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Traslado de la ciudad al Valle de la Ermita

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Academic year: 2021

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-Rosa María Álvarez Aragón | ENSAYO– Introducción

La historiografía muestra un interés generalizado en los académicos y estudiosos por una historia localizada en el centro de las decisiones políticas, en la ciudad capital. Hasta hace unas décadas han surgido los estudios regionales, en estos busca ubicarse este estudio, al tomar como punto de partida la microrregión del Valle de las Vacas y proponer que tiene como eje de su dinámica al pueblo de Asunción Ermita.

Así mismo, se propone el estudio desde el sentido urbano de los asentamientos españoles como clave para comprender el hecho de que las cercanías del pueblo de Asunción fueron determinantes para que el Llano de la Virgen fuera escogido como el nuevo sitio para edificar la ciudad capital del Reino de Guatemala.

Para los efectos de la información, se utilizó el Archivo General de Centro América y el Archivo de la Curia Arquidiocesana.

Se agradece la valiosa colaboración del historiador Duglas Ruiz Álvarez en esta labor. El Valle y su riqueza

El altiplano central guatemalteco está conformado por varios valles relativamente abiertos, esto, unido a la altitud y a la calidad geológica, hace que la mayor riqueza sea la fertilidad de la tierra, a lo que se debe agregar que ya era un centro de población de la alta cultura de la civilización maya cuando en 1520 arribaron las huestes españolas.

Por esta razón, el sitio fue elegido para fundar la Ciudad de Santiago, eje de la

administración, control político y punto de partida de las próximas conquistas. Santiago es, al final de la Colonia, eje del llamado Corregimiento del Valle.

Juarros (1999), en sus descripciones geográficas de las provincias, nos dice que el altiplano recibe el nombre de Pasuya y que se compone de nueve valles para las fechas en las que él escribe, es decir en 1808, además, pertenece a la provincia de Sacatepéquez y en él se encuentra una Ciudad de Santiago que recibe el nombre de la Petapa, más 48 pueblos y 18 curatos.

Uno de estos valles es el que interesa a este estudio, el llamado al Valle de las Vacas en dirección al océano Atlántico. Otros de los valles son Canales, Jilotepeque, las Mesas de Petapa, Mixco y Sacatepéquez.

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cuenca es una barranca profunda formada por el cauce del río, frágil a los derrumbes de las terrazas aluviales, donde se construyó un camino de terracería que comunicaba este cauce con las aldeas Lo de Contreras y Santa Rosita al suroriente de la sierra. Para 1997, este camino había sido ampliado para construir la llamada la calzada de la Paz y el bulevar Landívar.

El estudio de Martínez y Cabrera fue realizado en terrenos de construcción en el Cementerio las Bouganvilias y permitió localizar el camino empedrado al Golfo Dulce, el cual se

encuentra entre el barrio San Antonio de la zona 6 y la colonia la Atlántida de la zona 18, comunicadas ambas por un puente sobre el río. Otro puente, de un solo arco y también de mampostería, se encontró en la colonia La Barreda, este debió ser un punto estratégico porque se encuentra en muchos mapas cartográficos. Los arqueólogos los fechan hacia 1975, al momento del estudio se encontraba ya formando parte de la pared del camposanto.

Es de hacer notar que el río Las Vacas sale del valle hasta alcanzar el río Motagua y sus aguas llevan al Atlántico por el Río Dulce, puerta de comunicación de Guatemala con el mundo. Un detallado estudio sobre la riqueza del Valle de las Vacas –de la Ermita o de la Virgen– y su dinámica social se encuentra en la investigación de Edgar Chutan (2016) y en él se ubican las unidades productivas.

La cultura urbana

Los europeos que llegan a América en el siglo XV son ya personas de mentalidad

básicamente urbana, por esto no se asientan cada quien en su propiedad, sea esta mina o hacienda. Muy al contrario, inmediatamente después de que «ganan» la tierra, es decir, vencen a sus propietarios originales, fundan la ciudad. Hacer casa de piedra, es decir asentarse, era una de los requisitos que el conquistador debía prometer para que el rey autorizara la expedición. Pero, además, no es solo de edificar casa o casas más o menos cercanas, José Luis Romero (1986) descubre que, con este acto, los conquistadores se convierten en sus vecinos ante la presencia de un funcionario real que, mediante acta, declara fundada la ciudad y registra quienes son los vecinos. Es, pues, un acto político, en el cual se asienta que el capitán ha ganado la tierra, además de jurídico. De allí en adelante se convierte en gobernador. La tierra se reparte en solares, para identificar la ciudad que ya existe en la mente de los recién llegados.

