Fragmentos
REVISl'A DE ARTE NUMS. 4-5
7J?Í7
EL ESCORIAL DE FELIPE III. HISTORIA Y ARQUITECTURA
esde que Felipe III, muerto su padre, llegó por
primera vez a la casa de El Escorial como
''señor y patrón de ella'' hasta su muerte en 1621, el
monasterio de San Lorenzo resultó enriquecido en
cuanto a su significado histórico por los errores y los
aciertos del reinado de este monarca.
Tardó Felipe III muchos años en hacer cumplir el
codicilo de 25 de agosto de 1598 en el que Felipe II
dejó dispuesto cómo habían de resolverse los asuntos
pendientes con el monasterio y, según Sepúlveda, esto
fue debido no a la voluntad del rey, sino a la de sus
ministros. Efectivamente, el abandono en que queda
sumido el monasterio hasta que en 1617 se decide la
construcción del panteón, es imputable a la política
llevada a cabo por el duque de Lerma con respecto al
reinado anterior.
Cuando Felipe II estableció la capital en Madrid,
convirtiendo el centro geográfico en centro político, se
preocupó de rodear a esta villa de importantes casas y
sitios reales (Aranjuez, Casa de Campo...) pero
'^sMüi^mM
escriba q u e el rey "vuelve para su c e n t r o " podrá estarse refiriendo indistintarnentc a Ma-drid o al El Escorial (1).
Hay en el proyecto político del d u q u e de Lerma u n a voluntad de " s u p e r a r " el reinado anterior, y convertir en negativo el pasado era u n a manera de hacer más positivo el presente, así q u e lo intentó: en los primeros años del reinado de Felipe III fue difundido u n panfle-to sobre "El confuso e i g n o r a n t e gobierno del rey p a s a d o " , cuyo autor fue Iñigo Ibáñez, se-cretario del d u q u e de L e r m a , con la complici-dad, al parecer, de don R o d r i g o Calderón (2). Acabó Lerma con los hombres del gobierno anterior y en 1601 logró q u e la corte se trasla-dara a Valladolid.
En u n a m i s m a línea de crítica del reinado anterior se puede inscribir el q u e e n ' 1 6 0 0 la imagen de Felipe II c o m o segundo Salomón construyendo su templo, hasta entonces lugar c o m ú n de los panegiristas, puede ser vista co-m o algo negativo: los israelitas n o se adco-mira- admira-ron de la grandeza y belleza del t e m p l o de Salomón, sino de q u e con las riquezas en él empleadas h u b i e r a n p o d i d o construirse m u -chos. De la m i s m a manera, y n o de otra, era El Escorial a d m i r a c i ó n de los españoles (3). Fue este asunto de los gastos q u e había acarreado la obra u n o de los más tratados por los escritores de la época, desde Sigüenza o Vander H a m -men a autores a n ó n i m o s (4).
Desde un p r i m e r m o m e n t o supieron los frailes del monasterio q u e con la m u d a n z a de la corte n o sólo se a b a n d o n a b a Madrid sino su p r o p i a casa. Sepúlveda da con respecto a esto noticias muy jugosas: en la Navidad de 1601 los pocos "caballeros aficionados al rey muer-t o " q u e q u e d a b a n , n o dejaron de recordar a Felipe III lo magnífica q u e era la celebración de aquella fiesta en el m o n a s t e r i o de El Esco-rial, y se pasaron toda la n o c h e h a b l a n d o de ello (5). Otra noticia: un embajador de Persia q u e visitó el m o n a s t e r i o dejó encargo de escri-bir al rey para decirle q u e esa "Casa era u n a cosa muy g r a n d e y q u e con j n u c h a razón se podía decir verdaderamente casa real y u n a muy gran cosa y Valladolid era muy pobre y muy poca cosa" (6). N o c o m p a r a a Valladolid con Madrid como sería lo lógico, sino con la casa de El Escorial, hasta ese p u n t o identifica-da con la q u e hasta entonces había sido capital.
