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¿Cómo fomentar la participación social juvenil desde el gobierno local? : propuestas juveniles a la gestión municipal

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Academic year: 2020

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(1)Facultad de Ciencias Sociales Departamento de Trabajo Social. ¿CÓMO FOMENTAR LA PARTICIPACIÓN SOCIAL JUVENIL DESDE EL GOBIERNO LOCAL? PROPUESTAS JUVENILES A LA GESTIÓN MUNICIPAL. Tesis para optar al título profesional de Trabajador Social. Por Valentina Garrido López. Profesor Guía: Marcelo Moya Santander Santiago, Chile 2012.

(2) Tabla de contenido. RESUMEN .................................................................................................................................. 4 I.. INTRODUCCIÓN ................................................................................................................. 5. II.. PROBLEMA DE INVESTIGACIÓN ........................................................................................ 7 II.i Tema de Investigación ......................................................................................... 7 II.ii Pregunta inicial de investigación ........................................................................ 7 II.iii Formulación del problema de investigación ..................................................... 7. III.. MARCO TEÓRICO......................................................................................................... 13 III.i. Percepciones de la Juventud en Chile ......................................................... 13. III.ii. Reflexiones sobre participación y ciudadanía tras la promulgación de la ley 20.500.......................................................................................................... 16. III.iii. Participación Comunitaria, Organizaciones y Redes Sociales Juveniles como acción Política.............................................................................................. 27. III.iv. Mapas conceptuales ................................................................................... 33. IV.. OBJETIVOS DE LA INVESTIGACIÓN .............................................................................. 36. V.. HIPÓTESIS DE INSVESTIGACIÓN/ PREGUNTAS DIRECTRICES .......................................... 37. VI.. MARCO METODOLÓGICO ........................................................................................... 38 VI.i Enfoque metodológico ..................................................................................... 39 VI.ii Población objetivo y muestra de Investigación .............................................. 39 VI.iii Técnicas de recolección de datos ................................................................... 41 VI.iv Plan de Análisis ............................................................................................... 42. VII.. TESTEO DE INSTRUMENTOS ........................................................................................ 45. VIII.. ANÁLISIS Y RESULTADOS ............................................................................................. 47 1.

(3) VIII.i La participación Social Juvenil como búsqueda de independencia ............... 48 VIII.ii Gestión Municipal para el fomento de la participación social juvenil, deudas para una democracia más participativa. ............................................................................. 53 VIII.iii Escasez de espacios y oportunidades para desarrollar la participación social juvenil desde la gestión municipal ...................................................................................... 62 IX.. ARTICULACIONES PROCESO DE INVESTIGACIÓN E INTERVENCIÓN ............................ 68. X.. CONCLUSIONES ............................................................................................................ 74. XI.. BIBLIOGRAFÍA .............................................................................................................. 76. XII.. ANEXOS ....................................................................................................................... 81 ANEXO N°1: GUIÓN TEMÁTICO PRESENTADO AL EQUIPO DE STGO JOVEN. ..... 81 ANEXO N°2: CARTA DE CONSENTIMIENTO INFORMADO .................................. 84 ANEXO N°3 FIRMAS DE CONSENTIMIENTO INFORMADO .................................. 85 ANEXO N°4 TRANSCRIPCIÓN DE ENTREVISTAS Y NOTAS. ...................... 93. 4.1 Entrevista Grupal N°1 ............................................................................... 93 4.2 Entrevista Grupal N°2 ............................................................................. 101 4.3 Entrevista en Profundidad N°1 ............................................................... 109 4.4 Entrevista en Profundidad N°2 ............................................................... 118 4.5 Entrevista en Profundidad N°3 ............................................................... 126 4.6 Entrevista en Profundidad N°4 ............................................................... 144 ANEXO N°5: MATRICES DE VACIADO DE INFORMACIÓN ................................. 150 ANEXO N°6: CODIFICACIONES ABIERTAS ......................................................... 164 6.1 Codificación Abierta entrevista grupal n°1 ............................................ 164 6.2 Codificación Abierta entrevista grupal n°2 ............................................. 165 6.3 Codificación Abierta entrevista n°1 ........................................................ 166. 2.

(4) 6.4 Codificación Abierta entrevista n°2 ............................................................ 167 6.5 Codificación Abierta entrevista n°3 ............................................................ 168 6.6 Codificación Abierta entrevista n°4 ............................................................ 169. Tabla de diagramas Diagrama 1 - Síntesis de conceptos claves .................................................. 34 Diagrama 2 - Fenómeno: Participación Social Juvenil .................................. 35 Diagrama 3 - Codificación axial de la dimensión n°1 .................................... 52 Diagrama 4 - Codificación axial de la Dimensión n°2.................................... 61 Diagrama 5 - Codificación axial de la Dimensión n°3.................................... 66 Diagrama 6 - Codificación selectiva de los fenómenos ................................. 67. 3.

(5) RESUMEN. En las últimas décadas, la participación social juvenil en las organizaciones y estamentos tradicionales ha disminuido de manera significativa. Del mismo modo, han aumentado las manifestaciones públicas y la pluralidad de espacios y formas en que los/as jóvenes participan. En un intento por aproximarnos a comprender porqué los/as jóvenes han disminuido su participación en las esferas tradicionales, la siguiente investigación indaga en la percepción de los/as jóvenes organizados en agrupaciones socioculturales de la comuna de Santiago, frente a los mecanismos, programas y proyectos implementados por la municipalidad para fomentar su participación y asociatividad. De esta forma la investigación proporciona una mirada crítica y representativa de las principales razones que han provocado cierto desinterés y desconfianza de los/as jóvenes que participan en organizaciones sociales, frente a las instituciones tradicionales de representación y en particular frente a la gestión del gobierno local. El enfoque metodológico de la investigación es cualitativo, pues se potenció el nivel descriptivo del fenómeno de investigación, y el modelo de análisis utlizado fue la Teoría Fundamentada, que permitió realizar una análisis de representación y contenido de los discursos obtenidos, y con ello aproximarnos a la conformación de una teoría emergente respecto al fenómeno, enfocada en el propio discurso de los sujetos de investigación.. 4.

(6) I. INTRODUCCIÓN. El siguiente documento corresponde a la tesis de pregrado de la estudiante Valentina Alejandra Garrido López, para optar el título de Trabajo Social en la Universidad Alberto Hurtado. El tema de investigación desarrollado corresponde al análisis del discurso de los/as jóvenes organizados de la comuna de Santiago respecto a la gestión de las instituciones formales de representación, y en particular de la municipalidad como promotoras de asociatividad y participación ciudadana, para la conformación de una democracia más participativa. La investigación no solo indaga en la percepción juvenil respecto a las labores de gestión de la municipalidad de Santiago, sino que se aproxima a la explicación de un sentimiento de desconfianza y ausencia de representatividad generalizado por parte de los/as jóvenes frente a ella, incorporando propuestas para mejorar la gestión institucional. Este proceso, se llevó a cabo en las dependencias en el área de gestión territorial de la Secretaría de la Juventud de la I. Municipalidad de Santiago, lugar en el que se trabaja en el fomento de la participación y asociatividad de las juventudes de la comuna. De manera paralela, se realizó en la institución el proceso de práctica profesional de la estudiante, instancia en que se trabajó en el diseño cogestionado de una intervención social para el fomento de la participación social juvenil a través de la conformación de redes sociales, proceso que se vincula a la investigación. La investigación profundiza en el fenómeno de la Participación Social Juvenil y la pertinencia de la labor de la I. Municipalidad de Santiago para el fomento de ella, a través de la codificación y relación de los datos entregados por los sujetos informantes, según las directrices de la Teoría 5.

