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Teorías de La Comunicación

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Academic year: 2021

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(2) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DEL PERÚ Vicerrectorado de Investigación. "TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN" TINS Básicos CIENCIAS DE LA COMUNICACIÓN. TEXTOS DE INSTRUCCIÓN BÁSICOS (TINS) / UTP. Lima - Perú. 1.

(3) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. © TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN Desarrollo y Edición:. Vicerrectorado de Investigación. Elaboración del TINS:. Lic. Rulman Arturo Díaz Nishizaka. Diseño y Diagramación:. Julia Saldaña Balandra. Soporte académico:. Instituto de Investigación. Producción:. Imprenta Grupo IDAT. Tiraje 3 A / 0200 / 2008-II. Queda prohibida cualquier forma de reproducción, venta, comunicación pública y transformación de esta obra.. 2.

(4) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. PRESENTACIÓN. La realización y elaboración del presente material de lectura, tiene como propósito servir como herramienta de instrucción a la carrera de Ciencias de la comunicación, en la Asignatura Teoría de la Comunicación, del primer ciclo de estudios.. Este material forma parte de la iniciativa institucional de innovación del aprendizaje educativo universitario, que busca. entregar al alumno todas la. herramientas necesarias, en concordancia a las exigencias de estos tiempos.. Esta es una edición apropiadamente recopilada, de diversas fuentes bibliográficas, de uso frecuente en la enseñanza del contenido de la asignatura de Teoría de la Comunicación, que además está ordenada en función del syllabus de la asignatura arriba mencionada.. No hay nada que sea lo contrario a la conducta. La no-conducta no existe; es imposible no comportarse. Toda conducta tiene valor de mensaje, es decir, es comunicación, por más que uno no intente comunicar, no puede dejar de hacerlo.. Actividad o inactividad, palabras o silencio, tienen siempre valor de mensaje: influyen sobre los demás, quienes a su vez, no pueden dejar de responder a tales comunicaciones y por lo tanto también comunican. 3.

(5) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. Por ejemplo: un pasajero en un vehículo de transporte público permanece sentado con los ojos cerrados, o leyendo el periódico, comunica un mensaje: no quiere hablar con nadie.. Toda comunicación poseerá un contenido (lo que decimos) y una relación (a quien decimos) a través de la comunicación, todos podemos expresar nuestra forma de ser, es lo que nos vincula a la sociedad con tolerancia.. Es por ello que el estudio de Teoría de la Comunicación forma parte del ritual de iniciación, el punto de entrada donde se plantean los conceptos básicos que conducen progresivamente hacia el ámbito de la especialización, según el perfil del comunicador social.. Por lo expuesto como docente existe la responsabilidad entregar este material que constituye un instrumento que colabore en la comprensión de los diversos fenómenos de la comunicación social, que forma parte de la actividad cotidiana como persona y futuro comunicador social.. Vicerrectorado de Investigación. 4.

(6) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. INDICE GENERAL SEMANA. CONTENIDO. PÁGINA. 1. CAPÍTULO I Conceptos y definiciones. 7-10. 2. CAPÍTULO II Comunicación e información, perspectivas teóricas. 11-16. 3. CAPÍTULO III Evolución de la comunicación a través del tiempo. 17-46. 4. CAPÍTULO IV Sociedad y desarrollo. 47-54. CAPÍTULO V Barreras de la comunicación. 55-60. 7. CAPÍTULO VI Aspectos relacionados a la comunicación. 61-84. 8. CAPÍTULO VII Comunicación organizacional. 85-92. CAPÍTULO VIII Técnicas de comunicación grupal. 93-113. 11. CAPÍTULO IX La influencia selectiva. 115-138. 12. CAPÍTULO X comunicación de masas. 139-153. 13-14. CAPÍTULO XI Los líderes de opinión. 155-156. 5-6. 9-10. 15-16 17-18. CAPÍTULO XII Participación de los medios en la era de la digitalización CAPÍTULO XIII La era de la postinformación. Bibliografía. 157-163 165-171 173. 5.

(7) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. 6.

(8) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. CAPÍTULO I. CONCEPTOS Y DEFINICIONES LA COMUNICACIÓN Es la acción o efecto de compartir, hacer a otro partícipe del conocimiento o información que uno tiene .Aristóteles 300 a.c. para este referente de la filosofía universal, concluyó mediante el siguiente esquema. Quien dice que a alguien En el cual los elementos básicos son los siguientes: Emisor (quien, persona o fuente) mensaje (que, contenido) Receptor (alguien La comunicación relaciona a los individuos entre si, hace posible que los grupos y las sociedades viva en armonía. • • • • • • • • • •. Fuente Codificador Mensaje Decodificador Destinatario Según David Berlo, encuentra los siguientes factores. Código.Contenido Tratamiento Retroalimentación.- causa–efecto. 7.

(9) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. Canales.-Son los conductos por el cual se transmiten los mensajes, adopta diferentes formas o vehículos. Entre ellos tenemos: • • •. Fisiológico.- el sonido el tacto, oído y la vista Técnicos.- el cine, la TV, radio prensa, y la fotografía La función de los técnicos, es una prolongación de los fisiológicos. Agregamos los problemas de canal por el cual se envía un mensaje, con lo cual tendríamos nuevos esquemas: • • • • • •. Fuente Codificador Mensaje Canal Decodificador Receptor. Otros esquemas de comunicación • Para Aristóteles • QUIEN-dice-QUE-a-QUIEN. 8.

(10) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. Según LASWELL QUIEN-dice-QUE-en que-CANAL-a-QUIEN-con que Fuente de información-mensaje-TRASMISOR-señal emitida-RUIDOrecibida Por lo expuesto entonces encontramos la siguiente definición: Es el método por el medio del cual un emisor entra en contacto con un receptor. • Emisor, que es la persona o fuente del mensaje. • Codificador, traduce el propósito del mensaje en códigos, grafismos, métodos usuales • Mensaje, contenido • Canal, medio físico por donde circula el mensaje • Decodificador, le da forma para que se comprenda y hace llegar el mensaje. • Receptor, recibe el mensaje y lo interpreta DIFERENCIAS ENTRE COMUNICACIÓN E INFORMACIÓN Comunicación • Consiste en un intercambio, es relacional y existe solamente como resultado de la interacción entre dos o más personas. • Información: • Consiste en una transferencia de mensajes orientada o no a la transformación de los conocimientos, actitudes o el comportamiento de las personas. , no exige retroalimentación y puede ser estática. Epistemología de la comunicación • Episteme (conocimiento, ciencia) • Logos (teoría, tratado, estudio) • Disciplina que trata los problemas filosóficos en torno a la teoría del conocimiento. La epistemología de la comunicación tiene dos realidades: 1. La reflexión teórica o investigación 2. La practica del proceso de la Comunicación humana. 9.

(11) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. La Comunicación. Social Como disciplina científica.-concurren otras disciplinas: psicología, RRPP, sociología, derecho. Practicas técnico profesionales (Periodismo, fotografía, publicidad, cine.).Como praxis social, es una forma de expresión del ser social: la producción de bienes materiales, el arte, construcción de herramientas, sentimientos. El objeto de estudio de la Teoría de la comunicación, es compartido con diferentes disciplinas científicas como: • • •. La Biología (instrumentos de emisión, modulación de sonidos articulados, y con aquellos que funcionan como receptores de señales como el oído, olfato, vista y tacto. Ciencias económicas, mediante el estudio de los objetos o bienes que poseen un valor de uso o cambio (equipos tecnologías de comunicación) Psicología, con la que comparte el estudio de los comportamientos como expresiones de los efectos o motivaciones generados por los mensajes.. Sociología y antropología, comparte el estudio de relaciones sociales entre los grupos sociales, en cuanto tengan intercambio de información u objetos culturales. Otras disciplinas científicas, culturales, artísticas, jurídicas, religiosas, estéticas etc.. 10.