La ambición política del d u q u e de Lerma le llevó a intentar q u e el tándem L e r m a / V a l l a
-dolid se convirtiera en la alternativa a El Esco-r i a l / M a d Esco-r i d . P Esco-r e t e n d i ó q u e su ciudad ducal fuera con respecto a Valladolid lo q u e El Esco-rial había sido con respecto a Madrid: lui lu-gar de descanso y recreación para los monar-cas, y desde luego, viendo el Ms. de la Biblio-teca Nacional de Madrid q u e detalla "las jor-nadas q u e ha hecho su Magd. desde el a ñ o de 1599... asta fin de 1606" y q u e en realidad llega hasta 1609, se c o m p r u e b a q u e las clásicas estancias de los reyes en el monasterio d i ñ a n t e los meses de verano, casi desaparecieron duran-te los años q u e la corduran-te estuvo en Valladolid.
Pretendió, a s i m i s m o , el d u q u e de Lerma repartir entre L e r m a y el convento de San Pablo en Valladolid, a l g u n a s de las funciones casi sagradas q u e tenía el monasterio de El Escorial con respecto a la m o n a r q u í a . Ya hace tiempo fue señalado cómo las obras del d u q u e en San Pablo s u p o n í a n un intento de emidar a El Escorial, pero es q u e se podría hablar incluso de " s u s t i t u c i ó n " : el monasterio de San Lorenzo había sido construido para servir de enterramiento a las personas reales, pues bien, incluso esta función se atrevió el d u q u e a pen-sar q u e podía ser " t r a s l a d a d a " a su fundación de San P a b l o c u a n d o i n t e n t ó en 1603 q u e la infanta q u e acababa de nacer en Valladolid fuera enterrada en San Pablo después de su t e m p r a n a muerte (7). Pretender convertir el q u e ya era su p a n t e ó n en panteón real quizá sea la cota más alta de la ambición de Lerma p l a s m a d a en el a b a n d o n o del monasterio de El Escorial.
La vuelta de la corte a Madrid en 1606 n o significó, c o m o a l g u n o podría suponer, una " r e c u p e r a c i ó n " de El Escorial. No remitió la animadversión de L e r m a hacia esta obra. La identificación de la figura de Felipe II con la imagen de monasterio —acrecentada por el a b a n d o n o en q u e la tuvo su hijo d u r a n t e años— convirtió a El Escorial en algo deslina-do por Lerma a ser un pretérito ya superadeslina-do.
hace Gómez de Mora en 1611 del cuarto del p r í n c i p e no lo es) (9) se emprenderá hasta q u e en 1617 se decida por fin construir el p a n t e ó n : el veedor y oficiales de las obras de San Loren-zo fueron llamados por L e r m a a Valladolid. Sepúlveda se quejaba en 1603 de q u e el claus-tro se les iba a caer. El prior requería con firmeza q u e se pro\eyera lo necesario para q u e el edificio fuera conservado y reparados sus daños. Sólo los jardines parecieron merecer un poco más de atención, pero más p o r interés de los propios frailes q u e de la J u n t a de Obras y Bosques. Incluso la o r n a m e n t a c i ó n heráldica q u e d ó sin acabar (10). Atribuir tal dejadez a la falta de recursos económicos denota buena vo-luntad por parte de q u i e n escribe, pero es olvi-dar q u e en este reinado h u b o fondos reales para levantar el monasterio de la Encarnación, en Madrid o iniciar el colegio de la C o m p a ñ í a de JesLis, en Salamanca.
