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Elementos Fundamentales de Psicoanalisis CHARLES BRENNER

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Academic year: 2021

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Charles Brenner

Elementos Fundamentales de

Psicoanálisis

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INTRODUCCION

Este libro desea proporcionar una exposición clara e integral de los fundamentos de la teoría psicoanalítica. No requiere conocimiento psicoanalítico previo alguno de parte del lector y le servirá de introducción a la literatura de psicoanálisis. Supone, sin embargo, que la actitud del lector hacia esta ciencia es la de un profesional, medico, psiquiatra, psicólogo, visitador social o sociólogo. Al brindar al lector una revisión segura de las hipótesis corrientes en uso y darle una ideas de las etapas de su evolución le facilitara la comprensión y asimilación del conjunto de la literatura psicoanalítica misma y le ayudara a evitar la confusión e incomprensiones que con tanta facilidad pueden resultar de una falla en la apreciación de cuan diferentes fueron las teorías de Freud en distintos periodos a lo largo de los cuarenta años de su activa carrera psicoanalítica. La organización del material de estudio es el resultado de varios años de experiencia en la enseñanza a estudiantes residentes en psiquiatría, primero en la división Westchester del Hospital de New York y luego en el programa de enseñanza para graduados en la escuela medica de Yale. La lectura de los trabajos sugeridos y enumerados al final del libro complementara y aumentara el valor del texto en si. También proveerá una base solida para las lecturas de los estudiantes que se inician en el terreno del psicoanálisis.

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CAPITULO I

DOS HIPOTESIS FUNDAMENTALES

El psicoanálisis es una disciplina científica que Sigmund Freud inicio hace unos sesenta años. Como otras ciencias a dado origen a otras teorías que derivan de los datos de la observación y que procuran ordenar y explicar dichos datos. Lo que llamamos teoría psicoanalítica, por tanto, es un cuerpo de hipótesis que conciernen al funcionamiento y desarrollo mental en el hombre. Es una parte de la psicología general comprende las que son, con mucho, las contribuciones mas importantes que han sido aportadas a la psicología humana hasta la fecha.

Es importante apreciar que la teoría psicoanalítica comprende tanto el funcionamiento mental normal como el patológico: de ningún modo es una simple teoría de psicopatología. Es verdad que la práctica del psicoanálisis consiste en el tratamiento de las personas que se hallan mentalmente enfermas o perturbadas, pero las teorías del psicoanálisis tienen que ver tanto con lo normal como con lo anormal, aunque hayan derivado principalmente del estudio de lo normal.

Como en cualquier disciplina científica, las diversas hipótesis de la teoría psicoanalítica están mutuamente relacionadas. Es natural que algunas sean mas fundamentales que otras; algunas han sido mejor establecidas y otras han recibido tal confirmación y su importancia es tan fundamental, que nos sentimos inclinados a contemplarlas como leyes mentales establecidas.

Dos de tales hipótesis que han sido confirmadas sobradamente, son el principio del determinismo psíquico, o causalidad, y la proposición de que la conciencia es mas bien un atributo excepcional y no regular de los procesos

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psíquicos. Para expresar esta última afirmación con otras palabras podríamos decir que, de acuerdo con la teoría psicoanalítica, los procesos mentales inconscientes son de una gran frecuencia e importancia en el funcionamiento mental tanto normal como anormal. Este primer capitulo estará dedicado a considerar estos dos hipótesis fundamentales, que están mutuamente relacionadas, como ya veremos.

Comencemos como el principio del determinismo psíquico. El sentido de este principio es que en la mente, como en el mundo físico, nada ocurre por casualidad o por ventura. Cada fenómeno psíquico esta determinado por aquellos que le precedieron. Los sucesos que en nuestra vida mental parecen casuales o no relacionados con lo que aconteció antes, solo son tales en apariencia. La verdad es que los fenómenos psíquicos son tan incapaces de carecer de una conexión casual con los que le precedieron, como lo son los físicos. En la vida mental no existe en este sentido discontinuidad alguna.

La comprensión y la aplicación de este principio son esenciales para una orientación apropiada e el estudio de la psicología humana en sus aspectos normales tanto como en los patológicos. Si lo comprendemos y lo aplicamos correctamente, jamás rechazaremos un fenómeno psíquico por carente de significado o accidental. Deberemos siempre preguntarnos, en relación con cualquier fenómeno en el cual estemos interesados: ―¿Qué lo causo? ¿Por qué se produjo así?‖. Nos formulamos estos interrogantes porque estamos seguros de que existe una respuesta para ellos. Que podamos hallar la respuesta con facilidad y rapidez ya es otra cuestión, claro esta, pero sabemos que la contestación existe.

Por ejemplo, es una experiencia de todos los días el olvidar o extraviar algo. La opinión habitual sobre tal hecho es que se trata de ―un accidente‖ que ―simplemente ocurrió‖. Sin embargo, una investigación minuciosa de tales ―accidentes‖ en el curso de los últimos sesenta años, llevada a cabo por los psicoanalistas iniciada por Freud mismo, ha demostrado que de ninguna manera son tan accidentales como el juicio popular lo considera. Por lo contrario, puede

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demostrarse que cada‖ccidete2 de esos fue cuando por un deseo o intención de la persona afectada, en acuerdo estricto con el principio de la función mental que hemos estado discutiendo.

Tomemos otro ejemplo del ámbito de la vida cotidiana: Freud descubrió y los psicoanalistas confirmaron que los fenómenos comunes en el dormir, que aun que notables y misteriosos, que denominamos sueños siguen el mismo principio del determinismo psíquico, cada sueño, cada imagen de cada sueño, es la consecuencia de una relación coherente y plena de significado con el resto de la vida psíquica de su soñador.

El lector apreciara que tal punto de vista sobre los sueños –tema que será discutido mas in extenso en el capitulo VII es bastante distinto por ejemplo, del que era corriente entre los psicólogos de educación científica de hace cincuenta años. Consideraban que los sueños se debían a la actividad al acaso o incoordinada de las diversas partes del cerebro mientras se duerme. Este punto de vista es claro, estaba en directo desacuerdo con nuestra ley del determinismo psíquico.

Si pasamos ahora a los fenómenos de la psicopatología es de esperar que se pueda aplicar el mismo principio y por cierto que los psicoanalistas han confirmado en forma repetida nuestra suposición. Cada síntoma neurótico, cualquiera que sea su naturaleza, esta causado por otro proceso mental, pese al hecho de que el paciente mismo considere a menudo que el síntoma es extraño a su ser y que esta completamente desconectado del resto de su vida mental. Las conexiones existen, nos obstante, y se pueden demostrar pese a que el paciente no se dé cuenta de ellas.

En este punto ya no podemos evitar el reconocimiento de que estamos hablando no solo de la primera de nuestras hipótesis fundamentales, el principio del determinismo psiquismo, sino también de la segunda, es decir, de la existencia e importancia de los procesos metales de los que el propio individuo es inconsciente e ignora.

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De hecho la relación de estas dos es tan intima que uno apenas si puede discutir una de ellas sin introducir a la otra. Precisamente el hecho de que tanto de lo que ocurre en nuestras mentes sea inconsciente, es decir, desconocido para nosotros mismos, es el responsable de la aparente discontinuidad en nuestra vida mental. Cuando una idea, un sentimiento, un olvido accidental, un sueño o un síntoma patológico parezca no estar relacionado con lo que aconteció antes en la mente, es por que su conexión causal reside en algún proceso mental inconsciente en vez de consiente. Si se puede descubrir la causa o causas inconscientes, entonces desaparecen todas las discontinuidades aparentes y la cadena casual o secuencia resulta clara.

