A r t í c u l o s Masónicos Seleccionados Año 4 - N° 41
Dialogo Entre Masones
Herbert Oré Belsuzarri Mario López Rico Vicente Alcoseri Julio Villarreal III
- El viaje iniciático hacia la luz interior………..1
- La herencia rosa cruz en la francmasonería………3
- Orgulloso de ser masón versus ser un masón digno……….18
- Mujer: del paleolítico al siglo XXI……….22
- Mujer y masonería (El especial)………..38
La mujer en la baja edad media………..40
Mujeres místicas en la edad media………..56
¿Brujas?...66
-Difamación y defensa de la mujer en la edad media – Pasajes obligatorios……….76
Las beguinas – Mujeres libres en un mundo de hombres……….99
Tejedoras, costureras, bordadoras……….110
Las mujeres y la Revolución Francesa………..124
El Hon. Elizabeth St. Leger “La Señora Masón”…..129
Mujer y masonería……….140 La revista agradece la difusión de los artículos publicados, mencionando la fuente y la autoría.
Marino de Armas Benítez, 33º S:.G:.I:.G:. / H:.R:.A:.K:.T:.P:.
En los últimos años oímos el lema Orgullo de ser Masón, dedicándo-se tiempo y esfuerzos para que los masones reconozcan públicamente su condición. Bajo el velo a decir de algunos:…que la masonería esté presente en la sociedad... y afirman estar creando condiciones sociales profanas, para quienes manifiesten tal condición se sientan a gusto…que no sea una vergüenza, que no sea un lastre, que sea un motivo de orgullo decir soy masón…
Son mis intenciones analizar esas afirmaciones y aportar algunas de las enseñanzas de la antigua francmasonería, olvidadas para algunos e igno-radas para otros al considerarlas arcaicas. Diciendo inicialmente:
• El hecho de pensar:…cuando los masones reconozcan pública-mente su condición, la masonería estará más presente en la sociedad…, roza lo inadmisible pues constituye un intento de condicionar la libertad de opinión y expresión de cada masón. Si agregamos que el ser humano tiene la potestad de obrar según considere y elija; queda demostrado que también constituye un intento de cortar el libre albedrio de los masones. Esa necesidad del reconocimiento de otros, es poco saludable, muestra una clara inseguridad personal y expresa que busca en el exterior lo que no tuvo nunca en su interior. La francmasonería como institución es perfecta, pero el hecho de ser masón no asegura que seas una buena persona. He conocido a muchos profanos, con tantas virtudes como un francmasón antiguo.
• Considerar que un masón siente vergüenza o le es lastre el hecho, de ser miembro de la francmasonería y por ello no reconoce pública-mente su condición. Es inaceptable, pues de ser así los únicos y verdade-ros responsables son: primero quienes respondieron por él como padri-nos pues no le explicaron adecuadamente el paso que daría y la verdad
EL VIAJE INICIATICO HACIA LA LUZ INTERIOR
Vicente Alcoseri
Todo viaje espiritual, toda búsqueda llega tarde o temprano a la otra ori-lla, ese lugar desconocido, pero siempre ideado. Hay que poner atención, mucha atención, a nuestra intuición superior. Tarde o temprano contem-plareis la Luz al final del túnel. Si quieres conocer de antemano lo que te espera, deberás sumergirte dentro de ti ahora; seguro así estarás prepa-rado. Tanto y seas capaz de sumergirte dentro de ti, tanto así merecerás llegar más arriba. Pero ¿Cómo sumergirse? ¿Hacia dónde ir? ¿Quién te ayudará? ¿Existe un método? Es sabido acerca de la Gran Obra entre los masones que los puntos cruciales del asunto. Una idea clara es in-dispensable al comienzo de la tarea, y es que simplemente “No Nos Co-nocemos”. De nada sirve lanzarse antes de comprender de qué trata el asunto. Un acercamiento a sí mismo, a ese gran desconocido que somos para nosotros mismos. Sabernos, contactarnos, y esto no es fácil. Pero el
obstáculo más grande, es el trabajo pernicioso de la mente no educada, y consiste en persuadirnos de que este acercamiento no se dé efectiva-mente, de que el análisis superficial sobre nosotros sea suficiente, de que sabernos a medias basta, de que el trabajo del masón no debe ser más que una interpretación de una mente deformada por el mundo académico y científico profano. La mente deformada por las religiones profanas, es siempre esquinante para el encuentro con lo Interno, simplemente porque las Instituciones Religiosas temen que el hombre y la mujer se den cuenta que todo está dentro de sí mismos, y ya no dependan ya de las Religiones Falsas y Dogmáticas. Así el cerebro humano, siempre limitado, incluso si se complace con las luces falsas de la ciencia humana, jamás ese cere-bro podrá ayudar al hombre y la mujer a salir en la búsqueda de sí mis-mos. Embriagado el Ser Humano por los razonamientos sociopolíticos, abrumado con motivos articulados en un orden incorrecto, nunca podrá alcanzarse a sí mismo en toda su Totalidad. Sólo a través del Yo Real, ese Ser Superior que se agita poderosamente muy dentro de Nosotros, ese que nos llama, se desplaza hacia lo Superior, y que vive sin nunca morir. Hay que alcanzar la otra zona, esa zona interna, a las que el psicoanálisis no puede penetrar y ni siquiera delimitar, esa zona que aunque muramos, esa Gran Luz Interior perdura, esa Zona Luz Violeta donde se refugia el verdadero misterio.
La comprensión, humana se detiene a cierto nivel. Por debajo, o por en-cima, o alrededor hay que vislumbrar ese Yo Superior, tan luminoso, que los reflectores poco luminosos de la inteligencia profana no la pueden encontrar; se ciegan ante tanta Luminosidad. Pues la Vida Real, la vida completa yace ahí, que sólo se llega a explorarse a través de la Acción, a través del Hacer. Los buenos masones lo saben: después de unos años de vida masónica se llega finalmente el momento en que hay que lanzarse hacia dentro de sí mismos, cual mariposas enamoradas de la llama lu-minosa, seguros del no regreso, ahí nos aniquilaremos en Dios “El Gran Arquitecto del Universo” nos fundiremos en Él. El conocimiento masó-nico final y verdadero, se obtiene a ese precio. Es darnos cuenta al final que siempre fuimos. Él, nos deja así en una especie de éxtasis y frenesí espiritual indescriptible. El método es simplemente dejarte llevar por la Divinidad Interior, Ella misma te ayudará, todo consiste en ir hacia Ella.
LA HERENCIA ROSA CRUZ EN
LA FRANCMASONERIA
1.- ¿Una Reforma dentro de la Reforma?
Una fuerte corriente de influencia en la francmasonería y tal vez la más importante –pues la atraviesa como un rayo luminoso en casi todos sus ritos- es la proveniente de la Hermandad de la Rosa Cruz, cuya irrupción pública se remonta a la Alemania de principios del siglo XVII.
Tal ha sido la influencia de los rosacruces en la francmasonería que, justo es decirlo, no existe rito masónico que no haya incluido en el centro mis-mo de su doctrina a la herencia rosacruz. Pero nuestro propósito va más allá de señalar al factor rosacruz dentro del vasto campo del ocultismo moderno, sino enmarcarlo –como propone Frances Yates- como puente entre el Renacimiento y la revolución científica, pues la aurora rosacruz ha de reivindicarse, tarde o temprano- como la bisagra, el eje de transi-ción entre el mundo mágico de los grandes filósofos renacentistas y el nacimiento incipiente de la investigación científica tal como se concibe en la actualidad.
Los rosacruces irrumpieron en Europa en pleno siglo XVII, en una época signada por transformaciones profundas, en momentos en que la cristian-dad se resquebrajaba en pedazos y Roma perdía el control sobre los vas-tos territorios septentrionales ganados por los reformistas protestantes. El cisma había separado a Europa, dividiendo el norte del sur. Su comienzo se fija en 1,517, un siglo antes de la irrupción de los rosacruces, cuando Martín Lutero, teólogo alemán nacido en 1,483, proclama sus famosas 95 propuestas, anunciando la Reforma, en un panfleto clavado en la puerta de la iglesia de Wittemberg.
Lutero estaba escandalizado por las costumbres imperantes en Roma, ciudad en la que había estado en 1,510. Retomaba, esta vez con mayor virulencia –y un clima político más favorable- las ideas de Jean Hus, el díscolo rector de la Universidad de Praga que, a principios del siglo XV, denunciara los abusos de la jerarquía romana, los crímenes de simonía y la venta de Indulgencias por parte del clero. Pese al apoyo del Empera-dor, Hus había tenido que comparecer ante el Concilio de Constanza, que lo declaró hereje y lo condenó a la hoguera.
