Carlos Arboleda Mora
LA DINAMICA DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA
I. INTRODUCCION
La Doctrina Social de la Iglesia va siendo revalorizada en los últimos años. Después de un período de desprestigio, sobre todo entre los exper-tos europeos, hoy vuelve a recobrar su puesto de avanzada y va adquiri-endo legitimidad ante los problemas sociales de la época.
Ante la crisis de los modelos tradicionales de desarrollo que corres-ponden a definidas ideologías hoy imperantes, se va perfilando la bús-queda de nuevos modelos, basados, no en la economicidad o el eficien-tismo, sino en principios éticos tales como la solidaridad universal, la participación popular y el predominio del ser sobre el tener.
Cada vez se ve más claro que el mundo necesita soluciones, no tanto de tipo económico, sino ideas que inspiren, esperanzas que alienten, fe en el hombre, en la dignidad humana, en los derechos humanos, creer en la justicia, la libertad, el amor y la generosidad. (Informe Brandt. Norte - Sur. Un programa para la supervivencia. Bogotá: Pluma, 1980). Nos interesa ver acá el papel de la Iglesia Católica, con su Doctrina Social, en la propuesta de un nuevo escenario para la humanidad, esce-nario que sea inspirador de nuevas posibilidades y fuerza crítica frente a los actuales sistemas sociales.
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Carlos Arboleda Mora 55
II. EVOLUCION DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA La Doctrina Social de la Iglesia, por algún tiempo y en la mente de muchas personas, ha sido considerada como algo extraño o yuxtapuesto a la dinámica de la vida social. Se consideraba, por parte de los defenso-res, que ella debía informar la vida socio-económica pero en forma de aplicación de principios generales; la Doctrina Social constituía un ca-tálogo de normas y principios que se aplicaban en forma deductiva al quehacer social, y exigían de parte del creyente una actitud de sumisión y de docilidad a fórmulas ya definidas.
Por parte de sus enemigos, se creía que la Doctrina Social de la Igle-sia introducía principios religiosos en un sector que tenía sus propias leyes —la economía por ejemplo—, en una sociedad que ya no era regi-da por principios religiosos o eclesiásticos.
La misma Doctrina Social se prestaba a estas interpretaciones, pues, por su carácter histórico, entre otros, respondía a ciertas necesidades con una mentalidad que ya no correspondía al momento, o con una metodología que transpiraba una visión esencialista y estática de la so-ciedad. Los problemas se enfocaban desde determinado tipo de filosofía, haciendo caso omiso del aporte de otras ciencias.
Es necesario, por tanto, constatar la evolución que se da en la Doctri-na Social de la Iglesia. Esta evolución no se presenta en los principios que la sustentan, que son principios propios e inmutables de la revela-ción cristiana, sino en la metodología seguida.
Se pueden distinguir varios estadios en esta evolución (COUESNON-GLE, Vicente. La Justicia en el Mundo Actual. Bogotá: UST, 5.XI.80): 1. El período clásico de la Doctrina Social de la Iglesia, en base a una interpretación esencialista de las cosas, aportaba casi un catálogo de normas fijas y establecidas con poco análisis de las situaciones con-cretas. Se hacía un raciocinio de tipo filosófico-académico-religioso, inteligible por una élite ilustrada y que generalmente propiciaba un comportamiento moral individual. (NEIL BREUNING, Oswald von. Soziallehre der Kirche. Europa Verlag, 1977).
2. El período del "aggiornamento" marcado por Juan XXIII y muy in-fluenciado por el análisis micro-sociológico, lleva a dar afirmaciones concretas frente a problemas concretos. Se parte de análisis de rea-lidad expresados en una terminología inteligible para una persona medianamente cultivada, y adquiere una proyección socio-pastoral al animar la acción de cambio social.
