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LAS
POSTURAS
DE
ABAJO

LAS
POSTURAS
DE
ABAJO


Nombre del rumbo: Temoktlampa, hacia abajo

Elemento-forma-color: pedernal pirámide invertida infrarroja Deidad regente: Itstlakoliu’ki, cuchillo curvo

Tiempo de máximo efecto: Yalwa, el pasado

Tipo de posturas: Tlaktli, torso

Signos: Tonalpeu’ka, introductores (1 – 4)

Posturas: el Arquero, la Tortuga, la Mecedora y la Vela

En el rumbo de Abajo se concentran los potenciales que desarrollan los demás rumbos. Abajo está la base y el origen de todo, y todo regresa a ese rumbo cuando cumple su ciclo evolutivo. Su dinámica es la siguiente: recibe la energía del Oeste, la reduce a cero y la crea nuevamente, transmitién-dola al Este. Es el espacio a donde va a descansar el Sol después de su faena en el mundo del Tonal. En la dimensión temporal, representa al ayer, pero no como un tiempo definitivamente trascendido, sino como la acumulación de causas que desencadenan los efectos del presente.

Este rumbo no tiene un color perceptible, aunque en el espectro le corresponden todos los que están por debajo del rojo. Del mismo modo, su elemento escapa del rango de captación de nuestros sentidos; pero, en tiempos recientes, se ha demostrado su existencia. Es un estado tan frío, que en él cesa el movimiento molecular y la sustancia cristaliza, tornándose superconductora. Paradójicamente, tal condición refleja el atributo del espíritu, que es la absoluta fluidez. Los toltecas, probablemente sin un conocimiento de las propiedades eléctricas del estado supersólido, lo conocieron por deducción o experimentación, y lo representaron mediante el cuchillo de pedernal. Esto útil objeto encierra dos propiedades antagónicas: por un lado, es extremadamente denso; por el otro, su filo era imagen de la sutileza. Dibujado en forma de cabeza o colocado sobre la cabeza, la nariz o la boca, el pedernal representaba la toma de conciencia.

En nuestro ser, el Abajo es el subconsciente. Los toltecas consideraban que el subconsciente es un estrato impersonal, donde se dan cita todos los seres del Universo. Por lo tanto, a través del Abajo podemos fluir de un ser a otro, comprendien-do de un modo experimental que la vida es una. También es

la memoria profunda, y en ese sentido tiene un gran papel en la práctica de Kinam. En este rumbo se sostiene nuestra verdadera identidad, que no es esa combinación de cuerpo, nombre y género que solemos confundir como tal, sino el potencial de realización energética que todos traemos al nacer. Abajo se generan los impulsos de conservación y reproducción que nos permiten existir, así como los instintos que nos orientan en la jungla de la Naturaleza.

La representación mítica del Abajo es el Miktlan, mundo de los muertos. En este caso, los muertos no son quienes ya murieron, sino aquellos que van a nacer física o espiritualmente. Las posturas de este rumbo se inspiran en la forma del Inframundo mesoamericano, representado como un cuenco o escalera descendente, o, mejor aún, como una antipirámide invertida de cinco pisos y nueve escalones.

La característica de estas posturas es que el peso del cuerpo se deposita sobre el torso, sea bocabajo o boca arriba, manteniendo las extremidades en el aire. Por lo tanto, comprimen las partes internas del cuerpo y masajean la columna vertebral, liberando recuerdos que están encerrados allí desde la temprana infancia. También activan el cerebro profundo, que es la herencia de nuestra etapa como peces y reptiles, y constituyen un homenaje a nuestros antepasados acuáticos. Son las siguientes: 1. El Arquero

Nombre técnico: Wetsi, bocabajo

Nombre popular: Minani, arquero

Número de la trecena: 1

Simbolismo: Tletemoktlampa, fuego de abajo

Intento: Yu’tlawitolli ninotilinia nikmina noyollotl, me tenso como arco y disparo mi intento.

