EL COBIJADO DE VEJER y SU LEYENDA MORISCA
AMELlA MAS GORROCHATEGUR y ANTONIOMUÑOZRODRIGUEZ
LA LEYENDAMORISCA Viajerosrománticos
El triunfo del romanticismo en la tercera década del s. XIX ponía de moda el tema morisco en la literatura europea y hacía de España el país depositario,por excelencia, de aque- lla herenciahistórica. Muchosson los viajeros que, como Richard Ford, recorren Andalucía en busca de la huellaárabe.En su ruta de Cádiz a Algeciras,Ford se aloja en «la mise- rableventa»de la Barca,desde don- de divisaVejer,que se le representa
«el espejo mismo de una ciudad mora,escalando penosamente una empinada eminenc ia » (1). Pero el viajero inglés prosigue camino de Gibraltarsin detenerse en elpueblo.
Asu paso por Tarifa,admiraa sus mujeres «proverbiales por su gracia y meneo»y «su manera curiosa y oriental de llevar la mantilla».
También en Marchena había con- templado «tapadas» similares,que vestíanla mantilla a la usanza mora.
«queconsisteen no mostrar más que un ojo;éste,sin embargo, punza y penetra,emerge del velo oscuro como una estrella,y la belleza se concentra en un solo foco de luz y significado»(2).
Preciosa descripciónque Richard Ford,sin duda,hubiera corroborado, dehaberpaseado por las calles de Vejerdela Frontera (Cádiz)durante aquelviaje de 1832. Efectivamente, fue Vejer el último de los pueblos andaluces en elque la mujervistióel manto y saya a la maneradescrita porFord en Marchena yTarifa,indu- mentaria que conservó toda su vigenciahasta suprohibiciónpor las autoridadesrepublicanasen1931.
Vejer y Cha uen:entre lahist oria ylaleyenda
Cuando entre 1940-1950 se dioa conocer la identidadde Lal-Ia Zohra, la esposa vejeriegade Muley AliIbn Rachid,fundador de Chauen, la rela- ciónentre Vejery Chauen encendió la imagi nación popular y fomentó todo tipodeleyendas sobre la vesti-
menta femeninade ambos pueblos, como recogía la Actualidad Espa- ñolaen 1956:
«Xauen es hoy prácticamente el último reducto de nuestra zona marroquíen quelas mujeresvan tapadas a machamartillo.Y asíse da una extraña paradoja. Cuando los que trajerona España la cos- tumbre de que las mujeres lleva- ran cubiertoel rostro ya se habían acostumbrado a que se lo cubrie- ran en público , un pueblecido español (Vejer) llevaba todavía tapadas a sus mujeres.Y el único sitiode Marruecos [sic) dondela costumbre se conserva cerrada- mente todavía,es elquetuvopor primeravez como gobernadoraa unaespañolade ese mismopue- blogaditano. Conlo que España devuelve a Africa -como en un juego de prendas- el pañuelo que Africa le entregó un día» (3).
En estalarga citay en elresto del artículose encuentran ya los compo- nentes de la leyenda: el cobijado comoindumentaria deidayvueltay laidentificación entre eljaique chau- níy eltrajede manto y sayavejerie- go, hechos que hoy se presentan como históricosaunque no son más que una bella recreación literaria.
En 1975,A. MorilloCrespo aludía a la identidadformal entre el«cobija- do negro en Vejer y blanco en Xauen» (4). En 1987,J.A. García Castro iba más lejos al señalar que la indumentaria vejeri ega era, sin duda, musulmana,yapoyabasu afir- maciónen"el paraleloestilísticoque eltrajede cobijada tiene conalgunos tipos de indum entaria antigua y actualdel norte de Africa,como por ejemploenChagüen,donde seviste de forma muy similarsi exceptua- mosel color negrodelatela» (5).
Vela dos femen inosdel norte de Africa :el jai qu echauní
¿Es efectivamente el jaique de Chauen un trasunto estilístico del cobijado vejeriego? ¿O,por elcon- trario, habría queafirmarqueeltraje de Vejeres radicalmentedistintode
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Cob ija d as esperandola llegadade NuestraSeñora dela Oliva,10 deagosto de1923.
la indumen tari a berébe r magrebí ?
