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Explosión de ideas SAMPLE. El fruto del Espíritu

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Academic year: 2021

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Explosión de ideas

El fruto del Espíritu

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¡Bienvenido a Explosión para el ministerio a los niños! En Mateo 19:14, Jesús de manera muy her-mosa expresó su aprecio por los más pequeños: “Dejad los niños venir a mi, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.” ¡Qué gran privilegio es ser parte de la gran obra de traer niños a Jesús y ayudarlos a crecer en su relación con El! Hombres y mujeres a lo largo y ancho de la América Latina han asimilado esta visión y de manera diligente y desinteresada han dedicado tiempo y esfuerzo en bien de los niños. La serie Explosión ha sido diseñada para que estos obreros la usen como una herramienta en el ministerio. Este dinámico recurso puede ser de gran ayuda en una escuela dominical, en un club de horas felices, en campos blancos, en cam-pañas de niños, en la organización de programas de cultos de niños, o en cualquier otro medio creativo de alcanzar a los niños.

RDM

Generación XXI, Ministerio a los Niños

División de Misiones Foráneas de las Asambleas de Dios 1722 S. Glenstone, W#163

Springfield, MO 65804 EE.UU.

Teléfono: (417) 881-4698 • Fax: (417) 881-1037 E-mail: [email protected]

Lecciones escritas por:

Karen Prevost

Edición de contenido Tammy Fisher Edición técnica Janet Arancibia Corrección de estilo Guido Féliz Ilustraciones Jorge Tobar Diseño y composición Tammy Fisher Diseño de la cubierta Janet Arancibia Texto bíblico tomado de:

Santa Biblia, versión Reina-Valera, revisión de 1960.

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“El fruto del Espíritu es en toda bondad,

justicia, y verdad.” (Efesios 5:9)

Qué gozo es tener la seguridad de que a los creyentes se nos ha pro-metido el Espíritu Santo para ayudarnos todos los días a desarrollar un carácter según Dios. Gálatas 5, en la descripción del “fruto del Espíritu”, nos da una lista de algunas de las características que debemos ver en aquellos que sirven a Cristo. Estas lecciones han sido diseñadas para ayudar a los niños a reconocer aquellas características, para que puedan crecer en justicia y cultivar en ellos el fruto del Espíritu.

Debido a que las lecciones han sido escritas para campañas de niños al aire libre o cultos de niños dentro de la iglesia, cada una incorpora un fruto del Espíritu y lo presenta mediante algunos de los siguientes dife-rentes y dinámicos métodos:

títeres

ilusión

payaso

mimo

lección

objetivo

historia

drama

dibujo

canción

SAMPLE

(4)

Sugerencias:

◆ Mediante el uso de figuras gigantes de 9 diversos tipos de fruta, ayude a los niños a recordar visualmente el fruto del Espíritu. Haga las figuras en cartulina gruesa o espuma plástica y escriba el fruto que corresponde a cada una. La página introductoria a cada fruto del Espíritu presenta un dibujo de una fruta y una característica que los ayudará a memorizar el concepto y asociarlo con un significado espiritual. Durante las diversas actividades de la clase, podría usar la fruta que corresponde a la lección que enseña, y exhibir las demás como un recordatorio visual del fruto del Espíritu.

◆ Quico es un dinámico personaje que encontrará en las nueve lecciones. El (o ella) es un payaso que con movimientos exagerados y expresiones del rostro comunica lo que piensa o siente. Procure contar con la ayuda de un adulto o adolescente que tenga la habilidad de “hablar” al corazón de los niños usando gestos y movimientos en lugar de palabras; ya verá cómo los niños se prendan de Quico.

◆ Se incluyen algunas ilusiones como un modo entretenido de ilustrar los diver-sos puntos y ayudar a los niños a recordar las lecciones. Sin embargo, será siem-pre importante que los niños entiendan que no hay “magia” ni “misterio” en las lecciones. Son sólo trucos que, con los materiales y la práctica, cualquier per-sona podría hacer. Para que algunos de los trucos resulten bien, será necesario contar con material especial. Estos materiales los puede conseguir en cualquier tienda que venda artículos básicos para trucos de magia. Si no logra conseguir-los, puede improvisar con otros que encuentre o también puede modificar la actividad y usar lo que tenga a la mano.

◆ Al final del libro, encontrará una página con Gálatas 5:24 y dibujos de los tipos de fruta que representan el fruto del Espíritu. Haga copias de esta página para que cada niño repase y recuerde lo que aprenda. Considere motivarlos con un premio para todos los que memoricen la totalidad del versículo.

◆ Recuerde que estas lecciones han sido diseñadas para darle algunas ideas creativas para su programa. Al mismo tiempo, no debe olvidar que usted es la persona que Dios ha puesto para que ministre a los niños. Sienta libertad de adaptar estas lecciones para satisfacer sus necesidades: agregue personajes, use disfraces, incluya actividades adicionales, etc. Este material cobrará vida cu-ando usted añada el toque que lo haga vibrar y acomodarse a la personalidad

(5)

Contenidos

Amor

...1

El amor de Dios es grande ...2

El amor de Dios sigue dando ...3

La caja de amor ...4

El hijo pródigo ...5

El corazón limpio ...6

Ama a Dios...7

Gozo

...9

Plentitud de gozo ... 10

Pablo y Silas ... 11

Oleo de gozo ... 12

El gozo del Señor ... 13

El globo y la aguja ... 14

Paz

... 15

La paz perdida ... 16

La tormenta ... 17

Con Cristo en el barco ... 18

La carrera ... 19

Shalom Adonai ... 20

El puente de paz ... 21

Paciencia

... 23

Sed pacientes ... 24

La paciencia de Noé ... 25

Paciencia, paciencia ... 26

El rompecabezas ... 27

SAMPLE

(6)

La ropa benigna... 32

La trampa “amistosa” ... 33

Llamas de amabilidad ... 34

Bondad

... 35

Bueno es Dios ... 36

El fariseo y el publicano ... 37

La regla de Dios ... 38

La bondad de Dios... 39

El salvavidas ... 40

Haz bien ... 41

Fe

... 43

Daniel en el foso de los leones ... 44

Cristo en el corazón ... 46

La cuerda floja ... 47

Canciones de fe ... 48

En ti confiaré ... 49

Mansedumbre

... 51

La vaca y el toro ... 52

La mansedumbre ... 53

La mansedumbre de Jesús ... 54

Dios ama a todos por igual ... 55

Las galletas de mansedumbre ... 56

Templanza

... 57

Miguelón, el gordo ... 58

Andad en el Espíritu ... 59

Cuidado mis ojitos ... 61

La báscula de templanza ... 62

Daniel y sus amigos ... 63

(7)
(8)

Canción con títeres

(Mientras toca la canción del casete, sincronice con la

músi-ca el movimiento de la bomúsi-ca de los títeres y con las varas

mueva las manos para indicar “ancho, largo, alto, y

profun-do”.)

El amor de Dios es grande

su amor es para mí.

El amor de Dios es grande

su amor es para tí.

Ancho, largo, alto y profundo

es el amor de Cristo mi Señor.

Ancho, largo, alto, y profundo

es el amor de Cristo mi Señor.

(por Gregory O'Brien del casete Así es el amor de Dios,

disponible mediante RDM)

(9)

Materiales:

una bolsa con un bolsillo oculto, 3 trocitos de cinta roja de 20 cm, 10 m de la misma cinta roja enrollada y escondida dentro de la bolsa El amor que nosotros tenemos es muy pequeño comparado con el amor de Dios. Por ejemplo, tú amas a tu amigo (empiece a sacar lentamente un trozo de cinta corta), pero un día, tu amigo te llama “tonto” y no quiere jugar contigo. Así que te enfadas con él, lo llamas “imbécil”, y de pronto se acaba tu amor por él. (Saque todo el trozo de cinta y tírelo al suelo.)

Todos amamos a nuestros hermanos y hermanas, ¿verdad? (Empiece a sacar otro trozo de cinta corta.) Pues, “casi siempre”. Pero a veces se portan tan mal, rompen tus juguetes, o te pegan y terminas pegándoles también. (Saque todo el trozo.) Y ya no les tratas con amor.

Seguro que amas a tus padres, ¿sí? Pues claro. (Empiece a sacar el último trozo de cinta.) Pero cuando te castigan, ¿respondes con amor? o ¿les gritas: “¡Déjame en paz, ya no te quiero!”? (Saque el trozo entero.) Nuestro amor se acaba. (Muestre la bolsa vacía y pida que un voluntario meta la mano en la bolsa.)

Pero el amor de Dios no es así. (Del bolsillo oculto dentro de la bolsa y empiece a sacar lentamente la cinta enrollada y pida que un voluntario siga sacándola.) Cuando tu amigo te llama “tonto”, el amor de Dios no le llama un nombre peor, sino que dice cosas buenas de él. Si tu hermano te pega, el amor de Dios no le devuelve el golpe, sino que lo perdona. Cuando tus padres te castigan, el amor de Dios no les contesta de mal modo, sino que soporta el castigo con paciencia.

El amor de Dios es paciente, es bondadoso, no tiene envidia, no es presumido ni orgulloso. No es grosero ni egoísta, no se enoja ni es rencoroso. No se alegra del pecado, sino de la verdad. Todo lo soporta con confianza, esperanza y paciencia. El amor de Dios no se acaba. (El final de la cinta está apegada a la bolsa por dentro para que no salga por completo. Pida que el ayudante le devuelva toda la cinta mientras usted termina.)

