TITLE
ABSTRACT
KEYWORDS
TITLE
ABSTRACT
KEYWORDS
PRACTICING EVERYDAY SPACES. Notes to activate my neighborhood.
“...daily life, in order to be relaxed and fulfilling, must find its balance in three realms of experience. One is domestic, a second is gainful or productive, and the third is inclusively sociable, offering both the basis of community and the celebration of it” Ray Oldenburg, The Great Good Place [1]
Colectivo, comunidad, contexto, local, común, público, mapear,
diagnosticar, seleccionar, analizar, conectar, creación, intervención, facilitar, activar, habitar, resistencia.
PRACTICANDO ESPACIOS COTIDIANOS. Notas para
activar mi barrio.
Anna Recasens
http://www.annarecasens.org/
TOPOGRAFIA SENSIBLE – Arte y Paisajes emocionales
Ese otro lugar
En los años 80 Ray Oldenburg, formularía el concepto de Tercer lugar, para designar ese lugar o lugares que después del hogar y el trabajo y/o escuela, complementan el escenario vivencial de la comunidad, estableciéndose como un espacio de desarrollo personal y activación de grupos, colectivos, actividades sociales y solidarias. Éste Tercer
lugar donde se promueve la vida social, en sus diferentes facetas: ocio,
abastecimiento, intercambio de experiencias, y que según Oldenburg, es un espacio neutro, de mediación social, para la diversidad, de creación de identidad, de relación, tiene en el barrio un marco ideal para el paso de lo individual a lo social, y de lo privado a lo común.
Los procesos de elitización – gentrificación iniciados a finales del siglo XX especialmente en centros históricos, antiguas zonas industriales, o zonas costeras urbanas han ido modificando el contexto urbano desde la inversión privada. Barrios como por ejemplo: Ciutat Vella en Barcelona, Chueca en Madrid, Brooklyn en NY, o Hackney en Londres, se han convertido en zonas de turismo low cost, centros de ocio nocturno, o zonas de paso comerciales, eliminando la vida de barrio y desplazando a los vecinos en beneficio de una población transeúnte. La suburbanización, la aparición de las gated
de tránsito comerciales, y la cultura creciente del shopping mall, clubs de ocio y negocio, low cost fitness clubs, entre otros fenomenos urbanos, suponen una vuelta de tuerca al tercer lugar de Oldenburg, desatendiendo los espacios abiertos y diversos que favorecen la socialización y la comunidad, en favor de aquellos que promueven la individualidad, la exclusividad, y la zonificación.
No obstante, recientemente ha reaparecido la atención hacia la cultura del barrio... hacia el barrio como unidad primordial para el funcionamiento de la ciudad, como espacio fértil, como espacio de confluencia de culturas, de maneras de hacer comunidad, y como marco de fenómenos identitarios que se incluirán en un relato conjunto y diverso de la ciudad.
Políticas municipalistas y movimientos de base apoyan un barrio que vuelva a asumir sus funciones como ágora, como lugar de encuentro y democracia directa, como espacio para el ciudadano. Donde la comunidad pueda compartir, implementar sus deseos, buscar soluciones, exponer dudas etc. Donde los ciudadanos se encuentren, y de forma colectiva determinen como desarrollar su propia ciudad respondiendo activamente a su “derecho a la ciudad” (Lefebvre 1968) [2], construyendo una ciudad para vivir, no una ciudad comercial, turística, o limitada por el tráfico. La diversidad, la equidad social, la sostenibilidad en el vivir en común de un barrio serán pilares fundamentales para lograr su revitalización social, cultural y económica, desde un renovado y transformador sentido del lugar.
Una regeneración gestionada desde la base, de abajo a arriba (bottom-up), precisa de herramientas y estrategias de comunicación (atendiendo a su identidad comunitaria) y de procesos de
relugarización, de resignificación. Esta “creación de lugar” deberá
abandonar una planificación regularizada ( en la que se atiende a lo desocupado por motivos de productividad, y no de habitabilidad), en favor de propuestas colectivas que promuevan nuevos usos y actividades en espacios abandonados o degradados, generando un entorno más atrayente, conectado, atractivo, transitable, acogedor, accesible, cercano, interactivo, cooperativo, diverso, características que no tienen que ser opuestas, a la memoria o la productividad.
Procesos creativos de proximidad
base, ha facilitado iniciativas de desarrollo y regeneración urbana mediante proyectos culturales y artísticos que han resultado muy efectivas tanto para para fijar la escucha y favorecer una situación de diálogo con el espacio, sus alrededores, y aquellos que habitan o transitan ese territorio; como para mapear y recoger el patrimonio intangible e identitario. También, han servido para expandir áreas de acción, experimentando la activación del espacio social desde procesos multidisciplinarios de co-creación y co-producción.
