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La producción del espacio por la política ambiental Mecanismos Locales para el Pago por Servicios Ambientales : el Programa Irritila en la cuenca del río Nazas, 2008-2018

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Academic year: 2020

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(1)I N S T I T U TO D E I NV E S TI G AC I O N E S D R . J O S É M AR Í A L U I S M O R A. “ L a p ro d u c c i ó n de l e s pa c i o po r l a p o l í t i c a a m bi e n ta l M e c a n i s m o s L o c a l e s pa ra e l P a g o p o r S e r vi c i os A m b i e n ta l e s : E l P r o g ra ma I r r i ti l a e n l a c ue n c a de l r í o N a za s , 2 0 0 8 - 2 0 1 8 ”. T E S I S QUE PARA OBTENER EL GRADO DE MAESTRO EN ESTUDIOS REGIONALES P R E S E N T A : J O S AF AT V ÁZ Q U E Z Z E P E D A DIRECTORA: Dra. María Concepción Martínez Omaña. Ciudad de México. Septiembre de 2018. Esta investigación fue realizada con el apoyo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

(2) Para el DIIS.

(3) Agradecimientos A las personas que con su palabra, tiempo, espacio y recursos contribuyeron a sustentar esta tesis: a los habitantes del ejido Escobar y Anexos en Guanaceví, especialmente a Octaviano y Ramona, y a Nicolasa y Arnoldo; a la familia Varela de la comunidad de San Antonio de Nevárez en Santiago Papasquiaro, en especial a Ermila y Fermín; a Marina Lara, de Santa Catarina de Tepehuanes; a Karla Zamora, Wendy Alvarado y Roberto Muñoz, de la Comisión de Cuenca Alto Nazas, A. C.; a Ricardo Peláez, Roque Acosta y Gabriela González, del Organismo de Cuenca Cuencas Centrales del Norte de la Comisión Nacional del Agua. A Concepción Martínez y Antonio Rodríguez, por su acompañamiento durante el último año de la maestría como coordinadores del seminario de tesis “Territorio y Cultura”, por su confianza y por sus comentarios a mi trabajo. Asimismo, gracias a Hilda Hernández de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Coahuila, por contribuir al desarrollo de esta tesis con su lectura y comentarios a la misma, pero sobre todo, por ser una real inspiración y motivación para continuar con mi formación académica. Además, mi reconocimiento a Lourdes Roca, Itzkuauhtli Zamora, Luisa Rodríguez, Francisco Porras, Hernán Salas y Arsenio González; su profesionalismo y evidente pasión por la investigación y la docencia, así como su notoria sensibilidad ante las problemáticas sociales produjeron en mí admiración por su trabajo, realmente fue un privilegio compartir seminario con cada uno de ustedes; aprendí mucho y por eso los estimo. A mis amigos geógrafos, sociólogos, economistas, politólogos, historiadores, al diseñador del hábitat y a la bonita antropóloga de la XV Generación de la Maestría en Estudios Regionales: Alberto, Alejandra, Anatali, Belém, César, David, Diego, Érika, Jaime G., Jaime S., Jencen, Jimena, Jorge, Juana, Karmen, Lucía, Octavio, Stefany y Ulises. Desde el primer día que compartimos un seminario en Madrid supe que me encontraba entre personas realmente interesantes e inteligentes. Con cada uno de ustedes en algún momento compartí la delicia del ocio inoportuno, la simpleza de un chiste, una broma estúpida, un chisme, una comida con Miriam, un café del Bó, o al menos un saludo cordial, una mirada inquisitiva y un seminario con Boris. Fue divertido navegar a su lado las siempre amenazantes, pero reconfortantes aguas del posgrado, asediadas todo el tiempo por las bestias de la discordia. Sin duda aprendí mucho de todos, en verdad los admiro y los quiero. Gracias por compartirse conmigo. A los amigos un tanto “inclasificables” e “inesperados” del Mora: César Morales y Berenice Ruiz, inteligentísima mujer; a Yessica Vega, mi amiga del Claustro de Sor Juana, con quien compartí agradables horas de trabajo en el Mora; a Rosario Ramírez y a Javier Capera. A Mirelle y Toño, mis roomies de la Exhipódromo de Peralvillo, gracias por tolerar mis “viajes” y “malviajes”, por los panecillos de salvado y por compartir conmigo un poco de su vida, pero sobre todo al apestoso de Gólum y a la tierna Amaranta; eché tanto de menos la lavadora en la azotea y.

(4) todavía extraño aquel balcón. Todos ustedes excelentes personas, amables, cálidas, “humanas, demasiado humanas”. Muchas gracias, camaradas. A mis amigos Datse Velázquez, Paul Gómez, Sofía Laines y Gerardo Armenta, porque los últimos días que pasé en el Mora fueron realmente divertidos con ustedes. Son geniales y brillantes en lo que hacen y escriben; también los admiro. La frescura de su ser de cierto modo ha sido una fuente de rejuvenecimiento para mí; la alegría que me transmiten con sus conversaciones raras y con sus recurrentes halagos poco fundamentados, contribuyó a que los altos niveles de estrés y el recurrente desasosiego que por momentos me dominaron fueran más gratos, manteniéndolos dentro de los límites de lo soportable. Especialmente, gracias a ti Datse, por tanto intercambio discursivo que ha fortalecido (creo) nuestra amistad. A mi familia: mis padres Omar y Atenea, y a mis hermanos Zirce, Yafar y Sara. Qué extraños somos a veces, pero nos queremos, sin duda. Lo bueno que puede haber en mí, lo que soy, definitivamente se gestó en la casa, con ustedes; soy parte del producto de su trabajo, siéntanse parte de este “logro”. Gracias por estar conmigo. A Jimena Chávez, por padecer conmigo mi dolor de tesis. Por tanta diversión y dispersión. Porque contigo me destruí, deconstruí, reconstruí, destruí y deconstruí en múltiples ocasiones, demasiadas quizá. Por la felicidad que me brindó platicar, escuchar, caminar, comer, reír, discutir, elucubrar, divagar, y así sucesivamente contigo. Porque por ti comencé una lista de cosas que baten el corazón al hacerlo latir con una intensidad abrumadora, sobrecogedora, pero hermosa, que no conocía; es corta, y en realidad sólo estás tú, quise añadir al café y a las arañas, pero el latir que producen para nada es grato. “No sé si ingenuamente, pero sí genuinamente” eres lo mejor y más bello que me ha sucedido en el transcurso de mi acontecer (hasta hoy, claro :p). Eres genial. Te quiero. Finalmente, a mis amigos en La Laguna: a Iván Chávez Félix, Adrián Romero y Matías González; a Jean Diedrich y Frida Ayala; a Diana Godina y Abraham Vargas; a Luisa Cavazos, Lucy Hernández, Leonardo Aguirre, Susi Flores y Edith González; a Leslie y Randi (y a su mamá, claro); a Estefanía Hernández, al profesor Roberto López Franco y a la doctora Hilda Hernández. Gracias por confiar en mí, por motivarme siempre, sobre todo durante los últimos meses de mi licenciatura. Esta tesis, mi experiencia en el Mora y mis andanzas en la Ciudad de México definitivamente no hubiesen sido posibles sin ustedes. Gracias. Josafat Vázquez, 11 de septiembre de 2018.

(5) En el zaguán hay un espejo que duplica fielmente las apariencias..

