LA UTOPÍA
DE LA LENGUA P’URHÉPECHA
Agustín Jacinto Zavala
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497.7 UTO
La utopía de la lengua p’urhépecha / Agustín Jacinto Zavala, editor.– Zamora, Mich.: El Colegio de Michoacán : Fideicomiso “Felipe Teixidor y Monserrat Alfau de Teixidor”, 2010.
213 p.; 23 cm. – (Colección Debates) ISBN 978-607-544-112-2
1. P’urhépecha – Gramática
2. Indios de México – Lenguas – P’urhépecha 3. P’urhépecha – Lexicología
I. Jacinto Zavala, Agustín, ed.
Imagen de portada: Fotografía del convento en Toulouse donde estudió fray Maturino Gilberti. Cortesía de la doctora Nora Jiménez.
© D. R. El Colegio de Michoacán, A. C., 2010 Centro Público de Investigación
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INTRODUCCIÓN 4 EL PAPEL DE LA TRADUCCIÓN EN EL DESARROLLO DE LAS LENGUAS 13
Herón Pérez Martínez
LA CREACIÓN DE VOCABLOS UN CAMINO PARA RESEMANTIZAR LA TRADICIÓN 21
Agustín Jacinto Zavala
ARTEM AC VOCABULARIUM AD USUM INDORUM GRAMMATICORUM SERMONE LATINO? 39
Rosa Lucas González
ALGUNOS TÓPICOS CONCERNIENTES A LA REFUNCIONALIZACIÓN DE LENGUAS
MINORITARIAS 47
Frida Villavicencio
TÉRMINOS GRAMATICALES; UNA PROPUESTA 52
Cristina Monzón y Jaime Alejo Campos,
Rosa Guillermina Asencio Mateo, Rosalía Cayetano, Teresa Chávez, Adelayda Melchor Govea,
Adelina Pascual Márquez, Francisca Prado Elias, Beatriz Reyes Pascual, Pablo Sebastián Vargas, Jaime Victoriano Mateo
HACIA UN VOCABULARIO DE CONCEPTOS JURÍDICOS EN LENGUA P’URHÉPECHA 62
Moisés Franco Mendoza
TÉRMINOS PEDAGÓGICO-LINGÜÍSTICOS EN P’URHÉPECHA 72
Pedro Márquez Joaquín
LA COMPOSICIÓN DE LA PALABRA EN LA LITERATURA DE GILBERTI 85
Abraham Custodio Lucas
EL PROCESO DE TRADUCCIÓN ENTRE ESPAÑOL Y HUICHOL 110
José Luis Iturrioz Leza
INTRODUCCIÓN
El Proyecto Conjunto para la Publicación de las Obras de Fray Maturino Gilberti (s. XVI), también llamado
“Proyecto Gilberti”, nació por iniciativa del Dr. Benedict Warren, historiador, y del Mtro. Agustín García Alcaraz, antropólogo, quienes al tener en sus manos microfilms y copias impresas de una gran parte de las obras de fray Maturino Gilberti, a finales de 1992 buscaron una institución que pudiera asegurar un mínimo de continuidad en la labor de publicar la transcripción y traducción de éstas, así como estudios relativos a los temas en ellas contenidos. Ambos académicos propusieron formar el grupo al entonces Coordinador del Centro de Estudios de las Tradiciones, Dr. Agustín Jacinto Zavala quien, tras haber consultado con la que en ese tiempo era presidenta de El Colegio de Michoacán, Dra. Brigitte Boehm Schöndube, estudió la factibilidad del proyecto.
A principios de 1993 comenzaron los trabajos de transcripción y ya en 1995 eran nueve los académicos participantes, encabezados por el Dr. Benedict Warren como editor general y el Dr. Jacinto como coordinador del proyecto. Después de estudiar la mejor manera de proceder a las tres tareas arriba señaladas (transcripción, traducción y estudios) se convino con la Dra. Boehm en que se realizarían en tres etapas: primero la transcripción, luego los participantes se familiarizarían con el vocabulario tarasco utilizado en los textos y con sus formas de expresión, y después se comenzaría la tarea de traducir. Conforme se fueron incorporando los miembros del proyecto con sus diversas especialidades, se vio la posibilidad de empezar a reflexionar acerca del encuentro entre las tradiciones europea y del Nuevo Mundo mediante la realización de las Jornadas Gilbertianas.
El proyecto Gilberti ha tenido hasta ahora cinco Jornadas Gilbertianas. Las I Jornadas Gilbertianas
tuvieron lugar en julio de 1994; las II Jornadas, en abril de 1995; las III Jornadas, en abril de 1996; las IV
Jornadas, en octubre de 1997 y las V Jornadas Gilbertianas, en noviembre de 2006, tomando cada vez un tema
como centro de reflexión.
Como parte del proyecto Gilberti, las V Jornadas Gilbertianas se realizaron con la participación de
miembros de éste y de destacados especialistas en lingüística, así como estudiosos de las lenguas indígenas, en particular de la lengua p’urhépecha. El tema general fue “La utopía de la lengua p’urhépecha”. Se explicaba éste con las siguientes palabras: “La utopía de la lengua p’urhépecha consiste en el reto que implica el que esta lengua pueda ser de uso en la docencia a todos los niveles, en la investigación y en el desempeño profesional p’urhépecha en el mundo contemporáneo”. Uno de los aspectos importantes en el proceso de realizar esta utopía es el de crear el indispensable vocabulario técnico que haga posible el uso de las lenguas indígenas en la docencia a todos los niveles incluyendo el posgrado.
Además, en la invitación se decía
El tema que nos ocupará en estas Jornadas es la función de la traducción en la propuesta de creación de neologismos científicos en lengua p’urhépecha. El propósito es examinar la relación que la traducción tiene con la creación del vocabulario técnico básico e indispensable para una futura docencia de nivel superior en lenguas indígenas. Entre los campos que se considerarán están: medicina, derecho, religión, física, filosofía, y biología.
Posteriormente se añadieron dos campos más: economía y lingüística.
Ampliar el horizonte de uso de las lenguas originarias, desde la vida familiar y cotidiana hasta los señalamientos carreteros, los espectaculares, los medios masivos de comunicación, el aula, el templo, los negocios, los hospitales, las oficinas de gobierno, etc., no es solamente aspiración de los hablantes mismos y un reclamo que los pueblos originarios han hecho al gobierno y a la sociedad, sino también algo que puede llegar a volverse realidad por los cambios en la Carta Magna del país y por las declaraciones de organismos
internacionales como la Organización Internacional del Trabajo (Convenio 169) y las Naciones Unidas (Declaración sobre los derechos de los pueblos indígenas).
Las V Jornadas Gilbertianas se celebraron el viernes 10 de noviembre de 2006, con tres sesiones que se
extendieron hasta el anochecer. En la primera de éstas, que fue la matutina, se efectuó la inauguración y la presentación de ponencias relativas al papel que la traducción ha desempeñado en el desarrollo de las lenguas. En la segunda sesión, del medio día, se abordaron propuestas de neologismos en diferentes áreas de la ciencia. La sesión del atardecer estuvo dedicada a celebrar el trabajo realizado por el doctor Benedict Warren para el rescate de textos coloniales en lengua p’urhépecha, así como a presentar la nueva traducción interconfesional de la Biblia al p’urhépecha, tarea en la cual el grupo que compone el proyecto Gilberti tiene funciones de asesoría.
De la primera sesión se seleccionaron cuatro ponencias, y de la segunda, igual cantidad de éstas. Las cuatro primeras son de los doctores Herón Pérez Martínez, Agustín Jacinto Zavala, Rosa Lucas González y Frida Villavicencio. De entre las ponencias de la sesión vespertina se eligieron las de la doctora Cristina Monzón y de los maestros Moisés Franco Mendoza, Pedro Márquez Joaquín y Abraham Custodio. Posteriormente se incorporó el trabajo del doctor José Luis Iturrioz, quien fungió como comentarista en la sesión de la mañana. A continuación damos cuenta de cada uno de los nueve trabajos.
