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Revista de Estudios de Juventud 104 (completa)

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Marzo 2014 | Nº 104

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TUDIOS

DE JUVENTUD

Marzo 2014 | Nº 104

Imágenes de futuro en la juventud

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En el monográfico que hoy presentamos vemos como la creatividad es el elemento central que ha de acompañar a la proactividad: hay que generar oportunidades, reinventarse, pensar el futuro de forma innovadora (no como una extensión del pasado y el presen-te), e integrar de forma abierta múltiples visiones que permitan un abanico más amplio de posibilidades. El futuro se ha de abordar de forma creativa; hay que inventarlo, decidiendo a donde

se quiere llegar a partir de la situación presente, poniendo los medios para conseguirlo, y garantizando la sostenibilidad del proceso (entre la acción y la visibilidad de cambios pueden mediar décadas). Por tanto, la proactividad ha de ir acompañada de la creatividad a la hora de generar imágenes de futuro sobre las que diseñar y planificar una estrategia para una comunidad (sea ésta nacional, supranacional, institución, organización o empresa).

Imágenes de futuro en la juventud

104

(2)

104

≥ Marzo 14 | Nº

REVISTA DE

ESTUDIOS

DE JUVENTUD

Imágenes de futuro en la juventud

Coordinador:

Enric Bas

(3)

Director

Ruben Urosa Sánchez

Coordinación del número Enric Bas (Universidad de Alicante)

Diseño Gráfico

Pep Carrió / Sonia Sánchez Antonio Fernández

Ilustraciones Olga Capdevila

Edición

© Instituto de la Juventud

Redacción

Observatorio de la Juventud en España Servicio de Documentación y Estudios Tel: 91 782 74 67

Fax: 91 782 74 27

E-mail: [email protected] web injuve: www.injuve.es Biblioteca de Juventud C/ Marqués del Riscal, 16 Tel: 91 782 74 73

E-mail: [email protected]

Libro impreso con papel reciclado, el 60% libre de cloro

ISSN: 0211-4364 NIPO: 684-14-009-7 Dep. Legal: M-41850-1980

Maquetación e impresión:

ADVANTIA, COMUNICACIÓN GRÁFICA, S.A.

Las opiniones publicadas en este número corresponden a sus autores.

El Instituto de la Juventud no comparte necesariamente el contenido de las mismas.

REVISTA DE

ESTUDIOS

DE JUVENTUD

(4)

EL TEMA

|

pág. 5

Introducción

|

pág. 7

1. Educar para innovar: la innovación como cultura. Juventud, proacticividad, creatividad, participación

y visión de futuro compartida

|

pág. 11 Enric Bas.Universidad de Alicante. España

2. El niño 2.0 “De tal palo, tal astilla”

|

pág. 31

Janet Faulkner.Investigadora Universidad de Houston. Estados Unidos

3. Innovación, expansión universitaria e inclusión social: la dinámica del emprendimiento joven en

Brasil desde las incubadoras universitarias

|

pág. 47

Ana Bossler, Priscilla PereirayDébora Rodrigues.Universidad de Buenos Aires

4. Jóvenes y niños mexicanos: visión de futuro

|

pág. 57 Antonio Alonso Concheiro.Analítica Consultores. México

5. Algunos elementos del sistema económico mundial de los próximos 20 años

|

pág. 73 Jerome C. Glenn.Proyecto Millenium. EE.UU.

6. Devolver la fe a nuestros jóvenes: La creación de una nueva mitología espiritual para la cultura

occidental

|

pág. 83

Jennifer M. Gidley.Presidente. Federación mundial de estudios futuros. Australia

7. Imágenes de futuro, prospectiva e innovación: explorando el potencial de las redes sociales para el

desarrollo de procesos de innovación abierta entre jóvenes universitarios de España y Finlandia

|

pág. 99 Mario Guilló.Futurlab. España

8. La era del optimismo. Desenredando las perspectivas de futuro de los jóvenes indios

|

pág. 109 Rakesh Kapoor.Director de Futuros alternativos. India

9. Juventud y futuro: una perspectiva sudafricana

|

pág. 121 Maphuti MannyayRefilwe Ramatlhodi.UNISA. Sudáfrica

104

≥ Marzo 14 | Nº

ÍNDICE

Imágenes de futuro en la juventud

Coordinador:

Enric Bas

(5)

10. El colegio y las perspectivas de futuro: los marcos culturales y los procesos discursivos en el aula

|

pág. 141

Simone Arnaldi.Directora Instituto Jacques Maritain. Italia

11. Visiones de futuro de los jóvenes japoneses no queridos

|

pág. 159 Ryota Ono.Aichi University. Japón

12. Una imagen del futuro de Europa

|

pág. 175

Ulrich Reinhardt.Director Fundación para estudios futuros. Alemania

13. Creado desde el conocimiento y adornado con la imaginación. Visiones de futuro en educación

|

pág. 199

Anita Rubin.Profesor Adjunto. Centro de investigación de futuros de Finlandia. Universidad de Turku y Hannu Linturi.Director. Escuela superior popular de Otava. Finlandia

14. Promover la creatividad y las habilidades del pensamiento de diseño entre los estudiantes

universitarios

|

pág. 215

Miko LaaksoyMaría Clavert.Investigadores. La Fábrica de Diseño. Universidad Aalto. Finlandia

MATERIALES

|

pág. 229

(6)

Imágenes de futuro en la juventud

(7)

La creatividad es el elemento central que ha de acompañar a la

proactividad: hay que generar oportunidades, reinventarse, pensar el

futuro de forma innovadora (no como una extensión del pasado y el

presente), e integrar de forma abierta múltiples visiones que permitan un

abanico más amplio de posibilidades. El futuro se ha de abordar de forma

creativa; hay que inventarlo, decidiendo a donde se quiere llegar a partir

de la situación presente, poniendo los medios para conseguirlo, y

garantizando la sostenibilidad del proceso (entre la acción y la visibilidad

de cambios pueden mediar décadas). Por tanto, la proactividad ha de ir

acompañada de la creatividad a la hora de generar imágenes de futuro

sobre las que diseñar y planificar una estrategia para una comunidad (sea

ésta nacional, supranacional, institución, organización o empresa).

(8)

“The Future is ours”–el futuro nos pertenece, en español– es una coletilla

recurrente en el ámbito anglosajón que se emplea para reivindicar esa visión

calvinista del mundo: cada uno es el dueño de su propio destino, y Dios es

su compañero y mentor (no el juez que guía sus designios, como ocurre en

el mundo católico). Además, también es el título de un libro que en 1996

publicó el académico y amigo Graham May, por aquel entonces Director del

Master en Prospectiva de laLeeds University(Reino Unido). En aquel libro, el

Profesor May hacía su propia clasificación deFutures Studiesy hablaba de

tres enfoques; tres formas de “mirar hacia el futuro”: Prevenir, Gestionar y

Crear. En aquel momento, hace ya casi dos décadas, la opción creativa

estaba relegada (por normativa) a las otras dos (más basadas en lo probable

y lo plausible) en la gestión de las organizaciones. Eran tiempos –aún– de

estabilidad estructural, en los que el determinismo dominaba la investigación

académica, la gestión organizacional y el pensamiento general de la

ciudadanía, y aún se consideraba que el futuro se podía predecir

extrapolando en virtud de lo ocurrido en el pasado.

Desde entonces el mundo ha cambiado bastante: el siglo XXI empezó con el

11-S y ha seguido con una crisis financiera global sin precedentes –si

exceptuamos el crack de 1929–. En ambos casos, se producen una serie de

sucesos imprevistos, en lo relativo a su ocurrencia y/o magnitud, que ponen

el sistema al borde del colapso (seguridad y economía se retroalimentan, por

cierto) y evidencian la incapacidad del mismo para predecir rupturas.