Pero la situación política había cambiado. A diferencia de Hus, Lute-ro obtuvo, rápidamente, el apoyo de los príncipes alemanes que veían en esta Reforma llevada contra Roma, un medio para poner límites a la influencia de los Habsburgo, la dinastía católica que reinaba sobre el Imperio Austro-Hungaro, heredero del Sacro Imperio de Carlomagno. A Lutero –afirma Yves-Fred Boisset- no le gustaban los herejes, sin embar-go, fue bajo su protección que surgió en Alemania, al principio del siglo XVII -propagándose principalmente en Inglaterra y Holanda- la clandes-tinidad, de ciertas corrientes de las que el rosacrucianismo constituiría el punto culminante y la síntesis.[1]
Es por ello que el movimiento rosacruz no puede concebirse sin la in-fluencia humanística del Renacimiento, sin la tragedia espiritual de la Reforma y sin el anhelo de un conjunto de almas nobles que creían en la posibilidad de unificar nuevamente a la raíz espiritual de Europa. Sin em-bargo, mientras la Reforma protestante es religiosa y política, la Reforma Rosacruz es filosófica, teosófica y mística.
Fue como un nuevo amanecer capaz de evocar a todos los grandes magos del Renacimiento, resucitándolos en el corazón de un portentoso secreto. Nadie, jamás, vio el rostro de los primeros rosacruces, pero fueron ellos quienes reunieron a los espectros de Cornelio Agrippa, Marcillo Ficino, Pico Della Mirándola, Dante y muchos otros nombres del denominado Quatrochento, elevándolos a la categoría de arcontes de la sociedad se-creta más romántica de nuestra historia: La Hermandad de la Rosacruz. A ellos debemos la fusión de tres corrientes que marcaron un hito en la historia del pensamiento: El Hermetismo, la Alquimia y la Cábala, de allí su influencia posterior en todas las órdenes iniciáticas que surcaron el firmamento europeo en los siglos posteriores, pero muy especialmente en la francmasonería.
La influencia ejercida por estas corrientes sobre el pensamiento de in-telectuales y científicos, dio su impronta a la era de las Utopías, como la que describe Francis Bacon en La Nueva Atlántida, que inspiraría los sueños de la nación americana. Bacon es considerado una de los Grandes Maestres de la Orden Rosacruz.
2.- Sociedades Secretas y Revolución Científica
Filósofos y científicos, astrónomos y alquimistas, líderes religiosos de la Reforma, aristócratas y monarcas se interesaron en la hermandad y buscaron afanosamente ingresar en ella, o se inquietaron ante un orden desconocido detrás del cual intuían un poder por encima del poder. Cabe preguntarse: ¿Cuál fue ese rol político? ¿Qué razones permiten afirmar que la Hermandad de la Rosa Cruz actuó en el preciso momento en que la Reforma intentaba arrebatarle el control del Sacro Imperio a la potencia habsbúrguica de la Casa de Austria?
Existen razones de peso y un nutrido archivo documental que permiten afirmar que la Hermandad Rosa Cruz no sólo fue una corriente de pen-samiento o una Reforma paralela sustentada en la búsqueda de nuevos horizontes científicos y de fuerte contenido místico. Su expansión en Alemania bajo el control del movimiento luterano y su fuerte posición en contra de Roma y el papado ubican la acción de los rosacruces del siglo XVII en un escenario político tan fascinante como su aspecto esotérico. ¿Existió en verdad una Hermandad Rosa Cruz organizada? ¿O se trató del esfuerzo individual de un conjunto de hombres geniales que habían alcanzado un grado de sabiduría que excedía la media de su tiempo? A diferencia de sus herederos modernos, los rosacruces del siglo XVII parecen haber carecido de organización; sin embargo una serie de indi-cios contradice esta teoría y afirma que no sólo estaban unidos por la-zos fraternales sino que conformaban un verdadero Colegio, tal como lo anuncian los manifiestos. Yendo aún más lejos, sorprende el hecho de que numerosos investigadores afirmen que la Hermandad, como tal, ya existía en el siglo XV y que se mantuvo oculta hasta llegado el momento de actuar a principios del siglo XVII.
Sea cual fuera el grado de organización, la imagen que ha perdurado respecto del rosacruz de la época de los manifiestos, es la de un sabio citadino, solitario, dedicado a la ciencia, tal como se la entendía en aquel momento –recordemos que en el siglo XVII la palabra química era sólo
un sinónimo de alquimia- inmerso en experimentos en torno a las fuerzas elementales de la naturaleza, la transmutación de los metales y la bús-queda de la Piedra Filosofal. Si hubiese que definir un término que sim-plificara el sentido de su trabajo, diría que el rosacruz de aquella época primigenia es el prototipo del hombre que realiza la Gran Obra y que ese es su principal secreto.
Pero esta afirmación se torna relativa, o al menos parcial, cuando vemos en la lista de los primeros rosacruces a hombres políticos, inmersos en intrigas palaciegas, estrategias militares y utopías diversas. Sabemos que individuos de indudable peso público como Francis Bacon, Robert Fludd y hasta el propio Isaac Newton tuvieron su papel en esta historia y que su protagonismo, lejos de constituir una leyenda, se encuentra ampliamente documentado por los cronistas de la época.
3.- El Colegio Invisible y Los Primeros
Manifies-tos. La Llama de la Fraternidad y otros libros mis-teriosos
Si repasamos los nombres que son identificados como los precursores del rosacrucianismo nos encontramos con Paracelso (1493-1541), Jacob Boheme (1575-1624), Baruj Spinoza (1632-¿?), Juan Amneos Comme-nius (1592- ¿), Giordano Bruno (1548-1600) Robert Fludd (1574-1637), John Dee (1527-1608) etc. Sus trabajos marcan la época de una profunda transformación del conocimiento. Entre los más renombrados rosacruces aparecen las figuras de Isaac Newton, de Francis Bacon y de Elías Ash-mole, que no sólo influirán notablemente en el rumbo de la ciencia mo-derna sino que inspirarán, como el caso de Bacon y su Nueva Atlántida la utopía de una República perfecta que se verá plasmada en el sueño de los Padres Fundadores de los Estados Unidos de América.
Comprenderá el lector porqué razón, el factor rosacruz, resulta amplia-mente expuesto en El Símbolo Perdido.
Todo esto nos permite afirmar que los rosacruces del siglo XVII –sin abandonar su devoción por los grandes exponentes del pensamiento
má-gico renacentista- traccionan, impulsan y conducen a la sociedad hacia un futuro que ellos mismos están creando a través de la ciencia experi-mental y la política. Vale la pena detenerse en este concepto: Al generar un nuevo método de acceso al conocimiento y al inspirar un nuevo mo-delo de organización política, estos hombres, mezcla de místicos y cientí-ficos, crean, literalmente, el futuro. Remarcamos esta afirmación porque no debe pasar desapercibida al lector.
En El otro Imperio Cristiano[2], hemos hablado extensamente de los ma-nifiestos rosacruces. En el año 1,614 Alemania se vio sacudidas por la publicación de un libro. En la ciudad de Cassel, editada por Wessel, vio la luz la primera edición de la Fama Fraternitatis (La llama de la Frater-nidad) y con ella irrumpió en el mundo un nuevo mito: La Hermandad de la Rosa Cruz. Esta nueva cofradía, supuestamente integrada por adeptos capaces de curar, de dominar a las fuerzas de la naturaleza y de poseer los antiguos secretos de las escuelas de Oriente, se presentaba ante el mundo luego de haber permanecido en secreto durante siglos. El manifiesto su-gería que había llegado la hora de que la hermandad se diera a conocer e hiciese público su objetivo. Europa, sacudida por las guerras de religión y fascinada por el redescubrimiento de las antiguas filosofías, la recibió con expectativa y no poca ingenuidad.
La primera parte del manifiesto está dedicada a un análisis de la situación del mundo y al planteo de una reforma general en el orden religioso, po-lítico y social. Se sostiene que las iglesias ya no son el marco excluyente de la salvación sino que ésta es consecuencia del esfuerzo individual, de la purificación del corazón y de un impulso de naturaleza mística. Establece puntos de encuentro entre la antigua tradición judía, ...la que heredó Adán después de la caída y que practicaron Moisés y Salomón... y las doctrinas esotéricas del mundo clásico: ...Lo que establecieron Platón, Aristóteles o Pitágoras; lo que confirmaron Henoch, Abraham, Moisés y Salomón; allí donde la Biblia coincide con el Libro de las Maravillas... Los rosacruces ofrecían al mundo moderno un reservorio único de la Sabiduría Antigua… Luego trata acerca de la organización de la Frater-nidad y describe la historia de su fundador, quien es presentado en un principio sólo con las iniciales C. R.
