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Algunos pobres de su pobretería 1

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Algunos pobres de su pobretería

1

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Dicen pobreduría, o pobrería, o pobretería, al “cuerpo, conjunto o agregado de pobres” (Aut.). Pues bien, la pobreduría, o pobrería, o pobretería fabulosa de Shakespeare revienta de ellos. Pobres, pobretes, pobretillos, pobrecitos, pobrecillos (desdichados, infelices, abatidos, miserables [Aut.], cada uno con su pasión particular) pueblan su mundo más o menos fingido. Digo algunos, significativos, o curiosos.

*

Pobre se manifiesta, primero, el bardo, en sus versos más íntimos, los de los Sonetos. “Pobre de mí”, dice en uno (XLIX, 13), y declara, en otros, pobres, su “corazón” (CXXXIII, 10) y su “alma” (CXLVI, 1), su “nombre”

(LXXI, 11) y su “rima” (CVII, 11).

*

En el poema que titula a medias con el efebo trágico, Venus es la

“pobre reina del amor” (251) (es que babea detrás del indiferente, asqueroso Adonis).

En el suyo, la “pobre Lucrecia” (1217), siente su “pobre belleza”

(1651), que ha emborricado a Tarquino, y la debilidad de su “pobre persona”

(1646), pues no ha podido defenderse del violador. El cuerpo sin vida de la casta romana le parece a su padre su “pobre espejo roto” (1758).

*

Está Catalina de Aragón. El Rey Enrique VIII, con escrúpulos, pedía la anulación de su matrimonio, que eran primos demasiado cercanos. La Vieja saludaba así su destino: “Ay, mi pobre señora: / viene a ser hoy, otra vez, una extraña” (II, III, 16 – 17). Catalina, querellándose de rodillas delante de su marido (II, IV, 11 – 14), o aparte, en soledad (III, I, 20), también se sabía una pobre mujer.

1Manuel Palazón Blasco, Juguetes que he fabricado revolviendo en los armarios de Shakespeare.

Creative Commons Atribución/Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Licencia Pública Internacional – CC BY-SA 4.0

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Están Troilo y Crésida.

“¡Ay, pobre Troilo!”, suspira Pándaro, en tercería famosa, delante de Crésida, pintándolo enamorado (I, II, 70). “¡Ja, ja! ¡Ay, pobre desgraciado! Ah,

¿es que su pobre capullo no ha dormido esta noche?” (IV, II, 32 – 33), ríe en otra, socarrón, que ya ha montado el mozo a la moza.

Luego Pándaro traerá a Troilo una carta “de aquella pobre chica” (V, III, 99), Crésida, que su antiguo amigo, celoso, rompe en pedazos: “Palabras, palabras, meras palabras…” (V, III, 107)

*

Hay una canción del sauce que cantaría, digo yo, Ofelia en sus últimas, y cantó (esto se sabe) Desdémona en sus penúltimas, y canta (no puede hacer otra cosa, prisionera de su letra) la “pobrecita alma” (IV, III, 39) de su primer verso, quejándose de su falso amigo. Son, todas, pobretas.

*

“Pobre”, “en bancarrota”, se queda el corazón de Julieta cuando recibe noticia imperfecta de que Romeo, su novio, y Tibaldo, su primo, el guapo, se habían matado a navajazos en una reyerta (III, II, 57).

*

Hamlet condenaba la prisa de su madre, que se había casado, viuda de pocas semanas, “antes de que envejeciesen los zapatos / con los que siguió el cuerpo de mi pobre padre” (I, II, 146 – 147). El príncipe saludará dos veces al

“pobre fantasma” (I, V, 4; I, V, 96) del Viejo Rey.

Observando las majaderías de Ofelia, el Rey Claudio suspiraba:

--Pobrecita Ofelia,

Dividida de su alma y de su juicio

Ya no es más que una pintura, o un animal del campo.

(IV, V, 84 – 86)

Y su hermano, cuando aprende que se ha ahogado, que se ha ahogado, exclamará, con un ingenio rápido pero poco delicado: “Te has hartado de beber agua, pobre Ofelia…” (IV, VII, 182 – 184)

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*

“¡Entonces, pobre Cordelia!”, dice la pequeña del Rey Lear, porque no sabe decir su amor (I, I, 76), y calla.