56 Doctrina Social de la Iglesia Pablo VI con su Encíclica "Populorum Progressio" trata de com-prender los hechos para poder iluminarlos, más que especular so-bre ellos. Esta comprensión se hace a través de la obra de especia-listas. Se logra así una colaboración entre Doctrina Social de la Igle-sia y el pensamiento científico social de la época. Se pasa del hacer algo de tipo correctivo, al obrar para lograr metas definidas y planea-das a partir de un análisis concreto de la realidad, que lleve a una transformación de la misma.
3. A partir de la "Octogésima Adveniens" y hasta hoy, se ve una direc-ción religioso-cultural en la Doctrina Social de la Iglesia. La Iglesia reconoce que no tiene ni un modelo concreto y técnico de sociedad para ofrecer y al mismo tiempo toma sus distancias de los modelos que configuran actualmente la sociedad.
Esta etapa se puede distinguir por dos características: un profundo sentido escatológico de la tarea de la Iglesia al fijar como gran relativi-zador religioso y social, la realidad extrahistórica del Reino de Dios que se construye desde acá pero que no se resuelve en una solución históri-ca determinada; y un gran sentido de la objetividad en el análisis de los fenómenos sociales aceptando la mediación que, para este fin, aportan las ciencias sociales. La gran consecuencia es la aparición de una imagen de Iglesia, desligada de poderes temporales, pero con una gran capaci-dad de liderazgo en sentido socio-cultural: presenta los grandes valores y principios que deben dirigir la actividad humana sin pretensiones de orden político o económico, y aparecen como una fuerza institucional defensora del hombre y su dignidad.
Va logrando la Doctrina Social de la Iglesia una madurez que la inser-ta en la historia misma del hombre en un proceso de reflexión-acción sobre y en la realidad social. La Doctrina Social se forma en un proceso socio-teológico y pastoral; no es el fruto de una elucubración académica, sino la reflexión evangélica que hace la comunidad cristiana sobre su realidad social bajo la guía de sus pastores.
La Doctrina Social de la Iglesia se desarrolla en un proceso dinámico e histórico. Es un acompañamiento de los hombres en la búsqueda de las respuestas adecuadas a los problemas, muchas veces muy novedosos, que se presentan en la complejidad de la vida social. Acompañamiento que no significa legitimación de ninguna formación social dada, ni la proposición de un modelo apriorístico de sociedad (0.A. No. 42). Es la propuesta del Evangelio como principio animador, informador y finali-zador de la acción social; Evangelio que por su valor universal —en cuan-to arranca de la más profunda naturaleza del hombre— y por su valor
Carlos Arboleda Mol salvífico —en cuant para la comunidad sentido de apertura.
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salvífico —en cuanto revelado en un plan de salvación—, no sólo sirve para la comunidad cristiana, sino también para cualquier hombre con sentido de apertura.
Lo anterior no quiere decir, que en la búsqueda de las soluciones con-cretas, la Iglesia no sufra las limitaciones propias de la imperfección de los modelos actuales y de la misma contingencia de la ciencia. Prueba de ésto, son los aspectos negativos que pueda presentar la Iglesia en de-terminados momentos (rechazo de la ciencia, unión iglesia-estado...). Pero la implementación de las mejores utopías siempre sufre el cho-que con la realidad de la impotencia y de la penuria humana. Precisa-mente, el dinamismo generado por una alta utopía, es el que motiva un mejor estado de cosas mediante innovaciones atrevidas y creadoras. En este período de la Doctrina Social, aparecen la aplicación de un método inductivo: observar la realidad y descubrir en ella las potencia-lidades evangélicas (CHENU, M.D. "La Doctrina Social de la Iglesia". Concilium 160 (Dbre-80). 532-538).
Cómo se da ese proceso dinámico de la Doctrina Social de la Iglesia? Cómo funcionan los principios cristianos como generadores de cambio? Cómo progresa en este proceso la misma Doctrina Social?.
