• No se han encontrado resultados

el metodo de kinam -una enseñanza tolteca

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2021

Share "el metodo de kinam -una enseñanza tolteca"

Copied!
85
0
0

Texto completo

(1)

EL
MÉTODO
KINAM



‐
una
enseñanza
tolteca
‐

Frank Diaz

Título: El Método Kinam ® Frank Díaz www.kinam.org [email protected] ® Kinames S.A. de C.V. Puebla 336 – 503, 06700 México DF Primera edición, 2007 ISBN: 978-968-9379-01 www.kinames.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra sin permiso por escrito del editor.

Índice

Notas

Presentación y agradecimientos Capítulo 1 Kinam y Toltequidad Capítulo 2 Los siete pasos

Capítulo 3 La estructura de los ejercicios Capítulo 4 Preparando la práctica Capítulo 5 Las posturas del Sur Capítulo 6 Las posturas del Norte Capítulo 7 Las posturas del Oeste Capítulo 8 Las posturas del Este Capítulo 9 Las posturas del Abajo Capítulo 10 Las posturas de Centro Capítulo 11 Las posturas de Arriba Capítulo 12 Ejercicios complementarios Capítulo 13 El Plan del Calendario Sagrado

(2)

Notas

Este libro explora la dimensión estática de las posturas de Kinam. Para tener una idea más amplia de este método, recomendamos leer su continuación, El Kinam Dinámico, donde se analizan los aspectos móviles de las posturas y la formación de series dinámicas y danzas.

Queda a discreción del lector practicar correctamente los ejercicios aquí descritos. El autor no se hace responsable de los efectos de dicha práctica. Se recomienda acudir a un instructor autorizado del Método Kinam.

México será referido tanto por su nombre antiguo, Anawak, como por el nombre que le dan los investigadores: Mesoamé-rica.

Las diversas culturas mesoamericanas serán englobadas bajo el título genérico de Toltequidad, y todos los mesoameri-canos serán designados como Toltecas.

Se utilizará el nawatl clásico para describir los conocimien-tos de los toltecas. Para una correcta pronunciación de los términos y frases relacionados con las posturas, el lector debe tomar en cuenta lo siguiente:

- Los términos están escritos con ortografía fonética, lo cual significa que se pronuncian tal como se leen, según los valores del español actual. Se exceptúa la doble L, que vale como L larga; por ejemplo, Nawallotl se lee Nawallotl.

- Todos los términos, excepto los monosílabos, tienen acento en la penúltima sílaba; la terminación Ia vale como dos sílabas. Lo correcto es pronunciar Kínam, no Kinám; Teomanía, no Teománia. Por regla, tales acentos no se escriben.

Presentación y agradecimientos

En el México antiguo se desarrolló una cultura de gran valor humano y espiritual, llamada Toltequidad. Los sabios toltecas crearon técnicas que potenciaban el alcance de la conciencia e integraban al ser humano con la Naturaleza.

Como resultado de la invasión europea, aquel conocimiento quedó mutilado, pero no se perdió, pues gran parte de la información se conservó en piedras, códices, cronistas y en la tradición oral.

El Método Kinam es un sistema creado para difundir de una forma sencilla el lado práctico de la Toltequidad. Consiste en ejercicios físicos y mentales que mejoran la calidad de la vida.

Este libro está dedicado a los amantes de la tradición de México. Esperamos sea de tu agrado y que su contenido te pueda apoyar en la búsqueda del equilibrio interior.

El autor desea expresar su gratitud a las siguientes personas:

- A los viejos maestros de Anawak, por crear las técnicas toltecas de autorrealización.

- Al autor Víctor Sánchez, por haber propuesto el término “Kinam” para describir la práctica tolteca y darlo a conocer por primera vez al público internacional.

- Al autor Julio Diana Da Silva, por insertar las posturas dentro del esquema de los rumbos cardinales del calendario mesoamericano e investigar sus alcances terapéuticos.

- Al instructor Alejandro Aguilar Pacheco, por añadir al Método Kinam el simbolismo de la cosmovisión tolteca y explorar los aspectos dinámicos de las posturas.

- A la instructora Fabiola Ocón, por verificar los aspectos fisiológicos de las posturas y proporcionar un plan de calen-tamiento inicial.

- A Salvador Rodríguez Cortés, por su apoyo material y moral al rescate de las raíces.

Frank Díaz México D. F., enero del 2007

(3)

1

KINAM
Y
TOLTEQUIDAD


La Toltequidad

En los últimos años se ha puesto de moda la filosofía tolteca. Han surgido numerosos grupos de práctica del “camino del guerrero” y se han publicado diversas obras que pretenden recoger, explicar y adaptar los conocimientos de los sabios del México antiguo. No obstante, aún subsiste mucha confusión sobre este asunto, quedando sin responder las preguntas: ¿quiénes eran los toltecas y en qué consiste la Toltequidad?

En 1941 ocurrió un suceso desafortunado para la cultura de México. Un grupo de arqueólogos reunidos para analizar el enigma de los olmecas, llegó a la conclusión de que los toltecas fueron los moradores de la ciudad de Tula, una de las capitales de Anawak entre los siglos 9 y 11 de la era cristiana. Los arqueólogos no tuvieron en cuenta que, según los sabios nativos entrevistados por los cronistas españoles, la Toltequidad no era privativa de un grupo étnico, sino una herencia compartida por todos los mexicanos. Tampoco consideraron que la ciudad que hoy llamamos Tula, en tiempos antiguos tenía el nombre de Xicocotitla, y que el término nawatl Tula o Tollan es un título aplicable a cualquier capital.

En la actualidad ese error se ha superado, principalmente gracias a la obra de cuatro investigadores: - El antropólogo Miguel León-Portilla, quien rescató el concepto nawatl de Toltekayotl o toltequidad, demostrando que fue el nombre que los mesoamericanos dieron a su producción cultural y espiritual como un todo.

- La arqueóloga Laurette Sejourné, quien demostró que la Tula de los mitos es la gran ciudad de Teotihuacan, desarrollada entre los siglos 3 a. C. al 8 d. C., y que todas las personas que adoptaban el culto de la Serpiente Emplumada eran toltecas.

- El historiador Enrique Florescano, quien ha aportado numerosas pruebas a favor de la tesis anterior, demostrando que Tula Teotihuacan no fue una capital étnica, sino una ciudad cosmopolita que funcionaba a modo de embajada común, ya que en ella estaban representados los principales pueblos de Mesoamérica.

- El antropólogo Carlos Castaneda, quien llama “toltecas” a sus informantes indígenas (pertenecientes a diversas etnias de México) y aclara que, para ellos, ser tolteca es una categoría del conocimiento chamánico.

La Toltequidad caracteriza al México antiguo; es su religión, su praxis, la esencia de su ser. Todos los pueblos de Anawak – olmecas, mayas, mexicas, zapotecas, mixtecas, totonacas, huicholes – acogieron las enseñanzas de los sabios toltecas.

Pero podemos dar un paso más allá, definiendo la Toltequidad como el legado común de todas las naciones cultas de la América nativa. Cualquiera que visite Bolivia, Ecuador o Perú, notará las extraordinarias similitudes que existen entre las civilizaciones de Anawak y el Tawantisuyu. La Toltequidad es tan mexicana como andina. Reconocer esa base común es clave para recobrar nuestra identidad profunda como americanos, a fin de presentar un rostro verdadero y un corazón unido frente al desafío del porvenir.

Fundamentos de la Toltequidad

En su versión mexicana, la Toltequidad consistía en un conjunto de ideas que explicaban la existencia del Universo, la vida y la conciencia. Las principales eran las siguientes:

El Universo se llamaba Semanawak: unidad circundante o unión de lo diverso. Se consideraba que el mundo físico era reflejo de otro mundo, invisible y de carácter energético. Dicha totalidad se dividía en planos de manifestación, que también se podían entender como estados de conciencia. Había cinco

(4)

planos infernales o subconscientes, y siete celestiales o supraconscientes, los cuales confluían en esta tierra, el sitio donde tenemos el privilegio de morar.

La energía recibía el nombre de Teotl, divino, ya que su naturaleza trascendía el alcance de los sentidos. Los españoles trataron de traducir ese término como dios, pero, para los nativos, Teotl era un calificativo que significaba poderoso, energético.

Una de las creencias más características de los toltecas era que toda energía es polar. Al polo positivo le llamaban Tonalli, evidente, y al negativo Nawalli, oculto; en la actualidad los conocemos como el Tonal y el Nagual. Estos polos no sólo eran formas de explicar el movimiento de la energía, sino también facultades que todos poseemos y que podemos potenciar. Nuestro cuerpo físico con sus instintos, emociones y pensamientos, es nuestro Tonal o ventana particular al mundo, mientras que el campo energético que nos rodea y mantiene vivos es nuestro Nagual, un vehículo potencial de trascendencia.