(6) ÍNDICE Introducción .......................................................................................................... 1 I APUNTES PARA EL ESTUDIO DE LAS POLÍTICAS AMBIENTALES DESDE LA TEORÍA DE LA PRODUCCIÓN DEL ESPACIO .................................................. 10 1.1 Las políticas públicas como técnicas de producción del espacio ................. 12 1.2 Espacio, naturaleza y medio ambiente ........................................................ 18 1.3 La concepción sistémica del espacio ........................................................... 23 1.3.1 Sistema de objetos ................................................................................ 25 1.3.2 Sistema de acciones .............................................................................. 27 1.3.3 Sistema de representaciones ................................................................ 29 1.4 Configuraciones socio-escalares ................................................................. 34 Consideraciones finales ..................................................................................... 39 II NEOLIBERALISMO Y MEDIO AMBIENTE EN MÉXICO: INSTRUMENTOS DE MERCADO COMO POLÍTICAS PÚBLICAS ........................................................ 41 2.1 Apuntes sobre las políticas ambientales en el contexto del neoliberalismo . 42 2.2 La influencia de los procesos de descentralización y reestructuración neoliberal en la construcción de la política ambiental en México ....................... 46 2.3 Los mercados de servicios ambientales: fundamentos y críticas ................. 53 2.4 El Programa de Pago por Servicios Ambientales Hidrológicos y los Mecanismos Locales para el Pago por Servicios Ambientales a través de Fondos Concurrentes......................................................................................... 58 Consideraciones finales ..................................................................................... 62 III LA ESPACIALIDAD DEL PROGRAMA IRRITILA ............................................... 64 3.1 Apuntes sobre la región: la cuenca del río Nazas en crisis ambiental ......... 65 3.1.1 La cuenca alta: el lugar de los “proveedores” ........................................ 70 3.1.2 La cuenca baja: el lugar de los “usuarios” ............................................. 88.

(7) 3.2 Antecedentes del Programa Irritila: el movimiento ambientalista en La Laguna (1980-2010)........................................................................................... 98 3.3 Mecanismos Locales para el Pago por Servicios Ambientales a través de Fondos Concurrentes....................................................................................... 110 Consideraciones finales ................................................................................... 118 IV LA PRODUCCIÓN DEL ESPACIO POR EL PROGRAMA IRRITILA ................ 120 4.1 “Oye, espérate, el acuífero”. La conformación de la Comisión de Cuenca Alto Nazas, A. C. y las reacciones al proyecto Irritila .............................................. 122 4.2 “Se requieren recursos y tienen que salir de los mismos usuarios”. La productividad social de la mercantilización de la naturaleza ............................ 135 4.3 “Debes ir allá, ahí tú vas a ver cómo es todo”. El trabajo en las comunidades: objetos, acciones y representaciones .............................................................. 148 4.4 “La fábrica del agua”. Estrategias de difusión y educación ambiental........ 187 Consideraciones finales ................................................................................... 197 Conclusiones ..................................................................................................... 198 Fuentes .............................................................................................................. 205.

(8) Mapas 1. Cuenca del río Nazas ........................................................................................ 66 2. Cuenca alta del río Nazas. Ubicación de ejidos y comunidades que participan en el Programa Irritila y áreas bajo conservación. ............................................... 70 Imágenes 1. “Ineptitud e incapacidad” ................................................................................... 89 2. “¿Cuál agua?” ................................................................................................... 91 3. “Lala y CONAGUA se acaban el agua” ............................................................. 93 4. “¿Y la sobreexplotación del acuífero?” .............................................................. 96 5. “Qué poca…” ................................................................................................... 106 6. “Mantos abatidos” ............................................................................................ 108 7. “La mala distribución de la fiereza” .................................................................. 109 8. “La sobreexplotación de los recursos” ............................................................. 139 Fotografías 1. Vista del río Santiago desde Puente Aranas ..................................................... 72 2. Pastoreo ............................................................................................................ 73 3. Cultivo de avena ................................................................................................ 75 4. Pastoreo (II)....................................................................................................... 76 5 y 6. Corte de madera .......................................................................................... 78 7. Ordeña .............................................................................................................. 81 8. El uso del agua en la ganadería ........................................................................ 82 9. Aserradero......................................................................................................... 85 10. Punto en que confluyen el río Tepehuanes y el río Santiago y forman el río Ramos ............................................................................................................ 87 11. Zona afectada por un incendio forestal y reforestada ..................................... 87 12. Manifestantes al exterior de las oficinas del SIMAS en Blvd. Rodríguez Triana y Saltillo 400 ................................................................................................... 90 13. Reunión de representantes de asociaciones ganaderas y productores durante la entrega de aportaciones al Programa Irritila ............................................. 140 14. Momento en que dos mujeres usuarias del SIMAS firman el formato de adhesión al Programa Irritila en un módulo instalado en la Plaza Mayor de Torreón ......................................................................................................... 142 15. Roberto Muñoz del Río y gerente de SIDEAPA durante la entrega de un cheque por concepto de las aportaciones de los usuarios del agua en la ciudad de Gómez Palacio ............................................................................. 143 16. Letrero con información relativa al Programa Irritila ...................................... 149 17. Trabajo en el monte ...................................................................................... 154.

(9) 18. Asesor técnico de la Comisión de Cuenca Alto Nazas durante un taller de capacitación .................................................................................................. 156 19. Ejidatarios en un taller de capacitación ......................................................... 157 20. Habitantes del ejido Escobar y Anexos abordo de los vehículos en que se trasladan al lugar de trabajo el momento en que se detienen en una tienda de abarrotes para abastecerse de comida para la jornada de trabajo ............... 161 21 y 22. Mujeres durante el traslado al lugar de trabajo ...................................... 163 23. Grupo de mujeres al momento de llegar al lugar de trabajo .......................... 164 24. Recolección de material vegetal muerto para la realización “acordonamientos” ...................................................................................................................... 165 25 y 26. Acordonamiento con material vegetal muerto ....................................... 166 27. Reforestación ................................................................................................ 167 28. Reforestación (II) ........................................................................................... 168 29 y 30. Cabeceo de cárcavas ............................................................................ 169 31. Recolección de ramas para los acordonamientos ......................................... 170 32. Acordonamiento con material vegetal muerto (II) .......................................... 171 33 y 34. Recolección y traslado de piedra para el cabeceo de cárcavas ............ 172 35. Recolección de ramas para los acordonamientos ......................................... 173 36. Cabeceo de cárcavas (II) .............................................................................. 174 37. Recolección de ramas para los acordonamientos (II) ................................... 175 38. Recolección de piedras para el cabeceo de cárcavas .................................. 176 39. Cabeceo de cárcavas (III) ............................................................................. 177 40. Recolección de piedras para el cabeceo de cárcavas (II) ............................. 178 41. Mujeres trabajando en un acordonamiento con material vegetal muerto ...... 179 42 y 43. Recolección de piedra para el cabeceo de cárcavas (II) ....................... 181 44 y 45. El regreso a casa después de un día de trabajo ................................... 182 46. Recorridos en campo para la verificación y el monitoreo de los trabajos de conservación ................................................................................................. 184 47. Equipo de ingenieros y comuneros durante un recorrido en campo ............. 185 48. Seguimiento a obras ..................................................................................... 186 49. Módulo instalado en Biodiversa 2016 para la difusión del Programa Irritila .. 189 50. Módulo para la difusión del Programa Irritila instalado en el TSM (Territorio Santos Modelo, estadio del Club Santos Laguna) ........................................ 190 51 y 52. Taller de educación ambiental impartido por Wendy Alvarado y Karla Zamora en escuela secundaria ..................................................................... 192 53. Grupo de niños de primaria e instructora al finalizar un taller sobre el cuidado de “Nuestra Fábrica del Agua” ...................................................................... 193 54 y 55. Módulo de información del Programa Irritila instalado un domingo en el “Paseo Colón” ............................................................................................... 194.

