INTRODUCCIÓN
La violencia en la relación de pareja es un com-portamiento con devastadoras consecuencias per-sonales, familiares y sociales, que, lamentablemente se puede catalogar como altamente prevalente en las sociedades de todo el mundo (Bell y Naugle, 2008; Lawson, 2012; Lysova y Straus, 2019; Powney
y Graham-Kevan, 2019). Recientes datos estadísticos demuestran que este tipo de agresión ha llegado a constituirse en un serio problema de salud pública (por ejemplo., Organización Mundial de Salud, 2014; Vicario-Molina, Orgaz-Baz, Fuentes-Martín, Gonzá-lez-Ortega y Martínez-Álvarez, 2015), que ha reque-rido un importante esfuerzo por parte de los científicos sociales para desvelar sus orígenes y me-canismos subyacentes. En este sentido, el estudio de este tipo de maltrato se remonta a la década de 1970 (Barrientos, Rodríguez-Carballeira, Escartín y Longares, 2016), periodo en el que, después de ser
S
ITUATIONAL VIOLENCE OF THE COUPLE
:
COMPARING QUANTITATIVELY
HYPOTHESIS DERIVED FROM DE THE GENDER AND THE FAMILIAR
VIOLENCE PERSPECTIVES
Paula Pavez
1, Pablo Polo
1, José Antonio Muñoz-Reyes
1,
Ana María Fernández
2, Diana Rivera
3y Nohelia T Valenzuela
1Resumen
La violencia en las relaciones de pareja es considerada un problema de salud pública. Las Cien-cias Sociales han intentado explicar esta conducta principalmente desde la Teoría de Género y la Teoría de Violencia Familiar. En este estudio analizamos, en 112 parejas, la relación entre agresión general y específica de pareja, y la distribución de ésta última dentro de las parejas. Los resultados muestran una correlación positiva entre los niveles de agresión general y agresión específica hacia la pareja. A su vez, se encuentra un patrón asimétrico en la distribución de la agresión física y control coercitivo dentro de la pareja, siendo la mujer la que con mayor frecuencia efectúa este compor-tamiento. Los resultados se discuten en función de ambas teorías.
Palabras clave:Violencia de género; violencia familiar; violencia situacional de pareja; control coercitivo; agresión general.
Abstract
Intimate partner violence is considered a public health problem. The Social Sciences have at-tempted to explain this behavior mainly from the Theory of Gender and Theory of Family Violence. The present study analyzes, in 112 couples, the relationship between general and specific aggres-sion, and the distribution of specific aggression within the couples in order to test the hypothesis of both theoretical frameworks. The results show a positive correlation between levels of general and specific aggression in the couple. Also, we find that physical aggression and coercive control are asymmetrically distributed within dyads being women higher in the expression of these behav-iors. Results are discussed contrasting both theories.
Key words:Gender violence; domestic violence; situational partner violence; coercive control; general aggression.
Recibido: 18-01-19 | Aceptado: 07-10-19
1Universidad de Playa Ancha, Viña del Mar, Chile. 2Universidad de
Santiago de Chile, Santiago, Chile. 3Pontificia Universidad Católica
de Chile, Santiago, Chile. E-Mail: [email protected]
REVISTA ARGENTINA DE CLÍNICA PSICOLÓGICA XXVIII p.p. 945-957 © 2019 Fundación AIGLÉ.
VIOLENCIA SITUACIONAL DE PAREJA: CONTRASTANDO
CUANTITATIVAMENTE HIPÓTESIS DERIVADAS DE LA PERSPECTIVA
DE GÉNERO Y DE LA PERSPECTIVA DE VIOLENCIA FAMILIAR
tratado como un problema privado que no justifi-caba atención fuera de la familia, ha sido finalmente reconocido como conflicto social que requiere espe-cial atención (Dobash y Dobash, 1979; Gelles, 1985; Lawson, 2012).
Este relevante cambio social, ha estado marcado por la influencia de dos destacados marcos teóricos que a su vez evidencian diferencias en algunas de sus hipótesis básicas (Archer, 2006; Bates y Gra-ham-Kevan, 2016; Graham-Kevan y Archer, 2005). El primero de ellos es la llamada Perspectiva de Género (Archer, 2006; Dobash y Dobash, 2004; Kurz, 1989; Murphy, 2013), que en términos generales trata el problema de la violencia de pareja como un tema re-lacionado fundamentalmente con el género y, espe-cíficamente con la dominación patriarcal (Dobash y Dobash, 1979, 2004; Pence y Paymar, 1993). Este en-foque destaca por otorgar relevancia al contexto his-tórico y social, brindando información sustancial sobre las influencias y diferencias culturales en las expresiones de poder y control basadas en el género (Kurz, 1989; Murphy, 2013).
Una primera hipótesis a destacar de esta teoría es que la violencia de pareja debe estudiarse inde-pendientemente de la investigación general en agre-sión (Bates, Graham-Kevan y Archer, 2013), pues desde esta perspectiva se considera que los mode-los que estudian la agresión en forma general no lo-gran caracterizar adecuadamente el maltrato en la pareja. Ello ocurre porque la violencia en la díada no formaría parte de un estilo interpersonal para ambos sexos, es decir, si bien los hombres maltratadores pueden no ser agresivos en otros repertorios de interacción social, sí lo son en la privacidad del am-biente íntimo. Por lo tanto, este maltrato debería es-tudiarse como fenómeno aparte de otras formas de agresión como por ejemplo aquellas ejercidas hacia los familiares, el abuso infantil o hacia las personas mayores, etc. (Bates et al., 2013; 2014; Graham-Kevan y Archer, 2003, 2005). Por otro lado, como se-gunda hipótesis a resaltar por parte de esta teoría, es que la violencia de pareja se fundamenta en la desigualdad de poder que permite al hombre con-trolar y mantener bajo su dominio a la mujer. Por tanto, bajo este escenario y, especialmente en aque-llas relaciones con altos niveles de agresión, serían los hombres quienes cometerían en mayor medida, actos de agresión hacia su pareja, fenómeno cono-cido como “asimetría de género” (Archer, 2000; Darko, Björkqvist y Österman, 2018; Dobash y Do-bash, 2004; Johnson, 2006, Johnson, Leone y Xu, 2014; Kurz, 1989).