El texto del doctor Herón Pérez M., “El papel de la traducción en el desarrollo de las lenguas”, nos describe un panorama general del papel que la traducción ha tenido en ampliar los horizontes de las culturas, al hacer posible el paso de un círculo lingüístico a otro distinto. El conocimiento humano es en gran parte verbalizado y la lengua en que se expresa encierra una manera especial de ver el mundo que transfigura la manera en que éste es vivido por el hombre, tanto mediante sus representaciones, como las sensaciones y acciones que de aquéllas provienen. Este último queda envuelto en un capullo verbal del cual puede salir sólo para ser envuelto en otro que le amplía sus horizontes verbales. Ese capullo es la condensación epistémica de una comunidad de hablantes, tiene las funciones de órgano creador del pensamiento y como expresión verbal es la culminación de éste.
La lengua es la primera de las tradiciones de todo pueblo y en el proceso de traducción se abre a posibles configuraciones del espíritu procedentes de tradiciones ajenas y con ello extiende su propia ordenación de la realidad y su expresión verbal. La traducción bien realizada forja y enriquece al sistema de textualidades de cada pueblo. Tal es el caso de ésta en la construcción de la actual cultura mexicana. Esa conformación es testimonio de la transculturación que se realiza en la conquista espiritual del Nuevo Mundo.
El enriquecimiento de las lenguas en este proceso no fue en la sola dirección de aquéllas amerindias, sino benefició también a la lengua del conquistador. El impulso que ya se daba en España a la traducción en el siglo XVI se refleja sobre todo en la monumental traducción de la Biblia políglota y requirió que
cooperaran especialistas conocedores del latín, el hebreo, el griego, el árabe y otras lenguas. Aunque la intención final de los misioneros fue hispanizar a los indígenas, se vieron en la necesidad de presentar por lo menos en un primer momento, la doctrina y su significado en las lenguas indígenas. De allí surgen las “Artes” o gramáticas, los vocabularios, las “doctrinas” o catecismos, los sermonarios, los confesionarios, y tantas otras maneras de trasmitir los contenidos de la religión que venían a predicar. Ciertamente la evangelización se apoyó en la traducción, pero no sólo en el ámbito de lo religioso se da la labor de ésta, porque era preciso también hacer el traslado de la alta cultura europea, con sus autores clásicos y otras obras que nunca llegaron a ver la luz pública.
El Concilio de Trento restringió la traducción de la Biblia y esta limitante se vio reforzada por obra de la Inquisición. De tal manera se liga la labor de traducción con el desarrollo de la imprenta en el Nuevo Mundo, que es difícil dar cuenta de aquélla sin hacer mención de éste. El doctor Pérez Martínez hace notar que se trató de cuatro tipos principales de traducciones: las de evangelización y catequesis (como las de fray Maturino Gilberti), las escolares (que principalmente nos llevan al estudio de las tradiciones lexicográficas), las de textos nativos al español para informar a las instancias españolas (como es el caso de La Relación de
Michoacán de fray Jerónimo de Alcalá) y, finalmente, las literarias y profanas (por ejemplo las que se hicieron
de Ovidio, las sátiras de Persio y muchos más).
En España se da además una tradición gramatical que no se restringe a las lenguas clásicas sino que incluye al árabe y al hebreo. Esta tradición filológica está presente ya en el siglo VI y se extiende a los trabajos
Maturino Gilberti haya recibido la influencia de todas estas tradiciones gramaticales y lexicográficas, presentes en Toulouse, Carcasonne y otras ciudades del sur de Francia. Además, es probable que esta tradición políglota en el estudio de las lenguas haya también tenido presencia en el Nuevo Mundo. De esta manera la traducción ha sido factor de enriquecimiento bilateral entre las lenguas y las culturas, ha contribuido al entendimiento entre los pueblos y ha promovido su intercomunicación.
En su trabajo “La creación de vocablos, un camino para resemantizar la tradición: el caso de Japón”, el doctor Agustín Jacinto señala que hay dos maneras principales en que se desarrollan las lenguas: por el proceso ordinario de su uso en la vida diaria y en las diferentes facetas de la vida cultural, se producen nuevos vocablos y construcciones gramaticales y las lenguas llegan a alcanzar paulatinamente su madurez; en el caso de aquéllas cuyo uso queda por alguna circunstancia restringido a situaciones especiales y su desarrollo es de esa manera interrumpido, se requiere un impulso adicional para subsanar el daño ocasionado. Este es el caso de las lenguas indígenas en latinoamérica que, con la creación del subsistema de universidades interculturales en México, pueden ahora ser utilizadas en la docencia e investigación de nivel superior. Sin embargo, este uso de las lenguas indígenas queda todavía como una utopía mientras éstas no tengan la oportunidad de crecer, desarrollarse, así como poder describir y comunicar aspectos propios de la época actual. La necesidad que ellas tienen de crear vocabulario de uso profesional es evidente, ya que de otra manera quedaría como mera utopía el impulso a que los hablantes de lenguas indígenas puedan acceder a la educación superior en su propio idioma. Se detecta de inmediato la carencia de vocablos adecuados para esta tarea: hay necesidad de crear neologismos que puedan utilizarse en la educación formal de nivel universitario.
En el pasado quienes han contribuido en gran medida a la construcción y crecimiento de las lenguas han sido los traductores. Para examinar este papel, el doctor Jacinto describe a grandes rasgos ese proceso en el caso de la lengua japonesa y advierte que la creación de neologismos es posible, en mayor o menor medida, en todos los lenguajes. En lo referente a Japón hace resaltar, en primer lugar, la traducción en la labor de evangelizar a finales del siglo XVI y principios del XVII. En segundo lugar, esboza los esfuerzos de
traducción en la época Tokugawa, en especial en el siglo XVIII, para la apropiación de algunas de las
ciencias occidentales que interesaban al régimen político de la época. Se menciona el caso específico de la traducción que Sugita Genpaku hace de las Tablas Anatómicas de Kulmus y los tres tipos de ésta que Sugita menciona: el traslado de la intención, el del sentido, y la traducción literal, como sendos recursos de que dispone quien realiza la traducción.
El doctor Jacinto menciona también el esfuerzo realizado por los japoneses en el siglo XIX para poner
su lengua en condiciones de comunicar las nuevas ideas importadas de Occidente y de difundir sus propios conocimientos en los países de Europa. Entre las instituciones que desempeñaron un papel importante en dicho esfuerzo está la sociedad llamada Meiroku-sha, cuyos miembros lograron que en los seis años de vida que tuvo esa institución se creara un vocabulario adecuado para importar los nuevos conocimientos y prácticas con el fin de asegurar la independencia de su país.
El nuevo vocabulario en general tuvo tres principales orígenes: las palabras ya antes formadas que coincidían en alguna medida con los significados que se quería trasmitir (como sería el caso de términos tomados del confucianismo, del budismo o del taoísmo); palabras ya constituidas a las que se daba un nuevo significado (resemantización de términos tomados de las mismas fuentes que los vocablos mencionados en primer lugar); y palabras nuevas, creadas mediante una novedosa combinación de ideogramas chinos a los que se daba un significado original (y que generalmente iban acompañadas del término en el idioma europeo nativo del cual eran traducción).
Para terminar, el doctor Jacinto presenta el caso de tres diccionarios en los que se incorporan esos neologismos: el vocabulario Términos comunes en [caracteres] chinos e inglés (Kaei tsûgo) de Fukuzawa Yukichi; el
Vocabulario filosófico (Tetsugaku ji’i) de Inoue Tetsujirô, publicado en 1884, el cual da cuenta de los nuevos
términos utilizados en la presentación de las doctrinas filosóficas occidentales; y el Léxico de vocablos extranjeros
en las Obras completas de Nishida Kitarô, elaborado por el mismo doctor Jacinto, que incluye las palabras de
origen occidental con sus correspondientes traducciones, resultado del trabajo de Nishida Kitarô en la creación de su propia filosofía. El texto termina con algunas de las recomendaciones que se han hecho para la labor de traducción y su referencia a crear nuevas palabras.