La Iglesia como organización religiosa vive la complejidad de la inter-acción social. Y en esa complejidad ella entra en diálogo aportando los principios revelados propios. Es un diálogo realidad social-evangelio. ial de la Iglesia
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En esa realidad social se pueden distinguir tres niveles: aquel de los valores comunes, símbolos y significados que dan sentido a la vida de la sociedad y del individuo —la cultura—; aquel del comportamiento estruc-turado según normas, pautas y valores y encarnado en las instituciones —la estructura social—; y aquel de la personalidad que encarna en sí mis-ma esos valores, normis-mas y roles. Estos tres niveles viven una dinámica de procesos operativos a través de los cuales los individuos utilizan los medios o instrumentos a disposición, para realizar los objetivos de la sociedad, objetivos definidos y orientados por los valores sociales cul-turales. Son estos valores los que justifican toda la acción social y la existencia misma de la institución, pues, aunque productos también del sistema, son la parte presupuesta y condicionante, los puntos de referencia de la acción y los factores prescriptivos de la concepción de la realidad (TENTORI, T. "Antropología" en AA.VV. Dizionario di sociologia Roma: Edizioni Paoline, 1979. pp. 89-97).
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Doctrina Social de la Iglesia
Cada sociedad forma, según sus condiciones socio-históricas, sus
propios procesos y fenómenos sociales, o al menos les da esa carac-
terística distintiva de cada formación social. De modo que se puede
distinguir una formación social de la época romana de una formación
social feudal, o se puede diferenciar una sociedad de tipo predominan-
temente rural de una sociedad de tipo urbano. La estructura social
fun-damental está presente en todas las sociedades. Pero los contenidos y
formas se hacen específicos de acuerdo a la dada formación
socio-eco-nómica de que se trate, teniendo en cuenta su propia cosmovisión y sus
propios modos interpretativos y definitorios de la realidad. La solución
no es única pues en el proceso socio-económico se van generando
nue-vas relaciones, nuenue-vas definiciones, nuevos valores y nuenue-vas formas de
convivencia, que entran en cooperación o en conflicto dentro de una
realidad social. El poder, que atraviesa la realidad social toda, hace que
gracias a ciertos factores (económico, militar, ideológico...), alguna de
esas definiciones de la realidad, logre configurarla a ella misma,
pudién-dose hablar así de sociedad feudal, sociedad capitalista, sociedad
post-industrial... y surgen las múltiples formas de gobierno, de desarrollo, de
cultura y de religión...
En el mundo de hoy, diversas cosmovisiones configuran las diversas
naciones: neocapitalismo, marxismo en sus diversas formas,
concep-ciones religiosas,, ideologías totalitarias, aún cosmovisiones pre-urbanas
y deterministas. Esas definiciones quieren definir, configurar y
adminis-trar el quehacer social pues tienen sus elementos epistemológicos (mitos,
análisis, doctrinas), filosóficos (metafísica, ideología, metodología) y
praxeológicos (ética, utopía, proyecciones ideales). Todos estos ele-
mentos, íntimamente relacionados, les permiten abarcar explicativa-
mente la totalidad de la realidad, o al menos eso se pretende.
En ese complejo fenómeno que es la realidad social, la religión ejerce
una función: relacionar al hombre con algo trascendente y responder,
en forma diferenciada, a interrogantes humanos y sociales. La religión
funciona socialmente a través de la mediación de "iglesias", "sectas" y
otras formas de colectividad religiosa. La Iglesia católica es una de esas
mediaciones institucionales. En este artículo nos referimos
exclusiva-mente a ella.
La Iglesia católica, a través de su Doctrina Social, trata de influir
sobre esa realidad social toda. Para poder hacerlo, tiene que mirar
al proceso económico que es condicionante del modelo de formación
social e incidir sobre él. Y debe incidir también sobre el plano de los
valores que asumen los individuos, para poder cambiar el marco de
re-ferencia de una sociedad. En este sentido, la Iglesia ejerce con su
Doc-trina Social un liderazgo socio-cultural.