En contraste con estas dos hipótesis del enfoque de Género, la Perspectiva de Violencia Familiar (Straus, 1976) considera en primer lugar que el mal-trato de pareja es sólo un aspecto de un problema más amplio de violencia al interior del hogar (Bates et al., 2013). En este sentido, la agresión dentro de la díada sería parte del comportamiento agresivo en
general y no tendría una etiología específica, inde-pendiente o cualitativamente diferente de otros tipos de maltratos (Dutton, 2010; Felson, 2010).
En segundo lugar, este enfoque teórico además sostiene que ambos componentes de la pareja se-rían propensos a cometer actos de agresión entre sí, fenómeno conocido como “simetría de género” (Ar-cher, 2000; Darko et al., 2018; Kimmel, 2002). De esta forma, hombres y mujeres usarían la agresión física y el control de manera similar, existiendo una alta correlación entre las medidas de victimización y de perpetración, es decir, un alto grado de recipro-cidad en el comportamiento agresivo (Bates et al., 2013; Graham-Kevan y Archer, 2008). Incluso, cuen-tan con evidencia científica que indica que frecuen-temente es la mujer quien es más propensa a iniciar la agresión (Archer, 2000; 2002; Bates et al., 2013), ejercer violencia doméstica (Machado, Santos, Gra-ham-Kevan y Matos, 2019; Soldino, Romero-Martí-nez y Moya-Albiol, 2016; Straus, 2011; Straus y Ramírez, 2007), y maltratar a parejas que nunca las han agredido (Straus y Ramírez, 2004). Estos ante-cedentes indicarían que ambos sexos son igual-mente capaces de utilizar estrategias de emparejamiento y control que les permitan el acceso y monopolización de sus parejas (Buss, 2011), aun cuando son los hombres quienes tienen el potencial para generar el mayor daño físico, causando lesio-nes más graves (Stets y Straus, 1989).
Dado estos antecedentes, se puede señalar que ambas perspectivas teóricas difieren no sólo en la forma en la que investigan el comportamiento agre-sivo en la pareja, sino además en el patrón de expre-sión de este. Es decir, para la Perspectiva de Género el comportamiento agresivo debe estudiarse inde-pendientemente de la investigación general de agre-sión, siendo además el maltrato ejercido principalmente por los hombres. En contraposición, para la Perceptiva de Violencia Familiar el maltrato dentro de la díada sería parte del comportamiento agresivo general y es simétrico por sexo.
Desde un punto de vista científico, en los últi-mos 20 años, tanto la Perspectiva de Género como la de Violencia Familiar han contado con respaldo empírico para sus hipótesis, lo que se debería, prin-cipalmente, al análisis de las muestras selecciona-das por ambas corrientes teóricas (Archer, 2000; Johnson et al., 2014). En este sentido, partidarios de la Perspectiva de Género, típicamente estarían orientados a trabajar con mujeres víctimas que viven en casas de acogida y, con aquellos hombres violentos que asisten a programas de tratamiento, en quienes se puede encontrar el uso sistemático de la fuerza como método de control. Por ende, sus hallazgos harían alusión a un patrón asimétrico por sexo. Por otro lado, aquellas muestras generales representativas de parejas casadas o de convivien-tes serían frecuentemente reclutadas en estudios de los partidarios de la Perspectiva de Violencia
Fa-miliar, en donde se manifestaría un patrón de ex-presión simétrico por sexo (Bates y Graham-Kevan, 2013; Johnson et al., 2014).
Otro aspecto relevante del maltrato en las rela-ciones de pareja y que además complejiza el fenó-meno, radica en su alta variabilidad, es decir, esta conducta no tiene un patrón comportamental único, encontrándose al menos dos tipos cualitativamente diferentes de violencia en la pareja heterosexual. Las principales distinciones radicarían en el grado de control presente, así como en las causas, los patro-nes de desarrollo (frecuencia e intensidad de la con-ducta), las consecuencias y las formas de intervención (Johnson, 2006; Johnson et al., 2014). Estos tipos de violencia han sido categorizados por Johnson (1995), quien tratando de integrar y comple-mentar los hallazgos de la Perspectiva de Género junto a la de Violencia Familiar ha tipificado como “terrorismo íntimo” (ver Johnson, 1995) toda aquella agresión que forma parte de una estrategia general de poder y control violento sobre la pareja, de carác-ter grave y utilizada principalmente por los hombres, es decir, el terrorismo íntimo manifestaría un patrón de expresión asimétrico por sexo y, como se señaló previamente, sería aquella muestra bajo la que la Perspectiva de Género estaría típicamente orientada a trabajar (Emery, 2011; Johnson, 1995, 2006; John-son et al., 2014), aunque alcanzaría conclusiones ge-nerales respecto de la agresión en la pareja.