Los mesoamericanos creían que la energía por sí misma es consciente; por lo tanto, el Universo como un todo se da cuenta, tiene una intención. La conciencia cósmica recibía el nombre de Senteotl, unidad divina, un término que también significa divina semilla, ya que este ser da origen a todos los demás. No debemos identificar a Senteotl con el dios de los cristianos y los musulmanes; era más bien una entidad abstracta e impersonal, sin preferencias o motivaciones humanas.

A fin de crear el mundo, Senteotl se transforma en Ometeotl. Este título se compone de los términos Om, en unidad, E, tres, y la combinación de ambos, Ome, dos, más el calificativo Teotl; de modo que se traduce divina uni-dual-trinidad. Ometeotl es el creador del espacio-tiempo; se manifiesta como una multitud de “dioses” o espíritus mediadores, que en verdad son personificaciones de las fuerzas de la Naturaleza.

Ometeotl representa la armonización de las polaridades. Es el rector de la evolución. Los toltecas consideraban que toda manifestación requiere de un proceso, y todo proceso es cíclico y gradual. El Universo evoluciona de la oscuridad a la luz, de la materia al espíritu, y para ello, es imprescindible que surja la conciencia individual. Tal como relata el Popol Vuh (la Biblia de los mayas), los dioses en busca de identidad crearon diversos mundos y dijeron:

“No habrá gloria en nuestra obra hasta que surja el ser humano, la criatura racional”.

Esa chispa de conciencia focalizada en nuestra mente y corazón recibió el nombre de Ketsalkoatl,

serpiente emplumada. Ketsalkoatl es la personificación de nuestro potencial de conciencia. Su nombre lo describe: la serpiente representa al cuerpo físico con sus limitaciones, y las plumas a la conciencia, con su aspiración a lo supremo. La Serpiente Emplumada es, pues, una metáfora del proceso de ascensión del alma.

En otra lectura, Ketsalkoatl era el nombre que daban los toltecas a sus profetas, considerados como personas que llegaron a un estado de autorrealización. Se conserva la memoria de varios de estos personajes, siendo el más conocido de ellos el príncipe Se Akatl de Tula, quien vivió entre los años 947 y 999 de la era cristiana y dejó una brillante herencia espiritual.

En aquella sociedad, cuando el niño nacía, el sacerdote que lo recibía le daba a conocer el propósito para el cual hemos venido a esta tierra, que es acrecentar el brillo de la conciencia. Luego lo bautizaba, pasando sobre su cabeza fuego y agua, le imponía un nombre calendárico y con ello el pequeño quedaba transformado en un Masewalli o Macehual, merecido por el sacrificio de la Serpiente Emplumada. Si el niño honraba ese título con una vida productiva y noble, se le llegaba considerar propiamente como un Tolteca o buscador de perfección interna.

A fin de guiar al pueblo, aquellos sabios registraron las experiencias acumuladas durante generaciones en códices, murales y relieves. Poco antes de la era cristiana, el anciano Weman recogió dicha tradición en un libro al que llamó Teomoshtli, libro sagrado. La última copia conocida de ese texto se perdió en el año de 1746, pero se conserva gran parte de su contenido, que sólo espera ser traducido.

(5)

El lado práctico de la Toltequidad

Uno de los aspectos más interesantes, pero menos investi-gados de la Toltequidad, es lo concerniente a fórmulas prácticas para conducir y mejorar la vida. Pocos pueblos de la antigüedad le dieron tanta importancia al lado práctico de la vida, como los toltecas. De hecho, la experiencia era uno de los principios esenciales de su fe, tal como vemos en el siguiente texto del Wewetla’tolli (un libro sagrado mexica):

“Haceos toltecas: hombres de experiencia propia.”

Es notable que el primer diccionario de la lengua nawatl, redactado por el padre Molina a mediados del siglo XVI, traduzca el término Toltekayotl como arte para vivir. Ello demuestra hasta qué punto eran conscientes los antiguos mexicanos de tener una herencia cultural única, y cómo esta se consideraba, ante todo, un asunto práctico.

Tal énfasis en la experimentación se debía a que ellos veían el Cosmos como un ser vivo, que se mueve y cambia constantemente. En consecuencia, consideraban que el único modo como podemos mantenernos en sintonía con dicho ser, es cambiando nosotros mismos y abriéndonos a nuevas vivencias. Como afirma el investigador Víctor Sánchez, el propósito de la religión tolteca era reflejar el movimiento del Espíritu:

“Es conveniente notar que, tanto para los toltecas de la antigüedad como para los sobrevivientes de hoy en día, la religión no era un conjunto de pautas de conducta predeterminadas, dogmas o la proyección de la importancia personal, sino una serie de prácticas que tenían como objetivo mantener al hombre en contacto con el Espíritu.” (Víctor Sánchez, Toltecas del Nuevo Milenio)

El concepto de experiencia propia se dice en nawatl con el término Yekoatl o Yeyekoa; significativamente, ese es también el nombre de los ejercicios físicos. Ello demuestra que el consejo de hacernos personas de opinión propia no se limita a estar abiertos a la información que nos llega del exterior, sino que implica el adelantarnos, convocar la experiencia, provocar resultados – en una palabra: compro-meternos íntimamente con la búsqueda del conocimiento.

Los vestigios conservados en las piedras y demás testimonios del pasado demuestran que los antiguos mexicanos le prestaron una gran atención a la práctica, incluyendo las posturas y movimientos del cuerpo, los gestos simbólicos, las técnicas de purificación y modificación de la conciencia, los rituales y otras formas de manipular la atención. Observemos, por ejemplo, el modo como un libro maya describe a los toltecas:

“Había en ellos sabiduría, no conocían pecado. Tenían santa devoción, vivían saludables, sin enfermedades ni dolor. Recto, erguido iba su cuerpo” (Chilam Balam).

Este fragmento habla de las condiciones en que vivía la gente antes de la llegada de los españoles. Lo interesante es que el sacerdote indígena que lo escribió, hizo un paralelismo entre ser sabio, impecable y devoto, por una parte, y estar sano y tener el cuerpo recto, por la otra.

Una consecuencia de ese enfoque se nota en la concepción mexicana del cielo. Mientras que los cristianos representan a las almas en extática inmovilidad, contemplando el rostro de Dios, los teotihuacanos dibujaron su cielo como un jardín donde graciosos personajes se dedican a realizar todo tipo de ejercicios y contorsiones, incluyendo el juego de pelota. En aquella visión, el cuerpo y el alma estaban integrados; no era concebible que un devoto de la Serpiente Emplumada olvidara la “serpiente” del cuerpo físico, a través del cual se manifiesta el “quetzal” de la conciencia.

Un punto a destacar es el parecido de las prácticas toltecas con otros sistemas de entrenamiento del Viejo Mundo, como el Yoga de la India o el Tai Chi Chuang de China. Básicamente, ello se debe a que el cuerpo humano es el mismo en todas partes. Sin embargo, también se puede interpretar como evidencia de que estas técnicas ya se habían creado cuando ocurrió el hundimiento del paso de Bering, hace diez mil años, quedando aislados los pueblos de Asia y América. Una diferencia es que, en tanto en el Yoga se busca la estaticidad de la postura, y en Tai Chi lo que se procura es dinamizar el cuerpo, en Kinam combinamos ambos principios; cada postura tiene un aspecto estático y también un movimiento propio.

Otro asunto es la antigüedad de las prácticas toltecas, lo cual excluye la posibilidad de una influencia directa de Asia a México. Ya hacia segundo milenio antes de Cristo, los olmecas representaron en piedra y cerámica a practicantes en numerosas y complejas posturas, que formaban parte de un lenguaje corporal convencional. Dicha tradición continuó viva hasta la caída de la última capital maya, en 1697.

(6)

Escena del cielo. Mural de Teotihuacan. El retorno de los toltecas

En este contexto, era inevitable que surgieran en Anawak diversos sistemas para el entrenamiento del cuerpo y la mente. En las lenguas nativas se conservan numerosos nombres de ejercicios, e incluso descripciones completas de posturas, caminatas, disciplina marcial, danza y deportes, que los cronistas españoles relacionaron con los rituales religiosos, porque a ellos todo lo que implicara el cultivo del cuerpo les parecía idolatría. Al avivarse en la actualidad el interés por las antigüedades de México, estos datos cobran gran valor, pues nos permiten integrar la cosmovisión tolteca en nuestra vida diaria.