La leyenda pretende que este misterioso personaje nació en 1,378 en Ale-mania. Su familia era de origen noble pero muy pobre, por cuanto a la edad de cuatro años fue entregado a una abadía en la que recibió una buena educación y aprendió las lenguas antiguas. A los dieciséis años partió a Palestina, acompañado de una suerte de tutor, pero éste muere en Chipre, momento en que Christian Rosenkreutz –tal el nombre de nuestro peregrino- decide continuar su viaje en soledad. Enfermo, llega a Arabia, en donde recibe un conocimiento arcaico de sabios árabes. Estos hombres, que aparentemente lo estaban esperando, le comunican los se-cretos de la naturaleza y de las ciencias y le permitieron traducir al latín el misterioso libro M.
Luego emprende un viaje por el golfo arábigo y recala en Egipto; recorre el mediterráneo hasta llegar a la ciudad de Fez, en Marruecos, donde ciertos “habitantes elementales” le encomiendan la misión de transmitir la sabiduría recibida durante su largo viaje y fundar una sociedad secreta. Pasa a España y luego se retira del mundo durante cinco años. Finalmen-te, se hace de tres fieles discípulos de los que sólo sabemos sus iniciales Estos le juran fidelidad y redactan una serie de conocimientos según el dictado de su maestro.
Un año después de aparecida la Fama Fraternitatis, fue publicada una segunda obra llamada Confessio. Apareció simultáneamente en Cassel y Frankfort. A poco de comenzar el texto, el autor asume la defensa de la hermandad y lanza un ataque frontal contra la Iglesia Católica y el Papa. Reivindica el cumplimiento de lo establecido en la Fama Fraternitatis como medio de salvación. Anuncia la aparición de nuevas estrellas en las constelaciones de Orión y el Cisne, signos vigorosos de acontecimientos nuevos e importantes... y describe la existencia de una escritura secreta de carácter extraordinario pero incomparable con la lengua de nuestro primer padre Adán, ni tampoco con la de Henoch, ya que todas ellas están sepultadas bajo la confusión babilónica...
Se introducen aquí dos elementos que serán asimilados rápidamente por la tradición iniciática occidental: la existencia de un conocimiento ante-diluviano vinculado a Henoch y la misteriosa existencia de una palabra
perdida. Ambos temas, de trascendental importancia en todas las socie-dades esotéricas modernas.
El tercero y último de los manifiestos rosacruces alemanes, Las Bodas Químicas de Christian Rosenkreutz apareció en Estrasburgo en 1,616 y es de naturaleza diferente a la de los dos anteriores. Describe un episodio sucedido en la vida del personaje cuando ya era un anciano. A lo largo de siete jornadas es sometido a una serie de duras pruebas, tanto de na-turaleza física como espiritual, que sirven de marco para desplegar un complejo sistema de símbolos vinculados a la alquimia.
Sobre el autor de estos tres documentos se han suscitado toda clase de conjeturas; sin embargo la más firme parece ser la que los atribuye al alquimista y filósofo alemán Valentín Andreae, líder de la ortodoxia lute-rana, nacido en la ciudad de Harremberg en 1,586 y muerto en 1,654. Su padre era un pastor luterano y su tío Jacob un célebre teólogo a quien se llegó a llamar el segundo Lutero. El clima anticatólico de los documentos en cuestión se explica, en parte, por esta filiación.
De su vida se sabe que estudió en Tubingia y que fue uno de los más sabios hombres de su tiempo, adquiriendo un profundo conocimiento de las ciencias y de las lenguas clásicas. Su apego al estudio era tal que, en más de una ocasión, su salud corrió serio peligro a causa del esfuerzo que realizaba. Viajó por gran parte de Europa y tomó contacto con muchas de las sociedades secretas que por entonces florecían en las grandes ciu-dades. Él mismo llegó a sugerir que era el autor de tales documentos, sin embargo, lamentablemente, muchos creyeron a pies juntilla la historia de Christian Rosenkreutz y entonces, lo que había sido imaginado como una alegoría, se convirtió en un torrente de órdenes y fraternidades rosacruces cuya saga no termina aún a cuatro siglos de su aparición.
Francis Yates va más lejos y afirma que Valentin Andreae hizo grandes esfuerzos para dejar bien sentado que Cristian Rosenkreutz y su fraterni-dad eran ficticios. Pero como ya hemos dicho, nada más efectivo que la negativa de un secreto para que éste se vea reafirmado de inmediato.[3]
4.- Los Rosacruces en Inglaterra
En Inglaterra la aparición de los tres manifiestos rosacruces produjo un gran revuelo a causa del clima que se vivía como consecuencia de las guerras que libraban católicos y protestantes. En medio de la polémica, Fludd salió en defensa de la fraternidad y, de paso, solicitó ser admitido en ella. Si a John Dee se le atribuye haber introducido la cábala cristiana en Inglaterra, fue sin dudas Fludd el hombre que contribuyó a expandir las doctrinas rosacruces.
Ambas escuelas (cábala y rosacrucianismo) se complementarían en In-glaterra y, juntas, producirían profundas influencias en la francmasonería y otras órdenes creadas con posterioridad. Afirma Francis Yates que la filosofía de la cábala cristiana es sumamente afín a la filosofía rosacruz, tal como la formulan los manifiestos rosacruces y Robert Fludd. Para Ya-tes, es posible comprender mejor el fenómeno rosacruz si se lo relaciona con la cábala cristiana introducida en Inglaterra en tiempos de Isabel I.[4] En 1,617, Robert Fludd publicó en Inglaterra un tratado en el que defen-día la seriedad de la sociedad de los rosacruces y muchos creen que fue él quien introdujo las ideas rosacruces en la francmasonería inglesa.[5] Se cree que Fludd tuvo un vínculo estrecho con Iñigo Jones –Gran Maes-tre de los masones de Londres- y que participó del círculo más íntimo de la dinastía Estuardo en sus comienzos. Desde allí impulsó el rosacru-cianismo francmasónico cuya expresión más cabal sería recogida por la tradición escocesa estuardista y daría nacimiento al grado de Caballero Rosacruz.
De lo expuesto hasta aquí resalta que, desde la aparición de la Fama Fra-ternitatis hasta la pegatina de carteles de París, tiempo en el que transcu-rrieron apenas ocho años, los autores de estos manifiestos provocaron la agitación de los círculos intelectuales de Europa.
5.- La Represión y el Silencio antes de la Tormen-ta Rosacruz
Los primeros manifiestos rosacruces continuaron imprimiéndose frené-ticamente hasta fines de la segunda década. Fue entonces cuando, brus-camente, se dejó de producir literatura rosacruz, que fue suprimida como consecuencia del derrocamiento del Elector Palatino de Bohemia y de la conquista de este reino y del Palatinado por parte de los ejércitos ca-tólicos. Luego de la tragedia de Praga, la situación política y el peso restaurado de la Iglesia Católica llevaron a los rosacruces a un prudente silencio. Pero no tardarían en abrir un nuevo frente. En agosto de 1,623, la ciudad de París amaneció empapelada con un manifiesto que provenía, supuestamente, del corazón de la Hermandad de la Rosa Cruz. Se desató la tormenta.
La proclama causó inquietud en la población, inquietud que pronto se convertiría en pánico cuando algunas publicaciones no dudaron en re-lacionar a los rosacruces con la hechicería, la nigromancia y los pactos con el demonio. El temor surgió en el momento menos esperado, cuando el reino comenzaba a pacificarse a consecuencia de la brutal represión católica.
Yates menciona entre las causas del pánico a una obra anónima, editada inmediatamente con el impactante título de Horribles pactos hechos por el Diablo con los Invisibles. En ella se exponía otra versión de los famo-sos anuncios y se afirmaba que el Colegio Invisible estaba constituido por treinta y seis sabios, distribuidos en el mundo en grupos de seis. Afirmaba que habían celebrado una asamblea en Lyon –en vísperas del Gran Shabat- en la que habían decidido enviar a seis de ellos a París. Para espanto del público, el líbelo rebelaba que en plena asamblea se había presentado el Príncipe de las Tinieblas, en persona, ofreciéndoles todo tipo de poderes a cambio de que abjurasen de la fe cristiana.
