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Sintaxis Del Siglo XX

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Carmen Luisa Domínguez Mujica

Sintaxis: el siglo XX

Universidad de Los Andes

Consejo de Desarrollo Científico,

Humanístico y Tecnológico

Mérida, Venezuela

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Título de la obra: Sintaxis: el siglo XX Autor: Carmen Luisa Domínguez Mujica

© Universidad de los Andes

CDCHT. Mérida, Venezuela. 1998.

© Carmen Luisa Domínguez Mujica Mérida, Venezuela. 1998.

Editado por el Consejo de Desarrollo Científico, Humanístico y Tecnológico (CDCHT)

de la Universidad de Los Andes, Mérida-Venezuela.

ISBN: 980-11-0204-7

Depósito de ley: if 2371998400300 Reservados todos los derechos.

Impreso en los Talleres Gráficos de la Universidad de Los Andes, Mérida-Venezuela.

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Índice

Prefacio 11

1. Introducción:

los objetivos y las teorías de la sintaxis 13

2. La sintaxis de las estructuras:

el estructuralismo americano 21

3. La sintaxis de las formas:

de la gramática general a la gramática generativa 59

4. La sintaxis de las funciones:

de Praga a las escuelas anglosajonas 95

5. La sintaxis: ¿cuál sintaxis? 143

Notas 149

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Prefacio

Este es un libro de teoría sintáctica o, más específicamente, un libro donde se revisan y comentan algunas teorías lingüísticas que han marcado el rumbo de la sintaxis en este siglo. Cuando me propuse escribirlo, quería reflejar de la manera más fidedigna cada una de las teorías que aquí se tratan, mas pronto me di cuenta de que cada lector tiene un punto de vista y yo, como todos, no podía sustraerme de mis propios juicios (y pre-juicios) sobre lo que es y sobre lo que debe ser la sintaxis, en particular, y la lingüística, en general.

He intentado entonces exponer los aspectos importantes de cada teoría en relación con la sintaxis, concebida como componente de la lengua o como ciencia que describe este componente. También, como concepto clave para evidenciar tanto la orientación de la teoría como la visión del análisis sintáctico que los lingüistas deben hacer, he presentado en cada caso el concepto que tienen estos teóricos de la que, tradicionalmente, se ha considerado como la unidad central del análisis: la oración. Ha quedado claro que, aun cuando no se excluyen las realizaciones textuales o discursivas (como en el caso de los funcionalistas), la oración se impone como unidad básica, pues en ella se reflejan los procesos "mayores" que tienen lugar en el texto y en el discurso.

En mi lectura, me he atenido principalmente a los textos donde se expone originalmente cada teoría, antes que a las reseñas que, de estas mismas, se pueden encontrar; también, cada vez que ello ha sido posible, he recurrido a la traducción existente en español.

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recibido estas ideas. Por eso el libro fue tomando el rumbo de la exposición escolar. Ahora que ya está escrito, espero que ese rumbo conduzca efectivamente este libro hasta ellos.

No puedo dejar de mencionar aquí al Consejo de Desarrollo Científico, Humanístico y Tecnológico de la Universidad de Los Andes, que financió el proyecto que culmina en estas páginas; a Alexandra Alvarez y Enrique Obediente, pacientes y estimulantes interlocutores en este quehacer; a Alicia Usubillaga, quien con tanta paciencia y cariño me ayudó a volver realidad este libro; a mi familia, a Valmore y a Matías, amorosas presencias cotidianas.

Carmen Luisa Domínguez Mujica Mérida, enero de 1998.

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1. Introducción:

los objetivos y las teorías de la sintaxis

Lejos de preceder el objeto al punto de vista, se diría que es el

punto de vista el que crea el objeto... (Saussure 1973:49)

Al tiempo que exponía los principios teóricos y metodológicos que darían forma a la lingüística moderna, Saussure, con esta afirmación, la imponía, además, del dilema de todas las ciencias humanas en este siglo: definir su objeto de estudio.

La lingüística que se hace a partir de Saussure ha entendido bien esta lección y se siente obligada, en efecto, a definir cada vez su objeto. Es así como, sin disentir de esa otra lección saussureana que nos hereda la lengua como "lo único susceptible de definición autónoma" y "norma de todas las otras manifestaciones del lenguaje" (1973:51), todo lingüista inicia su exposición declarando su punto de vista sobre ella y, por este gesto, delimitando su objeto de estudio.

Habrá, entonces, diferentes puntos de vista, se entenderá de diferentes maneras lo que es pertinente y lo que es relevante para la comprensión del hecho lingüístico y resultarán, entonces, "diferentes" lingüísticas.

Uno de los resultados de esta "redefinición" teórica permanente ha sido el primado, a partir de los años setenta de este siglo, de uno de los aspectos de la lengua, de uno de sus componentes: la sintaxis.

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En efecto, si los años veinte fueron los años de la fonología y los años cuarenta los de la morfología, desde los años sesenta, fuertemente influidos por la obra de Noam Chomsky, los teóricos de la lingüística empiezan a entender el componente sintáctico de toda lengua como aquel destinado a procesar lingüísticamente la experiencia del hablante y, por ende, generar los mensajes que le permitan la comunicación de estas experiencias.

De este modo, investido de tan importantes responsabilidades como son las de producción y comprensión de los mensajes, el componente sintáctico pasa a ocupar un lugar central y, si pudiera verse gráficamente, empieza a ocupar "gran parte" de la capacidad lingüística general.

Este acuerdo teórico que hace de la lengua el objeto de estudio general y de la sintaxis el componente privilegiado de la lingüística más reciente no significa, sin embargo, que encontraremos a continuación una definición equivalente de lo que es la sintaxis en las diferentes teorías. Más bien al contrario, las dos corrientes teóricas principales, formalismo y funcionalismo, tienen diferentes puntos de vista para definirla y, con ello, ideas diferentes sobre su alcance, unidades pertinentes y valores en el sistema total de la lengua.

El componente sintáctico, la gramática, dejará de ser entendida como el arte de hablar "correctamente, esto es, conforme al buen uso, que es el de la gente educada" (Bello 1972:15) y será, ya desde Saussure, el estudio de la lengua como "como sistema de medios de expresión; quien dice gramatical dice sincrónico y significativo..." (1973:223). También desde Saussure, la gramática verá ampliados sus territorios pues

Nuestra definición no concuerda con la más restringida que se da generalmente. En efecto, se ha convenido en llamar gramática a la morfología y a la sintaxis reunidas, con exclusión de la lexicología o ciencia de las palabras. (1973:223)

La gramática ahora también incluye el conjunto de paradigmas con los cuales opera. Estrictamente sistémica, esta definición de la gramática, que se impondrá en este siglo, se

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fundamenta en la idea de que no hay posibilidad de definir los paradigmas sin considerar las funciones que este puede cumplir en la cadena y que, simultáneamente, no hay forma de definir las estructuras posibles en una lengua sin especificar cuáles son las formas que pueden cumplir estos roles estructurales, es decir, cuáles son los paradigmas que concurren en cada punto de la cadena sintagmática. En este siglo, la gramática es pues una léxico-gramática.

Algunos años después de Saussure, Noam Chomsky definirá la gramática como "un ingenio que genere todas las secuencias gramaticales de L y ninguna de las agramaticales." (1974a:25). Después, en Aspectos..., el mismo Chomsky dirá:

Una gramática de una lengua pretende ser una descripción de la competencia intrínseca del hablante-oyente ideal. [...] Una gramática completamente adecuada debe asignar a cada una de las infinitas oraciones una descripción estructural que indique cómo entiende esa oración el hablante-oyente ideal. (1971:6)

Estas dos definiciones chomskianas permiten ver claramente cuáles son los "nuevos roles" que se han asignado a la gramática en la visión formalista: ahora será un "ingenio" generador y la tarea del analista será la de dar cuenta, en su gramática, de los procesos implicados en la generación y recepción de los mensajes lingüísticos, esto es, deberá explicar cómo está configurado el conocimiento que el hablante tiene de su propia lengua y cómo, a partir de este conocimiento, es capaz de generar y recibir todos y cada uno de los infinitos mensajes que emite o recibe (y comprende). La tarea de la gramática (y de los gramáticos) será entonces lograr la formulación de las reglas que expliciten los procesos implicados y que se supone que subyacen a estos. En esta perspectiva, la gramática de una lengua forma parte del conocimiento que el individuo tiene de su lengua y, por ello, describirla será lo mismo que describir una parte del conocimiento general del individuo. Noam Chomsky va más allá,

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para él la gramática será parte de la mente humana y los analistas del componente sintáctico serán, de algún modo, psicólogos.

