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VIRTUDES DISCIPULARES

In document Axis Mundi 22 - Febrero 2015 (página 84-89)

Mientras que Platón observó cuatro virtudes fundamentales (Valor, Sabiduría, Autocontrol y Justicia), el cristianismo histórico estableció siete, dividiéndolas en cuatro cardinales (Tem- planza, Fortaleza, Prudencia y Justicia) y tres teologales (Fe, Esperanza y Amor). Estas siete virtudes se corresponden con el cuaternario inferior y la Tríada Superior, donde la “virtud de las virtudes” (el Amor o la Caridad) se vincula con la Voluntad Pura, Atman.

El Budismo Mahayana contempla seis “perfecciones” o “paramitas”, consideradas como vir- tudes bodhisáttvicas, a saber:

1) Dana (Generosidad) 2) Sila (Moralidad)

3) Ksanti (Paciencia, tolerancia) 4) Virya (Fortaleza)

5) Dhyana (Contemplación) 6) Prajna (Sabiduría)

Más tarde, en el “Dasabhumika Sutra” se agregaron cuatro virtudes más: 7) Upaya-kausala (Pericia en el justo método)

8) Pranidhana (Votos piadosos, determinación) 9) Bala (Poder espiritual)

10) Jnana (Conocimiento)

La tradición de la India –en la cual se enmarca el Bhagavad Gita– nos habla de cuatro cua- lidades discipulares (viveka, vairagya, mumukshutva y satkasampatti) donde se contemplan seis virtudes discipulares (satkasampatti) en el marco de tres caminos (marga) o “yogas” (Bhakti, Karma y Gnana). (AM 7)

Las seis virtudes que nacen de Sattva y que convierten al ser humano en un “sattvika” (un hombre noble, equilibrado y virtuoso) son las siguientes:

a) Shama (Control de la mente): Serenidad, paz interior y control de los pensamientos. b) Dama (Control sensorial): Manejo consciente de los cinco sentidos y de las acciones (ha- bla, movimiento, etc.).

c) Uparama (Cumplimiento del Dharma): Fidelidad a nuestro Propósito.

d) Titiksha (Indiferencia entre el placer y el dolor): Fortaleza, paciencia y superación de la dicotomía atracción-repulsión y los pares de opuestos, con el consecuente alineamiento de la existencia a lo Bueno, lo Justo, lo Bello y lo Verdadero.

e) Samadana (Mente absorta en Dios): Objetivo único y capacidad de concentración en lo verdadero, más allá de las apariencias.

f) Shradha (Fe): Confianza en las enseñanzas divinas y en el Maestro”. (AM 7)

Un librito simple y profundo donde se contemplan las cuatro cualidades y las seis virtudes es “A los pies del Maestro”, una obra escrita por Jiddu Krishnamurti a los 15 años de edad. El joven escritor presentó el esquema discipular con palabras sencillas para que todo el mundo pudiera comprenderlo. (AM 7)

Véase además: Principios Discipulares

VIVEKA (DISCERNIMIENTO)

“Krishna le pide a Arjuna: “contempla a esos kurúes” y debemos entender la palabra “con- templar” (pashya) como un llamado al despertar, a la toma de conciencia, a observar la Verdad detrás de las formas. En pocas palabras, el gurú pide a su alumno que tenga discerni- miento, una facultad de capital importancia en el desarrollo espiritual y que los indos llaman “viveka”.

A través de “viveka” es posible marcar una diferencia entre: • Lo falso y lo verdadero

• Lo aparente y lo real • La diversidad y la unidad

• La gratificación inmediata y lo que lleva a nuestro objetivo último • Lo efímero y lo eterno

• El deseo vulgar y la voluntad (o deseo purificado) • Ser del mundo y estar en el mundo

La falta de discernimiento (aviveka), es decir la incapacidad de “ver” más allá de lo evidente y sensible torna a Arjuna confuso, perdido y lo hace dudar de su propósito.