Un segundo tipo de agresión es la denominada “violencia situacional o común de pareja” (ver John-son, 1995), definida como la forma menos grave y más frecuente de violencia, perpetrada por hombres y mujeres, donde se encuentra un patrón simétrico por sexo, siendo aquella muestra generalmente se-leccionada por los partidarios de la Perspectiva de Violencia Familiar (Johnson, 1995; Johnson et al., 2014). En este tipo de maltrato existen bajos niveles de agresión física, y la conducta de dominio es pro-ducida por deficiencias en la comunicación y en el manejo de la ira cuando se trata de resolver conflic-tos de interés de la vida cotidiana en pareja (John-son et al., 2014). Un ejemplo de lo anterior serían aquellas circunstancias relacionadas con dónde ir de vacaciones, cómo gastar el dinero, cómo educar a los hijos, y una multiplicidad de situaciones que todas las parejas viven en el día a día y que en oca-siones son solucionadas por medios agresivos (Johnson, 1995; Johnson et al., 2014). Estos conflic-tos pueden ser singulares, con un desacuerdo que en algún momento se eleva de nivel y puede llevar a uno de los integrantes de la pareja a agredir físi-camente al otro, seguido de un acto de arrepenti-miento. Sin embargo, la violencia también podría ser un problema crónico, con uno o ambos integran-tes recurriendo de manera frecuente a la violencia menor o grave, incluso homicida (Johnson, 2006, 2008; Lien y Lorentzen, 2019). Aunque la violencia situacional puede alcanzar el nivel de agresión del
terrorismo íntimo, su principal diferencia con este último es que la violencia situacional no forma parte de un patrón general de control, sino más bien es producto de una escalada de conflicto entre parejas, caracterizada por un bajo control coercitivo entre sus miembros y por la existencia de comportamien-tos agresivos en uno o ambos integrantes de la díada (Johnson et al., 2014).
Frente a lo complejo de los antecedentes pre-sentados, es decir, la evidencia empírica para el debate acerca de la generalidad versus la especi-ficidad del comportamiento agresivo, y su patrón de expresión (simetría versus asimetría), según el tipo de muestra de parejas seleccionada, es que en la presente investigación se ha propuesto con-trastar estas hipótesis.
Para esta contrastación se ha recurrido a una po-blación de parejas románticas adultas heterosexua-les (N = 112) que presenta el tipo de maltrato más frecuente, es decir violencia situacional de pareja (ver Johnson, 1995). Esta elección se ha efectuado, en primer lugar, considerando la necesidad de obte-ner información que comprenda un amplio espectro de la población, y no sólo a aquellas personas que sufren formas más graves de control. La muestra se-leccionada no disminuye la relevancia del estudio ya que como se ha señalado, la violencia común de pa-reja puede resultar ser un problema crónico, en el que uno o ambos integrantes ocasione lesiones me-nores y/o graves, incluso homicidas (ver Johnson, 1995, 2006, 2008). En segundo lugar, el enfoque diá-dico de este estudio y su focalización en población con violencia común de pareja, es adecuado para es-tablecer vínculos entre ambas perspectivas. Especí-ficamente, frente al debate de simetría versus asimetría del comportamiento agresivo en la pareja. En este debate la Perspectiva de Género coincide con la de Violencia Familiar, al establecer que en al-gunos casos de violencia común de pareja tanto hombres como mujeres pueden agredirse mutua-mente (Johnson et al., 2014). Algo poco explorado en la literatura especializada que suele centrarse en el comportamiento violento de sólo uno de los inte-grantes de la pareja (Johnson, 2006).
De esta manera se formularon dos hipótesis, la primera se centró en analizar en una misma muestra, si la agresión general, es decir, aquella que se ex-presa en el contexto de las relaciones interpersona-les (por ejemplo., amigos, familiares, socios, etc) presenta un patrón similar de expresión con la agre-sión específica que se ejerce hacia la pareja. Para analizar lo anterior, se midió la agresión general (me-dida con el cuestionario de agresión de Buss y Perry, 1992), la agresión física en la pareja (a través de la escala reducida de Conflicto Táctico CTS2S Short Form de Straus y Douglas, 2004) y el control coerci-tivo ejercido hacia la pareja (medido con la escala de Conductas Controladoras o CBS de Graham-Kevan y Archer, 2005). Si el planteamiento de la Teoría de
Violencia Familiar es válido, se esperaría que estas escalas se encuentren relacionadas positivamente. Esto respaldaría la propuesta de que la agresión forma parte de un estilo interpersonal para ambos sexos y que el maltrato de pareja es un comporta-miento que se relaciona con otras formas de agre-sión. La falta de asociación entre estas escalas daría soporte empírico a la Perspectiva de Género, al es-tablecer que estos comportamientos (es decir, la agresión general y aquella que se ejerce hacia la pa-reja) operan en sistemas diferentes.
La segunda hipótesis se centra en confirmar uno de los aspectos centrales en que ambas teorías se solapan al establecer que en parejas en las que ocu-rre violencia situacional, esta suele ser bidireccional (Johnson, 2006). De esta forma, se espera un alto grado de simetría en los comportamientos coerciti-vos que despliegan ambos componentes de la díada romántica hacia sus parejas (medidos con escala de Conductas Controladoras (CBS) y la escala reducida de Conflicto Táctico (CTS2S) para la agresión física en la pareja).
