Universidad Veracruzana
Instituto de Investigaciones Histórico Sociales
Maestría en Ciencias Sociales
Tesis
Ciclo de Protesta y Estado neoliberal en México
2012-2016
Jesús Eduardo Medina Gutiérrez
Director de tesis: Dr. Martín Gerardo Aguilar Sánchez
Lectores:
Dr. Sergio Tamayo Flores-Alatorre
Dr. Malik Tahar Chaouch
Dr. Leopoldo Alafita Méndez
Índice
Glosario ... 1
Introducción ... 4
De la apuesta del trabajo ... 4
De la organización ... 9
Capítulo 1. Acción colectiva y movimientos sociales ... 12
Sistema, Estado y procesos históricos... 14
El actor colectivo: identidad y formas de acción ... 20
Conclusiones. ... 26
Capítulo 2. Capitalismo neoliberal en México ... 28
El desgaste de la transición a la democracia ... 29
Génesis del neoliberalismo en México ... 31
Marcos legales y proyectos para la ampliación del neoliberalismo ... 35
Los megaproyectos y la acumulación por desposesión ... 41
Política de control social transexenal. Violencia y estrategias de represión ... 45
Conclusiones. ... 53
Capítulo 3. Factores de influencia, praxis de resistencia y contrahegemonía ... 55
Los jóvenes ante el Estado neoliberal, el autoritarismo y la violencia ... 56
El magisterio y las reformas estructurales. Los escabrosos caminos hacia el neoliberalismo ... 63
Ayotzinapa y la violencia endémica/sistemática. ¿Hacia la crisis orgánica y la catarsis? ... 69
Los claroscuros de la unión de clase ... 76
Conclusiones ... 80
Capítulo 4. Actores colectivos ... 82
El estudiantado como actor heterogéneo y su interrelación con el movimiento popular ... 84
La indefinición de los límites del factor popular ... 93
Papeles diferenciados y posiciones dentro del movimiento ... 99
Conclusiones ... 104
Capítulo 5. Demandas, organización y repertorios... 107
El movimiento Anti imposición: el antiautoritarismo y las búsquedas de democracia ... 107
El movimiento magisterial, las reformas estructurales y la ampliación de la lucha ... 113
Ayotzinapa, la búsqueda de justicia, el trabajo en red y la confrontación ... 117
Conclusiones ... 146
Conclusiones generales ... 148
Referencias ... 157
Índice de tablas Tabla 1. Categorías de análisis ... 6
Tabla 2. Vinculación entre las propuestas de la OCDE y la política del Estado mexicano 2012-2016... 39
Índice de gráficas Gráfica 1. Variación del PNB 1982-2000 ... 33
Gráfica 2. Variación de la deuda externa 1982-2000 ... 33
Gráfica 3. Homicidios en México 2007-2016 ... 48
Gráfica 4. Desapariciones en México 2007-2016 ... 48
Gráfica 5. Detenciones arbitrarias 2006-2016 ... 51
Gráfica 6. Terrorismo de Estado en México 2006-2016 ... 52
Gráfica 7. Ataques a defensores del medio ambiente en México 2011-2018 ... 53
Índice de figuras Figura 1. Posiciones en el movimiento Anti imposición. Elaboración propia. ... 100
Figura 2. Posiciones en el movimiento por Ayotzinapa. Elaboración propia. ... 102
Figura 3. Posiciones en el movimiento magisterial. Elaboración propia. ... 104
Figura 4. Esquema cruzado. Actores del Ciclo de Protesta. Elaboración propia. ... 105
Figura 5. Estructura organizativa de la CNTE ... 136
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Glosario
AFADEM-FEDEFAM: Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Víctimas de Violaciones a Derechos Humanos de México-Federación Latinoamericana de Asociaciones de Familiares de Detenidos Desaparecidos.
AFI: Agencia Federal de Información.
AMLO: Andrés Manuel López Obrador.
ANP: Asamblea Nacional Popular.
ANR: Asamblea Nacional Representativa.
APPO: Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca.
CDMX: Ciudad de México.
CECOP: Consejo de Ejidatarios y Comuneros Opositores a La Parota.
CEMDA: Centro Mexicano de Defensa Ambiental.
CETEG: Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero.
CFCE: Comisión Federal de Competencia Económica.
CIDH: Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
CIHMA: Centro de Investigaciones Históricas del Movimiento Armado.
CNTE: Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.
CNCI: Convención Nacional Contra la Imposición.
CNP: Convención Nacional Popular.
CNSP: Consejo Nacional de Seguridad Pública.
CONEVAL: Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social.
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CRAC-PC: Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias-Policía Comunitaria.
DF: Distrito Federal.
EPN: Enrique Peña Nieto.
EZLN: Ejercito Zapatista de Liberación Nacional.
FECSM: Federación de Estudiantes Campesinos Socialista de México.
FNLS: Frente Nacional de Lucha por el Socialismo.
FPDT: Frente Popular en Defensa de la Tierra.
GIEI: Grupo Interdisciplinario de Expertos Internacionales.
IEEPO: Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca.
IFE: Instituto Federal Electoral.
IFT: Instituto Federal de Telecomunicaciones.
INEGI: Instituto Nacional de Estadística y Geografía.
LOPPE: Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales.
MDTEO: Movimiento Democrático de los Trabajadores de la Educación de Oaxaca.
MIA: Manifestación de Impacto Ambiental.
MMPV: Movimiento Magisterial Popular Veracruzano.
MORENA: Movimiento de Regeneración Nacional.
MPJD: Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad.
OCDE: Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.
OCSS: Organización Campesina de la Sierra del Sur.
3
PAN: Partido Acción Nacional.
PEMEX: Petróleos Mexicanos.
PETROMEX: petróleos de México.
PGR: Procuraduría General de la República.
PRD: Partido de la Revolución Democrática.
PRI: Partido Revolucionario Institucional.
PTEO: Plan para la Transformación de la Educación de Oaxaca.
RNPED: Registro Nacional de Personas Extraviadas y Desaparecidas.
SME: Sindicato Mexicano de Electricistas.
SNSP: Sistema Nacional de Seguridad Pública.
SNTE: Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
STUNAM: Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México.
TEPJF: Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
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“…más que traicionar el habitus académico
o, por el contrario, refugiarse en él,
es preciso hacer uso de él, amplificándolo y
politizándolo en el sentido genuino del término.
Así mismo, lejos de abandonar el espacio militante,
de lo que se trata es de buscar un lugar dentro de él,
en tanto investigador intelectual comprometido
y a la vez crítico, no complaciente…”
(Svampa, 2009, p. 33).
Introducción
De la apuesta del trabajo
La acción colectiva, y en particular los movimientos sociales, son fenómenos que permiten analizar diferentes dimensiones de la sociedad, desde procesos políticos y de poder hasta relaciones sociales, conformaciones culturales y construcciones identitarias. Estas expresiones públicas buscan interpelar al poder de diferentes formas y tener impacto en el sistema político, no solamente en cuanto a las labores emanadas de la administración del Estado, sino también en la construcción de significaciones de la realidad misma. De este modo, conforman un campo importante para entender el entorno político y social en determinado momento histórico y espacio físico, especialmente si se toma en cuenta la centralidad que éstos adquieren en periodos particulares de agitación y conflicto social.