En una antigua escritura de la India llamada “Viveka Chudamani” (“La joya del discerni- miento”), el famoso Shankara se refiere al discernimiento y señala: “El hombre sabio, dis- criminando entre lo real y lo irreal, reconociendo la Verdad mediante la visión de la Luz Interior, y experimentando su propio Ser que es el Conocimiento Absoluto, se libera de todo tipo de obstrucciones y obtiene la experiencia de Paz absoluta”.

La realidad es la Unidad (Dios, Brahman) y la ilusión es la diversidad (la superficie mun- dana). Por esto, dice el santo Ramakrishna: “Sólo Dios es Real, la Eterna Sustancia; todo lo demás es irreal, es decir, impermanente. Discerniendo así, uno debe arrojar de la mente las cosas impermanentes.” Siendo así, todo lo que lleve a la Unidad y el Amor es, por definición, verdadero y deseable, mientras que todo lo que nos arrastre a la diversidad, la desunión y el Odio es falso e indeseable. En todos los aspectos de la vida y en todas las disciplinas relacio- nadas al quehacer humano.

Según las enseñanzas antiguas, la capacidad de ver más allá de lo evidente y obtener la facul- tad del discernimiento proviene del entrenamiento y desarrollo de Buddhi-Manas, la intui- ción y la mente superior.

Tal como lo plantea el Vedanta Advaita, en la oscuridad (es decir, sin discernimiento) las cosas no pueden verse tal como son y una cuerda puede ser confundida con una serpiente y un trozo de vidrio visto como un diamante”. (AM 4)

El discernimiento es una piedra fundamental en todos los caminos espirituales, sobre todo en el Islam, donde uno de los nombres del Corán es justamente Al Furqan (“el Discernimien- to”) fundamentado en la frase: “la Verdad ha venido y el error (al bâtil, lo inconsistente) se ha desvanecido; en verdad, el error es efímero” (Corán, XXVII, 73). En la senda musulmana, la Sha-hâda o profesión de fe islámica (“No hay más dios que Alá y Mahoma es su profeta”) parte de esta misma base: “Nada es real, auténtico, efectivo, salvo lo sagrado inefable e in- comprensible -a lo que denominamos Allâh. (…) El Islam es abandono de todas las ficciones y sometimiento a la Realidad.” (AM 4)

memoria, quienes filtran la realidad haciéndonos creer que lo que vemos, olemos, tocamos, gustamos y escuchamos es toda la realidad. Esto es lo que los orientales llaman “Maya”, el espejismo. Para obtener discernimiento es necesario ver más allá de lo evidente, arrancando de nuestros ojos las telarañas de la ilusión.

El discernimiento nos ayuda a diferenciar lo esencial de lo innecesario. Y esta lúcida contem- plación del mundo tal cual es nos lleva a la renuncia o el desapego (vairagya), colocándonos por encima de lo sensorial, abandonando las ataduras mundanas, y llevándonos a la purifi- cación de nuestros deseos y pensamientos”. (AM 7)

VYASA

¿Quién escribió el Mahabharata? Tradicionalmente se atribuye la recopilación de los versos de esta obra a Vyasa, un mítico escritor indio que en un recóndito paraje de los Himalayas habría compuesto toda la epopeya del Mahabharata.

Según relatan los hindúes, Vyasa también sería el responsable de transcribir toda la literatura que antiguamente se repetía oralmente, de boca a oído, a saber: los Vedas, los Upanishads y los Puranas, como una previsión ante la llegada de la edad oscura o Kali-yuga, que habría comenzado –según la cronología hindú– en el 3102 a.C., dado que en esta época tenebrosa el interés de los seres humanos no estaría centrado en asuntos sagrados sino mundanos y su memoria no podría retener tanta información.

