• No se han encontrado resultados

III.1 LOS MINUTOS DE GLORIA. Pequeñas batallas de amor

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2022

Share "III.1 LOS MINUTOS DE GLORIA. Pequeñas batallas de amor"

Copied!
5
0
0

Texto completo

(1)

Pequeñas batallas de amor

En las películas de acción me encanta la estrategia que utiliza el “bueno” para ir diezmando a los “malos”. Al verse inferior en capacidad y personas, presenta la lucha en pequeñas escaramuzas que van comiendo la moral de sus perseguidores, hasta el triunfo total cara a cara con el principal opositor.

Pienso que nuestra vida cristiana tiene que plantearse así. El enemigo es imponente y, además, cuenta con nuestra debilidad, pero actúa de forma irracional. Pone todos los medios a su alcance para batirnos, pero no se da cuenta de que nosotros tenemos un traje que nos camufla, que es la gracia de los sacramentos. Este don nos facilita el no ponernos a su alcance y contraatacar en esas pequeñas batallas de amor.

Digo batallas de amor porque esos momentos de gloría se alcanzan si estamos motivados.

Sin un porqué claro y definido, el enemigo tiene las de ganar, pues nos exponemos ante él sin las armas necesarias para hacerle frente.

(2)

Generalmente las motivaciones que nos dan la victoria son las del amor. A veces es un amor desordenado a uno mismo, como el de aquel que vence la pereza por las mañanas para ir a trabajar y así ir forjándose un prestigio que le haga subir y triunfar en su ego personal. Son las menos de las veces.

Lo más normal es que se venzan esas batallas por un amor del bueno. Así actúa la madre que no duda en salir de la cama para dar de comer a sus hijos o dejar todo dispuesto para hacer más agradable la vida de los suyos. De la misma manera, se vence la comodidad del descanso cuando la obligación de sacar adelante una familia nos lleva a ser responsables y llegar puntuales al trabajo, y realizarlo con la mayor intensidad posible. También está bañado de amor el acto de dejar de trabajar a una hora conveniente para atender las tareas familiares y el cuidado de los hijos.

El día está lleno de esos momentos, son continuos y, si tenemos un norte, una referencia, un motivo de amor, qué fácil es vencer, aunque cueste.

La fe nos hace entender que el primero que está esperando esos actos heroicos es nuestro Padre Dios. “En ocasiones, alguno me ha dicho: Padre, si yo me encuentro cansado y frío; si, cuando rezo o cumplo otra norma de piedad, me parece que estoy haciendo una comedia...

A ese amigo, y a ti –si te encuentras en la misma situación–, os contesto: ¿una comedia? –

¡Gran cosa, hijo mío! ¡Haz la comedia! ¡El Señor es tu espectador!: el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo; la Trinidad Beatísima nos estará contemplando, en aquellos momentos en los que "hacemos la comedia".

–Actuar así delante de Dios, por amor, por agradarle, cuando se vive a contrapelo, ¡qué bonito! ¡Ser juglar de Dios! ¡Qué estupenda es esa recitación llevada a cabo por Amor, con sacrificio, sin ninguna satisfacción personal, por dar gusto a nuestro Señor!

–Esto sí que es vivir de Amor”1.

Y no digamos nada si la espera es personal. El Señor nos está esperando para gozarse con nuestras alegrías, consolarnos en nuestras tristezas, animarnos en nuestras dificultades,

1 Forja 485.

(3)

fortalecernos en nuestras debilidades, iluminarnos en nuestras tinieblas o perdonarnos por nuestros pecados. Y si lo que nos espera es la Santa Misa y la Comunión, está deseando darse como alimento de nuestras almas, y dar valor de eternidad a todas nuestras acciones cotidianas. Cualquiera de nuestras acciones por corriente que sea puede adquirir ese mérito.

Con esas pequeñas cosas podemos llegar a ser santos. Santos porque vencemos la pereza levantándonos con alegría cuando suena el despertador o porque planchamos aunque no nos guste.

Y así, igual que en los cuadros de algunos santos aparecen pintados con algún símbolo de su martirio o de su santidad, alguno podrá ser pintado con un despertador o una plancha.

Nuestra fe también nos enseña que todos por el Bautismo formamos un solo cuerpo en Cristo. Es la bendita Comunión de los Santos. Así nos la explica san Pablo: “Porque así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, y no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, que somos muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, siendo todos miembros los unos de los otros”2; y concreta en otra carta: “Si un miembro padece, todos los miembros padecen con él;

y si un miembro es honrado, todos los miembros se gozan con él. Vosotros sois cuerpo de Cristo, y cada uno un miembro de él”3.

Esos vencimientos nuestros, ¡cuánto pueden ayudar al que está pasando una dificultad física o espiritual! Pensemos en los enfermos, en los moribundos, en los que no tienen trabajo, en nuestros hermanos perseguidos, en los que son tentados, en los que tienen que tomar decisiones importantes para sus vidas o las personas que dependen de ellos, en los que pasan hambre, en los que están tristes por haber perdido un ser querido, en los que viven en soledad. Son tantos los hermanos nuestros que necesitan de nuestras locuras pequeñas que merece la pena decir que sí.