Mientras tanto, Internet, que por aquel entonces empezaba a expandirse

fuera de su ámbito natural (seguridad y educación), se ha convertido en un

fenómeno masivo y ha devenido elemento esencial en la vida social de gran

parte del planeta. La conjunción de la red de redes con el desarrollo de las

telecomunicaciones ha generado un nuevo escenario, en el que el acceso

unidireccional propio de la primera fase ha dado paso a la interacción como

norma (entre individuos y con la propia red). Y se prevé que el próximo paso

este fundamentado en la inteligencia artificial y facilite una aún mayor

integración del hombre con la máquina, con todo lo que ello puede suponer.

Además, el mundo ha cambiado a nivel geoestratégico con la “aparición” de

alternativas a los tradicionales hegemones; los denominados BRICS (Brasil,

Rusia, India, China y Sudáfrica) se postulan como tales, en su calidad de

economías emergentes; ello puede introducir cambios sensibles en

estructuras y procesos.

Por todo ello los instrumentos que se venían utilizando para enfrentar la

incertidumbre y mirar hacia el futuro, mayormente basados en el

determinismo y la extrapolación (lo ocurrido en el pasado y sus inercias) y

en la plausibilidad (lo posible y probable según nuestros modelos

extrapolativos), hoy día se revelan insuficientes –cuando no estériles o

incluso contraproducentes– a la hora de desarrollar una estrategia.

(9)

en esta época de indeterminación absoluta, interconectividad total y global y

cambio continuo no sirven para orientar los procesos de toma de decisiones.

Porque ahora no se trata de “predecir” desde un punto de vista

probabilístico que ocurrirá en el futuro para adaptarse a ello; ni siquiera es

suficiente anticipar escenarios alternativos basados en la plausibilidad de tal

o cual elemento. No basta con ser proactivos; ni en el caso de las

organizaciones ni en el de los individuos. Hay que introducir el pensamiento

creativo a la hora de generar imágenes de futuro; especuladores y terroristas

lo emplearon en su beneficio a sabiendas de que el sistema jamás lo usaría

para prever sus acciones, debido al exceso de confianza, ensimismamiento y

autocomplacencia determinista, imperantes.

Ahora la creatividad es el elemento central que ha de acompañar a la

proactividad: hay que generar oportunidades, reinventarse, pensar el futuro

de forma innovadora (no como una extensión del pasado y el presente), e

integrar de forma abierta múltiples visiones que permitan un abanico más

amplio de posibilidades. El futuro se ha de abordar de forma creativa; hay

que inventarlo, decidiendo a donde se quiere llegar a partir de la situación

presente, poniendo los medios para conseguirlo, y garantizando la

sostenibilidad del proceso (entre la acción y la visibilidad de cambios

pueden mediar décadas). Por tanto, la proactividad ha de ir acompañada de

la creatividad a la hora de generar imágenes de futuro sobre las que diseñar

y planificar una estrategia para una comunidad (sea ésta nacional,

supranacional, institución, organización o empresa).

Pero en un barco todos deben estar de acuerdo sobre lo esencial: hacia

donde poner rumbo. Han de elegir una imagen de futuro compartida. Ha de

existir eso queJanet Faulknerdenomina “espíritu” comunal, basado en un

sistema de valores compartido y la esperanza de un futuro mejor para todos

los miembros de la comunidad, elementos ambos clave para articular

procesos de cambio social que integren a los jóvenes y les ayuden a dar lo

mejor de sí mismos.

Como bien indicaJennifer Gidley, la pérdida de valores y de significado

derivados de la falta de una perspectiva de futuro y de sentido de

comunidad (eso que Janet denominaba “espíritu”) puede tener efectos

tremendamente destructivos no solo a nivel de descomposición comunal, si

no directamente sobre la salud individual. La falta de horizonte, la falta de

perspectiva, la falta de expectativas –eso que da “sentido” a la vida–

conduce a la desesperanza y la depresión. Y el bienestar de una comunidad

pasa por el bienestar de los individuos que la componen; así,Ryota Onose

atreve a afirmar que la principal razón por la que Japón (que hasta los 90s

era potencia emergente) está en la situación actual es la ausencia de una

imagen positiva de futuro.

También se puede afirmar que, mirando el reverso de la moneda, una imagen

de futuro positiva, la existencia de expectativas y la motivación por

conseguirlas, tiene un efecto movilizador tremendo. En ese sentido la

perspectiva cultural es clave, dado que en definitiva nuestra forma de

afrontar la vida y los cambios está condicionado por el sistema de valores

que tomamos como referencia. Como nos cuentaRakesh Kapoor, la

dimensión cultural (y no solo la coyuntura sociohistórica, que también) es

esencial para comprender el optimismo con que los jóvenes hindúes

(10)

La juventud es, en términos de futuro, el mayor activo que tiene una

comunidad. Eso es algo que parecen tener muy claro en India, pero también

en Sudáfrica, como indicanMaphuti MannyayRefilwe Ramatlhodi; no es de

extrañar que el gobierno sudafricano esté siguiendo los pasos de Finlandia

(otro país que también lo tiene muy claro desde hace tiempo) a la hora de

articular sistema educativo con sistema nacional de innovación. Un enfoque

–el de integrar innovación y educación– que, como nos indicanDébora

Rodrigues,Ana BossleryPriscila Lima Pereira, resulta esencial para explicar

el crecimiento económico del Brasil; como ellas indican las incubadoras

universitarias han sido elemento estratégico clave como herramientas de

inclusión social, dinamizando el emprendimiento del país.

Ésta es una idea que un servidor,Enric Bas, trata de reforzar al reivindicar el

papel central que ha de tener la educación en el desarrollo de una cultura de

la innovación (como elemento esencial para el bienestar y el desarrollo de

una comunidad), así como la articulación de Ecosistemas de Innovación

Abierta que fomenten el emprendimiento a partir de la integración real del

tejido productivo, el sistema educativo y el investigador. Como bien indica

Simone Arnaldi, la educación formal es –todavía y a día de hoy– la forma de

socialización dominante en las sociedades modernas; el medio para

transmitir los valores característicos de una cultura. De ahí que resulte

esencial –la educación– como elemento estratégico para la supervivencia de

la comunidad: solo formando a los jóvenes adecuadamente la comunidad

tendrá futuro.

¿Y que es “formar adecuadamente”? En general, podría decirse que

básicamente consiste en proporcionar a los individuos losskills

–herramientas profesionales (aptitudinales) y personales (actitudinales)–

necesarios para sobrevivir en el contexto sociohistórico en el que estamos

inmersos: un sistema económico capitalista global e hipertecnologizado en

continua transformación.Miko LaaksoyMaría Clavertexplican algunas de

las claves del éxito del modelo de excelencia finlandés (en el que formación,

investigación y transferencia están integradas), a través de la experiencia

concreta de laDesign Factory: design thinking, multidisciplinariedad,

creatividad, conexión con empresas, y participación activa del alumnado.

No existen formulas perfectas, y no existe una “formación adecuada” de

manual; la formación ha de adaptarse a los cambios del entorno, para

garantizar que los egresados, los jóvenes, están adquiriendo exactamente las

habilidades personales y profesionales que necesitarán mañana (no hoy). Y

eso, como nos recuerdaAnita Rubin, implica repensar sistemáticamente el

modelo educativo. Esta visión prospectiva está muy instalada en el modelo

educativo finlandés y es la garantía de su futuro: para ellos no basta con

haber alcanzado la excelencia; ahora hay que mantenerla, seguir pensando

en prospectivo… reinventando, pensando alternativas.