(12) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. CAPÍTULO II. COMUNICACIÓN E INFORMACIÓN PERSPECTIVAS TEÓRICAS ACERCAMIENTO AL PROCESO DE COMUNICACIÓN Wilbur Schramm, se refiere a la comunicación así: “Hoy nosotros definimos comunicación diciendo simplemente que es el compartir una orientación con respecto a un conjunto informacional de signos”. Y considera información como “cualquier contenido que reduce la incertidumbre o el número de posibles alternativas en una situación Para que se dé este proceso de compartir información, reduciendo la incertidumbre, en el esquema más simplificado de la comunicación, deberá contemplarse por los menos:. Emisor. Mensaje. Receptor. El mensaje está en determinada etapa del proceso, separado del emisor y del receptor. Y el mensaje consiste en una señal o conjunto de señales organizadas y emitidas que el receptor interpretará. La interpretación para el receptor puede tener un significado más o menos similar o más o menos diferente que para el emisor. Para Schramm “uno de los principios básicos de la teoría general de la comunicación” es “que los signos pueden tener solamente el significado que la experiencia del individuo le permita leer en ellos”, ya que sólo podremos interpretar un mensaje dependiendo de los signos que conocemos y de los significados que hemos aprendido a atribuirles. Para Schramm esto constituye un “marco de referencia” y en función a él es domo puede comunicarse un sujeto o una colectividad.. 11.

(13) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. En la medida en que el “marco de referencia” de dos colectividades sea diferente, aumentará la dificultad de comunicarse o de compartir un conjunto informacional. Pero la interpretación del mensaje se complica aún más, ya que hay diferentes tipos de significados. Uno denotativo, que es común, como la palabra árbol, mesa, etc., tienen significados señalados por el diccionario; pero también existen significados connotativos, de contenido emocional. Así, para todos la estrella de David puede representar al pueblo hebreo (denotación), pero para un judío connotará algo más. Además, para Schramm el mensaje tendrá un significado manifiesto y un “significado latente”. Cuando se nos trasmite el tono de la voz, el gesto, el estilo literario, nos dicen tanto o más del contenido que el mensaje mismo. Así, un “buenas tardes”, con el ceño malencarado y en tono agresivo, puede trasmitimos un mensaje distinto al solo contenido de las palabras. Al mismo tiempo un mensaje puede tener varios mensajes paralelos. Por ejemplo, de una frase hablada, además de lo que se diga, podemos suponer por el acento el lugar de origen del sujeto emisor; por los datos que maneja, una preparación universitaria o su adscripción a una corriente ideológica, etc. En un escrito o en una película, las diferencias de colores, de composición de las imágenes, nos dicen algo más que las palabras que se escriben o se dicen. Este conjunto de mensajes paralelos nos habla de que en el mismo comunicado existen diversos canales de transmisión y en cada medio de comunicación, ya sea interpersonal o masiva, existe diversidad de canales, por lo cual la comunicación se convierte en algo complejo y las posibilidades analíticas de cada uno de estos factores se hacen muy grandes.. 12.

(14) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. Aún podemos señalar otros problemas. Los individuos que reciben un mensaje lo relacionarán con grupos sociales a los que están adscritos; y considerarán negativo o positivo, aceptable o condenable, el mensaje, según ayude o no al buen funcionamiento de su o sus grupos de referencia. Juzgan el mensaje de acuerdo a si da valor o no a su grupo o sus grupos. Pero como un mensaje es siempre un conjunto de mensajes paralelos, los diferentes grupos de referencia pueden cribar el contenido manifiesto y adoptar contenidos latentes o pueden hasta transformar los contenidos. 13.

(15) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. manifiestos. En casos de grandes prejuicios puede llegarse hasta la transformación del mensaje en su opuesto. Ante tal variedad de problemáticas, el primer esquema simplificado de la comunicación nos ayuda poco para describir e interpretar los diversos mecanismos de la comunicación, por lo cual se hace necesario el planteamiento de nuevos esquemas. Pero antes, vale la pena recordar el contexto científico funcionalista en el que nos estamos moviendo. Para ello, veamos esta cita de Schramm que nos reubica en la cuestión: ...los mensajes muy rara vez tendrán un propósito singular y esto, muy frecuentemente, hace que el contenido manifiesto no sea en absoluto el contenido importante. Y no es nada impertinente decir que la comunicación hace lo que un individuo, grupo, sociedad necesita en un momento dado para relacionarla a partes de su medio ambiente. La comunicación es el gran instrumento de relación. Relaciona a individuos entre sí, hace posible que los grupos funcionen y las sociedades vivan armoniosamente. Relaciona a un artista con su audiencia, a un maestro con sus alumnos, a un líder con su gente. Pero, sin embargo, ofrece oportunidades de peligrosas amenazas y en la comunicación encontramos que éstas se incrementan. Shannon y Weaver complican más el esquema añadiendo tres nuevos elementos: Fuente. Codificador. mensaje. Decodificador. Destinatario. Feedback. Aquí los nuevos elementos nos dan una categoría para construir el mensaje, otra para entender el mensaje por parte del destinatario y una respuesta del destinatario a la fuente. Los modos en que se estudien cada uno de estos apartados puede ser muy variado y cada uno de ellos se presta a la formulación de una teoría científica al respecto o, para ser más preciso, la elaboración de lo que Merton ha llamado una teoría de alcance medio.. 14.

(16) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. Codificador Interpretador. Decodificador. M. Decodificador. (Mensaje). Interpretador. M. Codificador. Osgood ha elaborado un esquema, considerando a los dos polos como emisor receptor al mismo tiempo: Este diagrama nos sirve para esquematizar un proceso de relación interpersonal, aunque en principio podría ser aplicable a otros modos de comunicación.. Ahora bien, el feedback o mensaje de retomo, no sólo puede partir del que lo recibe. El mensaje mismo puede ser fuente de retroalimentación. Un escritor, al corregir su novela, encuentra elementos, según su criterio, para decir mejor las cosas. Falta agregar los problemas de canal por el cual se envía un mensaje, con lo cual tendríamos nuevos esquemas:. Fuente Receptor. Codificador. Mensaje. Canal. Decodificador. Feedback. Habremos de considerar entonces los problemas del canal en cuanto portadores del mensaje y del mensaje de retomo o feedback. Las limitaciones de los canales, los ruidos u obstáculos que evitan que los mensajes lleguen a los destinatarios como era previsto por la fuente.. 15.

(17) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. También habrá que estudiar los “marcos de referencia” de emisor y del receptor, ya que si no hay un campo común de experiencias similares, no podrá decodificarse el mensaje como el emisor lo preveía. La consideración de estos elementos nos situaría ante muchos nuevos esquemas. Pero como podrá deducirse de lo que hemos dicho, complejidad de la cuestión excede con mucho las posibilidades de presentación mediante dibujos. Como ya hemos señalado, cada mensaje implica varios mensajes, canal varios canales o medios como veíamos en la bravísima descripción de la teoría de Mc. Luhan, marcos de referencia y grupos de referencia distintos, connotaciones y denotaciones de diversas índoles, los tipos de retroalimentación, las características de cada medio, las relaciones interculturales, los tipos de signos, los diversos lenguajes, problemas del ruido, de la energía. Esta vastísima gama de cuestiones hace que el organismo social y sus modos de interrelación o comunicación se revelen como una gigantesca problemática. Sobre ella la ciencia funcionalista de la comunicación se esfuerza por presentar un cuadro de su funcionamiento, mostrando relaciones aisladas. Y no es que los teóricos de esta corriente piensen que la fisiología es sólo una suma de estas funciones, no, para ellos se trata, organismo integrado. Sin embargo, podemos decir que por ahora la ciencia de la comunicación funcionalista está en un momento análisis, de división, para el conocimiento aislado de las partes y tiene pocos intentos de síntesis.. 16.

