

en

el

suroeste norteamericanoT.

La

comunidad analizada, que en su mayoría pertenece a

un

gran grupo de inmigrantes mexicanos, participa, de una

u

otra forma, en actividades comunitarias y religiosas que demarcan los diversos estratos sociales y económicos. El dis-curso espontáneo de los informantes fue grabado mientras sostenían re-uniones tanto de

tipo

religioso como comunitario.

Al

observar estos

gru-pos, se puede

ver

más fácilmente cómo los factores

de

edad,

el

status

socioeconómico

y el

grupo generacional afectan

el

uso de las formas de tratamiento. El hecho de que exista una jerarquización social permite que

6 Esto es fácil de corroborar si examinamos una de las cifras más recientes que ofrece Bills

(1989): "en el suroeste, considerado globalmente, más del 80Vo de la población de origen español afirma tener etnicidad 'mexicana"'. La población hispana en el suroeste presenta la

siguiente composición: población total: 2.718.215; de padres mexicanos: 396.410; nacidos en

México: 70.952; hablan español en casa: 331.038. Estos datos permiten considerar a este grupo de personas de ascendencia mexicana el segundo grupo minoritario más grande de los Estados

Unidos y, al mismo tiempo, la minoría lingirística más significativa.

7 Los informantes están clasificados en tres gmpos de edades: 21-30 años (N = 13, que

representa el 5l% del total), 3l-40 años (N = 5) y 4l-50 (N = 2) . De acuerdo con la diüsión por generación de Sánchez (1982), se tomaron en ct¡enta los siguientes parámetros: primera

Benera-ción (personas nacidas en México, residentes en Phoenix por más de 10 años) N = 6; segt¡nda

generación (nacidos en Estados Unidos y de padres mexicanos) N = 8; tercera generación (nacidos en Estados Unidos y con padre o madre mexicanos/as y padre o madre nacidos/as en los Estados Unidos) N = 4; y clrarta generación (nacidos en Estados Unidos, así como sus padres

(7)

F. Correa-Uribe / La segunda persona singular en el discnrso chicano oral r73

este tipo de factores sea notorio y se presente, de diferentes modos, en su

discurso8.

Er- nsruoro

La recopilación de los datos se llevó a cabo teniendo en cuenta los

princi-pios de

la

etnometodología y la etnografia.

El

análisis del discurso se ha

nutrido de

otras disciplinas

y

es esencialmente una consecuencia

de

las

contribuciones de la antropología cultural en

lo

concerniente al

significa-do

que toman los hechos de habla

y

al

lugar que tiene

el

habla

en

las

distintas

comunidades.

Si

tenemos

en

cuenta

que

esta

comunidad

intercambia información en contextos diferentes y mediante distintos

regis-tros, se puede entonces ver reflejado,

en

el

análisis de su discurso, una manifestación social específica como,

por

ejemplo, una relación de com-promiso religioso entre los individuos (compadrazgo) o la edad del recep-tor o simplemente su status social.

AI

hacer

un

análisis de las formas

de

tratamiento (sea

úú

o

usted),

Levinson (1989)

establece

una

diferencia

básica

entre los

estudios sociolingüísticos tradicionales sobre estos pronombres

y el

enfoque prag-mático, cuando hace referencia a que la pragmática se ocuparía del signifi-cado y la sociolingüística, de los procedimientos de uso de estos elementos.

Teniendo

en

cuenta esta división, nuestra investigación toma elementos tanto de la sociolingüística, en el análisis de variables externas (como edad, generación, status) con respecto

a

los principales usos

de

las formas de tratamiento, como de la pragmáfica, al establecer el significado que tienen

estas formas para dicha comunidad.

Para

el

análisis estadístico

de

los datos, se tomaron

del

modelo de

Labov (1972), como puntos

de

referencia, tres variables sociales

y

tres lingüísticas: 1) variables sociales (independientes): edad, generación y

sta-/zs social (es decir, las que afectan el uso de determinadas estructuras de la lengua) y 2) variables lingüísticas (dependientes): tú, usted, y otras formas

de tratamiento (bajo esta categoría se incluyen las formas de tratamiento que se encontraron en el discurso y que no necesariamente pertenecen a

las formas pronominales

de

segunda

y

tercera

persona, tales como apelativos, sobrenombres y otros pronombres) .