En general, esta práctica artística en contextos específicos, se define por posibilitar espacios de encuentro, intercambio, y reflexión, sin intermediarios o filtros, en los que convocar a la ciudadanía a participar, a explorar, observar, y recolectar materiales útiles que sirvan para interrogarnos sobre el lugar y sus relatos, y trabajar en común.
Si explorar la materialidad de lo invisible ( memoria colectiva, geografías emocionales), sirve para imaginar espacios comunes donde recuperar relaciones humanas, y para impulsar un mayor compromiso social hacia el entorno cotidiano; poner en práctica estos espacios desde la misma comunidad y sus resiliencias, iniciando los procesos colaborativos y de co-creación, abre la posibilidad de un trabajo más continuado, y por tanto de una culminación del proceso de relugarización, sin necesidad de intervención arquitectónica, ni de cambios urbanísticos dramáticos.
La práctica artística favorece una mirada cercana y afectiva hacia el lugar, recogiendo experiencias personales y la memoria colectiva a considerar en un proceso de resignificación. La práctica artística promueve la implicación de la comunidad y la interacción social, observando en las respuestas colectivas de los usuarios, una forma de continuación y desarrollo de nuevas propuestas de acción autónomas y de construcción de espacios comunes /rituales comunes. Por otra parte, más allá de un repensar el barrio en común, se establecen prácticas replicables en otros barrios y contextos urbanos, y se favorecen políticas públicas más sostenibles y comprometidas con la realidad de la comunidad.
Las prácticas creativas de proximidad en un contexto barrio suponen:
- Un observatorio : espacio común para detectar cuestiones clave y desde donde repensar la calle, el barrio, los usos comunes, espacios para el diálogo, y pensar soluciones eficaces para restaurar el barrio como espacio de confianza y de responsabilidad, como espacio de aprendizaje colectivo.
tradicionales, culturales). Patrimonio intangible que forma parte del imaginario colectivo, las historias y la memoria de sus habitantes y es fundamental para reconocer el barrio, a su comunidad y su historia, y ha servido para promover relaciones sociales y contextos de mutua ayuda.
- Experimentar el lugar e impulsar iniciativas de reactivación, que se apoyen en la reflexión sobre el valor mismo del espacio como bien público, y en la posible gestión participativa y colectiva de estos espacios comunes..
Por ejemplo...en mi barrio
Mi barrio, San Miguel, uno de los más emblemáticos del sur andaluz, en Jerez de la Frontera. Barrio que se describe desde una serie de hitos históricos vinculados con la raíz de la ciudad: el vino, la fe, y el flamenco. Un barrio de palacetes trasnochados, casas de vecinos, casas de pueblo arrabaleras, que se mezclan con la arquitectura burguesa de los 50, con su abandono del perifollo y conservación de las
“buenas formas” (puerta de servicio incluida), y con las arquitecturas populares, con nombre propio, de cuando la clase obrera, las cajas de ahorro, y la conciencia de barrio.
Un barrio que vive sus mas y sus menos, entre un patrimonio sólido, bello y frágil por lo dañado, bello e inhóspito por lo descuidado, bello sin más. Un barrio al que las recientes crisis han legado edificios a medio construir, pisos y casas cerradas, solares sin solucionar, actividad comercial que cesa y no se renueva, y una comunidad que parece diluirse en ese transcurrir entre las ruinas y el deseo. El cada día transcurre entre una incertidumbre hacia el mañana que hace desatender el presente. El barrio de San Miguel, en el centro de Jerez de la Frontera, se cae, se descascarilla, se degrada a paso acelerado y a los ojos de la administración, y una comunidad que dista de esa cohesión que transluce de sus historias y narrativas anteriores.