En el caso mexicano, la acción colectiva –de distinta índole– ha tenido una presencia e influencia constante en la realidad política y social del país, tanto por su papel en el proceso revolucionario como en el de la conformación del Estado posrevolucionario, pasando por las búsquedas de democratización de los años 60 y 70 a partir de vías legales y ciudadanistas hasta las insurreccionales, derivadas de los procesos guerrilleros. Esto generó la coexistencia, contradicción e hibridación de distintas formas de acción que contemporáneamente tienen lugar.
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de 2012 a 2016. Este periodo, influido directamente por la política institucional a nivel nacional, significará el aumento constante del conflicto social a partir de dos factores interrelacionados: la agudización del proceso de conversión neoliberal, asentado en reformas estructurales y dinámicas de control social, y la actividad organizativa y movilizadora de amplios sectores de la población, que actúan no solamente en respuesta a la acción gubernamental, sino como resultado de un proceso de politización previa en que se adquiere un sentido de participación política más allá de los procesos institucionales. Pese a que estas características pueden encontrarse en anteriores periodos, estimo que en la etapa señalada éstas son especialmente relevantes, debido a tres factores:
1) La magnitud que adquiere el proceso en la dimensión nacional y su relevancia en los procesos regionales.
2) La amplitud temporal de los momentos álgidos y la constancia del proceso de movilización a lo largo del periodo.
3) La complejidad de las estructuras organizativas y las relaciones al interior del proceso entre diferentes movimientos, y entre actores nuevos y previamente movilizados.
Dado lo anterior, la presente investigación fue realizada con el propósito de entender los movimientos sociales de carácter nacional en México durante el periodo 2012 a 2016 desde un enfoque relacional, los cuales serán abordados como parte de un mismo Ciclo de Protesta a partir del siguiente cuestionamiento: ¿cuál es el eje central del conflicto social que construye el Ciclo de Protesta e interconecta diferentes procesos de movilización? Para dar respuesta a esta cuestión es necesario entender el proceso a partir de tres preguntas que engloban sus principales características: ¿qué factores influyen en el surgimiento, potenciación y declive del ciclo?, ¿cuáles son las características de los actores movilizados durante los diferentes momentos del proceso?, y ¿cuáles son las formas de organización, reivindicaciones, objetivos y repertorios de protesta construidos durante el ciclo y a qué se deben?
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aglutinadas en torno a tres categorías que orientarán los puntos de relación de los procesos al interior del ciclo, y que construirán los capítulos del presente trabajo.
Tabla 1. Categorías de análisis
Surgimiento/génesis Características Praxis
Factores de influencia Composición interna Reivindicaciones
Estructura de Oportunidad Política
Estructura de Oportunidad Política
Estructura de Oportunidad Política
Relación movimiento orgánico-coyuntural
Características
comunes/diferenciación
Formas de organización y repertorios de protesta
Relación movimiento orgánico-coyuntural
Relación movimiento orgánico-coyuntural
Fuente: Elaboración propia.
Como se ha dicho antes, los movimientos sociales y protestas del periodo los vamos a entender como manifestaciones interconectadas por una misma lógica de conflicto social y de movilización que, si bien en lo evidente se presentan como asentadas en conjunciones temporales y espaciales, a lo largo de la investigación han demostrado no limitarse a estas consideraciones, pues revelan una profundidad y complejidad mayor, abriendo nuevos caminos para ahondar no sólo en el entendimiento de este proceso, sino en el estudio de Ciclos de Protesta desde un enfoque que propone alejarse de la sobredeterminación del factor sistémico. Esto último ocurre al establecerse una relación dialéctica entre, por un lado, factores de influencia a nivel estructural y superestructural, y por el otro, posibilidades emanadas de la correlación de fuerzas, las capacidades y los recorridos anclados en características políticas e ideológicas de los actores más avanzados (componentes del movimiento orgánico)1 y la consecuente politización y agitación entre los sectores menos movilizados, con lo que
1 Consideramos a estos como los actores más avanzados no por una mayor relevancia o justicia en sus reivindicaciones –
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se ahonda en la relación y complementariedad entre las formas de acción a partir de la organización y las que emanan de un factor espontáneo.
Si bien a lo largo del periodo a tratar la acción colectiva se presenta en muchas y muy variadas formas, este trabajo se centra en movimientos sociales con características particulares: de confrontación con la clase hegemónica (física e ideológicamente), de alcances e implicaciones nacionales, masivos, coyunturales, amplios y abarcativos, pues concentran la acción de múltiples organizaciones y colectivos con trabajo orgánico, con un alto grado de heterogeneidad y pluralidad que los lleva a establecer diferenciaciones internas difíciles de superar, dado que se asientan en contradicciones profundas entre sus componentes. Hablamos de los movimientos Anti imposición,2
magisterial y por Ayotzinapa, que, aunque por separado cada uno refiere una relevancia central para el entorno político y social contemporáneo, contienen características que representan una gran complejidad y riqueza que los hacen difíciles de entender por sí solos, puesto que las implicaciones de su desarrollo –así como las de sus objetivos y alcances– no se limitan a su propio proceso. Por lo tanto, se vuelve necesario, pese a las dificultades y limitaciones que esto implica, partir de un análisis relacional de tales movimientos para poder entenderlos sin abandonar el contexto histórico en el que se desarrollan y ampliar su abordaje tanto a una misma matriz unificadora: el conflicto social en el periodo neoliberal, como a una misma lógica de acción colectiva: la movilización política masiva de múltiples actores independientes de los partidos políticos.
En un entorno histórico de violencia, corrupción, empobrecimiento y deslegitimidad del aparato gubernamental, de sus instituciones y del mismo sistema económico-político, los movimientos sociales a tratar deben mirarse como expresiones de descontento y reclamo social, como procesos que involucran tanto nuevos rumbos y posibilidades como contradicciones y límites, puesto que pese a politizar y generar aprendizajes a un nivel masivo pocas veces visto en el país, ven coartadas las posibilidades de construcción de proyectos de cambio político, debido a las limitantes inherentes a las contradicciones entre sus componentes, la lucha por la hegemonía del sistema protesta, la
No obstante, las mismas características que los hacen ir un paso adelante del movimiento coyuntural, en determinados momentos se convierten en barreras importantes para la innovación de la acción colectiva, pudiendo desembocar en el desgaste de los procesos amplios o en la superación de estos sectores por la acción de los nuevos actores movilizados.
2 Entendemos este proceso de movilización bajo el nombre de Anti imposición en lugar de #YoSoy132, pues
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incapacidad de superar búsquedas particulares y el desgate que resulta de la misma naturaleza del proceso y de la represión constante.
Los tres casos adquieren alta relevancia también por el hecho de hacer confluir acción colectiva de distintas dimensiones y formas, pasando por movilizaciones masivas de carácter pacífico, estrategias legales, mediáticas y culturales orientadas a la generación de apoyo y solidaridad con los no movilizados, así como por acciones disruptivas, como la toma de edificios gubernamentales, cierre de vialidades y confrontación con fuerzas del orden, orientadas principalmente a la interpelación al poder estatal. Si bien la coexistencia de ambas formas significa un importante factor de fortaleza y complementariedad, también evidencia las contradicciones internas de los procesos de movilización y la inexistencia a priori de una homogeneidad y acuerdos totales, por lo que hablamos de contiendas políticas que no sólo interpelan al enemigo exterior (el Estado, los personajes particulares, el sistema), sino al otro, entendido (de manera consciente o inconsciente) como obstáculo interno para la hegemonía de determinada significación del movimiento. Así, se convierten en movimientos con amplias pugnas internas, contradicciones, limitaciones e incluso prácticas antidemocráticas.