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IV. LOS PRINCE
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Carlos Arboleda Mora 59 IV. LOS PRINCIPIOS DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA La revelación cristiana nos da dos grandes principios de los cuales emergen con fuerza incontestable la dignidad y el valor del hombre. Esos dos principios son: "El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios" y "El hombre, hermano de Jesucristo, es hijo de Dios".
El primero implica que todos los hombres gozan de una igualdad sus-tancial que no permite definiciones de desigualdad esencial en el hom-bre con respecto a otros homhom-bres, No se puede hablar de homhom-bres infe-riores o supeinfe-riores en sentido de mayor o menor dignidad y respeto; no se puede hablar de desigualdades por razón de nacimiento, de raza, o características propias de la persona y sobre todo, en aquello que se refiere a los derechos humanos fundamentales. No se puede hablar de una superioridad o desigualdad natural entre los hombres.
Y si todos los hombres son hijos de Dios, están llamados a la nicación, sobre todo aquella más profunda que se puede llamar comu-nión. Comunión con Dios como valor supremo de la vida humana, co-munión con los hombres compañeros en este mundo, coco-munión con la naturaleza, "habitat" natural de la raza humana. Intimamente unido a esto está la consideración del hombre como hermano de Jesucristo. Dios asume la historia humana en Jesucristo, que se constituye por la encarnación, su muerte y resurrección, én hermano mayor, cabeza de la comunidad que peregrina hacia Dios. Y por medio de El , se realiza la participación en la vida de Dios, que se sigue realizando a través de la Iglesia para abarcar, en última instancia, a todos los hombres. Si todos los hombres pueden participar de la vida de Dios a través de Jesucristo, y a través de El todos somos hermanos, no queda otra alternativa que la participación entre los mismos hombres como signo de la participación en la vida de Dios. Y si Dios es amor, esa participación tiene que llevar el sello del amor.
Son consecuencia lógica de estos dos principios, dos estrategias glo-bales en la acción humana: la igualdad y la comunión entre los hombres, y la participación de todo hombre en los beneficios de orden cultural, institucional, económico o personal que ofrece la sociedad.
V. IGUALDAD Y PARTICIPACION
La existencia de fuertes ideales igualitarios y de actividades encami-nadas a lograrlos, es una constancia histórica. Temática igualitaria se presenta en los fenómenos mesiánicos, en los movimientos religiosos de la edad media, en las protestas populares y, hoy, en los diferentes pro- cial de la Iglesia
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Doctrina Social de la Iglesia
gramas de desarrollo nacionales e internacionales. Todas estas temáticas
presentan diferentes acentuaciones de acuerdo a sus parámetros
interpre-tativos y a sus ideologías de base.
En las doctrinas sociales del iluminismo se parte de la afirmación de
la necesidad de un orden artificial creado por el Estado para asegurar el
orden en la actividad social del hombre. John Locke (Civil Government,
1690) dice que la institución de la propiedad privada favorece la
igual-dad, pues la propiedad privada es un derecho natural, y limitarla sería
limitar los individuos. Se pueden crear así desigualdades económicas
pero hay en el fondo una igualdad civil ofrecida a todos los hombres
por el gobierno. J.J. Rousseau, máximo teórico de la igualdad en el
siglo XVIII, reconoce dos tipos de desigualdad, una de tipo fisiológico
y otra de tipo moral-político, debida ésta a las convenciones sociales
que dan más privilegio a unos que a otros. A partir de Rousseau
apa-recen las palabras-clave que impulsarán la revolución francesa y las
re-voluciones burguesas en occidente: Libertad, Igualdad y Fraternidad.