“Pobre padre” (IV, VII, 38), le dice Cordelia a Lear, acertando el naipe que le duele.

Lear entra con su hija en brazos, y gime: “¡Y mi pobre boba ahorcada!”

(V, III, 304)

*

Pobrecitas son las hijas de los romances de Shakespeare, y alguna otra de sus criaturas. Mira:

Una tempestad, ésta verdadera, de este otro cuento, el de Pericles, ha dejado (eso creen) viudo al héroe, y huérfana a la niña parida con marejada,

“esta pobre infanta, esta nueva marinera” (III, I, 41) a la que su padre llamará, por todo eso, Marina.

En Cymbelino (II, I, 55 – 59) el Coro resume el torcido destino de Imógena:

--...Ay, pobre princesa,

Tú, divina Imógena, ¡lo que estás soportando!, Te aprieta tu padre, gobernado por tu madrastra, Y ésta anda continuamente coceándote, y te agobia Un pretendiente odioso...

En El cuento de invierno Leontes, el Rey de Sicilia, torcido por los celos, manda que dejen a la niña que le ha nacido a su esposa, “hembra bastarda”, en “algún lugar remoto y desierto” (II, III, 174 – 175), “donde pueda la suerte ser su nodriza o acabarla” (II, III, 181 – 182). Antígono, más obediente que bueno, contesta:

--Lo haré, lo juro, aunque su muerte inmediata

Habría sido más misericordiosa. Pobrecilla, ven conmigo,

¡Quiera algún espíritu poderoso instruir a cuervos y milanos Para que te hagan de ayas! Hay lobas y osas, dicen,

Que, olvidando su condición salvaje, han ejercido Oficios piadosos muy semejantes. (...)

¡Pobre criatura, condenada a perder!

(II, III, 183 – 191)

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Ganará ahí el nombre de Perdita.

En La Tempestad es pobre (pero maravillosa) la “isla” (V, I, 212), y la

“celda” del antiguo Duque de Milán (V, I, 301). Miranda llora la suerte de las

“pobres almas” de los ahogados en la tormenta de cuento que ha levantado su padre, el Rey Mago (I, II, 9). El Rey de Nápoles buscaba a su “pobre hijo” (II, I, 319), perdido en el fantástico naufragio. Próspero nota, divertido, que su hija se ha enamorado del príncipe: “¡Pobre gusanito, estás infectado!” (III, I, 31). Estéfano y Trínculo, las partes ridículas de la comedia, juzgan a Calibán un

“pobre monstruo” (II, II, 146; II, II, 158; III, II, 34 – 35), un “pobre borracho” (II, II, 166).

*

“¿Y eras tú el que quería ser rey de Inglaterra?” Margarita había derrotado a York y lo tenía en su poder. Ahora ella le daba un pañuelo empapado en la sangre de su hijo pequeño, para que lo bañase también con sus lágrimas. Se lo había matado su campeón. “Alas, poor York!” “¡Ay, pobre York!” (Tercera Parte de El Rey Enrique VI, I, IV, 84) Buscando humillarlo, lo obligaría a representar un rey a lo ridículo, de entremés, con corona de papel.

Luego lo termina.

Mientras cavaban la huesa de Ofelia (pero el principito aún no lo sabía), el sepulturero saca un cráneo que llevaba enterrado veintitrés años, el de “un loco hijodeputa”, “el bufón del Rey”. “Alas, poor Yorick.” “Ay, pobre Yorick.”

Hamlet lo conoció, y recordó su “infinito ingenio”, su “excelentísima fantasía”, y cómo lo había llevado sobre sus hombros “mil veces”, cuando era pequeño, y comparó los labios que había besado “no sé en cuántas ocasiones”, con su horrorosa mueca, fija, de ahora (Hamlet, V, I, 166 – 186).

“Alas, poor York!” “Alas, poor Yorick.” Shakespeare iguala las suertes del rey humillado y del gentilhombre de placer que la muerte ha podrido, rimándolas o, más bien, mediante aliteración graciosa, a través de años, de comedias, de palabras, palabras, palabras.

*

Y ¿la vida? Macbeth, cuando lo enteran de la muerte de su tremenda esposa, la resume amargo:

--La vida no es sino una sombra andante, un pobre cómico que pasa pavoneándose y agitándose su hora en el escenario y al que luego no se oye más.

(V, V, 24 – 26)

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