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LA MIGRACIÓN Y LOS LATINOS EN ESTADOS UNIDOS

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Academic year: 2021

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LA MIGRACIÓN Y LOS LATINOS

EN ESTADOS UNIDOS

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COORDINACIÓN DEHUMANIDADES

CENTRO DEINVESTIGACIONES SOBREAMÉRICA DELNORTE UNIVERSIDADNACIONALAUTÓNOMA DEMÉXICO

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LA MIGRACIÓN Y LOS LATINOS

EN ESTADOS UNIDOS

VISIONES Y CONEXIONES

Elaine Levine

(editora)

UNIVERSIDADNACIONALAUTÓNOMA DEMÉXICO Centro de Investigaciones sobre América del Norte

México, 2008

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Este libro es producto del proyecto PAPIIT IN308205, “Los latinos en Estados Unidos, quiénes son, dónde están y a qué desafíos se enfrentan”, que contó con el financiamiento de la DGAPAde la UNAMdurante el periodo 20052006. La res -ponsable del mismo fue la Dra. Elaine Levine.

Diseño de la portada: Patricia Pérez Ramírez.

Las traducciones del inglés de los artículos de Sarah Gammage y Susan Rippberger son de Susana Garaiz, las de los artículos de David Griffith y Carolina Ramírez, y Lourdes Gouveia y Mary Ann Powell son de Simona Schaffer.

Primera edición, febrero de 2008

D.R. © 2008 Universidad Nacional Autónoma de México CENTRO DEINVESTIGACIONES SOBREAMÉRICA DELNORTE Torre de Humanidades II, pisos 9 y 10

Ciudad Universitaria, 04510, México, D.F. Tels.: (55) 5623 0000 al 09

http://www.cisan.unam.mx

Correo electrónico: [email protected] ISBN 978-607-02-4613-5

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Agradecimientos . . . . 11 Introducción . . . . 1 3

Elaine Levine

I. PUNTOS DE PARTIDA, PUNTOS DE LLEGADA Y PUNTOS DE RETORNO Procesos de identidad en diferentes contextos de destino.

Oaxaqueños en Napa y Sonoma y en Los Ángeles, California . . . . . 29

Martha Judith Sánchez Gómez

“El eslabón urbano” en el trayecto interno del circuito migratorio Mixteca-Nueva York-Mixteca: los migrantes de Nezahuacóyotl,

Estado de México . . . . 53

Liliana Rivera Sánchez

Nahuas en Estados Unidos. “Capitales migratorias”

de una región indígena del sur de México . . . . 75

Martha García Ortega

Migración internacional, remesas y ganadería campesina

en el sur de Veracruz . . . . 93

Francis Mestries

II. ALGUNAS PERCEPCIONES, ENMÉXICO, SOBRE LA MIGRACIÓN Y LOS MIGRANTES De traidores a héroes: el cambio de percepción

en México hacia los migrantes . . . . 119

Cecilia Imaz Bayona

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Migración, violencia y representaciones sociales: estudio comparativo en los municipios de Apatzingán

y Fresnillo . . . . 133

Jorge Mercado Mondragón

III. INCORPORACIÓN LABORAL Y SOCIAL DE LOS MIGRANTES ENESTADOSUNIDOS El heterogéneo mundo de los latinos:

educación, trabajo y desigualdad social . . . . 157

Paz Trigueros Legarreta

Dejar atrás el trabajo agrícola. Familias inmigrantes

en nuevos destinos de Estados Unidos . . . . 179

David Griffith y Carolina Ramírez Suárez

Migración y mercados de trabajo en el nuevo siglo.

Un acercamiento teórico y un estudio de caso . . . . 201

Ana María Aragonés, José Francisco Pérez de la Torre, Melissa Mejía Valencia y Esperanza Ríos

Vínculos transnacionales: el caso de los salvadoreños

en Estados Unidos . . . . 225

Sarah Gammage

Transnacionalismo e incorporación laboral de migrantes mexicanos en Estados Unidos y las perspectivas de ascenso

socioeconómico para sus hijos . . . . 253

Elaine Levine

IV. ALGUNAS EXPERIENCIAS DE LOS HIJOS DE MIGRANTES EN LAS ESCUELAS DEESTADOSUNIDOS

Los escollos de la asimilación segmentada en nuevos destinos.

Segunda generación de mexicanos y latinos en Nebraska . . . . 279

Lourdes Gouveia y Mary Ann Powell

Jóvenes mexicanos en el sudeste de Estados Unidos:

perspectivas y opciones para seguir estudiando . . . . 295

Alicia Tinley

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Construyendo puentes entre los sistemas escolares

de México y Estados Unidos: programas en Pachuca, Hidalgo,

y Las Cruces, Nuevo México . . . . 321

Susan Rippberger

V. CONSTRUYENDO LA IDENTIDAD LATINA, POLÍTICAS MIGRATORIAS Y PARTICIPACIÓN POLÍTICA DE LOS LATINOS ENESTADOSUNIDOS La identidad del movimiento chicano, el crisol étnico

y la asimilación . . . . 349

Esperanza García y García

Latinidades en transición: cibertestimonios polivocales

post-11 de septiembre de 2001 . . . . 365

Claire Joysmith

Contradicciones entre las expresiones antiinmigrantes

y el insaciable apetito por contratar migrantes . . . . 389

Mónica Verea

Elementos para el análisis de la participación

política de los latinos en Estados Unidos . . . . 411

Leticia Calderón Chelius

La identidad latina de ayer y hoy . . . . 427

Suzanne Oboler

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En primer lugar, deseo expresar mi agradecimiento al direc-tor del Centro de Investigaciones sobre América del Norte (CISAN), Dr. José Luis Valdés Ugalde, por haberme alentado y apoyado para presentar una propuesta al Programa de Apo-yos a Proyectos de Investigación e Innovación Tecnológica (PAPIIT) de la UNAM, cuyos resultados están plasmados en este libro. Además del apoyo brindado, el CISANaportó la mayor parte del financiamiento para el seminario internacional en el que presentamos los resultados de esta investigación co-lectiva. Agradezco también a la Dirección General de Asuntos del Personal Académico de la UNAMpor haber financiado el proyecto IN308205 “Los latinos en Estados Unidos: quié-nes son, dónde están y a qué desafíos se enfrentan” durante dos años, así como a la Embajada de Estados Unidos en México por su aporte financiero para la realización del semi-nario final ya mencionado.

Quisiera agradecer a todos los que participaron en el pro-yecto, tanto a los investigadores cuyos trabajos se encuentran en este volumen, como a los estudiantes que contribuyeron activamente en las discusiones previas a la conclusión y pre-sentación de los trabajos finales, y a Marcela Osnaya, técnica académica del CISAN, quien también participó en estas dis-cusiones y nos ayudó a todos de varias maneras. Quiero men-cionar en forma especial a Arnulfo Tolentino Sánchez, becario del proyecto, por el apoyo que me brindó a mí en particular, así como a los demás participantes durante los dos años de trabajo colectivo.

Por último, quiero expresar mi reconocimiento a los miem-bros del Departamento de Ediciones del CISAN: Teresita Cor-tés, Hugo Espinoza y Astrid Velasco; a María Elena Álvarez por darle formato a este trabajo y, primordialmente, a Diego Bugeda Bernal, coordinador de Publicaciones, y a Elsie Mon-tiel Ziegler, jefa del Departamento de Ediciones, por su esfuerzo y dedicación para la publicación de este libro.

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La migración, o el movimiento de un lugar a otro en busca de mejores condiciones de vida, es una actividad que ha realizado el ser humano prácticamente desde sus orígenes. Es un proceso que se lleva a cabo por lo menos en dos fases, la de dejar o salir de un lugar y la de llegar a y arraigarse, aunque sea temporalmente, en otro. A prin-cipios del siglo XXIeste proceso se ha vuelto tema de discusión, estudio, debate, e inclusive de conflicto, en muchas partes del mundo. México, durante el primer lus-tro de este siglo, se ha convertido en el mayor expulsor de migrantes en el mundo, con una salida de personas superior a la de Rusia, China o India, los países que si-guen a México en número de emigrantes y que tienen poblaciones superiores a la nuestra. Además, la migración mexicana se caracteriza por dirigirse en más del 95 por ciento a un solo país de destino, Estados Unidos.

La migración, o más bien la primera fase de la migración, es decir, el éxodo o la salida, ha sido ampliamente estudiada en México desde hace mucho tiempo. Sin embargo, la indagación sobre la vida y las experiencias de nuestros compatriotas que han migrado al norte no había despertado mucho interés, excepto en círculos académicos bastante reducidos, sino hasta muy recientemente a raíz de que su nú-mero cada día aumenta, la creciente importancia de las remesas que envían y, fi-nalmente, las marchas multitudinarias que realizaron —junto con otras personas provenientes de muchas partes del mundo— en las calles de las principales ciu-dades estadunidenses en la primavera del 2006.