(10) Introducción El incremento de la demanda de bienes y servicios que satisfacen necesidades humanas y que permiten la reproducción de la vida, sobre todo en las ciudades, propiciado por el crecimiento demográfico y por la intensificación de las actividades productivas, ha contribuido a que la presión sobre los recursos naturales y la consecuente degradación ambiental se agraven, lo cual ha dado lugar a la formación de un discurso que refiere la existencia de una “crisis ambiental” que, en términos generales, se fundamenta en las evidentes manifestaciones del Cambio Climático. Esta crisis ambiental o ecológica que remite a una crisis más general “de lo social, de lo político y de lo existencial”, 1 de la racionalidad de la modernidad,2 ha conducido a los gobiernos a formular políticas públicas como la forma social y política por excelencia mediante la cual es posible conservar los recursos naturales, revertir o mitigar la degradación ambiental y, hasta cierto punto, inducir comportamientos en las personas, las empresas y otros actores sociales que se asume contribuyen a alcanzar un supuesto “desarrollo sustentable”. En La Laguna,3 región ubicada en el norte-centro de México conformada por porciones territoriales colindantes de dos estados de la República que corresponden a diez municipios del estado de Durango y cinco de Coahuila, los recursos naturales que permitieron el desarrollo económico y sociodemográfico, los mismos que motivaron a los primeros pobladores a “conquistar el desierto”, son los que ahora se encuentran en desequilibrio ecológico en términos de la relación demanda-disponibilidad configurando así una situación de crisis ambiental. Aunque esta crisis se relaciona principalmente con los problemas derivados de la gestión del agua, existen otros tales como la degradación de los suelos y la deforestación de los bosques en la parte alta de la cuenca del río Guattari, F., Ecosofía, 2015, p. 50. Leff, E., Racionalidad ambiental, 2004, p. ix. 3 Debe su nombre a las lagunas que existieron en la región, de las cuales la de mayor extensión era la Laguna de Mayran, lugar de desembocadura del río Nazas hasta antes de la construcción de las presas Lázaro Cárdenas y Francisco Zarco. “La existencia, y la conciencia misma de la existencia de la Comarca Lagunera como región (…) cuenta con una larga historia que se remonta a finales del siglo XVI”, época en la cual la región era conocida como “El País de La Laguna”. Véase Corona Páez, S., El País de La Laguna, 2011, p. 22. 1 2. 1.

(11) Nazas que no son sino el resultado del acumulamiento progresivo de los efectos del modelo de desarrollo económico de la región, el cual ha sido fuertemente legitimado a partir de una supuesta vocación regional. En respuesta a esta situación en distintos momentos se han emprendido diversos planes y proyectos que tienen como fin contribuir a revertir o mitigar la degradación ambiental, entre los cuales está el Programa de Pago por Servicios Ambientales Hidrológicos (PSAH) que desde el año 2009 funciona bajo el esquema promovido por la Comisión Nacional Forestal para el establecimiento de Mecanismos Locales para el Pago por Servicios Ambientales Hidrológicos a través de Fondos Concurrentes (ML-PSA-FC): el Programa Irritila. Este programa tiene como principal objetivo persuadir a los diferentes usuarios del agua en La Laguna de que realicen aportaciones monetarias para que las personas que habitan la parte alta de la cuenca4 realicen obras de restauración y conservación de las zonas forestales con el fin de contribuir a la recarga del acuífero y, en general, al equilibrio ecológico de la cuenca, pues en esta zona se registran las mayores precipitaciones pluviales, por lo que es el principal lugar de captación del agua que se utiliza y aprovecha para diversas actividades en la región, de ahí que su conservación adquiere relevancia. La naturaleza del problema al que está orientada la política –mismo que es multicausal y multifactorial–, la pluralidad de actores que involucra –los cuales representan a diferentes niveles y sectores de la sociedad–, así como los lugares que vincula –ejidos y comunidades en la cuenca alta y ciudades de la ZML en la cuenca baja–, determinan la complejidad del caso y, por tanto, la relevancia y pertinencia del estudio. En relación con los actores, por ejemplo, destaca el hecho de que la implementación de los ML-PSA-FC llevó a la conformación de la Comisión de Cuenca Alto Nazas, A. C. (CCAN), asociación civil responsable de la gestión y difusión del Programa Irritila, misma que ha pasado a ser un nuevo actor social relevante que se posiciona en el espacio constituido por el medio ambiente La parte alta de la cuenca –Cuenca “C” (Presa Lázaro Cárdenas) de la Región Hidrológica No. 36 NazasAguanaval–, comprende siete municipios del estado de Durango, estos son: Conneto de Commonfort, El Oro, Guanaceví, Indé, San Bernardo, Santiago Papasquiaro y Tepehuanes. 4. 2.

(12) y, específicamente, en el campo de acción pública constituido en torno a los problemas ambientales de la región.5 Este hecho contribuye a reafirmar la importancia del papel de las organizaciones de la sociedad civil como actores sociales relevantes por su influencia en la inducción del cambio social. En cuanto a la configuración territorial de la región, el aspecto que sobresale es que la implementación de este programa promueve la interacción y, por tanto, la mutua influencia de dos lugares que corresponden a dos formas socio-espaciales: lo urbano y lo rural, la cuenca alta y la cuenca baja. La forma en que se relacionan estos actores y lugares –“usuarios” y “proveedores”, cuenca alta y cuenca baja–, es lo que en última instancia posibilita hablar en términos de una supuesta despolitización de la política ambiental, confirmar, contrastar, matizar o refutar lo que en un plano discursivo se puede considerar como los efectos perversos de las políticas diseñadas bajo la influencia del pensamiento neoliberal. Por ejemplo, argumentos en los que se apunta que estrategias como la creación de mercados de servicios ambientales con una clara racionalidad económico-instrumental, pueden derivar en dinámicas que terminan por agravar el problema de la presión sobre los recursos naturales, puesto que el proceso de mercantilización de la naturaleza que implica la valorización monetaria de los servicios ambientales para su conservación, una variante del principio “quien contamina paga”, termina convirtiéndose en un principio de “quien paga contamina”, además de que el pago generalmente es mucho menor que el verdadero desgaste ambiental, éste termina por contribuir a que los procesos de. El concepto de “región” esencialmente “espacializa” las relaciones sociales, por lo que las regiones no son un a priori sino construcciones sociohistóricas que constantemente se están redefiniendo como producto de las relaciones sociales que los actores sostienen entre ellos y con los espacios que habitan; es decir, son un producto humano, el resultado y la manifestación del cambio social, de la producción del espacio. Una definición amplia que concuerda con la perspectiva de este estudio es la propuesta por Elizabeth Jelin, para quien una región “es una unidad socio-espacial con una duración histórica relativamente larga, una categoría social y cultural que incorpora una dimensión colectiva explícita, que representa las prácticas institucionales sedimentadas en la historia de la región. Producida y reproducida en una multiplicidad de prácticas sociales a través de la comunicación y los símbolos, que pueden ser comunes a todos los individuos en una región, aunque los significados asociados con ellos serán siempre construidos personalmente sobre la base de situaciones vitales y biografías específicas”. Véase Jelin, E., Más allá, 2003, p. 39. 5. 3.