Los frailes intentaron atraerse el favor del d u q u e de Lerma, pero a las invitaciones a comer por parte del prior n o respondió más q u e yendo a comer y d a n d o buenas palabras (11). Nada sacaron los frailes de los agasajos y en determinado m o m e n t o , debieron decidir in-tervenir en el juego de influencias q u e acaba-ría con la caída de Lerma, pero eso viene después.
rico al menos c u a n d o se ¡produce en los centros de poder o en relación a ellos. Dominicos y jesuÍLas cjiíizá formaran parte de ese g r u p o de personajes q u e rodeaban al rey, "cercado" por tantos q u e " n o p o d í a n \ e r " a la casa de El Escorial (13). De hecho, los jesuítas ya habían i n t e n t a d o en tiempos de Felipe II q u e esta fundación fuera para ellos, e hicieron duras críticas a los Jerónimos y al funcionamiento de su orden; todavía el padre Mariana en Del
Rey y de la Institución Real, se muestra algo
crítico con El Escorial (14).
El caso es q u e el a b a n d o n o del monasterio fue sólo u n o más de los muchos errores q u e cometió Lerma. A b u n d a n las noticias de q u e el prior del monasterio, fray J u a n de Peralta, fue u n o de los q u e más contribuyó a la caída del d u q u e . Malvezzi escribe q u e fue i m o de los q u e "descubriendo lugar en el corazón de feli-pe tercero, para q u e saliese del q u e se avia apoderado le dieron terribles batterias para des-p e ñ a r a el C a r d e n a l " (15). Matiza un des-poco esta realidad el q u e T o m á s y Valiente diga q u e gracias a la intervención del prior la caída de
Rcfídhi <if \ ' i t ; i K ) i : i . Poruu:
En e!afiosj>a(radoslaSan(aidadcle Paulo V. hizo fabricar vni fumptaoíitíima Capilla en elia,cn fruentede lá Capilla-» de Sino V. en la quai traflido la imagen de S. Maris JMajor. pii:nda por mano de S.Lucas, ycónfoimeloiqae hagora fe-» vecen ella, es demajor grandeva,y mageñádjy de luoyui» gaño que Ja que hizo Sifto V. Y cu efta mefma Iglefia Paral» V. h|techo vna Sacriñia hermofiflima toda pintada con di» ttertós áparcamicotos labrados de picdrai de grande valor, y con delirada architeftura todo, y arriba apoíeotos p«ra to* dos ¡ps Canónigos, y ofiiciales de dicha Iglefia.que todo da-* ÍJiaJc demoft. «ion del nobiliffirao animo de fu Sanftidad,/
• ^\'^íf!"^'\8«n<ie que ha tenido á efta S.Igleíia • GfCgf rio X11 i. bao hazer íá caVc que hay 4c la dicha Iglefia á S. iuiii latersno niuv¿richa y buena. Y Sifto V.hiio
lasdos»»-Ciipillii SiUHa M.» MagRÍoic (I-Vlini),
Lerma se retrasó dos meses (16), pero probado es q u e fue él q u i e n en 1618 le dio al d u q u e la noticia de qiae su privanza había acabado.
La obra de El Escorial m u l t i p l i c ó d u r a n t e los años de esta privanza los contenidos semán-ticos de carácter histórico q u e harán de elhi para siempre un s í m b o l o político. C o m o tal símbolo lo vivió el d u q u e y c o m o tal símbolo será " r e c u p e r a d o " por Felipe III con la obra del p a n t e ó n . Un m a n u s c r i t o a n ó n i m o nos va a servir para p o n e r p u n t o final a esta historia de las relaciones entre el d u q u e y el monasterio: hie precisamente de El Escorial de donde salió el d u q u e despedido p o r el rey, y c u a n d o ya se iba en el coche se v o h i ó "a mirar a Palacio echándole la v e n d i g i o n " (17). La simpatía del escritor a n ó n i m o ]3or el \ a l i d o, capaz al ]:)are-cer de bendecir a q u i e n e s h a b í a n acabado con su poder, n o hace sino confirmar el valor ad-q u i r i d o por la obra de El Escorial como sím-bolo histórico.
" R e c u p e r a c i ó n " del m o n a s t e r i o de El Escorial p a r a la casa de Austria. Inicio de las obras del p a n t e ó n .