Afirma Yates que la edición de este libro tuvo por objeto convertir a los rosacruces en infames hechiceros, sembrando el terror entre los parisinos y provocando la persecución.[6]
Un segundo manifiesto aparecería poco después en la ciudad. El clero, inquieto, se encontraba incapaz de dar con los autores. Tanto la jerarquía
de la Iglesia Católica como del Estado estaban al tanto de la cuestión rosacruz en Alemania. Sin embargo, la metodología empleada en Francia –los carteles en las calles- había resultado mucho más audaz que la circu-lación restringida de los manuscritos. De este modo se había provocado la inquietud pública que fue definida como un huracán de rumores por el cronista Gabriel Nandé.
Los testimonios de Nandé y del jesuita Francoise Garasse, constituyen documentos importantísimos para comprender lo que ocurría en torno a la irrupción del Colegio Invisible, pues ambos publicaron obras sobre el tema, testimoniaron la situación y contribuyeron a formar opinión sobre la misteriosa hermandad. A esta altura del relato, el lector entenderá que los rosacruces han sido algo más que un hecho curiosos de la historia. Respecto de los carteles, Yves-Fred Boisset[7] y Francis Yates[8] coinci-den en que la primera reacción de la Iglesia fue atribuirlo a una farsa estu-diantil, mientras que las autoridades civiles pensaban en una provocación de los jesuitas. A causa de esta confusión, fueron a buscar al joven erudito Gabriel Nandé, historiador y bibliógrafo que llegaría a ser bibliotecario del cardenal Richelieu y de Mazarin. Inmediatamente confirmó que venía estudiando a la misteriosa sociedad alemana de la Rosa Cruz.
Publicó inmediatamente un libro titulado Instrucciones a Francia sobre la verdad de los hermanos de la Rosa Cruz, en el que denunciaba que los carteles tenían como objetivo la desestabilización del reino, que habién-dose propagado recientemente en Alemania, la hermandad llegaba ahora a Francia y que la nómina de los autores que reunían sus enseñanzas incluía a Fludd, Dee, Trithemius, Giorgi, de la Candele, Postus de Tirad, Bruno, Llul, Parcelso etc. Es el increíble relato de Nandé el que corrobo-ra el impulso vital de los rosacruces y de su influencia.
Nandé expone la enorme influencia que han tenido la Fama y la Confes-sio y demuestra conocer algunas de las obras del médico y alquimista Michael Maier (1568-1622). Según Nandé la Fama había causado gran impresión en Francia, despertando esperanzas de que estuviese a punto de ocurrir un nuevo avance de la ciencia. Habla del descubrimiento de
Nuevos Mundos, de la invención del cañón, de la brújula, del reloj y de los cambios que hubo en la religión, en la medicina y en la astrología. Los rosacruces –tal como los ve Nandé- traen una nueva Edad de cono-cimientos.
Habla de Ticho Brae, de Galileo y sus nuevos anteojos (el telescopio) y de la inminente instauración o renovación de las ciencias que prometen las Escrituras. Esto último –coincidimos con Yates- se acerca mucho a los ideales de Francis Bacon y su Nueva Atlántida. Muchas de estas tra-diciones quedaron incorporadas en los rituales de la francmasonería.
6.- Los rosacruces y su influencia en la francma-sonería
En trabajos anteriores nos hemos referido extensamente a la influencia-rosacruz en el mundo masónico. Citaremos aquí los aspectos esenciales. La primera referencia indirecta de la relación entre rosacruces y masones aparece en un poema editado en Edimburgo en 1638, que en una de sus estrofas dice:
Porque somos hermanos de la Rosa Cruz
Tenemos la palabra del masón y una segunda vista, Podemos predecir correctamente las cosas que vendrán...
Aunque confuso, el texto parece referirse a los poderes mágicos de los rosacruces, entre los que aparece la palabra del masón. Ya hemos visto que en la masonería primitiva se menciona la pérdida del idioma origi-nal, circunstancia que aparece reiteradamente en el simbolismo masónico moderno y que se encuentra también en la cábala hebrea. Pero es en el grado 18° del Rito Escocés Antiguo y Aceptado en donde esta cuestión aparece con más claridad.
En la apertura de los trabajos, los vigilantes anuncian a los caballeros: Venimos a buscar la palabra perdida y con vuestra ayuda esperamos en-contrarla... Gran parte de la ceremonia de ascenso a este grado gira en torno de esa búsqueda y su punto culminante es su hallazgo. Los trabajos
se cierran a la hora en que ...la palabra sagrada fue hallada, cuando la piedra cúbica se transformó en rosa mística...
También en el Rito de Kilwinning –uno de los más antiguos- aparece la piedra cúbica sobre la que se coloca una rosa marchita. De igual modo que en el rito anterior, los caballeros lamentan la destrucción del Templo y marchan a un lugar desolado y oscuro en busca de la palabra perdida. Un antiguo ritual de 1887 dice que cuando la palabra perdida ha sido encontrada...el hombre recobra los derechos de su antiguo origen y la naturaleza se yergue...[9]
Es posible que esta tradición ya estuviese presente en la masonería ingle-sa a la llegada de los manifiestos roingle-sacruces y que las tradiciones refe-rentes a la pérdida de la palabra sagrada fueran introducidas con anterio-ridad por los cabalistas cristianos, de modo que las primeras sociedades rosacruces creadas en Inglaterra encontraron la “palabra del masón” en coincidencia con su propia tradición.
El primer documento impreso que prueba el vínculo entre masones y rosacruces es un opúsculo masónico del año 1,676 que dice: ...Se avisa que la Asociación Moderna del Listón Verde, junto con la Antigua Her-mandad de la Rosa Cruz, de los Adeptos Herméticos y de los Masones Aceptados, tienen la intención de cenar todos juntos el próximo 31 de noviembre...[10]
Treinta años antes, un hombre estrechamente vinculado al movimiento rosacruz, Elías Ashmole (1,617-1,692) era iniciado en la región del Lan-cashire: El propio Ashmole describe en su diario personal que fue admi-tido a una logia masónica en Warrington el 16 de octubre de 1,646, en el que agrega una lista de personas iniciadas en la misma época.
Este testimonio es de enorme valor por cuanto es considerado el más an-tiguo documento privado que describe las circunstancias de la iniciación de un individuo en la francmasonería. Y no se trata de cualquier indivi-duo. Ashmole fue un anticuario que coleccionó antiguos manuscritos y dedicó su vida al estudio de la cábala, la alquimia y la astrología. Fue uno
de los 114 miembros fundadores de la Real Sociedad y en su colección de documentos puede hallarse una traducción al inglés –hecha de su puño y letra- de los tres manifiestos rosacruces alemanes. No sólo eso: Ashmole guardó una copia de una carta dirigida a los muy iluminados Hermanos de la Rosa Cruz solicitando ser admitido en la sociedad. Yates cree que esta carta fue un “acto privado” una suerte de plegaria que en realidad no estaba dirigida a nadie en particular [11] Otros creen, por el contrario, que Ashmole formó parte del nutrido grupo de rosacruces que integraron la Real Sociedad entre los que también se encontraba Isaac Newton y Jean Theophile Désaguliers, cuyo papel en la fundación de la Gran Logia de Londres en 1,717 lo ha convertido en uno de los padres de la masone-ría moderna.
Este conjunto de tradiciones, que hemos tratado de describir de manera ordenada, convergen finalmente en la leyendas masónicas. Podría decirse que toda la doctrina masónica está contenida en las leyendas que dan vida a cada grado y que estas son trasmitidas en el seno de las logias y los ca-pítulos, en la Casa del Templo; en el templo que ha tomado como modelo al más famoso de nuestra tradición: El Templo de Jerusalén.
Marino de Armas Benítez, 33º S:.G:.I:.G:. / H:.R:.A:.K:.T:.P:.
En los últimos años oímos el lema Orgullo de ser Masón, dedicándo-se tiempo y esfuerzos para que los masones reconozcan públicamen-te su condición. Bajo el velo a de-cir de algunos:…que la masonería esté presente en la sociedad... y afirman estar creando condiciones sociales profanas, para quienes manifiesten tal condición se sien-tan a gusto…que no sea una ver-güenza, que no sea un lastre, que sea un motivo de orgullo decir soy masón…
Son mis intenciones analizar esas afirmaciones y aportar algunas de las enseñanzas de la antigua francmasonería, olvidadas para algunos e ignoradas para otros al considerarlas arcaicas. Diciendo inicialmente:
• El hecho de pensar:…cuan-do los masones reconozcan pú-blicamente su condición, la ma-sonería estará más presente en la sociedad…, roza lo inadmisible pues constituye un intento de con-dicionar la libertad de opinión y expresión de cada masón. Si
agre-ORGULLOSO DE SER MASON VERSUS SER
UN MASON DIGNO
gamos que el ser humano tiene la potestad de obrar según considere y elija; queda demostrado que también constituye un intento de cortar el libre albedrio de los masones.