(10)

Quico: (Dice con señas que tiene una caja de amor e indica que es de tamaño mediano. Está muy feliz con su caja de amor.)

Karen: (Entra.) Quico, ¿qué tienes allí? Quico: (Indica que es una caja de amor.)

Karen: ¿Una caja de amor? ¡Qué bien! ¿Puedes darme un poco de amor de tu caja, por favor? Es que hoy necesito un poco de amor.

Quico: (Resiste a la idea y dice que “no” porque la caja es suya. Karen sale y de repente la caja se encoge. Quico, asombrado, muestra su nuevo tamaño pequeño.)

Karen: (Está al lado de Quico, muy triste.)

Quico: (Mira a Karen, y finalmente decide darle su caja de amor.)

Karen: (Agradecida Karen mete la mano en la caja y saca un “puñado” de amor que pone en su corazón. Sonríe cuando sale.)

Quico: (De repente la caja que tiene Quico se pone muy grande. Se da cuenta que cuando da amor, la caja crece. Saca puñados de “amor” de la caja y lo arroja a los niños y cada vez la caja crece más. Al final Quico tiene que empujar la caja fuera de la escena porque ha crecido tanto.)

Karen: (Se dirige a los niños) Imaginemos que Dios también tiene una gran caja de amor. ¿De qué tamaño sería? (Permita que respondan.) Sería más grande de lo que podemos imaginar. Dios está lleno de amor, y constante-mente nos da de su amor. De hecho, la Biblia dice que Dios es amor. Y que cuando conocemos a Dios, podemos dar amor a otros, así como El nos da también a nosotros. 1 Juan 4:8 dice: “El que no ama no ha conocido a Dios; porque Dios es amor”. Si amas a Dios, tú tienes una caja de amor de donde puedes compartir con otros. Y recuerda…¡mientras más amor das, más tu caja crecerá! (Diga a los niños que simulen con las manos que tienen una pequeña “caja de amor”. Enseguida, pida que saquen puñados de “amor” para dar a otros. Que simulen que la caja crece más y más cada vez que comparten amor.)

hemos desobedecido a nuestros padres, algunos han hecho trampas en sus exámenes en la escuela, otros han robado cosas de una tienda, hemos llamado “tonto” o “estúpido” a otros niños, y no hemos perdonado cuando alguien nos ha tratado mal. Todas estas cosas son mancas de pecado en nuestro corazón.

¿Quieres tener un corazón limpio? Tienes que decir: Jesús, perdóname todos mis pecados. (Empiece a romper el corazón en tiras, sin romper el corazón doblado de-trás, y ponga los pedacitos delante del corazón escondido. Doble el área alrededor

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Personajes:

narrador, padre, hijo, 2 amigos, basurero

Había un chico de Tegucigalpa (adapte las ciudades a su propia región) que dijo a su padre: “Yo estoy muy aburrido aquí. Aquí en Tegucigalpa nunca pasa nada. Quiero irme a Buenos Aires. Allí viven bien y se divierten mucho. Yo quiero vivir así. Dame el dinero que estabas guardando para mandarme a la universidad. Me voy a Plata para pasarlo bien.”

Así que tomó el dinero y se fue a la Argentina. Allí hizo amistad con otros jóvenes y lo pasaron bien. Iban cada noche a las discotecas y los bares; bailaban, comían, bebían… hasta que un día vio que había gastado todo el dinero que tenía. Sus amigos se fueron y lo dejaron solo.

El joven empezó a buscar trabajo para poder comer, pero todos le dijeron que no tenían nada para él. Por fin, encontró un trabajo como ayudante en un basurero. ¡Qué trabajo más sucio! y ¡qué apestoso! Pero el joven tenía tanta hambre que aun quería comer los restos de comida que estaban en los zafacones.

En un momento, se dijo a sí mismo: “Pero en la casa de mi padre siempre comía bien: gallo pinto, arroz con pollo, tortilla de patatas…pero aquí estoy muerto de hambre. Voy a volver a casa y decir a papá cuánto lo siento y que ahora trabajaré para ganar el dinero que he perdido”.

Con lo poco que ganó en el basurero pudo reunir para el pasaje y regresar a casa del padre. Al dirigirse a ella y cuando aún estaba lejos, su padre lo vio y sintió tanto amor hacia su hijo que corrió a su lado y le dio un abrazo muy fuerte. El joven se ar-rodilló y le dijo: “Padre, perdóname. He hecho mal y ya no soy digno de ser tu hijo.” Pero su padre dijo: “¡Vamos a llamar a toda la familia! ¡Vamos a tener una gran fiesta! Mi hijo estaba perdido, pero ya ha vuelto!”

Así es nuestro Padre celestial con nosotros. Todos nos hemos apartado de Dios y

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y vamos a Dios y le pedimos perdón, El no nos rechaza, sino que nos da la bien-venida.

Materiales:

un marcador negro, un corazón de papel con la palabra PECADO escrita delante, y detrás un corazón idéntico (pero sin la palabra escrita) doblado y pegado para que no se vea durante el truco El amor de Dios es amor perfecto. Pero nuestro amor es imperfecto. (Muestre el corazón que dice: PECADO.)

¿Ven lo que está en nuestro corazón? Nuestro corazón está manchado de pecado. Pecados son todas las cosas malas que hemos hecho contra Dios. (Cada vez que diga uno de los siguientes pecados, manche el corazón con el marcador negro.) To-dos hemos mentido, hemos desobedecido a nuestros padres, algunos han hecho trampas en sus exámenes en la escuela, otros han robado cosas de una tienda, hemos llamado “tonto” o “estúpido” a otros niños, y no hemos perdonado cuando alguien nos ha tratado mal. Todas estas cosas son manchas de pecado en nuestro corazón.

¿Quieres tener un corazón limpio? Tienes que decir: Jesús, perdóname todos mis pecados. (Empiece a romper el corazón en tiras, sin romper el corazón doblado de-trás, y ponga los pedacitos delante del corazón escondido. Doble el área alrededor para que los pedacitos no se caigan.) No quiero tener un corazón sucio, quiero ser limpio, y quiero cambiar. Entra en mi vida, Señor Jesús, y límpiame.

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(Muestre a los niños los movimientos que harán,

mientras que cantan con la grabación.)

Ama a Dios de corazón. (Palmada en el corazón)

con el alma a tu Señor, (Aplausos)

con tu mente y decisión, (Palmada en la cabeza)

con la fuerza de tu ser. (Palmada en el brazo)

Muestra el amor a Dios de corazón.

Que todo el mundo vea a nuestro Rey.

(©1996 John H. Morton, administrado por Music Precedent, Ltd.; 2269 East Thomp-son Place; Springfield, Missouri 65804, EE.UU. Derecho internacional de copia.

Reservados todos los derechos. Usado con permiso. El casete Unidos está disponible mediante RDM.)

SAMPLE

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“En tu presencia hay plenitud de gozo” (Salmo :).

Miguelón: (Sale con una lupa en la mano buscando pistas por todas partes.) Karen: Miguelón, ¿qué estás haciendo?

Miguelón: ¡Shhhh! (Sigue buscando con mucha concentración.) Karen: Pero, Miguelón, ¿por qué tienes una lupa?

Miguelón: Estoy buscando algo…creo que ha ido…¡por allí! (Cambia de dirección y busca huellas.)

Karen: Miguelón, ¿qué es lo que buscas? Miguelón: Estoy buscando…mi gozo. Karen: ¿Tu gozo?

Miguelón: Sí, mi gozo.

Karen: Pero, ¿de qué estás hablando?

Miguelón: (Deja de buscar.) Es que ayer yo tenía tanto gozo, me sentía tan alegre… y esta mañana cuando me desperté (se pone muy preocupado) me sentí muy triste. ¡Mi gozo había desaparecido!

Karen: Y por eso lo estás buscando con la lupa, ¿no?

Miguelón: Claro. (Se pone a buscar de nuevo.) Quizá fue secuestrado. ¡Tengo que encontrarlo!

Karen: Miguelón, yo sé dónde está el gozo que buscas. Miguelón: (Atónito)¿Y cómo lo sabes?

Karen: Lo leí en la Biblia esta mañana.

Miguelón: ¿En la Biblia dice dónde se encuentra el gozo?

Karen: Claro que sí. Vamos a verlo. (Muestre el versículo.) Aquí dice: “En tu presencia hay plenitud de gozo” (Salmo 16:11). (Repítalo con los niños y después con Miguelón.) ¿Ves, Miguelón? El versículo dice: “En tu pres-encia hay plenitud de gozo”. ¿En la prespres-encia de quién hay plenitud de gozo?

Miguelón: Pues…en MI presencia. No…no puede ser, porque yo no tengo gozo hoy.

Karen: Es en la presencia de JESUS.

Miguelón: ¡Ah, sí! Entonces, si quiero encontrar gozo sólo tengo que ir a Jesús. Karen: Eso es, Miguelón. Si Jesús vive en tu corazón y tú te acercas a El leyendo

la Biblia y en oración, El te llenará con su gozo. Miguelón: Karen, toma. (Le entrega la lupa.)

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Hechos :–0

Personajes:

Pablo, Silas, carcelero

Materiales:

cadenas de papel, espada de juguete, yelmo para el carcelero (Dirija a los niños a representar la historia mientras usted la refiere.)