De lo segundo, esto es, como lugar de re-creación, poco hay q u e reprocharle a Felipe III; las estancias más lai'gas de este rey coinci-dirán con los meses de verano y n o es raro q u e éstas coincidan con partos de la reina. Le gus-taba cazar allí, y la Congregación siempre in-tentó q u e las estancias de los reyes fueran lo m á s a g r a d a b l e s posible (fiestas, meriendas campestres, comedias...). Incluso financiaron obras q u e en estricta justicia debían haber sido competencia de la J u n t a de Obras y Bosques, como la de la casa de la villa de Monasterio en 1612, p r e o c u p á n d o s e además del bienestar del rey al pensar en u n a puerta q u e le permitiera salir "sin q u e le vea la g e n t e " (20). El rey disfrutaba de a q u e l l a casa de San Lorenzo con satisfacción y segi'ii>Contarini, era su preferi-da, lo cual n o es extraño, habida cuenta las atenciones de los frailes hacia su real persona.
Pero a pesar de lo dicho anteriormente se puede afirmar q u e hasta la caída de Lerma, el rey adopta, respecto a El Escorial, u n a actitud pasiva, es p u r a m e n t e receptor y sobre todo no asume como algo p r o p i o la obra del monaste-rio; El Escorial seguía identificándose exclusi-vamente con la figura de su fundador, Felipe II. De estos años de a b a n d o n o procede segura-mente el q u e esta obra haya q u e d a d o para" siempre prendida de la imagen de Felipe II.
Este rey había concebido su obra también como u n centro científico y religioso. Pues bien, por parte de Felipe III son escasas las nuevas adquisiciones de reliquias, y t a m p o c o la espléndida biblioteca pareció atraer dema-siado su interés. La curiosidad científica de su padre poco tiene q u e \ e r con la q u e impulsa-ría a su hijo a consultar lleno de devoción los manuscritos de Santa Teresa en el verano de 1607 (21). Los fondos, n o obstante, a u m e n t a -ron en estos años: recibió la biblioteca los libros donados por Arias M o n t a n o ; de los q u e fueron incautados a Alonso Ramírez de P r a d o a causa de su ¡irisión, se eligieron para el Monasterio los q u e faltaban en su biblioteca; en 1614 llegaron los tres y pico mil volúmenes de la librería del sultán de Marruecos q u e había sido capturada en un b u q u e (22). Una donación, u n a incautación y u n a c a p t i n a q u e no fueron precisamente fruto de un interés científico del monarca, a un a b i s m o de
distan-ciíi de su padre.
T a m b i é n jjarte de este reinado la idea de (¡ue no sólo con Feli])e II es identificable El
Escorial, sino que lo es asimismo con la casa de Austria para la que se convierte en símbolo de continuidad y grapdeza: los últimos años del reinado de Felipe III son un intento de recuperar para su tiempo y para su persona la grandeza y el poder del reinado y del rey ante-rior. En este marco se inscribe el renovado y febril interés por la casa de San Lorenzo que se traduce en el inicio de las obras del panteón, pero también detalles tan significativos como el de que en su viaje a Lisboa casi repita la "entrada" en esa ciudad de Felipe II. Sus suce-sores continuaron enriqueciendo el monasterio (colecciones, frescos...), "recuperado" con to-dos sus significato-dos para la monarquía hispa-na hasta el cambio de dihispa-nastía.
Hasta 1617 estuvo relegado el problema del enterramiento de los cuerpos reales que, según se decía, estaban "sobre unas vigas", en "unas pobres arcas o ataúdes cubiertos de unos pobres paños negros" (23). Eso quizá sea exage-rado, pero el mismo Francisco de los Santos escribe que a todos los extranjeros que visita-ban el monasterio les admiraba que los reyes no tuvieran un enterramiento conforme a su grandeza (24).
