AXIS MUNDI
AXIS MUNDI
EDICIÓN ESPECIAL
AXIS MUNDI
AÑO 3 - Nº 22 FEBRERO 2015
PUBLICACIÓN OFICIAL DE LA ESCUELA DE FILOSOFÍA INICIÁTICA
¿POR QUÉ UN GLOSARIO?
En más de una ocasión hemos señalado que antiguamente el conocimiento se escondía en la escasez: era difícil acceder a él por diversas razones. Sin em-bargo, hoy –por el contrario– el conocimiento se esconde en la abundancia: tenemos tanta información que es extremadamente difícil diferenciar “el trigo de la paja” y solemos perdernos en los intrincados laberintos de Internet y en la voluminosa bibliografía a la que accedemos con solamente un click.
Nuestra Escuela se ha propuesto desde el principio “reunir lo disperso” (“ad dissipata coligenda”) y realizar una síntesis, a fin de facilitar al estudiante sin-cero las herramientas necesarias para acceder a una fuente de conocimiento fiable, que sea sustentada con bibliografía de valor y al mismo tiempo que sea vivencial y transformadora.
Ese objetivo ambicioso es el mismo que anima a los editores de esta revista “Axis Mundi” y en un afán de brindar al lector una guía de lectura de los dos años de nuestra publicación, hemos visto la necesidad de generar este Glosa-rio, donde se incluye una guía conceptual de los artículos escritos por Phileas del Montesexto, que buscan ser un complemento a los estudios curriculares del Programa OPI.
Por esta razón, los estudiantes activos de nuestra Escuela disfrutarán doble-mente este número especial ya que en él se incluyen referencias a los diferentes módulos de estudio, a fin de poder complementar y relacionar la información del Programa con la suministrada en “Axis Mundi”
Con nuestros mejores deseos de Paz Profunda, Equipo Editorial de “Axis Mundi”
Glosario 2013-2015
AD ROSAM PER CRUCEM
Aunque el axioma tradicional “Ad Rosam Per Crucem, Ad Crucem Per Rosam” (“A la Rosa por la Cruz, a la Cruz por la Rosa”) proviene de la tradición de la rosacruz primigenia, fue el francés Jósephin Péladan quien la popularizó a finales del siglo XIX.
Las dos frases se complementan. “Ad Rosam Per Crucem” significa ascender hacia el Espíritu a través de la materia, es decir alcanzar el centro (la rosa) a través de las pruebas de la vida (la cruz).
No obstante, todo peregrino que viaje al centro debe regresar purificado para convertirse en “Maestro de dos mundos”, tal como explica Joseph Campbell en su estudio sobre el “viaje del héroe” (Véase: “El héroe de las mil caras”). En este sentido, “Ad Crucem Per Rosam” significa el retorno del peregrino purificado (bodhisattva), desde el “axis mundi” (la rosa) al mundo ordinario (la cruz).
Es la doble vía de la reintegración y la restauración, del trabajo interno como piedra basal para la construcción de un mundo nuevo y mejor.
La doble frase “Ad Rosam Per Crucem - Ad Crucem Per Rosam” significa la “coincidentia oppositorum”, la armonía de los opuestos, la reunión de la rosa y la cruz a través de la imi-tación de Cristo. No se puede entender una sin la otra, del mismo modo que no se puede hablar de un progreso individual si esto no va de la mano con un progreso comunitario. (AM 15)
ADEPTO
A los seres adelantados los conocemos como Adeptos, Mahatmas, Hermanos Mayores e incluso Maestros Ascendidos, tal como los denominan algunas escuelas modernas. (AM 8) Si hay un sendero que lleva a la iluminación, tiene que haber –lógicamente– seres ilumi-nados, que ya han transitado la vía iniciática y que han alcanzado un estado de conciencia superior.
A estos Maestros Ascendidos, Mahatmas, Adeptos o Hermanos Mayores no necesitamos adorarlos como santos, sino imitarlos, poniéndonos a su servicio. Colocarnos “al servicio de los Maestros de Sabiduría” (uno de los enunciados de nuestra declaración de Misión y Visión) significa continuar su obra y convertirnos en SERVIDORES. (AM 15)
ALMA
El Alma Espiritual liga al ser humano a la Divinidad Pura, mientras que el Alma Animal actúa como intermediario entre lo espiritual y lo físico, es decir como un canal que debe ser purificado a través del entrenamiento o Ascesis. En la concepción tradicional de la “guerra interior”, los combates más feroces se libran en el campo anímico o del Alma Animal, don-de las emociones y los pensamientos suelen tomar el control, don-desviándonos don-de la Senda que lleva al Ser.
El Alma Animal está supeditada a la personalidad o a la máscara que adoptamos en cada encarnación, una cáscara o capa que oculta nuestra verdadera identidad. Por el contrario, el Alma Espiritual se vincula con el rostro del Ser o “Yo Superior”. (AM 13)
ÁNGEL DE LA GUARDA (MAESTRO INTERNO)
La Tradición Espiritual afirma la existencia de ciertas presencias metafísicas –también lla-madas “ángeles”, “auxiliares invisibles” o “devas”– que actúan como intermediarias entre el hombre y la divinidad. Una de estas entidades es conocida en el cristianismo como “ángel de la guarda”. Sin embargo, aunque este ser reciba el nombre de “ángel”, en verdad no es una en-tidad ni está afuera de nosotros, sino que es otro de los nombres que podemos dar al Maes-tro Interno, el guía suprasensible que actúa como intermediario entre nuestra personalidad cuaternaria y nuestra esencia espiritual.
Este Maestro es nuestro protector invisible, pero no está separado de nosotros sino que es nuestra contracara, nuestra verdadera identidad o “Yo Superior”, el habitante secreto de nuestro corazón, con el que podemos establecer un vínculo directo a través de la meditación y la oración.
Todos los seres humanos tienen un ángel de la guarda o Maestro Interno, pero la mayoría – hipnotizados por el mundo fenoménico y volcados a lo externo– prefiere ignorar sus señales, mensajes y advertencias. A propósito de esto, dice Leonardo Boff: “La voz del ángel bueno no deja de hablar, pero es confundida con las mil otras voces, de las religiones, de las Iglesias, de los Estados y de otros maestros…” (AM 13)
El alter ego celestial o guía metafísico se manifiesta desde el interior por medio de una voce-cilla que es la misma que escuchó Socrates de labios de su daimon. Este sabio griego, al ha-blar de su daimon (que no era un “demonio” como han afirmado algunos fundamentalistas cristianos) se refería a una “voz profética interna, proveniente de un poder superior”, descri-biéndolo como un consejero consciencial (como el Pepe Grillo del cuento “Pinocho”) que intentaba llevarlo por el camino de la Virtud. En la obra platónica “Apología de Sócrates”, el filósofo habla de su daimon y dice: “Está conmigo desde niño, toma forma de voz y, cuando se manifiesta, siempre me disuade de lo que voy a hacer, jamás me incita”.
al-qhayb” (maestro personal suprasensible), y el persa Najmuddin Kubra denominaba a esta presencia “testigo en el cielo”, relacionándolo con el astro rey y describiéndolo como “Sol del conocimiento”, “Sol espiritual de la mente”, “Sol del corazón”, etc.
Este “shaykh al-qhayb” (maestro personal suprasensible) o “daimon paredros” (el “guía in-mediato” de Sócrates y los neoplatónicos) es también el “ishtadeva” (“divinidad querida”) de los bhaktas de la India, una forma cercana y personal de la divinidad, que pueda ser amada y tomada como modelo, pero que no se contradice con el Dios Impersonal y sin atributos. (AM 13)
Véase además: Maestro Interno
ANTAKARANA
En otras ocasiones el elemento separador entre el peregrino y el lugar sagrado aparece en la forma de un río, por lo cual varias tradiciones hablan de la necesidad de la construcción de un puente que una las dos orillas, convirtiendo al discípulo en “pontífice” (pons=puente y facere=hacer).
Este puente que reúne a la personalidad (Cuaternario Inferior) con el Alma Espiritual y sus vehículos auxiliares (Tríada Superior) es también llamado “antakarana” y diversas corrientes espirituales enseñan la mejor forma de construirlo.
Desde un punto de vista iniciático, el puente-antakarana es aquel que reúne al buscador con lo buscado, al noble viajero con su Maestro Interno, por lo cual la mejor manera de cons-truirlo es establecer una vía de comunicación segura, que nos permita atravesar el río y abrir sin problemas la Puerta del Templo. (AM 12)
ARJUNA
El destinatario de la suprema enseñanza brindada en el Gita es Arjuna, uno de los cinco príncipes pandavas, hijo de la reina Kunti al invocar a Indra, rey de los devas.
Arjuna es reconocido a lo largo de toda la epopeya por su notable fortaleza y devoción. En una primera vuelta de llave, apreciamos a Arjuna como el discípulo de Krishna, pero enten-dido más profundamente es el discípulo perfecto y más aún: somos nosotros mismos en el centro del campo de Kurukshetra, dudando y enfrentando a nuestros enemigos, con inten-ciones de cambiar pero sin atrevernos a dar “el gran paso”.
