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Moniciones Domingo XXXI del Tiempo Ordinario

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Moniciones Domingo XXXI del Tiempo Ordinario

4 de noviembre 2012

Monición de entrada

Nos reúne el Señor, hoy domingo, para escuchar su palabra y participar de la Eucaristía, en este domingo en que Jesús nos enseña que el mandamiento más importante es amar a Dios y al prójimo como a uno mismo, siguiendo la más genuina de las enseñanzas bíblicas, presentes en el libro del Deuteronomio.

Participemos, pues, de esta celebración, con alegría y esperanza.

Monición a la Primera Lectura (Dt 6,2-6)

Escuchemos cómo el libro del Deuteronomio enseña sobre la importancia de guardar los mandamientos de la alianza, en especial, acerca el mandamiento principal de la Ley: amar al único Dios y Señor sobre todas las cosas.

Monición al Salmo Responsorial

Aclamemos al Señor, quien es nuestra fortaleza, nuestra roca y fundamento, que escucha siempre nuestras oraciones.

Monición a la Segunda Lectura (Heb 7,23-28)

Jesús es el sumo sacerdote, solidario con todos los seres humanos, por quienes se ofrece a Dios en sacrificio perfecto. Acerquémonos a él con plena confianza.

Monición al Evangelio (Mc 12,28b-34)

A la pregunta que un maestro de la ley le plantea a Jesús, Él deja claro que lo más importante de la Ley es amar a Dios y al prójimo, como el culto más perfecto y agradable al Padre del cielo.

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Oración de los fieles

Celebrante: Presentemos a Jesús, nuestras peticiones diciendo todos juntos: ¡Ven, Señor Jesús!

 Por la Iglesia extendida por el mundo entero, para que en todo tiempo y lugar, anuncie con esperanza el Reino de Dios. Oremos.

 Por el Papa Benedicto XVI, los obispos y sacerdotes, para que como pastores, apacienten dignamente a la Iglesia. Oremos.  Por los gobernantes y los que ejercen la autoridad como servicio,

para que promuevan la paz, la justicia y el entendimiento entre los pueblos. Oremos.

 Por los enfermos, los pobres, los que sufren y los que viven tristes, para que, al servirlos con caridad solícita, pongamos en práctica el mandamiento del amor al prójimo. Oremos.

 Para que vivamos este Año de la fe y de la Eucaristía, al celebrar el sacramento central de la vida cristiana, que nuestra fe se acreciente, madure y alimente en cada celebración. Oremos.  Por todos nosotros, que hemos venido a celebrar la Eucaristía,

para que estemos atentos y vigilantes ante la venida del Señor. Oremos.

 Por todos nuestros difuntos, en especial, los que estamos recordando y encomendando en esta Eucaristía, para que gocen ya de las fiestas del Reino. Oremos.

Celebrante: Escucha, Señor Jesucristo, las plegarias que tu pueblo te presenta, para que nunca dejes de atenderlas. A ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

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Monición a la presentación de las ofrendas

Pongamos en el altar, junto a las ofrendas de pan y de vino, nuestras preocupaciones y esperanzas, para que unidas a Cristo, sean el cuerpo y la sangre del Señor, que hoy se nos da en comida. Monición a la Comunión

Acerquémonos con alegría y confianza, a recibir la Eucaristía, con la esperanza de que, en esta cena, el Señor se nos convierte en comida y bebida de salvación.

Monición de despedida (optativa)

Habiendo participado de la doble mesa de la Palabra y de la Eucaristía, con el deseo sincero de vivir y practicara las enseñanzas acerca del amor a Dios y a los hermanos, en especial, a los más necesitados.

Que la Eucaristía, celebrada en este domingo, dentro del Año de la fe, nos impulse a vivir de corazón lo aprendido y celebrado en esta asamblea.