Como su nombre indica, el Arquero simboliza que el cuerpo se transforma en un arco, cuya flecha es nuestro intento. En el arte mesoamericano, tal posición aparece relacionada con las posturas invertidas, pues sirve para aprender a liberarnos de la necesidad psíquica de apoyarnos sobre los pies. El Arquero es una postura muy fluida, con un sentido ascensional, expansivo. Tiene tres grados de impacto; el primero comienza con dos calentamientos:

1. Nos arrodillamos sobre el petate y nos extendemos por el suelo hasta quedar acostados con los brazos a ambos lados del cuerpo.

2. Colocamos las manos bajo los hombros para hacer palanca, tomamos una respiración y, mientras exhalamos, incorporamos el torso con la fuerza de los brazos, hasta que la cabeza queda mirando al frente (a).

3. Volvemos a la posición inicial y colocamos las manos a los lados de los muslos con las palmas hacia abajo. Tomamos una inspiración y, mientras exhalamos, levantamos las piernas tan alto como podamos, manteniendo las rodillas unidas y punteando con los pies (b). Retenemos en vacío por unos segundos. Si nos falta fuerza abdominal, podemos mantener las rodillas pegadas al petate, levantando única-mente las pantorrillas.

4. Volvemos a tendernos sobre el petate y montamos simultáneamente los dos pasos anteriores; tomamos una inhalación y, al exhalar, elevamos de una vez el torso y las piernas, apoyándonos sobre las manos, que se colocan frente al pecho (c).

5. Realizamos trece respiraciones hondas, incorporando el intento del ejercicio.

brazos, extende-mos estos hacia atrás, sobre la espalda, como si fueran la cuerda de un arco; los dedos de las manos van unidos y estirados, las palmas mirando hacia dentro (d). Retenemos unos instantes en vacío y, a continua-ción, le dedicamos trece respiraciones al intento de la postura, visualizandonos como una catapulta a punto de lanzar un proyectil. Para una práctica más larga, podemos fijar la postura, enlazando los tobillos con la cinta frontal (e).

El tercer grado parte de la postura anterior e incorpora los siguientes pasos:

1. Una vez elevadas las piernas y el torso, plegamos las piernas hasta que podamos alcanzarlas con las manos, las tomamos por los tobillos y las estiramos para tensar los brazos, halando el torso tanto como lo permite la flexibilidad de la columna vertebral (f).

2. Nos balanceamos sobre el vientre y el pecho para masajear sus órganos.

3. La mayoría de los practicantes sólo puede montar la postura hasta este punto; pero, si aún nos queda flexibilidad, podemos atarla, atrayendo los pies hacia los hombros a fuerza de brazos (g).

El Arquero trabaja sobre la columna vertebral, flexibili-zándola y alineándola. Despliega la capacidad pulmonar y fortalece el diafragma. Su primer grado no tiene contraindica-ciones, pero los grados de medio y alto impacto se deben realizar con cuidado, para no forzar demasiado las coyunturas de las rodillas y las vértebras.

2. La Tortuga

Nombre técnico: Shonakastli, pies en las orejas

Nombre popular: Ayotl, tortuga

Número de la trecena: 2

Simbolismo: Tlaltemoktlampa, tierra de abajo

Intento: Ma tonalyaotl tlakua nomau’ti!, ¡que el fuego de la batalla devore mi temor!

La Tortuga es una postura muy exigente, cuyo objeto es estimular la secreción de adrenalina para inducir un espíritu guerrero y disipar las dudas y temores. Pone en juego la flexibilidad de las caderas, por lo que sirve de índice para medir nuestro rendimiento en la práctica del Kinam. Se debe acompasar con la respiración, ya que comprime los pulmones. Los practicantes primerizos sólo deben intentar u grado de bajo impacto, el cual consta de los siguientes pasos:

1. Nos acostamos boca arriba sobre el petate, tomamos una inhalación y, al exhalar, contraemos las piernas hasta que las rodillas tocan el pecho, enlazándolas con los brazos (a). Esta postura sirve de calentamiento.

