EL MIEDO COMO GUÍA
CUANDO EL ALMA NOS LLEVA AL ENCUENTRO DE
NUESTRA VERDADERA NATURALEZA: EL AMOR
Un libro para ayudarnos y ayudar a los niños a transformar el miedo
en valor y fuerza de amor
ANA M. PEREA BERROCAL Índice
Introducción
1. Camino de sanación Un antes y un después Maestra y madre 2. Sobre el libro
Capítulo 1. Experiencias y reflexiones sobre el miedo.
Para empezar a reflexionar: Carta a un amigo I. El miedo como parte de la vida
II. Energía para el cambio III. Tener miedo al miedo
IV. El miedo, guardián de nuestro corazón
V. Niveles de sensibilidad y aceptación del miedo VI. Ira, una expresión de miedo
Del animal al humano Animal y ángel
VII. Rabia, miedo reprimido del pasado
VIII. El nacimiento, momento crucial en la vida de una persona
Bienvenido al miedo
Responsables de nuestro destino
IX. Cada despertar, un nuevo nacimiento
X. La llegada de un hermano abre de nuevo la herida XI. El miedo de los niños a la 'separación' respecto a la madre XII. Aprender a apreciar la soledad
Ayudar a los niños a conectar con su espacio interior La alegría nace del interior
Ayudar a los niños a familiarizarse con el miedo o tensión emocional
XIII. Guerreros de la luz
Liberar el miedo acumulado del pasado en forma de rabia
Utilicemos la fuerza del guerrero para construir un mundo mejor XIV. Miedo y necesidad de
control. Familia y escuela
Sentirse 'alma libre'
Niveles de miedo y tipos de escuela
Algunos principios educativos que trascienden el miedo
Capítulo 2. La conexión con el cuerpo, la base para enfrentar el miedo existencial (sobre la base de la Teoría de los sentidos de Rudolf Steiner).
I. Notas introductorias II. Bienestar corporal
Orden en el 'universo' corporal
La importancia de una alimentación sana Sueño reparador
El ritmo vital
III. Sobre el niño inquieto y nervioso
IV. Revitalizar el cuerpo físico cuidando el alma y el espíritu Cuidar el entorno. Intensidad y
exceso de impresiones sensoriales
El "pensar vivo". Imaginación y pensamiento espiritualizado Sentido estético, belleza y armonía. Arte
EL SENTIDO DEL TACTO
I. Notas introductorias
II. Percepción táctil y sensibilidad
Bases para la INDIVIDUALIDAD: la piel como "envoltura" y frontera entre el "yo" y el mundo exterior
Tacto anímico Captar la esencia
III. Sentido del tacto y miedo a estar en el mundo. Los niños asustadizos y retraídos
Algunas características
Algunas consideraciones en torno a los niños asustadizos o retraídos
Proyectar en positivo y movilizar la energía para el cambio Matices: no todo es blanco o negro
EL SENTIDO DEL MOVIMIENTO
I. Notas introductorias
II. Sentimiento de no-potencia (impotencia) frente al miedo y los retos de la vida
Concepto de autoeficacia Rabia 'desatada' o rabietas
III. 'Saturación' del sentido del movimiento. Causas y consecuencias A modo de conclusión:
Recursos para enfrentar el miedo
Palabras especiales para seres especiales, los niños Permanecer en el centro de equilibrio y paz interior
Un mensaje con fuerza de amor. Palabras finales
Notas bibliográficas Bibliografía
Dedico este libro:
A mi padre, porque gracias a su fuerza, valor y coraje de vivir he podido construirme en este mundo como lo que hoy soy.
A mi madre, porque gracias a su entrega y acompañamiento respetuoso hacia mi Ser no he perdido la sensibilidad que me permite vivir hoy desde el más sincero respeto y compasión por todos los seres de este mundo.
También a mi abuela Dolores que, como su nombre indica, vino a sostener el dolor que precede a las mujeres de nuestro sistema familiar y lo ha hecho dando lo mejor de ella.
A mis hijos, porque desde la maestría de sus acciones he podido construir un sistema de creencias basado en la libertad y el respeto mutuo y porque desde los reclamos de sus almas he podido abrir mi corazón al dolor, permitiéndome sanar muchas heridas del pasado para poder abrirme
completamente al amor incondicional.
A mi compañero de viaje, Sergi, el cual ha sido y sigue siendo un gran apoyo en esta cruzada hacia el amor, un ser lleno de buena voluntad y tolerancia que ha confiado en mí en cada momento de nuestra vida juntos.
Y, en de finitiva, a todos los seres con los que he compartido, sigo compartiendo y compartiré el camino por esta maravillosa aventura que es vivir.
Gracias, de Corazón.
"Quien quiera elegir el camino de hacerle frente al miedo y encontrar el coraje para el cambio de las condiciones que lo atemorizan, el camino del compromiso social, como ser el cultivo de una nueva forma de convivencia, el trato para con la naturaleza, el trabajo por la paz, la educación de los niños, el cuidado de los enfermos, la cooperación económica o lo que sirva para cada uno en su propia esfera de acción, quién quiera elegir este camino, es decir, no seguir evitándolo más y ayudar en la medida que le sea posible, debe tener en cuenta que se está abriendo a impetuosas fuerzas anímicas y no cejar en el esfuerzo de llevar luz a las cuestiones a cuyo servicio ha puesto su participación y su trabajo. Debe elegir sendas de conocimiento que lo vuelvan a encaminar hacia el ser humano,
superando el materialismo que había resultado del miedo inconsciente; prestando atención al buscar conexión anímica en fuentes verdaderamente enriquecedoras como ser el arte, la meditación, las conversaciones cultas (...)."
INTRODUCCIÓN
1. Camino de sanación
UN ANTES Y UN DESPUÉS
Mi nombre es Ana M. Perea Berrocal, nací en 1981 en Girona y soy madre de dos hijos, Joel y Sergi. He trabajado durante diez años como maestra, especialista en Educación Infantil, y actualmente estoy cuidando de mis hijos a jornada completa.
Para no extenderme más de lo necesario diré que mi vida desde que empecé la escuela primaria hasta mi primer embarazo ha representado para mí una carrera hacia la felicidad enfocada en los estudios, una carrera profesional, un trabajo y la adquisición de ciertas metas materiales.
Todo 'perfecto', aparentemente, para vivir una vida plena con mi pareja, mi familia y mis amigos. Pero cuando teóricamente debía sentirme más feliz fue cuando llegó mi gran crisis existencial.
¿Cómo podía ser que teniendo todo lo que había llegado a conseguir no me sintiese llena de alegría? Continuaba sintiéndome vacía, pero ahora sin más metas donde proyectar mi felicidad.
Mi energía vital dejó de circular con tanto vigor como antes, porque no tenía propósito alguno, no sabía hacia dónde dirigirme. Supuestamente ya lo había conseguido todo para llegar a ser feliz, tal y como había aprendido de esta sociedad.
Mi pérdida en la dirección de mi vida supuso un alto en mi camino y un periodo en el que mi ser no encontraba salida, no encontraba acciones constructivas que me permitieran seguir evolucionando. Aquí llega entonces mi crisis existencial, la cual se reflejó en un profundo miedo a la muerte.
Algunos pensarán: ¡pero si miedo a la muerte tenemos todos! Sí, o la mayoría en algún momento de nuestras vidas, pero unos lo viven desde más lejos y otros lo traemos con la mente tan cerca que mirarlo a esa distancia resulta aterrador.
Ese fue el inicio de mi camino de crecimiento personal.
En ese momento de crisis y estado mental de profundo miedo, nada tenía más sentido para mí que salvarme de la muerte que mi mente proyectaba constantemente.
En mi etapa hipocondríaca las visitas a mi doctora aumentaron significativamente, hasta que un día me derivó al psiquiatra para tratar el estado de angustia y ansiedad que estaba viviendo y que a ella supongo que ya llegó a alarmarla.
Fue en ese momento cuando todo empezó a cambiar.
Por casualidad, como se suele decir, aunque yo lo atribuyo a la causalidad, encontré en una tienda de productos ecológicos una tarjeta de una señora que ofrecía terapias alternativas, de entre las cuales Naturopatía y Reiki.
“El Reiki es una técnica de curación, en la que a través de las manos se transfiere la Energía Vital del Universo para curar, devolviendo la armonía a todo el cuerpo, mente y emociones”.
Así fue como empecé mi camino de sanación a través del Reiki, la reflexión profunda sobre mis experiencias de vida y la lectura de una cantidad considerable de libros sobre crecimiento personal. Junto a las sesiones de sanación con energía universal tratábamos mi caso utilizando lo que en la actualidad son para mí dos grandes herramientas de autoconocimiento y autocuración:
1. La interpretación de los sueños.
2. El análisis profundo sobre las causas mentales de mis enfermedades o dolencias físicas (pensamientos 'negativos' o limitantes).