MÉTODO
Diseño
Esta investigación contempla un estudio cuanti-tativo en el que se miden las variables de interés me-diante cuesionarios psicométricos con escala likert. Es de tipo no experimental ya que no se interviene ninguna de las variables estudiadas. A su vez, es trasversal ya que se analizan las relaciones entre va-riables en un momento concreto del tiempo. Por úl-timo, incorpora un análisis diádico en su diseño para contrastar la hipótesis sobre la simetría en los com-portamientos de agresión y control dentro de la pa-reja.
Participantes
La muestra estuvo compuesta por un total de 224 voluntarios de nacionalidad chilena, que eran parejas entre sí. Participaron 112 hombres (rango de edad de 19 a 50 años, M = 28.63, SD = 6.89), y 112 mujeres (rango de edad de 19 a 45 años, M = 27.29, SD = 6.24), provenientes de distintas comu-nas de la Región Metropolitana de Chile. Respecto del estado civil de los participantes, el 75.9% de ellos convivían, mientras que un 24.1% estaban ca-sados. El tiempo promedio de relación fue de 50.96 meses. Para el nivel educacional, este fue mayori-tariamente estudios universitarios, con un 65.2%, mientras que el 34.8% de los participantes no te-nían educación universitaria.
Procedimiento
La muestra fue reclutada a través de la entrega de folletos y afiches en Universidades de Santiago y Centros de Salud de la misma Región. Previa-mente, la investigación fue evaluada y autorizada
por el Comité de Ética certificado de la Universidad de Santiago de Chile, por tanto, los participantes firmaron un Consentimiento Informado, donde se les comunicó el objetivo del estudio y se les ase-guró la confidencialidad y anonimato de la informa-ción proporcionada. También recibieron un incentivo económico para que financiaran el trans-porte al lugar de estudio y el regreso a su hogar ($ 10.000 pesos chilenos).
Para esta investigación y dadas las hipótesis pro-puestas, en una primera fase se excluyó a las parejas que, producto de una evaluación psicológica previa, efectuada por una experta en psicodiagnóstico y en tratamiento de personas con agresión de pareja, es-tuvieran experimentando formas graves de violen-cia, como terrorismo íntimo (Johnson, 1995).
En una segunda fase, y para proteger la seguri-dad de las personas, se evaluaron de manera indivi-dual en aquellos hombres y mujeres con violencia situacional diagnosticada por la profesional experta, las medidas psicológicas de autorreporte seleccio-nadas para este estudio. El procedimiento tuvo una duración promedio de una hora treinta minutos y los instrumentos de estudio fueron en formato papel y lápiz. Finalmente, junto a la evaluación psicodiag-nóstica, el diagnóstico de violencia situacional de pareja fue confirmado por el puntaje obtenido en los instrumentos de estudio.
Instrumentos de Estudio
Cuestionario sociodemográfico: Los participan-tes completaron un cuestionario sociodemográfico básico. A partir de este cuestionario obtuvimos la información sobre el tiempo que la pareja llevaba junta (en meses) y sobre el nivel educativo prome-dio de la pareja, que fueron empleadas como varia-bles control en los análisis (Renner y Whitney, 2010; Straus, 2008). Debido al perfil formativo de la muestra, en la que la mayoría de los individuos tenía estudios universitarios, categorizamos la va-riable nivel educativo en dos grupos: aquellas pa-rejas con un nivel educativo promedio universitario y aquellas parejas con un nivel educativo promedio inferior al universitario.
Escala de agresión general de Buss y Perry (1992) (BPAQ, Buss y Perry Aggression Questionnaire): En esta investigación, se utilizó la adaptación chilena (Valdivia-Peralta, Fonseca-Pedrero, González-Bravo y Lemos-Giráldez, 2014) del instrumento de Agresión de Buss y Perry o BPAQ, (1992). El BPAQ mide la agresión general a partir de cuatro subescalas: agre-sión física (AF), agreagre-sión verbal (AV), ira (I) y hostili-dad (H). El instrumento consta de 29 ítems que se contestan en una escala Likert de 5 valores (1 = “nada característico de mí”, 5 = “muy característico de mí”). Tiene un alto nivel de fiabilidad y es común-mente utilizado en investigaciones en Psicología en torno a la agresión (p.ej., Archer y Thanzami, 2009; Muñoz-Reyes, Gil-Burmann y Turiegano, 2012). Los
alfas de Cronbach (α) alcanzados para medir la fia-bilidad del instrumento fueron similares y en algu-nas subescalas ligeramente superiores a los obtenidos por la adaptación de Valdivia-Peralta et al., (2014). En esta investigación se obtuvo una con-sistencia interna total de α=.87 (versus un α=.89 del estudio adaptado); la medida de agresión física (AF) presentó un α= .81(versus un α=.80 del estu-dio adaptado); la agresión verbal (AV) un α= .72 (versus un α=.66 del estudio adaptado); la ira (I) un α= .66 (versus un α=.60 del estudio adaptado); y la hostilidad (H) un α= .77 (versus un α=.61 del es-tudio adaptado). En cuanto a las diferencias por sexo, este estudio obtuvo una consistencia interna total para hombres de α= .85; la medida de agresión física (AF) presentó un α= .81; la agresión verbal (AV) un α= .71; la ira (I) un α= .58; y la hostilidad (H) un α= .74. Mientras que, para el sexo femenino, se obtuvo una consistencia interna total de α=.89; la medida de agresión física (AF) presentó un α= .79; la agresión verbal (AV) un α= .73; la ira (I) un α = .67; y la hostilidad (H) un α= .80.
