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El estudio de los sueños ocupa una posición especial en el psicoanálisis. La interpretación de los sueños (Freud, 1900) fue para la psicología una contribución tan revolucionaria y monumental como El origen de las especies para la biología, medio siglo antes. Aún en 1931, Freud mismo escribía, en un prólogo a la tercera edición de la traducción al inglés de Brill de La interpretación de los sueños: ―Contiene aún según mi apreciación actual, el más valioso de todos los descubrimientos que mi buena fortuna me permitió efectuar. La visión interior requerida llega a uno, sólo una vez en la vida‖. Más aún, su éxito en la comprensión de los sueños fue para él una inmensa ayuda* durante los primeros años de este siglo, cuando su trabajo profesional tenía que realizarlo en un aislamiento total de sus colegas médicos. En esa época difícil luchaba por comprender y aprender a tratar con éxito las neurosis que sus pacientes padecían. Como sabemos a través de sus carias (Freud, 1924) se vio a menudo desalentado y a veces desesperado. Pero, por desalentado que estuviera, pudo retomar fuerzas gracias a los descubrimientos que realizó acerca de los sueños. Con ello supo que se hallaba sobre terreno firme y este conocimiento le dio la confianza que necesitaba para seguir adelante (Freud, 1933).

Freud tenía mucha razón al valorar en tanto su trabajo sobre los sueños. En ningún otro fenómeno de la vida psíquica normal se revelan con tanta claridad y en forma tan accesible para su estudio los procesos mentales inconscientes. Los sueños son sin duda el camino real hacia los dominios inconscientes de la mente. Pero aun esto no agota ¡as razones de su importancia y valor para el psicoanalista. El hecho es que el estudio de los sueños no lleva sólo a una

comprensión de los procesos y contenidos mentales inconscientes en general. Lleva en particular a aquellos contenidos mentales reprimidos o excluidos en alguna forma de la conciencia y de su descarga por las actividades defensivas del ego. Puesto que es precisamente la parte del dio cuyo acceso a la conciencia está trabado la involucrada en los procesos patogénicos determinantes de la neurosis y quizá también de las psicosis, se puede comprender con facilidad que esta característica de los sueños es otra razón muy importante para la ubicación especial del estudio de los sueños en, el psicoanálisis.

La teoría psicoanalítica de los sueños puede formularse en la forma siguiente. La experiencia subjetiva que aparece en la conciencia durante el sueño y que, al despertar, el que dormía la denomina sueño es sólo el resultado final «Je una actividad mental inconsciente durante ese proceso fisiológico que, por su naturaleza o intensidad, amenaza con interferir el mismo acto de dormir. En vez de despertar, el que duerme sueña. A la experiencia consciente durante el sueño, que el soñador puede o no recordar al despertar, la denominamos el sueño manifiesto. Sus diversos elementos se conocen como el contenido manifiesto del sueño. Los pensamientos y deseos inconscientes que amenazan con despertar al que sueña los denominamos contenido latente del sueño. Las operaciones mentales inconscientes por las que el contenido latente se trasforma en sueño manifiesto se denominan trabajo del sueño.

Es de máxima importancia conservar estas distinciones en la mente con toda claridad. Un fracaso en cuanto a lograrlo constituye la fuente mayor de la confusión e incomprensiones frecuentes que surgen alrededor de la teoría psicoanalítica de los sueños. En sentido estricto, la palabra ―sueño‖ (en la terminología psicoanalítica) debiera usarse sólo para designar el fenómeno total, del cual son partes integrantes el contenido latente del sueño, el trabajo del sueño y el sueño manifiesto. En la práctica, en la literatura psicoanalítica, ―sueño‖ se usa a menudo para nombrar al ―sueño manifiesto‖. Por lo común el hacer esto no lleva a una confusión del lector si éste se encuentra ya bien al tanto de la teoría psicoanalítica de los sueños. Por ejemplo, la afirmación ―el paciente tuvo el

siguiente sueño‖, seguida del texto verbal del sueño manifiesto, no deja duda en la mente del lector informado acerca de que la palabra ―sueño‖ fue utilizada para referirse al ―sueño manifiesto‖. Pero es esencial para el lector que aún no se halla en su ambiente en el terreno de la teoría de los sueños que se pregunte a sí mismo qué quiso decir el autor con la palabra indeterminada ―sueño‖ siempre que la halle en la literatura psicoanalítica. Otra frase que conviene definir aquí y que en la práctica se puede hallar en la literatura es ―el significado del sueño‖ o ―un sueño significa‖. Si se habla con propiedad, el significado de un sueño puede referirse sólo al contenido latente del sueño. En nuestra discusión del tema procuraremos conservar la terminología precisa con el fin de evitar cualquier confusión.

