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El Uno

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Academic year: 2020

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(1)El Uno Jay Wright Versión al español de Jorge Brash Personajes: Maví Mico Zirra. [Oscuridad, luego penumbra. La luz, proyectada desde abajo a la izquierda, arroja sombras sobre un muro blanco, desnudo, del escenario. Imágenes de un delfín saltando desde el agua; una montaña que emerge lentamente entre las nubes; un hombre en traje de carácter que pedalea furiosamente una bicicleta de carreras. Se oyen sonidos como de olas que rompen, lava que fluye, sangre que circula. La luz sube ligeramente. Se ve a Maví, en atuendo de corredor, pedaleando furiosamente una máquina de dimensiones excesivas con apariencia un tanto de bicicleta de carreras, otro de una ruleta gigantesca y algo de cinta transportadora. El hombre canta, balbuce, comienza a respirar al ritmo con que fluyen los sonidos. Zirra, que viste traje blanco de tennis y botas con puntera metálica y porta una capa torera rosa que se pondrá de tanto en tanto, entra y se queda de pie junto a Maví. Lo anima a seguir pedaleando y poco a poco acompasa su respiración a la de él. Se le acerca casi hasta tocarlo y le habla en tono confidencial.]. ZIRRA No se lo dirás, ¿verdad? [Maví no le presta atención.] Vaya, si te pregunta algo sobre esto, o sobre mí. [Él no le hace caso.] Bueno. Ya que está claro, tienes todo el derecho de darle tu punto de vista, y desde luego todo el derecho de decir lo que quieras sobre mí. Lo que se te ocurra. Lo que te parezca verdad. A ti. Si eso es lo que necesitas. Claro que yo tengo todo el derecho de refutar cualquier cosa que digas, y a hacerle ver ciertas proposiciones. Que se hicieron. Supongo que de buena fe. Ahora no se va a condenar a nadie. Nadie tiene que preocuparse ni perder el sueño por su reputación. ¿O se trata más bien de refutación? Maldita sea. Me niego a que me enjuicien. [Mico viste chaqueta negra de mariachi, pantalones de terciopelo y botas vaqueras. Lleva un bastón con el puño en forma de cabeza de león. Entra de repente, se detiene a cierta distancia y grita.]. 97.

(2) M ICO Juicio. Ja. Te espanté. ¿Verdad, muchacha? ZIRRA Esta tarde no voy a hacer caso de tus «muchacha». [Mico no le hace caso y camina alrededor de Maví.]. M ICO ¿Crees que este bobo puede parar? ZIRRA Pregúntale. M ICO ¿Puedes parar, hombre? [Mico golpetea la máquina con el bastón.) Escúcheme, señor, a usted le hablo. ¿Puede usted parar la máquina mientras deliberamos? Digo. [Golpea la máquina. Maví se detiene.] M AVÍ Los celos. No puedes ocultarlo. Al menos deberías disimular. Dios te guarde de que vaya yo a enseñarte algo sobre la metodología de la existencia. M ICO ¿Por qué hablas de ese modo? M AVÍ Sabías que estabas excluido. Podías notarlo en mis ojos, en mi postura, en mis modales, percibir en mi respiración que estaba yo en otra parte. M ICO Fuera de tus cabales. M AVÍ No lo dije bien. No, no estaba perdido. No abandoné el mundo. El mundo vino a mí. No, mejor dicho: pasé a ser uno con el mundo. ZIRRA Me estás traicionando. M AVÍ En tí ni había pensado. M ICO Contradicción. ZIRRA Confusión. Me dijiste que no creías en Dios. M AVÍ ¡Oh! Tú no tienes los hábitos, Zirra. Dios es prescindible. No hablemos de eso. M ICO De lo que quiero hablar contigo es de cómo contaminas al vecindario.. 98.

