COMENTARIOS DE LA LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA IV Trimestre de 2013
El Santuario
Prof. Sikberto R. Marks
Lección 2
12 de octubre de 2013
“El cielo” sobre la tierra
Prof. Sikberto Renaldo Marks
Versículo de memoria: “Los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas
celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el Tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte” (He-breos 8:5).
Introducción
El eje del estudio de esta semana es la relación de Dios con los hombres, en especial en su condición de pecadores. Vemos que el santuario es un medio por el cual la Divinidad y los seres humanos se relacionan, en un modo en el que Dios está presente entre noso-tros.
No siempre la presencia de Dios se manifestó en un templo. Estudiaremos que en el futuro el encuentro de Dios con los hombres no será en un templo, tal como sucedió antes de la desgracia del pecado.
El antiguo tabernáculo, un tanto restrictivo y limitado, fue un medio por el cual Dios vivió entre los hombres pecadores. Y allí iban los hombres para pedir perdón por sus pecados, aunque esto tampoco es normal en el reino de Dios. Hubo una excepción aquí en la Tierra, algo que no sucede en otros mundos. Porque aquí somos pecadores y tenemos que encontrarnos con Dios en un determinado lugar, donde se dice que es su morada. En los tiempos de Moisés, hasta la destrucción del primer templo, el de Salomón, Dios habitaba entre su pueblo de modo milagroso, en el Lugar Santísimo, sobre el arca del pacto, donde se encontraban los Diez Mandamientos de la alianza. Era la así llamada Shekinah, una luz sobrenatural que emanaba de la presencia de Dios, en forma de espí-ritu. No se podía ver a Dios, pero se podía ver su luz.
El pecado destruyó la posibilidad de relación natural entre Dios y los hombres. Por esto, Dios mismo proveyó maneras un tanto precarias de mantener esa relación: antes el
plo, hoy la iglesia. Es precario porque no lo vemos, no lo oímos; es algo distante, separa-do, aislado. Pero es ante todo la manera por la que será restablecida la relación original que Adán y Eva mantuvieron en los años en que aún no habían pecado.
El primer “Santuario” en la Tierra
El primer santuario en la Tierra no era un edificio. No había necesidad de ello. Era la propia presencia de Dios en la Tierra. Él andaba por el jardín junto con Adán y Eva. Mira-ban las puestas de sol juntos, cantaMira-ban juntos. Era una presencia natural, pues todos allí eran santos, no existía el agente separador: el pecado. Adán y Eva debían guardar y cultivar el Jardín del Edén, así como hicieron más tarde los levitas con el tabernáculo, y como deben hacer hoy los diáconos. Querubines guardaban la entrada al Jardín; otros, de oro, guardaban simbólicamente el local de la Shekinah en el templo.
El Jardín del Edén era comparado por los antiguos como el Lugar Santísimo del templo. La Nueva Jerusalén será otra vez comparada con este lugar. O sea, Dios está allí, vive allí y se relaciona con las criaturas allí, aunque en espíritu pueda estar en todos los luga-res. Por esto la Nueva Jerusalén, comparable a un templo, es mencionada en el Apoca-lipsis como teniendo una forma cúbica, pues así era la figura del lugar santísimo del ta-bernáculo.
La historia de la redención consiste en la descripción del retorno a la relación natural y directa entre Dios y sus criaturas. En el tiempo intermedio entre el Jardín del Edén y la Nueva Jerusalén, Dios ha provisto maneras alternativas, menos directas, de estar Él entre nosotros, y estar nosotros en relación con Él.
Copia del modelo
El tabernáculo que Moisés levantó fue copiado de un modelo celestial que Dios le mostró en la cima del monte Sinaí. Moisés tuvo allí una visión detallada de este templo. Por lo visto, aquél, el celestial, era real, y el templo terrenal, tanto el de Moisés como el de Sa-lomón, el segundo templo y aún el templo reformado por Herodes, eran apenas copias. El templo siempre fue símbolo de la presencia de Dios entre su pueblo. En ellos hubo siempre dos lugares, el santo y el santísimo. Hasta hoy es así, pues el lugar donde el pueblo se sienta es considerado como el lugar santo, y donde está el púlpito, el santísi-mo. Ciertamente esos lugares hoy no son debidamente respetados, desarrollándose ahí hasta representaciones teatrales y cosas peores que esa.
Con sinceridad, no puedo afirmar, y no lo sé, si ha habido siempre un santuario en el Cielo, o si fue provisto para que Moisés hiciese una copia y después Jesús allí ministrase por nosotros. Esto por la cuestión de que en la Nueva Jerusalén no habrá templo, la misma ciudad será como el Lugar Santísimo, pues Dios habitará en ella. Es una cuestión interesante para abrir nuestra curiosidad, y lo sabremos cuando podamos hablar con Jesús. Aunque sea interesante, el asunto no es un punto de salvación, por lo tanto no necesitamos descubrir esta verdad.