En 1618 ya se extraían bloques de mármol para la obra del panteón. La cuestión de quién fue el autor de la traza de! panteón ha sido recientemente puesta al día por Taylor y To-var, a cuyos artículos remito (25). El caso es que el interés del rey y el empeño del prior fray Juan de Peralta consiguieron que en sólo tres años avanzara mucho la obra.
Aunque Crescenzi quedara desplazado a la hora de la traza definitiva, es significativo que en 1617 se haga venir a este hombre de Italia. Trajo de allí una nueva moda en lo que a decoración se refiere, y es uno de los ejes en los que se apoya el cambio de gusto en la corte. En 1619 viajó a Italia buscando oficiales para la obra, y los buscó precisamente en Florencia y en Roma (26). En Florencia estaba en
cons-trucción la capilla de los Mediéis en San Lo-renzo, auténtico taller para la formación de artistas en la talla de piedras duras. En Roma se había acabado en 1616 la decoración de la capilla Paolina en Santa María Maggiore,, construida por decisión de Paulo V. En esta obra había sido superintendente Crescenzi, que lo era también de "los Edificios Públicos y Obras de Arte dentro de los Estados Pontifi-cios" (27). Cuando se buscaron referencias
Kl <luqiK' tic Ix'inia. ciudenal. en sus úliimos (iía.s.
R<li:il<> (le Rlipi- III. por Bailol(im<- C.iinzílc,
ra la obra del panteón de El Escorial que había de ser la más bella de las más bellas capillas funerarias de su tiempo, no es extraño que se volvieran los ojos tanto hacia la Anti-güedad pagana y cristiana (28) como hacia el "mito" artístico de la corte Medicea y hacia Roma, paradigma de la perfección artística en estos años.
Lo mismo en España que en Roma, duran-te el pontificado de Paulo V (1602-1621), la arquitectura por lo general sigue modelos ya consagrados. Wittkower ha hablado de la falta de inventiva y espíritu de aventura de esos años en lo que a arquitectura se refiere, y Crescenzi desde luego no trajo un gusto avan-zado en ese arte. Sin embargo, con su modelo de cómo había de ser el panteón incorporó lo más "moderno" del ambiente artístico en el que había trabajado: el tipo de decoración. Crescenzi tuvo una academia de arte en Roma (29). Hay en la biblioteca de la Univer-sidad Complutense una colección de grabados de arquitectura que es sin duda un volumen destinado a la enseñanza y que creo que está relacionado con Crescenzi. Se encuadernan juntos Vignola, Labacco y una serie de graba-' dos de las puertas de Miguel Ángel. Esta com-binación de autores no constituye una excep-ción, pues al menos en Italia hay algún ejem-plar igual e incluso más tardío que éste (30). La relación con Crescenzi viene dada entre otras razones por las fechas; 1619 es la más tardía que aparece, en un capitel jónico de Miguel Ángel grabado por Francesco Villame-na, y ese es el año de la estancia de Crescenzi en Italia. Por otra parte, Villamena graba tam-bién Alcune opere d'architettura di lacomo
Barotio da Vignola, que en esta colección de
grabados acompañan a las Regola..., y que están fechadas en 1617. Ese es el año en que el rey decidió construir el panteón, y por Baglio-ne sabemos que Villamena había dedicado al rey de España grabados excelentes de buena arquitectura (31). Además, otra de las obras encuadernadas en este volumen es Nuova el
ultima aggiunta delle porte d'architela di Mi-chel A?igelo Buonaroti, fechada en 1610 y
El nombre de Montano (1534-1621) apare-ce con frecuencia relacionado con el de Giaco-mo della Pona (por ejemplo, en la iglesia romana de S. Giuseppe dei Falegnami) (32) y juntos trabajaron en un modelo para ima obra c]ue a Crescenzi le debió interesar precisamen-te por el inprecisamen-terés que por ella había en la corprecisamen-te española. Me refiero a un modelo para la capi-lla de los Mediéis en Florencia. Ese bello "mo-dello non di cappella ma di un templo, di tutto tondo" había sido llevado a Florencia en 1601, pero fue rechazado y, cuando en 1604 se inició la capilla, fue otro el modelo cjue se siguió (33). Quizá vinieran también con Cres-cenzi los 47 dibujos que de Montano se conser-van en la Biblioteca Nacional de Madrid, sobre los cinco órdenes de arquitectura (34).