De esta forma, el estudio de este ciclo histórico en nuestro país representa para mí, además de una oportunidad de aplicación de metodologías y enfoques diversos para entender la realidad, un esfuerzo científico (y militante) para contribuir a la crítica, no únicamente del sistema sino de los mismos movimientos sociales, en busca de contribuir, en el mejor de los casos, a la construcción de la memoria histórica y al establecimiento de un marco de referencia que ayude a analizar la potencia y los límites de los proyectos políticos que buscan generar un cambio en la dinámica que origina el conflicto.
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No obstante, a fin de no caer en una sobredeterminación del factor macro, ha sido necesario recurrir a estrategias derivadas de la misma experiencia de los actores involucrados en el desarrollo de las diversas acciones colectivas que enriquezcan el abordaje de estas acciones, para entenderlas como espacios y frutos de relaciones sociales entre actores sociales diferenciados a partir de características económicas, ideológicas y culturales. De esta forma, el análisis cualitativo parte del estudio de caso, con la aplicación de técnicas como la entrevista semiestructurada, el análisis de documentos, comunicados y posicionamientos, y la observación participante.
Contamos así con información de treinta y cuatro entrevistas realizadas entre junio y noviembre de 2018 en cinco espacios determinados de acuerdo con su relevancia para el entendimiento de los procesos nacionales: Ciudad de México, Oaxaca, Nochixtlán, Ayotzinapa y Xalapa. Estas entrevistas se encuentran distribuidas de la siguiente manera: del movimiento Anti imposición, seis entrevistas corresponden a jóvenes de la Ciudad de México y ocho a jóvenes de la ciudad de Xalapa, de las cuales cuatro de CDMX y seis de Xalapa también abordan su participación durante el movimiento por Ayotzinapa; se realizaron ocho entrevistas a maestros de la sección XXII del SNTE en Oaxaca para entender el movimiento magisterial de 2013 a 2016, una a un investigador especializado en la sección XXII y ex contratista del IEEPO, y dos más a pobladores de la ciudad a fin de entender la dinámica política y social de Oaxaca desde el proceso de movilización de 2006; se tiene una entrevista con el vocero del Comité de Padres de los 43 y una plática informal con dos integrantes del Comité, que también participaron en la organización de un foro realizado en Xalapa en septiembre de 2018 para entender el proceso de movilización por Ayotzinapa; y por último, se hicieron seis entrevistas a pobladores de Nochixtlán y a una maestra de la sección XXII, quienes participaron durante la defensa del poblado ante la incursión de fuerzas federales el 19 de junio de 2016. Así mismo, se cuenta con el análisis de comunicados, manifiestos, declaraciones y minutas de los tres procesos de movilización en diferentes momentos, que permite analizar discursos, posturas políticas, objetivos, formas y discusiones internas.
De la organización
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análisis gramsciano de sistema y praxis subversiva; 2) el análisis de movimientos sociales y acción colectiva desde el entorno macropolítico y un enfoque histórico, a partir de la teoría de movilización de recursos– con el concepto de Estructura de Oportunidad Política– principalmente retomando los planteamientos de Sidney Tarrow y Charles Tilly; y 3) el análisis del sistema neoliberal postulado por David Harvey desde la complementariedad del enfoque materialista y el simbólico.
El segundo capítulo prioriza el análisis macro económico y político a escala nacional desde un punto de vista histórico, por lo que se construye un estudio general del entramado contemporáneo a fin de avanzar hacia el establecimiento de relaciones entre la realidad del sistema mexicano en la etapa neoliberal y los procesos de movilización social. Si bien la disposición de un capítulo aparte para abordar las condiciones macro políticas pareciera dividir el análisis con respecto al enfoque micro, la relevancia de este capítulo reside en establecer algunas claves que permitan proponer vínculos entre sistema y acción colectiva desde una perspectiva gramsciana, entendiendo la realidad como factor de influencia en la extensión del conflicto, pero cuyo peso final recae en la praxis de los actores, tema de los siguientes tres capítulos. Así, en este capítulo se analiza el sistema neoliberal mexicano a partir de dimensiones directamente relacionadas con los movimientos mencionados: la génesis de los procesos democráticos institucionales y su deslegitimidad, la implementación de legalidades afines a la conversión neoliberal (reformas estructurales) y el entorno de violencia y criminalización de la protesta, entendido como estrategia de control social.
En el tercer capítulo planteamos una suerte de unión entre el análisis macro y micro (si bien éste se establece a lo largo de los capítulos posteriores), en la que se abordan los factores de influencia en el surgimiento del Ciclo de Protesta y los diferentes movimientos, y se abarcan los cambios en la Estructura de Oportunidad Política como resultado, por un lado, de factores sistémicos (estructural y superestructuralmente) ya planteados en el segundo capítulo, pero asentados sobre particularidades espaciales bien delimitadas en los centros de la acción colectiva, y por otro lado, de la correlación de fuerzas a partir de la relación entre movimientos orgánicos y movimientos coyunturales,3 la memoria histórica y las características de los actores movilizados. De esta forma, se
propone establecer una relación dialéctica entre estructura y superestructura y entre factores de
3 Diferenciaremos a lo largo de este trabajo, a partir de la tipología de Gramsci (2009), dos tipos de movimiento: el
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influencia a nivel macro y la praxis subalterna, es decir, de la Estructura de Oportunidad Política como resultado no meramente de factores sistémicos –como las variaciones en el sistema de producción y las formas del constructo ideológico que reviste las relaciones sociales–, sino construida por la acción de resistencia y contrahegemonía que los sectores subalternos construyen a partir de la memoria histórica y experiencias ancladas fuertemente en las condiciones materiales y simbólicas.
El capítulo cuatro está dedicado al análisis de las características de los movilizados a lo largo del Ciclo de Protesta, para establecer la naturaleza de la relación entre los diferentes procesos de movilización así como de sus componentes internos: núcleos centrales y movimiento masivo, movimiento orgánico y movimiento coyuntural, etc. El propósito es buscar puntos de convergencia intermovimientos, tanto en el ámbito de redes de activistas en común como en perspectivas y características de los movilizados. En todo el proceso se resalta la multiplicidad de identidades al interior de los movimientos a partir de la gran variedad de actores sociales provenientes de diferentes capas subalternas, con memorias y experiencias diferenciadas.
Por último, en el capítulo cinco abordamos otros tres componentes de los movimientos sociales altamente interrelacionados: los múltiples objetivos y reivindicaciones al interior de cada uno de ellos, sus formas de organización y sus repertorios de protesta, desde un enfoque histórico, por lo que se entenderán no como procesos particulares e independientes, sino en su desarrollo al interior del ciclo. Esto permitirá delimitar una imagen general de cada uno de los casos, pues aunado a las partes precedentes del trabajo, ayudará a entender la dinámica de su surgimiento y desarrollo, sus características internas, sus búsquedas y sus formas de organización y de acción.
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Capítulo 1. Acción colectiva y movimientos sociales
El estudio de la acción colectiva y los movimientos sociales se ha centrado generalmente en uno o varios de los siguientes componentes: los factores que influyen en el surgimiento y mantenimiento de la movilización, las características de los actores que lo integran, sus objetivos y reivindicaciones, las formas de organización que desarrollan y sus repertorios de protesta. Abordar todos estos componentes a partir de una misma base de estudio implicará apelar tanto al análisis de las condiciones políticas y sociales emanadas de procesos históricos, donde el Estado y las clases dominantes tienen una gran importancia, como al de las características ideológicas de los actores que se movilizan, junto a factores de influencia estructural y superestructural, y praxis.