Pablo y Silas eran dos amigos a quienes les gustaba mucho ir a otros pueblos y ciudades para contar a otros acerca de Jesús.

Una vez Pablo y Silas llegaron a una ciudad y comenzaron a hablar a la gente acerca de Jesucristo. Pero algunos hombres se enojaron tanto con ellos que hici-eron que los azotaran, los pusieran en la cárcel, y mandaron al carcelero que los guardara con seguridad. El carcelero los metió en el calabozo de más adentro y los aseguró con cadenas. (Póngales las cadenas a Pablo y Silas.)

Pero a medianoche, Pablo y Silas estaban orando y cantando al Señor, y los demás presos los oían. Entonces, de repente, hubo un terremoto y los cimientos de la cárcel se sacudían (todos tiemblan y se mueven) y al instante se abrieron todas las puertas y las cadenas de todos se soltaron. (Pablo y Silas rompen sus cadenas.) Despertando el carcelero y viendo las puertas abiertas de la cárcel, sacó su espada para matarse, pensando que los presos habían huido. Pero Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí.

Entonces el carcelero vino rápidamente y temblando, se postró a los pies de Pablo y Silas, y les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Y ellos le dijeron: Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú y tu familia.

Después de haber aceptado a Jesucristo en su corazón, el carcelero lleno de gozo y agradecido, lavó las heridas de los azotes sufridas por sus nuevos amigos.

(por Gladys Rodríguez)

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Materiales:

música, una jarra de aceite en la que pone “oleo de gozo”, un vaso, una pinza, una biblia

Quico: (Con música de fondo, Quico sale con la jarra, el vaso, la pinza, y la biblia. Echa aceite en el vaso y se prepara para beberlo, pero indica que le da mucho asco (lo huele, hace muecas, etc.). Muchas veces está a punto de beberlo pero desiste. Ve la pinza y le da una idea: la pone en su nariz y se prepara para beber el aceite cuando Karen le interrumpe.)

Karen: Quico, ¿qué haces?

Quico: (Se sorprende, derrama el aceite y tose exageradamente por falta de aire.) Karen: Quico, tranquilízate. ¿Estás bien? Ven, explícame, ¿qué estabas haciendo? Quico: (Señala la jarra en la se lee “oleo de gozo”, y dice que quería beberlo para

llenarse de gozo.)

Karen: ¿Querías beber este “oleo de gozo” para llenarte de gozo? Quico: (Indica que sí.)

Karen: Pero, ¿de dónde viene este “oleo de gozo”?

Quico: (Le muestra en la Biblia—Isaías 61:3 donde menciona el oleo de gozo.) Karen: (Leyendo) “Y el Señor te dará ‘oleo de gozo’ en lugar de luto.” Quico,

¿pen-sabas que podías ser lleno de gozo bebiendo este aceite? Quico: (Dice que así es.)

Karen: Pero, Quico, no puedes llenarte de gozo y alegría por fuera. Quico: (Se muestra confuso.)

Karen: Muchos intentan ser alegres con alcohol o con drogas, pero esas cosas nunca pueden llenarles de gozo. Quizá se olviden de sus problemas du-rante un rato, pero la tristeza siempre vuelve.

Quico: (Se pone de acuerdo.)

Karen: El verdadero gozo sólo viene de Dios. La Biblia dice que el Señor te dará el gozo. Si el Señor Jesús es tu mejor amigo, El te dará gozo que es más fuerte que los problemas.

Quico: (Pregunta si tiene que beber el aceite.)

Karen: No, Quico, no tienes que beber el aceite, ni alcohol, ni tomar drogas. Pide a Jesús que sea tu mejor amigo, y El te llenará de gozo.

Quico: (Se alegra, tira el vaso y sale dando gracias a Dios.)

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El gozo del Señor mi fortaleza es

El gozo del Señor mi fortaleza es

El gozo del Señor mi fortaleza es

Su gozo sin medida El me da

Si tienes este gozo, puedes tú cantar…

Si tienes este gozo, puedes tú saltar…

Si tienes este gozo, puedes tú gritar…

Su gozo sin medida El me da

Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja…

Re La7 Re Re Re7 Re La7 Sol Mim Re La7 Re Re Re7 Re La7 Sol Mim

(Pida a los niños que hagan la mímica que se indica

después de cantar cada línea del segundo verso.)

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Materiales:

un globo de látex, una aguja más larga que el globo y con un poco de aceite en la punta

¿Ven este globo que tengo aquí? Representa a alguien que ama a Jesús. El aire que está dentro del globo y que lo llena es como el gozo que Jesús te da.

Esta aguja representa los problemas de la vida (puede pedir ejemplos de los niños), problemas con los amigos, con los padres, en el colegio, cualquier cosa que puede “pincharte”. (Empiece a meter lentamente la aguja en el globo por la parte cerca del nudo para que salga por la parte superior.)

A. (Si el globo no explota, explique esta parte.) Mientras el creyente mira a Jesús y confía en El, los problemas de la vida no lo abruman. Sigue lleno del gozo del Señor, porque su alegría no depende de cómo van las cosas por fuera; su alegría viene de Jesús. (Muestre el globo mientras lo atra-viesa con la aguja.) ¿Ven cómo los problemas no le han abrumado? Sigue lleno de gozo porque confía en que Jesús le ayudará en todos sus prob-lemas.

B. (Cuando el globo explota, explique esta parte.) Pero cuando el creyente deja de mirar a Jesús y de confiar en El, y empieza a fijarse en sus prob-lemas y a preocuparse…entonces se va su gozo. (Pinche el globo.) Para seguir llenos del gozo del Señor, tenemos que confiar en que El nos va a

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Miguelón: (Sale con un pañuelo limpiando el sudor de su frente y andando de acá para allá muy preocupado, hablando consigo mismo.) No sé lo que voy a hacer yo…siempre fuimos tan buenos amigos…y ahora…voy a estar muy solo…¡ohhhhh! (Llora.)

Karen: Miguelón, te veo muy preocupado, ¿qué te ocurre?

Miguelón: Hola, Karen. Es mi amigo, Arturo. Quiero decir mi ex-amigo. Karen: ¿Por qué dices ex-amigo?

Miguelón: ¡Porque ya no es mi amigo!…¡ohhhhh! (Llora.) Karen: Pero, Miguelón, explícame lo que ha pasado.

Miguelón: Bueno…es que esta mañana, durante el recreo, Arturo estaba jugando con otro niño.

Karen: ¿Y qué?

Miguelón: Pero, siempre jugaba conmigo en el recreo. ¡Ya no quiere ser mi amigo! (Llora.)

Karen: Tranquilo, Miguelón, ¿te ha dicho algo, Arturo?

Miguelón: Eso es lo peor…tampoco me habla…¡ohhhhh! (Llora.) Karen: Miguelón, creo que estás exagerando un poco la situación. Miguelón: ¿Lo crees?

Karen: Claro; estás tan preocupado que ya no ves claramente y seguro que tampoco tienes paz en tu corazón.

Miguelón: ¿Cómo lo sabes?

Karen: Porque cuando tu corazón está lleno de preocupación, no hay lugar en él para la paz.

Miguelón: ¿Y qué debo hacer entonces?

Karen: Pues, deja de pensar tanto en tu situación y mira al Señor Jesús. Miguelón: ¿Dónde? ¿dónde está el Señor Jesús? (Mira alrededor.)

Karen: En tu corazón, Miguelón; habla con El y confía en El.

Miguelón: Bien, así lo haré. (Ora.) Querido Jesús, yo no quiero perder mi amigo, Ar-turo; ayúdame a ser un buen amigo para él. En tu santo nombre, amén. Karen: ¿Tienes paz en tu corazón ahora, Miguelón?

Miguelón: ¡Pues, sí! Ahora no estoy preocupado porque sé que Jesús me ayudará. Karen: Me alegro, Miguelón.

Miguelón: Pero todavía tengo ganas de saber que pasa con Arturo. Voy a buscarlo ahora. (Grita mientras sale.) ¡Arturo!…¡Artuuuuuro!

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Efectos especiales:

Cada vez que se dice “tormenta”, los niños hacen ruidos de una tormenta (soplando y silbando).

Un día, Jesús estaba enseñando a la multitud y cuando llegó la noche, dijo a sus discípulos: “Estoy muy cansado. Voy a despedir a la gente, y luego voy a hablar con mi Padre. Entren ustedes en la barca y crucen el lago. Nos encontraremos luego.” Así que Jesús fue a orar y los discípulos entraron en la barca.

Después de haber remado por un rato, empezó a soplar el viento y las olas se hicieron grandes y empujaban a la pequeña barca de un lado para otro. Aquello pronto se convirtió en una gran tormenta.

“¡Tengo miedo!” dijo Andrés, “soy pescador y estoy acostumbrado al mar, pero esta tormenta es terrible!”

“¡Ojalá Jesús estuviera aquí!” dijo Pedro, “entonces no tendría miedo.”

Era medianoche y desde la orilla del lago Jesús vio la tormenta que azotaba la frágil barca y pensó: “Mis discípulos estarán asustados”. Y entonces, de inmediato, em-pezó a andar hacia ellos sobre el agua.

Mientras tanto, el viento soplaba más y más fuerte y las olas llenaban la barca. Cu-ando los discípulos vieron a Jesús andar sobre el agua, se asustaron aun más. “¡Un fantasma!”, gritaron. Ahora tenían mucho miedo, pero desde la furia de la tormen-ta, Jesús gritó: “No teman, soy YO.”