Como nos indicaUlrich Reindhart, es necesario integrar activamente a los

jóvenes en todos los procesos que tienen que ver con el futuro de la

comunidad (que es el suyo propio como individuos), y esa integración ha de

alcanzarse a través de mecanismos de participación que fomenten la

implicación activa de los jóvenes en dichos procesos. Como acertadamente

indicaAntonio Alonso Concheiro, hay que escuchar a los jóvenes mucho

más de lo que se viene haciendo, evitando una colonización del futuro desde

(11)

El ámbito educativo, y ahí podemos referir el éxito de laDesign Factory

(Aalto University), es el idóneo para “activar” a los jóvenes. En ese sentido, y

como muestraMario Guilló, se pueden desarrollar herramientas y

plataformas online para estimular y vehicular –a través de las instituciones

educativas formales– procesos participativos que permitan a los jóvenes

identificar imágenes de futuro, contrastarlas, y desarrollar un aprendizaje

colectivo.

Esta forma de abordar el aprendizaje, integrador y participativo, será clave

para sobrevivir en la “Nueva Economía” de la que hablaJerome C. Glenn; un

nuevo escenario en el que la preeminencia de lo medios digitales será

apabullante, los valores se irán transformando, y se desarrollará una suerte

de “inteligencia colectiva” asistida por avances en inteligencia artificial,

nanotecnología, etc.

En conjunto, esta obra participa de ese “espíritu comunal” que reivindicaba

Janet como motor esencial para poder mirar hacia el futuro, y con el que

empezábamos este relato. Siendo esta comunidad ad hoc –la firmante del

número especial sobre Imágenes de Futuro en la Juventud– sumamente

heterogénea en lo relativo a edad, género, credo religioso, etnia,

nacionalidad, enfoque disciplinar, etc.. todos sus miembros participan del

mismo espíritu común: el compromiso con los jóvenes y con su futuro, que

es el de todos nosotros.

Eso es algo que, desde los orígenes de losFutures Studies(no en vano

vinculados al Club de Roma y Naciones Unidas) ha estado muy presente en

el credo de los prospectivistas de todo el mundo: trabajamos no para

describir un futuro probable, si no para crear un futuro mejor.

Con el orgullo de introducirles el trabajo de algunos de los que hoy son (y

algunos de los que serán) los mayores y más reputados expertos mundiales

en la investigación y análisis de imágenes de futuro en los jóvenes.

Esperamos sea de su interés.

Enric Bas

Director FUTURLAB

(12)

Educar para innovar: La innovación

como cultura. Juventud, proactividad,

creatividad, participación y visión de

futuro compartida

Tenemos en España un déficit cultural grave que afecta a nuestra capacidad innovadora y, por tanto, a

la capacidad productiva y la competitividad de nuestro capital humano y nuestras empresas e

instituciones; en consecuencia, también a nuestras posibilidades como país. El futuro de los jóvenes

españoles –en el contexto actual– pasa inexorablemente por una reforma estructural profunda basada

en el diseño de un sistema educativo. Y este sistema educativo ha de estar integrado en un sistema

nacional de innovación que sirva de framework, de marco de referencia, para la toma de decisiones en

el corto, medio y largo plazo.

Este sistema educativo ha de ser el epicentro de la recuperación del país, y ha de estar totalmente

volcado en maximizar el potencial competitivo de los jóvenes, generando una cultura de la innovación

–inexistente hoy día– que tenga sus raíces en las edades más tempranas y un desarrollo completo en la

educación superior. Una cultura de la innovación que imprima un nuevo sistema de valores en los

jóvenes basado en una ética del trabajo fundamentada en el esfuerzo, la corresponsabilidad, la

proactividad, la colaboración, la creatividad, la capacidad empática y la participación activa.

Para fomentar la generación de una verdadera cultura de la innovación en los jóvenes, la educación

superior española habría de cumplir –al menos– cinco condiciones, que a su vez están interconectadas:

pragmatismo (que el diseño curricular este centrado en la resolución practica de problemas y no en

una ideología), contextualización (que este fundamentado en las necesidades del entorno

socioeconómico y conectado a él de forma activa y no sólo simbólica), sostenibilidad (que este

diseñado para sobrevivir a los coyunturales cambios políticos), visión global (que este atento,

conectado e integrado a experiencias y centros de excelencia internacionales) y visión estratégica (que

tenga unos objetivos claros y concretos en el largo plazo, anclados en una visión de futuro compartida

–consensuada– por la comunidad).

Existen experiencias que pueden servir de referente (aquí mencionamos el caso finlandés): construir

una cultura de la innovación puede llevar una generación (15 años hasta que se empiecen a ver efectos)

y pasa indefectiblemente por que el diseño de sistema educativo y sistema de innovación estén

integrados y tengan un fuerte apoyo de la sociedad civil. Pero para eso es necesario desarrollar

mecanismos y espacios de participación que permitan un mejor aprovechamiento de nuestro capital

humano y potenciar una serie de skills –habilidades– tanto a nivel individual como organizacional, entre

los que podría estar los 10 que aquí se proponen.

Palabras clave:Cultura de la innovación, proactividad, emprendizaje,

juventud, creatividad, prospectiva participativa, ecosistemas de innovación

abierta.

Enric Bas. Director FUTURLAB – Laboratorio de Prospectiva de la Universidad de Alicante.

DOCUMENTOS

(13)

1. Ecosistema social e innovación

Cabe señalar, para empezar, que, al hablar de ecosistema (Environment),

resulta muy común caer en la simplificación que supone asimilar dicho

concepto con el de “medio ambiente”. La idea de ecosistema, tal cual, debe

ser abordada desde las ciencias sociales y va más allá del concepto acuñado

desde el ámbito de la ecología que lo define como sistema natural formado

por un conjunto de organismos vivos y el medio físico donde estos se

relacionan. Así, y de acuerdo con la teoría del ecosistema social, un

ecosistema estaría constituido por cuatro elementos, a saber: el

medioambiente, la población, la organización social y la tecnología (Hawley,

1991; Díez Nicolás, 2004). Dichos elementos no se entienden como un

conjunto de elementos aislados, sino como componentes de un sistema que

interactúan continuamente, de modo que los cambios que se experimentan

en cada uno de ellos pueden llegar a afectar a todo el conjunto.

Por tanto, y basándonos en el concepto de ecosistema social, podemos decir

que, a diferencia del resto de seres vivos, los seres humanos basan su

supervivencia colectiva en la adaptación al medio a través de la generación y

transmisión de cultura, pudiendo diferenciar aquí entre elementos de la

cultura no material (sistemas de valores, creencias, etc.) y elementos de la

cultura material (tecnología, conocimiento) (Díez Nicolás, 2004). Por

naturaleza, todos los seres vivos cuentan con el instinto de supervivencia,

pero únicamente los seres humanos parecemos tener la capacidad de

adaptar el entorno a nuestras necesidades mediante la alteración de los

recursos disponibles, la invención de nuevas formas de organización social,

la transmisión de renovados sistemas de valores, etc.

Asimismo, también es una característica particular de los seres humanos la

necesidad de pensar en el futuro (Bas, 1999). Si bien existen otras especies

en las que se puede observar cierto interés por el porvenir, los hombres son

los únicos que tienen capacidad para asimilar y planificar una amplia gama

de hechos futuros (Makridakis, 1993). Dicha necesidad propia del ser humano

puede tener una fuerte raíz cultural (Herbig y Dunphy, 1998), y su mayor o

menor arraigo dependerá en gran medida del sistema de valores adoptado

por un colectivo (Weber, 1998). Por tanto, resulta del todo necesario analizar

como el factor cultural (tanto material como no-material) influye en el

desarrollo de una visión compartida de futuro.