El campo de los estudios de la acción colectiva implica una amplia, rica y compleja multiplicidad de enfoques que atienden a diferentes dimensiones de análisis, y dado que todas ellas, sin excepción, revisten una serie de fortalezas y debilidades importantes, se vuelve imposible partir de una sola como teoría general y acabada. Aunado a esto, el desarrollo y complejización de los sistemas políticos y económicos, así como de las relaciones sociales en el entorno neoliberal del siglo XXI, vuelven necesario partir de matrices cada vez más amplias que involucren teorías externas al campo, desde las cuales avanzar hacia el estudio de casos específicos.
Entonces, es imprescindible encontrar herramientas que posibiliten la complementariedad de los niveles de análisis, con el propósito de construir una estructura teórica fuerte que logre ahondar en las particularidades del contexto sistémico neoliberal y aborde la relación entre éste y la acción colectiva. Y que, a la vez, permita entender la hibridación de formas de dominación tanto históricas como contemporáneas a nivel de estructuras y prácticas culturales.
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Partiré así de una matriz teórica que recupera diferentes perspectivas desde el campo de la sociología política y los estudios de la acción colectiva, con el fin de responder a las siguientes preguntas: ¿qué factores influyen en el surgimiento de la acción colectiva?, ¿cuáles son las características de los movilizados?,¿cuáles son sus formas de organización y acción y cómo surgen éstas? Interrogantes orientadas al entendimiento cabal del proceso de movilización que significa el Ciclo de Protesta de 2012 a 2016, y a buscar las conexiones existentes entre los diferentes procesos.
Aunque es riesgoso partir de una matriz compleja que abarque varios ámbitos aparentemente no afines y diferentes niveles de análisis, considero que sólo asumiendo este riesgo metodológico y analítico es como se puede plantear la posibilidad de una comprensión mayor de la compleja realidad de la acción colectiva y los movimientos sociales en un periodo histórico en que observamos el retorno de viejas formas de acción desde la izquierda, y su coexistencia con nuevas perspectivas construidas en el contexto de la globalización y de los perfiles ciudadanistas, así como con procesos de organización cada vez más amplios, heterogéneos e indefinidos.
Es mi cometido, como lo ha sido el de muchos otros estudiosos del tema, plantear el entendimiento de la acción colectiva en una perspectiva integral que abarque las dimensiones económicas, políticas y sociales en un amplio espectro entre el análisis estructural macro, organizacional a nivel meso e identitario a nivel micro. Por este motivo me propongo partir de un enfoque marxista como marco general de referencia (y altamente relacionable con los enfoques teóricos que usaremos) que me permita analizar la sociedad como una totalidad concreta y compleja, articulada y formada por mediaciones, contradicciones y procesos (Coutinho, s.f.). Me centraré particularmente en el análisis de Antonio Gramsci, ya que además de contar con una especial afinidad con el análisis de la acción colectiva amplia,4 hace posible abordar la relación entre ésta y el sistema,
entendiendo al Estado más que como aparato burocrático, como constructo material y simbólico, el lugar en que la clase en el poder se unifica y constituye para ejercer su dominación. Así mismo, porque sus planteamientos posibilitan la reivindicación de los individuos como sujetos con capacidad de acción, contribuyendo a la eliminación de una lógica determinista y teleológica que conciba a los individuos como subordinados a las leyes inmanentes de la historia y como meros vehículos para el devenir.
4 Sustentada principalmente, a mi parecer, en el hecho de tratar el factor de clase social desde el concepto de clases
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También partiré de la consideración de los movimientos sociales desde el enfoque de Sidney Tarrow (1997), bajo la noción de acción colectiva contenciosa, donde el centro del movimiento social es la acción de grupos sociales que carecen de acceso a las instituciones y que actúan organizados en torno a objetivos comunes sobre una base de solidaridad y mantenimiento de la acción colectiva, significando un desafío colectivo como acción directa y disruptiva contra élites, autoridades o grupos y códigos culturales.5
Sistema, Estado y procesos históricos
Considerando que los movimientos sociales deben ser entendidos en su relación con un entorno político, económico y social históricamente determinado, es decir, como un proceso (no necesariamente en una lógica de desarrollo), concluyo que existen variantes altamente relacionadas a partir de la naturaleza de las relaciones sociales, de poder y dominación. Por lo que es pertinente tomar en cuenta postulados centrales de la escuela norteamericana sobre los movimientos sociales, puesto que logran abarcar ambos componentes desde un enfoque histórico, principalmente a partir de los conceptos de Ciclo de Protesta y Estructura de Oportunidad Política. No obstante, con base en una revisión crítica que se planteará más adelante, considero necesario establecer la relación por medio del análisis concreto de la realidad en que se desarrolla el proceso a analizar en esta investigación.
En este sentido, el análisis del entorno donde se desarrollan los movimientos sociales en México partirá de la matriz gramsciana, que permite abarcar el sistema en su complejidad a partir de la relación dialéctica entre las características del modelo económico y de producción y la conformación ideológica que se reviste en las relaciones sociales, dando valor al factor político y no sólo al económico, y otorgando relevancia a la acción de los actores que sufren la dominación y no solamente al sistema que los subordina. El sistema se definirá, desde una postura marxista, como capitalista neoliberal, a partir de los conceptos de David Harvey (2007a, 2007b), proyecto tanto económico como político que implica el desarrollo de legalidades y perfiles culturales afines a la conversión del sistema de producción y de acumulación de riquezas, pasando de la reproducción ampliada hacia la acumulación por desposesión.
5 Este enfoque es retomado con las aclaraciones pertinentes, pues considero que, aunque los actores se aglutinen en torno
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¿Cómo entender el sistema y el Estado? Lejos de considerar al primero economicistamente al centrarnos en el modo de producción, debemos entenderlo en una relación dialéctica con el constructo ideológico-político, mientras que para definir al segundo debemos ir más allá de su referenciación como mero aparato burocrático.
Así, a partir de la matriz gramsciana, abordaremos al sistema en relación con el concepto de bloque histórico, entendido como situación histórica que refleja la unión dialéctica entre naturaleza y espíritu (Gramsci, 1968), que permite la dominación de las clases hegemónicas sobre las subalternas y que se ve trastocada en un periodo de crisis orgánica. Esto implica una relación orgánica entre los componentes del sistema: primeramente, entre la pareja aparentemente dicotómica establecida entre la estructura –entramado económico de las relaciones de producción y de las clases sociales– y la superestructura –constructo ideológico político.
A su vez, abordaremos al Estado en relación con el componente superestructural del sistema, integrado por otra pareja dicotómica: la sociedad política –instituciones y organismos del Estado encargados de dominar mediante la coerción– y la sociedad civil –dirección intelectual y moral del sistema formada por los sectores considerados privados– (Gramsci, 1975). Mientras que la sociedad política estructura la dominación a partir de la coerción física, la sociedad civil construye la hegemonía del sistema a partir de la cultura. Así, el Estado en Gramsci es entendido como Estado Ampliado, como la unión orgánica entre sociedad política y sociedad civil, es decir, hegemonía revestida de coerción (Gramsci, 1968).6
De este enfoque rescatamos tres ideas que servirán de base para el análisis de la relación Sistema/Estado y Movimiento social a nivel macro:
1) El sistema como unión dialéctica de estructura y superestructura, por lo que a determinado proceso económico corresponde una construcción política y social de la realidad, cuya relación se puede vislumbrar en la conformación del bloque histórico.