(3) M AVÍ A veces tus exageraciones… M ICO ¿Sí? M AVÍ Quisiera plantear un problema. Un problema de energía. Si acaso lo resuelves tendrás la respuesta de nuestro asunto y tal vez cierta intuición sobre las razones de mi creciente tendencia a distanciarme. M ICO Está bien, continúa. M AVÍ Muy simple. Si ser es una cosa y Uno es otra, Uno no es otra cosa que ser, puesto que es Uno, ni ser es otra cosa que Uno puesto que es ser, pero difieren entre sí por virtud de ser otros y diferentes. M ICO Sí. M AVÍ No he terminado. ZIRRA No, en efecto. No has planteado el problema. M AVÍ Sabía que contaría contigo, Zirra. M ICO [Cantando.] A whole lot of shakin’ goin’ on. M AVÍ Nada me va a distraer, Mico. M ICO Está bien, si existe un problema, Maví, nos gustaría escucharlo. Ya conseguiste interesarnos. M AVÍ Así que están conmigo. M ICO Vamos, no saltemos a las conclusiones. ZIRRA ¡Maví! M AVÍ Ya voy. Estamos de acuerdo en que no falta nadie. M ICO ¿Faltar? ¿Como quién? M AVÍ Quiero decir aquí, entre nosotros.. 99.

(4) M ICO No empieces con tus cosas. Aquí nos estás viendo. Uno. Dos. Tres. ¡Ah! ya veo a qué te refieres. M AVÍ ¿De veras, Mico? M ICO Claro, maldita sea. Aquí es donde estamos. M AVÍ Nuestro momento. M ICO Vamos, nada de tanta importancia. ZIRRA Déjalo terminar. Es una manera bastante infantil de llamar la atención. Si eso es todo lo que se te ocurre, no me haces falta, mano. M AVÍ Te retiras. Para variar. [Comienza a pedalear su aparato.] M ICO Que si es agudo este Maví, hombre. ¿De dónde sacaste esta pinche máquina? ¿Cómo llegó aquí? ¿Qué significa? Vaya, no, no va a decírnoslo. Se va a quedar observando cómo nos hacemos bolas tratando de entender algo que no tiene sentido. Mira su actitud como de gallinita picoteando. ¡Con qué ganas le pondría un ojo morado! ¿Quisiera usted ponerme a prueba, señor? ZIRRA Eso es precisamente lo que quisiera. M ICO ¿Cómo sabes qué es lo que quiere? M AVÍ Conozco el secreto de Zirra. M ICO Vaya, vaya. ¿Zirra tiene un secreto? ¿Y cómo, mi buen Maví, adivinaste ese secreto? M AVÍ Yo no dije que lo conociera. M ICO Si no lo conoces, cómo demonios puedes decir que es un secreto? M AVÍ Quisiera continuar con mi demostración. M ICO Tu demostración. M AVÍ Mi prueba.. 100.

(5) M ICO Decídete. M AVÍ ¡Anatema, anatema! No me voy a decidir. Mi mente no tiene que decidirse. Llevaré a cabo mi demostración en su más absoluta pureza. ZIRRA ¿Tú crees eso? M AVÍ Perdón. ZIRRA En pureza. M ICO [A Maví.] Bájate. Quiero montarme en este trebejo. Para ser capaz de ponerte la lengua en la nariz eso ha de acariciarte las pelotas. [Maví se acerca a Mico y lo escudriña rápida y frenéticamente.] ¿Qué chingados haces? M AVÍ Ando buscando tu autoridad, Mico. [Mico golpea el suelo con el bastón.] ¿Qué carajos haces? M ICO Llamo a quienes me dieron mi autoridad, Maví. [Zirra se ríe. Ejecuta un pase con su capa.] ZIRRA A ver, enséñame tu autoridad, Mico. Me voy a la barrera. Están a punto de abrir los toriles. Son las cuatro. No. Ya pasó el tiempo. Eran las cuatro cuando empezamos. Yo voy primero. Es el primero de la tarde. Siempre. Eso es cierto. Existe ese marco. La verdad que le asiste. ¿Puedes ver mi autoridad, Mico? M ICO [A Maví]) Ya corrompiste a esta mujer. M AVÍ Yo no tengo nada que ver con ella. M ICO No digas mentiras. Lleva tu marca por todos lados. M AVÍ Qué extraña manera tienes de usar esa palabra. En este caso, no puede haber tal cosa, el sentido es impropio. M ICO No tengo tiempo para tus acertijos. M AVÍ Lo que yo proponía… M ICO ¡Nada!. 101.