La doctora Rosa Lucas G., en su trabajo Artem ac Vocabularium ad usum Indorum Grammaticorum
sermone latino? hace una serie de importantes reflexiones acerca de dos aspectos referidos a la Grammatica latina de fray Maturino Gilberti. Éstos son: un vocabulario latino que, según el cronista Johannes a Sancto
Antonio, acompañaba a la gramática y que ha desaparecido, y los destinatarios de ésta. En cuanto al primer aspecto la doctora Lucas nos dice que, por los tópicos que esgrime, se trata de una gramática renacentista, aunque no hay rastro alguno para pensar que originalmente ésta hubiera ido acompañada de un vocabulario latino. Nos señala también que la Grammática latina de Gilberti, dedicada a enseñar elocuencia romana, es interesante por sus contenidos y sus fuentes. En cuanto a éstos va más allá de las gramáticas latinas de su época, pero queda solamente como un manual para alumnos iniciados o avanzados en la lengua latina. En lo que respecta a las fuentes, se puede notar en la obra la influencia de Erasmo de Rotterdam. La obra dedica mucho espacio a la analogía, es decir, a lo normativo y, además, se orienta a la praxis, es decir, tiende a la estilística o imitación de modelos. De manera que allí se conjuntan una gramática, una estilística y sus respectivos modelos para la práctica.
El trabajo de la doctora Frida Villavicencio presenta las experiencias que ha tenido su grupo de trabajo interinstitucional en la revitalización y rescate de lenguas minoritarias utilizando metodologías multimedia. Su investigación expone la manera en que se utilizan las tecnologías informáticas y de comunicación en diez comunidades del área p’urhépecha, para desarrollar las habilidades lingüísticas de niños bilingües, proponer nuevas prácticas pedagógicas y adecuar las herramientas técnicas modernas a la enseñanza. El resultado que se busca es facilitar la reflexión metalingüística de los hablantes de lenguas minoritarias y promover en ellos la creatividad y el uso de la imaginación. Mediante el uso de la computadora se hace igual hincapié en la lengua materna y en la segunda lengua, de tal manera que el desarrollo lingüístico no sea unilateral.
Una de las experiencias que presenta el texto es el trabajo en talleres de traducción con los instructores, para que puedan apoyar la actividad creativa de los estudiantes que participan en la construcción social de un diccionario. Desde 1998 en que el Instituto de Lingüística Computacional de Pisa desarrolló el programa “Addizionario”, se ha utilizado con éxito en diversos países, sobre todo entre los niños. La primera etapa (2003-2004) del proyecto que relata la doctora Villavicencio se basó en el uso de este programa y en la segunda y tercera etapas (2004-2006) se ha concentrado en el uso del programa “Uantakua”. En general, el proyecto tiene un enfoque interaccional, constructivo y comunicativo que permite enriquecer las habilidades de los participantes, jóvenes y adultos.
La realización del proyecto ha dejado valiosas experiencias tanto respecto a las normas dictadas por las autoridades como a la participación de maestros y alumnos. a) En relación con las normas, uno de los problemas detectados es que éstas se encuentran diseñadas para especialistas, son poco accesibles para los niños e imprácticas para los hablantes y no se perciben sus beneficios en la actividad docente. b) Otro problema es que la normalización o estandarización de las lenguas indígenas tiende a dejar fuera sonidos y por eso se propone reconsiderar la norma ortográfica. c) Entre los aspectos positivos se encuentra la constatación de que los idiomas indígenas como el p’urhépecha son lenguas vivas que ofrecen una amplia gama de recursos para crear e incorporar nuevas palabras. Por esto es posible vislumbrar que se realice un trabajo de modernización de esas lenguas para ofrecer una educación bilingüe. Esto implica crear nuevas palabras e importar otras más. d) Además de las dificultades de denominación están los problemas etimológicos y etiológicos en las palabras ya existentes, los obstáculos en las operaciones aritméticas, y los relativos a la creación del metalenguaje que permita el análisis y la reflexión sobre la lengua en sí. e) Queda la tarea de elaborar los programas en la lengua indígena misma, para lo cual también se requiere nuevo vocabulario que permita la utilización del Internet y las designaciones de las máquinas y herramientas por emplear.
En pocas palabras, es evidente que en la tarea de refuncionalizar las lenguas indígenas para utilizarlas en la enseñanza a todos los niveles escolares es indispensable estandarizarlas y modernizarlas; sin embargo, las normas de estandarización no son adecuadas todavía y quedaron como tema de futura discusión. Por otra parte, modernizar las lenguas indígenas permanece como una tarea impostergable.
El texto “Términos gramaticales: una propuesta” es resultado del trabajo de un grupo, dirigido por la doctora Cristina Monzón, cuyos participantes tuvieron la experiencia de un diplomado sobre gramática p’urhépecha y problemas relacionados con la etnolingüística de esta lengua. El grupo se abocó a crear neologismos para designar los conceptos gramaticales, ya que hasta ahora solamente se habían traducido
términos taxonómicos para clasificar entradas de diccionarios y para conjugar los verbos. La realización de este esfuerzo estuvo acompañada de una amplia consulta preferencial a hablantes monolingües y oriundos de comunidades distintas a las de los miembros del grupo.
Después de muchas consultas y modificaciones de los vocablos propuestos, finalmente se llegó a un consenso para los que la doctora Monzón presentó en tres secciones. a) Ante todo era necesario acuñar términos para designar las partes básicas de los vocablos en p’urhépecha, que son “palabra raíz, morfema y clítico”, como elementos con los cuales se compone una palabra. Para designar la “raíz” el grupo retomó el vocablo ya existente (sïrankua); para “morfema” se utilizó un término que se refiere a las partes o pedazos (arhokukua), en este caso, de la palabra; y para designar el “clítico”, se empleó un vocablo que señala que una cosa se agarra de algo más (jupikuarhinskua). b) De la misma manera se crearon o refuncionalizaron términos para designar las categorías gramaticales: singular y plural, sustantivo, verbo, posposición, conjunción, adjetivo, adverbio y pronombre. En el texto se explica la manera en que se llegó a crear la palabra para designar cada una de éstas. c) En tercer lugar se buscaron términos apropiados para la conjugación de los verbos, comenzando por crear un vocablo para “conjugar” (mórhukuni). El texto expone también la manera en que se llegó a designar el tiempo (pasado, presente y futuro) y aspecto (durativo, habitual, incoactivo, perfectivo).
Ciertamente el esfuerzo fue mayúsculo y representa una aportación a la reflexión metalingüística del p’urhépecha. Es de esperar que conforme los miembros del grupo avancen en sus respectivas investigaciones, nuevas áreas de la lingüística puedan contar con términos apropiados en lengua p’urhépecha. Podemos ver que utilizar ésta en la docencia requiere de una creatividad disciplinada y de una metodología aplicada de manera coherente, como lo está haciendo este grupo bajo la dirección de la doctora Monzón.
Otra área en que es urgente elaborar vocabulario técnico es la del derecho indígena. La tarea implica dos principales aspectos: los términos específicos del derecho y los que permiten la reflexión acerca de aquéllos. Como en otras áreas, el procedimiento empleado por el Mtro. Moisés Franco fue triple, el acopio de voces que ya se utilizan en el derecho consuetudinario p’urhépecha, la resemantización de vocablos ya existentes y la creación de neologismos.
En la actualidad se utiliza un abundante vocabulario en las transacciones que tienen antecedentes tradicionales y en los actos jurídicos realizados al interior de las comunidades p’urhépecha-hablantes. Sin embargo, para poder extender su práctica más allá de éstas y para aplicarla en la docencia, hace falta ampliar ese vocabulario. Aunque actualmente hay restricciones para un pluralismo jurídico efectivo, es pertinente adecuar el lenguaje para su amplia utilización en áreas en que hasta ahora tenía uso limitado: el derecho en el aula, el derecho canónico, las transacciones de carácter civil y de carácter judicial, etc., abarcando los ámbitos municipal, estatal y federal.