Otra visión muy diferente es la que ostentan los funcionalistas. En las Tesis de 1929, los teóricos del Círculo Lingüístico de Praga, exponen su visión de la lengua como sigue:

Cuando se analiza el lenguaje como expresión o como comunicación, la intención del sujeto hablante es la explicación que se presenta con mayor naturalidad. Por esto mismo, en el análisis lingüístico, debe uno situarse en el punto de vista de la función. (Trnka et al 1972:30-1)

Para los primeros funcionalistas, la lengua no es una capacidad mental sino una capacidad social, un modo particularísimo y muy humano que tenemos los miembros de la especie para manifestar nuestras intenciones y, con ello, actuar sobre nuestro entorno social. El lenguaje será, parafraseando a los mismos praguenses, un sistema de medios apropiados para un fin.

Siguiendo la visión praguense de la lengua y derivando de ella su definición de la gramática, uno de los gramáticos funcionalistas más relevantes, Michael A. K. Halliday, definirá la gramática de la siguiente manera:

Grammar is the level of formal organization in language; it is a purely internal level of organization, and is in fact the main defining characteristic of language. But it is not arbitrary. Grammar evolveld as 'content form': as a representation of the meaning potential throught which language serves it various social functions. The grammar itself has functional basis. (1973:98)

No niega entonces Halliday el que haya, en efecto, un nivel formal de organización de los mensajes (hacerlo sería, por lo menos, insensato). Tampoco se opone Halliday a la idea de que los analistas de la gramática deberán rendir cuenta de este componente de tal manera que sus resultados sean formalizables o formalizados, pues esto no haría sino justicia a la configuración del componente sintáctico de toda lengua. Ahora bien, este "nivel de organización interna" de las lenguas, es un procesador de la

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experiencia humana y de los significados que la representan, de tal manera que, en su organización, toda gramática debe rendir cuenta del modo como los seres humanos procesamos nuestras experiencias a través de la lengua, es decir, de qué manera la lengua nos sirve para cumplir los variados fines para los cuales, a cada instante, la ponemos en funcionamiento. La gramática, entonces, tiene "bases funcionales", y podríamos parafrasearlo diciendo que tiene "bases sociales", puesto que las lenguas humanas se organizarán internamente de acuerdo con las funciones que le pedimos que cumpla, de acuerdo con nuestras intenciones comunicativas, de acuerdo con nuestra necesidad de intervenir en nuestro medio social y, con ello, de modificarlo.

Halliday va más allá y dirá que la codificación de los mensajes (y la sintaxis que lo permite) no es arbitraria, pues en cada uno de los mensajes el emisor codificará y el receptor deberá entender sus intenciones comunicativas reales, esto es: su centro de interés, la información que considera más relevante e, incluso, los presupuestos a partir de los cuales se construye (explícitamente o no) su mensaje.

Los resultados de la descripción del componente sintáctico, entonces, serán formalizados y formalizables, se presentarán como reglas del conocimiento que el hablante tiene de su propia lengua, ciertamente, pero mientras para Chomsky (y, en términos generales, los formalistas) estas reglas explicarán una capacidad mental, para Halliday (y, con él, los funcionalistas) explicarán una capacidad social; mientras para Chomsky el hablante está codificando un saber, para Halliday el hablante estará codificando un hacer.

A simple vista se ven las diferencias de enfoque. Con detenimiento se descubren las semejanzas en el tratamiento de su objeto. En cualquier caso, el saber gramatical de nuestros tiempos se ha hecho entre estas dos corrientes teóricas y sus varios expositores (de los cuales solo he mencionado a dos aquí).

Aquí me propongo justamente una revisión detenida de estas diversas visiones y sus exponentes para tratar de establecer las constantes y las variaciones en los puntos de vista y, en cualquier caso, la constancia del objeto de análisis.

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Una revisión de cada teoría, que tomara en cuenta todos los criterios y todos los aspectos del tratamiento del lenguaje, se saldría de los límites de este libro, de manera que la revisión que propongo deberá limitarse a los puntos principales que han ido esbozándose en la exposición anterior, a saber:

- la definición y extensión del componente sintáctico de

toda lengua;

- los objetivos de la descripción gramatical; y - las unidades pertinentes para el análisis,

definiciones y criterios de delimitación.

Estas tres líneas principales de "lectura" se revisarán en tres de las corrientes teóricas más relevantes de la lingüística contemporánea y, en todo caso, de la descripción del componente sintáctico, estas son: el estructuralismo americano; la obra de Noam Chomsky; y la obra de los funcionalistas (europeos y americanos).

Cualquiera podría preguntarse cómo se puede revisar el transcurso teórico de la lingüística de este siglo sin dedicar un capítulo especial a Ferdinand de Saussure. Esta pregunta sería absolutamente pertinente puesto que, en efecto, no creo que haya manera de ser o hacer lingüística sin tener presente la inmensa influencia de este teórico, teórico por antonomasia para la ciencia que nos ocupa. Pues bien, así estará presente Saussure en este libro: como el teórico por antonomasia de esta ciencia, citado frecuentemente, desde el exordio hasta las conclusiones. Será citado también sin ser mencionado puesto que, ciertamente, mucha de la comprensión de los hechos lingüísticos no puede ni siquiera iniciarse sin tener en cuenta sus ideas y su terminología. No será citado, sin embargo, como gramático pues, de tantas cosas que era, Saussure no era gramático y su exposición de los hechos gramaticales se limitó a los breves comentarios que, aquí y allí, encontramos en el Curso sobre esa inevitable unidad de análisis: la oración. Su afirmación más sugerente en relación con ella es la que sostiene que "Por lo regular, no hablamos por signos aislados sino por grupos de signos, por masas organizadas que

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son a su vez signos." (1973:215). Esta afirmación aparece a propósito de las "solidaridades sintagmáticas" que los signos (y, en realidad, los paradigmas) tienden a mostrar. Pero Saussure incluso llega a preguntarse "¿hasta qué punto pertenece la oración a la lengua?":

Una teoría muy extendida pretende que las únicas unidades concretas son las oraciones: no hablamos más que por oraciones, y luego desglosamos las palabras. Pero, en primer lugar, ¿hasta qué punto pertenece la oración a la lengua? Si es cosa exclusiva del habla, imposible pasar por unidad lingüística. Admitamos, sin embargo, que se descarta esta dificultad. Si nos figuramos el conjunto de oraciones capaces de ser pronunciadas, su carácter más sorprendente es el de no asemejarse absolutamente entre sí. A primera vista se inclina uno a equiparar la inmensa diversidad de oraciones a la diversidad no menor de los individuos que componen una especie zoológica; pero es una ilusión: en los animales de una misma especie los caracteres comunes son mucho más importantes que las diferencias que los separan; en las oraciones, al revés, lo que domina es la diversidad, y cuando queremos buscar qué es lo que las une a través de esta diversidad, nos encontramos, sin haberlo buscado, con la palabra y sus caracteres gramaticales, cayendo así en las mismas dificultades. (1973:183)

La gramática posterior se encargará de responder a Saussure. Como veremos, Chomsky se encargará de mostrar cómo pertenece la oración a la lengua; los funcionalistas, por su parte se ocuparán de enseñarnos que, además de pertenecer a la lengua, sí hay un taxonomía para esta especie. Para todos, con Saussure, no habrá paradigma sin sintagma, y viceversa, es decir, no habrá manera de definir las funciones sin mirar en los dos ejes, no habrá modo de describir las estructuras sin considerar las solidaridades que establecen tanto en la cadena como en la categoría a la que pertenecen.