(7) Fundamentada, por lo que presenta aproximaciones a la construcción de una teoría provisoria sobre las percepciones juveniles frente al actuar municipal como promotor de participación y asociatividad.. 6.

(8) II.. PROBLEMA DE INVESTIGACIÓN. II.i Tema de Investigación. Relación entre los/as jóvenes organizados y las instituciones formales de representación.. II.ii Pregunta inicial de investigación. ¿Cuál es la percepción de los/as jóvenes de la comuna de Santiago que participan en organizaciones sociales comunitarias, frente al municipio como facilitador y promotor de asociatividad y participación?. II.iii Formulación del problema de investigación. En las últimas décadas, en Chile ha disminuido el interés juvenil por las instituciones tradicionales de representación política, lo que se refleja en la merma de los porcentajes de jóvenes inscritos en los registros electorales y en la desconfianza juvenil frente a la institucionalidad. Según la Primera Encuesta Nacional de Juventud realizada en 1994, un 39% de los/as jóvenes encuestados, presentaban ya una desconfianza absoluta frente a la figura del alcalde, los partidos políticos, diputados, senadores y el gobierno. Del mismo modo, la mayoría de los/as jóvenes desconfiaba parcial o totalmente de las instituciones y de los actores sociales tradicionales (INJUV, 1994, p. 8). Este escenario, se ha ido rigidizando en los últimos años, manifestándose en la tendencia creciente juvenil de no inscribirse en los registros electorales, ni participar de manera activa en juntas de vecinos, sindicatos o gremios. 7.

(9) Así mismo, la decisión juvenil de no adherir a los conglomerados de partidos ha aumentado sistemáticamente en los últimos veinte años, disminuyendo también su participación electoral, lo que se refleja en la Sexta Encuesta Nacional de la Juventud, donde un 78,7% de los/as jóvenes en edad de votar, no está inscrito en los registros electorales (INJUV, 2010, p. 157). Según sostiene Mujica, abogado que forma parte de la Corporación Participa, “la democracia representativa tradicional ha experimentado una crisis significativa y que no es posible desconocer, lo cual se confirma con algunos datos duros indiscutibles: alta abstención electoral: desconfianza en la política y en los políticos; incapacidad de satisfacer demandas y sobre todo el aumento de la capacidad de la ciudadanía de manifestar su descontento con el sistema”. (Mujica, 2000, p. 4) En los últimos años, las juventudes se han movilizado de manera reiterativa frente a temáticas de carácter social y político, proponiendo nuevas formas de garantizar el derecho a una educación de calidad, manifestándose en contra de proyectos económicos respecto a suministros energéticos y el daño que estos generan en nuestro ecosistema, dando su opinión activa frente a reformas constitucionales, entre otras. Surge a partir de la reflexión anterior, la hipótesis de que la disminución del interés juvenil por la institucionalidad representativa, es decir, los gobiernos, municipios y partidos políticos, no implica necesariamente un desinterés por la política, sino más bien una desconfianza en el sistema de representación tradicional, y por tanto, en sus instituciones y autoridades. Lo anterior es producto de múltiples factores, entre los que destaca la creciente estigmatización de la sociedad latinoamericana respecto de las juventudes. Así, el protagonismo de los/as jóvenes en los últimos años ha sido mediatizado en torno a las experiencias de violencia que han sacudido a las sociedades. “A la par de este proceso estigmatizador y generalizable a todos los países de la región, se agudizó la crisis estructural que había asomado su 8.

(10) rostro en la década de los ochenta, que fracturó las macroeconomías de los países y pulverizó la microeconomía de las personas, en ese proceso, muchos jóvenes han venido pagando los costos de una política económica que los excluye de las posibilidades de incorporarse productivamente en la sociedad” (Reguillo, 2003, p. 11). Debido a esta exclusión política económica es que se han ignorado las posibilidades de incidencia social que poseen las juventudes. De este modo “la juventud ha sido invisibilizada como sujeto o actor social transformador” (Zarzuri, 2010, p.3), lo que ha terminado por identificar en el imaginario social, a las juventudes como apolíticas, anti sistema, sin valores, entre otras cosas, situación que reproduce la desvinculación juvenil de las instituciones representativas. La existencia de este estigma ha aportado a la tendencia creciente del distanciamiento juvenil de la participación política, generando desconfianza frente a las instituciones tradicionales de representación; en palabras de Reguillo, “se profundizó el descredito de la política formal, los partidos políticos de todos los signos, dejaron de aparecer como opciones confiables para transformar la realidad” (Reguillo, 2003, p. 11). Lo anterior se resume en que las juventudes han disminuido, en los últimos años, su incidencia en las instancias tradicionales de participación y representación, producto, no solo de los cambios en el escenario económico latinoamericano, sino también de las situaciones de exclusión y marginación social y política a las que se ven enfrentados. Frente a este escenario, la importancia del reconocimiento y valoración de la participación social juvenil, se manifiesta en dos conceptos que serán transversales para todo el proceso investigativo: democracia, y ciudadanía. El sistema democrático, que se erige hoy como el sistema de organización social por excelencia, supone una garantía en los derechos fundamentales de las personas, y la promoción del desarrollo del ser humano con el mayor grado de libertad y participación social posible, lo que “se sustenta en el fundamento más básico de la democracia, el reconocimiento 9.

(11) incondicional de la dignidad esencial del ser humano para autodeterminarse, ser responsable y desarrollarse en libertad junto a otros ” (Valdivieso, 2003, p. 16). En términos ideales, el sistema democrático, como sistema político, logrará que las personas se sientan representadas y escuchadas por las autoridades, lo que, en definitiva, termina por satisfacer sus necesidades (Garretón; 2003, en Gangas [s.a.], p. 28). Sin embargo, el escenario anterior, es un escenario que se aleja de la realidad latinoamericana, lo que ha derivado en un aumento progresivo del “desencanto y desinterés de la población por la política y la democracia” (Garretón,1994 en Valdivieso, 2003, p. 17) La participación y la representatividad, serán entonces los ejes fundamentales para el correcto funcionamiento del sistema democrático. Sin embargo, existe una creciente insatisfacción de la población con los resultados de este régimen (Valdivieso, 2003), lo que deviene en una constante tensión entre los ciudadanos y las instituciones públicas, hecho que se ha explicitado en nuestro país tras las crecientes manifestaciones ciudadanas de los últimos años, en las cuales las juventudes han sido protagonistas. A pesar de que la democracia, como régimen político ha de garantizar la representación, e igualdad política de la sociedad en su conjunto, existen diversos sectores de la sociedad excluidos de este proceso. Los/as jóvenes, son parte de estos sectores que han sido invisibilizados históricamente. Sin embargo, en los últimos años se han implementado nuevas formas de participación ciudadana, hoy reconocidas dentro de un marco legal en sistema legislativo chileno, tras la reciente promulgación de la ley 20.500 de asociación y participación ciudadana en la gestión pública. La siguiente investigación profundiza en la relación de los jóvenes organizados y la gestión pública, en particular indaga en el discurso juvenil respecto a la labor municipal como entidad promotora y fortalecedora de asociatividad y participación social dirigida a estos sujetos. 10.