En los últimos tiempos han surgido diversos intentos de rescatar dichas prácticas. El más vernáculo y extendido es, sin dudas, el movimiento de la conchería. Los concheros fueron los primeros indígenas que abrazaron la fe cristiana; se les dio ese nombre debido a que comenzaron a interpretar sus cantos sagrados con laúdes confeccionados con conchas de armadillo. Bajo la supervisión de las autoridades eclesiásticas, se organizaron en cofradías y sincretizaron sus antiguos ritos con los de la Iglesia Católica; de ese modo, lograron conservar muchas de las danzas y tradiciones. Durante siglos, el acceso a los grupos de la conchería se mantuvo reservado a los indígenas, pero en la actualidad se han abierto al público, e incluso han instalado grupos de danza en países europeos.

Un sistema muy serio, pero poco conocido, es el llamado Repliegue y Desbloqueo, enseñado por nativos de Veracruz y Tabasco. Se trata de un conjunto de técnicas que, como su nombre indica, están diseñadas para replegar o tonificar la energía y desbloquear los “tapones” que se acumulan en el cuerpo. Esto lo consiguen mediante intensos ejercicios físicos y consumo de tes de hierbas medicinales. El chamán Gau-dencio de Catemaco preparó a varios instructores, uno de los cuales, de apellido Ovando, ha llevado la técnica a Europa.

Otro intento de resucitar la práctica tolteca son los Pases Mágicos. Se los debemos a Carlos Castaneda, quien juntó una serie de ejercicios que aprendió durante su estancia entre los yaquis y otros grupos del norte de México, los cuales complementó con movimientos extraídos de sus andanzas por el ensueño. El resultado es una especie de gimnasia de gran vigor, que dispone el intento para la trascendencia espiritual. Con el nombre comercial de Tensegridad, y refinados para adaptarlos a las exigencias del mundo moderno, estos pases se practican en numerosos países.

Entre los mixtecos se conserva un sistema de entrena-miento marcial llamado Chupaporrazo, derivado del Yayaotl, práctica guerrera de los mesoamericanos, con mezcla de elementos de la lucha libre europea. La instructora Marisela Ugalde se inspiró en ese arte para crear el arte del Xilam, que hoy cuenta con numerosos practicantes dentro y fuera de México.

Otro aporte destacado a este rescate se debe al antropólogo Samuel Martí, quien comparó las posiciones manuales practicadas por los hindúes y los mayas, demostrando que existe una relación simbólica, y segura-mente también histórica, entre ambos sistemas de gestos. El resultado lo publicó en su libro “Mudras, Manos Simbólicas en Asia y América”, primera investigación seria sobre este fascinante tema.

El intento más reciente de rescate, codificación y aplicación de la práctica tolteca, es el Método Kinam. Kinam se define como “un arte para armonizar el cuerpo y el espíritu”. Su característica principal es que, a diferencia de otros sistemas de inspiración prehispánica, la investigación se apoya por completo en las fuentes documentales del México antiguo. Por lo tanto, este método no sólo funciona en sentido práctico, sino también teórico, permitiendo entender aspectos sutiles de la cultura mesoamericana, como, por ejemplo, el simbolismo de las posturas físicas.

El término Kinam es una abreviación del verbo nawatl Kinatia, aplicar una fuerza para conseguir el equilibrio. Deriva de la raíz Kin, que significa poder, existente también en otras lenguas de Anawak; en

(7)

maya le da nombre al Sol. El término Kinam da origen a conceptos como Kinamik, el poder de armonizar, y Kiname’, persona equilibrada. Un códice afirma que tal era el título que se daban a sí mismos los toltecas:

“Los toltecas se decían Kinames... Por entonces vivían los Kinames y su saludo era: ‘que no te caigas sobre la tierra’.” (Anales de Cuauhtitlan, p. 13).

En honor a aquellos antiguos practicantes, hemos escogido la voz Kinam para designar a un conjunto de técnicas y ejercicios de origen mesoamericano, que tienen como objeto prepararnos en cuerpo y mente a fin de expresar la plenitud de nuestro potencial energético.

2

LOS
SIETE
PASOS
DEL
KINAM

Los siete pasos

La Toltequidad es la teoría y Kinam la práctica. La práctica nos permite trascender los detalles culturales y percibir los aspectos genéricos y universales del conocimiento.

Kinam no es una religión, sino una propuesta de acción. Al aprender a respirar correctamente, prestar atención a la postura física, controlar los pensamientos y educar la percepción, el practicante llega a ser una mejor persona, no importa cuáles sean sus creencias o devociones. De hecho, este método nos enseña a ser mejores católicos, musulmanes, ateos, mexicas o lo que queramos ser.

Pero la práctica se convertiría en una rutina sin sentido si no estuviese acompañada de otras condiciones, tales como un conocimiento del tema, compromiso interior, higiene física y psíquica, y una expresa vocación por el desarrollo de la energía. Es por ello que el Método Kinam se organiza en siete pasos o líneas de interés que tienen los siguientes nombres y objetivos:

Primero: Toltekayotl, cultura, el acercamiento cultural a la Toltequidad a fin de adquirir

conocimiento.

Segundo: Nawatilli, normas, la aplicación de los principios de conducta toltecas para adquirir

compromiso.

Tercero: Teochiwa, divinización, el rescate de nuestra integridad energética, único modo de adquirir

comprensión profunda.

Cuarto: Chipawa, transparencia, la purificación de nuestro cuerpo físico, mente y emociones, para adquirir capacidad energética.

Quinto: Teomania, meditación, una técnica que aquieta la mente y nos proporciona paz interna y visión.

Sexto: Nawallotl, nagualismo, el trabajo directo con la energía, único modo de desarrollar un doble energético para penetrar en los aspectos profundos de la enseñanza.

Séptimo: Yekoatl, ejercicios físicos estáticos y dinámicos que nos permiten adquirir vitalidad, resistencia, equilibrio y fluidez.

Como podemos observar, estos pasos están diseñados a modo de escalera; cada uno de ellos prepara las condiciones para que el siguiente manifieste frutos plenos. Por ello, recomendamos al estudiante experimentar el Método Kinam en la secuencia descrita, sin tratar de “quemar” etapas. La única excepción a este ordenamiento es el séptimo paso, ya que los ejercicios físicos se deben realizar al unísono con el resto de los pasos.

(8)

El acercamiento cultural

El primer paso, Toltekayotl, es el prólogo de la obra. Se relaciona con el intelecto. Su objetivo es adquirir un conocimiento de la cultura tolteca, a fin de facilitar la transmisión de la enseñanza y ubicar las prácticas en su contexto histórico.

Este paso tiene dos etapas. En la primera, tomamos contacto con la historia de Anawak: sus mitos fundacionales, períodos de desarrollo, principales culturas, el episodio de la invasión europea, la resistencia indígena durante la Colonia y el renacimiento actual de la Toltequidad. Los instructores del Método Kinam están preparados para impartir tal conocimiento; al final de este libro hay información adicional al respecto.

Algo que facilita considerablemente el aprendizaje, es tener una noción del nawatl clásico, ya que los nombres de los ejercicios y otros detalles técnicos están en dicha lengua. El nawatl comenzó siendo una lengua étnica, pero, debido a que se usó para el comercio y la diplomacia, se fue nutriendo con los aportes de todo el territorio, reflejando los descubrimientos de los sabios, las finuras de la poesía, las sutilezas de la filosofía y los aspectos técnicos del sendero tolteca. Su forma clásica se definió en la corte de Texcoco, entre los siglos 14 y 15 de la era cristiana, y fue impuesta como factor unificador de todo el Anawak. Ninguna traducción le hace total justicia a los significados del nawatl; por ello, en ocasiones preferimos expresar algunos conceptos de Kinam en esta lengua.

Una vez que el estudiante tenga un panorama histórico de la Toltequidad y un vocabulario mínimo, debe aprender las ciencias y artes toltecas, en particular, las matemáticas vigesimales, la geometría sagrada, la cosmogonía y el calendario, tanto en su versión nawatl como maya. Esas ciencias, aunque absolutamente racionales, responden a un paradigma intelectual muy diferente al de las culturas del Viejo Mundo; por lo tanto, constituyen un modo excelente de detener los procesos mentales de todos los días, a fin de observar el mundo desde otro ángulo.