Tanto Montano como Villamena (que hi-zo grabados de las figuras para el catafalco de Paulo V) son fragmentos del ambiente artísti-co romano en el que trabajó Crescenzi. Ni allí ni aquí se había dado de manera definitiva el paso al barroco.
Aquí, en la corte de los Austrias, el peso de lo escurialense seguía haciéndose notar en ar-quitectura. Juan Gómez de Mora trabajaba todavía en estos años dentro de la tradición arquitectónica heredada de su tío Francisco de Mora. Este, a su vez, sucesor de Herrera, se había formado en un ambiente artístico que halló su culminación en El Escorial. La arqui-tectura de ambos es heredera de la política artística llevada a cabo por Felipe II, que con-cederá a la arquitectura el papel de protagonis-ta. Juan de Herrera es producto de ese momen-to de esplendor arquitectónico, como lo será también la creación en Madrid de la Academia de Matemáticas en 1582.
A comienzos del siglo XVII poco hay de nuevo en lo que se refiere a modelos teóricos y fuentes de formación para el arquitecto. Se utilizan los mismos modelos de los tratados manieristas, algunos de los cuales se reeditan: en Roma, como hemos visto, Vignola seguía siendo fuente de enseñanzas, aquí, la traduc-ción que Cajés hizo de ese tratadista será reedi-tada en 1619. Por otro lado (que es el mismo) el arte italiano, al igual que en tiempos pasa-dos, seguía siendo ima "cantera" en la qiie buscar soluciones.
He hablado del peso de lo escurialense. Tres posibilidades ofrece el estudio de la in-fluencia de la obra de El Escorial en estos
Fr:i> J u a n d e P c i a l i ;
r:i«;§:
Colegio del Cardenal, de Moníoilo de [.cmos.
años. E n p r i m e r lugar, desde un p u n t o de vista p u r a m e n t e formal, es detectable su in-fluencia en obras c o m o el Colegio del Carde-nal en Monforte de Lemos. En segundo lugar, y si h a b l a m o s de " h e r r e r i a n o " (que se identifi-ca a veces con lo "escurialense") la influencia formal se fija sobre todo en el foco artístico vallisoletano, pero es sobre todo a través de la traza q u e da p a r a la catedral de esa ciudad. A la pervivencia de lo herreriano se u n e en este foco u n g r a n c o n o c i m i e n t o de los tratados de P a l l a d i o y de Vignola (35). L a presencia de Herrera en la a r q u i t e c t u r a de comienzos del XVII q u e d a circunscrita sobre todo a este foco artístico. En otros lugares esta presencia está más mediatizada por otros factores. En Toledo, por ejemplo, la fuerte tradición serliana mati-za la influencia de la obra de Herrera, y en Andalucía ésta es apenas rastreable, pues su arquitectura, abierta a experimentalismos y a " c o n t a m i n a c i o n e s " , con un pasado inmediato muy rico (Siloé, Vandelvira, H e r n á n Ruiz II...) es capaz de generar cambios q u e asimilan sin esclavitudes formales los logros de la obra herreriana.