Pero la visión compartida de futuro, tal cual la entendemos –generada,

consensuada e implementada de forma colectiva– no ha tenido jamás el

protagonismo que exige el contexto actual, que reclama la sociedad civil y

parecen necesitar imperiosamente las organizaciones (públicas y privadas)

para sobrevivir en una realidad en continuo cambio, caracterizada por la

interconexión, la generación colectiva de conocimiento e información y la

hipercomunicación. Una realidad que exige de todo ecosistema social (y

toda comunidad) un aprovechamiento máximo del capital humano que lo

integra, una conocimiento actualizado del entorno (y las oportunidades y

peligros contingentes que en él se puedan generar) y una comprensión

certera de las debilidades y potencialidades propias, que permitan una

toma de decisiones consecuente y con visión estratégica. Una realidad que

exige un cambio en las organizaciones (de mas jerárquico/vertical y

controlado por élites a mas participativo/horizontal e integrador) para

poder reinventarse continuamente –innovando– y así tener opciones de

(14)

Es tarea ardua encontrar en la historia de la humanidad un solo sistema

social en el que un determinado colectivo o grupo social no haya estado

–explícita o implícitamente– subyugado por otro. El manejo de información y

el conocimiento (a través de la religión, la ideología, la economía o la

tecnología) ha sido un arma recurrente para implementar una situación de

dominación de unos por parte de otros. Y lo sigue siendo; no hay mas que

leer la prensa nacional e internacional.

Este manejo de información atañe tanto al pasado (siempre se ha dicho que

la historia la escriben los vencedores) como al presente (el control mediático

y su traslación a control social a través de la influencia en la opinión pública)

y, por supuesto, al futuro: la gestión de las expectativas individuales y

colectivas –bien sea a través de la publicidad bien sea a través del programa

electoral, entre otras muchas opciones– es un arma infalible para conducir el

destino de una comunidad.

Salvo determinados episodios históricos y contados experimentos puntuales

(¿tal vez los movimientos asamblearios y comunales planteados por el

movimiento libertario y sus secuelas? –movimiento hippy, mayo del 68,

etc..–) pocos son los momentos en la historia en los que el conocimiento, la

creatividad y la innovación (que no es patrimonio de la tecnología –como

algunos quieren hacernos creer– si no que abarca a todos los aspectos de la

vida social: replantearse el funcionamiento del Congreso de los Diputados, o

de las universidades, generando un nuevo modelo de actuación también es

innovación) se han planteado o reivindicado como ámbitos abiertos a la

participación de todos los integrantes de una comunidad.

“Innovación para el pueblo, pero sin el pueblo”. Esta máxima –parafraseando

la acuñada por el despotismo ilustrado– parece haber prevalecido en el

diseño y la planificación estratégica (en todos los ámbitos: desde la política

a la economía, pasando por la seguridad) hasta hoy. Una máxima que parece

haber quedado inservible con el advenimiento de una nueva realidad social,

caracterizada por un cambio hacia paradigmas de comunicación más

abiertos y participativos, que ha terminado por dar un papel central al

individuo (usuario, beneficiario, ciudadano,…) como protagonista principal de

todo ecosistema social. De ahí toda la corriente de pensamiento vinculada al

Human Centered Design(diseño centrado en las personas) y el resto de

aproximaciones que reclaman para el individuo un protagonismo del que ha

adolecido durante siglos.

En un contexto como el actual, en un mundo líquido, marcado por lo global,

la interconectividad y la flexibilidad, se está imponiendo una nueva forma de

abordar la Innovación, mas horizontal y abierta; mas proactiva y estratégica;

mas integradora y participativa. Así, resulta prácticamente inviable realizar

propuestas con posibilidades de éxito, en cualquier ámbito de la vida social

y en cualquier organización, sin el concurso activo (ya no basta con el

refrendo o la sumisión) y sostenido (ya no basta con la participación

puntual) de los individuos (ciudadanos, consumidores, empleados, etc.).

Así, para que un ecosistema social (ya estemos hablando de una empresa o

un Estado) perviva en el futuro ya no parece ser suficiente el tener una

visión de futuro (impuesta/sugerida/anticipada por predicadores,

gobernantes, visionarios, ideólogos, directivos, tecnólogos o expertos) para

la comunidad que lo integra, si no que esta visión de futuro ha de ser

compartida. Es decir, ha de ser generada desde la propia comunidad (en

(15)

por los individuos que la componen (como “mínimo común denominador” en

su heterogeneidad), e implementada de forma coordinada por las

instituciones que la articulan.

Así, toda innovación (implementación de una idea creativa que pueda

contribuir a alcanzar mayores niveles de desarrollo económico y/o bienestar

social), para que redunde en un mayor bienestar y desarrollo socieconómico,

ha de ser generada –a día de hoy– a partir de la contribución individual y el

consenso general en una comunidad, en el marco del ecosistema social en el

que esta está integrada.

2. Finlandia como paradigma

Los sistemas de valores –como parte de la cultura no-material que se trasmite

en una sociedad– tienen una importancia capital a la hora de adaptarse al

ecosistema, y por tanto, la transmisión y fortalecimiento de dicho sistema debe

ser una prioridad a nivel educativo. En este punto, resulta inevitable no

mencionar el ejemplo finlandés, en la medida en que puede ser considerado

como paradigma de sociedad desarrollada que ha alcanzado elevadas cotas de

bienestar social apoyándose en un modelo productivo basado en la gestión del

conocimiento y la redistribución de la riqueza.

Finlandia es un país que, desde finales del siglo XX ha venido realizando una

apuesta firme y decidida por el desarrollo económico y social sustentado en

un sistema educativo ejemplar y el correcto aprovechamiento de los

recursos disponibles (materiales, humanos, etc.). Una apuesta basada en una

visión de futuro compartida (generada originalmente desde abajo, desde la

sociedad civil), diseñada a partir del autoconocimiento (debilidades y

fortalezas), la correcta comprensión del contexto, la prospectiva participativa

(una planificación estratégica consensuada: elCommittee for the Futuredel

Parlamento, integrado por todas las fuerzas políticas que componen el arco

parlamentario, es la prueba fehaciente de esta forma de entender la

construcción del futuro) y el pragmatismo a la hora de tomar decisiones.

Esta apuesta le ha aupado a los primeros puestos de losrankingsen los

Informes PISA, ostentando el liderazgo en materia de educación desde hace

más de una década, y convirtiéndose en un modelo a seguir para muchos

países de todo el mundo. Otro de los factores clave en el desarrollo de la

economía del conocimiento en Finlandia ha sido su apuesta por la

Innovación, algo que queda patente al observar que se encuentra entre los

países que mayor inversión realizan en materia de I+D (3,7 % del PIB, en

2008). Y esta orientación hacia los procesos de innovación no solo se refleja

en indicadores macro-económicos a nivel de país; existen casos de

reconocido prestigio a nivel empresarial (como por ejemplo NOKIA, la

segunda empresa europea que más invierte en I+D, y una de mayor

orientación a la innovación –no solo tecnológica– ha mostrado durante la

última década). Ejemplos, gracias a los cuales puede adivinarse que dicha

apuesta por la innovación se está desarrollando tanto desde el ámbito

público como desde el ámbito privado.

Pero si bien los datos anteriores son clave para entender “el milagro

finlandés”, lo es tanto o más el hecho de que nos encontramos ante una

sociedad –la finlandesa– que presenta una clara “orientación a futuro”

(Heinonen y Wilenius, 2008). Dicha “orientación a futuro” se materializa en la

existencia de un organización social particular de este país y que podríamos

(16)

el exitoso e internacionalmente reconocido Sistema Nacional de Innovación

Finlandés–, en el que están integrados distintos actores sociales: la sociedad

civil (representado por la FSFS-Finnish Society for Futures Studies), el

ámbito de la investigación científica (representado por el FFRC-Finland

Futures Research Center), el ámbito político (representado por el

CF-Committee for the Futuredel Parlamento Finlandés, que antes hemos

mencionado) y el ámbito académico (representado por la FFA-Finland

Futures Academy). La integración de todos estos actores en torno a un

sistema bien articulado asegura que las estrategias de largo plazo se

desarrollan en base a una visión de futuro compartida por el conjunto de la

sociedad finlandesa. Una visión compartida de futuro que asegura, a su vez,

que se alcancen cotas de bienestar social acordes con la visión de la

sociedad en su conjunto y sostenibles en el medio y largo plazo.