“El Santuario celestial, en el cual Jesús ministra en favor de nosotros, es el gran original, del cual el Santuario edificado por Moisés fue una copia…Así como en el Santuario te-rrenal había dos compartimientos, el Santo y el Santísimo, así hay dos lugares santos en el Santuario celestial. Y el arca que contiene la ley de Dios, el altar del incienso y otros instrumentos de servicio que se encontraban en el Santuario terrenal también tiene su contraparte en el Santuario de arriba. En santa visión se le permitió al apóstol Juan entrar en el cielo y allí él contempló el candelabro y el altar del incienso, y cuando ‘el templo de Dios fue abierto’ vio ‘el arca de su pacto’ (Apocalipsis 11:19)” (Cristo en su Santuario, p. 18)
Jesús como el Santuario
El Santuario o Tabernáculo de Moisés fue erigido para que Dios estuviese entre el pue-blo, y para que el pueblo pudiese ir hasta allí y pedir perdón, reanudando la relación con Dios. El pueblo también se reunía alrededor de él para las grandes solemnidades de loor a Dios. Era un lugar de relación entre Dios y sus criaturas.
Jesús sustituyó el templo. No solo sustituyó el sistema de sacrificios, sino todo el templo. Él, que es la verdad, el camino y la vida, era también el pan de vida, como el maná y los panes de la proposición. Él era la luz del mundo, como el candelabro. Era el cordero de Dios, como el cordero de sacrificio diario. Él vino para servir, como era el servicio del santuario. Él fue la víctima inocente, como inocentes eran los corderos muertos en el santuario. Él sustituyó todo en el templo: Él es el templo, figuradamente hablando. Jesús fue el gran sacrificio.
La iglesia como santuario
La iglesia de Cristo, hoy la Iglesia Adventista del Séptimo Día, es la sucesora del Templo. Sólo ella mantiene aún todas las verdades bíblicas. Ella representa a Dios con nosotros, el medio por el cual nos relacionamos con el Creador. Nuestro cuerpo, actualmente, así como el de Cristo, es el santuario del Espíritu Santo. Entendemos esto como el poder de orientación del Espíritu Santo en nuestra vida, haciéndonos ver cosas que al natural no veríamos jamás. Nosotros somos los representantes de Dios en la Tierra. Debemos llevar a otras personas a que se relacionen con Dios. Es nuestra incumbencia, dada por Jesús. Daré un testimonio sobre esto. No me gusta dar testimonios personales, no es nuestra costumbre; después de todo, cuando uno de nosotros da un testimonio personal, no se ve bien. ¡Desafortunadamente!
Hace décadas fui ordenado anciano, y cumplí con esa ordenación de dos maneras. Una, estudiando y dando instrucciones sobre la voluntad de Dios a mis hermanos en la fe. Otra, haciendo un pacto con mi esposa, y con mi hija también. Por ser ordenado, no podíamos tener ciertas libertades, como por ejemplo algunas prácticas que entristecen a Dios, pero que persisten entre muchos, habitualmente. Mi parte era y aún es, pues aun-que no soy más anciano la ordenación persiste, el dar un testimonio coherente con la fe que profesamos. Por esto he procurado ser bondadoso con las personas, como por ejemplo con mis alumnos. Mi esposa por su lado ha tenido una vida simple, sin adornos, sin maquillaje o arreglos de cabello y uñas, y va haciendo su parte con admirable
dad. Los dos nos responsabilizamos de no ver novelas, etc., y mantener una vida que represente un buen testimonio. Cuando llegó nuestra hija, la educamos en este sistema. La cuestión era la siguiente: fui ordenado anciano, y por eso mi familia debía ser cohe-rente con la fe. Hasta hoy vivimos así, y mi hija adhirió a este sistema. Somos felices así y cada día nos entregamos a Dios para que Él nos guíe. Y tenemos la esperanza de que Dios nos apruebe en el día final.
Una nueva creación
Finalmente, ¿cómo será el templo en la Nueva Jerusalén? Pues, curiosamente, no habrá templo allí. Dios mismo será el templo, o sea, Jesucristo, este mismo que se hizo templo cuando vivió con nosotros, y sustituyó todo lo que era figurativo. Él no fue sólo el Cordero de Dios, sino que fue todo lo que el templo simbolizaba.