La segunda etapa de este paso tiene que ver con la ideología tolteca. Algunos libros y películas de divulgación han creado el prejuicio de que la religión mesoamericana estaba basada en el culto a los dioses y los sacrificios humanos. Nada más lejos de la realidad. Cuando analizamos las evidencias que se conservan, notamos que los toltecas tenían una comprensión refinada del mundo, que se basaba en doctrinas como la unidad divina, la insubstancialidad del mundo material, la evolución de la conciencia, la mediación de la Serpiente Emplumada, el merecimiento a través de las obras, la nagualización o manifestación de los principios conscientes superiores y la liberación de las ataduras del cuerpo físico.

Una vez que el estudiante entienda estos puntos, le será más fácil valorar el sentido de los pasos siguientes.

El compromiso

El segundo paso, Nawatilli, normas, es el salto de la curiosidad al compromiso. Se relaciona con la voluntad – la más importante de nuestras facultades. Implica el adoptar en nuestra vida los principios éticos de la Toltequidad.

El cultivo del intelecto nos provee una poderosa herramienta para descifrar el mundo; pero la herramienta por sí misma es inútil si no nos comprometemos a usarla. El compromiso del tolteca parte de reconocer que el individuo y la sociedad son una unidad inalienable. No somos tan individuales como creemos; asimismo, la sociedad no existe sino en la agrupación de sus individuos. Por lo tanto, nuestro verdadero ser es una interactividad; cada cosa que hacemos o dejamos de hacer afecta a los demás, y a su vez, todo lo que los demás hacen nos afecta a nosotros. Una práctica que no tenga en cuenta ciertos deberes de conducta para con uno mismo, el prójimo y el Universo, conduce a un callejón sin salida, pues agota la energía.

Este paso también se divide en dos etapas. La primera es el compromiso general; los libros toltecas lo resumieron en tres principios muy simples:

1. Topiltsin sentlasotla, amar lo divino.

2. Kateikniu’tlani, tener paz con los seres humanos. 3. Amo keketsa, no matar o no perder el tiempo.

Amar lo divino nada tiene que ver con pasar el día en la iglesia, rezándole a un dios personal. Lo divino es la energía. Así que este principio implica respetar, conservar y utilizar correctamente nuestra energía de vida. En un sentido más amplio, implica comprender que toda la energía del Universo está conectada, incorporando un compromiso ecológico profundo.

Tener paz es luchar por la paz, no someterse pasivamente al capricho ajeno. La paz del tolteca es un ejercicio de la voluntad; se conquista cuando realizamos obras meritorias, nos hacemos responsables de nosotros mismos y compartimos con otros lo que hemos llegado a saber por experiencia propia.

(9)

de tiempo; por lo tanto, es inteligente aprovechar cada segundo para crecer internamente. Un aspecto básico del Kinam, es que este consejo aplica tanto cuando estamos despiertos como cuando dormimos. Desde el punto de vista tolteca, somos tan responsables del contenido de nuestros sueños como de lo que hacemos en la vigilia; luego, tenemos el deber de cultivar íntegramente nuestras facultades.

La segunda etapa de este paso es el compromiso para con uno mismo o la práctica individual diaria, una medida de higiene energética que consta de los siguientes puntos:

1. Recapitulación de los sueños cada mañana al despertar, realizada sin ánimo de interpretación, sólo de observación. Podemos hacerla mentalmente o por escrito.

2. Practicar ejercicios físicos. Afirmaban los toltecas que cada día tiene una energía particular, positiva o negativa, que podemos acentuar o neutralizar mediante la técnica apropiada. En Kinam se promueve la práctica de las posturas del Tonal o día calendárico, basada en el Calendario Sagrado de Anawak.

3. Meditación, realizada a continuación del ejercicio anterior. Consiste en recoger los sentidos, hacer silencio mental y, si es posible, entregarse al éxtasis.

5. Recapitulación de lo que hicimos durante la vigilia, realizada antes de dormir en la noche sin ánimo de interpretación, sólo de observación. Se puede hacer mentalmente o por escrito (se recomienda al estudiante de Kinam llevar un diario de sus sueños y vigilias, pues ello le ayudará a materializar el siguiente paso).

Quienes asumen con seriedad la práctica individual diaria, tienen el éxito asegurado.

La divinización

El tercer paso, Teochiwa, divinización, es como la respiración honda que tomamos antes de levantar un gran peso: nos prepara energéticamente para el resto del trabajo. Se relaciona con la dimensión divina y su propósito es recuperar nuestra totalidad.

Algunas personas interpretan este paso como una incitación a cultivar los aspectos devocionales del sendero tolteca. Los antiguos mexicanos eran muy devotos; a fin de comulgar con la Divinidad, usaban ritos, sacramentos, austeridades y propiciaciones. Todo esto es muy agradable y nos da un sentido de pertenencia histórica, pero tiene el defecto de que, si no estamos alertas, podemos confundir el fin con el medio, convirtiendo las metáforas en ídolos.

En el Método Kinam se enfatiza la práctica abstracta. Creemos que no hay mejor ritual que las acciones meritorias, ni oración más sincera que una buena intención. El objeto de este paso no es adorar dioses, sino ser divinos; y podemos llegar a serlo porque, de hecho, ya lo somos. Desde la óptica tolteca, la divinidad no es una gracia sobrenatural, sino un estado de conciencia; más aún, es el destino evolutivo de todos los seres vivos, una potencialidad codificada en nues-tros genes desde el comienzo de la creación.

Los sabios del México antiguo se dieron cuenta de que, cuando el ser humano busca a Dios, se busca a si mismo. En consecuencia, diseñaron una técnica genialmente simple y efectiva para recobrar nuestra totalidad y reconocer nuestra verdadera naturaleza: la recapitulación. Recapitular viene a ser como aplicar en grande de los consejos estudiados en el paso anterior, y constituye la primera fase de este paso.

Existen dos tipos de recapitulación: la pasiva y la activa. La recapitulación pasiva consiste en rastrear los incidentes de nuestra vida. Todos hemos disipado una gran cantidad de energía en nuestras relaciones; nos apegamos a las cosas, nos enamoramos y decepcionamos con frecuencia, nos dejamos arrastrar por intereses egoístas que luego nos causan vergüenza... Como resultado, agotamos nuestra energía. Eso crea huecos en la memoria, lapsos de información donde se esconden los sucesos dolorosos. Como no queremos enfrentar nuestros errores, no aprendemos de ellos y nos vemos condenados a repetirlos.

Podemos parar con eso, rememorando nuestra vida. Un kiname dedica tiempo para estudiarse a si mismo; repasa su historia para recuperar lo perdido; soluciona en intención los problemas creados; perdona las ofensas recibidas y pide perdón por las que cometió… La recapitulación nos permite asimilar las lecciones de la vida. De ese modo, vamos zurciendo los agujeros de la energía.

Como resultado de esta práctica, el mundo cambia; deja de ser una aburrida cotidianidad donde trabajamos como burros para sobrevivir, y se convierte en un campo de aventuras cuya búsqueda no es la supervivencia, sino la experiencia en sí misma. La persona que ha recapitulado su vida vuelve a ser como niño.

El objeto ideal de este paso es memorizar el propio nacimiento. Parece algo imposible, pero, de hecho, es relativamente fácil, ya que haber nacido es el acto más importante de la existencia, el que dejó una huella más profunda en nuestra memoria. Lo sorprendente no es que podamos recordar el nacimiento, sino que, de ordinario, no lo recordemos. Hemos sido despojados de nuestro propio origen – aquello que

(10)

nos da sentido de ser –, lo cual demuestra hasta qué punto hemos permitido que se deteriore nuestra energía.

Al recapitular el momento mágico en que entramos a este mundo, se abre ante nosotros la puerta al Universo sagrado, allí donde moran los dioses, de donde proceden la vida y la conciencia, y a donde retornaremos cuando se agote nuestro plazo en la tierra. Es bueno conocer ese mundo mientras estamos jóvenes y sanos, porque entonces tenemos la posibilidad de ser actores de nuestra propia creación. En México, la persona que lograba completar el circuito de la conciencia recibía el nombre de Teowa,

divinizado.

Sin embargo, recapitular la propia vida es sólo el comienzo. De nada vale que nos esforcemos por deshacer los nudos de nuestra historia personal si, al terminar el ejercicio, de nuevo volvemos a enredarnos. He conocido personas que constantemente se quejan de que invierten casi todo su tiempo en un trabajo que no les gusta, pero no hacen nada por cambiar esa situación. Es como si estuvieran esperando que viniera un mago a resolver por ellos.

