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ALIMENTACION Y SUEÑO, DOS HABITOS QUE PODEMOS EDUCAR

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ALIMENTACION Y SUEÑO, DOS HABITOS

QUE PODEMOS EDUCAR

Dr. Eduard Estivill

Director de la Clínica del Sueño Estivill, USP Instituto Universitario Dexeus, Barcelona y Coordinador de la Unidad de Sueño del Hospital General de Cataluña.

Autor de los libros: Duérmete Niño, ¡A Comer!, ¡A Jugar! y Método Estivill: Guía rápida para enseñar a dormir a los niños.

CONCEPTOS SOBRE ALIMENTACION

La alimentación de los más pequeños sigue siendo centro de interés para todos los padres. Cumplir las necesidades nutricionales de sus hijos preocupa a todos y nunca es intrascendente la labor de los profesionales dando pautas y consejos. Por esto vamos a recordar algunas ideas que nunca debemos olvidar.

Cuestiones elementales:

Reflejo de succión: El recién nacido tiene un reflejo que le capacita para comer. Es un acto involuntario que pone en marcha cuando se le ofrece algo que chupar. Este reflejo le permite la subsistencia. En el primer momento que la madre le ofrece el pecho o le da comida en otra forma, el niño activa este mecanismo y succiona. Esto hace que el niño coma. Pero debemos recordar y esto es muy importante, que este reflejo no es sinónimo de hambre. Lo puede realizar en cualquier situación. De hecho, podemos comprobarlo cuando le ofrecemos un chupete después de haber sido alimentado. Esto es fundamental tenerlo en cuenta. También hay que conocer que puede utilizar este mecanismo de succión para calmarse. Cuando un recién nacido llora y le ponemos un chupete, suele callar inmediatamente, si no hay un motivo medico que lo impida.

Cuestiones fisiológicas: El hambre es una necesidad del cuerpo. El niño come para crecer, como forma innata de su desarrollo. Por esto le debemos ofrecer comida. Si el tiene hambre, comerá. Este punto vuelve a ser muy importante. El niño siempre come cuando tiene hambre. No olvidemos que en países subdesarrollados como algunas regiones de África, los niños van detrás de los padres para que les den de comer. En nuestras sociedades desarrolladas, nosotros vamos detrás de los niños para que coman. Es un error que cometemos con mucha frecuencia.

La sensación de saciedad: Los adultos tenemos muy claro cuando no podemos comer mas. Nos ha llegado la sensación de saciedad. No cabe nada mas en nuestro estomago. No tenemos hambre. La sensación de saciedad es una función fisiológica que realiza nuestro cuerpo, de forma automática. No la podemos controlar voluntariamente. Solo la conseguimos después de comer.

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Esta sensación la tenemos porque en nuestro estomago existen unas sustancias químicas, las leptínas, que fabricamos cuando esta lleno. Estas sustancias informan a nuestro cerebro que ya no tenemos hambre. Esto sucede exactamente igual desde el momento en que nacemos. Los niños, desde recién nacidos actúan exactamente igual. Cuando la mama le da el pecho el tiempo correcto sugerido por su Pediatra, el niño retira su boquita del pezón, gira la cabeza de lado a lado y por mas que la mama insista, no vuelve a comer. Le ha llegado la sensación de saciedad. Es muy importante no olvidar este aspecto, porque pueden suceder cosas curiosas. Cuando los padres deciden que deben utilizar un biberón para completar la alimentación, el pediatra les indica la cantidad que debe tomar el niño. Es probable que le diga: prepárele un biberón

con 90cc de leche. El niño, cuando empieza a tomarlo, succiona de forma intensa

y come seguido hasta que queda “un dedo” en el biberón. Entonces retira la boca de la tetina y ya no quiere comer mas. Los papas pueden pensar: ¿por un “dedito” no te lo vas a terminar? e insisten. El niño no lo acepta. Es evidente que le ha llegado su “sensación de saciedad”. Nunca debemos forzarlo a que termine, porque si lo hacemos podemos iniciar unos malos hábitos de alimentación, condicionando una dilatación de su estomago que posteriormente puede conducir a un sobrepeso.