El marxismo, por su parte, hace una crítica de la doctrina liberal,
pues la democracia burguesa sólo permite una igualdad política
for-mal, y en la sociedad el hombre sufre las desigualdades de
nacimien-to, clase social y trabajo. El Estado no suprime las desigualdades sino
que las cubre con el manto de la ideología como conciencia falsa. (K.
Marx. La cuestión hebrea, 1843). La ideología liberal, por tanto, llega
a ser el instrumento para conciliar una igualdad de principio con una
de-sigualdad de hecho.
Hoy, en sociología, hay autores que definen, en términos de
estra-tificación social, la necesidad de las desigualdades sociales; otros, en
cambio, parten del hecho real del conflicto y de la desigualdad, y
pro-ponen una acción igualitaria —es el problema de la sociología del
con-senso y la sociología del conflicto.
Parece, de todos modos, que las desigualdades no parecen disminuír
sino que adquieren formas más sofisticadas en los países desarrollados
(diversificación de sectores, división del trabajo...) y formas trágicas en
los países pobres (marginalidad y delincuencia...), sin que aparezcan a la
vista factores estructurales que operen en el sentido de una disminución
de la desigualdad en forma claramente mayoritaria y de gran envergadura.
En los últimos años, se ha producido un fenómeno interesante: la
contestación de un "establishment" estratificante y la lucha por una
sociedad igualitaria. Principios éticos muy altos están guiando esa
acción, mies no bastaría la igualdad basada en igualdad de clase, de
status social y de poder (nivel sociológico de la igualdad), sino que se
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La Iglesia, y a su lado muchas organizaciones internacionales y un gran número de intelectuales, están guiando un escenario igualitario fundado en la igualdad esencial de todos los hombres. Igualdad que, en términos cristianos, arranca de la condición del hombre como crea-tura salida de las manos de Dios.
De mano de la igualdad, va la participación "dos formas de la digni-dad y de la libertad del hombre" (0.A. No. 22). Son inclusivas. No se puede dar la una sin la otra. El reconocimiento de la igualdad, debe fa-vorecer la participación y tener participación significa lograr más igual-dad.
Participación significa no sólo formar parte de la vida social (sentido pasivo), sino ser co-responsable y co-determinante en la sociedad demo-crática (sentido activo de la participación).
La tendencia participativa es también un ideal a lograr. En la socie-dad capitalista, funsocie-dada sobre la propiesocie-dad privada de los medios de producción, la participación se reduce a que los que poseen, represen-ten a los no poseedores. En las sociedades socialistas, la participación, si bien se logra parcialmente a nivel de proceso económico y distribu-ción, queda recortada a nivel político y decisorio.
Los obstáculos para una plena participación son, en primer lugar, de tipo social debido a la división del trabajo, a los intereses de las gran-des empresas, a la estructura del gobierno, a la ideología no participati-va de la clase dominante. Y, en segundo lugar, son obstáculos objetivo-ideológicos como los intereses de ciertos grupos y la concepción verti-cal-jerárquica del mando.
La tendencia participativa surge hoy de tres fuentes principales. La fuente sociológica, que bajo diversas teorías, propone la integración de los diferentes sectores sociales, la contestación de las estructuras no par-ticipativas, la reforma cultural e institucional, con miras a un nuevo tipo de sociedad democrática donde todos puedan sentirse co-responsables de la gestión social.
La fuente ética de la participación se reconoce hoy en la declaración de los derechos humanos, declaración que es, a la vez, proclamación crí-tica de cara al presente y proclamación futura de una sociedad donde todo hombre posea su cuota de responsabilidad social.
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62 Doctrina Social de la Iglesia Carlos Arboleda D
La fuente teológica radica en la vocación humana y cristiana a la re-capitulación de todo en Cristo, es decir, la llamada que hace Dios al
hombre para construir una sociedad en armonía con el plan salvífico del mismo Dios.