Al

no hallarse explícitas en

el

discurso las formas pronominales de segunda persona del singular, se procedió

al

análisis de las estructuras verbales que mantienen una carga semántica valorativa del uso pronominal. Cada una de estas formas sirvió

8 El hacer un estudio como éste, con bases en la etnografia del habla, se inserta en la

perspectiva de lo señalado por Fasold (1990:47): "El objetivo del trabajo en la etnograña del

habla y en otros estudios antropológicos es obtener una comprensión global de los puntos de vista y de los valores de la comunidad, como forma de explicar las actitudes y el comportamiento

de sus miembros. La información de este tipo es improbable que surja de los diseños investigativos de laboratorio. Más bien, lo que se requiere es una comprensión íntima de la

(8)

174 LENGUAS MODERNAS 22, 1995

de eüdencia, lo que finalmente permitió el establecimiento del correspon-diente cruce de variablese.

Pnrs¡NrncróN y DrscusróN DE Los RESULTADos

Los resultados indican que la variable edad se considera significativa tanto para el uso de la forma tú como usted, presenándose un mayor uso del pro-nombre usted en este dominio, especialmente al dirigirse a la población de mayor edad del grupo. Cuando las personas de menor edad son receptoras de un acto de habla, se tiende a usar, por igual, tanto la forma

como

us-ted.; se aprecia, también, en los demás grupos, una significativa tendencia al uso del pronombre usted para tratar de mantener respeto o distanciamien-to. Sin embargo, cabe señalar que al dirigirse a las personas de menor edad

no se usan otras formas de tratamiento (como compadre, comadre, o los pro-nombres de tercera persona

él

o ella) como sí ocurre, en algunos casos, al dirigirse a personas de entre 31 y 50 años.

Al

examinar el discurso espontáneo de los informantes en el dominio

del

barrio, se verificó que existe una tendencia

a

sustituir,

y

en

algunos

casos a omitir, las formas tú/usted por formas de tercera persona (por ejem-plo, comadre, la señora, ella), estrechamente relacionadas con la solidaridad y

un

sentido

de

cooperación entre los hablantes, que se hace evidente a

través de estas formas (véase el cuadro siguiente).

Cuadro I

RET-A.CION GENERAL POR DOMINIOS

I En el presente estudio, las fórmr¡las de tratamiento de segunda persona no se hallan

explícitas en el discurso de los hablantes; por ello, se recurre a estn¡cturas verbales defrnidas

(como los mandatos, las preguntas) o a los saludos y las despedidas. Por lo tanto, una vez

recolectados los datos, se especifican los dominios en que se usan determinadas señales, cómo se

manejan y con qué propósitos. Por'señales" entendemos aquí los diferentes rect¡rsos con que

cuenta un hablante para dirigirse a un oyente (verbos o pronombres, en este caso).

Relación por dominios tú usled otros

Charlas religiosas Charlas del barrio Na de casos % de usos Nq de casos 7o de t¡sos 66 28,7% 93 39,7% 155 67,3Vo 87 37,2% 9 3,9vo 54 23,r%

(9)

F. Correa-Uribe / La segunda persona singular en el discurso chicano oral 175

Las variables

sociales consideradas

(edad, generaci6n

y

status socioeconómico), por no ser estadísticamente significativas, no representan una marcada variación en el uso de las formas, lo que denota que, bajo este

dominio social informal, las relaciones entre los informantes se hacen más equilibradas. Para Ia comunidad analizada,

el

dominio formal constituye

un

contexto social importante debido a las responsabilidades religiosas en

las que sus miembros están comprometidos. Este discurso se caracteriza por su

nivel de

formalidad, alternado con

un

grado

de

confianza

entre

los participantes; su desarrollo obedece a u¡ra organización establecida por la

autoridad (el sacerdote), quien genera y controla

la

mayoria de los temas de conversación.

En investigaciones sobre

el

pronombre en

el

suroeste de los Estados

Unidos (Jaramillo 1990 y Brown 1975), sólo Jaramillo tomó en cuenta el

dominio de

la

iglesia, considerándolo como

formal.

Este hecho resulta relevante ya que

el

contexto de

la

iglesia afectó

el

uso de las formas de tratamiento, aunque sin afectar, en mayor medida, las variables sociales de edad, generación y stqtus socioeconómico. Para este autor, el amplio uso de

las formas

del

pronombre usted

se explica

por

las relaciones sociales preestablecidas.