2) El Estado como Estado Ampliado, es decir, como algo más que el aparato burocrático que se constriñe a los márgenes del gobierno, y que es visto como la unión entre esa estructura
6 En este sentido, la capacidad hegemónica del capitalismo (y el neoliberalismo) se estructura mediante una percepción del
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gubernamental (sociedad política) y la parte “privada” aparentemente ajena al poder político que implica la comunicación y organización social como tal (sociedad civil).
3) Derivado de lo anterior, que la relación entre Estado y movimiento implica no sólo apelación al gobierno, sino lucha ideológica, por lo que la acción colectiva se presenta inmersa en el terreno de la sociedad civil y como proceso de lucha entre la clase dirigente y las subordinadas por el control de la hegemonía mediante el choque de ideologías, proyectos políticos e incluso significaciones del mundo social (Ortega y Pimer, 2010), independientemente de las características y reivindicaciones de ésta, puesto que la lucha ideológica se da implícitamente, aunque no de forma velada y consciente en todos los casos.
¿Cuál es el entorno particular del sistema y el Estado correspondiente al periodo histórico a tratar? Si bien hemos establecido postura en torno a cómo entender estos dos componentes y la lógica de poder que implican, es necesario avanzar hacia el abordaje de la condición material y simbólica específica que entablará la relación con el proceso de movilización, para lo cual me valdré de los planteamientos de David Harvey.
Harvey (2007a) entiende por neoliberalismo una “…teoría de prácticas político-económicas que afirma que la mejor manera de promover el bienestar del ser humano, consiste en no restringir el libre desarrollo de las capacidades y de las libertades empresariales del individuo, dentro de un marco institucional caracterizado por derechos de propiedad privada, fuertes mercados libres y libertad de comercio” (p.6). Este proyecto político y económico es resultado de un proceso de reconfiguración espacio-temporal dado por la crisis de sobreacumulación de trabajo y de capital de los años 60, que busca restaurar el poder de clase y las formas de explotación, combatiendo al estado keynesiano-benefactor y sustentando su aplicación en un proceso de generación de consenso y legitimidad, así como de coerción y violencia sistemática (Harvey, 2007b).
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Estado como facilitador; con procesos como la mercantilización y privatización de la tierra, el desplazamiento, la conversión de derechos de propiedad comunal hacia la individual, y la fuerza de trabajo como mercancía, aunado a nuevos procesos como la mercantilización y privatización de la cultura y de los bienes públicos (educación, agua, etc.).
La base ideológica necesaria se construye a la par del proceso de implantación, por medio del sentido común, conformado por la lucha ideológica de intelectuales orgánicos, think tanks y organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Así mismo, operando en un entorno posmoderno en que se habla del fin de las ideologías y se presentan las perspectivas dirigistas y de un Estado interventor como un peligro a la libertad individual.
No obstante, este proceso, al no basarse ya en un pacto de clases y con las inherentes medidas contra los intereses de las clases subalternas, sólo se puede sostener en un largo periodo de tiempo a través de la coerción, tanto por medio de la estructuración de normativas y leyes que benefician a las empresas y logran mermar la capacidad de los sindicatos, que liberalizan los mercados y desregulan la propiedad comunal en beneficio de transnacionales, como por la violencia directa y sistemática contra los actores que se resisten al proceso (Harvey, 2007a). De esta forma, el entorno de conversión neoliberal, en particular el proceso posterior a la crisis económica de 2008, implica el aumento constante y a la vez periódico del descontento y el conflicto social en los grupos subalternos que quedan fuera del juego político y ven afectadas las conquistas históricas en derechos laborales, y mermadas sus formas de vida e intereses, pues con el avance natural del desarrollo capitalista las contradicciones entre trabajo y capital y entre clases hegemónicas y subalternas se agudizan, sin que esto signifique directamente la conformación de proyectos de resistencia y organización por parte de las segundas. En este sentido, Harvey, al igual que Gramsci, pone especial énfasis en la construcción política e ideológica que corresponde a determinada forma de organización del trabajo y de la economía, y a su influencia en la agudización o contención de las condiciones de conflicto social, permitiéndonos rastrear el proceso de conversión neoliberal y sus significantes para la realidad política y social.
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Si bien la realidad política y la experiencia directa del proceso de movilización parecen justificar mecánicamente la interrelación entre las tres movilizaciones que me ocupan –el movimiento Anti imposición, el movimiento magisterial y el movimiento por Ayotzinapa–, por su cercanía temporal o por los espacios y militantes compartidos, no obstante, reducir su conexión a estos factores equivale a simplificar el análisis e incluso volverlo irrelevante. Por lo tanto, lo que me propongo es establecer relaciones y conexiones –incluso quizá dadas de forma inconsciente–, a nivel organizativo, reivindicativo, de repertorio y motivacionales, emanadas de una matriz de conflicto social común, significando una conexión profunda entre búsquedas altamente diferenciadas.
Para esto partiremos de un concepto central, el Ciclo de Protesta, definido por Tarrow (1997) como la “…fase de intensificación de los conflictos y la confrontación en el sistema social, que incluye una rápida difusión de la acción colectiva de los sectores más movilizados a los menos movilizados; un ritmo de innovación acelerado en las formas de confrontación; marcos nuevos o transformados para la acción colectiva; una combinación de participación organizada y no organizada; y una secuencia de interacción intensificada entre disidentes y autoridades que pueden terminar en la reforma, la represión y, a veces, en una revolución.” (pp. 263-264). El Ciclo de Protesta posibilita abordar diferentes procesos de acción colectiva que tienen claras diferencias pero que se encuentran interconectados por una misma lógica de conflicto social, y por la rápida difusión y posterior declive de ésta, lo que permite entender el surgimiento de la acción colectiva a través de las variaciones en la Estructura de OportunidadPolíticay de la relevancia que los marcos culturales y simbólicos tienen en la estructuración de afinidad y solidaridad de diversos grupos constituyentes de movimientos sociales.
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Esta noción de Estructura de Oportunidad Política apunta más al análisis de la posibilidad de éxito que a la necesidad de acción y, aunado a la idea de racionalidad instrumental, constituyen la más grande debilidad del enfoque de la movilización de recursos y de los procesos políticos, pues continúa apelando a una perspectiva liberal del actor, siendo incapaz de explicar la solidaridad a niveles tales como la exposición de los intereses económicos o incluso la seguridad física de los actores movilizados. Más aún, el que se señale la expansión de movilización cuando los actores ven una grieta que aumenta las posibilidades de éxito, refiere a los actores como activistas o militantes latentes, imposibilitando el entendimiento claro de qué es lo que motiva a la acción a los actores en determinado momento, dejando de lado el desarrollo de una cultura política enraizada fuertemente en la experiencia de vida; así, al entender al actor como sujeto racional, paradójicamente se le reduce a un ente político pre constituido.