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la realidad son un espacio vacío del cual han huido generalmente sus habitantes originales o bien lo que los jefes entregan en señal de alianza, como es el caso de Santiago de Gueste, el cual fue dado, aunque no edificado, en tierras cachiqueles.

En toda América Latina, muchas veces la ciudad va en hombros de sus fundadores, o cambia de sitio. Por diversas circunstancias, Santiago sufre varios traslados hasta identificarse en el Valle de Panchoy, de donde debe partir en 1776 debido a los terremotos llamados de Santa Marta.

Por otra parte, es necesario apuntar que la ciudad en América Latina forma parte del sistema que tiene otro conformante. El pueblo de indios, plenamente estudiado por Horacio Cabezas y Jorge Luján, permite el cobro del tributo, el control político y la evangelización, de esta manera se completa también la visión cultural renacentista: los pueblos conquistados y cristianizados vivirán «en policía», en el nuevo orden dictado por el rey y sus funcionarios. Jorge Luján nos habla de «lo urbano», en ese sentido, será clave para muchas de las acciones fundamentales en la época, como políticas reales que buscan dirigir la vida de las colonias, extraer el tributo, pero también hacer posible una vida «civilizada» en oposición a la vida que en la mentalidad europea se presenta como «salvaje», la vida de los pueblos conquistados que se supone en desorden, en caos, víctima de las fuerzas del mal.

Así fue que por un acto político y cultural América queda organizada en territorios, cuyo eje es una ciudad, en nuestro caso Santiago es el eje del corregimiento del Valle, como apunta Pinto Soria, en ella se establece el control de los pueblos que la habitan.

La realidad de la tierra y el mestizaje va a hacer posibles villas concedidas para que allí se reúnan los mestizos y ladinos. Sin embargo, como se constata, las villas fueron pocas y solo en unos momentos, de allí que se considere que esta inexistencia de villas obedece a una política económica. El uso de la fuerza de trabajo mestiza en las unidades productivas, como haciendas, trapiches, etcétera, no controladas por el sistema.

En resumen, como otros países de América Latina, el corregimiento del Valle de Guatemala en 1776 es un sistema que tiene como eje la Ciudad de Santiago y cuya jurisdicción abarca varios pueblos de indios y villas. Pero las «gentes dispersas», por cultura y por impulso de organización política, también van agrupándose en pueblos. Esta realidad ha sido poco estudiada para Guatemala, salvo en las últimas décadas, cuando se han elaborado los estudios regionales.

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Asunción Ermita, pueblo citado en los documentos, cobra importancia en el corregimiento en 1776, cuando la Ciudad de Santiago debe ser trasladada a otro sitio fuera de Panchoy. En las siguientes líneas trataremos de mostrar su condición de pueblo y las características que conducen a que en sus inmediaciones se alce la Nueva Guatemala de la Asunción.

De todas maneras, la posición estratégica del lugar hace suponer que también eran atraídos arrieros y otras personas que tenían como fuente de ingreso las labores de camino al Golfo Dulce. Así, en una fecha temprana del siglo XVI se estableció un pequeño número de familias españolas en lugar llamado Rincón de la Leonera, dicho sitio fue ubicado por Martínez y Cabrera en el estudio ya citado, en la ladera de la colonia Atlántida, aunque hacen la observación de que no encontraron cuevas.

Por su parte, Chután, en el estudio ya citado, hace una distinción: el río de Las Vacas sería el límite entre el Valle de las Vacas y el Valle de la Ermita, y que también serían dos

asentamientos diferentes. Por una parte, Las Vacas, un asentamiento disperso de

propietarios terratenientes criollos, y la Ermita, asentamiento de indios navorios y castas que fueron quienes constituyeron los vecinos del pueblo llamado Asunción Ermita.

En esta fecha del siglo XVI, el límite no es tajante, solo era un valle cruzado por el río de las Vacas, un hermoso y fértil valle que tenía como límite poniente el valle donde se asienta el pueblo de Mixco, y ya en la ruta de San Lucas llegaba a la Ciudad de Santiago. Los otros viajeros del siglo XVI que entraban a Guatemala remontando el río Motagua descubrían una planicie fértil, llena de labores bien cultivadas de trigo, caña, maíz, etcétera. Por otra parte, en un acta del Cabildo de Santiago de 1530 (Kramer, 2018), se dice que debe comprarse un toro del hato de Barreda, lo que ha dado bien para que varios autores consideren que el nombre de Las Vacas fuera dado al valle por un nutrido hato que trajo de España, Fernando de Barreda o la Barreda.

