Título original:
The tears of the ancestors.
The memory of victims and perpetrators in the tribal soul.
Primera edición mundial 2007
© 2007 Daan van Kampenhout
© 2007 para la edición en castellano,
Editorial Alma Lepik
Traducción: Liliana Fernández
Dirección Editorial: Tiiu Bolzmann
Coordinación Editorial y Correcciones: Graciela Lauro
Diseño de tapa e interior: Andy Sfeir
Impresión: Look impresores s.r.l.
Primera edición: agosto de 2007
Este libro se distribuye con un CD cuyo precio está incluido
en el valor final del mismo y su adquisición no es opcional.
Reservados todos los derechos por la editorial.
Este libro no puede reproducirse total ni parcialmente,
en cualquier forma que sea, electrónica o mecánica,
sin autorización escrita de los autores y/o la editorial.
Hecho el depósito que marca la ley 11.723
Impreso en Argentina
ISBN: 978-987-23174-6-1
Quito 4231
[email protected]
Buenos Aires
www.heinngerargentina.com.
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Palabras de agradecimiento
Antes que nada, debo darle las gracias a quienes me invitaron para que vaya a trabajar en sus países y a todos los que asistieron a los seminarios. Fue durante la interacción y el trabajo real con todos ustedes que el material que se presenta en este libro se desarrolló y cobró vida.
Gracias a mis ancestros que llegaron entre sueños y compartieron sus dones.
Un agradecimiento caluroso a las personas cuyas constelaciones, rituales, anécdotas, entrevistas y pensamientos están incluidos en el texto: Altee van Drooge, Andrea Hasselbarth, Anke Grass, Chayim Dasberg, Cecilia Vicuña, Christiane Wenzl, Claude Anshin Thomas, Dan Bar-On, Danielle Flaumenbaum, Bernie Glasman, Dina Wardi, Dovi Kivlovitch, la familia de Esther, Eva desde Praga, Evelin van West, Dina Wardi, Gabrielle Wilhelm, Ginni Stern, Iñaki Zapirain Iturraran, Jan Bily, Judith Rothen, Katie Murphy, Kerstin Moller, Übby Shapiro, Malika Ñor, Marión Lichti, Martin Burian, Neska Onga Kwien, Nancee Sabonya, Ohad Ezrachi, Ray Wyre, Refael David, Renate Baum, Sabine Obermayr, Sifra Nooter, Thozi Theko, Vera y Reinhard Fichter, Yesha Karmeli y a todos quienes me escribieron después de participar en el ritual descrito en 'The embrace of the guilty' [El abrazo de los culpables].
Durante el año que estuve escribiendo, no estaba seguro de cómo se vería el libro finalmente, hasta que escribí en realidad los últimos capítulos y, por último, no se agregó más material. Quisiera
agradecerles a quienes compartieron su tiempo, sus pensamientos y cartas conmigo, pero no están mencionados con sus nombres en el libro: Angelika Fend, Barbara Stonés, Billy Meyer, Edwin Brugmans, Eva van Sonderen, Facila Nanhekmhan, Francesca Masón Boring, Harry Díjksho-orn, Inge Maasen, Irene Brunner, Lisa Iversen, Manuela Wein-bornmayr, Nyame Goniwe, Nomfundo Mlisa, Otteline lamet, Peter Konig, Pumla Gobodo-Madikazela, Susan Nathan, Yolande Mukagasana y Svenja Wachter.
Todah rabah para mi gente sjabbo fiel: Alex Adler, Emma Hummelen, Janet Bresslers, Miriam
Phillipsborn, Osear David y Peíer van Zuilekom, por las preguntas y discusiones continuas y profundas sobre la naturaleza del alma tribal judía los viernes por la noche.
A algunas personas ya mencionadas, a quienes debo darles un 'muchas gracias' enorme y puntual. A Oscar David, quien fue una fuente de respaldo firme y constante de muchas maneras. Nancee Sobonya y Navah-Tehila, quienes pidieron que me pusiera en contacto con ellas, a mi regreso de Auschwitz y una sorpresa para todos nosotros: me hizo escribir la primera versión del primer capítulo del libro. Chayim Dasberg fue un socio inspirador y honrado en su correspondencia, manteniéndome siempre alerta, respaldándome generosamente y cuando era necesario fue capaz de hablar cara a cara. Gabrielle Wilhelm, quien compartió regularmente conmigo sus pensamientos sobre la rueda de las almas y la identidad del victimario en varias ocasiones y me ayudó a ver la dinámica crucial con mayor claridad. Tanja Meyburg fue una compañera encantadora en las discusiones prolongadas y esenciales sobre la manera en que las energías del victimario y la víctima podían enredarse y reflejándome honestamente me hizo ver mejor mis identificaciones.
Cuando ha estado comprometido con tanta gente, de maneras tan distintas, es inevitable que me olvide de mencionar a alguna. Mis disculpas a todas aquellas personas que no hayan sido mencionadas por sus nombres. Mis más profundas gracias a ustedes también.
Introducción
Un libro didáctico, tal como el que había planificado. Un manual técnico con una cantidad de modelos de constelaciones y rituales. De cuando en cuando, intenté escribirlo durante casi dos años y me detuve una y otra vez. Entonces, durante un viaje que no estaba relacionado en absoluto con el plan de escribir un libro, visité Auschwitz-Birkenau. Antes de partir hacia Polonia, algunos amigos me pidieron que me pusiera en contacto con ellos a mi regreso y les contara cómo había sido. Considerando su petición, me puse a escribir una carta sobre mis experiencias durante la primera noche de regreso en Amsterdam. En el otrora campo de concentración me di cuenta nuevamente que como individuo no soy sólo el miembro de una familia sino que también formo parte de todos modos de un enorme colectivo. Pero sólo recién al escribirles la carta a mis amigos, me di cuenta claramente de que los entramados de la terapéutica familiar, chamanística y sistémica no podrían ofrecer la interpretación de alguna de mis experiencias en Birkenau. Descubrí que había arribado a un espacio nuevo, desconocido.
Como acostumbro, comencé a rogar por orientación y enseñanzas para poder entender más, y en algunas semanas tuve el sueño del timón de cuatro direcciones. El timón se presentaba como el timón de las almas. En cada uno de los cuatro cuartos, vi otra dirección del alma humana. Este don inesperado demostró ser la herramienta adecuada para profundizar mi interpretación de lo experimentado en Auschwitz. Además, la imagen del sueño me condujo a una nueva exploración de las dinámicas de
identidad y mientras estaba resumiendo las enseñanzas del sueño sobre un papel, advertí que en realidad había comenzado a escribir un nuevo libro. Un libro sobre el alma tribal.
Si bien no había planificado escribir sobre este tópico antes de viajar a Polonia, el tema no era nuevo para mí. Durante algunos años conduje un promedio de treinta seminarios anuales, viajando por muchos países, y en todos los grupos había gente cuyas vidas y familias quedaron destruidas, directa o
indirectamente, a causa de la persecución, la limpieza étnica, el terrorismo y la guerra. Así comencé a reconocer paulatinamente los patrones de enfermedad y alteración que compartían las familias de las víctimas y de los victimarios. Desde entonces tuve en claro que algunos síntomas de las personas en mis grupos se originaban más en los grandes campos colectivos que en los reinos familiares o individuales, y comencé a desarrollar rituales y métodos para tratar estas capas heridas colectivas del alma, con la esperanza de tocarlas de una manera equilibrada y sanadora. Cuando comencé a escribir sobre estas observaciones, el timón de los cuatro niveles del alma me ayudó a considerar el trabajo que había hecho de una manera más refinada. Algunos de los métodos que ya había creado podrían integrarse
inmediatamente en el texto, otro trabajo sirvió como escalón para desarrollar además nuevos métodos que usé para los pacientes en grupos durante el año de la composición escrita.
El trabajo que describo en este libro tomó forma a través de las interacciones y las fertilizaciones cruzadas entre los tres diferentes campos. Estoy comprometido con varios grupos de chamanes profesionales, formo parte de una red internacional comprometida con las constelaciones familiares y participo en un entorno judío.
Mi relación con el chamanismo comenzó hace un poco más de 25 años, cuando tenía 18 años recién cumplidos. Poco tiempo después de una experiencia cercana a la muerte-había contraído malaria durante un viaje a la India tuve algunos sueños que sólo tuvieron sentido para mí después de haber leído un libro sobre la visión del mundo chamánico tradicional, y así comencé a explorar el chamanismo. Mis sueños se convirtieron en mis primeros guías, más tarde también conocí a algunos maestros chamánicos,
provenientes de diferentes orígenes tradicionales. Paulatinamente, le di al chamanismo un espacio cada vez más grande en mi vida y diez años después, alrededor de 1993, la conducción de grupos de
entrenamiento chamánico se volvió mi ocupación de tiempo completo.