(12) El desarrollo de esta investigación es llevado a cabo en las dependencias de la Secretaría de la Juventud, de la I. Municipalidad de Santiago, institución que trabaja con los/as jóvenes de la comuna, en una labor de promoción de la participación y asociatividad juvenil, a través del fortalecimiento de las organizaciones ya existentes, y abriendo caminos de integración para aquellas que no participan de manera tradicional. El fenómeno de intervención con el que trabaja la Secretaría de la Juventud Stgo Joven, corresponde a la Participación Social Juvenil, que atiende a la escasa presencia de espacios públicos que permitan o promuevan la integración efectiva, la buena marcha de las organizaciones juveniles y la recopilación y atención a las propuestas de los/as jóvenes de la comuna de Santiago. La participación para la Secretaría será comprendida como la acción permanente y sistemática de los propios jóvenes habitantes de cada territorio de la comuna en la construcción de diagnósticos y propuestas destinadas a definir necesidades y prioridades que dan forma a los programas de acciones para la juventud que debe realizar el municipio (Secretaría de la Juventud, 2011). Para ello, llevan a cabo un trabajo articulado entre las propuestas juveniles y las propuestas municipales, como forma de no delimitar el trabajo solo a la gestión municipal, sino más bien realizar un trabajo de cogestión directa con los/as jóvenes de la comuna, atendiendo a sus propuestas e iniciativas, lo que implica el compartir la toma de decisiones y las responsabilidades con la sociedad civil en la gestión del desarrollo del territorio (Secretaría de la Juventud, 2011). Esta propuesta apuntará, para la Secretaría, al incremento de las capacidades de la comunidad juvenil para identificar sus problemas, plantearse objetivos y métodos de solución, aportando al enriquecimiento del capital social de las juventudes (Secretaría de la Juventud, 2011). De manera paralela al proceso de investigación se realizó en esta institución el tercer proceso de práctica profesional de la estudiante, cuyo 11.

(13) objetivo fue la realización de una intervención social, en la que se construyó un Programa de Trabajo Temático para la constitución de Redes Sociales, documento que incentiva el reconocimiento, la asociatividad y el fortalecimiento identitario entre las juventudes de la comuna, a través de la conformación de redes sociales. De esta forma, ambos procesos permitieron una retroalimentación mutua y constante considerando que comparten sujetos de intervención/investigación, lo que permite una mejor comprensión de las juventudes desde sus potencialidades de actoría social, organización y gestión, y una profundización en el fenómeno de la participación social juvenil en la comuna de Santiago. De esta forma la propuesta de intervención, fue un insumo para la investigación, en la medida en que permitió conocer y caracterizar a las organizaciones juveniles de la comuna y con ello identificar una muestra de investigación representativa y pertinente. Del mismo modo la investigación fue considerada como una herramienta fundamental para el desarrollo y la implementación de la Intervención, pues permitió, a través de la información obtenida tras la recolección de los datos, la recopilación de las propuestas de las organizaciones juveniles respecto al Programa de Trabajo Temático desarrollado en la intervención. Finalmente, la investigación, a través del análisis preliminar de los datos permitió no solo reafirmar la necesidad del Programa propuesto en la intervención, sino que permitió la identificación de aportes juveniles concretos a este respecto. De esta forma, ambos procesos se encuentran relacionados y se requieren el uno al otro para su desarrollo armónico, generando un fenómeno de simbiosis entre ambos, que permitirá a la Secretaría de la Juventud, anticipar la pertinencia de sus labores, desde la perspectiva crítica de los propios jóvenes, recogiendo, al mismo tiempo, las propuestas juveniles para mejorar el trabajo que realizan.. 12.

(14) III.. III.i. MARCO TEÓRICO. Percepciones de la Juventud en Chile. Para tratar temáticas de juventud será necesario en primera instancia dar cuenta de la forma en que se han pensado y trabajado las temáticas juveniles en nuestro país. Al respecto, Alain Touraine, realiza en 1997 una interesante reflexión en torno a la urgente necesidad de la conformación de políticas juveniles como un primer paso para la concreción de políticas de participación efectivas. En su análisis, el sociólogo da cuenta del enfoque que se le ha dado a nivel nacional a las juventudes, como categoría social, y no como una “construcción cultural y administrativa, parte de la imagen que una sociedad tiene de sí misma” (Touraine, 1997, p.1), dando cuenta de que la imagen de la juventud en Chile “confunde de modo arbitrario, realidades muy diversas, imponiendo así la imagen de un “joven” que es un promedio irreal de numerosos, y diversos, tipos sociales” (Touraine, 1997, p.1) De esta forma, plantea el autor, es que existen dos imágenes de lo juvenil en Chile. La primera, refiere a una visión de los/as jóvenes como Instrumento de Modernización, es decir, “representan el porvenir del país y de cada uno de sus elementos constituyentes”, (Touraine, 1997, p.1) visión que se enmarca en la concepción de que el país se encuentra plenamente integrado a la modernización económica. Esta primera percepción de lo juvenil da cuenta, no únicamente la priorización de lo económico al pensar en juventudes, sino que además destapa su identificación como una etapa de transición hacia la adultez, que desvaloriza las posibilidades de esta población en sí misma, dando pie a la perdida de consistencia en la categorización tradicional de juventudes, pues tales definiciones no consideran las diversas posiciones que los/as jóvenes pueden adquirir en el entramado social (Duarte, 2000), y desvalorizan sus 13.

(15) potencialidades como actores construcción cultural juvenil.. sociales. de. desarrollo,. limitando. la. La segunda imagen, corresponde para el autor a la visión de los/las jóvenes como amenaza, percepción que recae en la figura de que estos se encuentran en situaciones vulnerables, de exclusión, pobreza y desamparo. Ambas imágenes presentan visiones ampliamente opuestas, que producen, y reproducen el escenario de exclusión y marginalización chileno, evidente no sólo en las temáticas señaladas por Touraine, sino también en los problemas de centralización de los recursos, trabajo y soporte político en la capital, el amplio contraste entre el sistema de salud público y el privado, o las preocupantes diferencias entre sistema educacional estatal y privado. Es precisamente, la permanencia de estas dos percepciones, aquello que ha dificultado la concreción de políticas públicas para las juventudes, y con ello, políticas sociales que den cabida a la participación social juvenil de manera efectiva. Por otra parte, la prevalencia del modelo neoliberal tras el regreso al sistema democrático en Chile, ha permitido y fomentado la permanencia de políticas económicas enfocadas en el modelo de consumo, mientras que la expansión de las políticas públicas dirigidas a lo social siguieron siendo prudentes y limitados en su transformación (Touraine; 1997), escenario que ha ido cambiando de manera paulatina en los últimos años. La salida de la dictadura, en este sentido “significó una derrota para el movimiento popular chileno que se planteaba en pos de cambios más significativos, no solo para acceder a un gobierno elegido por vía electoral, sino sobre todo para recomponer la organización política del país, la economía y otras esferas de la vida nacional” (Muñoz, en Duarte, 2005, p.171), lo que ha dificultado hasta hoy la instauración de una política de la juventud efectiva, “puesto que lo que se considera prioritario es un tipo de recuperación económica que solo concierne a una fracción de la población y deja de lado a una masa importante de pobres, entre los que se encuentran muchos jóvenes” (Touraine; 1997. p.3).. 14.