Se considera que en 1613 llega al Rincón de la Leonera un terciario franciscano, el italiano llamado Juan Corz, quien trae consigo una pequeña imagen de Nuestra Señora del Carmen, a pedido de unas monjas carmelitas a su paso por España.

Después de algún tiempo corto, traslada la imagen a un cerro que domina gran parte del valle y que es conocido desde entonces como el Cerrito del Carmen, y Corz se convierte en un ermitaño que cuida a la imagen y atrae a las personas a su culto.

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merced real, según política de poblamiento que la Corona española implementó hasta 1591, aunque más adelante ya se adquieren por compraventa. Podemos suponer, por lo tanto, que sus descendientes fueron los dueños de las grandes estancias, además de las que poseían las órdenes religiosas.

Fueron estas familias terratenientes las que colaboraron en 1613 con la edificación de la ermita para albergar la imagen y para que viviera el ermitaño Corz, entre estas se

mencionan apellidos como Dardón, Barreda, Ávila, Portocarrero, Aldana, Ocampos y otros. A Corz se le siguió un juicio por la inquisición en 1620, en el cual se le acusaba precisamente de intentar maravillar a las personas que al anochecer concurrían o peregrinaban en romería al cerro; por este motivo Corz desapareció del valle. Esto motivó a que 20 familias se

asentaran en el cerro para cuidar de la ermita y de su imagen. Así aparecen en esta historia «los indios de Canalitos».

Los nuevos guardianes

Como hemos dicho, los primeros en adquirir tierras y asentarse en el valle fueron españoles seguidos por sus trabajadores: esclavos e indios llevados por repartimiento. Pero, como se ha dicho también, la ubicación de la cuenca se prestaba para otras labores y otros habitantes. Así, en 1620, se encontraban en el valle diversas gentes de las llamadas castas, pero, aparte de ellas, en esta misma época, indios fugados de la Verapaz se asentaron en el paraje

llamado San Isidro, con el permiso del dueño, José Dardón. Es este propietario el que envía a 20 familias para que se asienten en el cerro y, a cambio de las tierras, se dediquen a cuidar la ermita

La ermita, que había sido edificada en 1613, años después, en 1647, es constituida en parroquia por el obispo Bartolomé González.

Más tarde, en 1712, los indios de Canalitos asentados en él acudieron a sofocar la rebelión de los tzendales. Por ambos méritos, ellos y sus descendientes estaban exentos de tributos, es decir, eran indios navorios.

Hay que agregar que por haber salido de Canalitos o San Isidro el día 15 de agosto, festividad de la Asunción de María, se le dio esta advocación a la patrona de la parroquia que se

constituyó en el cerro, mientras se le edificaba un templo propio.

En resumen, el primer poblamiento sigue la línea del desarrollo económico de la región y la política real que lo dirige, y al mismo tiempo, la posición geográfica atrae a otro tipo de

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población, castas, mulatos, arrieros e indios que se fugan de los pueblos, huyendo del pago tributo y de las cargas de los repartimientos. Esta situación geográfica es la que marca el derrotero del valle: estancias con peones por repartimiento y esclavos, a la par de arrieros, pequeños comerciantes y artesanos y otras labores ejercidas por las castas y los indios libres, todas necesarias para las labores del camino. A estos hay que agregarle familias

españolas o criollas que tienen casa en el pueblo de la Ermita y se dedican al comercio, como se verá mas adelante.

Pero el Imperio español no se forma con estancias autárquicas ni por feudos, donde el dueño es también señor de vidas. Muy al contrario, en esta población abigarrada, como observa Cortés y Larraz en su visita pastoral, cada quien es lo que dice ser, y se reputan como libres los esclavos y como casados los amancebados, lo cual es pronto objeto de controles y medidas, que les permita vivir en el orden moral y policía, como se asentaba en los documentos de la época. Es decir que con la mentalidad urbana se aplican medidas de la política real y esto se hace mediante los dos bastiones de la presencia del rey: el Cabildo como poder civil y la parroquia como el poder de la Iglesia

Si no hacemos la diferencia entre dos valles y dos poblaciones distintas, podemos situarlo como una microrregión dentro del altiplano central, cuyo centro es el pueblo de Asunción Ermita, que cumplía ampliamente las funciones establecidas por el Imperio español, es decir, era parroquia para el cuidado moral y espiritual de los habitantes, y era pueblo en el sentido jurídico-político con un Cabildo cuyos alcaldes velaban por el cumplimiento de la ley.