Arjuna es el héroe, la inspiración para todos aquellos que día a día luchan por abrirse paso hacia Hastinapura, combatiendo sin cuartel a los feroces Kurúes.
es-piritual (Individualidad o Tríada Superior) dando consejo a la Personalidad (Cuaternario Inferior), que aún tiene que pulir muchos defectos antes de llegar ante la puerta del supremo templo, en este caso simbolizado por Hastinapura.
En este sentido, Krishna y Arjuna han sido llamados “Naranarayana”, es decir la conjunción de “nara” (el ser humano) y “narayana” (Dios), las dos caras de una misma moneda. Esta conjunción queda más en evidencia aún si vamos al significado de sus nombres: Arjuna
sig-nifica “blanco” y Krishna sigsig-nifica “negro” (muchas veces se lo nombra como “el que es azul oscuro, como el cielo infinito”) y juntos representan la armonía de los opuestos.
Además de ser vistos como “partes de una misma cosa”, en el Gita, Krishna y Arjuna asumen los roles de “Maestro” (Gurú) y “Discípulo” (Chela), por lo cual es interesante repasar esta relación tradicional de Maestro y Discípulo. (AM 2)
Cada uno de nosotros es Arjuna, pues cada ser humano es un guerrero en sueños que debe despertar de su letargo, entrenarse cuidadosamente para la guerra y avanzar decidido al campo de batalla para recuperar la ciudad de la Sabiduría, Hastinapura. (AM 13)
ARQUERÍA
El simbolismo del tiro con arco siempre nos remite al camino espiritual y a “alcanzar el centro”. Esto puede ser visto desde diferentes ángulos, pero en relación a lo anteriormente expuesto, podemos recordar que la palabra griega que se usaba para “pecado” era “hamartia” que significa justamente “no dar en el blanco”. De este modo, “pecar” es “errar al blanco”, gastar energías vitales en algo que no nos sirve para alcanzar el objetivo único.
Confucio señaló que “en la práctica del tiro con arco hay algo que se parece al principio que guía la vida de un hombre moral. Cuando el arquero no da en el centro del blanco, se vuelve y busca la causa de su fracaso en sí mismo”, mientras que Suzuki comenta que “el arquero pier-de conciencia pier-de sí como persona empeñada en dar en el blanco que tiene ante su vista; y este estado de “inconsciencia” se cumple cuando, absolutamente vacío y libre de sí, se vuelve uno, indivisible, con el arte de su destreza técnica, aunque haya en él algo, de un orden totalmente
diferente, que no puede ser aprehendido a través de ningún estudio progresivo del arte”. (…) La práctica del tiro con arco se resume en tres pasos: TENSAR-APUNTAR-DISPARAR, las mismas tres instancias de la ascesis heroica:
a) Tensar: reunión de fuerzas, preparación, esfuerzo inicial.
b) Apuntar: disciplina, canalización de las energías hacia un objetivo único. c) Disparar: dejar que la Ley se cumpla.
La etapa de “apuntar” busca encontrar un camino invisible entre el arco y el blanco. Hay miles de caminos erróneos para llegar al blanco y uno solo correcto. Por esta razón, esta bús-queda consciente de una vía no evidente está fundamentada en el discernimiento, en el reco-nocimiento de los caminos equivocados para descubrir el único camino verdadero. (AM 4)
ASCESIS
Las escuelas tradicionales nos hablan de cuatro tipos de pruebas iniciáticas vinculadas a los cuatro elementos: Tierra, Agua, Aire y Fuego, ordenadas de lo más denso a lo más sutil. A los efectos prácticos, estos elementos se relacionan con los vehículos del cuaternario: cuerpo físico, cuerpo vital, cuerpo emocional y mente de deseos.
Toda la Ascesis Iniciática está subordinada a esta base cuaternaria, pues contempla los di-versos aspectos del desarrollo humano: físico, vital (o pránico), emocional y mental, que se complementan y reúnen en torno al “quinto elemento” de naturaleza espiritual (éter o quin-taesencia). (AM 9)
El camino ascético o preliminar es común a todas las corrientes y se fundamenta en la puri-ficación de los vehículos (físico, vital, emocional y mente de deseos), pero en un momento de la peregrinación, el discípulo debe elegir una vía de conexión tradicional con un modelo a seguir (Ishtadeva). (AM 11)
La Ascesis Iniciática puede también ser llamada “alquímica” porque no habla de otra cosa que de este proceso de disolución y coagulación, en ocasiones llamado “alineación”, donde los venenos de los dragones de los cuatro elementos son contrarrestados con precisos antí-dotos. (AM 15)
ASTROLOGÍA
El hombre primordial vivía en íntima comunión con el cosmos y en la contemplación serena de los astros del cielo aprendió las leyes del Universo.
A través de la paciente observación de los planetas y las estrellas, los sabios de la Tradición Perenne descubrieron ciclos y ritmos, comprobando experimentalmente su influencia en su propia vida. La disciplina fundamentada en las correspondencias del Cielo y la Tierra fue
llamada por los antiguos “astrología”, la cual tenía como punto de partida el axioma arcaico: “Así como es arriba es abajo”, corazón de todo el pensamiento hermético”. (AM 6)
Véase además: Zodíaco
ATARAXIA
El hombre que logra situar su conciencia por encima del placer y el dolor es inmutable y po-seedor de una virtud discipular llamada “Titiksha” (fortaleza), semejante a la ataraxia de los estoicos, la cual no es otra cosa que “ausencia de turbación” o “tranquilidad del Alma”.
La fortaleza consiste en ser ecuánime ante el par de opuestos, enfrentar con visión clara los embates de la ilusión y la impermanencia. Ver más allá de lo evidente para hacer frente a los sinsabores de la vida. (AM 5)
AVATARA
[Krishna] no es solamente un humano más consciente. Es más que eso: es un AVATARA, es decir un enviado, la imagen visible del Absoluto (Brahman).
Al hablar de un avatara estamos refiriéndonos a un ser arquetípico o una entidad suprahu-mana que se presenta ante los diversos pueblos bajo diferentes nombres, manifestado perió-dicamente en carne y hueso a fin de cumplir una misión específica en un período histórico concreto y un entorno geográfico en particular.
Algunos avataras que podemos reconocer son: Krishna, Rama, Hermes (Thoth entre los egip-cios), Zoroastro, Buddha, Cristo, Orfeo, Quetzalcóatl, Viracocha, Mahoma, etc. Todos estos personajes no son otra cosa que un “descenso” de la divinidad a una manifestación temporal, la encarnación humana de una entidad de naturaleza suprahumana, un principio espiritual. El término sánscrito “avatara” significa “el que desciende” y en el caso de Krishna su “des-censo” es explicado por él mismo en el Bhagavad Gita: “Cuando el deber (dharma) declina, ¡oh Bharata!, y cobra bríos la iniquidad (adharma), entonces Yo renazco. Para proteger a los buenos, confundir a los malos y restaurar firmemente el orden (dharma). De edad en edad renazco Yo con este intento” (Gita 4:7-8). La tradición oriental ve en Krishna a uno de los diez avataras del dios Vishnú, el preservador. Éste se había manifestado anteriormente como Matsya, Kurma, Varaha, Narasimha, Vamana, Parashurama y Rama, después de Krish-na como el señor Buddha y –según las fuentes clásicas– se manifestará al fiKrish-nal del Kali-yuga o en el período crepuscular (es decir, en el intervalo entre la edad de hierro y la edad de oro, que nosotros llamamos “período Z”) como “Kalki”, el último avatara.
Alain Daniélou explica que “cuando hay duda sobre la continuidad de la tradición iniciática y por tanto sobre la validez de los ritos, el dios Vishnú, que asegura la continuidad del mundo,
se encarna y vuelve a poner en orden la tradición utilizando los elementos sobrevivientes”) y de acuerdo con Swami Prabhupada, “Krishna desciende específicamente para restablecer el verdadero propósito de la vida, cuando el hombre olvida su propósito”. (AM 2)
Hay varias versiones de [la] cadena avatárica. La que mostramos es la que aparece en el Garuda-purana. También es importante señalar que existen varias clasificaciones de estos “avataras”. La versión india tradicional habla de seis clases de avataras: los Purusha avataras, los Lila avataras, los Guna avataras, los Manvantara avataras (o de Manú), los Yuga avataras y los Shaktyavesha avataras. Una versión más nueva surgida del tronco teosófico habla de ava-taras de Manú (o manusíacos), del Maha-Chohan (o mahachohánicos) y del Boddhisattva (o boddhisáttvicos). (AM 2)
BHAGAVAD GITA
La epopeya del Mahabharata habría sido compuesta entre los siglos VII y VI a.C. y contiene unos 90.000 versos, lo cual la convierte en la epopeya más extensa de todas las conocidas. En el medio de esta obra (y actuando como el “nudo” de ella) se encuentra el texto espiritual más famoso de toda la tradición oriental: el Bhagavad Gita. Su nombre significa “Canto del Señor” o “Canto del Espíritu”, ya que comúnmente no se lee sino que se canta, aunque en oc-cidente –al menos los que desconocemos la lengua sánscrita– tengamos que conformarnos con su lectura. Que el Gita sea una canción deja en evidencia que no está dirigido a la mente racional sino a nuestro Yo más alto.