Por lo tanto, la segunda etapa de este paso es la recapitulación activa. Este ejercicio exige un gran valor, pues consiste en destruir las justificaciones que usamos para ser como somos. Si queremos recuperar nuestro potencial divino, tenemos que cambiar. Para ello, hay que recapitular, no sólo los incidentes de nuestra historia personal, sino también las circunstancias que nos han ido dado forma, y que nos inducen a actuar de determinada manera. En la generalidad de los casos, los condicionantes que más energía consumen son los apegos, el vínculo familiar, las relaciones de pareja y el trabajo. Tenemos el deber de analizar y rectificar dichas interacciones con total honestidad frente a nosotros mismos, pues la vida es única y cada segundo que pasa es irrecu-perable.

La purificación energética

El cuarto paso se llama Chipawa, transparencia; su objeto es que nos limpiemos física, psíquica y emocionalmente, hasta volvernos cual un cristal transparente que deja pasar sin distorsiones la luz del Sol.

Una vez en conocimiento del tema, asumido el compro-miso ético, y conscientes de que tenemos una dimensión divina que rescatar, lo siguiente es estudiar nuestra anatomía energética para comprender cómo se mueve la vitalidad por nuestro interior y qué hacer para higienizarla y activarla.

Según los videntes toltecas, los seres humanos tenemos un campo magnético que se extiende desde nuestro interior hasta la distancia de un brazo fuera del cuerpo físico. Cuando dicho campo se deteriora, nuestra vitalidad se disipa y podemos llegar a morir. Por eso, es de gran importancia mantener nuestra energía limpia y compacta.

Dentro de ese campo hay una serie de órganos llamados Kuekueyo, espirales luminosas, que funcionan como trans-formadores de la energía, almacenando las experiencias y modificando la percepción. De ellos afirma un códice mexica:

“Con nuestros Cuecueyo(s) iluminamos al mundo. En el sitio donde están nuestras luminarias, allí tenemos luz.” (Códice Matritense)

Algunos de esos centros se activan de manera natural a medida que crecemos, pero otros requieren de un trabajo intencional. La disfunción de uno o varios de estos centros por falta de mantenimiento puede producir enfermedades e incluso la muerte.

Los centros principales son siete y se orientan a lo largo de la columna vertebral. Sus nombres y funciones son:

1. Kolotl, escorpión, en la base de la columna vertebral. Es la sede de los instintos sexuales, reproductivos y de supervi-vencia. Se activa al nacer y alcanza su pleno funcionamiento en la adolescencia.

2. Iwitl, plumón, en el vientre. Es la sede de los sentimien-tos filiales y patrios, y los impulsos de socialización y comu-nicación. Se activa en forma natural antes de la adultez.

3. Pantli, bandera, en el ombligo. Es la sede del ego y los impulsos de representación, competitividad y dominio. Se activa asumiendo los retos y enfrentando las dificultades.

4. Shochitl, flor, en el corazón. Es la sede de las emociones, la sensibilidad artística y los impulsos altruistas. Se activa enriqueciendo y ennobleciendo las experiencias.

5. Topilli, bastón de mando, en la garganta. Es la sede de la voluntad. Se activa tomando decisiones y afrontando las consecuencias.

(11)

Estructura y nombres de los centros energéticos. Códice Borgia.

La composición del ser humano. Códice Laúd.

6. Chalchiwitl, piedra preciosa, en la frente. Es la sede de la intuición; su funcionamiento mínimo es la razón. Se activa mediante estudio, meditación, ensueño y recapitulación.

7. Tekpatl, cuchillo, en la coronilla. Este centro sintetiza la actividad de los demás, conectando la energía individual con la cósmica. En él radica el impulso de trascendencia que nos caracteriza como humanos. Se activa a medida que los demás centros lo hacen.

Los centros forman una red que organiza nuestro campo magnético. Dicha estructura nos permite actuar como individuos, entrando en relación con otros campos. Aunque, al actuar, solemos comportarnos como si fuésemos un todo, en verdad somos una alianza de entidades o vehículos de acción, cada uno de los cuales tiene sus propios instintos e intereses, y requiere de una alimentación y mantenimiento especializados. Podemos comparar al sistema en su totalidad con un coche tirado por caballos; aunque funcionan al unísono, no hay olvidar los requerimientos específicos de cada caballo. Según los toltecas, tenemos cinco vehículos, que son:

1. Tonakatl, nuestra carne, el vehículo físico. Siguiendo el ejemplo anterior, diríamos que es como el coche, la parte más pesada del sistema. Su función es moverse, tener sensa-ciones y reproducirse. Se alimenta de comida sana y agua. Se purifica mediante descanso, ejercicios físicos, higiene y cuidado de la salud.

2. I’iotl, aliento, el vehículo vital, es el caballo fuerte del grupo, el que va delante. Sostiene el sistema de centros energéticos, canalizando las experiencias hacia cada uno de ellos. Se alimenta de respiración apropiada y se purifica mediante el uso sobrio de los demás vehículos.

3. Yollotl, corazón, el vehículo emocional, es el caballo de la retaguardia. Su función es potenciar el funcionamiento de la red de centros energéticos, apoyando a cada vehículo en sus necesidades. Se

(12)

alimenta de impresiones variadas y sanas. Se purifica al disipar las emociones negativas mediante la recapitulación.

4. Mati, mente, el vehículo mental, es el cochero, el que guía a los caballos. Selecciona las impresiones que llegan hasta nuestros sentidos y les da significado. Se alimenta de información adquirida mediante estudio, reflexión y experi-mentación. Se purifica por higiene mental, meditación y ayuno de creencias.

5. Nawalli, doble, el ser de ensueños, es el pasajero que da órdenes al cochero. El nagual es un vehículo independiente; puede bajarse del coche cuando quiera y tiene una vida propia en el ámbito del sueño. Incluso, puede conseguirse otro coche y otros caballos, es decir, generar vehículos subsi-diarios a través de la visualización creadora. Se alimenta de tareas que lo desarrollan. Puede hacerse depositario de nuestro sentido de ser, en cuyo caso se transforma en el agente de nuestra liberación.

Los mesoamericanos crearon numerosas técnicas para dar mantenimiento a los vehículos. En Kinam recomenda-mos tres de ellas: la alimentación polar, la herbolaria y el baño de temascal.

El temascal es probablemente la técnica más querida de los practicantes. Consiste en someter al cuerpo a un baño de vapor sazonado con plantas aromáticas. Tiene un inmediato efecto relajante y desintoxicador, por lo cual, en la antigüe-dad, se empleaba para recibir a los recién nacidos. El recinto del temascal también tenía una función simbólica, siendo empleado en los ritos de iniciación.

La alimentación polar es uno de los más interesantes aportes de los mesoamericanos al campo de la salud. Se basa en una clasificación de los alimentos en “fríos” y “calientes”, lo cual no tiene que ver su temperatura exterior, sino con su capacidad para neutralizar los excesos positivos o negativos de la energía. Nuestra energía varía a lo largo del día, y también sufre alteraciones con motivo de la práctica de ejercicios, enfermedades y accidentes, edad, estado de ánimo y condiciones menos ponderables. Escoger y mezclar los alimentos apropiados para cada momento y objetivo de nuestra vida, es un arte que puede facilitar en gran medida el mantenimiento de los vehículos.

Por extensión, la alimentación polar produjo una terapia de polaridades cuyo fin es neutralizar las enfermedades. Según la óptica tolteca, las disfunciones del vehículo físico o de cualquier otro, son intrusiones, metafóricamente compa-radas con “vientos” o “espíritus del monte”. Nosotros mismos somos una intrusión en el mundo. Esto hace que las enfer-medades se vean y traten como una integridad, teniendo en cuenta no sólo los síntomas físicos, sino también las causas energéticas, las condiciones ambientales y las consecuencias sociales.

Por su parte, la herbolaria es de gran apoyo, no sólo por los productos químicos que se pueden obtener de las plantas, sino porque estas son seres vivos y pueden comunicarnos su intención. Hay tres tipos de herbolaria: la común, dedicada a la salud de los vehículos físico y vital; la sagrada, orientada a resolver problemas mentales y emocionales; y la “de poder”, que se emplea para desarrollar el nagual.

La meditación

El quinto paso, Teomania, meditación, se relaciona con la intuición, esa misteriosa facultad que en la vida cotidiana solemos tener atrofiada. La meditación era una práctica muy común en el México antiguo, según se deduce de la profusión de imágenes meditativas en el arte. Su objeto es llegar al estado de éxtasis.

En el Método Kinam, la meditación se divide en cuatro pasos, que son: 1. Mana, disposición.