(6) ZIRRA ¿Me estás escuchando, Mico? Ves que estoy parada junto al burladero. Existen soluciones posibles, muchas formas de hacerse con el gobierno del terreno. Momento, Maví. Ya sé, la palabra que buscabas era dominio. M AVÍ Es tu demostración. ZIRRA Precisamente. [Coloca su capa sobre el suelo.] Así que, ¿por qué no te pones aquí y haces tu parte? M AVÍ No me parece que yo sea parte de eso. ZIRRA Qué raro, creí que ya bordeábamos la demostración que habías comenzado. M AVÍ Aquí me pongo. [Zirra recoge su capa.] ZIRRA Como quieras. M ICO ¿Necesitas apoyo? [Lanza su bastón a los pies de Zirra.] Envuélvelo en tu capa. ZIRRA Mira nada más. Me quiere intimidar. Me paso al centro, tal vez para darme valor y provocarlo en el otro. Tú me adviertes, Mico, sobre cualquier comportamiento escandaloso con la capa. ¿Te haré caso? ¿O tal vez siga mi propio destino y deje que los acontecimientos … sigan su propia lógica? Háblame, Maví. Te toca a ti.1 M AVÍ Estás interrumpiendo mi demostración. ZIRRA No iba a ninguna parte. M AVÍ No tenía que ir a ninguna parte. ZIRRA Oh, el gran Maví. Construye su castillito de naipes, su máquina minúscula. Y luego hace un drama sobre cierto problema mediante un acertijo verbal. A mí no me engañas, Ma vi, ma vie, mi vida. Yo sé que te sorprendió comiendo hierba junto a la cola de la rata. Ni te imaginas qué hay entre Mico y yo. ¿Verdad?. 1. En español en el original (T.). 102.

(7) M AVÍ No me importa demasiado. M ICO ¿No te importa… o más bien te importa demasiado? M AVÍ No me vengas con distinciones tan triviales. M ICO ¿Cómo dices? ¿Triviales? Yo pienso más bien que alguien que puede idear un razonamiento como éste ha perdido el sentido de lo trivial. En cualquier caso, hay una grieta en tu argumentación. Zirra. Mi bastón. ZIRRA ¿Me viste cara de garfio? Muévete y ve a traerlo tú mismo. M ICO Esta mañana no estabas tan mordaz. M AVÍ ¡Válgame! ¡Esta mañana! ¡A saber lo que pasó anoche! M ICO Tranquilo. No fue más que una partida de pócar. ZIRRA El tarado quería enseñarme a contar. M AVÍ ¿A contar? ZIRRA Cómo ver lo que hay que contar. Es perfectamente lógico, baboso. M AVÍ Lógico, lógico. La bruja me quiere hablar de lógica. M ICO Me refiero a la falla de esto. ¿Quieres que te diga cuál es? M AVÍ Oh, claro, don Mico, proceda usted por favor. M ICO El sarcasmo no te va a salvar. Mi bastón. [Lo levanta.] Siéntelo. Fina y maciza estructura. ¿Uhm? Aquí hay matemática sólida. Atención, no esgriman en mi contra la confusión de esta mujer. No he dicho nada de la lógica. ZIRRA Veamos la falla. M ICO Usen los ojos. Es evidente. A esta cosa le falta simetría. M AVÍ ¿Qué clase de paja es esto? ¿Simetría? ¿Qué tiene que ver la simetría con mi diseño?. 103.