Hice también los cursos que me permitieron continuar por mí misma mi camino de autosanación y también canalizar la energía curativa a otros (familiares y amigos).
Más tarde continué mi terapia o camino de armonización con la sanación Reconectiva:
“(…)sanar consiste en la liberación o eliminación de un bloqueo o interferencia que nos ha mantenido apartados de la perfección del universo. Además, sanar tiene que ver con nuestra evolución e incluye también la reestructuración evolutiva del ADN y nuestra reconexión con el universo a un nivel nuevo” (Eric Pearl. La Reconexión).
Para mí esta terapia ha representado, además de la sanación y armonización de cuerpo, mente y
emociones, la re-conexión con mi propósito de vida. Y hablo del verdadero propósito, aquél que está a favor de la vida y trasciende la mente del Ego.
“Todos tenemos un propósito en la vida (…) un don único o un talento especial que dar a los demás. Y cuando mezclamos este talento único con el servicio a los demás, experimentamos éxtasis y júbilo en nuestro espíritu, que es la última meta de todas las metas” (Deepak Chopra).
Desde la re-conexión con nuestro propósito experimentamos nuestra alegría vital, aquella que sólo brota de nuestro 'corazón', la que emerge del interior y no la que depende de algo externo.
Hoy puedo decir que veo con gran claridad ese propósito, por eso he emprendido este camino, el de transmitir mis experiencias de vida a aquellos que necesiten, como yo lo necesité en su momento y lo seguiré necesitando en adelante, unas palabras que resuenen en lo profundo del alma y despierten la conciencia más elevada del ser.
Siguiendo con mi historia de vida, continuaré explicando que dos años más tarde realicé dos cursos de Enseñanza Zen (los cuales he completado con un tercer curso en 2013). Estos cursos además de ayudarme a continuar mi camino de sanación y reconexión con mi propósito, me han ayudado a vivir mi vida desde una mayor consciencia.
He de decir también que la práctica del yoga ha sido muy importante, como también lo ha sido mi paso hacia una alimentación consciente.
empiezo a vivir desde una nueva perspectiva. MAESTRA Y MADRE
Después de iniciar mi terapia de sanación a través del Reiki y de sentir lo que estaba significando ese proceso en mi vida, Sergi y yo decidimos tener nuestro primer hijo.
Y esta decisión fue la mayor oportunidad para crecer y evolucionar desde el amor, en el sentido más profundo.
Pero no todo fue un camino de rosas.
A los nueve meses del nacimiento de Joel empecé a trabajar.
Aunque trabajaba media jornada y venían a casa a cuidarlo sus abuelas, sentía que mi lugar estaba junto a Joel a jornada completa.
A través de los cuadros repetidos de anginas y amigdalitis mi cuerpo físico me indicaba que no era feliz con la realidad que tenía que 'tragar', aunque en ese momento no hubiese sabido explicar del todo bien por qué. Ahora sí lo sé.
En primer lugar, porque mi camino de aprendizaje está en este momento de mi vida junto a mis hijos. Son ahora mis dos grandes maestros.
En segundo lugar, porque ellos me han elegido como madre y eso lo vivo como una gran
responsabilidad, significa para mí que me han elegido como la principal acompañante en su camino por esta vida hasta que ellos decidan ir abriendo progresivamente su camino hacia nuevos horizontes, más allá de la familia.
Yo siento que debo ocupar ese lugar, siento que forma parte de mí misión o propósito de vida. Quizá de aquí a unos años, cuando mis hijos sean un poco más mayores, mi sentir me lleve a dar un nuevo paso en mi evolución, no lo sé. Solo sé lo que ahora me dice el 'corazón'.
Lo que sí puedo decir es que la maternidad me ha permitido ver con nuevos ojos la educación en la escuela y mi papel dentro de ella.
Desde que tenía cinco años tenía claro que 'de mayor' quería ser maestra, pero mi visión sobre el significado de esta palabra ha cambiado mucho.
De la misma manera que tengo y seguiré teniendo muchos maestros, también me considero maestra de aquél que necesite aprender sobre mis experiencias vividas en la Escuela de la Vida.
Creo que todos somos maestros de todos y que el aprendizaje no puede quedar limitado en el interior de las paredes de una escuela.
La escuela misma es la vida, en todas sus manifestaciones, y cada cual viene a aprender cosas distintas, porque somos seres individuales con potenciales y limitaciones distintas. Así lo veo yo. Ahora sé que mis hijos están en la escuela, la vida misma, y están desde el momento mismo en que decidieron venir al mundo a vivir una experiencia física.
Para finalizar, quiero destacar que en mi camino de maternidad y crianza tengo mucho que agradecer a una mujer que por causalidad se cruzó en mi camino para ayudarme a recordar, aportando sus experiencias y con ella su sabiduría: Imma Campos, comadrona de partos en casa, con la que fui capaz de vivir un embarazo increíblemente feliz y un parto totalmente consciente con mi segundo hijo, además de compartir juntas experiencias que me sirvieron para ver con claridad que la crianza, tal y como me dijo un día, es “el mejor curso de crecimiento personal”. También doy las gracias a Lluís, su compañero de viaje, músico, renacedor y un ser que llenó mi alma de una inmensa paz y serenidad durante el tiempo que pasé con ellos.
2. Sobre el libro
El miedo ha sido para mí un gran guía a lo largo de mi camino de crecimiento personal, me ha permitido llegar a lo más profundo de mi ser y reencontrarme con mi verdadera esencia, espíritu o conciencia más elevada de ser.
Este libro tiene como propósito ayudar a integrar el miedo como una fuerza anímica que forma parte de la vida, perspectiva desde la cual podemos conseguir enfrentar los retos de la vida con la
serenidad necesaria que nos permita llegar a trascender el miedo en valor y fuerza de amor.
A lo largo de mi camino por esta vida he podido tomar conciencia de la importancia que tiene poder liberar el dolor del pasado para llegar a abrirnos a nuevas maneras de ver lo que sucede a nuestro alrededor, nuevas maneras más cercanas al ángel que todos llevamos dentro.
He aprendido lo importante que es el cuidado del alma, la cual nos lleva al encuentro de nuestra verdadera naturaleza de ser si aprendemos a ir vaciando nuestro recipiente de miedo y a no llenarlo con más dolor.
Aprender a vivir desde el cuerpo y el 'corazón', sin identificarnos o vivir permanentemente en nuestra mente, ha sido para mí esencial en este camino.
Con este libro pretendo ayudar a mirar el miedo con otros ojos, porque él es el portador de muchos mensajes.
Por una parte nos está indicando que no estamos alineados con nuestro propósito de vida y, por lo tanto, que no estamos actuando motivados por un objetivo que nos llena de alegría.
Y por otra parte nos está diciendo que en nuestro 'corazón' todavía hay dolor emocional acumulado del pasado que pide ser aceptado y liberado.
El dolor que se alberga en nuestra alma nos conducirá hacia el aprendizaje de nuestras lecciones de vida.
Tenemos que aprender a mirar el mundo con los ojos del amor, y hasta entonces seguiremos aquí, en la Escuela de la Vida.
No tengas miedo al miedo, entra en él y lee su mensaje. Si no te aventuras en lo desconocido por miedo al sufrimiento no hallarás el tesoro que se encuentra en lo más profundo de tu ser: el amor. Este es un tesoro que solo descubren los más valientes.
Con este libro no pretendo más que ofrecer lo que he recogido en mi camino o experiencia con el miedo, el cual me ha llevado hasta lo más profundo de mi ser para encontrar de nuevo la luz de mi espíritu.
Despertar cada día más el amor que soy es mi propósito y por ello seguiré esforzándome por aprender en la Escuela de la Vida, junto a mis hijos, mi compañero de viaje y todas las personas maravillosas que forman y van formando parte de mi camino por esta vida.
Capítulo 1.
Experiencias y reflexiones sobre el miedo
Para empezar a reflexionar:
Carta a un amigo
Empiezo este viaje compartiendo contigo una carta que envié hace ya algún tiempo a un buen amigo, la cual nos servirá para introducirnos en lo que más adelante trataremos con más detenimiento:
Hola M,
Ayer debió quedarme algo en el interior que debía reconocer y canalizar y, por las circunstancias, no pude hacerlo. Esta mañana al levantarme continuaba latente esta necesidad, así que intentaré ordenar y sintetizar las ideas que ayer quería haber expresado como fruto de mi experiencia con el miedo...
Es bien cierto que en un inicio el miedo nos lleva a huir, pero cuando tienes lecciones pendientes que resolver en la vida éste vuelve y vuelve hasta que decides mirarlo de frente.