Ya definidas las tres partes componentes de un sueño, pasemos a considerar esa parte del sueño que estimamos que es la que inicia el proceso de soñar, el contenido latente del sueño. Este contenido se puede dividir en tres categorías principales. La primera categoría es obvia. Comprende las impresiones sensoriales nocturnas. Tales impresiones están actuando en forma continua sobre los órganos sensoriales del que duerme y, a veces, algunas de ellas toman parte en la iniciación de un sueño, en cuyo caso forman parte del contenido latente del sueño. A todos nos son familiares los ejemplos de tales sensaciones: el sonido de un despertador, la sed, el hambre, el deseo de orinar o defecar, el dolor por una lesión o un proceso nosológico, o una posición incorrecta del cuerpo o el calor o frío incómodos pueden formar parte del contenido latente de un sueño. A este respecto es importante tener en cuenta dos factores. El primero es que la mayoría de los estímulos sensoriales nocturnos no perturban el dormir, ni siquiera al grado de participar en la formación de un sueño. Por lo contrario, la gran mayoría de los impulsos de nuestro aparato sensorial no tienen un efecto discernible sobre nuestra mente durante el dormir. Esto es verdad hasta para sensaciones que durante la vigilia calificaríamos de bastante intensas. Existen personas que pueden dormir durante una fuerte tormenta sin despertarse ni soñar, pese al hecho de que su sentido del oído sea normal. El segundo factor es que una impresión sensorial perturbadora puede tener el efecto de despertar directamente al que duerme, sin sueño alguno, por lo menos en lo que uno puede afirmar. Esto

es obvio en particular en aquellas ocasiones en que dormimos ―con el oído despierto‖ o ―con un ojo abierto‖, como en el caso de los padres que tienen un hijo enfermo. En tal caso alguno de los padres puede despertarse inmediatamente al primer sonido perturbador que provenga del niño, por ligero que sea en su intensidad.

La segunda categoría del contenido latente del sueño comprende pensamientos e ideas conectados con las actividades y preocupaciones del soñador en su vida habitual de vigilia y que mientras duerme permanecen activos en su mente en forma inconsciente. A causa de su continua actividad tienden a despertar al que duerme del mismo modo en que tienden a hacerlo los estímulos sensoriales. Si el que: duerme en vez de despertar sueña, tales pensamientos e ideas actúan como contenido latente del sueño. Los ejemplos son innumerables. Incluyen toda la variedad de los intereses y recuerdos a los que habitualmente tiene acceso el ego, con todos los sentimientos de esperanza o temor, orgullo o humillación, atracción o repugnancia que suelen acompañarlos. Pueden ser pensamientos relacionados con una fiesta de la noche anterior, pueden referirse a una tarea inconclusa, pueden anticipar algún acontecimiento feliz futuro o cualquier otra cosa que uno quiera imaginar que sea de interés corriente para el que duerme.

La tercera categoría comprende uno o varios impulsos del ello que, por lo menos en su forma original e infantil, están impedidos por las defensas del ego en su acceso a la conciencia o a la gratificación directa durante la vigilia. Esta es la parte del ello que Freud denominó ―reprimida‖ en su monografía sobre la hipótesis estructural del aparate psíquico (Freud, 1923), aunque luego se inclinó por el punto de vista, ahora aceptado por la generalidad de los psicoanalistas, de que la represión no es la única defensa que el ego emplea contra los impulsos de! ello que no pueden ser admitidos en la conciencia. No obstante, la palabra original, ―reprimido‖, sigue siendo de uso común para denominar esa parte del ello. Aceptado esto podemos decir que la tercera categoría del contenido latente del sueño en un determinado sueño es un impulso o impulsos provenientes de la

parte reprimida del ello. Puesto que las defensas más importantes y de mayor alcance del ego contra el ello son aquéllas instituidas durante el período preedípico y edípico en la niñez, se deduce que el contenido principal del ello reprimido son los impulsos de los primeros años. De acuerdo con esto, la parte del contenido la-tente del sueño que deriva de lo reprimido suele ser pueril o infantil, es decir, que consiste en un deseo que nace de la primera infancia y que es apropiado para ella.