Entonces le respondió Pedro “Señor, si eres tú, dime que vaya a ti sobre el agua.” En la oscuridad, Jesús dijo: “ven”, y Pedro descendió de la barca e iba caminando sobre el agua, pero empezó a escuchar y mirar la tormenta en vez de mirar fijo a Jesús. Pronto se le oyó clamar: “Señor, ¡sálvame!”

Entonces el Señor Jesús extendió la mano, lo levantó, y le dijo: “¿Por qué dudaste, Pedro?” Y al entrar en la barca, la tormenta se calmó y todos los discípulos adoraron a Jesús, diciendo: “Jesús, ¡tú eres el Hijo de Dios!”

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Nota:

Cada vez que cante estas frases, hay que hacer las señas siguientes: Con Cristo señale al cielo

En el barco haga con los brazos la forma de un barco Yo sonrío señale tu sonrisa

En la tormenta haga lluvia con los dedos Navegando reme con los brazos

A mi hogar forme con las manos el tejado de una casa (La primera vez, se canta toda la letra con las señas, pero después se va

quitando una frase de la canción aunque se siguen haciendo las señas hasta que toda la canción es prácticamente a base de estas.)

Con Cristo en el barco,

yo sonrío en la tormenta

Sonrío en la tormenta,

sonrío en la tormenta

Con Cristo en el barco,

yo sonrío en la tormenta

Navegando a mi hogar.

Mi Fa#m Si7 Mi Fa#m Si7 Mi

SAMPLE

(25)

Karen: Quico, hoy tenemos preparado una prueba, un tipo de carrera para ti. ¿Crees que puedes hacerlo?

Quico: (Indica que está bien preparado y que tiene mucha confianza.)

Karen: Bien, Quico, ¿ves la cruz que está al otro lado? Ella representa a Jesucristo, y Jesucristo es la meta. ¿Lo ves bien, Quico?

Quico: (Señala que sí.)

Karen: Pues, tú vas a empezar la carrera desde aquí. Tendrás que caminar hasta la meta, hasta Jesucristo, sin desviarte. Lo único que tienes que recordar es: mirar a Jesús, mirar a Jesús. ¿Lo entiendes, Quico?

Quico: (Indica que sí y empieza a prepararse con entusiasmo para la carrera.) Karen: Bien, Quico. Niños, ¿pueden animarlo? Preparado…Listo…¡YA!

Quico: (Comienza a caminar hacia la cruz, pero empieza también a saludar a los niños y se desvía del camino. Se pone luego a dar vueltas y termina desorientado, perdido, preocupado.)

Karen: Recuerda, Quico: mirar a Jesús, mirar a Jesús.

Quico: (Da vueltas y vueltas buscando la cruz; por fin la ve y empieza a caminar de nuevo. Consulta su reloj y se detiene escuchar su máquina y a ver si funciona. Después se queda perplejo porque no se acuerda de lo que estaba haciendo.)

Karen: Quico, mira a Jesús, mira a Jesús.

Quico: (Ahora recuerda, señala la cruz, y emprende de nuevo la carrera. Empieza a fijarse en sus pies, da un tropezón y cae en el suelo llorando.)

Karen: Quico, no te olvides, mira a Jesús, mira a Jesús.

Quico: (Mira la cruz y extiende sus manos a la cruz, recibiendo consuelo y fuerza. Se levanta y llega a la meta.)

Karen: ¡Por fin, Quico! ¡Has llegado! Pero tuviste algunos problemas por el camino, ¿verdad? Te desviaste, te perdiste, tropezaste, y sobre todo, te olvidaste de lo más importante: mirar a Jesús. Cuando no miras a Jesús, te desvías del buen camino, te pierdes en el mundo, tropiezas con el pecado, y sufres mucha tristeza y preocupación. Pero cuando miras a Jesús, El te levanta, te ayuda, te guía por el buen camino, y así llegas a la meta, a

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Jesús.

Shalom Adonaí, Shalom

Shalom Adonaí, Shalom

Shalom Adonaí, Shalom Adonaí

Shalom Adonaí, Shalom

La paz de Dios, la paz

La paz de Dios, la paz

La paz de Dios, la paz de Dios

Rem Solm Rem Rem La Rem La Rem Solm Rem Rem La Rem La

SAMPLE

(27)

La paz de Dios, la paz

Personajes:

Dios, Jesucristo, hombre

Materiales:

un pañuelo negro grande

En el principio, cuando Dios creó a las primeras personas, tenía una amistad muy especial con ellas. (Dios y el hombre se agarran de la mano como buenos amigos.) Pero, cuando ellos empezaron a desobedecer a Dios y a vivir a su manera, se llena-ron de pecado y rompiellena-ron su relación con Dios. (El hombre se tapa con un pañue-lo negro y al momento suelta la mano de Dios.)

Todo el mundo se ha hecho enemigo de Dios porque nadie ha querido obedecerle ni seguirlo. (El hombre vuelve la espalda a Dios.)

Pero Dios no quiso que la gente viviera separada de El para siempre. Así que

mandó a Jesucristo al mundo. (Dios señala el mundo y Jesús se pone entre Dios y el hombre.)

Cuando Jesús estaba enclavado en la cruz, tomó nuestros pecados sobre El y murió en nuestro lugar. (Jesús se tapa con el pañuelo negro del hombre y muere.)

Pero Jesús no permaneció muerto, sino que resucitó al tercer día. (Se quita el pa-ñuelo negro y vuelve a la vida.)

Y ahora Dios nos extiende la mano a través de la cruz. (Dios toma la mano de Jesús y Jesús extiende su otra mano al hombre.)

Eramos enemigos de Dios (el hombre sigue de espaldas a Dios). Pero Jesús hizo paz con Dios cuando murió en la cruz, y ahora El es el puente de la paz. (El hombre se da la vuelta y mira a Jesús.)

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“Sed pacientes para con todos” ( Tesalonicenses :).

Arturo: ¡Aaaaah! ¡no lo soporto! ¡Estoy harto! ¡No puedo más!

Karen: Arturo, ¿qué te pasa?

Arturo: ¡Esto es el colmo! ¡No lo puedo soportar más! Karen: ¿Qué no puedes soportar?

Arturo: ¡A Miguelón!

Karen: ¿A Miguelón? ¿no puedes soportar a Miguelón? Pero, ¿qué ha pasado? Arturo: (Frustrado y enfadado) Toda la mañana estaba yo ordenando mi

cu-arto—cada cosita en su sitio, y todo estaba perfecto; entonces Miguelón vino a jugar y lo ha trastornado todo y ahora todas mis cosas están en el suelo…¡qué barbaridad! ¡raaf!…

Karen: Tranquilo, Arturo, no es para tanto.

Arturo: ¡¿Qué no es para tanto?! Ahora tengo que volver a ordenarlo todo. ¡Cuatro horas perdidas!

Karen: Mira, Arturo, quiero enseñarte algo. Arturo: ¿Qué tienes? ¿productos de limpieza?

Karen: No, Arturo. Es el versículo de hoy, 1 Tesalonicenses 5:15: “Sed pacientes para con todos.” (Repítalo con los niños y con Arturo.)

Arturo: Karen, ¿por qué me estás enseñando este versículo? Karen: Porque tú necesitas tener paciencia con Miguelón. Arturo: ¿Sí? ¿por qué?

Karen: ¿No recuerdas, Arturo, cuando le diste un susto a Miguelón y pusiste una serpiente en su mochila?

Arturo: Claro que sí. ¡Qué gracioso era cuando empezó a buscar su lápiz en clase! Todo el colegio le oyó gritar. ¡Ja, ja, ja!

Karen: Pues, Miguelón tuvo mucha paciencia contigo y no se enfadó. Arturo: ¿Sí? No lo había pensado.

Karen: Lo mismo hiciste aquella vez que cocías galletas con Miguelón y en vez de echarles azúcar, les echaste sal.

Arturo: ¡Sí! ¡Ay, qué risa!

Karen: Pues, Miguelón tuvo mucha paciencia contigo aunque tuvo que beber cinco litros de agua para quitar el mal sabor de su boca.

Arturo: Es verdad…no se enfadó conmigo.

Karen: Y tú deberías tener paciencia con él también. Además, Dios tiene mucha paciencia para con nosotros y por eso debemos ser pacientes para con

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Personajes:

Noé, su esposa, tres hijos

Materiales:

Peluca y barba blanca, pañuelo

Noé (con peluca y barba blanca), su esposa (con pañuelo) y sus tres hijos eran las únicas personas en la tierra que amaban a Dios y eran obedientes a sus manda-mientos. La gente era tan mala y desobediente que Dios decidió que destruiría la tierra con un gran diluvio y salvaría sólo a Noé y su familia.

Dios dijo a Noé que construyera un barco grande de madera para meter a su famil-ia y a animales de todas clases. Entonces, Noé y los suyos comenzaron a construir el barco. Trabajaron día y noche. La gente se burlaba de ellos (niños se ríen de ellos) pues nunca antes había llovido y Noé decía que vendría un diluvio.

Pacientemente, Noé construía el barco y esperaba que la lluvia viniese. Los años pasaban y la lluvia no venía. Noé esperó muchos años para que la promesa de Dios se cumpliese.