En cambio, la población latina —un término utilizado para referirse a los mi-grantes provenientes de América Latina y sus descendientes que residen en Estados Unidos— ha sido objeto de estudio, análisis y polémica en el país de destino desde hace varias décadas. No obstante lo impreciso o discutible del término, ha adqui-rido un uso más o menos generalizado en los medios de comunicación masiva, así como en el ámbito académico. Los primeros programas académicos abocados al estudio de algún sector de esta población aparecieron en los campos universitarios pioneros en la materia hace más de treinta años; actualmente hay un buen número de programas, áreas y departamentos involucrados en la enseñanza y la investigación sobre los latinos, ya sea en conjunto o con énfasis en algún subgrupo como los chi-canos o los puertorriqueños. Sin embargo, la conquista de estos espacios ha sido un proceso largo y nada fácil. La manera en que los estudiosos del tema han respon-dido a las dificultades que enfrentaron fue muy variada. Una de las respuestas más fructíferas ha sido precisamente —en vez de promover el análisis por separado de

INTRODUCCIÓN

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cada uno de los grupos a partir de su origen nacional— abrir la indagación y el análisis a la exploración comparativa de la construcción social de la identidad latina y cómo ésta ha sido configurada en Estados Unidos. En algunos casos, los estudios sobre latinos han sido incorporados a los departamentos de estudios latinoamericanos. Dicha temática, aunada al estudio del proceso migratorio, ha despertado aún más interés después de que los resultados del censo del 2000 revelaron que éste es el grupo minoritario más grande de Estados Unidos, además de ser el que tuvo ma-yor crecimiento, tanto en términos relativos como absolutos, durante el periodo 1990-2000. Hay una amplia y creciente bibliografía académica dedicada a diversos aspectos de la vida social, política, económica y cultural de uno o varios de los gru-pos denominados como hispanos o latinos en Estados Unidos. También hay una rica y variada producción literaria que expresa múltiples facetas de la identidad y las vivencias de los latinos. En sus polémicos textos recientes, Samuel P. Huntington afirma que “el persistente flujo de inmigrantes hispanos amenaza dividir a Estados Unidos en dos pueblos, dos culturas y dos idiomas” (2004: 221-291).

Lo cierto es que la emigración de México y otros países latinoamericanos y el asentamiento de los latinos en Estados Unidos son dos caras de la misma moneda. Son parte de un mismo proceso que es a la vez salida y llegada, éxodo y arraigo, y cuyos impactos se sienten tanto en el lugar de origen como en el de destino. Este hecho es tan palpable en México como en Estados Unidos aunque, obviamente, sus ma-nifestaciones y efectos son muy diferentes en cada país. Mientras su partida sepa-ra familias y deja vacíos sociales en México —lo cual es puesto en evidencia por el gran número de pueblos habitados solamente por niños y ancianos—, surgen cada vez más barrios mexicanos o latinos en diversas partes del país vecino que antes es-taban muy alejadas del proceso migratorio.

A principios del siglo XXI, los latinos emergieron como la minoría más grande al superar ligeramente a la población afroamericana en el conteo censal del 2000. Entre 1966-1967 y 2006, la población total de Estados Unidos incrementó de 200 a 300 millones, y el componente latino fue el que más aportó a este crecimiento con el 36 por ciento, mientras que la población blanca no hispana sólo aportó el 34 por ciento del incremento (Pew Hispanic Center, 2006). Hoy en día, los aproxi-madamente 45 millones de latinos representan alrededor del 15 por ciento de la población total. Según proyecciones del Census Bureau, los latinos constituirán casi la cuarta parte de la población para mediados de este siglo, es decir, unos 102.6 millones de un total de cerca de 420 millones (U.S. Census Bureau, 2004).

Aun cuando más del 60 por ciento de los latinos son mexicanos o de origen mexicano —hecho que da una importancia particular a este grupo—, las personas que se consideran o que son consideradas por los demás como latinos, provienen de más de una veintena de países y surgen de una gran diversidad de grupos étnicos o autóctonos dentro de éstos. La diversidad es tal que para algunos de ellos, además de los brasileños y los que han nacido dentro del territorio estadunidense, el espa-ñol no es su lengua dominante. Pero la idea de que tienen raíces y rasgos comunes —a pesar de las diferentes nacionalidades que ostentan— es lo que ha servido para agruparlos bajo la etiqueta de hispanos o latinos una vez que ingresan a Estados

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Unidos con el propósito de vivir y trabajar allí. Algo que se inició tal vez como una etiqueta o una identidad impuesta por los estadunidenses no hispanos, ha cobrado una vida propia.

En su búsqueda de una vida nueva y mejor, los migrantes adquieren también una nueva identidad. Los que se van llevan sus orígenes, sus costumbres, su cultura y su visión del mundo a cuestas; cuando regresan (si es que lo hacen) traen con-sigo las vivencias y experiencias que han marcado su estancia en el lugar o lugares de destino. Si permanecen allá lo más probable es que se irán convirtiendo, pau-latinamente, en parte del creciente contingente de quienes se identifican, o son identificados por los demás, como latinos en Estados Unidos. Por otra parte, lo latino se define no solamente en términos de lo que es, sino también de lo que no es, es decir, en comparación y contraste con lo no latino. La constitución de la identidad, a fin de cuentas, es un proceso interminable de interacción entre la autopercepción, las múltiples percepciones sobre uno que se forman los demás y cómo uno percibe que es percibido por otros. No hay duda de que la migración transforma a los migran-tes, ni tampoco de que éstos transforman tanto los lugares que dejan atrás como los destinos adonde llegan.

En este libro presentamos algunas percepciones que hemos podido formar, in-dividual y colectivamente, sobre los migrantes y cómo es que llegan a transformarse, o ser transformados, en latinos. Es resultado de un trabajo colectivo llevado a cabo por un grupo principalmente de académicas y algunos académicos mexicanos, quie-nes nos reunimos periódicamente durante dos años —dentro del marco de un pro-yecto financiado por el Programa de Apoyo a Propro-yectos de Investigación e Innova-ción Tecnológicas (PAPIIT) de la UNAM— para trabajar en torno a diversos aspectos del proceso migratorio y la situación de los latinos en Estados Unidos. Al final del segundo año, realizamos un seminario para presentar los trabajos elaborados por los participantes en el proyecto. También colaboraron en el seminario algunos aca-démicos provenientes de Estados Unidos, a fin de que pudiéramos completar y complementar nuestras visiones y perspectivas sobre una temática tan compleja y multifacética. Los trabajos presentados en el seminario constituyen el contenido de este libro.

El propósito de la publicación es aportar modestamente, pero en forma directa, a partir de estudios concretos, al conocimiento de algunos aspectos específicos de la vida económica, política, social y cultural de los latinos en Estados Unidos y los procesos migratorios que les han llevado a radicar en aquel país. No pretende ser un recuento de todos los grupos, ni de todos los orígenes, ni de todos los destinos que están involucrados en este proceso constante y creciente de emigrar y arribar —de partir, llegar, arraigarse y a veces volver a salir para regresar al lugar de origen—, en torno al cual giran nuestras indagaciones. Sólo ofrecemos unas cuantas visiones de las innumerables conexiones que existen entre la partida y la llegada de los migran-tes y su papel en las transformaciones sociales que, por ello, se están dando tanto en los lugares de origen como en los de destino.

En una publicación de esta naturaleza, que intenta analizar la temática anun-ciada en su título desde una perspectiva multi e interdisciplinaria, las diferencias

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formales, estilísticas y de abordaje son inevitables. Mientras algunos de los auto-res han hecho explícitos sus referentes teóricos y conceptuales, otros han ofrecido trabajos ensayísticos y otros más han presentado descripciones muy sugerentes, pero sin hablar de los sustentos conceptuales subyacentes, puesto que aquí, como hemos señalado arriba, la indagación sobre lo que experimentan los migrantes al otro lado de la frontera es más o menos reciente, y en un intento de dejar claros los vínculos e interacciones entre los lugares de origen y destino, hemos incluido trabajos que se refieren a algunos impactos de, e ideas sobre, la migración en México, además de los que estudian procesos migratorios específicos y los que analizan las experien-cias y vivenexperien-cias de los migrantes como “latinos” dentro de Estados Unidos.

El libro está divido en cinco partes. En la primera se encuentran los trabajos que se refieren a algunos de los innumerables procesos o circuitos migratorios que existen en México, que tienen sus particulares puntos de partida, de llegada y, en algunos casos, puntos de retorno; todos ellos inevitablemente unidos por las aspi-raciones y anhelos de los migrantes. La segunda parte incluye dos artículos que presentan algunas visiones surgidas en este país respecto de la migración y los mi-grantes y los impactos sociales de este fenómeno. Los cinco trabajos incluidos en la tercera parte exploran procesos mediante los cuales los migrantes latinos se in-corporan laboral y socialmente a la vida y el trabajo en Estados Unidos. La cuarta sección contiene tres artículos que centran su atención en las experiencias de los hijos de migrantes en las escuelas del país de destino, aspecto fundamental para alcanzar un ascenso socioeconómico significativo para las nuevas generaciones. En la quinta y última parte del libro se analiza la construcción de la identidad latina, to-mando en cuenta, entre otras cosas, las políticas migratorias que la condicionan y la participación y las luchas políticas que desafían estos condicionamientos.