Los Maestros aseguran que el Bhagavad Gita es la esencia de los Upanishads y en ocasiones recibe el nombre de Gita-upanishad o Yoga-upanishad, dando a entender que posee la mis-ma jerarquía que los otros Upanishads. Dado su valor sintético y trascendente, también es conocido como “el Upanishad de los Upanishads” y se le considera la “quintaesencia de los Vedas”. Considerado desde la interpretación más elevada, el Bhagavad Gita recibe el nombre de “Atma-Gita” (“el Canto del Ser” o la canción de nuestra naturaleza divina). (AM 1)
Véase además: Vyasa
BHAKTI MARGA
Bhakti-yoga es la vía de unión con la divinidad a través de la devoción, de la entrega absoluta a Dios, la cual comienza en el Amor y termina en el Amor. La mayoría de los espiritualistas concuerda que Bhakti es la vía más fácil de los tres “Marga” ya estudiado, pues no precisa de bagajes intelectuales: hasta el ignorante más iletrado puede recorrer el sendero a la cumbre sin haber leído ni una página sagrada y aún sin saber leer ni escribir. La única condición para recorrer el Bhakti-Yoga es abrir el corazón a Dios.
hablan-do de un Amor profunhablan-do y completo hacia un Dios personal, que los inhablan-dos llaman “Ishvara” y que adopta muchas formas.
Teniendo en cuenta esto, y para comprender la naturaleza del Bhakti Yoga, es preciso repasar primero la noción de la divinidad que enseñan las escuelas indas. (AM 11)
BIBLIA
La Biblia es un tratado de Alquimia Espiritual y en sus líneas está escondido el magno secre-to de la Gran Obra. Este magnífico libro tradicional no nos habla de viejas hissecre-torias y perso-najes olvidados, sino que nos está hablando de lo que está sucediendo aquí y ahora DENTRO DE NOSOTROS.
Mientras que los profanos y los materialistas observan en la Biblia contradicciones, hechos controversiales, cronologías dudosas y afirmaciones pseudo-científicas, los discípulos e ini-ciados contemplan en ella un magnífico “mapa del tesoro”, pletórico de pistas certeras que indican el camino al Árbol de la Vida, que nos ofrece el fruto más preciado: el de la REIN-TEGRACIÓN. (AM 14)
BRAHMAN
Detrás del aparente politeísmo de la tradición india y de la diversidad de dioses, semidioses y deidades de todo tipo, subyace un único Ser: Brahman, el Uno sin segundo.
Sin embargo, el intelecto finito y limitado del hombre no tiene posibilidad de comprender este Brahman infinito, abstracto e inalcanzable, por lo cual los indos contemplaron dos as-pectos de este Ser:
a) Nirguna Brahman (sin cualidades o Parabrahman) b) Saguna Brahman (con cualidades o Ishvara)
Tal como señala el Ramatapaniya Upanishad: “El Brahman es pura Conciencia, sin partes, sin forma. Para ayudar al devoto en sus esfuerzos, se le atribuyen símbolos y cualidades”. Los místicos concibieron a esta faceta de Brahman “con cualidades” como Ishvara, un primer intento por comprender lo incomprensible. En palabras de Vivekananda: “Todo es Brahman, el Uno sin segundo; sólo que Brahman como unidad o absoluto, es demasiada abstracción para poder ser amado y adorado; por eso, el bhakta elige el aspecto relativo de Brahman que es Ishvara, el Gobernante supremo. (…) Ishvara es la más alta manifestación de la Realidad Absoluta, o en otros términos, la más elevada interpretación que la mente humana pueda dar de lo Absoluto”.
el Uno sin segundo en conexión con lo fenoménico. En ocasiones, los instructores espiri-tuales ejemplifican esto con la imagen de un diamante, que muestra varias caras diferentes pero que –visto en perspectiva– puede apreciarse como una unidad. Algunos adoradores se sienten más a gusto rindiendo honores a una de sus caras (Shiva, por ejemplo), mientras que otros prefieren otra de las caras (Vishnú), aunque en el fondo están adorando al mismo Ser. Todas las religiones que hablan de un “Dios”, en verdad hacen referencia al mismo Ser ma-crocósmico con atributos luminosos. Es el “Dios es Amor” de los cristianos, el Sat-Chit-Ananda de la tradición india, e incluso puede ser vinculado a las cualidades postuladas por los clásicos: lo Bueno, lo Justo y lo Bello.
Ishvara no puede ser el “segundo” después del Brahman porque sabemos que éste es el “Uno sin segundo”, por lo cual no hay nada por fuera, ni por debajo, ni por encima de él.
Como la comprensión de Ishvara también se muestra extremadamente elevada para el in-telecto humano, en ocasiones se lo concibe como una Trinidad o Tríada, que en la India es
conocida como la “Trimurti”, constituida por Brahma (el creador), Vishnú (el conservador) y Shiva (el destructor). (AM 5)
BRAHMAN Y ATMAN
Si Brahman es mostrado como un enorme fuego, el ser humano es portador de una minús-cula parte de ese fuego en su interior, la chispa divina: Atman.
Atman y Brahman no son diferentes, sino que son exactamente de la misma naturaleza, el microcosmos y el macrocosmos. En otras palabras, Atman no es una parte de Brahman sino que ES Brahman, por eso el ser humano tiene el derecho legítimo de decir “Yo soy eso” y no “Yo soy parte de eso”. Somos ESO.
Los indos conciben al Brahman como Sat-Chit-Ananda, que significa: Sat (ser absoluto), Chit (conocimiento absoluto) y Ananda (felicidad absoluta), por lo tanto Atman también es Sat-Chit-Ananda. (AM 5)
BRUJERÍA
La brujería funciona en los planos metafísicos a través de las llamadas “formas de pensa-miento”. Recordemos que, según las enseñanzas esotéricas, cada pensamiento genera una forma compuesta por materia astral y mental y esta forma se puede enriquecer, agrandar o simplemente desvanecer.
Los magos o quienes saben usar esta energía hábilmente fundamentan su arte en la polaridad VOLUNTAD-DESEO, mientras que los hechizos y las brujerías funcionan solamente con las personas que tienen MIEDO o DUDAS. (AM 16)
CADENA DE ORO
La cadena áurea no es otra cosa que la transmisión de un conocimiento primordial, de ca-rácter sagrado, un legado trascendente que todos los nobles viajeros hemos recibido de los antiguos. Para formar parte de este linaje no es necesario pagar grandes sumas de dinero, ni ser parte de una élite, sino que simplemente se precisa amar la sabiduría y tener intenciones puras. (AM 8)
Existe una “cadena áurea” a través de la cual ha sido transmitido el conocimiento primordial de generación en generación. Esta sucesión ininterrumpida de maestros y discípulos, en la India se llama “paramparã” (etimológicamente “uno después del otro”).
La misma sucesión discipular que describe Krishna: Vivashvân (Surya), Manú, Ikshvaku, los Rajarshis y su línea discipular, puede encontrarse en Occidente en la cadena de oro de
Hermes Trimegisto o en el linaje del Grial, que parte de Adán y continúa con Set, Enoch, Melquisedec, Matusalén, Lamech, el Rey Salomón, Cristo, José de Arimatea, los reyes pes-cadores, los caballeros del Rey Arturo y los Templarios.
La cadena tiene varios nombres: “paramparã” según los indos, “shelsheleth” para los cabalis-tas hebreros, “silsilah” para el Islam, etc. No obstante, en todos los casos, la idea subyacente a estos linajes es que todas las líneas discipulares son paralelas y que tienen un mismo punto de origen, que es divino y suprahistórico. Por esta razón se habla de una “Tradición Primordial”, que es el origen y el eje doctrinal de todas las escuelas sapienciales de Oriente y Occidente. De acuerdo con René Guénon, todos los eslabones de la cadena están estrechamente conec-tados entre sí y reciben una influencia espiritual que proviene del centro primario, el cual “está fuera y más allá de la humanidad”, es decir “in illo tempore”, como diría Mircea Eliade, o sea en la edad de oro primordial. (AM 10)
El conocimiento primordial que se transmite de generación a generación, de boca a oído, por la cadena de oro (paramparã) es llamado “Jnana”, que puede traducirse perfectamente como “Gnosis”, pues se refiere a un saber fundamental vinculado al desarrollo de la conciencia y no a meras especulaciones teóricas. (AM 10)
CAÍDA
En verdad, toda la ciencia iniciática se fundamenta en esta “caída” y en la necesidad de regre-sar a ese Edén primordial para alcanzar la re-integración, la re-unión con lo sagrado que se alcanza simbólicamente en el centro del laberinto o en la cumbre del monte Olimpo, como hemos estudiado en las monografías del programa. (AM 2)
El fin de esa época paradisíaca mediante una ruptura o una precipitación a la materia, en un evento conocido como “la caída”. Esta separación y el alejamiento gradual de este centro pri-mordial origina una “nostalgia” del paraíso perdido que en la estructura del viaje del héroe puede ligarse con la “llamada”. (AM 10)
La Tradición afirma que –en el tiempo primigenio o Edad de Oro– el ser humano vivía en paz y en comunión con la Divinidad, pero también nos revela que ese estado idílico final-mente se quebró en un suceso que usualfinal-mente es llamado “la caída” y que los occidentales conocemos bien a través de la Biblia (Génesis 3:21-23), cuando Adán y Eva son expulsados del Edén.