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Moniciones Domingo XXXII del Tiempo Ordinario

11 de noviembre del 2012

Monición de entrada

Una vez más nos reunimos para escuchar la Palabra de Dios y participar del banquete de la Iglesia. Casi al terminar el año litúrgico, el Evangelio de san Marcos nos presenta a Jesús denunciando la hipocresía de los maestros religiosos de su tiempo, que pisoteaban a los pobres y a la viudas, callando su conciencia con sus alardes de piedad, hecho que a Dios no le gusta, no así la ofrenda de la viuda, que en su pobreza lo da todo…

Iniciemos, pues, la Eucaristía con el canto de entrada. Monición a la Primera Lectura (1 Rey 17,10-16)

Dios premia la generosidad de una viuda pobre, por medio del profeta Elías, al darle lo necesario para vivir, en medio de la carestía. Monición al Salmo Responsorial

Alaba, alma mía, al Señor, canta el salmista, reconociendo que el Señor está de parte de los pobres, las viudas y los huérfanos, socorriéndolos en sus necesidades.

Monición a la Segunda Lectura (Heb 9,24-28)

El templo de Jerusalén, junto a sus estancias, era el lugar donde Dios se hacía presente. Pero con Jesucristo, ha quedado abolido, pues Cristo es templo y sacerdote, que se ofrece a Dios de una vez para siempre

Monición al Evangelio (Mc 12,38-44)

A la avaricia de los dirigentes religiosos de Israel, disfrazada de piedad, Jesús nos presenta a la viuda pobre, que ofrece al Señor todo lo que tenía para vivir. Gesto que conmueve a Jesús y, por supuesto, al mismo Dios.

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Oración de los fieles

Celebrante: Presentemos a Jesús, que hoy nos invita a la sinceridad y al desprendimiento, nuestras oraciones con toda confianza, diciendo: Escucha, Señor, nuestras oraciones.

 Por la Iglesia extendida por el universo, para que siga sembrando en el campo del mundo, la enseñanza de su Señor. Oremos.

 Por el Papa Benedicto XVI, por nuestros evangelizadores, pastores y laicos, para que con su vida y ejemplo, sigan llevando el mensaje de esperanza que es el Evangelio. Oremos.

 Por todos aquellos que tienen en sus manos el destino de los pueblos, para que trabajen en lograr la justicia, el entendimiento y la prosperidad de sus comunidades. Oremos.

 Por los enfermos, los que sufren y los abandonados, simbolizados en las viudas y los huérfanos de la Palabra proclamada, para que experimenten en sus vidas nuestra atención solícita. Oremos.

 Para que el Año de la fe, en el contexto del Año eucarístico, sea un estímulo a vivir y celebrar la Eucaristía como sacramento de la fe y podamos crecer y madurar en la esperanza y caridad. Oremos

 Por todos nosotros, que hemos venido a celebrar la Eucaristía, para que vivamos trabajando, con esperanza y diligencia, en poner nuestros dones al servicio de los demás. Oremos.

 Por nuestros difuntos, en especial, los que estamos recordando y encomendando en esta Eucaristía, para que hayan escuchado la voz del Resucitado, que los invita a pasar a la mesa del Reino. Oremos.

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Celebrante: Escucha, Señor, las plegarias que tu pueblo te presenta. A ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Monición a la presentación de las ofrendas

Pongamos en el altar, junto a las ofrendas de pan y de vino, la semilla de nuestra fe, para que nuestra celebración se haga sacramento de vida y salvación en esta Eucaristía.

Monición a la Comunión

Recibamos con fe viva y esperanza el Pan de la Vida que es Cristo; que sea el premio a nuestros esfuerzos por vivir cada día sus enseñanzas y compromisos.

Monición de despedida (optativa)

Habiendo participado de la doble mesa de la Palabra y de la Eucaristía. Cuando salgamos a testimoniar lo que hoy hemos celebrado en esta santa misa, no olvidemos poner en práctica la fe y la generosidad que nos enseña Jesús, al poner como modelo a una mujer viuda y pobre, que dio lo que tenía para vivir.