Tamaño del estomago: Es muy importante conocer que el tamaño del estomago de un niño es proporcional a su talla. Un recién nacido mide 50 centímetros, por lo tanto su estomago no es mucho mayor que una pelota de golf. A los dos años, el tamaño de su estomago es parecido al de una pelota de tenis. ¿Somos conscientes de la cantidad de comida que pretendemos que como nuestro hijo a esta edad?. Seguramente le pondremos un primer plato de pasta, verduras, o sopa, y después pretenderemos que coma pollo, pescado o carne. Y encima nos preocuparemos si no quiere fruta u otro tipo de postre. ¿Os dais cuenta de lo que pretendemos?. ¿Cómo puede entrar tanta comida en su pequeño estomago?. No olvidéis nunca esto. El niño necesita comer pocas cantidades pero muy a menudo. Por esto es importante que realicen las cinco comidas al día, con las cantidades adecuadas a su estomago. Si lo hacemos así, seguramente comerá mejor y sobretodo, llegara a la hora de su próxima comida con hambre. Esto representará que esperara con alegría este momento. No hay nada mejor para que un niño coma. Debe tener hambre. Nos sucede igual a los adultos. No lo olvidéis.

Comer de todo: El ser humano es el único que puede “comer de todo”. Recordad que con los animales no sucede lo mismo. Los leones son solo carnívoros, los elefantes solo herbívoros. Nosotros podemos comer de todo. Nuestro sistema digestivo puede aceptar cualquier tipo de alimento. Es por esto que a los niños se les van introduciendo los distintos alimentos poco a poco, hasta que pueden probar cualquier sabor o gusto. Otra cosa distinta son las preferencias. Algunos niños prefieren el sabor salado, otros les gusta mas el dulce, a algunos les gusta, ya de muy pequeñitos, los sabores ácidos, otros disfrutan con texturas duras, otros con las mas blandas. Los padres debemos ofrecerle todas las variedades de alimentación para que sean capaces de

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tomarlas cuando sea necesario, ofreciendo algo mas de sus alimentos preferidos, pero sin olvidar los que no le gustan tanto. Y sobre todo, en las cantidades que su estomago puede almacenar. Debemos enseñar a los niños a ser pequeños sibaritas, comunicándoles el placer de comer y probar de todo. La comida debe ser un premio, un acto lúdico y divertido, que el niño debe esperar con placer, eso si, cuando tiene hambre.

PREMISAS BÁSICAS

Antes de empezar a enseñar a comer bien, tenemos que estar seguros de que el niño no sufre ningún trastorno alimenticio ni de salud. El pediatra será quién lo descarte. Las alteraciones pueden ser tanto de tipo físico, como por ejemplo las disfunciones del aparato digestivo (reflujo esofágico, vómitos, estreñimiento, diarrea…) o de tipo psicológico (anorexia, ausencia de deglución/masticación, ingestiones aberrantes, bulimia, o deseo de beber agua constantemente. Una vez descartado cualquier proceso de anomalía en el correcto funcionamiento orgánico del niño, se puede iniciar ya el método para enseñarle a comer. Pero para eso, quienes lo pongan en práctica deben aprender previamente.

1. No hay ningún niño que se muera de hambre si tiene comida a su alcance. Para comer, lo único que se necesita es tener hambre.

Con esto no pretendemos que crean que si se lleva al niño hasta el límite de la desnutrición, el método es infalible. NO. Lo que hay que entender es que el cuerpo del niño juega a nuestro favor, porque es él quién envía la señal del hambre. Los cachorros van detrás de su madre para que los alimente. Los niños pobres de Africa van detrás de sus madres para que les den comida.

2. No existe ningún estudio que demuestre que genéticamente hay algún alimento que los niños no puedan probar (una vez que el Pediatra ha corroborado que no el niño no presenta ninguna intolerancia a un alimento concreto). Otra cosa son las preferencias que puedan mostrar respecto a algunos alimentos.