En la preparación de un vocabulario jurídico en lengua p’urhépecha el autor identifica tres problemas básicos: la elección de un modelo por seguir para expresar los conceptos jurídicos, el método adecuado para recopilar dichos términos y la creación de vocablos equivalentes a los que existen en las lenguas nacionales. Al tratar de llegar a una lista de los principales términos jurídicos, encontró que había varias alternativas posibles en la vía de la traducción: a) el recurso a ésta en lenguaje llano para tratar de salvar estos problemas no es completamente satisfactorio, debido a que en la lengua de llegada falta definir los códigos semánticos para la correcta interpretación del término p’urhépecha con que se busca la equivalencia de un término en otro idioma. De allí resulta una ambigüedad que es consecuencia de la polisemia no acotada del lenguaje cotidiano. Para recurrir a la vía de la traducción en lenguaje ordinario es necesario tener en cuenta este problema. b) Una segunda posibilidad es la traducción conforme al sentido, como sería el caso de crear un término para traducir “Constitución política”. c) Otros vocablos jurídicos requerirían de transliteración, ese es el caso de expresiones de uso inveterado tales como de facto o de jure, aunque podría también efectuarse su traducción. d) Hacer el traslado léxico mediante la descripción sería otro camino, en casos tales como “última voluntad”, “testamento”, “herencia” o “legado” (eránutsperaqua, jurájkumakua). e) Aprovechando las potencialidades de la lengua, llegar a un compuesto de palabras para una nueva palabra como parte de un vocabulario técnico. f) Un recurso valioso es la posibilidad de crear nuevos vocablos mediante el uso de la palabra compleja. Aunque no existen reglas precisas para construir ésta, es un procedimiento altamente recomendable ya que utiliza el sentir de la lengua para trasmitir varias ideas en una sola palabra.
El autor considera que será necesario recurrir a las seis alternativas de traducción para poder dotar a la lengua p’urhépecha de un vocabulario jurídico adecuado a nuestra época. Después de presentar lo referente a la traducción, el autor aborda los tres problemas básicos señalados al comienzo. 1) El procedimiento de acopio comprendió varios pasos: rememorar vocablos escuchados en diferentes poblaciones de boca de quienes habían estado a cargo de arbitrar conflictos locales y de realizar gestiones ante autoridades estatales; un segundo paso fue la consulta de obras sobre el vocabulario jurídico básico y, principalmente, un diccionario jurídico, el cual sirviera de referente para determinar qué vocabulario hacía falta en p’urhépecha; el resultado de estos dos ejercicios fue una recopilación de términos ya existentes en la lengua y constatar que, dado que el vocabulario oficial está en español, la terminología actual del idioma p’urhépecha no bastaba para una gestión eficiente.
De ahí el autor procedió a un segundo paso: 2) determinar los presupuestos para la formación del vocabulario jurídico p’urhépecha. El primero de éstos es reflexionar acerca de lo recogido entre los mayores. El segundo es la localización de fuentes escritas, ya que se cuenta con textos elaborados a lo largo de varios siglos (desde diccionarios y otros textos del siglo XVI hasta los que actualmente se registran). El tercero
consiste en recuperar la tradición oral a base de entrevistas, revisión de expedientes judiciales y documentos jurídicos. El autor da ejemplos de vocablos recopilados siguiendo estos presupuestos y señala las dificultades que originan los nodos semánticos y conceptos afines de los términos básicos.
3) El tercer problema que aborda el autor es el de un primer esbozo de una teoría para la construcción del vocabulario jurídico en lengua p’urhépecha. Debido a que el derecho positivo del Estado es el único válido en todo el territorio, surge la pregunta sobre el propósito de crear un vocabulario jurídico en lengua p’urhépecha paralelo a aquél. En el trasfondo de esta discusión podemos vislumbrar la preparación para un futuro debate sobre el reconocimiento de la tradición como fuente de derecho y, finalmente, para crear las bases léxicas que permitan la plena aplicación entre los p’urhépecha de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas que dio a conocer la ONU (septiembre de 2007).
De la discusión de los tres problemas identificados, el Mtro. Moisés Franco procede a exponer los pasos necesarios para formar el vocabulario jurídico: la elección de un método, la necesidad de definir cada nuevo concepto en la lengua nativa misma y la prueba del vocabulario creado. En el apéndice de su texto tenemos un primer resultado de ese esfuerzo.
El maestro Pedro Márquez Joaquín presenta sus reflexiones y experiencias en la creación de términos pedagógico-lingüísticos en p’urhépecha. La traducción a este idioma de la terminología técnica de la lingüística debe tomar como referente el trabajo de quienes a lo largo de cinco siglos se han ocupado de estudiar la lengua. Además, actualmente hay varios grupos de investigadores que se están ocupando del tema con el propósito de racionalizar el concepto de lingüística p’urhépecha.
El autor comienza con la reflexión acerca de quiénes están autorizados para acuñar nuevos conceptos y afirma que algunos representantes de una comunidad de hablantes pueden hacer las propuestas, pero éstas las valida la sociedad de usuarios de esa terminología. Expone algunas de sus propias experiencias, de las cuales ha resultado su propuesta de cinco estrategias para crear terminología técnica en p’urhépecha, que implican fundamentalmente la formación del metalenguaje que permita describir la lengua originaria. El esfuerzo culmina en la investigación (lingüística) y docencia (pedagogía) de la lengua p’urhépecha. La descripción y enseñanza de la lengua es trabajo que se origina del exterior de la comunidad de hablantes para promover la lengua, y también se forma del interior de aquélla en busca de un mejor conocimiento de ésta.
Sin embargo, pensar la lengua y describirla en la lengua misma exige la creación de los conceptos correspondientes. Para ello es necesario tener una idea clara de los principales mecanismos de la neología, que el autor escudriñó mediante las cinco estrategias propuestas en el texto. Encontró que se presentan varios casos: a) usar préstamos con terminación morfológica nativa; b) el préstamo con terminación morfológica nativa y creación; c) describir en una sola palabra el fenómeno que se quiere expresar; d) detectar y verbalizar las funciones, formas y materiales de los objetos de la expresión verbal; e) el recurso a la neología o creación desde la cultura misma; f) la resemantización de palabras en desuso y arcaísmos. El autor presenta luego una recopilación de vocablos que han sido utilizados en diferentes fuentes y termina su trabajo con su propia propuesta de un vocabulario técnico lingüístico-pedagógico.
El Lic. Abraham Custodio Lucas nos habla de “La composición de la palabra en la literatura de Gilberti”, en el paso de la lengua oral a la lengua escrita, que en este último lleva consigo el conocimiento gramatical, la composición de las palabras y la creación de formas literarias. Para estudiar este tema, el autor presenta una narración publicada en lengua de Michuacán en 1559 que fue traducida directamente a ésta a partir de la versión latina (realizada por el poeta Aurelius P. Clemens y que data de 404-405 d. C.) y la cual sólo fue publicada en verso castellano en 1623 y posteriormente la convirtió en comedia Francisco González de Bustos (1669). Se trata del martirio de santa Olalla (Eulalia) de Mérida, joven de 13 años, ocurrido en 304 d. C. en la antigua provincia romana Emérita Augusta (actual Extremadura en España) en tiempos del emperador Diocleciano. Se sabe que este texto fue traducido al francés en el siglo IX y siete siglos después por fray Maturino
Gilberti a la lengua de Michoacán en su Dialogo de Doctrina Christiana (edición del Mtro. Moisés Franco).
El Lic. Custodio hace el primer estudio de la traducción gilbertiana buscando dar a conocer una manera en que se presenta el arte dramático en esta lengua originaria para suscitar en el lector o escucha los sentimientos que acompañan al conflicto y su desenlace, la actividad de los personajes y la enseñanza moral que se busca trasmitir mediante el género dramático en lengua de Michoacán. El Lic. Custodio realiza la primera traducción del texto de Gilberti y nos muestra sus varios aspectos: a) la adaptabilidad y flexibilidad de la lengua de Michoacán que permite una expresión literaria de género dramático; b) la utilización de los recursos de esta lengua originaria por hablantes competentes; c) la posibilidad del uso creativo de este idioma para expresar nuevos géneros literarios e ideas; d) la efectividad lingüística en la trasmisión de éstas se hizo sentir entre el público indígena, pero tuvo también repercusiones de carácter oficial y burocrático.
Además, el Lic. Custodio hace notar que el contenido del texto gilbertiano en lengua de Michoacán rebasa lo que entrega la traducción al castellano, pues puede servir para caracterizar aspectos de la cultura nativa en la época de la conquista, tales como la riqueza conceptual que reflejan las prácticas sociales, administrativas, jurídicas y de otra índole ya existentes en el siglo XVI. Por otra parte, cabe destacar que el
trabajo del Lic. Custodio representa la primera traducción al español y estudio del texto relativo al martirio de santa Olalla que fray Maturino Gilberti incluyó en su Dialogo de Doctrina Christiana.