Control coercitivo en la pareja, a partir de la Es-cala de Conductas Controladoras o CBS, (del original en inglés Controlling Behavior Scale en Graham-Kevan y Archer, 2005): Se ocupó una versión vali-dada, pero no publicada del instrumento. Para ello, se siguieron las pautas estándar de traducción y adaptación de las medidas existentes (ver Gud-mundsson, 2009). Diversas investigaciones han de-mostrado que los comportamientos relacionados con el control son comúnmente utilizados por aque-llas parejas clasificadas con maltrato situacional o común, y son importantes predictores de la agresión física (Bates et al., 2013; Graham-Kevan y Archer, 2003, 2005). El CBS se divide en diferentes subes-calas: control económico (CE), control amenazante (CA), control intimidante (CI), control emocional (CEM) y control aislante (CAI), y se contesta conside-rando las estrategias que la persona realiza hacia su pareja y las que estima que la pareja realiza hacia él/ella. Las respuestas se proporcionan en una es-cala Likert de 5 valores, en donde 0 indica “nunca”, y 4 indica “siempre”. Los alfas de Cronbach para medir la fiabilidad del instrumento fueron similares a los obtenidos por sus autores en la versión origi-nal, consistencia interna total de α=.86 (versión ori-ginal α=.87). En los hombres la consistencia fue de α=.88 (versión original α=.89) y para mujeres de α =.85 (versión original α=.90).
En cuanto a los resultados por subescalas de cada uno de los comportamientos controladores, la consistencia interna es igualmente similar, siendo la medida de control económico (CE) encontrada por los autores originales un α=.48 para hombres y de α=.66 para mujeres (versus esta investigación que presentó un alfa de Cronbach de α=.52 para hom-bres; mujeres α= .40); la medida de control amena-zante (CA) un α=.61 para hombres y α= .54 para
mujeres (versus esta investigación con un alfa de Cronbach de α=.50 para hombres; mujeres α= .55); la medida de control intimidante (CI) es un α=.62 para hombres y α= .61 para mujeres (versus esta in-vestigación que presentó un alfa de Cronbach de α =.61 para hombres; mujeres α= .50); la medida de control emocional (CEM) es un α=.87 para hombres y α= .80 para mujeres (versus esta investigación que presentó un alfa de Cronbach de α=.62 para hombres; mujeres α= .52); finalmente la medida de control aislante (CAI) es un α=.81 para hombres y α = .81 para mujeres (versus esta investigación que presentó un alfa de Cronbach de α=.80 para hom-bres; mujeres α= .83).
Agresión física en la pareja, a partir de la Escala reducida de Conflicto Táctico o CTS2S Short Form, (del original en inglés Control Tactics Scale en Straus y Douglas, 2004): Se utilizó una versión validada, pero no publicada del instrumento siguiendo las pautas estándar de traducción y adaptación (ver Gudmundsson, 2009). Así también, una versión mo-dificada del CTS2S incluyendo sólo la subescala de agresión física (CTSAG). Esta subescala permite medir la frecuencia de este tipo de actos a partir de actos leves como “yo empujé a mi pareja, agarre con fuerza o le di una cachetada a mi pareja” y, actos graves como “le di un puñete o golpeé a mi pareja con algo que podía dañarle”. Las respuestas para este instrumento se entregan en una escala Likert de 7 valores (es decir: 0 = “esto nunca ha pasado”, a un valor más alto de 7 = “más de veinte veces en los últimos doce meses”). Esta medida considera la con-ducta que la persona realiza hacia su pareja y las que estima que la pareja realiza hacia él/ella. Res-pecto de la consistencia interna del instrumento, esta no se puede calcular, pues el instrumento ori-ginal CTS2S consta de cinco escalas separadas y no tiene un puntaje total. Por tanto, tal como lo indican los autores del instrumento, calcular los coeficientes de confiabilidad para la subescala de agresión física tampoco es apropiado porque cada una consta de solo dos elementos (Straus y Douglas, 2004).
Análisis de Datos
Para el análisis de la primera hipótesis se realiza-ron correlaciones no paramétricas, mediante el coe-ficiente de correlación de Spearman, entre la puntuación global del BPAQ y las puntuaciones glo-bales del CTSAG y el CBS, así como para las cinco su-bescalas del CBS. En el caso del CTSAG y del CBS se consideraron solo las medidas de autoreporte (lo que los participantes indican que realizan hacia su pareja) al ser el BPAQ una medida de autoreporte. Se empleó un método no paramétrico debido a la distribución no normal de las variables estudiadas.
En el caso de la segunda hipótesis se empleó un análisis de medidas repetidas para estudiar el efecto del sexo en los niveles de agresión y control dentro de cada pareja (Kenny, Kashy y Cook, 2006). De esta
manera podemos comprobar si el sexo es una varia-ble explicativa de los niveles de agresión y control dentro de la pareja y, por tanto, si la agresión y con-trol dentro de la pareja puede ser considerado simé-trico o asimésimé-trico. Debido a la falta de normalidad de los datos se emplearon pruebas no paramétricas, en concreto la prueba de Wilcoxon para medidas re-petidas. En este caso se analizaron las 5 subescalas del CBS y la puntuación global del CBS y del CTSAG, tanto de lo reportado de los participantes hacia la pareja, como lo reportado de la pareja hacia el/la participante. Una vez obtenidos estos resultados y con el objetivo de controlar por ciertas variables que podrían influir en el grado de asimetría de la agre-sión y control dentro de la pareja como es el tiempo de relación y el nivel educacional promedio de la pa-reja, se emplearon modelos lineares generales de medidas repetidas. Hay que tener en cuenta que este es un procedimiento que asume una distribu-ción normal de los residuos del modelo y, en gene-ral, de las variables estudiadas, cosa que no se cumple en nuestro estudio, pero que es aplicado una vez confirmados o no los resultados mediante aná-lisis no paramétricos. Se analizaron 4 modelos que se diferenciaron por las medidas repetidas conside-radas. Por un lado, se analizó la puntuación del CTSAG de los miembros de la pareja, tanto de lo re-portado de los participantes hacia la pareja, como lo reportado de la pareja hacia el/la participante (2 mo-delos). Y por el otro se analizó la puntuación global del CBS de los miembros de la pareja, tanto de lo re-portado de los participantes hacia la pareja, como lo reportado de la pareja hacia el/la participante (2 mo-delos). Para los 4 modelos se consideró el tiempo de relación como una covariable y el nivel educacional de la pareja (estudios universitarios o estudios infe-riores a los universitarios) como un factor fijo.