¿Se puede hablarrealmente de múl- tiples contactos culturales y folclóri- cos entreVejery el Norte de Africa durantelos siglosXIVyXV,periodoen el que se debiógestar el cobijado?
Un detenido examen de estas cuestiones nos llevaría,sin duda,a situar el tema del influjo oriental en sus justos términos .
La mujer del Nort e de Africa, siguiendo la moda oriental y los pre- ceptos coránicos,envuelvesu figura y vela su rostro alsalirala calle.Pero el velofemenino se puede constatar desde época preislám icaenla mayor parte de los países de la cuenca mediterránea deoriente a occidente, por lo que nos parece poco consis- tente la teoría de la dependencia directaentre veladoycultura islámica norteafrican a. En todo caso,la reli- gión islámica actuaríaderefuerzo de costumbres ante rio res. Ent re las prendas tradici on ales del Magreb destaca nel jaique yla almalafa.
El términojaique procede del ára- be «haaka», tejer,delque deriva el sustant ivo «hatek»quedesigna tan- to al tejedor como al vestido . No existe referenc ia castellana antigua del térmi no,y entra en el españo l como haik,hayk e ohaique a media- dos delsiglopasado.El jaique esun tejido deuna solapiezasincosturas, de lana,lienzo o hilo fino, de color blanco y de grandes dime ns iones , que envuelve el cuerpo comp leta- ment e. Al sur de Marruecos, en Tarudant,las mujeressecubrencon un tipo de vestido similar al jaique, dehilo azul oscuro onegro,que reci- be el nombre de «tamalhata».Para elarab ista Dozy,ambas prendas se deben relacionar con la indumenta- ria de rústicos ybeduinos,anteriora laislamizacióndel Magreb(6).
Según J.Albarracín hay dostiposde jaiques,uno de 3x1 m y otro de5x
1,5m(7).Elde grandes dimensiones, el más usualhasta hace unosaños, está dejando paso al más pequeño, más cómodoparael trajíndiario.
Hay muchas manerasde ponerse eljaique,dependiendo de las zonas.
En Chauen se hace de la forma siguiente :Se dobla el jaique de tal maneraque desde debajodelos bra- zosllegue hasta los pies.Un extremo se pasa por la espalda sobreel hom- bro izquierdo y seanuda por delante formando pliegues.El otro extremo se vuelve a doblar sobre sí para regu- lar la altura del talley se recoge en un gran nudo,sim ilar al izquierdo, for- mando un gran pliegue bajoelbrazo derecho. Ambas manos llevan los extremos del jaiquehaciadelante,no dejando ver más que un ojo.
La almalafa es un tipodeindumen- taria tradicional del norte de Marruecosy dela España musulma- na.El término,documentado desde antiguo ,procede delárabe «rnilha- fa" ,túnica,manto o manta,del verbo
«Iahata», envolver o cubrir. Es un tejidode lana, lienzo o hilo,general- mente blanco,de dimensiones más reducidas que eljaique, del quese dist ingue además por la forma de vestirlo. Se coloca sobre la cabeza y se llev a un extremo bajo el brazo opuestoque lo sujeta .Elotro extre- mo se cruzapordelantedela cara y se deja caer sobre el hombro, efec- tuándose asíel velado , aunque no tan estricto comoel del jaique.
Como se verá,ambas prendas,y en particular eljaique,son formalmen- te distintasdel cobijado vejeriego.Es quizás con la almalafacon la queel mantodelcobijado tenga algúnpare- cido,aunque no lo suficiente como para que se le pueda considerar su precedente.En todo caso,elpunto común de todasestasindumentarias (iaique, alrnalata y cobijado) habría que remontarlo alvelado prerromano de uno y otro lado delMediterráneo.
EL TRAJE CASTELLANO DEMANTO'ySAYA El mantoylastapadas
Eltérminomanto,derivadodel lati- no «rnantelturn»,que parece ser el origendel tardío«manturn»,designa tant o una pren da de vestir como pañopara envolveropaño de secar (8). En la Baja Edad Media, las mujeres castellanas se cub rencon unmantonegro,grisoscuro,o«par- do" ,de grandes dimensiones ,que cuelga hasta las rodillas.Haciael s.
xv,elmanto que se había ido acor- tando,seforra consedas de colores ensuinterioralamodamorisca.