La tercera posibilidad de estudio creo q u e es la más i m p o r t a n t e y ya ha sido a p u n t a d a : la a r q u i t e c t u r a de la corte sigue viviendo de las rentas de aquellas política artística de Feliix' II, q u e sintetizó en El Escorial ima "xanguar-d i a " arquitectónica irrepetible. En los años "xanguar-de q u e tratamos son Francisco de Mora y su so-brino quienes marcan el gusto. El primero p r o n t o estuvo al servicio del ducjiíe de I.erma y de u n a nobleza e m p e ñ a d a en la fundación de conventos. C u a n d o el d u q u e de Lernia se ]3Ían-teó la construcción de todo un trazado urbano en su ciudad ducal, a la par de acomjxisarse a los nuevos tiempos, creía estar " s u p e r a n d o " el modelo escurialense. Pero la !)ase teórica de toda esta a r q u i t e c t i u a es la misma (]ue la cjue tuvieron los arquitectos de El Escoria!. \ i si-q u i e r a en R o m a se h a d a n demasiadas cosas nuevas...
un gusto decorativo que llegará a condicionar años del reinado de Felipe III, en motivo de los mismos elementos arquitectónicos. En este reflexión para la historia de la arquitectura punto se puede fijar una de las referencias del española, así como en símbolo político por fin cambio de gusto en la corte, de la "ultima "recuperado" para la casa de Austria en Espa-maniera" al barroco. ña. La inversión artística es instrumento de
El Escorial se convierte en los tres últimos esa recuperación histórica.
(1) Fray José de Sigücnza: Fundación del Monasterio de El Escorial (1605), cd. de Madrid, 1963. p. 103. (2) G. Parker: Felipe II. Madrid, 1984, p. 243.
(3) I F A/(\ído Maiial discursos morales... (Valladolid. 1600). Recogido en el libro de P. Dávila Fernández: Lo.s .scrmoní-.s y c/ arte. \'alladolid 1980 p 97
(4) Sigueñ/a^Ojb cH''T. \'dnder-Hamm(n \ I ton Don Filipe eljiíiidenle, segundo desle nojnbrr... MMÍVÍÚ. 1632. Y Relación de lo que costo la obui del Escoiial B N. Madiid Ms 2821
(5) J de SepúKgda ^"Histona do \anos>uc<.soi^\ dt las cosai n o u b k s qut han aca<tido^ui,Lí.p iña ^ oiiasjirfcioiKs.dt'.de e! año de 1,584 al de 1603'"'en Documentos para la-'histona del Monaslnio de El Escorial U'^^Iadnct 1924, p 26') 6 /
(6) Ibidem, p 25,6 y^ *. ... ( -^ l . t ~"~" (7) Ibidem, p 326 , * ( - . '. - ! } 'K^,___^^ " T
(8) /í O S, C \\S' Reales Icg. 302 (3), (-4)4 y 109 Paia más infotniacion \tdse A ~Pneio C a n u i o Inseníarjo la/on ido de los doeumenios refeiemis al "Monasuiio de 11 Escotial evistauts en U icccion de C i s a \ Sitios Reales d d \uhivl:) Cíeñeral <1( Simanca.s. fie?/, rfí-z^ií/f B)/; -V A/iii "71-J<563. p. 7 \ s s - - ^ ! , ^ ^ - ' ' - - V ^ '^-..o ^ '
(9) Ll a i u g l o (osio 186 610 mr.s. \'eas( Nonuna d( lodo el gasio (¡ue se a hecho por (|uenta de Joan Ciónuv. de Mora... en el aderezo de los aposentes del Piinupe nro. Sr. del quarto Real de csie Mon." de .S. I.or.° el Real". A.G.S. Contaduría Mayor de Cuentas, 3.' época, leg. 2909, n.° 18.
(10) Véase Prieto Cantero, op. cit. y sobre todo A.G.S., C. y S.R. Icg. 302 (1), f. 475 y leg. 302 (3), f. 160.
I.as cuentas del monasterio entre 1600 y 1612 están en A.G.S.C.M.C, 3.-' época, leg. 3534, n.^ 8. Entre la multitud de pequeños gastos registrados son muy repetidos los pagos para jardines y jardineros que por orden del rey están a cargo del prior, frailes y con\ento.
Véase también G. de Andrés: I..a descripción de S. Lorenzo el Real de la Victoria del Escorial por Lorenzo van der Hamen (1620). A.I.E.M. 1973, tomo IX.
