Pertenece Villalaín a la merindad de Castilla Vieja, distando escasos 4 km al sur de su capital, Villarcayo, sobre la carretera de Burgos (C-629).
Las nebulosas tradiciones legendarias que envuelven los primeros pasos de Castilla se fun-damentan en la teóricamente primera referencia en la que aparece citado Villalaín, recogida en el falso documento del Becerro Góticode San Pedro de Cardeña, de 8 de abril de 968, por el que el conde Fernán González realiza una importante donación al abad Rebelio y sus monjes del monasterio de San Martín de Aguilar de Campoo, confirmando además los anteriormente dona-dos por Osorio Ermegíldez y su mujer. Entre estos bienes se cita alia ecclesia in uilla de Flagino Karra-rio, id est, Sancti Iuliani cum omnia hereditatem suam, terras et uineas et molinos cum omnia adiacentiam suam. El comentario diplomático realizado por Manuel Zabalza pone al descubierto la manipulación del documento, que dicho autor califica como “falsificación interesada del propio escritorio carde-niense efectuada, probablemente, a fines del siglo XIcomo producto de una acción expansiva del
propio cenobio”. Aunque se ha considerado que esta Uilla de Flagino Karrariocorresponde al lugar que nos ocupa, sorprende la inclusión en la dote de sitio tan alejado de Aguilar, cuando en las inmediaciones de Lomilla tenemos un pago conocido como Granja de Villalaín, donde antaño se ubicó un despoblado cuya iglesia románica –dedicada a San Vicente– alcanzó a estudiar y fotografiar García Guinea. En sus ediciones del cartulario cardeniense, Luciano Serrano y Gon-zalo Martínez Díez se inclinan por identificar el lugar con el desaparecido Villalaín palentino. Sin embargo, en la donación de doña Comitessa al monasterio Sancti Michael de Arnellasen 1020, recogida en el Becerro de Aguilar, se cita in uilla Flaine de Uetula Castella una uinea, descartándose en este caso –y salvo error– el lugar antes referido del alfoz de Aguilar.
Sea como fuere, fructificó la leyenda del lugar como vinculado, e incluso panteón del pre-sunto juez Laín Calvo, encontrando en el medinés Julián García Sáinz de Baranda un crédulo defensor.
En el formero que separa la cabecera románica de Nuestra Señora del Torrentero de su colateral gótica leemos una moderna inscripción, junto a un escudo, probablemente grabada en el siglo XVIoXVIII, y que reza:
HOC OPUS FECIT FIERI GUNDISALBU/S FERNANDEZ YSLIENSIS DO/MINUS DOMUS ET DOMINII YSLIENSI/S IN O(p)PIDO QUI VOCATUR BILLA/LEIN ANNO MILIESIMO CEN/TESIMO TREDECIMO
Es decir: “Mandó hacer esta obra Gonzalo Fernández de Isla, señor de la casa y señorío de Isla en el lugar que llaman Villalaín en el año 1130”.
Ciertamente el lugar fue centro de los Isla, quienes allí tuvieron su residencia, quedando en la actualidad en el pueblo su palacio del siglo XVII. En este siglo la iglesia de Santa María
del Torrentero quedó como capilla palaciega, siendo modificada para añadir una nueva nave y colocar el sepulcro de los señores de Isla, don Pedro Díaz de la Peña y su esposa doña María Gómez de Isla. Madoz recoge en su Diccionariola tradición según la cual “fue sepultado en ella Layn Calvo”.
Mayor credibilidad histórica manifiesta la vinculación del lugar al cercano monasterio bernardo de Santa María de Rioseco. Aparece en el privilegio de confirmación de propieda-des por Alfonso VIII en 1186, donde se habla de la uia que uenit de Uillalain ad Riuum Siccum. De 1237 se conserva la “remembrança del iudicio que ouo el monesterio de Rio Secco con Rodri-go Rodriguez de Uilla Layn” a causa de los derechos en el lugar, donde los cistercienses Rodri- goza-ban de numerosas propiedades, a las que añadieron una nueva “tierra de pan llevar” en 1428. En este documento se cita a Ferrán Sánchez y Juan de la Peña, “clérigos de Villalayn”.
