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Barras Bravas: Una expresión de masculinidad

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Academic year: 2022

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UNIVERSIDAD DIEGO PORTALES

FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES E HISTORIA ESCUELA DE SOCIOLOGÍA

“Barras Bravas: Una expresión de masculinidad”

Alumnos: Rodrigo Muranda. Profesor Guía: Julio Troncoso Roberto Tapia. Profesor Lector: Tomas Ariztía

Santiago, Diciembre de 2011

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CONTENIDOS

1. Introducción ... 3

1.1 Antecedentes de la Investigación... 3

1.2 Justificación de la Investigación... 5

2. Preguntas y Objetivos de la investigación... 6

2.1 Pregunta de investigación ... 6

2.2 Objetivo General ... 6

2.3 Objetivos específicos ... 6

3. Hipótesis de Trabajo ... 6

4. Marco Teórico ... 7

4.1 Fundamentos de la investigación... 7

4.2 Judith Butler y las discusiones de genero ... 8

4.3 Pierre Bourdieu: El origen de la dominación masculina y el problema de la violencia simbólica... 9

4.4 Norbert Elías: El origen de las barras bravas y la violencia como expresión de masculinidad ... 11

4.5 Pablo Alabarces: El problema del género entre los barristas latinoamericanos... 12

4.6 La ideología del aguante: la distinción entre discurso y práctica... 13

4.7 El caso chileno: Humberto Abarca y la plenitud del aguante... 15

4.8 Procesos de socialización ... 16

5. Teoría de las prácticas ... 17

5.1 Teoría de la performance ... 18

5.2 Conducta Restaurada ... 19

5.3 Escenario social, institucionalización del contexto, fachada y realización dramática... 19

6. Diseño Metodológico... 21

6.1 Fundamentos metodológicos ... 21

6.2 Descripción y justificación de las técnicas de recolección de datos ... 21

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6.4 Diseño Muestral ... 25

7. Plan de Análisis ... 27

8. Principales Resultados... 28

8.1 Reflexión Metodológica y descripción del trabajo de campo ... 28

8.2 La apropiación del espacio como escenario de la performance... 29

8.3 La presentación del aguante como mecanismo de violencia ... 31

8.4 La experiencia del barrista: Desarrollo de la plenitud del aguante ... 32

8.5 La noción del rol dentro de la barra La noción del rol dentro de la barra ... 33

8.6 Organización de la Hinchada: La coordinación……….……34

8.7 La distinción entre discurso y práctica………..……….37

8.8 Mujeres en las barras: La existencia de la violencia simbólica y dominación de genero…..38

9. Conclusiones ... 41

10. Bibliografía ... 44

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1. 1 INTRODUCCIÓN A LA INVESTIGACIÓN.

El presente proyecto de investigación tiene como objetivo caracterizar las expresiones de la masculinidad de los integrantes de las barras bravas de la actualidad, centrándonos principalmente en la performance que ellos desarrollan a través de su rol como barristas. En este sentido, analizaremos el discurso emitido por los barristas y las prácticas desarrolladas en cuanto tales. De este modo podremos relacionar y diferenciar a través de comparaciones entre discurso y práctica las expresiones que realizan los barristas.

Con respecto a los antecedentes teóricos relacionados con la investigación de las barras bravas, pretendemos hacer una continuación longitudinal del trabajo de autores nacionales e internacionales adaptando estas investigaciones a la realidad nacional para verificar si han existido cambios con respecto a las investigaciones realizadas en los 90’s o si aún se mantienen las mismas características de comportamiento, principalmente la misma performance y expresiones de masculinidad que se desarrollaban durante esa época.

Nuestra investigación propone una perspectiva de investigación en torno una metodología cualitativa, mediante la cual exploraremos a través de la observación participante la expresión masculina, enfocándonos en la performance que sostienen los barristas dentro y fuera del estadio. Esta metodología enfoca preferentemente su análisis en la subjetividad. Este enfoque metodológico nos proporciona técnicas de recolección de datos que nos ayudaran a profundizar en el análisis de forma inductiva.

Gracias a la utilización de la entrevista en profundidad, podremos indagar en el comportamiento de los individuos dando énfasis a sus actos y discursos de modo que puedan expresarlos en sus propios términos y con la suficiente profundidad para captar su real significado. En este sentido, determinaremos que prácticas son característicamente masculinas para luego compararlo con el discurso emitido por los barristas y de este modo analizaremos las similitudes y diferencias entre estas dos acciones..

1.1 Antecedentes de la Investigación.

Las barras bravas tienen su origen en los Hooligans ingleses, hinchas fanáticos de los equipos británicos que eran muy violentos y con actitudes profundamente totalitarias, donde el fervor por el equipo podía llevar a combates contra rivales que durante sus inicios terminaron muchas veces en decenas de muertos. (Archetti, 1985) Este fenómeno llegó a su apogeo en la década de los 80’s cuando hinchas del Club Liverpool Ingles y el Club Juventus italiano, disputaron un partido en la ciudad belga de Bruselas por la final de la liga de campeones, en donde murieron 39 personas. Posteriormente, hinchas del Liverpool causarían el terror en la ciudad británica de Sheffield, donde se enfrentaron a hinchas del Nottingham Forest y murieron 93 personas. (Armstrong, 1999)

Incluso cuando la selección inglesa jugaba contra otros países, se crearon grupos de Hooligans que fueron más allá de estas violentas acciones totalitarias y reprimieron a inmigrantes extranjeros, negros y personas de otras religiones de los

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países rivales, destacando el accionar más fascista de los hooligans, que lideraron este fenómeno. (Armstrong, 1999)

El fenómeno de los hooligans se extendió hacia América Latina, donde los primeros en recibirlo fueron los hinchas argentinos a fines de los 70’s, desarrollando una nueva forma de barra brava respecto del concepto que tenían los ingleses de esta, se incluyeron elementos que le dieron un colorido toque de fiesta y carnaval a este grupo agregando elementos propios de la murga rioplatense, pero manteniendo la misma actitud violenta que sus pares británicos. Luego de la guerra de las islas Malvinas, entre Argentina e Inglaterra, ambas barras declararon su odiosidad mutua y éste ambiente bélico se trasladó al fútbol con el partido disputado entre ambos países durante el Mundial de México 86, desatando innumerables enfrentamientos durante el evento. (Alabarces, 1996).