Esa necesidad del reconocimiento de otros, es poco saludable, muestra una clara inseguridad personal y expresa que busca en el exterior lo que no tuvo nunca en su interior. La francmasonería como institución es per-fecta, pero el hecho de ser masón no asegura que seas una buena persona. He conocido a muchos profanos, con tantas virtudes como un francma-són antiguo.
• Considerar que un masón siente vergüenza o le es lastre el hecho, de ser miembro de la francmasonería y por ello no reconoce públicamen-te su condición. Es inaceptable, pues de ser así los únicos y verdaderos responsables son: primero quienes respondieron por él como padrinos pues no le explicaron adecuadamente el paso que daría y la verdad de que encontraría en nuestra orden; segundo la Logia que lejos de inculcar los valores morales de nuestra orden, provocaron con sus actos la desilusión y el desamor llevándole a retirarse. Invitándoles a meditar sobre lo que decimos, pues estamos:…tirando piedras contra nuestro propio tejado, que suele ser de cristal…
Las cualidades pueden ser de dos tipos innatas o adquiridas con el paso del tiempo, por ello un masón tiene que tener muy claro que entre orgullo y dignidad existe una gran diferencia; evitando confundir estar orgullo de ser masones con ser un masón digno. El orgullo requiere de la aprobación de los demás para así ganar grandeza; sin embargo la dignidad nunca busca la aprobación social sino la personal, dejando a un lado la vanidad y la soberbia.
El orgullo nos lleva a un exceso de estimación propia, pues se considera superior a otras personas por el simple hecho de ser masones. Cuando estamos a igual altura, solo que buscamos respuestas a preguntas que en el mundo profano no encontraríamos. Ese orgullo tan proclamado con lemas, fanfarria, proclamándose digno de un elevado mérito y empleando diversos medios para forzar que la sociedad se lo reconozca. Demuestra
egoísmo, arrogancia, vanidad, presunción y soberbia; señalando que su piedra todavía esta bruta y seguramente sería incapaz de pedir perdón por falta de proyección al pretender que hermanos discretos quienes solo buscan su crecimiento interior promulguen su condición masónica, he-cho que podría acarearles dificultades pues aun viviendo en democracia algunos pequeños grupos de personas permiten pero no toleran a los li-bres pensadores. Por ello debemos ser masones dignos, no proclamarnos orgullosos de ser masones.
Todo ser humano por el simple hecho de serlo tiene un valor inherente y se llama dignidad; no se trata de una cualidad otorgada por otra persona, nacemos con ella pues somos seres humanos. Masónicamente hablando cuando un profano (ser humano) decide dar el paso de la iniciación; lo hace porque comprende que la francmasonería es la institución orgánica de la moralidad, y en su seno se trasmiten valores morales de generación en generación.
Por ello cuando nacemos como masón, adquirimos un valor inherente ser un masón digno; y solo sus acciones ante la vida, la sociedad, su familia, etc. serían los que reducirían ese valor surgido en su corazón al ser inicia-do en nuestra augusta institución. Toinicia-do miembro de la francmasonería, es un digno merecedor del respeto y consideración de la sociedad en la cual vive.
Otra cosa bien diferente es considerar que la sociedad actual, no sabe valorarlo. Si fuera cierto, que la sociedad española actual no reconoce la dignidad y valía de la francmasonería ¿Cómo es posible, que seamos una asociación legalmente constituida y reconocida por el Estado Español? ¿Cómo es posible, que la Universidad Nacional de Educación a Distancia en España oferte las siguientes titulaciones: Master en Historia de la Ma-sonería en España y Especialista Universitario en historia de las órdenes, corporaciones, academias y sociedades filantrópicas y fraternales?
Conclusión:
intenciones, pues en este aspecto la respuesta es clara y contundente, primero la sociedad en su mayoría y estado español reconocen la ho-norabilidad e historia de la francmasonería y sus miembros; segundo el decreto Ley 52/2007 reconoce el derecho a la reparación moral y a la recuperación la memoria personal y familiar, de los masones víctimas del franquismo:
Artículo 2-1:…Se reconoce y declara el carácter radicalmente injusto de todas las condenas, sanciones y cualesquiera formas de violencia perso-nal producidas por razones políticas, ideológicas durante la Guerra Civil, así como las sufridas por las mismas causas durante la Dictadura… Artículo 2-2:…Las razones a que se refiere el apartado anterior incluyen la pertenencia, colaboración o relación con partidos políticos, sindicatos, minorías étnicas, sociedades secretas y logias masónicas…
Seguramente todos habrán oído hablar alguna vez del Efecto Maripo-sa (ese pequeño cambio, que puede generar en consecuencia un cam-bio enorme). Para ningún francmasón es indiferente la frase…Ordo Ab Chao...; tampoco el comprender que del caos surge el orden y en el orden puede existir forma alguna del caos.
El llamado Efecto Mariposa, es un concepto que viene a demostrar la interrelación de causa-efecto que se da en todos los eventos de la vida. Desde fechas anteriores a 2016 se hablaba del Orgullo de ser Masones; en 2,017 de Honorabilidad de la Masonería, invitándose al Sr. Carles Puigdemont Casamajó presidente de la Generalitat. ¿En el futuro que será? ¿Qué buscan en realidad?
MUJER: DEL PALEOLITICO AL SIGLO XXI
MUJER: DEL PALEOLITICO AL SIGLO XXI
Durante las últimas glaciaciones, en los últimos compases del Paleolítico comenzaron a tallarse unas pequeñas, pero llamativas esculturas feme-ninas, asociadas con el culto a antiguas divinidades que hoy conocemos como Venus prehistóricas.
Son figuras de mujeres, generalmente, desnudas y regordetas, con los atributos sexuales pronunciados (pechos y abdomen prominentes), que podrían haber sido talladas por las propias mujeres, en la visión que ellas mismas tuvieron de su embarazo.
La Venus de Lausel y la Venus de Willendorf, son las más conocidas de todas las representaciones de estas diosas primitivas relacionadas con el culto a la fertilidad. Algunos expertos las interpretan como modelos de belleza paleolítica o bien de estatus social, al estar rollizas, es decir, bien alimentadas. Otros, en cambio las consideran divinidades de la fecundi-dad, representantes de la Madre Tierra.
Su pequeño tamaño y fácil manejo no hace descartar que podría tratar-se de simples amuletos. La mayoría son de bulto redondo realizadas en marfil, hueso o material lítico, cuya característica, es la exageración de los rasgos sexuales.
Se las bautizó como Venus, calificándolas de esculturas eróticas por sus marcadas formas femeninas. Después, esa idea fue abandonada siendo sustituida por otra teoría más oportuna; la Venus simbolizaba la fuerza de la naturaleza y el poder de la fertilidad.
La ciencia todavía no tiene clara la importancia de estas figuras para aquellas comunidades del Paleolítico Superior. Pero queda claro en cam-bio, que se trató de la plasmación de una idea generalizada por todo el continente europeo, ya que su presencia se reparte por una gran zona geográfica desde el Midi francés hasta Siberia.
¿Divinidad o, belleza?, ¿obesidad o embarazo?, ¿éxito, protección, segu-ridad, fertilidad? Cual pudo ser su verdadero significado… Una incógnita abierta más, entre tantos otros enigmas del Paleolítico.
Hacia los albores del Neolítico y en Europa hace unos 40,000 años, se produjeron unos cambios gigantescos, de tipo biológico y cultural. El hombre moderno, comenzaba a relevar al Neandertal, y surgió una nueva tecnología para elaborar herramientas, que inauguró el Paleolítico Supe-rior. Todo ello en un clima hostil, frío, con muchas oscilaciones, donde la fertilidad era un elemento fundamental para la supervivencia de la nueva especie humana, a la que nosotros pertenecemos.
per-petuar la vida en un mundo durísimo para ellas y sus clanes. De manera que, podemos imaginar en estas “Venus prehistóricas”, a unas verdaderas diosas de la procreación representadas en pequeñas estatuillas, con unas enfatizadas proporciones de sus genitales y órganos sexuales, propias del estado de gestación; senos, vientre, nalgas y caderas abultadas de sobre-manera, mientras que otros rasgos como el rostro, apenas se muestran esbozados.
