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La representación diplomática provisional de la Santa Sede en España durante la guerra civil (1936-1938).

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TESIS DOCTORAL

La representación diplomática provisional de la Santa Sede en

España durante la Guerra Civil

1936-1938

Santiago Navarro de la Fuente

Director: Dr. José-Leonardo Ruiz Sánchez

2017

FACULTAD DE GEOGRAFÍA E HISTORIA

Departamento de Historia Contemporánea

FACULTAD DE GEOGRAFÍA E HISTORIA

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El poyecto de investigación de esta tesis doctoral ha sido financiado por el V Plan Propio de Investigación de la Universidad de Sevilla.

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Índice

Índice ...3 ABREVIATURAS ...15 INTRODUCCIÓN Y METODOLOGÍA ...17 ESTADO DE LA CUESTIÓN ...29 PRIMERA PARTE Silvio Sericano (Junio – Diciembre de 1936) CAPÍTULO I. La Santa Sede ante la deriva frentepopulista en 1936 ...51

1.La embajada de Pita Romero y el fracaso del modus vivendi ...53

2.La embajada de Luis Zulueta, entre la cortesía y la firmeza ...57

2.1.El miedo al comunismo ... 60

2.2.El complejo nombramiento de obispos ... 63

3.El estado de las relaciones a comienzos del verano de 1936 ...69

CAPÍTULO II. Silvio Sericano, Encargado de Negocios en vísperas de la sublevación militar ... 75

1.La marcha de Tedeschini ...75

1.1.La despedida ... 76

1.2.Sericano queda al cargo ... 81

2.Los informes a Roma ...82

3.Las protestas ante el Gobierno ...98

3.1.La protesta de 1 de julio de 1936 ... 98

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Las denuncias ... 108

3.2.La protesta de 15 de julio de 1936 ... 113

3.3.Las medidas legislativas contra la Iglesia ... 121

La supresión de atención religiosa en los Centros públicos ... 121

El caso de las Hijas de la Caridad ... 124

4.Las relaciones con los obispos ...125

CAPÍTULO III. La gestión en la Nunciatura durante los primeros meses de la guerra ... 131

1.Las vísperas ...132

1.1.La sublevación ... 137

1.2. Estado de guerra y revolución ... 140

2.Con el Gobierno de Giral (19. VII al 4.IX de 1936) ...142

2.1. Primeras gestiones ... 142

2.2.Las medidas contra la Iglesia ... 146

2.3.La situación ... 150

3.Con el Gobierno de Largo Caballero (4.IX a 4.XI de 1936) ...156

3.1.Visita al Ministerio de Estado ... 158

3.2.Apertura de Cortes y aprobación del Estatuto Vasco ... 160

4.La postura de la Santa Sede ...161

4.1.El mensaje de Castelgandolfo ... 168

4.2.La recepción del mensaje ... 172

5.La guerra en las cancillerías ...179

6.Otros aspectos ...189

6.1. En favor de presos ... 190

6.2. Otras gestiones ... 192

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CAPÍTULO IV. El otoño romano de 1936. El papel de Gomá ...199

1.Dos Gobiernos ante la Santa Sede ...199

2.El creciente papel del primado ...208

2.1.Los obispos ante la guerra ... 211

2.2.La colecta irlandesa y “El caso de España” ... 215

3.Gomá en Roma ...220

3.1.El encuentro con Pacelli ... 222

3.2.La audiencia con el Papa ... 229

3.3.La hostilidad a la causa encontrada en Roma ... 230

3.4.El informe de 15 de diciembre ... 233

3.5.El nuevo encargo de Gomá ... 235

SEGUNDA PARTE Isidro Gomá (Diciembre de 1936 – Julio de 1937) CAPÍTULO V. Gomá, representante oficioso ...245

1.El establecimiento del status quo ...245

2.El ritmo de las reformas ...250

3.La cuestión del clero castrense ...253

4.La conquista de Málaga ...257

5.La naturaleza del “movimiento” ...259

6.El problema del reconocimiento romano ...265

7.La “Pascua de las tres encíclicas” ...273

7.1.La doctrina pontificia ... 274

7.2.La unificación de Falange y las reticencias con Mit brennender sorge .. 275

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8.1.El texto ... 288

8.2.La repercusión ... 295

9.El peligro de la influencia nazi ...299

10.El final de la misión ...305

CAPÍTULO VI.La “cuestión vasca”...309

1.Los nacionalistas vascos ante la guerra ...310

2.Los planteamientos de Gomá en Roma ...314

3.La condena del nacionalismo vasco ...316

4.La intercesión pontificia en la toma de Bilbao ...324

5.La situación del clero ...335

6.Los planteamientos del obispo Múgica ...337

6.1.La Carta abierta a José Antonio Aguirre. Los fusilamientos de los curas nacionalistas ... 338

6.2.La negativa de Múgica a la Carta Colectiva ... 340

6.3.La dimisión del obispo de Vitoria ... 343

CAPÍTULO VII.La situación de la Nunciatura ...349

1.Tras la marcha de Sericano ...350

2.El intento de “pasar” al Encargado de Negocios a la “zona nacional” ...355

3. Las cartas del padre Ariz ...357

3.1.La situación de la Basílica de San Miguel ... 365

3.2.La restauración del culto en la zona republicana ... 367

3.3.Un “depósito de armas” ... 378

3.4.La llegada del Nuncio Cicognani a la España de Franco ... 381

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7 TERCERA PARTE Ildebrando Antoniutti (Julio de 1937 – Junio de 1938)

CAPITULO VIII.Las primeras gestiones de Ildebrando Antoniutti ...391

1.El momento del encargo ...392

1.1.El reconocimiento de Franco ... 392

1.2.La cuestión vasca ... 394

2.El envío a España ...397

2.1.La llegada ... 399

2.2.Las primeras impresiones ... 406

2.3.Audiencia con Franco ... 409

2.4.La actitud del Papa ... 415

2.5.El encuentro con Sangróniz ... 417

3.Los asuntos pendientes ...418

3.1.Clero y nacionalismo ... 420

El informe sobre el clero de Vitoria ... 423

“Esta gente son incorregibles” ... 428

3.2.El “día de la Virgen” ... 429

3.3.Sobre Aguirre ... 431

3.4.Un administrador apostólico para Vitoria ... 434

3.5.Los prisioneros ... 442

3.6.El retorno de los niños ... 450

4.La preocupación por la influencia nazi ...454

5.Las informaciones a la Secretaría de Estado ...456

5.1.La ocupación de Santander ... 456

5.2.La praxis de los acuerdos de rendición ... 459

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5.4.La celebración de la “Fiesta del Caudillo” ... 462

CAPÍTULO IX. Antoniutti, Encargado de Negocios ante el Gobierno de Franco ... 465

1.La entrega de credenciales ...467

2. Las audiencias con Franco ...474

2.1.La audiencia del 22 de noviembre de 1937 ... 475

Influencia de Alemania ... 475

Censura ... 477

Legislación matrimonial... 478

Sacerdotes vascos ... 479

Retiro de las tropas voluntarias ... 479

Respuesta del Papa ... 480

2.2.El encuentro de Epifanía ... 481

3.El nuevo Estado ...482

3.1.La formación del nuevo Gobierno ... 484

3.2. El aniversario de la unificación de Falange... 486

3.3. El general Yagüe en el aniversario de la unificación ... 489

4.Contra la influencia nazi ...492

4.1.La audiencia con Sangróniz ... 497

4.2.La exposición de libros alemanes ... 501

4.3.La Navidad de 1937, un “mensaje” de Pío XI a los socialistas ... 502

4.4. La cuestión racial... 503

4.5. La recepción de la Mit brennender sorge ... 505

4.6. El caso de Fermín de Yzurdiaga ... 506

4.7. La influencia “extranjera” ... 510

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4.9. La conciencia final de triunfo ... 511