La quietud, el silencio, el yoga, la meditación, me hicieron darme cuenta de la inquietud que tenía en el interior. Mi mente me traía constantes pensamientos que se convertían en mi sombra,
pensamientos que me generaban angustia.
No se puede vivir en paz cuando hay mucho miedo acumulado del pasado.
Mi estrategia para defenderme ante la sensación de miedo constante era la de controlar al máximo todas las situaciones de mi vida, pero esta estrategia no me dejaba vivir en paz, porque siempre hay cosas que se escapan a nuestro control, por no decir todo.
Esta actitud representaba para mí una 'muerte en vida' (como describe Osho en uno de sus libros, si no recuerdo mal).
Por esto te digo: no huyas del miedo, al contrario, el miedo te brinda la oportunidad de reencontrarte con tu verdadera esencia, con tu ser de luz, espíritu o conciencia superior. Da gracias a tu mente, es maravillosa, porque te trae todo aquello que tienes pendiente de
transmutar, de cambiar. Quizá ahora hay muchas cosas, porque tienes mucho que observar en ti, pero solo es empezar.
Tu mente es fantástica, es un gran instrumento para la evolución, solo tienes que ser consciente de su disfunción (cuando proyecta el dolor que pertenece a tu pasado y que no es real para tu
momento presente), y entonces serás capaz de gobernarla y utilizarla para tu bien y el de todos. Cuando llegue a ti un pensamiento que te genera angustia, obsérvalo como si estuvieras viendo una película. Piensa simplemente que tu mente te está trayendo un mensaje. Te está diciendo que
tu alma está sintonizada con el miedo y que ya es hora de transmutar esa energía en valor y fuerza de amor.
Es importante que no te enganches a los pensamientos que te producen dolor, simplemente obsérvalos y dite a ti mismo que vas a trabajar para transmutar esa energía.
En un inicio puedes empezar por cambiar ese mismo pensamiento (el que te genera dolor, angustia) por el opuesto, el que te aporta paz y alegría.
Por otra parte, también puedes repetirte varias veces (cuantas más mejor) un mensaje más
trascendental que resuene para ti, por ejemplo: “Yo soy Paz”. A mí me sirve esta autora: Louise L. Hay, pero tú quizá encuentres otros.
No luches contra el miedo. Si proyectas que tienes que protegerte de un peligro (creado por tu mente) no luches contra ello, deja que ese pensamiento llegue y se vaya, no intentes controlar nada ni te juzgues por haber tenido ese pensamiento. Cuando suceda, sencillamente piensa que tienes que llevar más luz a tu vida, en forma de pensamientos y acciones llenas de amor.
LA VIDA NOS AMA Y NOS APOYA, nuestro programa o plan de vida es perfecto, TODO ESTÁ BIEN, porque toda experiencia vivida en nuestro camino es necesaria para nuestra evolución, para dejar de contemplarla como algo 'negativo' y ver lo que nos aporta. Se trata de ver luz, amor, en cada experiencia, en cada ser, en cada situación.
Olvídate de lo bueno y lo malo, lo positivo y lo negativo, lo que está bien y lo que está mal, esa es la dualidad de la mente del ego.
TODO ESTÁ BIÉN, todo lo que te encuentres en tu camino es lo que tiene que llegarte para aprender más, para practicar el pensamiento positivo y elevar tu energía hacia el amor. Por lo tanto, no tengas miedo, atrévete a vivir la aventura de la vida.
Espero que te sirva algo. Por mi parte te doy las GRACIAS por ayudarme a recordar todas estas palabras. Ahora me siento más liberada.
I. El miedo como parte de la vida
El miedo es una emoción que forma parte de nuestra vida, se alberga en nuestro interior, forma parte de nuestro cuerpo astral o cuerpo dolor, y en cierto modo, forma parte de la historia de la humanidad. Esta sensación la vivimos todos ante lo desconocido, es algo humano, y no debemos verla como algo perjudicial, sino al contrario, es una sensación que bien gestionada nos hace más conscientes.
El miedo "existe como movimiento anímico natural que según la idiosincrasia, el temperamento y la historia previa del sujeto, se expresa con mayor o menor fuerza".1
Como toda emoción, el miedo tiene su utilidad en esta vida, de otra manera no sabríamos de su existencia.
Por una parte, nos protege de los peligros. Nuestra curiosidad por conocer el mundo sería un problema sin sentir un miedo moderado ante lo que requiere cierta cautela. El miedo nos ayuda a regular todo impulso desmedido hacia el exterior, permitiéndonos detectar peligros reales en nuestro camino de exploración y descubrimiento. Esta pausa nos ayuda a estudiar las situaciones y a cultivar nuestro intelecto. Si del impulso a la acción no hubiese pensamiento, no desarrollaríamos demasiado nuestra mente lógica y racional, la cual es un instrumento necesario para la supervivencia y la
adaptación en el mundo como humanos que somos.
Los animales no hacen esta pausa ante el miedo, les costaría la vida, cuentan con su instinto para sobrevivir desde el momento en el que nacen.
Por lo tanto, el miedo que 'viene del animal' es un acto reflejoinstintivo de protección ante un peligro inminente.
Por otra parte, el miedo a los movimientos emocionales de los demás también nos lleva a conocernos y a desarrollar nuestra empatía.
Ante el propio miedo salimos fuera de nosotros mismos y conocemos a otras personas, seguimos sus movimientos emocionales y observamos su actuar en el mundo con el objetivo de poder aprender desde el espejo que representa la vida que hay fuera de nosotros. De esta forma aprendemos y nos re descubrimos constantemente. Y paralelamente a este trabajo de auto conocimiento, desarrollamos nuestra empatía ante el dolor ajeno, compasión y voluntad de ayuda.
También cabe decir que el miedo de herir a los demás, tanto a nivel físico como emocional, nos hace ser más cuidadosos y tener más 'tacto'.
Vemos pues que un nivel moderado de miedo y, por tanto, una condición un tanto cautelosa ante la vida, "contienen una cualidad ennoblecida para lo social". 2
Por otro lado, el miedo nos empuja a buscar respuestas donde ya no sirven la lógica ni la razón, llevándonos a profundizar más allá de la mente racional hasta encontrarnos con nuestra conciencia más elevada de ser.
El miedo también nos da la oportunidad de hacernos más fuertes. El valor o coraje nace o se
despierta ante el miedo. El coraje es la fuerza que nos impulsa hacia lo desconocido para aprender y ampliar nuestras capacidades, aumentando así la confianza en nosotros mismos y, por consiguiente, en la vida.
En de finitiva, como todo en la vida, el miedo tiene su sentido y utilidad. Entendido de forma positiva puede ser muy beneficioso para nuestras vidas, pero si lo percibimos como algo perjudicial
II. Energía para el cambio
Cuando podemos mantener la conexión con nuestra respiración, con los latidos de nuestro corazón, con las necesidades de nuestro cuerpo físico y con la vida o energía que circula y recorre hasta el último rincón de nuestro cuerpo, entonces, podemos decir que nos encontramos en un estado de equilibrio y paz interior.
Desde ese centro de paz y equilibrio internos podemos sentir nuestra voluntad, los dictados de nuestro 'corazón' y la voz de nuestra conciencia. Desde aquí vemos con claridad nuestro camino. Pero, ¿qué sucede cuando el miedo irrumpe en nuestro interior?
Todo lo que nos hace perder nuestro equilibrio y nos 'extrae' de nuestro estado de bienestar interior se resume en una palabra: miedo.
Esto sucede cuando no podemos hacer frente al estímulo o estímulos (retos) que tenemos ante nosotros, con lo que nos sentimos amenazados por ello.
Dicho de otro modo, el miedo emerge cuando el estímulo que tenemos ante nosotros lo percibimos demasiado intenso o complejo como para poder 'seguirlo' a través de nuestro movimiento físico o mental (comprensión).
El miedo nos indica que necesitamos desarrollar en un grado más elevado nuestras capacidades, nos indica que no estamos preparados física o mentalmente para resolver el reto que tenemos ante
nosotros y adaptarnos a la situación.
Por lo tanto, el miedo nos empuja a evolucionar. Hemos de ser capaces de utilizar esa energía para mover (nuestro cuerpo físico y energético, nuestras emociones y nuestra mente) hasta llegar a
desarrollar las capacidades que cada reto en cuestión requiere de nosotros, ayudando también a otros a desarrollar las suyas, ya que somos seres sociales aprendiendo y compartiendo juntos en la Escuela de la Vida.
Si nunca sintiéramos miedo nos acomodaríamos fácilmente en una 'zona de confort' y sería difícil mover la energía para el cambio, puesto que nada nos movería a modificar nuestra situación. "Cada miedo, cada actitud miedosa es, básicamente el mensajero de un nuevo conocimiento" (Glöckler).