3. Esas preferencias pueden solidificarse a medida que el niño crece, pero eso no ha de desplazar de su menú otros elementos culinarios necesarios para su desarrollo. No sólo para crecer, sino para seguir viviendo saludablemente. 4. El “de tal palo, tal astilla” aquí no nos sirve. Cuando uno de los padres come mal, no deberá tenerse en cuenta en el aprendizaje del niño a comer bien. No ha de servir de pretexto. Aunque a ninguno de los padres les gustaran las verduras, nunca será cierto que el hijo engendrado por ambos recibió en herencia genética una predisposición a rechazar las hortalizas de color verde. Otra cosa muy diferente es que la fobia de los padres vete a las verduras en el hogar familiar. Proceso, totalmente erróneo y adverso al método de la buena educación culinaria de los niños.

5. La conquista de la boca y el estómago del niño, no se lidiará nunca por toda la casa. El escenario de la 'batalla campal' será un lugar concreto, agradable,

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tranquilo y siempre el mismo. Adquirir esa disciplina será ya un gran avance en nuestro logro aspirado del hábito del buen comer.

Para que coma bien un niño, primero hay que motivarlo

En relación a los hábitos relacionados con la comida, son muchos los padres preocupados porque su hijo o hija comen mal o poco. Y no se dan cuenta que su actitud ante los pequeños es muy poco estimulante, y así es difícil que el niño adopte otra actitud. No hay nada que lo motive. Las broncas, además de un aporte de agresividad negativo para padres y para hijos, no son una motivación, sino todo lo contrario. Muchas veces provocan que el menor se cierre más en banda.

Y cuando los mismos padres explican lo que sucede diciendo: no hay manera, es que no quiere, no le gusta, dice que no le apetece…, nos damos cuenta de que el niño es el que domina la situación. Clarísimamente. Y son los padres los que van a remolque de lo que el niño pide. Y lo que trasciende, automáticamente, de esta situación, es que los padres tienen mucho miedo a que el hijo les monte un pollo y crispen los nervios de toda la familia. Por eso hasta ahora habían estado optando siempre por seguirle la corriente. Para evitar conflictos y disputas. Pero, tal vez, lo que los padres no sepan o no sean conscientes en esos momentos es que son precisamente esos conflictos que tratan de esquivar, los que quedan dentro de ellos, como enigmas por resolver, y en un momento u otro de la maduración del niño, descubren que se han multiplicado. Cuando los niños no adoptan pautas desde muy pequeños, más tarde es mucho más difícil que las interioricen, entre otras cosas, por lo que ya dijimos, que entonces será necesario que desaprendan malos hábitos aprendidos. Y por eso los conflictos que quisieron esquivar, se multiplican.

Si se hiciera una estadística entre jóvenes con problemas de alimentación, nos daríamos cuenta del gran número de ellos que dejó problemas por resolver en la infancia. Por eso es tan importante la adquisición de los hábitos alimenticios en la infancia. Bueno, lo podemos ver con cualquier aprendizaje que se inicia tardíamente, como la lectura, la escritura, un idioma, la natación… no son imposibles de alcanzar, pero cuestan más.

A COMER SE APRENDE

En la construcción educativa de los hijos, la creación de hábitos son los ladrillos que sostengan la obra. Los cimientos sobre los cuales ya podemos empezar a levantar el edificio, se asientan en el momento en el que el niño entiende y acepta que la consecución de los objetivos propuestos es buena para él y también para los demás. El comer bien es un hábito. Un hábito es una conducta aprendida, una buena costumbre, el aprendizaje de una acción que repetimos en nuestro quehacer cotidiano. Es algo que no sabemos hacer, pero que a base de repeticiones lo acabamos aprendiendo.

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Si hablamos de enseñar a comer a un niño, sepamos que hay dos elementos que intervienen en la construcción del hábito de comer de la criatura. Por un lado, los elementos externos que asociamos al hábito. Se trata de algo así como pistas en el camino hacia el objetivo que nos llevan a él y nos lo facilitan. Y el segundo factor es la actitud de los padres durante el proceso de transmisión de éste hábito a sus hijos. Esos dos elementos sirven y son igualmente esenciales en el proceso de aprendizaje de los niños del hábito del dormir correctamente.