La nostalgia del Paraíso Perdido no es exclusiva del judeo-cristianismo sino que puede con-siderarse una enseñanza universal, común a todos los pueblos del globo, una reminiscencia de un pasado remoto que puede rastrearse tanto en Oriente como en Occidente. (AM 18) Adán simboliza a una humanidad metafísica (no encarnada) que vivía en perfecta comunión
con la Divinidad y en un “estado primordial”, que se quebró con la expulsión del Paraíso pro-vocada por comer el fruto del Árbol del Bien y del Mal. (AM 19)
CANTO DEVOCIONAL
Las canciones devocionales con letras inspiradas que hablen de Dios, de la magnificencia de la creación y de las pruebas del sendero, nos impregnan de santidad y nos hacen entrar en comunión con arquetipos sagrados. Cuando cantamos “Hazme instrumento de tu paz”, por ejemplo, estamos logrando que Francisco de Asís cante a través de nosotros y es posible entrar en común unión con el espíritu del santo italiano. (AM 10)
CARIDAD
Ante la separatividad y el egoísmo, los filósofos sostienen el necesario retorno a la Unidad Primigenia, postulando que el antídoto para la fragmentación es la Caridad, el Amor más puro, el único que puede brindar cohesión a todos los esfuerzos individuales.
Según la Real Academia, la caridad –como virtud teologal– “consiste en amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a nosotros mismos”, por eso ésta no es una limosna sino Amor en acción. En otras palabras: la solución a la crisis de la humanidad siempre ha estado
ahí, a mano, en la forma de la regla de oro, reconocida por todas las corrientes tradicionales: “Ama al prójimo como a ti mismo”.
Este es el enunciado capital de la Caridad y significa desechar el exclusivismo, el odio, la in-tolerancia, el prejuicio, el derrumbe de todas las barreras en favor de un Amor más puro, el Amor consciente.
Luego de hablar y teorizar durante siglos sobre el Amor, ha llegado el tiempo de amar. Y amar es, simplemente, comprender la Unidad en la Diversidad y vivir en consecuencia. (AM 14)
CARIDAD, PRINCIPIO DE
Más allá de las diferentes claves para entender las enseñanzas escondidas en los textos, hay un PRINCIPIO que es fundamental a la hora de sumergirnos en el estudio de los textos sa-cros. Se trata del “Principio de Caridad”, el cual establece que “cualquier interpretación que disemine el odio o desdén es ilegítima”.
En palabras de Agustín de Hipona: “Tenemos que mediar en lo que leemos, hasta que en-contremos una interpretación que tienda a establecer el reino de la caridad. La Sagrada Es-critura solo enseña caridad, solo condena la codicia, y de esta manera modela las mentes de los hombres. (…) Por lo tanto, quienquiera que crea que entiende la divina Sagrada Escritura o alguna parte de ella que no se base en el doble Amor a Dios y a nuestros vecinos, no la entiende en absoluto. Quienquiera que allí encuentre una lección para la construcción de la caridad, aunque no haya dicho lo que el autor aparentemente haya pretendido decir en ese lugar, no ha sido engañado”.
Dicho de otro modo: toda la literatura espiritual promueve el Amor entre los hombres y si no lo hiciera deberíamos –en primer lugar– revisar nuestra interpretación de los pasajes que se contrapongan a este principio. Si “Dios es Amor” (“Deus Caritas Est”) entonces todo lo que provenga de Dios debe estar empapado de Amor, no de Odio. Aunque le agreguemos toneladas de literatura y comentarios, todo el Sendero Espiritual se resume en este sencillo principio: el Amor.
La caridad es la piedra de toque del diálogo interreligioso y del pensamiento universalista, logra condensar todas las doctrinas supuestamente distintas en un solo enunciado: “Dios es Amor”, lo cual nos conduce inexorablemente a la regla de oro: “Ama al prójimo como a ti mismo”.
Si el Amor es el eje interpretativo de las escrituras, deberíamos descartar de un plumazo to-das aquellas lecturas que fomenten la guerra, los nacionalismos, el racismo, el clasismo, las divisiones y toda forma de intolerancia y discriminación.
Para concluir, quiero citar un pasaje muy lúcido de la investigadora Karen Armstrong: “Una exégesis basada en el “principio de caridad” sería una disciplina espiritual muy necesaria
en nuestro mundo roto y fragmentado. La Biblia corre el peligro de convertirse en una car-ta muercar-ta e irrelevante; se está tergiversando con reivindicaciones acerca de su infalibili-dad literal; los fundamentalistas seculares la están ridiculizando (a menudo injustamente); también se está convirtiendo en un arsenal tóxico que alimenta odio y polémica estéril. El desarrollo de una hermenéutica más compasiva podría proporcionar una contranarrativa, importante en nuestro mundo disonante”. (AM 13)
CERDO, SIMBOLISMO DEL
El cerdo, al ser observado en su hábitat fangoso, comiendo desperdicios y despidiendo aro-mas fétidos, siempre ha simbolizado la grosería, la materia más burda y la tendencia a lo terrenal. Por esto, los antiguos egipcios, los musulmanes y los judíos prohibieron la ingesta de la carne de puerco: “Y el cerdo (…) será inmundo para vosotros. No comeréis de su carne ni tocaréis sus cadáveres”. (Deuteronomio 14:8) (AM 14)
CIENCIA MATERIALISTA
Al referirse a una “falaz sabiduría”, Krishna está hablando de la “ignorancia ilustrada”, de la seudo-sabiduría que proviene de los sentidos y de lo evidente, de lo meramente físico, de lo que puede medirse, pesarse, escucharse, verse y olerse. Lamentablemente, el edificio de la ciencia contemporánea está construido sobre la piedra fundamental de esta “falaz sabiduría”, que halla su sustento en lo físico y en lo palpalble. Y esto, obviamente, ha repercutido en la cosmovisión de los modernos, que aunque han logrado enormes avances tecnológicos y mé-dicos, a nivel espiritual permanecen en la edad de piedra.
¿Dónde radica el error de la ciencia moderna? Básicamente, en su deliberada negación de cualquier tipo de metafísica, una postura heredada del positivismo de Augusto Comte, que señalaba que el único conocimiento auténtico es el conocimiento científico, descartando de plano otras fuentes de conocimiento, como las de naturaleza espiritual o mística.
La negación y la ignorancia de la identidad divina (el “Yo soy”) establecidas como punto de partida constituyen una barrera infranqueable para la ciencia moderna, que ha sido exitosa en la clasificación de todos los fenómenos físicos (es decir, las consecuencias) pero que no ha logrado encontrar la esencia de la vida, la causa primordial que solamente puede ser hallada por los verdaderos científicos del espíritu: los místicos y los iniciados.
Imaginemos un gigantesco iceberg, donde la Verdad ha sido escondida en su parte más pro-funda. Mientras que los científicos se afanan en explorar hasta el último rincón de la superfi-cie del témpano y algunos más osados se han arrojan a nadar en las cercanías del mismo, los místicos y los iniciados logran aventurarse mucho más allá, sumergiéndose con decisión en lo profundo del mar y buceando hacia las profundidades abisales, donde saben que se halla la Verdad.
Es verdad que, durante el siglo pasado, la ciencia ha avanzado en algunas áreas que podrían llevar a una comprensión integral y metafísica del hombre y del universo, pero si escucha-mos a los portavoces científicos de la modernidad, apreciareescucha-mos en ellos un reflejo fiel de la cosmovisión atea y materialista de la actualidad, negadora de todo fenómeno espiritual. (AM 5)
CLAVES DE INTERPRETACIÓN
Para entrar en comunión e interpretar adecuadamente la intención de los escritores ances-trales de estas obras preciosas y descubrir la maravillosa sabiduría contenida en sus páginas es necesario ser conscientes de que las mismas contienen diferentes claves de interpretación, desde una literal a una metafísica, pasando por otras que se focalizan en los aspectos éticos y psicológicos de los textos. La comprensión de las diferentes claves dependerá en gran me-dida de nuestro nivel de conciencia, pero en todos los casos el esfuerzo no caerá en saco roto y entenderemos lo que necesitemos entender.