(11) Sepúlveda, op. cit. p. 285. (12) Ibidem, p. 316.
(13) Ibidem, p. 236.
(14) S. Alvarez Turienzo: El Escorial en las letras españolas. Madrid, 1963, p. 199.
(15) V. Malvezzi: Historia de Phelipe UP desde el año 1612 hasta su muerte que ¡ue el año de 1621... B.N. Madrid. Ms. 6803. (16) F. Tomás y Valiente: Los validos en la monarquía española del siglo XVII. Madrid, 1982, p. 7.
(17) B.N. Madrid, Ms. 2348, f. 401: "Resolución que tomó el Rey Nuestro Señor cerca de algunas cosas que importavan a esta Monarquía de su Magd por setiembre de 1618".
(18) Sepi'ilveda, op. cit.
(19) Th. Henermann: EF Escorial en la crítica estético-literaria del extranjero, eslx)zo de una historia de su fama. El Escorial. Reinsta de cultura y letras. 1943, p. .319 v ss.
(20) A.G.S., C. y S.R. leg. 302 (3). f. 233.
(21) Lo cuenta Francisco de Mora en su Dicho... re|3roducido por L. Cer\'era Vera: La iglesia del monasterio de San José en Avila. Madrid, 1950.
(22) G. de Andrés: La biblioteca laurentina. En El Escorial, I, Madrid. 1964. (23) L. de Ayala: Sermón... (1601). Recogido por Dá\ila Fernández, op. cit., p. 98.
(24) I", de los Santos: Descripción del Real Monasterio de S. Lorenzo del Escorial... Madrid, 1656. Gon el n.'' 888 se encuentra esta obra manuscrita en la B. N. de .Madrid.
(25) Tanto F. Chueca: Sobre arquitectura y arquitectos madrileños del siglo XVII. A.E.A., 1945, t. 18. como J. J. Martín Cionzález: El Panteón de San Lorenzo de El Escorial, A.E.A. 1959 y El Panteón de El Escorial, Goya, 1963, dan como autor de la traza a jtian Gómez de Mora y a C^scenzi como superintendente de la labor de bronces y adornos. Esto es rebatido con pruebas por R. Taylor: Juan Bautista Crescencio y la arquitectura cortesana española (1617-1635) B.R.A.B.A.S.F., n.^ 48, 1 semestre, que considera el modelo del Panteón obra de Crescenzi, elegido entre todos los presentados por F'elipe III. A su \ez este aiuor es contestado por \'. To\ar: Significación de Juan Bautista Crescencio en la arquitectura española del siglo XVII. A.E.A. 1981. p. 297 y ss., que vuelve a aporiai dociunentos de c]ue Gómez de Mora fue el autor de la traza.
(26) A.G.S., C. y S.R., leg. 302 (3). f. 412 y 406. (27) Véase el artículo citado de Taylor. (28) Ibidem.
(29) Ibidem.
(30) En la Biblioteca Hertziana de Roma hay un ejemjjlar |)osterior a 1635. Véase Ch. Thoenes: Per la sioria editoriale della "Rególe delli cinque ordini", en La z'ita e le opere di ¡acopo Barozzi da Vignola 1505-1573 nel quarto centenario della morle. 1974.
(31) Baglione: Le vite de' pittori, scullori, architetti, ed intagliaton... In Napoli MDCCXXXÜl, p. 277.
(32) V. Tiberia: .San Giuseppe dei F'alegnami. Notizic storiche. Palladlo. Rivista di storia dell'arcliiletiura, fase. I-IV, 1971, p. 184 y ss.
(33) ,Se siguió el modelo de Don Cíiovanni de Mediéis..posteriormente modificaco jior Bernardo Bounialenti y Matieo .Vigeiii. J. \on llenneljerg: Documeiuation. Emilio dei Ca\alieri, Cíiacomo della Pona, and G. B. Montano, ¡ournal of ihe sociely o¡ Architeclural llislorians. \o]. XXXVI, n.° 4. 1977.