(18) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. CAPÍTULO III. EVOLUCIÓN DE LA COMUNICACIÓN A TRAVÉS DEL TIEMPO. AUTOR: IGNACE LEEP COMUNICACIÓN DE LAS EXISTENCIAS. COMUNICACIÓN DE LAS EXISTENCIAS El análisis existencial parece descubrir que la separación entre los hombres, separación de la que tomamos conciencia en la experiencia de la soledad, es consecuencia de una especie de decadencia o caída original. No es del todo falsa la concepción que imagina, esquemáticamente la historia humana como un perpetuo esfuerzo dialéctico hacia la unidad perdida, cuyas etapas pasan por formas de comunidad humana cada vez más elevadas. En el plano sociológico, tenemos el paso de la familia al clan, del clan a la tribu, de la tribu a la confederación de tribus, de ésta al estado, del estado al imperio, y nos hallamos ahora en el nivel en que el estado y el imperio han llegado a ser demasiado estrechos para satisfacer las necesidades y anhelos de los hombres y donde la organización continental y aun planetaria parece ser la única tallada a la medida de la humanidad nueva. Sin embargo, el hombre no puede satisfacerse con una extensión cada vez mayor de sus relaciones extrínsecas con los otros hombres. El anhelo más profundo de su naturaleza espiritual es la comunión personal. Puesto que nuestra espiritualidad no es un hecho espontáneo sino fruto de una conquista sobre el propio ser natural, los hombres que todavía no han empezado esta conquista no se sentirán quizás necesitados de una comunión personal con otros hombres y se satisfarán con relaciones interindividuales objetivas, como las que engendra la solidaridad. Pero cuanto el hombre más se espiritualiza, sé libera y se adueña de su destino, tanto más experimenta la necesidad de una comunión total con los otros hombres. Jaspers ha analizado mejor que otros el vínculo paradójico existente entre libertad y comunión. Sólo por obra de la libertad puede el hombre llegar. 17.

(19) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. a ser verdaderamente “él mismo”, pero para conquistar y afirmar su libertad necesita de los otros. No se trata aquí del Otro en cuanto límite u obstáculo, interpuesto en el camino de mi libertad, ni del Otro en cuanto ayuda y medio al servicio de mi libertad. Ciertamente, estos encuentros objetivos con el Otro que se manifiestan en la lucha entre seres, en la influencia que ejercen unos sobre otros, en la solidaridad que los liga no carecen de importancia en la dialéctica de nuestra existencia. Es, sin embargo, infinitamente más importante para el descubrimiento y la afirmación del Yo llegar a un contacto con la vida interior, con la subjetividad profunda del Otro. Tal contacto con la intimidad del Otro, con lo que lo constituye en su unicidad existencial, es para nosotros más enriquecedor, incomparablemente más, que la posesión de todos los bienes de este mundo y de todos los servicios que podrían prestarnos los otros en un plano objetivo. El acontecimiento decisivo en la trama de la existencia no lo constituye generalmente el azar que nos puso en posesión de una gran fortuna, ni los éxitos alcanzados en el terreno intelectual, político o deportivo, sino esa ocasión, quizá furtiva e imperfecta, que nos ha permitido realizar un contacto auténtico con la intimidad de otro ser, sobre todo si se ha tratado de un ser auténtico. La posesión de riquezas y de poder sólo mediocremente contribuye a la realización de mi vocación de hombre y nada esencial añaden a mi Yo; y hasta pueden convertirse en obstáculo de mi pleno desarrollo. El espíritu de posesión engendra casi infaliblemente celos y avaricia; ahora bien, sabemos que sólo hay existencia auténtica en la generosidad y olvido de sí. Esta generosidad, este olvido de sí, no son posibles si no encuentro fuera de mí otras existencias auténticas, dispuestas a recibirme, a abrirse ante mi generosidad y a derramar sobre mi la suya. El contacto con la intimidad del Otro trasciende el dominio del poseer, de la comunicación objetiva. La vida interior no es algo que el hombre posee; es su misma existencia, y sólo la palabra “comunión” puede expresar adecuadamente el intercambio directo de ser a ser. La realidad profunda de la comunión existencial es sin duda alguna de orden espiritual. Pero sería un error concebirla o desearla exclusivamente como espiritual, pues se tornaría irreal, perderla su carácter humano, existencial, y sólo serían capaces de realizarla algunos espíritus excepcionales.. 18.

(20) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. Aunque sea una realidad profundamente original, diferente de todas las modalidades de comunicación interhumana objetiva, la comunión sigue siendo, a pesar de todo, un acto humano. Ciertamente, no se realiza en el nivel del Yo empírico. Ni la solidaridad social ni la fraternidad de combate, ni la influencia que el profesor ejerce sobre el discípulo, son capaces de engendrar automáticamente la comunión entre los "Yos" que se han enfrentado. La soledad, por más fraternal que la imaginemos, sólo agrupa individuos, monadas: entran éstos en comunicación porque las leyes a que debe obedecer su pensamiento y acción exigen la constitución del grupo social. Pero a pesar de todo, en el seno de la sociedad, cada individuo guarda su anonimato. En cierto sentido la solidaridad social y la influencia presentan una especie de peligro para la comunicación auténtica. Dan al hombre el sentimiento de no hallarse ya solo y orientan su acción hacia un fin. Con frecuencia el hombre se satisface con esto perezosamente y no se toma el trabajo de investigar más lejos. O en otros casos las decepciones que acompañan a la comunicación objetiva inducen a creer sobre todo a las almas que aspiran a algo más profundo que no puede haber entre los humanos vínculo más íntimo que el de la comunicación objetiva. Y sin embargo, se debe a la comunicación objetiva que el hombre tenga la oportunidad de llegar a la auténtica comunión existencial. Ésta es un diálogo íntimo entre los seres. Pues bien, para que el diálogo pueda empezar, se necesita como condición prerrequisita que los hombres se encuentren en presencia unos de otros, que se conozcan. Y esto es lo que realiza la comunicación objetiva. Aquí, como en otros casos, lo objetivo y lo subjetivo, lejos de excluirse, se complementan. La solidaridad, la influencia que uno padece o que ejerce, y hasta el odio y el deseo de posesión, pueden y deben revelarme que entre Yo y el Otro hay algo común, que vivimos al mismo ritmo, que somos capaces de experimentar emociones, aspiraciones, pensamientos, intenciones idénticos. No hay que contentarse, evidentemente, con este primer descubrimiento; hay que marchar hasta el término de la experiencia iniciada. Sólo entonces llegaremos a la certidumbre inquebrantable de que el Otro y Yo no somos monadas, incapaces de unirse como no sea por lo exterior, sino seres por los que circula una misma savia espiritual y en los que la separación es sólo un accidente desafortunado. La misma luz nos ilumina a ambos y caminamos hacia el mismo fin por senderos diferentes. Sin. 19.