En el marco de la tradición cristiana, Orígenes –uno de los Padres de la Iglesia– concibió tres posibles significados para la interpretación bíblica de acuerdo a una visión tricotomita: uno literal o evidente (vinculado al cuerpo o “soma”), otro moral o ético (relacionado al alma animal o “psiqué”, cómo debemos actuar) y un tercero alegórico (supeditado al Alma espiritual o “pneuma”, cómo seguir el camino crístico hacia la reintegración). Al referirse a las escrituras, Orígenes las comparaba con las nueces, diciendo que “amarga es la letra, que es como la corteza; en segundo lugar atraviesas la cáscara, que es la doctrina moral; en tercer lugar hallarás el sentido de los misterios, del que se nutren las almas de los santos en la vida presente y en la futura”.
Para comprender esta idea en relación a la constitución septenaria adjuntamos el siguiente gráfico:
Interpretación Visión tricotomita Visión septenaria
Literal o evidente Cuerpo (Soma) Cuerpo físico Cuerpo vital
Ético-moral Alma animal (Psique) Cuerpo emocional Mente de deseos Alegórico-espiritual Alma espiritual (Pneuma) Mente superior
Cuerpo intuicional Yo espiritual (Atma)
En el siglo XIX, la teósofa rusa Helena Petrovna Blavastky declaró en sus obras que existen siete claves de interpretación para todo símbolo o escritura alegórica, las cuales fueron des-critas por Jacob Bonggren con sus respectivas sub-claves:
Claves mayores Claves menores 1. Espiritual 1. Astronómica 2. Astrológica 2. Geométrica 3. Metafísica 3. Numérica 4. Antropológica 4. Real-mística 5. Geométrica 5. Alegórica 6. Psíquica 6. Moral 7. Fisiológica 7. Literal
Sin haber sido explícita en el uso de estas claves y sin otros testimonios que respalden sus afirmaciones (aún en ámbitos iniciáticos), es prácticamente imposible utilizar con éxito las siete claves de Blavatsky, por lo cual es mejor que el estudiante comience el estudio sagra-do desde una perspectiva trinitaria, como sugería Orígenes, en tres sentisagra-dos: literal, ético y espiritual (metafísico), sin perder de vista los símbolos y alegorías que se presentan en las diferentes obras. (AM 1)
COMERCIO
Tanto el comercio como la espiritualidad son indispensables para una vida armónica en so-ciedad. Como sabemos, el ser humano tiene diversas necesidades que deben ser satisfechas para alcanzar un equilibrio y para lograr esto depende de otras personas que le proveen bie-nes y servicios: los comerciantes. (AM 4)
Como bien dijo Séneca en la antigüedad: “Lo que en un comienzo fue un vicio, se convirtió en una costumbre” y el hombre terminó por acostumbrarse a las malas praxis del mercan-tilismo: en especial el afán de lucro desmedido e inconsciente, enmarcado en un sistema económico insostenible que parece llevarnos a una catástrofe planetaria. Las ideas del rela-tivismo moderno y la noción libertina del “todo vale” terminaron por contaminar al comer-cio, que tomó para sí el lema “todo vale para hacer dinero” (“el fin justifica los medios”, de Maquiavelo). (AM 4)
El comercio siempre existió, en todas las sociedades, desde las más profanas a las más sa-gradas porque en todos los escenarios el ser humano necesitó alimento, ropa, medicinas, e imposibilitado de ser autosuficiente tuvo que depender de otras personas, estableciendo relaciones de intercambio que eran beneficiosas para ambos.
La única diferencia es que hoy en día el comercio ha pasado a ser el “axis mundi” de esta ci-vilización, donde es más usual escuchar hablar del “mercado global” que de una fraternidad mundial. (AM 4)
Otro comercio es posible, pero para lograrlo es necesario erradicar la idea del dinero como motor de la humanidad. (AM 4)
CONOCIMIENTO Y SABIDURÍA
Como vemos, el conocimiento es la comprensión de lo esencial y no significa la acumulación de información o intelectualidad de algún tipo. En palabras de Krishnamurti: “La ignorancia no es la falta de conocimientos librescos. Si no habéis leído las últimas novelas, si no estáis familiarizados con la filosofía del materialismo dialéctico y todo lo demás, esto en sí mismo no significa que seáis ignorantes. Para mí, ignorancia es el no darse cuenta del funciona-miento de la propia mente. La falta de conocifunciona-miento propio es la esencia de la ignorancia. Debido a la pobreza metafísica de las lenguas vernáculas de Occidente, se hace necesario di-ferenciar “conocimiento” de “sabiduría” y las escuelas tradicionales insisten en que la única manera de convertir el conocimiento en sabiduría es mediante la vivencia.
Es trágico que en nuestra civilización contemporánea existan tantos “conocedores” y tan pocos “sabios”, pues los conocimientos modernos tienen como punto de partida a una hu-manidad divorciada de la naturaleza, fundamentada en la separatividad y el individualismo extremo, en la percepción (errada) de que cada uno de los seres humanos es una entidad independiente. Mientras no exista una comprensión de la unidad en la diversidad, seguirá existiendo un abismo entre el conocimiento y la sabiduría. (AM 10)
CONSTITUCIÓN HUMANA
En el mapa de nuestra constitución interna es posible distinguir dos secciones claramente diferenciadas: una mortal (la personalidad, compuesta del cuerpo físico, cuerpo vital, cuer-po emocional y mente de deseos) y otra inmortal (la individualidad, compuesta de la tríada Atma-Buddhi-Manas). En verdad, el “yo” reencarnante es la dupla Buddhi-Manas, que man-tiene un hilo conductor entre las múltiples vidas, a su vez que Atma, la Voluntad Pura, Dios en Nosotros, simplemente ES. (AM 5)
Todo esquema septenario tiene como base un esquema trinitario, por lo cual ambas concep-ciones no son antagónicas sino complementarias. En otras palabras: el sistema septenario deriva del trinitario. Helena Blavatsky, una de las principales defensoras de un sistema sep-tenario aseguraba que: “En el hombre sólo hay tres upâdhis (bases); pero sobre ellas pue-de consipue-derarse, cualquier número pue-de koshas (envolturas) y aspectos, sin menoscabo pue-de la armonía del conjunto (…) aunque para más clara comprensión de su naturaleza trina (en líneas generales) se divida el hombre en grupos cuyo número varía según el sistema, siempre resultan idénticas la base y la cúspide de esta división”.
b) Aunque en algunos escritos se insinúan esquemas séptuples, en verdad la tradición occi-dental no ha sido nunca septenaria sino trinitaria o tricotomita. Teniendo en cuenta esto, y sin perder de vista las versiones orientales, debemos considerar como válido al esquema tri-cotomita, para lo cual es muy útil trazar un paralelismo entre ambos sistemas, el cual puede resumirse de esta manera:
CUERPO (Corpus, Soma) abarca el cuerpo físico y el cuerpo pránico o vital del sistema sep-tenario.
ALMA ANIMAL (Anima, Psyché) abarca el cuerpo emocional y la mente de deseos.
ALMA ESPIRITUAL o ESPÍRITU (Spiritus, Pneuma) contempla la porción divina en noso-tros (Atman, voluntad pura) y sus vehículos auxiliares (Buddhi y Manas). (AM 13)
CRISTIFICACIÓN
Mediante el proceso alquímico el plomo se refina, se purifica, para convertirse finalmente en un metal perfecto: el oro que es el mismo Sol solidificado o bien la Luz convertida en materia. En lenguaje esotérico este pasaje se llama “cristificación”, y permite al profano –incoherente, sin propósito, prendado de la ilusión de la separatividad, con una conciencia fragmentada– transformarse en iniciado. (AM 14)
CRISTO MÍTICO
Para comprender el sentido oculto de la Semana Santa y su significado íntimo en nosotros, debemos antes que nada diferenciar al Jesús Histórico del Cristo Mítico, el “Iniciado
Perfec-to” de carácter supra-histórico, un modelo a seguir. En este sentido, toda su vida puede ser considerada un “drama místico” donde se revelan las cinco Iniciaciones o portales que debe atravesar todo discípulo en su camino a la Iluminación. Estos cinco mojones del Sendero Crístico son los siguientes:
1) Nacimiento la cueva de Belén (Tierra) 2) Bautismo en el río Jordán (Agua)
3) Transfiguración en la cima del monte Tabor (Aire) 4) Crucifixión en el Gólgota (Fuego)
5) Ascensión final (Éter).
Por lo tanto, la vida misma del Cristo representa el sendero a recorrer por cada uno de noso-tros. Así se entiende la declaración evangélica: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Juan 14:7) y la invitación del Cristo a seguir su ejemplo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mateo 16:24). (AM 3)
DAIMON
Véase: Ángel de la guarda
DANZA
Toda danza sagrada primordial era concebida entonces como un “espejo del firmamento”, una forma válida de establecer una conexión con la Fuente Primordial a través de un cuerpo en movimiento y una mente serena.