El caso de laAalto Universitysimboliza, tal vez mejor que ninguna otra

iniciativa, esa forma particular de entender la cultura de la innovación

anclada en una visión de futuro compartida que han desarrollado en

Finlandia. Creada en 2010 a partir de la integración formal de tres

universidades preexistentes de muy diferente naturaleza (tecnología,

economía y arte), supone una respuesta creativa y proactiva a un problema

financiero: en 2004 un estudio del Ministerio de Finanzas informa acerca de

la necesidad de reformas estructurales para optimizar un sistema educativo

superior sobredimensionado. Convirtiendo un problema en una oportunidad

se propone –desde el propio ámbito universitario– la creación de un nuevo

centro de carácter interdisciplinario que vaya mucho mas allá de la mera

integración formal (el paraguas orgánico) y trate de crear un espacio

sinérgico, un ecosistema volcado en la estimulación del pensamiento

innovador y su aplicación a la resolución práctica de los problemas del

entorno socioeconómico.

Para asegurar la integración de laAalto Universityen su entorno y reforzar

sus conexiones con el tejido productivo, desde el ámbito de lo público se

estimula la financiación privada (donaciones, proyectos, etc…) del proyecto,

de forma que por cada euro conseguido del ámbito privado el Estado aporta

dos euros adicionales. Por otra parte, el diseño de un ecosistema de

Innovación (Design Factory, Start-up Sauna) con vocación internacional,

flexible, creativo y participativo, que fomenta una innovación abierta y

multidisciplinar orientada a la resolución de problemas concretos planteados

por empresas y organizaciones. Un ecosistema en el que los estudiantes (que

son los que han de buscar soluciones a los problemas planteados por las

empresas y organizaciones en sus proyectos) tienen un papel protagonista, y

que asegura la integración del proceso formativo con el trabajo investigador,

así como una orientación total a la transferencia de conocimiento a empresas

y organizaciones. ¿El resultado? Egresados con un nivel de excelencia que

aumenta su capacidad competitiva en el mercado de trabajo global; un nivel

de emprendizaje (en cantidad y calidad de iniciativas) que ha convertido a la

Aalto –en solo 3 años– en un referente mundial y ha llamado la atención de

Silicon Valley(Microsoft ha invertido, de acuerdo con Nokia, 18 millones de

euros en elAppCampusen 2012); una revitalización y reinvención continua

del tejido productivo, que está totalmente integrado en las actividades y

orientación de la propia universidad.

Llegados a este punto, podemos decir que los niveles de desarrollo que

presenta este país en la actualidad son fruto de una estrategia nacional

(17)

con el objetivo de relanzar la economía de un país que en los años cincuenta

presentaba niveles de desarrollo económico y social propios de un país

subdesarrollado. Es más, tratando de poner en relación los distintos

elementos que componen un ecosistema social, diremos que dicha

estrategia está basada en la voluntad de una sociedad (población

finlandesa) que, tratando de alcanzar un ideal futuro consensuado

(organización social), ponen en marcha una serie de iniciativas encaminadas

a disponer de los recursos técnicos, materiales, humanos necesarios

(tecnología) para poder alcanzar altas cotas de bienestar social en un país

en el que –hasta los años cincuenta– la crudeza de los inviernos (ambiente

físico) podían llegar a poner en peligro la propia supervivencia de la

población (Castells y Himanen, 2002).

Por tanto, el caso finlandés –si lo comparamos con la realidad de otros

países que presentan cifras similares en lo que respecta a recursos,

desarrollo tecnológico, etc.– supone un claro ejemplo de que la

disponibilidad de conocimiento o tecnología acumulados no garantiza que la

adaptación al ecosistema y a los cambios que operan en él se de en las

condiciones idóneas. No forman parte de una relación causal directa:

disponer de los ingredientes, si se nos permite la metáfora, no garantiza la

confección de un plato; lo primero es condición necesaria, pero no suficiente

para lo segundo. Por tanto, para que el proceso de adaptación sea efectivo

debemos prestar atención tanto a elementos propios de la cultural material

(desarrollo tecnológico) como de la cultural no-material (visión prospectiva

compartida y actitud proactiva). Solo así podremos afrontar con garantías

de éxito el reto de diseñar innovaciones (productos, servicios, procesos) que

resulten útiles para la sociedad, esto es, que permitan gestionar los cambios

que se producen en un ecosistema anticipándonos a estos, lo cual acarreará

menores costes de oportunidad para dicha sociedad.

3. El (o)caso de España

La falta de cultura de la innovación en España no es algo nuevo, es algo que

ya ha sido denunciado reiteradamente por la comunidad científica e

intelectual a lo largo de la historia reciente, bien de forma implícita (en la

idea de sociedad invertebrada desarrollada por Ortega y Gasset) bien de

forma explícita (–e irónica– por Valle Inclán con su “¡que inventen ellos!”). Es

un mal endémico, de carácter estructural y raíz cultural, que siempre

condiciono nuestro futuro como país y que, en los últimos tiempos, se ha

revelado un pesado lastre que nos impide alcanzar las cotas de bienestar y

desarrollo deseadas.

El estudio “La cultura de la innovación de los jóvenes españoles en el marco

europeo” (Pérez-Díaz y Rodríguez, 2010) así lo evidenciaba al mostrar que

los españoles –por sus virtudes cardinales (sic)– se sitúan en el tercio inferior

de una distribución de países que abarca al conjunto de la Europa nórdica,

centroeuropea, anglosajona y euromediterránea. Este estudio demuestra que

la inferioridad cultural de los españoles es parecida a otros pueblos

mediterráneos (también conocidos por el fatal acrónimo PIGS) como

Portugal, Italia y Grecia. Países todos ellos que comparten una estructura

productiva fácil, menos innovación, dificultades para resolver comunes,

alfabetización tardía, clientelismo político, corrupción generalizada y una

sociedad civil débil, aspectos todos ellos que les han puesto en una situación

(18)

A ello yo me aventuraría a añadir, al menos y a bote pronto, otras carencias,

como la inexistencia de una revolución industrial (con la dimensión y

desarrollo de otros países europeos del norte), la falta de una cultura

empresarial sólida y con visión internacional (salvo contadas excepciones), la

inexistencia de una ética del trabajo (el hedonismo y el paternalismo aquí

pueden con el ascetismo y la capacidad para emprender y asumir riesgos)

apropiada para sobrevivir en un sistema mundial capitalista, la falta de

cultura política democrática avanzada (en España todavía seguimos

pensando en términos de izquierda/derecha, en lugar de en términos de

gestión), y una total y absoluta desconsideración –tanto a nivel popular

como institucional– hacia el conocimiento y la educación como valores

esenciales para articular la vida social y económica. De ahí que los sistemas

educativos de estos países sean, por no utilizar otro calificativo, deficitarios e

ineficaces.

Todo el sistema nacional de innovación finlandés (y, por ende, su capacidad

innovadora y para generar riqueza y bienestar) pivota en torno a un sistema

educativo que, a parte de ser excelente, esta perfectamente engarzado con

el sistema productivo y el sistema político (que incluye la sociedad civil,

como ya hemos mencionado). Estableciendo un paralelismo simple y

conciso, podríamos aventurarnos a afirmar que, en el caso de España, el

sistema educativo es precisamente todo lo contrario, hasta el punto de

haberse convertido en un auténtico talón de Aquiles que dificulta

considerablemente nuestra capacidad de reacción presente en la sociedad

del conocimiento e hipoteca –castrándolo de raíz– el futuro del país.

¿Y cuales son los defectos de los que adolece el sistema educativo español?