(21) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. darnos cuenta, trabajamos va en una misma obra humana aun cuando pensamos que nos combatimos, y quizás, precisamente porque lo hacemos. Llegados a este punto, el odio que nos separaba, el deseo que nos oponía, se trasforman en amor. La solidaridad y la influencia se han convertido en amistad grande y auténtica. No comunicamos con el Otro solamente nuestras pertenencias sino que comunicamos con la misma existencia del Otro. Al hablar de comunión entre los seres, nos referimos generalmente a las palabras “Yo” y “Tú” en singular; lo que no quiere decir que la comunión sea algo imposible de realizar más allá del número dos, y que no hay para cada uno de nosotros más que un alma hermana a la que habría que buscar por montes y valles hasta encontrarla. Estamos hechos en tal forma que las capacidades y riquezas ocultas en lo más profundo de nuestro ser sólo pueden descubrirse a nosotros y a los demás si una solicitación exterior a nuestro Yo conmueve las fuerzas de inercia que tienden a reducir toda nuestra existencia a movimiento puramente superficial. Para que se inicie el movimiento de nuestra inteligencia, de nuestro corazón, de nuestras facultades de acción, se requiere que otro hombre semejante a mí y al mismo tiempo diferente de mí me trasmita el llamado que él, a su vez, ha recibido de Otro. La comunión entre el Otro y Yo ocurrirá cuando el Yo acepte el llamado que le viene del Otro y éste a su vez acepte el llamado que le viene del Yo. Debo reconocer, además, que el Otro y el llamado del que es mensajero forman un uno: que respondiendo a su llamado acepto su propia persona. Si hubiera un solo Otro capaz de trasmitir un llamado, mis posibilidades de llegar un día a conocerme y realizarme serían mínimas. De hecho, la realidad humana es compleja y la vocación sólo se realiza por medio de llamados múltiples y sucesivos. En cierto sentido hasta se puede decir que cada uno de nosotros es incapaz de llegar a ser verdaderamente “él mismo” y alcanzar la perfección total de su ser dinámico y en devenir, sin el concurso de todos los demás hombres. Cada uno de mis hermanos humanos me exige y me pide que sea yo mismo. Solamente porque en la práctica es imposible entrar en comunión personal con todos los hombres -presentes, pasados y futuros-, debo limitarme; pero también debo hacerlo por esta razón, a saber, que jamás en esta tierra seré todo lo que debo ser. De todas maneras la fidelidad que. 20.

(22) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. debemos a la propia vocación nos obliga a querer la comunión con todos los seres que encontramos en nuestro camino. Me es imposible saber de antemano si encontraré una posibilidad de comunión auténtica entre mi Yo y ese hombre que encuentro por acaso en un café o una playa; me es imposible saber de antemano si la misión que puedo cumplir a su lado y la que él puede realizar junto a mi, son de importancia, pequeña o grande. ¡Cuántas veces los seres que más nos han enriquecido, con los que hemos entrado en comunión más profundamente se cruzaron en nuestro camino “por acaso”!. Es evidente que realizar una auténtica comunión existencial no es cosa fácil. No se trata únicamente de establecer un acuerdo de pensamientos y actos; se trata de realizar una especie de fusión entre la vida interior del Yo y la vida interior del Otro. Ahora bien, la “vida interior” es lo que hay de más personal en cada ser, y parece, pues, por definición, algo incomunicable. La mayoría de los malestares de conciencia provienen de la dificultad o de la imposibilidad que se experimenta de entablar una comunión con seres que atraen o con los que se tendría la obligación de comunicar. La mayoría de las infidelidades conyugales y de los divorcios, causa de tantas existencias truncadas, proviene del fracaso de los esposos en su esfuerzo de comunión total. Mas si logramos vencer las dificultades y los obstáculos que obstruyen la senda de la comunión con los demás, nada, ni las catástrofes peores de la vida, ni los fracasos políticos o económicos más estruendosos, serán capaces de abatirnos y hasta podrán convertirse en fuentes de conversión y de nuevas ascensiones. Miserias y fracasos compartidos -no desde afuera por manera de compasión, sino desde dentro por manera de comunión- no son en realidad ni miserias ni fracasos. La comunión nos da valor para afrontarlos y vencerlos. Una fuerza nueva, una audacia renovada, se trasfunde a nosotros desde aquellos con quienes comulgamos. A toda afirmación estabilizadora de un ser individual, dice Jaspers, hay que oponer la dialéctica de un devenir donde los distintos miembros nada son sino lo que ponen en común como su “ser-yo”. Quiere esto decir, en primer lugar, que el hombre que no tiene vínculos de comunión con otros hombres no es una existencia en el sentido estricto de la palabra, ni posee realidad existencial verdadera; es solamente una entidad abstracta y estática, condenada a la decadencia espiritual.. 21.

(23) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. La existencia es, en efecto, casi sinónimo de “devenir”; no hay en nuestro universo una existencia cuya realidad esté dada una vez por todas y que no deba hacerse. Por otra parte, el devenir espiritual no es algo mecánico sino dialéctico. Ahora bien, el otro no importa quién sea, pero sobre todo, el que gracias a la comunión ha llegado a ser partícipe de la trama de mi existencia es para el Yo esta “negación” dialéctica que lo hará llegar a una forma superior de sí y finalmente a un verdadero Nosotros. Por paradójico que parezca, más que en mi soledad soy “yo mismo” en el Nosotros que resulta de la comunión con los demás. En él y por él, me realizo como persona y aprendo a conocerme a mí mismo. Mientras me conozca como soledad o como individuo, ignoro mi origen y mi destino, veo mis miserias y mis cualidades individuales, cuyo sentido y significación tiendo a sobrestimar. Como lo dice también Jaspers, en la comunión me experimento a mí mismo. En ella tomo conciencia de mí pertenecer a un todo espiritual, a un universo que no es suma de muchas individualidades, sino que es anterior y superior a todos los individuos que se reúnen en él. En ese todo espiritual podré descubrir mi ubicación particular. Por lo demás, por insignificante que sea mi existencia tomada separadamente -es decir, abstractamente-, en el todo adquirirá siempre un significado sublime. Las grandezas y bellezas del todo -y las de todos los seres individuales con los que comulgo en élbrillan sobre mí, dan a mi existencia una grandeza y una belleza que nunca había soñado en las delectaciones narcisistas de mi soledad. Gracias a la comunión, descubro una dimensión nueva, y veo con ojos nuevos no sólo mi propio Yo sino el universo entero. ¿Quién no ha experimentado la maravilla de rever, por la mirada de otros seres con los que comulga, los paisajes y los cuadros que antes había admirado solo? Ahora se los ve no solamente con los ojos propios mas también con los ojos de quienes están en estado de comunión con uno, Y lo mismo acaece con los demás sentidos y con nuestras facultades de conocer y amar. Nos encontramos en presencia de algo muy superior a la suma de las capacidades individuales de quienes comulgan entre sí. El Nosotros que resulta de la comunión entre las existencias, posee su visión propia, una capacidad particular de conocer y de amar.. 22.

(24) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. Por lo demás, sólo en el plano empírico es el Nosotros existencial resultado de la comunión entre las personas consideradas separadamente. Ontológicamente es el anterior. Gracias a la comunión, los seres se encuentran en el Nosotros, es decir, en su naturaleza verdadera. Ha sido lo más genial de la visión de Hegel, haber establecido que no son las partes lo que forman el todo, sino el todo el que da ser a las partes. El Nosotros no se añade a existencias ya constituidas para hacerlas más perfectas, sino que en él las existencias encuentran su consistencia. El todo, en la dialéctica existencial, es el tercer término presente a todo lo largo del camino que recorren los Yos solitarios en búsqueda de plenitud. Si para algunos la necesidad de una comunión interpersonal es la evidencia misma, no ocurre así con todo el mundo. Las falsificaciones de la comunión son tan numerosas que muchos, tras haber experimentado fracasos más o menos espectaculares en lo que creían ser la comunión verdadera, pierden toda esperanza y todo deseo de alcanzarla. En un mundo que ha conocido, y aún conoce, los estados y los partidos totalitarios, donde la muchedumbre inauténtica tiende a imponer a todos su manera de pensar, sentir, amar y querer, es lógico que el Nosotros sólo pueda aparecer sospechoso al hombre que ha debido luchar ásperamente para salvaguardar su Yo. En la comunión con el Nosotros ve un peligro nuevo de su vida interior, a la que considera, con toda justicia, como la parte más preciada de su vida. De ahí a rechazar todos los llamados y todas las solicitaciones a la comunión sólo hay un paso, fácilmente franqueable. Algunos cristianos que han aprendido a estimar los tesoros de la vida interior, se hallan más expuestos a la desconfianza frente a la comunión, en la que ven un enemigo de su vida de unión con Dios. Así nace el monstruoso individualismo cristiano. No ignoramos lo que hay de realidad en los peligros que amenazan la vida interior, peligros nacidos de comuniones falsas. Sabemos que no siempre es fácil discernir la comunión verdadera de la falsa. Pero los protagonistas de la vida interior que desconfían a priori de toda comunión interpersonal están seguramente en el error. Ya en el siglo XV el gran místico Ruysbroeck el Admirable, que conocía ciertamente en materia de vida interior y unión con Dios, escribía: “quien quiere vivir la vida interior y dejar a la contemplación sin preocuparse del prójimo, carece de vida interior y de contemplación”. La iglesia ha pensado lo mismo desde aquella’ época en el siglo mv, en que empezó a frenar las excentricidades de los solitarios del desierto y proponer a los aspirantes a la perfección. 23.