Un ejemplo simple de esto podría ser el siguiente. Una persona puede sorprenderse canturreando una tonada y no tener idea de como llego a su mente. Esta aparente discontinuidad mental de nuestro sujeto se resuelve, en este ejemplo particular, por el testimonio de un observador quien empero, nos dice que nuestro individuo oyó la tonada en cuestión unos momentos antes de que penetrara en su conciencia, proveniente al parecer de ninguna parte. Se trataba de una impresión sensorial, en este caso auditiva, la que provoco que nuestro sujeto canturreara dicha tonada. Puesto que el ignoraba haberla oído, su experiencia subjetiva fue la de una discontinuidad en sus pensamientos y requirió el testimonio de un observador para borrar la apariencia de discontinuidad y establecer en forma clara la cadena casual.

Sin embargo, es raro que un proceso mental inconsciente se descubra en la forma simple y cómoda del ejemplo recién descrito. Naturalmente, uno desea saber si existe algún método general para cubrir procesos mentales que el propio individuo ignora. ¿Se pueden observar directamente por ejemplo? Y si no, ¿Cómo descubrió Freud la frecuencia e importancia de tales procesos de nuestras vidas mentales?

El hecho es que aun no poseemos un método que nos permita observar directamente los procesos mentales inconscientes. Todos nuestros métodos para estudiar tales fenómenos son indirectos. Nos permite inferir la existencia de estos

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fenómenos y, a menudo, determinar su naturaleza y su significado en la vida mental del individuo objeto de nuestro estudio. El método mas formidable y de confianza que tenemos para estudiar los procesos mentales inconscientes es la técnica de Freud desarrollo en un periodo de varios años. La denomino psicoanálisis por la misma razón de que era capaz, con su ayuda de discernir y descubrir los procesos psíquicos que de otra manera hubieran permanecidos ocultos e insospechados. Fue durante los mismos años en los que desarrollo la técnica del psicoanálisis que Freud comprendió, con la ayuda de un nuevo método, la importancia de los procesos inconscientes en la vida mental de todo individuo, mentalmente sano o enfermo. Puede resultar de interés el seguir en forma breve los pasos que llevaron a la estructuración de técnica de Freud.

Como Freud mismo nos contara en su esbozo autobiográfico (1925), comenzó su carrera médica como neuroanatomista, y muy competente. Enfrentando, empero, con la necesidad de ganarse la vida, inicio la práctica médica como neurólogo y tuvo entonces que tratar pacientes a los que hoy llamaríamos neuróticos o psicóticos. Esto rige aun, claro esta, para todo especialista en neurología, excepto para aquellos con cargos académicos u hospitalarios de dedicación exclusiva (full-time) quienes no ven paciente privado alguno. La practica de un neurólogo, ahora como entonces, consiste en pacientes psiquiátricos. En la época en que Freud comenzó su práctica profesional no existía una forma racionalmente, es decir, etiológicamente orientada de tratamiento psiquiátrico. En verdad, había pocas en todo el campo de la medicina. La bacteriología, si bien ya saliendo de su infancia, estaba por cierto en su primera adolescencia; la cirugía aséptica acababa de ser adoptada y los grandes adelantos de la cirugía y la patología apenas habían comenzado a hacer posibles mejoras sustanciales en el tratamiento de los pacientes. Hoy nos resulta obvio que cuanto mas profunda sea l preparación medica del profesional, mejores serán los resultados terapéuticos: la medicina clínica se ha transformado en cierto grado en una ciencia. Es difícil darse cuenta de que hace solo cien años no era precisamente este el caso que el medico de correcta educación escolástica apenas si era superior al mas ignorante de los charlatanes en su capacidad para

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tratar las afecciones, aun cuando fuera capaz de diagnosticarlas mucho mejor. No resulta extraño, por ejemplo, leer acerca del menosprecio de Tolstoi por los médicos y nos sentimos inclinados a atribuirlo a su idiosincrasia particular como la convicción de un novelista de nuestros tiempos, Aldous Huxley, de que las lentes correctoras ya no son necesarias para la miopía pero el hecho es que ni aun el medico bien preparado de los tempranos días de Tolstoi podría curar las enfermedades y según el criterio ofrecido por los resultados, resultaba ser un blanco excelente para las burlas de los críticos. Fue solo durante la ultima mitad del siglo XIX que la medicina que enseñaba en las universidades se mostro claramente superior en los resultados al naturalismo, ciencia cristiana, homeopatía o superstición popular.

Como se podía esperar que lo hiciera un profesional bien preparado, Freud utilizo los métodos de tratamiento científico que hallo a su disposición. Por ejemplo, para los síntomas de histerismo empleo los tratamientos eléctricos recomendados por el gran neurólogo Erb gran parte de cuyo trabajo en el ámbito de la electrofisiología clínica es valido aun hoy. Lamentablemente, empero, las recomendaciones de Erb para el tratamiento de la histeria no estaban tan bien fundamentadas y, como Freud nos lo cuenta, tuvo por fin que llegar a la conclusión del que el tratamiento de Erb de la histeria era inútil y que los resultados atribuidos eran simplemente falsos. En 1885 Freud había ido a Paris, donde estudio durante varios meses en la clínica de Charcot. Se familiarizo con la hipótesis como método para la obtención de los síntomas histéricos y para su tratamiento, así como con el síndrome de histeria, tanto grande como petite, que Charcot había delimitado. Como otros neurólogos al día de su tiempo, Freud procuro borrar los síntomas de sus pacientes mediante la sugestión hipnótica, con diversos grados de éxito. Fue por ese entonces que su amigo Breuer le conto una experiencia que había tenido con una paciente histérica y que fue de importancia crucial en la generación del psicoanálisis. También Breuer era medico en ejercicio, con considerable talente y con excelente preparación fisiológica. Entre otras cosas, colaboro en el descubrimiento del reflejo respiratorio conocido como reflejo de Hering-Breuer e introdujo el uso de la morfina en los casos de edema pulmonar

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agudo. Lo que Breuer le conto a Freud es que hacia varios años había tratado a una mujer histérica mediante hipnosis y había comprobado que sus síntomas desaparecieron cuando fue capaz, en su estado hipnótico, de recordar la experiencia pasada y la emoción concurrente que la habían llevado al síntoma en cuestión: sus síntomas desaparecieron al conversarlo bajo hipnosis. Con todo entusiasmo Freud aplico este método 0para el tratamiento de sus propios pacientes histéricos, con buenos resultados. Las conclusiones de su labor fueron publicadas en artículos en colaboración con Breuer (1895) y, finalmente, en una monografía.

Al proseguir, empero, Freud hallo que la hipnosis no es tan fácil de ser inducida, que los buenos resultados propendían a ser transitorios y que algunas, por lo menos, de sus pacientes féminas se sentían sexualmente atraídas hacia el en el curso del tratamiento hipnótico, hecho que a él le resultaba poco agradable. En ese momento el recuerdo de un experimento de un hipnotizador francés Bernheim vino a ayudarlo. Bernheim había demostrado a un grupo, del cual Freud formaba parte, que la amnesia de un sujeto con respecto a su experiencia hipnótica podía borrarse sin volver a hipnotizar al paciente, urgiéndolo a recordar lo que el afirma que no podía. Si la insistencia era bastante fuerte y poderosa, el paciente recordaba lo que había olvidado sin necesidad de que se le volviera a hipnotizar. Freud arguyo sobre dicha base que también debía ser el capaz de borrar la amnesia histérica sin hipnosis, y se aplicó a hacerlo. Desde estos comienzos desarrollo la técnica psicoanalítica, cuya escancia consiste en que el paciente decide comunicar al psicoanalista todos los pensamientos que asoman a su mente sin excepción, y se cuida de no ejercer sobre ellos una orientación consciente o una censura.