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2.

La sintaxis de las estructuras:

el estructuralismo americano.

Perseguíamos el `rigor' a toda costa. Buscando una aproximación `rigurosa' a la gramática (como la habíamos definido recientemente, para incluir el lexicón y excluir la fonología), encontramos una guía en los presupuestos y procedimientos que se habían mostrado tan fructíferos en la fonología. (Hockett 1974:31)

Esa búsqueda de rigor que Hockett mismo fecha entre los años 30 y 50 de este siglo, puede verse hoy como una "escuela" y encontrar en ella un "punto de vista" que se ha hecho en relación con su objeto hasta el punto de que, a veces, no se siente la precedencia teórica en la explicación de los hechos sino, por el contrario, cómo estos se imponen a ella y a su formulación. ¿Pero no debe ser así una teoría lingüística? Constantemente en relación con los hechos, mudando su forma en la medida en que los problemas la determinan. La respuesta será, obviamente, afirmativa y negativa a la vez: afirmativa, puesto que de ello dependen sus posibilidades de explicar el objeto de estudio que, en el caso de la lingüística, se presenta él mismo como "multiforme y heteróclito", poniendo a prueba, a cada paso, las formulaciones teóricas que lo preceden; negativa, puesto que una teoría que "cede" a los hechos en forma indiscriminada termina deshaciéndose y perdiendo su posibilidad de explicar esos mismos hechos.

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El "rigor a toda costa" del estructuralismo americano es un rigor descriptivo, estrechamente ligado a su objeto: un objeto múltiple, no solo por lo que de "múltiple" hay en la lengua sino también porque, para los norteamericanos, la lengua será "las lenguas": lenguas indígenas norteamericanas que constituyen el objeto de estudio y análisis, lenguas "extrañas", lenguas "primitivas", problema de antropólogos en busca de una cultura que no es accesible sin la descripción previa o simultánea del "vehículo" de esa cultura.

El estructuralismo americano comienza entonces con un problema: la descripción de las lenguas "extranjeras" de Norteamérica, de una manera causal y no casual esta tarea determinará el desarrollo de la teoría y de las ideas que, sobre la lengua, tendrá la "corriente americana" del estructuralismo.

Pero esto nos puede llevar a pensar que estamos ante una escuela que desarrolló un método eficiente y nada más, y que Chomsky tenía razón al reclamarles con tanta frecuencia la "ausencia de teoría". Aún si tal cosa fuera posible, este no es el caso de los estructuralistas americanos: para estos se impone el objeto de estudio y los problemas del análisis, mas, agobiados por su peso y urgidos por su presencia, estos desarrollarán sus "puntos de vista" y sus controversias y desarrollarán, asimismo, su método, su lingüística.

Las premisas

En su libro El estado actual de la lingüística, publicado en 1961, Charles Hockett titula su primer capítulo así: "El trasfondo", y allí, en primera persona plural ("nosotros, los descriptivistas post-bloomfieldianos"), relata lo que eran la vida y las preocupaciones de la lingüística americana en la primera mitad de este siglo:

Muy a grosso modo la primera mitad del siglo vio los siguientes desarrollos teóricos en nuestro campo de estudio: 1) la confluencia, con toda la turbulencia consiguiente, de las dos

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tradiciones decimonónicas independientes: la histórico- comparativa y la filológico-descriptiva, añadiéndose a estos como un importante tributario el descriptivismo práctico de misioneros y antropólogos. 2) Los serios esfuerzos hechos por Saussure, Sapir y, especialmente Bloomfield, no sólo para integrar los hallazgos positivos de estas tradiciones en una disciplina única, sino además, para establecer esta disciplina como una rama respetable de la ciencia, con un nivel adecuado de autonomía frente a las otras ramas. 3) El descubrimiento y desarrollo del principio fonológico. 4) Los intentos, especialmente durante la última década de esta mitad de siglo, para desarrollar el resto del análisis descriptivo (una gramática diferente de la fonología) sobre unas bases tan exactas y fidedignas como se pensaba que se había conseguido para la fonología. (1974:11)

Voy a seguir el orden de presentación de Hockett para comentar lo que aparece como fundamento teórico de esta escuela.

1. Variación

Todo el mundo sabe que el lenguaje es variable. Dos individuos de la misma generación, que viven en un mismo lugar, que hablan un mismo dialecto y que pertenecen al mismo ambiente social, nunca coinciden por completo en sus hábitos lingüísticos. (Sapir 1975:172)

El problema de la variación no es extraño a la escuela americana desde sus comienzos, tal como lo evidencia uno de sus fundadores, la lengua está sujeta a procesos de transformación y cambio constantes en los dos ejes de la descripción: el eje diacrónico, aquel que, a decir de Hockett ha ocupado a la tradición histórico-comparativa, y el eje sincrónico, el de los filólogos-descriptivistas.

Las lenguas cambian y Sapir le dedica un capítulo de su libro ("El lenguaje como producto histórico: sus transformaciones"), al establecimiento de una "cadena" de

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variaciones que se evidencia en primer lugar en cada individuo, para encontrarse luego en las comunidades, estas a su vez conformadoras de un dialecto que se diferencia de otro, para evidenciar por último que las lenguas se diferencian entre sí:

... los dialectos no surgen del simple hecho de la variación individual, sino de la circunstancia de que dos o más grupos de individuos se han separado lo suficientemente para avanzar cada uno por su lado, independientemente, en vez de ir juntos. (1975:172)

y más adelante, en la misma página:

Si la variabilidad del lenguaje se manifiesta sólo en las variaciones individuales, en el sentido horizontal, creo que no podríamos explicar cómo y por qué surgen los dialectos, por qué sucede que un prototipo lingüístico se va fraccionando poco a poco en una serie de lenguas ininteligibles las unas para las otras. Pero el lenguaje no es sólo una cosa que se extiende en el espacio, [...] el lenguaje va avanzando a lo largo del tiempo, a través de una corriente que él mismo se crea. Fluye y se transforma sin cesar.

Para Sapir, el tiempo en sí mismo es un factor de cambio que hará que las lenguas se diferencien interna y externamente como resultado de su influencia y la lingüística deberá describir las variaciones en el tiempo y establecer, como requiere Sapir, "por qué sucede que un prototipo lingüístico se va fraccionando poco a poco en una serie de lenguas ininteligibles las unas para las otras". La idea del "prototipo" lingüístico", influenciada por Franz Boas (neogramático en su orientación) es ciertamente una idea rectora, de modo que los estudios lingüísticos de esta escuela se verán, como decía antes, urgidos por la descripción in situ de las lenguas amerindias, pero esto no les impedirá seguir pensando en la posibilidad de establecer las comparaciones y las semejanzas necesarias para la determinación del prototipo. No llegarán tan lejos sin embargo

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pues la descripción sincrónica los ocupará durante años permitiéndoles solamente un cierto emparentamiento en familias. Para estos "neogramáticos" la diacronía deberá estar obligatoriamente precedida de una descripción sincrónica de las lenguas que no están, en efecto, descritas y así, de facto, el estructuralismo americano dará prioridad al sistema sincrónico aunque, probablemente, sin las mismas convicciones que Saussure.