5. La reversión de la legalidad republicana ...512

5.1.La ofrenda al apóstol Santiago ... 513

5.2. La enseñanza en la escuela ... 514

5.3. ¿La libertad de cultos? ... 518

5.4. La supresión del matrimonio civil y del divorcio... 519

5.5. El Fuero del Trabajo ... 526

5.6. Las Cajas compensadoras ... 528

5.7. La ley de prensa ... 529

5.8. La restauración de la Compañía de Jesús ... 531

5.9. La supresión de la autonomía de Cataluña ... 531

6. El problema vasco ...532

6.1.El clero vasco ... 532

6.2. La predicación en vasco ... 536

7. Las intercesiones del Pontífice ...537

7.1.Los indultos de la Navidad de 1937 ... 538

7.2. Los “obreros cristianos” ... 540

7.3. Los indultos de Pascua de 1938 ... 542

7.4. Ante los bombardeos ... 542

7.5. Otras intercesiones ... 549

7.6. ¿De las intercesiones al “nacionalcatolicismo”? ... 558

8. Gestiones con Gomá ...561

9. Los sacerdotes en el frente ...566

10. Las querellas internas en el clero regular ...568

10.1. Pasionistas ... 569

10.2. Escolapios ... 571

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11. El intento de armisticio ...575

CAPITULO X.El retorno de los niños vascos ...581

1.Los datos de la evacuación y la repatriación ...581

2. La casuística ...583

3. Las gestiones ...584

4. La labor en Inglaterra ...592

5. La labor en Francia ...603

5.1.La visita ... 604

5.2. El problema con el comité francés ... 608

5.3. El problema de las colectas y el refoulement de octubre de 1937 ... 611

5.4. Los datos de la repatriación ... 615

6. La labor en Bélgica ...616

6.1.Los primeros contactos ... 617

6.2. La puesta en marcha ... 621

6.3. Más allá de la reclamación de los padres ... 625

6.4. Reclamaciones de dos tipos ... 626

6.5. El viaje ... 627

7. Otros datos sobre la labor de repatriación ...628

7.1.El retorno de las maestras ... 630

7.2. La colaboración con otras organizaciones ... 630

7.3. La evacuación de familiares ... 636

8. En otros países ...637

8.1. Dinamarca ... 637

8.2. Suiza ... 637

8.3. México ... 638

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9.1.Los niños no venían solos ... 639

9.2.Más allá de Antoniutti ... 640

10. Las dificultades con la “zona roja” ...642

11. La correspondencia de los niños...644

12. El drama y su imagen proyectada en el exterior ...645

CAPÍTULO XI. La Iglesia en la zona “no liberada” y la visita a las iglesias devastadas ... 651

1. La Iglesia en la zona roja ...651

1.1.El caso de Barbastro ... 652

1.2.Sobre Teruel ... 653

1.3. El caso Irurita ... 655

2. La libertad de cultos en zona roja ...656

2.1. El planteamiento ... 658

2.2. La Iglesia de “las catacumbas” ... 660

3. El obispo de Gerona en Perpiñán ...662

4. La visita a las iglesias devastadas ...668

4.1.Vizcaya ... 669

4.2.Santander ... 670

4.3.Asturias ... 672

4.4.Teruel ... 676

4.5.Aragón y Castellón ... 678

5.La recuperación de lo expoliado y la reposición de enseres ...681

CAPÍTULO XII. La “batalla” por la imagen en el exterior ...685

1.La Carta Colectiva y sus respuestas ...686

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3.La actividad de los nacionalistas vascos ...696

4.A propósito de la libertad de culto en la “España roja” ...698

5.Protestas contra la actitud de eclesiásticos ...703

5.1.Desde París ... 704

5.2.El arzobispo de Westminster ... 707

5.3.El Cardenal Mundelein ... 710

6. Las protestas contra la imagen del Gobierno ...711

7. La Santa Sede como espacio a la propaganda ...712

CAPÍTULO XIII. Una Iglesia para después de la guerra ...715

1.¿Una Conferencia Episcopal en 1938? ...715

2.La Iglesia en el avance de Franco ...719

3.Nuevos obispos ...722

3.1.El cardenal Segura, arzobispo de Sevilla ... 722

3.2.Otros nombramientos ... 723

4.El Seminario de Comillas ...733

5.La Acción Católica ...737

6. El “día del Papa” ...746

7. La Iglesia del nacionalcatolicismo ...749

CAPÍTULO XIV. Las cuentas de su gestión y la partida ...751

1.El balance económico de la gestión ...751

1.1.La atención a los niños vascos ... 752

1.2.Otras limosnas ... 753

1.3.Las donaciones ... 755

1.4. La “otra” economía ... 759

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3.El Colegio del Amor Misericodioso de Bilbao ...764

3.1.Las cuentas para la repatriación ... 766

3.2.Otros aspectos de la acogida ... 767

3.3.Otra labor del Secretariado ... 769

4. El final de la misión ...771 5. Después de su marcha ...773 RESULTS ...777 FUENTES ARCHIVÍSTICAS ...787 BIBLIOGRAFÍA ...789 RELACIÓN DE ANEXOS ...801 AGRADECIMIENTOS ... 1207

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ABREVIATURAS

AHAP Archives historiques de l'archevêché de Paris

AES Archivio della Sacra Congregazione degli Affari Ecclesiastici Straordinari

AEESS Archivo de la Embajada Española ante la Santa Sede

AG Archivo del cardenal Gomá

ASV Archivio Segreto Vaticano

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INTRODUCCIÓN Y METODOLOGÍA

El estudio de la historia tiene un componente de fascinación que termina impulsando al investigador a conocer determinados procesos en respuesta a una primaria y fundamental inquietud por saber. La relación entre la Iglesia y la sociedad española del siglo XX en general tiene para nosotros este atractivo. Se trata de una capacidad del tema para llamar nuestra atención que llega a su paroxismo cuando se refiere a los principales momentos de conflictividad y singularmente a la Guerra Civil y el franquismo. Esta sugestión primera ha sido la principal responsable de nuestra investigación; a su capacidad hemos acudido en muchas ocasiones en las que nos faltaba la lucidez para continuar sabedores de que la candidez de este primer deseo de conocer era la mejor manera de devolvernos al impulso investigador inicial.

Al comenzar nuestros estudios de doctorado partíamos de nuestros limitados conocimientos de recién licenciado que se llamaba la atención sobre aquel Estado vencedor de una “cruzada” que no firmó un Concordato hasta década y media después del final de la guerra, y al que le extrañaban tantas grietas visibles sólo de cerca en el aparentemente sólido edificio del nacionalcatolicismo en que se confundieron la Iglesia en España y la España de Franco. Iniciamos así un proyecto para nuestra tesis doctoral que quería centrarse sobre estas relaciones a nivel micro en Andalucía entre la Guerra Civil y la firma del Concordato. El objetivo respondía tanto a nuestro interés como a la oportunidad de trabajar un ámbito en el que todavía queda mucho por hacer. Además, por edad, no debíamos desaprovechar la oportunidad de trabajar un periodo tan atrayente para tantos desde la perspectiva renovadora que los nacidos diez años después de sancionarse la Constitución de 1978 deben aportar, abordando el trabajo lejos de la diatriba entre las ya manidas “dos Españas”.

Con aquellos ánimos empezamos nuestra tarea investigadora a comienzos del año 2014, centrada inicialmente en la revisión bibliográfica y en la consulta hemerográfica. La tarea se enfrentó a un giro tan fundamental como inesperado durante la estancia de investigación realizada en la Universidad de Módena a partir de junio de 2015 en el curso de la cual pudimos consultar los fondos del Archivio Segreto Vaticano, disponibles hasta la muerte de Pío XI en febrero de 1939. Resultaba obvio que aquella preciosa fuente de

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información, abierta a la consulta desde 2006, había sido ya trabajada y continuaba siéndolo por los grandes autores y por cuantos investigadores quisieran aproximarse al tema. Con todo, la consulta de aquellos legajos nos sugirió desde muy al principio que toda la documentación entendida como conjunto merecía de por sí la posibilidad de articularse como un único discurso. Y a medida que consultábamos más la documentación y dejábamos cristalizar nuestras ideas esta certeza se hacía más fuerte.