2. Senmati, concentración. 3. Teomania, meditación. 4. Teowatia, éxtasis.

La disposición consta de tres partes:

a) Buscar el lugar y momento apropiados. Resulta muy difícil calmar la mente en un sitio bullicioso o lleno de distracciones; por ello, lo mejor es retirarse a un rincón tranquilo, si es posible en contacto con la naturaleza, como puede ser un parque o una playa desierta. El momento también importa; se medita mejor temprano en la mañana o al atardecer. El mediodía es mal momento porque se exacerba el Tonal y la mente se distrae; la medianoche también, porque induce a visiones fantasiosas.

b) Colocar el cuerpo en forma correcta. En Kinam existe un grupo de posturas específicamente desarrolladas para este propósito, que estudiaremos adelante.

c) Armonizar la energía mediante I’imati, el control de la respiración. Como veremos, existen varias técnicas para conseguir ese efecto.

El segundo punto, la concentración, no se debe confundir con la meditación. Es sólo una técnica de apoyo, una forma de callar la mente sin necesidad de darle órdenes directas. Para concentrarnos, empleamos recursos externos o internos que captan y conducen la atención, como resultado de lo cual, los pensamientos se van deteniendo poco a poco. Existen muchas formas de concentración; en Kinam

(13)

usamos cinco principales, que son:

1. Observación, un ejercicio muy simple que consta de tres partes:

a) Observamos serenamente lo que pasa a nuestro alrededor, sin hacer juicios ni comparaciones. b) Una vez que nos ambientamos, escogemos un elemento del entorno, como puede ser una hoja o fruta de un árbol, una marca en la pared o el suelo, una nube, etcétera, y lo miramos fijamente, tratando de no parpadear.

c) Luego de unos minutos de forzar el enfoque, hacemos lo contrario: mantenemos los ojos sobre el objeto elegido, pero atendiendo a lo que hay en la periferia. La mirada periférica es de gran valor para educar la percepción.

2. Imaginación eidética. Seguramente hemos notado que, al apretar los globos oculares, aparece una serie de colores y formas geométricas. El orden en que aparecen no es casual, responde a nuestro estado energético y es uno de los indicadores que usa el médico chamán para analizar a su paciente. Existen ciertas asociaciones naturales de color y forma que podemos aprovechar como motivos de concentra-ción; las básicas son las siguientes:

- Un triángulo rojo con la punta hacia arriba induce un estado de vigor. - Un círculo blanco induce al análisis y la observación.

- Una media luna negra nos da fluidez y un sentimiento místico. - Un cuadrado amarillo nos hace sentir serenos, seguros y sólidos.

Alternando esas imágenes, podemos inducir un estado de equilibrio mental que rompe con el monólogo cotidiano.

3. La vocalización. Así como existen sonidos que irritan, hay otros que calman; por ejemplo, el sonido del corazón materno es como un arrullo para el bebé. Podemos aprove-char ese efecto, repitiendo suavemente un sonido, palabra o frase que tenga una cadencia suave y, preferiblemente, un significado de sugestión positiva. Volveremos a referirnos a esta técnica.

4. La aromatización. Ocurre lo mismo que con los sonidos: hay olores que nos ofenden y otros que agradan y calman. Los meditantes de todas las culturas han descubierto las ventajas de ambientar el espacio de prácticas con un poco de incienso; en México empleaban principalmente la resina de copal, pero es un recurso que no se debe abusar.

5. Probablemente, la forma más fructífera de conducir la atención consiste en concentrarnos en los centros energé-ticos. Hablaremos más adelante de ese asunto.

La tercera fase del ejercicio es propiamente la meditación. Meditar es llegar al silencio interior. Ello es posible cuando prescindimos de toda forma de concentración, porque, de otro modo, la mente quedará enganchada en los estímulos senso-riales o mentales. El único modo de meditar, es intentarlo; la práctica sostenida hace que sea cada vez más fácil. Lo ideal es llegar a un estado en el cual permanecemos técnicamente dormidos, pero conscientes de lo que ocurre a nuestro alrededor y en perfecta placidez.

La culminación de este ejercicio es el éxtasis, el más elevado grado de conciencia accesible al ser humano. El éxtasis meditativo se produce gracias a un fenómeno psíquico muy interesante: el silencio mental se acumula. La primera vez que callamos la mente, puede que sólo lo logremos por unos segundos; pero, al intentarlo de nuevo, ese lapso se va alargando, se acumulan los minutos, hasta que llegamos a una frontera muy personal a la que Castaneda llama “el umbral de silencio”. A partir de ahí, ya no hay que intentar el silencio, porque se sostiene por sí mismo. La parte dramática del ejercicio es que el mundo mismo comienza a cambiar, las cosas se “desarman”, se tornan mágicas, y el espíritu se entrega en un viaje interior de gozo indescriptible.

El nagualismo

El sexto paso, Nawallotl, nagualismo, tiene como objeto proyectar nuestro ser de ensueños, llamado “el doble” o “el nagual”. El nagualismo es un campo muy amplio de experimentación, repleto de técnicas para el manejo de la energía, algunas bastante peligrosas. Por ello, en Kinam preferimos limitarnos a los aspectos básicos de este paso, dejando al estudiante en libertad para profundizar por sí mismo, si es que lo considera apropiado.

Aclaremos algo: el nagual no es un fantasma ni un animal, como creen los campesinos de México; tampoco es una superstición de los antiguos, como ingenuamente suponen los investigadores modernos. “Nawalli” fue el nombre que dieron los mesoamericanos a la proyección de nuestra voluntad en el ámbito del subconsciente. Un chamán entrenado potencia de tal modo sus capacidades de percep-ción, que el mundo literalmente se multiplica a sí mismo. A través del ser de ensueños, viaja a universos reales, pero extraordinarios, donde se relaciona con otros seres que también están en el camino.

(14)

La proyección del nagual. Mural olmeca de Oxtoticpac.

El mejor modo para reconocer y desarrollar al ser de ensueños, es aprender a soñar. El principal problema que confrontamos al dormirnos, es que no creemos que ese estado sea aprovechable; por ello, nos dejamos caer en la cama como un saco de papas, sin voluntad ni propósito. Toda la responsabilidad que ejercemos cuando estamos dormidos, es tener cuidado de no orinarnos en la cama; nada más. Hemos perdido de vista que el sueño es una extraordinaria facultad que poseen algunos seres vivos.

¿Aprovechar los sueños? La idea parece absurda. Es cierto que, de ordinario, nuestros sueños están llenos de fantasía; pero eso no significa que la capacidad de dormir, en sí, sea inútil para el propósito de desarrollar la conciencia. ¡Por el contrario! Cuando dormimos, los sentidos se desco-nectan en forma natural; es como una concentración muy intensa. Eso facilita las cosas, si sabemos cómo proceder.

Si queremos contactar con el ser de ensueños, ante todo, hay que saber que ese ser existe, es real. Hagamos memoria: ¿qué ocurre cuando soñamos? Sucede que vemos, oímos, nos emocionamos, hablamos, hacemos cosas y hasta razonamos… exactamente igual que cuando estamos despiertos. Por lo tanto, también podemos tomar el control de la situación. Así como aprendimos de niños a controlar los esfínteres de las vías urinarias, podemos aprender a no dejarnos arrastrar por la fantasía de los sueños, aprovechando el momento para investigar, resolver problemas y hacer cosas útiles.

La primera fase del cultivo del sueño es la tarea. El practicante comienza dándose una orden mientras está despierto, para cumplirla cuando duerma. La orden puede ser verse las manos, buscar el propio rostro en un espejo, asomarse por una ventana o pronunciar la frase “estoy soñando”. Incluso podemos ponernos tareas más complejas, como hacer el intento de volar, vernos a nosotros mismos en la cama o encontrarnos con algún conocido que también esté soñando; pero mientras más compleja la tarea, más difícil de cumplir. Al principio, puede que no tengamos éxito, pero la insistencia triunfa y terminamos adquiriendo un control inicial del ser de ensueños.

La segunda fase del ejercicio consiste en observar sin juicios lo que ocurre, mirar alrededor con atención, pero sin involucrarse. Esa actitud es como un imán, atrae a otros ensoñadores. Algunos de esos compañeros de viaje están más adelantados que nosotros, y lo normal es que nos den orientaciones. Incluso, podemos tener la suerte de encontrar un verdadero maestro nagual. Pero no debemos ver a esas entidades como superiores o especiales; sólo son personas que ya pasaron por ciertas etapas del camino y pueden darnos un consejo.

La tercera fase del ejercicio consiste en desapegarnos de la forma humana. A estas alturas, el estudiante ya ha tenido éxito en rearmar su ser de ensueños, aprendiendo a moverse y hablar con propiedad, concentrando su atención y no dejándose atrapar por lo que ocurre – es decir, manteniendo en todo momento la conciencia clara de estar soñando. En este punto hay que reconocer que ese cuerpo que vemos y usamos es una proyección mental; el verdadero quedó dormido en la cama. Por lo tanto, no estamos obligados a comportarnos como un ser orgánico. Esto es una gran ventaja, ya que un ser incorpóreo puede hacer cosas aparentemente imposibles, como volar sin alas, atravesar paredes o trasladarse instantáneamente entre dos puntos del espacio o del tiempo. Lo importante de esta fase, es romper la sujeción psicológica a nuestra forma humana, pues ello es la condición para aprender a sobrevivir a la muerte.