2. Una vez normalizada la respiración, volvemos a la posición inicial, aspiramos y, al exhalar, levantamos la pierna izquierda, tomamos el pie con ambas manos y lo atraemos hacia el hombro derecho (b). En tal posición, tomamos siete respiraciones profundas.

Lo común es que, en los primeros intentos, el pie sólo llegue hasta el vientre o el pecho. Si toca el hombro contra-rio, es un buen desempeño; si aún nos queda flexibilidad, podemos flexionar la rodilla de modo que el pie toque el hombro del mismo lado.

3. Regresamos a la posición inicial y repetimos con la otra pierna.

El segundo grado consiste en atraer ambas piernas con los brazos y cruzarlas sobre el torso, colocando cada pie en el hombro contrario (c). Una vez montada la posición, cruzamos los brazos sobre las piernas, cerramos los puños sobre el vientre o el pecho y le dedicamos trece respiraciones al intento de la postura, visualizándonos como una compacta bola de energía.

El grado de alto impacto exige que se domine a la perfección el grado anterior; consta de los siguientes pasos:

1. Nos tendemos en el petate y elevamos las piernas, pero esta vez no cruzamos los tobillos sobre el pecho, sino por la nuca, de manera que el nudo de los pies nos sirve de almohada. Cerramos los brazos

sobre el vientre para atar la postura (d).

2. Impulsándonos con los pies, le imprimimos al torso un movimiento de balance para masajear la columna vertebral (e).

La Tortuga tiene máximo efecto compresor del vientre, por lo que sirve para arreglar desórdenes intestinales y sexuales. Pero se debe practicar por unos pocos minutos, ya que excita en demasía la secreción de las glándulas supra-rrenales. Está contraindicada para quienes padecen de presión arterial alta.

3. La Mecedora

Nombre técnico: Papachti, masajeadora

Nombre popular: Kuekueppalli, mecedora

Número de la trecena: 3

Simbolismo: Atemoktlampa, agua de abajo

Intento: Ma Tonantsin Tlalli nechpati nechpapachtli!, ¡que la Madre Tierra me cure y acaricie!

Esta postura es muy fácil de montar. Su propósito es convertir al cuerpo en un balancín para masajear la espalda. Su primer grado consiste en lo siguiente:

1. Nos tendemos en el petate boca arriba, estiramos los brazos sobre la cabeza y flexionamos las rodillas hasta que los pies quedan cerca de los glúteos.

2. Haciendo fuerza con las piernas, subimos y bajamos las caderas, apretando contra el petate las vértebras lumbares (a). Trece movimientos completos. La respiración se acompasa del siguiente modo: al aspirar, elevamos las caderas hasta que los muslos quedan horizontales; al expirar, regresamos a la posición inicial.

El grado de medio impacto es una continuación del anterior. Nos tomamos la nuca con las manos y alzamos la cabeza tanto como podamos, para arquear la columna (b). De ese modo, el trabajo de la postura se distribuye desde las caderas hasta la base del cráneo. El movimiento se debe hacer en forma continua y a velocidad constante.

Para el tercer grado, replegamos las piernas sobre el vientre y enlazamos las manos por debajo de los muslos, para extender al máximo las vértebras lumbares; procura-mos pegar la frente a las rodillas, a fin de extender las vértebras cervicales (c)

La Mecedora es un ejercicio muy efectivo para tonificar la energía vital, pues activa los centros nerviosos ubicados a ambos lados de la columna vertebral. También sirve para corregir las desviaciones de la columna y estimula el funcionamiento de los riñones.

4. La Vela

Nombre técnico: Akometstli, piernas desplegadas

Nombre popular: Alkuachpanitl, vela

Número de la trecena: 4

Simbolismo: E’ekatemoktlampa, aire de abajo

Intento: Nitlasowa nowelik nittiti noshokotl, despliego mi potencial y manifiesto mis frutos.