En términos generales, este análisis permite señalar que los parámetros

de

selección

de

las formas pronominales determinados

por

las variables sociales que operan en el dominio informal difieren de los hallazgos

infor-mados por estudios anteriores realizados en el suroeste de los Estados Uni-dos,

al

asignarse

un

nuevo valor de solidaridad a

la

participación de un

individuo en el dominio informal. Esto se debe principalmente al

estableci-miento de pautas comunes entre los individuos comprometidos en el dis-curso, tales como un objetivo común, que eüdencia un nivel de solidaridad a través de otras formas pronominales y nominales (/a señora, el señor, ella,

é1, la comadre, el compadre) que adquieren importancia para la señalización de

un

elemento del discurso. Esta situación muestra que los participantes de esta comunidad son innovadores en cuanto a los parámetros que siguen al dirigirse a otros sujetos, especialmente en el dominio del barrio. En éste,

se hace más evidente la extensión de formas pronominales y verbales de tercera persona singular (ély ella), primera persona del

plural

(nosotros/as)

y deícticos corno aquí la señora (o el señor), cuando se hace referencia a uno de los participantes del discurso.

Los parámetros adoptados esrán estrechamente relacionados

con

la

participación del individuo en

el

discurso

y

su compromiso social con el

grupo,

lo

que permite apreciar aspectos de solidaridad, cooperación y

be-neficio

común,

dentro del grupo

que regula las formas usadas.

En

los contextos analizados, la iglesia continúa siendo un punto de referencia y de

unificación

para la comunidad chicana. Este dominio formal les permite establecerse como comunidad en sí, a través de la cual se pretende

ir

en busca de una identidad como gmpo social marginado. Los grupos

(10)

norteamerica-176 LENGUAS MODERNAS 22, 1995

no

encuentran, en sus comunidades,

un

respaldo tanto lingüístico como ideológico. Su discurso, por ende, se constituye en una fuerza contraria a

los registros impuestos por las nuevas generaciones, haciendo que tanto los usos del inglés como los del español se identifiquen con mayor dificultad. En la producción discursiva del dominio de la iglesia, el uso del pronombre

es más frecuente que en el dominio de las reuniones comunales. En otros

términos, se designa directamente

con

su nombre

o

su apelativo

a

los participantes del acto de habla que esrán comprometidos en

el

discurso,

especialmente cuando existe

una relación

preestablecida

como

el

compadrazgo, la que no favorece el uso de las formas pronominales.

En términos generales, el presente estudio revela que en esta comuni-dad méxico-americana del suroeste no sólo los pronombres tú/usted consti-tuyen las formas de tratamiento usadas para dirigirse a una segunda

perso-na, sino que se recurre

a

formas apelativas

de

acuerdo

con

la

relación existente entre los indiüduos, especialmente si se trata del dominio infor-mal (el barrio), en donde se puede observar el predominio de relaciones más íntimas. Este hecho está determinado principalmente por quien posee

el dominio de la situación de habla,

por

su mensaje y por el alcance que éste pueda tener dentro del grupo. Esta situación lleva a que los individuos comprometidos en el discurso opten por omitir, intercambiar o repetir las

formas pronominales. Estas fluctuaciones se presentan constantemente, lo que puede deberse a la posición que ha alcanzado el chicano de¡rtro de la sociedad norteamericana,

que

le ha

permitido

reconocer

la

situación diglósica en que se encuentra.

En el dominio formal, no se presenta mayor variación en las fbrmas de tratamiento, predominando la forma usted, Io que revela, una vez más, que

en

este

tipo

de

dominios

(la

iglesia)

,

una autoridad como

el

sacerdote permite establecer relaciones de poder o autoridad moral que favorecen su

uso. Esta comunidad presenta,

en

su

dominio informal

(el

barrio),

un aspecto innovador

si

se consideran otros parámetros

de

selección, tales como la cooperación, pero también los ya tradicionalmente estudiados de solidaridad y confianza, que siempre favorecen el uso de la forma

a

tra-vés de las variables de edad, generación y status socioeconómico. Podemos señalar que los parámetros

de

selección de las formas pronominales de segunda persona adquieren valores de solidaridad, confianza y respeto

ha-cia

el

interlocutor.

Al

establecerse algunas pautas comunes

entre

los individuos comprometidos en el discurso (tales

como

el

compartir

las

mismas ideas

u

objetivos comunes) es habitual optar

por

el

uso de una forma en particular. La vacilación en el uso de los pronombres de segunda persona obedece a valores asignados a los distintos enunciados. La omisión

del pronombre, en la mayoría de los casos, permite

inferir

que existe una mayor proximidad ideológica entre los interlocutores.