(13) explotación de la naturaleza en la búsqueda de la acumulación del capital se intensifiquen.6 Este tipo de respuestas a los problemas públicos corresponde a una determinada forma de concebirlos, pero, sobre todo, de cómo resolverlos. En las últimas décadas, sobre todo a partir de 1980 con la imposición del neoliberalismo como sistema de organización político-económica del mundo, la lógica del mercado se ha incrustado en prácticamente todos los ámbitos de la vida llevando así a la formación de un pensamiento según el cual todo, incluida la “naturaleza”, es susceptible de ser valorado en términos monetarios. La forma de “hacer política” ambiental no está exenta de este fundamentalismo de mercado, pues las actuales políticas ambientales tienden a considerar como alternativas para la conservación, restauración y uso “sustentable” de los recursos naturales la valoración económica de determinados espacios o ciertos recursos estratégicos como el agua, es decir, a su mercantilización y en algunos casos, a su privatización. En particular, las políticas ambientales orientadas a la “gestión integral de los recursos hídricos”, hacen parecer los problemas del agua y sus soluciones como políticamente neutrales, destacándolos como problemas técnicos o de gestión que pueden resolverse “objetivamente” de acuerdo con los conocimientos técnicos, el “uso racional del agua” y la “buena gobernanza”. De este modo, se argumenta que reestructuran los espacios de gobernabilidad en direcciones posdemocráticas, puesto que se diseñan e implementan dentro de una cierta distribución socioespacial generalmente aceptada que, en última instancia, asegura el correcto funcionamiento del sistema económico dominante, al permitir la reproducción de las condiciones para la reproducción y la acumulación del capital. No obstante, cualquier crítica o consideración a esta forma de hacer política ambiental, más que el punto de llegada constituye el punto de partida que conduce a un mejor entendimiento de lo que en la realidad producen y, por tanto, al conocimiento de cómo estas contribuyen a la producción y reproducción de formas 6. Mendezcarlo Silva, et al, “Las teorías de Pigou”, 2010, s.p.. 4.

(14) –sociales, espaciales y simbólicas– para, de esta manera, generar marcos de referencia que sirvan para plantear alternativas a las actuales formas con que se resuelven los asuntos públicos relacionados con el medio ambiente. Por lo cual, problematizar los fundamentos que subyacen a este tipo de políticas –una tarea ineludible para la comprensión e interpretación de sus efectos–, implica analizar la racionalidad que les es inherente, en la que siempre están implícitas cuestiones de ética y justicia –social y ambiental– que se expresan en la distribución de los beneficios y perjuicios derivados del supuesto desarrollo económico. No puede asumirse que los instrumentos de mercado como lo son los programas de pago por servicios ambientales son benéficos por sí mismos –ni para la sociedad ni para el medio ambiente–, que la valoración económica de la naturaleza contribuya al bienestar humano, a reducir la pobreza, a reducir las desigualdades, y otras bondades atribuidas al mercado. Únicamente a través de la investigación empírica y el acercamiento a los actores sociales y los lugares permite determinar este tipo de aspectos. De acuerdo con María Perevochtchikova, en las publicaciones de investigaciones sobre los Programas de Pago por Servicios Ambientales se evidencia la aplicación de estudios de caso llevados a cabo sobre todo al centro-sur de México “con realmente poca participación de investigadores mexicanos en el norte del país”, por lo que “faltan trabajos que analicen los efectos que produce la implementación del programa (…) de forma sistémica”.7 Además, estas investigaciones se han centrado en los efectos del PSAH que se implementa de manera directa por la CONAFOR, mientras que existen pocos estudios acerca de este programa en contextos donde funciona mediante la estrategia de los ML-PSA-FC. En este sentido, con el fin de conocer la manera en que el medio ambiente como categoría del pensamiento y dominio de acción pública produce el espacio social en un contexto particular, en una realidad empírica históricamente fechada y situada: la crisis del agua en La Laguna, el objetivo de esta tesis es analizar los efectos de la política ambiental en México a partir del estudio de caso del Programa Irritila. Por 7. Perevochtchikova, M., Estudio de los efectos, 2016, p. 34.. 5.

(15) lo cual, la pregunta que orienta la investigación es: ¿cuáles han sido los efectos que sobre la población y el territorio de la cuenca del río Nazas ha producido el Programa Irritila y cómo éstos producen el espacio social? Así, el primer objetivo fue establecer un marco analítico que permitiera identificar, analizar e interpretar los efectos que producen las políticas ambientales. En este sentido, los principios de la teoría de la producción del espacio llevaron a considerar las políticas públicas como técnicas que por su capacidad para (re)producir formas –sociales, espaciales y simbólicas–, producen el espacio social. Con el análisis de sus efectos se busca dar cuenta del modo en que las dimensiones social, espacial y temporal del medio ambiente –dinámicamente interactuantes y equivalentes en su poder explicativo–están produciendo el espacio en un contexto particular: la crisis del agua en La Laguna. Posteriormente, el segundo capítulo “Neoliberalismo y medio ambiente”, refiere el contexto en que se adoptan los instrumentos de mercado como políticas públicas ambientales, y presenta una caracterización de la racionalidad inherente a los mercados de pago por servicios ambientales que determina en gran medida su funcionamiento. Con el fin de situar históricamente el caso de estudio, el capítulo tercero “La espacialidad del Programa Irritila”, refiere algunos aspectos de la historia ambiental de la región en la que destaca la emergencia de asociaciones civiles que se han posicionado en el espacio social constituido por el medio ambiente y, más precisamente, por los conflictos por el agua en la región, que configuran el contexto político, económico, social y cultural, que establece las condiciones de posibilidad para la existencia de la CCAN y para la posterior implementación del Programa Irritila. Estos antecedentes forman parte de lo que en términos de Milton Santos constituyen las “rugosidades del espacio”, es decir, las herencias de procesos sociales anteriores que acaban estableciendo las condiciones para las nuevas etapas.8 Por lo tanto, este capítulo también refiere los rasgos específicos de los principales problemas socioambientales que persisten en los lugares que vincula el Programa –la cuenca alta y la cuenca baja–, paso necesario para 8. Santos, M., La naturaleza del espacio, 2000, p. 118.. 6.

(16) entender las acciones y representaciones que los principales actores involucrados tienen en relación con la problemática del agua en la región, y en torno al Programa Irritila. Finalmente, el capítulo cuarto condensa los resultados del trabajo de campo y muestra las consecuencias observables del programa que tienen lugar en la parte alta de la cuenca del Nazas, así como las acciones más importantes que se llevan a cabo en la parte baja: la recaudación y la difusión. Con esto se busca evidenciar que el Programa Irritila tiene una productividad social propia. Como se podrá comprobar a partir de lo expuesto en este capítulo, a partir de la emergencia de un nuevo actor social –la CCAN– y de la implementación del Programa Irritila, se ha constituido un espacio en el que distintos actores se han posicionado y asumido diversas posturas en relación con esta problemática, contribuyendo así a la transformación de nociones como justicia social, participación ciudadana, sociedad civil y gobierno, que en última instancia no son sino formas sociales que constituyen el espacio social. La historia del Programa Irritila es un capítulo más en la historia de los problemas ambientales en La Laguna, remite a las formas en que la sociedad lagunera se ha organizado para la gestión del agua y, por tanto, al reconocimiento de los modos en que actores de distintos sectores de la sociedad –ciudadanía, organizaciones civiles, empresas, instituciones gubernamentales, académicas, etcétera–, han incidido en los asuntos públicos, es decir, al modo en que histórica y socialmente se ha construido una situación de acción pública. Escribir esta historia es un intento por captar los rasgos procesuales de la producción de un espacio caracterizando los patrones de organización social que se configuran en torno a los servicios ambientales derivados del ciclo hidrológico en un contexto particular, es decir, los rasgos que definen la configuración socio-escalar –que también hidrosocial– que se genera a partir de la implementación de una política pública en la que subyace un proceso de mercantilización de la naturaleza. De manera que para dar cuenta del modo en que los actores sociales en una situación determinada contribuyen al orden social y, por tanto, a la producción del. 7.