La cuarta fase consiste en Ver la energía tal cual es. Como ya no estamos supeditados al rango sensorial de los ojos, los oídos y demás sentidos, no tenemos que detenernos en la superficie de las cosas, o en los tamaños, formas e intensidades habituales. Podemos enfocarnos sobre algo y observar o escuchar los detalles más íntimos, llegando literalmente al plano de la energía. Vemos el mundo tal cual es, y no como nos lo impuso la limitación de nuestra forma humana. En términos toltecas, eso se llama Poder. Uno de los resultados más impactantes de esta fase es que, al enfocar a otros seres vivos, no los vemos como cuerpos físicos, sino como ondulantes campos de energía con órganos parecidos a tentáculos

(15)

y vórtices radiantes.

A continuación viene una fase muy compleja, en la cual tenemos que aprender a movernos por el mundo del ensueño, que a estas alturas ya no es sueño, sino un espacio completamente pragmático de vida y conciencia. Ese mundo es como un laberinto, lleno de posibilidades, pero también de peligros. Aquí se impone un gran discernimiento por parte del practicante para no quedar atrapado en las tentaciones y compromisos que surgirán. Al no estar limitados por la forma humana, poseemos grandes poderes, pero también una gran ignorancia sobre cómo proceder, pues allí somos como niños recién nacidos. En esta fase, tenemos que apren-der a ser humildes y sobrios para poder seguir adelante.

Si consigue pasar por todas las pruebas, se puede decir que el practicante ha llegado a ser un nagual, alguien que controla su percepción. El objeto final del nagual es convertirse en un Moyokoyani, creador de un mundo propio.

Los ejercicios físicos

El séptimo paso, Yekoatl, ejercicios físicos, se compone de movimientos, contracciones y gestos simbólicos, tanto aislados como organizados en series. En el siguiente capítulo analizaremos el asunto en detalle. Por ahora, quiero referirme a un aspecto que con frecuencia olvidan los practi-cantes: los ejercicios de Kinam están destinados a equilibrar y tonificar todos nuestros vehículos, no sólo el cuerpo físico. Lo que de veras importa no son las posturas, sino el intento subyacente en su realización. Estos ejercicios tienen tres campos de acción bien diferenciados:

- El cuerpo físico. - La mente. - La energía.

En el aspecto físico, lo que se busca es que el estudiante pueda colocar su cuerpo en forma recta y estable para dedicarse por largo rato a la práctica interna. Sin embargo, por el camino se añaden otros beneficios, pues las posturas impactan sobre los sistemas límbico, endocrino, digestivo y osteo-muscular, vitalizando los órganos, activando las glándulas, aumentando nuestra capacidad de equilibrio, quemando la grasa, dando tono y elasticidad a los músculos, y flexibilizando los ligamentos. Se nota cuando una persona domina su cuerpo, tanto en la manera de sentarse y caminar, como en el control que tiene sobre sus gestos y expresión. Ese es uno de los objetivos del Kinam.

En el aspecto mental, las posturas son símbolos, tienen un significado trascendente, representan conceptos del sendero tolteca. Por ello, no sólo es importante hacerlas bien, sino hacerlas con amor, consiguiendo un resultado lleno de fuerza y belleza. Cada postura debe comunicar un sentimiento noble, una intención impecable. Un caso particular es el de las series dinámicas, pues no sólo expresan el significado particular de cada postura, sino que también describen mitos fundacionales e historias “de poder” de la Toltequidad. Practicar Kinam es abrirse al intento de los viejos maestros.

La dimensión simbólica de los ejercicios nos introduce en su tercer campo de acción: la energía. Las posturas no sólo están diseñadas para ser practicadas mientras estamos despiertos; sus efectos más jugosos los obtenemos cuando las practicamos en sueños. El verdadero objeto de este paso es usar las posturas, gestos y movimientos a manera de llaves para abrir los canales sutiles de la energía, aprendiendo a bucear en el laberinto del ensueño.

(16)

3

LA
ESTRUCTURA
DE
LOS
EJERCICIOS


El orden cosmogónico

Para entender el sistema de Kinam, tenemos que penetrar un poco en la cosmovisión de Anawak. En aquella cultura todos los símbolos estaban integrados, produciendo un resultado de singular equilibrio y belleza (de hecho, podemos definir la Toltequidad como esa fase de la cultura en la cual los signos se armonizan). La resonancia armónica permitía deducir cuáles relaciones eran gratas y cuales indeseables; por lo tanto, servía como patrón de referencias para todas las estructuras organizativas de la sociedad.

Un ejemplo brillante de la aplicación de esta cosmovisión es el Calendario de Anawak – el mecanismo de medición del tiempo más exacto que se haya inventado. Ese calendario se basaba en un Año Sagrado llamado Tonalpowalli, la cuenta de los tonales, con una duración de 260 días producida por la rotación combinada de una rueda de veinte signos y otra de trece números. Como vemos en la tabla al final de este capítulo, cada signo de la veintena tenía una familia de simbolismos, tales como un rumbo, un horario de máximo efecto, un elemento básico y otro que lo modificaba.

Los nombres y significados de los rumbos cardinales eran:

- Witstlampa, rumbo de las espinas, al Sur, de donde procede la energía positiva (Tonal). - Siwatlampa, rumbo femenino, al Oeste, donde se produce la energía negativa (Nagual). - Miktlampa, rumbo de los muertos, al Norte, donde se transforma la energía (Kuepa).

Señor de los rumbos. Códice Fejervary.

- Tlawistlampa, rumbo de la luz, al Este, donde se equilibra la energía (Kinam).

Los cuatro confluían en el centro, formando una cruz. En ocasiones, los profetas de Ketsalkoatl se representaban cargando la cruz cósmica, lo cual indica que ellos son los sostenedores de la creación.

Por su parte, los elementos tenían los siguientes nombres y significados:

1. Tlalli, tierra. Representa al estado sólido de agregación de la materia, en el que las moléculas forman cristales. Entre nuestros vehículos de expresión es el cuerpo físico, y en este, el componente Carbono. Su deidad regente era Koatlikue, falda de serpientes, la Madre Naturaleza. Su símbolo es un cuadrado amarillo.

2. Atl, agua. El agua es el estado líquido de la materia, en el que las moléculas fluyen. Entre nuestros componentes orgánicos es el Nitrógeno, y entre nuestros vehículos, las emociones. Su regente era Tlalok, con tierra, el fecundador de la Naturaleza, equivalente al Espíritu Santo de los cristianos. Se simboliza con una media luna negra.

3. E’ekatl, viento. Este elemento representa al estado gaseoso, cuando las moléculas se expanden; el Hidrógeno de nuestro cuerpo y el vehiculo mental. Estaba regido por E’ekateotl, viento divino, el comunicador cósmico, con una función equivalente a la del aspecto Hijo de la trinidad cristiana. Su símbolo era un círculo blanco.

4. Tletl, fuego. Representa el estado plásmico de agregación de la materia, en el cual se descompone la estructura molecular. En nuestro organismo es el Oxígeno, y en nuestro sistema de vehículos, la vitalidad. Su deidad regente era Shiu’teku’tli, señor resplandeciente o señor de los ciclos, creador del tiempo y el espacio. Su símbolo, un triángulo rojo con la punta hacia arriba.

(17)

sopa de fotones. Entre nuestros componentes es la chispa vital que, al infundir el vehículo físico, da como resultado un cuerpo vivo, consciente. Su máxima influencia es sobre el ser de ensue-ños. Lo rige Ketsalkoatl, serpiente emplumada, el conductor de la evolución. Se simboliza mediante una cruz svástica verde-azul.

Había otros dos elementos, correspondientes a los rumbos del Arriba y el Abajo, pero estos no modificaban a los signos de la veintena; estudiaremos sus características en las posturas de esos rumbos.

La combinación del elemento propio del rumbo con los elementos modificadores producía una gama armónica. Por ejemplo: el Este regía sobre los signos de Dragón, Serpiente, Agua, Caña y Movimiento, todos los cuales eran de Fuego. Sin embargo, cada uno tenía su propio matiz; así, había un fuego de tierra, otro de aire, otro de agua, etcétera. La secuencia de los elementos modificadores no era lineal, sino en forma de svástica, pues reflejaba la intersección de un plano (la veintena) y una espiral (los elementos). De manera que presenta discontinuidades regulares, como vemos en el diagrama.