Si bien es un propietario de tierras, don José Dardón, el que envía indios asentados en su propiedad a que habiten el cerro y que cuiden la ermita construida por varias familias españolas en 1613, es la Iglesia, como entidad, la que se presenta a organizar la vida de estas personas. Como primera medida se constituye la parroquia de la Asunción en dicha ermita, acto que lleva a cabo el obispo Bartolomé González, mientras a la parroquia se le construye un templo propio. Esto sucede hacía 1647 y en ese lugar permanece hasta 1723, cuando se termina el templo, quedando, desde entonces, únicamente la ermita del cerro para albergar la imagen de Nuestra Señora del Carmen.

Jurisdicción

La parroquia de la Asunción limitaba al norte con el pueblo de Chinautla (actual límite de la zona 6), al noreste con Canalitos y al poniente con el pueblo de Mixco, ya en las montañas

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que después de San Lucas se llegaba a la Ciudad de Santiago.

Las distancias de los diferentes pueblos eran: de Chinautla, legua y media; de Mixco, cuatro leguas, de Petapa, cuatro leguas. Quedaban dentro de su jurisdicción los llanos del Naranjo y del Incienso, sitios que también fueron contemplados como posibles traslados de la capital en 1773. Como feligreses se consideraban los habitantes de los valles de Pinula, los de Mixco, y era anexa la iglesia de los ladinos de Petapa.

El segundo cura párroco fue don Miguel de Hincapié Meléndez, quien recibió la colocación canónica el 31 de julio de 1682.

Durante la visita pastoral que realiza el obispo de Santiago de Guatemala y Verapaz, Juan Gómez de Parada, el 15 de abril de 1734, fue recibido por el cura párroco Fernando de Tovilla y Gálvez, quien dijo que había casi 200 feligreses ladinos y algunos indios que no pagan tributo y que también se tienen como ladinos.

Por este mismo párroco sabemos que se contaba con cuatro cofradías: El Carmen, El Rosario, La Asunción y Santísimo Sacramento; cuatro hermandades: Benditas Ánimas, Nuestra Señora de Dolores, Concepción y San Francisco de Padua.

En 1754, en otra visita pastoral, el párroco anota que la feligresía se componía de 400 españoles y ladinos, y 200 indígenas navorios, y que vivían en su mayoría dispersos. Entre las labores eclesiásticas, se busca concentrar a la población en el poblado, por esta razón, ya en 1735, el obispo Parada procura proporcionar al pueblo el servicio de agua entubada para así evitar «los abusos y deshonestidades que se cometen cuando las mujeres van por agua a los ríos o riachuelos». Lograr este servicio no fue fácil y los vecinos deben solicitarla varias veces, como se verá más adelante, siempre apoyados por la iglesia que lo ve como una necesidad moralizante; al final deben negociarla con el señor José de Arrivillaga, dueño de las tierras donde pasaba el río Pinula.

De estos esfuerzos por concentrar a la población nos da cuenta el auto en donde el párroco Miguel Álvarez informa al cabildo de Santiago que, si bien la mayoría de la población vive dispersa, casi todos cumplen con la confesión y comunión en Semana Santa, y que muchos quedan en el pueblo atraídos por los halagos y buen trato que de su persona perciben.

Es la iglesia la que insiste que vivan congregados y no escondidos en las haciendas y parajes donde se les permite vivir desordenadamente; es particularmente severa la visión que tiene Cortés y Larraz ya mencionada, cuando insiste en que este desorden se evita si viven en el

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poblado, es decir, bajo el control moral.

Los diferentes párrocos, en cambio, tienen otra imagen, y aseguran que, si bien viven

dispersos, cumplen con sus obligaciones religiosas, asisten a las festividades, a los servicios de la cofradía y que no hay grandes errores o pecados a perseguir.

Por otra parte, si laboraban en las haciendas o ingenios como el de Palencia y otros, los administradores y mayordomos de las mismas debían colaborar con el cura párroco de la Asunción Ermita para que estos habitantes cumplieran con sus obligaciones cristianas. La feligresía era numerosa y diversa, si tomamos en cuenta que en su jurisdicción quedaban las haciendas de Canales, el ingenio de Palencia y otras de labores y trapiches, como se localizaban en el llano del Naranjo que contaba con casas de teja.