En el fondo de nuestra inquietud había una pregunta que, pese a su ingenuidad, no dejaba de inquirirnos: ¿Cuál fue el papel de la Iglesia en la Guerra Civil española? A menudo la propia pregunta nos provocaba pudor, porque nos resultaba demasiado primaria. Pero no por ello la dábamos por resuelta. Es más, estábamos ciertos de que la respuesta a esta pregunta, en su simpleza, nos conectaba con el deseo de conocimiento de cuántos no disfrutan del grado de erudición de la Academia y nos impulsaba a servir con nuestro trabajo a sus inquietudes intelectuales.

La pregunta, desde luego, no era original. Ha sido tradicional, en buena lógica, que los historiadores se plantearan el papel de la Iglesia en la Guerra Civil española. Sin embargo, la cuestión tenía un vicio de origen. Dado que el propio concepto de Iglesia es muy difícil de delimitar para considerarlo como tal un agente histórico, el planteamiento original necesitaba un límite que lo hiciera abarcable. Ante todo era preciso distinguir la posición de la Iglesia en España y la del gobierno central de la Iglesia en Roma. El primero de los aspectos estaba ampliamente estudiado, el segundo era más parcialmente conocido. Por eso nos planteamos la posibilidad de articular un discurso histórico que abordara la acción de la Santa Sede respecto a la guerra de modo lineal y sistemático. Así establecíamos un límite al problemático concepto de Iglesia, limitándolo a la posición en Roma respecto de la guerra que ofrecía la posibilidad de cerrar el tema en un estudio completo.

La documentación romana posibilitaba este seguimiento lineal de la posición de la Iglesia en la guerra desde un punto de vista distinto a los que generalmente están al uso: no haciendo incursiones en la posición de la autoridad pontificia respecto al devenir de la guerra, sino estudiando la evolución de esa misma acción romana a partir de las propias fuentes y viendo en ella la influencia del devenir del conflicto. Este giro copernicano aportaba, a priori, tres grandes novedades interpretativas: linealidad, análisis sincrónico y pragmatismo.

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En cuanto a la linealidad, es preciso no perder de vista que en un espacio de tiempo relativamente breve la Guerra Civil supuso un cambio demasiado drástico de la trayectoria del país, poniendo de relieve y en primera línea cuestiones que –teniendo en muchos casos una larga trayectoria- ocupaban un lugar marginal en la actividad de los españoles poco tiempo antes del conflicto. La evolución no sólo del enfrentamiento sino incluso de la propia dimensión interna de cada una de las partes contendientes revistió una importante complejidad que si bien estuvo sometida a la atención primera debida a las armas no podía explicarse sólo por la urgencia de la preocupación militar. En todas estas cuestiones, en una y en otra zona, la Iglesia tuvo un papel insoslayable. Por eso resulta preciso que el acercamiento a la Guerra Civil desde la perspectiva del gobierno de los católicos al más alto nivel acuda a la linealidad secuencial del conflicto para que su interpretación sea lo más adecuada posible. No sólo una falta al orden cronológico, sino incluso una omisión terminarían por desdibujar los hechos. Sirva como ejemplo de ello la publicación en la edición de L’Osservatore romano de 14 de agosto de 1936 de la noticia de que había quedado sin respuesta la nota de protesta dirigida por la Santa Sede al Embajador de España el 31 de julio a causa de la situación de la Iglesia en la zona bajo control del Gobierno desde el comienzo de la guerra justo cuando aquella misma respuesta se dirigía ya al Vaticano después de haber solicitado al Gobierno de España las informaciones pertinentes. Y todavía más perjudicial que una omisión o alteración puede resultar la descontextualización de los hechos o la extrapolación de la situación de un momento dado a todo el periodo.

La linealidad pasaba, en cualquier caso, por no perder de vista que la Guerra Civil tuvo por resultado –y esto especialmente desde el punto de vista de la Santa Sede- la sustitución de un modelo de Estado por otro, con la consiguiente necesidad de adaptación de una a otra realidad. No se debió a un cambio normativo realizado en un momento dado, sino por medio de un conflicto del que al principio se tuvo poca y confusa información y cuyo resultado fue durante buena parte de la guerra incierto; si no por el lado de los vencedores, desde luego por el carácter que éstos habrían de dar al Estado que saliese de la guerra. Esta linealidad había de contar con algo que generalmente se obvia cuando no se llega incluso a dejar de considerar: que la Santa Sede sostenía –cuando menos formalmente- las oportunas relaciones con el Gobierno de España y que la sublevación de una parte del ejército contra éste no era en modo alguno de por sí argumento para que el Vaticano modificara tal circunstancia. Es esta una cuestión que conviene recordar

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cuando se ha acentuado tantas veces –sobre todo en la divulgación- una imagen de la Iglesia toda y de modo inmediato levantada en armas contra la República, algo que del mismo modo que resulta difícil negar atendiendo a la realidad ad intra del país se muestra imposible de sostener a nivel romano. En consecuencia, esta perspectiva lineal había de contar con el paso a través de la guerra de una situación de relación de la Iglesia con la República a otra de entendimiento con Franco.

La segunda de las características interpretativas que buscábamos era la posibilidad del análisis sincrónico. Una dimensión que no está reñida en modo alguno con la linealidad anterior. No puede estarlo porque el análisis secuencialmente ordenado de un proceso no impide considerar lo que ocurre en cada una de las secuencias de éste en otro punto. De esta forma, la perspectiva lineal de la guerra desde el Vaticano venía a establecer una relación existente que terminaría por extinguirse y otra inexistente que acabaría siendo la única posible. Así considerado, la secuencia del proceso por el que se extingue la relación de la Iglesia con la España republicana a medida que se consolida la establecida con la España de Franco precisa considerar siempre la situación en cada uno de los lados. Y llevarlo a la práctica no era demasiado dificultoso puesto que en todo momento la Santa Sede procuró mantener las redes de información y las relaciones oportunas para el contacto con quienes estaban al otro lado. Así lo hizo para relacionarse al principio con los sublevados, y así lo hizo también –aunque esto sea menos conocido- para relacionarse con los leales una vez que las relaciones oficiales estaban establecidas con el gobierno de Franco.

La tercera de las principales características que quisimos para nuestra investigación fue el pragmatismo. No entendido en términos metodológicos, sino en cuanto a la perspectiva desde la que observar la posición de la Iglesia. Vinculada por su propia naturaleza a la creación de significados y a la configuración de las mentalidades e ideologías, la Iglesia sin embargo no sólo debe entenderse en el ámbito de la abstracción y el combate de ideas. Esto se hace aún más patente en el estudio de su gobierno, obligado por su función a desplazarse desde los principios a las actuaciones. Este componente de pragmatismo contribuye a matizar la posición de la Iglesia apartándola del binomio maniqueo que la fuerza a ser sólo mártir o verdugo; no porque estas figuras no fueran adecuadas en los casos en los que así fue, sino porque ninguna de estas dos posturas era asumible desde el gobierno de la Iglesia. Por perseguida que fuera, la Iglesia aspiraba a permanecer existiendo –en términos de ideal religioso, a permanecer fiel a su Señor-, y

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por vencedora que estuviese resultando tampoco debía abandonar esa misma fidelidad a sus principios religiosos por muy tentadoras que fueran las ocasiones de hacerlo. Todo ello, si bien puede reconstruirse observando a la Iglesia en España, es todavía mucho más reconocible si se observa a nivel romano. Especialmente porque a medida que cruzamos los Pirineos el tradicionalismo cultural español que vincula lo católico con la identidad nacional española se diluye. De esta forma, si los católicos españoles estaban llamados a tomar las armas por la defensa de sus ideales religiosos y políticos (en el orden en que cada cual los priorizara), en el Vaticano eran cuanto menos tan católicos como en España pero no españoles y no estaban emplazados a la guerra; sino que fundamentalmente estaban llamados a entenderse con aquel que resultase vencedor. Y dentro de este entendimiento, tratar de obtener para la Iglesia la posición más ventajosa posible en el modelo que resultara. Por lo tanto, antes que la postura de una Iglesia mártir en la España republicana y una Iglesia cruzada en la zona franquista, entendemos que lo más apropiado a la realidad es hablar de una Iglesia que necesitaba ser superviviente. Sobrevivir en ambas zonas. Desde este punto de vista creemos que no se excluyen las otras dos visiones, sino que más bien se integran: puesto que el ideal de martirio –e incluso el de penitencia- fue también un recurso para la supervivencia de la Iglesia en la zona en que fue perseguida; y estamos convencidos de que el ideal de Iglesia cruzada y beligerante por la defensa de la religión tuvo mucho de medio al servicio de un fin: obtener una posición predominante en un Estado en que otras ideologías podían desplazarla aun a pesar de que fueran las razones religiosas las que habían llamado y mantenido en las armas a muchos combatientes.