La Venus de Willendorf es reconocida desde su descubrimiento hace un siglo, como modelo de la belleza paleolítica.
Se trata de una conocida estatuilla de piedra caliza de apenas 11 cm de alto por 5 de ancho, que ha planteado numerosos enigmas a todo aquel que haya profundizado en su estudio. Tiene más de 25,000 años de exis-tencia y cuando fue encontrada a orillas del Danubio levantó todo tipo de conjeturas debido a sus marcados atributos sexuales, que los expertos no tardaron en relacionar con el concepto de fertilidad.
Tallada en piedra caliza, con un exceso de grasa corporal en su parte superior, está representada con un gran desarrollo mamario y un vientre
prominente interpretados como una situación típica de embarazo. Hoy es parte de la exposición más destacado del Museo de Historia Natural de Viena.
Venus de Brassempouy o Dama de Brassempouy es un fragmento de es-tatuilla femenina de marfil. Se data en el Paleolítico Superior y es una de las más antiguas representaciones detalladas del rostro humano.
La Venus de Brassempouy se puede visitar en el conocido museo de Saint-Germain en Laye (París), pero, como el marfil está en tan mal esta-do y es muy sensible a los cambios de temperatura y humedad, no forma parte de la exposición permanente, sino que sólo se expone con motivo de ciertas exposiciones temporales.
La Dama de Brassempouy es una diminuta escultura tallada sobre marfil de mamut, de 3,65 centímetros de altura, 2,2 de ancho y 1,9 de grosor.
Es la cabeza de una mujer representada de forma más esquemática que realista, de rostro triangular, con la nariz y las cejas bien perfiladas, pero sin boca ni ojos. Está tocada por lo que algunos piensan que es un peina-do muy elaborapeina-do y otros creen que es algún tipo de gorro o capucha. El debate sobre este punto sigue abierto. Quizá solo se trata de la melena re-producida de una forma muy estilizada. Su antigüedad ha sido estimada entre 26,000 y 24,000 años, pertenece por tanto a la fase del Paleolítico Superior conocida como gravetiense. Aunque es única, esta figurita no es un objeto aislado. Forma parte de un conjunto de pequeñas esculturas encontrado a finales del siglo XIX en la Grotte du Pape (Cueva del Papa), una cavidad de las varias que forman el yacimiento de Brassempouy, a 2 kilómetros de la localidad que le da nombre, en el sur de las Landas (Francia).
“El arte portátil (mueble) de la Era Glaciar incluye miles de grabados y esculturas de pequeños objetos en piedra, hueso, asta y marfil”, explican Colin Renfrew y Paul G. Bahn en su ya clásico manual ‘Arqueología: teorías, métodos y práctica’ (editado por Akal). “La gran mayoría de las figuras identificables son de animales, pero, tal vez, las piezas más famo-sas sean las llamadas figurillas de ‘venus’, como la Venus en roca caliza de Willendorf, Austria. El frecuente énfasis en los pechos y nalgas de las figurillas posiblemente señale una relación de las mismas con la fecun-didad”. Cuando se llevaron a cabo las primeras excavaciones en Bras-sempouy estas estatuillas eran todavía una rareza novedosa. De hecho, cuando Piette llegó al lugar solo tenía conocimiento de la existencia de una, la llamada Venus impúdica, encontrada por el marqués de Vibraye en Laugerie-Basse (Dordoña), en 1,864. Había alguna otra representa-ción femenina, como la Femme au renne, grabada sobre un asta, encon-trada en el mismo yacimiento, y estaban las estatuillas de Grimaldi, que permanecían inéditas por motivos comerciales y de las que Piette todavía no tenía conocimiento.
¿DIOSAS O AMULETOS?
Esta y otras figuras paleolíticas, como la Venus de Grimaldi, de Kostien-ki, de Laussel, o de Lespugue, entre otras, son objetos conectados con el
estilo de vida y las creencias de aquellas primitivas comunidades huma-nas. Es destacable su pequeño tamaño. Se trata de figurillas entre los 3 y los 22 cm, fáciles de manipular, concebidas para caber en la palma de una mano. Es por ello que también se piensa que pudieron ser empleadas como colgantes o amuletos para protegerse de la enfermedad y atraer la salud, la fertilidad y la abundancia, o bien que formaron parte de sus rituales cotidianos.
SIMBOLOS SEXUALES - LA VULVA
Desde la aparición del hombre de neandertal, la representación de los órganos reproductivos de la mujer ha sido una constante que tuvo su con-tinuidad en el mundo antiguo.
A diferencia del falo masculino, escasamente representado en tiempos prehistóricos, la vulva femenina fue el símbolo artístico más recurrido interpretado como la representación física de la necesidad vital de per-petuación de la especie humana, cuando estas zonas púbicas de las Venus se representaban mediante una incisión triangular. Pero las Venus como en general el arte prehistórico fueron evolucionando hacia la
esquema-tización, así que la forma de representar la vulva también varió, perdien-do aquella primitiva tendencia al naturalismo. Sin embargo, este énfasis en representar los genitales femeninos durará hasta la aparición de las primeras manifestaciones artísticas griegas, influyendo en su génesis y posterior desarrollo.
- LOS PECHOS
En este culto a la fertilidad también fueron predominantes los senos fe-meninos prominentes como símbolo de reproducción y continuidad de la especie. Aunque atípicas, también se han encontrado esculturas femeni-nas con más de dos mamas, peculiaridad que se da también en elementos pertenecientes a otras culturas y épocas.
DIFRENTES TEORIAS
Pese a estas interpretaciones, la ciencia todavía no tiene tan clara la importancia de estas Venus para aquellas la culturas del Paleolítico su-perior y toma distancia, más bien, de las frecuentes interpretaciones que las muestran como símbolos eróticos, de fertilidad o simplemente como diosas.
Otros científicos, sin embargo tienen muchas reticencias en identificar-las, precisamente, como manifestaciones divinas de la Madre Tierra. Se-gún plantean, resulta casi imposible encontrar pruebas de que se tratara divinidades representantes de la naturaleza en la cultura europea del Pa-leolítico Superior.
Si bien “la identificación irónica” de estas figuras con “ideales de belleza prehistóricos” satisfizo algunos conceptos en la época en que se descu-brió, sin embargo este concepto primigenio es rechazado en la actuali-dad, ya que los estudios actuales no consiguen ver en estas figuras, con características más bien obesas, la imagen clásica de la belleza.
Entre las muchas teorías acerca del significado de todo este tipo de ico-nografía paleolítica, una parte importante de los investigadores coincide
en que los rasgos de las venus se relacionan con la capacidad de regene-ración de la vida de las mujeres.
El énfasis en los órganos reproductores de la anatomía femenina es resul-tado de la visión que la propia mujer embarazada tenía sobre sí misma, de la autoconciencia de su estado y de los cambios sufridos en su anatomía. De ser así se puede deducir, que habrían sido las propias mujeres las que moldearon estas estatuillas.
Debido al pequeño tamaño y fácil manejo y transporte de estas estatuillas es muy probable que fueran empleadas como amuletos e incluso podrían haber sido utilizadas por las propias mujeres en rituales mágicos de fer-tilidad.
Hay algunas teorías que apuntan a que, incluso, fueron insertadas en la vagina durante estos ritos, mientras que los hombres estaban ocupados en las actividades de la caza, en un paisaje frío de estepa donde deam-bulaban el mamut, el rinoceronte lanudo, el caballo silvestre, el reno, el capricornio, el zorro o el lobo.
LAS DIOSAS MADRE
Una diosa madre es una diosa de la fertilidad. En algunas culturas es re-presentada como la Madre Tierra, siendo la generosa personificación de la Tierra. No todas las diosas pueden considerarse manifestaciones de la diosa madre.
Mitología sumeria y mesopotámia.
Tiamat en la mitología sumeria, Ishtar en la mitología sumeria-acadia-ba-bilonia, Ninsuna en la caldea, Asera en Canaán, Astarte en Siria y Afro-dita en Grecia.
Mitología india
Tiamat
Mitología griega.
En el Egeo, Anatolia y Oriente Próximo se veneraba a Cibeles, en Roma será la Magna Mater. Las diosas olímpicas de Grecia clásica son Hera y Demeter. La diosa minoica era Pornia Theron (Artemisa).
Mitología romana.
Venus fue la Diosa Madre.
Mitología celta.
La diosa Anann a veces conocida como Dana o Danu.
Nerthus que posiblemente persistirá en el culto a Freyia.
Mitología vasca.
La diosa Mari y también Amalur que en lengua vasca literal es “madre Tierra”.