Esta tendencia participativa ha urgido la formación de canales y me-dios de participación como la crítica, la organización y la acción. Nue-vas políticas participatiNue-vas se van abriendo campo en la sociedad moder-na. La búsqueda de nuevos espacios de libertad como los grupos de re-flexión, de presión, de opinión... El esfuerzo por crear un nuevo orden internacional que responda a las necesidades básicas del hombre. Las luchas ideológicas de sindicatos, asociaciones... La actuación de la par-ticipación a nivel social, político, económico. Todos estos son esfuer-zos en la conquista de la participación.
VI. FUNCION CRITICA Y FUNCION CREADORA DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA
Con base a estos dos principios —"el hombre como hijo de Dios y hermano de Jesucristo"— y esas dos estrategias globales —igualdad y participación—, puede la Iglesia realizar las dos tareas fundamentales de su misión profética: el anuncio de su sabiduría propia sacada del Evangelio, madurada a través de los siglos por obra de los teólogos y pastores y calibrada en la práctica pastoral; y la denuncia crítica o discernimiento de todo momento histórico para descubrir en ellos los signos de la palabra, los signos del pecado y los gérmenes de transfor-mación. La Iglesia descubre en el proceso histórico a Dios que habla e interpela; relativiza todo quehacer histórico en base a su escatología que interpreta todo logro temporal como un paso más en la construc-ción del Reino definitivo. La dialéctica cristiana —la escatología— es uno de los grandes relativizadores de la historia, pues dinamiza conti-nuamente la actividad creadora del hombre en la búsqueda de nuevos horizontes de más humanización.
Toda ideología o sistema socio-político, tiende a absolutizar sus lo-gros. La Iglesia con su función relativizadora, genera sus distancias de ideologías y sistemas y propone un "más adelante y mejor", que sirve de crítica a los modelos configurantes del presente. La Iglesia, con su Doctrina Social, coloca como un espejo delante de toda formación so-cial y de toda persona para hacer ver sus logros y desaciertos. Allí se analiza aquello que atenta contra la igualdad y la participación y se juz-ga como pecado en cuanto sea desviación del plan salvador de Dios.
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La comunidad cristiana, en medio de su quehacer cotidiano, realiza esa función: discernir en la realidad social lo humanizante y lo deshu-manizante. Más no permanece en la denuncia, sino que aplicando su "palabra", promueve la creación de órdenes sociales más perfectas en todos sus niveles (personal, estructural y cultural). Esta creación se efectúa mediante la proposición de una alternativa doctrinal e históri-ca. (Cfr. GAETE, Arturo. "El pensamiento social de la Iglesia como pensamiento crítico y creador". Documentación. VIII (75) Mayo 78. pag. 23-33). Alternativa doctrinal sacada de sus principios fundamen-tales cristianos (antropología cristiana) y que puede no sólo motivar una definición, distinta de las realidades, sino también aportar el senti-do de toda acción. A nivel de formación social, se presentará como al-ternativa histórica, una nueva civilización que el documento de Pue-bla llama "civilización del amor". La viabilidad de esta alternativa his-tórica, aparentemente muy utópica, hoy se hace más clara. Los esfuer-zos de la ONU, del Club de Roma, del MIT, etc., van encaminados a hacer un repensamiento del actual, o actuales modelos de desarrollo que superándolos cree un nuevo orden internacional.
Se hace necesario aclarar que esa alternativa histórica a nivel de for-mación social no es una alternativa de partido, ideológica o política, pues no se busca alcanzar el poder para instaurar una determinada for-ma ideológica, sino que busca crear la conciencia de una superación in-tegral de la actual en una novedosa forma social.
Esa novedosa forma social supone la superación de las actuales cate-gorías y modelos por la aparición de una nueva forma social. Mientras tanto, la labor de la comunidad cristiana consistirá en una labor de re-forma humanizante mitigante de los actuales modelos, porque esa al-ternativa histórica supone un trabajo quizás muy largo.