La primera vez que me encontré con las constelaciones familiares fue en el año 1998. Inmediatamente después comencé a escribirle a Bert Hellinger, con quien nos trabamos en una intensa correspondencia que duró aproximadamente un año y medio. En mis cartas a Bert Hellinger hice una investigación de las conexiones y diferencias que observaba entre el chamanismo y las constelaciones familiares, y estas cartas fueron el material con el que edité mi libro "La sanación viene desde afuera". Mientras estaba escribiendo el libro, ya había comenzado a integrar aspectos de las constelaciones en mis grupos de entrenamiento chamánico y la gente comenzó a preguntar si también estaba dispuesto a ofrecer
seminarios con las constelaciones familiares precisamente. Después de algunas deliberaciones, acepté las invitaciones. Al principio conducía las constelaciones en el estilo clásico y continuaba con mis grupos de entrenamiento chamánico por separado; aunque, de hecho, ya me estaba abriendo camino desde dos posiciones diferentes hacia una conciliatoria, buscando una manera de combinar lo mejor de los dos mundos. Me llevó algunos años llegar hasta allí pero ahora creo que he encontrado el punto medio.
Mi participación activa en el campo de acción del judaísmo comenzó después de que ya me había embarcado en la senda chamánica, al finalizar los años ochenta. Al igual que con la mayoría de las cosas más importantes que me ocurrieron en la vida, comenzó mientras estaba durmiendo. En un sueño, me estaba abriendo camino hacia la cima de una hermosa colina, cubierta con hierba y flores. Estaba caminando tomado del brazo de una anciana con aspecto frágil. Sabía que era uno de mis ancestros judíos. Debo confesar que me sentía bastante bien conmigo. De hecho, me felicitaba por ser una persona tan amable al ayudar a esta abuela anciana a subir la colina, durante una de mis tardes libre. Y mientras tenía todas estas percepciones narcisistas placenteras, de repente, hice un descubrimiento
desconcertante, mis pies ni siquiera tocaban el suelo. Registraba todos los movimientos para caminar pero realmente jamás había tocado la tierra. En realidad, estaba yendo cuesta arriba por la colina sólo porque la anciana me sostenía. Este encuentro soñado me despertó la fortaleza que tenía disponible en la parte judía de las raíces de la familia. El subir la montaña es un símbolo espiritual tanto en las tradiciones judías como chamánicas, que significa respectivamente un encuentro con los espíritus o el creador. Al ascender una colina o una montaña se está preparando para un encuentro con la dimensión espiritual.
Aparentemente, los ancestros tenían algunos planes para mí.
De acuerdo con la halacha, la ley judía, usted es judío sólo si su madre o, al menos, la madre de su madre son judías, y conmigo este no es el caso. Sin embargo, esto no impidió que mis ancestros ingresaran en mis sueños, para enseñarme. En mi alma, la conexión con mis raíces familiares judías, a
través del tiempo, se volvieron más firmes que con las cristianas. Durante años, esto me originó mucha confusión. Finalmente pude comprender y apreciar esta situación recién después de experimentar la constelación familiar con Bert Hellinger. En consecuencia, pasé por los rituales y procedimientos tradicio-nales necesarios para llegar a ser oficialmente judío pero no para "llegar a ser" algo o alguien diferente sino como una manera de confirmar y fortalecer la conexión ancestral. El chamánismo, las constelaciones y el judaísmo no tienen muchos puntos en común pero existen algunas superposiciones. Los tres tienen una sensible conciencia de los ancestros. Los tres
Reconocen la existencia de almas diferentes o, si usted quiere, diferentes capas de la misma alma. Los tres tienen en cuenta que nada ni nadie existe en el vacío y que la sanación requiere un esfuerzo
comunitario. Por supuesto, también existen muchas diferencias entre ellos. De hecho, la mayoría de la gente piensa que las diferencias entre los tres jamás serán zanjadas. Por ejemplo, compare al mundo chamánico que está lleno de espíritus y fantasmas, la visión del mundo posteístico de Bert Hellinger y el estricto monoteísmo del judaísmo. ¿Cómo podría alguien encontrar aquí algún factor en común?
personalmente, para mí esta es una invitación en vez de un problema. Las diferencias me estimulan a observar minuciosa mente y a esforzarme para tratar de entender las diversas) expresiones de la verdad.
El proceso de la escritura comenzó a despegar después de mi visita a Auschwitz del sueño del timón de las almas y del análisis minucioso del trabajo que realicé en centenares de seminarios. Pero luego me di cuenta de que estaba atrapado en una paradoja. ¿Cómo puede una sola persona escribir sobre la naturaleza de los campos colectivos? Si yo era realmente sólo una partícula del alma colectiva o, mejor dicho, si era un participante en varios campos del alma tribal, mi propio conocimiento podría ser
necesariamente, justo la pequeña partícula de un gran fundamento. Por eso decidí incluir las voces de los demás en mi libro. Lo primero que se me ocurrió fue pedirle a algunos pacientes con quienes había trabajado que describieran el efecto del trabajo en ellos, así podría agregar sus palabras a donde lo considerara apropiado para el texto. Por otra parte, muchos historiadores, sociólogos, psicoterapeutas, etc. han hecho investigaciones fascinantes sobre aspectos de la identidad colectiva y han publicado unos trabajos excelentes. Mientras estaba escribiendo, leí sus trabajos y agregué en el texto algunas de sus observaciones y percepciones, junto a las mías. Además, algunos de mis amigos y colegas llegaron a comprender profundamente los aspectos particulares de la dinámica dentro y entre colectivos. Me pareció que cada una de estas diferentes personas podría ser el cuidador de la pieza del rompecabezas que había demostrado resolver.
La decisión de incluir las voces de algunas personas que conocía personalmente, tenía un efecto inesperado directo sobre la estructura del libro. Debería viajar a otros países y continentes para hacer las entrevistas. De por sí, estos viajes se convirtieron en una parte esencial de mi investigación, porque cuando me puse en camino decidí visitar no solamente a la gente, sino también determinados lugares. De esta manera, el libro se convirtió en una especie de película, plasmada en el papel. Resultó ser un viaje fascinante, aunque no fue el más cómodo. A veces, los viajes me han puesto sobre huellas que no eran necesariamente de mi interés y me han hecho enfrentar con cosas que, al principio, no tenía deseos de incluir en mi investigación. Por supuesto, que al hacer una mirada retrospectiva comprobé que los
encuentros y los episodios más intrigantes fueron los pasos más significativos del camino que, finalmente, me condujeron a las percepciones más importantes.
Cuando se investiga la naturaleza y los trabajos sobre la identidad de los grupos, pronto uno se da cuenta de que cada colectivo tiene sus propios recuerdos, y que a algunas personas las enorgullece pertenecer al grupo y a otras les da vergüenza. Los recuerdos de victorias y derrotas son especial-mente importantes para la iidentidad del colectivo pero estos recuerdos están muy cargados de apasionamientos y siempre incompletos; algunos detalles se dan a conocer, otros se dejan de lado y hasta se reprimen. Sin embargo, las víctimas y los victimarios que forman parte de la historia del colectivo, siguen siendo la viva presencia de la realidad infinita del alma grupal, ya sea que la recuerden o no con claridad. Sus voces continúan susurrándonos más allá de nuestro alcance auditivo. Nuestra interacción individual con las diversas almas tribales de las que somos parte puede ser consciente o inconsciente pero es imposible de evitar. Creo que todavía tenemos una gran necesidad de aprender mucho más sobre lo inevitable y acerca de las opciones que tenemos para manejar la situación.
Tengo la esperanza de que "Las lágrimas de los ancestros" contribuya con esta interpretación.
Ahora, comencemos el viaje. Comencemos con el sueño y la historia sobre cómo se originaron muchas cosas. Permítanme contarles el momento cuando encontramos y se abrió el chamanismo, las
constelaciones y el judaísmo para cada uno de nosotros. Se trata de una historia que abre la puerta del reino al alma tribal.
Estaba conduciendo un seminario en algún lugar de Alemania y a la noche en mis sueños, me encontré en un pequeño shtetl judío de Europa Oriental que tenía más de un siglo de antigüedad. Un joven había muerto y toda la gente del pequeño poblado lo iba a trasladar hasta su tumba. En este sueño yo" era el rabino que pronunciaba las plegarias tradicionales para el entierro. Después de decir las oraciones y antes de levantar el féretro, me dirigí a todas las personas que me rodeaban y íes dije que les iba a enseñar un simple nigun, una melodía sin letra, y les pedí que dejaran fluir sus lágrimas acompañándola mientras la cantaban porque necesitábamos llorar. No sólo debíamos lamentar nuestra pérdida personal sino que también debíamos llorar por las de nuestros ancestros. Les dije a esas personas como es que las lágrimas no derramadas de quienes vivieron antes que nosotros no desaparecen por arte de magia después de su muerte sino que esas lágrimas, siguen viviendo en nuestros cuerpos, Nosotros los vivos somos el cuerpo de nuestros ancestros y llevamos en nuestros cuerpos las lágrimas que ellos no pudieron llorar durante todo el curso de sus vidas. Cuando permitimos que sus lágrimas salgan a través de nuestros ojos, hecho que se viene reproduciendo enteramente en todas las generaciones, estamos comprometidos en una “tikkun olam”; la restauración del mundo.