Como podemos ver, esto contrasta con las dos primeras categorías del contenido latente del sueño que comprendan, respectivamente, las sensaciones corrientes y preocupaciones corrientes. Naturalmente que en la infancia lo ¡pueril y lo corriente coincidirán. Pero en lo que respecta a los sueños de los últimos tiempos de la infancia y de la vida adulta, el contenido de los mismos tiene dos fuentes, una en el presente y otra en el pasado.

Como es natural, deseamos conocer cuál es la importancia relativa de las tres partes del contenido latente y si han de hallarse las tres en el contenido latente de todo sueño. En cuanto a la primera cuestión, Freud (1933) declaró en forma inequívoca que la parte esencial del contenido latiente es la que proviene del ello reprimido. Consideraba que ésta es la parte que hace el aporte mayor de energía psíquica necesaria para soñar y sin cuya participación no puede haber sueños. Un estímulo sensorial nocturno, por intenso que sea, debe contar —según lo expresó Freud— con la ayuda de uno o más deseos del ello reprimido para que pueda dar origen a un sueño, y lo mismo vale para las preocupaciones del período de vigilia, por compulsivas que puedan ser en la atención y en el interés del que duerme.

En cuanto a la segunda cuestión, se deduce de nuestra contestación a la primera que la parte esencial del contenido latente de todo sueño está constituida por uno o más deseos o impulsos de lo reprimido. También parece ser verdad que por lo menos algunas preocupaciones del período de vigilia habitual forman parte de todo contenido latente de los sueños. Las sensaciones nocturnas, en cambio,

no pueden ser demostradas en ese contenido latente, aunque desempeñan un papel conspicuo en algunos sueños.

Deseamos ahora considerar la relación entre el contenido latente y el sueño manifiesto o, para ser más específicos, los elementos y el contenido manifiesto del sueño.

Según el sueño, la relación puede ser muy simple o muy compleja, pero hay un elemento que es constante. El contenido latente es inconsciente, mientras que el contenido manifiesto es consciente. Por tanto, la relación más simple posible entre ambos sería la de que el contenido latente se hiciera consciente.

Es posible que esto ocurra a veces en el caso de los estímulos sensoriales durante el dormir. Por ejemplo, una persona puede enterarse por la mañana, al despertar, de que durante la noche, mientras dormía, pasaron las autobombas y entonces podrá recordar que oyó una sirena de bomberos durante el lapso en que estuvo dormido. Pero quizá debiéramos inclinarnos a considerar a una experiencia de ese tipo como de transición o limítrofe entre la percepción ordinaria de la vigilia y un sueño típico, en vez de considerarla como un sueño verdadero. Aun podríamos sospechar que el durmiente despertó por un instante al oír el toque de la sirena, aunque debemos admitir que esto no puede ser más que una suposición nuestra.

De cualquier manera, para nuestros propósitos actuales haremos mejor en confinarnos a la consideración de fenómenos que sean sueños en forma incuestionable.. De éstos, es en sueños de la primera infancia que hallaremos la relación más simple entre el contenido latente y el manifiesto. Por un motivo, en tales sueños no es preciso distinguir entre preocupaciones habituales e infantiles: son uno y lo mismo. Por otro motivo, no existe aún una distinción clara entre ello reprimido y el resto, puesto que el niño muy pequeño no tiene todavía su ego desarrollado al punto de haber erigido defensas permanentes contra cualquiera de los impulsos del ello.

Tomemos como ejemplo el sueño de un niño de dos años cuya madre acaba de volver del hospital con un nuevo bebé. A la mañana siguiente del retorno de la madre el niño informa de un sueño suyo con este contenido manifiesto: ―Vi nene irse‖. ¿Cuál fue el contenido latente de ese sueño? Por lo común se trata de algo que sólo podemos determinar por las asociaciones del soñador, es decir por el empleo del método psicoanalítico. Es natural que un niño de dos años no pueda comprender ni cooperar en forma consciente en una empresa tal. Pero en este caso podemos tomar justificadamente la propia conducta y actitud del niño para con su hermanito, que eran hostiles y de repulsa, como los equivalentes de las asociaciones al contenido manifiesto del sueño. Si lo hacemos podemos llegar a la conclusión de que el contenido latente era un impulso hostil hacia el recién nacido y un deseo de destruirlo o librarse de él.