En los procesos sociales la Iglesia ejerce pues esa doble misión: Anun-ciar un mensaje salvífico que no es únicamente espiritual sino que abar-ca la totalidad de la existencia del hombre como ser social. El anuncio, en base a esos dos principios fundamentales, propone nuevas posibilida-des de posibilida-desarrollo posibilida-descubriendo las fallas o limitaciones de lo logrado hasta el momento.
Es necesario decir una palabra más sobre la forma de realizar ese anuncio y ese discernimiento. Si la Iglesia hiciera una aplicación mecá-nica de sus principios, volvería a la yuxtaposición que ya se menciona-ba. Urge un conocimiento mayor de la realidad para poder informar desde dentro esa misma realidad, y evitar el peligro latente de desfasa-miento histórico. El recurso a las ciencias sociales remedia ese peligro, pues permite un acercamiento más preciso a los fenómenos sociales
64 Doctrina Social de la Iglesia permitiendo que la Iglesia conozca mejor los mecanismos que funcio-nan en ellos y las consecuencias correspondientes.
Conociendo esos mecanismos y esas consecuencias, la Iglesia proce-de, no a hacer una mezcla impotable de sociología y fe, sino a pensar sus principios y estrategias en términos más precisos, más inteligibles, más realistas y más adecuados para la situación que se quiere informar con la Doctrina Social.
Así pensada la Doctrina Social no es simplemente un apéndice sobran-te secundario e inoperansobran-te del cuerpo doctrinal de la Iglesia, sino que es el mismo quehacer de la Iglesia aplicado a ese vasto campo que es la so-ciedad, tan vasto que puede decirse que la obra evangelizadora de la Iglesia es una obra social. La evangelización tiene como uno de sus ele-mentos propios y constitutivos la Doctrina Social y nadie puede decir-se cristiano si no practica la Doctrina Social de la Iglesia. (M.M. 89; SILVA H.R. Mensaje de los Trabajadores lo. Mayo 1980. DOCLA VIII - Mayo - Junio (52) pág. 15-19.
La Iglesia que no tiene pretensiones de tipo temporal, se presenta como un líder cultural —para expresarlo en términos sociológicos— que presenta al mundo unos valores culturales y unos símbolos co-rrespondientes, de la máxima profundidad humana. Será tarea de los técnicos, programadores, ingenieros sociales, pueblo en general, bus-car las formas y modelos adecuados a esos principios culturales, o me-jor, a un desarrollo integral pensando en función del hombre. Por tan-to esa alternativa histórica no la realiza la Jerarquía, sino la comuni-dad humana con el aporte del grupo de los cristianos.
VIL DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA Y CIENCIAS SOCIALES
Y en cierta manera, lo que es-sán haciendo hoy las comunidades de científicos e investigadores, es la búsqueda angustiosa —porque los tiempos apremian— pero optimista, de un modelo de desarrollo al-ternativo e integral, que sea verdaderamente humano. Es un repensa-miento del actual modelo de desarrollo lo que se está haciendo a ni-vel mundial. Un repensamiento que conlleva la superación de los mo-delos tradicionales que se dan hasta el presente y que, en alguna ma-nera, se están imponiendo, por necesidad o por presión, o por sim-ple imitación, en todas las naciones.