Cuando terminaron el barco, metieron a los animales de dos en dos. Había ca-ballos, leones, perros, monos, pájaros, y muchos más. (Con cada animal, los niños hacen sus voces.) Entonces, Noé y su familia subieron al barco y Dios cerró la puerta. Todos esperaban con paciencia que la lluvia viniese.

De pronto, unas nubes aparecieron en el cielo y gotas de lluvia comenzaron a caer. Poco a poco la lluvia se convirtió en diluvio y toda la gente murió (los niños gritarán y harán que están ahogándose). Sólo Noé y su familia se salvaron, porque Noé creyó en Dios y tuvo paciencia para hacer lo que Dios le mandó.

SAMPLE

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Canción con títeres

Perrito: Había una tortuguita, llamada Teresita,

que andaba muy despacio, deteniendo el tráfico, y entre los animales había una conmoción mas ella muy tranquila les cantaba esta canción: Tortuga: Paciencia, paciencia, no tengas tanta prisa;

con tanta impaciencia se borra tu sonrisa; recuerda, recuerda, Dios es paciente, sí, y piensa en las veces que otros te esperan a ti. Perrito: Traviesa Teresita cuando era jovencita

se le olvidaba que era una lenta tortuguita; tan rápido andaba que con todo se estrellaba Por fin un día me tocó enseñarle esta canción: Perrito: Paciencia, paciencia, no tengas tanta prisa

con tanta impaciencia se borra tu sonrisa recuerda, recuerda, Dios es paciente, sí; y piensa en las veces que otros te esperan a ti. Tortuga: Al fondo de esta fábula hay una moraleja:

siempre habrá quien ande a paso de tortuga.

Sol Do Do Fa Sol Do Do Sol Do Do Fa Sol

SAMPLE

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Materiales:

Un rompecabezas y un jarrón de galletas a las que pone “paciencias” Quico: (Entra con un rompecabezas e indica entusiasta que lo va a componer

y que todo saldrá muy bien. Se pone a armar el rompecabezas pero no consigue juntar las piezas. Intenta meterlas a la fuerza y se siente más frustrado y enfadado.)

Karen: (Entra.) ¡Hola, Quico!

Quico: (Se sorprende y tira las piezas al suelo.)

Karen: ¿Qué estás haciendo, Quico? Estás armando un rompecabezas, ¿eh? Quico: (Recoge las piezas y expresa su frustración.)

Karen: ¿Qué pasa? ¿Qué no te está saliendo muy bien? Tranquilo, Quico, con un poco de paciencia lo harás. Sólo con un poco de paciencia. (Sale.)

Quico: (Está perplejo y se pone a pensar: ¿Qué significa “un poco de paciencia”? Se le ocurre una idea y sale a buscar el jarrón lleno de galletas a las que pone “paciencias”. Come algunas y se pone a armar el rompecabezas pero no le ayudan a tener más paciencia. Así que come más, se pone cómodo, y sigue comiendo a gusto.)

Karen: (Entra.) Quico, pensaba que estabas armando un rompecabezas. ¿Qué estás haciendo ahora?

Quico: (Enseña el jarrón de “paciencias” y dice que son para darle más paciencia.) Karen: Quico, ¿piensas que vas a conseguir paciencia por comer “paciencias”? Quico: (Indica que sí.)

Karen: ¡Quico, así no puedes conseguir paciencia! Quico: (Pregunta: ¿no?)

Karen: No, Quico, ¿sabes quién es la persona más paciente del mundo? Quico: (Se pone a pensar y empieza a señalar algunos de los niños.) Karen: No, Quico. La persona más paciente del mundo es Dios. Quico: (Señala hacia arriba y dice que sí.)

Karen: Hemos hecho muchas cosas contra Dios, pero El ha tenido mucha pacien-cia para con nosotros, y aun envió a Jesucristo para salvarnos de nuestros pecados.

Quico: (Escucha y asiente con Karen.)

Karen: Así que si quieres paciencia, pídela a Dios, y sigue luego trabajando sin quejarte ni enfadarte.

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Materiales:

una moneda de poco valor, un billete (o moneda) de más valor, pa-pel y un bolígrafo

¿Quién aquí tiene mucha paciencia? (Escoja un voluntario que pase delante y haga una entrevista.)

¿Tienes mucha paciencia? ¿Puedes esperar mucho tiempo para recibir algo que deseas? Pues, vamos a ver.

Aquí tengo una moneda (dígales la cantidad de la moneda sin mucho valor) y un billete (enseñe el billete y dígales la cantidad del billete más valioso). ¿Cuál de estos dos te gustaría tener? El billete porque vale más, ¿cierto?

Pues voy a darte la oportunidad de recibir la moneda o el billete. Si tú prefieres, yo puedo darte ahora mismo, sin ningún compromiso, sin tener que hacer nada, esta moneda. ¿Te parece bien?

La otra opción es de recibir este billete. Pero hay una condición. Para recibir este billete tendrías que esperar dos semanas. Yo te daría un papel que leyera: Prometo darte un billete con el valor de (ponga el valor) el (ponga la fecha) en la próxima excursión de niños. Para escoger esta opción, tienes que decidir si soy una persona que cumple lo que promete. ¿Puedes confiar en mi palabra? ¿Crees que de verdad te daré el billete en dos semanas?

Si confías en mí y puedes esperar dos semanas, recibirás el billete. Pero si no te fías de mí, o no puedes esperar, te daré sólo esta moneda ahora mismo y se acabó. Piénsalo un momento.

¿Saben ustedes que pasa lo mismo con Dios? El nos hace muchas promesas en la Biblia, pero a veces necesitamos tener paciencia hasta que se cumplan. Ten-emos que preguntarnos lo mismo respecto a Dios. ¿Es alguien que cumple lo que promete? ¿Podemos confiar en su palabra? Cuando creemos que Dios es digno de nuestra confianza, entonces podemos tener paciencia para esperar sus promesas, como hizo Noé cuando construyó el arca.

Ahora vamos a ver lo que has decidido. ¿Cuál quieres: la moneda ahora o el billete en dos semanas? Niños, ¿pueden darle su consejo? ¿Qué harían ustedes? (Deje que

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Materiales:

una toalla

Karen: (A los niños) Hace tiempo que no vemos a Miguelón. Vamos a llamarle para ver qué tal está. ¡Miguelón! ¡Miguelón!

Miguelón: (Sale secándose con una toalla.) Vaya, otra vez me ha sorprendido. Cada vez sus bromas son más molestas.

Karen: ¿Qué te ha pasado, Miguelón? ¿por qué estás tan mojado?

Miguelón: Ha sido Arturo otra vez. Tenía un cubo de agua encima de la puerta. Me llamó y cuando pasé por la puerta el cubo me cayó en la cabeza. ¡Estoy empapado! (Sigue secándose.)

Karen: Tu amigo, Arturo, es muy bromista, ¿verdad?

Miguelón: Pues sí; tendré ahora que pensar en una buena broma para darle a él. (Se pone a pensar.) Quizás un sapo en su cama…

Karen: Miguelón, ¿te gusta que Arturo bromee contigo?

Miguelón: No, no me gusta nada. El ha puesto una serpiente en mi mochila, sal en mis galletas, y ahora agua sobre mi cabeza.

Karen: Pues si no te gustan las bromas, ¿por qué quieres dar una a Arturo? Miguelón: Venganza.

Karen: Miguelón, esa no es una buena manera de tratar a Arturo. Miguelón: ¿Tienes una idea mejor?

Karen: Pues sí. Miguelón: ¿Qué es? Karen: Benignidad. Miguelón: ¿Benigni-qué?

Karen: Benignidad. Ser benigno es ser amable con otro y tratarlo bien. Miguelón: Pero Arturo siempre me sorprende con sus bromas y se ríe de mí. Karen: Pero Miguelón, la Biblia dice que debemos tratar a los demás como

queremos que ellos nos traten a nosotros. Arturo aprenderá mucho más si le das buen ejemplo y lo tratas bien.

Miguelón: ¿Tú crees?

Karen: Claro que sí; inténtalo y verás. Miguelón: Bien, lo intentaré. Pero, Karen… Karen: ¿Qué?

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Personajes:

José, su padre (con la peluca blanca), varios hermanos

Materiales:

túnica de colores, peluca blanca, collar de cartulina amarilla José era un joven muy amado por su padre. Este en verdad lo amaba tanto que le hizo una hermosa túnica de muchos colores. (El padre de José le pone la túnica.) José tenía 11 hermanos, y ellos estaban muy celosos de él porque les decía: “Miren la túnica que me ha hecho mi padre.” Sus hermanos estaban furiosos y lo abor-recían mucho.

Un día los hermanos de José decidieron deshacerse de él, le quitaron la túnica, lo maltrataron, y lo vendieron como esclavo. ¿Saben lo que hace un esclavo? Trabaja todo el día casi sin descanso, es objeto de maltrato, le dan poca comida, no tiene buena ropa, y sufre mucho. José padecía mucho por lo que sus hermanos le hici-eron.

Una vez alguien acusó falsamente a José de haber hecho algo malo y lo metieron en la cárcel. Parecía que los sufrimientos de José nunca se terminarían. ¡Pobre José! (Todos repiten: ¡pobre José!) Pero José confiaba en Dios y esperaba pacientemente en El. Dios escuchó las oraciones de José y fue benigno con él. Dios hizo que lo sacaran de la cárcel y que lo pusieran como gobernador de todo el país. (Ponga el collar de oro a José.)