No es raro que –aún hoy– los bailarines experimentados afirmen que la danza sagrada es una “meditación en movimiento” o bien hablen de una “oración corporal”, donde el parloteo de la mente racional se va diluyendo poco a poco al mismo tiempo que el ejecutante accede a estados de conciencia superiores.
Tal vez por esto, el gran místico Rumi (1207-1273) decía: “Varias son las sendas que condu-cen a Dios y yo he elegido la senda de la danza y de la música”, y su ejemplo fue perpetuado por las escuelas de los derviches, que consideran que todo en el cosmos danza (samâ) al son de una melodía trascendente, desde los átomos a los planetas, y por eso danzar es trascender para participar del movimiento universal. (AM 18)
Como disciplina artística, la danza nos invita a CONTEMPLAR (“mirar lejos” o “ver más allá”), y puede considerarse un vehículo de conciencia a través del cual es posible encarnar la BELLEZA, por encima de los estímulos sensoriales.
sino una forma activa de oración y meditación, y también es un ritual para la conexión divi-na, una vía virtuosa para despertar la conciencia y avanzar hacia la reintegración. (AM 18)
DESEO
Todo el sistema mercantil occidental se fundamenta en la satisfacción de los deseos, en la búsqueda enfermiza del “confort”, en darle rienda suelta a nuestros caprichos individuales, en el lema cortoplacista “úselo y tírelo”, teniendo como única meta el placer e identificándolo erróneamente con la felicidad. (AM 4)
En un documental imperdible de la BBC llamado “El siglo del yo”, un banquero norteame-ricano declara sin vergüenza: “Debemos [pasar] de una sociedad de necesidades a una de deseos. La gente debe ser entrenada para desear, para querer comprar cosas nuevas, incluso antes de que las viejas hayan sido enteramente consumidas. (…) Debemos moldear una nue-va mentalidad en la que los deseos del hombre deben eclipsar sus necesidades.
Con esta premisa insensata (es decir: colocar al deseo como eje existencial) no hay planeta ni humanidad que puedan sobrevivir, porque es bien sabido que los deseos nunca se satisfacen completamente sino que generan nuevos deseos. Buddha lo dijo hace miles de años: “la cau-sa del sufrimiento es el deseo” (trishna, literalmente “sed”) y –por esta razón– el Iluminado predicó a sus discípulos la importancia de erradicar los impulsos derivados de la ilusión. Una civilización que tenga como motor al deseo quedará atada inexorablemente a la
dicoto-mía placer-dolor, imposibilitando toda trascendencia espiritual, por lo cual solamente quie-nes puedan emanciparse de esta dualidad ilusoria podrán despertar la conciencia. (AM 16)
DHARMA
La palabra “Dharma” es intraducible en nuestro idioma pero puede ser entendida como “orden”, “ley”, “propósito” o “deber”, y es uno de los conceptos capitales del hinduismo. El “svadharma” o sea el “dharma personal” es nuestro deber, nuestro propósito vital. Toda des-viación de este deber provoca karma y nos mantiene aferrados a la rueda de los nacimientos y muertes. Por eso la comprensión del sendero iniciático pasa por entender también el signi-ficado último del “dharma”. (AM 1)
La Tradición señala que toda acción generada con deseo (apego) genera Karma, por lo cual se hace necesario realizar acciones dhármicas donde no haya un encadenamiento causal entre el actor y el producto de la acción. Toda acción, aún las más triviales (comer, jugar, tra-bajar, caminar, etc.), pueden servir para la perpetuación de nuestra condición de prisioneros o –por el contrario– servirnos de trampolín para impulsarnos hacia la liberación.
La acción realizada de acuerdo a este modelo se denomina “recta acción” y la ausencia del elemento egoico (el “yo”) es el que permite que toda la acción sea “recta” y que el “trabajo” sea sagrado (sacro oficio). Esta desaparición del encadenamiento egoico recibe el nombre de “Dharma”.
Toda acción tiene una manera correcta de llevarse a cabo, de forma pura, correcta y recta. Por esta razón, señala Antonio Medrano que “hasta el más ínfimo de nuestros actos de la vida cotidiana debería acomodarse al arquetipo modélico de la recta acción. (…) Ya se trate de pensar sobre algo, de decir alguna cosa –de palabra, por escrito e incluso por gestos– o de hacer algún trabajo, tenemos que asegurarnos de que eso que estamos haciendo o que vamos a hacer se hace de la manera correcta”.
Un dicho popular señala que “el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones” y esto es absolutamente cierto, ya que el hombre dormido muchas veces hace el mal intentan-do hacer el bien ya que carece de una visión clara y diáfana que le permita ver más allá de lo evidente. Como primera condición para ser un verdadero canal del “Bien”, el hombre debe despertar. Y así pueden entenderse las palabras de San Pablo: “Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo. De hecho, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero”. La única acción que no genera karma es la “recta acción” donde no existe una intenciona-lidad y donde se busca hacer lo justo, en el momento preciso y de la manera correcta. La acción incorrecta está viciada de torpeza y miopía, mientras que la acción recta es transpa-rente, armónica y –sobre todo– liberadora.
reco-nocer qué es lo correcto y qué es lo incorrecto. Esto es cierto, por lo cual debemos trabajar constantemente, día a día, para escapar de la caverna de la ilusión a fin de “despertar”.
Sea cual sea nuestra condición, es posible mejorar las condiciones futuras a través de nues-tras acciones actuales. (AM 1)
Karma y Dharma están indisolublemente ligados, ya que para escapar de la prisión del Kar-ma necesitamos encontrar la llave del DharKar-ma, y ésta se consigue a través de la recta acción. (AM 9)
Hay una ligazón indisoluble entre la reintegración a nivel individual y la restauración a nivel comunitario, es decir entre el propósito de cada ser humano y de la humanidad como un todo. Por esta razón, si cada ser humano se dedicara a cumplir con su Deber (Dharma) esta-ría contribuyendo al cumplimiento del Dharma comunitario. Así puede entenderse la frase: “la caridad empieza por casa” porque es en las pequeñas acciones cotidianas donde comien-za a gestarse un mundo nuevo y mejor. En cada charla, en cada compra, en cada esfuerzo, estamos optando por perpetuar este sistema caduco o por modificarlo desde sus cimientos. (AM 9)
Véase además: Recta acción
DIABLO
Este personaje temible no es otra cosa que la personificación de nuestros propios demonios interiores, es decir que constituye la reunión de todos los impulsos internos que nos empu-jan a abandonar la senda hacia la reintegración. Etimológicamente “diábolos” (διάβολος ) quiere decir ”adversario” o “enemigo” que, a su vez, deriva de “día-ballö” (διαβάλλω): dividir. Chevalier asevera que “el diablo simboliza todas las fuerzas que turban, oscurecen y debilitan la conciencia y determinan su regreso hacia lo indeterminado y lo ambivalente: centro de noche, por oposición a Dios, centro de luz. El uno arde en un mundo subterráneo, el otro brilla en el cielo”.
Siendo así, la dualidad divino-demoníaco puede ser hallada en todas las tradiciones ini-ciáticas, en diferentes oposiciones: luz-oscuridad, vigilia-sueño, conciencia-inconsciencia, centro-periferia, unidad-diversidad, etc.
“Demon est Deus Inversus” dicen los antiguos: “El Diablo es Dios invertido” y este concepto aparece en muchas ceremonias iniciáticas donde, en un marco ritualístico, se afirma solem-nemente que “las tinieblas son la ausencia de la luz”.
Así como el Dragón es concebido en el entrenamiento iniciático como cuatriforme (cuatro dragones que son uno solo, vinculados al cuaternario que conforma la personalidad), el
De-monio, el máximo adversario, está constituido por cuatro fuerzas elementales o principados. (AM 9)
DINERO
El dinero es un medio, no un fin. Es una energía, es un símbolo. Mientras se insista en colo-car a éste por encima del Arte, de la Ciencia, de la Religión, de la Política, de la Educación y de la Ética, el ser humano no podrá gestar un mundo nuevo y mejor, cimentado en el altruis-mo y no en el egoísaltruis-mo.
En un mundo así es necesario que reine la prosperidad (la vía virtuosa), por encima de la pobreza y de la opulencia (los extremos viciosos). Verdaderamente, el planeta provee los recursos necesarios para que todos seamos prósperos y que nuestras necesidades sean satis-fechas. (AM 4)
A falta de un elemento integrador, el hombre moderno entronizó al dinero como el único elemento cohesionador entre los hombres, priorizando las unidades mercantiles en detri-mento de las uniones fraternales (Mercosur, Comunidad Económica Europa, Alianza del Pacífico, Mercado global, etc.). (AM 12)
Al elegir en qué invertimos nuestro dinero, a qué empresas damos nuestro aval y a quiénes les quitamos nuestra confianza, estamos decidiendo –cada uno de nosotros– el futuro plane-tario. Esto significa optar por un consumo responsable, que no es otra cosa que elegir pro-ductos y servicios no solamente en función de su calidad y precio, sino también del impacto que causan a nivel ambiental y social.