El doctor José Luis Iturrioz da cuenta de la experiencia de 20 años de traducción entre el español y el huichol, en ambos sentidos, tanto de textos de la tradición oral como técnicos. Junto con la traducción, se ha realizado en el Departamento de Estudios de Lenguas Indígenas (UdG) el análisis de los procesos de ésta. El autor nos dice que este análisis tiene varios fines en mente: a) la descripción contrastiva del español y el huichol; b) la expansión del léxico huichol a nuevos dominios culturales; c) contribuir a la enseñanza de la lengua materna en la educación bilingüe-bicultural, y d) generar puntos de vista que incidan en una teoría general del lenguaje que considere también las lenguas originarias.
En el análisis de los procesos de traducción hay cinco competencias básicas (traductorial, gramatical, pragmática comunicativa, textual y cultural) que el autor presenta a lo largo de su texto. Vamos a seguir brevemente cada una de ellas. 1) El problema principal en el ejercicio de traducción no siempre es la terminología. Más bien, debido a que el conocimiento implícito que tiene el hablante de una lengua originaria se hace explícito mediante una teoría que conlleva conceptos metalingüísticos en su propio idioma, se requiere crear términos para referirse a esos niveles superiores de organización de la lengua. Esos nuevos vocablos no deben ser comprensibles sólo a los especialistas, sino que han de servir para la comunicación y comprensión de los hablantes nativos. Una buena traducción requiere no sólo conocer las dos lenguas y el tema tratado sino también dominar la técnica de la traducción. Esto es especialmente notorio en el caso de lenguas de tipos diferentes y con distinto grado de desarrollo de una tradición teórica y discursiva. Una teoría lingüística ayuda al traductor y la investigación del proceso de traducción, en este caso, contribuye a su vez a construir una teoría general del lenguaje. La traducción es una operación compleja que involucra no solamente los aspectos gramatical, semántico y pragmático de dos o más lenguas sino también niveles léxicos, textuales y múltiples elementos culturales. Los diversos tipos de lenguas evidencian todavía más la gran variedad de problemas traductológicos (v.gr. la posibilidad o no de una traducción palabra por palabra), como es el caso entre lenguas de tracción sintáctica y de tracción morfológica, o entre lenguas fusionantes y polisintéticas. La traducción no consiste sólo en generar oraciones bien formadas ni en la mera correspondencia léxica y gramatical; en este sentido implica también aspectos semánticos y filológicos en los que la comunicación requiere de competencia en dos o más ámbitos culturales distintos. De ahí pueden resultar dos tipos para orientar la traducción: hacia el emisor y las formas de su lengua (literal), o hacia el
receptor y su respuesta (acorde con el genio del idioma de llegada, que puede resultar en una traducción acomodativa o una asimilativa). El doctor Iturrioz ilustra cada uno de estos casos con ejemplos tomados de las traducciones al huichol realizadas en el pasado.
2) Señala también los problemas de competencia gramatical que acompañan a la traducción técnica y científica, que implica elegir entre varias opciones: a) crear nuevos términos; b) decidir si aceptar préstamos de otra lengua; c) extender el significado de una palabra ya existente; o d) utilizar un vocablo con acepción metafórica.
3) En el ejercicio de la traducción es importante también la competencia pragmática, para saber usar términos o maneras de decir adecuados al área, la distancia y la situación comunicativa o escritural. La disyuntiva entre orientar la traducción fiel al texto técnico original o adecuada a las necesidades de los receptores últimos (que no significa olvidar el orden básico de la oración en la lengua de llegada). En última instancia esto nos refleja una postura epistemológica que privilegia, sea el contenido cognitivo, sea la pragmática de la comunicación. Son diversas las opciones traductológicas entre una lengua de estilo cognitivo nominal como el español y una lengua de estilo cognitivo verbal como el huichol. Este sería el caso de la traducción de la palabra “guerra” en español, debido a que en huichol habría que formar una palabra compleja para sustituir esta expresión nominal por una verbal.
4) Es sabido que en la traducción no basta con lograr una correspondencia de palabra por palabra o de oración por oración, sino que se requiere crear una nueva estructura textual utilizando los recursos que la lengua de llegada ofrece. Se necesita constituir unidades de sentido enlazadas formal y temáticamente que resulten en una organización global del texto. La unidad que se obtenga debe ser formal, semántica y pragmáticamente ajustada a las tradiciones discursivas de la lengua de llegada. El problema aquí es que muchas lenguas de las etnias originarias carecen de tradiciones discursivas correspondientes en diversas áreas, tales como las técnicas y legales. De allí que la generación de nuevos estilos funcionales implique también un desarrollo cultural, institucional y cognitivo, que vaya de la mano con la formación de traductores especializados y grupos determinados de destinatarios. En este sentido, la base para producir un nuevo texto no es un número determinado de términos. Crear un escrito es el referente primario que regula el proceso de traducción, desde el cual se produce un conjunto léxico que recoge los vocablos utilizados. La traducción de un texto técnico implica también que los receptores tienen los conocimientos de la respectiva área de saber necesario para comprender el nuevo escrito en la lengua de llegada. En el caso de textos destinados al público en general es conveniente considerar que la convertibilidad es inherente a la concepción funcional del lenguaje y que como estrategia de comunicación puede haber alternancia entre reglas formales e informales.
5) En tanto que un texto es una construcción cultural, crear alguno está estrechamente ligado al dominio del tema o área de conocimiento específico del texto por traducir. Habrá conceptos que no tengan un referente cultural (tales como pecado mortal, muerte del alma, etc., en tiempos de la evangelización colonial) y, por esto, la competencia cultural es exigida por la traducción. En suma, que ésta sea buena implica por lo menos el dominio de estas cinco competencias tanto en la lengua origen como en la lengua meta.
Tenemos así un panorama general de las diferentes maneras en que se abordó el tema de la utopía de la lengua p’urhépecha que, como muchas otras lenguas de etnias originarias, enfrenta el desafío que implica su uso en la docencia a todos los niveles, en la investigación y en el desempeño profesional de cara al mundo contemporáneo. Para ello es requisito indispensable que estas lenguas cuenten con un vocabulario socializado que haga posible realizar la utopía. Esta vez hemos querido enfocar la creación de ese vocabulario desde la óptica de la traducción.
A menos de un año de realizadas las V Jornadas Gilbertianas, el 7 de septiembre de 2007 se publicó la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, que en el inciso 1 del artículo 13 dice a
la letra: “Los pueblos indígenas tienen derecho a revitalizar, utilizar, fomentar y transmitir a las generaciones futuras sus historias, idiomas, tradiciones orales, filosofías, sistemas de escritura y literaturas, y a atribuir nombres a sus comunidades, lugares y personas y mantenerlos”.
El inciso 2 hace responsables a los Estados de adoptar medidas eficaces para garantizar la protección de ese derecho. Todavía más, el inciso 1 del artículo 14 señala: “Los pueblos indígenas tienen derecho a establecer y controlar sus sistemas e instituciones docentes que impartan educación en sus propios idiomas, en consonancia con sus métodos culturales de enseñanza y aprendizaje”.
Además el inciso 2 de este mismo artículo 14 dice que, “Los Estados adoptarán medidas eficaces, junto con los pueblos indígenas, para que las personas indígenas, en particular los niños, incluidos los que viven fuera de sus comunidades, tengan acceso, cuando sea posible, a la educación en su propia cultura y en su propio idioma”.
Por experiencia propia como primer rector de la Universidad Intercultural Indígena de Michoacán (UIIM) pude constatar la dificultad de impartir en lengua p’urhépecha aunque fuera sólo una de las materias
curriculares de alguna de las carreras que ofrece esta institución. La falta de vocabulario y el escaso número de hablantes con posgrado y capaces de enseñar sus propias disciplinas en su lengua materna fueron un obstáculo insalvable para iniciar algún curso enteramente en lengua p’urhépecha. De lo anterior se me hizo más evidente la distancia que todavía hay entre lo que en las V Jornadas Gilbertianas denominamos “utopía de
la lengua p’urhépecha” y la puesta en práctica del artículo 14 arriba mencionado.