Estas debilidades del concepto parecen obedecer a que el marco de análisis de estos enfoques se centra principalmente en la dinámica política de lo que denominaremos “el centro del sistema capitalista”, y aborda principalmente movimientos bien delimitados y con objetivos e identidades comunes muy claros. No obstante, para entornos como el latinoamericano, y en particular el mexicano, donde la acción colectiva contemporánea es mucho más compleja pues está compuesta por una infinidad de actores, intereses, objetivos, reivindicaciones e identidades, es imposible hablar de un movimiento social como pre constituido, homogéneo y con racionalidad instrumental, lo que hace imperante el abordaje desde un enfoque simbólico que permita entender la relevancia de las prácticas culturales, de la memoria histórica y de las motivaciones y formas que los actores generan para movilizarse.
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orgánica el proyecto se devela como un proyecto de clase en detrimento de las clases subalternas, contribuyendo a aumentar la praxis de resistencia y contrahegemonía que intenta impactar al sistema de dominación en diferentes dimensiones y campos de la sociedad.
Aun cuando pareciera que ya tenemos las claves teóricas para entender los factores de influencia en el surgimiento y aumento exponencial de la acción colectiva en del Ciclo de Protesta en México entre 2012 y 2016, a decir, los factores macroestructurales construidos por el proceso de conversión neoliberal del modo de producción y el proyecto político de reformas de propiedad, trabajo, derechos e incluso vida cotidiana que impactan en los intereses de las clases subalternas, los conceptos previamente desglosados todavía no son suficientes, pues volveríamos a subordinar a los actores a una respuesta mecánica de las acciones del Estado y a una visión teleológica de la inevitabilidad de la protesta y la lucha de las clases subordinadas, fruto de las contradicciones de clase, por lo que es necesario incluir dentro del concepto de Estructura de Oportunidad Política como medio de explicación del surgimiento, potenciación y características de la acción colectiva, las motivaciones y capacidades de los diferentes actores involucrados, para dar el peso exacto a su praxis, por lo que es hora de ubicar estos factores al nivel del análisis meso y micro sociopolítico.
El actor colectivo: identidad y formas de acción
¿Cómo entender o definir al actor colectivo en el Ciclo de Protesta a analizar? Diferentes escuelas de pensamiento dentro del análisis de la acción colectiva y los movimientos sociales lo han caracterizado ampliamente, siempre apelando a determinada manera de entender la sociedad y constreñidos a un periodo histórico determinado, por lo que se ha entendido como un actor que actúa según su clase, según construcciones identitarias y por afinidad, por postura política-ideológica, etc. Aunque estos planteamientos han ampliado la base sobre la cual entender las significaciones de los procesos, considero que la delimitación de estos actores de forma general (globalizante) puede acarrear algunos sesgos analíticos, homogeneizando imágenes y limando contradicciones, por lo que se requiere buscar salidas que expliquen la heterogeneidad. En ese sentido plantearé la propuesta en que se sustentará el análisis meso y micro socio-político de este trabajo, aclarando que, si bien se construye por medio de un marco teórico amplio, el punto central será el marxismo, en particular el marxismo de Gramsci.
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necesidad del concepto, posibilitando a su vez la revisión profunda para abandonar su abordaje, erróneo, como dato estadístico o actor político preconstituido en razón simplemente de sus condiciones materiales de existencia, sino demostrando la viabilidad de entenderlo como relación y proceso, similar a la noción de movimiento social no como ente político a priori, racional y homogéneo al interior (tanto en conciencia o identidad como en objetivos y formas de lucha), sino como proceso relacional en que se dan pugnas políticas e ideológicas que lo conforman. Así, no estamos hablando de una significación nueva de clase social, sino de la recuperación de los enfoques postulados por Marx, donde, por un lado, se presentaba la relevancia de entender que la clase social, más que basada en el ingreso monetario, se estructuraba en la posición dentro de un sistema de producción determinado; y por el otro, se diferenciaba la posición y la condición de clase, eliminando el determinismo económico y dando el peso central a la construcción política-ideológica emanada de la praxis (revolucionaria o subalterna).
Ante las limitantes del concepto clásico de clase, que se constriñe principalmente a la diferenciación entre proletariado industrial y burguesía, vale la pena regresar a una figura teórica construida y ampliamente abordada, el concepto de clases subalternas. Antonio Gramsci construye, principalmente en el cuaderno de la cárcel número tres, el concepto de clases subalternas, considerándolas como los grupos sociales más marginales, incluyendo clases fundamentales no hegemónicas (que en la etapa capitalista sería el proletariado), con posibilidad de incidencia dentro de la realidad histórica a partir de sus correspondientes subjetividades y características culturales e ideológicas (Liguori, s.f.), ampliando en gran medida el espectro de análisis marxista más allá de la definición solamente de las clases fundamentales (burguesía y proletariado industrial) y poniendo importante atención en la existencia de una condición subjetiva del subordinado en relación a su dominación, y por ende un potencial de trasformación por medio de la conciencia y la acción política (Modonesi, 2012).
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sociedad, de esta forma, su acción tiende predominantemente a la espontaneidad, aun cuando existan elementos de dirección consiente (Gramsci, 1981).7
Así, se puede proponer una visión de progresión con el paso de la subalternidad hacia la resistencia y la acción consiente y autónoma de las clases subalternas, en una situación ya no de acción dividida sino unificada contra la clase hegemónica, por lo que este concepto me permite abordar los movimientos sociales coyunturales, multitudinarios y heterogéneos desde una perspectiva amplia, que los entienda como integrados por múltiples clases y estratos sociales diferenciados que combinan espontaneísmo y dirección consciente, posición y condición de clase; así como reconocer la dialéctica presente entre la aceptación e incorporación de la dominación de la clase en el poder y el rechazo y la búsqueda de autonomización, sólo realizable cuando estas clases subalternas o una de ellas deviene en Estado.
No obstante, el sentido de este progreso en torno a la acción de las clases subalternas, pasando de la acción dividida a la conjunta, no se explica en la visión economicista del desarrollo natural de las contradicciones del capitalismo, sino por la experiencia directa de subordinación y el proceso de toma de conciencia de su posición e intereses a partir de la catarsis. Gramsci (1986) define como catarsis: “… el paso del momento meramente económico (o egoísta-pasional) al momento ético-político, o sea la elaboración superior de la estructura en superestructura en la conciencia de los hombres” (p. 139), es decir, el momento histórico en que la misma estructura que aplasta, asimila y hace pasivo al actor, se transforma en libertad e instrumento para la construcción de alternativas a la dominación, volviéndose el punto de partida de la praxis y, por ende, punto central del análisis de la acción colectiva en un momento de agudización de la crisis orgánica.
Así podemos plantear una propuesta de construcción del actor colectivo, no a priori, sino sustentada en el análisis cualitativo de los actores inmersos dentro del proceso que se desarrolla en esta investigación (con los límites que significa la referencia a casos particulares). Así, planteo definirlo como la unión no orgánica, espontánea, complementaria y contradictoria de individuos y grupos provenientes de diferentes clases y estratos subalternos afectados, de diferente manera, por las
7 Con este enfoque podemos superar la limitante del marxismo clásico: que el desarrollo de sistema de producción
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condiciones emanadas del proceso de agudización de la conversión neoliberal, quienes articulan su actuar de forma diferenciada a partir de capacidades y memoria histórica, por lo que no actúan necesariamente en relación a su posición de clase, menos a su condición de clase, sino también a identidades basadas en afinidades y gustos. Su unión, lejos de significar el abandono de sus reivindicaciones e intereses, los pone en relación de complementariedad y oposición a los de los otros al interior del proceso, y cuya acción no deviene en la renuncia de la acción subordinada y la adquisición de la conciencia de su posición de clase. Este planteamiento comparte puntos en común con el concepto de Dimensión Molecular, que Raúl Prada (2008) define como la multiplicidad de lugares desde donde se gesta un movimiento, por lo que este vendría a ser una construcción resultado de diferentes recorridos y trayectorias de múltiples sujetos dispuestos a romper la estática del poder (los diversos momentos de la subversión de la praxis), por lo que permite entender la diferenciación interna a partir de las singularidades de los problemas que crean las movilizaciones, la memoria histórica y la experiencia de praxis de los distintos actores, así como de la dinámica de la relación que entablan al interior del movimiento.