Los análisis fueron realizados por el programa estadístico IBM SPSS 21 y el nivel de significación fue establecido para un α= .05.
RESULTADOS
Hipótesis 1: Relación entre la agresión general y la agresión específica hacia la pareja
En relación a las mujeres, observamos que el BPAQ correlaciona positivamente tanto con el CTSAG (coeficiente de correlación de Spearman: rs = .355, N = 112, p <.001, figura 1) como con el CBS (rs = .616, N = 112, p <.001, figura 2). A su vez, correlaciona po-sitivamente con todas las subescalas del CBS (CE: rs = .344, N = 112, p <.001; CA: rs = .476, N = 112, p < .001; CI: rs = .555, N = 112, p <.001; CEM: rs = .465, N = 112, p <.001; CAI: rs = .467, N = 112, p <.001). En relación a los hombres, la relación entre el BPAQ y el CTSAG fue positiva, pero no resultó significativa (rs = .120, N = 112, p = .206, figura 1). No obstante, observamos que el BPAQ correlaciona
positiva-mente con el CBS global (rs = .621, N = 112, p <.001, figura 2) y sus cinco subescalas (CE: rs = .459, N = 112, p <.001; CA: rs = .502, N = 112, p <.001; CI: rs = .583, N = 112, p <.001; CEM: rs = .505, N = 112, p < .001; CAI: rs = .450, N = 112, p <.001) al igual que ocurría con las mujeres.
Hipótesis 2: Simetría en la agresión y control dentro de la pareja
En primer lugar, considerando lo que los indivi-duos reportan que hacen hacia sus parejas, obser-vamos que las mujeres reportan mayores niveles de agresión física que los hombres (prueba de Wilcoxon para muestras relacionadas: Z = -4.228, N = 112, p < .001). De las 112 parejas, en 50 de ellas las mujeres reportaron mayor puntuación en el CTSAG que los hombres, en 21 fueron los hombres los que reporta-ron una mayor puntuación y en 41 de ellas se pro-dujo un empate en cuanto a los niveles reportados. En relación al control que los individuos realizan hacia sus parejas, de manera global, las mujeres re-portaron ser más controladoras que los hombres (Z = -2.565, N = 112, p = .010, figura 3). De las 112 pa-rejas, en 61 de ellas fueron las mujeres las que re-portaron mayor puntuación en el CBS, en 47 de ellas fueron los hombres y en 4 de ellas se produjeron em-pates. Sin embargo, este efecto se debe exclusiva-mente a las subescalas de control amenazante y control aislante (CA: Z = -2.581, N = 112, p = .010; CAI: Z = -3.562, N = 112, p <.001, figura 4) en las que las mujeres reportaron ser más controladoras que sus parejas. En el resto de subescalas no se encon-traron efectos significativos del sexo sobre los nive-les de control (CE: Z = -1.109, N = 112, p = .268; CI: Z = -.912, N = 112, p = .362; CEM: Z = .071, N = 112, p = .944, figura 4).
Cuando consideramos lo que los individuos re-portan recibir de parte de sus parejas, los resultados siguen el mismo patrón. Las mujeres reportan me-nores niveles de agresión física recibida de sus pa-rejas que el nivel que reportan los hombres que reciben de ellas (Z = 2.517, N = 112, p = .012). De las 112 parejas, en 43 de ellas los hombres reportaron recibir mayor agresión física por parte de sus pare-jas, de lo que reportaron recibir las mujeres, en 21 fueron las mujeres las que reportaron recibir una mayor agresión por parte de sus parejas y en 48 de ellas se produjo un empate en cuanto a los niveles de agresión recibida reportada. En relación al control que los individuos reciben de sus parejas, de manera global, los hombres reportaron ser más controlados por sus parejas de los que reportaron serlo las mu-jeres (Z = 2.621, N = 112, p = .009, figura 3). De las 112 parejas, en 66 de ellas fueron los hombres los que reportaron ser más controlados por sus parejas, en 47 de ellas fueron las mujeres las que reportaron ser más controladas por sus parejas y en 4 de ellas se produjeron empates. De igual manera que en el caso anterior, este efecto se debe exclusivamente a las subescalas de control amenazante y control
aislante (CA: Z = 2.011, N = 112, p = .044; CAI: Z = -3.313, N = 112, p = .001, figura 5) en las que los hom-bres reportaron ser más controlados por sus parejas que las mujeres. En el resto de subescalas no se en-contraron efectos significativos del sexo sobre los niveles de control recibidos de sus parejas (CE: Z = 1.220, N = 112, p = .222; CI: Z = 1.238, N = 112, p = .216; CEM: Z = .628, N = 112, p = .530, figura 5).