Creemos pues que, aunque vivan dispersos en los parajes o cobijados en las haciendas, la imagen que los documentos dan de esta vida debe ser analizada tomando en cuenta la circunstancia de la persona que la emite: por una parte, la severidad del obispo, y por otra parte, el deseo de realzar los esfuerzos y logros de los párrocos en su cristianización. El poder civil (el Cabildo)

La población de indios llegados de Canalitos creció por el aumento del crecimiento vegetativo; pero cercano al cerro, además se asentaron, como vimos, personas

pertenecientes a las castas, también llamados ladinos. Por esta razón, en 1749 se instituyó la Alcaldía Ordinaria con dos alcaldes y dos regidores. En 1774, según el censo levantado por Manuel Galisteo, el pueblo estuvo constituido por diversas castas. El 2 de septiembre de 1775, el presidente Escobedo concedió sitio para la población y tierras ejidales, tanto para los habitantes del pueblo de Asunción Ermita como para los parajes circunvecinos; cuyos

habitantes se reputaban como vecinos del pueblo y feligreses de la parroquia de Nuestra Señora de Asunción. Es el alcalde, representante del común de este vecindario, quien sirvió como interlocutor ante la audiencia en las diversas solicitudes y litigios que los habitantes del pueblo enfrentaron durante su existencia.

Aunque en algunos documentos se mencionó que el pueblo fue habitado por indios navorios, para 1752 uno de los alcaldes es el criollo Carlos Morataya. Eran vecinos importantes otros criollos españoles, según hemos venido tratando. De manera que considero acertado hablar de un cabildo mixto que en algunos momentos tiene dificultad para obtener la obediencia, precisamente, de los que consideran descendientes de los fundadores, es decir de los

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habitantes del cerro. El llevar agua al pueblo fue la preocupación del obispo Gómez Parada, en 1735, como ya se dijo, pero esto no fue fácil debido a la distancia que debió recorrer el río Pinula. Por esta razón, en 1741, el común del pueblo hizo la solicitud y el Cabildo de Santiago nombró al oidor Francisco de Orozco para que reconociera el caso e hiciera las

investigaciones necesarias. Supongo que la intervención del oidor influyó en la negociación del paso del río por la hacienda del señor José de Arrivillaga.

También, es ante el poder civil que, en 1753, los habitantes solicitaron exoneración de tributos porque, según su alcalde ordinario, son personas muy pobres y si les exigen,

despoblarían la tierra. El temor del tributo hacía difícil empadronarlos, porque se escondían. Además, otra dificultad era que el oficio de arrieros se ausentaba al viajar camino al Golfo Dulce. En otras ocasiones, los vecinos del pueblo de Asunción Ermita solicitaron tierras de pastoreo cercanas a los ejidos del pueblo, tal es el caso de la solicitud que fue elevada por Leonardo Ortiz Turcios en 1742.

En 1752, el alcalde ordinario y los principales del pueblo se presentaron ante el presidente de la Audiencia para declarar que estaban dispuestos con la orden de asignar dos alguaciles que estuvieran al servicio del alcalde. Luego de esta protesta de obediencia se presentó la queja: los vecinos no obedecen, ni respetan su autoridad, porque se reputan como castas.

Es decir, el pueblo que surgió de indios navorios fue variando en su composición, producto de la dinámica de población que se desarrolló por las múltiples funciones y oficios que tenían lugar en su jurisdicción. En esta ocasión, el alcalde y principales solicitaron la orden para reducir a la población indígena y asignarla a su servicio.

Los litigios

En 1733, el alférez real Carlos Morataya abandonó las tierras que poseía en Canalitos, presionado por el litigio que enfrentó con los indígenas del común del pueblo. En otro litigio, en 1768, el procurador del pueblo, Francisco Ortiz, defensor del común de la Ermita,

interrogó a varios vecinos que demostraron ser dueños de la tierra de Canalitos.