III. Tener miedo al miedo
"Ante las impresiones, los encuentros y las demandas de la vida que superan nuestras capacidades, reaccionamos naturalmente con miedo. Una actitud de contrariedad, de querer evitarlo a cualquier precio, conduce finalmente al odio hacia uno mismo y hacia el mundo. Si no nos esforzamos por amigarnos con el miedo, es decir, por encontrar un camino interior que nos ayude a integrar sus aspectos positivos en nuestro proyecto de vida, desembocaremos en senderos tortuosos de rechazo y represión, de conducta antisocial, de soledad, de arrogancia intelectual, y hasta podría llegar a
seducirnos la posibilidad de enfrentarlo de maneras engañosas". 3
Tener miedo al miedo supone pensar sobre él 'negativamente', entendiéndolo como algo perjudicial. El problema con el miedo llega cuando no lo aceptamos en nuestra vida como parte de nuestra
naturaleza anímica e intentamos escapar de él, creyendo que el miedo no debe tener espacio en nuestras vidas porque es algo negativo.
Y cuantos más pensamientos 'negativos' (llenos de miedo) creemos en torno a situaciones de dolor vividas, más vamos alimentándolo y expandiendo su energía.
Cuando esto sucede, la mente ya no puede volver fácilmente al cuerpo para 'reposar' en él lo necesario y 'desconectarse' del mundo exterior, puesto que no hay paz en el interior. La mente se torna entonces hiperactiva, permanece enfocada hacia afuera hasta que el cuerpo físico llega a un nivel de agotamiento tal que prácticamente la obliga al descanso o hasta que algún fármaco ingerido da la información de 'relax' al cuerpo físico.
Si no comprendemos que el miedo nos está indicando que hay dolor acumulado del pasado que se ha despertado para ser aceptado y liberado, seguiremos alimentándolo, permaneceremos enfocados hacia afuera permanentemente y/o protegiéndonos constantemente de infinidad de situaciones que ésta interpreta como 'peligrosas' porque se alimenta de la emoción del miedo que late intensamente en nuestro interior.
La mayor parte de los peligros que proyecta nuestra mente no son reales para nuestro presente, pertenecen a historias de nuestro pasado.
Hay que tener en cuenta que intentar escapar del miedo implica querer escapar de nuestras lecciones de vida pendientes para nuestra evolución, con lo que es importante tener el coraje suficiente para hacerle frente.
"En el ámbito espiritual 'hacer frente' nunca signi fica 'suprimir', sino 'integrar' y en cierto sentido también 'familiarizarse con'. Cuando me encuentro en una situación de duelo profundo y supero el duelo, no lo he suprimido o dejado atrás, sino que he modificado positivamente mi relación con él, le he asignado un espacio y no lo he 'superado' a él, sino que he 'superado' mi enemistad con él. ¿No es posible aspirar a algo semejante en el trato con el miedo?"4
En los siguientes apartados iremos viendo maneras y algunos factores a tener en cuenta para 'hacer frente' al miedo acumulado del pasado.
IV. El miedo, guardián de nuestro corazón
La exposición al mundo exterior tiene que darse en la medida justa y necesaria, aquella que nos permita seguir evolucionando desde nuestras limitaciones pero sin quedar expuestos a la sensación de tensión-dolor-miedo con demasiada intensidad o durante demasiado tiempo.
El miedo (tensión) cobra aquí su sentido, se presenta como nuestro guía interno. El miedo nos indicará, según la intensidad en que se manifieste, si estamos o no preparados para hacer frente a determinados retos.
Podríamos decir que la medida en que debemos exponernos al mundo, a los retos de la vida, lo marca el nivel de miedo que sentimos ante el estímulo que nos 'desafía'.
No escuchar sus mensajes implicaría exponernos demasiado al exterior, a lo desconocido, al 'mar de miedo' o a las tensiones de la vida, sin estar todavía lo suficientemente preparados.
Como consecuencia, nuestros órganos vitales (incluyendo el corazón) podrían quedar saturados, dañados o heridos por no ser capaces de tomar la distancia adecuada, es decir, por no ser capaces de 'interceptar' y procesar el dolor-tensión-miedo percibido.
Cuando la motivación es más intensa que el miedo percibido ante determinada situación, yo me digo: adelante, porque siento que mi 'corazón' me habla desde mi impulso vital hacia la realización de un propósito que forma parte de mi plan de vida. Pero alerta, cuando el miedo es tan intenso que no me permite seguir avanzando con la suficiente fluidez, entiendo que todavía no estoy preparada para ello, que todavía no reúno los recursos suficientes para hacer frente a ese reto.
Tener coraje implica también actuar con conciencia y saber retirarse o tomar distancia hasta reunir las 'fuerzas' necesarias y sentir que estamos preparados para avanzar.
Cuando Joel 'tenía' que empezar la escuela infantil con 3 años el miedo empezó a hacerse fuerte en mi interior.
Es cierto que Joel es un ser individual y que yo proyecto mi miedo en él, pero también es cierto que mi hijo me escogió como madre y por algo ha debido ser.
Mi reticencia a exponerlo al mundo exterior a tan corta edad sin el acompañamiento de sus figuras principales de apego, de seguridad y de amor y desprovisto de la capacidad cognitiva necesaria para permitirle poder 'interceptar' y gestionar las impresiones emocionales intensas recibidas del exterior, era para mí un factor digno de considerar.
No pretendo aislar a mis hijos del mundo, no pretendo huir del miedo, lo único que tengo claro es que iremos avanzando en el paso por este mundo cuidando nuestra alma y preservando nuestra sensibilidad, y para ello sé que debemos reunir unos recursos o despertar en grandes niveles unas capacidades: entendimiento, comprensión, capacidad de reflexión, mirada interna y el coraje necesario para seguir adelante y levantarnos ante la adversidad desde la construcción de un sano
V. Niveles de sensibilidad y aceptación del miedo
"El ser humano sensible y cuidadoso, que a su vez actúa con juicio y seguridad, ha hecho un pacto con el miedo. Le ha dicho: "Tu te repliegas y me ayudas a comprender las cosas con sensibilidad. A cambio te dejo tu espacio".
Aquello que nosotros llamamos 'sensibilidad', es una forma debilitada de lo que Steiner definía como "el alma herida" por el miedo. Lo que denominamos 'sentimiento de justicia' o 'percepción de la dignidad propia o ajena' es una forma debilitada de lo que 'en crudo' se presenta como extrema
susceptibilidad, o hipervulnerabilidad anímica. El miedo llega a ser una facultad para lo social. Es el requisito previo para que tome la experiencia de mi propio sufrimiento (...) y lo pueda utilizar de parámetro en el trato con otros". 5
La insensibilidad, la baja sensibilidad y la hipersensibilidad al miedo repercuten de forma diferente en la propia evolución.
La persona con baja sensibilidad vive más tiempo dentro de su corporalidad, alejada del
movimiento emocional de las personas que están a su alrededor. Vive más alejada del dolor de los demás porque tampoco siente el suyo propio con demasiada intensidad y, de la misma manera,
también vive más alejada del amor, ya que tanto una como otra son sensaciones o sentimientos que se esconden en lo profundo de nuestro 'corazón'.
La persona insensible ha cerrado su corazón al amor por haber vivido demasiado dolor en su pasado, demasiado miedo que no ha podido ser 'soportado', comprendido y gestionado. Estas personas se muestran más insensibles al dolor porque en algún momento de sus vidas tuvieron que dejar de mirarlo para permitir que el 'corazón' pudiera 'sobrevivir'.
Quizá han desarrollado 'mecanismos de adaptación' al miedo que las hacen actuar con un exceso de ironía, de frialdad o neutralidad (al tomar demasiada distancia ante las emociones de los demás), quizá no puedan conectar con la mirada del otro por sentirse 'desnudas' y vulnerables ante él e
incluso es muy probable que la manera de expresar a los demás lo que quieren o lo que sienten sea a través de la 'sequedad' o la 'rudeza', puesto que hacerlo con ternura o con cariño removería
demasiado dolor en lo profundo de sus 'corazones'.
Bajo todos estos 'mecanismos inconscientes' se esconde un dolor que pide ser mirado y liberado para poder llegar a evolucionar tomando conciencia a partir de él. Hay que tener en cuenta que para sentir el amor que somos, primero hemos de atrevernos a sentir el dolor acumulado del pasado que se esconde en lo profundo de nuestra alma.
La normalización de conductas o actitudes insensibles o irrespetuosas con el alma hace que dentro de la sociedad no nos alarmemos ante determinadas formas de relación, y esto es un obstáculo para el desarrollo de la sensibilidad.