Ha ocurrido con frecuencia en la historia de la ciencia que una innovación técnica ha abierto todo un mundo de datos e hizo posible comprender, es decir, construir hipótesis validas acerca de lo que previamente había sido comprendido en forma incorrecta o incompleta. El invento del telescopio por Galileo fue uno de esos adelantos técnicos e hizo posible un progreso inmenso en el campo de la

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astronomía y el empleo por Pasteur del microscopio en el estudio de las enfermedades infecciosas fue igualmente revolucionario en su efecto sobre dicho campo de la ciencia. El desarrollo y la aplicación de la técnica psicoanalítica, hizo posible que Freud, el genio que la creo y la aplico, realizara descubrimientos que han revolucionado tanto la teoría como la practica de la psiquiatría, en particular de la psicoterapia, así como efectuar contribuciones del tipo mas fundamental a la ciencia de la psicología humana en general.

La razón del gran valor que posee que el paciente renuncie al control consiente de sus pensamientos es esta: lo que el paciente piensa y dice bajo tales circunstancias esta determinado por pensamientos y motivos inconscientes. Así, Freud, al escuchar las asociaciones ―libres‖ del paciente –que después de todo solo estaban libres del control consciente podría formar un cuadro. Por inferencia, de lo que estaba ocurriendo en la mente del paciente. Él estaba, por tanto, en una situación única para poder escuchar los procesos mentales inconscientes de sus pacientes y lo que descubrió, en el transcurso de años y paciente y cuidadosa observación, fue que no solo los síntomas histéricos sino también muchos aspectos normales y patológicos del comportamiento y pensamiento eran el resultado de aquello que estaba sucediendo inconscientemente en la mente del individuo que lo producía.

Al estudiar los fenómenos mentales inconscientes, Freud descubrió pronto que estos podrían ser divididos en dos grupos. El primer grupo comprendía pensamientos, recuerdos, etc., que con facilidad podían hacerse consientes por un esfuerzo de la atención. Tales elementos psíquicos tienen fácil acceso a la consciencia y Freud los domino ―preconscientes‖. Cualquier pensamiento que puede ser consciente en un momento determinado, por ejemplo es preconsciente tanto antes como después de ese momento particular. El grupo mas interesante de fenómenos inconscientes, sin embargo, comprende aquellos elementos psíquicos que solo pueden adquirir consciencia por l aplicación de esfuerzo considerable. En otras palabras, estaban aislados de la consciencia por una fuerza

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considerable que tenia que ser vencida para que pudieran hacerse conscientes. Eso es lo que hallamos, por ejemplo, en un caso de amnesia histérica.

Fue para este segundo grupo de fenómenos que Freud reservo el término ―inconsciente‖ en sentido estricto. Pudo demostrar que el que fueran inconscientes en este sentido de ninguna manera evitaba que ejerciera una influencia muy importante en el funcionamiento mental. Además, demostró que los procesos inconscientes pueden ser muy semejantes a los consientes en precisión y complejidad.

Como ya hemos dicho, aun no poseemos una manera de observar directamente las actividades mentales inconscientes. Solo podemos apreciar sus efectos expresados en los pensamientos y sentimientos que el paciente nos comunica y en sus acciones, que pueden ser narradas u observadas. Tales datos son derivados de las actividades mentales inconscientes y de ello se pueden extraer conclusiones concernientes a las actividades mismas.

Los datos son particularmente completos y claros cuando se sigue la técnica analítica que Freud creo. Sin embargo, existen otras fuentes de datos que proporcionan evidencia para que nuestra afirmación fundamental de que los procesos mentales inconscientes tienen la capacidad de producir efectos sobre nuestros pensamientos y acciones, y puede ser interesante revisar una breve revisión de su naturaleza.

Las evidencias de este tipo que tienen el carácter de un experimento, la proveen los hechos bien conocidos de la sugestión posthipnotica. Se hipnotiza a un sujeto y, mientras se halla en estado hipnótico, se le dice algo que ha de hacer después de desaparecido ese estado. Por ejemplo, se le dice: ―cuando el reloj de las dos, usted se levantara de su silla y abrirá la ventana‖. También antes de despertar se le dice que no recordara nada de lo sucedido durante su transe y se lo despierta. Poco después de despertar, el reloj da las dos y el abre la ventana. Si luego se le pregunta por que lo hizo, contestara: ―No se; simplemente quise hacerlo‖, o, como es mas frecuente, procura racionalizarlo de alguna manera, por

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ejemplo, diciendo que sentía calor. La cuestión reside en que no tenia consciencia, en el momento de ejecutar la acción que el Hipnotizador le había ordenado, de por que lo hacia, y que no podía adquirir consciencia de ello por un simple acto de recordación o introspección. Tal experimento muestra claramente que un verdadero proceso mental inconsciente puede poseer un efecto dinámico o motivador sobre el pensamiento o la conducta.

De la clínica o de la observación general se pueden obtener otras pruebas de este hecho. Tómense, por ejemplo, ciertos fenómenos de sueño. Es verada, es claro, que para un estudio adecuado de los sueños y del soñar en general es esencial emplear la técnica de investigación que Freud creo, es decir, la técnica psicoanalítica. Sin lugar a dudas el estudio de los sueños por Freud mediante esta técnica es una de sus mayores logros, y su libro, La interpretación de los sueños, se estima como una de las obras científicas m auténticamente grandes y revolucionarias de todos los tiempos. Pero no necesitamos penetrar en detalles del estudio de la interpretación de los sueños para nuestro propósito actual. Por diversas fuentes, por ejemplo los diarios y libros de bitácora de las primeras expediciones árticas, es muy sabido que los hombres hambrientos normalmente o muy a menudo sueñan con alimentos y con comer. Creo que resulta fácil reconocer que el hambre dio origen a tales sueños y, claro esta, esos hombres al despertar están bien conscientes de ello. Pero durante el sueño, cuando estaban soñando con hartarse en banquetes, no estaban consientes del hambre, sino solo de un sueño de saciamiento, de modo que podemos decir que en el momento en que el sueño era soñado, algo se estaba produciendo inconscientemente en la mente de los soñadores; y ese algo daba origen a dichas imágenes iniricas consciente experimentadas

Otros sueños de conveniencia, como aquellos en que el soñador sueña que esta bebiendo solo para despertarse y comprobar que esta sediento, o sueña que esta orinando o defecando y despierta con la correspondiente necesidad de evacuar, demuestra en forma similar que durante el sueño la actividad mental inconsciente puede producir un resultado consciente… en estos casos, de que

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esta sensación orgánica inconsciente y los deseos relacionados con ella den origen a un sueño consciente de la satisfacción o el alivio deseados. Tal demostración es importante en si misma y se puede hacer sin una técnica especial de observación. Sin embargo, mediante la técnica psicoanalítica, Freud pudo demostrar que detrás de todo dueño, existen pensamientos y deseos activos inconscientes y así estableció como regla general que cuando se producen sueños estos son causados por una actividad mental inconsciente para el soñador que permanecería en tal situación si no se emplea la técnica psicoanalítica.