Esta definición, a pesar de significar una guía general de cómo abordar el cúmulo de sujetos políticos, recurriendo a una unión coyuntural con un grado de cohesión limitada, no operacionaliza una forma de entender el actuar de los individuos ni de diferenciarlos al interior de los procesos, al contrario, homogeniza e indetermina, por lo que se necesita un análisis que parta de las condiciones objetivas del momento dado, por tanto, la correlación de fuerzas puede ofrecer una alternativa, al diferenciar entre la acción emanada de los movimientos orgánicos y la proveniente de los movimientos coyunturales.
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sin caer en el economicismo, sobrestimando las causas mecánicas, ni en el ideologismo, exaltando el elemento voluntarista individual.
Estas herramientas, además de operacionalizar la división interna entre componentes de movimiento orgánico y movimiento coyuntural, en función de la naturaleza (y dimensión) de sus objetivos, discurso, formas de organización y repertorio, permiten un entendimiento de las relaciones sistema-acción colectiva con gran profundidad, toda vez que conducen a analizar el aumento radical de la acción colectiva a partir de que la Estructura de Oportunidad Política se ve ampliada, debido al proceso de catarsis que las clases subalternas construyen como resultado, por un lado, de la crisis orgánica que genera incapacidad de que la clase dirigente presente su proyecto como universal, y por el otro, de la capacidad de que la acción de las capas más organizadas (movimientos orgánicos) tengan efecto en las menos movilizadas (movimientos coyunturales), construyendo nuevos proyectos contrahegemónicos.8
Sin embargo, aún con estas herramientas no podemos abordar a profundidad la construcción de identidades, y por consiguiente la construcción de marcos básicos de pensamiento y acción para lo que ahora manejo como actor colectivo, el amplio abanico de clases subalternas, y la diferenciación interna en movimientos orgánicos y movimientos coyunturales, pero ¿podemos hablar de una identidad colectiva cuando consideramos que este actor colectivo no es homogéneo? Si bien hasta aquí hemos construido una explicación de los movimientos sociales desde el campo particular de estudio, con propuestas de la escuela norteamericana, a la hora de avanzar hacia el componente identitario es necesario recurrir a una tradición que ha desarrollado más este tipo de análisis, la escuela europea, en particular las propuestas de Alberto Melucci, quien busca entender cómo en la pluralidad se mantiene la unión de una estructura organizativa y cómo se construye la identidad colectiva mediante un complejo sistema de negociaciones, intercambios y decisiones.
Propongo partir de una idea general de movimientos sociales que no está peleada con la planteada al inicio de este capítulo, para entenderlos no como una unidad a priori, sino como una construcción social integrada por una diversidad de actores, orientaciones y proyectos en constante interacción (Melucci, 1999). Así, se concebirá el Ciclo de Protesta, y cada experiencia dentro de él, a
8 De igual manera, el concepto de Dimensión Molecular (Prada, 2008), al abogar por la necesidad de estructurar el análisis
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partir de la existencia de diferentes perspectivas que entran en dialogo al interior, abandonando, no obstante, la idea de que de este dialogo (y confrontación) se construya una identidad colectiva común del todo, puesto que esta lucha es dispareja y no todos los grupos tienen la misma capacidad en número o capacidad mediática para plantear su proyecto. La identidad colectiva, entonces, podría entenderse más como construcción general de puntos comunes en torno a cuatro elementos: reconocimiento, pertenencia, permanencia y vinculación9 que, no obstante, no logra representar la
totalidad, es decir, estos elementos construidos en un proceso de movilización implican una visión estereotípica de los significantes del movimiento que no alcanzan a representar la complejidad de los mismos elementos conformadores de múltiples identidades al interior más constantes en su desarrollo (de clase, de género, etc.).
Volviendo también al concepto de Dimensión Molecular, podríamos entender los movimientos sociales plurales más que como un campo de unificación y construcción de una identidad común, como un lugar de devenir de diferentes identidades que cohabitan, incluso de forma conflictiva, un espacio en pos de un objetivo general entendido diferenciadamente. Identidades y construcciones simbólicas que se construyen histórica y culturalmente de forma diferenciada en los múltiples actores que intervienen en los movimientos amplios y heterogéneos, y para cuyo análisis partiré también de la noción de sistemas simbólicos, habitus y enclasamiento, a partir de la sociología política de Pierre Bourdieu.
Los sistemas simbólicos son entendidos por Bourdieu (2009) como estructuras estructuradas –la actividad constructora de la estructura– y estructuras estructurantes –la actividad productora de la conciencia–, por lo que se plantean como reproductores, bajo una forma irreconocible, de la estructura del campo de las clases sociales, produciendo una lucha por el monopolio de la producción ideológica legítima envestida en los especialistas. De esto se desprende la idea del habitus como esquemas de acción, pensamiento y sentir asociado a la posición social que ocupa un individuo y que funcionan más allá de las acciones consientes de los individuos y sus discursos, ofreciendo los principios fundamentales de construcción del mundo social, la división de clase, edad, sexo, etc. (Bourdieu, 2012). Estos esquemas generativos igualmente son estructurados y estructurantes: estructurados social e históricamente a partir de la interiorización de la estructura social, el campo de
9 Reconocimiento, como proceso de autoidentificación y establecimiento de una relación con los otros; pertenencia, como
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relaciones en que se conforma el individuo; y estructurantes porque es a través de ellos que se producen las percepciones y pensamientos y se orientan las acciones.
Es así como a partir de la interiorización de las estructuras inmediatas educadoras del individuo éste produce sus pensamientos y prácticas, y se forman los esquemas de percepción, apreciación y evaluación que orientan las prácticas de los agentes sociales. Esta visión permite ahondar más en el análisis de la conformación de la conciencia de los individuos a través de un proceso social y cultural largo que influye a la vez en sus orientaciones políticas e ideológicas y en sus formas de acción, que ya encamina Charles Tilly en el concepto de repertorio de protesta: “…la totalidad de los medios de que dispone (un grupo) para plantear exigencias de distinto tipo a diferentes individuos o grupos…” (Tilly, 1986, citado en Tarrow, 1997, p. 65), medios y formas fuertemente anclados en el contexto político y las construcciones culturales del momento histórico, por lo que el repertorio de protesta no será uno mismo continuamente y no responderá a elecciones individuales, sino que va a conformarse a partir de los actores sociales que estén al interior de un movimiento, y su legitimidad derivará de una lucha de enclasamiento (a partir de la diferenciación entre movimiento orgánico y coyuntural); es decir, la confrontación de los habitus y gustos diferenciados entre los actores, construidos a partir de la posición social que ocupan y la acumulación de capital (económico, cultural y social), con los que buscan interpretar el mundo, la acción colectiva y el movimiento.