Cuando uno es capaz de posicionarse ante el miedo con conciencia ofrece a los demás un trato respetuoso, porque asume la responsabilidad ante esta emoción. Comprende que forma parte de él, de su historia personal, y su forma de liberarlo no le lleva a hacer daño a nadie más.
Hacernos conscientes implica asumir nuestra responsabilidad ante nuestras emociones y cancelar el 'karma' (dolor acumulado del pasado) que mantiene en 'guerra' constante a la humanidad.
Y finalmente, respecto a la hipersensibilidad, decir que puede llevarnos a desarrollar actitudes de sobreprotección o extrema protección que tampoco son muy favorables para el desarrollo sano de nuestra personalidad.
De hecho, la actitud de extrema protección es una forma de enemistad con el miedo. Desde esta posición intentamos eliminar en lo posible todo estímulo que despierte en nosotros o en nuestros hijos un miedo, por pequeño que sea. Y hemos de tener en cuenta que el miedo 'sano' es un miedo anunciador de un reto a superar, por lo tanto, una oportunidad para el aprendizaje (evolución individual).
Las personas que tienen un profundo 'miedo al miedo' no permiten que en una medida sana o equilibrada el miedo acumulado del pasado se vaya anunciando para poder ser liberado y/o transformado.
El llanto o cualquier expresión de dolor puede ser interpretado como algo negativo, cuando en realidad es la vía de escape, de expresión y liberación de un dolor profundo.
Es necesario haber sanado nuestras propias heridas y haber tomado la suficiente consciencia ante ellas como para poder acompañar a otras personas, y en especial a los niños, en el proceso de aceptación y liberación del miedo, siempre desde el 'tacto' y el más sincero respeto hacia cada naturaleza de ser.
VI. Ira, una expresión de miedo
Del animal al humanoLos animales se de fienden cuando algo amenaza su integridad física, es un impulso instintivo, una respuesta ante el miedo a 'morir' (instinto de supervivencia).
En el humano el factor emocional (sensibilidad) y mental (pensamiento) no nos permite actuar
únicamente como animal ante situaciones que amenazan nuestro bienestar o no cumplen con nuestras expectativas.
Es obvio que cuanto menos desarrollada tengamos nuestra parte emocional y nuestra mente, más 'animal' será nuestra respuesta ante el mundo.
Los más sensibles contendrán el primer impulso animal por miedo a herir a los demás y podrán ascender esa energía a la mente para abrir su conciencia ante la situación.
Desde la relación social evolucionamos del animal al humano, y este proceso de 'refinamiento' requiere en los niños de un tiempo y de la maduración de las propias capacidades cognitivas, emocionales y sociales.
La ira 'sana' nos conecta con nuestra parte animal. A través de ella encontramos la fuerza para
defendernos contra aquello que invade nuestro espacio vital o para revelarnos contra aquello que se interpone en nuestra voluntad y en nuestra libertad de movimiento. En este sentido, hemos de aceptar la ira como parte de nuestro proceso de evolución, pero también hemos de desarrollar nuestra mente y nuestra sensibilidad para lograr comprender todo lo que sucede a nuestro alrededor y conseguir expresar lo que sentimos y creemos de la forma más respetuosa posible.
Cuanta más conciencia menos ira se removerá en nuestro interior, lo cual no significa que con firmeza y determinación no podamos expresar lo que sentimos o necesitamos.
Animal y ángel
Eric Fromm habló de "la noción clásica de que el ser humano es tanto cuerpo como alma, tanto ángel como animal, que pertenece a dos mundos que están en conflicto entre sí y, que es
justamente este conflicto del ser humano, el que pide ser resuelto".
Esta aportación me inspiró a escribir estas líneas:
No huyas del animal, lo llevarás siempre dentro aquí en la Tierra. Es muy útil en determinados momentos, es muy útil en nuestra supervivencia, sólo has de aprender a gobernarlo para dar paso al crecimiento del humano, aquél que te llevará a conectar con tu ángel, el que habita en el reino de los cielos, el que sabe sobre el amor.
El origen del miedo tiene para mi su raíz en nuestro instinto de supervivencia, que nos es útil para proteger nuestro cuerpo físico en nuestra vida en la Tierra, pero no debe gobernar nuestras vidas.
Si el animal sigue 'hiriendo' a sus opresores, el ángel no podrá vivir en paz, por eso es necesario que el ser humano desde su energía femenina se sensibilice con el dolor y desde su mente sea capaz de encontrar la manera de enfrentar el miedo sin causar más daños.
El camino de evolución del animal al humano requiere, pues, de mente y corazón, de conciencia y sensibilidad.
El miedo se convierte en pensamiento espiritualizado cuando conseguimos frenar nuestro impulso animal y elevamos esa energía a nuestra mente para transformarla en fuerza de amor.
¿Qué haces tú cuando algo se interpone en tu camino? - Lo elimino -dice el animal-.
¿Y qué haces tú cuando algo se interpone en tu camino? - Intento comprenderlo -dice el humano-.
El humano frena al animal y el animal ayuda al ángel a sobrevivir en la tierra. ¡Gracias!, se dicen mútuamente.
VII. Rabia, miedo acumulado del pasado
Las palabras ira y rabia se han imaginado estar en extremos opuestos de un continuo emocional, una leve irritación y molestia en un extremo y la rabia, o furia asesina en el otro, los dos están indisolublemente vinculados en el idioma Inglés con una referencia a la otra en la mayoría de las definiciones del diccionario.
Recientemente, (2008, Sue Parker Hall) ha desa fiado esta idea, que conceptualiza la ira como una emoción positiva, pura y constructiva, que siempre es respetuosa de los demás, sólo utilizada para protegerse a sí mismo en dimensiones física, emocional, intelectual y espiritual en las relaciones. Ella sostiene que la ira se origina a la edad de 18 meses a 3 años a fin de proporcionar la motivación y la energía para la etapa de individualización del desarrollo en que un niño comienza a separarse de sus cuidadores y afirmar sus diferencias. La ira surge en el momento mismo que el pensamiento se desarrolla, por lo tanto, siempre es posible acceder a las capacidades cognitivas y sentir ira, al mismo tiempo.
Parker Hall (2008) propone que no es la ira lo que es problemático, pero la rabia, es un fenómeno totalmente diferente; la rabia se conceptualiza como pre-verbal, pre-cognitivo, el mecanismo de defensa psicológico que se origina en la primera infancia como una respuesta al trauma sufrido cuando el entorno del niño no responde a sus necesidades. La rabia es interpretada como un intento de pedir ayuda por un niño que experimenta el terror y cuya supervivencia misma se siente en peligro. El niño no puede manejar las emociones abrumadoras que se activan y necesitan un cuidador que se adapte a ellos, para evaluar con precisión cuáles son sus
necesidades, que los reconforte y los calme. Si reciben el apoyo suficiente de esta manera, los niños terminan por aprender a procesar sus propias emociones. La rabia es entendida como "un montón de sentimientos tratando de salir de una vez" (Harvey, 2004) o priman las emociones no diferenciadas, que se derraman cuando un acontecimiento de la vida no puede ser procesado, no importa lo trivial, pone más tensión en el organismo de lo que puede soportar.
(Wikipedia, la enciclopedia libre. Consultado en junio de 2014)
Cuando tenemos la voluntad de enfrentarnos al miedo con la intención de volver a recuperar el
control de la situación, encontramos en la ira la energía que nos da la fuerza y el coraje para hacerlo, pero cuando la acción frente al miedo queda reprimida (por no disponer de los recursos necesarios para hacerle frente) la rabia aparece como la expresión de la tensión-dolor acumulados ante la voluntad no satisfecha de salir de la situación de estrés.
La ira puede considerarse 'positiva' en tanto en cuanto es una energía que nos da fuerza y coraje para enfrentarnos al miedo, siendo su intensidad proporcional al 'peligro' real que 'amenaza' nuestra
integridad física o emocional, con lo cual las fuerzas estarán equilibradas.
Por el contrario, la rabia no es proporcional, es excesiva, y no se calma eliminando la causa, continúa hasta que se agota.
La rabia es desproporcional al peligro real que 'amenaza' la integridad física o emocional de la persona y desemboca en actos irracionales, porque hablamos de una suma considerable de
tensiónmiedo acumulado "queriendo salir de una vez". Aquí las fuerzas no están equilibradas, los actos no son racionales, por eso la rabia puede ser más peligrosa si no se aprende a controlar.
Podríamos decir, pues, que la 'ira monstruosa' o rabia es una expresión de la intensa tensión o miedo acumulado en algún o algunos momentos de nuestra vida, haciendo especial hincapié en nuestra primera infancia (incluyendo el parto o nacimiento) momento en el que no teníamos los recursos necesarios para hacer frente a las experiencias de dolor, miedo o incluso terror vividas, quedando la tensión o acción frente al miedo reprimida en el interior-.