Hasta las investigaciones de Freud de las ultimas décadas del siglo XIX los sueños habían sido despreciados como objeto de estudio científico serio y con todo acierto, se puede agregar, pues antes de el no existo una técnica adecuada para estudiarlos, con el resultado de que cualesquiera estudios serios que se hayan hecho han arrojado poca luz sobre ellos. Freud ha llamado la atención sobre otro grupo de fenómenos, también descuidado antes, que demuestra del mismo modo como las actividades mentales inconscientes pueden afectar nuestra conducta consciente. Se producen durante la vigilia, que no en el sueño, y son lo que en general llamaos lapsos: lapsos verbales, escritos y mnemónicos y demás acciones similares para las cuales no tenemos un nombre genérico muy exacto en ingles. En alemán se denominan fehlleistungen, literalmente, actos errados. Como en el caso de los sueños algunos lapsos son bastantes claros y simples con o para que podamos adivinar con un alto grado de exactitud y convicción cual es su significado inconsciente. es manifiestamente fácil olvidar algo que es desagradable o molesto, como pagar una cuenta, por ejemplo, el joven enamorado, por otra parte, no olvida una cita con su amada, o si lo hace es probable que la encuentre pidiéndole cuentas por este signo inconsciente de descuido del mismo modo que s hubiera sido uno completamente intencional. No es difícil adivinar que en un hombre joven vacila en sus intenciones matrimoniales si nos cuenta que mientras manejaba para ir a su boda se detuvo ante una luz de transito y solo cuando esta cambio se dio cuenta de que se había detenido ante una luz verde y no roja. Otro ejemplo igualmente transparente, que más bien pudiera denominarse acto sintomático que el lapso, fue proporcionado por un

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paciente cuya cita fue cancelada un día por razones de conveniencia del analista. El paciente se encontró libre durante el tiempo que por lo habitual tenía ocupado en concurrir para su tratamiento y decidió probar un par de pistolas de duelo antiguas, recién adquiridas. De modo que durante el tiempo que habitualmente hubiera estado yaciendo en el sofá del psicoanalista, ¡estuvo tirando al blanco con pistolas para duelo! creo que aun sin las asociaciones del paciente uno podría afirmar con bastante seguridad que se sentía enojado con su analista por haberle fallado en la cita de ese día. Debemos agregar que como en el caso de los sueños, Freud pudo aplicar su t6ecnica psicoanalítica para demostrara que la actividad mental inconsciente desempeña un papel en la producción de todos los lapsos, y no solo en aquellos en los que la importancia de tal actividad es muy evidente, como ocurre en los ejemplos que acabamos de ofrecer.

Otra prueba fácil de demostrar de la proposición de que todos los procesos mentales inconscientes individuales son de importancia en la vida mental es la siguiente. Los motivos de la conducta de una persona son a menudo obvios para el observador aun que desconocidos para ella misma. Los ejemplos de esto nos son familiares por la experiencia clínica y personal. De su conducta puede resultar obvio, por ejemplo, que una madre es dominante y exigente con su hijo aun cuando ella supone que es la más sacrificada de las madres y que solo desea hacer lo que sea mejor para su hijo y sin tener en cuenta sus propios deseos. Creo que la mayoría de nosotros podría con facilidad suponer que esta mujer sentía un deseo inconsciente de dominar y controlar a su hijo, pese no solo a su ignorancia de ello sino también a pesar de su enérgica negación de tal deseo. Otro ejemplo algo divertido es el del pacifista que esta pronto a discutir violentamente con cualquiera que contradiga su punto de vista sobre lo errado de la violencia. Es obvio que su pacifismo consiente va acompañado de un deseo inconsciente de pelear que en este caso es eso mismo que su actitud consiente condena.

Claro esta, la importancia de la actividad mental inconsciente fue demostrada primero y ante todo por Freud en el caso de los síntomas de pacientes mentalmente enfermos. Como resultado de sus descubrimientos, la idea

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de que tales síntomas tienen un significado desconocido para el paciente se suele aceptar y comprender ahora en forma tan general que casi no requiere que se la ejemplifique. Si un paciente padece una ceguera histérica, suponemos naturalmente que hay algo que en forma inconsciente no desea ver o que su conciencia le impide mirar. Es verdad que de ningún modo es fácil adivinar siempre correctamente el significado inconsciente de un síntoma y que los determinantes inconscientes de aun un síntoma solo pueden ser muchos y muy complejos, de modo que si uno puede acertar debidamente su significado, este es solo una parte y a veces una pequeña parte del conjunto de la verdad. Para nuestro propósito actual, sin embargo, esto no tiene importancia pues simplemente consiste en indicar mediante ejemplos las diversas fuentes de evidencias para nuestra proposición fundamental concerniente a los procesos mentales inconscientes.

Aun cuando ahora en visión retrospectiva, podemos apreciar, como en nuestros ejemplos, que hasta sin la ayuda de la técnica psicoanalítica es posible establecer el poder de la actividad mental inconsciente para influir sobre los pensamientos y la conducta consciente de las personas, tanto sanas como enfermas mentalmente, y también en la situación experimental de la hipnosis, debemos recordar no obstante, que fue el empleo de dicha técnica el que originariamente hizo posible ese descubrimiento y que fue esencial para el estudio mas completo de los fenómenos mentales inconscientes.

Este estudio convenció a Freud de que en realidad la mayor parte del funcionamiento mental se produce fuera de la conciencia y que esta es de aquel más bien una cualidad o atributo desusado que habitual. Esto se encuentra, claro esta, en neto contraste con el punto de vista que prevalecía antes de la época de Freud acerca de que consciencia y actividad mental eran sinónimos. Hoy creemos que no es así y que la consciencia, aun que es una característica importante de las operaciones mentales, de ninguna manera es necesaria. Creemos que no tiene por qué participar y que a menudo no participa ni si quiera en los procesos mentales que son decisivos en la determinación de la conducta del individuo o a

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aquellos que son mas complejos y precisos por naturaleza. Tales operaciones aun las complicadas y decisivas pueden ser bien inconscientes.

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CAPITULO II

LOS IMPULSOS

Las dos hipótesis que acabamos de discutir son fundamentales para cualquier exposición de teoría psicoanalítica. Forman un cimiento, digamos, sobre el cual descansa todo lo demás., o, si se prefiere una metáfora distinta son guías que orientan y determinan nuestro enfoque al formular todas las hipótesis subsiguientes que conciernen a las diversas partes o elementos del aparato psíquico y su manera de funcionar.

Prosigamos nuestro intento de presentar el esquema de la mente que ofrece la teoría psicoanalítica mediante una consideración de las fuerzas instintivas que se estiman que le dan energía y la impelen a la actividad.

Las teorías psicológicas que Freud desarrollo estuvieron siempre fisiológicamente orientadas tan lejos como fue posibles llevarlas, sin duda, como sabemos por parte de su correspondencia recién publicada, realizo una ambiciosa tentativa de formular una psicología neurológica a comienzos de 1890 [Freud, 1924]. Se vio forzado a abandonarla pues los hechos no permitían una correlación satisfactoria entre las dos disciplinas, pero Freud compartió por cierto la opinión que suelen sostener la mayoría de los psiquiatras y quizá de los psicólogos no médicos también, de que algún día los fenómenos mentales podrán ser descritos en términos de funcionamiento cerebral. Aun no parece posible cumplir esto en forma satisfactoria aun que se han hecho algunas tentativas interesantes en este sentido. Cuando tendrán éxito dichos intentos es algo que no se puede predecir y,

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mientras tanto los nexos formales o teóricos entre el psicoanálisis y otras ramas de la biología son pocos. Los dos principales concierne a las funciones psíquicas que están relacionadas con la percepción sensorial y a las fuerzas instintivas denominadas "impulsos", que forman el tema de este capitulo.