Después de muchos años, los hermanos de José vinieron al país donde él era gobernador con el fin de comprar comida para sus familias. José los reconoció en seguida y dijo: “¡Pero sí son mis hermanos!” Sin embargo, sus hermanos no lo reconocieron al principio. ¿Qué piensan que José hizo con sus hermanos? ¿Los maltrató para vengarse de ellos? ¿Los metió en la cárcel? ¡NO! José los perdonó y fue benigno con ellos.

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Dios había sido benigno con José, sacándolo de la cárcel y convirtiéndolo en gobernador. Ahora José era benigno con sus hermanos, los cuidó y los trató con amor. Y nosotros debemos ser benignos unos con otros, aun cuando se nos haga daño.

Materiales:

una biblia; una maleta con varias prendas adentro (un pañuelo, un chaleco, un gorro, gafas, etc.); a cada prenda ponga la palabra: Be-nignidad

Quico: (Entra con una maleta e indica que hay algo especial adentro. Con mucha expectación, empieza a abrir la maleta y saca una por una las prendas que hay adentro y se las pone con mucho cuidado. Después de vestirse, luce ufano su nuevo conjunto porque cree que ya está lleno de benignidad.) Karen: (Entra.) ¡Hola Quico! Tienes un nuevo conjunto, ¿eh?

Quico: (Lo enseña con mucho orgullo.)

Karen: Pero tu ropa está manchada de algo. A ver qué es…(Se acerca a Quico para ver)…Pero, ¡son palabras!

Quico: (Indica: ¡Claro!)

Karen: Pero, Quico, ¿por qué lleva toda tu ropa la palabra “benignidad”? Quico: (Enseña el versículo del día que lee: “Vestíos de benignidad”.)

Karen: (Repite el versículo con los niños: “Vestíos de benignidad”.) Oh, Quico, eso no significa que tienes que usar ropa con la palabra “benignidad”.

Quico: (¿No?)

Karen: No, Quico. Cuando la Biblia dice: “Vestíos de benignidad”, quiere decir que debemos siempre estar llenos de esa virtud y ser muy buenos y amables con los demás.

Quico: (Está pensativo.)

Karen: Y Quico, ¿sabes de dónde viene la benignidad? Quico: (Señala la ropa.)

Karen: No, de la ropa, no. Quico: (Piensa y señala a Karen.)

Karen: No, Quico, tampoco puedo yo darte la benignidad. Quico: (Se pone pensativo de nuevo y señala a los niños.) Karen: No, la benignidad no viene de los niños.

Quico: (Piensa mucho y empieza a saltar cuando tiene la idea: señala a Dios.)

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Quico: (Enseña su biblia y dice que va a hablar con Dios.)

Karen: Ah, vas a hablar con Dios. Muy bien, Quico, así te vestirás de benignidad. ¡Adiós!

Quico: (Toma la maleta y su biblia y sale saltando y saludando a los niños.)

Materiales:

una trampa para ratas, un poco de queso o algunas galletitas de agua, una vara o una regla

(Muestre la trampa a los niños.) ¿Reconocen es este objeto? ¿Para qué se usa? (Per-mita que respondan.) Muy bien, para cazar una rata se necesita una trampa muy parecida a esta. (Muestre como funciona.) Ustedes ponen un poco de queso o unos pedacitos de galletas en este lugar (muestre dónde) y después la arman. Cuando un ratoncito distraído venga y huela el delicioso aroma del queso, trepará, acercará la nariz para oler, comenzará mordisquear el queso, y…¡zas! (use una regla para ac-cionar la trampa), ¡habremos cazado un ratoncito!

¿A cuántos aquí les gusta tener amigos? (Espere que respondan.) ¿Muchos amigos? (Espere nuevamente.) Sí, a todos nos gusta tener amigos, personas con quiénes conversar, jugar, compartir secretos, reír… ¿Cómo conseguimos nuestros amigos? ¡Mm…, tengo una idea! Tal vez podemos fabricar una gran trampa para cazar amigos, como la que usamos para atrapar las ratas. Tendremos muchos amigos con quienes jugar. (Pregunte a uno de los niños cuál es su golosina favorita.) Sí, podemos poner… (nombre la golosina) en la trampa y atrapar a este amigo. ¿Qué piensan? ¿Creen que es una buena idea? (Permita que los niños respondan.) En realidad, la idea suena un poco rara, ¿verdad? No podemos conseguir amigos de la misma manera que atrapamos una rata. ¡Es una idea absurda! ¿Qué podemos hacer entonces para tener amigos? (Permita que unos cuantos niños contribuyan con sus ideas.) Hemos escuchado algunas buenas ideas. Si queremos tener amigos, debemos ser amables con los demás. Cuando somos amables y damos un buen trato a las personas, otros olerán el aroma de la amabilidad y querrán estar cerca nuestro.

Jesús sabía tener amigos. ¿Qué hizo Jesús para que las personas quisieran estar

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Materiales:

un recipiente con una solución de 50% de agua y 50% de alcohol (frente al recipiente ponga un letrero con las palabras “la amabilidad de Jesús”); un recipiente con agua (frente al recipiente ponga un letrero con las palabras “nuestra amabilidad”); 2 servilletas de papel secas; 1 hoja de toalla de papel humedecida en la solución de alcohol y agua; tenazas; fósforos o un encendedor.

En Lucas 6:27-28 (NVI) Jesús dice: “Amen a sus enemigos, hagan bien a quienes los odian, bendigan a quienes los maldicen, oren por quienes los maltratan…” Eso significa que debemos ser amables con nuestros enemigos. Un enemigo es alguien que trata de herir-nos sea con palabras o con acciones. A menudo es una persona que herir-nos trata con brusque-dad, que nos hace bromas de mal gusto en la escuela, que nos roba, que nos avergüenza ante otros, que nos golpea con los puños o los pies. ¿Cómo podemos ser amables con alguien que nos trata de esa manera? ¿Cómo podemos amar a esa persona?

¿Crees que podrías amar y tratar con amabilidad a alguien que te detesta y dice cosas negativas acerca de ti, que incluso te golpea? (Permita que respondan.) Parece una tarea imposible, ¿verdad?

Probemos hacer algo. Imaginemos que tú eres esta servilleta. Ahora vamos a empaparte de toda la amabilidad que puedes tener. (Tome la servilleta e introdúzcala en el recipiente con agua. Use las tenazas para sostener la servilleta y para que todos puedan ver.) Ahora voy a tratar de encender esta servilleta mojada. Las llamas que veamos representarán la amabilidad que podemos manifestar a los demás. ¿Crees tú que habrá muchas llamas? ¿No? La servilleta esta mojada, está empapada con tu amabilidad. De todos modos, haga-mos lo que parece imposible. Imaginehaga-mos que la semana pasada tu vecina te empujó e hizo que cayeras de la bicicleta, y que también te insultó. Hoy tú viste que ella fue la que cayó de su bicicleta y está herida. ¿Puedes ser amable y ayudarla? (Encienda la servil-leta con el fósforo; la servilservil-leta no se quemará.) ¡Oh, no! ¡Tu amabilidad no se ve! No tiene suficiente fuerza. Es muy difícil ser amable con alguien que ha sido tan mal intencionada contigo. ¿Cómo podemos entonces hacer lo que la Biblia nos ordena?

(El truco es el que sigue:) Necesitamos que Jesús nos ayude. Tomemos otra servilleta, pero esta vez la vamos a empapar del amor de Jesús. (Introduzca otra servilleta en el recipiente con la solución de alcohol y agua. Sostenga la servilleta con las tenazas.) Jesús fue am-able con sus enemigos. Si le pedimos que ponga de su amor en nosotros, El nos ayudará a hacer lo mismo. Veamos si podemos mostrar amor a una niña que no ha sido amable con nosotros. (Encienda la servilleta con el fósforo. Esta vez el fuego consumirá el alcohol y dejará la servilleta intacta.) ¡Oh! ¿Vieron toda la amabilidad que puede salir de nosotros? Ahora podemos ayudar a la vecina a levantarse y tomar su bicicleta, y también podemos

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Bueno es Dios, cantemos y gritemos Bueno es Dios, hoy celebrad Bueno es Dios, no lo dudemos más

Bueno es Dios, sí es verdad Y cuando pienso en su amor por mí Mi corazón se llena de alabanza y danza

Porque me tiene en su corazón Cantemos todos a una voz

Sol Mim Do Re Lam Do7 Si7 Mim Do Re Mim Re Mim Do Re Mim Re Mim Do Re

Mim Re Mim Do-Re-Mim

Re

Mim Sol-Mim

Lam Re

Si7

Otra canción que puede dramatizar con títeres, y que correspon-de al tema correspon-de la bondad, es “Dios es tan bueno” correspon-del casete Coro latinoamericano de niños, disponible mediante RDM.

Canción con títeres

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Personajes:

narrador, fariseo, publicano

Materiales:

2 batas, 2 toallas con cordones

Narrador: Jesucristo contó la historia del fariseo y el publicano para enseñarnos que no debemos pensar que somos mejor que otros. Todos necesitamos el perdón de Dios. La historia es acerca de dos hombres que entraron al templo a orar. Uno era un fariseo (un líder religioso como un sacerdote), y el otro era un publicano que cobraba impuestos del gobierno y que tenía reputación de robar de la gente.

(El fariseo entra por un lado con la cabeza en alto, muy orgulloso, mirando hacia arriba. El publicano entra con la cabeza inclinada, moviéndola de un lado para otro, y muy triste por sus pecados. Tiene vergüenza de mirar hacia arriba.)