Ciertamente la UIIM como institución de educación superior abocada a promover la interculturalidad
no tiene el propósito de fomentar únicamente la lengua p’urhépecha sino todas las que se hablan en el ámbito de su competencia. Pero fue difícil aceptar, tanto para el personal de la UIIM como para el Consejo de
Autoridades Comunales, el hecho de que los cursos debieran impartirse todos en español. En la actualidad, con la dirección de su segundo rector, la UIIM hace esfuerzos por preparar personal capaz de poner en
práctica los derechos lingüísticos reconocidos por el Estado mexicano y por la Declaración de la ONU antes
citada, pero todavía está en el futuro la utilización de las lenguas originarias en el nivel de educación superior. Como Centro Público de Investigación, el Colegio de Michoacán ha incidido también en el estudio de las lenguas originarias, sobre todo mediante su Centro de Estudios Antropológicos (gramática y lexicografía) y Centro de Estudios de las Tradiciones (proyecto Gilberti).
Para terminar quiero dar las gracias a todos los participantes y debo hacer dos advertencias. La primera es que no se homogeneizó la representación fonética de las palabras p’urhépecha, pues las variantes dialectales tienen, cada una, sonidos que se confunden en la normalización de la lengua. La segunda es que las ponencias seleccionadas para esta publicación han pasado por el proceso de presentación, comentarios, sugerencias para modificar algo, así como la adopción de las propuestas que han parecido adecuadas a cada autor y, finalmente, por el proceso de evaluación por pares. Desafortunadamente algunas otras ponencias quedaron fuera como resultado de éste o por haber sido presentaciones orales de las cuales los autores no enviaron una versión final escrita. Finalmente debo presentar una disculpa a todos los participantes en las V
EL PAPEL DE LA TRADUCCIÓN
EN EL DESARROLLO DE LAS LENGUAS
Herón Pérez Martínez
El Colegio de Michoacán
La traducción, ese arte tan descuidado, es en la literatura un elemento muchísimo más importante de lo que la mayoría de nosotros cree; pero a menudo contribuye a la creación de las grandes obras. Particularmente importante fue en el Renacimiento, época de las obras maestras... Los niveles intelectuales de cada nación europea han correspondido muy de cerca a la importancia alcanzada en su educación por el conocimiento y traducción de alguna lengua cultural extranjera.
Gilbert Highet1
LA LINGÜISTICIDAD DEL CONOCIMIENTO HUMANO
Las lenguas constituyen el centro de la vida social de los pueblos: lo determinan, lo configuran todo. La traducción, por eso, es un proceso que no sólo afecta al hablar de alguna gente, sino que determina los horizontes de todos los miembros de una cultura al ensancharlos. La lingüística, por ejemplo, ha evidenciado, desde W. von Humboldt, la lingüisticidad de todo conocimiento humano: no existe éste si no se encuentra revestido verbalmente. Von Humboldt, en efecto, es el autor del importante postulado, hoy axioma corriente en la epistemología, de que cada lengua encierra una peculiar visión del mundo que se interpone entre el ser humano y la naturaleza, como el cristal con el cual cada uno ve las cosas de la realidad extralingüística en la medida en que
convive primordialmente y aún exclusivamente con los objetos tal cual el lenguaje se los ofrece, puesto que las sensaciones y acciones dependen de sus representaciones.
Por medio de este acto, dice, en virtud del cual teje en sí mismo la lengua, se encarcela él en la misma y cada una traza en torno al pueblo, al cual pertenece, un círculo, del cual sólo es posible salir en la medida en que se pasa al círculo de otra distinta.2
Sólo mediante el aprendizaje de una lengua extranjera se amplía el círculo lingüístico que circunscribe nuestra manera de pensar: se entra en el rango de influencia de un círculo distinto. En concreto y para el asunto que nos ocupa, a Von Humboldt se remonta la tesis de la cual parte nuestra reflexión: “el lenguaje es el órgano creador del pensamiento”3 no sólo por el simple hecho de que, como dice Lázaro Carreter, “una lengua natural es el archivo adonde han ido a parar las experiencias, saberes y creencias de una comunidad”,4 sino porque el hablar recrea el mundo al establecer sus redes de relaciones, sus horizontes, dependencias y panoramas. La socialización se da, en efecto, mediante el lenguaje.
1 Gilbert Highet, La tradición clásica (dos tomos, segunda reimpresión), México, FCE, 1986, t. I, p. 168ss. 2 Ibid., p. 280.
3 Ibid., p. 282.
La palabra hablada es siempre la corona del pensamiento. Hablar bien, por ende, ayuda a perfeccionar éste y hablar mal lo deteriora. Los pensamientos son siempre portadores de una indumentaria verbal. Nada extraño, entonces, que la antigua retórica, el arte de hablar bien, acostumbrara a construir ya sobre el buen pensar, ya sobre las cosas hermosas; ese arte bajo supuestos implícitos tales como el de que no se puede hablar bien de cosas feas o malas o el universo de los pensamientos bellos ha de ser buscado en el magno santuario de las palabras más bellamente dichas. Para la antigua retórica, en efecto, las ideas susceptibles de formar parte del buen discurso deben ser ideas susceptibles de ser hermosamente revestidas con el ropaje de la palabra bella.
De acuerdo con esto, es la lengua la que cuadricula la “realidad” y la construye: nada es “objetivo” en el sentido positivista del concepto, porque todo está construido por las palabras del individuo que conoce, pues la totalidad de lo que pasa por el tamiz de la lengua es sólo una posibilidad de “realidad” edificada por el sujeto que habla de ella. Conforme a lo que dice Barthes, “la lengua es como una naturaleza que se desliza enteramente a través de la palabra del escritor, sin darle, sin embargo, forma alguna, incluso sin alimentarla: es como un círculo abstracto de verdades, fuera del cual, solamente comienza a depositarse la densidad de un verbo solitario”.5 En su calidad de horizonte y de barrera, el idioma pone de manifiesto, por lo demás, un trasfondo importante de lenguaje que se encuentra más allá de las lenguas y que funciona a pesar de ellas. Subyaciendo a éstas, funciona en efecto, un lenguaje universal que se ocupa de aquellos tópicos de comunicación centrados en el ser humano: de aquél, por ejemplo, forma parte la poesía y, en general, todas aquellas experiencias humanas que, frutos del espíritu, nacen de lo numinoso como el mito, la más primitiva forma de la historia.
De acuerdo con lo anterior, la lengua es horizonte para el individuo en cuanto funciona para él como una naturaleza que condiciona su percepción de la realidad: esa es, según Gadamer, la función hermenéutica de las tradiciones: la lengua es la primera de las tradiciones de un pueblo, en la medida en que el idioma de éste es la manera a su alcance para organizar la experiencia de las cosas. De este hecho resultan dos consecuencias, entre otras: la primera de ellas es que toda la experiencia que un individuo tiene de la realidad extralingüística se da mediante la lengua. Ésta, pues, condiciona el acceso a la realidad: la poesía, las configuraciones del espíritu propias de cada pueblo tienen que ver con el papel de mediación ejercido por su lengua. La otra consecuencia proveniente de que las lenguas sean codificaciones de la experiencia y cuadriculaciones de la realidad se relaciona con la traducción y, desde luego, con la intraductibilidad: aquélla es el ejemplo más a la mano para explorar cuánto y de qué modo la lengua es un horizonte que condiciona el hablar de los pueblos y su discurso. La lengua de un pueblo marca las dimensiones de su espíritu, su sensibilidad, el sistema de moldes por los que configura y ordena el cúmulo de objetos que constituyen su ámbito.