En Chile el fenómeno es muy reciente, desde finales de la década de los 80’, las barras bravas tuvieron su origen en torno a dos sucesos, el primero: La dictadura militar, donde estas barras fueron una vía de escape para personas que se sentían excluidas socialmente y el segundo fue la erradicación territorial que tuvieron las poblaciones marginales de Santiago, que fueron trasladadas hacia la periferia de la ciudad, donde se mezclaron las poblaciones y se generó un clima de violencia extrema entre los pobladores y barristas que vivían en estos sectores. (Sepúlveda, 2003).

Las investigaciones realizadas desde una perspectiva sociológica son variadas, el argumento central ha sido indagar acerca de la violencia que este grupo genera y así estudiar este fenómeno a partir del concepto de anomia social y la violencia juvenil.

(Armstrong, 1999).

Muchas investigaciones en Ciencias Sociales se esforzaron por estudiar la identidad que construían las barras bravas, cómo se desarrollaba un proceso de civilización en un ambiente que parecía tan salvaje, los significados que le atribuían los integrantes de estos grupos al ser miembro de una barra brava y desarrollar propuestas de políticas públicas para la erradicación de las barras del fútbol. (Dunning, 2003)

Sin embargo, variados estudios sociológicos, principalmente latinoamericanos y entre ellos muchos nacionales, (Abarca, 2001) se han enfocado en establecer una relación entre la violencia y la masculinidad que se expresa en este fenómeno. Ya clasificado como un grupo social en su mayoría masculino y machista (Alabarces, 2006), las barras bravas se han expandido durante los últimos años, acaparando más integrantes, teniendo una influencia política importante en países como Argentina (Alabarces, 2002) y desarrollando una performance en sus acciones que se ha complejizado, pero que ha develado una disyuntiva entre la legitimidad de la práctica y el valor del discurso emitido por sus integrantes (Garriga Zucal, 2006).

En Chile, muchos estudios sociológicos se han enfocado en las barras de fútbol como un articulador de identidad nacional (Parra López, 2007) y otros han desarrollado una perspectiva más antropológica para develar la estructura de la barra brava, sus ritos y prácticas asociadas a la violencia. (Recasens, 1999). Humberto Abarca, dentro de los autores nacionales que han estudiado el fenómeno de la masculinidad, ha sido uno de los precursores en investigaciones de este ámbito,

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develando la existencia de un orden hegemónico de la masculinidad en torno a las barras bravas, en donde esta hegemonía de la masculinidad se traduce en el uso del poder para ejercer la dominación sobre los demás integrantes, especialmente los del sexo femenino y quienes no presentan los rasgos de la masculinidad expresada por medio de las barras, en donde se pone en juego el honor y la dignidad de los barristas.

(Abarca y Sepúlveda, 2000)

1.2 Justificación.

Existen abundantes investigaciones que conciben a las hinchadas como una variable influenciada por la violencia por lo que al momento de explicar las practicas asociadas al ejercicio de ser barrista se enfocan con demasía en la violencia. De este modo, estudian las formas en la que violencia se lleva a cabo, es decir, explicando la lógica de auto reconocimiento y adscripción a la hinchada.

Analizar lo que están haciendo efectivamente las hinchadas chilenas en lo que refiere a la transmisión, prácticas y discursos, como una expresión de la masculinidad, tanto a sus hijos como a sus pares barristas, se acerca a la justificación de nuestra investigación. En este sentido, pretender caracterizar la naturaleza de los mecanismos de masculinidad que se dan al interior de las barras bravas con el objetivo de contribuir al entendimiento de las prácticas de las hinchadas tiene importancia en el sentido de un nuevo enfoque alejado de los análisis de la violencia.

Los trabajos previos han servido para dar cuenta del estado del arte del fenómeno, pero no pueden dar constancia de la permanencia de la explicación de la investigación dada en el momento estudiado. El surgimiento y la necesidad de dar cuenta cuáles son las estrategias que las hinchadas están desplegando para constituirse como un espacio autónomo y totalitario se basa también en cuál es la calidad de la información que se trasmite y en el momento en cual se transmite. Por lo tanto, esta investigación añadirá una nueva perspectiva a las explicaciones de las investigaciones realizadas, ya no sólo de violencia simbólica, sino una caracterización de un tipo de masculinidad que se da en espacios sociales como los estadios de fútbol.

Lo que puede otorgar esta investigación es un estudio más profundo de la caracterización de la expresión masculina debido al análisis de los discursos y la comparación efectuada a través de la observación participante, cómo también los usos y las representaciones corporales de los integrantes de la hinchada los cuales son aprehendidos a través del traspaso de las técnicas corporales.

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2. PREGUNTA Y OBJETIVOS DE LA INVESTIGACIÓN.

2.1. Pregunta de Investigación.

 ¿De qué manera se caracteriza la expresión de masculinidad en las barras bravas en relación a la transmisión de discursos y prácticas masculinas?

2.2 Objetivo General.

 Caracterizar las expresiones de masculinidad de las barras bravas en relación a la transmisión de prácticas y discursos representados como un tipo de expresión de masculinidad.

2.3 Objetivos Específicos.

 Caracterizar las distintas prácticas que involucran la participación de una persona al interior de una barra brava.

 Determinar el sentido que le atribuyen los actores a las diversas prácticas asociadas a la barra brava.