La (una) lengua no podrá encontrarse entonces más allá del momento actual y de los datos reales que el lingüista puede recoger, así, esta lingüística se conocerá más bien por sus aportes al análisis "riguroso" de los estados de lengua, serán ellos los primeros en insistir en la necesidad de contar con un corpus representativo de datos que permita una descripción adecuada, serán los "inventores" de la lingüística de campo y en los primeros años de este siglo, sin la sofisticación tecnológica con la que contamos hoy, Eugene Nida, al ofrecer un conjunto de valiosos consejos metodológicos para la recolección de los datos aconsejará, en primer lugar:

Approach with a smile. A genuine smile has practically the same meaning in all cultures. (1949:175)

2. La lingüística, ciencia independiente

Otra de las preocupaciones de esta escuela será la de conseguir, para la lingüística, un estatus científico tal que se pueda reconocer su autonomía frente a las otras ciencias; así, será una tarea fundamental para los estructuralistas post-bloomfieldianos el proponer un objeto de estudio y un método particulares que permitan evidenciar esa independencia. El método se relacionará con el de las ciencias biológicas: observación, formulación de hipótesis, análisis de los datos y comprobación o improbación de las hipótesis, tesis... la lingüística será una ciencia inductiva, ciencia descriptiva (y no prescriptiva).

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3. El método

El establecimiento de un método de análisis "riguroso" será una necesidad del estatus de la ciencia y del objeto que se propone. Para alcanzar esa rigurosidad, tal como lo señalaba Hockett, esta escuela se propondrá la extensión del método fonológico a los demás niveles de la ciencia, y ello porque el método en sí mismo se ha mostrado eficiente y suficiente para lograr una descripción sin residuos. El método fonológico es, con mucho, el método praguense, que "pasó el atlántico con Roman Jakobson, quien llegó a los EEUU en los primeros años de la guerra (1943)", sin embargo, como reconoce el mismo Hockett,

Yo recuerdo conversaciones de viva voz con Jakobson a principios de los años cuarenta en las que éramos incapaces de llegar a ningún acuerdo, probablemente porque ninguno de nosotros era capaz de captar la aproximación del otro. (1974:29)

Los descriptivistas americanos entonces se propondrán la proyección del rigor descriptivo que había alcanzado ya la fonología (que ha podido deslindar unidades, proponer rasgos de diferenciación en todas las lenguas, formular leyes del cambio), al nivel morfológico y sintáctico.

Del método a la gramática

Después de lo que acabo de decir, después caracterizarlos como "descriptivistas", se comprenderá que una noción clave para esta escuela es la del METODO que hay que seguir en el análisis y, en este caso, descubriendo el método descubriremos en gran medida el punto de vista.

El método, entonces, se inspira en los principios de comparación, segmentación y conmutación que se utilizan en el

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nivel fonológico, aplicado ahora al nivel morfológico (y, como veremos más adelante, también al nivel sintáctico).

En 1946 Eugene Nida, morfólogo, autor de un manual de referencia para el análisis en este nivel, lo presenta como sigue para el análisis en morfemas:

We compared words [...] In order to identify morphemes we must have certain partially similar forms [...] we compare and isolate, and it is only by such comparison with other forms what we can discover morphemes. (1949:6)

El método consiste pues en comparar y segmentar para encontrar las formas lingüísticas cuya recurrencia es caracterizable y pueden, por lo tanto, representar "unidades" en la lengua, entendiendo, como Benveniste, que una unidad será aquella capaz de integrar una unidad más alta (cfr. 1971:121-2).1 Cada unidad así determinada se caracterizará de dos maneras: por las posiciones que puede ocupar en la cadena, esto es, los contextos en los cuales aparece, y esta determinación de los contextos posibles permitirá, a su vez, la clasificación de las unidades de acuerdo con las posibilidades de aparición que tiene en un punto determinado de la cadena. Puesto en los términos del estructuralismo europeo: una unidad se definirá por la clase a la cual pertenece, es decir, el paradigma, y, a su vez, este se definirá de acuerdo con los contextos posibles para las unidades que lo configuran, por las asociaciones sintagmáticas que este permite.

Expresamente simplificado, el procedimiento que permite establecer las unidades de cada paradigma puede ejemplificarse así:

dadas las secuencias AmC

BnC CmC DnC

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se dirá que m y n son unidades pues aparecen todas en el contexto de X __ C,2 si se establece a continuación que A, B, C, y D son, a su vez, unidades significativas en esa lengua, entonces se definirán estas unidades como aquellas que pueden aparecer en el contexto __ m/nC, y C será definida como la unidad que aparece en el contexto de Xm/n __ .

La comparación permitirá establecer si m y n son unidades diferentes o si se trata, por el contrario, de la misma unidad que varía contextualmente en presencia de A/C realizándose entonces como m o bien como n en el contexto de B/D. En este caso deberá establecerse si A y C son equivalentes o no con B y D, es decir, si pertenecen a la misma

clase.3 En cualquier caso, deberán determinarse las

características de las unidades en primera posición que promueven el cambio en la unidad m/n. En una lengua real estas características de A, B, C y D pueden ser descriptibles en el nivel fonológico o bien en el nivel morfosintáctico.

"Rigor a toda costa" decía Hockett, ¿pero no es más fácil y seguro si se conmuta cada unidad por otra y se verifica si cambia o no el significado, como hacen los estructuralistas europeos, los "descriptivistas post-saussureanos"? La respuesta será afirmativa si se trata, en efecto, de un estructuralista saussureano, pero para la escuela americana, por el contrario, esto sería una complicación adicional puesto que, para esta escuela, el significado es difícil de definir y determinar.

Hemos definido el significado de una forma lingüística como la situación en la cual el hablante la dice y la acción que obtiene del oyente como respuesta. (Bloomfield 1964:161)

Para el lingüista, entonces, se tratará de proponer a un "hablante nativo" dos o tres de las formas en las cuales se ha encontrado la unidad en cuestión para tratar de establecer a continuación, a partir de las reacciones lingüísticas o no

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lingüísticas de este, si una cierta hipótesis de significado asignable a esa unidad es correcta o no.

La dificultad consiste, en palabras del propio Bloomfield, en que

Las situaciones que nos mueven a emplear una forma lingüística cualquiera son muy variadas; de hecho los filósofos nos dicen que no hay jamás dos situaciones que sean iguales. Cada uno de nosotros emplea la palabra apple, en el término de unos meses, para referirse a muchas frutas individuales que se diferencian en forma, tamaño, color, olor, gusto, etc. En un caso favorable, como el de la palabra apple, todos los miembros de la comunidad han sido adiestrados, desde la niñez, a emplear la forma del habla cada vez que la situación (en este caso, el objeto) presenta ciertas características relativamente definibles [...] tenemos que distinguir entre los rasgos no distintivos de la situación, tales como el tamaño, la forma, el color, etc. de cualquier manzana particular, y los

distintivos, o significado lingüístico (los rasgos semánticos)

comunes a todas las situaciones que demandan la emisión de la forma lingüística. (1964:163)

Aparece aquí uno de los rasgos más controversiales de esta escuela o, mejor dicho, del descriptivismo post-bloomfieldiano: su apreciación del significado. No es que nieguen el significado, como se ha dicho tantas veces, pero hacen de él algo tan complicado que la semántica de una lengua (ya de por sí complicada) se hace aquí imposible.

Sin embargo, hay varias razones para esta posición: 1. el estudio de las lenguas indígenas que, ciertamente, influye en ello ya que, siendo lenguas no-descritas, es mejor que el lingüista encuentre otra manera de acceder a las unidades puesto que difícilmente conocerá su significado.

2. es ya casi una anécdota la que relaciona a Bloomfield con la escuela conductista y, con ello, con un decidido antimentalismo. Entre las premisas teóricas de esta corriente se encuentra la convicción de que, aparte de algunas conexiones nerviosas que deben intervenir en la producción del habla, no hay "nada más" en la mente de los hablantes. De hecho,

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Bloomfield, que reconoce varias veces haber leído a Ferdinand de Saussure y lo identifica como uno de los fundadores de la lingüística (e incluso publica una reseña de la segunda edición en inglés del Curso), le reprochará siempre a este su "mentalismo", infundado según él, para reconocerse enseguida a sí mismo como un "mecanicista".4 Si revisamos la cita anterior, notaremos que, para una escuela que se declara "anti-psicológica", aparece aquí una extraña relación con las teorías psicológicas de la percepción y, más específicamente, con la regulación de la percepción en la que interviene la lengua (cfr. Luria 1980 y 1984, por ejemplo), pero esta es otra discusión, la que nos interesa aquí atañe a la concepción que, del significado, tienen los estructuralistas americanos.