(25) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. cristiana el servicio de los hermanos pobres y los enfermos como el medio por excelencia para caminar a la perfección. Se podría pensar que lo que Ruysbroeck y San Basilio proponen como medio de llegar a la perfección se reduce en última instancia a formas objetivas de comunicación interhumana, sin relación con lo que hemos descrito bajo la palabra “comunión auténtica”. Pues bien, las dos formas de comunicación en modo alguno se excluyen. La comunicación objetiva sólo es, dentro de las perspectivas de una filosofía cristiana concreta, la etapa primera, la incoación de aquello que está destinado a alcanzar su perfección en la comunión personal. Como lo ha descubierto Gabriel Marcel, nada está menos justificado y es más nocivo a la ascensión espiritual del hombre como la pretensión a la autonomía frente a los semejantes. Nunca se habló tanto de vida interior como en los siglos XVIII y XIX, la era del individualismo por excelencia; pero probablemente nunca, desde el advenimiento de Cristo, la vida espiritual auténtica ha sido tan escasa como en esa época. El universo creado por Dios es un todo, y sólo en la medida en que nos afanamos por recrear ese todo alcanzamos la posibilidad de entrar en comunión con Aquel de quien procede el universo. Para que la comunión entre los seres sea auténtica y escape a las añagazas y a la ilusión, es necesario asentarla, en la medida de lo posible, sobre las bases sólidas de la ayuda mutua. Casi todos los pensadores, casi todos los artistas de nuestra época, tienen la convicción o el sentimiento de que la condición humana es, por naturaleza, trágica. Lo es a causa de las ambigüedades y de las luchas que se desarrollan, en lo más profundo de nuestro Yo, entre el bien y el mal Como consecuencia del pecado, las tendencias separatistas del Yo se dejan sentir no solamente en el interior del Yo, mas también en todas nuestras relaciones con los demás seres. Las razones que el individuo avanza para justificar su individualismo, su rechazo del Otro, sólo son, la mayor parte de las veces, pretextos más o menos conscientes de que se sirve para ocultar su rebeldía ante el orden universal al que debería dar su asentimiento con plena libertad.. 24.

(26) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. Nuestra propia vocación humana y el destino del conjunto del cosmos dependen, en este punto, de que realicemos una auténtica comunión con el mayor número de seres posibles, al extremo de que no debería bastar toda una vida humana para preparar los vínculos, los contactos y las ocasiones que han de favorecer el apuntar de tales comuniones. En su realidad profunda, la comunión existencial es ciertamente una gracia, un estado que no somos capaces de lograr por la fuerza o por los propios recursos. A nosotros corresponde, sin embargo, el oficio de preparar el terreno, de crear las condiciones objetivas para que la gracia de la comunión encuentre un “clima” propicio a su nacimiento y crecimiento. Por indispensable que sea la comunión para la vocación personal de cada uno y para la realización del conjunto del plan de Dios, no basta, sin embargo, con comprobar su necesidad para que la comunión se convierta en realidad. Puesto que pertenece a la esfera espiritual de la existencia, su realización será fruto del libre consentimiento humano. Se requiere, ciertamente, querer la comunión con una voluntad lúcida y activa, mas es también necesario reunir, que la comunión pueda realizar su noble misión, numerosas condiciones, tanto subjetivas como objetivas. La primera de estas condiciones, base de todas las demás, postula que los seres que aspiran a la comunión sean personas, en el sentido pleno de la palabra. Ninguna comunión auténtica es posible entre seres que aún no han adquirido plena conciencia de su Yo. Toda comunión implica, en efecto, el don no tanto de lo que tenemos cuanto de lo que somos. Mientras nuestro Yo permanezca en la dispersión y fragmentación, sin tomar conciencia de sus propios recursos, no habremos alcanzado la disposición que nos permita hacer el don de él a Otro. Por otra parte, mientras no seamos una existencia auténtica, tampoco estaremos dispuestos a recibir el don de sí que quiera hacernos ese Otro que aspira a la comunión con nosotros: si lo hiciera, sólo podríamos decepcionarlo. Por lo tanto, antes de pretender la comunión con el Otro, hemos de lograr el dominio de nosotros mismos en una experiencia doliente y angustiosa de nuestra soledad. Aquí y solamente aquí, es el hombre capaz de convertirse en una persona enriquecida con todos los dones de que el Creador la ha dotado. Nos parece cosa experimentalmente probada que el hombre es capaz de entrar en relación de comunión auténtica con un número grande de hombres. Se dan comunidades de hombres y de mujeres en cuyo seno todos los miembros están unidos por los vínculos propios de la comunión. 25.

(27) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. existencial. Mas en este caso es indispensable que estos hombres y estas mujeres aspiren, todos, a la constitución de la comunidad; sean, todos, personas auténticas, y hayan atravesado, todos, victoriosamente la prueba de la soledad. En esto radica la diferencia principal entre una comunidad y una sociedad. La diferencia entre “sociedad” y “comunidad” es mayor de lo que generalmente se piensa. No carece de interés advertir que precisamente durante el período de la historia occidental -los dos últimos siglos- en que la sociedad ha adquirido mayor importancia, la humanidad ha atravesado una verdadera crisis de comunidad. Y el renacimiento del movimiento comunitario ocurrido en estos últimos años, es en gran parte una consecuencia del debilitamiento de los vínculos sociales. La sociedad se funda sobre comunicaciones extrínsecas, la mayor parte de las veces sobre la solidaridad. El estado es una sociedad; lo es también el sindicato, y puede haber sociedades de caza y de pesca... En algunos casos, el interés común, es decir, la solidaridad ocupa menos lugar en la formación de una - sociedad que la influencia de una personalidad de prestigio. Es lo que ocurre generalmente en ese tipo de sociedades que llamamos cenáculos literarios y filosóficos y aun en algunos partidos políticos. Para que una sociedad, y en particular para que la forma más perfecta de la sociedad en nuestra época: el estado, sea viable, no es necesario que cada uno de sus miembros haya adquirido conciencia plena de su cualidad y de su valer como persona. Quizás el individuo sólo tenga una noción muy vaga de su papel en el interior de la sociedad y sólo lo asuma a regañadientes. Las leyes, las costumbres, todos los medios de presión y propaganda de que dispone la sociedad, bastan, la mayor parte de las veces, para dar al estado la cohesión que necesita para cumplir su misión consistente no tanto en asegurar el bien personal de sus miembros como en promover el bien común. Ciertamente, en los casos normales, en ese bien común -que es el bien de la especie, de la raza, de la nación...-, cada uno de los individuos encontrará las condiciones objetivas necesarias para obtener su bien particular. Más tampoco es raro el caso en que la sociedad, en nombre del bien común, exige el sacrificio del bien individual. Tal ocurre en la guerra, que reclama el sacrificio hasta del bien individual supremo, que es la vida. Completamente diferente es la comunidad. No agrupa funciones, ni poseedores de fuerza de trabajo, de capital o de saber; agrupa personas.. 26.