 Identificar como es la performance que se desarrolla entre los varones miembros de una barra brava.

 Determinar la existencia de relaciones de dominación masculina entre hombres y mujeres al interior de las barras bravas.

3. HIPÓTESIS DE TRABAJO.

Las barras bravas ejecutan un tipo específico de masculinidad basado en la lógica del aguante y la violencia para poder establecer relaciones de dominación y poder hacia integrantes del sexo femenino e imponer su masculinidad como un ethos propio de este grupo. Bajo esta perspectiva, podemos señalar como hipótesis de investigación la existencia de una violencia simbólica que se ejerce contra los grupos dominados y que también es ejercida al mismo tiempo contra ellos mismos.

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4. MARCO TEÓRICO.

4.1 Fundamentos teóricos de la investigación.

El estudio del fútbol como fenómeno social ha sido abordado desde distintas perspectivas. Preferentemente los estudios de ciencias sociales se han basado en el análisis del contexto de este deporte. El estudio de los espectadores y de la violencia que se han generado en torno a este deporte han llamado profundamente la atención en estudios antropológicos (Recasens,1999) e investigaciones de carácter psicológico (Sepúlveda, 2003), también se han generado una infinidad de debates en los medios de comunicación y en columnas periodísticas, principalmente apuntando a un sector específico, es decir, de los espectadores generadores del caos y la violencia que se ha vivido en los partidos de fútbol.

En la sociología, este debate se ha ampliado mucho más allá de la relación entre público y violencia, de tal manera se han identificado diversos factores como la erradicación de sectores marginales hacia las periferias de la ciudad o las relaciones de dominación que existen entre hombres y mujeres en los sectores de clases bajas.

(Abarca, 2001)

Para analizar el fenómeno de la masculinidad nos centraremos en las teorías de Pierre Bourdieu y Judith Butler. Gracias a su análisis, daremos a conocer cuáles son las principales variables en la interacción y en las relaciones de dominación entre hombres y mujeres. Debido a esta interacción se ha llevado a cabo el proceso de formación de la masculinidad como un fenómeno que se ha insertado en la estructura social el cual se reproduce en distintos espacios sociales.

Por otro lado, nos centraremos en el origen de las barras bravas, como fenómeno de agrupación de masas organizadas en el deporte, determinando la relación que han tenido con la violencia y analizando las principales prácticas que se han desentrañado en los estudios de estos grupos a lo largo de estudios en Inglaterra y Latinoamérica. Además, será importante ver cómo este fenómeno que se originó en el Reino Unido, el cual se exportó al resto del mundo, ha ido evolucionado en Latinoamérica. Por lo tanto, se determinaran a través de las investigaciones previas, cuáles son las características comunes que comparten los barristas con respecto a las expresiones de masculinidad y sus prácticas. Las principales teorías que utilizaremos provienen de la corriente europea de la sociología del deporte de Norbert Elias y Eric Dunning, mientras que para analizar el fenómeno a nivel latinoamericano y local, nos centraremos principalmente en los estudios de Pablo Alabarces y Humberto Abarca.

Finalmente desarrollaremos en un tercer apartado en relación a la interacción social, desde la perspectiva de los teóricos Berger y Luckmann, para dar paso a las principales directrices sobre las teorías de la performance y las prácticas.

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4.2 Judith Butler y la discusión sobre el género.

A lo largo de la obra de Butler se busca analizar el significado del género y la distinción que se tiene del sexo. En primera instancia, la autora comprende desde una lógica expresada a través de los debates feministas, que el sexo debe entenderse como una consecuencia biológica a diferencia del proceso de formación del género, esta consecuencia biológica es una construcción cultural la cual no tiene una relación causal con el sexo.

Esta diferencia entre sexo y género es una discrepancia entre los cuerpos sexuados de manera biológica y el género percibido como una construcción cultural ajena a los cuerpos. Sin embargo, existe una obligación cultural para llegar a construir el género (Butler, 2007). La estructura social ha estado determinada en su mayoría por espacios en donde el género masculino ha dominado, como la economía, la política, entre otros. Si esto fuese así, se podría decir que el espacio simbólico ocupado por las barras bravas indicaría que existe una obligación cultural que corresponde a la construcción de un género masculino. Si vemos a las barras bravas como un espacio preferente para la reproducción cultural, no nos alejamos de la lógica de reproducción de un habitus. En otras palabras esta obligación cultural proviene desde un punto en el tiempo y que se reproduce como capital cultural a través de generaciones. Por ende, el género no sería una consecuencia directa del sexo. En efecto, la creación del género masculino se inicia por la estilización del cuerpo, en donde los gestos y movimientos generan una ilusión en el otro de la representación de la masculinidad, la cual será imitativa para quienes consideren estos actos como ejemplos de la expresión de masculinidad.

La idea del género según Butler, no sería un concepto de identidad que es expresado permanentemente, sino que lo sitúa como una temporalidad social constituida, donde esta realización performativa se desarrolla a vista del otro, en este caso del público al que quiere demostrar su masculinidad, quienes son los que legitiman esta performance por medio del acto y la creencia. A medida que existan estos actos performativos, no existirá una identidad de género consolidada. (Butler, 2007).

Este enfoque sobre la hegemonía heterosexual nos servirá para analizar qué género asiste con mayor frecuencia al estadio. De esta forma podremos analizar, bajo estas premisas, que la caracterización existente en las barras bravas es una constante lucha por demostrar la naturaleza de la masculinidad de los barristas a través de las práctica y los discurso emitidos. En este sentido, los barristas logran catalogarse como sujetos fuera de ese orden masculino y heterosexual debio a que los barristas no demuestren por medio de determinadas prácticas la naturaleza de su masculinidad. Por otro lado, Butler denota la existencia de una hegemonía heterosexual, donde el género construido culturalmente delimita “binariamente” las normas para cada caso, hombre o mujer, en donde las personas que no sigan estas normas heterosexuales, quedarán expuestas a la discriminación, relegadas a un contexto de anormalidad, la cual reforzará la idea de legitimar la heterosexualidad hegemónica. (Butler, 2007).