La primera parte contiene cuatro trabajos sobre diversos procesos migratorios me-xicanos relativamente recientes o poco estudiados. MARTHAJUDITHSÁNCHEZGÓMEZ analiza el caso de migrantes provenientes de comunidades de mixtecos y zapotecos de Oaxaca y su arribo a ciertas localidades en California. Se propone estudiar pre-cisamente cómo se va configurando la identidad de estos migrantes en dos con-textos diferentes en un mismo estado de la Unión Americana. A partir de su extenso trabajo de campo en los lugares de origen y destino y un análisis muy agudo de las particularidades de cada caso, llega a la conclusión de que “los procesos de orga-nización en las comunidades de origen y la vigencia o no de los usos y costumbres, los contextos adonde llegan los migrantes y el momento histórico en que sucede lo anterior son elementos que inciden en la formación de formas de organización y de los procesos de identidad que recrean los migrantes en sus nuevos medios”. LILIANARIVERASÁNCHEZexpone la investigación que ha realizado sobre las ca-racterísticas de la migración de Nezahualcóyotl, Estado de México, a la ciudad de Nueva York, para dar cuenta de las modalidades de la organización social de este trayecto como parte del circuito Mixteca-Nueva York-Mixteca. Su objetivo es buscar las relaciones e interinfluencias entre las dos trayectorias internacionales: Mixte-ca-Nueva York y Nezahualcóyotl-Nueva York. Plantea que “la figura del circuito no sólo hace referencia a la circulación de flujos de personas, en un sentido

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fico, sino también de bienes simbólicos y dinero que lubrican cotidianamente los engranajes del circuito y lo hacen funcionar de manera efectiva”. Constata, entre muchas otras cosas, que “el involucramiento en redes sociales y el desarrollo de prácticas transnacionales pueden contribuir a crear o transformar lugares geográ-ficos en lugares simbólicos de encuentro e intercambio”, y que “las historias de las personas que habitan estos lugares, y en general, las personas involucradas en estos trayectos, pueden convergir y generar intersecciones, concatenar otras rutas y tra-yectos”, e inclusive “construir historias de vida influidas por la experiencia migra-toria, aun sin ser jamás un migrante”.

Según relata MARTHAGARCÍAORTEGA, los “nahuas del Alto Balsas tienen medio siglo yendo y viniendo a Estados Unidos” y han llegado a construir extensas redes sociales y laborales “desde el río Suchiate hasta los Grandes Lagos”. Pero su emigra-ción se intensificó marcadamente a partir de los años ochenta, cuando sus activi-dades artesanales también padecieron por la crisis económica generalizada. Señala que ahora suelen migrar parejas de jóvenes recién casados rompiendo el esquema anterior del hombre casado que iba al norte solo”. Actualmente, Los Ángeles y Houston se han convertido en ciudades emblemáticas para algunas comunidades del Alto Balsas, de manera que tanto en el lugar de origen como en el de destino “todos comparten las representaciones colectivas sobre esas urbes”. La migración se ha con-vertido en un eje fundamental de la vida individual y colectiva de estos indígenas mexicanos.

FRANCISMESTRIESexplica cómo en el estado de Veracruz “el Sotavento rural, de ser un imán que atraía a los migrantes internos por la posibilidad de colonizar tierras vírgenes, por el auge de los cultivos de exportación y luego el auge petrolero, se convirtió en expulsor masivo de población”. Es un proceso migratorio que se ca-racteriza por su novedad, puesto que la migración internacional de esta región se ha disparado desde mediados de los noventa. Mestries afirma que los costos mate-riales y humanos de la migración son altos, y que las remesas representan el rubro de ingreso más importante de muchos hogares; además, éstas “no sólo sirven para subsidiar el consumo de la familia y los gastos de operación del rancho familiar, sino también para ahorrar con el fin de invertir en ganado y tierra”. Resulta que las reme-sas son a menudo el único instrumento disponible para la capitalización y moderni-zación de la ganadería campesina. Pero, aun cuando los migrantes hayan logrado sus metas en este sentido, “el retorno no es seguro”, pues para quienes desarrollan esta actividad en pequeña escala, “la rentabilidad ganadera es muy escasa, y la cul-tura migratoria permea el imaginario de los migrantes, lo cual los lleva a prolongar sus estancias o a ir repetidamente”.

La siguiente parte contiene dos artículos que ofrecen visiones muy diferentes sobre cómo se percibe a la migración y a los migrantes en algunos ámbitos mexica-nos. CECILIAIMAZBAYONA, nos recuerda que hace algunas décadas ya, los migrantes fueron vistos, en general, como desertores o traidores a la patria. Explica cómo esta visión fue cambiando en la medida en que la migración “se volvió masiva” y “cuan-do se entendió como parte del proceso productivo mundial, y se comprendió su diná-mica e impactos en diversas esferas de la vida nacional”. Señala que fue durante

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el gobierno de Fox que “se exaltó la heroicidad de los migrantes”, y menciona que sin duda “entre las razones de esta exaltación está el monto de las remesas”. Ade-más, con esta nueva actitud “se ocultan los costos sociales y económicos” que tam-bién genera la migración para el país. A fin de cuentas, se logró un cambio de actitudes frente a la migración, pero “lo que no se logró fue la generación de mejores condi-ciones de vida en todos los órdenes y en todas las regiones del país para empezar a disminuir los flujos migratorios”.

En su artículo, JORGEMERCADO MONDRAGÓNexplora la generación de otros tipos de percepciones negativas asociadas con el fenómeno migratorio. Su investi-gación se centra en “la violencia que se manifiesta de diversas formas en las comuni-dades de origen de los migrantes”, y que de alguna manera se considera “como una problemática ligada a los flujos migratorios”. Se aboca a analizar, en dos comuni-dades de alta migración, las percepciones de los residentes permanentes sobre la relación entre el proceso migratorio y el aumento de diversas manifestaciones de violencia a nivel local, como el consumo y venta de drogas, la prostitución, el aban-dono de niños y ancianos y la violencia intrafamiliar, entre otros. Lo cierto es que el incremento de éstos y otros tipos de violencia puede tener múltiples causas, que poco o nada tienen que ver con la migración, y aun así quienes viven los impactos adversos de ambos fenómenos culpan exclusivamente a la migración de todo ello. Independientemente de las percepciones sobre la relación entre migración y vio-lencia, el autor concluye que si bien es cierto que la migración “se ha constituido en la mayoría de las ocasiones en la única opción económica para muchas familias, el impacto que ha tenido en el ámbito de la estructura familiar, comunitaria y en el pla-no cultural ha sido en muchas ocasiones perverso”.

La tercera parte del libro aborda la incorporación laboral y social de los migran-tes en Estados Unidos. PAZTRIGUEROSLEGARRETAutiliza diversas fuentes y bases de datos para analizar el estatus socioeconómico de los grupos que constituyen la población latina en aquel país y comparar su situación con la de otros grupos, in-migrantes o no, de la población estadunidense. Un hecho ineludible es que son precisamente los mexicanos nacidos fuera de Estados Unidos quienes “presentan los niveles educativos más bajos, la participación laboral más desventajosa y, por lo mismo, el nivel de ingresos inferior”. Evidentemente ni todos los de origen mexi-cano, ni todos los latinos se encuentran en las mismas condiciones. Por otra parte, hay un número creciente de inmigrantes, sobre todo provenientes de Asia, “con altos niveles de calificación que llegan a Estados Unidos para insertarse en las ramas eco-nómicas más dinámicas y por lo mismo acceden a niveles elevados de ingresos”. También señala que “dentro de la población nacida en Estados Unidos hay grandes desigualdades”. En vista de las tendencias demográficas actuales, “resulta paradó-jico”, concluye Trigueros, “que, a pesar del creciente peso numérico de los hispanos, haya tanta resistencia a ofrecerles la educación, vivienda y servicios de salud nece-sarios para que puedan superar los rezagos que ahora padecen, ya que no hacerlo podría afectar el desarrollo futuro de la sociedad estadunidense” en conjunto.