El

intercambio de formas

de

tratamiento refleja las distintas reacciones que ocurren

en

el receptor.

Uno de los factores que se deben tener en cuenta en el barrio como

(11)

pertene-F. Correa-Uribe / La segunda persona singular en el discurso chicano oral 177

cen a una misma conf,iguración geográfica y afectiva. Las actividades por discutir

en

sus reuniones (verbenas populares, grupos juveniles) son de carácter comunitario, factor que permite

un

mayor grado de confianza y

familiaridad entre los participantes. Por este motivo, en

lo

que respecta a

las variables sociales, este estudio permitió establecer que la diferencia de slafzs socioeconómico no es un factor de gran relevancia cuando se trata de aproximaciones ideológicas

en

común,

por el

hecho

de

tratarse de una comunidad geográfica y espiritualmente comprometida. Este hallazgo cons-tituye un resultado significativo al compararlo con los de las investigaciones realizadas en varios países latinoamericanos, como México (Lastra 1975,

Powers 1981) o Chile (Torrejón 1991), donde este factor sí afecta la

selec-ción pronominal.

Resultaría

dificil

precisar cada uno de los valores asignados a la forma de comunicarse a través de cuestionarios o encuestas, ya que la actitud del hablante varía enormemente cuando se encuentra comprometido en una situación de habla específica. Se aprecia, en el análisis de su discurso, que existen factores, como Ia lealtad,

la

amistad

o el

respeto

por

los demás interlocutores, que originan el establecimiento de una mayor recursividad de las formas de segunda persona. Un factor constante, en los dos tipos de discursos analizados, es la extensión del uso del pronombre usted a contex-tos en que habitualmente se emplea el pronombre tú, es decir, Ios infor-mantes inician sus conversaciones usando las formas verbales

de

usted, y,

con el transcurrir del diálogo, incluso con la misma persona, se obserya un cambio a la forma

o

a otras. Cuando los informantes escuchan a cual-quiera de los participantes exponer ideas que resultan innovadorasy/o de

beneficio para

el

grupo, se recurre

a

Ia utilización de marcadores como

compadre, amigo, cuate, carnal, que reflejan sólo

un

acercamiento a

la

es-tructura

tradicional latinoamericana

del barrio

como eje

primario de

Ia

sociedad.

Nuestra metodología nos

permitió

concluir, coincidiendo

con

otras investigaciones, que dentro del dominio formal no se preserlta mayor varia-ción, ya que se favorece significativamente el uso de la forma tradicional de respeto (usted), lo que revela, una vez más, que en este tipo de dominios el sacerdote continúa siendo autoridad moral y eclesiástica en

la

manipula-ción

del poder

del

discurso. Este

tipo

de

metodología, conocida

en

el análisis

del

discurso como 'triangulación' (triangulation) se define como: "la recolección y comparación de diferentes perspectivas de una situación. Los datos de los informes pueden así ser verificados mediante observacio-nes etnográhcas

y,

más generalmente, mediante informes cualitativos, y viceversa

"

(Stubbs 1983). El hecho de refutar datos estadísticos a partir del discurso oral y el estudiar actitudes a través de trabajo de campo permiten efectuar

un

análisis más preciso de las formas pronominales y de su rela-ción con las variables sociales.

En

conclusión,

el

presente estudio revela que,

en

esta comunidad chicana del suroeste de los Estados Unidos, no sólo las formas

y

usted.

(12)

recu-178 LENGUAS MODERNAS 22, T995

rre

a formas apelativas de acuerdo con la relación que se presenta en el acto de habla entre los individuos, especialmente si se trata del contexto del vecindario, en donde las distintas relaciones (compadrazgo, vieja amis-tad o vecindad) constituyen factores clave en la dinámica de la variación. Además, resulta

de

especial interés observar,

por un

lado,

que

la

clase

social uo resulta ser una variable que afecte de manera significativa el uso de la segunda persona en esta comunidad y, por otro, que las comunidades hispanohablantes de los Estados Unidos ejercen un papel de suma impor-tancia

en

el

mantenimiento

del

español. Por constituir

una

minoría de enormes proporciones, los hispanoamericanos de los Estados Unidos

esta-blecen sus propios grupos lingúísticos con características diferenciadoras

que, como

en

el

caso de los méxico.americanos

del

suroeste, particular-mente en Phoenix, Arizona, evidencian variaciones en los usos de la segun-da persona que merecen ser examinadas con especial atención.

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