(8) M ICO La simetría es la razón de su funcionamiento. M AVÍ Vaya, vaya. Qué ingenioso. Mico ha convertido mi imaginación en una carretilla que puede empujar por todo este terreno. M ICO Señor, hay un error de diseño. [Golpea diversas partes de la máquina.] Aquí. Aquí y aquí. M AVÍ ¿Cómo lo sabes? Tú, carajo, no estabas ahí. No estabas dentro de mi cabeza. Tú no tuviste la encabronada visión que yo tuve. M ICO ¿Soy acaso incapaz de tenerla? M AVÍ Tal vez podemos plantear un problema. Un ejercicio de construcción, si lo desean. ¿Estás dispuesto, Mico? ¿Tú qué dices, Zirra? ZIRRA Esto es otra forma de evasión, Maví. M AVÍ Todo lo contrario. Te estoy dando la oportunidad de contar. ZIRRA Ahí está, Maví. Eres un genio de la ambigüedad. Hablas como si temieras que alguien que pasara casualmente pudiera usar tus palabras en tu contra. Me dices que cuente. ¿Qué hago, cuento? ¿O debo resistirme? M AVÍ Me atengo a tu intuición, Zirra. M ICO ¿Puedo continuar? M AVÍ Si es lo que debes hacer… M ICO No, Maví. Aquí no hay necesidad. La demostración que nos has dado se sostiene por sí misma. ¿Volvemos a las premisas? ¿De dónde las sacaste? Me falla la memoria. Si el ser es una cosa y Uno es otra… M AVÍ No había terminado. ZIRRA En efecto. Te distrajiste con nosotros. M AVÍ Así es, contigo y con Mico.. 104.

(9) ZIRRA No. Conmigo, con Mico y contigo. ¿Qué es lo que te proponías probar? M AVÍ La presencia de ustedes me colmaba a tal grado, Zirra. Ofendían el apego al distanciamiento que yo había adquirido. M ICO Este cuate, este cuate. ¿Quién te crees tú? Ya sólo falta que digas que sólo Dios tiene efecto sobre ti. M AVÍ Dame tu bastón. Vamos. Con ánimo de explorar. [Mico se lo pasa lentamente.] Ahora bien. Lo ponemos aquí. Vamos a orientarlo de esta forma. M ICO ¿Y tenemos que aguantar todo esto? M AVÍ Esta es mi demostración. M ICO ¡Qué demostración ni qué ocho cuartos! ZIRRA Déjalo continuar. M ICO ¿Por qué? ¿Para que me haga a un lado? ¿Qué garantía tengo…? ZIRRA Ninguna. M ICO Supongo que … ZIRRA Nada. M ICO Eso es imposible. M AVÍ Pueden ver que estoy trazando un círculo. M ICO ¿Con qué? Yo no veo nada. M AVÍ Usa la imaginación. M ICO Imaginación, ¡la mano del muerto! No me vengas otra vez con esas mafufadas. M AVÍ ¿Ya ven? Así no podemos seguir. M ICO Dame mi bastón. [Zirra toma el bastón y lo usa para trazar un gran círculo.]. 105.

(10) ZIRRA Estoy trazando un círculo amplio. M ICO Ya veo. ZIRRA Muy bien. [Le pasa el bastón a Maví.] Continúa. M AVÍ ¿Mico? [Mico asiente.] Así que hemos delimitado nuestro dominio. ZIRRA Todos estamos adentro. M AVÍ Eso es evidente. ZIRRA Así que me he vuelto maestra. Antes no nos habías llevado tan lejos. M AVÍ Tú llegaste con él. ZIRRA ¿Y eso qué? [Él se acerca más a ella.] M AVÍ ¿Debo pasar eso por alto? Están haciendo de su secretito una conspiración en la que me niego a participar. ZIRRA Como gustes. M AVÍ Puedo hablar con él, como bien sabes. ZIRRA Como gustes. M ICO ¿Quieren que me vaya? M AVÍ Tonterías. Te necesito. Siéntate. M ICO Me quedo de pie. [Maví saca del aparato tres pequeños botes de tamaño creciente, cada uno con su respectiva tapa. Los coloca sobre el suelo.] M AVÍ Los recursos simples hablan a la inteligencia más penetrante. Adelante, Mico. Date gusto. Cuenta.. 106.