Ahora bien, ¿qué relación existe entre el contenido latente y el manifiesto en el sueño de nuestro ejemplo? La respuesta parece ser que el contenido manifiesto difiere del latente en los siguientes aspectos. Primero, como ya lo hemos dicho, en que aquél es inconsciente y éste es consciente. Segundo, el contenido manifiesto consiste en una imagen visual, mientras que el latente es algo así como un deseo o un impulso. Por fin, el contenido manifiesto es una fantasía que representa al deseo o impulso latente gratificado, es decir, que se trata de una fantasía que es en esencia la gratificación de un deseo o impulso latente. Podemos decir entonces que en el caso que hemos elegido como ejemplo, la relación entre el contenido latente y el manifiesto es que el sueño manifiesto es una fantasía consciente de que el deseo latente ha sido o está siendo gratificado, expresada bajo la forma de una imagen o experiencia visual. En consecuencia, el trabajo del sueño en este ejemplo consistió en la formación o selección de una fantasía cumplimentadora del deseo y su representación en forma visual.

Esta es la relación que se produce entre el contenido latente y el manifiesto de todos los sueños de la temprana infancia, en cuanto podemos saber. Más aún, es el patrón básico seguido en los sueños de la infancia posterior y en la vida

adulta, aunque en los sueños más complejos de estas edades el patrón es más trabajado y complicado por factores que pronto discutiremos.

Antes, empero, debemos consignar que el proceso de soñar es en esencia un proceso de gratificación de un impulso del ello en una fantasía. Ahora podemos comprender mejor cómo ocurre que un sueño haga posible a un durmiente el seguir durmiendo en vez de despertarse por la actividad mental inconsciente y perturbadora. Es a causa de que el impulso o deseo perturbador del ello, que forma parte habitual del contenido latente del sueño, se ve gratificado en una fantasía y de ese modo pierde por lo menos algo de su urgencia y, por tanto, de su poder para despertar al durmiente.

A la inversa, comprendemos que el hecho de que el sueño suela ser una satisfacción de un deseo se debe a la naturaleza del contenido latente, que después de todo es el iniciador del sueño así como su fuente principal de energía psíquica. El elemento del ello que desempeña este papel en el contenido latente puede sólo presionar constantemente en busca de gratificación, pues es la naturaleza misma de los impulsos instintivos de los que deriva. Lo que sucede en un sueño es que se logra una gratificación parcial por medio de la fantasía, ya que la gratificación total mediante la acción apropiada está imposibilitada por el hecho de dormir. Puesto que la movilidad está impedida se emplea la fantasía como sustituto. Si expresamos la misma idea en términos de energía psíquica, diremos que la catexia asociada al elemento del ello en el contenido latente activa el aparato psíquico para llevar a cabo el trabajo do! sueño y logra una descarga parcial por medio de la imagen de fantasía que satisface el deseo y que constituye el sueño manifiesto.

En este punto debemos tomar en cuenta el hecho obvio de que el contenido manifiesto de la mayoría de los sueños de los últimos tiempos de la niñez y los de la vida adulta no son en absoluto reconocibles como un cumplimiento de deseos a primera o siquiera a segunda vista. Algunos sueños tienen, por cierto, como contenido manifiesto imágenes tristes o aun aterradoras, y este hecho ha sido citado repetidas veces en los últimos cincuenta años como argumento contra la

afirmación de Freud de que todo sueño manifiesto es el cumplimiento en fantasía de un deseo. ¿Cómo se puede explicar esta discrepancia aparente entre nuestra teoría y los hechos obvios?

La respuesta a este interrogante es muy simple. Como hemos dicho, en el caso de los sueños de la primera infancia el contenido latente da origen, por medio del trabajo del sueño, al sueño manifiesto, que es una fantasía de la satisfacción del deseo o impulso que constituye el contenido latente. Esta fantasía la experimenta el soñador bajo la forma de impresiones sensoriales. La misma relación obvia entre el contenido latente y el manifiesto de un sueño se encuentra a veces en los sueños de la vida posterior. Estos sueños se asemejan mucho a los simples de la primera infancia. No obstante, es más frecuente el caso de que el contenido manifiesto de un sueño en estos años posteriores sea la versión disfrazada y distorsionada de una fantasía ejecutora de un deseo, experimentada en forma predominante como una imagen visual o una serie de imágenes visuales. El disfraz y distorsión a menudo son tan grandes que el aspecto de satisfacción del deseo en el sueño manifiesto es por completo irreconocible. Sin duda, como todos sabemos, el sueño manifiesto es a veces un almodrote o mezcla' confusa de elementos en apariencia no relacionados y que no parece tener sentido alguno y menos aún constituir la representación del cumplimiento de un deseo. Otras

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