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De este modo, la autora recurre a la idea de la performatividad del género, la que se explica mediante la existencia de una naturalización del discurso y la práctica en el sujeto. Esta normatividad regida por la heterosexualidad hegemónica permite la naturalización de esta performance heterosexual, arraigada en la consecuencia binaria del sexo. “Dichos actos, gestos, y realizaciones –por lo general interpretados- son performativos en el sentido de que la esencia o la identidad que pretenden afirmar son invenciones fabricadas y preservadas mediante signos corpóreos y otros medios discursivos” (Butler, 2007: 266)

4.3 Pierre Bourdieu: El origen de la dominación masculina y el problema de la violencia simbólica.

Bourdieu concuerda con Butler en el sentido en que el uso del cuerpo es una construcción social, que está definido por una topología sexual del cuerpo socializado, por medio de los movimientos y desplazamientos que son afectados por una significación social (Bourdieu, 2005). Es necesario determinar que los usos del cuerpo son característicos de los géneros involucrados en el espacio del estadio y si este uso corporal representa una relación de dominación entre géneros.

La división entre sexos parece estar determinada por un orden dado (en el caso de Butler, este orden sería la obligación cultural de la hegemonía heterosexual).

El autor explica que uno de los hechos históricos donde se pueden observar los primeros indicios de dominación masculina es durante el imperio romano, época en donde el ser pasivo en el acto sexual, era objeto de una relación de dominación. El acto de la penetración era una demostración de poder y masculinidad sobre el otro, se ejercía una relación de dominación, donde para los hombres la peor humillación era verse convertido en mujer a través de esta práctica, la feminización de sus dotes masculinos. (Bourdieu, 2005)

Para Bourdieu, el problema de la dominación masculina no es un problema proveniente de la división de sexos, sino una cuestión arraigada principalmente en la economía de los bienes simbólicos. En este sentido, aquellos factores que Bourdieu señala como característicos para la consolidación de la dominación masculina tienen que ver con un proceso fundamental de construcción social, estos factores se repiten en la teoría de la performatividad de género de Butler, y estos son aquellos en donde la representación natural de la dominación masculina en el sexo tiene como característica que “se legitima una relación de dominación inscribiéndola en una naturaleza biológica que es en sí misma una construcción social naturalizada”

(Bourdieu, 2005: 37). La dominación masculina ha atravesado la mayoría de los campos imponiéndose en las relaciones de poder de los hombres por sobre las mujeres.

El origen de la violencia simbólica, se debe como señala Bourdieu, a la existencia de esquemas mentales de dominación masculina, los cuales se encuentran insertos en la estructura social los cuales son universalmente reconocidos y compartidos. Estos esquemas funcionan como dispositivos de percepción para hombres y mujeres provocando que los individuos se re-organicen, al igual que las

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dominante. De este modo, las mujeres no cuestionan la existencia de actividades en donde se les resista, la restricción de espacios o prácticas de las cuales no pueden ser partícipes, ya que asimilan que estas pertenecen a un orden masculino que está dado, esto sucede con respecto a la participación en la barra y no así con la práctica del fútbol como deporte.

Las relaciones de poder que emanan de la dominación masculina a través de estos esquemas mentales, son asimiladas por las mujeres produciendo un acto de reconocimiento práctico para la reproducción de la dominación. A través de estos hechos prácticos se legitiman las relaciones de poder masculinas y las mujeres se posicionan desde el otro lado del orden simbólico, lo que crea la violencia simbólica (Bourdieu, 2005).

La violencia simbólica ejerce un papel fundamental en la disputa entre hombres y mujeres en las relaciones sociales, ya que si bien existen relaciones de poder y dominación entre ambos ocasionando disputas subjetivas en donde se intente mantener el orden social preestablecido a cualquier costo, “La violencia simbólica minimiza el papel de la violencia física. La violencia simbólica sería una violencia espiritual y en definitiva, sin efectos reales”. (Bourdieu, 2005: 50) Por tanto, la violencia simbólica es la asimilación de las clasificaciones naturalizadas por el dominador (en el caso de las barras bravas, los hombres).

La violencia simbólica surge como la utilización de instrumentos de conocimiento común entre ambos sexos, donde se ponen de manifiesto las relaciones de poder arraigas en el capital cultural, estas se corresponden de la estructura social y las prácticas determinadas dentro del estadio. En este sentido se explica que las estructuras de dominación masculina son el producto de un trabajo continuo de reproducción (Bourdieu, 2005). Lo que significa que la reproducción constante de la dominación producida a través de la violencia simbólica logra consolidar una estructura de dominación que está presente en todas las relaciones sociales y que se encuentra como una violencia invisible que se ejerce en lo profundo de los cuerpos.

Entendido de esta forma, la dominación masculina no es consecuencia de un orden natural, sino más bien es producto de una construcción cognitiva que se reproducen continuamente donde el hombre asume su rol de dominador y la mujer inconscientemente acepta una irreal inferioridad por medio de esta violencia simbólica.

Uno de los conceptos que se encuentran profundamente arraigados en el ethos masculino es el de la virilidad, la cual surge como la puesta en práctica del honor masculino. La virilidad surge como un concepto relacional, en donde existe un profundo miedo a perder esta virilidad, ya que para los hombres representa la estima y admiración para el grupo, en caso de lo contrario se es relegado a una categoría femenina.

En casos donde la virilidad se encuentre en crisis, el hombre debe hacer notar la violencia simbólica, no por medio de la violencia física si no que expresando la naturaleza de la relación de dominación que el hombre ejerce sobre la mujer y algo en el cual solo él tiene derecho a practicar (Bourdieu, 2005).