Es por ello que el papel de los cuidadores aquí es esencial en lo que respecta a los niños, tal y como expresa Parker Hall, "para evaluar con precisión cuales son sus necesidades", para reconfortarlos y para calmar el miedo experimentado. Y "si reciben el apoyo suficiente de esta manera, los niños terminan por aprender a procesar sus propias emociones".
VIII. El nacimiento, momento crucial en la vida de una
persona
Bienvenido al miedo
"La salida del seno materno en principio equivale a ser expulsado y arrojado a un mar de miedo".6
Hemos de tener en cuenta que hasta que nuestro sentido de autopercepción y nuestro sentido del tacto no nos permiten percibir y delimitar nuestra propia corporalidad (cuerpo físico) no podemos
sentirnos cobijados en nuestra 'casa interior' y estamos predeterminados a sentirnos totalmente expuestos al mundo exterior.
Cuando nacemos no tenemos una conciencia de nuestro propio 'yo corporal' porque todavía no tenemos desarrollados lo suficiente nuestros sentidos de auto-percepción y táctil. A medida que vamos sintiendo nuestro cuerpo a través de sus funciones vitales y del movimiento y a medida que entramos en contacto (a través del órgano de la piel) con el mundo exterior, y en especial cuando somos arropados por los brazos de nuestros cuidadores, vamos percibiendo nuestro cuerpo físico y sus propios límites corporales.
Este proceso de delimitación (del yo corporal respecto al mundo exterior) ya se inicia dentro del seno materno, cuando empezamos a movernos y vamos 'chocando' con las paredes de la bolsa de líquido amniótico que nos 'sostiene'.
Cuando cerramos los ojos o estamos en una habitación a oscuras y a tientas vamos tocando o impactado con diferentes objetos hasta volver a abrir los ojos o encender una luz, vivimos este proceso de forma aproximada, puesto que nuestro sentido de la vista queda 'anulado' y nos hacemos servir del sentido del tacto.
Desde este enfoque, el nacimiento se convierte en un momento crucial para la vida de una persona, ese 'mar de miedo' al que somos expuestos al nacer por no sentirnos a nosotros mismos contenidos y 'cobijados' dentro de nuestra corporalidad, debe ser compensado o contrarrestado con el 'abrazo' protector, continuado y afectuoso de la madre nada más salir del seno materno.
El parto es una experiencia lo su ficientemente 'impresionante' como para realimentar ese miedo inicial de la llegada a este mundo con experiencias de 'separación' que despierten sentimientos de abandono y soledad y que puedan marcar gran parte de nuestra vida.
Hemos de tener en cuenta que para el bebé o la bebé, la voz de la madre, como los latidos de su corazón, representan lo más familiar y cercano a él/ella.
Un bebé que nada más salir del seno materno es acogido por los brazos y la voz de su madre, en un ambiente cálido y acogedor, con una luz tenue y calentado sobre el pecho de su madre en el contacto directo 'piel con piel', experimentará nada más nacer un estado de bienestar similar al que vivía en el seno materno.
sentirse contenido y poco expuesto al 'mar de miedo' del que hablábamos.
El nacimiento y los primeros días de un bebé aquí en la Tierra son, por tanto, decisivos. Aquello que viva y sienta en esos momentos activará un nivel de miedo en su interior que marcará un precedente para lo que será su actitud ante la vida y su respuesta ante la adversidad.
Aunque no todo el enfoque hay que ponerlo en las condiciones en las que uno nace. El estado
emocional de la madre durante el periodo de gestación también es determinante para el bebé, como las experiencias de la infancia posteriores vividas en el seno familiar e incluso su Diseño Humano, y es que el bebé puede venir dotado de un potente sentido de auto-percepción y del tacto que le
permitan desarrollar antes o con más consistencia esa seguridad que aporta el sentirse cobijado en la propia 'casa interior'...
Son muchas las variables que intervienen y que hacen que nuestra evolución respecto al miedo sea distinta para cada uno de nosotros, pero he de decir que, desde mi punto de vista, todo forma parte de nuestro programa o plan de vida y el nacimiento y los posteriores días son momentos cruciales,
momentos que definen el antes y marcan el después en lo que respecta a nuestra vida (pasada y futura).
Responsables de nuestro destino
Siento que somos plenamente responsables de lo que nos sucede en la vida desde el primer momento en que decidimos venir a este mundo a vivir una experiencia física y, por consiguiente, considero que el nivel de miedo vivido desde nuestro nacimiento es el nivel de miedo que traemos acumulado del pasado, el cual se activa ante determinadas circunstancias de vida para ser aceptado, liberado o sanado en nuestra vida futura.
En este sentido, no culpo a mi madre por haberme dado a luz en un hospital y haber sido uno de tantos bebés que durmieron en el nido (cunero o nursery) durante las noches que permanecí ingresada en el hospital, que en mi caso fueron cinco por haberme detectado una anomalía en la cadera que, después de las pruebas pertinentes, resultó no ser nada importante.
Tampoco me culpo a mí misma por haber dado a luz a mi primer hijo en una clínica y haberlo dejado expuesto al 'mar de miedo' cuando no estaba sostenido en mis brazos o sobre mi pecho en el contacto 'piel con piel'.
Como madres, cometemos 'errores' (por llamarlos así) porque no somos lo suficientemente
conscientes, pero precisamente son esas experiencias las oportunidades que se nos presentan para evolucionar junto a nuestros hijos.
«Errar es humano, perdonar es divino, rectificar es de sabios» decía Alexander Pope, así que debemos aceptarnos tal y como somos y confiar plenamente en nuestro 'programa' de evolución. Lo importante es, desde mi punto de vista, tener el coraje de vivir las experiencias que hemos venido a vivir para aprender y hacernos más conscientes.
aprendiendo a aceptar lo que es y movilizando la energía necesaria para lograr adaptarnos a cada situación y superar nuestros retos de vida.
El amor es el regalo para aquél que se atreve a vivir su propia vida y superar todas las pruebas del destino, de su "programa" de evolución, de su 'plan' de vida, eliminando toda resistencia
(pensamientos que limitan la libre circulación de nuestra alegría vital).
Nuestros hijos nos escogen como madres y desde esa elección escogen también las condiciones en las que llegar y vivir en este mundo.
Atraemos a las personas por resonancia y, con ellas, a las experiencias que nos permitirán aprender nuestras lecciones de vida pendientes.
Atraemos lo que vibra dentro de nosotros para vernos reflejados en el espejo del mundo y evolucionar hacia el amor.
Si vibramos con la frecuencia del miedo atraeremos a personas que vibran en las mismas frecuencias para poder hacernos conscientes de lo que hemos de trascender en nosotros y en el mundo.
Por lo tanto, ¿hay que esforzarse por ofrecer a nuestros futuros bebés las condiciones 'perfectas' para su llegada? Obviamente, tenemos que esforzarnos, pero esforzarse no quiere decir forzar nada. Yo creo que tenemos que hacer lo que nos dicte el corazón, tenemos que llegar hasta donde estemos preparadas y, sobretodo y ante todo, asumir la responsabilidad de nuestras acciones sin culparnos ni culpar a nadie por nada.
Mi primer hijo ha traído y sigue trayendo mucha conciencia a mi vida. Gracias a las experiencias que he vivido junto a él, ahora soy consciente de todo lo que estoy explicando en estas líneas. Desde este aprendizaje asumo mi responsabilidad, y aunque sé que él me escogió como madre para vivir su propio nacimiento, también sé que me escogió como madre para acompañarlo en esta vida y ayudarlo a sanar sus heridas del pasado, las cuales va liberando a medida que yo me hago consciente de las mías propias a través de él. Es para mí un gran maestro.
Permitir que los más pequeños puedan liberar su tensión-dolormiedo implica hacer un
acompañamiento muy consciente y desde nuestra presencia de paz y mirada de amor y comprensión estar disponibles, ofreciendo nuestros brazos cuando lo necesiten. No creo que sea muy sano para ellos ignorarlos o mostrar indiferencia ante sus lágrimas, y mucho menos enfadarnos o mostrarles miedo ante su proceso, se trata, pues, de enviarles un mensaje a su conciencia lleno de afecto y comprensión:
Comprendo tu dolor, estoy aquí para lo que necesites.
Si no permitimos que los niños liberen su dolor emocional a lo largo de la infancia y vayan tomando conciencia ante él tendrán que recorrer un camino quizá más complejo en su vida adulta, puesto que la mente racional y lógica habrá buscado estrategias para huir del miedo y éste estará oculto bajo formas de vida y hábitos que aparentemente no parecen ser la 'tapadera' o la forma de huir de ningún tipo de dolor.