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Moniciones Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario

18 de noviembre del 2012

Monición de entrada

Dios nos reúne este domingo para celebrar la Eucaristía, en la cual la Palabra de Dios, tanto en la primera lectura como en el Evangelio, nos invita a la vigilancia y a la esperanza activa, ya que no podemos calcular cuándo será el final de los tiempos, con la correspondiente venida del Señor.

Dispongámonos a participar de corazón en esta celebración. Iniciemos, pues, la Eucaristía con el canto de entrada.

Monición a la Primera Lectura (Dan 12,1-3)

El profeta Daniel anuncia la llegada de los tiempos de la salvación, con la bella y sugerente figura del arcángel san Miguel, como protector de su pueblo.

Monición al Salmo Responsorial

¡Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti!, implora el salmista y con él, nos unimos a la plegaria del creyente, consciente de que Dios no lo abandonará en la muerte.

Monición a la Segunda Lectura (Heb 10,11-14.18)

Los sacerdotes judíos ofrecían sacrificios a Dios por sus pecados, pero resultaban ineficaces para alcanzar el perdón. Pero Cristo, con su ofrenda perfecta, ha traído el perdón y la reconciliación perfecta con Dios Padre.

Monición al Evangelio (Mc 13,24-32)

Con estas imágenes apocalípticas y con la comparación de la higuera, Jesús quiere que nos preparemos con ilusión y esperanza a su definitiva Venida, con la cual culminará su obra redentora.

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Oración de los fieles

Celebrante: Presentemos a Jesús Resucitado, nuestras oraciones y plegarias, diciendo: Señor, ten misericordia de nosotros.

 Por la Iglesia, para que continúe con ilusión y alegría su trabajo al servicio del Reino de Dios. Oremos.

 Por nuestros pastores y evangelizadores, para que la palabra de Dios que siembran en el mundo, sea fermento del Reino de Cristo. Oremos.

 Para que desaparezcan las guerras, la violencia y las injusticias en el mundo. Oremos.

 Para que nuestra vida cristiana sea una constante vigilancia ante los signos de los tiempos, que anuncian la llegada de los tiempos de la salvación. Oremos.

 Para que trabajemos por vivir y celebrar el Año de la fe, unido al Año de la Eucaristía, tanto en nuestras celebraciones como en el caminar de cada día, en el proceso de nuestra madurez cristiana. Oremos.

 Por todos nosotros, que hemos escuchado la Palabra de Dios, para que nos mantengamos en esperanza activa, ante la llegada del Señor. Oremos.

 Por nuestros difuntos, familiares y amigos que hoy encomendamos, para que habiendo comparecido ante el Señor, ya estén disfrutando de las delicias de su Reino. Oremos.

Celebrante: Escucha, Señor, las plegarias que tu pueblo te presenta. A ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

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Monición a la presentación de las ofrendas

Presentemos a Dios en el altar, junto a las ofrendas de pan y de vino, nuestros deseos de vivir unidos a Cristo, en ofrenda perfecta al Padre.

Monición a la Comunión

Acerquémonos con fe a la mesa de los hijos de Dios, para que al recibir la Eucaristía, este sacramento sea anticipo de la segunda llegada del Señor y de su invitación a su mesa del Reino.

Monición de despedida (optativa)

Hemos celebrado la Eucaristía, en este día en que hemos celebrado a Cristo Resucitado, al que aguardamos con alegría y esperanza al final de los tiempos. Que su Palabra y su Eucaristía alimenten nuestra fe en su venida gloriosa, en la plenitud de los tiempos, viviendo nuestra vida cristiana con responsabilidad, vigilancia y generosidad.