Al menos cabría indicar los siguientes: falta de una visión estratégica

consensuada políticamente, que habría de nacer de una visión de futuro

compartida (los planes cambian en función del partido en el gobierno, y si se

implementa alguna medida por imposición de la comisión europea se hace

sin recursos, sin conocimiento de causa y de forma parcial en el mejor de los

casos); total descoordinación entre los diferentes niveles del sistema

educativo, que redunda en fracaso escolar y dificultades para rentabilizar el

capital humano potencial (que haberlo, haylo) dando una dirección clara al

proceso formativo; total desconexión –no formal (existen las OTRI) pero sí

de facto– del nivel formativo (docencia) con el de innovación (investigación)

y aplicación (transferencia) que –unido a una doliente falta de comunicación

y sinergia con el tejido productivo– se manifiesta en una incapacidad grave

para dar respuesta a las necesidades del entorno socioeconómico; falta de

flexibilidad en el diseño de programas y gestión del capital humano, que

evidencia una total falta de perspectiva internacional y redunda en una

pérdida de competitividad grave –no en todas, pero en muchas áreas– de los

egresados a la hora de tratar de acceder a un mercado de trabajo

globalizado.

En definitiva, en España hemos adolecido de una falta de visión estratégica

general, que es consecuencia de una de nuestras mayores lacras como país:

la falta de visión de futuro y de cultura proactiva y de la innovación. Salvo

contadas excepciones (en País Vasco y Cataluña, tal vez por su tradición

industrial, comercial e internacional, si se ha desarrollado más el

pensamiento prospectivo y se han implementado iniciativas dirigidas a

mejorar la capacidad competitiva de individuos y organizaciones en un

mercado global), España es un páramo en lo que se refiere a estas

(19)

anticipación y absolutamente instalada en el modus vivendi de ciudadanía,

empresas e instituciones, ha devenido en un problema estructural.

Y ello debido a una falta de visión de futuro y de perspectiva internacional: la

mayoría de nuestros dirigentes políticos –que son en definitiva los que toman

decisiones– tienen poca o nula experiencia vital y profesional fuera de España

y carecen de referencias –el idioma para empezar es un problema recurrente–

necesarias para ubicarse, contextualizar y tomar decisiones con conocimiento

de causa en un entorno global. Ambos factores –visión de futuro y perspectiva

internacional– van inextricablemente unidos, además: para valorar, por ejemplo,

las actividades de benchmarking (básicamente, el conocer casos de éxito para

aprender –que no copiar–) y poder tomar consciencia de hasta que punto es

necesario desarrollar –en términos de supervivencia– una cultura de la

innovación (y por ende una visión de futuro compartida) en el país es

imprescindible viajar y conocer otras formas de gestionar, de trabajar, de

tributar, de organizarse, de aprender. Otros países; otras culturas.

Un hecho que evidencia esa falta de cultura de la innovación, derivada de la

conjunción de falta de visión estratégica y falta de perspectiva internacional,

es el diseño e implementación de espacios y sistemas para promover la

Innovación en el ámbito de acción y/o la esfera de las universidades públicas

(es decir, dependientes de la administración del Estado); mientras los

ecosistemas de innovación foráneos funcionan con éxito, los parques

científico-tecnológicos españoles son altamente improductivos y poco

competitivos.

La mayor parte de los parques científicos/tecnológicos creados a partir de

universidades públicas están concebidos como viveros: es decir, dan acogida

a proyectos exógenos (generados fuera del parque), y son espacios

compartimentados de cobertura común (que comparten gastos, recursos e

infraestructuras, pero no información ni trabajo). Lugares donde se hace, en

el mejor de los casos, gestión de la innovación, pero donde no se cultiva una

cultura de la innovación. Lugares que no son muy diferentes de un hotel, o

un edificio de apartamento en el que los inquilinos, que viven cada uno en su

cubículo y apenas tienen relación mas allá del mero formalismo, comparten

el uso del ascensor (o centrifugadora) y los gastos comunes derivados del

uso compartido de infraestructuras.

Por el contrario, los ecosistemas de innovación vinculados a universidades,

como lo esSilicon Valley (Stanford University), Mondragón (Universidad de

Mondragón / Universidad de Deusto / Innobasque) oAalto Campus (Aalto

University)son diseñados como comunidades de interés compartido:

comunidades abiertas, sostenibles, centradas en el individuo y su capacidad

creativa y focalizadas en la resolución de problemas planteados en el

entorno (en el mercado y/o en la administración pública). Comunidades

integradas y bien articuladas en las que universidad, empresa y estudiantes

van de la mano, y en las que estos últimos son protagonistas absolutos de

las innovaciones generadas en ese ecosistema (que funciona dando apoyo a

las ideas generadas de forma endógena). Son, como hemos mencionado,

comunidades de interés compartido, que no se limitan a estar en un espacio

común compartimentado, trabajando aislados, sino que trabajan en la misma

dirección, compartiendo información, espacios, recursos e incluso

actividades de ocio de forma abierta.

Para fomentar la generación de una verdadera cultura de la innovación en

(20)

cinco condiciones, que a su vez están interconectadas: pragmatismo (que el

diseño curricular este centrado en la resolución práctica de problemas y no

en una ideología), contextualización (que esté fundamentado en las

necesidades del entorno socioeconómico y conectado a él de forma activa y

no sólo simbólica), sostenibilidad (que este diseñado para sobrevivir a los

coyunturales cambios políticos), visión global (que esté atento, conectado e

integrado a experiencias y centros de excelencia internacionales) y visión

estratégica (que tenga unos objetivos claros y concretos en el largo plazo,

anclados en una visión de futuro compartida –consensuada– por la

comunidad).

4. Prospectiva participativa: La base para una cultura

de la innovación

Según la IFA-International Foresight Academy(IFA, 2012), la Prospectiva

(Foresight) es uno de los formatos participativos que contribuyen a

configurar laagendasetting y las prioridades políticas en diferentes países,

siendo un elemento funcional esencial para la formulación estratégica en las

democracias modernas. De ahí que haya tenido un apoyo explícito dentro

del 7º Programa Marco de I+D+i de la Comisión Europea, así como un

desarrollo transversal dentro de los diferentes subprogramas.

Como indica la IFA, el papel de la prospectiva como herramienta para el

establecimiento de prioridades políticas y la participación democrática ha

ido cambiando durante los últimos años, conforme tenían lugar diferentes

cambios en los sistemas democráticos de muchos países. En algunas

regiones, la Prospectiva ha emergido como un proceso favorecedor de la

democracia participativa, elnetworkingy los enfoques interactivos a través

de la reflexión, la consulta y el debate conjunto y abierto. Tales enfoques han

permitido el desarrollo conjunto, en las comunidades donde se han

implementado, de visiones de futuro y estrategias comunes.

Si atendemos los diferentes tipos de predicción (ver tabla 1) podemos llegar

fácilmente a la conclusión de que los diferentes sistemas sociales que han

aparecido a lo largo de la historia de la humanidad, han ido confiando su

futuro –sucesivamente, en la flecha del tiempo– a profetas, ideólogos,

economistas y expertos de diversa índole. Solo desde el advenimiento del

capitalismo democrático (y con la aparición del Marketing y los estudios de

opinión/intención de voto) la ciudadanía ha sido tenida en cuenta a la hora

de identificar futuros alternativos, pero única y exclusivamente de forma

consultiva y trabajando con modelos de elección cerrados.

SUPERNATURAL HERMENEUTIC TECHNICAL EMANCIPATORY PARTICIPATORY

Primitive Societies Secular Society Industrial Society Post-ind Society Liquid Society Old Regime Nation-State Mass-Capitalism Glocalization Technomics+Networks RELIGION IDEOLOGY PRODUCT KNOWLEDGE PEOPLE

Culture Politics Economy Technology Social System Emotional (RH) Emotional (RH) Rational (LH) Rational (LH) Emotional+Rational

GOD´s ORDERS UTOPIES TRENDS DELPHI METHOD WI-WE

FORECASTING FORESIGHT CREATIVE FUTURES ADAPTATION ANTICIPATION INNOVATION

(21)

Esta fórmula (modelos de elección cerrados + participación meramente

consultiva) parece agotarse desde el momento en que, desde la ciudadanía,

hay una creciente exigencia tanto en el ámbito de la economía (donde son

consumidores o usuarios) como en el de la política (donde son votantes) por

participar activamente en la elaboración de las reglas de juego, así como en

el control directo de la gestión pública. La corrupción como fenómeno

extendido en ambos ámbitos (de los que podríamos decir que es

intersección), y la falta de transparencia en la gestión (también en el manejo

de la información –Wikileaks, etc..–) han sido los detonantes de este

fenómeno, y ya no solo en las democracias occidentales. Si esa ha sido la

llama, la mecha han sido el desarrollo extensivo de las redes sociales a nivel

global y la hipercomunicación y el libre acceso a la información que han

propiciado las TIC.