(16) El problema, entonces, no radica únicamente en la invisibilización de las juventudes, sino también en la dudosa efectividad de las políticas que fomentan y permiten la participación social juvenil, ya que no es este el foco que han tenido las políticas públicas de los gobiernos post dictadura. Al respecto, el sociólogo chileno Klaudio Duarte, reafirma que existe una deuda con lo juvenil, no solo a nivel de políticas públicas, sino también desde la investigación sociológica e histórica, que ha comenzado a saldarse en las últimas décadas con la incorporación de nuevas formas de leer lo juvenil, proceso que “ha transitado, desde estar centrado en un individuo al que se definía por su pertenencia a tal o cual familia(…) hacia identidades que se auto refieren en la actualidad a partir de las producciones (creaciónrecreación) que los y las jóvenes realizan en forma personal o colectivamente. Es decir, hoy podemos leer el surgimiento de las juventudes como los tránsitos desde identidades expropiadas a identidades propias.” (Duarte, 2005, p. 169). Tras el retorno a la democracia, sugiere Duarte, se inicia el periodo de reconocimiento de una deuda social del estado chileno con los/as jóvenes, dando paso a los primeros avances a este respecto con la definición de estrategias desde lo público hacia esta población, en especial con los sectores pobres y medios (Duarte, 2005), sin embargo estas propuestas “constituyen más bien una forma de disciplinamiento de los más pobres por la vía de capacitación para el empleo, la formalización de la participación por la vía de entrega de personalidad jurídica a diversas organizaciones de los jóvenes como condición para acceder a recursos de distinto tipo, entre otras formas” (Gómez, en Duarte, 2005, p.171). Lo anterior se condice con las reflexiones de Touraine, quien sospecha de la pertinencia de la creación de casas de la juventud, centros juveniles o centros socioculturales dirigidos a jóvenes, que podrían, por una parte fomentar las actividades colectivas, pero también “impedir que los jóvenes, aislados, busquen una distracción en una delincuencia menor que puede convertirse en algo más grave, o en el alcoholismo o la droga” (Touraine, 1997, p. 3), lo que redunda en un sentimiento de vigilancia, observación social que, al contrario de impulsar o fomentar la participación e integración de las juventudes, termina por incentivar la desafección respecto 15.

(17) a la participación política y disminuir la confianza frente a las instituciones formales de representación. A este respecto, Julio Bango, sociólogo uruguayo, reafirma la idea de que la participación efectiva de los diversos actores sociales ha sido uno de los desafíos más importantes para la democracia como régimen político vigente en Chile. En particular, la participación juvenil ha sido mitigada, según Bangó, desde finales de la década de los 80’ en Latinoamérica, pues se ha generado una tendencia a la retracción en la participación de las organizaciones en que tradicionalmente habían participado los/as jóvenes, lo que “conlleva, además de una crítica implícita a las formas de participación existentes, un juicio de parte de los jóvenes acerca de la capacidad que dichas organizaciones tienen para representar sus intereses, motivaciones y proyectos vitales” (Bango, 1999, p. 2). Frente a tal escenario, las juventudes, han de ser consideradas, como un agente político y no sólo como beneficiarios, por lo que se le deberá entender como un actor estratégico del desarrollo (Bango, 1999, p. 4) Para lograr tales consideraciones de las juventudes, las políticas sociales respectivas deberán acabar con las técnicas estandarizadas y comenzar a gestionar técnicas diagnósticas participativas, interactivas y cualitativas, que aporten de manera concreta la visión de los jóvenes sobre sus propias problemáticas.. III.ii. Reflexiones sobre participación y ciudadanía tras la. promulgación de la ley 20.500 “Toda política de juventud, ha de ser política de participación, política de legitimación (…) política promotora de construcción de ciudadanía” (Bango, 1999, p. 4).. En este apartado se reflexiona en torno a la importancia de la conformación de estas políticas, la necesidad de incentivar la participación 16.

(18) ciudadana juvenil desde una perspectiva de cogestión y no solo de manera consultiva. Además se discutirá el avance en estas materias tras la reciente promulgación de la Ley 20.500 de asociación y participación ciudadana en febrero de 2011. La participación, es en primera instancia una herramienta indispensable para el fortalecimiento democrático, y para el desarrollo social, en la medida en que permite la identificación de las necesidades de una población, tarea fundamental para determinar las posibles soluciones a los problemas que estas enfrentan. Una sociedad democrática ha de favorecer las instancias de colaboración mutua y desarrollo comunitario a través de la participación ciudadana, que supone una intervención de la sociedad civil en actividades y temáticas públicas, en tanto portadores de intereses sociales. Entenderemos por sociedad civil a aquel “espacio intermedio que no está ocupado ni por el mercado ni por el estado o los partidos políticos. Se trata de asociaciones, agrupaciones intermedias, movimientos sociales, grupos formales o informales, organizaciones sociales, productivas, territoriales o funcionales donde participan directamente vecinos, ciudadanos o habitantes, las que juegan papeles diversos en lo que concierne a su aporte a la política pública, la protección social de la población y la integración social” (Serrano, 1995, p 19). De esta forma el concepto de participación se vincula al concepto de democracia “dado que constituye una de sus máximas expresiones. Perfeccionar la democracia, es llevar los valores democráticos a todos los ámbitos de la sociedad, incluyendo los espacios locales” (Ramirez, 2002, p.3). En Chile, la primacía de lo económico por sobre lo social, se ha traducido en un aumento de los ingresos económicos nacionales y un aparente estado de bien estar, pues ha aumentado y mejorado el acceso a bienes y servicio de manera transversal (Ottone y Vergara, 2007, p 88), sin embargo, ha disminuido de manera progresiva la participación ciudadana tradicional (expresada en el sufragio), la confianza en las instituciones 17.

(19) formales de representación y ha aumentado el descontento social, explicitado en los últimos años en múltiples manifestaciones sociales de rechazo a la gestión pública. Asi, “lo que parece ser inadecuado, ante una situación en la que los objetivos principales se refieren a la competitividad y la modernización, y no a la seguridad y participación, es la política de participación misma, en todas sus formas” (Touraine, 1997, p.3), situación que complejiza, el escenario para la concreción de políticas públicas juveniles efectivas, pero que sin dudas releva la urgencia de su formación.. Políticas Públicas el escenario actual. Bajo esta perspectiva, las políticas públicas en materias de juventudes, para que sean pertinentes y no meramente simbólicas deberán propiciar desde sus bases la participación e integración de las juventudes de una manera inclusiva, incentivando la autogestión y autodeterminación juvenil, haciéndose cargo de la situación de marginalización y exclusión, y no desde una perspectiva asistencialista o simplista que permita la participación juvenil solo de manera consultiva o a través de la prestación de servicios. De esta forma, reflexiona Touraine, “de lo que se trata es de reconstruir individualmente a los jóvenes, de darles una mayor capacidad de elaborar proyectos, situarse con respecto a los demás y sentirse miembros de una sociedad. La diferencia de perspectiva se manifiesta, sin embargo, aún más claramente cuando se ha entendido que el enfoque “participacionista” concentra su intervención en determinados marcos sociales unificadores, como las casas de la juventud o los programas generales al servicio de la juventud, mientras que si se acepta el objetivo del incremento de la capacidad de acción de los jóvenes, se dará una importancia mayor al funcionamiento de las grandes instituciones sociales: escuela, vida profesional, familia (…)” (Touraine, 1997. p. 6) Es fundamental entonces, para la conformación de políticas de juventud, “trabajar sobre la base de conocimientos fundados que permitan una mejor performance en la ejecución de servicios, y que está por tanto en 18.