Aunque cuando el alma decide que ya es hora de mirar en el interior y sentirse a sí misma, no hay escapatoria.
Estos momentos los he experimentado en algunas ocasiones a lo largo de mi vida, y desde estas experiencias puedo decir, sobretodo con una de ellas, que he llegado a sentir en toda su expresión el 'mar de miedo' al que probablemente estuve expuesta como bebé en mi llegada a este mundo. Se trata de miedo en pura esencia, miedo que no pudo ser interceptado por mi mente para poder ser
gestionado e integrado con 'suavidad' desde una mínima comprensión de lo que acontecía a mi alrededor.
Hasta poco antes de escribir este libro no había llegado a comprender lo que en esas ocasiones me había sucedido, pero ahora tengo muy claro que fueron los momentos en los que mi alma decidió emerger con fuerza para que pudiese llegar a aceptar y liberar el miedo acumulado de mi pasado. El primero sucedió con 26 años en los últimos tres días de un viaje a Grecia que hice junto a mi pareja. Fueron ocho días, los cuatro primeros de crucero y los restantes alojados en un hotel. Esos últimos días viví una angustia muy intensa (miedo) y fui presa de un incesante bombardeo de pensamientos catastrofistas y paranoicos que, incluso ahora, me sorprende todavía recordar.
En ningún momento del viaje de ida sentí miedo, estaba emocionada como todos lo estamos cuando vamos a hacer un viaje, pero éste se desató cuando tomamos tierra para permanecer en el hotel durante los últimos días.
Mi inconsciente destapó algo que había vivido hacía ya muchos años, la angustiosa separación respecto a mi madre.
"Al igual que lo que ocurre con los pensamientos, es muy curioso observar cómo la mayor parte de las emociones que experimentamos en el presente y que nos hacen caer en estados de ánimo
negativos provienen fundamentalmente del pasado. Siempre hay un acontecimiento raíz, que fue en mayor o menor medida traumatizante (...). Este acontecimiento no resuelto en su momento, creó en nosotros un registro de peligro ante cualquier otro hecho que pudiese tener similares características, y ante el cual reaccionamos con la misma emoción de entonces (ya fuese tristeza, miedo, cólera, etc.)". 7
Tal y como explica Sofía Pereira en su libro (Emociones y temperamentos), mi mente inconsciente
se puso en marcha recordándome a su manera el miedo ante el que estuve expuesta durante la
separación respecto a mi madre los días posteriores al nacimiento, miedo que formaba parte de mi cuerpo-dolor y que emergió ante la separación.
Esta experiencia me ha llevado a comprobar que la inteligencia que gobierna nuestra vida (Energía Creadora o Conciencia Superior) va más allá de la mente lógica y racional.
También quiero aclarar que no todos los bebés que viven las mismas condiciones de separación respecto a la madre tienen que experimentar las mismas consecuencias, hay muchas variables que intervienen en cada proceso (historia personal de miedo acumulado, diseño humano, temperamento, familia de origen, etc.). Cada plan de vida es distinto y está predeterminado para el aprendizaje de unas lecciones de vida concretas, así que las variables son determinantes para cada caso.
La mente inconsciente "trata de protegernos de lo que, según sus datos, supone un peligro para
nosotros, lo cual, finalmente, no resulta adecuado ni para la persona implicada ni para los demás. La mente inconsciente es de hecho la fuente de todo pensamiento, sentimiento y comportamiento
irracional (...). Cuando, a través de un intenso trabajo, conseguimos descargarla, recuperando los archivos de la bolsa mezclada incorrectamente, para pasarlos como datos conscientes claramente diferenciados a la mente consciente, podremos, felizmente, decir que hemos vencido a nuestro peor antagonista, pasando a ser nuestra conducta algo que está bajo nuestro dominio, dirigida por el "yo", y por tanto totalmente racional". 8
Una manera de tomar conciencia de lo que sucedió en nuestro pasado y quedó archivado a un nivel inconsciente es a través de la Terapia de Regresión, Renacimiento o Rebirthing.
La Terapia de Regresión nos lleva a nuestro pasado para poder sentir otra vez nuestras emociones vividas en el seno materno, en el nacimiento e incluso en el primer contacto con nuestra madre, para poder liberarlas y poder mirar estas mismas experiencias con otros ojos, desde una mayor
comprensión y serenidad.
El Renacimiento "es una técnica inventada por Leonard Orr en Estados Unidos en las décadas de 1960 y 1970. Esta técnica se basa fundamentalmente en ejercicios físicos de respiración consciente (la persona dirige su respiración) y conectada (sin interrupción entre exhalación e inhalación) y en técnicas de pensamiento creativo (...).
Se suele decir que el Renacimiento busca re-crear el pasado llegando incluso hasta el momento del nacimiento, del parto, de la concepción, o de cualquier vivencia que se haya tenido. Recreando el pasado se buscan las creencias negativas reprimidas para traerlas nuevamente a la memoria y poder trabajarlas de forma que sean integradas, transformándolas en nuevas creencias positivas(...).
(Wikipedia, la enciclopedia libre. Consultado en julio de 2014)
Mi mayor experiencia de miedo extremo experimentada hasta hoy en mi vida fue en el verano del año 2012.
Dos meses antes de iniciar un curso de Enseñanza Zen -Energía Universal- experimenté un cuadro de insomnio muy intenso. Pasé cinco noches sin poder dormir absolutamente nada. Cada vez que mis párpados se cerraban a causa de mi cansancio, un repentino 'golpe' de miedo extremo me hacia
estremecer, sobresaltarme y ponerme alerta de nuevo, así hasta que amanecía y quizá lograba dormir una o dos horas. Lloré muchísimo durante esos días.
Así pasé la primera semana hasta que presa del miedo decidí ir a mi doctora, la cual me recetó unos comprimidos (farmacológicos unos y otros de homeopatía) para ayudarme a conciliar el sueño. Durante la segunda semana empecé a dormir un poco más, pero no conseguía relajarme lo suficiente como para poder descansar durante toda la noche.
Me fui de viaje a Huesca, a la montaña, y allí hice un trabajo profundo de interiorización, además de seguir llorando muchísimo más. Escribí varias libretas tamaño cuartilla de frases sanadoras que en ese momento iba canalizando a toda velocidad. Y lo que más me sorprendió de esa experiencia es que una vez enfrentado el miedo revivido de mi pasado, cuando volví al año siguiente a ese mismo lugar, volví a revivir durante dos noches la misma experiencia, aunque con menor intensidad.
Desde estas vivencias creo, por experiencia propia, en los 'agujeros negros' que nos conectan con las heridas del pasado, y puedo decir que la mejor respuesta no es huir, ni tampoco taparlo con ningún fármaco, sino hacer frente a ese miedo, mirarlo, sentir lo que estaba reprimido dentro de nosotros,
aceptarlo y liberarlo.
Hoy veo con bastante claridad que en aquel momento de mi vida pude revivir mucho miedo acumulado de mi pasado. La energía universal recibida incluso antes de realizar el curso hizo emerger con más intensidad ese miedo para ser liberado.
En el puerperio de mi segundo embarazo también se abrieron estas heridas, las cuales sané con los mismos recursos: escribiendo frases llenas de amor que iba canalizando cada día, llorando y con el acompañamiento de mi pareja, con el que me sentía arropada en mi proceso.
Destaco también el trabajo de conexión con mi respiración a un nivel muy consciente en unas sesiones que realicé de rebirthing durante mi segundo embarazo. En ellas pude revivir el primer contacto con mi madre después de salir del seno materno, experiencia con la que lloré intensamente. Fue en esas sesiones donde también experimenté la baja autoestima con la que había tenido que lidiar durante toda mi vida.
Durante la experiencia de mi puerperio sentí o reconocí el miedo al abandono, a la soledad, al
vacío y, en definitiva, a la muerte (física).
Me sentía muy sola pese a estar muy arropada por mi familia. Gracias a Imma y Lluís (comadrona de partos en casa y renacedor) pude comprender lo que me estaba pasando y abrirme totalmente a esa experiencia de sanación con mucha más conciencia que en las experiencias anteriores, lo cual hizo que no alimentara mi cuerpodolor con más miedo (pensamientos bajos) ante el miedo que ya estaba reviviendo de mi pasado.
La experiencia de mi segundo embarazo me ayudó a evolucionar respecto al proceso de desapego
gracias a la aceptación de la 'soledad' de mi espacio interior, aprendiendo de la importancia de
sentirnos unidos a la madre y al padre, más allá de las personas que en nuestra familia adoptan ese papel. Me refiero a la Madre Tierra y al Universo o Cosmos (Energía creadora).
Mi miedo al miedo y, en definitiva, mi miedo a la muerte física, no me había permitido conectar plenamente con mi cuerpo físico para poder reconocer mi parte 'animal', mi instinto, y poder sentirme en plena conexión y equilibrio con la naturaleza desde cada uno de los elementos que forman mi corporalidad (tierra, agua, fuego y aire).