(11) M ICO Caramba. Los príncipes nomás juegan con nosotros. M AVÍ Les pido que jueguen conmigo. Pongo estos uno sobre otro. Cierro el último con su tapadera. Parecería que todo esto ya lo hicimos antes. Todo esto tiene su historia. Podría recitarla de corrido. M ICO Pero ya se te olvidó. M AVÍ La historia, sí. Pero sé muy bien lo que cada uno de estos me quiere decir… M ICO ¿Acerca de qué? M AVÍ ¿Y acaso el Uno participa del tiempo? Y si participa del tiempo, será o se volverá más joven que él mismo? ZIRRA Eso lo puedes recordar, pero no obstante has olvidado la historia que hace de ti un hombre. M AVÍ Yo soy un hombre. ZIRRA Háblame de eso. M AVÍ ¿A dónde vas con eso? ¿Que te propones comprobar? ZIRRA Cuéntame la historia. La historia de los tres botes. M AVÍ La historia es lo de menos. Ahora se trata de una demostración matemática. ZIRRA ¡Mico! Lo dejo en tus manos. Para mí es demasiado escurridizo. M AVÍ Ah, ya veo. Simplemente te pasas a retirar. ZIRRA Yo no he perdido la memoria. [ Maví alinea los botes con gran ostentación.] M AVÍ Esta es la matriz. Este es el feto. Y aquí está el hálito de vida. ¿Qué quieren de mí? Les estaba enseñando cómo construir… Oh, no, no. Estuvieron a punto de hacerme caer en su trampa. M ICO Me parece que tienes que deshacer eso. Al parecer te confunde. Te pone a. 107.

(12) desentrañar acertijos y argumentos absurdos que no te dicen nada y que ciertamente no significan nada para mí. Por mi parte, soy un conocedor del diseño normal. Pero, por vida de Dios, ¿qué es esto? M AVÍ Voy a pedirte que te alejes de mi invención, de mi dominio. ¡Pero ya! M ICO Yo no veo nada. ¿Y tú, Zirra? ZIRRA Estoy fascinada de cómo este bicho que ha levantado la cabeza en nuestro desierto ha pasado a ser una invención, un dominio, si me haces el favor. [Maví arroja sus botes otra vez dentro del aparato, se monta en la bicicleta y pedalea.] M AVÍ ¡No puedo creer que me suceda esto! ¡No lo puedo creer! ZIRRA En efecto. No hay un tú al que le pueda ocurrir. M AVÍ ¿Qué quieres decir? ZIRRA ¿Quieres continuar con tu demostración? M AVÍ ¡Ahora no me vengas con que estás fascinada! No finjas que me puedes interpretar. ZIRRA ¿Acaso no era ése el quid de tu problema? M AVÍ Desde luego que no. ZIRRA Mira, Mico. El tipo es capaz incluso de mentir con tal de no compartir su regocijo. No le va a funcionar. Yo ya pasé por eso. [Obliga a Maví a bajarse de la bicicleta.] No te mereces tanta holgura, cobarde desconsiderado. ¿Dónde está mi casco? No importa. [Pedalea.] Mírame. Tú y tus jodidos acertijos. ¡Ya tengo más años que vida! [Se cae de la bicicleta y se sienta.] Nadie me va a decir dónde comienza el desierto. Una vez estuve en un paraje lleno de cactos como órganos, luego de perder el rumbo en el arenal. ¿O más bien será que el arenal se alejó de mí y desapareció? Llamaré a esto la suma de la existencia. Había gestado en mis entrañas un hijo que no era mío. En verdad sentí vergüenza, o sentí la vergüenza que otros creyeron que debía experimentar. Esa dispersión de propósitos me absorbió y liberó de mi vientre esa carga. El. 108.