La complejidad de la articulación de los niveles de análisis para estudiar la acción colectiva hace riesgoso plantear una perspectiva metodológica y teórica como terminada e infalible, por lo que no es sino hasta la recaudación y análisis de datos que estas herramientas demuestran su pertinencia y limitaciones. A lo largo de este capítulo se ha desarrollado una propuesta de articulación teórica en la que se han construido los instrumentos, las formas de entender la realidad y los caminos recorridos para exponer las características principales del Ciclo de Protesta en México de 2012 a 2016, el porqué de su surgimiento, potenciación y posterior declive a partir del análisis de la interrelación entre Estado y movimiento y entre movimiento orgánico y movimiento coyuntural.
Conclusiones.
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este ejercicio no permite profundizar de la misma manera que si se partiera de una sola dimensión de análisis, posibilita entenderlos de forma más completa, desde una visión amplia que posteriormente permita avanzar a la solución de puntos clave irresolubles.
En el camino de macro a micro, de factores estructurales y superestructurales a capacidades de los actores, me he valido de un enfoque histórico y relacional que entiende los procesos de movilización social como conformaciones históricas y socialmente construidas y en constante cambio, lo cual ha permitido dar peso a la relación entre Estado y movimiento, así como a la actividad creadora de los actores al interior de los procesos. Lo mismo que a la relación existente entre diferentes procesos de movilización a través de puntos de conexión a nivel de factores de influencia, componentes internos, formas de organización y relaciones sociales, búsquedas y caminos.
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Capítulo 2. Capitalismo neoliberal en México
Para establecer una relación entre Estado y el Ciclo de Protesta en México, es necesario entender primeramente la realidad contemporánea, para lo cual se requiere un análisis sistémico que abarque aspectos específicos de las condiciones políticas, económicas y sociales del periodo 2012 a 2016 desde un enfoque histórico, con el propósito de encontrar claves que permitan entablar una relación entre sistema y acción colectiva bajo una perspectiva gramsciana. Ésta perspectiva parte de las implicaciones estructurales como conformadoras de entornos mayor o menormente favorables para la extensión del conflicto y la resistencia, no como determinantes mecánicas a las que responden los actores en un papel subordinado, sino como posibilidades que tienen impacto sólo por la praxis subversiva, de resistencia y búsqueda de autonomía y contrahegemonía.
De esta forma, en este capítulo se hace un análisis del entramado político, económico y social en México, centrado en tres componentes directamente relacionados con el Ciclo de Protesta:
1) La dinámica de los procesos democrático-institucionales, principalmente en 2006 y 2012, que permitan configurar la imagen general de estos procesos en la opinión pública y su relevancia para la búsqueda de espacios desde los cuales emprender proyectos políticos.
2) El proceso de agudización de la conversión neoliberal como proyecto económico-político en el periodo 2012 a 2016, a partir de la conexión entre las reformas estructurales (legalidades afines a la conversión) y las recomendaciones que la OCDE realiza en 2012 al gobierno mexicano, para conocer su impacto y el papel que adquieren en la ampliación del conflicto social.
3) Y, finalmente, lo que hemos denominado la política de control social, un componente básico para la conversión neoliberal que se contempla como una estrategia impulsada para generar un entorno de violencia generalizada, y focalizada contra los luchadores sociales, que permite el asentamiento de las condiciones materiales para la acumulación por desposesión.
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se despliegan en la década de los 70. Dicho análisis estará sustentado en hemerografía y bibliografía especializada, así como en datos estadísticos y comunicados, tanto de instituciones gubernamentales nacionales, instancias internacionales en materia económica y derechos humanos, como en trabajos investigativos de agencias y organizaciones independientes.
El desgaste de la transición a la democracia
Dado que los procesos institucionales son una base directa para entender la dinámica política en el país, no sólo en el componente hegemónico sino en la misma actuación de diversos sectores de la sociedad, vale la pena abordar, en una visión general, el proceso de alternancia partidista desde el enfoque de la democratización y su relación con la conversión neoliberal. Entenderemos por democracia (en el sentido institucional) un proceso que incluye apertura del sistema a las demandas de la población y a la efectividad para actuar en respuesta (Tilly, 2010).
El proceso democratizador se da a nivel internacional a partir de los años 70 y se encamina a ofrecer mayores posibilidades de competencia entre partidos políticos, siempre dentro de la lógica democrático-liberal, en respuesta al aumento del conflicto social resultado de las crisis económicas (estancamiento del crecimiento económico, recesión, inflación, etc.) y políticas (aumento de los movimientos sociales que demandan mayores libertades civiles). En el caso mexicano cabe resaltar la importancia del movimiento social en el cambio de la política gubernamental (y por ende priista), ya que los procesos de movilización ciudadana de los años 60 y 70, al no tener espacios legales para plantear oposición, en gran parte motivaron el crecimiento del movimiento guerrillero, así, las reformas políticas abrieron canales para la oposición partidista y dieron cierta legitimidad al proceso electoral por un tiempo, como estrategia de solución a la crisis política que el país arrastraba.
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suficiente para asegurar elecciones transparentes y más legítimas, pues el proceso electoral de 1988 significó el primer caso de un continuum de procesos electorales presuntamente democráticos pero inmersos en las irregularidades, y donde se presume la manipulación de los resultados ante el triunfo de la oposición, en esa ocasión del Frente Democrático Nacional, integrado por un grupo de políticos escindidos del PRI y sectores de la oposición de izquierda electoral.
Aunado a estos procesos cabe señalar la existencia de dos leyes de amnistía a presos políticos, relevantes para el desarrollo político institucional de México. La primera se dio durante el mandato de Luis Echeverría (Ley de amnistía, 20 de mayo 1976), dirigida a personas contra las que se ejerció acción penal por delitos de sedición e incitación a la rebelión durante el “conflicto” estudiantil de 1968, y la segunda durante la administración de López Portillo (Ley de amnistía, 28 de septiembre 1978), dirigida a presos bajo el delito de sedición, instigación a la rebelión, conspiración u otros delitos impulsados por móviles políticos con el fin de alterar la vida institucional del país, principalmente se aludía a presos políticos pertenecientes a guerrillas de los años 70. Con estos procesos de amnistía se dio cabida a un importante número de militantes que volvieron a la oposición, algunos desde la izquierda independiente y otros desde el campo institucional, nutriendo las filas de la naciente oposición partidista denominada de izquierda.
Justamente el año 2000 es considerado el punto de quiebre de la política nacional, donde la alternancia otorgaba las posibilidades para el desarrollo económico y político del país, pero la administración de Vicente Fox decayó rápidamente y con el proceso electoral de 2006 el fantasma del fraude volvió a la escena. Las elecciones de 2006 significaron el regreso de los procesos electorales abiertamente irregulares, puesto que, además de la injerencia ilegal del presidente en turno, Vicente Fox, y de la iniciativa privada en los ataques dirigidos a Andrés Manuel López Obrador (AMLO), lo cerrado del conteo final (con una diferencia de casi 234 mil votos) y la incapacidad de dirimir las quejas ante el TEPJF, éstas resultarían en una crisis política que marcaría el proceso de transición política y los procesos democráticos en México (Emmerich, 2007). Ante el escenario de creciente conflicto social, no solamente por las protestas de seguidores de AMLO y el PRD sino por la experiencia de la APPO en Oaxaca, más preocupante fue la respuesta del nuevo presidente: el combate al narcotráfico.