CONCEPTOS SOBRE EL SUEÑO

• EL INSOMNIO INFANTIL POR HABITOS INCORRECTOS

El Insomnio es el trastorno de sueño infantil mas frecuente y puede afectar desde lactantes de 6 meses a niños de 5 años. Los padres explican que el niño "nunca" ha dormido bien y que desde el primer día los despertares nocturnos han sido muy frecuentes. Mas raramente refieren periodos de normalidad y después de un estimulo externo, enfermedad, permanencia en casa de abuelos o familiares, aparece la problemática citada.

El fenómeno clínico que caracteriza a este tipo de insomnio es la dificultad para que el niño inicie el sueño solo y los frecuentes despertares durante la noche. Suelen interrumpir su sueño de 5 a 15 veces y les es imposible volver a conciliarlo de forma espontanea y sin ayuda. Al observarlos durante sus periodos de sueño, se tiene la sensación de que están "vigilando" continuamente y los padres suelen probar todos los métodos existentes para lograr dormirlos con escaso éxito.

A medida que el niño va creciendo y adquiriendo vocabulario se van complicando los momentos de iniciar el sueño ya que es el niño el que dicta las "normas" que deben seguir los padres para hacerlo dormir. El niño pide que le canten, quiere agua, dormir con los padres, dormir frente la TV etc. Nada de ello favorecerá las correctas rutinas de los hábitos del sueño y ni mucho menos solucionará el problema.

La causa que origina este problema es la deficiente adquisición del habito del sueño es decir existe una distorsión y desestructuración por asociaciones inadecuadas que el niño hace con su sueño, normalmente debidos a los múltiples cambios que realizan los padres para intentar que el niño se duerma.

Los fármacos inductores del sueño tienen escaso efecto beneficioso en esta patología. Los pediatras recurren a ellos normalmente por presión de los padres. La mayoría de los niños no notan ninguna mejoría cuando se utilizan para conciliar el sueño. Algunos presentan un ligero sopor que ayuda a "atontarlos" ligeramente pero no curan la alteración .

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Los niños que padecen este insomnio son niños totalmente normales desde el punto de vista físico y psíquico. Normalmente el problema no existe porque el niño esté mimado, ni porque tenga un déficit psicológico, sino que se produce por una deficiente adquisición del habito del sueño.

CONSECUENCIAS DEL MAL DORMIR EN LOS PADRES Y EN LOS NIÑOS. Son todavía frecuentes las creencias de que si un niño se despierta varias veces por la noche es un fenómeno corriente, que no cabe consultar con el pediatra y que solo la paciente acción de la madre, que se levantará la mayoría de veces a intentar hacer dormir al niño, hará mas soportable la situación. No obstante, no hay mayor desestabilizador de la harmonía conyugal que la situación que se presenta cuando aparece la dificultad para que el niño empiece a dormir y que posteriormente se despierte varias veces por la noche, día tras día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año.

Cuando esto sucede los padres empiezan a utilizar las técnicas mas lógicas, darle agua, mecerlo un poco, cantarle, darle la mano, dejarse acariciar el pelo o las orejas etc. Nada de esto suele ser suficiente y a pesar de que el niño se queda dormido después de algunos minutos, el sueño no es continuo y se despierta varias veces debiendo los padres intentar nuevamente las rutinas para adormecerlo. Poco a poco las cosas se complican. El niño va creciendo y exigiendo nuevas demandas, puede dormirse en el sofá, mirando la TV o en la cama de los padres. Todo esto sigue siendo insuficiente puesto que los despertares nocturnos persisten y la hora de acostarse se retrasa.

Muchos padres intentan ponerlos en la cama mas tarde a fin de que presenten mayor cansancio y se duerman más fácilmente. Craso error, el niño siempre resiste más y no por acostarse mas tarde se duerme antes o se despierta menos veces por la noche. La sensación de frustración se incrementa. Los padres reciben consejos de los abuelos, los vecinos, los amigos, todos saben mas que ellos y tienen la sensación de que los niños de los demás duermen mejor que los suyos. Las reacciones de autoculpa son frecuentes e incluso la sensación de inseguridad con respecto al problema se hace evidente intercambiándose acusaciones de culpabilidad.