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4.4 Norbert Elías: El origen de las barras bravas y la violencia como expresión de masculinidad.

Elías explica que los miembros de los llamados grupos hooligans tienen un origen social en el sector “rudo” de las clases bajas obreras. Estos grupos han desarrollado una mayor tolerancia a la agresividad en las relaciones sociales con respecto a otros grupos más altos en la escala jerárquica de la sociedad. De este modo, los jóvenes experimentan gran parte de su socialización primaria en la calle con otros niños, jóvenes y adultos donde en muchas ocasiones interactúan agresivamente y desarrollan jerarquías de dominio basadas en la edad, la fuerza física y la violencia.

(Elías, 1992)

Por lo tanto, debido a la temprana edad en que se encuentran expuestos los jóvenes y niños a la violencia, se genera una mayor internalización de la agresividad y las prácticas violentas. Esta internalización es re-producida, principalmente, en los varones por lo cual se internaliza la conducta agresiva volviéndose legitima para aquellos jóvenes quienes vislumbran estas prácticas en forma cotidiana.

En las clases obreras existe una segmentación ordenada de los sexos en donde los roles están muy bien definidos para hombres y mujeres, principalmente el rol del varón. Dado que el carácter de estas familias es profundamente patriarcal, los valores masculinos ejercen la dominación sobre la mujer y familia, de manera que se valorizan como prácticas normales las características machistas de los hombres (Elías, 1992). Para consagrar esta postura masculina, es necesario que otros legitimen las prácticas por medio de la observación de estas acciones, consideradas propias de la conducta de un “macho”. De esta manera, para Elías, el ejercicio de la violencia en los grupos hooligans no se debe a una conducta anti social ni desviada, sino que es la práctica de legitimación de su masculinidad.

Los hooligans consideran la violencia como una oportunidad de fortalecer su honor y consolidar su masculinidad, en especial, si es frente a los miembros de su mismo grupo y si las víctimas son otros hooligans rivales, sin embargo, durante los partidos de fútbol estos grupos entonan canciones no sólo con el fin de animar a su equipo sino también para feminizar al otro a través de estas canciones que expresan su agresividad y que una eventual derrota los hará perder su masculinidad. “Para ellos, el juego consiste primordialmente en la expresión de su machismo, ya sea con los hechos, derrotando a sus rivales y haciéndoles huir, ya simbólicamente vía las canciones y lemas que entonan” (Elías, 1992: 338)

Elías explica la existencia de un ciclo de retro alimentación positiva en los sectores “rudos” de la clase obrera, señalando que en las comunidades se tiende a fomentar la violencia en la mayoría de las relaciones sociales, debido a esto se les confiere un prestigio a los hombres que saben pelear. Pese a que los hooligans tienen distintas pautas de comportamiento con respecto a las barras bravas latinoamericanas, uno de los rasgos principales que tienen en común es el uso de la violencia como un recurso de legitimación de la masculinidad que se desarrolla no solo en el espacio en que se desenvuelven las barras bravas, sino que esta se expande también a todas las relaciones sociales que desarrollan (Abarca, 2002).

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4.5 Pablo Alabarces: El problema del género entre los barristas latinoamericanos.

Alabarces explica que el fútbol siempre se ha narrado desde el ethos masculino, por lo tanto, todos los discursos y prácticas que se producen y reproducen en torno a este deporte están constituidos en base a reglas y valores masculinos. El origen de la dominación masculina en el fútbol, no es la división sexual que experimenta la sociedad ni la imposición de valores masculinos en la estructura social, sino que es un campo que ha estado dominado por varones tanto entre quienes lo juegan como entre quienes lo observan. Si los hinchas son y han sido en su inmensa mayoría varones, esta reglas suponen una demarcación de género en el dominio simbólico futbolístico que organiza los espacios, actores y las prácticas legítimas (Alabarces, 2000).

A través de las prácticas características, los actores comunican sus orientaciones valorativas y afectivas (Alabarces, 2000). Esto significa que: entendiendo que la estructura social posee una orientación valorativa de carácter masculino y que el fútbol es un deporte dominado por hombres, discursos y prácticas que convergen en posicionar la masculinidad como un rasgo que se debe destacar siempre y, que hay que poner en práctica constantemente, para demostrar que ese rasgo masculino está vigente.

Utilizando los conceptos de legitimación de la masculinidad vistos con Elías en las barras bravas y con Bourdieu en el campo de la dominación masculina, las barras bravas expresan su masculinidad constantemente a través de la violencia física entre hombres y a través de la violencia simbólica entre hombre-mujer .

El autor explica que dentro del territorio futbolístico existen cuatro dimensiones que son utilizadas para establecer una distinción entre hombre-mujer: Saber, carnavalización, pasión y violencia. (Alabarces, 2000). En este sentido el hombre, principalmente el barrista, es conocedor de estas cuatro dimensiones, pero a la vez sitúa a la mujer de manera distinta a él en cada una de estas dimensiones.

En cuanto al saber y la pasión, a las mujeres se les niega el hecho de saber cuestiones propias de las reglas del fútbol, ya que en su mayoría no lo practican. Por lo tanto su opinión es invalidada, o bien, es relegada a un segundo plano en relacion al conocimiento y al entendimiento del fútbol, es debido a que muestran una ausencia en la práctica del deporte. En su investigación, Alabarces analizó comentarios como “las mujeres critican cuando un jugador patea mal, no saben que existen miles de factores, como la posición del jugador o las condiciones climáticas, etc. que pueden haber influido en que ese tiro haya salido mal.” (Alabarces, 2000) Negando así el saber futbolístico de la mujer.