Tal organización del mundo, que podríamos calificar de horizontal o cardinal, coexistía con otra, vertical o dimensional, que organizaba el Cosmos en tres niveles de integración de la energía. Estos eran:

- Miktlan, mundo de los muertos, la zona interna e invisible, área del Nagual, en forma de pirámide invertida de cinco pisos y nueve escalones. Su nombre como rumbo era Temoktlampa, hacia abajo.

- Nikan, aquí, también llamada Tlaltikpak, sobre la tierra, zona intermedia donde se complementan el Tonal y el Nagual. Su rumbo era Tla’kotlampa, en el medio.

- Topan, arriba, la zona externa y visible, dominio del Tonal, representada como una pirámide de siete pisos y trece escalones. Su rumbo era Tle’kotlampa, hacia arriba.

Combinación de los elementos y los signos de la veintena.

(18)

La división vertical le daba estructura a la trecena, divi-diéndola en tres paquetes de días que tenían los siguientes nombres y posiciones:

a) Tonalpeu’ka, introductores, los días del 1 al 4, relacionados con el rumbo de abajo.

b) Tla’kotonalli, mediadores, los días del 5 al 9, relacionados con el rumbo central.

c) Tonaltsontli, selladores, los días del 10 al 13, relacionados con el rumbo de arriba.

Los elementos modificadores se disponían a través de la trecena en forma regular, en el orden Fuego–Tierra–Agua–Aire. El elemento Movimiento sólo aparecía en el grupo de tonales mediadores, como eje de todo el sistema.

Este diseño influía sobre la percepción tolteca del cuerpo humano y sus funciones. Se consideraba que, en correspondencia con el corte horizontal del cosmos, el frente del cuerpo correspondía al Este, la espalda al Oeste, la derecha al Sur y la izquierda al Norte. En el corte vertical, la derecha era el Tonal, la izquierda el Nagual, la mitad superior el Topan y la inferior el Miktlan. Todos estos sentidos confluían en el ombligo, que tenía el papel simbólico de ser el Sol central del microcosmos humano.

Algo de gran relevancia es que, como vemos en el diagrama siguiente, la energía fluía por los rumbos de determinada manera, siempre en el sentido Sur-Arriba-Norte-Oeste-Abajo-Este. Los rumbos de Arriba y Abajo generaban un espacio intermedio, el Centro, donde se manifiestan todas las influencias y donde tiene lugar nuestra vida cotidiana. Tal diseño favorecía determinadas afinidades e inhibía otras, y es aplicable a todos los órdenes de la cosmovisión tolteca, incluyendo la estructura de la psiquis y la fisiología humana.

Era inevitable que el Método Kinam se orientara por este diseño. Los siete pasos que estudiamos en el capítulo anterior son reflejo de la organización de la energía. Asimismo, las posturas se estructuran en dos grupos principales, que son:

- Veinte posturas horizontales, resonantes con los veinte signos del “mes” tolteca, orientadas hacia los cuatro rumbos cardinales.

- Trece posturas verticales, resonantes con los trece números de la trecena, orientadas hacia los tres rumbos dimensionales.

Combinación de los elementos y los números de la trecena.

(19)

La clasificación de las posturas

Debo aclarar que la denominación de “vertical” y “horizontal” es simbólica, no tiene que ver con la forma de disponer el cuerpo.

Las posturas horizontales corresponden a posiciones habituales del cuerpo, así que podemos calificarlas de “naturales”. Lo que se pretende con ellas es que aprendamos a hacer mejor lo que ya hacemos: caminar, sentarnos, acostarnos, etcétera. Tienen los siguientes nombres, orienta-ciones y características:

1. Ketsa, de pie, las posturas del Sur, en las cuales permanecemos de pie, en saludo.

2. Mopach, agachado, las posturas del Norte, en las que el cuerpo se agazapa en intención de defensa.

3. Teka, acostado, las posturas del Oeste, en las que nos echamos en el suelo para descansar o ensoñar.

4. Semka, estable, las posturas del Este, en las que nos sentamos firmemente para meditar.

Por su parte, las posturas verticales colocan el cuerpo en una forma que no es común para un ser humano de nuestros días. Con ello, lo que se busca es activar posibilidades relictas que duermen en nuestro interior, como consecuencia de nuestro largo camino evolutivo. Tienen los siguientes nombres, orientaciones particularidades:

5. Tlaktli, torso, las posturas de Abajo, en las cuales nos apoyamos sobre el dorso, sin tocar el suelo con las manos o los pies.

Distribución de las posturas por los siete rumbos de la cosmogonía.

6. Kuepa, invertido, las posturas del Centro, en las que el cuerpo se invierte y se apoya sobre la cabeza, en señal de renovación.

7. Manene, cuadrúpedo, las posturas de Arriba, en las cuales nos apoyamos simultáneamente sobre las manos y los pies, sin pegar el cuerpo al suelo.

Junto con esta descripción de los aspectos formales de las posturas, el Método Kinam también maneja una clasificación que podríamos llamar “temperamental”, pues se refiere al espíritu que las anima. Se simboliza mediante los elementos modificadores.

En la tradición alquímica mesoamericana, los elementos poseían unas cualidades llamadas “propiedades mayores” y “menores”; las primeras son útiles para clasificar las posturas, pues describen su intención y alcances. Son las siguientes:

- Tierra: propiedad mayor, solidez (menor, sequedad). Sus posturas son recogidas y concentradas, por lo que detonan respuestas orgánicas de tipo glandular. También son estables y de naturaleza interna; se deben hacer con los ojos cerrados, concentrados en el centro de gravedad del cuerpo físico, que debe estar lo más cerca posible del suelo.

- Agua: propiedad mayor, fluidez descendente (menor, humedad). Sus posturas son fluidas, buscan el contacto con el suelo, cubrir los espacios. Su máximo efecto es sobre las emociones, el afecto, la imaginación. Son útiles para relajarnos y recapitular.

(20)

expresión. Impactan sobre el carácter, comunicando un deseo de intercambio con el medio. Se deben hacer con los ojos abiertos, tratando de expresar nuestra intención al los demás y al Universo.

- Fuego: propiedad mayor, fluidez ascendente (menor, calor). Posturas equilibradas y contemplativas, en las que el espíritu se desprende del vehículo físico y se eleva. Se deben hacer con los ojos entrecerrados.

- Movimiento: propiedad mayor, cambio (menor, movi-lidad). Son posturas dinámicas y compresoras, que afectan el sentido del equilibrio y tienen efectos trascendentes en todos los vehículos. Su intento es cambiar las condiciones para dar paso a nuevas posibilidades. Se deben realizar con los ojos abiertos para evitar una caída.

Los elementos no sólo describen dinámicamente a la postura, sino que también nos proporcionan una rica gama de relaciones simbólicas con las cuales podemos armar motivos de visualización que apoyan la realización de los ejercicios.

El objeto de la práctica tolteca es la fusión de los cinco elementos a través de la concentración, a fin de que nuestro sistema de vehículos se convierta en el recipiente místico de la gran obra de la transformación interior. Tal estado ideal de integración recibía el nombre de Atlachinolli, agua quemada.

Familia simbólica de los signos calendáricos.

signo rumbo horario elemento básico modificador elemento

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 Sipaktli, dragón E’ekatl, viento Kalli, casa Kuetspalin, lagartija Koatl, serpiente Mikistli, muerte Masatl, venado Tochtli, conejo Atl, agua Itskuintli, perro Osomatl, mono Malinalli, hierba Akatl, caña Oselotl, ocelote Kuau’tli, águila Koskakuau’tli, buitre Ollin, movim. Tekpatl, pedernal Kiawitl, lluvia Shochitl, flor Este Norte Oeste Sur Este Norte Oeste Sur Este Norte Oeste Sur Este Norte Oeste Sur Este Norte Oeste Sur Amanecer Medianoche Atardecer Mediodía Amanecer Medianoche Atardecer Mediodía Amanecer Medianoche Atardecer Mediodía Amanecer Medianoche Atardecer Mediodía Amanecer Medianoche Atardecer Mediodía Fuego Aire Agua Tierra Fuego Aire Agua Tierra Fuego Aire Agua Tierra Fuego Aire Agua Tierra Fuego Aire Agua Tierra Tierra Aire Agua Fuego Aire Agua Fuego Movimiento Agua Fuego Movimiento Tierra Fuego Movimiento Tierra Aire Movimiento Tierra Aire Agua

Referencias

Documento similar