(28) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. Las personas, miembros de la comunidad, pueden y aun a veces deben poseer cualidades objetivas (sobre todo si son al mismo tiempo miembros de una misma sociedad), pero lo esencial de la realización comunitaria nunca reside en esto. Los vínculos entre los miembros de la comunidad son de orden personal, ligan a los hombres no por lo exterior sino por lo que hay en ellos de más profundo, de más auténticamente personal: son las existencias quienes se encuentran y comunican. A veces, quien solicita la entrada en una comunidad no ha alcanzado aún la autenticidad personal. En ese caso la comunidad lo ayuda a lograrla. La experiencia de la soledad, sin la cual no puede haber autenticidad personal, se verá en el caso suavizada, abreviada, y carecerá de ese carácter trágico de abandono que han conocido cuantos debieron atravesarla sin ayuda de una comunidad. Con todo, la experiencia no le será perdonada. Mientras el postulante no haya logrado su autenticidad personal, le será imposible comunicar, aun en el seno de la comunidad, con los demás. Y quizás se sienta más solo pues tiene ante los ojos el espectáculo de la comunión auténtica de los demás miembros. Tal vez lo acometa el descorazonamiento mas si no está desprovisto totalmente de los gérmenes de la autenticidad, el contacto con la comunidad lo estimulará para tender con mayor energía hacia la realidad cuyos frutos contempla. Durante siglos el mundo occidental ha vivido bajo el signo del individualismo. Quizás épocas anteriores no permitieron al hombre afirmar lo que hay en él de único, y a esto se debe probablemente que la reacción haya sido tan fuerte cuando, en el umbral de los tiempos modernos, el hombre tomó conciencia de su personalidad. La consecuencia de este estado de cosas ha sido la pérdida del sentimiento de pertenecer a la comunidad. Todo grupo social parece simplemente fruto de un contrato o de una presión. En un primer período del individualismo, el hombre se sintió eufórico pensando ser por fin “él mismo”, al no sentirse encadenado a una comunidad. Sin embargo, poco a poco la soledad comenzó a pesarle hasta hacérsele insoportable. Creyó entonces, por un momento, que la sociedad con sus lazos múltiples de solidaridad podría acabar con el complejo de abandono. Y no habiéndolo logrado, piensa ahora que el estado de soledad es irremediable insuperable.. 27.

(29) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. Con todo, desde hace un tiempo, el hombre ha comenzado a comprender que el único remedio a su profunda miseria, al desarreglo que lo consume es la creación de nuevas comunidades. Sobre todo en países viejos como Francia, donde la desolación del individualismo ha sido mayor, un potente tejido de comunidades espirituales, económicas, artísticas, etc., ha comenzado a nacer. Los intelectuales han abandonado las ciudades y se han retirado al campo, donde viven en comunidades fraternales. En las mismas ciudades, patronos y obreros tratan de sustituir la empresa capitalista, nacida en la era del individualismo, por comunidades de trabajo. Y en todas partes encontramos comunidades innumerables de hogares, de hombres y mujeres animados de un mismo ideal que tratan de hacer una realidad del poner en común o intercambiar los bienes espirituales y materiales. El sólo hecho de existir un número incontable de pequeñas comunidades, prueba la necesidad que experimenta el hombre de salir de la soledad y la posibilidad de hacerlo. Está fuera de toda duda que la humanidad aún no se ha espiritualizado lo bastante ni ha evolucionado lo suficiente como para que los estados, los continentes, la tierra entera puedan formar una comunidad auténtica. En el estado actual de su ascensión espiritual, los hombres solo han logrado la capacidad de comunicarse con un número restringido de existencias. A pesar de ello, estamos íntimamente persuadidos de que las pequeñas comunidades actuales son sólo una etapa en la marcha de la humanidad hacia su unidad. El empuje espiritual que se agita en nosotros desde el despertar de la personalidad, tiende a la comunión universal. La Iglesia, en la realidad última de la comunión de los santos, es ciertamente la realización más perfecta de nuestra aspiración hacia la unión interior y universal La sociedad, especialmente la sociedad política: el estado, sólo se funda en la actualidad sobre una serie de comunicaciones objetivas. Vive bajo. El signo de la justicia, donde cada uno ha de dar a los demás lo que les es debido. Hoy, sin embargo, no compartimos el optimismo de nuestros abuelos que creían que un tejido de comunicaciones objetivas bastaba para hacerlos felices y permitirles el pleno florecimiento. Hoy sabemos que el estado es incapaz de cumplir su función si no se constituyen en su seno pequeñas y numerosas comunidades existenciales. Sin duda, el estado totalitario que pretende dominar toda la vida de sus miembros y subordinarlos a sus propios fines, impersonales y abstractos, mira necesariamente al movimiento comunitario como un enemigo, y la existencia de un número. 28.

(30) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. importante de comunidades auténticas constituye para él, efectivamente, una amenaza. Por el contrario, el estado democrático nada tiene que temer de tales comunidades; más aún en ellas ha de encontrar una ayuda preciosa para cumplir su misión, siempre que su democracia sea verdadera y no, como ocurre muchas veces, una simple etiqueta destinada a camuflar el totalitarismo. La comunión que llamamos “existencial” es una relación de inmediatez entre hombres que han alcanzado una etapa - personal en su desarrollo. Para que la comunión alcance la perfección, sería necesario que las personas se encontraran en estado de autonomía total frente al mundo empírico. En realidad, por adelantada que esté la obra de espiritualización de nuestra persona, jamás seremos espíritus puros y siempre quedaremos en estado de dependencia frente al mundo empírico. Por lo mismo, seguiremos siendo siempre, en una cierta medida, seres separados e incapaces por lo tanto de comunicarnos con los demás en una inmediatez perfecta. La comunión entre personas humanas será, pues, necesariamente mediata hasta cierto grado. Generalmente el papel de mediador corresponderá al conocimiento o al amor que compartimos con otro frente a algo que nos sobrepasa y en lo que nos encontramos. No que el Yo deba identificarse con un objeto con el que a su vez se identificaría otro Yo. Una relación así todavía sería demasiado extrínseca y objetiva, y no merecería el nombre de comunión. Ésta implica, en efecto, una relación mutua, libre y consciente por parte de cuantos participan en ella. Si decimos que el conocimiento y el amor han de servir de mediadores de la comunión, lo hacemos en el sentido de que deben brindar a existencias comprometidas en la temporalidad, la posibilidad de un encuentro inmediato. La comunión empieza generalmente por intermedio de una realidad a la que simultáneamente perciben dos conciencias y aman dos corazones. La naturaleza, el arte en todas sus formas, la historia de nuestro país y sus luchas presentes, la filosofía y la ciencia, las lecturas y las meditaciones pueden presentar a un hombre otras tantas posibilidades y oportunidades de encontrarse con otros hombres. Insistamos una vez más sobre el hecho importante de que todo esto no constituye en manera alguna las causas de la comunión, sino que es simplemente su vehículo y oportunidad. Las comunidades que sólo. 29.

(31) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. quisieran tener como contenido las personas que las componen, jamás llegarán a echar raíces. Por el contrario, las comunidades muy dinámicas y fecundas siempre tienen en el horizonte algo más que la simple comunión de sus miembros. Este “algo más” puede ser el servicio de Dios o de nuestros hermanos, los hombres, la práctica del arte o de la filosofía. La comunión tendrá lugar ciertamente en la inmediatez de las existencias singulares y únicas, pero el encuentro ocurrirá en un trascendente, en algo más grande que las mismas existencias, por el cual aceptan aquéllas sacrificarse a sí mismas. Este trascendente puede ser, y efectivamente lo es en casos privilegiados, el único Trascendente verdadero: Dios. Sin embargo, los hombres se contentan con frecuencia con un seudo trascendente, que sólo es trascendente en relación a quienes entran en comunión. Un ideal humano noble, un amor idéntico por la música, la pintura, la filosofía, el culto del mismo héroe o del mismo santo, pueden ser otras tantas ocasiones para que los hombres realicen comuniones auténticas. Con todo no hay que olvidar que sólo Dios es el Trascendente verdadero, de quien no hay que temer ninguna traición, ningún cambio. Síguese que solamente Él puede establecer una comunión durable y auténtica, en el sentido pleno de la palabra. La misma experiencia apoya nuestra afirmación. En efecto, a lo largo de la historia ha habido innumerables comunidades de artistas, de investigadores, de hombres animados por el mismo ideal social o filosófico. Y sabemos que todas estas comunidades sólo han tenido una existencia precaria, lo que no ha impedido, evidentemente, que otros hombres retomen experiencias análogas. Sólo las comunidades religiosas han conocido una larga duración y hasta han ignorado los límites que impone la sucesión de las generaciones. Gracias a ellas, cuando triunfaba el individualismo, el ideal comunitario no quedó totalmente extinguido. La forma suprema de comunión interpersonal sólo puede, por lo tanto, realizarse entre seres que se comunican en Dios, que buscan juntos a Dios y juntos lo aman. La autenticidad de las demás comuniones será tanto mayor cuanto la trascendencia en la que se realizan se acerca más al trascendente absoluto. En ningún momento podremos decir que la comunión ha alcanzado tal profundidad y solidez que no necesitamos superarnos en el trascendente. La comunión no es verdaderamente existencial si constantemente no se rehace, no se renueva, no se profundiza.. 30.