Otro litigio que duró varios años fue el que mantuvieron con el pueblo de Chinautla. Para finalizar, es importante anotar que Asunción Ermita, por su categoría de pueblo, contaba con un cuerpo de milicianos; en documentos sobre solicitud de tierras, en 1742, figuraron como cabos de escuadra Claudio y Juan Pineda, además Manuel Montenegro, Juan de Letrán y otras personas pertenecientes a las familias fundadoras, según se entiende en apellidos como:

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Samayoa, Ortiz, García y Soto, entre otros. La población y sus dinámicas

Según la solicitud de exoneración de tributos ya mencionada, los habitantes eran tenidos como ladinos. Se especificó que estos eran: negros, mulatos y mestizos, llamados también castas. En los autos realizados, en razón de la visita pastoral de 1734, se dice que la

parroquia contaba con 200 feligreses ladinos y algunos indios que no pagaban tributos, es decir, indios navorios.

Más tarde, en 1754, cuando la parroquia ya tiene templo propio, otra visita pastoral los calificó como pobres y se dice que se contaban 600 feligreses, de los cuales 400 se reputaban como españoles y ladinos. Además, había doscientos indígenas que vivían dispersos en los parajes. Las visitas pastorales son una fuente importante para conocer la dinámica de la población, así como sus usos y costumbres. Pero, como ya dijimos, también eran importantes en su momento y necesarias para tomar medidas de gobierno. Así, cuando Cortés y Larraz dice que la vida en las haciendas les permite una vida desordenada, esta visión puede provenir de una malquerencia hacia los propietarios de una de las mayores unidades productivas del valle, como lo es la hacienda de Palencia, propiedad de la orden dominica, o puede ser el producto de un exceso de celo en materia religiosa. Pero también es la visión de una persona que poseía una mentalidad contraria a la vida rural, a la cual se consideraba fuente de los males y pecados; pecados que se corregirían si las personas vivían en pueblos. En muchos documentos reales esta mentalidad justificó la reducción a pueblos a la que fueron sometidos los indígenas.

La diversidad de la población se produjo de muy diversas maneras: en primer lugar, había que retornar a los habitantes del cerro del Carmen, llegados de Canalitos, y que, hasta el final, en 1776, mantuvieron solicitudes de exoneración de trabajos y tributos por

considerarse descendientes de los fundadores. Por otra parte, en el valle existían haciendas y trapiches de grandes dimensiones donde trabajan personas de distinta clase sin mayor

control en su vida civil y moral. Por último, es importante notar la presencia de familias españolas. Consultando los registros parroquiales, Ramiro Ordoñez (1968) investiga la

genealogía de las familias españolas del valle hacia 1773. Encontró que se emparentaron con los habitantes de los pueblos de Pinula, Petapa, San Raymundo, incluso hasta San Agustín de la Real Corona en el corregimiento de San Agustín Acasaguastlán. Sin pretender ser

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exhaustivos, mencionamos algunos casos de estas familias: Sebastián Alfaro, cuyos hijos Jacinto y Juan fueron bautizados en la ermita en 1682. Don José Manuel Alfaro y Betancourt, que se casó con doña Simeona de Victoria y Morales. Beatriz Alfaro y Godoy quien se casó con Gregorio Valcárcel, todos en la parroquia de Asunción Ermita.

En cuanto a la familia Argueta, nos indica que el tronco se encuentra en el altiplano occidental de Guatemala, donde fueron propietarios de la hacienda Chibac o «Lo de

Argueta», algunos de sus descendientes fueron a residir en la Ermita y otros, como Francisco Argueta que se casó con Catalina Valdez y Villavicencio, oriunda de San Miguel Petapa; también residieron en la Ermita.

El sargento Juan Martínez y Morales radicó en el paraje «Lo de Contreras», donde fue propietario de los sitios San Rafael y San Miguel.

«Criollo de Guatemala» llama en el registro de matrimonios a don Antonio García y Vallejos al unirse con Juana Monterroso y Contreras que era «criolla de Petapa», en 1652. De Francisco García era la casa que ocupo el ayuntamiento al trasladarse al pueblo de Asunción Ermita. Entre las tierras que compró el Ayuntamiento de Santiago para la ciudad y sus ejidos, al formar la Nueva Guatemala, se encontraban las tierras de Montenegro, potrero compuesto por nueve caballerías y 24 cuerdas, según se midió en 1779. desde la mitad del siglo XVII las familias se enlazaron con todas las del valle, desde los términos hasta San José Pinula.