Dentro de la carnavalización, la mujer es aceptada e incluso protegida en ocasiones donde se pueda producir violencia, esta lógica de dominación reproduce los códigos masculinos de dominación y es percibida a la vez por las mujeres, de manera que ellas tienen consciencia de que existen ciertas reglas y espacios simbólicos que tampoco pueden infringir. Como un ejemplo de este hecho se encuentran colgarse de un para-avalancha o tocar el bombo.

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Acerca de la pasión, a la mujer se le excluye del sentimiento de pasión, ya que este es resistido por parte de ellas. En primer lugar, porque está interfiriendo en un campo dominado por el ethos masculino, algo que es de exclusividad masculina y donde estos legitiman ese sentimiento únicamente a los hombres. En segundo lugar, la pasión femenina por el fútbol es resistida por una cuestión de distribución espacial, los sectores donde se experimenta de mayor manera el sentimiento de pasión, dada la efervescencia y euforia de los asistentes, se produce en las galerías, siendo estos los sectores en donde se ubican las barras bravas, el cual es un espacio atribuido especialmente a los hombres y donde la mujer es vista como un agente externo. El autor pone de ejemplo un comentario de un hincha argentino, “El fútbol tiene actitudes y códigos masculinos y machistas. ¿Te imaginas a una mina en medio de la 12 (Barra brava de Boca Juniors) en el mismo momento en que Boca hace un gol? Es absurdo”

(Alabarces, 2000: 45).

Otro de los elementos de deslegitimación de la pasión femenina alude a que las mujeres no expresan el mismo compromiso por el espectáculo que organizan la barras bravas, no existe una autenticidad por parte de la mujer, ya que los hombres identifican como una performance o una representación falsa de la pasión a aquellas mujeres que se expresan como demasiado fanáticas (Alabarces, 2000). Aquellas mujeres que logran emular la pasión expresada por los hombres, son condenadas a perder su feminidad, ya que están representando un ethos de características masculinas, por lo que tanto hombres y mujeres dejan de conferirles los atributos femeninos si estas optan por expresar su pasión de un modo similar al masculino.

“Los hinchas aceptan la presencia de la mujer, pero consideran que ellas nunca podrán sentir como los hombres la pasión por el fútbol” (Alabarces, 2000: 44).

Alabarces explica la creciente mercantilización del fútbol y cómo este deporte se ha vuelto parte del consumo espectacular que llama a una gran audiencia. Las mujeres se han acercado, pero los hombres han rechazado su inserción, apelando a que no tienen conocimiento del deporte dado que nunca lo ha jugado en comparación con los hombres. Esto produce una violencia simbólica que impide a las mujeres acceder a los mecanismos culturales que produce y reproduce el ethos masculino, ya que se ve amenazada su exclusividad de representación (Alabarces, 2000).

De esta manera, Elías concuerda con Alabarces en que el hombre se ha apoderado de los espacios donde se desarrolla el fútbol y que son uno de los pocos lugares que existen en la sociedad donde ellos pueden crear una performance de su masculinidad que es legitimada por los demás, un espacio donde pueden actuar y expresar sus emociones libremente sin el temor a poner en duda su masculinidad. El estadio es un lugar público donde los hombres pueden escenificar su ethos legítimamente, aun cuando este sea regulado por las normas del autocontrol. (Elías, 1992)

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4.6 La ideología del aguante: la distinción entre discurso y práctica.

En la investigación “Soy macho porque me la aguanto”, José Garriga Zucal en conjunto con los equipos de investigación de Alabarces, logran identificar al “aguante”

como el motor del desarrollo de prácticas y discursos en las barras bravas para legitimar la expresión de masculinidad.

Una de las prácticas más recurrentes entre las barras bravas es la del combate. Esta se entiende como el conocimiento de las técnicas de lucha, la destreza corporal y la resistencia al dolor físico. Quienes logran dominar estas habilidades, se hacen acreedores del “aguante”, una lógica con la que se comunican las barras bravas y que además se configura como un bien simbólico. “El aguante confiere honor y prestigio e instaura formas de actuar válidas para distinguir a los hombres” (Alabarces, 2006: 40). Existen variadas prácticas que se pueden identificar en la participación en actividades externas a las que se realizan en el estadio, tales como: Ayudar a cargar lienzos, bombos, cortar papeles picados, conseguir serpentinas, participar en la organización de los espectáculos y participar en las reuniones que organiza la barra para sus miembros. El concepto de “participación” además tiene otro significado que tiene que ver con ser parte de formas de actuar y pensar en común. Aprenderse las canciones, saltar, participar en las peleas contra los hinchas rivales y la policía, son prácticas que tienen en común los barristas y que la gente le confiere un sentido de pertenencia a la barra.

La utilización del cuerpo se desata principalmente en los combates, la lucha cuerpo a cuerpo, la no utilización de objetos y armas, le confiere un mayor grado de

“aguante” al luchador. El honor es un capital simbólico que adquiere el barrista poniendo a prueba su aguante ante los adversarios y en presencia de su barra.

(Alabarces, 2006). El aguante pasa a ser un atributo físico.

Quienes no posean “aguante” tienen dos significaciones: O son mujeres, quienes no pueden poner a prueba a través de la violencia el aguante, ya que están excluidas de esta práctica o son no-machos, condenados a ser feminizados, ya que al no participar de los actos de violencia, han perdido sus rasgos masculinos, ya que no los han puesto a prueba en el combate, de modo que los barristas se dividen en dos ejes, quienes tienen aguante y quienes no lo tienen.

“El aguante es la afirmación simbólica y práctica de la hombría, transformándose en la característica primordial de la masculinidad, equiparando los significados macho y aguante” (Alabarces, 2006: 47).