Ponderadas las circunstancias, resolvimos llevar adelante aquel trabajo que conllevó inevitablemente un cambio en el título de la tesis doctoral y en la cronología a abordar planteada en nuestro proyecto inicial. La modificación exigió también una delimitación del campo de investigación que permitiera vertebrar el trabajo. También éste, como si de una consecuencia natural del análisis de la documentación se tratase, vino a afianzarse en el planteamiento con la conciencia de que el estudio de la representación diplomática provisional de la Santa Sede en España durante la Guerra Civil era el marco en el que inscribir nuestras inquietudes.No fue una elección aleatoria, sino que buscaba estar muy orientada en cuanto que aspiraba, sobre todo, a ser una pregunta oportuna que posibilitase que la respuesta fuera un discurso histórico que respondiese a los planteamientos anteriores. Por eso, a pesar de que el objeto de estudio

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pueda dar la impresión de un replanteamiento sobre un tema historiográfico clásico, no es ésta la posición inicial desde la que se origina, puesto que su propósito original es vertebrar lo que las fuentes revelan sobre la actuación del Vaticano respecto de la Guerra Civil. Aun a sabiendas que la elección como tal delimita el campo de trabajo dejando fuera algunos aspectos; juzgamos que en este caso los perjuicios eran mucho menores que las ventajas.

La elección de la representación diplomática provisional durante la guerra ofrecía también algunas ventajas añadidas. En primer lugar acotaba con claridad la cuestión, dejando a un lado el periodo de nunciatura de Gaetano Cicognani, que aunque se inicia durante la guerra no tiene ya la condición de provisional. Pero en segundo lugar, el adjetivo insistía en la falta de preparación que todas aquellas representaciones del Vaticano tuvieron. Al igual que la guerra fue inesperada, tampoco la Santa Sede había previsto inicialmente que ninguno de los hombres que la representaron en España durante aquellos meses hubiera de cumplir con tal encargo. Monseñor Silvio Sericano fue un recién llegado a la Nunciatura de Madrid que quedó circunstancialmente como Encargado de Negocios en la interinidad que mediaba entre la marcha de un Nuncio y la llegada del siguiente; el cardenal Gomá era el arzobispo primado de Toledo residiendo ocasionalmente en Pamplona; y Monseñor Ildebrando Antoniutti era un enviado circunstancial que ni siquiera llevaba ropa de abrigo para quedarse. Fueron soluciones sobrevenidas, dictadas al paso de lo que la propia situación iba marcando. Incluso hubo ocasión de que no fuese sólo la guerra la que determinase aquellas provisionalidades, sino incluso el propio estado de salud del Papa que hacía prever una muerte inmediata que terminó por no serlo. Todo ello reforzaba de modo sugerente la conciencia de la contingencia de los hechos históricos. Una conciencia que también parece prudente no perder en un ámbito tan dado a la construcción de visiones maniqueas. Es adecuado insistir en que los hechos históricos fueron, y no pueden por tanto ser modificados, pero que también pudieron ser de modo distinto a como efectivamente ocurrieron. No es que queramos defender la posibilidad de hacer una historia contra-factual –que perdería su condición de historia- sino que reivindicamos la certeza de que las cosas pudieron ser distintas de cómo fueron justo hasta el momento antes de que ocurrieran. Y esto, en relación con la linealidad que presentábamos arriba, resulta muy clarificador durante la guerra y contribuye a corregir el rigorismo ideológico que se ampara a su vez en la omisión de que muchas de aquellas circunstancias bien pudieron ser otras creando así un

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círculo vicioso que no favorece el progreso de nuestro conocimiento. Dentro de la historia religiosa, la visión romana sobre la Guerra Civil se muestra particularmente útil en la contribución a la puesta en valor de estas contingencias a la par que contribuye a diluir los rigorismos ideológicos.

De las tres misiones cuasi-diplomáticas, cada una con particularidades y perfiles muy distintos, la del cardenal Gomá revestía un perfil historiográfico distinto. Su figura ha sido tratada, en buena lógica, muchas veces puesto que no en vano no puede escribirse de la Iglesia en la guerra sin citarle. De él escribió Botti en su Cielo y dinero que nunca podría exagerarse su papel en el conflicto. Y a pesar de ser un personaje tan estudiado, parece que todavía puede resultar más destacada su figura en la medida en la que se contrasta su perfil con de otras personalidades contemporáneas de relieve que cuando se leen los trabajos que le tienen a él mismo como objeto de estudio. En nuestra investigación, al menos, hemos tenido esta experiencia.

* * *

A partir de las explicaciones expuestas sobre el punto de partida de nuestra investigación, quizás pueda disculparse mejor nuestro convencimiento de que no fuimos del todo nosotros quienes elegimos el tema de investigación sino que éste se nos reveló como oportunidad. Asumida por nuestra parte esta certeza, es claro que nuestro trabajo tiene una clara dependencia de la documentación conservada en los Archivos Vaticanos. Y dentro de ellos a dos colecciones documentales que han sido cruzadas a lo largo de nuestra investigación: la colección de la Nunciatura Apostólica de Madrid y el fondo de la Sagrada Congregación de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios, que era el organismo de la Secretaría de Estado responsable de la recepción y comunicación con los Estados. El fondo de Nunciatura se encuentra en el Archivio Segreto Vaticano, en las mismas instalaciones habilitadas por mandato de León XIII en entre el Cortile del Belvedere y el de la Biblioteca. El de la Sagrada Congregación de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios, al otro lado del Belvedere, constituye un archivo aparte. En consecuencia ambos repertorios tienen un proceso de consulta diferenciado, con procedimientos de admisión distintos y con salas de investigación separadas, presentando el de la Sagrada Congregación de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios mayores reservas para el acceso que el Archivo Secreto.

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La documentación contenida en ambos fondos es, generalmente, complementaria. En el de Nunciatura se conserva la documentación recibida por ésta y la copia de la enviada mientras que en Asuntos Extraordinarios se conserva la documentación que recibe la Secretaría de Estado y las minutas de su respuesta. Los apuntes manuscritos sobre las decisiones en la Secretaría de Estado que están archivados formando los legajos tienen, generalmente, un gran valor. Felizmente, en el fondo de la Nunciatura de Madrid se guarda la documentación generada por Mons. Ildebrando Antoniutti durante su misión como Encargado de Negocios. Una circunstancia feliz por cuanto que ni fue Nuncio –en este periodo, lo sería a partir de 1953- ni estuvo en Madrid. Sin esta documentación nuestra investigación hubiera sido imposible. El fondo guarda además los papeles relativos a la obra de repatriación de los niños vascos enviados al extranjero y de la gestión económica y las asignaciones a las distintas obras de caridad realizadas en el momento que permiten cerrar el cuadro de información al respecto. A ello le hemos dedicado también los capítulos correspondientes.

En Asuntos Extraordinarios se guarda toda la documentación recibida en Roma, no sólo la de la Nunciatura. Encuadernada formando fascículos que tienen por lo general un tema en común, su consulta resulta más ordenada y completa. A pesar de todo ello, el cruce de la documentación entre ambas series no coincide plenamente. Existe documentación recibida en la Secretaría de Estado de la que no se conserva copia en Nunciatura y, en algunos casos, la copia de la comunicación enviada que se guarda en Nunciatura no coincide del todo con el original que finalmente fue enviado a Roma. En la documentación de la Secretaría de Estado, además, se pueden observar las anotaciones efectuadas por los receptores a la llegada de la documentación, lo que enriquece mucho la fuente al contar con los elementos a los que mayor importancia otorgaron en Roma.