Fariseo: (Con voz fuerte) Oh Dios, te doy gracias que no soy pecador como los demás. Publicano: (Apenas se oye) ¡Oh Dios!

Fariseo: Tú sabes, Dios, que no soy malo; no hago daño a nadie; y no soy tampoco como ese engañoso publicano que está ahí.

Publicano: ¡Oh Dios mío!

Fariseo: Señor, tú sabes que no soy mentiroso; nunca miento como ciertas personas que conozco. (Se detiene y mira directamente al cobrador.)

Publicano: (Gime) ¡Oh Dios, Dios mío!

Fariseo: Recuerda, Dios, que vivo una vida muy buena; cuido bien de mi familia; nunca he matado a nadie; no soy malo como todos los demás…Ah, Señor, nunca he robado como ese publicano. (Señala al publicano.)

Publicano: (Gime en su miseria) ¡Oh Dios!

Fariseo: Tú sabes, Señor, que cada semana yo paso dos días en oración. Pero eso es que no soy como los demás, mucho menos como aquel…(mirando al publicano) Publicano: (Temblando) ¡Oh Dios! ¡Dios mío!

Fariseo: Además de orar, Señor, yo doy mucho dinero a los pobres. Cuando pasan por mi casa, siempre les doy una limosna, siempre. Por eso, Señor, es que yo no soy como otros…

Publicano: (Golpeándose el pecho y llorando) ¡Soy pecador!…¡soy pecador!…¡Oh Dios mío, ten misericordia de mí…soy un pecador!

Fariseo: ¡Seguro que es un pecador! Bueno, Dios parece que eso es todo por ahora, pero estaré aquí otra vez para decirte cuán agradecido estoy de no ser como todos los demás, y especialmente para agradecerte que no soy como ese publicano que estafa a otros. (Señala al publicano.) Amén y amén. (Sale orgul-losamente del templo.)

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descendió a su casa perdonado antes que el fariseo; porque el que se exalta será humillado; y el que se humilla será exaltado.

Basado en  Corintios 0:–

Materiales:

una regla; una cinta de medir de 3 metros; varias tiras de cartulina en las que se lea: “No he matado”, “No he robado”, “No hago daño a nadie”

(Muestre la regla.) ¿Qué es esto? (una regla) ¿Para qué se usa? (para medir cosas) ¿Sabes que cada uno de ustedes lleva consigo una regla? Pero no es para medirte por fuera, sino para medir si eres bueno. Voy a enseñarte varias reglas que muchas veces usamos para medirnos.

(Muestre la que dice: “No he robado”) ¿Alguién puede leer lo que dice esta regla? “No he robado.” Nos medimos con esta regla (mídase desde el pie) y pensamos: ¡Qué bueno soy! ¡No he robado! ¡Mira cuánto sobrepaso esta regla!

Pero, ¿sabes algo? Si has hecho trampa en un examen, has robado las respuestas; si has tomado una galleta de la cocina cuando tu madre te ha dicho que no podías comer hasta la cena, has robado. Así que esta regla no sirve. (Tírela.)

(Muestre la que dice: “No he matado”) ¿Qué dice esta regla? “No he matado.” Nos medimos (mídase) con esta regla y decimos: ¡Mira, qué bueno soy! No he matado a nadie.

Estoy segura que nadie aquí ha quitado la vida de otro, pero ¿te has enfadado alguna vez y le has dicho “¡Idiota!” a tu hermano? Jesucristo dijo que esto es igual que matar, porque hace mucho daño a la otra persona. Esta regla tampoco sirve. (Tírela.)

(Muestre la que dice: “No hago daño a nadie”) Esta regla la lleva casi todo el mun-do. ¿Qué dice? “No hago daño a nadie.” ¿Cuántos han escuchado esto alguna vez? Nos medimos con esta regla (mídase) y decimos: ¡Qué bien! Sobrepaso esta regla también. No hago daño a nadie. Soy una buena persona.

Pero cuando has engañado a tu amigo, le has hecho daño; cuando te has peleado con tu hermanito, le has hecho daño; cuando no has obedecido a tus padres, les has hecho daño. Por eso esta regla no vale para nada. (Tírela.)

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cinta hasta donde pueda encima de su cabeza.) Veo que no llego a la regla de Dios. ¿Puedes leer lo que está en la regla de Dios? (Jesucristo) Jesucristo es la regla de Dios. Si no tienes esta regla, no puedes ir al cielo. Necesitamos a Jesús en nuestra vida. Sólo con El podemos llegar a Dios y sólo con El podemos ir al cielo.

“Cuando se manifestó la bondad de Dios, nos salvó” (Tito :).

Karen: Creo que un amigo viene a visitarnos hoy, pero no estoy segura de quién será. Vamos a ver…¿será Arturo? o ¿será Miguelón? o ¿alguien nuevo? Arturo: (Empieza a llorar antes de salir y sale llorando.)

Karen: Pues es Arturo…y está muy triste; ¿qué te pasa, Arturo? Arturo: Oh,…me siento muy mal…

Karen: ¿Te sientes mal? ¿Estás malito? Arturo: No, no estoy malito, soy malito. Karen: Pero, ¿qué has hecho, Arturo?

Arturo: Muchas cosas. he intentado cambiar, pero sigo haciendo travesuras. Karen: ¿Qué travesuras?

Arturo: Metiendo una serpiente en una mochila, echando sal en vez de azúcar a las galletas, derramando un cubo de agua sobre mi amigo…

Karen: ¡Oh, estás hablando de las bromas que has dado a Miguelón!

Arturo: Claro. El se ha portado tan bien conmigo, ha sido muy paciente, y no me ha hecho ninguna broma para vengarse. ¡Y yo me he portado tan mal! (Llora de nuevo.)

Karen: Oh Arturo, yo tengo buenas nuevas para ti; algo que puede solucionar tu problema.

Arturo: ¿Sí?

Karen: Sí. Es el versículo de hoy. Vamos a aprenderlo con los niños. “Cuando se manifestó la bondad de Dios, nos salvó” (Tito 3:4). (Repítalo con los niños.) Arturo: ¿Y cómo puede ayudarme este versículo, Karen?

Karen: Arturo, tú te sientes tan mal porque has hecho cosas malas. La Biblia lo llama pecado. Pero Dios es tan bueno que envió a Jesucristo a morir por nuestros pecados. Dios nos salva de nuestros pecados cuando confiamos en El.

Arturo: ¿Y cómo confío en Dios?

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Arturo: Primero, voy a pedir perdón de Dios y después voy a buscar a Miguelón para pedirle perdón también. ¡Y eso no es una broma! ¡Adiós niños! Karen: Adiós, Arturo. Me alegro que has aprendido que sólo Dios puede hacerte

bueno.

(Cuando salga Arturo, pregunte a los niños si algunos quisieran orar para aceptar a Cristo. Ore con los niños.)

Materiales:

una bolsa llena de cosas para la playa (una toalla, gafas de sol, crema protectora, aletas, etc.)

Quico: (Entra con la bolsa. Una por una saca los contenidos y muestra para qué sirven.)

Karen: Una toalla…gafas de sol…crema protectora…aletas…Déjame adivinarlo, Quico: Te estás preparando para ir…¡a la playa!

Quico: (Indica que sí y salta demostrando su entusiasmo.) Karen: Pero, Quico, te has olvidado de una cosa.

Quico: (Se pone pensativo y empieza a buscar entre sus cosas pero no consigue recordar nada.)

Karen: ¡Quico, tú no sabes nadar!

Quico: (Demuestra su tristeza por no poder nadar.) Karen: Entonces, ¿qué vas a hacer en la playa?

Quico: (Muestra con mimo como va a tirarse al agua, intentar nadar, y empezar a ahogarse.)

Karen: (Describiendo la actuación de Quico): ¿Te vas a tirar al agua…intentarás nadar…estarás a punto de ahogarte…y entonces ¿qué harás?

Quico: (Señala el versículo.)

Karen: (Leyendo el versículo) “Cuando se manifestó la bondad de Dios, nos salvó.” Oh, Quico, ¿te vas a tirar al agua porque quieres que Jesús te salve?

Quico: (Dice que sí.)

Karen: Pero, Quico, este versículo no quiere decir que Jesús va a salvarnos en el mar.

Quico: (Pregunta: ¿no?)

Karen: No, significa que Jesús nos salva de nuestros pecados.

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Quico: (Se pone a pensar.)

Karen: Cuando nos arrepentimos de todo lo malo que hemos hecho y creemos en Jesús, entonces El nos libra de nuestros pecados y nos salva del infi-erno.

Quico: (Ahora entiende, pero enseña sus cosas de playa y pregunta con señas: ¿ahora qué hago con estas cosas de playa?)

Karen: Bueno, Quico, todavía puedes ir a bañarte, pero no te alejes mucho de la orilla porque no sabes nadar. ¿De acuerdo?

Quico: (Se pone de acuerdo, toma sus cosas, y sale muy alegre.)

¡Haz bien! Ha-haz bien en el nombre de Dios.

¡Haz bien! Ha-haz bien en el nombre de Dios.

Guarda la Palabra, en tu corazón.

cuando el bien está en tu vida; ¡bien harás!

(©1997 John H. Morton, administrado por Music Precedent, Ltd.; 2269 East

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Arturo: Hola, Karen. Cuéntame una historia.