Hoy día resulta muy difícil aplicar formas de predicción en la gestión pública,

y en los negocios, sin tener en consideración la horizontalidad e inmediatez

(en términos de generación de opinión pública) que han introducido las TIC,

y especialmente las redes sociales. La creencia ciega en una religión, una

ideología, o incluso en las opiniones de técnicos y expertos (con un supuesto

mayor acceso a la información y el conocimiento) ya no es la forma en que

los ciudadanos articulan sus expectativas. Cada vez más, se exige pluralidad

en las fuentes, contraste y participación pública. La sociedad civil, en ese

sentido, esta empezando a reivindicar un papel protagonista en la gestión de

la vida colectiva.

Esto está propiciando la aparición de nuevas formas de “estudiar el futuro”,

de predecir, que integren esa demanda. Los tradicionales modelos

predictivos cuantitativos (tal vez adecuados para momentos históricos de

estabilidad, pero –a buen seguro– inadecuados para momentos de

inestabilidad y cambio estructural) y las técnicas en que estos se basan

(series temporales, encuestas, etc…) hace ya tiempo que se revelan

insuficientes para hacer frente a este nuevo contexto. También los modelos

basados en la opinión de expertos (simulación, método Delphi, etc…) se

revelan insuficientes para dar respuesta a la imperiosa necesidad de empatía

que necesitan instituciones públicas y empresas para dar respuesta a las

demandas de los ciudadanos y mantener la estabilidad del sistema.

La irrupción de una generación de jóvenes (la Generación Z: los “nativos

digitales”) cuyo principal común denominador es el haberse socializado en

un entorno digital que ha alterado radicalmente los patrones de

comportamiento social (relacionales, comerciales, de acceso a la

información) ha sido determinante, a pesar del obvio envejecimiento de la

población en las democracias occidentales (es decir, la preeminencia en

términos cuantitativos de individuos socializados en entornos, digamos,

analógicos), para que ese cambio a la hora de gestionar (recabar, analizar o

moldear) expectativas sea requerido. No se pueden utilizar herramientas de

análisis de la realidad social generadas en un contexto socio-histórico para

tratar de comprender otro en el que estas, obviamente, han quedado

obsoletas o –cuanto menos– no resultan suficientes. Hay que inventar nuevas

herramientas, que den respuesta a las demandas que aquí hemos descrito.

Estas herramientas han de integrar, en plazo y forma, estas demandas. Y ello

implica el diseño e implementación de procesos de participación colectiva,

que han de permear a todas las instituciones sociales: desde la iglesia, hasta

(22)

En FUTURLAB venimos trabajando desde la pasada década en proyectos de

I+D+i articulados en esta dirección, junto con partners internacionales como,

por ejemplo, el MiOIR de laManchester University(que lideró el Proyecto de

la Comisión EuropeaIKnow), la Foundation of the Future del B.A.T. en

Hamburgo (que lideró el ProyectoUnited Dreams of Europe), laAalto

University(nuestros socios en el Proyecto “Flux-3D”) y laIFA-International

Foresight Academy.

5. A modo de conclusión: ¿Cómo generar una cultura

de la innovación? diez propuestas

Estas diez propuestas se corresponden con una forma de entender la cultura

de las organizaciones que defendemos (o compartimos, porque no la hemos

inventado nosotros); con un sistema de valores, con una forma de entender y

abordar el trabajo, la vida en comunidad y el futuro.

Si las contrastamos con el actual panorama en España, podemos observar

que ahora funcionamos exactamente al contrario a nivel país: no pensamos

la innovación como valor (porque no la hemos entendido –es moda para

nosotros– ni integrado estructuralmente), no se estimula el pensamiento

complejo (al contrario, se tiende a la simplificación y la hiper especialización,

en lugar de estimular la interdisciplinariedad), no contrastamos nuestras

visiones (entre otras razones porque no conocemos otras, principalmente

internacionales), no vemos el futuro como un espacio construible (actuamos

en virtud de las predicciones y directrices de los demás), no asumimos la

incertidumbre (como buenos católicos, preferimos tener fe en certezas

improbables), no somos proactivos (preferimos esperar “a ver que pasa”),

castigamos la creatividad (precisamente por lo anterior: “que inventen ellos”,

vaya), preferimos el determinismo (es mas cómodo y no exige tomar

iniciativas), no establecemos conexiones eficientes entre ámbitos (no

entendemos que la universidad no puede vivir sin la empresa ni viceversa) y,

por tanto, no creamos espacios de interacción, participación y creación

compartida. Y así nos va.

5.1. Pensar la innovación como valor

Existe una diferencia clave entre la “gestión de la innovación” y la “cultura de

la innovación”, a pesar de que ambos enfoques comparten y asumen la

evidencia de que la innovación es un elemento clave para el éxito de las

organizaciones en el siglo XXI. El primero entiende básicamente la

Innovación como un elemento exógeno que la sociedad –o una

organización– tiene que asimilar, a pesar de estar básicamente generado

fuera de la misma. Se trata de una forma “predictiva” o “preactiva” (la acción

como previsión) de gestionar el cambio basada en la idea –determinista, en

definitiva– de adaptación a –y aprovechamiento rápido de– los cambios que

está previsto pueden darse en el entorno.

El segundo, por contra, entiende la Innovación como algo que va mucho

más allá de la asimilación de las novedades producidas en el entorno,

tratándola como un elemento básicamente endógeno (y no tanto

endógeno), como una “filosofía” que ha de permear a toda la sociedad en

un conjunto. Se trata, en este caso, de una forma “prospectiva” o

“proactiva” de gestionar el cambio (la acción como innovación) que

(23)

transformaciones que puedan llegar a tener lugar en su entorno, si no que

ha de ser protagonista de las mismas.

La cultura de la innovación, en tanto que proactiva, y al tomar en

consideración la existencia de futuribles, o “futuros” posibles, en lugar de un

solo “futuro” –aún probabilístico– inexorable, implica adoptar una

metodología exploratoria (prospectiva), que permita definir una visión

compartida de futuro, que maximice las expectativas de una sociedad

concreta en lo que a cotas de bienestar se refiere. Por tanto, los métodos de

prospectiva participativa, pueden ser considerados como la “bisagra” que

une la Innovación y el diseño (la concreción de acciones dirigidas a

implementar la Innovación en productos, servicios y procesos). El ejercicio

analítico, de identificación y evaluación de alternativas consensuadas, previo

a la acción. Un ejercicio en extremo necesario, pues permite articular esa

“interiorización” del conocimiento acumulado que es la Innovación en el

diseño de iniciativas concretas, que son a su vez las que han de provocar los

cambios en la dirección deseada.

La prospectiva sería, en consecuencia, el catalizador para la acción

innovadora: el instrumento que ayuda a una sociedad a articular una imagen

de futuro deseable y plausible, y a orientar la actividad del diseño para

encontrar los productos, servicios o procesos adecuados a dicho futuro. En

este sentido, la prospectiva es la herramienta que permitirá conocer y

evaluar las expectativas de futuro de la sociedad, información crucial si se

pretende diseñar “innovaciones empáticas”, esto es, adaptadas a las

demandas futuras –latentes– de la sociedad.