“¿Tienes ansias, locura divina de que las almas conozcan el Amor de Dios? Pues, en tu vida corriente, ofrece mortificaciones, reza, cumple el deber, véncete en tanto pequeño detalle”4.

2 Romanos 12, 4-5.

3 I Corintios 12, 26-27.

4Forja 870.

(4)

En esa secuencia de segundos ofrecidos por amor, el tiempo se encuentra con la eternidad y nuestro corazón se ensancha, porque vivimos más allá de la estrechez de nuestra limitada condición.

Nos sumerge en la realidad sobrenatural de Dios.

“No me refiero a situaciones extraordinarias. Son, pueden muy bien ser, fenómenos ordinarios de nuestra alma: una locura de amor que, sin espectáculo, sin extravagancias, nos enseña a sufrir y a vivir, porque Dios nos concede la Sabiduría. ¡Qué serenidad, qué paz entonces, metidos en la senda estrecha que conduce a la vida!"5.

San Josemaría lo resumía en breves palabras: “De que tú y yo nos portemos como Dios quiere –no lo olvides– dependen muchas cosas grandes”6.

Y nos animaba: “Véncete cada día desde el primer momento, levantándote en punto, a hora fija, sin conceder ni un minuto a la pereza.

Si, con la ayuda de Dios, te vences, tendrás mucho adelantado para el resto de la jornada.

¡Desmoraliza tanto sentirse vencido en la primera escaramuza!”7.

Ojalá el motor de tu vida sea este otro consejo, sencillo y, a la vez, sublime: “hacer lo que debo y estar en lo que hago y siempre por amor”. Si nos comportamos así, qué difícil se lo ponemos al enemigo para que nos derrote.

Hablábamos en la introducción a este capítulo de vidas de santos que habían realizado gestas importantes, para muchos de nosotros inalcanzables. Pienso que no es menor gesta la de la persona que, con visión de eternidad, vive todos los minutos de su vida con la mente puesta en agradar a Dios, sin agobios, con libertad y con alegría: “¡Qué contento se debe morir, cuando se han vivido heroicamente todos los minutos de la vida! –Te lo puedo asegurar porque he presenciado la alegría de quienes, con serena impaciencia, durante muchos años, se han preparado para ese encuentro”8.

La gran ventaja de poner la lucha en esos pequeños sucesos diarios es que una derrota por debilidad carece prácticamente de importancia, no se pierde terreno ante el adversario y el

5 San Josemaría, Amigos de Dios, 306.

6 Camino 755.

7 Camino 191.

8 Surco 893.

(5)

contraataque, un acto de dolor por amor, nos pone en condiciones de volver a luchar en igualdad de condiciones y, así, desesperar al contrincante.

Me gustó la anécdota que me contaron de san Josemaría cuando estaba celebrando una fiesta con sus hijos. Sacaron una gran caja de bombones que empezó a circular entre los presentes, cada uno cogía uno y la pasaba. Al llegar a él, la caja continuaba con el mismo número de bombones.

Después de varias rondas y suceder siempre lo mismo, uno le dijo: “Pero coja usted”, y la respuesta llena de sentido sobrenatural, sin ser literal: “Me he propuesto no tomar bombones hoy. Si me como uno, tampoco se cae el mundo, pero si no lo hago pondré muy contento a mi Padre Dios”.

Todos nuestros minutos son como bombones que pueden endulzar el paladar de nuestra Madre Santa María.

Referencias

Documento similar

Artículo 22.- El Orden del día de las reuniones será elaborado por la Junta de Dirección ( Art: 69.c de los Estatutos de la Universidad). No obstante, cualquier miembro del

Volviendo a la jurisprudencia del Tribunal de Justicia, conviene recor- dar que, con el tiempo, este órgano se vio en la necesidad de determinar si los actos de los Estados

Cabe recordar que el Gobierno de la provincia viene encarando un plan para el desarrollo de hidrógeno en Tie- rra del Fuego; una energía limpia que posiciona a la provincia en

 Noordermer: Si, si y no porque son muy pocos los docentes que cuando planifican piensan en las diferentes respuestas que van a tener en el grupo, en general como docentes, como

Se llega así a una doctrina de la autonomía en el ejercicio de los derechos que es, en mi opinión, cuanto menos paradójica: el paternalismo sería siempre una discriminación cuando

Para algunos, trasladando los avances de la Teoría General del Proceso, la acción penal es también un derecho subjetivo (Quintero & Prieto, 2008, p. 332);

Para los estudiantes con necesidades es- pecíficas de apoyo educativo (en adelante NEAE) como el alumnado con TDAH esta transición es, si cabe, más compleja, ya que la metodología

Éstos son fuertes predictores de la presencia de alteraciones de la salud en los niños que han vivido la ruptura de los progenitores (Overbeek et al., 2006). En este