Nuestra parte 'animal' es la que nos conecta con la Tierra y con los 4 elementos, aquélla que nos permite conectar con nuestro cuerpo físico para sentir la vida que hay en él, aquélla que nos permite saber en todo momento qué necesitamos para sobrevivir y sentir bienestar corporal y aquélla que nos permite a las mujeres parir sin tener que leer antes un manual de instrucciones.
De la misma manera, nuestro 'cuerpo anímico-espiritual' nos permite conectarnos con el 'reino de los cielos', desde nuestra alma y desde nuestra Conciencia Superior.
Instinto, emociones e intuición unidos, Tierra y Cielo fusionados en el Ser.
Desde la conexión con la Madre Tierra y el Universo Creador, sintiéndolos como la madre y el padre que nos nutren y nos cuidan (a un nivel físico y a un nivel puramente energético), he podido
recuperar la confianza en la vida, en los ciclos y procesos que despiertan en mí un gran respeto por la perfección en la que se suceden.
El propio proceso de gestación de una vida humana es un evento digno de admirar. La perfección con la que el cuerpo físico de la madre (desde sus cuatro elementos) va ofreciéndose para la creación de una nueva vida es increíblemente asombroso.
¿Cómo no vamos a poder con fiar en la vida, si nuestro cuerpo humano y la naturaleza en toda su representación se muestran ante nosotros como una gran creación 'divina'?
IX. Cada despertar, un nuevo nacimiento
H. Köhler en su libro El enigma del miedo, hace unas aportaciones muy interesantes respecto a la importancia del acompañamiento de los niños hacia el sueño y a su recibimiento en el momento del despertar:
(I)
"El alma del niño 'participa de la vida de su medio ambiente, vive plenamente en el mundo externo' (Steiner) y, de no mediar la madre para contenerlo y volverlo a guiar hasta el umbral del sueño, se perdería en lo incierto, en lo incomprensible. Este es el fundamento de todos los así denominados 'instintos maternos' del ser humano, guiar al niño al sueño, lo que significa quitarle el miedo". (II)
"De hecho, hasta llegar a la edad en la que comienza la juventud, entre los actos pedagógico-terapéuticos más importantes -la educación en cierto sentido también es terapia- que los padres pueden brindar a sus hijos, es el correcto acompañar al sueño y la correcta recepción al despertar". (III)
"La 'escena clave' del despertar en el espacio terrenal es el nacimiento. En el transcurso de la vida, la misma escena se reiterará
-aunque sin tanta intensidad- cada mañana al despertar".
Cuando Joel experimentaba el miedo revivido de su nacimiento en algunos de sus despertares, yo le permitía que liberase todo lo que necesitaba liberar en ese momento y me quedaba a su lado
dispuesta a abrazarlo cuando lo necesitara, ofreciéndole la ternura, el amor y la seguridad que en el momento de su nacimiento yo no supe ofrecerle como lo hice con mi segundo hijo.
Además de esto, le llevaba algunas palabras a su conciencia o Yo superior con la intención de sanar sus heridas del pasado:
'Estoy aquí para acompañarte en el camino por esta vida. Bienvenido a este maravilloso mundo. Todo esta bien'.
No me mostraba preocupada y mucho menos enfadada, lo miraba con amor y comprensión y aceptaba totalmente la situación, viniera como viniera.
Las condiciones de su llegada fueron muy diferentes a las de Sergi (mi segundo hijo), y no por el hecho de nacer éste en casa, sino por la conciencia con la que viví el proceso y la acogida que pude ofrecerle. Sergi se sintió seguro conmigo desde el primer momento en que nació y pudo llorar todo lo que necesitó.
Joel tuvo que esperar mucho más para poder sentir esa seguridad, para poder sentir que yo ya estaba preparada para 'sostenerlo' en su proceso.
Es curioso, pero los adultos tampoco lloramos con facilidad si no tenemos un 'hombro amigo' que nos acoja en nuestra vulnerabilidad, desde la comprensión, la aceptación y el respeto. Debemos sentir
confianza, debemos sentirnos seguros, entonces nos relajamos y nos dejamos llevar por el 'corazón'. Mi primer hijo tuvo que esperar a que yo tomara verdadera conciencia de lo importante que es el lazo de unión verdadero entre dos almas.
Con tres y cuatro años, Joel tuvo épocas en las que se despertaba durante la noche llorando desconsolado, buscando el abrigo de mis brazos y de mi voz.
Ahora sé que es un proceso que debía hacer y no me angustio por ello, al contrario, doy gracias por haber evolucionado hasta el punto de poder ofrecerle la oportunidad, aunque fuese un poco más tarde, de liberar su miedo vivido y sanar sus heridas.
Es un proceso largo y muchas veces 'amargo', pero merece la pena poder ayudar a nuestros hijos a liberar su dolor para que puedan llegar a ser niños más llenos de vida, más alegres y mucho más abiertos al amor.
Y es que, "uno descubre con asombro que en realidad toda la vida es una especie de proceso de pérdida del miedo" (Glöckler).
Mi 'misión' con él hasta estos momentos ha sido la de evolucionar hasta el punto de poder ofrecerle una gran presencia de paz ante el mundo y una mirada de amor y comprensión ante sus experiencias de vida, con el fin de compensar lo que años atrás no pude ofrecerle a causa de mi propio miedo acumulado del pasado.
Ahora sé que lo más importante para él es llegar a con fiar, en él mismo y en la vida, por eso yo le ofrezco lo mejor de mí deseando que en cada nuevo día pueda ver más de cerca la luz del amor. "Al principio está lo desconcertante del estar-en-el-mundo. Pero si a un niño le es dado crecer en un ámbito humanamente digno, no pasará mucho tiempo antes de que surja, sin conceptos, la primera experiencia de seguridad frente a la existencia".9
X. La llegada de un hermano abre de nuevo la herida
Cuando Sergi (mi segundo hijo) llegó a nuestras vidas, Joel hizo una regresión. Recuerdo que durante dos noches se hizo pipí en la cama, quería que lo cogiera en brazos más a menudo, jugaba a
balbucear como un bebé, necesitaba chupete, cojín y peluche durante el día y durante la noche, estaba mucho más tenso y su comportamiento era mucho más descontrolado e inusual.
Volvió a abrirse de nuevo la herida -miedo al 'abandono' y, por consiguiente, miedo a la soledad-. El hecho de sentirse 'desplazado' es un sentimiento que le llevó a la manifestación de algunos enfados con su hermano pequeño. Esos enfados guardaban un miedo a perder el afecto y la seguridad que yo como madre le ofrecía en su proceso de adaptación al mundo.
El miedo al abandono y a la soledad esconden en el inconsciente el padre de todos los miedos: el miedo al dolor y a la muerte, al percibirnos expuestos al mundo exterior sin la 'protección' suficiente. Desde esta conciencia, además de poner límites 'con amor' a sus acciones cargadas de tensión-miedo, la cual cosa implicaba en la mayoría de los casos tomar distancia con el bebé ante la situación de estrés, le enviaba un mensaje a su Yo superior para ayudarlo a abrirse a una nueva conciencia ante la situación:
'Eres un ser maravilloso y te amo'.
Este mensaje se lo hacía llegar antes de ir a dormir, de manera que llegara a su subconsciente y
pudiera integrarlo con profundidad. Joel tenía que vivir las consecuencias de sus acciones para tomar conciencia, pero sin dejar de sentir que su madre lo seguía aceptando y amando cada día más.
Hasta llegar a esta conciencia tuve que hacer un trabajo personal de sanación importante respecto a mi dolor acumulado del pasado, trascendiendo mi propio miedo al rechazo y aprendiendo a amarme y a aceptarme tal y como soy, siendo capaz de expresar lo que sentía y necesitaba en cada momento con calma y serenidad.
Cuando, durante las primeras semanas del nacimiento de Sergi, Joel se mostraba tan inquieto y 'descontrolado' en su modo de actuar, yo no me atrevía a establecer ningún límite claro para 'proteger' a Sergi de la tensión de su hermano. No me atrevía por miedo a herir a Joel, ya que
proyectaba en él mi propio miedo al rechazo. Marcar un límite claro significaba para mí desplazarlo, abandonarlo.
Hasta que no vi que Sergi tenía el mismo derecho que Joel a ser respetado y que era responsabilidad de Joel asumir su tensión-dolormiedo sin molestar o interferir en la vida de nadie, no empecé a actuar con más confianza y tranquilidad.
De la misma manera, Joel tenía derecho a vivir su proceso y mi deseo era poder acompañarlo y ayudarlo a liberar su dolor.