EnelSiglo de Oroson numerosalas comediasde capayespadaen lasque abundan las «tapadas". Una muestra decómo vestía el mantolamujer dels.
XVIIInosla ofreceQuevedo:
«Venía una mujer hermosa tra- yéndose de paso los ojos que la
miraban y dejando los corazones llenos de deseos.Iba ellacon artifi- cioso descuidoescondiendoel ros- tro a los que ya le habían visto y descubriéndolea los que estaban divertidos. Tal vez semostraba por velo,talvez portejadillo.Ya daba un relámpago de caracon unbam- boleodemanto,ya sehacía brúju- la mostrando unojosolo,yatapa- da de medio lado descubría un tarazón demejilla»(9).
El decoro aconse jaba que las mujeres casadas y viudas no salie- ran a la calle o frecuentaran luga- res públicos sin losmantos.Su uso se generalizó en Espa ña hasta el s.XVIIIy en algunaszonasmás apar- tadas hastalos alboresdels.xx.
No obstante,la prohibicióndeluso del manto es tan antigua como su propia popularización,y siempre ba- sada en razones de la misma índole:
el velado servía en ocasionespara encubriractividades ilícitas o delicti- vas. La resistancia popular a tal medidafue,así mismo,tenez,yde nadavalieronlas disposiciones lega- les quecontrael uso del manto adop- taron Felipe11en1586yFelipe111en 1610.Delsentirdelamujer es buena muestra eldiálogo entre Bríg ida y Cristina de «Elvizcaíno fingido» de Cervantes.DiceBrígida:
«(...)al pasar porla puertade Guada lajara,oíque enmedio de infinitajusticiaygente,estaba un pregone ropregonando que quita- banlos coches,yque las mujeres descubriese n los rostros por las calles».
Ante el alborozo de Cristina, res- pondeBrígida:
«iAy Cristina! [Nome digaseso!
¡Quélindacosa era irsentadaen la popa deuncoche,llenándola de parte a parte,dando rostro a quien y comoycuandoquería!»(10).
Las prohibicionesoficialessiguieron duranteels.XVIII,pero fue elinflujo de modas foráneas aceptadas por la Corte,comola moda francesa dels.
XVIII,loquehizo queel uso delmanto declinara y quedara relegado a las clasespopulares.La pervivenciadel veladofemeninoafectó mása zonas de Andalucía,debidoacircunstancias culturales,politicasogeográficas par- ticulares.El contrasteentre nortey sur en laformade vestirpuede apreciarse enlaliteratura dela época.Delnorte venía la señá Frasquita cuando llegó a tierrasgranadinas:
«Nohabíaadquiridoningúnhábi- to andaluz, yse diferenciaba mucho de lasmujeres campesinasdelos contamos,vestíaconmássencillez,
Romería de 24 de agosto de 1905, despid ie ndo NuestraSeñora.dela Oliva.
desenfado yelegancia que ellas;
lavabamás suscames y permitíaal sol yal aire acariciarsus arreman- gadosbrazosydescubierta gargan- ta.Usaba hastaciertopunto detraje delas señorasde aquella época,el trajedelareina M.ªLuisa:sinofal- da de mediopaso,falda de un paso solo,sumamente corta,que dejaba versus menudospiesy elarranque de su soberanapierna:llevaba el escote redondoybajo alestilo de Madrid» (11).
La saya
El término saya procede del celta antiguo del que derivan el griego
«sagas»y el latino«saqum».En cas- tellano se constatael término -saía- desdeépoca arcaica(Doc.leonésdel 941).Enesta épocala saya era una especie de túnica que se ataba al cuello desdedonde colgaba hastalos pies.Debió ser enel transcurso de la EdadMediacuandolaprenda evolu- cionó y,decubrir todo elcuerpo,pasó a vestir sólo la parte inferior.
Precisamente con este sentidodefal- dademujer el término -sayya- pue- dedocumentarse enel hispanoárabe o enelárabe delnorte de Africa.