Mitología maya.
Coatlicue y Chimalma.
Mitología inca.
Para los incas fue Pachamama, deidad presente en Bolivia, Ecuador, Ar-gentina, Chile y Colombia.
En la religión cristiana.
El culto a la diosa madre en el cristianismo dio origen al culto a María y advocaciones a las Vírgenes negras. Según el Concilio Vaticano II el culto de hiperdulía (veneración dedicada a la Virgen María, debe ser más intensa que la veneración dedicada a cualquier otro santo católico), no se debe identificar con el culto de latría (que es la adoración exclusiva a Dios). Así en América el culto a María que trajo España se sincretizo en la Virgen de Guadalupe en México, en la Virgen de la Candelaria en Bo-livia y la Meseta del Collao, La Virgen Cocharcas en el Centro del Perú.
LA MADRE TIERRA EN EL SIGLO XXI.
La Madre Tierra y su equivalencia como Diosa madre es un tema que aparece en muchas mitologias. La Madre Tierra es la personificación de la Tierra, generalmente además descrita en varias culturas como una dio-sa fértil, que representa a la tierra fértil; siendo también descrita en algu-nas culturas como la madre de otras deidades, en la que se las ve como patronas de la maternidad. Generalmente se creía esto porque la tierra era vista como madre de toda la vida que crecía en ella.
Virgen de Guadalupe.
Sin embargo, el concepto de Madre Tierra últimamente trascendió la mitología. Las Naciones Unidas, a través de la Resolución 63/278 de la Asamblea General, reconoce la Madre Tierra como “una expresión
común utilizada para referirse al planeta Tierra en diversos países y regiones, lo que demuestra la interdependencia existente entre los seres humanos, las demás especies vivas y el planeta que todos habitamos”, y
a su vez establece el 22 de abril como el Día Internacional de la Madre Tierra.
Pachamama o Pachamama Raymi (Fiesta de la Madre Tierra) se celebra el 1 de Agosto de cada año en nuestra actualidad.
Esta celebración es para agradecerle a la Madre Tierra por habernos nu-trido, acogido, protegido y brindado todo lo que nuestro ser necesita para vivir durante todo el año transcurrido. El primer día del mes de Agosto, día central de la celebración, el hombre no trabaja la tierra, más bien la deja descansar de su magnífico trabajo y le realiza ofrendas, ritual cono-cido como “Pago a la tierra”.
Pago a la Pachamama
Los alimentos que se le ofrenda deben estar cocidos, ya que son una muestra de lo que el ser humano realiza con los productos que nos brinda. También, se le ofrendan, hojas de coca, chicha de jora, semillas huayru-ros (semillas místicas de la selva), entre othuayru-ros.
Los alimentos que se le ofrendan a la Pachamama, Madre Tierra, no son arbitrarios sino que son los mejores que el ser humano tienen en ese
mo-mento y que consideran indispensables para alimentar a su familia duran-te el año venidero. Mientras mejor sea la calidad y variedad de la comida es mejor.
Una vez que se realiza la ofrenda, se la tapa con tierra y algunos le pren-den cigarrillos de tabaco para hacerla fumar.
Esta tradición, integra el aspecto masculino de la naturaleza como son los Apus (montañas sagradas) y el aspecto femenino, La Pachamama (La madre tierra).
El evento, es un reflejo de la relación de reciprocidad que el hombre andino mantiene con la naturaleza y el mundo espiritual. Las culturas andinas, consideran que esta relación reciproca del dar y recibir es lo que mantiene en armonía y unión a la naturaleza y a los hombres.
El pago a la Pachamama es una costumbre muy antigua; desde la anti-güedad, el ser humano acostumbra a agasajar a la madre tierra en forma de agradecimiento por su fertilidad. La civilización pre inca lo hacía y se fue transmitiendo de generación en generación.
En cada lugar donde se realiza el pago a la tierra, hay un encargado, se lo llama “altomisayoq” y se lo elige por sus poderes sobrenaturales en el mundo espiritual. Esta persona es la responsable de realizar la ofrenda (el llamado despacho) e invitar a los presentes a que realicen sus oraciones y pedidos destinados no solo a beneficio personal sino también al de los seres que lo rodean, como así también por aspectos que considere impor-tantes a nivel planetario.
En esta fecha se realizan los siguientes festivales: “Pachamamaraymi” (distrito de Ccatca, y en todo el Cusco), el “Wataqallariy” (distrito de Maras) y el Kinturaymi (distrito de Oropesa, poblado de Huasao).
En todas las culturas del mundo la Madre Tierra o Diosa Madre ha sido objeto de la más alta veneración y como figura cercana de ella todas la especies vivas hembras que incluye naturalmente a la mujer, que es la que traía al mundo a los hombres. Por esta razón durante un periodo de la historia, los hombres fueron gobernados por un sistema matriarcal, cuan-do los calendarios que medían el tiempo se hacían en periocuan-dos lunares, y las diosas mujeres dominaban el panteón divino. Pronto ello cambio y los dioses se impusieron en todas las mitologías con un avatar también universal el Sol, dando origen a la elaboran de los calendarios solares que son utilizados hasta nuestra actualidad. A partir de ello las diosas y la mu-jer cumplirán papeles secundarios en sus correspondientes sociedades. En algunos casos cuando surgen las grandes religiones, la mujer es objeto de todo tipo de marginaciones, entre ellas de la economía familiar que lo hizo dependiente del hombre. Así en el siglo XVIII, cuando en 1,723 se publican las Constituciones de Anderson los llamados “masones
moder-nos”, le quitan la posibilidad de continuar en la masonería, ya que por
entonces la mujer no era libre y para ser masón se requería ser “libre”, cosa que no ocurría desde tiempos pretéritos, donde la mujer al igual que los hombres participaban en la construcción de todo tipo de infraestruc-turas, tal como lo demuestran diversos escritos y evidencias físicas desde la lejana Sumeria hasta nuestra actualidad.
¿No puede ser masón, solo porque es mujer? Cada quién tiene su propia respuesta. En mi caso considero que nada impide a las mujeres para ser masón.
LA MUJER EN LA BAJA EDAD MEDIA
Desde el siglo XII aumenta el número de escritos femeninos, el nú-mero de personas ricas que participan en la vida intelectual y espi-ritual, y el de mujeres que son dueñas, transmisoras de herencias,
Siguen sometidas a la hegemonía masculina, no solo en el terreno cultural, sino en todos los ámbitos sociales. Los testimonios sobre sus expe-riencias cotidianas tienen que seguir interpretán-dose a la luz de las idealizaciones y desprecios masculinos, su comportamiento sigue sujeto a las normas y controles sociales, pero es cierto que se beneficiaron de las posibilidades de una mayor movilidad social y de los cambios culturales y re-ligiosos aunque en este campo fueron frágiles y vulnerables, fuesen místicas o brujas.
La evolución del derecho en la BEM, sin en-trar en detalles según su estamento, abre ciertas tendencias. El derecho medieval pese a su inclina-ción por la enumerainclina-ción de derechos comunes o probados en la práctica cotidiana y las reglas que de este se derivan, tienen un carácter más pres-criptivo que despres-criptivo, por ello expresan más un ideal, el deseo de los legisladores, que la realidad. Y respecto a ellas decir que no participan en la redacción de los códigos legales. La situación le-gal es desventajosa para ellas, no tienen derecho a la autodeterminación, pero en ese marco pudieron escapar o alterarlo. La situación legal de la mujer en BEM venía de una serie de normas indepen-dientes, derechos especiales y privilegios. El ori-gen regional y social era clave y en algunas, por ejemplo las judías, también su adscripción étnica y religiosa: las de las ciudades estaban sujetas a los derechos municipales codificados en los XII y XIII, excepto las religiosas por el derecho canóni-co. Las campesinas de Europa central dependían de los derechos gentilicios como el código de los sajones de 1260 o el espejo de los suabos en el sur. En las regiones mediterráneas el derecho romano, pero en el norte de Francia eran prescriptivas las
LA MUJER EN LA BAJA EDAD MEDIA
ficados. Debido a la movilidad los derechos se mezclaron y solaparon dando pie a situaciones confusas como en Francia que solo terminó con la Revolución de 1789-95 parcialmente de acuerdo con los principios de libertad e igualdad.