En esta escuela, el significado aparece como un componente EXTERNO a la lengua, que no forma parte de los rasgos que la caracterizan por lo que obliga a buscar los "rasgos distintivos de la significación" en la situaciones reales en las cuales las personas hablan, esperando que estas situaciones sean "favorables" como en el caso de las manzanas, y que podamos establecer la relación "habitual" entre estas y la palabra apple, o estas y la forma -s del plural en español.

Para Bloomfield se trata de la única posibilidad de identificar el significado operando "a través" de la lengua y notará entonces, no sin desconsuelo, que "no bebemos dos veces en el mismo río" y que, además, la gente, entre los hábitos que ha adquirido, tiene el "mal hábito" de utilizar las palabras en situaciones donde nada permite establecer el significado de estas unidades (tal como él lo entiende): "la gente emplea muy a menudo una palabra como apple cuando no hay ninguna manzana presente". Esto es lo que Bloomfield llama "habla desplazada" y, al hacerlo, lleva la controversia sobre el significado a su punto álgido puesto que lo que Bloomfield, en su mecanicismo "objetivador", llama "habla desplazada" no será otra cosa sino la existencia misma de la lengua: porque "desplazamos" el habla se diferencian las lenguas humanas de los gritos animales, porque "desplazamos" el habla los

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académicos de Balnibarbi no podrán nunca sustituir las palabras por las cosas, en su capacidad de "desplazarse" fuera de las situaciones concretas adquiere el lenguaje todo su poder significante. Y esto sin contar con todo lo que de "individual y social a la vez" hay en ese "desplazamiento", lo que de cultural e íntimo al mismo tiempo hay en cada palabra de cada una de las lenguas humanas.

Bloomfield notará, también con una cierta decepción, que aún si esperáramos a que la ciencia estuviera tan avanzada como para permitirnos establecer correlatos entre cada palabra de la lengua y su descripción científica, tal como sucede en el par sal = NaCl, tampoco estaríamos progresando en la descripción del significado pues ni siquiera para Whorf, que es ingeniero químico, la sal es siempre equivalente al "cloruro de sodio".

Normalmente, al comentar los puntos de vista

bloomfieldianos sobre el significado y, podríamos generalizar: al considerar los puntos de vista de esta escuela para la cual Bloomfield aparece como el principal teórico, los comentaristas -decía- suelen detenerse aquí: en la presentación de los "momentos" de la obra en los cuales Bloomfield hace mención expresa del significado como problema lingüístico.5 Aislando de esta forma sus expresiones, estas parecen casi absurdas y carentes del fundamento que cualquiera encontraría en un solo momento de reflexión sobre su lengua, sin embargo, el punto de vista bloomfieldiano es más profundo y menos absurdo: justamente lo que Bloomfield quiere erradicar es el lado mentalista y, por lo tanto, no perceptible para el analista, de la concepción del significado. La larga tradición que relaciona lenguaje y pensamiento lo hace aparecer como un extraño, pero lo que Bloomfield está diciendo no se diferencia mucho de lo que Saussure expondrá lacónica y definitivamente: "la lengua es una forma y no una sustancia" (1973:206), y el significado, la razón de la lengua, también es una forma, por lo tanto formalizable, por lo tanto debe ser descriptible. La posición de Bloomfield es quizá extremista a veces pero, al mismo tiempo, es realista: la complejidad del

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significado es un problema real para la descripción y cada teoría de la lengua tiene que enfrentarse al hecho de que es difícil "desentrañar su unidad". Lo que puede leerse entre las líneas sobre la sal o las manzanas es la intuición de Bloomfield de que no debemos buscar el significado fuera del sistema significante que lo hace posible, aun si este puede ser entendido como una "reacción", como una respuesta determinada por el entorno particular en que este se actualiza. El significado, entonces, está EN la lengua y no fuera de ella, nos compete directamente como lingüistas: Saussure lo opone en el sistema, Bloomfield lo opone igualmente, el significado será el resultado de un contraste entre una unidad que produce una cierta reacción en los hablantes y los oyentes, y otra unidad que no produce esa misma reacción,

Por ende, la fase descriptiva de la lingüística consiste en un análisis, un tanto rígido, de las formas del habla, en la presunción de que estas formas tienen significados constantes y definibles. (Bloomfield 1964:187)

El significado, entonces, no desaparece. No puede

hacerlo. Será por recurso a él únicamente como podremos establecer nítidamente los límites entre las unidades de la gramática. La caracterización de las unidades se hará de acuerdo con sus posibilidades de aparición en determinados contextos, por sus "latitudes combinatorias", como las llama Martinet, y, de ser posible, se hará también una caracterización "situacional" que permita saber si la unidad tiene un mismo significado o no en cada aparición y en cada contexto. En otras palabras, deberíamos poder describir también esas otras "combinaciones" posibles para cada unidad, esto es, no solamente las contextuales sino también las situacionales, la capacidad pragmática de cada unidad, puesto que estas combinaciones configuran (juntas) el significado de esa unidad. La dificultad consiste en que debemos conseguir una forma, no una sustancia, por ello el análisis del significado de las unidades que conforman la lengua parecerá infinito (o impracticable).

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Esta definición del significado será definitiva para comprender el "rigor" distribucional del método estructuralista americano y por qué, como nos cuenta Hockett:

Llegamos a pensar con mucha frecuencia en la `gramática' como los modelos mediante los cuales las formas significativas (no solo los fonemas) se combinan u ordenan en formas mayores; un conjunto autónomo de modelos, desligados del significado o, al menos, susceptibles de análisis y descripción como si no tuviera nada que ver con el significado. Esto no era negar que las manifestaciones habladas sean a menudo portadoras de significado (o que transmitan información, o que tengan consecuencias parcialmente posibles de prever, o algo así); se intentaba tan solo una separación de la gramática, o de la gramática-y-lexicón, de la semántica. Una descripción completa de una lengua quizás tendría que trabajar también con la semántica, pero esto se haría por separado, no mezclado con la descripción de la gramática. (1974:28)

La gramática de una lengua, entonces, representa un nivel en el cual, sin consideración de la fonología, se determinan las unidades que constituirán el lexicón de esa lengua (es decir, la totalidad de unidades morfológicas susceptibles de aparecer en un contexto determinado) y se encargará de establecer, asimismo, los ordenamientos en los cuales estas unidades pueden aparecer o, de hecho, aparecen.

Tal como ha aparecido hasta aquí, esta escuela se propone, entre sus objetivos principales, la aplicación del método riguroso que había dado tan claros resultados en la fonología extendiendo sus resultados al nivel morfosintáctico, al nivel gramatical tal y como ellos lo conciben: "gramática y lexicón". Los principales aportes de esta escuela se situarán entonces en este nivel.

A continuación revisaré la formulación de estas premisas en la obra de cinco autores que, ciertamente, constituyen las "cabezas de fila" de esta escuela.

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Edward Sapir: un antropólogo

Es cierto que no se puede empezar a hablar de esta escuela sin mencionar a Franz Boas,6 sin embargo, no será a este a quien corresponda la formulación de sus bases teóricas o analíticas, sino a uno de sus estudiantes: Edward Sapir.

Antropólogo como Boas, debemos a Sapir una de las más claras y "pedagógicas" presentaciones de nuestra ciencia. Autor de Language: An introduction to the study of speech (1921), Sapir aparece en este texto como un expositor inteligente y metódico, que no excluye el humor o la ironía pero tampoco los momentos de profunda emoción cuando se sitúa ante un objeto que considera "la obra más importante y monumental que ha llegado a crear el espíritu humano" (1975:249).