Cada vez que metemos la mano en nuestro bolsillo estamos optando por la perpetuación de este sistema irracional en el que estamos inmersos o bien por su transformación desde la raíz.
En un mundo bajo el dominio de la tetralogía desintegradora “hedonismo-consumismo-permisividad-relativismo”, es imprescindible recuperar el equilibrio perdido de la mano de la TEMPLANZA, una virtud tradicional que establece un justo medio entre los extremos viciosos.
Del mismo modo que entre la opulencia y la pobreza existe una tercera vía virtuosa llama-da “prosperillama-dad”, entre el derroche y la avaricia también existe una tercera vía que se llama “consumo consciente”. (AM 16)
DISCERNIMIENTO
DISCIPLINA
“Al mismo tiempo que en el mundo moderno se impone por doquier la cultura del “facilis-mo”, las corrientes iniciáticas –por su parte– siempre han propuesto la cultura del esfuerzo, la constancia y la disciplina, el pulido constante de la piedra bruta”. (AM 15)
DRAGÓN, SIMBOLISMO DEL
Todo dragón es una representación de nuestro adversario: el EGO, y este concepto funda-mental de la enseñanza iniciática fue transmitida de diversas maneras por los grandes ins-tructores de la humanidad. Jacob Böehme decía que “el dragón es la egoidad que nos aleja de Dios”, mientras que Antonio Medrano consideraba que “el ego es nuestro peor adversario; el principal obstáculo que impide nuestro avance en la senda de la realización interior; (…) el demonio que, alimentado por la ignorancia, atiza en nosotros la pasión, el vicio y el error. En la tradición judeocristiana este dragón-antagonista es más conocido en Occidente como Satán, que no es un señor caricaturesco con cuernitos, cola y tridente sino un “adversario” poderoso, una fuerza primaria presente en nuestro interior que nos pone a prueba día a día. Todos los impulsos internos que nos incitan a abandonar el sendero de la luz e identificarnos con lo externo, postergando lo verdaderamente importante y sumiéndonos en un profundo sueño, se pueden aglutinar simbólicamente en una sola figura: Satanás, el Diablo, el dragón venenoso. (AM 15)
EDAD DE HIERRO O KALI-YUGA
Las fuentes tradicionales hablan de un tiempo cíclico y también aseguran que estamos en los últimos tiempos del Kali-Yuga (Edad de Hierro), por lo cual puede esperarse un regreso a la edad de oro o Satya-Yuga (Satya=Ser, Verdad) en los próximos 50, 100 ó 500 años. Sería absurdo estipular una fecha exacta cuando las cifras que manejan las escrituras sagradas siempre son simbólicas. Lo que sí es cierto es que esta humanidad alejada de su propósito aún no ha tocado fondo y esa es una condición para que comience a clarear. (AM 10)
De acuerdo a las concepciones tradicionales que venimos analizando, ahora mismo estamos inmersos en la Edad de Hierro, considerada la más corta de las cuatro edades y donde el vi-cio es la regla y la virtud la excepción. En esta época el hombre ha olvidado todo lazo con la Fuente Primordial y vive “hacia afuera”, en función de lo tangible y material, y desdeñando lo metafísico y espiritual.
La nuestra es una civilización suicida, altamente tóxica a todo nivel, que –al divorciarse de la Madre Naturaleza– ha provocado la ruina del medio ambiente. (AM 16)
Esta época fue descrita por Guénon como el “reino de la cantidad” en detrimento de la ca-lidad, donde existe un exceso de información y una escasez de sabiduría. En este reino de la cuantificación el “Tener” ha desplazado al “Ser” y domina la masa, la estadística, la acumu-lación –tanto de dinero y propiedades– como de información.
Este reino de la cantidad es presidido según las fuentes indas por el demonio Kali (¡que no debe confundirse con la diosa Kali!), que es quien intenta detener el inexorable avance de la Luz y la llegada triunfal del último avatara de Vishnú, llamado Kalki. (AM 16)
Para los sikhs, el alejamiento de la Realidad Suprema constituye la Edad Oscura de la huma-nidad en esta tierra, por lo cual si el hombre se decide a caminar hacia la virtud será posible recuperar la Edad de Oro para toda la humanidad. (AM 20)
EDAD DE ORO O SATYA-YUGA
Para la tradición cristiana, el Paraíso Primordial del “Primus Anthropos” es el Alfa y la Nue-va Jerusalén del “Neos Anthropos” (o “Kainos Anthropos”) el Omega pero ambos represen-tan lo mismo: la Edad de Oro o Satya-Yuga. Como elemento de conexión entre estos dos lugares fantásticos aparece el Árbol de la Vida que vuelve a florecer en el centro de la Nueva Jerusalén. (AM 19)
EGRÉGOR
Un egrégor (del griego “egrégoros”, “vigilante”) es una forma de pensamiento grupal o aso-ciada a un conjunto de individuos, una entidad independiente que ha sido gestada, moldea-da y alimentamoldea-da por los pensamientos de un colectivo.
En verdad, cada pensamiento produce una forma energética flotante, generada por la con-junción del vehículo emocional en conjunto con la mente de deseos, por lo cual su contenido es mental y emocional al mismo tiempo. Su duración puede ser mayor o menor dependien-do de dependien-dos factores básicos: la intensidad inicial y la energía que la alimente, mediante la repetición del pensamiento por su propio creador o por otras personas que logren entrar en comunión con la forma de energía.
Cada colectivo humano posee su propio egrégor y esto es tan cierto para las naciones, las religiones, las organizaciones e incluso los equipos deportivos. Los símbolos sirven para dar cohesión al colectivo y constituyen un punto de unión para el fortalecimiento de la forma egregórica.
La frase empresarial de Mc Donald’s: “Ninguno de nosotros es tan bueno como todos tros juntos” puede parafrasearse en relación al egrégor y convertirse en: “Ninguno de noso-tros es tan FUERTE como todos nosonoso-tros juntos”. En la unión radica la fuerza, y esto es abso-lutamente cierto en todos los ámbitos, particularmente en los planos metafísicos. El fascismo italiano representó esta idea con un símbolo marcante tomado del Imperio Romano: el haz de lictores, la unión de 30 varas atadas ritualmente con una cinta de cuero rojo dando forma a un cilindro que sostenía un hacha.
Algunos autores, como J.H. Brennan comparan al egrégor con una “batería de energía psí-quica” que se agota si no es debidamente recargada por los adoradores o prosélitos.
Los egrégores nacen y se fortalecen cuando un colectivo comparte un ideal. El estado de Israel es un buen ejemplo de ello. Dejando de lado los oscuros tejes y manejes de Gran Bre-taña, podemos observar a un colectivo (el pueblo judío), que logró mantener su egrégor vivo durante siglos, el cual se fortaleció cuando un enemigo externo (el nazismo) intentó aniqui-larlo. Esto lo explica bien Mouni Sadhu al señalar que: “Si en el plano físico, los enemigos destruyen los cuerpos de los miembros de un egrégor particular, sus astrosomas fortifican al egrégor en lo astral. Recuerde la persecución de los cristianos por parte de los judíos y pa-ganos en los primeros días de la nueva religión. Los cristianos ganaron la lucha, porque eran
más fuertes en lo astral. He aquí por qué la Iglesia, en esa época, afirmó que “la sangre de los mártires es la mejor semilla de nuevos cristianos”.
Nietzsche decía que “lo que no nos mata nos fortalece” y esto es particularmente acertado en referencia a los egrégores.
Un egrégor finalmente muere cuando: a) Sus adoradores lo abandonan por otro. b) Cuando sus símbolos son destruidos.
c) Cuando sus fieles deciden “modernizarlo” modificando sus reglas y rituales. d) Cuando decae la intensidad de los pensamientos de sus seguidores.
e) Cuando su líder o cabeza visible es atrapado, humillado o asesinado. (AM 2)
Generalmente, todo egrégor posee varios símbolos que utiliza como referencia (uniformes, escudos, banderas, íconos, insignias, animales, etc.) pero entre todos ellos siempre destaca uno de carácter esencial, que actúa como punto de conexión entre sus miembros, al mismo tiempo que sirve de protección y de fundamento.