(17) espacio, el principio rector de la argumentación no es la explicación causal, sino la identificación de patrones y asociaciones que permite apegarse a los principios de una racionalidad hermenéutica inherente al enfoque cualitativo y de la perspectiva constructivista que se buscó adoptar en este estudio. Por ello, las principales fuentes utilizadas en la elaboración de esta tesis fueron los testimonios orales de los actores sociales involucrados en la implementación del Programa Irritila, los cuales. se. obtuvieron. mediante. entrevistas. semi-estructuradas. que. se. complementan y triangulan con otras fuentes documentales –bibliográficas y hemerográficas, principalmente–. En este sentido, la primera etapa de la investigación consistió en una búsqueda y recopilación de fuentes bibliográficas referentes a estudios sobre los programas de pago por servicios ambientales en México. En la segunda etapa que también fue trabajo “de escritorio” el propósito fue recopilar datos sobre la implementación del Programa Irritila para lo cual se consultó la hemeroteca de dos diarios de circulación regional: El Siglo de Torreón y Milenio Laguna. De esta búsqueda fue posible recuperar testimonios de actores que en distintos momentos y desde diversos ámbitos han estado involucrados en asuntos relacionados con la gestión del agua y otros directamente vinculados a la implementación del Programa Irritila. El trabajo de campo necesario para la recopilación de los testimonios orales y de los registros fotográficos se hizo en dos etapas. En la primera, realizada durante el mes de octubre de 2017 en el ejido Escobar y Anexos en el municipio de Guanaceví, en la comunidad de San Antonio de Nevárez en el municipio de Santiago Papasquiaro y en Santa Catarina de Tepehuanes en el estado de Durango. La finalidad fue conocer mediante la aplicación de entrevistas semiestructuradas el modo de vida y la percepción que tienen respecto al Programa Irritila. Durante la segunda etapa del trabajo de campo, de febrero a marzo de 2018, el propósito fue el acercamiento a los actores involucrados en el Programa. 8.

(18) Irritila ubicados en la parte baja de la cuenca9 sobre todo a funcionarios públicos y representantes de la Comisión de Cuenca Alto Nazas, A. C. Puesto que la política pública que constituye el Programa Irritila está orientada a la atención de un problema público ambiental, se trata de una investigación que se ubica en el campo de los estudios de política pública y de los estudios ambientales. Desde las ciencias sociales en general, la sociología y los estudios regionales en particular, se busca que los resultados de la investigación constituyan un aporte relevante tanto al análisis, la evaluación y diseño de la política ambiental, específicamente en lo referente a los esquemas de Pago por Servicios Ambientales en contextos de crisis ambiental como el de la Laguna y, en concreto, similares al de la cuenca del río Nazas.. La cuenca baja del río Nazas –Cuenca “A” (Río Nazas-Torreón) de la Región Hidrológica No. 36 NazasAguanaval– comprende cuatro municipios del estado de Durango: Gómez Palacio, Lerdo, Mapimí y Tlahualilo; y cuatro municipios del estado de Coahuila: Francisco I. Madero, Matamoros, San Pedro y Torreón. 9. 9.

(19) I. APUNTES PARA EL ESTUDIO DE LAS POLÍTICAS AMBIENTALES DESDE LA TEORÍA DE LA PRODUCCIÓN DEL ESPACIO Este capítulo tiene el propósito de presentar nociones generales acerca de la teoría de la producción del espacio que servirán como base para entender y explicar la manera en que el medio ambiente como categoría del pensamiento y dominio de acción pública –cuya máxima expresión son las políticas ambientales–, configura relaciones entre actores y lugares que a su vez transforman y producen estructuras sociales, representaciones y formas espaciales que en conjunto producen el espacio social. En particular, para comprender cómo ha sido el proceso de implementación del programa de pago por servicios ambientales hidrológicos (PSAH) en la cuenca del río Nazas y las relaciones entre actores y lugares, los efectos de las interacciones entre los así reconocidos “usuarios”, “proveedores” e “intermediarios” de los servicios ambientales y, por tanto, los vínculos entre la parte alta y la parte baja de la cuenca. Como estrategia heurística y de comprensión del proceso de la producción del espacio en el caso de estudio se retoma la propuesta de Milton Santos10 la cual considera al espacio como compuesto por dos sistemas: el sistema de objetos y el sistema de acciones, que se expresan en la configuración territorial –sus formas espaciales– y las relaciones entre actores –sus formas sociales–. Estos sistemas en conjunto –disociados únicamente con fines analíticos, ya que en la realidad son una totalidad–, son los que permiten comprender y explicar la manera en que se produce el espacio social, en este caso a identificar y comprender los efectos del Programa Irritila, sus formas sociales y geográficas resultantes. Puesto que como parte de los efectos del PSAH se busca conocer la manera en que la noción de medio ambiente y el discurso del desarrollo sustentable crean y recrean los marcos interpretativos que orientan las prácticas de los sujetos y la matriz de sentido en torno a la cual se diseñan instrumentos de política pública, se considera un tercer sistema para su análisis e interpretación: el sistema de representaciones, el cual se refiere a la dimensión simbólica del espacio; este sistema está 10. Santos, M., La naturaleza del espacio, 2000.. 10.

(20) íntimamente relacionado con los dos anteriores, ya que es parte del mismo todo, sin embargo, se puede decir que es el resultado de la interacción objetosacciones. Los presupuestos epistemológicos que aquí se presentan y que constituyen el sustento de la argumentación de la tesis abrevan en gran medida, aunque no únicamente, de los aportes de Henri Lefebvre, Milton Santos, David Harvey y Edward Soja a la teoría de la producción del espacio. Para aplicarla al estudio de las políticas ambientales, es decir, para dar cuenta del proceso de producción del espacio a través de una técnica particular como lo son las políticas ambientales y, más precisamente los programas de pago por servicios ambientales, los aportes de Erik Swyngedouw y otros permitirán adoptar una visión multiescalar de los efectos espaciales, sociales y políticos del proceso de mercantilización de la naturaleza. Con ello se intenta hacer explícita la dimensión social del espacio al mismo tiempo que la dimensión espacial de lo social y la transversalidad de “lo político” en el proceso de producción del espacio. En este sentido, el último apartado presenta la noción de “configuración socio-escalar” propuesta por Erik Swyngedouw, la cual se retoma para hacer referencia a las formas socioespaciales que se configuran por las políticas ambientales –que generalmente son calificadas como sistemas de gobernanza o algún tipo de red de política pública–, pero que no solamente refieren la interacción entre actores y lugares,11 sino al conjunto de articulaciones entre infraestructuras, recursos naturales, instituciones, prácticas y representaciones que existen y se mueven en diferentes escalas; es decir, al conjunto de redes ensambladas de relaciones humanas y no humanas,12 lo que en términos de Milton Santos constituyen los sistemas de acciones y objetos que componen el espacio social.. En el caso que aquí interesa, los actores son los “usuarios” y “proveedores” de los servicios ambientales, mientras que los lugares son principalmente los diferentes espacios que el Programa Irritila vincula –Cuenca alta-Cuenca baja o Zona Metropolitana de La Laguna–, sin embargo, los lugares, también hacen referencia a la posición desde la que actúan o inciden los actores que intervienen en el Programa. Este aspecto se desarrollará de manera somera en el apartado referente al sistema de acciones y con más detalle en el capítulo tercero. 12 Swyngedouw, E., “¡La naturaleza no existe!”, 2011, p. 44. 11. 11.