Y
A DURANTE EL SIGLO XVIla iglesia aparece vinculadaal colindante palacio de los Isla. Recoge Cadiñanos que Luis Varona Saravia señala que pertenecía a los Isla “la capilla maior de Nuestra S.ª de Torrentero Parroquial y matriz de el mismo lugar de Villalaín que está cerca de la casa y dentro de su solar”. Fue en este siglo XVI
cuando la iglesia se amplió con una colateral al norte des-tinada a capilla de los Isla, abriéndose además un arco en el presbiterio que comunicaba las dos cabeceras, y empla-zándose bajo el mismo el magnífico sepulcro que hoy contemplamos.
Todas estas reformas mantuvieron con leves modifica-ciones la cabecera del viejo templo románico, levantada en mampostería y sillarejo y compuesta de ábside con tes-tero plano, en cuyo eje se abría una ventana hoy cegada y
al interior oculta por el retablo. Cúbrese este ábside con bóveda de cañón apuntado que partía de imposta de listel y chaflán, hoy en gran parte eliminada. Le da paso desde la transformada nave un arco triunfal ligeramente apunta-do y apunta-doblaapunta-do que descarga en sendas columnas entregas. Se alzan éstas sobre basamentos, plintos y basas de perfil ático, coronándose con una pareja de capiteles decorados, el del lado del evangelio con dos parejas de rudos cuadrúpe-dos afrontacuadrúpe-dos que pretenden ser leoncillos compartiendo cabeza en los ángulos de la cesta, bajo cimacio ornado con triple banda quebrada en zigzag, decoración que se repite en su pendant. El del lado de la epístola muestra dos pisos, el inferior de anchas hojas lisas con una poma la que mira al altar y una carita masculina la otra, bajo hojas del mismo tipo rematadas en caulículos.
Ermita de Santa María del Torrentero
Planta
Sección longitudinal
Al exterior, la cabecera muestra su sobrecubierta remo-zada, debiendo suponer que al añadir la nave gótica se modificó el remate de sus muros. La ventana románica, estrecha y de vano cegado, muestra arco de medio punto doblado, decorándose las aristas de ambos con un junqui-llo sogueado. Apea en una pareja de columnas acodilladas de basas áticas sobre plintos, coronadas por capiteles, vegetal de hojas lisas con un fruto y caulículos en las pun-tas el situado a la derecha del espectador y una ruda sire-na de doble cola que alza con ambas manos el otro. Los cimacios decoran su bisel con sucesión de rombos con-céntricos. Una imposta de listel y chaflán se dispone bajo el alféizar de esta ventana.
Los menguados motivos decorativos de esta iglesia siguen la tónica general del grupo de iglesias de los valles de Manzanedo, Valdivielso y el entorno de Villarcayo; así, el tema de la sirena pez de doble cola lo volvemos a encontrar en Quintanilla-Socigüenza o San Martín del Rojo, los boceles sogueados son recurrentes en Valdiviel-so, así como las bandas de rombos concéntricos (Conda-do, Tartalés, Turzo, etc.). Debe ser obra de finales del siglo XII.
En el testero y los riñones de la bóveda absidal se conservan, bajo sucesivas capas de enlucido y otras pin-turas modernas imitando el llagueado de la sillería, vesti-gios de pinturas murales, realizadas por Pedro Muñoz, el mismo artista que firma en la iglesia de Villarán. Repre-sentan un Calvario en el muro oriental y un Apostolado en los laterales y Aurelio Barrón las data en el entorno del año 1500.
Texto: JMRM - Planos: AJGL - Fotos: JLAO/AGG
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Interior de la cabecera