Primero una palabra sobre nomenclatura. Lo que aquí denominamos impulsos, a menudo se menciona también en la literatura psicoanalítica como instintos. Esta es una palabra mas familiar que impulso en el sentido actual pero en este caso parece preferible la palabra menos familiar, por la razón de que el aspecto del funcionamiento psíquico humano que se desea describir es claramente distinto de los que se denominan instintos en los animales inferiores, aun que sin duda están relacionados con ellos. La distinción a hacer es esta... un instinto es una capacidad o necesidad innata de reaccionar a un grupo determinado de estimulo en una forma estereotipada o constante, una forma que se acepta generalmente como comprendiendo un comportamiento considerablemente mas complejo que aquellos que llamamos reflejo simple, como el reflejo patalear, por ejemplo. No obstante, cual un reflejo simple, el instinto de un animal dotado de un sistema nervioso central se supone que este compuesto de un estimulo, algún tipo de excitación central y una respuesta motora que sigue un curso predeterminado. Lo que llamamos impulso en un hombre, por otra parte no incluye la respuesta motora sin solo el estado de excitación central en respuesta al estimulo. La actividad motora que sigue a este estado de excitación tiene como mediador una parte altamente diferenciada de la mente que en la terminología psicoanalítica se conoce como el "ego" y que permite que la respuesta al estado de excitación que constituye el impulso o tensión instintiva sea modificada por la experiencia y la reflexión en ves de estar predeterminada, como el caso de los instintos de los animales inferiores [Hartmann, 1948].

No debe llevarse demasiado lejos la diferencia entre la vida instintiva del hombre y las manifestaciones similares de los animales inferiores. Es el hombre adulto, por ejemplo, es obvio que existe una conexión intima entre el impulso sexual y ese patrón innato de respuesta que llamamos orgasmo. Podemos

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agregar que en el caso de un impulso instintivo en el hombre, la respuesta motora esta predeterminada por factores genéticos en una forma general y amplia. Sigue siendo verdad empero, que el grado en que la respuesta queda así determina es mucho menor en el hombre de lo que parece ser en otros animales y que el grado en que los factores de ambiente y de experiencia pueden modificar las respuestas es mucho mayor en el hombre. Por ello preferimos tomar en cuenta estas diferencias y hablar de "impulsos" en ves de "instintos" en el hombre. Un impulso, entonces, es un constituyente psíquico genéticamente determinado que, cuando actúa, produce un estado de excitación psíquica, o como se dice a menudo, detención. La excitación o tención, o gratificación. La primera seria la determinación más objetiva y ultima, la más subjetiva. De este modo vemos que hay una secuencia que es característica de la operación del impulso. Esta secuencia podemos denominarla tensión, actividad motora y cesación de la tensión, o, si lo preferimos, necesidad, actividad motora y gratificación. Aquella terminología deja deliberadamente de lado los elementos de la experiencia subjetiva, mientras que la segunda se refiere a ella en forma explicita.

El atributo que poseen los impulsos de impero al individuo a la actividad, a Freud le resulto análogo el concepto de energía física, que claro esta se define como la capacidad de producir trabajo. En consecuencia, Freud supuso que hay una energía psíquica que forma parte de los impulsos o que en cierta forma deriva de ellos. La energía psíquica no ha sido concebida como igual a la energía física en forma alguna. Es meramente análoga a ella en los sentidos que ya hemos mencionado. Nadie ha visto jamás la energía psíquica, y nadie jamás la vera, del mismo modo que nunca ha sido vista ninguna de las formas de la energía física. El concepto de energía psíquica, como el de energía física, es una hipótesis que tiene como objeto servir al propósito de simplificar y facilitar nuestra comprensión de los hechos de nuestra vida mental que podemos observar.

Freud continuo la analogía entre sus hipótesis psicológicas y físicas y hablo de cuanto la energía psíquica del que un objeto o persona determinada están investidos. Para este concepto Freud utilizo la palabra alemana Besetzung que ha

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sido traducida al ingles como la palabra catexis. La definición exacta de catexia es: la cantidad d energía psíquica que esta orientada o unida a la representación mental de una persona o cosa. Es decir, que e impulso o su energía se consideran como fenómenos puramente intrapsiquicos. La energía no se puede fluir a través del espacio y catectizar o unirse al objeto exterior directamente. Claro esta que lo que se catectiza son los diversos recuerdos, pensamientos o fantasías del objeto que comprenden a lo que llamamos representaciones mentales o psíquicas. Cuanto mayor la catexia, mas importante es el objeto, psicológicamente halando y viceversa.

Podemos ilustrar nuestra definición de catexia con el ejemplo de una criatura cuya madre es la fuente de muchas gratificaciones instintivas importantes. Como es natural esperar que sea el caso. Con nuestra nueva terminología, expresamos este hecho diciendo que la madre de la creatura es un objeto importante de sus impulsos y este objeto esta altamente caracterizado con energía psíquica. Con esto queremos decir que los pensamientos, imágenes y fantasías del niño que conciernen a la madre, es decir la representación mental de esta en la mente del niño, están altamente catectizados.

Volvamos ahora a la cuestión de la clasificación y naturaleza de los impulsos. La hipótesis de Freud acerca de su clasificación se modifico y evoluciono en el curso de unas tres décadas, es decir desde alrededor de 1890 hasta 1920, y otros autores hicieron agregados importantes a su ideas en los últimos diez anos. En su primera formulación propuso dividir los impulsos en sexual y de auto conservación. Pronto abandono la idea de un impulso de auto conservación, pues lo consideraba una hipótesis insatisfactoria, y por muchos años todas las manifestaciones instintivas se consideraron como parte o derivado del impulso sexual. El estudio de diversos fenómenos psíquicos, empero, y en particular los del sadismo y masoquismo, llevaron eventualmente a Freud a revisar una vez mas sus teorías y en mas allá del principio del placer [Freud 1920] formulo la teoría de los impulsos que aceptan hoy en general todos los Psicoanalistas aun

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que, como veremos no todos la aceptan íntegramente en la forma en que Freud la presento originalmente.

En su última formulación Freud propuso responder de los aspectos instintos de nuestra vida mental suponiendo la existencia de dos impulsos, el sexual y el agresivo. Como su nombre lo sugiere el dualismo esta relacionado en una forma muy tosca con lo que queremos decir cuando hablamos de sexo y agresión, pero de hecho no es posible una definición concisa de los dos impulsos. Podemos acércanos un poco mas a lo que queremos decir si expresamos que un impulso da origen al componente erótico de las actividades mentales, mientras que el otro genera el componente puramente destructor.

Tal precaución y meticulosidad en el vocabulario es necesaria por que la teoría de Freud supone, y esto es lo mas importante a recordar en la teoría dual de los impulsos, que en todas las manifestaciones instintivas que podemos observar normales o patológicas, participan ambos impulsos, el sexual y el de agresión. Para emplear la terminología de Freud, los dos impulsos están habitualmente "fusionados" aun que no necesariamente en cantidades iguales.

Así hasta el acto mas encallecido de crueldad intencional que en su superficie no parece satisfacer más que algún aspecto del impulso de agresión, aun posee algún significado sexual y le proporciona un cierto grado de gratificación sexual inconsciente. Del mismo modo no hay acto de amor por mas tierno que sea que no proporcione simultáneamente un medio inconsciente de descarga del impulso de agresión.

En otras palabras, los impulsos que postulamos no son observables como tales en la conducta human en su forma pura y no mixta. Son abstracciones de los datos de la experiencia. Son hipótesis conceptos de trabajo, para emplear un término en uso en la actualidad que consideramos que nos permiten explicar y comprender nuestros datos en la forma más simple y sistemática posible. De modo que nunca debemos esperar o buscar un ejemplo clínico en el cual el

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impulso de agresión aparezca separado del sexual o viceversa. El impulso de agresión no mas sinónimo de lo que habitualmente se entiende por agresión que cuanto lo pudiere ser el impulso sexual de un deseo de relación sexual.