El rechazo hacia el niño puede empezar a cristalizar mostrando en ocasiones actitudes agresivas, que normalmente son verbales aunque pueden llegar a ser físicas. No se desean mas niños y se espera con ansiedad que crezca para que duerma mejor. Los padres esperan primero a que pasen los cólicos, después a que cambien la dieta, posteriormente piensan que cuando ande dormirá mejor. Nada de esto es cierto y el trastorno puede perdurar hasta los cinco años. Aun hoy resulta difícil encontrar la ayuda adecuada ya que la mayoría de los abordajes terapéuticos están basados en conceptos de alteraciones de sueño de los adultos y bien es sabido que en los niños, las manifestaciones clínicas de sus trastornos, son bien distintos de los mayores.

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Los niños también presentan claros síntomas. Son niños con una actitud "muy despierta" que captan con gran intensidad los fenómenos que existen a su alrededor - ansiedad, inseguridad, o bien tranquilidad y seguridad -. Suelen tener un sueño superficial durante el cual se muestran inquietos, como vigilantes, y cualquier pequeño ruido los despierta. Suelen ser niños irritables durante el día con gran dependencia hacia la persona que los cuida y si sumamos todos los minutos que tienen de sueño en 24 horas, el total es claramente inferior al número de horas normales para su edad.

COMO ENSEÑAR A DORMIR BIEN. EL DORMIR BIEN ES UN HABITO. Durante el primer año de vida el niño aprende varios hábitos. El de comer y el de dormir correctamente son dos de los mas importantes. Existen dos claras funciones fisiológicas que el niño debe realizar: comer y dormir, pero comer bien es un hábito y dormir bien también es un hábito. Los niños aprenden a comer correctamente según las normas sociales que les rodean. Los Occidentales lo hacen sentados en sillas, apoyando el plato en la mesa y utilizando unos utensilios que denominamos tenedor y cuchara. En Oriente se come sentado en el suelo, con un bol en la mano y utilizando palillos. Ambas conductas están bien y se consideran ambas hábitos correctos.

Con el sueño sucede lo mismo. Los niños pueden aprender a dormir solos, acompañados por los padres, en el sofá, en su cama, en la de los padres, etc., pero "las normas" que acompañan al acto de dormir deben ser dictadas por los padres y coherentes con las normas sociales imperantes. Por lo tanto en nuestro ambiente, un niño a partir de los 6-7 meses debe iniciar el sueño solo, sin llanto, y debe tener una duración de al menos 11-12 horas seguidas, sin despertares que interrumpan el mismo. Puede utilizar un muñeco de peluche como "amigo acompañante" (objeto transicional), debe dormir en su cuna y con la luz apagada.

COMO ADQUIRIMOS UN HÁBITO

Ayudamos al niño a configurar un habito porque realizamos una función asociada a unos elementos externos. Por ejemplo el comer lo asociamos a una serie de elementos como son el babero, la silla, un plato, una cuchara, un tenedor, y repetimos esta asociación de "elementos externos" hasta que el niño aprende a realizarla correctamente. Con el sueño se produce un mecanismo parecido. El niño debe aprender a iniciar el sueño solo, asociando el acto de dormir con unos "elementos externos" como son su cama, el osito de peluche, su chupete y los demás elementos ornamentales de su habitación. La actitud de los padres es fundamental porque son los que comunican seguridad al niño.

Los padres cuando un niño es sentado por primera vez en la mesa no espera que el niño sepa utilizar correctamente los utensilios, cuchara, tenedor, etc. y siempre piensa que el niño debe "aprender" a comer correctamente. No se angustian y al día siguiente vuelven a intentarlo de la misma forma. Esta actitud

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de seguridad va dando confianza al niño que después de repetir la misma acción múltiples veces acaba realizándola correctamente .Normalmente con el sueño suele ser de la misma manera. Los padres deben saber que los niños deben "aprender" a dormir solos y no deben comunicarles inseguridad.