Tampoco puede Sapir excluir su formación original, así, a lo largo de su obra, el lenguaje es considerado "anterior aun a las manifestaciones más rudimentarias de la cultura material, y que en realidad estas manifestaciones no se hicieron posibles, hablando estrictamente, sino cuando el lenguaje, instrumento de la expresión y de la significación, hubo tomado alguna forma" (1975:31). Causa y consecuencia de la cultura, producto histórico, "el arte mayor amplitud y solidez que conocemos", "nada menos que la forma acabada con que se expresan todas las experiencias susceptibles de comunicación", el lenguaje es considerado por Sapir en todos sus aspectos y en todos sus niveles internos de organización.

En tres capítulos de esta obra se consideran "los elementos del habla" (cap. II) y "la forma en el lenguaje": "los procedimientos gramaticales" (cap. IV) y "los conceptos gramaticales" (cap. V). Allí Sapir presenta su gramática.

La gramática de Sapir no se diferencia en mucho de las gramáticas tradicionales en las cuales se agota la exposición después de la consideración de las clases de palabras para dedicar entonces unas cuantas páginas a la sintaxis, capítulo

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obligado, a pesar de todo, en los libros del "arte gramatical". Recientemente se ha calificado a estos textos de "morfologías" y así podría calificarse la atención de Sapir a los hechos gramaticales: como una morfología, la presentación detallada de los procesos morfológicos (que en él no llegan a ser, todavía, un riguroso método de análisis sino, más bien, una interesante presentación de procesos propiamente tales) que lo llevarán, por ejemplo, a poner en duda la clasificación de las lenguas en una tipología morfológica que distingue lenguas flexivas, aglutinantes y aislantes. Sapir propone un penetrante análisis de los tipos de estructura lingüística que, para él, se representan como procesos de "fusión o yuxtaposición" de los morfemas en palabras y de los cuales, ninguna lengua deja de dar ejemplo. Sapir entonces, al ocuparse de los elementos del habla, considera que "el primer elemento del cual podemos decir que "existe" realmente, es la palabra" (1975:35), para considerar enseguida los problemas de su definición puesto que, tal como se impone para toda la lingüística de este siglo, la palabra ya no podrá entenderse como la expresión de un concepto único puesto que, gracias justamente a los estructuralistas americanos, este "concepto único" se pone definitivamente en duda al evidenciarse su composición morfemática interna y la "fusión" de conceptos (significados morfemáticos) que esta suele presentar, así,

Podemos concretar todo esto en pocas palabras diciendo que los elementos radicales y gramaticales del lenguaje, abstracciones hechas a partir de las realidades del habla, responden al mundo conceptual de la ciencia, el cual es una abstracción hecha a partir de las realidades de la experiencia; y que la palabra, o sea la unidad existente del habla viva, responde a la unidad de la experiencia factualmente aprehendida, de la historia, del arte. (1975:41)

La palabra, entonces, se realiza de dos maneras, tiene dos facetas: una en la lengua, abstraída, hechura de morfemas; y otra en el habla, en las realidades del habla, donde actúa para

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los hablantes de esa lengua como compendio de experiencia, historia y arte, como significación "factualmente aprehendida".

En cuanto a la "sintaxis" de Sapir, esta casi no existiría si no fuera por las interesantísimas definiciones que presenta de los dos conceptos fundamentales de toda sintaxis: el concepto de sintaxis mismo y el concepto de oración.

La sintaxis nunca aparece nombrada como tal sino como "procedimiento gramatical" y, por momentos, aparece "fundida" ella misma en la morfología, e interviene como criterio para evidenciar el modo como las palabras se configuran internamente o por influencia de las otras palabras del contexto, así, por ejemplo, al considerar los procesos morfológicos internos de las palabras, Sapir expresa lo siguiente:

Los diversos procedimientos gramaticales que han establecido las investigaciones lingüísticas se pueden agrupar en seis tipos principales, a saber: 1. orden de las palabras; 2. composición; 3. afijación; 4. modificación interna del elemento radical; 5. reduplicación; 6. diferencias acentuales. (1975:74)

Como puede notarse enseguida, los conceptos

presentados de 2 a 6 son procesos morfológicos propiamente tales, sin embargo, en 1, aparece mencionado el "orden de las palabras" como procedimiento gramatical homologable con los restantes, y es que Sapir nota que la morfología de la palabra en cada lengua determinará también la morfología de la oración en esa misma lengua,

Algunos [idiomas], como el latín [y el chinook] expresan prácticamente todas las relaciones por medio de modificaciones dentro del cuerpo de la palabra misma. En estos idiomas, el orden de la palabras viene a ser un principio retórico más bien que un principio estrictamente gramatical [...] Ciertos idiomas, como el chino, el siamés y el annamita, en los cuales todas y cada una de las palabras, si han de funcionar adecuadamente, tienen que caer en su lugar preciso [...] la mayor parte de los idiomas vienen a quedar entre los dos extremos. (1975:76)

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y agrega,

Cuanto más sintético es el idioma, es decir, cuanto más claramente esté indicada la situación de cada palabra dentro de la oración a base de los recursos mismos de la palabra aislada, tanto menos necesario será considerar el conjunto de la oración. (1975:129)

De la forma predominante de las palabras en la lengua dependerá entonces el grado de libertad sintáctica que tendrán los elementos en la oración; así, una lengua como el latín marcará nítidamente sus funciones internas en la oración mediante los casos (es decir, lo hará sintéticamente, lo que le permitirá la "variación retórica" de los elementos en la oración), mientras que, en las lenguas analíticas, las relaciones funcionales en la oración se marcarán solo mediante el orden. En este sentido, ¿el francés es una lengua analítica o sintética? Contra todas las intenciones de tipología, habrá que contestar que ambas puesto que, en una oración como Vos beaux yeux me font mourir d'amour (para utilizar el ejemplo de Molière), los elementos pueden disponerse de acuerdo con otra función: la expresiva o "retórica" , como la llama Sapir, mientras que tal cosa no puede suceder en una oración como Pierre bat Paul donde cualquier alteración del orden cambiaría definitivamente el significado de la frase (Paul bat Pierre), o la tornaría agramatical (* Pierre Paul bat).

Una morfología, dije antes, morfología en la cual la sintaxis aparece a veces subrepticiamente. Una morfología en la cual "al lector atento le habrá sorprendido quizá que durante toda esta exposición no hayamos dicho casi nada acerca de las famosas partes de la oración", pero no hay razón para ello puesto que "nuestra clasificación convencional de las palabras en partes de la oración es sólo una vaga y fluctuante aproximación a un inventario coherentemente elaborado de la experiencia" (1975:137).

¿Qué es entonces lo interesante en la "sintaxis" de Sapir? Antes decía: su definición de los conceptos centrales de

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toda sintaxis, esto es, el concepto de sintaxis mismo y el de su unidad de operación (y de análisis), la oración. Ahora agregaré que el interés está en lo que llamaré su "punto de vista funcional", su visión quizá no tan rigurosa pero sí muy comprensiva de los procesos gramaticales y de su complejidad, de la comprensión de todos los factores pertinentes en la elaboración del sentido ordenado en la línea gramatical.

Todos los idiomas tienen una tendencia inherente hacia la economía de la expresión. Si esta tendencia inherente hacia la economía fuera enteramente inoperante, no existiría la gramática. La gramática rasgo universal del lenguaje, no es sino la expresión generalizada del sentimiento de que conceptos y relaciones análogos se simbolizan de la manera más conveniente mediante formas análogas. Si alguna vez llegara a haber una lengua completamente "gramatical" sería una máquina perfectísima de expresión conceptual. Por desgracia -o por fortuna-, ningún idioma es tiránicamente coherente. Todas las gramáticas tienen sus escapes. (1975:48)

Un lingüista martinetiano, acostumbrado a encontrar esta noción de "economía de la expresión" en los trabajos de este autor o en sus orígenes praguenses, reconocerá aquí una temprana expresión de esta noción que, además, aparece aislada con respecto al resto de la escuela estructuralista. En efecto, no volveremos a encontrar entre los teóricos estructuralistas una concepción de la cadena sintagmática concebida como económica, jerarquizada, factor esencial en la construcción del sentido, algo más que concordancia y rección. Aparece en Sapir la gramática concebida como una forma, como un "organizador" de los elementos en la cadena pero, también, y sobre todo, como un organizador del sentido, organizador de la comunicación humana.