Comencé a cantar. A medida que la gente aprendía la melodía, algunos de los hombres levantaron el féretro y comenzamos a caminar. Un sendero fangoso nos condujo hasta un pequeño cementerio, donde cantamos y lloramos, cantamos y bailamos llorando. Llovía y la lluvia se fusionaba con nuestras lágrimas. Las lágrimas se tornaron plegarias y las plegarias, lágrimas. En nuestro pesar éramos un todo con los ancestros y ellos eran uno con nosotros, y a través de nuestra danza, ellos también bailaban. Cuando desperté todavía estaba cantando y llorando, y grabé la melodía para no olvidarla. El día después del sueño, les pedí a los participantes del grupo que se unieran a mí en el ritual, que formaran dos filas de la misma longitud, de modo que éstas quedaran una frente | a la otra. Además les dije que deberían
atravesar ese túnel de personas uno tras otro y que mientras caminaran miraran a las personas en las dos filas como si fueran sus propios ancestros y que cada uno de los que formaba las dos filas debería mirar a cada persona que estuviera atravesando el túnel, como si fuera su propio descendiente. Cada uno de los que habían llegado caminando hasta el final, después de atravesar el túnel de personas, debía unirse nuevamente a una de las dos filas de personas que permanecían de pie, y allí, él o ella debía representar a un ancestro, en nombre de todos aquellos que habrían caminado por ellos. De esta manera, todos tendrían la oportunidad de caminar una vez entre sus ancestros, y todos estarían también en la fila para representar a los ancestros de los demás, a medida que éstos caminaban a lo largo de la fila. Cuando la logística quedó bien entendida y todos estaban de pie en su lugar, le enseñé a estas personas la canción del sueño y les expliqué su significado. Uno a uno, todos caminaron lentamente a través del túnel de ancestros. En el preciso momento que el primero comenzó a andar, fluyeron las primeras lágrimas. Juntos cantamos y lloramos. La mayoría de las personas caminaba derecho, algunos se tambaleaban y uno o dos debieron ser transportados a través del túnel. Y así, como ocurrió en mi sueño, durante el ritual fuimos uno con los ancestros. Las plegarias se tornaron lágrimas y las lágrimas, Plegarias. Lloramos nuestras
lágrimas y las de nuestros ancestros que se fusionaron y fueron una sola. Se fusionaron las lágrimas de los ancestros judíos y las de los ancestros alemanes. Y para cada uno de nosotros, los presentes, ese día volvió todo.
Auschwitz-Birkenau
Finalmente, estamos en Polonia, para visitar Auschwitz-Birkenau. Exactamente diez años atrás habíamos hecho el primer intento de llegar hasta allí pero habíamos fallado. Mi pareja y yo habíamos reservado nuestros pasajes de avión y habíamos hecho todos los arreglos necesarios para el viaje pero una semana antes de la partida proyectada, decidimos quedarnos en casa. La idea de visitar Polonia permaneció en nuestras mentes durante diez años y, finalmente, ahora la hemos concretado aquí. Aunque debo ser honesto, hasta último momento no estaba claramente definido si iríamos. En realidad, nunca habíamos escrito la palabra "Polonia" ni "Auschwitz" en nuestra planificación, simplemente dejamos las fechas abiertas. De vez en cuando, las señalábamos diciéndonos que quizás para entonces iríamos a Polonia pero siguieron siendo un vacío en una agenda totalmente completa, una especie de área indefinida.
Después de reservar los pasajes de avión entré en pánico. Estaba completamente convencido de que el avión que nos llevaría a Varsovia se estrellaría y moriríamos, por eso quería cancelar todo el viaje. Por lo general, vuelo un par de veces al mes y nunca tuve miedo, y precisamente por sentir un miedo tan excepcional pensé que era una especie de premonición que debía tomar en serio. Recién un rato después me di cuenta de que más de sesenta años atrás, que un judío fuera transportado a Polonia significaba, casi con segundad, (a muerte y que el viaje a Polonia había encendido algunas alarmas internas. Al advertirlo, el temor de que el avión se estrellara se presentó en la debida perspectiva y quedó disuelto. Sin embargo, recién al arribar esta mañana al aeropuerto de Ámsterdam, donde nos dijeron que se había cancelado el vuelo a Varsovia, nuestra primera respuesta fue sentir un gran alivio. No obstante, después de un largo día de varias reprogramaciones de los vuelos y horas de espera, finalmente estamos sentados en el vestíbulo de nuestro hotel en Cracovia. Este hotel es el lugar de encuentro de toda la gente que llega a Polonia para unirse al retiro anual del "Bearing Witness" ['Testimonio de Apoyo'], organizado por la Comunidad Pacifista, fundada en EE.UU. y activa en otros países. Mañana iremos a Auschwitz-Birkenau y permaneceremos allí, durante cinco días completos.
Por ahora estamos tratando de decidir si nos uniremos con algunas personas del retiro para ir a cenar en Kazimierz, el antiguo barrio judío en Cracovia. Estoy confundido, primero los nazis trataron de matar a todos los judíos y muchos polacos respaldaron activamente esta política de los nazis, quienes estuvieron a punto de conseguir su propósito, considerando que el porcentaje de judíos asesinados durante los años de la guerra en ningún lugar fue superior al de Polonia. Luego, al finalizar la guerra y cuando los nazis ya se habían ido, la mayoría de los judíos sobrevivientes fueron expulsados de Polonia por las irrupciones constantes de violencia antisemítica de los polacos. iY ahora que básicamente todos los judíos polacos ya fallecieron o se han ido, Kazimierz se ha vuelto una atracción turística! ¿Realmente es necesario que vayamos a comer una imitación de comida kosher en un restaurante manejado por católicos, escuchando música klezmer, interpretado por un no judío, en una casa cuyos dueños originales probablemente hayan sido asesinados? ¿Estamos listos para disfrutar de esta atmósfera "auténticamente judía"? No podemos conciliar nuestras ideas. La realidad es que Polonia nos asusta y oprime. Sentados en el vestíbulo de nuestro hotel, no tenemos la menor idea de qué vamos a hacer después. Por suerte, Ginni, que es
miembro del personal del retiro, se acerca a nosotros y nos pregunta los nombres, y se toma un ratito para preguntarnos cómo estamos y qué nos agradaría hacer. Todavía no sabemos. Pero cuando se retira nos sorprendemos, pues nos ponemos de pie y la seguimos hasta un restaurante, terminado todos sentados a una enorme mesa del "Klezmerhojs", en Kazimierz, con Ginni, algunos polacos y alemanes, un nortea-mericano y un palestino muy amables que también están aquí para el retiro.
Nuestra confusión se ha vuelto una leve manía y ordenamos más comida de la que realmente podemos llegar a comer. Queremos comer todas las comidas mencionadas en el menú, aquí y ahora, en Kazimierz, todos los platos judíos tradicionales: latkes, gefilte fish, sopa con kneidlach; itú la nombraste! Nos sirven un plato tras otro y comemos, y comemos como si jamás hubiéramos probado antes una buena comida. Promediando la cena, mi pareja levanta su rostro y me mira con los ojos llenos de lágrimas, diciéndome: "He estado esperando por esta comida toda mi vida...", además siento lo mismo, y empiezo a comprender que no es sólo porque hemos llegado a Polonia sino que, por alguna razón, hemos regresado. Si bien nosotros nunca vivimos aquí, estamos de vuelta. De vuelta en la otrora zona de importancia decisiva (hearíland) de la judería de Europa Oriental y ahora que estamos aquí nos damos cuenta de que estamos hambrientos, tan pero tan hambrientos que necesitamos comer, comer y comer, entonces queremos comer todo apresuradamente y asimilar hasta la última migaja a nuestro alcance.
A la mañana siguiente, salimos para Oswiecim, la ciudad a la que los nazis le pusieron un nuevo nombre: Auschwitz, donde viven judíos, cristianos, budistas y hasta algunos musulmanes. La gente proviene de muchos países europeos, de América Latina, de Israel, Palestina, Pakistán y EE.UU. Algunas de estas personas, al igual que nosotros, están aquí por primera vez, pero otras ya se han unido al retiro del "Bearing Witness" [Testimonio de Apoyo'] una o dos veces antes. Nosotros pasaremos la mayor parte del tiempo en Birkenau y nos sentaremos en la "rampa de selección", meditando en silencio.