DAVIDGRIFFITHy CAROLINARAMÍREZSUÁREZanalizan la experiencia de dos lu-gares, uno en el sureste y otro en el medio oeste de Estados Unidos, donde nuevas

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familias de inmigrantes, principalmente mexicanas y centroamericanas, han tenido un impacto importante a nivel local. En ambos casos la industria agroalimentaria ha sido la fuerza motriz para atraer a los nuevos inmigrantes pero, debido a otros factores locales, el proceso se ha desarrollado de manera distinta en cada lugar. El artículo analiza las dinámicas socioeconómicas propias de cada sitio y el papel de diversas instituciones locales; destaca la importancia de algunos negocios fami-liares, como tiendas y restaurantes, establecidos por los mismos latinos. Los auto-res señalan que, en vista de la poca densidad poblacional en el medio oeste, “se ve a los inmigrantes como el futuro”. En regiones como Carolina del Norte y otros estados del sur no es así, aunque cada vez se comprende más que el trabajo de los in-migrantes es necesario. “Todavía hay muchos problemas” pero, según estos autores, “más y más estadunidenses entienden que los inmigrantes traen más que su labor a Estados Unidos, pues enriquecen comunidades con su música, comida, negocios, destrezas y otros elementos nuevos. Especialmente en zonas rurales, los inmigrantes inyectan vida nueva a las comunidades y ofrecen esperanza a pueblos que muchos estadunidenses habían abandonado”.

ANAMARÍAARAGONÉSy coautores analizan el papel de la migración dentro de la dinámica del funcionamiento del capitalismo a nivel global, donde en buena medida se ha logrado “la devaluación de la fuerza de trabajo vía la migración para reducir los costos de los productos ante la descarnada competencia mundial”. Destacan la contradicción entre la libre movilidad de mercancías y capitales y las restricciones impuestas a la movilidad de la mano de obra. Señalan que “el punto de equilibrio en el mercado laboral se sigue manteniendo”, pero con una “grave perversión” que son los trabajadores “indocumentados”. Exploran la correlación entre los flujos migratorios y los flujos de inversión extranjera directa que ha captado Estados Uni-dos en las últimas décadas. También incluyen en su artículo los resultaUni-dos prelimi-nares de trabajo de campo realizado, entre migrantes, en Denver, Colorado. La gran mayoría de la población económicamente activa en y alrededor de Denver está ocupada en el sector terciario. En cuanto a los entrevistados por los autores de este artículo, “prácticamente la mitad se encuentran laborando en el sector servicios, seguido en importancia por la industria de la construcción, y una mínima proporción en la manufactura”. A pesar de que dos tercios de los entrevistados son indocu-mentados, señalaron “al idioma como el principal problema que enfrentan”, aun por encima de la falta de documentos adecuados.

El artículo de SARAHGAMMAGEexpone el caso de los migrantes salvadoreños en Estados Unidos. Para El Salvador, al igual que para México, los migrantes se han convertido en una de las exportaciones más importantes del país y las remesas que envían son cada vez más significativas para la economía nacional. Actualmente, el 25 por ciento (unos 1.5 millones) de las personas nacidas en El Salvador (alrede-dor de 6 millones) se encuentran viviendo en Estados Unidos. La primera gran oleada llegó durante la década de los ochenta, cuando muchas personas huían de la violencia interna que sacudía al país. Después siguieron quienes migraron por motivos económicos, principalmente. Entre los migrantes salvadoreños hay un nú-mero significativo de indocumentados, por un lado y, por otro, de personas con un

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estatus de protección temporal (Temporary Protected Status, TPS). El estatus de TPSles permite permanecer en Estados Unidos por un tiempo no definido y trabajar pero sin poder convertirse en residentes permanentes. Esta ambigüedad ha afectado de alguna manera su incorporación social y laboral en el país receptor, lo que fomenta, por ende, una forma particular de transnacionalismo. Todo tipo de bienes y servicios materiales y no materiales fluyen de ida y vuelta entre los dos países y sirven para sostener los vínculos entre los migrantes salvadoreños y sus lugares de origen. El artículo de ELAINE LEVINEpostula que, en el caso de los mexicanos poco calificados —que constituyen la mayoría de los migrantes recientes—, el transna-cionalismo desde abajo ha sido poco eficaz para contrarrestar las tendencias más fuertes de la segmentación del mercado laboral y la concomitante estratificación social que acompañan a la globalización y a la reestructuración económica e in-dustrial en Estados Unidos. Analiza la relación entre los espacios sociales transna-cionales construidos por los migrantes, su inserción en el mercado laboral del país receptor y las perspectivas, o falta de éstas, de movilidad social y económica que en-frentarán sus hijos en el contexto estadunidense. Construye su análisis a partir del estudio del perfil ocupacional de los migrantes y la evolución reciente de la estruc-tura salarial en el país receptor, por un lado y, por el otro, el desempeño, no del todo exitoso, de sus hijos en las escuelas estadunidenses —debido más a fallas de las escuelas que de ellos como alumnos— y las implicaciones de esto para su futura incorporación laboral, tomando en cuenta el impacto polarizante de la reestructu-ración económica e industrial, tanto en Estados Unidos como a nivel global.

La siguiente sección del libro presenta algunos estudios específicos sobre las experiencias de los hijos de migrantes latinos en las escuelas de Estados Unidos. LOURDESGOUVEIAy MARYANNPOWELLanalizan el caso de Nebraska que, a finales de los ochenta, se convirtió en el principal procesador de carne del país. A partir de entonces creció marcadamente el flujo de inmigrantes al estado debido a las cam-pañas de reclutamiento lanzadas por las empresas empacadoras. Las autoras se pre-guntan si los hijos de los nuevos migrantes seguirán “el patrón de asimilación lineal ascendente atribuido a los inmigrantes europeos” de épocas anteriores, o “caminos segmentados donde la asimilación descendente es altamente probable”. Analizan la escolaridad de los latinos jóvenes como un indicador de sus expectativas ocupa-cionales y salariales a futuro. Utilizan los datos del Current Population Survey para Nebraska y los resultados de una encuesta realizada por ellas mismas entre jóve-nes que cursaban la enseñanza media superior (high school) en la ciudad de Omaha. Tomaron en cuenta, además, diversos elementos del contexto escolar, así como de la situación familiar que suelen tener un impacto importante sobre los logros acadé-micos de los jóvenes. Consideran que “en los nuevos destinos migratorios como Nebraska, el escenario para la segunda generación está todavía en ciernes y por lo tanto muy incierto”; pero “la posibilidad de una asimilación hacia abajo, en la que muchos de los hijos de los trabajadores inmigrantes pobres no logren superar la condición socioeconómica de sus padres, es muy grande”. Para evitarla, “se van a ne-cesitar mayores esfuerzos específicos para identificar las barreras reales que obstacu-lizan una incorporación exitosa, y emprender las mejores políticas para eliminarlas”.

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ALICIATINLEYexplora las posibilidades de jóvenes latinos de seguir estudiando después de la high school, en el contexto de dos localidades del sureste de Estados Unidos. Indudablemente “los jóvenes mexicanos enfrentan muchas barreras para poder dar seguimiento a sus estudios” a nivel superior; este hecho “determinará su trabajo a futuro y sus niveles socioeconómicos como adultos”. Muchos factores contribuyen al desempeño escolar, generalmente pobre, entre jóvenes mexicanos: la edad de llegada e incorporación en la escuela, el contexto familiar, experiencias individuales en la escuela y el tener o no papeles, entre otros. Muchos jóvenes se ven obligados a dejar de estudiar tempranamente para trabajar y aportar al ingreso familiar; sobre algunos influye, además, la tentación de tener dinero propio y la po-sibilidad de comprar un auto, sin darse cuenta de que tal decisión afectará enor-memente sus posibilidades de mejorar sus ingresos en el futuro. Tinley encontró que aun cuando muchos de estos jóvenes “entienden el peso del idioma y las difi-cultades por no saber mucho inglés”, como muchas otras personas “echaban la culpa de la falta de avance en el sistema (escolar) a razones individuales, más que a las circunstancias”. En los estados del sureste, además de todas las dificultades que con-frontan los jóvenes latinos en el resto del país, destacan otras como poco conoci-miento de y contacto con la cultura latina en general, “la falta de maestros capacita-dos en la enseñanza de inglés como segunda lengua” y “la falta no sólo de maestros bilingües sino [de] personal de apoyo en las oficinas administrativas que puedan comunicarse con los alumnos y sus familias”.