En nuestra teoría actual, distinguimos, entonces dos impulsos. A uno de estos lo llamamos el sexual o erótico y al otro el agresivo o destructor. De acuerdo con esta distinción también suponemos que hay dos clases de energía psíquica, aquella que esta asociada con el impulso sexual y la que esta relacionada con el de agresión. La primera tiene un nombre especial "libido", la otra carece de ese nombre, aun que alguna vez se sugerido que se la denominara "destruido", de destruir y por analogía. Algunas veces se hace referencia a ella simplemente como energía de agresión aun que a veces se le dice "agresión". Este uso no es afortunado pues como ya hemos dicho el significado de la energía agresiva y del impulso agresivo no es el mismo que para la conducta a la que hacemos referencia comúnmente como agresión y usar la misma palabra para ambos solo puede llevar a una confusión innecesaria al tender disimular la distinción importante que debe hacerse entre ellos.

También es importante apreciar que la división de los impulsos en sexual y agresivo en nuestra teoría actual esta basado en la evidencia psicológica. En su formulación original, Freud intento relacionar la teoría psicológica de los impulsos con conceptos biológicos más fundamentales y propuso que los impulsos se denominaran, respectivamente, de vida y de muerte. Estos impulsos corresponderían aproximadamente a los procesos de anabolismos y catabolismos, y tendrían una importancia más que psicológicas. SERIAN CARACTERISTICAS instintivas de toda materia viviente, instinto del protoplasma podríamos decir.

Por correctas o incorrectas que sean estas especulaciones biológicas de Freud, es cierto que han llevado a un alto grado de confusión. No se insistirá demasiado si se dice que la división de los impulsos que empleamos esta basada en cimientos clínicos y que permanecerá o caerá solo con ellos mismos. Que Freud estuviera acertado o errado en sus ideas sobre impulsos de vida y de muerte nada tiene que ver con la cuestión. De hecho algunos psicoanalistas

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aceptan el concepto de un impulso de muerte y otros [quizá la mayoría en l actualidad] no lo hacen., pero tanto estos como aquellos están en general persuadidos del valor en un nivel clínico de considerar las manifestaciones instintivas como compuestas de una mezcla de los impulsos sexual y de agresión.

Freud definió primero al impulso como un estimulo de la mente proveniente del organismo [Freud, 1905 b] puesto que en ese entonces consideraba solo los impulsos sexuales, tal definición parecía concordar con los hechos en forma satisfactoria. No solo la excitación y gratificación sexual están relacionadas en forma obvia con la estimulación y modificaciones físicas de diversas partes del cuerpo, sino que también las hormonas liberadas por varias glándulas endocrinas tienen un efecto profundo sobre toda la vida y conducta sexual. Sin embargo, en el caso del impulso agresivo, la evidencia de una base somática no es tan clara. En un principio se sugirió que la musculatura podía poseer una relación con este impulso muy semejante a la del impulso sexual con las partes sexualmente excitables del organismo. Puesto que en la actualidad no sabemos de evidencia alguna, fisiológica, química o psicológica, que sostenga esta hipótesis, esta ha sido totalmente abandonada. Parecería suponerse en forma tacita que el sustrato somático del impulso de agresión esta proporcionado por la forma y función del sistema nervioso. Quizás algunos analistas prefieran no ir tan lejos y que se deje la cuestión de la base somática para el impulso de agresión como algo sin respuesta por ahora.

Antes de seguir adelante con tales cuestiones teóricas es probable que sea más conveniente volver hacia los aspectos de los impulsos que están en estrecha relación con el hecho observables. Hay muchas formas en las que se puede hacer esto y una tan buena como cualquier otra seria considerar un aspecto de los impulsos que ha demostrado poseer una importancia particular en la teoría y la practica, es decir, su evolución genética.

Por razones de simplificación, comencemos con el impulso sexual o erótico, puesto que estamos familiarizados con su evolución y vicisitudes que cuanto lo

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estamos con su a veces compañero y a veces rival, el impulso agresivo. La teoría psicoanalítica postula que tales fuerzas instintivas ya están en acción en él bebe, influyendo en su conducta y exigiendo la gratificación que luego producen los deseos sexuales en el adulto, con todas sus penas y alegrías. Es indudable que la palabra "postula" es inadecuada, en relación con esto: seria mejor decir que se considera que esta proposición ha sido ampliamente demostrada.

Las pruebas existentes provienen de por lo menos tres fuentes. La primera es la observación directa de los niños. Es realmente notable cuan obvias son las evidencias de deseos y conductas sexuales en los niños pequeños si uno habla con ellos con una mentalidad objetiva e imparcial. Lamentablemente, "ahí esta el obstáculo", por que es precisamente a causa de la propia necesidad de cada persona de olvidar y negar los deseos y conflictos sexuales de su temprana niñez que antes de las investigaciones de Freud casi nadie fue capaz de reconocer la presencia obvia de deseos sexuales en los niños que observaba. Las otras fuentes de evidencia sobre este punto provienen de los análisis de los niños y de los adultos. En los primeros se puede ver en forma directa y en los últimos se puede inferir por reconstrucción, la gran importancia de los deseos sexuales infantiles así como su naturaleza.

Un punto más hay que aclarar. La similitud entre los deseos sexuales del niño de tres a cinco anos y los del adulto es tan llamativa, cuando se reconocen los hechos, que nadie tiene vacilación alguna en llamarlos por el mismo nombre en el niño y en el adulto. ¿Pero como hemos de identificar las derivaciones o manifestaciones del impulso sexual en una etapa anterior aun? podemos hacerlo observando:1 [que en el curso del desarrollo normal se hacen parte de la conducta sexual del adulto, subordinada y contribuyendo a la excitación y gratificación genital como sucede comúnmente en los besos, miradas, caricias, exhibiciones y de mas, y 2[que en ciertos casos de desarrollo sexual anormal [perversiones sexuales] uno u otro de estos intereses o acciones infantiles se transforma en la fuente principal de gratificación sexual en el adulto [Freud 1905 b].

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Estamos ahora en posición de poder describir en una forma esquemática lo que se conoce de la secuencia típica de las manifestaciones del impulso sexual desde la infancia, secuencia que Freud describió en cuanto le es esencial ya en 1905, en sus tres ensayos sobre la sexualidad.

El lector debe comprender que las etapas a describir no están separadas en forma tan clara una de otra como podría implicarlo nuestra presentación esquemática. En realidad cada etapa se compenetra con la siguiente de modo que la transición es muy gradual. Por la misma razón los tiempos de duración otorgados a cada etapa deben tomarse como muy aproximados a cada etapa deben tomarse como muy aproximados y de tipo promedio.

Durante el primer ano y medio de vida, aproximadamente, la boca, los labios y la lengua son los principales órganos sexuales de la criatura. Con esto queremos decir que sus deseos, así como sus gratificaciones, son primordialmente orales. La prueba de esto es en su mayor parte de tipo reconstructivo, es decir, basada en los análisis de niños mayores y de adultos, pero también es posible observar bastante directamente la importancia que tienen para niños de esta edad, y aun mayores, el succionar, tomar con la boca y morder, como fuentes de placer.

En el ano y medio siguiente, el otro extremo del tubo digestivo, es decir el ano, se constituye en el lugar más importante de tensiones y gratificaciones sexuales. Estas sensaciones de agrado y desagrado están asociadas con la expulsión y la retención de las heces, y estos procesos orgánicos, como las heces en si, son los objetos de máximo interés para el niño.

Hacia fines del tercer ano de vida el papel sexual principal comienza a ser desempeñado por los genitales y de allí en adelante, normalmente, los conservan. Esta fase del desarrollo sexual se conoce como fálica por dos razones. En primer lugar, el pene es el objeto principal de interés para el niño de uno u otro sexo. En segundo lugar, consideramos que el órgano de la excitación y el placer sexual en la pequeña durante este periodo es el clítoris, el cual embriológicamente en la

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mujer es análogo al pene. Para mayor confirmación, puede ocurrir que esto siga siendo así durante la vida posterior, aunque habitualmente la vagina remplaza al clítoris en este sentido.