(13) agua… la falta de agua comenzó a consumirme. Me había familiarizado demasiado con las cosas secas. Estaba en medio de los cactos cuando una mujer se me acercó. Al parecer, andaba midiendo el terreno. Advertí que iba vestida igualita que yo, con un abrigo de colores y, debajo, una radiante blusa blanca. Mi doble. O yo misma en el espejo. No me importó. Levanté la cabeza, lista para saludarla. Había pasado una larga noche en el desierto. Tampoco sabía con precisión dónde me hallaba, mientras que ella se veía en pleno dominio de su situación. Lo advertí mientras se me acercaba, aunque parecía no haberme visto. Me vio, desde luego, pero fue tal vez lo blanco de mi vestido lo que la obnubiló, al igual que, por un instante, a mí también me habían cegado ella y su presencia. Debí haberle hablado, pero ella era tan formal que me cohibió. Nunca me imaginé que no me vería, o que me pasara por alto, pasando a mi lado sin siquiera echarme una mirada. Si yo hubiera podido gritar, ella se habría percatado de mi existencia, de que era yo un cuerpo desplazado y en espera de que lo rescataran. ¿Acaso no podía verme a los ojos?! Yo llevaba un cuchillo. Sin duda con algún fin. Sí, ahora lo veo. Creo que ella no me tuvo confianza. No me tuvo confianza. M ICO ¿Y a cuento de qué viene todo esto? ZIRRA De todo. M ICO No me digas. Los acontecimientos no se enlazan de esa manera. M AVÍ La verdad es que a Zirra no le falta razón. [Zirra se levanta, recorre el círculo imaginario que había trazado antes y luego conmina y obliga a Maví y a Mico a entrar en él.] ZIRRA Eso es. Ya estamos dentro. Aquí vamos a quedarnos. Hasta… M ICO Muchacha… ZIRRA Te dije que tenía yo un cuchillo. M ICO Eso fue en el sueño, muchacha. ¿Me amenazas con la imaginación? ZIRRA Claro. Me encontraste fuera. Ahora salte. Vamos, Mico. No te puedo obligar a permanecer dentro de estas paredes.. 109.

(14) M ICO De acuerdo. Ahora estoy dentro. ¿Es la imaginación, verdad? Maví sigue duro y dale con su uno y uno y uno, y le creemos. Y tú con que mides un cacto de órgano en un bosque lluvioso que ha perdido la lluvia. Y yo soy un niño que sólo quiere mear. ZIRRA Grosero. M ICO Espérame tantito. Estoy tratando de darte crédito por enseñarme cómo hacer estas distinciones. Y, caray, yo creía que te estaba enseñando cómo contar. Pero alguien que ni siquiera estaba ahí, y que tal vez ni exista, te andaba sacando de tus cabales. Y ya ves, Zirra, no tienes la fuerza suficiente para resistir. M AVÍ ¿Así que tú eres lo bastante fuerte, Mico? ¿Para resistir? M ICO Vamos, Maví, bien sabes a qué me refiero. Todos sabemos que pasas mucho tiempo con tus libros, cifras y dibujos que crecen como flores silvestres y nos gustan aunque estemos demasiado ocupados para notarlo. M AVÍ Ustedes me respetan demasiado. M ICO Señor mío, es un honor. M AVÍ No quiero que me respeten. M ICO ¿Y ahora qué? ¿Me reclamas? M AVÍ No tengo necesidad. M ICO Eres un cabrón obstinado. Perdóname, Zirra. Planteas problemas que no tienen sentido. Y los dejas ahí sin ton ni son como si tuviéramos que agradecerte el desorden. A mí no me importa, hombre, no me importa. En lo personal. Porque yo sí tengo apego a la realidad. Y te vuelvo a repetir, tú corrompiste a esta joven mujer y no obtuviste de ello el menor beneficio. M AVÍ Volvamos a lo que dijiste acerca de dejar de existir. M ICO Alguien que deja de existir, y yo no dije eso. M AVÍ Ella sabe que la cogiste desprevenida. [A Zirra.] Viniste a contar aquello de. 110.