El poblado

Los aspectos que he tratado de mostrar en el presente estudio, a saber: posición geográfica y desarrollo económico del valle, la mentalidad y la política de fundación, la población del Imperio español y la dinámica propia de la población del valle, se concretan físicamente en el pueblo de Asunción Ermita, que de ser eje de una microrregión pasa a ser el centro de la atención política el 6 de septiembre de 1773, cuando don Martín de Mayorga, presidente de la Real Audiencia, y todos los oidores de la misma, se trasladan de Santiago y lo declaran asentamiento provisional. Importante es por tanto la pregunta que muchos estudiosos se han hecho ¿qué existía en Asunción Ermita? Como sucede con la mayoría de los pueblos

periféricos o marginales, su existencia solo podemos inferirla de escritos ulteriores a su fundación y datos secundarios en los documentos.

Hemos visto que la familia García tenía una casa en la plaza, así como otras familias

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era un poblado urbano; algunas calles polvorientas dos o tres tendejones como carnicerías y panaderías, casa parroquial y sobre todo templo parroquial.

El autor Carlos Álvarez Lobos (1983) describe el templo como se ve en un grabado del siglo XIX, más concretamente en 1860. Por los documentos que este autor consulta, la fecha de la construcción del templo es en 1720, y a pesar del abandono se puede ver la planta, el

campanario, y el atrio cerrado.

En las diligencias seguidas para la traslación de la capital, los testigos aseguraron que con el temblor del 29 de julio de 1773 se cuarteó la bóveda de la iglesia, así como el arco de la portada, y el campanario. Los testigos son el cura beneficiado por el Real Patronato del pueblo de Asunción Ermita, el alcalde ordinario Mariano Carmona y el regidor José de Montenegro; los vecinos del pueblo. Así pues, el templo, ya en 1728, cuando era párroco Antonio de Tovilla, no era un rancho pajizo, sino un templo que Álvarez Lobos nos dice que tiene las características de las ermitas antigüeñas suburbanas y de las iglesias rurales de siglo XVIII, quizá igual a otras iglesias del valle, como Mixco y Santa Catarina Pinula, que eran iglesias anexas al curato de la Ermita. No se parece en nada a la ermita del cerro del Carmen a pesar de su proximidad.

Además de esto, el grabado permite ver el contexto: la fuente en la plaza y un grupo de vecinos entre los que destacan los arrieros y las mujeres en tareas de comercio. En resumen, el grabado presenta una iglesia con una sola nave con bóvedas de cañón, la leyenda «antes de su reforma» nos conduce a sostener que esta iglesia ruinosa y abandonada es la misma de a que se habla en el momento del traslado. A su llegada, don Martín de Mayorga toma las dos casas del Cabildo, una para la casa de la Audiencia y la otra para las cajas reales;

mientras que la Casa de la Moneda se colocó en la casa parroquial; poco después, se alquila la casa de la familia García que le servirá a Mayorga de residencia y de sala de la audiencia. Desde allí, Mayorga debe organizar la vida del «asentamiento provisional» que además de las autoridades, alberga ahora un crecido número de familias que un mes después, según el censo de Galisteo, son: 1876 españoles que habitan 268 ranchos y 2373 pardos o castas que habitan 398 ranchos. Es decir, familias de Santiago, que ya fuera por el temor a los

temblores o por seguir el ejemplo del presidente, llegaban a la Ermita después de pasar los primeros momentos de peligro, a vivir en ranchos levantados en las plazuelas o en las haciendas cercanas, como la familia Aycinena que se traslada de su hacienda en Petapa.

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Por otra parte, Mayorga ejerce el gobierno de la «arruinada ciudad», en la cual se mantenía la disputa sobre el traslado, desde el primer cabildo del 29 de julio de 1773. Luego, en las varias juntas que mantienen las personas principales de la ciudad, a saber: el Ayuntamiento, la Audiencia, los representantes de la Iglesia y las órdenes religiosas; el 9 de agosto deciden que deben trasladarse. El 31 de agosto se informa al rey del estado ruinoso en que ha

quedado la capital y se forma una comisión presidida por el oidor González Bustillo para que reconozca varios sitios para el posible nuevo asentamiento. La comisión entrega su informe en mayo de 1774.

El traslado de la capital al nuevo valle ha sido estudiado por numerosos autores, pero, sobre todo, el Archivo General de Centro América guarda profusa documentación de este

acontecimiento. Por estas fuentes conocemos que, aunque el abandono de la «arruinada ciudad» era una decisión del capitán Martín de Mayorga y que este desastre natural ayudaba a las políticas borbónicas en la administración de sus colonias americanas, el escoger nuevo sitio es tomado con toda la seriedad que merecía y todos los formalismos acostumbrados. Por esta razón se forma una comisión y se pide al maestro Bernardo Ramírez que realice un estudio de los valles, siguiendo un extenso y minucioso programa.