Estas son entonces las tres etapas del desarrollo psicosexual en el niño, oral, anal y fálica, la ultima de las cuales penetra en la etapa de organización sexual adulta en la pubertad. Esta etapa adultez se conoce como genital y si se mantiene un uso adecuado se reservara la frase "fase genital" para ella podemos incluir aquí que la distinción entre fase fálica y genital es de fondo y no solo de nombre, puesto que la capacidad para el orgasmo se suele adquirir en la pubertad únicamente. Empero, no siempre se hace un empleo apropiado en este sentido e la literatura psicoanalítica y la palabra "genital" se utiliza con frecuencia en lugar de la correcta que es "fálica". En particular se suele denominar pre genitales en vez de pre fálicas a las faces oral y anal.

Además de las tres modalidades destacadas de la sexualidad en el niño que dan nombre a las fases principales que hemos considerado, existen otras manifestaciones del impulso sexual que merecen ser mencionadas. Una de estas es el deseo de mirar que suele ser mas marcado en la etapa fálica, y s contraposición el deseo de exhibir. El niño desea ver los genitales de otros, así como exhibir los propios. Es claro que esta curiosidad y exhibicionismo incluyen otras partes de los organismos y otras funciones orgánicas también.

Otro componente de la sexualidad que suelen hallarse presente en el niño es el que esta relacionado con la uretra y la micción. Se denomina erotismos uretrales. Las sensaciones cutáneas también aportan su parte, y además lo hacen el oído y el olfato, de modo que hay oportunidad para una variación individual considerable de niño a otro en este solo terreno. El que las variaciones producidas en la importancia relativa de las distintas modalidades sexuales se deba a diferencias constitucionales en los niños o que su causa este en la influencia del ambiente, seria una cuestión debatible. Los psicoanalistas tienden a suponer, con Freud, que en algunos casos son mas importantes los factores constitucionales y

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en otros los de ambiente, mientras que en la mayoría de ocasiones cada grupo de factores brinda su aporte al resultado final [Freud 1905 b].

Hemos descrito la secuencia de fases que se produce normalmente durante la infancia como manifestaciones del impulso sexual. Esta secuencia involucra, naturalmente, variaciones en el grado de interés y de importancia que se incorpora en la vida psíquica del niño a los diversos objetos y modos de gratificación del impulso sexual. Por ejemplo, el pezón o el pecho es de una importancia psíquica mucho mayor durante la fase oral, que en la fase anal o fálica, y lo mismo vale para la succión, forma de gratificación que es característica, claro esta, de la primera fase oral. También hemos visto que estas modificaciones se generan en forma gradual y no abrupta, y que los antiguos objetos y modos de gratificación solo se van abandonando de a poco, aun que después de los nuevos hace ya tiempo que están establecidos en su papel primordial.

Si describimos estos hechos con los términos de los conceptos recién definidos, diremos que la catexia libidinal de un objeto de una fase previa disminuye al dejar la otra fase y agregaremos que aun que disminuida la catexia persiste por algún tiempo después de haberse establecido la ultima fase y de que los objetos acordes con ella se hallan constituido en los principales de la catexia libidinal.

La teoría de la energía psíquica nos proporciona una explicación de lo que ocurre en estas modificaciones que es a la vez simple y concordante con los hechos en la forma en que los conocemos. Suponemos que la libido que catectizo el objeto o modo de gratificación de la fase previa se desprende de el gradualmente y catectiza, en vez, en objeto o modo de gratificación de la fase siguiente. A si como la libido que primero catectizo el pecho o, para ser más precisos, la representación psíquica del pecho luego catectiza las heces y después aun el pene. De acuerdo con nuestras teorías hay un flujo de la libido de objeto a objeto y de uno a otro modo de gratificación durante el curso del desarrollo psicosexual, un flujo que marcha a lo largo de un camino que es

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probable este genéticamente prescrito en forma amplia pero que puede variar considerablemente de una persona a otra.

Tenemos buenas razones para creer, empero, que ninguna catexia libidinal fuerte se abandona jamás por completo. La mayor parte de la libido puede fluir hacia otros objetos, pero una parte por lo menos permanece normalmente unida al original. A este fenómeno, es decir, la persistencia de la catexia libidinal de un objeto de la infancia o de la niñez en la vida posterior, se lo denomina '"fijación" de la libido. Por ejemplo, un niño puede permanecer fijado a su madre y de ese modo ser incapaz en la vida adulta de transferir sus afectos a otra mujer, como debería normalmente ser capaz de hacerlo. Además, la palabra "fijación" puede referirse a un modo de gratificación. Así hablamos de personas que están fijadas a los modos de gratificación oral o anal. El uso del vocablo "fijación" indica o implica por lo común psicopatología. Esto a causa de que la persistencia de las primeras catexias fue primero reconocida y descrita, por Freud y aquellos que le sucedieron en pacientes neuróticos. Es probable, como hemos dicho mas arriba, que sea una característica general de la evolución psíquica. Quizá cuando su proporción sea excesiva resulte mas apto a terminar en consecuencia patológicas, quizás otros factores, aun desconocidos, determinen si una fijación ha de estar asociada a una afección mental o no.

Una fijación, tanto a un objeto como a un modo de gratificación, suele ser inconsciente total o parcialmente. Se puede suponer a primera vista que una fijación intensa, es decir la persistencia de una catexia intensa, seria consciente, mientras que otra débil seria consciente, pero en realidad, la mejor evidencia de que se dispone indica que no hay relación entre la intensidad de l catexia persistente y su acceso a la conciencia. Por ejemplo, pese a la intensidad tan grande de sus catexias, los intereses sexuales de la infancia se olvidan habitualmente en su mayor parte al salir de la infancia, como ya lo hemos hecho notar mas atrás en este mismo capitulo. De hecho, la palabra "olvidado" es demasiado débil y pálida para describir en forma adecuada lo que ocurre. Es mas exacto decir que los recuerdos de tales intereses están enérgicamente impedidos

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de hacerse conscientes y es claro que lo mismo debe ser cierto para las fijaciones en general.

Además de cuanto hemos descrito como flujo progresivo de la libido en el curso del desarrollo psicosexual, ambiente puede producirse un reflujo. Para este reflujo existe un nombre determinado, "regresión". Cuando usamos específicamente esta palabra en conexión con un impulso, como lo hacemos aquí, hablamos de regresión instintiva. Este termino señala el retorno a un modo u objeto primitivo de gratificación.

La regresión instintiva esta muy relacionada con la fijación, pues de hecho, cuando se produce la regresión, suele ser a un objeto o modo de gratificación al cual el individuo ya esta fijado. Si un placer nuevo resulta insatisfactorio y se abandona, el individuo tiende naturalmente a volverse a aquel que ya ha sido probado y aceptado.

Un ejemplo de regresión tal seria la respuesta del pequeño al nacimiento de un hermanito, con quien tendrá naturalmente que compartir el amor y la atención de la madre. Aunque había abandonado la succión de su pulgar, varios meses antes de la llegada de su hermano, volvió a ella después de ese nacimiento. En este caso, el objeto primitivo de gratificación libidinal al que el niño efectuó su regresión fue el pulgar y el modo de gratificación primitivo era la succión.

Como nuestro ejemplo lo sugiere, se considera que la regresión aparece por lo general bajo circunstancias desfavorables y aunque no es necesariamente patológica per se, esta con frecuencia asociada a manifestaciones patológicas.