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Domingo XXXIV Tiempo Ordinario. Solemnidad de Cristo Rey

Domingo 25 de noviembre 2012

Monición de entrada

Una vez más nos reunimos en comunidad, para celebrar a Jesucristo, a quien hoy contemplamos como Rey del Universo. Hoy celebramos que Jesús es Aquel a quien Dios ha glorificado y sentado a su derecha, como Señor y Soberano de la creación. Dispongámonos a participar de corazón en esta Eucaristía.

Monición a la Primera Lectura (Dan 7,13-14)

El profeta Daniel anuncia la llegada del Juez glorioso, con la figura celestial del Hijo del Hombre, en la cual vemos por anticipado a Cristo Señor. Monición al Salmo Responsorial

¡El Señor reina, vestido de majestad!, canta el salmista y con él, queremos aclamar a Jesús, Rey y Señor de todo lo creado, cuyo trono es firme desde siempre.

Monición a la Segunda Lectura (Ap 1,5-8)

La asamblea litúrgica aclama en este pasaje a Cristo Testigo, Señor de los señores y Rey de reyes, cuyo reinado se basa en su entrega en la cruz por nosotros.

Monición al Evangelio (Jn 18,33b-37)

Pilato, en un ir y venir, se encuentra con Cristo, el Rey de la verdad y cuyo reino es de quienes saben reconocerlo como testigo veraz, de un reino que no es de este mundo, pero que ha tenido comienzo en este mundo.

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Oración de los fieles

Celebrante: Presentemos a Jesús, Rey y Señor del universo, nuestras oraciones y plegarias, diciendo: Señor, ten piedad.

 Por la Iglesia, para que con su testimonio y trabajo evangelizador, haga posible la presencia del Reino de Dios en medio del mundo. Oremos.  Por nuestros pastores y evangelizadores, para que sean instrumento

del Reino que Cristo nos ha traído. Oremos.

 Para que se implante en el mundo y el universo, el Reino de paz, de justicia, de amor y de la paz, que nos ha predicado Jesús, el Señor. Oremos.

 Por los niños y los jóvenes, los adultos y las personas de la tercera edad, para que en todo momento, sean objeto de nuestro cariño y apoyo sinceros. Oremos.

 Para que vivamos y celebremos la presencia de Cristo Rey, tanto en el Año de la fe como en este año eucarístico, poniendo en práctica sus enseñanzas. Oremos.

 Por todos nosotros, que hemos escuchado la Palabra de Dios, para que, en el momento de nuestra muerte, nos encontremos con el Juez misericordioso que es Jesucristo Rey y nos lleve a participar de su vida eterna. Oremos.

 Por nuestros difuntos, familiares y amigos que hoy encomendamos, para que habiendo comparecido ante el Rey del Universo, hayan sido perdonados de sus pecados y estén gozando de las delicias del cielo. Oremos.

Celebrante: Escucha, Señor, las plegarias que tu pueblo te presenta. A ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

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Monición a la presentación de las ofrendas

Presentemos a Dios en el altar, junto a las ofrendas de pan y de vino, nuestros deseos sinceros de que nuestra vida sea conforme al proyecto del Reino de Dios.

Monición a la Comunión

Acerquémonos con fe a la mesa de los hijos de Dios, para que al recibir la Eucaristía, hagamos vida las enseñanzas del Rey del Universo, que se nos entrega en alimento de salvación.

Monición de despedida (optativa)

Hemos compartido y vivido la Eucaristía, en este domingo en que hemos celebrado a Cristo, Rey del Universo y de la historia que, con su vida y sus enseñanzas, ha iniciado el Reino de Dios, al que esperamos con ilusión al final de los tiempos.

El próximo domingo, Dios mediante, iniciaremos un nuevo año litúrgico con el tiempo de Adviento, tiempo en que la Iglesia nos invita a aguardar ese Reino con esperanza, en la celebración diaria de la Eucaristía y en nuestro compromiso cristiano, de cara al Año eucarístico y al Año de la fe.

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