Esta comisión reconoce los valles de Jalapa y el de la Vacas; en enero de 1774 se decide que el traslado se hará a los valles de Las Vaca o de la ermita; en esta decisión pesa el hecho de que, como demuestra Hernández (DIGI, 2016), muchos vecinos de la Ciudad de Santiago poseen tierras en el valle de la Ermita, es decir cercanos al pueblo de Asunción, y por lo tanto no era de su conveniencia volver a emigrar a un sitio apartado y que no tuviera las

condiciones urbanas que ya ofrecía el mencionado pueblo. Entonces se forma una comisión para un nuevo reconocimiento. Esta vez, en el informe se detallan las condiciones de los llanos: Piedra Parada y la Culebra al oriente y los llanos del Naranjo y el Incienso al poniente, los cuales presentan altas posibilidades, pues se localizan en el camino a Santiago, cercanos a pueblos de indios como son Mixco y Chinautla. Se dice también que poseen piedra, cal y otros materiales necesarios para la construcción; y que ya están conformadas haciendas con casas de teja.

A pesar de estas condiciones favorables, la decisión es trasladarse al llano de la Virgen o en el Valle de Las Vacas.

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Virgen. El 6 de junio de ese mismo año se emite la cédula real de traslación. Pero el

Ayuntamiento de la ciudad se traslada hasta el último día de diciembre de 1775 y se hace formal el 2 de enero de 1776, es decir, dos años después, durante los cuales se ha vivido una fuerte tensión entre las autoridades. Pérez Valenzuela (1964 o 1970), en su estudio de la Nueva Guatemala de la Asunción, califica esta cédula como «el triunfo definitivo de

Mayorga», al ser recibida en el establecimiento provisional en diciembre de 1775. Aunque parece que aún hay vacilaciones, porque el 13 de febrero de 1776 se recibe una orden en la cual se insiste que la nueva ciudad se levantará en el llano de la Virgen y que lo que se haya hecho en el llano del Rodeo debe suspenderse.

Cabe preguntarse qué aspectos se tomaron en cuenta para su decisión. Si se revisan los informes, ambos valles tenían calidades, mas aún, al decirse por el valle de Las Vacas, ¿por qué se escoge el sitio de la Ermita? En comparación con los otros sitios, la balanza se

inclinaba por una sólida razón: en el pueblo de Asunción Ermita se encontraban ya las autoridades civiles y varias familias de Santiago, las cuales no estaban dispuestas a trasladarse de nuevo.

Con este estudio propongo, como otra razón, la misma que llevó al presidente Mayorga a trasladarse apenas dos meses después de la catástrofe, a saber: la mentalidad urbana de su cultura encontraba más acomodo en un pueblo, por pequeño que fuera, que, en una rica hacienda, como la del Naranjo, y por esa misma razón otras familias se trasladan desde sus haciendas al establecimiento provisional.

El título

Desde el 4 de enero de 1776, Mayorga se dirige al rey solicitando un nombre para la nueva capital. Por real cédula fechada el 23 de mayo de ese mismo año y firmada por el ministro de ultramar, José de Gálvez, Carlos Tercero otorga el título de Nueva Guatemala de la Asunción a la ciudad que ha de levantarse en llano de la Virgen. Esta cédula recibe en el

establecimiento provisional en el mes de octubre y Mayorga publica su contenido por medio de un bando en el cual se asienta que ese nombre debe ponerse en «datas, fechas, autos públicos y particulares y en la correspondencia». Y además quedan abolidos todos los documentos que se han usado con el nombre de establecimiento provisional de la Ermita. Con estas reales cédulas llegaban a su fin dos siglos de historia, y el pueblo de Asunción Ermita se diluía en la Nueva Guatemala de la Asunción.

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1.10 LEG 2274 expediente 16501 año 1763

Fotografía principal, iglesia del Cerrito del Carmen en 1875, Foto Rex, tomada de Wikimedia Commons.

Rosa María Álvarez Aragón

Licenciada en Historia, maestra en Teoría Política, catedrática universitaria de Historia Política y de Historia del Arte. Ha escrito y publicado varios textos sobre folklor, arte guatemalteco e historias de Guatemala en revistas especializadas.

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