En este lugar hemos de mencionar una característica de la sexualidad infantil que es de importancia especial. Concierne a la relación del niño con los objetos [principalmente personas] de sus ansias sexuales. Para tomar un caso muy simple, si el niño no puede tener el pecho de su madre, pronto aprende a tranquilizarse por la succión de sus propios dedos de la mano o el pie. Esta capacidad de gratificar sus propias necesidades sexuales por si mismo, se conoce como autoerotismo. Le da al niño una cierta independencia del ambiente en

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cuanto se refiere a obtener gratificación y también deja el camino abierto para lo que pueda llegar a ser un alejamiento fatal del mundo de la realidad exterior hacia un interés excesivo o exclusivo en si mismo, como se puede hallar en estados patológicos serios cual la esquizofrenia. Si nos volvemos ahora a una consideración del impulso de agresión, debemos confesar que se ha escrito mucho menos acerca de sus vicitudes que en cuanto respecta al impulso sexual. Claro esta que esto de debe al hecho de que no fue hasta 1920 que Freud considero al impulso agresivo como un componente instintivo, independiente, en la vida mental, comparable al componente sexual ya reconocido y objeto de estudios especiales desde mucho antes.

Las manifestaciones del impulso de agresión muestran la misma capacidad de fijación y regresión y la misma transición de oral a anal y a fálica que hemos descrito para las manifestaciones del impulso sexual. Es decir que los impulsos de agresión en la criatura muy pequeña pueden ser descargados por un tipo de actividad oral como serian el morder algo mas tarde el ensuciarse o e retener las heces se torna medios importantes de liberación del impulso de agresión, mientras que en el niño algo mayor el pene y su actividad se emplea o al menos se los concibe [uso en la fantasía] como un arma y un medio de destrucción respectivamente.

Sin embargo, esta claro que la relación entre el impulso de agresión y las diversas partes del organismo que acabamos de mencionar no están en relación tan estrecha como en el caso del impulso sexual. El niño de cinco o seis anos, por ejemplo, no usa, en realidad, en gran proporción a su pene como arma., por lo común utiliza sus manos, dientes, pies y vocablos. Pero si es verdad que las armas utilizadas en sus juegos y fantasías, tales como lanzas, flechas, rifles, etc., puede demostrarse mediante el psicoanálisis que representan en su inconsciente al pene. Resulta, por tanto, que en sus fantasías él se lo encuentra destruyendo a sus enemigos con su poderoso y peligroso pene. A pesar de ello, debemos llegar a la conclusión de que el impulso sexual esta mucho mas íntimamente ligado a las zonas erógenas corporales que el impulso de la agresión a la misma o a una parte

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similar del organismo. Quizás esta distinción no valga para la primera fase, la oral. Es poco lo que el niño de escasos meses utiliza fuera de su boca y podemos suponer que las actividades orales son la salida principal para sus impulsos de agresión [morder] y sexual [succionar, tomar con la boca].

Es interesante que la cuestión de la relación del impulso de agresión con el placer sea aun del mismo dudoso. No tenemos duda alguna en cuanto a la conexión entre los impulsos sexuales y el placer. La gratificación del impulso sexual significa no solo una liberación indiferente de tensión, sino que es además placentera. El hecho de que el placer pueda estar interferido o aun remplazado por sentimientos de culpa, vergüenza o disgusto en ciertas ocasiones, no altera nuestro punto de vista en cuanto concierne a la relación original entre sexualidad y placer. Pero la gratificación del impulso agresivo, o con otras palabras, la descarga de la tensión agresiva, ¡¿también ocasiona placer?!Freud piensa que no [Freud 1920]. Otros escritores mas recientes suponen que si [Hartmann, Kris, Loewnstein, 1949]. Cual es la respuesta acertada es algo que aun no hay forma de decidir.

A propósito, una palabra de prevención puede ser útil en cuanto concierne al uso erróneo frecuente en la literatura psicoanalítica de las palabras "libido" o "libidinal". A menudo abra que aceptar que se refieren no solo a la energía del impulso sexual sino también a la del impulso de agresión. E comprensible que esto sea así para la literatura anterior a la época en que se formulo el concepto de impulso de agresión. En ese entonces, "libidinal" era sinónimo de "instintivo". Y el efecto del uso original de esta voz es tan intenso o que aun ahora a menudo debemos comprender que "libido" es usada en forma de incluir la energía de agresión al mismo tiempo que la sexual.

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CAPITULO III

EL APARATO PSIQUICO

Preguntemos no ahora: "¿Cual es el cuadro de la mente que hemos obtenido de nuestra consideración de la teoría psicoanalítica?".

Al formular la respuesta vemos, en primer lugar que comenzamos con dos hipótesis fundamentales, bien establecidas, que conciernen al funcionamiento de la mente y de un carácter esencialmente descriptivo. Una de ellas era la ley de la casualidad psíquica y la otra, la proposición de que la actividad psíquica es principalmente inconsciente.

Sabemos que estas dos hipótesis han de ser nuestros postes indicadores como lo fueron en la consideración posterior de la teoría psicoanalítica. Como acabamos de decir, son de una naturaleza primordialmente descriptiva. Sin embargo en el tema siguiente, los impulsos, nos hallamos de modo inmediato tratando con conceptos que eran, en lo fundamental de tipo dinámico. Tratamos de la energía psíquica que impele al organismo a la acción hasta haber alcanzado la gratificación., del patrón genéticamente determinado de variación de una fase de organización instintiva a otra, a medida que el niño madura., de las variaciones individuales que pueden producirse dentro de los amplios limites de este patrón., del flujo de la libido y de la energía agresiva de un objeto a otro durante el curso del desarrollo., del establecimiento de puntos de fijación., y del fenómeno del retorno de la energía psíquica de esos puntos de fijación que denominamos regresión instintiva.

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En realidad, es característico de la teoría psicoanalítica que nos de justo ese cuadro dinámico, en movimiento de la mente, y no uno estático sin vida. Procura demostrar y explicar el crecimiento y funcionamiento de la mente, así como las operaciones de sus partes y sus interacciones mutuas y conflictos. Hasta la división de la mete que la toma en varias partes tiene una base funcional y dinámica, como veremos en este capitulo y en los dos subsiguientes, que trataran de lo que Freud denomino los elementos del aparato psíquico.

El primer intento publicado que hizo Freud para construir un modelo del aparato psíquico, fue el que apareció en el ultimo capitulo de la interpretación de los sueños [Freud, 1900]. Lo describió como similar a un instrumento óptico compuesto, como un telescopio o un microscopio que esta constituido por muchos elementos ópticos dispuestos en forma consecutiva. El aparato psíquico debía ser imaginado como constituido por muchos componentes psíquicos dispuestos en forma consecutiva y extendiéndose, si se puede emplear esta palabra del sistema perceptivo en un extremo al sistema motor en el otro con los diversos sistemas de recuerdo y asociación de intermedios.

Aun en este esquema tan claro de la mente, por tanto, se pueden ver divisiones de tipo funcional. Una "parte" del aparato reaccionaba a los estímulos sensoriales, una parte estrechamente relacionada a activarla, producía el fenómeno de la conciencia, otras almacenaban los trazos del recuerdo y los reproducían, y así sucesivamente. De un sistema al otro fluía una cierta clase de excitación psíquica que a su turno le daba energía a cada uno y que estaba concebida en forma presumiblemente semejante al impulso nervioso. Podemos apreciar con claridad que ya era intenso el énfasis de Freud sobre un enfoque dinámico y funcional.

El primer modelo no se desarrollo más. Alrededor de una década mas tarde, Freud hizo un nuevo intento de establecer una topografía de la mente mediante la división de sus contenidos y operaciones sobre la base de que fueran o no conscientes [Freud, 1913 b].

Referencias

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