LA TRADUCCIÓN
Desde los orígenes de la cultura, en efecto, la traducción ha sido la ventana no sólo por la cual las lenguas se han ido forjando y enriqueciendo sino, desde luego, las culturas cultivadas en torno de ellas: después de todo, una cultura es un complejo sistema de textualidades por las que funciona la vida cotidiana, así sea la más complicada, de un pueblo. En la medida en que la lengua es un sistema semiótico que funciona dinámicamente en el espacio denominado por Lotman “semiosfera”. Lotman, en efecto, se acerca a la cultura entendiéndola como un ambiente en que coexiste y convive una pluralidad de lenguajes. De allí su concepto de “semiosfera”. En efecto, en la teoría de Lotman la cultura es asumida como semiosfera que, a su vez, es definida por analogía con la biosfera como “el dominio en el que todo sistema sígnico puede funcionar, el espacio en que se realizan los procesos comunicativos y se producen nuevas informaciones, el espacio semiótico fuera del cual es imposible la existencia misma de la semiosis”.6 Si en la lengua funciona, pues, la cuota de sentido de que se nutre un pueblo, en la traducción encuentra una cultura que tiene a su más poderoso motor por el cual se desarrollan y enriquecen sus bagajes textuales, discursivos, léxicos, sintácticos, semánticos y aun estilísticos. Habida cuenta del papel central que para las culturas desempeña la lengua, por principio de cuentas, cada idioma es un sistema de acceso al conocimiento de las cosas que le interesan a un pueblo.
5 Roland Barthes, El grado cero de la escritura, 4°ed., México, Siglo XXI, 1980, p. 17.
POR LA TRADUCCIÓN SE HA ENRIQUECIDO NUESTRA LENGUA
No se requiere mucha tinta para mostrar el papel que la traducción ha desempeñado en la conformación de la actual cultura mexicana y de las lenguas que la sustentan. Una de las características de lo que llama Robert Ricard “la conquista espiritual de México”, como se sabe, es la extensa labor de transculturación mediante la traducción: diccionarios, gramáticas, textos. Por ésta, no sólo el español sino las diferentes lenguas amerindias vieron crecer su acervo de textos, literarios y no, diccionarios, gramáticas. El mismo Ricard habla de la “imposibilidad de un apostolado efectivo sin el conocimiento de las lenguas”7 y la consiguiente labor de traducción, se podría agregar. Es inapropiado dar una lista, así sea somera, de los principales textos con que se enriqueció, por ejemplo, el español novohispano y algunas de las lenguas nativas por la traducción de catecismos, gramáticas, sermones o textos literarios. Para una muestra ligerísima de lo que se enriqueció el español con la traducción de textos americanos bastaría recordar aquí la obra de los franciscanos Jerónimo de Alcalá, Bernardino de Sahagún y, desde luego, Maturino Gilberti. Y viceversa.
El ámbito del cual proceden los misioneros que ese siglo llegan a estas tierras es humanista. Marcel Bataillon,8 por ejemplo, da cuenta de las traducciones erasmianas en la España del siglo XVI: para la cultura hispanohablante es, además, la centuria en que lleva a cabo su trabajo de traductor fray Luis de León;9 y el siglo en que el cardenal Cisneros impulsa en Alcalá la Biblia políglota. Esta es la misma centuria, además, en que tiene lugar una extensa labor de traducciones del italiano al español con las adaptaciones y adopciones de los nuevos metros en nuestra lengua. Marcel Bataillon,10 al rastrear los pasos de Erasmo en España logra pintar vivamente el ambiente políglota y de franca comunicación interlingüística que reina en la Universidad de Alcalá de Henares del cardenal Cisneros:
el cardenal, dice Bataillon, tenía apasionado interés por las lenguas antiguas, y las consideraba –el griego al menos– como elemento indispensable de una cultura teológica completa. Esta es la razón de que los estatutos de Alcalá decreten la erección de una cátedra de griego y prevean otras para el hebreo, el árabe y el siríaco.11
La magna empresa de traducción que fue la Biblia políglota generó en torno suyo un gran entusiasmo por la traducción. El equipo de traductores y filólogos que reúne Cisneros, por lo demás, es impresionante. Ya antes había sido convocado el cretense Demetrios Ducas para impulsar el cultivo de la lengua griega, y allí llegarían el célebre Antonio de Nebrija, experto latinista y buen conocedor tanto de ésta como del hebreo;12 Diego López de Zúñiga, quien dominaba el griego; Hernán Núñez (el Comendador Griego) conocedor, además, del latín, del hebreo y del árabe; y Pablo Coronel, entre otros. Como muy bien lo señala Bataillon, tanto en Salamanca como en Alcalá había un importante “impulso profano del helenismo italiano”.13
Olas de esos mares vinieron acá. Nada extraño, entonces, que al trasplantarse la cultura castellana en las recién conquistadas tierras mexicanas llegaran hasta aquí los aires humanistas de los traductores ibéricos, cuyos representantes fueron especialmente frailes. La magnitud de la labor traductora de los primeros de ellos en México ha sido descrita de modo magistral en la ya mencionada obra de Robert Ricard, La conquista
espiritual de México. De ésta recojo la siguiente cita sobre la naturaleza de las traducciones en ese primer siglo
novohispano y del enriquecimiento de las lenguas que en estos ámbitos se hablan:
7 Robert Ricard, La conquista espiritual de México, México, Fondo de Cultura Económica, 1986, pp. 109 y sigs. 8 Erasmo y España, traducción de Antonio Alatorre, primera impresión de la segunda edición, México, FCE, 1982. 9 Véase nuestro Lenguaje y tradición en México, pp. 48 y ss.
10 Op. cit.
11 Op. cit., pp. 18 y ss.
12 Cuando, años después, por no estar de acuerdo con la manera como se está haciendo el trabajo, Nebrija se retira del equipo de traductores del
cardenal, le escribe la célebre Epístola a Cisneros que ilustra bien cómo había entendido Nebrija su papel en la políglota. He aquí un fragmento: “Cuando vine de Salamanca, yo dejé allí publicado que venía a Alcalá para entender en la enmendación del latín, que está comúnmente corrompido en todas las Biblias latinas, cotejándolo con el hebraico, caldaico y griego” (en Antonio de Nebrija, Gramática de la lengua castellana, estudio y edición de Antonio Quilis, Madrid, Editora Nacional, 1984, p. 16).
Dado que había la intención de hispanizar a los indios, y que el trabajo de evangelización tenía que hacerse completa y exclusivamente en lenguas indígenas, había necesidad de libros que poner entre las manos de los religiosos, sea para que estudiaran, sea para que se perfeccionaran en las lenguas de sus fieles, tanto como para ayudarles en la predicación de la doctrina cristiana, en la divulgación de los libros santos y en la administración de los sacramentos, principalmente el de la penitencia. De allí nacen dos categorías de obras bien definidas:
Artes, como llamaban entonces a las gramáticas, y vocabularios como instrumentos de trabajo eran los que
formaban la primera, y en la segunda habría que colocar las doctrinas, o catecismos, los sermonarios, los
confesionarios, la traducción de secciones del Evangelio, de las Epístolas, de las vidas de los santos, etc. que venían
a ser como manuales del trabajo cotidiano.14
La construcción cultural y lingüística que en el siglo XVI novohispano ocurrió se llevó a cabo por
medio de las muchas y variadas actividades lingüísticas, que se desarrollaron en las dos costas del Atlántico. El siglo XVI novohispano, ciertamente, es un siglo de traducciones. A lomos de la colonización, tuvo lugar, en
efecto, una vasta labor de éstas. Por un lado, las exigencias de la evangelización las hacían necesarias; por otro, la siembra, nacimiento y cultivo de la alta cultura europea en tierras americanas hizo precisa una amplia y compleja labor de traducción desde un principio. Una vasta labor de ésta, en efecto, enriqueció no sólo al español del siglo XVI sino a las diferentes lenguas nativas: la traducción de obras religiosas básicas a lenguas
indígenas, o al español de textos indígenas de la más variada índole; la elaboración de gramáticas y diccionarios; los muchos tipos de adaptaciones con fines prácticos de catecismos, confesionarios, etc. Y eso sólo para referirme a las obras de carácter religioso. En casillero aparte, en efecto, se encuentran las obras de la antigüedad clásica –autores griegos y latinos– que se traducían ordinariamente en las aulas de los colegios y la Universidad como medio de aprender esas lenguas y de enriquecer las nuestras. De todo ello aunque quedaron muchas huellas, las más se han ido perdiendo en la oscuridad de la inedición o yacen empolvadas en alguna vieja biblioteca hoy arrumbada o desaparecida. El estudio de este vasto programa de traducciones está ligado a sendas historias, en algunos casos ya hechas, de la trayectoria bibliográfica mexicana y de todo lo relacionado con la implantación de la imprenta en estas tierras.