(20) mejores condiciones de efectuar positivamente a la calidad de vida de los jóvenes” (Bango; 1999, p. 6), apartándose de la tecnocratización y el clientelismo, y aproximándose a una participación activa juvenil. Para ello, la importancia de la participación efectiva y desde niveles de cogestión entre los jóvenes y las entidades representativas es clave para el éxito de la gestión pública, pues estos son los espacios propicios para el reforzamiento de una actitud de conciencia comunitaria y ciudadana. Así, como sugiere Bango, “la contribución a la construcción de ciudadanía, de una cultura de la democracia, no supone exclusivamente la confección de programas que atiendan a estos objetivos, sino que involucra además una actitud política de parte de los organismos de juventud” (Bango, 1999, p. 7), que sea integradora desde las bases, y que permita de manera efectiva la participación activa ciudadana. Como sugiere Habermas, el desarrollo de la democracia, no solo se ve manifestado en la definición y respeto de normas y leyes, sino que también se deben instaurar políticas que permitan a la ciudadanía manifestarse de manera activa, es decir responsabilizándose de alguna manera en la discusión, reflexión y concreción de políticas sociales (Habermas, 1998, en Mujica, 2000), a esto llamamos, el ejercer una ciudadanía deliberativa, es decir, “que la gente ejerza su capacidad reflexiva y exprese, sus ideales e intereses, organizándolos, articulándolos y negociándolos a nivel social” (Mujica, 2000, p.3) Tras el retorno a la democracia en Chile, si bien no ha sido tema central en las agendas de gobierno, la participación ciudadana en la gestión pública ha sido cada vez más trabajada a nivel de políticas sociales, como un intento de apaciguar la disminución de la participación tradicional. Se reconoce que los modelos que han sido implementados para desarrollar políticas públicas en nuestro país, han tenido grandes avances desde los noventa a la actualidad, tiempo en el que se ha avanzado desde una relación más bien clientelar entre estado y sociedad, que incentivaba al ejercicio de una participación más bien instrumental a una relación cada vez más vinculante (Garreton y Espinoza, 1996, en Mujica, 2000). 19.

(21) A partir del gobierno del presidente Ricardo Lagos, se pone en la palestra la necesidad de fortalecer las aportaciones de la sociedad civil para la reflexión en torno a la gestión pública. Bajo su mandato, se instaura en el año 2002 un “instructivo presidencial de participación ciudadana, que llevo a que los diferentes ministerios comprometieran metas específicas apuntando a incorporar la participación en las políticas y programas que impulsaban” (Delamaza, 2011, p. 57). Para el año 2004 se presenta, luego de tres años de trabajo, el Proyecto de Ley Sobre Asociaciones y Participación Ciudadana en la Gestión Pública. Sin embargo no será sino hasta el gobierno de Michelle Bachelet, que se tomarán medidas concretas y visibles a este respecto con la conformación de la “Agenda Pro Participación” en septiembre de 2006. Los ejes de esta agenda son la incorporación de la participación ciudadana en la gestión pública, el fortalecimiento de las organizaciones de la sociedad civil, la creación de políticas de acceso a la información y políticas de no discriminación e interculturalidad (Bachelet, 2006 en Aguilera 2007), que se llevan a cabo a través de la conformación de comisiones y consejos específicos para incentivar el dialogo frente a temas particulares. Si bien la creación de estas comisiones había sido implementada en gobiernos anteriores, la ex mandataria, incorpora un mecanismo consultivo participativo que busca ampliar la participación ciudadana en la política y en la toma de decisiones (Aguilera, 2007). Considerando la vasta gestión de los últimos tres gobiernos de Chile, la promulgación de la ley 20.500 sobre Asociaciones y Participación Ciudadana en febrero de 2011, significa un importante avance para las políticas públicas nacionales que incentivan la participación ciudadana. En este sentido la ley “trata de que la ciudadanía pueda tomar una cuota de poder a través de su injerencia en materias que son del interés general” (Mujica, 2010, p. 3), impulsando la participación deliberativa, es decir, fomentando la discusión entre ciudadanos, la libertad de asociación y la participación en igualdad de oportunidades, todos elementos fundamentales para la constitución de una democracia más representativa. 20.

(22) Ciudadanía Juvenil. Para introducir la discusión respecto a la ciudadanía juvenil en Chile, será necesario profundizar primero sobre las estrategias y discursos que existen a este respecto. Para ello, se presentaran las tensiones existentes a partir de las construcciones clásicas del concepto de ciudadanía, y los dilemas tradicionales que emergen tras el pensar en una ciudadanía que contemple lo juvenil. Será necesario entonces ahondar sobre la manera en que se piensa la ciudadanía en un contexto aparentemente democrático e inclusivo. Sin dudas, la globalización, a pesar de sus evidentes sesgos sociales y falencias estructurales, ha aportado de una u otra forma al acercamiento entre las diversas culturas, la amplificación del conocimiento y la capacidad de compartir de manera óptima la información a través de los medios de comunicación masiva: ha brindado, de alguna manera, las posibilidades de diversificación en todo ámbito de cosas tanto materiales, como subjetivas. Sin embargo, este reconocimiento positivo, tanto de la diversidad como de la integración, no parece ser transversal, al pensar la ciudadanía. Las definiciones más clásicas de ciudadanía, apuntan al establecimiento de “derechos y obligaciones, que sirven en primer término para pautar las reglas del juego social, cuyo sentido último es el de mantener el equilibrio entre la libertad y la seguridad” (Reguillo, 2003, p. 13), de esta forma será entendía como un sistema de características establecidas para permitir la protección de un estado. Se presenta entonces un primer sesgo en sus posibilidades de diversificación e integración, pues es, bajo esta definición, una construcción que selecciona y enmarca características y cualidades determinadas. El sujeto ciudadano en Chile, por ejemplo, es adulto, mayor de 18 años, inscrito en el registro civil, y sin situación irregular (las personas privadas de libertad no se consideran estrictamente como sujetos ciudadanos en el país). 21.

(23) La noción de ciudadanía es, sin embargo, “una categoría histórica cuyo contenido empírico ha estado en constante transformación de una época a otra, debido a que su significación en cada escenario histórico ha dependido de las condiciones políticas y culturales en las cuales se ha desarrollado” (J. Sandoval, 2003, p. 33). A este respecto, Juan Sandoval, Doctor en Sicología Social, realiza una interesante crítica a la célebre noción de ciudadanía propuesta por el sociólogo británico T.H Marshall en la Universidad de Cambridge en 1949, quien propone que la ciudadanía se establece a partir de tres tipos de derechos fundamentales: los derechos civiles, políticos y sociales. Dentro de este esquema, los derechos civiles corresponderán a aquellos necesarios para la garantizar la libertad individual, los políticos responden al reconocimiento de las posibilidades de elegir y de ser elegido, y los sociales a aquellos que garantizan la seguridad y el bienestar económico necesarios para una adecuada cohesión social (J.Sandoval, 2003, p. 34) Sin embargo, el concepto de ciudadanía tradicional propuesto por Marshall, es un concepto, sugiere J.Sandoval, limitado en su construcción de sujeto, y ampliamente excluyente de las juventudes, la dimensión de género y las posibilidades de diversas opciones sexuales, pues no considera en su propuesta otras subjetividades, y olvida la relación teórica fundamental entre ciudadanía, identidad y cultura. De esta forma, “la idea de igualdad introducida por la noción de ciudadanía de Marshall, no implicaba necesariamente la promoción de una igualdad estructural en las cuotas de poder formal de cada individuo, sino más bien, ésta se fundamentaba en el tipo de contrato social sobre el cual se formulaban los derechos de ciudadanía, el cuál respondía a un acuerdo entre hombres libres e iguales en estatus, aunque no necesariamente iguales en poder. Del mismo modo, la imagen del sujeto ciudadano no representaba la diversidad necesaria para el reconocimiento de las distintas identidades culturales presentes entre los nuevos ciudadanos modernos” (J. Sandoval, 2003.p 35), estandarizando entonces la ciudadanía a un solo tipo de subjetividad construida, invisibilizando, no solo a los sujetos ciudadanos. 22.