Allí seremos como reyes y sacerdotes de Dios. Reinaremos junto con Él. Toda la ciudad, la Nueva Jerusalén, será el templo, pues será la habitación de Dios. Por eso el Apocalip-sis la describe como de forma cuadrangular (ApocalipApocalip-sis 21:16), teniendo las tres dimen-siones iguales, o mejor, las doce medidas de sus seis lados iguales, como un cubo. Así como el lugar santísimo del tabernáculo. Esto representa la perfección. Juan dice sobre esto: “He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios” (Apocalipsis 21:3). “Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Corde-ro…No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero” (Apocalipsis 21:22, 27).
En fin, ¡será como en el Jardín del Edén!
Aplicación del estudio
I. Síntesis de los principales puntos de la lección
1. ¿Cuál es el principal enfoque?
• Lo principal de la lección de esta semana, como ya escribimos en la parte del sábado de tarde, son las diferentes formas de la presencia de Dios con su pueblo, desde antes del pecado hasta después del pecado. Antes del pecado, el propio Jardín del Edén era el templo, o sea, el lugar por excelencia de en-cuentro entre Dios y la pareja y su descendencia, sino hubiesen pecado. Por lo tanto, no había necesidad de un edificio. Antes del diluvio, y después de él, por un tiempo, Dios aún se comunicaba con los hombres de modo directo, aunque no cara a cara. Sabemos de varios casos donde Dios hablaba con Adán, con Caín, con Enoc, después con Job, con Noé, con los profetas, etc. Y ellos aún no tenían templo.
• Dentro del pueblo de Israel, Dios instruyó a Moisés en la construcción de un tabernáculo, para que Dios habite allí, en el lugar santísimo. Lo mismo sucedió en el templo de Salomón, hasta que fue destruido por Babilonia, la archie-nemiga de Dios y de su pueblo. En el nuevo templo no había arca, ni Diez
Mandamientos, ni Shekinah. Pero en él se vio la presencia de Dios en forma de hombre, Jesucristo, que se convirtió en el Cordero de Dios. Era Dios entre los hombres, completamente natural, como eran los hombres, sujeto al peca-do, aunque no pecase.
• Hoy Dios está entre los hombres por medio de la iglesia, fundada por el propio Jesucristo. Y nosotros somos el templo del Espíritu Santo, pues el Espíritu Santo habita en todo aquel que se entrega a Dios y lo orienta. En el futuro, después de la transformación y rescate de la Tierra, en la Nueva Jerusalén, no habrá -otra vez- necesidad de templo, pues el propio Jesucristo estará allá pa-ra relacionarse directamente con su pueblo. Por lo tanto, como al principio, Él mismo será el templo, o lo que este representa: la presencia del Creador entre sus criaturas.
___________________________________________________________ ___________________________________________________________ 2. ¿Cuáles son los tópicos relevantes?
• Destacamos dos: la presencia de Dios y su relación con sus criaturas. 3. ¿Has descubierto otros puntos que podrías añadir?
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II. ¿Qué cosas importantes podemos aprender de esta lección?
1. Dios quiere estar entre nosotros, quiere relacionarse con nosotros, quiere perdo-narnos y quiere restablecer todo a su estado original.
2. ¿Qué aspectos puedo agregar a partir de mi estudio?
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3. ¿Qué providencias debemos tomar a partir de este estudio?
a. Ir al templo de Dios, hoy la iglesia, y allí pedir perdón por nuestros pecados y mantener comunión con Él, pues es esto lo que desea.
4. ¿Qué es lo bueno en mi vida que me propongo a reforzar y lo malo para cambiar? _________________________________________________________________ _________________________________________________________________
5. Comentario de Elena G. de White
“Mientras Jesús, nuestro intercesor, suplica por nosotros en el cielo, el Espíritu Santo trabaja para obrar en nosotros el querer y el hacer por su buena voluntad. Todo el cielo está interesado en la salvación del creyente. Entonces, ¿qué razón tenemos para dudar de que el Señor quiere ayudarnos, y que lo hará? Si ense-ñamos a la gente, nosotros mismos debemos tener una conexión vital con Dios. En espíritu y en palabra deberíamos ser para los demás un manantial, porque Cristo es en nosotros una fuente de agua que salta para vida eterna. La tristeza y el dolor podrán probar nuestra paciencia y nuestra fe, pero el brillo de la presencia
del Invisible estará con nosotros; por eso debemos esconder el yo detrás de Je-sús” (Recibiréis poder, p. 353).
6. Conclusión general
Hagamos que nuestra voluntad sea igual a la de Dios. Para que esto se vuelva realidad, lo que debemos hacer es, mediante la oración, entregarnos diariamente a nuestro Salvador. Y que se cumpla su voluntad en nuestra vida.
7. ¿Cuál es el punto más relevante al que llegué mediante este estudio?
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Prof. Sikberto R. Marks
Traducción: Ronald Aguilar & Rolando Chuquimia RECURSOS ESCUELA SABÁTICA ©
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