Aun cuando el núcleo fundamental de nuestra investigación lo han constituido los fondos vaticanos, la información en ellos contenida ha debido ser convenientemente cruzada con la de otros archivos. Entre ellos, debe destacarse en primer lugar el de la Embajada de España ante la Santa Sede. Situado en el Palazzo Spagna de la Ciudad Eterna, su acceso nos ha permitido conocer de primera mano el otro rostro de las relaciones bilaterales entre España y la Santa Sede al completar el lado español de las mismas. Para el momento, el Palacio guarda la documentación referida a la misión del último representante de la Segunda República ante el Vaticano, Luis de Zulueta, hasta su salida el 1 de octubre de 1936. A partir de esa fecha, el archivo contiene la documentación

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generada por el Marqués de Magaz que fue representante oficioso ante la Santa Sede pero sin obtener ante éste significación diplomática de relevancia. A partir de junio de 1937, la misión en Roma quedó asignada al Marqués de Aycinena, Pablo de Churruca y Dotres, que se mantuvo en ella con rango de Encargado de Negocios hasta la llegada de Yangüas Messía a partir de la primavera de 1938 poniendo así fin a la fase de representación provisional. A pesar de la buena disponibilidad general de la documentación, para nuestro periodo existen algunas lagunas provocadas por el uso posterior del archivo1.

La serie de consultas archivísticas no hubiera sido completa sin el acceso a la documentación generada durante la misión del cardenal Gomá entre diciembre de 1936 y junio de 1937. Su consulta fue iniciada a partir de la documentación conservada en Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios, que contiene la riqueza añadida de las anotaciones efectuadas en la Secretaría de Estado a las informaciones remitidas por el primado de Toledo. Sin embargo, la minuciosidad de las mismas hacía imposible por límite de tiempo su consulta total en Roma, por lo que hemos acudido necesariamente a las fuentes publicadas sobre el cardenal, especialmente a la publicación de su Archivo por Andrés-Gallego y Antón Pazos cuya versión digital está disponible en nuestra biblioteca universitaria y a las monografías sobre el prelado de Dionisio Vivas y de Rodríguez Aisa que se reseñan más adelante.

A fin de completar muestra reconstrucción del periodo, hemos consultado también otros archivos cuya relación con nuestro objeto de estudio es más tangencial pero también conveniente. Así, la investigación en Roma nos posibilitó la consulta del fondo histórico del Ministero degli Affari Esteri, el Archivio Storico Diplomatico. A partir de la documentación de este fondo hemos podido completar las informaciones referidas especialmente a la negociación de la rendición de los nacionalistas vascos y la petición de garantías a la Santa Sede que motivaron el envío de Mons. Antoniutti en julio de 1937. Por otro lado, y también en relación a la dimensión internacional del conflicto en el País Vasco y al papel de los católicos de otros países en la misma, ha resultado bastante clarificadora la visita a los Archives historiques de la archidiócesis de París para la consulta de la documentación relativa al pontificado del cardenal Verdier. La colección,

1 Algunas carpetas relativas al cardenal Segura y a Monseñor Antoniutti fueron retiradas dejando en

su lugar una tarjeta en la que se indica que fue el “Sr. Mansilla” quien dispuso de ellas. Al parecer se trataba de un cercano colaborador del embajador Fernando María de Castiella que estuvo al cargo de la representación en los años cincuenta

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aún mermada por la destrucción documental previa a la entrada de las tropas alemanas en la capital francesa durante la Segunda Guerra Mundial, ha sido de gran interés para reconstruir la posición del prelado parisino respecto a la guerra y la gestión de los católicos franceses respecto de los niños vascos enviados al exterior.

A la investigación en archivos ha completado la consulta de las fuentes hemerográficas, que en numerosas ocasiones han sido complementarias de la información archivística. Ha sido el caso de las informaciones referidas a las publicaciones en prensa, que han requerido del contraste entre el texto original y el comentario que sobre el mismo efectuaban los protagonistas. Dentro de esta dimensión, merece una alusión especial la consulta del portal digital GAZETA de la Agencia Estatal del Boletín Oficial del Estado perteneciente al Ministerio de la Presidencia y para las Administraciones Territoriales del Gobierno de España. El recurso permite el acceso a la versión digitalizada tanto de La Gaceta de Madrid como del Boletín Oficial del Estado para la consulta de las disposiciones legales emanadas de cada uno de los gobiernos en cada momento.

El necesario contraste de la información recopilada con la bibliografía existente al respecto ha constituido otra fase fundamental de nuestro trabajo. De ello ha dependido en primer lugar la mejora de nuestro conocimiento sobre nuestro objeto de estudio, toda vez que la documentación no permite una completa contextualización de la información que contiene ni puede completar las más de las veces el perfil de sus agentes. Más allá de ello, también la consulta bibliográfica nos ha permitido contrastar nuestro juicio con el de otros autores; en muchos casos para coincidir en las conclusiones a los que éstos habían llegado mostrando así la capacidad de nuestra ciencia para construir consensos y conocimientos; en otros para rebatir algunas de las conclusiones de éstos y contrastarlas bien con la propia documentación o bien con nuestra propia reflexión crítica que eventualmente nos ha conducido a conclusiones diferentes; de ello se da cuenta en el estado de la cuestión.

Asumiendo las características anteriormente apuntadas de linealidad, sincronía y pragmatismo, el tratamiento final de nuestro trabajo se articula en tres grandes partes que están determinadas por los principales cambios operados en la representación diplomática provisional de la Santa Sede en España durante la Guerra Civil. La primera de ellas abarca desde la marcha del cardenal Tedeschini el 11 de junio de 1936 hasta la salida el 4 de noviembre de ese mismo año del Encargado de Negocios de la Nunciatura Mons. Silvio Sericano. La segunda comprende desde este momento hasta la llegada de Mons.

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Ildebrando Antoniutti a España en calidad de Delegado Apostólico pero sin rango diplomático en julio de 1937. La última de las partes se refiere al periodo que va desde este momento hasta la marcha de monseñor Antoniutti en junio de 1938 en que fue sustituido por el Mons. Gaetano Cicognani en calidad de Nuncio Apostólico. En cada una de las partes se trata sobre la situación en cada una de las zonas en que se divide España durante la guerra, aunque por razones obvias no aparecen con el mismo grado de profundidad. De esta forma, en la primera parte el tratamiento se refiere casi por completo a la zona republicana y en las otras dos el protagonismo principal corresponde a la zona nacional. La extensión de cada una de las partes es distinta de las otras, y a su vez los capítulos cuentan con una también dispar extensión. No se debe en modo alguno a la voluntad de agotar la paciencia del lector, sino a la asimétrica calidad y extensión de la información disponible sobre cada uno de los aspectos. Así, la fidelidad a las fuentes nos ha empujado a sacrificar en buena medida el equilibrio en la articulación de la información toda vez que la realidad impone que no todas las dimensiones a estudiar tuvieron el mismo calado y complejidad.

A lo largo de las siguientes páginas se abarcan también dimensiones que no se refieren estrictamente a la representación diplomática provisional de la Santa Sede. Es el caso de la labor de asistencia y caridad efectuada por Antoniutti y –en sentido estricto aunque no del todo real- a su labor entre los meses de julio y octubre; también de la situación en la Nunciatura de Madrid a la marcha de Sericano o incluso del papel del cardenal Gomá en los meses previos a hacerse cargo de la representación confidencial ante Franco que ocupó entre los meses de diciembre de 1936 y octubre de 1937. A pesar de que todo ello excede la dimensión diplomática, entendemos que no deja de guardar una íntima relación con ella hasta tal punto que la visión de las distintas misiones quedaría desfigurada si no incluyésemos el tratamiento de estas cuestiones. Su encuadre en la estructura del trabajo se ha ajustado a las periodizaciones de cada una de las tres partes del trabajo.