(21) 1.1 Las políticas públicas como técnicas de producción del espacio La principal forma de relación entre el hombre y la naturaleza, o mejor, entre el ser humano y el mundo, viene dada por la técnica.13. Las formas en que las sociedades contemporáneas se organizan para enfrentar diversas situaciones y resolver problemas públicos han dado lugar a la emergencia de una formación discursiva que se expresa en el lenguaje de las políticas públicas14 y, más recientemente, en las diferentes narrativas de la gobernanza. En ambos casos la tendencia ha sido a hablar más de redes de política y/o redes de gobernanza que, de acuerdo con el sector al que esté dirigida la política o el motivo por el cual se establecen las redes, el discurso se complementa con algún adjetivo que la califica y le da especificidad. Estas formas de nombrar el tipo de relaciones que se establecen entre diversos actores –el Estado, la sociedad civil, la ciudadanía, las empresas–, se ha tornado un elemento constitutivo del espíritu de la época. Sin embargo, no son sino nuevas formas de gobierno y más precisamente, formas de poder, de dominio “suave” en las que se expresa el reconocimiento por parte del Estado de la influencia de nuevos actores y, en última instancia, de relaciones sociales particulares que facilitan la reproducción de las condiciones para la reproducción y acumulación del capital. Dicho de otra manera, se trata de eufemismos políticamente higienizados para referir una de las técnicas mediante las cuales se da el proceso de reproducción del capitalismo al producir y reproducir relaciones sociales para el mantenimiento de las relaciones de producción. Por tanto, el lenguaje de las “políticas públicas” y las narrativas de la “gobernanza” no son sino modos de nombrar las actuales técnicas de organización social que en realidad expresan la forma en que la Santos, M., La naturaleza del espacio, 2000, p. 27. Una definición convencional de “políticas públicas” es la propuesta por Mauricio Merino quien las entiende como “una intervención deliberada del Estado para corregir o modificar una situación social o económica que ha sido reconocida como problema público. (…) Para responder a ese nombre, han de ser decisiones tomadas por los órganos ejecutivos o representativos del Estado –y no por los particulares– con el propósito explícito de modificar el statu quo en un sentido determinado, mediante el uso de los recursos normativos, presupuestarios y humanos con los que cuenta el sector público –al menos parcialmente como punto de partida– y en un horizonte temporal razonablemente definido”. Véase Merino, M., Políticas públicas, 2013, p. 17. 13 14. 12.

(22) sociedad opera en el espacio, una forma que tiene una base material y una dimensión simbólica sobre las que se construye un discurso que le da consistencia, fundamento y legitimidad pero que, en el fondo, no son sino estrategias de movilización de recursos para la perpetuación del actual estado de cosas, del capitalismo como modo de producción dominante y de organización social. En este sentido, Erik Swyngedouw apunta que: Un cuerpo emergente de pensamientos ha comenzado a considerar la sutura de “lo político” por un modo consensual de gobernanza que, aparentemente, ha reducido los conflictos políticos y los desacuerdos, o bien a una ultra política de la negación radical y violenta, exclusión y contención, o bien a una inclusión parapolítica de diferentes opiniones acerca de cualquier cosa imaginable (siempre y cuando no se cuestione fundamentalmente el existente estado neoliberal de la configuración político-económica) en acuerdos de participación impotente y consensos acerca de la “buena” gobernanza técnico-administrativa.15. De acuerdo con esta línea de pensamiento, las soluciones técnico-administrativas como la “gobernanza ambiental” y el “uso racional” de los recursos naturales hacen ver los problemas ambientales y, específicamente, los problemas del agua, como políticamente neutrales y, por tanto, susceptibles de tratarse “objetivamente” mediante un conocimiento técnico-científico.16 Sin embargo, ninguna política es social, política ni ecológicamente neutral pues éstas siempre tienen una dimensión política y social que se expresa en el modo en el que a partir de su implementación, en términos de la economía ecológica, se distribuyen las externalidades –positivas17 y negativas– del desarrollo, así como en el acceso, la distribución y el uso de los recursos naturales que dichas políticas posibilitan para distintos actores, que son quienes reciben los impactos de las normas que se imponen sobre el uso y aprovechamiento de los recursos naturales que así establecen las políticas, en este caso, lo servicios ambientales que se generan por. Swyngedouw, E., “Interrogando la posdemocratización”, 2014, p. 10. Boelens, et al, “Hydrosocial territories”, 2016, p. 2. 17 Desde la perspectiva de la economía ambiental, “una externalidad positiva es cualquier beneficio no compensado. Las externalidades positivas asociadas con la protección forestal incluyen, por ejemplo, el control de la erosión, menor riesgo de inundaciones aguas abajo y mantenimiento de la calidad del agua”. Véase Landell-Mills y Porras, ¿Bala de plata, 2002, p. 7. 15 16. 13.

(23) los mismos procesos naturales y por las acciones que los habitantes de esos lugares realizan en la cuenca alta del río Nazas, principalmente, el agua. En este sentido, las políticas ambientales además de idearse explícitamente como vías para revertir o mitigar los problemas ambientales, también son formas con las que se busca alcanzar cierto grado de justicia social y ambiental. Sin embargo, el desarrollo no siempre implica bienestar ni justicia social o justicia ambiental, en cambio siempre es geográficamente desigual, pues “es un factor que contribuye a la creación y al mantenimiento de las desigualdades individuales y sociales y, por ende, a las desigualdades sociales y espaciales”,18 por lo tanto, desempeñan en un papel en su producción y reproducción. Se convierten así en instancias o ámbitos donde se (re)produce un sentido de justicia y, puesto que la justicia en sí es una de las formas constitutivas del espacio, al transformarse mediante procesos de resignificación o actualización de sentido, contribuyen a la producción del espacio social.19 Este es un aspecto fundamental para comprender las distintas posturas que los actores asumen cuando ocupan el espacio abierto por la noción de medio ambiente en el que lo que está en juego es la definición misma de una situación20 –la crisis ambiental– y, sobre todo, de la atribución de las responsabilidades históricas de que dicha situación haya sido posible en un principio. No obstante, es importante recordar que “la atribución de la responsabilidad sobre la producción de un espacio no puede hacerse a un individuo o a una entidad, sino a una realidad social susceptible de investir el. Soja, E., En busca de la Justicia, 2015, p. 113. Con la creación de mercados de servicios ambientales, por ejemplo, se presupone que con la retribución por parte de los así reconocidos “usuarios” de los servicios ambientales hacia los también supuestos “proveedores”, se consigue una relativa justicia social y ambiental, no solamente porque de este modo se contribuye a conservar los recursos naturales y a revertir el deterioro ambiental propiciado por el acumulamiento progresivo de los efectos de las actividades productivas que ahí han tenido lugar, sino que se asume que la creación de empleos temporales que implica la realización de las obras de conservación contribuye a que éstas consigan un mejor nivel de vida. Sin embargo, para valorar estos supuestos los efectos de estas políticas deben considerarse dentro del marco más amplio en el que está insertas: el capitalismo en su fase neoliberal. 20 Aquí, la noción de “situación” se emplea de acuerdo con la definición amplia propuesta por Patrice Melé, según la cual “una situación no se limita a la interacción, sino que toma en cuenta el conjunto del contexto, de los procesos y las consecuencias de las acciones y (re)acciones individuales y colectivas”, por lo cual, llevado al análisis de la acción pública “implica pasar del estudio de los subconjuntos espaciales al de las dimensiones espaciales y territoriales –las escalas– de situaciones de acción”. Véase Melé, P., Transacciones territoriales, 2014, p. 24. 18 19. 14.