(24) jóvenes, sino también a mujeres y homosexuales, quienes presentan otras formas de subjetividades no reconocidas. Lo anterior se traduce en una construcción de ciudadanía sesgada, que no contempla la construcción cultural y administrativa de las juventudes (Touraine, 1999). Las posibilidades de pensar la ciudadanía de lo juvenil, están inmersas en el debate teórico, como sugieren Sandoval, Touraine, Zarzuri, Reguillo y otros estudiosos del tema, entre ciudadanía, identidad y cultura. Siguiendo con la línea argumentativa de J. Sandoval, relevamos el primer eje de esta discusión teórica trascendental en el debate entre las nuevas y antiguas formas de ciudadanía, que refiere a la emergencia de dos discursos, que presentan una tensión de una u otra forma dialéctica, sobre la forma de observar la injusticia, desigualdad y el reconocimiento cultural, “un discurso promotor de integración y otro promovedor de reconocimiento de la diversidad (…) el primero, relaciona la injusticia con el problema estructural de las diferencias económicas de un sistema capitalista básicamente excluyente; y el segundo relaciona la injusticia con la discriminación de de un marco cultural cuyos sistemas de representación y comunicación no reconocen la legitimidad de la diferencia.” (Sandoval, 2003, p. 37) Así la discusión sobre integración definirá ciudadanía a partir de la “redistribución de bienes y servicios de protección social” (Sandoval, 2003, p. 37), mientras que el discurso de diversidad se centrará en la definición de la ciudadanía “desde la lógica del reconocimiento de las identidades y los idiomas postergados, así como de la necesidad de proteger las manifestaciones y los productos culturales de los grupos minoritarios” (Sandoval, 2003, p. 37). Lo anterior, nos lleva a una incongruencia entre ambas propuestas, en el sentido que será evidenciada por Fraser, quien sostiene que “mientras que la primera tiende a promover la diferencia de grupo, la segunda tiende a socavarla. Por consiguiente, las dos clases de existencias están en conflicto entre sí; pueden interferir, o incluso ir una en contra de la otra” (Fraser, 2000, en Sandoval, 2003, p. 37). 23.

(25) La evidencia de la tensión anterior, da cuenta de una ruptura con las concepciones clásicas de ciudadanía, tales como la presentada por Marshall, y pone en la palestra, la importancia de abrir la discusión en torno a la ciudadanía juvenil y con ello en la conformación de políticas públicas juveniles de participación que aborden esta problemática teórica en sus propuestas. Se deberá, entonces, pensar la ciudadanía juvenil desde esta dicotomía en la comunidad cultural, en donde se presentan “comunidades bivalentes que demandan al mismo tiempo una estrategia de integración estructural y una estrategia de reconocimiento de sus manifestaciones culturales” (Sandoval, 2003, p. 39). Pero ¿cómo realizar aquello en una sociedad que además de esta primera tensión teórica (integración / diversidad), presenta una tensión al observar a las juventudes desde dos perspectivas altamente opuestas y excluyentes, como las presentadas por Touraine, (joven como proyecto futuro/ joven como elemento marginal)? Lo que quedará será entonces promover políticas de juventudes que no solo den cuenta de estas discusiones teóricas, sino además las trabajen de manera integrada, reconociendo tanto la diversidad cultural juvenil, como la integración material. Para ello, el entendimiento de la participación juvenil desde una perspectiva alejada del paradigma de la consulta y más próxima a una participación que promueva la cogestión de programas, proyectos e incluso de políticas públicas será fundamental.. Cohesión Social y Participación Efectiva Juvenil. Las reflexiones anteriores, dan cuenta de la urgencia de una participación juvenil desde las bases, es decir, una participación que considere y reconozca las posibilidades de incidencia directa de los/as jóvenes, no solo por la necesidad de avanzar hacia una construcción de 24.

(26) ciudadanía compleja y abarcadora, sino además por la necesidad, en una sociedad democrática de avanzar hacia la cohesión social. L a cohesión social, para CEPAL, se refiere, a grandes rasgos, a un estado de equilibrio social, en que las instituciones organizadoras de un país, por ejemplo, tienen una estrecha y coherente relación con los valores y perspectivas de los sujetos sociales a quienes organizan, es decir, da cuenta del “grado de consenso de los miembros de un grupo social sobre la percepción de pertenencia a un proyecto o situación común” (CEPAL, 2007, p. 17) y a una “dialéctica entre los mecanismos instituidos de inclusión y exclusión sociales y las respuestas, percepciones y disposiciones de la ciudadanía frente al modo en que ellos operan” (CEPAL, 2007, p.19). Esta percepción permitirá alejarnos del concepto más tradicional y funcionalista de la cohesión social, como el mero estado de equilibrio entre una sociedad y sus instituciones de representación, pues incluye, en sus definiciones la dimensión de actoría social al relevar las percepciones y disposiciones de la ciudadanía, evidenciando la necesidad de avanzar desde una democracia representativa a una democracia participativa. De este modo la cohesión social se despliega como un fin último ideal a ser esperado por la sociedad democrática, y con ello a ser perseguido celosamente por las políticas públicas. Sin embargo, para la concreción de este estado de reciprocidad dialéctica entre las instituciones representativas y la ciudadanía, es indispensable, la participación de los sujetos sociales de manera efectiva, y no meramente consultiva. Es precisamente a este respecto, en donde vuelve a cobrar relevancia la reflexión en torno a la invisibilización de lo juvenil. Como ha sido presentado en los apartados anteriores, es urgente la necesidad de incluir a las juventudes como actores estratégicos de desarrollo y también como ciudadanos en las políticas y programas de juventud. Para que esto se concretice, se deberá considerar, en primera instancia la visibilización positiva de lo juvenil, y además su participación protagónica o efectiva. (Krauskopf, 1998. p. 126).. 25.

(27) La visibilización positiva, dirá Krauskopf, reconoce el aporte juvenil a la sociedad, contribuye a una aceptación positiva de los/as jóvenes, y hace imprescindible la participación efectiva, que supondrá una escucha e integración de la voz juvenil, y con ello la autonomía y el empoderamiento de los/as jóvenes expresado en la toma de decisiones y en su iniciativa en las acciones (Krauskopf, 1998, p. 128). La participación protagónica o efectiva, por su parte, supone un esfuerzo conjunto de la sociedad y de las instituciones para llevar a cabo proyectos y acciones capaces de conducir a una mejor calidad de vida de los ciudadanos, una mayor fortaleza y legitimidad de las instituciones y un equilibrio entre los diversos actores que conforman la dinámica social e institucional (CEPAL, 2007). Para ello, Bango propone de manera concreta la formulación de programas que propicien la participación de los/as jóvenes en concordancia con sus intereses. La participación implica, entonces, interacción, reflexión crítica y acción grupal entre los actores sociales (Rapapport, Swift y Hess, 1984, en Delgado, Vázquez y Zapata, 2005), presentándose como una acción colectiva de los individuos, situada en la satisfacción de determinados objetivos. Dicha participación, como sugiere Bango, supone la existencia de una identidad colectiva, anclada en la presencia de valores, intereses y motivaciones compartidas, que sustentan la idea de un “nosotros” (Bango, 1996, en CEPAL, 2007). Las reflexiones anteriores nos llevan nuevamente a pensar en Touraine, quien advierte que “nos encontramos ante una amenaza muy concreta de escisión de la sociedad en dos mitades, y de relegación de muchos jóvenes a una situación de marginalidad”( Touraine, 1999, p. 9), y con ello, a una desagregación de la sociedad civil que podrá ser evitada, con políticas de participación, inclusión y diversificación, como las que se han ido sugiriendo en estas reflexiones, a través del “fortalecimiento del espíritu de ciudadanía, que comprende a la vez confianza en las instituciones y la conciencia de poder escuchar su voz en ellas” (Touraine, 1999, p. 9). Para ello, el espacio de lo local, se presenta como ideal para la promoción de asociatividad y participación juvenil, en torno a la “realización 26.