El autor identifica dos tipos de aguante basados en la división de estos ejes, el primero y que hemos revisado aquí es el aguante puesto a prueba por medio de la violencia y el otro es el aguante utilizado por hinchas no violentos, expresados a través de la fidelidad al equipo, como seguirlo en la adversidad y cantar durante todo el partido pese al resultado. En el análisis de las barras bravas chilenas, Humberto Abarca identifica de igual manera estos dos tipos de aguante, pero considera más importante el segundo, el cual es determinante en la creación autentica de una performance del barrista que además debe estar reforzada con la experiencia vivida en el estadio (Abarca, 2002).

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Los hinchas realizan una distinción entre discurso y práctica del aguante, donde el discurso no tiene valor si este no es acompañado por una práctica o acción que la demuestre (Alabarces, 2006). Para los barristas, quienes se vanaglorian de su aguante hablando sobre él, son de esas personas no pueden ser legitimadas como verdaderos poseedores del aguante, sea en cualquiera de sus dos dimensiones, solo quienes lo demuestren con hechos pueden compatibilizar discurso y práctica.

Por otro lado, tenemos otras prácticas más características y más comunes de las barras, estos son los cánticos. Las hinchadas afirman ser dignos poseedores del aguante, incluyendo entre sus canciones anécdotas de combates pasados o situaciones en donde el rival haya sido humillado o no haya respondido conforme a la lógica del aguante. “La diferencia creada por los hinchas entre discurso y práctica tiene como sentido reafirmar el valor legítimo de la práctica” (Alabarces, 2006: 55).

Los barristas ejercen constantemente el monopolio legítimo de la fuerza ante sus pares. Se debe demostrar permanentemente a través de las prácticas que poseen aguante y tienen derecho a pertenecer a la barra. Quienes no lo demuestren son expulsados e ignorados por los barristas, ya que quedan expuestos a las críticas de los otros miembros y de los rivales, a esta característica llamándolos “cagones”

haciendo alusión a la carencia del aguante (Alabarces, 2006). Los autores expuestos concuerdan con que la masculinidad, y el respectivo aguante, como forma de vislumbrar la virilidad son trascendentales para la legitimación y el auto reconocimiento de las barras bravas, por lo tanto, interpretar como los individuos se relacionan con estos dos parámetros de comportamiento, es fundamental para la caracterización de la performance.

4.7 El caso chileno: Humberto Abarca y la plenitud del aguante.

A través de su investigación, Abarca logra determinar que el origen de las barras bravas en Chile se debe a un proceso de erradicación de las poblaciones marginales de Santiago hacia la periferia de la ciudad, agrupándolas todas en el mismo sector. Este proceso genera conflictos entre bandas de distintas poblaciones, generando constantemente hechos de violencia entre las personas que viven en estas poblaciones.(Abarca, 2002) Analizando este hecho, se puede determinar que se cumple uno de los procesos mencionados por Elías, donde se indica que la masculinidad se debe a una mayor tolerancia a la violencia en los sectores rudos de la clase baja y donde conviven diariamente con la violencia.

Abarca indica que la esencia del barrista es el principio del aguante, el cual lo define como “un principio de plenitud, estoicismo y congruencia. Un principio cuyo total respeto constituye la fuente de prestigio del barrista” (Abarca, 2002: 88) El aguante y el barrista confluyen en un hecho único: la experiencia o la vivencia del barrista en el estadio. Para los barristas no existe una explicación que defina realmente lo que es ser barra brava y lo que es sentir el aguante en el estadio, para ellos esto solo se puede experimentar por medio de la vivencia real en la asistencia a los partidos de fútbol.

Esta experiencia origina un principio aglutinador y de adhesión de los barristas hacia otras personas que quieran experimentar esta experiencia. Pero el aguante, es

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de soportar lo que venga. “La ideología del aguante alteriza el ideal de masculinidad del hincha e implica el despliegue de un sentimiento estoico ante la adversidad.”

(Abarca, 2002: 88) De esta manera, Abarca entiende el aguante como el reemplazo de la fé en la sociedad católica, el cual es la resistencia a la adversidad y el sacrificio por el equipo y la hinchada, siendo la creencia que mantienen.

Para el desarrollo de la performance de un barrista, el aguante es entendido como el libreto de un actor puesto en práctica en el escenario de un estadio. El ethos del barrista es el aguante, un principio unificador entre los miembros de la barra que les garantiza la legitimidad de su fé en el equipo entre los miembros de la barra y los espectadores.

4.8 Procesos de socialización.

Como sabemos, la sociedad se construye gracias a que los individuos constantemente están en interacción social, de tal manera todo grupo o sociedad humana se compone de personas en asociación. “La sociedad humana adopta necesariamente la forma en que los individuos actúan recíprocamente entablando, por lo tanto, una interacción social que a su vez se ejerce característica y primordialmente a un nivel simbólico en la sociedad humana” (Blumer,1982:7). Es relevante esta definición sobre la asociación de los individuos debido a que de este modo nos es posible preguntarnos y, más aún, cuestionarnos sobre el cómo se construye y se comparten significados en una determinada asociación de individuos, la que en nuestro caso hace alusión al comportamiento de las barras bravas.

Blumer (1982) señala que los individuos son agentes completamente activos para la construcción de su realidad social en donde sus actividades permean tanto a la cultura como a la sociedad. Para Berger y Luckmaan (2001) el individuo, debido a su participación constante en la interacción social, puede socializar de dos formas:

En una primera instancia, mientras el individuo atraviesa la niñez; a través de ella se convierte en miembro de una sociedad determinada. La relevancia del espacio de desenvolvimiento de la interacción del individuo es importantísima debido a que es dentro de ese proceso en donde el individuo interioriza las normas, las costumbres, valores, etc. En la niñez es posible interiorizar el mundo preexistente, de este modo y dentro de esta realidad construida es en donde se aprehenden otros significados, los cuales por generalidad son impuestos. Por lo tanto aquellas definiciones que los individuos hacen de las situaciones de otros individuos, son presentadas como una realidad objetiva preexistente. Para poder discernir adecuadamente, Berger y Luckman (2001) hacen referencia a la capacidad de producir una identificación, de tal manera que los individuos acepten roles y actitudes de otros adquiriendo el individuo una identificación propia, consiguiendo así una identidad.