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De aquí se deriva entonces la definición de oración:

La oración es el correspondiente, en el plano lógico, del pensamiento completo, pero solo a condición de que se la sienta como constituida por los elementos radicales y gramaticales que acechan en los escondrijos de sus palabras. Es el correspondiente psicológico de la experiencia, del arte, cuando se la siente -y en circunstancias normales se la siente ciertamente de ese modo- como el juego acabado de una palabra con otra. (1975:41-2)

La oración, al igual que la palabra, se organiza en dos planos: el de la formas abstraídas y el de las realizaciones concretas, sin que ambos sean idénticos; la oración corresponde a un pensamiento completo que se estructura en el plano lógico y se constituye morfémicamente en "los escondrijos de sus palabras", pero también es expresión del hablante, es realidad concreta, es experiencia y arte de la comunicación. Insiste Sapir en la "doble articulación" de las oraciones, en el plano sistemático y en el comunicativo, y afirma entonces

... la más importante de las unidades funcionales del habla, o sea la oración, tiene, al igual que la palabra, una existencia psicológica lo mismo que una existencia puramente lógica o "abstraída". La definición de oración no es difícil. Es la expresión lingüística de una proposición. Intervienen en ella un sujeto del cual se afirma algo y la afirmación que se hace con respecto a ese sujeto. "Sujeto" y "Predicado" pueden hallarse fundidos en una sola palabra, como en latín dico, o pueden expresarse por separado, como en su equivalente inglés I say; tanto el sujeto como el predicado pueden recibir adiciones diversas de manera que resulten proposiciones diversas de muchas especies. Poco importa cuántos de estos elementos calificativos (palabras o partes funcionales de palabras) se añadan a la oración: esta seguirá conservando su unidad, con tal de que cada una de las cosas añadidas venga a caer en su lugar propio y contribuya a la mayor definición del sujeto de la frase o del núcleo del predicado. (1975:45)

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La definición de oración es la más completa que se puede encontrar en esta escuela. En ella aparece la oración como constructo de la lengua y como realización funcional en el habla. Una estructura lingüística que jerarquiza sus elementos alrededor de dos núcleos: el sujeto y el predicado.

La definición de sujeto y predicado, tal como puede notarse en la cita, comienza como una definición nocional, correspondiente a las tradicionales y, como en ellas, mezcla la definición propiamente sintáctica de las categorías oracionales con la definición pragmática de estas categorías, ahora bien, al abundar en las definiciones, Sapir es estructuralista y define, consecuentemente, las estructuras de estas categorías, esto es, nota que "sujeto" y "predicado" son núcleos de jerarquía sintáctica y que, independientemente de las modificaciones funcionales que evidencien en el uso, mantienen su poder de rección, y esto será así incluso cuando se consideran de una lengua a otra pues el carácter analítico o sintético de la lengua no los modifica en su condición ni cambia su valor. De una lengua a otra, así como de una proposición a otra, varía la expresión lingüística más no la estructura que la sustenta.

Benjamín Lee Whorf: un ingeniero venido a la

lingüística

En 1956 aparece Language, tought and reality, un libro donde se recogen una serie de trabajos de Whorf, realizados entre 1927 y 1942, que hasta entonces habían estado dispersos o inéditos. Whorf, alumno de Sapir, es un lingüista de campo que se dedica con esmero a investigar las lenguas indígenas de los Estados Unidos y de México, siguiendo las ideas lingüístico- antropológicas de su maestro.

A Benjamín Lee Whorf se le conoce sobre todo por el hecho de haber desarrollado los puntos de vista de Sapir sobre las relaciones del lenguaje con la cultura y de estos con el

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pensamiento, en la tesis conocida como "tesis Sapir-Whorf" que toma, en las palabras de Whorf, la forma del determinismo lingüístico.7 En relación con este punto de vista, en uno de sus artículos donde aparece más nítidamente expuesta su tesis del determinismo y del relativismo lingüísticos: "Lenguas y lógica",8 aparece también una interesante discusión sobre el concepto de oración. En este trabajo, Whorf compara las siguientes oraciones inglesas:

a. Aparto la rama a un lado b. Tengo un dedo extra en el pie

con sus correspondientes en shawnee:

c. ni-l'θawa-'ko-n-a d. ni-l'θawa-'ko-θite

donde, cada morfema, se traduce de la siguiente manera:

ni- "1ps" -l'θawa- "perfil bifurcado"

-'ko- "árbol, matorral, o cualquier cosa de esta forma"

-n- "mediante acción de la mano"

-a sufijo, indica que el sujeto es también el agente (presente solo en la oración c.)

-θite "perteneciente a los dedos de los pies" (presente solo en la oración d.)

Así, pues, la primera oración significa "lo aparto (algo similar a la rama de un árbol) más abierto o aparte, donde se bifurca". [...] la [segunda] oración únicamente puede significar "tengo un dedo extra que se bifurca hacia afuera de un dedo normal como si fuera una rama". (1971:264)

Comparando las dos lenguas y los tipos de oración que se dan en cada una de ellas, Whorf encuentra argumentos en dos sentidos:

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1. a favor del determinismo lingüístico pues, en su opinión, el hablante del inglés y el hablante del shawnee percibirán y comprenderán de manera diferente el mismo fenómeno en virtud del determinismo de la expresión sobre la concepción mental del mismo fenómeno;

2. en contra de la idea de que todas las oraciones, en todas las lenguas, se estructuran sobre un mismo modelo. En efecto, las lenguas que Whorf describe son, en su mayoría, lenguas polisintéticas, lenguas que ponen en problemas a las definiciones tanto de oración como de palabra pues, en ellas, oración y palabra son una misma unidad lingüística (cfr. los ejemplos c y d). Whorf argumenta así:

Nuestras lenguas indias muestran que con una gramática adecuada podemos construir oraciones inteligentes que no puedan ser divididas en sujetos y predicados. Cualquier intento de separación no es más que una separación de la traducción o paráfrasis de la oración, pero no de la oración india. (1971:272)

y, más adelante, comentando el nootka (lengua algonquina), agrega:

Cuando llegamos al ejemplo del nootka [como al del shawnee] nos encontramos con que la oración sin sujeto o predicado es el único tipo que existe. Se utiliza el término predicación pero significa oración. [...] las oraciones grandes [de más de una "palabra"] son oraciones de oraciones (o sea oraciones compuestas) y no simples oraciones de palabras. (1971:273)

Los ejemplos que presenta Whorf evidencian que, en efecto, la realización de la estructura oracional es "cuestión de lenguas" y que, ciertamente, debemos contar con una definición de oración tal que permita incluir las realizaciones "en una sola palabra", ahora bien, habría que preguntarse si las lenguas polisintéticas, como el shawnee y el nootka, son también los ejemplos que permiten anular las nociones de "sujeto" y "predicado" tal y como las entendía Sapir, es decir, como

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núcleos estructuradores de la predicación. En otras palabras, estas lenguas amerindias, al realizar la oración en una sola palabra, ¿anulan con ello la presencia de los núcleos estructurales? Creo que no, pero necesitaríamos conocer más sobre estas lenguas a fin de poder argumentar lo que no pasa aquí de ser una intuición.

Leonard Bloomfield: el dinosaurio

"El dinosaurio del estructuralismo", así lo llamaban, y es que Bloomfield, en efecto, es un animal extraño en el panorama de la escuela americana: es el primer lingüista de esta escuela. En cualquier caso, este dinosaurio ha sobrevivido a los embates teóricos que se han desarrollado después de él y se mantiene aún como el verdadero "padre" del estructuralismo americano. Ciertamente, lo que estamos acostumbrados a calificar de esta manera, la concepción lingüística con la cual identificamos a esta escuela, está presente, de manera nítida o borrosa pero, en cualquier caso, presente toda en la obra de Leonard Bloomfield y, específicamente, en un texto, que, al igual que el de Sapir, se llama simplemente Language (1933).