SUSANRIPPBERGERafirma que, en vista del rápido incremento de la población la-tina en Estados Unidos, sería muy benéfico si maestros y directores de escuelas adoptaran pedagogías y planes de estudio más incluyentes para este grupo cre-ciente del alumnado. Además de fundamentar esta propuesta teórica y concep-tualmente, en su artículo describe dos programas pioneros que han avanzado en esa dirección. El Programa Piloto de Capacitación para la Atención Educativa de Niños Mexicanos en Ambientes Bilingües, Biculturales (Español-Inglés) fue imple-mentado en el estado de Hidalgo en 2005; después de un curso intensivo de inglés (de nueve semanas) y un seminario (de seis semanas) sobre el sistema escolar esta-dunidense, maestros certificados de Hidalgo fueron contratados como personal de apoyo en algunos distritos escolares de Estados Unidos. Por otra parte, la New Mexico State University ofrece un programa innovador a nivel de maestría, cuyo objetivo es preparar administradores escolares para tomar en serio la “diversidad” existente en el entorno escolar. Además de preparar maestros para ser administra-dores, este programa les ofrece los conocimientos y habilidades para manejar pro-vechosamente la diversidad lingüística y cultural entre el alumnado de las escuelas en la zona fronteriza. Rippberger concluye que programas como éstos pueden ayu-dar a niños y jóvenes migrantes mexicanos a “adaptarse a su nuevo entorno cul-tural” y “mantener su gusto por el aprendizaje y seguir en la escuela”; también son un paso adelante en el fortalecimiento de nexos entre los gobiernos de México y Estados Unidos para promover la educación a nivel binacional.

En la última parte del libro se exponen temas relacionados con la construcción de la identidad latina, las políticas migratorias y la participación política de los

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latinos en Estados Unidos. ESPERANZAGARCÍA YGARCÍAreflexiona sobre los orí-genes y el desarrollo del movimiento chicano desde una perspectiva identitaria. Recoge un planteamiento del polémico Samuel Huntington para señalar que “se desarrolla muy tempranamente, en el caso de la primera oleada de inmigrantes en el siglo XIX, el imaginario popular de que para llegar a ser un verdadero estaduni-dense se necesitaba desechar la herencia cultural previa, de no ser ésta del núcleo anglo protestante”. Afirma, además, que uno de los aspectos que marcó el patrón de incorporación de la comunidad mexicana “fue la categorización racial. Ésta trajo como consecuencia la segregación quasi permanente de la población mexicoame-ricana, particularmente la de tez morena…”. No obstante sus múltiples antece-dentes en otros movimientos y agrupaciones, el movimiento chicano como tal surge a principios de los sesenta cuando estudiantes activistas mexicoamericanos se em-barcan en “la búsqueda de una identidad […] Los intentos renovados de la lucha de los chicanos por defender sus derechos en un marco conceptual diferente em-piezan cuando el movimiento por los derechos civiles de los afroamericanos toma mayor ímpetu”. Entre los distintos personajes y acontecimientos que protagoni-zaron al movimiento en diferentes momentos, García destaca el poema épico de Corky Gonzalez, “Yo soy Joaquín”. Plantea que este escrito “llenó un vacío para las generaciones que habían vivido sin tener acceso a sus raíces históricas y cultura-les… Los que habían estado perdidos entre dos mundos que de diferente manera los rechazaban en sus intentos de concretar quiénes eran, se pudieron identificar con el personaje Joaquín”.

En su artículo, CLAIREJOYSMITHnos presenta una glosa analítica de un proyecto emprendido por ella y una colega “chicana-latinoestadunidense”, para captar las reacciones y sensaciones de latinos en Estados Unidos, a raíz de los acontecimien-tos del 11 de septiembre y el clima imperante en la etapa posterior. Utilizaron la Internet para lanzar una convocatoria y recibir una gran variedad de “cibertesti-monios” que están plasmados en el libro One Wound for Another/Una herida por

otra. Aquí, Joysmith ilustra mediante una “polivocalidad latinoestadunidense”

aspectos actuales de la “transición identitaria” que dichos acontecimientos reconfigu-raron, los cuales quedaron plasmados en su libro. Señala que “el acto mismo de recurrir a ‘testimonialistas’ latinoestadounidenses fue una forma de invitar a la de-finición y a la observación de un proceso en el que estas identidades se vieron en la necesidad, en un momento ‘nepantla’, de reconfigurarse, o como dice (Gloria) An-zaldúa: avocarse ‘a la tarea de la autodefinición’ ”. Por lo tanto, el artículo de Joysmith, y en mucho mayor medida el libro de cibertestimonios a que se refiere, nos ofrece algunas visiones del sinnúmero de facetas, vivencias, genealogías, experiencias, sensaciones y razonamientos que confluyen para configurar la identidad, o más bien las múltiples identidades de los latinos en Estados Unidos hoy.

El artículo de MÓNICAVEREAnos presenta otro aspecto fundamental en la cons-titución de la identidad (o identidades) de este grupo que se ha convertido en la minoría más grande de Estados Unidos, que es cómo son percibidos por los demás. Ella confronta “las crecientes expresiones antiinmigrantes” y “el insaciable apetito por contratar migrantes” que se manifiestan actualmente en el país vecino. Subraya

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“las contradicciones inherentes entre actitudes y retóricas crecientemente con-servadoras y antiinmigrantes, así como las reacciones a éstas, y una importante y creciente movilidad laboral que ha conllevado a una presencia importante de mi-grantes mexicanos con y sin documentos en el mercado laboral estadunidense”. Explora cómo es que la demanda creciente de trabajadores migrantes subsiste al lado de un número también creciente de propuestas y medidas adoptadas que re-sultan restrictivas, punitivas y discriminatorias para estos trabajadores. A manera de conclusión, Verea plantea varias interrogantes que apuntan a la formulación de una “política migratoria bilateral adecuada” que serviría mejor a los intereses de ambos países y de los migrantes.

LETICIACALDERÓNCHELIUSanaliza el significado y las implicaciones de las mani-festaciones multitudinarias que se dieron en muchas ciudades estadunidenses en la primavera de 2006, precisamente en repudio a una propuesta de ley aprobada por la Cámara de Representantes que hubiera dado condición de criminales no so-lamente a los migrantes indocumentados, sino también a muchos de sus familiares y aliados dentro de Estados Unidos. Plantea que “hay una serie de coordenadas que ubican de manera más compleja el panorama político de la comunidad latina en Es-tados Unidos y las consecuencias que esto tiene para sus países de origen y la po-lítica transnacional de los migrantes como actores políticos en su conjunto”. Los tres factores o “coordenadas” que considera en su análisis son el peso demográfico y el grado de “identidad política latina”; la “cultura política y transición a la demo-cracia” en varios países de origen de la población latina; y “el poder —potencial— del voto latino” en Estados Unidos. Sugiere que lo novedoso de la situación actual es “la capacidad de generar, por primera vez, un frente que aglutina a la comuni-dad latinoamericana de manera más amplia y que tiene repercusiones a nivel glo-bal”. Señala que en este caso “las diferencias nacionales logran ‘atenuarse’ para dar paso a causas comunes que sólo en un contexto migratorio ‘igualan’ a los extranjeros más allá de su origen nacional e incluso de su pertenencia de clase”.

El libro concluye con el artículo de SUZANNEOBOLER, que parte de la pregunta “¿qué significa la identidad latina hoy en Estados Unidos?”. La respuesta que ofrece es muy compleja porque, en primer lugar, es una identidad que se deriva de la no pertenencia. “Hoy en día el ser latino implica que no importa el lugar de nacimiento, ni la nacionalidad de los padres, ni la nacionalidad de los niños o jóvenes nacidos en Estados Unidos. Lo único que importa es la percepción de la sociedad estadu-nidense de que ellos, como todo latino, no son de Estados Unidos y, por lo tanto, no pertenecen a ese país”. Además, los hijos de latinos “nacidos y criados en Estados Unidos se quedan sin identidad nacional —ya que al clasificarlos como hispanos o latinos, el imaginario nacional estadunidense los relaciona con América Latina. Al mismo tiempo, también pierden la nacionalidad y la cultura nacional de sus padres, porque crecen y se educan en Estados Unidos”. Oboler plantea que actualmente, por muchas vías, los inmigrantes “están contribuyendo a redefinir y extender el signi-ficado de ciudadanía, más allá de las legalidades y de la discusión de los derechos, [...] Y en ese proceso, se está redefiniendo poco a poco la identidad del latino —ya no como extranjero, como inmigrante, ya sea recién llegado o de muchos años, sin

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rechos, sino más bien un individuo con derechos a la pertenencia, ciudadano a partir de su experiencia vivida en ese país”. Nos recuerda que, a fin de cuentas, “al orga-nizarse […] para defender sus derechos humanos y civiles, al protestar por la ma-nera en que la sociedad dominante los percibe, los movimientos latinos en Estados Unidos están siguiendo y se insertan dentro de la tradición histórica de protesta cívica de ese país”.