Observaremos las diferentes partes del campo; mencionaremos los nombres de quienes fueron ase-sinados, como en un salmo; visitaremos algunas exposiciones y compartiremos nuestras sensaciones internas. Quienes así lo deseen, podrán cantar y rezar juntos en los oficios religiosos católicos, budistas y judíos. Uno se puede incorporar a un programa o elegir estar solo y hacer algo diferente, según su criterio. El personal está seguro de que ios programas que ofrecen son opcionales pero el verdadero conductor de este retiro es, en sí mismo, Auschwitz-Birkenau. Bernie Glasman, el iniciador de esta serie de retiros, nos explica: "La mayoría de la gente llega aquí, sólo por algunas horas y se retira feliz y ellos pueden volver otra vez. Pero nosotros nos quedamos. Regresamos al día siguiente, al siguiente y al siguiente. Cons-truimos una relación con el lugar y su historia. No podemos predecir qué ocurrirá en ese intercambio, juntos, estaremos en un lugar desconocido. Por eso, aunque estén preparados para meditar, cuando estén sentados en la rampa donde se hacían las selecciones, mediten sólo por algunos minutos para ponerse en marcha y luego, deténganse. Después, simplemente quédense allí y dejen que el lugar les hable. No hagan demasiado, simplemente estén disponibles, sean testigos de aquello que les dieron a conocer". Entonces, eso es lo que sucede. Todos los días iremos a Birkenau por la mañana y no nos iremos del campo hasta bien entrada la tarde. Día, tras día.
Conozco Auschwitz-Birkenau porque he visto cientos de fotos, documentales, libros y relatos, y ahora yo estoy aquí para oler, tocar y escuchar. Cerca de la entrada principal todavía quedan en pie largos tramos de las barracas de madera originales, seguidas por un bosque aparentemente interminable de chi-meneas de ladrillo refractario, que son los restos de los calentadores de los cientos de barracas que fueron destruidas después de la guerra y que, en conjunto, forman un panorama alienante de fantasmas lisiados. Finalmente, al final de la larga rampa que cruza el campo en línea recta están las ruinas de las cámaras de gas y los crematorios y, en lugares inesperados, se siente un gran impacto a cada rato, los estanques silenciosos que contienen las cenizas de cientos de miles de personas asesinadas. Aquí la palabra silencio, adopta un nuevo significado, el lugar está desierto, vacío, despojado. Está más allá de toda comprensión. Puedo entender el concepto de la tumba de una sola persona. Pero ¿cómo podría llegar a entender un sepulcro de, por lo menos, medio millón de personas? Aquí llegó a su fin un mundo completo.
Después de un par de horas aquí, mi mente comienza a hacerse añicos y se rompe en una gran cantidad de duros pedazos. Quizás, esta es la razón por la cual todos los grupos de visitantes que
ingresan al campo lo atraviesan en sólo dos horas. Estas personas lo tienen que abandonar antes de que el lugar los atrape realmente y se abra paso entre sus defensas. Si alguien permanece por más tiempo en Auschwitz~Birkenau, comienzan a caerse en pedazos, una a una, todas las defensas y conceptos
familiares. Las construcciones mentales se desmoronan. Cada intento de controlar este lugar fracasa, por su verdadero tamaño.
Existen momentos, cuando desaparece la necesidad do tratar de cumplir con las condiciones y después, cuando mi mente se ha debilitado y el pensamiento se ha bloqueado, me desintegro y desaparezco en la expansión de mi alma en un estado sin palabras. Birkenau es un lugar que pone en peligro los límites de mi mente analítica con mayor eficacia que cualquier otra práctica espiritual seguida por mí alguna vez.
Todos los días participo en las meditaciones y plegarias ofrecidas durante los oficios religiosos, pero me aseguro de tener el tiempo suficiente para caminar solo por el campo, y me vuelvo cada vez más pequeño en el enorme vacío. Soy incapaz de detenerme y, finalmente, sólo puedo arrastrarme hacia delante. Al moverme en el fondo de un mar de lágrimas, respirando lágrimas, cada aliento una lágrima. ¿De quiénes son las lágrimas? A veces, la frontera entre entonces y ahora se desvanece, como la frontera entre mí y quienes estuvieron prisioneros y murieron aquí. Permito que se me absorba en el silencio; abrazo las presencias que sé, están escondidas en él. Cada uno de los días sucesivos me muevo con mayor lentitud. Durante el último día de mi estadía aquí, todavía quedarán zonas del campo que ni siquiera he visto.
Después de días de caminata y de sentarme allí afuera, el cansancio se volvió un amigo íntimo. En algunos momentos lloro melancólicamente, temblando, y aun así encuentro otra clase de insensatez. A estos momentos, le sigue mi capacidad para cantar e implorar. Se establece un ritmo; estoy abstraído y vuelvo a emerger. Me empujan hacia las profundidades y regreso nuevamente a la superficie. Al estar allí,
como testigo, el lugar comienza a revelarme algo. ¿Qué palabras escogeré para comunicar la peculiaridad de detenerse por completo, después de estar sumergido en la pena infinita, la sorpresa de encontrar la paz como nunca antes había sucedido, precisamente en Birkenau, entre todos los lugares posibles? A veces siento como si todas las personas que he conocido y son importantes para mí, hubieran pasado por aquí, y que yo soy la última persona que ha quedado sobre la Tierra. Aquí, no son los muertos quienes se
perdieron, sino los vivos.
Desearía que me absorbiera la hierba, la tierra y ser parte del silencio. Al principio, mi mente rechazaba los momentos en que me fusionaba con la muerte, luchando por la justicia que he experimentado al fusionarme con ellos. En el abordaje psicoterapéutico y en las constelaciones familiares se les pide a los vivos que se separen de los muertos, pero yo les pertenezco sólo a ellos. Cuando dejé de interpretar mis experiencias desde la perspectiva terapéutica, se fueron la resistencia y la demanda y entonces siento con mayor precisión, qué estaba pasando por mi interior. Observo que no es que quiera unirme al coro sin pocas, sino que siento que ya soy parte de él y siempre lo fui.
No se trata de que la parte perdida de mi alma haya encontrado el camino de regreso hasta mí; al contrario, es que yo he encontrado el camino de regreso hasta una parte de mi alma que me había estado esperando aquí.
Al parecer, no se trata de una especie de identificación psicológica. Quizás me equivoque pero creo que me daría cuenta si ese fuera el caso. Descubro que he llegado al centro oculto del polo de mi vida. Aquí, todo es silencio y vacío, y he estado escuchando ese silencio toda mi vida, debajo de todos los sonidos. Finalmente, estoy aquí también físicamente y estoy aquí para quedarme. Este arribo definitivo es
inquietante. ¿Desde dónde llega la fuerza, qué trae? Nunca me he sentido más arraigado, más presente, más completo. Sin embargo, también me aterroriza y avergüenza encontrar semejante totalidad en esa experiencia, porque va en contra de todo lo que he aprendido. Cuando hablo con algunos judíos del grupo, a título de ensayo, sobre la desaparición de las fronteras, me dicen que están experimentando algo similar, aunque cada uno lo haga de otra manera. No me atrevo a compartir esta experiencia con quienes no son judíos. Más tarde, después del retiro, mi amiga Evelien quien ya se había unido varias veces antes con los pacifistas durante el retiro anual, me dice: "La experiencia me dicta que nunca se regresa totalmente, una vez que uno ha estado allí una parte suya permanece en Auschwitz y esa parte se vuelve una fuente de sanación, fuerza y paz"
Durante los días en Birkenau observo que pasan, una a una, todo tipo de identificaciones, proyecciones y resistencias, psicológicas. Reconozco alguna de ellas y luego sigo camina-do, o las advierto a medida que se van cayendo solas en pedazos en la interacción con el campo, dejándome vacío y dispuesto para la apertura de las capas profundas. El lugar íntimo, al que llego finalmente, es diferente a todo aquello que he experimentado antes, Y no se trata sólo de mi interpretación psicológica lo que me demuestra que es insuficiente tener'" sentido de eso, sino también mi conocimiento de chamanismo que resulta deficiente. Las tradiciones chamánicas enseñan que todas las partes de un alma errante se deben recuperar y ser devueltas a su propietario. Ahora estoy descubriendo que una parte de mi alma ha estado viviendo aquí, y que debería permanecer aquí. Puedo ver cómo los paradigmas psicoterapéuticos y los métodos de
sanación chamánicos son verdaderos, pero actualmente veo con mayor claridad que no son verdaderos para cada nivel porque no pueden proporcionar las indicaciones para las experiencias que tengo en este momento. Tengo que llegar a la conclusión de que esto que estoy experimentando ahora es una parte de. Mí ser que no está ubicada dentro de mi alma individual ni dentro de las regiones familiares de mi
personalidad. He llegado a un lugar donde la razón y la lógica se desvían al reino del alma, que es extenso y mucho más espacioso de lo que pude experimentar antes. Estoy experimentando el alma tribal.
Y aunque probablemente sea verdad que tengo un alma individual, del mismo modo es verdad que el alma tribal me tiene a mí.