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ESTADO DE LA CUESTIÓN

En las últimas décadas, la atención que la historiografía española ha venido prestando al fenómeno religioso se ha visto sustancialmente renovada. Ha sido así merced a las inquietudes, pero también al talento y al esfuerzo, de un grupo de historiadores que progresivamente ha ido enriqueciéndose hasta superar la barrera cronológica de la generación. No significa esto que la introducción de la temática religiosa en la historiografía española, y singularmente para nosotros en la historiografía sobre la cuestión en la contemporaneidad, sea una novedad; sino que su tratamiento por parte de los historiadores se ha visto en gran medida renovado en los últimos decenios.

Cuando en 1992 se reunió el primer Congreso de la Asociación de Historia Contemporánea en Salamanca trató entre otras inquietudes de las entonces nuevas orientaciones en la Historia Contemporánea y su incidencia en la historiografía española. Con tal motivo fue a José Andrés-Gallego a quien correspondió analizar la cuestión refiriéndose a la historiografía religiosa. Nos dejó entonces el primero de los cuatro estados de la cuestión que han venido aceptándose en general para la historia religiosa contemporánea de España1. Entonces el autor quiso exponer la diferencia entre lo que la historiografía religiosa contemporánea en España era y lo que juzgaba que debería ser tanto por la comparativa con la situación en otros países como por las propias posibilidades de la historia religiosa de la contemporaneidad española.

Después de hacer hincapié en las principales carencias que separan lo que la historiografía religiosa contemporánea en España era y lo que debía ser, Andrés Gallego situó como causa principal de estas diferencias el “hecho social curioso y de no fácil

1 No son, obviamente, los únicos estados de la cuestión planteados puesto que existen otros trabajos

cuyo alcance no es tan extenso pero que quizás por ello permiten también un interesante grado de detalle. Sirva como ejemplo el estado de la cuestión sobre la historiografía de la Iglesia en Andalucía Occidental y en la diócesis de Jaén que publicaron los profesores Ruiz Sánchez y Martín Riego en el primer volumen del Anuario de Historia de la Iglesia Andaluza. En él se vierte todo el programa renovador en base a los nuevos planteamientos sobre la historia religiosa que habían ido acumulando los trabajos anteriores. MARTÍN RIEGO, Manuel y RUIZ SÁNCHEZ, José-Leonardo: “Historiografía de la Edad Moderna y Contemporánea de la Iglesia en la Andalucía Occidental (1965-2007)” en Anuario de Historia de la Iglesia Andaluza, Vol. I, Sevilla, Cátedra Beato Marcelo Spínola y Centro de Estudios Teológicos de Sevilla, 2008. También conviene citar el trabajo referido al periodo de la Segunda República de RODRÍGUEZ LAGO, José Ramón: “La Segunda República: nuevas miradas, nuevos enfoques” en PRADA RODRÍGUEZ, Julio y GRANDÍO SEOANE, Emilio: Hispania Nova. Revista de Historia Contemporánea, nº 11, 2013, pp. 333-364.

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explicación” de que el campo hubiera sido practicado hasta el momento esencialmente por eclesiásticos; algo que consideraba “lógico pero insuficiente”. No era así en otros países, especialmente en Francia. Sin embargo, en el ánimo de corregir esta exclusividad de los clérigos en la atención a la historia religiosa, el autor advertía de la necesidad de que cuántos se dediquen a este campo se dotaran de unos “conocimientos doctrinales verdaderamente especializados”2. Con todo, Andrés-Gallego señalaba una serie de

carencias que en buena medida han venido atendiéndose desde entonces. Sirva como ejemplo que, mientras que el autor indicaba que eran necesarias las historias de las diócesis, en aquel mismo año veía la luz la dedicada al arzobispado de Sevilla bajo la dirección de Carlos Ros3.

Casi al cumplirse la década de aquella intervención de José Andrés-Gallego, en abril de 2001, tuvo lugar un encuentro entre historiadores franceses y españoles sobre historia religiosa. A resultas de este encuentro, así como de la publicación en aquellos años de algunos trabajos de síntesis y monografías sobre la historia del catolicismo español contemporáneo dieron la ocasión a uno de los grandes nombres de la historia religiosa española contemporánea, Feliciano Montero, a elaborar una revisión historiográfica que dio a la luz en la revista Ayer4.

El texto de Montero es, en realidad, una comparativa entre la situación de la historiografía religiosa española y la francesa con el ánimo de utilizar las diferencias para estimular el avance de la producción nacional al objeto de aproximarse al referente francés. Por eso, desde bien al principio de su texto sentencia que “en términos comparativos, la primera impresión es que la situación española sigue siendo de gran retraso”5. Las muestras de este retraso las situaba Montero especialmente en el ámbito del

planteamiento de los temas, en las cuestiones metodológicas y en la recopilación y publicación de fuentes; en cuanto a la causa, el autor la situaba en el carácter marginal dentro de lo académico que la historia religiosa tenía en España:

“[…] Mientras la historiografía francesa se encuentra plenamente integrada y reconocida en el conjunto de la actividad académica, como una parcela

2 ANDRÉS-GALLEGO, José : “La historiografía religiosa” en MORALES MOYA, Antonio y

ESTEBAN DE LA VEGA, Mariano (editores), La Historia contemporánea en España, Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 1992, pp. 215-220.

3 ROS, Carlos (director): Historia de la Iglesia en Sevilla, Sevilla, Editorial Candilejo, 1992. 4 MONTERO GARCÍA, Feliciano: “La historia de la Iglesia y del catolicismo español en el siglo

XX. Apunte historiográfico” en Ayer, nº 51, 2003, pp.265-282.

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historiográfica más, la española sigue ocupando un lugar relativamente marginal en el conjunto de las universidades públicas. A diferencia de la francesa, la historiografía española se encuentra ubicada principalmente en las universidades y centros superiores eclesiásticos (Universidad de Comillas, Universidad de Navarra), y está protagonizada mayoritariamente por eclesiásticos o miembros cualificados de la comunidad católica. Más allá de la propia voluntad de los historiadores e independientemente del valor historiográfico y metodológico de sus trabajos, la investigación y las publicaciones tienen un inevitable sesgo confesional y una lógica preocupación ‘interna’, que dificulta su integración en el conjunto de la historiografía civil”6.

Sin embargo, a juzgar por la continuación del hilo argumental del catedrático de la Universidad de Alcalá, el problema no estaba tanto en la institución desde la que se hicieran los estudios cuanto en el enfoque científico que se imprimiese a éstos. El autor reclamaba el tránsito de una historia eclesiástica a una historia religiosa, que debía inscribirse dentro de un enfoque amplio de la historia cultural antes que en la tradicional ocupación por las cuestiones institucionales, jerárquicas o de las relaciones Iglesia-Estado. Para este fin, Montero tenía claro uno de los medios, que sin embargo parecía defender con tanto ahínco que casi lo situaba como otro fin de por sí:

“[…] Pero más que por los temas de estudio la historia religiosa se diferencia de la eclesiástica por la secularización de los historiadores y de los centros de investigación. La historia religiosa queda así insertada, como una parcela más, en el conjunto de los planes de estudio y líneas de investigación de las universidades civiles no eclesiásticas. Una historia que, en definitiva, no es una parte de los estudios de teología para uso interno. Pues bien, este proceso es el que no ha ocurrido en España; y eso es lo que marca fundamentalmente la distancia entre las dos historiografías”7.

En aquellas páginas, Montero destacaba que, a pesar de su situación “bastante marginal”, la historia de la Iglesia y del catolicismo español no había escapado a la atención poderosa que sobre los contemporaneístas atrae el periodo de la Guerra Civil, el franquismo y la transición. Sin embargo, a pesar de las páginas que ya entonces se le habían dedicado a la cuestión, indicaba que ésta distaba “mucho de haberse analizado con el detenimiento que merece” y ejemplificaba que las tendencias al respecto podían resumirse en dos principalmente: un revisionismo crítico que casi se presentaba como un examen de conciencia por parte de los autores eclesiásticos que lo integraban, encarnado por personalidades tan relevantes como benedictino Hilari Raguer o el jesuita Alfonso Álvarez Bolado; y una segunda corriente más “reivindicativa de las víctimas católicas”

6 Idem, p. 266. 7 Idem, p. 267.

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en las que se encuadrarían los trabajos de los también eclesiásticos Cárcel Ortí y Gonzalo Redondo8. La reflexión del autor sobre la vinculación de estas tendencias con la “política de Juan Pablo II en relación con los procesos de canonización” resulta en nuestros días bastante discutible por cuanto la beatificación de quienes fueron martirizados a causa de sus convicciones religiosas en aquellos difíciles años ha sido continuada por Benedicto XVI y en nuestros días por Francisco.