Sin embargo, el siglo XVI fue en otro sentido una centuria que persiguió algunas traducciones tanto en
Europa como acá; las de la Biblia, por ejemplo, como consecuencia de los correspondientes decretos tridentinos, estaban prohibidas o era, en todo caso, muy peligroso hacerlas: fray Luis de León es testigo de ello. Las restricciones tridentinas sobre la traducción de la Biblia llegarían a afectar a otros tipos de traducciones.15 Pero no sólo aquéllas bíblicas fueron perseguidas en el siglo XVI, por otras razones, relacionadas con la Inquisición. Ocurrió también, en este siglo, una especial persecución, por ejemplo, a las traducciones con otro tipo de contenidos religiosos. De testigo puede servir entre nosotros el personaje en cuyo nombre se nos convoca a estas jornadas: el fraile franciscano Maturino Gilberti, gran lingüista y traductor del siglo XVI novohispano, cuyo proceso en la Inquisición es de sobra conocido. Por razones
moralizantes, la invención de la imprenta trajo consigo otro tipo de persecuciones que como reacción recayeron en la traducción: la lectura en silencio que la multiplicación de los libros impulsó trajo consigo una serie de persecuciones de quienes veían en la lectura de obras literarias un peligro para la moral.16 De hecho esa fue la razón de que encarcelaran a fray Luis de León.
Las traducciones que en la circunstancia de la colonización emergen entre nosotros quizá se puedan reducir a cuatro distintos tipos de traducciones: las de evangelización y catequesis, las escolares, las de textos nativos al español para informar a las instancias españolas y, finalmente, las literarias y profanas. Entre ellas, quizá sobresalga el fraile traductor cuyo principal objetivo sea crear materiales tanto de evangelización como de catequesis; aunque también la escuela produjo excelentes traductores que al igual, cómo no, de la responsabilidad de informar en la Península, de dondequiera que esta responsabilidad proviniera, produjo notables traducciones. De éstas, la literaria también florece en estas tierras durante el siglo de la conquista, aunque en menor cuantía. Por obvias razones de espacio, no podemos proceder aquí sino por paradigmas.
14 Op. cit., pág. 121. En el “Apéndice I”, págs. 423 y sigs. Ricard hace un utilísimo “Ensayo de inventario...” de esas obras. Una historia de la
traducción en México debe acudir, ciertamente, a este trabajo.
15 Para toda esta cuestión, pueden leerse las prohibiciones tridentinas en Denzinger-Schönmetzer, Enchiridion symbolorum definitionum et declarationum
de rebus fidei et morum, edición XXXVI, Barcelona, Herder, 1973, nn. 1854 y ss. Esta obra se citará, en adelante, con las siglas DS seguidas del número marginal.
Del primer caso puede servir de ejemplo el ya mencionado fray Maturino Gilberti. La situación de este último es un poco complicada y no seguiremos las desgracias que tuvo que padecer, por denuncia de don Vasco de Quiroga, obispo de Michoacán, debido a la traducción al p’urhépecha de su Diálogo de doctrina
cristiana.17 Gilberti no sólo fue el más grande experto en la lengua p’urhépecha que hubo en el siglo XVI, sino un prolífico y gran traductor muy interesado en todo lo relacionado con la catequización de los indígenas michoacanos. Son tan abundantes las traducciones efectuadas durante el siglo XVI al calor de la
evangelización y son tantos los protagonistas de esta magna empresa al estilo de Gilberti, que para documentar la historia de la traducción en la Nueva España durante ese siglo XVI, bastaría con consultar el
primer tomo de la Historia de la imprenta en México de José Toribio Medina cuyas páginas, de la primera a la última, recogen ejemplos abundantes de algunas de las traducciones que se hicieron en ese siglo, sobre todo a las lenguas indígenas y de éstas.
Hasta dónde un diccionario o una gramática de una lengua extranjera sea una labor traductológica es señalado tanto por la lingüística aplicada como por la traductología y aun por la lexicografía18 De la dedicatoria que hace Maturino Gilberti de su Arte a Vasco de Quiroga, por lo demás, se deduce con claridad la idea que se tenía en la época sobre el valor epistemológico de estas actividades: hacer gramáticas no es una operación traductológica; elaborar diccionarios, sí: “puse diligencia, en
componer esta arte, y traducir este diccionario de la lengua española en lengua de Michoacán y de la de
Michoacán en la española”.19
Respecto a las traducciones de textos nativos al español para informar a las instancias españolas el ejemplo más a la mano es La relación de Michoacán debida al franciscano fray Jerónimo de Alcalá. El fraile lleva a cabo un vasto proceso de compilación, traducción, edición, estructuración y maquillaje, sobre la información proporcionada por “los viejos de esta Ciudad de Michoacán”. Pero la autoría se le acredita, sobre todo, por su obra como traductor. El trabajo lo hace a petición del virrey, como dice Alcalá en su carta-prólogo. Pero él mismo tiene sus propios objetivos que expresa así: “yo porque aprovechase a los religiosos que entienden en su conversión saqué también dónde vinieron, sus dioses más principales y las fiestas que les hacían… puse cómo poblaron y conquistaron esta provincia los antepasados de cazonci”.
Lleva a cabo para ello un vasto proceso de traducción, redaccional, exegético y de síntesis siguiendo los cánones de retórica, poética, gramática, estilística y teoría de la traducción europeas que aparecen por doquier en el texto que compuso. La teoría de la traducción de que se sirve es europea, lo mismo que los términos por él empleados, aunque no la manera como los entiende. Alcalá se asume como intérprete: así llaman tanto Horacio como San Jerónimo, pilares de la teoría latina de la traducción, a la traducción literal. Alcalá no es fiel a esto. En el prólogo este último deja constancias de cuántas cosas no le gustaron del documento que recabó de sus informantes y de la manera como lo corrigió. De este tipo de traducciones con obligaciones informativas se puede agregar también el caso del célebre Bernardino Ribeira, conocido como fray Bernardino de Sahagún y autor de la Historia general de las cosas de la Nueva España, correligionario de fray Jerónimo de Alcalá.20
Por lo que respecta a las traducciones literarias, en este caso de las letras clásicas, cabe decir que fue Ovidio el primer autor clásico en ser impreso en la Nueva España y él, junto con Persio, el que inicialmente fue traducido en estas tierras. Gutierre de Cetina, como se sabe, quien pasó el final de su vida en la Nueva España (1546-1557), tradujo en verso tres epístolas de las Heroidas: la de “Dido a Eneas”, la de “Filis a
17 Véase, para todo esto, J. Benedict Warren, Diccionario grande de la lengua de Michoacán, introducción, paleografía y notas de..., Morelia, Fimax
Publicistas, 1991, pp. XVI y sigs. Finalmente, véase Francisco Fernández del Castillo (comp.), Libros y libreros del siglo XVI, 2a. ed., México, FCE, 1982, pp. 4 y ss. Arte de la lengua de Michuacán compilada por Fray Maturino Gilberti, edición facsimilar, introducción histórica con apéndice documental y preparación fotográfica del texto, por J. Benedict Warren, Morelia, Fimax Publicistas, 1987, pp. XI-XCII. En lo sucesivo, nos referiremos a esta obra como Arte.
18 Para lo primero, puede verse, por ejemplo, S. Pit Corder, Introducción a la lingüística aplicada, México, LIMUSA, 1992, p. 76, o bien Charles Bouton,
La lingüística aplicada, México, FCE, breviarios, 336, p. 81 y ss.; para lo segundo, en cambio, véase G. Haensch/L. Wolf/S. Ettinger/R. Werner, La lexicografía. De la lingüística teórica a la lexicografía práctica, Madrid, Gredos, 1982, pp. 513 y ss.
19 Arte, p. 3.
20 Véase la edición que presenta Francisco Miranda en la Colección Cien de México, México, SEP, 1988. Es opinión aceptada comúnmente entre
los estudiosos de La relación de Michoacán que esta obra es, en buena parte, la traducción de informaciones en lengua purhé recabadas por el fraile, quien dice de su labor: “esta escritura y relación presentan a Vuestra Señoría los viejos de esta Ciudad de Michoacán y yo también en su nombre, no como autor sino como intérprete de ellos ... yo sirvo de intérprete de estos viejos...” (p. 44).