¿Qué es el alma? Cada cultura, religión y tradición espiritual usa diferentes definiciones. En todo el mundo existen personas que reconocen, de por sí, que experimentan algo que está como separado e independiente de sus cuerpos físicos, y a este aspecto de su ser lo denominan el alma o le dan otro nombre pero con una connotación similar. La mayoría de las tradiciones espirituales enseña que cada uno de nosotros tiene un alma individual, a veces considerada como un destello de luz divina, que tiene cierta clase de conciencia independiente. Esta alma individual es algo privado, algo que está conectado a nuestra esencia más personal. Sin embargo, el alma individual no es la única alma que tenemos. Por ejemplo, las tradiciones chamánicas enseñan que tenemos varias almas. En muchas otras tradiciones se han desarrollado ideas similares. Por eso, sea lo que fuese el alma exactamente, también tiene un aspecto estratificado y multifacético individual.
En el área de las constelaciones familiares podemos observar los trabajos al nivel del alma familiar. Este campo abarca los hijos, los padres y sus hermanos, abuelos y, a veces, hasta a los bisabuelos. En las constelaciones vemos cómo los miembros de una familia están unidos por diversas clases de lealtades. Estas lealtades no son todas lógicas y, a veces, tan poco conscientemente conocidas que hasta pueden crear enredos entre personas que ni siquiera tienen conocimiento de la existencia de las otras. El alma familiar es atemporal y no olvida; además, recordará a quienes están excluidos y olvidados por los miembros individuales de la familia. A la gente excluida se la puede rastrear por los síntomas expuestos por las generaciones posteriores. No sólo quienes participan en las constelaciones familiares prestan atención a este fenómeno, sino que también salen a la luz, tanto en el contexto del psicoanálisis como también en la terapia familiar y otras formas de terapia sistémica.
Bert Hellinger desarrolló las constelaciones familiares a partir de varias fuentes. Él observó que la gente no sólo pertenece a su familia sino que también forma parte de un campo al que él denomina la gran alma. Esta alma grande incluye a todas las personas. Cada individuo participa en ella y está influenciado por ella de todas las formas posibles. De acuerdo con el hallazgo de Hellinger, en la gran alma están trabajando las fuerzas que unen los opuestos. En su núcleo todas las polaridades trascienden y todas las paradojas se resuelven, además contiene una fuerza activa que va más allá del conocimiento y de las palabras y, a través de ella, finalmente todo se vuelve único.
Puedo reconocer y agradecer los trabajos del alma individual, el alma familiar y la gran alma pero, con el paso de los años, mi atención se ha manifestado gradualmente hacia otra capa de sustancia del alma. En alguna parte entre el alma familiar y la gran alma podemos encontrar una capa de alma en la cual el individuo está participando en los campos colectivos, pero los diferentes colectivos todavía están
separados entre sí. Estos campos colectivos son mucho más grandes y fuertes que los de la familia pero no están comprometidos en el proceso de llegar a ser uno que podemos reconocer en la capa del alma grande de Bert Hellinger. Las fronteras de los niveles de almas colectivas son resistentes y se cimientan con firmeza.
A esos campos colectivos, con frecuencia los llamo "almas tribales". Al principio, la palabra 'tribal' puede resultar engañosa porque esto que denomino nivel del alma tribal no es un fenómeno que se encuentre específica y solamente con tribus, según el significado antropológico de la palabra. Cualquier colectivo que se defina como algo diferente de los otros, tiene un alma tribal, y considerando que hay muchos tipos diferentes de esos campos colectivos, cada persona individualmente es, al mismo tiempo, parte de varias de estas almas tribales.
A nivel del alma tribal, nosotros nos liberamos de algunos aspectos de nuestra individualidad. Aquí, nuestra identidad se basa sobre la comunidad. El "yo" da lugar al sentido de "nosotros". Los fanáticos activos y devotos de un club de fútbol están unidos en un alma tribal, exactamente como los miembros de un grupo religioso, tal como el Hare Krishna o los testigos de Jehová. Las almas tribales se crean cuando un grupo de personas se une y vincula estrechamente. Estos campos colectivos existen durante un tiempo y, luego, vuelven a desaparecer cuando el grupo se cae a pedazos. Algunos sólo existen por corto tiempo; sin embargo, algunos campos del alma tribal han tenido una experiencia prolongada. Los más antiguos y por lejos los más poderosos, están divididos por las fronteras del género y la raza. Las almas tribales basadas en la religión son también muy poderosas, algunas han existido durante miles de años y son millones las personas que participan de ellas.
Nacemos dentro de algunas almas tribales y podemos unirnos a otras por propia voluntad. A nosotros, los seres humanos, no nos gusta estar solos, somos sociables. Queremos pertenecer, queremos estar en compañía de personas con quienes nos podamos identificar y por causa de esta necesidad formamos grupos y colectividades. Pero la pertenencia está necesariamente acompañada por la no pertenencia, porque cuando formamos parte de un grupo específico, automáticamente se excluye la posibilidad de
pertenecer, por lo menos, a alguno de los otros. Luego que pertenecemos a un sistema tribal, nos separamos y hasta rechazamos a los otros. Identificarse con un sistema específico significa dejar de identificarse con otro.
Con frecuencia, las identidades tribales están estratificadas. La gran alma tribal cristiana está dividida en ortodoxos, católicos, protestantes y otras comunidades. Cada uno de ellos está dividido nuevamente en subgrupos que, a su vez, también se pueden volver a segmentar. Cada uno de estos grupos se define como diferente de los demás y estas diferencias, a veces, se basan en detalles ínfimos. Aun así, estos detalles son suficientes para crear una división entre "nosotros" y "ellos". La identificación con
determinados segmentos y sub-grupos del campo colectivo varía en cada confrontación con un extraño. Un protestante se puede identificar como radicalmente diferente de un católico pero cuando un musulmán entra en escena, las diferencias disminuyen de inmediato, juntos son entonces simplemente cristianos. El musulmán puede ser un sunita y sentirse superior a los musulmanes shiítas. Sin embargo, los dos se sentirán unidos en su fe cuando un judío aparezca en escena.
Existen muchas formas de mirar las dinámicas duales de abrazar una identidad y, al mismo tiempo, de rechazar otra, además se han usado muchos idiomas para describir este proceso. Bert Hellinger ha descrito las dinámicas de pertenecer a un sistema, en relación a los trabajos de la conciencia. Los
"órdenes del amor", descritas en el libro de Gunthard Weber y Hunter Beaumont 'Love's Hidden Symmetry´ [La simetría escondida del amor], introduce al lector en el análisis revolucionario de Hellinger sobre la conciencia y sobre su función como pilar deja identidad. Otros han hablado sobre la formación de identidades de grupo desde una perspectiva sociológica o desde una perspectiva conductual o de una evolucionista. Cada uno de estos "lenguajes" enfatizarán algunos aspectos de las identidades colectivas e ignorarán otras, explicando su existencia en sus propios términos. Ninguna descripción del movimiento de la mente tribal se puede completar de por sí porque la materia es muy complicada y tiene muchos estratos y aspectos. Aun así, todos los puntos de vista pueden agregar ideas valiosas, además de su conocimiento general.
A fin de llegar a la descripción y la explicación de esos estratos de los campos colectivos, que son importantes para mi trabajo con los grupos, uso un lenguaje espiritual-energético. Además, una de las mejores herramientas que me pueden ayudar a lograrlo es el timón de cuatro direcciones. El círculo con el este, sur, oeste y norte, en sus funciones como el mapa de la realidad física, que al mismo tiempo es la herramienta espiritual para organizar nuestra percepción y comprensión del mundo. En un timón
tradicional, cada dirección está conectada con animales, conceptos y cualidades específicos. Las distintas culturas y tribus chamánicas han desarrollado y usado variedades muy diferentes de timón y todas son verdaderas y correctas dentro del contexto legítimo donde se originaron y usaron. Los timones de las primeras naciones de América del Norte y Canadá son los más conocidos de todos y mucha gente los llama los timones medicinales. No afirmo que mi concepto del timón de cuatro direcciones sea el mismo tipo de concepto que tienen mis amigos y maestros estadounidenses nativos y, para evitar el efecto de que represento o reivindico su conocimiento tradicional, no uso el término timón medicinal y hablo simplemente del "timón".
El timón enseña que nada puede existir de por sí y nos recuerda que podemos aprender mucho sobre un tema, estudiando el contexto o el entorno dentro del que aparece. Esto significa que si queremos saber algo más sobre el alma tribal, tenemos que mirar hacia su lugar en el timón de las direcciones y su relación con los otros niveles del alma que ya se han mencionado: el alma individual, el alma familiar y el alma grande o universal.
Antes de que podamos mirar hacia el lugar de cada estrato del alma, es necesario que entendamos las dinámicas fundamentales del timón. El sol sale por el este. El sol está en el punto máximo en el sur. El sol se pone por el oeste y se va por el norte. Este ciclo de comienzo, madurez y cenit, caída y desaparición, es uno de los patrones absolutamente básicos y fundamentales que nos muestra el timón. En el este encontramos los diferentes comienzos que podemos presenciar en la naturaleza: la salida del sol y la mañana; la primavera y el desarrollo de las semillas. El este también es el lugar del nacimiento, de los bebés y de los polluelos, los cachorros y otros animales jóvenes. En el sur encontramos el sol alto y la tarde, el verano y todas las plantas maduras y los animales. El oeste nos trae la puesta del sol y la tarde, el otoño y la vejez. El norte traerá el silencio y la oscuridad de la noche, y el invierno estacas, esqueletos y vacío.