Al emplear modelos lineares generales de medi-das repetimedi-das para controlar el efecto del tiempo de relación y del nivel educacional promedio de la pa-reja sobre el grado de asimetría en la agresión y con-trol dentro de la pareja encontramos los siguientes resultados. Por un lado, considerando lo que los in-dividuos reportan que hacen hacia sus parejas en-contramos que existen diferencias entre en los niveles de agresión física (F(1,109) = 8.046, p = .005) y control (F(1,109) = 9.931, p = .002). Los análisis posthoc por pares nos muestran que las mujeres re-portan mayores niveles de agresión física (diferencia de medias ± SE = 1.939 ± .423, p <.001) y mayor con-trol (3.756 ± 1.453, p = .011) que los hombres. Por el otro lado, considerando lo que los individuos repor-tan recibir de parte de sus parejas encontramos que existen diferencias significativas en los niveles de agresión física (F(1,109) = 10.383, p = .002), pero estas diferencias no alcanzan el nivel de significa-ción en el caso del control (F(1,109) = 2.953, p = .089). En este último caso, ni el tiempo de relación (F(1,109) =.002, p = .968), ni el nivel educacional de la pareja (F(1,109) = 1.034, p = .312) son predictores del grado de asimetría de control dentro de la pareja. De esta manera, si los eliminamos del modelo, la di-ferencia en control dentro de la pareja se convierte en significativa (F(1,111) = 7.385, p = .008). El análi-sis posthoc por pares nos muestra que las mujeres reportan menores niveles de agresión física recibida de sus parejas que el nivel que reportan los hombres que reciben de ellas (-.886 ± .44, p = .047). De ma-nera similar, las mujeres reportan menores niveles de control recibido de sus parejas que el nivel que reportan los hombres que reciben de ellas (-4.563 ± 1.679, p = .008).
DISCUSIÓN
En este artículo se han puesto a prueba dos pre-dicciones derivadas del estudio de algunas de las hi-pótesis básicas planteadas por la Teoría de Género y la Teoría de Violencia Familiar para explicar la agre-sión y el control coercitivo en las parejas en la que el maltrato es de tipo situacional o común (ver John-son, 1995). Es importante señalar que, hasta donde se ha podido indagar, esta investigación es el primer estudio cuantitativo efectuado en Sudamérica que examina aspectos centrales de dos relevantes mar-cos teórimar-cos para la compresión del maltrato en las parejas y en ambos integrantes de la díada, siendo
una fortaleza de este estudio, el que los hallazgos se basen en el informe de ambos integrantes de la pareja (Powney y Graham-Kevan, 2019)
Los resultados de la primera hipótesis indican que en las mujeres existe un solapamiento entre la agresión general, la agresión física y el control co-ercitivo ejercido hacia la pareja. Mientras que en los hombres se aprecia una relación positiva entre la agresión general versus la agresión física hacia la pareja y una correlación significativa entre la agre-sión general y el control coercitivo ejercido a la pa-reja. Se considera que este hallazgo respalda la hipótesis propuesta por la Teoría de Violencia Fami-liar, es decir, para ambos sexos, la agresión en la díada no sería un fenómeno aislado, y no tiene una etiología distinta de la que se ejerce en otros con-textos de relaciones interpersonales, como por ejemplo la que se realiza con amigos, familiares, compañeros, etc. (Dutton, 2010; Felson, 2010). Esto plantea la existencia de un vínculo entre ambos tipos de agresión, lo que ha sido anteriormente re-portado en otras investigaciones de corte interna-cional (ver Bates et al., 2013; Graham-Kevan y Archer, 2003, 2005, 2008). En la literaura especia-liada, son pocos los estudios que han evaluado ambos tipos de agresión en una misma muestra, sin embargo, los que lo han realizado, han encontrado el mismo patrón de esta investigación (Archer, 2004, 2009; Bates et al., 2013; Felson, 2010; Felson y Lane, 2010). Es decir, nuestros resultados son con-sistentes con otros estudios que han detectado que aquellas personas que agreden a sus parejas tienen las mismas probabilidades de agredir a otras pero-nas (Felson y Lane, 2010), incluso similar a otras for-mas de violencia o comportamiento criminal (Archer, 2009; Bates et al., 2013; Lysova y Straus, 2019). Bajo este punto de vista, la agresión de pa-reja no podría tratrase como algo distinto del com-portamiento agresivo general, a menos que se pueda demostrar lo contrario (Felson, 2010).