COMO REEDUCAR EL HÁBITO DEL SUEÑO

Para iniciar la modificación de los hábitos del sueño es básico crear un ritual alrededor de la acción de acostarse. Esta rutina debe ser un momento agradable que compartan padres e hijo y debe tener una duración entre 5 y 10 minutos. Consistirá básicamente en un intercambio emocional de tranquila información en relación al grado de comprensión del niño, realizada en un lugar distinto de donde duerme el niño, como cantar una suave melodía, contar una pequeña historia real, o bien programar una actividad para el día siguiente. El niño deberá estar informado continuamente del tiempo que le queda antes de que inicie su sueño. Posteriormente lo dejaremos en su habitación, en la cuna o cama y nos despediremos de él. Es básico que el niño esté despierto cuando se salga de la habitación. Hay que recordar que el niño aprende a dormir con aquello que los adultos le dan y que en sus despertares fisiológicos durante la noche, reclamará las circunstancias que el haya asociado con su sueño. Si el niño se duerme solo, volverá a dormirse solo cuando se despierte por la noche, pero si se ha dormido en brazos o bien "lo han dormido" meciéndolo, reclamara los brazos o el mecimiento.

Si la rutina es correcta, el niño esperará con alegría el momento de irse a la cama y encontrará fácil separarse de los padres cuando se vayan de la habitación. Ver la televisión antes de acostarse, aunque sea juntos no es una buena actividad, porque no permite el intercambio personal. Leerle un cuento, o hacer cualquier otra actividad tranquila es mucho mas recomendable. Es bueno que tenga junto a él su animalito de peluche, su juguete preferido o su almohada. Se sentirá mas acompañado cuando le dejen solo en la habitación y sobre todo descubrirá que permanecen con él cuando se despierte por la noche. Es muy importante la regularidad en la rutina nocturna para preparar al niño para el sueño.

Una vez terminada la rutina los padres abandonaran la habitación y ºdeberán seguir una tabla de tiempos de espera, que ira aumentando de forma progresiva, siguiendo las técnicas conductuales de agotamiento, hasta lograr que el niño se duerma solo. Muy a menudo los padres quedan sorprendidos de la rapidez y efectividad de estos métodos, que puede ser manifiesta tras pocos días.

Es interesante, para completar el tratamiento, dar consejos a los padres sobre las pautas diurnas que deben seguir con su hijo, tanto en lo que se refiere al mantenimiento de unas rutinas horarias como a la relación personal con el niño. Todo lo que comporte dar seguridad a los padres redundara en la eficacia del tratamiento.

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Siempre hay que tener presente que a un niño mal acostumbrado es muy difícil cambiarle los hábitos a partir del año de edad. El niño en crecimiento es un ser al que se le deben inculcar unos hábitos de sueño correctos, con tranquilidad y seguridad, para evitar posteriormente la aparición de múltiples distorsiones patológicas relacionadas con su sueño, que pueden dar lugar a divergencias y malestar entre los padres y repercutir negativamente sobre la salud mental familiar. El llanto repetitivo continuo de un niño durante la noche, con múltiples despertares, es una de las "pesadillas" mas duras de soportar.

Al valorar las alteraciones del sueño en los niños siempre hemos de tener en cuenta los siguientes elementos:

a- Que el síntoma es una información aportada por los padres y consecuentemente subjetiva.

b - Es necesario detallar la historia y evolución del síntoma de manera muy precisa, detectar factores precipitantes, psicológicos o orgánicos y determinar los elementos de mantenimiento del problema.

c - Es imprescindible la presencia de ambos padres para determinar ya desde la primera visita las interacciones de ambos con el niño.

d- El problema del sueño debe ser enmarcado dentro del ciclo de 24 horas ya que es muy probable que las distintas actividades diurnas influyan de forma clara en el sueño.

Descartar de entrada los procesos orgánicos más frecuentes para cada grupo de edad que podrían distorsionar el sueño; cólicos, reflujo, intolerancia a la leche, infecciones de vías respiratorias altas, otitis media, atópica etc.

Referencias

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