Aunque al silencio del norte no le falta alma porque en los árboles deshojados crecerán hojas nuevas cuando los días se vuelvan a prolongar y el sol recupere su fuerza al llegar la primavera nueva.
El noreste es el lugar y el momento de la concepción. Aquí, se juntan el huevo y la esperma. El este es la zona del nacimiento y la niñez. El sur es el lugar de los adultos, el oeste el de los viejos. El noroeste es el lugar donde termina la vida física, es la entrada de la muerte. Por último, el norte es el tiempo después de la muerte y antes de la concepción, es el lugar donde mora el alma después de la muerte física y antes del nacimiento.
Cuando miramos el timón debemos tener presente que las fronteras entre las direcciones no están siempre determinadas con tanta claridad como al parecer, sería a primera vista. ¿Cuándo termina
exactamente la primavera y cuándo comienza el verano? Algunos años se puede sentir realmente despla-zada pero con frecuencia hay un proceso gradual, donde uno se transforma lentamente en el otro. De hecho, las fronteras existen pero el timón nos muestra los patrones de interconexidad, donde las fronteras pueden ser, a veces, amplias y permeables, en vez de duras y libres.
Una de las polaridades más importantes que uno encuentra al observar el timón básico es la del cuerpo y el alma. El cuerpo físico está ubicado en el sur y el alma tiene su hogar en el norte, En el sur uno
encuentra el cuerpo físico en todas sus formas, el lugar donde ocurren innumerables interacciones entre los seres vivos. El sur es el lugar de la encarnación pero no exactamente para ser encarnado en su propio
cuerpo físico, asimismo es el lugar de la comunidad de la que uno forma parte. El norte es lo opuesto a la encarnación, allí encontramos el mundo de lo amorfo. También es el lugar donde se acumula la sabiduría, donde se puede encontrar la reseña de los procesos de la vida y la muerte. Al norte está el hogar del alma.
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En la rueda todo se refleja e interactúa. El este puede ser el lugar de los comienzos y de la primavera pero la primavera tiene en sí un comienzo, un cenit, un final y también una fase de no existencia. Por consiguiente, podemos decir que en el este podemos encontrar las cuatro direcciones, que igualmente es verídico para el sur, el oeste y el norte. Cuando echamos una mirada minuciosa por allá, cada dirección es una rueda en sí misma. Ya vimos que el norte es el lugar del alma. De modo tal que para aprender más sobre el alma, podemos concentrarnos en el norte para descubrir la rueda que allí se esconde. En la rueda de las almas en el norte podemos encontrar cuatro niveles diferentes de alma y, cada uno de ellos,
ubicado en una de las cuatro direcciones.
El norte es el lugar de la amorfía, la sabiduría y la paz, por lo tanto, no será una sorpresa que en la rueda de las almas encontremos aquí un alma más grande. En el norte las tensiones se disuelven porque la polaridad en sí desaparece. Las personas que alguna vez estuvieron radicalmente en extremos
opuestos, aquí se reconcilian. Los opuestos se transforman y se vuelven uno. Aquí se deja atrás la identificación con los fragmentos de la realidad. El norte hace posible todo esto porque ofrece silencio, espacio y franqueza. El norte es el hogar de la sabiduría, pero no de la acción. Es el lugar de la liberación de la existencia corporal, el lugar donde concluye nuestra vida, después de que hemos abandonado el mundo corpóreo en sus diferentes formas. De este modo, en el norte, experimentamos nuestra integridad como soporte del todo y, así, podemos aceptar todos los aspectos de la creación. Pero es esencial advertir que podemos sentir esto porque realmente ya no estamos más en el mundo. El norte es el mundo del ermitaño que se ha abandonado, el hogar de los frailes y monjas que han renunciado a todo. Acá, en el norte, encontramos el tiempo y la paz que necesitamos para sentir la unidad subyacente del todo, la única causa de todas las manifestaciones. Por consiguiente, acá encontramos "la gran alma" de Bert Hellinger
que une todo. Mi nombre propio para ello es el alma universal En el sur, encontramos el alma tribal. En este lugar de la rueda de las almas encontramos las diversas características del sur que ya han sido mencionadas pero que ahora se manifiestan a nivel del alma. El sur es el lugar de las formas totalmente desarrolladas, de la madurez y la actividad. Otros aspectos adicionales del sur son la interacción y la solidaridad. En el sur nunca estamos solos, 'comunidad´ es una de las palabras clave, más importantes. En la comunidad hay una fortaleza inconmensurable y siempre es más potente que el individuo. Cuando formamos parte del colectivo agregamos nuestra fortaleza y podemos beneficiarnos de la fuerza con la que han contribuido los demás. Agregamos nuestro conocimiento acerca de las cosas que se consideran valiosas en el colectivo y tenemos acceso a la sabiduría de otras personas. Allá hay energía, vida y poder. Durante la plegaria compartida, el ritual, la danza en- círculo u otra actividad se puede hacer desaparecer parcialmente' la frontera entre los miembros particulares del colectivo y, cuando eso ocurre, la gente participa conscientemente del gran conocimiento. Sin embargo, se debe pagar el precio de esta
experiencia nutritiva. Sólo se puede ser un participante activo en este campo a costas de algunos aspectos de nuestra propia individualidad. Las partes de nosotros a las que se les da la bienvenida en el alma tribal, son aquellas que armonizan con el colectivo. Muestra conexión con la tribu se pierde o sigue en pie con la buena voluntad de considerar sagrado cuanto considere sagrado el colectivo y de rechazar aquello que rechace el colectivo. El alma tribal necesita y está basada en la identificación con el grupo, el colectivo. Por eso está rodeada de límites claramente definidos por todas partes y del otro lado de esos límites hay otras tribus, otros colectivos. En el sur, el pertenecer automáticamente a un sistema significa no pertenecer a algún otro. Así, la pertenencia que experimentamos en el alma tribal es de una naturaleza muy diferente a la de la pertenencia mediante la identidad que sentimos en el alma universal del norte. La pertenencia en el sur es condicional, en cambio en el norte es incondicional.
Al nivel del alma universal en el norte no existe interés ni necesidad de identificarse con un colectivo específico. Aquí, las diferencias individuales son literalmente, en sí mismas, una parte del todo. En el norte ya no existen más los límites, de modo tal que la tendencia a identificarse y separarse se torna superflua. En el nivel del alma tribal, la unidad que experimentamos es específica, necesita límites y depende de ellos. Las conexiones entre los miembros del grupo existen porque ellos continúan recordando las diferencias entre "nosotros" aquí y "ellos" allá.
En el timón de las almas ahora hemos encontrado el alma universal en el norte y el alma tribal en el sur. La primera no tiene fronteras, mientras que ellas definen a la segunda. Para aprender aún más de estas fronteras debemos mirar hacia las dos direcciones que unen el norte con el sur, el este y el oeste. El timón se mueve naturalmente como las agujas del reloj y así descubrimos que las fronteras se determinan por el este y vuelven a desaparecer por el oeste.
El este es el hogar del alma de la familia. Ya hemos visto que el este, que es el lugar de los nuevos comienzos y el principio de la vida, también es el lugar de los niños. Un niño no puede nacer
inesperadamente, tiene una madre y un padre. El 'niño' mencionado es a la 'madre, el padre y el niño' mencionados. El niño nace en una familia y asimila profundamente muchos de los valores, ideas e identificaciones de la familia, porque la familia se encarga del marco para la experiencia del niño, que no puede sobrevivir sin el cuidado y la protección que le proporciona la familia. En el preciso momento del comienzo de la vida, el bebé recién nacido no hace diferencias entre las diversas razas, religiones, clases sociales y los equipos de fútbol. Él ha llegado directamente desde el norte y aún experimenta el mundo, a través de la perspectiva de integridad del norte pero gradualmente, a medida que crece y va formando su
personalidad, desarrolla más y más conceptos sobre los demás. Finalmente, cuando ha madurado y está listo para dejar a la familia, deja el este e ingresa en el sur, como un joven adulto. Para entonces, la franqueza del norte se ha ido, y la falta de límites ha sido reemplazada por gran cantidad de ideas, convicciones, opiniones, rechazos y preferencias.