Cuando Montero García dio a la prensa de la revista de la Asociación de Historia Contemporánea este estado de la cuestión habían comenzado a publicarse los volúmenes correspondientes al Archivo Gomá durante la Guerra Civil cuyo décimo tercer y último volumen no fue publicado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas hasta el año 2010. Sin embargo, el profesor ya advertía entonces de la capital importancia que estas publicaciones tendrían para comprender las intuidas tensiones entre católicos y falangistas durante la gestación del régimen de Franco. Algo que correspondió en buena medida al cardenal durante su interina labor como representante confidencial del pontífice antes el Generalísimo.

El particular punto de vista que Montero había expuesto en la revista Ayer sobre la necesidad de que la historia religiosa se alejara de los centros eclesiásticos para poder distinguirse realmente de la historia eclesiástica tuvo una contundente respuesta en Católicos entre dos guerras9. Era una obra colectiva en la que distintos autores que trabajaban sobre la cuestión en centros tanto públicos como católicos, a nivel nacional e internacional, abordaban la situación de los católicos españoles en las décadas de los veinte y treinta del siglo XX; lo hicieron tratándolo en distintas aportaciones que iban desde la acción política hasta la actividad cultural pasando, entre otros aspectos, por el siempre complejo mundo de las identidades. Si todo el libro era de por sí una superación del planteamiento de Montero que parecía vetar el acceso a la historiografía religiosa de nivel científico a quienes estuviesen vinculados a las instituciones eclesiásticas al tratarse

8 En el extremo de esta segunda línea podría situarse el planteamiento de Ángel David Martín Rubio,

quien después de citar el radiomensaje de Pío XII al pueblo español de mayo de 1939 habla de “[…] la gran incomodidad que provoca, setenta años después, hablar de la persecución religiosa en España, no tanto entre quienes se proclaman continuadores de la ideología de los verdugos sino entre aquellos que deberían haber recogido la herencia de unos héroes y mártires que están inseparablemente unidos a una guerra civil que adquirió caracteres de Cruzada. Una simbiosis que se produce no sólo por la coincidencia cronológica sino por una íntima comunión de ideales en la defensa de la fe y de la civilización occidental cristiana”. MARTÍN RUBIO, Ángel David: La cruz, el perdón y la gloria. La persecución religiosa en España durante la II República y la Guerra Civil, Madrid, Ciudadela libros, 2007, p. 11.

9 AURELL, Jaume y PÉREZ LÓPEZ, Pablo (editores): Católicos entre dos guerras. La historia religiosa de España en los años 20 y 30, Madrid, Biblioteca Nueva, 2006.

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de una obra conjunta entre académicos de instituciones ambas tipologías, mucho más lo fue el capítulo que a modo de introducción firmaron los editores Jaume Aurell y Pablo Pérez López que en toda una evidencia del tránsito de la historiografía eclesiástica a la religiosa merced a los nuevos enfoques de la historia cultural titularon “La historia religiosa y su dimensión sociológica”10.

Los autores indicaban partir de “un concepto amplio de religiosidad” y presumían que la historia religiosa era una de las corrientes historiográficas que mayor vitalidad habían conocido desde los años setenta del pasado siglo, llegando a representar un veinte por ciento de la producción histórica global en Francia. Y avanzaban:

“[…] La tradicional distinción entre una historia institucional de la Iglesia acantonada en las facultades eclesiásticas y una historia sociológica del fenómeno religioso elaborada desde las facultades civiles ha sido superada durante estos últimos treinta años en los países con mayor tradición historiográfica”.

Los autores fundamentaban sólidamente sus posiciones retrotrayéndose no hasta los años setenta sino hasta la labor de Gabriel Le Bras, “incontestable fundador de la sociología religiosa” sobre los pilares de la sociología y de la primera historia de las mentalidades que bebía de la Escuela de Annales y de obras como el clásico de Huizinga El otoño de la Edad Media. Boulard con sus aportaciones en cuanto a la aplicación de los métodos cuantitativos al estudio de los fenómenos religiosos, o las obras de Febvre dedicadas a este campo no eran sino la base sobre la que Alphonse Dupront y Henri-Irenée Marrou habían construido la “renovación actual de la historia religiosa”, eran el precedente inmediato de la multitud de temas abarcados por la historia de las mentalidades en los años sesenta y setenta, muchos de ellos en el límite de lo que podríamos considerar historia religiosa: la muerte, la piedad popular, el purgatorio, etc. Fueron precisamente estos temas los que distinguieron a la historia religiosa de la historia eclesiástica, protegiéndola de su reclusión en los centros eclesiásticos y mostrándolo como un campo de trabajo intelectual especialmente apropiado a la interdisciplinariedad por cuanto no era posible un trabajo de historia religiosa sin aproximarse a otras ciencias que iban de la antropología o la sociología a la teología. Estas peculiaridades –tan ligadas como puede observarse a la evolución de la historiografía francesa- hicieron que la historia religiosa experimentase una profunda renovación cultural. El fenómeno, sin

10 La introducción a la que aludimos en AURELL, Jaume y PÉREZ LÓPEZ, Pablo (editores): Católicos entre dos guerras…, pp. 9-22.

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embargo, fue más acusado entre medievalistas y modernistas que entre contemporarenístas. Aurell y Pérez López lo vinculaban tanto a los acentos de las respectivas escuelas francesas entre las que éstos últimos se aproximaban a las ciencias políticas como a la mayor disponibilidad de fuentes para los tiempos más recientes, circunstancia que influía decisivamente en el tipo de estudios que era posible realizar. A resultas de todo ello, la historia religiosa aparecía como una disciplina fuertemente desarrollada y anclada en el sistema universitario civil (sobre todo en Francia) en un tiempo histórico especialmente marcado por la creciente secularización de la sociedad.

Estos autores analizaron también los estados de la cuestión que les precedían; fundamentalmente los dos anteriores de Andrés-Gallego y de Feliciano Montero y otro del profesor Cuenca Toribio que referenciamos más adelante por el detalle con que se refiere a cada una de las obras. En su análisis de estos estudios análogos previos destacaban tanto la insatisfacción de sus autores con el estado de la producción en historia religiosa como la recurrente obsesión comparativa con la historiografía francesa a que ellos también habían acudido como referente:

“[…] cabe suponer que si celebrásemos un encuentro hispano-italiano, hispano-norteamericano, o hispano-germano, las conclusiones fueran parecidas en cuanto al descontento respecto a nuestra historiografía, pero diferentes por lo que hace al horizonte de lo que podríamos conquistar”11.

El razonamiento sirvió a los autores para presentar una obviedad que parece que se olvida con bastante frecuencia: la singularidad del desarrollo histórico de cada país hace que el encaje de su historiografía en “modelos conceptuales importados” sea difícil. Lo cual se volvió en una crítica especialmente dura contra Montero:

“[…] Montero lleva esta idea más allá del método: por ejemplo, habla de ‘enorme desfase cronológico’ de las historias de España y Francia, al considerar que el modelo de los republicanos españoles fue la política secularizadora y laicista de la III República francesa, aplicada cincuenta años después. El desfase no sería, pues, simplemente historiográfico sino también propiamente histórico. Y así confirma su idea –implícita en su alusión al ‘retraso’- de que existe una evolución histórica modelo, que a grandes líneas coincide con la francesa”12.