La doble misión de la Iglesia, se inserta, por tanto, en la dinámi-ca propia de las sociedades humanas. Y esta inserción se realiza tan-to por la presencia de comunidades cristianas en esas sociedades, lo
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que ya es motivo suficiente para la acción de la fe; como porque el mensaje cristiano lleva una propuesta total e integral que superando las barreras de sistemas e ideologías, es válido para todo hombre. Podría parecer que, a ese nivel, la Iglesia con su mensaje, realiza una antropofagia cultural, pues aparentemente, se coloca por enci-ma de las culturas propias de cada región o que no cuenta con ellas. En verdad, esa ha sido en algunas experiencias de evangelización la nota negativa de la acción pastoral. Por eso aquí entra de nuevo el papel de las ciencias sociales, especialmente de la antropología, en su versión teórica y aplicada, que permite a la Iglesia integrarse en esas sociedades haciendo una aculturación no dominante, sino de propuesta, que puede transformar los valores que sean juzgados frenantes, y crear una nueva síntesis cultural. Es necesario decir que las culturas no se pueden comparar en términos de mejor o peor, a no ser que se haga el recurso a los juicios de valor. La Iglesia en obra evangelizadora hace un análisis y un juicio de valor para realizar el cambio cultural, recurriendo siempre a las ciencias sociales para evitar traumatismo cultural.
No está exento de peligros ese tratamiento. La antropofagia cultural es una tendencia fuerte en cualquier proceso de cambio cultural. La dominación cultural no es un acto voluntario y querido siempre, sino que se presenta en los mejores programas de cambio y en casi todo pro-ceso de aculturación. La Iglesia no puede incurrir en ese error hoy cuan-do se ha tomacuan-do conciencia del derecho a la propia cultura.
VIII. CONCLUSION
Para concluir decimos, pues, que la Iglesia actúa en la sociedad como relativizador de estadios logrados y como dinamizador de estadios nue-vos y posibles. Continuamente realiza esa doble función pues la socie-dad no es estática y hay que buscar nuevas respuestas a nuevos proble-mas.
La búsqueda de respuestas no es siempre fácil. De ahí la confusión y la ambivalencia de los momentos de transición que, lógicamente, también golpean a la Iglesia como institución social. El paso de la sociedad rural a la urbana ha exigido a la Iglesia grandes esfuerzos de respuesta que aún no dan todo su resultado. De ahí las crisis pastorales, la defección de los obreros, la experimentación de nuevos modos...
La nueva metodología de la Doctrina Social de la Iglesia es totalmen-te creativa. Es, en partotalmen-te, el método "ensayo-error" en el que se experi-mentan nuevas y más eficaces respuestas, partiendo de la acción de la comunidad, reflexionando sobre la realidad y volviendo a la realidad.
66 Doctrina Social de la Iglesia En la medida en que la Iglesia sepa realizar el debido discernimiento frente a los nuevos desafíos, podrá encontrar respuestas más adecuadas que permitan un mejor anuncio de su mensaje, La Doctrina Social de la Iglesia no es que se adapte maliciosamente a nuevas situaciones, sino que ensaya respuestas mejores y en esa dialéctica cumple su misión. Es una tarea permanente: se parte de la acción cotidiana de la comunidad cristiana, se cierne a través de la óptica evangélica, se sanciona por quie-nes tienen el encargo de velar por el mensaje, se expresa y analiza por las mediaciones científicas y se envía esa doctrina de nuevo a la praxis de la comunidad. Y el próceso comienza de nuevo.
D Decano de la Facu
"El aporte de la Iglesia a la liberación y promoción humana se ha venido concretan-do en un conjunto de orientaciones concretan- doctri-nales y criterios de acción que solemos lla-mar "enseñanza social de la Iglesia". Tienen su fuente en la Sagrada Escritura, en la ense-ñanza de los Padres y grandes Teólogos de la Iglesia y en el Magisterio, especialmente de los últimos Papas. Como aparece desde su origen, hay en ellas elementos de validez permanente que se fundan en una antropología nacida del mismo mensaje de Cristo y en los valores pe-rennes de la ética cristiana. Pero hay también elementos cambiantes que responden a las condiciones propias de cada país y de cada época" (Puebla 472).
El objetivo de GRAL es conocer consejable el estal En los diferent con honda preoci social que reclama La preocupaci¿ mor de la poblaci dicos de inconfor situación socio-eco na, la cual tampo amplio como es A Describir la sit que se escapa a h personales. Se rec ciplinar que desd(
Ponencia present de 1980.