(32) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. En el orden normal de las cosas, la misión de todo trascendente relativo es mostrar, a las existencias que en él se comunican, el camino hacia un trascendente superior, hasta lograr, de etapa en etapa, que la comunión se realice en el Trascendente absoluto: Dios. Pero ni la misma comunión en Dios puede ser algo fijo y definitivo. En verdad, en Dios no hay cambio alguno ni fluctuación; en Él nunca hemos de temer la desilusión o que pueda sernos infiel a las promesas. Pero no ocurre lo mismo con nosotros, siempre sujetos a las leyes del devenir y a los peligros de las recaídas. Importa, pues, soberanamente que la comunión en Dios mantenga un carácter dinámico y dialéctico, siempre dispuesta a modificarse y a profundizarse. Al encontrarme en un trascendente relativo o absoluto con otra existencia, debo apropiármela. Empero, no como el amo se apropia de la existencia del esclavo, o como el - jefe subyuga a quienes experimentan su afluencia. La apropiación de la existencia del otro debemos hacerla tomando al otro en su alteridad verdadera, lo que sólo es factible si por nuestra parte aceptamos el ser nosotros apropiados por el otro. Esto exige que realicemos en nosotros mismos una especie de metamorfosis para pasar del estado de existencia particular al de existencia compartida. En algunos casos, esta metamorfosis se hace espontáneamente y resulta fácil. Basta el encuentro de las miradas, el intercambio de unas pocas palabras, un apretón de manos, un minúsculo servicio prestado o recibido, para que dos seres adquieran la conciencia de su comunidad moral y se abran a la asimilación recíproca. Otras veces, sobre todo cuando se trata de personas que han pasado la edad de la juventud, sólo poco a poco y a través de luchas y sufrimientos se operará la asimilación. No hay comunión existencial sin un desinterés absoluto. Si en el caso de una comunión objetiva, como puede ser la solidaridad hay siempre la esperanza y la promesa de algo útil o agradable, en las existencias que llegaron al estadio de la comunión, los seres nada reclaman como no sea vivir unos para los otros y unos con los otros. Por diferentes que sean los hombres que entran en comunión, ésta no será auténtica si no reina una igualdad espiritual entre todos. No se trata, evidentemente, de igualdad sociológica cual la entienden los socialistas utópicos. Tampoco pretendemos decir que la comunión es imposible entre hombres de distinto medio, de distinta cultura y educación, o de distinto nivel intelectual o material. Tales factores objetivos pueden. 31.

(33) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. favorecer ciertamente y preparar la comunión, pero no bastan a darle nacimiento. Pensamos -y la experiencia lo confirma- que puede haber una auténtica comunión existencial hasta entre amos y esclavos, entre maestros y discípulos, entre hombres y mujeres. Pero es necesario en estos casos que la relación amo-esclavo, maestro-discípulo, hombre-mujer, sea trascendida. En la comunión existencial, los hombres antes de experimentarse como maestros, esclavos, discípulos, hombres o mujeres, deben experimentarse a sí mismos como hombres y experimentar a los demás como hombres. Para hallarme en disposición de entrar en comunión con otro ser, debo empezar por hacer el inventario de mis riquezas y tomar conciencia de lo que puedo dar al Otro. La generosidad del Yo no solamente es condición de la comunión existencial sino que constituye su esencia misma. Con todo, ni aun esto basta. Es necesario que además tome conciencia de mi pobreza, de mi contingencia profunda, de la necesidad que tengo de lo que me ofrece la generosidad de aquel o aquellos con quienes comunico. Para la comunión el espíritu de pobreza es tan indispensable como el de generosidad. Hay personalidades muy fuertes, aparentemente de gran riqueza espiritual y de gran generosidad, que son incapaces de entrar en comunión auténtica con otros seres; lo que llaman, con cierta satisfacción, su individualismo, sólo es en realidad orgullo, complejo de superioridad, que les hace pensar que nada tienen que esperar de los demás, y que poseen cuanto necesitan. Tales personalidades ejercen a veces sobre los demás una fuerte influencia, quizás hasta bienhechora, pero permanecen encerrados sobre sí mismos, en su aislamiento. Su orgullo les hace considerar como virtud lo que en realidad es impotencia. No es verdad que el hombre superior esté fatalmente condenado a la soledad y que pueda aportar mucho bueno a los demás sin recibir nada a su vez. Este prejuicio muy difundido es la causa principal de que muchos hombres inteligentes y fuertes no den todo lo que son capaces de dar y que sean con frecuencia desgraciados. A los tales les falta espíritu de pobreza; su orgullo les hace creer que su superioridad sobre los demás es absoluta. Y sin embargo, ningún hombre es absolutamente superior a los demás; en todos hay una indigencia, y todos tenemos algo que recibir, aun de aquellos que están muy por debajo nuestro en saber o importancia de acción. La comunión existencial es una presencia espiritual. Guardémonos sin embargo de la tentación de “angelismo”. Debemos tener el valor y la franqueza de reconocer que no habrá presencia espiritual entre seres. 32.

(34) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. humanos si no se halla mediatizada por la presencia carnal. Dios mismo se ha hecho carne para que los hombres puedan unírsele espiritualmente. Los grandes místicos cristianos (san Juan de la Cruz, santa Teresa, san Agustín...) han prevenido a sus discípulos contra la pretensión orgullosa de alcanzar a Dios, Espíritu absoluto, sin recurrir a la mediación del Verbo hecho carne. Lo mismo vale y a fortiori, para la presencia espiritual entre hombre y hombre. Quienes por orgullo o por prejuicio “espiritualista” pretenden realizar directamente una presencia exclusivamente espiritual quienes rehúsan esta humilde sirvienta, que es la presencia sensible, difícilmente alcanzarán una auténtica comunión interpersonal. Se quedarán en lo abstracto, en lo impersonal, y su “realidad espiritual” sólo será un concepto pobre, sin soporte ni contenido. La mediación en orden a la presencia espiritual de la presencia carnal encierra como escollo el peligro de detenerse en lo sensible y de tomarlo por un fin en sí. Si es indispensable pasar por lo sensible, es necesario también no instalarse en él y trascenderlo. No se trata de eliminar por completo lo sensible llegado el momento de afianzarse en lo espiritual. Como lo prueba el dogma de la resurrección de los cuerpos, aun en la comunión de los santos lo sensible tendrá una función que cumplir. Se trata de que lo sensible se integre poco a poco en la comunión espiritual, sin desarrollar una existencia aparte; y sólo así será él mismo espiritualizado en cierta medida. La comunión existencial abraza al ser total, espíritu y carne. El Nosotros que resulta del encuentro del Yo con un Tú no es simplemente la suma de dos. Posee una realidad propia, y el Yo y el Tú encuentran en ella lo que ni el uno ni el otro poseen solos. La comunidad es, en primer término, resultante de la comunión entre existencias; mas una vez realizada ésta se convierte en creadora, fuente y escuela de comunión. Impedirá que las existencias que la han constituido retornen a su estado anterior de separación; llamará a la comunión a otras existencias y las iniciará en este sendero. El Nosotros existencial es la unidad primitiva, quebrada por el pecado, reencontrada y enriquecida cual debe serlo el tercer término de un devenir dialéctico. Porque poseemos la certidumbre metafísica de que los hombres no son individuos monádicos, de que existe entre ellos una unidad ontológica anterior a todos sus esfuerzos de unidad sociológica o política podemos. 33.