La saya castellanay andaluza de los siglosXVIYXVIIesuna amplia pie- za detela de tejido recio,anascote, bayetao palmilla,quese cierra por sus extremos con una costura, se ciñe a la cinturaporel ladosuperiory cuelga hasta los pies formando plie- gues.La saya se coloca sobre una seriede faldas,faldillas,basquiñaso enaguas finas.La amplituddelas fal- das y basquiñasse hizotan exagera- da durante el s. XVII que llevó a Quevedo a escribiren tono burlesco:
«Doña alcachofa,compuesta aimitación delas flacas , basquiñasy más basquiñas, carne pocoymuchasfaldas » (12).
Y en otro poema,sobre elexceso de faldas y tondillos pregunta a la mujer: «Si eres campana, ¿donde está el bada]o?» (13).
La sayasobre faldas y basquiñas fuemuy usadaentrelasclasespopu-
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Grupo de niñosycobijadas en 1928.
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lares, de forma que en algunos casos la gente más humilde salía a la calle como Teresa Panza,que «iba a misa con la cabeza cubierta conla falda de la saya enlugar de manto.. (14).
Este uso de la saya como manto se constata también entre las mujeres de Vejer,sobre todo,cuando se tra- taba de una salida inesperada en mediodela faena doméstica.
ELCOBIJADO VEJERIEGO O TRAJEDEMANTO YSAYA
Eltérminocobija,dellatino «cubi- lia..,designabael lecho,la yacija,y de aquí la ropa con que se tapa uno en la cama,en particular,la manta.
De esta acepción pasó a la prenda de vestirque cubre a una persona, especialmente, a la de manto o mantilla. Con el término «cobijado»
se ha designado desde antiguo el traje tradicional de manto y saya de la mujer vejeriega.Cobijadaes,por tanto,la mujerque viste tal indumen- taria. No obstante,estos términos pertenecen a la tradición oral pues no existen referenciasescritasantes dels.XIXLaindumentaria femenina de calle,desde els. xvhasta princi- pios del s.XX, recibe el nombre de traje de manto y saya en toda la documentación consultada. En nin- gúncaso aparece la almalafa,pren- da de uso generalizado enel reino de Granada enlos ss.xvYXVI.
Así el testamento de Leonor García, de 22 de agosto de 1481, dice:
«Y mando a micriado Alfonso de Luna e María Rodrigues , su hija,con la saiaque io traigocada díade color pardera e un tocado,e un mantillo,e unas falditas y dos camisaspara que ambos a doslos
partan por querueguena Dios por mi ánima» (15).
Durante el s.XVIII,los documentos hablan igualmente del manto y saya, como indumentarias de calle de las vejeriegas, normalmente de color negro,pardo o gris oscuro.
En 1606,Manuel Díazordena en su testamento:
«Mando a mi madre Catalina García que se le dé un manto de anascote y una saya de bayeta.la cual dicha saya y manto debe ser nuevo todo» (16).
En el recibo de la dote de Ana María,mujer deAntón Román,se valoran:
«una saya de tafeetán azabachado e un manto de lustre e una ropa de tafeetán e un corpiño de damasco con franjas deoro..en cuarenta y un ducados,cantidad significativa para 160&,en la que un buey de labor valíadieciséisducados(17).
Entre el ajuar de D." Mayor de Heredia se cuenta:
«un manto deseda apreciado en ocho ducados [...] una basquiña de paño de Segoviade colorvito- rio, forrada en la delantera en tafetán amarillo en cienreales [...]
una basquiña de raso negro en seisducados» (18).
En els.XIX,laindumentaria feme- ninano ha variado.En 1800,Teresa López mejora a su hija Josefa Márquez con«la saya de franelay el manto de anascote de miuso.. (19).
No eshasta 1872,cuando hallamos la primerareferenciaescritaalcobi- jado.AsíAntonio Puerta declara en su testamento haber pagado a su hija Concepción en concepto de dote,entreotros bienes, «dos cobija-
dos de mantoy saya» valorados en 87 pesetas, unbuey delabor en175 ptas. y una eralaen 75 ptas.» (20).
Todas las fuentes documentales consultadas -y estas citas lo prue- ban-nos confirmanque elcobijado de la mujer de Veje r hasta lafecha de su prohibición en 1931 es una pervivenc ia del traje caste lla no de manto y saya que los conquistado- res debieron traer a Andalucíaafina- les dels.XIII y principios delXIV.Al contrarioque el jaique,con elque se ha querido comparar,lienzo únicoy sin costuras,las cobijadas visten un traje de dos piezas muy elaborado.