(28) de actividades que por desarrollarse en espacios de acción más reducidos, no tienen visibilidad pública, pero son nuevas expresiones que contribuyen a renovar el llamado tejido asociativo, y posibilitan un mayor abanico de opciones a los jóvenes que buscan canalizar sus intereses a través de apuestas colectivas (…) son estos espacios donde se puede también reforzar una actitud de conciencia comunitaria y ciudadanía” (Bango, 1999, p. 7).. III.iii. Participación. Comunitaria,. Organizaciones. y. Redes. Sociales Juveniles como acción Política. En particular, la Participación Social Comunitaria, es comprendida por CEPAL, como el motor que asegura el desarrollo comunitario sostenible y que propicia un desarrollo humano entre los miembros de una comunidad (CEPAL, 2005). Para que esto ocurra deberá generarse una interacción entre los miembros de una comunidad en el proceso de toma de decisiones alrededor de aspectos que tienen que ver con el mejoramiento de una situación que les es común. La participación comunitaria en este sentido, genera capacidades de autogestión en el grupo humano impulsando la realización de acciones para su propio desarrollo. Para Bango, tal como para Gabriel Salazar, a finales de la década de los 80’, se generó una tendencia a la retracción en la participación de las organizaciones en que tradicionalmente habían participado los jóvenes, pues se comenzó a poner en tela de juicio la capacidad representativa de las organizaciones tradicionales (Bango, 1999), lo que termino por impulsar la conformación de nuevas formas de asociación, sin pretensiones abarcativas ni generales, es decir, que funcionan en torno a intereses concretos y comunes, y que además presentan bajos grados de institucionalización. Estas nuevas formas de asociación se expresan en lo que presentaremos como la participación juvenil en organizaciones comunitarias, tema fundamental para esta investigación, pues son justamente, jóvenes 27.

(29) organizados en este tipo de instancias quienes serán sujetos de investigación.. Capital social comunitario. Las relaciones comunitarias refieren a un modelo de acción de carácter participativo, democrático y autogestor en esencia, que genera grupos de base con altas potencialidades identitarias, en las que juega un rol preponderante el componente afectivo, el compromiso y sentido de pertenencia (Montero, 2006). En este sentido, las relaciones comunitarias, logran la obtención de recursos y satisfacción de necesidades a través de procesos autónomos que incentivan la autodeterminación el empoderamiento, y con ello, la concreción de capital social comunitario. El capital social es, según Durston, “el conjunto de normas, instituciones y organizaciones que promueven la confianza y la cooperación entre las personas, en las comunidades y en la sociedad en su conjunto” (Durston, 1999, p. 103), que con ello, aportarán a la autodeterminación y a la autogestión. Será importante además considerar un componente importante al hablar de capital social: la reciprocidad. En esencia el capital social produce cooperación y civismo, por tanto lo que busca será plantear el bien común, como fin último. La persecución de este propósito, sin embargo será llevada a cabo desde la institucionalidad informal, y no de otra manera; así, se comprende que “es la institucionalidad informal dentro y fuera de las organizaciones formales, a nivel de comunidad o sistema social más amplio, aquello que determina cómo funcionan tales organizaciones en la práctica: lo que Firth (1963) llamó organización social” (Durston, 1999, p. 104) En particular el capital social comunitario implica un capital social colectivo, que forma parte de sistemas complejos de relaciones sociales, sin embargo, será importante señalar que muchas veces la división entre capital social individual y capital social comunitario es meramente analítica, como 28.

(30) dirá Durston, ya que “las relaciones comunitarias están basadas en relaciones entre personas y toda la comunidad se compone de individuos, entonces, al igual que el capital social individual, los que se benefician del capital social comunitario, son los individuos: Gran parte de la riqueza del ideario del capital social radica, justamente en lo que aclara, sobre la manera en que el capital social individual interactúa, a veces en contra, pero en general para reforzar, las instituciones del capital social comunitario” (Durston, 2000, en Aguirre y Pinto, 2006, p. 8). Como se ha ido esbozando, la importancia de potenciar el capital social, y en particular el capital social comunitario, la asociatividad, y con ello, la participación social, y el fortalecimiento de la ciudadanía, tendrá relación con la situación de crisis en la democracia representativa en Latinoamérica y en particular en nuestro país, situación que nos lleva a pensar en la necesidad de avanzar hacia un nuevo estado de la democracia, la democracia participativa. Sin dudas la evolución de un sistema a otro, no es algo que ocurrirá a corto plazo, pero para que suceda, se deberán ir generando pequeños cambios que avancen hacia esa dirección. La participación comunitaria, la inclusión y diversificación de las miradas serán aportes concretos para una sociedad más democrática y participativa, en la que será clave la inclusión de la participación y las miradas juveniles. Sin embargo, para que esto sea posible, tanto la sociedad civil como aquellos que se encuentran en posiciones de representación de la opinión ciudadana a la hora de concretar y proponer políticas públicas deberán trabajar de manera colaborativa, lo que implica una responsabilidad compartida, en donde los/as jóvenes y la sociedad civil en general (pensando la ciudadanía desde la perspectiva de inclusión y diversificación que ha sido expuesta) deberán asumir un rol activo en un proceso de movilización colectiva. De esta forma, como reflexiona Bango, “la riqueza de la conjunción de esfuerzos entre organismos de juventud estatales, y organizaciones juveniles 29.

(31) en la implementación de políticas públicas, radica justamente en que ambas partes construyan consensos a partir del reconocimiento de la diferencia, de la afirmación de identidades distintas, de la representación de intereses también distintos”, (Bango, 1999, p. 7) de no generarse esta relación enriquecedora, “el riesgo para las organizaciones juveniles tradicionales, o de los mecanismos de coordinación que éstas se dan, está en asumir exclusivamente un papel de intermedio y dejar de lado la dimensión reivindicativa en tanto expresión de sus intereses. De no existir diálogo a partir de identidades distintas -aunque con el horizonte de objetivos comunes- la que pierde es la construcción democrática y participativa de la política de juventud” (Bango, 1999, p. 8) La importancia del capital comunitario, radica entonces en sus posibilidades de incentivar la conformación de organizaciones sociales, en vista del escenario social en que, no solo Chile, sino todo Latinoamérica se encuentra. Como sugiere Patricio Valdivieso en su estudio sobre Capital Social: “en la actualidad nos enfrentamos a una escenario de crisis recurrente, en economía, sociedad y también en sistemas políticos. Fuera de las presiones y demandas socio-económicas, en la gestión y en la administración, los gobiernos latinoamericanos se ven enfrentados a la necesidad de buscar vías que involucren y hagan corresponsable a la sociedad civil en las políticas públicas. Y así va surgiendo un consenso en torno a la urgente necesidad de mejorar las condiciones de gobernabilidad democrática” (Valdivieso, 2003, p. 18). De esta forma se releva la importancia de controlar el poder público, de una u otra forma, a través de la participación social juvenil, considerando que “el poder público debe ser controlable y controlado por los poderes independientes. Al interior del estado mismo pero también a través de medios de comunicación y de la acción de las organizaciones sociales” (Fernández, 2008, p. 2). Así, la conformación de organizaciones sociales juveniles promueve la participación ciudadana en los espacios públicos y con ello aporta, a través 30.