Las páginas del Mahabharata nos cuentan que Vyasa, debido a la velocidad y fluidez de sus pensamientos, necesitaba un escriba que lo ayudara a transcribir la extensa historia. Y lo encontró en Ganesha, el dios de la sabiduría e hijo de Shiva, que aceptó escribir la epope- ya pero con una sola condición: que si el poeta detenía el recitado, él dejaría de escribir y abandonaría la composición. Vyasa aceptó la propuesta, pero señaló a Ganesha que antes de transcribir un verso debía comprenderlo plenamente. Al comenzar el trabajo en conjunto, Vyasa se percató que el dios con cabeza de elefante podría escribir a la misma velocidad de su pensamiento y temiendo que la escritura fuera detenida, se las ingenió para redactar a Ganesha versos con 108 significados, para poder componer otros versos mientras el dios se detenía a desentrañar los misterios de los versos anteriores. (AM 1)

YIHAD

Véase: Guerra Interna

YOES

La incoherencia y la falta de rumbo propia de los hombres profanos puede explicarse por la ausencia de un “Yo” unificado que es bien estudiada por la Psicología Esotérica, la cual

postula la existencia de “yoes”, es decir fragmentos de conciencia que actúan de forma inde- pendiente.

Estos “yoes” son los “habitantes del interior” a los que se refería Helena Blavatsky en sus obras, los kurúes del Bhagavad Gita, que en la tradición judeo-cristiana reciben el nombre de “demonios”.

La guerra interior –de naturaleza alquímica– se fundamenta en la identificación de estos “yoes negativos” o “demonios” a fin de derrotarlos a través de la transmutación. El axioma “Solve et Coagula” (“Disuelve y coagula”) postulado por los viejos alquimistas describe este proceso: “disolver” significa matar nuestros demonios internos y “coagular” implica reen- cauzar y utilizar esa energía malsana para el crecimiento personal, es decir que la acción de una operación será el fundamento de la reacción a la siguiente. Piobb lo resumía de este modo: “Analiza todo lo que eres, disuelve todo lo inferior que hay en ti, aunque te rompas al hacerlo; coagúlate luego con la fuerza adquirida en la operación anterior”, mientras que Nicolás Flamel decía: “Nuestra Obra es la conversión y el cambio de un ser en otro ser, como de una cosa en otra cosa, de la debilidad en fuerza, de la corporeidad en espiritualidad”. Por esto, el “Kybalión” deja en claro que “la transmutación es el arma del Maestro”, enten- diéndola como la transformación radical del vicio en virtud, a fin de que las debilidades pasen a ser fortalezas. (AM 14)

YUGAS

La Tradición Iniciática nos habla de un tiempo que no es lineal sino cíclico donde se suceden cuatro períodos, edades del mundo o “yugas”, vinculados al alejamiento progresivo del ser humano de la Fuente Primordial. Según el investigador Mircea Eliade: “A las disminuciones progresivas de la duración de cada nuevo yuga corresponde en el plano humano una dis- minución de la duración de la vida, acompañada de un relajamiento de las costumbres y de una declinación de la inteligencia. Esta decadencia continúa en todos los planos –biológicos, intelectuales, éticos, sociales, etcétera”.

Este alejamiento paulatino está vinculado al Dharma, es decir al olvido o abandono del Pro- pósito, tanto a nivel individual como colectivo. (AM 15)

Esta proporción 4+3+2+1=10 es fundamental para entender la duración simbólica de las cuatro edades, y las patas de la vaca sagrada se relacionan con la duración proporcional de cada una de las edades: cuatro tiempos la Edad de Oro, tres la de Bronce, dos la de Plata y una la de Hierro. Las cifras “exotéricas” de duración de cada una de las edades son las siguientes: Krita Yuga (Edad de Oro) – 1.728.000 años

Treta Yuga (Edad de Plata) – 1.296.000 años Dvápara Yuga (Edad de Bronce) – 864.000 años Kali Yuga (Edad de Hierro) – 432.000 años

Si prestamos atención, veremos que estas cifras enormes son meramente simbólicas y apli- cando a cada una de ellas la “reducción teosófica”, obtendremos:

Oro – 1.728.000 años, o sea 1+7+2+8+0+0+0=18, reducido 1+8=9 Plata – 1.296.000 años, o sea 1+2+9+6+0+0+0=18, reducido 1+8=9 Bronce – 864.000 años, o sea 8+6+4+0+0+0=18, reducido 1+8=9 Hierro – 432.000 años, o sea 4+3+2+0+0+0=9. (AM 16)

In document Axis Mundi 22 - Febrero 2015 (página 84-89)

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