Las mujeres estaban sujetas a estos sistemas, pero en casi todos los códigos legales existían normas específicas concernientes al sexo feme-nino, por lo general normas que restringen sus derechos dentro o fuera de la familia. La expresión legal más llamativa de inferioridad de las mu-jeres fue la institución de la tutoría ejercida por el sexo masculino sobre ellas y presente en casi todos los sistemas legales, supone la merma de su capacidad legal. Los derechos gentilicios excluían a la mujer de todos los asuntos públicos. No podían acudir solas a un juicio sino dejarse repre-sentar por un hombre, su mentor, si eran solteras el padre y si casadas el marido, si fallecían estos el varón más próximo de la familia paterna. Y además de hacerse cargo de la representación judicial tenían disposición y disfrute de su patrimonio, de castigarla o matarla, decidir el matrimonio o venderlas. Esa tutoría basada en el sexo determinó un acceso limitado de la mujer a los cargos públicos, como señora feudal o reina, pese a que las hubo, así como una capacidad comercial limitada que empezó a desa-parecer a fines de la Edad Media en Europa central y occidental. Aquí las solteras recibieron derechos, los textos legales del siglo XIII conceden a solteras y viudas mayor libertad de decisión y actuación comercial res-pecto a las de derecho gentilicio. En derecho privado podían disponer de sus bienes y representar a sus hijos menores. Las casadas siguen sujetas al patronazgo marital a excepción de las que se dedicaban al comercio. A medida que la familia estricta adquiere papel predominante hacia fines E Media el estado civil de las mujeres, su relación con marido, ganó im-portancia en posición social y ámbito de actuación. Aunque en E Media nunca se puede desligar a los individuos de la familia amplia, incluso en la ciudad, gana terreno la nuclear y en ella la relación con el marido. En la BEM una de las manifestaciones más claras de la crisis fue la drástica reducción de la población, casi en un tercio, disminuyendo la fuerza de trabajo y la relación entre feudales y contribuyentes, época de revueltas campesinas y urbanas, y también de ruptura de la situación
marital, habrá más mujeres no casadas y aumenta la edad de matrimo-nio. Las ciudades tienen atracción especial para las mujeres solas, por la calidad de mercados de trabajo o lugar de retiro para viudas, centros de comercio e industria, y centros proclives a novedades religiosas-sociales. Su posición en la familia. La edad y el matrimonio no solo responden a la dinámica de los procesos económicos y demográficos, por ejemplo al hecho de que desde el siglo XIV cada vez más asalariados estuviesen en condiciones de formar familia, sino a ciertas estrategias familiares de concertación de alianzas en cada clase, quedando reflejados los valores religiosos y mentales -y sus modificaciones- . El empeño de la iglesia de ejercer influencia sobre el matrimonio y la moral, produjo una acepta-ción cada vez mayor de una relaacepta-ción monogámica indisoluble fundada en Dios y basada en representaciones y valores teológico-eclesiásticos. A partir del siglo XIII es lícito hablar de modelo matrimonial cristiano, un matrimonio de por vida basado en el consenso de ambos. Este mo-delo no solo desplaza la relación del vasallo respecto al señor, el matri-monio consensual subraya su capacidad frente a la tutoría feudal, sino que influyó en las relaciones entre sexos y generaciones. Para ellos un único matrimonio suponía la limitación del número de hijos legítimos, de herederos legítimos, y produjo una provocación y la disolución de la estructura jerárquica imperante. Antes respondían a conciertos entre grupos familiares.
La libre voluntad y capacidad de decisión en el ámbito matrimonial te-nía, pese a todo, pocas posibilidades de imponerse en una sociedad auto-ritaria y centrada en la familia. La importancia dada al matrimonio como medio de adquirir y mantener estructuras de poder y bienes impedía a los jóvenes influir en sus planes de boda trazados por los mayores en las clases altas. Pese a la doctrina de la iglesia del consenso entre cónyuges, los padres, amigos y parientes, se ocupan del futuro de hijas, sobrinas y nietas, y los chicos tampoco participan mucho más en los herederos. Solo las clases bajas urbanas o rurales tienen más libertad y resistencia frente a la tutoría paterna. Por tanto la libertad de elección del cónyuge no es un parámetro para medir el nivel de opresión y limitación femenina, sino un rasgo propio de la organización familiar en las capas altas, limitador para
ambos sexos. La opresión de la mujer por medio de la concertación de matrimonios reside más bien en la reducción de su existencia a la vida al lado de un hombre para atender sus intereses y necesidades, en el control de la sexualidad y del cuerpo femenino y en la deformación psíquica de la esposa a la que considera una extraña. Las mujeres trataron de influir en esta decisión, sea solicitando la anulación posterior eclesiástica, refu-giándose tras los muros del convento y el voto de castidad.
La costumbre de patrilocalidad que fue la norma de la nobleza y patri-ciado urbano, garantizaba a los jóvenes adultos varones ya prometidos un entorno psicosocial conocido; a ellas no, concertado el matrimonio, la novia, una niña 12-15, iba a residir con la familia paterna, a proteger la prenda de los intereses en un convento, o a la corte. Es posible que no fuera duro porque las madres consideraban que la forma de vida más ventajosa para su hija era el matrimonio y se debían ocupar de que se casasen. Así se legitimaba la costumbre de los matrimonios infantiles entre las clases altas y se reducían las posibilidades de imposición de su criterio. Si alcanzaba la mayoría de edad antes podían intervenir en la concertación del matrimonio, elegir entre varios como las viudas. Las jóvenes que deseaban escapar de la imposición tenían que huir como Clara de Asís y su hermana Agnes, fundadora del convento, refugián-dose con san Francisco y orden, sin escapar de la paliza de los varones de la familia. Los conflictos provocados por matrimonios no admitidos tuvieron que dirimirse apelando a los tribunales (no olvidemos que hasta Trento los celebrados sin consentimiento paterno se consideraban nulos y en Francia hasta la revolución), los que se casan sin consentimiento po-dían ser desheredados, aunque estos casos se refieren a jóvenes varones, prueba de que les afectaba negativamente también. Pero demuestra que las mujeres debían someterse a principios legales diferentes y que sus acciones se medían por un rasero distinto. Solo parecen tomar decisiones si son bodas por rapto, aunque esto se entiende como decisión masculina. Forzar, obligar, violentar la voluntad de la hija era lo normal.
Una vez casadas su vida era la siguiente. La doctrina del matrimonio defendida por la Iglesia no logró imponerse al reparto de poder sanciona-do por la sociedad. Esta decía que como la Iglesia estaba sujeta a Cristo
las mujeres a sus maridos en todo (Efesios, 5.31). Para la Iglesia un buen matrimonio era tal cuando en esa sociedad hombre-mujer aquel gober-naba y la mujer obedecía. Los esposos se destacaban por hacer uso de la violencia y ejercer un control mezquino sobre las prácticas religiosas de la mujer y su forma de vida. Algunos la repudiaban por rechazo o este-rilidad. Si las vemos a través de las actas del tribunal de oficio de París del siglo XIV y XV, en una instancia legal episcopal que se ocupaba st de asuntos de familia, la mayor parte de los litigios se referían al uso de la violencia en el matrimonio, indicio de que en los círculos no nobilia-rios reinaba el convencimiento de que los esposos podían hacer uso de un derecho ilimitado que les permitía educar y domesticar a las esposas. El hecho de que estos casos fueran denunciados ante un tribunal por las propias esposas o sus familiares en el siglo XIII, en ocasiones junto a la solicitud de separación o anulación, resulta sorprendente y prueba que las esposas no admitían voluntariamente el yugo del matrimonio como pre-conizaban teólogos y moralistas. Por otro lado, el hecho de que muchas casadas fueran llevadas a juicio por insultar y maltratar a sus maridos refuerza la idea de que las discrepancias matrimoniales podían deberse a veces al egoísmo de las esposas que trataban de imponer su criterio haciendo uso de la violencia. Pero esto no era usual, y los tribunales de oficio les recordaban que debían obediencia al marido algo que no solían respetar.
La realidad es que la posición de dominación del hombre en versión de la Iglesia y los laicos, representa solo una imagen ideal producida por la sociedad masculina. Pero esa ideología reprimía la vida cotidiana femenina y la endurecía hasta el punto de explicar asesinatos. Se castiga duramente a las que quisieron deshacerse del esposo con prácticas hechi-ceriles, veneno, o armas veladas, pero seguramente su vida le resultaba insostenible y no podían escapar a ese yugo. Por tanto, los maridos eran la primera instancia de control social de las mujeres aunque no la única. Los decretos canónicos que convierten al esposo en su mentor, subrayan su responsabilidad y los métodos que podía adoptar el señor para domi-narla. Y se expresa en el derecho de castigo aprobado por las autoridades eclesiásticas y laicas así como el privilegio de romper el matrimonio sin consecuencias.