El objeto de esta postura es desplegar nuestra energía, que tiene puntos de acumulación muy importantes en la zona de las pantorrillas. Su primer grado de impacto tiene los siguientes pasos:

1. Nos acostamos boca arriba sobre el petate, plegamos las piernas sobre el vientre y nos tomamos los pies con las manos (a).

2. Aspiramos hondamente y, al exhalar, desplegamos las piernas sin soltar los pies, hasta que queden rectas. Las rodillas se mantienen unidas, los brazos hacen tensión para atar la postura (b).

3. Le dedicamos trece respiraciones al intento de la postura, visualizando que somos un papalote que se tensa y fluye con el viento.

El grado de medio impacto consiste en enlazar las manos por detrás de los tobillos; para ello, hay que halar las piernas hacia el torso, tensando más aún la postura y controlando la tendencia de las rodillas a separarse. Una vez estabilizado, le imprimimos al cuerpo un movimiento de balance (c).

La Vela no tiene contraindicaciones. Su principal efecto es que flexiona los tendones de las piernas, aprovechando a nuestro favor la fuerza de gravedad, y le da masaje a la columna vertebral.

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LAS
POSTURAS
DEL
CENTRO



 
 


Nombre del rumbo: Tla’kotlampa, rumbo central o humano

Elemento-forma-color: movimiento cruz verde-azul Deidad regente: Ketsalkoatl, serpiente emplumada

Tiempo de máximo efecto: Achkan, el presente

Tipo de posturas: Kuepa, invertidas

Signos: Tla’kotonalli, mediadores (5 – 9)

Posturas: la Llama, el Mosquito, la Columna, el Árbol y el Acróbata

El Centro es un rumbo especial, pues en él confluyen todos los demás. Es ubicuo, ya que podemos determinar fácilmente hacia donde quedan el Norte o el Este, pero siempre a partir de nosotros mismos. Por lo tanto, la verdadera posición central es la toma de conciencia. Este rumbo se representa con el color verde-azul, cuyo nombre nawatl es Shoshou’ki, término que también significa liberado. Aquí se esconde una enseñanza filosófica, pues los toltecas creían que la libera-ción consiste en el equilibrio. En nuestro caso, nos liberamos de las limitaciones inherentes a la condición humana cuando satisfacemos las necesidades y actualizamos las posibilida-des de los otros seis “rumbos” que nos componen: el cuerpo físico, la energía vital, las emociones, la mente, la dimensión subconsciente y la aspiración a lo supremo.

Es muy interesante el nombre que los toltecas dieron al elemento de este rumbo. Otras culturas, como los chinos o los griegos, usaron emblemas como la madera y el metal, pero los toltecas prefirieron llamarle por su principal propiedad: Movimiento. Este elemento describe la condición de la materia cuando trasciende la organización atómica y se expresa como fotones. El fotón es la medida de la velocidad del universo reconocible. En consecuencia, este rumbo representa el punto en el cual, si tenemos suficiente energía, podemos liberarnos de las leyes y limitaciones del mundo material.

Aquí se sintetizan lo interno y lo externo, el individuo y la sociedad, las tendencias evolutivas y las retrógradas. Siendo un área de conciencia, su horario de mayor efecto es el presente, el momento en que nos damos cuenta de nuestra situación y tomamos una decisión. Por lo tanto, el Centro está asociado con la voluntad, la facultad que nos saca del ámbito natural y nos hace humanos.

Tiene un grupo de posturas llamadas Kuepa, invertidas, pues en ellas, el cuerpo se invierte, apoyándose sobre la cabeza, las manos y el torso, y dejando los pies en el aire. Son características del arte mesoamericano; los arqueólogos las identifican con acróbatas, pero su sistemática asociación con emblemas de poder ha hecho que, en tiempos recientes, comiencen a clasificarlas como “posturas reales”. También aparecen asociadas al concepto de la deidad que desciende cíclicamente sobre la tierra.