(35) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. creer todavía en la posibilidad de una comunión existencial auténtica entre seres humanos. Una comunión semejante no se concibe ni en las perspectivas de una filosofía sustancialista, ni en las de una fenomenología pura. Las sustancias tal como las han concebido Aristóteles y sus discípulos son, en efecto, individualidades incomunicables y entre ellas sólo puede haber lazos de comunicación objetiva: solidaridad, influencia, etc.... Para los fenomenologistas como Husserl, Heidegger y Sartre, la persona es también una monada cerrada. Optamos resueltamente por la visión de la humanidad que han tenido los más grandes entre los Padres y doctores de la Iglesia (Orígenes, san Gregorio de Niza, san Ambrosio...): metafísicamente la persona es una pero está dividida moralmente por el pecado. Esta unidad metafísica del género humano es lo que constituye el único fundamento valedero de la comunión auténtica. No viene ésta a destruir el carácter rigurosamente personal de cada una de las existencias, sino a rehacer y perfeccionar lo que el pecado ha destruido. A este propósito la distinción que establece Gabriel Marcel en su obra Les Hommes contre I’Humain entre lo universal y las masas confirma nuestras propias observaciones.. La reacción violenta de nuestra época contra la fragmentación individualista de los últimos siglos es a no dudarlo una reacción sana, en la línea del Cuerpo Místico que se edifica a través de las edades. Pero la civilización de masas que tiende a ocupar el lugar de la civilización individualista es tan inhumana como esta. Las masas son lo humano degradado y, por lo mismo, un estado degradado de lo humano. Las monstruosidades del comunismo, del nazismo y en grado menor del yanquismo son la condenación de toda civilización de masa. Las masas son fanáticas, incapaces de amor e inteligencia. Una civilización de masa es y será necesariamente, por imperio absoluto de las cosas, materialista porque sólo la materia es masiva. Lo universal, por lo contrario, es espíritu, y una civilización universalista sólo puede ser espiritualista. Se funda sobre el amor entre personas, rechaza toda clase de fanatismo, todo totalitarismo, toda intolerancia. Una comunidad pequeña fundada sobre el amor personal aunque más no sea el de una familia, una parroquia o un grupo de amigos es incomparablemente más universalista que un inmenso estado totalitario. Hay que lamentar como particularmente grave que movimientos de inspiración cristiana se hayan dejado arrastrar por la mística moderna de las masas, porque el cristianismo se halla esencialmente en las antípodas de todo lo que es masa, ya que precisamente tiene por misión sobre esta. 34.

(36) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. tierra la promoción de las personas. Ahora bien, las masas son hostiles a la persona y aspiran a su destrucción. En el seno de una comunidad auténtica el Otro no se limita a ser el eco amplificado de nuestros propios sentimientos, pensamientos y reacciones. La comunión no significa, en efecto, triunfo del amor propio, ni exaltación del Yo egoísta; entraña su pena de negarse a sí misma, una victoria verdadera sobre el amor propio. La humildad evangélica, cual la analiza Gabriel Marcel en su Mystére de I’Étre, es una de las virtudes fundamentales de la comunión existencial. Los miembros de la comunidad ejercen, sin duda, y deben -ejercer una influencia recíproca y así debe ser. A pesar de ello la misma naturaleza de la comunión existencial reclama que la influencia que se ejerce no tenga por objeto comunicar a los demás las propias riquezas sino hacerles descubrir las suyas, riquezas que se convertirán en bien de la comunidad y por lo tanto en fuentes nuevas de propio enriquecimiento. Para ejercer sobre los demás esta influencia discreta y olvidada de sí, se requiere un gran desinterés, un despojarse sin medida de todo amor propio. Hay que escuchar a los demás (aun cuando no digan nada y más si es así), hay que estar atento a todas las manifestaciones de su experiencia existencial, singular y única. Sin duda es esto más difícil que dar a los demás lo que uno ya ha adquirido o descubierto por sí mismo y contentarse con lo que ellos han hecho en esta parte. Si nos abandonamos a la tentación de la facilidad, no formaremos una comunidad auténtica sino un grupo unido por los vínculos de la influencia interpersonal, que lejos de liberar las existencias las encadenará como galeotes unas a otras. Para poder establecer una relación de comunión entre hombres, se requiere que haya entre ellos puntos de contacto objetivos, gustos y aspiraciones comunes. Sin embargo, para que la comunidad sea dinámica y auténtica, no basta compartir un bien común. El vínculo verdadero de la comunión existencial se halla en lo que hay de verdaderamente personal e irremplazable en cada “Él”. La riqueza y el valor específico de la comunidad radican justamente en lo que cada uno de sus miembros aporta como único. Lo primero que se nota al establecer contacto con una comunidad auténtica son las convicciones, aspiraciones y pensamientos comunes de todos y cada uno de sus miembros, quienes parecen reaccionar de idéntica manera. Mirando de más cerca, se descubrirá. 35.

(37) TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN. quizás que más real que esto es la diversidad de sus pensamientos, convicciones y aspiraciones. Y se llega a creer que la comunidad en lugar de atenuar las diferencias favorece su acentuación. Es que está en la misión de la comunidad ofrecer a cada uno los medios de llegar a ser él mismo. Descubrimos así hasta qué punto la comunidad difiere del grupo masivo y hasta qué punto es erróneo confundir una revolución comunitaria, cual Li soñaba Emmanuel Mounier, con una revolución comunista. Una de las realizaciones comunitarias más auténticas que me ha sido dado conocer de cerca, llamaba la atención de los de afuera y los maravillaba no tanto por la cohesión de sus miembros (era bien pequeña) cuanto precisamente por la extrema diversidad de éstos. Científicos y literatos, gente de derecha y de izquierda, artistas y hombres de negocios, formaban parte de ella con idéntico entusiasmo y en ella encontraban una valorización idéntica de su existencia. Lo que entre todos había de común era un mismo amor ferviente del Señor: todos depositaban entre sus manos los dones, ideas y ambiciones de cada uno y de sus manos recibían lo que aportaban a los demás. Esta experiencia, que duró varios años, me ha convencido de la unidad metafísica del género humano más de cuanto pudieran hacerlo los tratados eruditos sobre el tema leídos con anterioridad o posteridad. La comunión existencial sólo tiene analogías lejanas con las amistades sentimentales formadas por dulces efusiones, ensueños y suspiros a la luz de la luna, que exalta una cierta literatura llamada “romántica”. La mayoría de las veces en tales amistades sólo hay una apariencia de comunión, en la que únicamente entran en juego las capas superficiales de la sensibilidad. La comunión existencial, como hemos dicho, importa el compromiso del Yo de cada uno de los componentes. Ahora bien, este Yo no es algo totalmente acabado, estático, que se puede definir. Es un devenir, y en ese devenir comunican las existencias. El devenir de la realidad humana no es del mismo orden que el devenir de la materia. Ésta evoluciona bajo presión de la causalidad mecánica y poco importa que esa causalidad obre desde el interior o desde el exterior. Por el contrario, el hombre no es un objeto pasivo del propio devenir, sino su sujeto activo. Parece superfluo querer probar la existencia del operar humano, porque es una evidencia inmediata. La acción es, con respecto a la vida, un hecho primario, el más general, el más duradero de todos; se puede decir que se identifica con la misma existencia: el hombre no puede dejar de operar sin dejar de existir al mismo tiempo. El hombre. 36.

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