Hemos enunciado brevemente las ideas centrales de cada uno de los trabajos que integran esta publicación. Cada uno tiene también sus propias conclusiones o las consideraciones finales que hayan planteado sus respectivos autores. No in-tentaremos resumirlas aquí, pues preferimos más bien remitir al lector a conocerlas en el contexto de los argumentos y discursos de los que hayan surgido. Nuestra inda-gación nos ha traído, figurativamente, de ida y vuelta y nuevamente de vuelta e ida entre México y Estados Unidos para acercarnos a y apreciar los procesos que viven los migrantes, mientras se convierten paulatinamente en latinos en el país de desti-no. Pero la migración produce no solamente emigrados, o latinos, sino también retor-nados, quienes a veces tienen hijos que emigran, construyendo y consolidando los circuitos migratorios de los que han hablado algunos de los autores de este libro. Tal vez la conclusión (o enseñanza) más clara que hemos obtenido de esta reflexión co-lectiva es que el papel de los migrantes en los procesos de transformación social que se están dando, tanto en los países de origen como en los de destino, tiene un im-pacto y una importancia crecientes. Es, por lo tanto, un tema rico, con múltiples de-terminantes y determinaciones, que exige cada vez más estudio y análisis.

El presente libro ofrece diversas visiones sobre las innumerables conexiones que existen entre los lugares de origen y los de destino para los migrantes latinos en Estados Unidos e inclusive para sus hijos y sus nietos, que tal vez poco o nada saben de aquellos sitios lejanos de donde vinieron sus antepasados. Partimos de la idea de que no se puede entender cabalmente el proceso de salida de un lugar sin cono-cer las condiciones que imperan en el lugar de destino y viceversa. No se puede ex-plicar la relativa facilidad o dificultad que los migrantes tienen para incorporarse a su destino sin conocer la situación en que vivieron antes de su partida. Además, la migración no es simplemente un trayecto o un tránsito geográfico. Los migrantes tienen que franquear también barreras culturales, lingüísticas, sociales y económi-cas, entre otras, para no sólo llegar, sino arraigarse en el lugar de destino a que han arribado. Al exponer nuestras percepciones y hallazgos al lector interesado en los te-mas de la migración y la vida de los migrantes latinos en Estados Unidos, aspiramos a ampliar, complementar o enriquecer de alguna manera su visión del tema.

Elaine Levine

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Fuentes

HUNTINGTON, SAMUELP.

2004 Who Are We? The Challenges to America’s National Identity. Nueva

York: Simon and Schuster. PEWHISPANICCENTER

2006 “From 200 Million to 300 Million: The Numbers behind Population Growth”, Fact Sheet, 10 de octubre, en <http://pewhispanic.org/files/ factsheets/25.pdf>.

U.S. CENSUSBUREAU

2004 “U.S. Interim Projections by Age, Sex, Race, and Hispanic Origin”, cuadro 1a “Projected Population of the United States, by Race and Hispanic Origin: 2000 to 2005”, en <http://www.census.gov/ipc/www/ usinterimproj/>, consultada el 18 de marzo.

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P

ARTE

I

PUNTOS DE PARTIDA, PUNTOS DE LLEGADA

Y PUNTOS DE RETORNO

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Oaxaqueños, oaxaquitas, oaxacos, indios, inditos, indígenas, mexicanos, norteños, sureños, espaldas mojadas, wetbacks, hispanos, latinos, mexicano-norteamericanos, ¿cuál es término que nos permite describir mejor las identidades de los mexica-nos-oaxaqueños cuyas vidas o parte de sus vidas se tejen en ambos países?

Son mexicanos que viven y trabajan en Estados Unidos y que parte de su familia vive en México, o son mexicanos que viven y trabajan durante determinadas tem-poradas al año en el vecino país del norte y el resto del año en el país, o son mexica-nos que durante varias etapas de su ciclo de vida trabajan y viven en uno u otro país, o son mexicanos que trabajan en Estados Unidos, en donde han nacido sus hijos mientras que ellos siguen soñando con el anhelado retorno al terruño, retorno cada vez más inviable por las raíces que van echando en el nuevo lugar.

En este artículo se abordarán los procesos de identidad que desarrollan los mi-grantes del estado de Oaxaca en sus nuevos contextos. Partimos de la idea de que la identidad es procesal, histórica, relacional y contextual, esto es, la identidad no es fija y determinada para siempre, sino que se desarrollan los procesos de identidad en relación con los “otros” contra los que hay que definirse, y esto se da en con-textos y situaciones históricas específicas.1Esto es, aunque la mayoría de los

oaxa-queños tienen en un cierto nivel general características culturales similares, éstas se han ido modificando tanto en los lugares de origen como de destino, debido a las historias de los sitios de origen y a las historias migratorias de estos pobladores. En esto influyen no sólo las características que imprimen los lugares de expulsión, sino también las de los lugares de recepción.

Abordaremos el estudio de dos contextos diferentes en Estados Unidos adonde han arribado los oaxaqueños, al señalar los procesos de identidad que se desarrollan en cada uno de esos lugares; buscaremos dichos procesos en la formación de orga-nizaciones formales o informales.2Estudiaremos a los mixtecos de la comunidad

PROCESOS DE IDENTIDAD EN DIFERENTES CONTEXTOS

DE DESTINO. OAXAQUEÑOS EN NAPA Y SONOMA

Y EN LOS ÁNGELES, CALIFORNIA

Martha Judith Sánchez Gómez*

*Investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM. Correo electrónico: <mjudith@

servidor.unam.mx>.

1Para conocer las diferentes discusiones sobre la identidad, véanse los trabajos de Kastoryano, 2002;

Méndez y Mercado, 1992; Giménez et al., 1992.

2La formación de organizaciones ha sido un espacio en el que se ha constatado la permanencia de la

identidad de los migrantes. Estudiarlas desde su creación ha sido un tema importante en la litera-tura sobre migración indígena; los primeros estudios se interrogaron sobre el surgimiento, mantenimien-to y continuidad de las asociaciones de migrantes (Orellana, 1973; Odena, 1983; Hirabayashi, 1985). En esa literatura se planteó una serie de variables que influyen en la formación de organizaciones de

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de San Pedro y San Pablo Tequixtepec asentados en una zona de Estados Unidos con una reciente historia de recepción de migrantes latinos o mexicanos: los condados de Napa y Sonoma, California; y a los zapotecos de Santa Ana del Valle asentados en la zona metropolitana de Los Ángeles, California, que se concentran principalmente en el condado de Santa Mónica.

Los tequixtepeños en los condados de Napa y Sonoma, California

La literatura y el conocimiento que tenemos sobre los oaxaqueños en esta zona son limitados. Runsten y Kearney, en su estudio sobre los asentamientos de los oaxaqueños en el vecino país del norte, sólo señalan que se sabe de algunas familias asentadas en el condado de Sonoma (Runsten y Kearney, 1994). En dos investiga-ciones que realicé entre 1996 y 20013encontré que la presencia de los mexicanos,

aunque reciente, iba en aumento en dichos condados.

30 MARTHA JUDITH SÁNCHEZ GÓMEZ

CUADRO1

POBLACIÓN DE HISPANOS Y NO HISPANOS ENNAPA YSONOMA, 1990, 2000 Y2005 Napa Raza 1990 2000 2005 % % % Hispanos o latinos 15,941 14.39 29,416 23.7 36,033 28.3 No hispanos o latinos 94,824 85.61 94,863 76.3 91,412 71.7 Total 110,765 100 124,279 100 127,445 100 Sonoma Raza 1990 2000 2005 % % % Hispanos o latinos 41,223 10.62 79,511 17.3 96,024 21.2 No hispanos o latinos 346,999 89.38 379,103 82.7 357,826 78.8 Total 388,222 100 458,614 100 453,850 100

FUENTE: Profile of General Demographic Characteristics, Census 2000 Demographic Profile Highlights,

2000, en U.S. Census Bureau, Summary File 1 (SF 1) y U.S. Census Bureau, 2005 American Com-munity Survey.

migrantes; para esa discusión véanse los trabajos anteriores y el de Fox, 1977. Recientemente se ha se-ñalado que sus organizaciones ya no se limitan a un espacio determinado, pues las encontramos asen-tadas en diferentes estados de la república mexicana, así como las que trascienden los límites nacionales (véase Gobierno Constitucional del Estado de Oaxaca, 1999).

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Es relevante el aumento de población en la zona; en quince años se ha casi du-plicado la población latina. De esa población, señalaremos algunas características4

de los mexicanos que trabajan en la agricultura, actividad de gran importancia en la

PROCESOS DE IDENTIDAD 31 100 000 90 000 80 000 70 000 60 000 50 000 40 000 30 000 20 000 10 000 0 1990 2000 2005 36 033 94 863 91 412 29 416 94 824 15 941

Hispanos o latinos No hispanos o latinos GRÁFICA1

NAPA, CALIFORNIA

Hispanos o latinos No hispanos o latinos 400 000 350 000 300 000 250 000 200 000 150 000 100 000 50 000 0 2000 2005 357 826 96 024 379 103 79 511 GRÁFICA2 SONOMA, CALIFORNIA

4Se levantaron 250 cuestionarios para conocer las características sociodemográficas de los trabajadores

en los viñedos. En los dos condados, el cultivo de uvas para vino y el turismo asociado a esta actividad constituyen un rubro fundamental (Sánchez Gómez, 2004a; 2004b; 2007).