(32) de lo se denomina como “Sistema de acción social” (desde la línea argumentativa de Anny Chávez y Lorena Poblete, asistentes sociales que realizan un interesante trabajo sobre la “Acción Colectiva y las Prácticas Políticas Juveniles” a partir de consideraciones de Hanna Arendt), a entender en primer lugar la acción social, como condición humana, y luego a las agrupaciones y acciones juveniles colectivas como partes de un sistema de acción político.. Sistemas de Acción. El estudio de Chavez y Poblete analiza la acción humana a través del concepto de “Vita activa” de Hanna Arendt, quien propone que la acción política de las personas se dará en tres grandes esferas: la labor, el trabajo y la acción, las cuales serán elementos básicos para la vida de los hombre en la tierra (Arendt, 1993, en Chávez y Poblete, 2006). La forma que tenemos los seres humanos de expresarnos, no es en esencia política, sostiene Arendt, la relación política, se expresa únicamente a través del reconocimiento de la pluralidad, la acción y el discurso. Desde esta perspectiva, la organización colectiva, y la agrupación serán sin dudas esencialmente políticas, lo que lleva al cuestionamiento de la veracidad del discurso tradicional sobre la disminución de la participación política juvenil en las últimas décadas. La acción social, será entonces, “una serie articulada de actividades desarrolladas por las personas, con las cuales construyen un lugar para la existencia común, que se constituye como condición de posibilidad para la unicidad y la diversidad entre los hombres, y que explica el cambio y la permanencia de la sociedad y la historia” (Chavez y Poblete, 2006, p. 150). En este entramado, las organizaciones sociales juveniles, han sido invisibilizadas en sus posibilidades de incidencia política, ya que se analizan desde los enfoque más clásicos, que centran su mirada en aquellas formas de participación más tradicional, es decir, a través del sufragio, la militancia 31.

(33) política partidista, o la conformación de juntas de vecinos y centros de madres funcionales. “Este tipo de comprensión ha provocado que las nuevas formas de agrupaciones juveniles sean leídas como carentes de un componente político, reduciéndolas a la participación política tradicional, es decir, la participación en el sistema electoral y partidos políticos” (Chavez y Poblete, 2006, p.151), lo que entorpece el avance hacia una política juvenil participativa, y con ello hacia una democracia de las mismas características. Se deberán entonces revalorizar las luchas políticas juveniles expresadas en sus agrupaciones en tanto guardan “una estrecha relación con la construcción de las identidades juveniles (…) Los y las jóvenes tienen formas, tradicionales y alternativas de participar políticamente, y mediante la manera como se relaciona, de sus gustos y estilos, están expresando un fuerte contenido político que vale la pena considerar en tanto que allí también se están construyendo formas de vincularse con otros, identidades y modos diversos de ejercer ciudadanía” (Ocampo, 2001, en Chávez y Poblete, 2006 p. 152). Como dirá Duarte, “el ejercicio de lo político se realiza en una acción social con otros y otras. No se puede reproducir lo político, sino se rompe con las situaciones estructurales que reproducen la asimetría; es difícil que lo político necesite entrar en relación con la política, esto es intervenir en la institucionalidad” (Duarte, 2001, en Chávez y Poblete, p. 152) De este modo, las instancias de representación y organización social tales como los municipios, deberán ser los principales agentes que aseguren la participación social, generando estrategias que permitan transformar las propuestas ciudadanas en políticas públicas para asegurar la calidad de la democracia. Así, la articulación entre los entes gubernamentales e instancias de participación social, podrá garantizar efectividad y coherencia en la consecución de los logros propuestos. En este sentido es importante la apertura o cambio de esquemas por parte de las instancias gubernamentales desde una perspectiva que tenga. 32.

(34) claridad en que sólo promoviendo la participación ciudadana, podrán hacerle frente a los problemas que están llamados a resolver (CEPAL, 2005) Hemos reflexionado entonces, sobre la necesidad de generar políticas públicas para las juventudes, como forma de resguardar la democracia y avanzar hacia un estado de democracia participativa, que permita la incorporación de las voces de los diversos actores de la sociedad. Para ello, se ha discutido en torno a la necesidad de inclusión de diversos actores en la conformación de políticas entre ellos, los/as jóvenes, pero además de la necesidad de diversificar, es decir de reconocer las multiculturalidad como forma de promover la ciudadanía de lo juvenil y con ello, la participación. La comprensión y el reconocimiento entonces de las nuevas formas de participación juvenil, como formas de ejercer un rol político, es clave. El reconocimiento por parte de las instituciones de representación respecto a las posibilidades de las nuevas formas de participación política juvenil como constructoras de un importante capital social, será indispensable para avanzar hacia una democracia más participativa.. 33.

(35) III.iv. Mapas conceptuales. Diagrama 1 - Síntesis de conceptos claves. JUVENTUDES. Políticas de Juventud. Organizaciones Sociales juveniles. Instituciones formales de representación. Inclusión y diversificación. Participación Social Comunitaria. Participación Juvenil Organizada. Capital Social Comunitario. Asociatividad. Redes Sociales. Representatividad. Cohesión Social. descentralización. DEMOCRACIA PARTICIPATIVA. (Fuente: Elaboración propia) 34.

(36) Diagrama 2 - Fenómeno: Participación Social Juvenil. (Fuente: Elaboración propia). 35.

(37) IV.. OBJETIVOS DE LA INVESTIGACIÓN. Objetivo General. -. Identificar las percepciones de los/as jóvenes que participan en organizaciones sociales en la comuna de Santiago, sobre los mecanismos implementados por la municipalidad para incentivar la participación social juvenil.. Objetivos Específicos. -. Conocer las motivaciones de los/as jóvenes organizados de la comuna de Santiago para participar en agrupaciones sociales juveniles.. -. Identificar el conocimiento de los/as jóvenes organizados de la comuna de Santiago, sobre los mecanismos implementados por la municipalidad para facilitar y permitir la participación social juvenil.. -. Identificar las propuestas de los/as jóvenes organizados de la comuna de Santiago para mejorar la gestión de la I. Municipalidad de Santiago, en su labor por fomentar asociatividad y participación.. 36.

(38) V.. HIPÓTESIS DE INSVESTIGACIÓN/ SUPUESTOS. 1. El discurso de los/as jóvenes organizados en agrupaciones sociales, presentaría una relación generalizada de desconfianza hacia las instituciones formales de representación, y en particular, hacia el municipio.. 2. La percepción de los/as jóvenes organizados sobre los mecanismos para fomentar participación implementados por el municipio, tendría relación con el nivel de vinculación que estas tengan con la institución.. 3. Las propuestas de los/as jóvenes para mejorar la gestión municipal, estarían enfocadas en dar soluciones concretas a sus demandas y en agilizar los procesos para acceder a beneficios municipales.. 37.

Referencias

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