Karen: Muy bien, Arturo. Hoy vamos a aprender acerca de un hombre que sem-bró cosas buenas en su vida, era fiel y obediente a Dios, y cuando estuvo en un apuro, Dios premió su fidelidad y lo ayudó. Este hombre se llama-ba…Daniel.

Arturo: ¡Daniel el Travieso!

Karen: No, Arturo, no era Daniel el Travieso.

Arturo: ¿No? Pero Daniel el Travieso siempre está en apuros. Karen: Es verdad, pero este Daniel no era travieso.

Arturo: ¿Ah, sí? ¿y cómo era entonces?

Karen: Pues este Daniel era un hombre muy bueno y muy fiel. Era tan fiel que el rey lo hizo uno de los hombres más importantes del país.

Arturo: ¿De París? ¿Dónde está la Torre Eiffel?

Karen: No, no. Era en un país mucho más lejos de aquí y hace muchísimos años. Los otros gobernadores tenían celos de Daniel y buscaban a ver si encon-traban cosas malas que él hubiera hecho para poder acusarlo.

Arturo: ¡Y encontraron que había hecho trampas en un examen! Karen: Pues no.

Arturo: Entonces que había mentido a sus padres. Karen: No.

Arturo: Seguro que había pasado un semáforo en rojo. Karen: Tampoco.

Arturo: ¿Ni siquiera salió del trabajo 5 minutos antes?

Karen: No, Arturo. Daniel era muy fiel y hacía todo bien. Sus compañeros vieron que no podían sorprenderlo violando ninguna ley, así que inventaron una nueva ley. ¿Sabes lo que decía la nueva ley?

Arturo: ¡Que los niños no tenían que recoger sus juguetes! Karen: No, Arturo, la ley no tenía nada que ver con los juguetes. Arturo: Pues yo sí que inventaría una ley así.

Karen: Pero los compañeros de Daniel sabían que él amaba mucho a Dios y que oraba tres veces al día. Así que su ley era que durante 30 días la gente sólo podía orar al rey o sería echada en el foso de los leones.

Arturo: ¡De los leones! ¡Cuidado Daniel, no ores más! Karen: Y cuando Daniel se enteró de la nueva ley…

(51)

Karen: No, no, él volvió a su casa. Arturo: ¿Para acostarse?

Karen: No, para orar.

Arturo: Pero, con las persianas cerradas y él escondido debajo de la cama, ¿no? Karen: De ninguna manera. Daniel abrió sus ventanas y oraba tres veces al día

como era su costumbre. Arturo: Pero, ¿por qué? ¿estaba loco?

Karen: No estaba loco. Daniel era fiel a Dios y confiaba en El. Arturo: ¿Y sus compañeros lo sorprendieron, ¿verdad?

Karen: Así fue, y lo llevaron al rey. Y como el rey amaba a Daniel, intentó cambiar la ley.

Arturo: ¡Qué buen rey era ese! Y como era el rey, seguro que pudo cambiar la ley. Karen: Pues no, no pudo cambiarla. Y Daniel tuvo que ser echado en el foso de

los leones.

Arturo: ¡Qué horror! Oh, Karen, me has decepcionado. ¡Qué historia más horrible! Karen: Espera, Arturo…

Arturo: ¡Oh, el pobre Daniel, devorado por leones! Karen: Pero, Arturo, así no termina la historia. Arturo: ¿No?

Karen: No. Los leones no comieron a Daniel. Arturo: ¿No tenían hambre?

Karen: Sí que tenían hambre, pero Dios mandó un ángel que les cerrara la boca y ellos no hicieron daño a Daniel.

Arturo: ¡Qué alivio!

Karen: Y a la mañana siguiente el rey sacó a Daniel de allí y echó sus compañeros a los leones.

Arturo: ¿Y siguió allí el ángel para cerrar la boca de los leones?

Karen: No, ya se había ido el ángel; pero porque los que acusaron a Daniel no eran fieles a Dios ni confiaban en El, los leones los mataron en seguida. ¿Ves cómo Dios ayudó a Daniel porque confiaba en El?

Arturo: Sí, pues yo sabía que la historia iba a terminar así. Yo no estaba

(52)

pado por Daniel. Bueno, Karen, gracias por la historia. ¡Hasta luego!

“Que habite Cristo por la fe en vuestros corazones”

(Ef-esios :).

Materiales: 3 corazones—uno pequeño, uno grande, y uno enorme

(Karen empieza a enseñar el versículo a los niños. Cuando los niños lo hayan repetido var-ias veces, Quico entra con un corazón pequeño, interrumpiendo a Karen y los niños.) Karen: Quico, ¿pero qué haces? Estamos aprendiendo un versículo aquí.

Quico: (Indica que sólo tardará un momento. Se acerca al versículo escrito, luego mide el corazón, decide que el corazón es demasiado pequeño y sale.)

Karen: (Perpleja) Pues no sé lo que Quico estaba haciendo, pero vamos a seguir con el versículo. (Sigue.)

Quico: (Cuando los niños lo han repetido de nuevo, entra con un corazón más grande.) Karen: Quico, ¡por favor! ¡Nos estás molestando! ¿No puedes hacer eso después? Quico: (Dice que no; otra vez se acerca al versículo para leerlo, mide el corazón y decide

que este corazón tampoco sirve. Sale.)

Karen: ¡Por fin se ha ido! Ahora podemos seguir con el versículo. (Los niños lo repiten de nuevo.)

Quico: (En seguida vuelve con un corazón enorme.) Karen: ¡Quico!

Quico: (Se cae del susto, luego recoge su corazón y empieza a medirlo mientras lo com-para con el versículo.)

Karen: Quico, dime, ¿Qué estás haciendo? Quico: (Indica que tiene una pregunta.)

Karen: ¿Tienes una pregunta? Pues, ya que nos has interrumpido tanto, adelante. ¿Qué quieres preguntarme, Quico?

Quico: (Pregunta con señas: ¿Cómo es de grande Jesucristo?)

Karen: ¿Quieres saber cómo es de grande Jesucristo? Pues como El creó todo el univer-so, suponga que tendrá que ser más grande que el universo.

Quico: (Se horroriza, mira a su corazón, y empieza a llorar mucho.) Karen: Pero, ¿por qué lloras, Quico?

Quico: (Llora más fuerte y por fin indica que Jesús no cabe en su corazón.) Karen: ¿Qué Jesús no cabe en tu corazón? ¿Por qué dices eso, Quico? Quico: (Señala el versículo, luego al cielo y a su corazón y llora otra vez.)

Karen: Oh, ¡estás leyendo el versículo! “Que habite Cristo por la fe en vuestros cora-zones”. ¡Y piensas que Cristo no cabe en tu corazón! Oh, Quico, Jesucristo es Dios y El puede ser más grande que el universo o puede hacerse tan pequeño que

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en tu corazón, y tú lo invitas a entrar, tendrás la seguridad de que El vivirá en tu corazón ¡Puedes confiar en Jesucristo! Quico: (Se pone muy contento, señala al

cielo y abraza su corazón, crey-endo que Jesús vive allí. Sale saltando de gozo.)

Hace algunos años, conocí a un hombre que quería ser acróbata en el circo y caminar sobre la cuerda floja. Para practicar, puso una cuerda entre dos casitas y cada día de mañana y de tarde, caminaba sobre ella de un lado para otro y nunca se cayó

Como iba mejorando, empezó a empujar una carretilla sobre la cuerda floja. Lo vi caminar con su carretilla día tras día, semana tras se-mana, mes tras mes, durante un año entero, y nunca se cayó.

Un día me preguntó si yo pensaba que lo hacía bien.

—¡Pues, claro que sí, hombre! ¡eres muy bueno! ¡te he visto caminar sobre esa cuerda y empujar tu carretilla cada día durante un año y nunca te has caído, nunca has fallado.

¿Crees de verdad que puedo hacerlo bien? —me preguntó otra vez— ¿Confías en mí? —¡Sí, señor, confío mucho en ti! —le dije. —Entonces, ponte en la carretilla y te llevaré sobre la cuerda floja —me pidió.

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pongas en su carretilla y confíes en El. Seguro que El puede llevarte sobre tus prob-lemas y nunca te dejará caer.

¿Te pondrás en su carretilla? ¿Confiarás ahora en El?

Confía en el Señor Tu corazón confía en Dios. (Tu corazón confía en Dios.) No en tu propia opinión. (No en tu propia opinión.)

Confía en Dios (Confía en Dios) de corazón (de corazón) Pon tu fe en El Pon tu fe en El no en ti mismo.

(©1995 John H. Morton, administrado por Music Precedent, Ltd.; 2269 East Thompson Place; Springfield, Missouri 65804, EE.UU. Derecho internacional de copia. Reservados todos los derechos.

Usado con permiso. El casete Unidos está disponible mediante RDM.)

Dáme fe

\\Dame fe, oh Señor, dame fe Dame fe, oh Señor, yo te lo pido\\

Mim - (Mi)

Mim Si7

Lam Mim

(55)

Cada día, cada hora dame fe\\

Canción con títeres

Coro:

Señor (Shu wap shu wap)

Nada es difícil para ti (shu wap shu wap)

Todo es posible contigo (shu wap shu wap)

Siempre en ti confiaré (shu wap shu wap shu wap shu wa-ap)

Porque has hecho los cielos

La tierra con tu poder

Y has puesto en orden

el mundo con tu saber

(Repita el coro)

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Referencias

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