En relación a la segunda hipótesis que contras-taba la simetría en la agresión física y control dentro de la pareja, los hallazgos se contraponen en parte a lo esperado. En el caso de la agresión física, aun-que los resultados muestran aun-que la mujeres parecen ejercer una mayor agresión física, estos también pueden interpretarse como que existe un cierto nivel de simetría, debido a que el número de parejas que reportaron niveles similares de agresión, fueron pa-recidas al número de parejas en los que la mujer ejerció mayor agresión. De esta manera encontrarí-amos algo de respaldo a la tesis de la “simetría de género”. No obstante, el número de parejas en las que el hombre ejerció mayor agresión fue mucho menor que el número de parejas en las que lo fue la mujer, apoyando la idea de una asimetría en este tipo de comportamiento, en contra de lo esperado. En el caso del grado de control que se ejerce sobre el otro miembro de la pareja, los resultados parecen
indicar claramente que existe asimetría y que esta va en la dirección de que las mujeres ejercen mayor control que los hombres. A modo explicativo de este resultado, es decir asimetría en el comportamiento agresivo físico y controlador en una prevalente di-rección femenina, existen diversos estudios que han hallado este patrón contrastante de diferencias se-xuales sobre la agresión (ver Archer, 2000; 2002; Bates et al., 2013; Darko et al., 2018; Ndoromo, Ös-terman y Björkqvist, 2017; Lien y Lorentzen, 2017; Soldino et al., 2016; Straus, 2011; Straus y Ramírez, 2004; 2007). Por ejemplo, en un estudio intenacio-nal de 32 países, con una muestra de 14.252 parejas de estudiantes, Straus y Gozjolko (2016) encontra-ron más mujeres causantes de agresión (33%) que hombres perpetradores (16%), aunque en su mayo-ría el comportamiento se dio en ambos miembros de la pareja (51%). Otras investigaciones con pobla-ción europea han encontado altas tasas de preva-lencia para hombres victimas de agresión por parte de su pareja, de esta forma en Portugal (Machado et al., 2019) los hombres informaron tasas más altas de victimización por violencia física que perpetra-ción de esta conducta durante toda su vida y en el último año. También en países del continente afri-cano, la investigación especializada ha evidenciado que las mujeres obtienen puntajes más altos como autoras de agresión física, indirecta y no verbal (Darko et al., 2018), así como los hombres informan haber sido víctimas de agresiones físicas y verbales en mayor medida que sus parejas mujeres (Ndo-romo et al., 2017).
Desde este punto de vista, la investigación cien-tífica con modelos generales (Archer, 2004; 2009) ha evidenciado que las diferencias sexuales en la agre-sión de pareja proporcionan un patrón contrastante debido a que los hombres tienden a ser físicamente más agresivos con las personas del mismo sexo que con sus parejas femeninas, mientras que las mujeres mostrarían un nivel más alto de agresión física hacia sus parejas que frente a otras mujeres (Archer, 2004, 2002, 2009; Klevens, Simon y Chen, 2012).
En cuanto a este último resultado, no obstante, es importante señalar que existen explicaciones con-tradictorias, pues si bien algunos autores han mani-festado que la agresión de la mujer hacia el hombre es principalmente autodefensiva y motivada por el miedo (Swan, Gambone, Caldwell, Sullivan y Snow, 2008), también hay otras investigaciones que esta-blecen que no existe un respaldo empírico robusto para la hipótesis de la defensa propia (Lien y Lorent-zen, 2019; Stets y Straus, 1989; Straus y Gozjolko, 2016). Bajo este escenario, son necesarios futuros estudios que puedan centrarse en un aspecto no considerado en esta investigación, es decir, en aque-llos comportamientos que causan o inician el mal-trato en la pareja. Lo anterior permitiría descartar o reforzar la hipótesis de la defensa propia (Lien y Lo-rentzen, 2019; Stets y Straus, 1989; Straus y
Goz-jolko, 2016), pero desde la perspectiva del compor-tamiento de la diada. Es importante recalcar que los estudios que miden distintos tipos de agresión den-tro de una misma muestra y en ambos integrantes, como se hizo en esta investigación, siguen siendo escasos (Bates y Graham-Kevan, 2016).
Una limitación relevante de este estudio, ra-dica en el hecho que los resultados han sido ob-tenidos en una población de parejas de jóvenes, por tanto, los hallazgos pueden no ser represen-tativos de la realidad nacional, aunque este sea uno de los primeros estudios diádicos con pobla-ción de habla hispana realizados en condiciones controladas de laboratorio.
Finalmente, será necesario realizar futuras in-vestigaciones que repliquen los resultados encon-trados en este estudio y que integren otras herramientas que permitan tener una visión aún más holística del fenómeno. Un ejemplo de lo ante-rior sería la utilización de otro tipo de medidas, no sólo de tipo psicométrico, sino que además la pro-ducción de diseños experimentales de investigación que incluyan el efecto simultáneo de los roles de gé-nero tradicionales en función del nivel de agresión general de cada integrante de la díada (Herrero, To-rres, Rodríguez y Juarros-Basterretxea, 2017) y los mecanismos agresivos más intensos de expresión de la conducta (Straus, 1979). De esta manera, se podrían explorar otros aspectos fundamentales de ambas teorías aquí desarrolladas, como la herencia social del rasgo y la replicación del modelo patriar-cal en las relaciones de pareja.
En conclusión, las hipótesis aquí desarrolladas apoyan un principio básico de la Perspectiva de Vio-lencia Familiar, pues el fenómeno del maltrato esta-ría dentro de un componente general de expresión. Además, esta investigación ayuda a entender que la agresión junto al control coercitivo constituye una constelación de comportamientos que están dentro de un conjunto de estrategias y mecanismos que no necesariamente son exclusivos de un sexo en parti-cular. Asimismo, el patrón de comportamiento agre-sivo asimétrico reportado, necesariamente debe ser indagado para reafirmar, complementar o descartar estos resultados. Esta investigación evidencia la ne-cesidad de generar explicaciones integrales acerca del maltrato de pareja en población general, y en es-pecial, de incorporar el análisis de esta conducta en forma diádica (Bell y Naugle, 2008; Graham-Kevan y Archer, 2005; Powney y Graham-Kevan, 2019).
Esta investigación contó con el apoyo del proyecto FONDECYT POSTDOCTORADO Nº 3170801, Universidad de Playa Ancha, UPLA. Y con el apoyo del proyecto FONDECYT REGULAR Nº 1140234, Universidad de Santiago de Chile, USACH. Subvencio-nados por el Gobierno de Chile.
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