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región. De esas características es relevante el hecho de que si bien los oaxaqueños eran menos numéricamente y de un arribo más reciente que los migrantes de Mi-choacán (que constituían el 47.2 por ciento de los entrevistados) o de Jalisco (el 15 por ciento), la visibilidad de los oaxaqueños (11.9 por ciento) era muy importante. Aun cuando el origen de los oaxaqueños entrevistados fue diverso, la mayoría de los que se encontraban organizados o el núcleo más importante de ellos provenía del poblado de San Pedro y San Pablo Tequixtepec5de la Mixteca Baja de Oaxaca.

A lo largo de su historia, los habitantes de ese poblado han migrado a diferentes destinos. En el país lo hicieron a la ciudad de México y a la ciudad de Puebla, princi-palmente. En un documento sobre la historia del pueblo se menciona la formación de una organización de paisanos en la ciudad de México muy tempranamente:

Los paisanos que integran la Unión Pro Tequixtepec en México y el señor D. Vicente Pacheco Enríquez, paisano también que radica en Huejotzingo, Pue., propusieron tanto al H. Ayuntamiento como al Sr. Cura Párroco del lugar, en el sentido de que se hiciera atenta invitación a las autoridades y pueblo de Santa María Chigmecatitlán, a fin de que nos honraran con su presencia en la inauguración de las distintas obras materiales realizadas, destacándose entre ellas, la decoración del Templo, así como para estre-charnos las manos, en un fuerte abrazo de reconocimiento fraternal (año 1946). (Niño Pacheco, s.f.: 49).

La presencia e importancia de las asociaciones de migrantes se sigue viendo a lo largo de la historia. En el conflicto aún vigente por los límites del pueblo, se señala que se confía en los buenos oficios de los migrantes establecidos en la ciu-dad de México.

32 MARTHA JUDITH SÁNCHEZ GÓMEZ

5El pueblo de Tequixtepec está situado al noroeste de la capital del estado de Oaxaca, a 260 km

aproximadamente, en los límites del territorio oaxaqueño y del estado poblano; se encuentra más o menos a 25 km de la carretera Cristóbal Colón; pertenece al distrito de Huajuapam de León; colin-da por el norte con Santa Gertrudis Cosoltepec, Chinango, S. Juan Yolotepec, Acaquizapám y Huapa-nápam; por el sur, con Niltepec e Ixitlán, Pue.; por el oriente con S. Juan Nochixtlán, Cuauhtepec y pequeños propietarios de la ranchería Jiménez; por el poniente con Tepejillo, Pue., terratenientes de Petlacingo, Pue., y Rancho Cabrillas.

Acerca de su origen (Niño Pacheco, s.a.) tenemos que “como el gobierno español ordenó que todos los indígenas diseminados en el territorio formaran congregaciones o núcleos de población, con el fin de tener más control, tanto político como religioso, nuestros ancestros apretaron más sus filas y acorda-ron edificar su templo en la cima de la abrupta montaña. A este núcleo de población le pusieacorda-ron por nombre S. Pedro Tequixtepec” (31). Según documentos que existen en el archivo del ayuntamiento del lugar, Tequixtepec fue fundado o demarcado el 29 de mayo de 1600 por orden del virrey Gaspar Zúñiga y Acevedo, conde de Monterrey, lugarteniente y capitán general de la Nueva España (33). Debido a que el pueblo fue fundado en lo alto de un cerro, se pensó en su reubicación: con fecha 20 de enero de 1617, el excmo. virrey Diego Francisco de Córdova, marqués de Guadalcázar, ordenó que de los terrenos del cacique Enríquez y Alvarado, por el este, se concedieran 600 varas de terreno plano, así como la confirmación definitiva de los sitios denominados “Tultitlán”, “Hijadero” y “Estancia”. La referida comisión regresó muy satisfecha y, con beneplácito de todos, informó ampliamente sobre el rotundo éxito que obtuvo; dieron lectura a los documentos que amparaban tales donaciones, al término de la cual y, tras larga ovación y gritos de júbilo, acordaron iniciar los trabajos preliminares para la urbanización del pueblo de Tequixtepec (40).

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Así las cosas y cuando Tequixtepec se preparaba a reivindicar sus terrenos, estalló la Re-volución de 1910 que duró largos años, como todos sabemos [...]. A medida que pasa el tiempo, se complica más el asunto y quién sabe si esta generación vea el desempeño del tantas veces mencionado Hijadero o Ahijadero, inmolado por la ignorancia y fana-tismo de nuestros antepasados. Se gastarán muchos pasos y mucho dinero para concluir este litigio que heredamos. Tenemos muchas esperanzas en las agrupaciones de paisa-nos residentes en la Ciudad de México, y confiamos en sus mapaisa-nos este escabroso asunto. (Niño Pacheco, s.f.: 59).

De acuerdo con entrevistas realizadas en el pueblo, encontramos que la migra-ción nacional se ha visto mermada, pero ha aumentado de manera importante la internacional.6Uno de los destinos principales de dicho flujo lo constituyen los

condados de Napa y Sonoma antes mencionados.

El pionero de ese flujo, don Rafael Morales,7llegó a la zona buscando la

posi-bilidad de encontrar un sitio donde poder establecerse después de haber transitado por varios lugares de la Unión Americana. Su llegada coincidió con un momento de cambio de uso del suelo; los frutales dieron paso a viñedos debido al auge de la demanda de vinos por parte de los consumidores estadunidenses (Sánchez, 2004). El cambio de cultivos y la apertura de nuevas tierras creó la necesidad de contar con un gran número de brazos para sembrar y cosechar las uvas. El señor Morales, convertido en mayordomo de lo que anteriormente era un rancho que fue vendido a nuevos capitales que buscaban tierras para el cultivo, se dio a la tarea de llamar y acoger a sus paisanos en el nuevo mercado de trabajo.

A varios años de esa historia, a fines de la década de los noventa encontramos que los oaxaqueños de dicho lugar habían formado una serie de organizaciones con ni-veles incluyentes de identidad. Por un lado, estaba el Comité de Paisanos de San Pedro y San Pablo Tequixtepec, la organización cuyo referente más inmediato es el pueblo y que en función del mismo tejía proyectos; tuvo diferentes actividades, entre otras, reunir dinero para mandar al pueblo ayuda en la construcción de un pe-queño puente que permite el paso en la época de lluvias; apoyó a la escuela en dife-rentes necesidades; envió dinero para la construcción de un museo, etc. Además de la anterior, varios paisanos se adscribieron también como miembros de la Unidad Mixteca Oaxaqueña. Los oaxaqueños en Sonoma han trabajado en diferentes pro-yectos tanto en México como en Estados Unidos; se convirtieron en activos inter-locutores de las autoridades oficiales del estado de Oaxaca. Dos gobernadores de ese estado, Heladio Ramírez y Diódoro Carrasco, incluyeron a Windsor, condado de Sonoma, en su recorrido por varias ciudades de California, para reunirse con los mixtecos y oaxaqueños de esa zona. La Unidad Mixteca Oaxaqueña tuvo una vida

PROCESOS DE IDENTIDAD 33

6La disminución de la población en el pueblo es sorprendente. De acuerdo con el censo de 2000,

contaba únicamente con 463 habitantes, 201 de ellos varones y 262 mujeres. Otro dato relevante es que a diferencia de otros poblados, en donde ha aumentado la escolaridad de sus pobladores, tenemos que el promedio de escolaridad es de 5.53.

7El señor Morales murió recientemente. Los datos se obtuvieron de la historia de su vida que recopilé

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más efímera, ya que su pertenencia implicaba formar alianzas entre oaxaqueños de diferentes comunidades y tendencias políticas en el contexto de las visitas de los anteriores gobernadores del estado de Oaxaca.

Otra organización más incluyente y con una vida más activa en la zona es Lati-nos Unidos en el Condado de Sonoma, pues ha tenido una presencia más visible en el nuevo medio y tiene diferentes proyectos, entre otros, un comité de becas para dar apoyo económico a los estudiantes sobresalientes, un comité de funerales que se encarga de proporcionar dinero para enfrentar los gastos de sepelio o envío de cadá-veres al pueblo de los paisanos que mueren en Estados Unidos.

¿Por qué una organización de este tipo? ¿Por qué los tequixtepeños pudieron formar y adscribirse a una organización de latinos? Antes de su llegada al vecino país del norte, los oaxaqueños del poblado mencionado no se identificaban a sí mis-mos ni siquiera como mexicanos. Esto es, en los pueblos de origen, la identidad que se manifestaba era como habitantes del pueblo de San Pedro y San Pablo Tequix-tepec para diferenciarse de los pobladores de otros pueblos en el mismo estado y principalmente de los del mismo distrito de Oaxaca. Cuando iniciaron la migración a la ciudad de México, al igual que sus paisanos, los tequixtepeños empezaron a asu-mir el apelativo de oaxaqueños, no obstante que ese término encerraba una visión peyorativa hacia sus portadores. El término oaxaqueño, utilizado como “oaxaco” o “oaxaquitas”, implicaba hacer frente a una diferencia étnico-racial de “otros” con los que se convive en un mismo espacio, situación desconocida anteriormente en el contexto de sus lugares de origen.