(24) espacio, de producirlo con los medios y recursos a su alcance”,21 por tanto, sería erróneo suponer que un actor o un grupo de actores determinados son los únicos responsables de la crisis ambiental en La Laguna, cada individuo, grupo y actor social ha contribuido y contribuye en diferente grado a su configuración y permanencia. En este sentido, puesto que las políticas ambientales condensan una serie de elementos relacionados con intervenciones sobre el espacio que implican trabajo humano, deben entenderse como técnicas para la producción de formas – sociales, espaciales y simbólicas– y, por tanto, para la producción del espacio social. Entendidas de una manera amplia, las técnicas se refieren a procedimientos para producir diversas clases de objetos. Los procedimientos a su vez implican un determinado modo de ejecutar una acción para conseguir un resultado, lo cual implica un cúmulo de conocimientos preexistente para llevar a cabo una transformación. De acuerdo con Ortega y Gasset, “todas las actividades humanas que especialmente han recibido o merecen el nombre de técnicas no son más que especificaciones, concreciones de ese carácter general de autofabricación propia a nuestro vivir”,22 mientras que para Milton Santos, “las técnicas constituyen un conjunto de medios instrumentales y sociales con los cuales el ser humano realiza su vida y al mismo tiempo produce el espacio”. 23 Sin embargo: El espacio social no es otra cosa entre las cosas, un producto cualquiera entre los productos; más bien envuelve las cosas producidas y comprende sus relaciones en su coexistencia y simultaneidad: en su orden y/o desorden relativos. En tanto que resultado de una secuencia y de un conjunto de operaciones no puede reducirse a la condición de simple objeto.24. De tal modo que, la técnica no puede reducirse a su materialidad, sino que el objeto técnico –la technè– contiene “elementos de plan, de construcción, relaciones sociales que sostienen dichas tecnologías, un capital de conocimiento, Lefebvre, H., La producción del espacio, 2013, p. 169. Ortega y Gasset, J., Meditación de la técnica, 1977, p. 64. 23 Santos, M. La naturaleza del espacio, 2000, p. 29. 24 Lefebvre, H., La producción del espacio, p. 129. 21 22. 15.

(25) relaciones económicas y, gradualmente, toda una serie de interfaces en el seno de las cuales se inserta el objeto técnico”.25 Lo cual, si se considera a grandes rasgos el proceso de creación e implementación de las políticas públicas se verá que éste coincide con las dos cosas en que para Ortega y Gasset consiste toda técnica: “una, invención de un plan de actividades, de un método, procedimiento, y otra, ejecución de ese plan. Aquella es en estricto sentido la técnica; esta es solo la operación y el obrar”.26 En este sentido, las políticas ambientales no sólo son instrumentos para mitigar o revertir el deterioro ambiental –tal como lo expresa del desarrollo sustentable en que se fundamentan– sino que constituyen, al mismo tiempo, dispositivos de conocimiento y de acción pública que en conjunto representan una de las formas contemporáneas de control del espacio, puesto que imponen prácticas espaciales y formas de pensar y percibir el mundo. Las políticas públicas en tanto técnicas para el control del espacio conllevan procesos de zonificación, de delimitación de áreas para determinar los usos y el tipo de prácticas materiales a las que determinado espacio será sujeto de acuerdo con los intereses del momento. Mediante estos procesos de zonificación y, por tanto, de calificación –jurídica y simbólica– del espacio se transforman los lugares pues la atribución de valores que éstos implican lleva al reconocimiento de una división territorial del trabajo que bien puede llevar a una funcionalización o refuncionalización de los lugares determinando así la producción y reproducción de las formas socio-espaciales de acuerdo con el tipo de prácticas y relaciones sociales que las políticas públicas posibilitan o generan. Esta es una forma en la que puede entenderse el sentido en el que las políticas ambientales en tanto técnicas para la producción de formas –sociales, espaciales, simbólicas–, producen el espacio social. Técnicas en tanto formas de organización social, “soluciones” técnico-administrativas que con base en un discurso hegemónico que las sustenta –el desarrollo sustentable y el medio ambiente como forma de. 25 26. Guattari, F., ¿Qué es la ecosofía?, 2015, p. 89. Ortega y Gasset, J., Meditación de la técnica, 1977, p. 101.. 16.

(26) representar la relación entre el ser humano y el mundo–,27 dan forma a las representaciones del mundo e imponen prácticas espaciales que en el tiempo transforman y producen el espacio, pero que enfrentan la resistencia de inercias de procesos sociohistóricos de los lugares en que se implementan, los cuales suceden a nivel local, regional y nacional, así como las de los modos de vida que están anclados en tradiciones y costumbres, modos de hacer y de vivir. Por tanto, el análisis de los efectos de las políticas ambientales y, más precisamente, pensar las técnicas en términos de su productividad28 desde la teoría de la producción del espacio necesariamente implica un análisis progresivoregresivo,. es decir,. la. imprescindible explicación. de. los fenómenos y. acontecimientos actuales –los problemas ambientales, el cambio climático, las crisis del agua, etc.– a partir de sucesos pasados y explicar éstos a partir de los rasgos que se manifiestan en el presente. De acuerdo con esto, “la historia del espacio es indispensable”,29 ya que su conocimiento permite develar las relaciones sociales que subyacen a las actuales formas socio-espaciales, a las situaciones tal como en el presente se manifiestan. Asimismo, como lo señala Milton Santos, el estudio de las técnicas interesa por su influencia sobre el espacio, por su eficacia en el modelado y transformación de los paisajes,30 por su capacidad para producir formas socio-espaciales y porque éstas contribuyen al entendimiento de los modos en que se produce el espacio. Estas formas socioespaciales se refieren a la conjunción de procesos sociales y la configuración territorial sobre la cual ocurren, es decir, a un conjunto de objetos y de acciones. En el caso de los Programas de Pago por Servicios Ambientales Hidrológicos, el sentido más “técnico” de la técnica se expresa en las transformaciones materiales derivadas de las obras de conservación y restauración del bosque –que en sí Para algunos autores, el desarrollo sustentable o la sostenibilidad, entre otros términos –gestión del territorio, gobernanza ambiental, etc.– son conceptos sintomáticos, metáforas consensuadas para identificar el dilema ecológico –crecimiento económico-conservación ambiental–, vaciados de todo contenido crítico que en la práctica contribuyen a perpetuar el estado de cosas, el actual orden socio-ecológico, es decir, el capitalismo como modo de producción y reproducción social. 28 Véase Melé, Transacciones territoriales, 2014 y Merlinsky, 2015. 29 Lefebvre, H., La producción del espacio, 2013, p. 173. 30 Santos, M., La naturaleza del espacio, 2000, p. 31. 27. 17.