En el oeste, que es el lugar del atardecer y del otoño, los árboles pierden sus hojas. Es el lugar de soltarse y, por último, de la muerte física. En el oeste encontramos el alma individual, donde sólo se puede ingresar al mundo con la ayuda de un hombre y una mujer, que son la madre y el padre, mientras que podemos morir completamente solos. En el oeste, algunas de las murallas mentales que rodean la
identidad tribal comienzan a deteriorarse y dispersarse. Este es un proceso natural y gradual. En el otoño, las hojas verdes primero se ponen amarillas y después marrones, antes de que se las lleve el viento. De la misma manera, algunas facetas de la identidad basadas en la tribu, comenzarán a marchitarse en el mismo momento. El oeste conduce al proceso de individuación, que es una separación de la realidad limitada de las perspectivas de la tribu, pero aunque este sea un proceso de separación, la desaparición de las fronteras es muy diferente a la separación de la integridad que ocurre en el este. En el este, la separación se produce de manera negativa; la familia le enseña al niño qué es necesario abrazar, aclarándole qué debe desechar. En el este nos separamos de la Integridad universal Las vallas se crean para mantener las cosas afuera. En el oeste del timón la gente comienza a ver a través de alguna de las construcciones tribales, y comenzará a descubrir, formular y abrazar los valores individuales. Esta es una separación del grupo y sus perspectivas limitadas. El oeste ayuda a algunas personas a liberarse de su rigidez y amuralla las identificaciones del sur. Aquí comienza el proceso de liberación y se da la bienvenida a una experiencia más personalizada. No se trata tanto de un rechazo del alma tribal a la que uno
pertenece, sino más bien de una expansión del espacio interno privado, que se torna más exclusivo. Uno comienza a observar y apreciar las similitudes entre los sistemas por separado, en lugar de concentrarse en sus diferencias. Un alma verdaderamente individualizada tiene una clase de independencia tranquila. No tiene una necesidad imperiosa de dejar el colectivo y apartarse de sí mismo, también puede
permanecer como miembro de la tribu y continuar participando en ella, aun cuando su perspectiva personal incluya un fundamento de sus límites e imperfecciones.
Nada es estático y, aunque el alma tribal defina claramente sus límites porque necesita estar separada de sus vecinos, se desarrolla, crece y cambia a lo largo del tiempo. Algunas ideas nuevas se pueden desarrollar, mientras que determinadas cosas consideradas esenciales pueden ser arrastradas lentamente por la corriente hacia los orígenes. Se podría esperar que el cambio llegue siempre desde el este,
considerando que es el lugar de la primavera, la mañana, las iniciaciones y la renovación. Es verdad que el este puede traer un cambio en el alma tribal pero no todas las ideas nuevas que nacen en el este se ponen en práctica en el sur. Cuando el niño se vuelve una jovencita y está listo para hacer la transición del este al sur; ha atravesado su pubertad. Ya hemos observado que el este se caracteriza por el desarrollo de límites, y que ese proceso puede ser bastante extremo durante ese tiempo específico. Algunos jóvenes cambian su forma de vestir hasta el punto de provocar el enojo de sus padres y escuchan determinado tipo de música que sus hermanos no pueden soportar. Se niegan a colaborar y se vuelven malhumorados. Una manera de establecer cierta independencia para experimentar con mayor claridad quienes son de por sí, en lugar de confundirse paulatinamente siempre con su sistema familiar, como necesitan estar los niños pequeños. Estos intentos de independizarse pueden ser bastante divertidos para los extraños, aunque desafortunadamente no ocurra lo mismo con los padres. De por sí, para los jóvenes es un proceso muy serio. Sin embargo, la individualidad que trata de establecer la gente joven en el este no se profundiza demasiado pues, dada su juventud, les falta experiencia, camino por recorrer, dinero y habilidades; por lo tanto, continúan necesariamente dependiendo de su familia o la sociedad. El hecho de abrazar una subcultura puede parecer un acto de rebelión y un signo de independencia pero para la mayoría de los jóvenes funciona, en realidad, como el tiempo durante el cual practican cómo hacer para llegar a ser un miembro activo de la corriente principal de una cultura.
A veces, la gente joven evita la entrada al sur y se niega a Ingresar en la sociedad. En esos casos, el proceso natural de establecer los límites, que ocurre en el este, por alguna razón ha abandonado el camino recto y se queda quieto en una adolescencia perpetua. Las personas que no aceptan ingresar al sur, por lo general, permanecen en rebelión y pocas veces tendrán influencia en el sistema tribal que rechazan porque no interactúan respetuosamente con él. Tratan de reformar el orden social externo, juzgándolo y señalando los errores pero niegan su verdadera relación con él. La tribu no los reconoce como miembros valiosos y, por lo tanto, tiene total libertad para rechazarlos. La tribu sólo puede asimilar las ideas nuevas que fortalezcan la identidad colectiva y, en vista de que las ideas de los jóvenes se basan
con frecuencia en el rechazo de la tribu, comienzan a formar parte del grupo pensante de la corriente principal, al integrar precisamente un poquito de su energía.
El crecimiento y el cambio también pueden llegar desde el oeste. Los miembros experimentados del colectivo cuentan con la sabiduría y la madurez para sugerir cambios aquí y allá, y además tienen la autoridad para ponerlos en práctica. Los mayores no sugieren cambios porque rechacen a la tribu sino porque la aprecian y respaldan. Saben qué es esencial y no debería cambiarse, y además qué es lo que se puede ajustar y modificar con seguridad. A veces, los mayores pueden comprender la justicia de alguna de las críticas de los jovencitos y respaldarlas. Después, las ideas nuevas que provienen del este, pasan por el oeste hacia el sur.
El alma tribal contiene muchos dones. A veces, podemos experimentar el sentido de integridad con la tribu que trasciende la experiencia común de tiempo y espacio. Luego, como individuos, nos fusionamos con algo importante, participamos en un campo colectivo a nivel del alma. En estos momentos, tenemos acceso directo a la experiencia y el conocimiento del alma tribal. En esos momentos, la fuerza del colectivo nos respalda. Pero, las debilidades y los prejuicios del colectivo, desgraciadamente nos vuelven ciegos, y esto nos ocurre a todos y a cada uno de nosotros. A veces, se trata de una experiencia consciente pero desafortunadamente no lo es, con mucha mayor frecuencia. Entonces, el alma tribal nos dicta nuestra interpretación de la realidad, a costa de la perspectiva y de la razón individual.
Conexión ancestral
De todos los posibles colectivos de los que podemos formar parte, el campo de nuestros ancestros tiene un efecto particularmente fuerte sobre nosotros. Para entender más la conexión entre el alma y los ancestros, el timón de las generaciones puede servirnos de ayuda. Para explorar este timón en particular, comenzamos nuevamente por el este que es el lugar de la salida del sol, la primavera y los comienzos. Allí encontramos la generación de los recién nacidos, los niños. Seguimos al timón, de acuerdo con el
movimiento de las agujas del reloj y cuando nos trasladamos hasta el sur, ingresamos en la fase de la vida que viene después de la niñez; la adultez y la paternidad. En la fase siguiente de la vida, en el oeste, los padres llegan a ser abuelos. ¿Qué ocurre cuándo la generación de los abuelos sigue caminando hacia la próxima fase? Por supuesto, hay abuelos que siguen viviendo y llegan a ser bisabuelos, pero esa no ha sido mi intención en este punto. Al dejar el oeste para ingresar al norte, los abuelos trasponen la puerta de la muerte, de modo tal que probablemente se debería cambiar la pregunta. ¿Cuándo los abuelos siguen caminando hasta el otro mundo, en qué se convierten? Se convierten en ancestros.
Cuando combinamos el timón de las generaciones con el primer timón que he descrito, observamos
que el norte ahora es el hogar de los ancestros y del alma. El timón se mueve como las agujas del reloj.
De modo tal que cuando vamos desde el norte hasta el este, algo fluye hacia adelante desde los ancestros y el alma hacia la siguiente generación. Los ancestros están a cargo de la creación del recién nacido. Probablemente, lo podemos decir de esta manera: los padres le dan a sus hijos el cuerpo físico y los ancestros les proporcionan el alma. Muchas personas creen que el alma es transparente, pura, serena y maravillosa. En el timón de las almas hemos visto que estas cualidades están presentes en el alma grande o universal Sin embargo, la realidad es que la dicha angelical no es la única sustancia de la que está hecha el alma. El timón de las almas que encontramos en el norte del timón básico nos reveló que cerca del alma universal también existen las almas individual, familiar y tribal Además encontramos todos los tipos de experiencias dinámicas tan pacíficas e integradas como puede ser el alma universal, a nivel del alma individual, familiar y tribal, entre las cuales algunas se pueden considerar positivas y otras negativas. Por eso, ahora que sabemos que el norte no es exactamente el lugar del alma, sino también el hogar de los ancestros, podemos entender cuál es la razón para que así sea. Los ancestros influyen sobre todos los niveles del alma del timón del alma, porque los ancestros y el timón de las almas están, entre sí, en el norte del timón básico.