Enfrentados ahora a los “otros”: los mestizos, los chilangos, los migrantes en las ciudades de otras ciudades o pueblos no indígenas, los oaxaqueños experimentan por primera vez fuera de sus contextos la discriminación, exclusión y los estereotipos negativos sobre su origen; son los “chaparros”, “morenos”, “ignorantes”, etc. Las diferencias fundamentales en sus lugares de origen se desvanecen para crear una nueva identidad más incluyente, los “otros” no reconocen las diferencias entre los pobladores de distintos pueblos y zonas: se les engloba a todos con el apelativo de “oaxacos”.

Junto con esa visión peyorativa, se crearon también procesos de afirmación po-sitiva de la identidad (Gobierno Constitucional del Estado de Oaxaca, 1999). Las organizaciones de oaxaqueños en la ciudad de México florecieron. Ya sea para recrear la cultura, para aglutinarse en torno a demandas, para tener mayores apoyos para los pueblos de origen, los oaxaqueños, unidos en comités o sociedades pro pueblo, hasta asociaciones más incluyentes como oaxaqueños, mixtecos, zapotecos, triquis o indígenas oaxaqueños, formaron organizaciones que han proliferado desde la dé-cada de los sesenta, y muchas de éstas continúan en la actualidad. Ahora tenemos grupos bien establecidos, con organizaciones también fortalecidas, espacios ganados tanto para la recreación de su cultura como para reproducir nichos de actividad que permiten a varias familias tener una forma de ingreso: los negocios de comida, la venta de artesanía, los puestos de productos en mercados o en camionetas o la ven-ta callejera de los no menos famosos ven-tamales oaxaqueños, forman parte hoy en día del paisaje urbano de la gran ciudad de México.

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Los espacios ganados también se han expandido a los espacios de vivienda y de trabajo. Es común encontrar que los habitantes de diferentes pueblos o etnias participan mayoritariamente en ciertas actividades en la gran ciudad: además de la venta callejera ya mencionada, hay datos que señalan la presencia mayoritaria de ciertos pobladores de Oaxaca o de otros estados en determinadas actividades, por ejemplo los de Chilapa de Díaz ingresaron como trabajadores en Aeroméxico, los de San Sebastián Nicananduta en el servicio de limpieza del Distrito Federal, etc. También se ha reseñado la presencia de oaxaqueños o de otros grupos étnicos en ciertos enclaves de vivienda en la ciudad: familias de oaxaqueños comparten ve-cindades, viviendas a lo largo de varias cuadras en diferentes colonias, etc. Las redes de paisanos han ayudado a sus migrantes de varias generaciones a buscarse un lugar en donde vivir y trabajar. Hoy en día, estos procesos de apropiación y recono-cimiento han hecho que las fiestas oaxaqueñas que se realizan en las ciudades, la comida, la vestimenta, etc., sean ahora eventos más conocidos para los habitantes de la ciudad. Como comentaba un entrevistado: “Nosotros somos pobres pero tenemos cultura, no como los chilangos que no la tienen”.

La historia de asentamiento y conquista de nuevos espacios no sólo se limitó a la ciudad de México. En el caso de los tequixtepeños, debido a su cercanía geográfica, se movieron también hacia otro centro urbano: la ciudad de Puebla. Es muy re-cordada la presencia de los primeros tequixtepeños en ese lugar. Se cuenta que hubo una familia que fue progresando en el comercio de harina y ayudó a varios pai-sanos dándoles trabajo y abrigo en su negocio. Si bien en esa ciudad las opciones de empleo fueron más limitadas que en México, la llegada de varias familias marcó también una época de migración para el pueblo.

A mediados de la década de los ochenta, el flujo migratorio experimentó un cam-bio. La crisis en la ciudad de México a partir del sismo tuvo un gran impacto; varias viviendas fueron afectadas y sus habitantes tuvieron que buscar nuevos lugares donde vivir. Aunado a lo anterior como elemento detonante, la causa que con ma-yor fuerza impulsó esa redirección fue la crisis económica en el país, pues provocó que varias industrias y comercios en la capital cerraran sus puertas, lo cual dejó sin posibilidades a los nuevos migrantes para ingresar a un empleo formal. Como bien lo expresó un entrevistado: “La ciudad de México dejó de ser un lugar de progreso”, por lo que los oaxaqueños redirigieron su destino hacia el norte.

Coincidentemente, en el caso que nos ocupa, en dicha década se dio un mayor requerimiento de trabajadores para la siembra de las viñas y para el ciclo de cose-cha y poda en el lugar adonde había llegado el señor Morales en su largo camino hacia el norte. Llamados por su paisano, los oaxaqueños de San Pedro y San Pablo Tequixtepec se dirigieron hacia el estado de California, a los condados de Napa y Sonoma.

Al llegar a Estados Unidos, los oaxaqueños experimentan un nuevo proceso de adscripción de su identidad: los otros contra los que hay que definirse no son los mexicanos “no oaxaqueños”, sino los estadunidenses. En los condados de Napa y Sonoma, la presencia de los anglos es mayoritaria, no hay presencia importante de otros grupos étnicos como negros o asiáticos, etc. Los “otros”, los estadunidenses,

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no reconocen las diferencias de los nuevos pobladores más que por su lugar de ori-gen, son del vecino país del sur. Esa denominación general se utiliza sin importar si los que se nombran como “mexicanos” provienen de México o de otro país de América Central o del Sur. Hablar español y ser morenos son los indicadores que hacen que se les englobe en una identidad común. Los mexicanos en estos con-dados constituyen una mayoría importante con respecto a la población proveniente de otros países.

Esta zona no fue impactada de manera importante por la lucha por los dere-chos de los trabajadores agrícolas encabezada por César Chávez; los dueños de las

wineries prefirieron pagar sueldos más altos y de esta manera detener la

incon-formidad entre los trabajadores. No obstante, el conocimiento del movimiento chi-cano y del de los trabajadores agrícolas y la experiencia en el mismo por parte de algunos que ya laboraban en el lugar permearon la identidad de estos actores, de tal manera que la adscripción al término “latino” es una definición adoptada para di-ferenciarse de los otros y para autoafirmarse. Se reconoce que si bien la lengua es un elemento unificador, los elementos que dan mayor fuerza y contenido a esa iden-tidad son los de compartir una experiencia común: son trabajadores con sueldos

36 MARTHA JUDITH SÁNCHEZ GÓMEZ

CUADRO2

POBLACIÓN HISPANA POR PAÍS ENNAPA YSONOMA, 2000 Y2005

Napa País 1990 2000 2005 % % % Mexicanos 13,161 82.6 25,226 85.8 30,964 85.9 Puertorriqueños 231 1.4 324 1.1 142 0.4 Cubanos 69 0.4 110 0.4 52 0.1

Otros hispanos o latinos 2,480 15.6 3,756 12.8 4,875 13.5 Total de hispanos 15,941 100 29,416 100 36,033 100 Sonoma País 1990 2000 2005 % % % Mexicanos 31,627 76.7 63,879 80.3 80,672 84 Puertorriqueños 924 2.2 1,391 1.7 776 0.8 Cubanos 232 0.6 359 0.5 389 0.4

Otros hispanos o latinos 8,440 20.5 13,882 17.5 14,187 14.8 Total de hispanos 41,223 100 79,511 100 96,024 100

FUENTE: U.S. Census Bureau, U.S. Bureau of the Census 1990, Census of Population and Housing,

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bajos, sin prestaciones, requeridos y no reconocidos por los empleadores y la so-ciedad de acogida, y en muchas ocasiones no cuentan con documentos. De ahí que la organización Latinos Unidos en el Condado de Sonoma logra cristalizarse, y a partir de esa comunalidad crear proyectos para un conjunto más amplio de miem-bros; ya no son sólo los oaxaqueños ni los mexicanos, sino los latinos, trabajadores principalmente agrícolas, los que forman ese nuevo contingente.

¿Qué características tienen estos trabajadores y cómo es que logran conformar una organización? De una serie de entrevistas levantadas en la zona, tenemos que

PROCESOS DE IDENTIDAD 37 35 000 30 000 25 000 20 000 15 000 10 000 5 000 0 1990 2000 2005 Mexicanos Puertorriqueños Cubanos Otros hispanos o latinos

GRÁFICA3 NAPA, CALIFORNIA

Mexicanos Puertorriqueños Cubanos Otros hispanos o latinos 90 000 80 000 70 000 60 000 50 000 40 000 30 000 20 000 10 000 0 1990 2000 2005 GRÁFICA4 SONOMA, CALIFORNIA

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