Las posturas invertidas revuelven la energía; si estamos en un estado dado de polaridad, lo invierten en pocos segundos. Esto puede ser útil para despertar, suspender una emoción negativa, parar la mente, descargar el estrés y tratar afecciones que implican atoros del flujo energético. Si las practicamos estando equilibrados, inducen un estado peculiar de concentración, sirviendo para la práctica meditativa. Su principal efecto físico es que estimulan al máximo la capacidad del equilibrio, lo cual repercute no sólo en nuestro cuerpo, sino también en nuestra visión del mundo. Además, tienen una virtud que no posee ninguna de las posturas que hemos estudiado hasta aquí: liberan a los órganos internos de la fuerza de gravedad.

Una de las cosas que solemos olvidar, es que la mayor parte de nuestra evolución biológica ocurrió en el agua, donde los órganos no pesan. Posteriormente, como primates, permanecimos en estrecho contacto con los árboles, colgados con frecuencia de una rama, con la cabeza hacia abajo. Al adquirir la forma bípeda de caminar y atarnos al suelo, le dimos una carga extra a las piernas y obligamos a los órganos internos a colgar como frutas de sus ligamentos; lo cual tiene efectos negativos en la circulación sanguínea y linfática, y en el funcionamiento de los sistemas digestivo y sexual.

Las posturas invertidas son un homenaje a nuestra herencia de simios. Nos permiten recuperar la libertad física, dándole un descanso al organismo. Son muy efectivas para tratar las afecciones sexuales y circulatorias, pero están contraindicadas en los casos de glaucoma, alta presión arterial y problemas digestivos. Por su grado de complejidad, son posturas muy exigentes; se deben practicar con cuidado y, si es posible, en compañía de un instructor o un compa-ñero de estudios preparado. Al principio, es recomendable hacerlas contra la pared y por breves períodos de tiempo. A medida que vamos fortaleciendo los músculos de la espalda y los brazos, podemos separarnos de la pared y alargar el plazo del ejercicio. Al retornar a la posición habitual, es fundamental que permanezcamos con la cabeza pegada al suelo durante cuatro o cinco respiraciones, para que el cerebro no se quede sin irrigación sanguínea. Son las siguientes:

1. La Llama

Nombre técnico: Ewaketsa, levantar el torso

Nombre popular: Tlepilli, llama

Número de la trecena: 5

Simbolismo: Tletla’kotlampa, fuego del centro

Intento: Yu’tletl selia in noyollotl, broto como una llama del centro de mi ser.

Esta postura se asocia con el mito del maíz; pertenece a Senteotl, la divina semilla, el Creador del Universo. Su intento es unificar las tres dimensiones del Cosmos: el reino inferior donde se planta la semilla, la tierra donde brota y el mundo superior a donde se proyecta su fruto. Funciona como emblema mesoamericano de la resurrección del alma, pues, al igual que el maíz, nosotros tenemos un ciclo de vida compuesto de una fase embrionaria o subterránea, otra de manifestación y otra de ascensión. Su objeto es erguir el cuerpo sobre la nuca. El primer grado tiene los siguientes pasos:

1. Nos acostamos en el petate con las piernas extendidas y visualizamos como si estuviésemos siendo sembrados en la tierra.

2. Apoyamos las manos en el suelo a ambos lados de las caderas, tomamos impulso y levantamos las piernas hasta que quedan verticales (a), tal como el brote de maíz que se asoma. Esta posición tiene un benéfico efecto sobre la circulación sanguínea; es recomendable para quienes padecen de várices. Para mantenerla por largo rato, podemos apoyarnos contra la pared o el espaldar de una silla.

3. Haciendo palanca con las manos, incorporamos el torso hasta que esté completamente recto y lo apoyamos con los brazos, colocando las manos a media espalda (b). Las piernas permanecen rectas o se cruzan en alguna de las posturas del Este (c). Esta fase representa el crecimiento de la planta.

4. Le dedicamos trece respiraciones al intento de la postura, visualizando como si de nuestro campo magnético brotase raíces que extienden por la tierra.

5. Para descender, hacemos palanca con las manos y baja-mos lentamente el cuerpo, evitando que la base de la colum-na vertebral se golpee contra el petate. Permanecemos unos segundos acostados para