5.2. Pensar los problemas (y las soluciones) en términos de complejidad

El todo es más que la suma de las partes, y ello requiere el desarrollo de una

visión holista a la hora de abordar cualquier problema o reto. Es un hecho

evidente de que la realidad social es un sistema multidimensional, con lo que

cualquier análisis conducente a su interpretación habrá de tener en cuenta

que los hechos sociales, a pesar de que puedan manifestarse de manera

evidente en uno de los ámbitos de la realidad social, son consecuencia de la

convergencia de fenómenos complejos y múltiples cuyo origen rara vez

puede encontrarse exclusivamente en una de las dimensiones que componen

el sistema social (García Ferrando et ál., 1986).

Además, los hechos sociales no solo son consecuencia si no, también y a su

vez, causa de procesos que pueden desencadenarse, anularse, acentuarse o

aminorarse en ámbitos distintos de aquel en el que se han manifestado. Por

tanto, esta clave afecta fundamentalmente a la primera I, la Investigación, el

proceso seminal que asienta las bases para la Innovación. No se puede

emprender la gestión estratégica del cambio sin tener un conocimiento

exhaustivo del entorno social en el que se está operando, y ello pasa por

construir un diagnóstico a partir de la lectura conjunta (que no de la suma

de lecturas), de una “lectura total” de la información obtenida relativa a las

distintas dimensiones que pueden afectar, directa o indirectamente, al

entorno social.

La interdisciplinariedad y la creatividad son necesarias para enfocar los

problemas de forma holista y buscar soluciones innovadoras que los

conviertan en oportunidades. La primera ayuda a comprender las diversas

(24)

consecuencias, referidas a diferentes ámbitos) y el pensamiento creativo es

necesario para poder conectar cuestiones aparentemente inconexas en el

espacio y/o el tiempo, con idéntico objetivo.

5.3. Relativizar nuestras percepciones, sometiéndolas a contraste continuo

La realidad depende del cristal (o método) con el que se mire. Y, como es

bien sabido, la información de que se disponga (su cantidad y calidad)

condicionará indefectiblemente nuestra interpretación de la realidad social.

Pero también es cierto que el método empleado para recabar, ordenar,

jerarquizar, clasificar, analizar e interpretar dicha información conlleva (por

las carencias y potencialidades que todo método implica) un sesgo

igualmente importante en la percepción que podamos tener de un hecho

social.

Toda “lectura” de la realidad social, ya sea pasada (historia), presente

(noticias) o futura (predicciones) está predeterminada por el método y la

información empleadas a tal fin. Esta evidencia muchas veces es obviada en

nombre de la búsqueda de una pretendida objetividad con el fin de

equiparar en “rigor” a las ciencias sociales con respecto a las ciencias

naturales, sin tener en cuenta el principio de reflexividad (Lamo de Espinosa,

1990), según el cual la observación de un hecho social dista mucho de la de

un fenómeno natural, por cuanto el observador forma parte de la realidad

observada, con lo que es literalmente imposible alcanzar el nivel de

objetividad propio de las ciencias naturales.

Ello, si bien no es una ventaja, tampoco supone una desventaja; se trata,

simple y llanamente, de una evidencia que ha de ser tenida en cuenta para

relativizar y poner en contexto cualquier análisis, cualquier juicio de valor

que de este se desprenda. El hecho de que cualquier interpretación de la

realidad social sea consecuencia directa del método empleado en su

construcción nos conduce a otra evidencia: no hay una verdad universal en

los hechos sociales; todo son interpretaciones más o menos fundamentadas.

Relativizar, pues, cualquier análisis de la realidad social (Berger & Luckmann,

1968), propio o ajeno, es requisito indispensable para afrontar, al igual que

una actitud holista, el primero de los procesos en el camino a la Innovación:

la Investigación.

5.4. Pensar el futuro como un espacio construible que es posible moldear

a conveniencia

El futuro es un espacio abierto y construible; no esta predeterminado por

leyes inmutables, divinas o científicas. Por lo tanto, no hay brújula que

indique el camino a seguir: independientemente de la información de que se

disponga y del método empleado para analizar la realidad pasada y

presente, y anticipar futuribles, jamás se hallará el camino marcado hacia el

futuro, porque este no existe como tal…ha de ser construido. La brújula

determinista, que nos marca el norte, el camino correcto, no sirve. Es una

falacia. Por lo tanto, a lo máximo que podemos aspirar es a elaborar un

mapa cognitivo de opciones de futuro plausibles –futuribles– construido en

virtud de la información y metodología disponibles, y valorar –en términos

de probabilidad y deseabilidad– los peligros y oportunidades que cada uno

de los diferentes destinos –así como los diferentes caminos que puedan

(25)

Si el futuro no esta predeterminado por leyes naturales ni sobrenaturales,

será una construcción del ser humano; precisamente ahí radica la naturaleza

emancipatoria de la prospectiva como forma de predecir el futuro: en la

asunción de que el futuro será consecuencia de las acciones emprendidas

previamente. Por tanto, la construcción del futuro está basada en la acción

humana. En el futuro desarrollo de un hecho social pueden concurrir

diversos actores y factores, con diferente capacidad de acción, como

veremos. La toma de conciencia de que el futuro, en mayor o menor medida,

está en nuestras manos es fundamental en el proceso de desarrollo

conducente a la Innovación: para que una organización valore y promueva la

transferencia (D) de conocimiento y tecnología ha de ser consciente de su

utilidad, del tremendo potencial transformador que le otorga, haciéndole

dueña, en mayor medida, de su propio destino.

5.5. Aprender a asumir e integrar la incertidumbre, en lugar de aislarla

Identificar debilidades y limitaciones es una fortaleza. Tras décadas

intentando aislar y evitar la incertidumbre (limitada en los modelos cerrados

en muchos casos a un “error” pretendidamente identificable y mesurable), la

tremenda rotundidad de los hechos, que han puesto en evidencia la

debilidad de unos modelos predictivos que –inducidos por una lectura

positivista y determinista de las ciencias sociales– pretendían asociar el

devenir de las sociedades humanas a leyes naturales, parece que ha llegado

el momento de empezar a convivir con la incertidumbre y aprender a

gestionarla.

La incertidumbre es consecuencia de la ausencia de control total sobre los

hechos sociales. Pero, como la lógica borrosa (Kosko, 2000) nos enseña, el

control sobre los hechos sociales no puede ser interpretado en clave

dicotómica: 0/1,on/offo blanco/negro. Más bien, podría compararse con

una escala de grises en la que los extremos son difícilmente identificables, y

aún alcanzables. Ante la evidencia de que un control absoluto –que

implicaría la ausencia total de incertidumbre– de un hecho social es

imposible, y que, aún desde la inacción se influye (aunque

incontroladamente) en el devenir de los acontecimientos, la opción más

razonable para las organizaciones a la hora de abordar su gestión

estratégica estriba en intentar amortiguar la incertidumbre a través de la

capacidad de intervención sobre la realidad mediante la acción innovadora.

Es decir, de forma proactiva.

Por tanto, la Incertidumbre no ha de ser tomada como algo necesariamente

negativo, si no que puede ser tomada como un factor que permite la

generación de oportunidades estratégicas. La inexistencia de leyes naturales

(y, por tanto, la imposibilidad de identificarlas y manejarlas) que conducen

hacia un futuro predeterminado puede provocar una cierta sensación de

desamparo, desconcierto e inseguridad, pero a ello se le puede dar una

lectura positiva: si nada esta predeterminado, todo es posible. La ausencia

de certidumbre total no ha de verse como un agujero negro e insondable, si

no precisamente como todo lo contrario: como la oportunidad para generar

un futuro elegido; como una oportunidad para la emancipación.

La forma en que tradicionalmente ha sido gestionada la incertidumbre,

tratando de aislarla y controlarla con peripecias metodológicas (“margen de

error”, “probabilidad”, etc.) es producto del tradicional complejo que las

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