Históricamente, las guerras visibles son verdaderamente enfrentamientos egregóricos, con-flictos metafísicos que se hacen visibles en el plano más denso. En ellas, cada facción utiliza símbolos “marcantes” como forma de cohesión y centra su jefatura en un líder emergente que personifica al egrégor. El vencedor no solamente debe triunfar en el campo de batalla sino que, para que su victoria sea completa, debe aniquilar los referentes simbólicos del enemigo, incluido su líder. En este sentido, el proceso de Nuremberg (1946) no fue simple-mente fue un juicio a los principales líderes nazis. Fue también un ritual “secular” realizado a propósito en una ciudad emblemática del nazismo, que culminó con el ahorcamiento de la mayoría de los oficiales juzgados. Lo mismo podría decirse del deshonroso cautiverio de Napoléon en las precarias instalaciones de la isla de Santa Elena, un frío y remoto paraje del Atlántico, donde sus carceleros británicos hicieron todo lo posible por humillar al derrotado emperador hasta su muerte en 1821. (AM 2)
ELEFANTE, SIMBOLISMO DEL
al analizar el simbolismo del elefante desde una perspectiva genérica, es necesario señalar otras características:
1) Poder real: Tradicionalmente, el elefante ha sido la montura de los reyes y las divinidades: de Indra, que aparece siempre sobre Airavana, un elefante blanco de tres cabezas, de Saman-tabhadra (el bodhisattva de la virtud universal) y de otras peronalidades divinas de Oriente. En los relatos míticos sobre la concepción de Siddharta Gautama (Buddha) se cuenta que su madre, la reina Maya, fue rozada por la trompa de un elefante, siendo éste el instrumento celestial para dar vida al avatara.
Siendo así, el elefante representa tanto el poderío monárquico como la lealtad al rey más encumbrado, la divinidad misma. Entre los títulos del rey de Siam (hoy Tailandia) uno de ellos es el de “poseedor del elefante blanco” ya que este exótico paquidermo es un símbolo de su poder real. Normalmente, todos los elefantes albinos que se encuentran en este país son obsequiados al rey para que sus decisiones sean más sabias. El actual rey de Tailandia, Bhumibol Adulyadej, tiene en su palacio diez elefantes blancos.
Según contaba José Monlau en 1867: “Prodígase para el servicio de estos seres privilegiados cuanto de más brillante da de sí la magnificencia asiática. Cuídanle ministros y oficiales de elevada categoría, brillan en sus arneses los metales preciosos y las piedras finas, jamás se presentan en público sin guardia de honor y sin que les preceda una música, y su habitación es no menos lujosa que sus arneses. Llevan todos título de reyes, distinguiéndose entre sí por epítetos que deben a su belleza, a su talla o a ciertos rasgos de su carácter”.
2) Amigos de las nubes: Debido a la forma redondeada de su cuerpo y su color gris claro, los elefantes muchas veces han sido relacionados con las nubes. De esta relación surge la idea de los “elefantes alados” que aseguran la lluvia y, por ende, la prosperidad como consecuencia de las buenas cosechas.
Existe una interesante historia india que asegura que inicialmente todos los elefantes tenían alas y podían volar por el cielo. No obstante, en una ocasión uno de estos elefantes voladores descendió de improviso sobre un árbol bajo el cual un sabio realizaba su puja (adoración ritual), rompiendo la rama y destrozando las ofrendas. Como consecuencia de este desastre,
el sabio enfadado imploró a los dioses que quitaran las alas a los gigantes voladores. Y así fue hecho, aunque los elefantes despojados de sus alas pudieron conservar la habilidad de relacionarse con las nubes y atraerlas.
Por extensión a esta habilidad de “atraer” nubes (y, por lo tanto, “atraer” la fertilidad de la tierra), los elefantes han pasado a ser considerados popularmente como símbolos de la atrac-ción de la buena suerte y no es raro encontrar (aún en Occidente) adornos de elefantes que sostienen billetes en su trompa.
3) Actitud sabia: Los simbolistas señalan una serie de comportamientos vitales de los ele-fantes que los hacen actuar sabiamente ante la vida. Por ejemplo, los eleele-fantes son tremen-damente fuertes, los verdaderos “reyes de la selva” en oposición a los leones que usualmente han recibido este título. Sin embargo, no son abusivos ni se aprovechan de su enorme poder. También se dice que el elefante es uno de los pocos animales que no se quedan atrapados en el barro, del mismo modo que los hombres sabios pasan por el mundo sin apegarse a él. El desplazamiento de los paquidermos por la selva es seguro y lento porque saben exacta-mente dónde ir. Su paso cauteloso no interfiere en la vida de los otros animales y ni siquiera aplastan los caminitos de hormigas que encuentra en su recorrido. Sin embargo, al escuchar el llamado de su manada arremeten contra todo y contra todos a fin de responder pron-tamente al grito de sus hermanos. En su poderosa embestida no hay obstáculo que pueda detenerlos. (AM 2)
ERA DE ACUARIO
A fines del siglo pasado surgió el movimiento “New Age” que consideraba a la Era de Acua-rio como una “edad de oro”, confundiendo la era zodiacal con el “Satya-yuga”. Aunque la “New Age” tuvo un impulso inicial genuinamente espiritual, rápidamente se infiltraron en él elementos mercantiles, mesiánicos y fantasiosos que lo contaminaron y le quitaron final-mente toda credibilidad.
En el manifiesto fundacional de este movimiento, titulado “La conspiración de Acuario”, Marilyn Ferguson declaró que “tras una era violenta y oscura, la de Piscis, entramos en un milenio de amor y de luz, la era de Acuario”.
Sin embargo, Acuario no debe considerarse una era de oro sino una encrucijada, un período de transición, una crisis planetaria, una verdadera metanoia donde un mundo viejo tiene que morir –pasar por su “descenso ad inferos”– para que nazca un mundo nuevo y mejor. Y como toda crisis, Acuario es una gran oportunidad, un momento ideal para el entrenamien-to espiritual y el desarrollo consciencial.
Es necesario contemplar la era de Acuario inmersa en el macrociclo del Kali-yuga, la edad de hierro. Siendo así, Acuario constituiría el coletazo final de esta edad de oscuridad e igno-rancia. (AM 17)
ERA ZODIACAL
“Hay un tercer movimiento [de la Tierra] que es el de precesión y que sucede en función de la inclinación del eje de la Tierra: 23,46 grados con respecto a un eje perfecto que se trazara en dirección al Sol. Esta diferencia hace que la Tierra efectúe un movimiento de “trompo” muy lento que dura 25.920 años y que recibe el nombre de “año platónico” dividido en doce “meses platónicos” o eras zodiacales: Aries, Piscis, Acuario, Capricornio, Sagitario, Escorpio, Libra, Virgo, Leo, Cáncer, Tauro y Géminis. Cada una de estas eras dura aproximadamente unos 2.160 años. (AM 17)
ERMITAÑO (ARCANO DEL TAROT)
El noveno arcano del Tarot (el ermitaño) nos muestra la imagen de un Adepto boddhisátvi-co, que sirve de inspiración y guía para todos los discípulos que esforzadamente ponen a dia-rio todas sus energías para abrirse paso hacia la victoria suprema, en la cima de la montaña. La barba blanca del viejo Maestro y su postura erguida en lo más alto, evidencian que ha su-perado con éxito los múltiples escollos del camino hasta alcanzar la meta suprema y que ha decidido volcar toda su experiencia para iluminar a los senderistas. (AM 1)
ESCOBA
La escoba es un objeto que suele pasar desapercibido y subordinado a una tarea doméstica muy simple y monótona: barrer los pisos. Es verdad: su propósito es barrer y quitar la mu-gre de los lugares donde nos movemos y habitamos, por lo cual –en una primera mirada– la primera connotación simbólica de la escoba reside en su sencillez y humildad.
Sin embargo, la remoción de la mugre tiene una segunda interpretación referida a la movi-lización de energías estancadas y fétidas, propiciando una renovación energética. Por esta razón, la antigua disciplina china del Feng Shui coloca al orden y a la limpieza como dos de sus pilares. (AM 11)
Existe un antiguo axioma que señala que “la limpieza se acerca a lo divino”, pues existe una correspondencia directa entre la limpieza y la pureza. Siendo así, la escoba deja de ser un simple instrumento doméstico para convertirse en un canal de purificación.
Por esta razón, los simbolistas cristianos ven en la escoba una herramienta para “barrer el pecado” y en “Post Pentecosten” leemos: “El que barre da vueltas con la escoba a la basura, y ha de dar muchas el pecador sobre sus pecados”. Luis de Granada, por su parte, señala que: “Si alguna vez cayéreis en algún pecado, acudid lue-go a la escoba de la penitencia, para que con este escobajo saludable pur-guéis las manchas contraídas por el pecado. (AM 11)
Para los orientales, la escoba no sola-mente simboliza la humildad y el ba-rrido de lo negativo, sino que es visto como un instrumento para la auto-observación y la vivencia atenta del “aquí y ahora”. En este sentido, Rami-ro Calle nos habla del “yoga de la es-coba” vinculado con la máxima aten-ción enseñada por el Zen: “Cuando como, como. Cuando duermo, duer-mo”. (AM 11)
Para los dormidos, una escoba es una escoba, un instrumento vulgar sin ninguna connotación sagrada. Pero para los que están hollando el camino del despertar, la escoba adquiere un significado mágico y el barrido pasa