En el norte se guardan los recuerdos y las experiencias de muchas generaciones de ancestros. El norte es atemporal, no reconoce pasado ni futuro. Por consiguiente, las experiencias de los ancestros no están protegidas como viejas anécdotas, sino como realidad verdadera. En la región del alma, las alegrías y los sufrimientos de los ancestros no quedan en el pasado, sino que permanecerán aquí y ahora. En el reino material, conocemos el tiempo lineal, sabemos la edad de nuestros cuerpos a medida que pasan los años y que nuestra capacidad para guardar datos en la memoria irá disminuyendo de a poco, a medida que envejecemos. La realidad del alma es diferente. En el mundo físico podemos olvidar fácilmente todo tipo de cosas, pero el alma no. Podemos cambiar nuestras anécdotas a lo largo del tiempo, para hacerlas más hermosas o más desagradables, tal como nos plazca, en cambio el alma no lo hace. En cierta forma, todavía están allí los triunfos de los ancestros y sus fracasos, sus esperanzas y decepciones. Y en este campo ancestral que penetra toda el alma, no encontramos solamente la presencia de esos ancestros que se han reproducido. El alma tribal incluye también a quienes murieron jóvenes y a quienes nunca trajeron hijos al mundo. El reino del alma es extenso y espacioso, además incluye y une a todos los que
pertenecieron al sistema tribal, vivos o muertos.
Considerando que el norte es el lugar del silencio, los ancestros no nos hablan en voz alta. De hecho, envían mensajes que nuestros oídos físicos apenas captan en contadas ocasiones. Sólo cuando nos acercamos al norte, cuando nos hemos tranquilizado por completo; a veces, comenzamos a notar a nues-tros ancesnues-tros. Ocasionalmente, los encontramos en un sueño o los podemos ver cuando estamos en un ligero estado hipnótico. Sus palabras pueden llegar hasta nosotros, cuando estamos vacíos durante el ayuno y la plegaria. Las diferentes tradiciones chamánicas saben, al igual que muchas otras culturas, que algunas personas pueden escuchar las voces de sus ancestros con mayor facilidad que otras. A estas personas se los brindará la capacitación necesaria, que los facultará para servir a la comunidad como un puente entre los ancestros en el norte y la gente en el mundo físico del sur; entre quienes han fallecidos y quienes están vivos. En el mundo occidental hemos comenzado a llamar chamanes a esas personas, pero cada cultura tiene sus propios nombres para ellos. Pueden cruzar las fronteras al mundo del espíritu para traer y llevar mensajes.
Las tradiciones chamánicas han comprendido que los ancestros necesitan plegarias. Algunos ancestros han muerto de una manera triste y difícil, y la mayoría de ellos aún necesitarán alguna ayuda después de su muerte física. De lo contrario, en el mundo infinito del alma continúan sus sufrimientos, que afectarán a quienes todavía están vivos. No deberíamos confundir este sufrimiento infinito en el mundo espiritual con el sufrimiento prolongado, que a veces identificamos en este mundo físico de tiempo lineal Algunos de los ancestros que murieron en una circunstancia difícil están, en cierto modo, clavados, congelados en el tiempo. Para nosotros, podría parecer 'eternamente´ cuando tratamos de entender esto, pero de hecho no tiene tiempo. Las plegarias los ayudarán a despertarse, ante el hecho de que han muerto, y les recordará que pueden comenzar a ponerse en movimiento. Y si las plegarias comunes no son suficientes, las chamánicas pueden llegar hasta ellos y ofrecerles su ayuda. Las tradiciones enseñan que no tiene importancia el lugar y la condición en que está el ancestro fallecido; por lo general, un chamán
experimentado sabe cómo llegar a su destino. Los ancestros pueden sanar y sus lágrimas se pueden secar, además de unirse con quienes ya han encontrado la paz.
En el norte, los ancestros están presentes con todos sus recuerdos y experiencias, tanto alegres como tristes. El timón nos enseña que todo está conectado y que nosotros lo estamos con nuestros ancestros, ya sea que seamos conscientes o no de esta conexión. Las fuerzas de los ancestros llegarán hasta nosotros pero sus preocupaciones también nos afectarán. A veces, cuando nos sentimos bien es porque estamos armonizados con las alegrías de nuestros ancestros y, a veces, vemos al mundo a través de la perspectiva de los sufrimientos de nuestros ancestros. Permítanme compartir, con ustedes la historia que me contó una de mis amigas, Sabine, para darles un ejemplo de la última dinámica.
"Hace algunos años mi hijo de siete años no quería terminar su comida, en vez, yo quería que siguiera comiendo. Entonces, me puse firme con él y comenzó a quejarse; me enojé y comenzó a gemir... Creo que pueden imaginar la escena. Su gemido se apoderó de mí y cada vez que hace eso, algo se endurece en mí. En esta ocasión, al igual que ha ocurrido otras veces antes, me enojé realmente con él y comencé a gritarle. Aborrezco hacerlo, pero no pude contenerme. Luego, mi esposo me miró y dijo con voz calmada: 'Probablemente, debieras considerar la carga que hay detrás de esto'. Salí de la habitación y me quedé un rato en la galería de la cocina, pensando en la sugerencia que me habían hecho de comprobar qué estaba ocurriendo. Retrocedí unos pasos, imaginando que había entrado en el campo que ejercía una influencia total en mi comportamiento y después tuve una experiencia muy poderosa. Algo llegó por detrás y fluyó sobre mí. Fue una onda de energía extraña y tangible. Y súbitamente los pude ver, realmente los vi. Gente, caminando por la nieve. Centenares de personas, todas moviéndose en la misma dirección. Las había de todas las edades. Había muchas personas muertas en el suelo, la mayoría bebes, niños y ancianos... Todos los que estaban demasiado débiles para seguir caminando y quienes no pudieron mantenerse abrigados del frío se habían desplomado y murieron en la nieve. Yo estaba allí, en alguna parte y los vi. Escuché a las madres y a los padres, gritándole a sus hijos: 'iMuévanse! iSigan moviéndose! ¡No se detengan!'. A algunos niños les sangraban los pies, algunos tenían los dedos congelados, todos estaban exhaustos. Pero los padres tenían que seguir adelante e ir en busca de sus hijos: 'Todo lo que hemos dejado atrás es peor que la muerte -sigan caminando'. La multitud se movía sin cesar, hacía adelante como un gran organismo. Dejando un sendero de muertos. Quienes no pudieron mantenerse firmes, simplemente detuvieron el paso, se tambalearon y murieron.
Fue una experiencia muy fuerte. ¿Estuvo alguna vez en un lugar donde el tiempo es inclemente y todo se congela? El aire frío que ingresa en la nariz crea una sensación particular, que yo sentí mientras estaba en la galena. Sentí el olor de la gente que no se había lavado ni bañado durante muchos días, un olor extraño, algo nauseabundo, casi dulce. Sentí el olor de los caballos, pues algunas personas tenían un caballo para transportar a los niños. Los vi, los olí y realmente sentí frío. Los oí gritar, los vi caer y morir. Entonces reconocí que, a veces, trato a mi hijo con la misma dureza, la misma falta de sentimientos, con la misma firmeza que esos pobres padres exhaustos usaban, para mantener a sus hijos caminando.
Después de esta experiencia, me tomé diez días y todas las tardes me sentaba y rogaba por todas estas personas. Cada vez, descubrí que podía regresar a ellas. La experiencia siguió siendo exactamente como la primera vez; los veía con claridad, los escuchaba, podía olerlos y sentir el aire frío en mi nariz. En realidad, no interactué con ellos. Simplemente estuve allí con ellos y rogué por todos, en particular, por quienes murieron durante esa huida lenta y prolongada. Al regresar allí, durante diez tardes sucesivas, comencé a observar que me sentía como esas personas con mucha frecuencia. Sentí como si hubiese estado caminado frecuentemente por allí con ellos, de un extremo a otro, a través del intenso frío y de la nieve. Nunca mires hacia atrás, no pienses en lo que has dejado, simplemente sigue andando. En cierta parte, esto me define bastante. Pude observar que los sobrevivientes lo hicieron por su firmeza y cómo esa fuerza también es una cualidad.
Asimismo, pude observar cómo tuvieron que clausurar ciertas partes en sí mismos, puesto que eran horribles y dolorosas. Algunos de ellos, de común acuerdo, simplemente dejaron de sentir. Muchos
murieron. Rogué por ellos y aprendí de ellos, durante diez atardeceres y, de esa manera, me di cuenta que también había aprendido algo sobre mí.
Mi padre es austríaco y mi madre polaca. Ella proviene de una región que pertenecía a Alemania al momento nacer, pero que ahora pertenece a Polonia. Ellos vivieron momentos muy difíciles durante la guerra, pero nunca se vieron obligados a huir, a través de la nieve, como aquellos refugiados. Tampoco debió hacer esa travesía, ninguno de sus padres, abuelos ni otro miembro de la familia relativamente cercano. Es muy probable que alguno de sus familiares lejanos haya estado en esas marchas de
refugiados, cuando los rusos huyeron al finalizar la guerra, a través de Europa Oriental durante los meses de invierno, pero no sé exactamente quiénes fueron. Algunos de los parientes de la madre de mi madre murieron en la guerra y el padre de mi madre fue asesinado cerca de Stalingrado y algunos de sus parientes tampoco sobrevivieron a la guerra. Sin embargo, hasta donde yo sé, ninguna de esas personas