(15) una mujer misteriosa que resultó ser tu madre. ZIRRA ¿Por qué haces esto? M AVÍ Mira, me encanta la manera en que transformas cualquier lugar en esta pequeña nada en que vivimos un momento. Mico, ¿a qué le temes? Métete aquí, hermano. Dentro de este círculo. Celebro compartir esta base con mi hermano y mi hermana. M ICO Qué absurdo. M AVÍ Siéntate. Si lo haces, prometo revelarte un secreto del universo. M ICO Así que crees que tienes la sartén por el mango, ¿o no, Maví? M AVÍ No en todo lugar. Pero en este momento, tal vez. Ven. Siéntate. Déjame que te frote el espíritu un momento. Eso. No era cosa del otro mundo, ¿o sí? ZIRRA Me debes una disculpa. M AVÍ ¿A santo de qué? ZIRRA Por difamar a mi madre. Ella nunca me habría abandonado. Eso era un sueño. No tengo por qué andar disfrazando a mi madre en sueños. M AVÍ Ah, vamos. Ya veo. Probablemente tengas razón. No era tu madre quien se había disfrazado en el sueño, sino tú. Pero eso nos plantea un problema interesante, ¿o no? ¿Quién hacía las sumas? ZIRRA ¡Ah, otro acertijo! Maví tiene otro problema para nosotros. M AVÍ Ustedes no ven ni lo que tienen frente a la nariz. M ICO Estoy a la espera de esa revelación. M AVÍ Levántate. Has el favor de retirarte. No habrá ninguna revelación. Ni demostración. No razono para tontos que llegan a mis dominios y tratan de escarnecer mi integridad. M ICO Es una manera interesante de plantearlo…. 111.

(16) M AVÍ No intentes ser tan encabronadamente lógico, Mico. No va contigo. ZIRRA Recordarás, hermano, que yo fui quien creó este dominio que tú usurpaste para contar tu historia. Me pregunto ahora quién es el que lleva disfraz. M AVÍ Provocación. Piensas que ya me desarmaste. Pido a usted, madame, que observe la sombra que está junto a su hombro izquierdo. Proviene de mi máquina, y nada tiene que ver con la oscuridad de sus sueños. Es el tiempo, fugaz, limitado. No me vengas con jueguitos. Los dominios cambian. ZIRRA Ándate con cuidado. [Mico saca un bolso pequeño y comienza a examinar una piedra que extrajo de él.] M AVÍ ¿Qué estás haciendo? M ICO Como bien puedes ver, me divierto. M AVÍ Esa fue la última gota. M ICO Por Dios, hombre, tenía que traer algún objeto para negociar cuando decidí venir a verte. Fuiste de lo más insensible la última vez que vine. Te dedicaste a pedalear tu carcacha y jamás abriste la boca. ZIRRA Yo me acuerdo de eso. M ICO No estabas aquí. ZIRRA ¿Chocheas, Mico? ¿O es otra manera de decirme que no me reconoces, que no quieres reconocer mi presencia? M ICO De no ser por tu presencia, no estabas aquí. Fue una entrevista privada. Entre Maví y yo. ZIRRA ¿Aquí? M ICO Aquí mismo.. 112.

(17) ZIRRA Mentiroso. Nada de esto estaba aquí. No había máquina. El negocio al que te refieres será una patraña que inventaste, porque, dada la ausencia de esto, tampoco había Maví. M AVÍ ¿Entonces por qué me pediste que te guardara el secreto? ZIRRA ¡Culo! 2 M ICO ¿Por qué no simplemente reconocemos que Maví despierta en nosotros un apetito por explicaciones que siempre se nos escapan? ZIRRA Me niego. M ICO ¿Te niegas a qué? ZIRRA A participar en este ir y venir en donde nada acaba por establecerse. Nos reunimos. Hablamos de nuestros deseos. Compartimos ciertos momentos de distracción, y nos separamos hasta que sentimos el gusanito de ir a buscarnos otra vez. Esta no es una respuesta. M ICO Una respuesta. [Les lanza bolsos a Zirra y a Maví.] A ver esto. Y esto. Y esto. Véanlos bien. Miren lo que tengo que ofrecer. ZIRRA No se me antoja mirarlos. No se me antoja lo que tienes que ofrecer. M ICO ¿Qué es lo que ella quiere? M AVÍ Una explicación. La cual estaba a punto de dar hasta que me interrumpieron. ¿Existe alguna razón para que no pueda proseguir con mi investigación? M ICO En absoluto. M AVÍ ¿Zirra? [Ella hurta la mirada.] Vamos. Así que ustedes sacarán sus conclusiones respecto de los movimientos del tiempo y las fases del movimiento, sin que empiecen desde el punto de vista del sujeto… M ICO No veo cómo esto pueda ser pertinente…. 2. En español en el original (T.). 113.