Después de llamar la atención sobre la paradoja entre la centralidad de la cuestión religiosa en la contemporaneidad española y el pequeño número de historiadores que la cultivan como principal línea de trabajo; los autores levantaban la voz para defender la

11 Idem, p. 15. 12 Idem, p. 16.

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calidad científica de los trabajos historiográficos realizados en los centros eclesiásticos denunciando que en muchos casos se desprestigiaban estos estudios situándolos “bajo sospecha” a causa de la institución a la que se vinculaba su producción. “Lo más llamativo –escribían- de ese prejuicio, que otorga más validez a unos que a otros por el lugar donde trabajan y no por el contenido de lo que escriben, es que anide en el mundo universitario, en teoría el menos habitado por prejuicios”. La distancia respecto al modo de distinguir entre historia religiosa e historia eclesiástica de Feliciano Montero resultaba obvia.

Finalmente, del agudo texto de Aurell y Pérez López parece conveniente subrayar el reclamo en favor de la necesidad de que el historiador que aborde las cuestiones religiosas tenga dominio previo sobre la cuestión. Algo que también había apuntado Andrés-Gallego en el congreso celebrado en Salamanca. Denunciaban los autores que muchos de quienes se ocupan de la cuestión no se sentían urgidos a conocer previamente lo publicado al respecto; y más aún, ni siquiera contaban con una cultura religiosa mínima para enfrentarse con éxito a la labor de historiar sobre estos fenómenos. A resulta de todo ello, “tenemos un perfil del historiador español en este ámbito que dista de ser satisfactorio”.

Tiempo después de que estos autores alumbraran sus consideraciones sobre los progresos y los retos de la historia religiosa en España, al introducir su reciente obra Los intelectuales católicos en el franquismo. Las Conversaciones Católicas Internacionales de San Sebastián (1947-1959), Pablo López-Chaves ha destacado la evolución que la introducción de nuevos temas, metodologías y especialmente enfoques analíticos han supuesto en el estudio tanto de la Iglesia como institución como de la religiosidad – entendida en un sentido amplio- como sujeto activo de la evolución contemporánea. El autor ha hablado de “ensanchamiento de los bordes de una historia eclesiástica de largo recorrido” que, pese a sus logros, continua estando alejada –acaso cada vez menos- del desarrollo de este campo de estudio en otros países como Francia, Gran Bretaña o Italia. Como muestra de ello el autor exponía la consolidación de los talleres de “historia religiosa” en las diferentes ediciones de los Congresos de la Asociación de Historia Contemporánea –también en los Encuentros de Jóvenes Investigadores cuya organización está también vinculada a esta institución- tratando en ellos cuestiones que van desde los trabajos acerca de las relaciones Iglesia-Estado hasta estudios que se aproximan a la historia de las mentalidades, de género, o que buscan la interdisciplinariedad con otras ciencias. Todo ello se une a las actividades propias de los grupos de investigación, las

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publicaciones de temática específica (tales como Hispania Sacra o el Anuario de Historia de la Iglesia) o las diferentes reuniones científicas al efecto, en algunas de las cuales hemos tenido la suerte de participar como es el caso de los diferentes Cursos de Verano sobre el conflicto laicismo-secularización organizados por Feliciano Montero en la Universidad de Alcalá de Henares entre 2009 y 2013 que culminaron con un interesante Encuentro Internacional celebrado en la misma universidad en abril de 2015 y cuyas actas esperamos. No ha sido este el único caso, sino que el Seminario de Historia de la Iglesia de nuestro Departamento de Historia Contemporánea de la Universidad hispalense ha sido también constante en la organización de simposios sobre la cuestión, llevando a la prensa dos libros coordinados por el director de esta tesis, Ruiz Sánchez: La confrontación católico-laicista en Andalucía durante la crisis de entreguerras (2012) y La Iglesia en Andalucía durante la Guerra Civil y el primer franquismo (2014). Todos estos trabajos, unidos a los que progresivamente han ido dándose a luz en los últimas décadas en Andalucía, y que cuentan quizás entre sus principales hitos con la publicación ininterrumpida desde 2008 de la revista Anuario de Historia de la Iglesia Andaluza editada por la Cátedra Beato Marcelo Spínola, justifican que deba hablarse de la importancia de la historiografía religiosa andaluza; una historiografía que goza de una vitalidad comparable tan sólo con aquellas historiografías religiosas regionales más desarrollas y que lamentablemente pasa con frecuencia desapercibida bien a causa de inexplicables prejuicios académicos o –tal vez peor- a causa de la carencia de una ideologización política constante en la exaltación de lo propio en la que tanto destacan otras partes de España.

* * *

Entre los tres estados de la cuestión que precedieron a las reflexiones de Aurell y Pérez López que citábamos arriba, el más profuso en las referencias a las obras concretas era sin duda el del profesor José Manuel Cuenca Toribio. Fue publicado en la frontera del cambio de siglo13. El catedrático de la universidad de Córdoba partía entonces de una posición pesimista que se daba la mano con el estado presentado por Andrés-Gallego en el congreso de Salamanca pero agravando el tono de pesimismo al hablar de “debilidad y

13 CUENCA TORIBIO, José Manuel, “La historiografía eclesiástica española contemporánea:

balance provisional a finales de siglo (1976-2000)” en ANDRÉS-GALLEGO, José (ed.), La historia de la Iglesia en España y el mundo hispano, Murcia, Cátedra de Ciencias Sociales, Morales y Políticas de la Universidad Católica de Murcia, 2001.

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atraso” como características principales de la disciplina. El trabajo de Cuenca unía a la singular forma de escribir del autor -que obliga a mantener siempre la atención en el texto- la amplitud del tratamiento de la cuestión que ofrecía en sus páginas. Nos dejó con ello el que quizás sea el estado de la cuestión más detallado de cuantos traemos.

Comenzaba Cuenca refiriéndose a las carencias con las que las historias generales de España aludían a la dimensión religiosa para pasar después a los trabajos de síntesis propiamente sobre historia religiosa de España. Más específicamente, comenzaba aludiendo a la Historia de la Iglesia en España publicada por la Biblioteca de Autores Cristianos en 1979 en cinco volúmenes y entre cuyos autores se encontraba. Afirmó de ella:

“[…] Con aportaciones de primer orden por la enjundia e impecable método, su horizonte global no ha podido ser, por lo común, más fragmentario, defectuoso y anárquico en cuanto a documentación, estilo y técnica. En líneas generales, el nivel de los conocimientos estaba desfasado y no otra cosa ocurría con su talante, a menudo anclado en la hagiografía más declarada. Las síntesis más divulgadas y con mayor reclamo publicitario y editorial del trabajo de los historiadores de la Iglesia española moderna y contemporánea ofrecieron de esta forma y acaso, en buena parte, como producto lógico e inevitable de la dispersión y pobreza de su dimensión monográfica, una muestra poco atractiva y muy censurable de la desconexión de sus núcleos investigadores, cuyo trabajo no lograba sobreponerse al estadio meramente erudito y apologético en que se desenvolvía simultáneamente el mayor número de obras consagradas al análisis de nuestro pasado religioso inmediato”14. El profundo recorrido que Cuenca hizo sobre la historiografía religiosa contemporánea abarcó muchas de las obras que hemos consultado para situar nuestra investigación en un adecuado punto de partida. La agilidad con la que el catedrático de la Universidad de Córdoba debía referirse a cada una en su afán por citar las más posibles nos deja una rotundidad en el comentario que tal vez en referencias más amplias hubieran sido eufemísticamente disimuladas. Tal es el caso de la Historia de la Iglesia en España 1931-1939 de Gonzalo Redondo (1993) de la que refleja las “lagunas de amplio radio en el aparato documental y bibliográfico y, singularmente, por los acentuados prejuicios, a las veces, maniqueístas desde los que se enfoca”15. También hemos precisado acudir al esfuerzo de transcripción que Vicente Cárcel Ortí desarrolla desde Roma aportando a investigadores y curiosos la literalidad de multitud de documentos conservados en los fondos vaticanos. Es el mismo mérito que destacó de él a comienzos de nuestro siglo el

14 CUENCA TORIBIO, José Manuel, “La historiografía eclesiástica…, p. 267. 15 Idem. p. 271.

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