Actualmente, algunos edificios recuperados destinados a vivienda vacacional o social, la rehabilitación parcial del Palacio Villapanés, y alguna que otra placa anunciando que te encuentras en una ruta turística (síntoma de una gentrificación anunciada), resumen algunos de los cambios en positivo para el barrio, aunque no suficientes para paliar las necesidades que el barrio presenta más allá de la arquitectura y la planificación urbanística: falta de espacios comunes, falta de jardines o parques, falta de espacios de parking, falta de centro de barrio, falta de espacios de ocio familiar, infantil, juvenil, falta de servicios municipales.
se hacen más patentes considerando que en San Miguel, conviven personas de más de 60 países y culturas diferentes, y existen agentes e iniciativas cubriendo un amplio espectro de actividad cultural: literatura, títeres, artes visuales, fotografía, música, danza, patrimonio, moda, gastronomía...que parecen no tener presencia en la vida
cotidiana del barrio. Hasta el momento no existe una red asociativa del barrio, el intercambio económico en relación con la cultura es precario y la comunidad demuestra una falta de atención a la cultura, debida en gran parte a que los hábitos de circulación (los vecinos trabajan o estudian fuera del barrio o la ciudad y se abastecen fuera del barrio) no favorecen la actividad local.
Procesos de reactivación
Con el fin de crear una plataforma cultural del barrio, se han
celebrado en el barrio de San Miguel, una serie de encuentros abiertos a propuestas que impulsen la gestión ciudadana de recursos, espacios, y el desarrollo de programas culturales, con los que se ha trazado un mapa de ruta: una cartografía de los recursos culturales y sociales del barrio, una agenda común para facilitar la difusión, el lanzamiento de propuestas colectivas y colaborativas de activación cultural, con el objetivo de relanzar el contexto local.
De los encuentros mencionados cabe destacar el interés en:
- Observar la diversidad de iniciativas y de espacios de posible uso común e intercambio.
- Plantear objetivos de consolidación de dinámicas autónomas de acción cultural: atendiendo a como casan éstas con el tejido social local, como se proyectan más allá de los límites del barrio, con qué recursos se sostienen, y si es pertinente la creación de una plataforma con entidad jurídica, asociación, u otra forma auto-organizada.
- Recuperar lugares de significación colectiva, reconociendo también espacios vacantes que puedan ser re-apropiados para uso de la vecindad.
- Iniciativas de colaboración y participación estableciendo procesos creativos multidisciplinares con el propósito de activar conjuntamente y en continuidad tanto aspectos del espacio común y sus posibles usos, como del patrimonio, tangible o intangible.
- Experimentar estrategias de resignificar el lugar y asimismo reflexionar sobre el mismo valor del espacio público y de la posible gestión participativa y común de estos espacios.
un marco para la integración y el respeto y han propuesto espacios alternativos de uso común.
En este contexto, iniciativas que impulsan la creatividad local como La Gotera en Lazotea, Aliados del Arte, o El Corral de San Antón, entre otros colectivos de base, han lanzado una oferta cultural contemporánea, nuevos rituales que pueden enlazar con los antiguos aunque para favorecer la transformación y la adaptación a necesidades diferentes. Estas iniciativas, que ejercen la escucha y la acción directa desde la práctica artística, desde procesos de co-creación y co-producción, son fundamentales en la reclamación de espacios degradados y la resignificación del espacio; iniciativas, de forma temporal o continuada, tienen como objetivos: una mejora del espacio social, atención a la diversidad, conocimientos compartidos... en definitiva, la modernización del barrio, dotando a éste de las estructuras y la plataforma cultural necesarias para ello.
El debate urgente en el Barrio de San Miguel, como en otros barrios históricos situados en el centro de ciudades, no es tanto una crisis del espacio, sino de cómo es “practicado” este espacio (Certeau 1979) [3], de cómo es ocupado, de cómo se vincula con la convivencia. El barrio es un lugar para apreciar las distancias cortas, donde la interacción social y el imaginario colectivo: historias, rutas, juegos, conversación se construyen en la calle, en el parque. Esta “cultura de la espacialización” (S.Low 2000) [4], donde los espacios pertenecen a las personas ( y estas a los espacios ) activa usos y dinámicas de apropiación, expresión y sentido de pertenencia, dando lugar a micro-procesos sociales y culturales necesarios para incidir en políticas locales. Si estos lugares de sociabilidad desaparecen, se perderá la posibilidad de la práctica social que sirve a la colectividad para rescatar y restaurar su espacio vivencial, dando lugar a más espacios residuales y vulnerabilidad al barrio. Su recuperación pues, no trata tanto de la rehabilitación arquitectónica o la re-urbanización, sino de recuperar el tejido humano y una estructura social con actores comprometidos con lo común.
Referencias
[1] Ray Oldenburg, The Great Good Place. 1999(p. 14) Marlowe & Company Ed.
[2] H. Lefebvre,1968 El Derecho a la Ciudad. Capitan Swing 2017 [3] Michel de Certeau,1979 La invención de lo cotidiano . México: Universidad Iberoamericana, 1999.
[4] Setha Low, Spatializing Culture: An Engaged Anthropological