Bloomfield es el lingüista que le dará precisión y orden a esta teoría y establecerá de una vez por todas el modelo para esta escuela. Consideraré a continuación los rasgos fundamentales del trabajo de este teórico en lo que concierne a la descripción sintáctica.

El primer concepto bloomfieldiano al cual debemos hacer referencia es al de constituyentes inmediatos:

Cualquier persona de habla inglesa que se preocupe de este asunto, nos dirá de seguro que los constituyentes inmediatos de Poor John ran away son las dos formas poor John y ran

away; que cada una de ellas es, a su vez, una forma compleja;

que los constituyentes inmediatos de ran away son ran, un morfema y away, una forma compleja, cuyos constituyentes son los morfemas a- y way; y que los constituyentes de poor

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John son los morfemas poor y John. Solo así nos llevará un

análisis apropiado, o sea, el que toma en consideración los significados, a los morfemas constituyentes primarios. (1964:190)

Tal como aparece en la definición que tomamos del mismo Bloomfield, el principio de los constituyentes inmediatos es un método de segmentación de la cadena para encontrar, en términos de André Martinet, las unidades de primera articulación, las cuales permitirán, a su vez, la delimitación de las unidades de segunda articulación. Este método presupone como constituyente "primario" a la oración, en la cual, tal como aparece en la cita de Bloomfield, se realiza una segmentación cada vez, es decir, se oponen dos formas que son los constituyentes del nivel inmediatamente superior. El criterio para realizar estas segmentaciones, es decir, el método para determinar dónde se realizarán los cortes es, tal como decía más arriba, la comparación con el total de las cadenas contenidas en el corpus. Bloomfield lo expone así:

La parte común de dos o más formas complejas cualesquiera es una forma lingüística; es un constituyente (o componente) de esas formas complejas. Se dice que el constituyente está contenido en las formas complejas. (1964:189)

La segmentación se detiene cuando llegamos a los constituyentes "últimos" de esta cadena, es decir, las formas simples o morfemas, que serán las que establecen oposiciones entre sí en virtud de su distribución en la cadena y, también de su significado, puesto que "Suponemos que cada forma lingüística tiene un significado constante y definido, diferente del significado de cualquier otra forma lingüística de la misma lengua" (1964:187). Recordemos que aquí el significado debe entenderse tal y como lo hace Bloomfield, es decir, como la posibilidad de que una forma, en oposición a todas las demás formas de la lengua, produzca una cierta "respuesta" en el receptor de esta forma. En relación con esto, Bloomfield

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agregará más adelante en el mismo capítulo, que "La selección de formas contribuye al significado, porque las formas diferentes de lo que es, por otra parte, el mismo ordenamiento gramatical, darán por resultado significados distintos" (1964:193). Así, si rehacemos el camino desde los constituyentes últimos hacia el constituyente primario que es la oración, esta empieza a aparecernos, en la visión bloomfieldiana, como una forma o, más exactamente, una estructura compleja, cuya configuración formal se presenta como constante y, por lo tanto, también en un "paradigma" en la lengua, y en cuya configuración significativa particular aparecerá como rasgo pertinente lo que, por su parte, los estructuralistas post-saussureanos llamarán la "elección por parte del sujeto hablante" (cfr. Martinet 1980), implicando, por una parte, la pertinencia significativa de esta elección, tal como lo hace Bloomfield, y fundándose, por otra parte, en las nociones saussureanas de oposición y valor de las formas en el sistema de la lengua.

Como resultado del análisis en constituyentes inmediatos aparecen entonces las formas lingüísticas que Bloomfield definirá como constituyentes a su vez del sistema gramatical de la lengua (en contraposición a las formas fonológicas). El esquema completo de las formas de la lengua consideradas por Bloomfield aparece claramente en un cuadro que tomo de Lepschy (1971:122):

Léxico Gramática

unidades mínimas privadas de significado

femema fonema taxema

unidades mínimas con significado

glosema morfema tagmema

significados de tales unidades

noema semema episemema

unidad con significado (simple o compleja) forma lingüística forma léxica forma gramatical

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Si consideramos en primer lugar este cuatro de izquierda a derecha y de abajo hacia arriba, encontraremos las unidades formales más abstractas (formas lingüísticas), entre las cuales una forma léxica será un morfema perteneciente a una clase abierta y una forma gramatical un morfema perteneciente a un paradigma gramatical, cerrado. La forma lingüística es la abstracción que los reúne: el morfema considerado independientemente de sus características y de su distribución.

Si vemos la columna de las formas lingüísticas hacia arriba, encontramos unidades o rasgos en el mismo nivel de abstracción y un noema será entonces un rasgo semántico sin consideración del tipo de unidad a la cual pertenece, puesto que, de especificarse esta forma como una morfema léxico (morfema propiamente dicho, tal como se ve en el cuadro), entonces su significado será descrito en sememas, del mismo modo que serán episememas aquellos que se relacionan con una forma gramatical (o tagmema). Esta distinción en morfemas y tagmemas evidencia ya una jerarquización que será presentada después por Bloomfield como la posibilidad que tienen los primeros de aparecer como "formas libres" mientras que los segundos serán siempre "formas ligadas".

Si excluimos al fonema y al femema, asignables al análisis fonológico, nos resta por considerar una unidad que, tal y como aparece en el cuadro, es forma mínima privada de significado que pertenece a la gramática de una lengua y que Bloomfield define así: "un rasgo simple de distribución gramatical" (1964:195). El taxema entonces es un rasgo de rección que cada morfema o tagmema comporta y determinará sus posibilidades de aparición en la cadena: su distribución. Los taxemas serán los determinantes de la construcción gramatical, de la forma táctica.

Será un taxema entonces el que determine la relación de un afijo con el morfema correspondiente y especificará si se trata de un prefijo o de un sufijo. Bloomfield llama taxemas de orden a aquellos que determinan la inversión del orden básico de las palabras para convertir una aseveración en interrogación (en inglés) y son también taxemas los que determinan el orden

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básico de las oraciones declarativas. Así se construye entonces el "edificio" con el cual tantas veces fue comparada la lengua cuando era vista desde el estructuralismo.

La gramática de una lengua será, para Bloomfield un

recorrido descriptivo desde los constituyentes últimos (morfemas y tagmemas) hacia el constituyente primario (oración) y viceversa, determinando las unidades y los taxemas que operan en cada nivel e intervienen en la construcción de las unidades significativas propiamente tales puesto que el morfema, aunque se considera la mínima unidad fonético-semántica, no parece constituir por sí misma significados, a menos que, como dice Bloomfield, sea actualizado en el habla, en cuyo caso aparecerá entonces, como forma independiente y caracterizado gramaticalmente como una forma lingüística dotada de significado.

Varias unidades intermedias aparecen en el recorrido que lleva, ahora a la inversa, desde los constituyentes últimos hacia el constituyente primario. En primer lugar: la palabra, definida según la célebre fórmula de "mínima forma libre".

En el nivel superior encontramos la frase (o grupo) que se define como "forma independiente que está constituida enteramente por dos o más formas menos independientes" (1964:211). Estas formas menos independientes en relación con la frase serán "palabras" que, al integrar el nivel superior, contraen relaciones entre sí, relaciones tácticas, que las hacen interdependientes. Al igual que las palabras, las frases perderán independencia al formar parte de la estructura de "una forma lingüística independiente que no está incluida, en virtud de ninguna construcción gramatical, en ninguna forma lingüística mayor", esto es, en una oración.

Para Bloomfield (y, con él, para los estructuralistas de esta escuela), las "formas tácticas" empiezan entonces en el nivel de la palabra y se caracterizan por cuatro tipos de disposiciones generales, a saber:

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