(18) M AVÍ Tenme paciencia. ZIRRA No puedo. Uno, desorden. Dos, equilibrio. Tres, movimiento creativo. Cuatro… M AVÍ Ya has hecho eso antes. Siempre llegas a las mismas conclusiones, al mismo punto. Eso no es razonamiento, es terapia. Así no es como se comporta un matemático. Te lo dije la última vez. ZIRRA La última vez. ¿Cuándo fue eso? M AVÍ Hace unos minutos. ZIRRA Empecemos de nueva cuenta. M ICO No soporto esta contradicción. [Recoge sus bolsos.] Ya me voy. M AVÍ Siéntate. [Maví atrapa a Mico. El contenido de los bolsos de Mico se dispersa por el suelo: especímenes de flora, tierra, huesos, piedras, vidrios y metal.] ¿Qué es esto? M ICO [Señalando la máquina] ¿Qué es esto? El concepto de un idiota sobre lo posible. Y nos grita y cacarea sobre la lógica. Se ríe cuando llego al lindero de ese campo. Y ahí se queda don Raciocinio. ¿Qué es esto? La vida real, señor. Empecemos de ahí. M AVÍ Apenas probable. Tendríamos que andar en medio de toda esta basura. M ICO Me imaginaba que en algún momento llegaríamos a este punto. Se me hace que te voy a madrear. ZIRRA No es necesario. Yo dije que me hacía cargo. [Levanta el bastón de Mico y empieza a medir nuevamente el área.] Hay dos ejes. Dos marcas que se cruzan. M AVÍ ¿Dos? Pensé que estábamos de acuerdo. Todo cambia. Esto no nos va a llevar a ninguna parte.. 114.

(19) ZIRRA Maví, aquí es donde estamos. M AVÍ Bien. Ahora por fin podemos llegar a un entendimiento serio de lo que en verdad cuenta. M ICO ¡Jesús, hombre! Deja de quejarte. M AVÍ Pensé que nos hacía falta cierto orden. ZIRRA ¿Será posible? M ICO Tal vez. M AVÍ ¿Así que nos sometemos a la regla? [De pronto.] Sólo aquí. M ICO Supongamos. ZIRRA Precisamente. M AVÍ ¿Quién se va a hacer cargo? ZIRRA Lo primero es lo primero. ¿Cuál es nuestro problema? M ICO Con calma. Tenemos que asegurarnos de reconocer la respuesta cuando se presente. M AVÍ Eso se consigue mediante la autoridad. ZIRRA El problema supera a la autoridad. M AVÍ Jamás. El problema sólo define dónde reside la autoridad. M ICO Hay muchas interrogantes. Tenemos que aislar la más adecuada. M AVÍ Cada uno de nosotros puede alegar eso a su debido tiempo. ZIRRA Ah, Maví, tengo que darte protección. Tengo que impedir que hagas del tiempo un fetiche. M AVÍ Moción de orden. En esto no puede intervenir la personalidad.. 115.

(20) ZIRRA Ninguna. M ICO En absoluto. M AVÍ Ni la subjetividad. M ICO Ninguna. ZIRRA Desde luego. M AVÍ Ningún dato sin fundamento que se cuele en busca de un significado. M ICO De ninguna manera. ZIRRA Jamás. M AVÍ Bien, estoy listo para dar comienzo a nuestra investigación. M ICO Te aseguro que yo también. ZIRRA Me siento liberada. M AVÍ Ah, y por cierto. Vendí mi casa y no tengo a dónde ir. [Maví monta su bicicleta y pedalea. Mico comienza a ordenar escrupulosamente el contenido de sus bolsos. Zirra ejecuta pases con su capa siguiendo el dibujo que ha abocetado en el suelo. Luego de cierto tiempo, todos exclaman al unísono: “¡uno!” Entretanto, la luz se va desvaneciendo.]. 116.

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