La saya vejeriega esuna gran pie- za de tela de unos cuatro metro s, cosidapor los extremos,que se ciñe ala cinturaen ungran frunceycuel- ga hasta los pies. Laforma de ceñir la saya varía, según la moda. En unos casos la mayorparte delfrunce se resuelve en la parte trasera; en otros,se repart e unifo rme mente o biense recoge en grandespliegues o tablas sueltas quecaen desde la cintura.Bajo la saya la mujer viste unas enaguas plisadas de hasta cuatro metrosde vuelo.
El manto es un tejidode pañogrue- so y negro como la saya,de unos 2,50 H 1,50 m.Colocado sobre la cabezayhombrosyfruncidotambién a la cintura hace destacar la silueta femenina,ala parqueocultadiscreta- mente el rostro deladama a sucon- veniencia. En suinterior los mantos se forranconrasos de colores vivos, rosas,celestes,verdes...Bajo la cobi- ja lamujerlleva, bienropa de estaren casa,bien camisa defiesta, de hilo finísimo,con cuello,puñosy pecheras esmeradamentebordadosenseda;y lasjóvenes,enalgunos casos,peche- ras de atrevidoscalados.Con razón decíaRichard Ford que,despuésde los toros, «lo más peligroso» eran
«estas tapadas» (21).Tras la aparien- cia austeray gravedeltrajede manto y saya,las cobijadaspodíanmostrar
NOTAS
(1) Ford,Richard:Manual para viaj eros por Anda lucía y lectores en casa. Londres,1845. Ed.Turner,Madrid,1980.
(2) Ibídem.
(3) Aleixandre, J. J.: "La misteriosa Xauen».ActualidadEspañola,1956.
(4) Morillo Crespo, A.: Veje r de la Fronteraysu comarca.Cádiz,1975.
(5) García Castro,J.A.: «Las cobijadas de Vejer de la Frontera». Actas del Primer congreso delEstrecho,1987.
(6) Dozy,P.R.:Diccionnaire detaillé del vétemems.
(7) Corominas,J.:Diccionario críticoeti- mológico de la lengua castellana. Voz
«manto»,
(9) Quevedo,F.de:Sueñosydiscursos. Castalia,Madrid,1982.
(10) Cervantes,M.de: El vizcaíno fingi- do.Entremeses.Cátedra,Madrid,1986.
(11) Alarcón,P.A.:Elsombrero de tres picos.Cátedra,Madrid,1985.
(12) Quevedo, F.de: Poesía.Cátedra, Madrid,1983.
(13) Ibídem.
(14) Cervantes,M.de:Don Quijotedela Mancha.Cátedra,Madrid.
(15) A. Parroquia l, Veje r. L. Ama ya. Testamento de Leonor García.
(16) A.H.P. Cádiz. Protocolos Vejer, 1606,L.108.
(17) Ibídem.
(18) Ibídem.Protocolos Vejer.Juan de Perales,1630.
(19) Ibídem.Pr.Vejer.Juan Ballú,1800, L.470.
(20) Ibídem . Prol. Veje r. Jua n Labat, 1872,L.581.
(2 1) Ford,R.:Loc.clt.
con «unbamboleodemanto»ya su capricho,aldecirde Quevedo,todas las excelencias femenin as. Tras el negro veladose abreuna rica gama cromática:los vivoscoloresdel forro, lablanca camisa bordada o calada,el rostro,los ojoschispeantes...
Peroesindudable que enelcobija- dovejeriego podríanrastrearse algu- nas influenciasorientales.La cultura islámicadebiódereforzarlatradición delveladoen todo AI-Andalus yel lógi- ca que fuera enzonas delsurdonde la costumbreadquiriera mayor arraigo.
Noobstante,lapervivencia delcobija- do puede explicarsesin necesidadde establecer una dependencia directa con el mundo hispanomusulmán del Reino de Granadaocon el norteafrica- no.El aislamiento geográfico y político depueblos del sur,como Vejer,ysu distanciadelaCorte, hicieron posible el afianzamientode tales costumbresy la resistencia y elusión de cuantas medidas prohibicionistas dictaron las autoridadescentrales.
2 3 1. Almala fa .2. Jaique.
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