(27) mismas implican trabajo humano directo, el cual a su vez implica una serie de conocimientos– las cuales llevan al establecimiento de cierto tipo de relaciones sociales y, por tanto, a la configuración de determinados patrones de organización social. Es aquí donde puede observarse la manera en que lo técnico y lo social están profundamente implicados y determinados. Finalmente, en un sentido más simbólico, las políticas públicas son técnicas por su carácter de productoras de subjetividades en tanto instancias de enunciación de la cuestión ambiental que contribuyen a moldear la manera en que se piensan y perciben los problemas ambientales. De tal manera que, concebir las políticas ambientales y los mecanismos de pago por servicios ambientales en particular como formas socioespaciales que evidencian el movimiento de la sociedad –de la evolución mutuamente influyente del espacio y las relaciones sociales– al crear y recrear situaciones de acción, permite entender la manera en que surgen y cambian los lugares. Para el caso que aquí interesa se trata de cómo el PSAH al difundir cierta noción de medio ambiente, impone prácticas espaciales, es decir, actividades materiales, que tienen que ver con las formas de uso y aprovechamiento de, por un lado, los recursos forestales por parte de los habitantes de las comunidades que participan en el Programa Irritila localizadas en la parte alta de la cuenca y, por otro, de los usos que distintos actores hacen del recurso hídrico en la Zona Metropolitana de La Laguna,31 la parte baja de la cuenca.. 1.2 Espacio, naturaleza y medio ambiente La conceptualización del espacio está condicionada por las prácticas humanas y tiene múltiples acepciones. Una adecuada delimitación precisa de una visión relacional, lo cual quiere decir que el contenido del concepto, el significado del significante, se establece de acuerdo con el sistema de relaciones entre acciones y objetos, entre actores y lugares, en una determinada circunstancia y, puesto que Conformada por las ciudades más importantes de la región: Torreón, Coahuila, Gómez Palacio y Lerdo en Durango con una superficie de territorial de 502’799.38 hectáreas, y con una población de [dato!] es el principal núcleo poblacional con [número de habitantes!] y el lugar donde se ubican los usuarios de los servicios ambientales. 31. 18.

(28) la realidad está en constante movimiento, es decir, no estática sino dinámica, el espacio deviene un significante con significado fluctuante, una idea bastante desarrollada por David Harvey quien señala que “el espacio no es absoluto, relativo o relacional en sí mismo, sino que puede llegar a ser uno o todos simultáneamente de acuerdo con las circunstancias”.32 Esta visión relacional, permite comprender que son los vínculos entre actores y la relación de éstos con los lugares las que dotan de contenido y significado –de sentido– a las formas socio-espaciales que configuran. Desde esta perspectiva, el espacio no es “ni “sujeto” ni “objeto”, sino una realidad social, es decir, un conjunto de relaciones y de formas”,33 relaciones entre actores y lugares, acciones y objetos. Apegarse a los principios de la teoría de la producción del espacio implica considerar que la realidad social y, por tanto, el espacio, están en constante producción por las prácticas cotidianas de los sujetos, que las personas están profundamente involucradas en la producción y reproducción del entorno en el que viven, aunque no necesariamente en la forma que prevén, planifican o desean. En otros términos, asumir que el espacio es una construcción social, el “producto de la sociedad”34 y, por tanto, adoptar una perspectiva espacial crítica según la cual las dimensiones social y espacial son constructos sociales que producen y transforman de manera constante y a diferentes escalas –geográficas, políticoadministrativas– lo que más adelante definiré como configuraciones socioespaciales. Por lo que se trata de un enfoque que se apega a un constructivismo que permite considerar a los seres humanos y a las sociedades como intrínsecamente espaciales y esencialmente temporales;35 es decir, hacer explícita la manera en que el tiempo, el espacio y lo social constituyen nuestra realidad. Por otro lado, de acuerdo con Melé “suscribir los principios constructivistas es una postura que lleva a considerar que el medio ambiente y el patrimonio son producidos mediante ciertos procesos que uno podría denominar como. Harvey, D., “The Sociological and Geographical”, 2005, pp. 213-214. Lefebvre, H., La producción del espacio, 2013, p. 170. 34 Lefebvre, H., Espacio y política, 1976, p. 30. 35 Soja, E., Seeking Spatial, 2010. 32 33. 19.

(29) ‘patrimonialización’ y ‘ambientalización’”,36 aspecto que ocupa parte del siguiente capítulo. De acuerdo con lo anterior, el espacio sin la acción de los sujetos que lo animan deviene un significante vacío, pues “el espacio físico no posee ninguna realidad sin la energía que se despliega dentro de él”.37 Por tanto, no sólo es el escenario o el simple contorno de la acción de los sujetos,38 o el receptáculo en el que se reproducen las relaciones sociales de producción capitalista, sino que es la condición y el resultado de éstas. Por lo cual, un mismo espacio o lugar puede adquirir distintos significados y representar diferentes cosas de acuerdo con el sujeto que lo experimenta, así como por la posición desde la cual lo hace. De lo cual se deriva que el espacio únicamente adquiere significado conociendo la experiencia de los sujetos, sus prácticas y, así, el sentido que para ellos tienen los lugares donde suceden sus acciones. De acuerdo con esto, es necesario adoptar una visión multiescalar que permita conocer los múltiples sentidos que se le dan al espacio, aspecto que se desarrollará más adelante. No obstante, siempre es posible partir de una noción, por muy general que ésta sea, pues toda definición de espacio implica un concepto del espacio,39 el cual es considerado como “el punto de coincidencia, de condensación o de acumulación de sus propios componentes”.40 En cada periodo histórico del desarrollo de la sociedad, el lugar del ser humano en la naturaleza –la relación con el espacio–, se ha entendido y representado de diversas formas. De acuerdo con David Harvey, las definiciones de espacio y tiempo están profundamente implicadas en procesos de reproducción social, estas definiciones constituyen determinadas formas de representar el espacio y el tiempo y guían prácticas espaciales y temporales que a su vez aseguran el orden social.41 En nuestro tiempo, las relaciones capitalistas y el medio ambiente Melé, P., Transacciones territoriales, 2014, p. 22. Ibid., p. 74. 38 Giddens, A., La constitución de la sociedad, 2011, p. 143. 39 Lefebvre, H., Espacio y política, 1976, p. 27. 40 Deleuze y Guattari, Qué es la filosofía, 1997, p. 25. 41 Harvey, D., “Between Space”, 1990, p. 419. 36 37. 20.

(30) devienen el sustrato y la forma particular en que se representa el tiempo y el espacio, mientras que el orden social que se busca asegurar son las relaciones sociales que permiten la reproducción de las condiciones para la acumulación del capital. No obstante, tal como lo afirmara Lefebvre, la reproducción de las relaciones de producción no coincide ya con la reproducción de los medios de producción; se lleva a cabo a través de lo cotidiano de las cosas”.42 Por lo que la forma en que nombramos el mundo –el espacio– repercute en la forma en que se interpreta, se vive, se práctica y, consecuentemente en su materialidad. Por tanto, puesto que la noción de medio ambiente ocupa un lugar central en este estudio, es necesario precisar su sentido pues actualmente es un término que tiene múltiples interpretaciones y, como muchos otros, se ha vuelto una noción polisémica. Una acepción –quizá la más común–, se emplea para referirse al conjunto de circunstancias o condiciones –especialmente condiciones físicas– presentes en un determinado lugar, es decir, a aquellos elementos que pueblan el mundo: organismos bióticos y abióticos, animales y recursos naturales. En este sentido, Harvey destaca que, “después de todo, el ‘medio ambiente’ es todo lo que nos rodea o, más exactamente, todo lo que existe en los entornos de algún ser que es relevante para el estado de ese ser en un momento y lugar determinado”.43 Por otro lado, el medio ambiente es una representación del espacio y, por tanto, una categoría del pensamiento en donde la relación entre el ser humano y el mundo constituyen una totalidad, un sistema interdependiente. Para algunos, el medio ambiente ha ocupado el lugar que la “naturaleza” tenía para hacer referencia a la relación entre el ser humano y el mundo, y es evidente que no son términos ni categorías equivalentes, ya que la visión del mundo que está por detrás del término se refleja en el lenguaje, con un contenido más tecnocrático que social o simbólico”,44 por lo que también puede ser entendido como “naturaleza. Lefebvre, H., Espacio y política, 1976, p. 33. Harvey, D., Justicia, naturaleza, 2018, p. 156. 44 Vargas, G., Naturaleza y medio ambiente, 2005, p. 295. 42 43. 21.

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