En segunda instancia se encuentra la socialización secundaria, en este proceso el individuo internaliza cualquier otro tipo de procesos de nuevos espacios de desenvolvimiento y sectores del mundo objetivado en la sociedad, en otras palabras es la internalización de la realidad institucional. Vale decir que la estructura básica de

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esta socialización secundaría por lo general debe tener un sentido coherente con el proceso de socialización primaria.

Por lo tanto, la configuración, construcción y negociación de significados que realizan los barristas en sus interacciones dentro y fuera de la cancha son posibles de concretar gracias al aprendizaje de los símbolos y significados mediante la internalización del lenguaje como mecanismo efectivo de comunicación. Aquellos significados son el componente dinámico de la interacción, siendo estos significados producto activo para la reconstrucción y reafirmación de la realidad social. En este sentido la realidad social secundario que corresponde al estadio.

Los aportes teóricos de estos autores tienen relevancia para nuestro estudio en el sentido que podremos comprender el estadio como un espacio de interacciones en donde los individuos han internalizado una actividad distintiva, ser barra brava, de tal manera que se encuentran en ejecución del proceso de socialización secundaria.

Para comprender con una mayor precisión como los individuos explican sus conductas frente a otros individuos en diferentes situaciones, y como estos combinan las distintas variedades de actividades dotando de significado a las prácticas, es necesario dar una explicación sobre sus prácticas y las performances que realizan.

5. Teoría de las prácticas.

La teoría de las prácticas se encuentra inserta dentro del campo de investigación de los estudios culturales, los cuales estudian interdisciplinariamente las formas en la cual los individuos generan la producción y creación de significados y como estos significados se difunden dentro de determinados espacios de la realidad social. Con la internalización de los significados y, por consecuencia, de los discursos, es posible regular las prácticas de los individuos. Para Reckwitz las prácticas son una rutina internalizada que consiste en una serie de elementos interconectados que están determinados por las estructuras cognitivas y simbólicas de conocimiento. Estos elementos permiten que los individuos logren realizar una variedad de acciones sociales que son combinaciones de elecciones tanto mentales como corporales, para la mantención de la coherencia espacial. Analizar el papel que representa el poder de la dominación en relación a la regulación de las actividades características del estadio, es funcional en relación a cómo interactúan geográficamente los individuos de los distintos géneros.

Las prácticas sociales requieren una serie de elección de categorías mentales las que a la vez tienden a ser rutinarias que permiten que la realización de la práctica reproduzca la performance del sujeto por medios de estos patrones mentales, así el individuo logra realizar la actividad característica al espacio determinado. En este sentido, los objetos también son de relevancia para Reckwitz debido a que forman parte de las interacciones sociales como medio para las interrelaciones asociadas a las prácticas debido a que mantienen una relación estable con los demás componentes de una práctica social.

Toda práctica especifica requeriría para Reckwitz ciertos conocimientos que se asocian para realizar una acción o un conjunto entrelazado de ellas. Estos

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apunta hacia las maneras internas y emotivas de los actores. En otras palabras hace alusión a los deseos y los sentimientos, es decir, a un saber más profundo como un medio determinado de conocimiento para el desenvolvimiento y entendimiento relacional de los objetos, individuos y el mundo social. Este conocimiento a pesar de ser también un proceso individual, se asocia a las diversas prácticas realizadas por los individuos, siendo un conocimiento colectivo, que se comparte mediante la interacción de los distintos individuos de un grupo.

El análisis de las prácticas demanda que este enfoque se encargue de investigar el discurso y el lenguaje que utilizan los individuos en su interacción. El lenguaje sólo existe en el marco de su uso en términos rutinarios, por lo que los individuos sólo utilizan el discurso como una práctica que los acerca al mundo, a los valores y a los significados de tal manera que logren realizar una acción particular.

Por otro lado, también es necesario investigar las estructuras sociales que subyacen a la acción social debido a que implica que el individuo este en constante realización en su acción y el cómo hacer determinadas rutinas, en otras palabras, el uso de las prácticas de manera reiterada en términos temporales y espaciales. Por lo tanto, el individuo como agente capacitado de acción es fundamental para comprender la realización de las múltiples prácticas que realizan los individuos en momentos temporalmente específicos enmarcados en distintas puestas de escena.

Este enfoque es importante para nuestro estudio ya que de este modo podremos registrar cada una de las acciones que realizan los individuos y como los barristas manejan un lenguaje característico, quizás particular, de modo que realizan acciones espacialmente demarcadas.

5.1 Teoría de la performance.

La teoría de la performance también hace alusión a la interacción y como esta construye la realidad en respuesta a la interacción constante con el otro. Siendo Goffman unos de sus principales exponentes. Se agrega que los individuos al tener conocimiento pre fundado sobre las acciones de los otros, producen una realización de la práctica y por consecuencia una interacción social la cual no es casual, por lo tanto la interacción es premeditada y pensada por medio de la información que los individuos conocen sobre los otros dentro de un determinado espacio social. Por lo tanto:

“La información acerca del individuo ayuda a definir la situación, permitiendo a los otros a saber de antemano lo que el espera de ellos y lo que ellos pueden esperar de él. " Así informados, los otros sabrán cómo actuar a fin de obtener de ellos una respuesta determinada” (Goffman, 2004:13).

Para Goffman la vida social sólo es realizable dentro de un espacio o contexto social determinado en donde las interacciones entre los individuos son significativas para todos los individuos del espacio social, pero que sólo es entendible por medio una performance o representación social rutinaria. Schechner también hace alusión al

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carácter performativo de la acción social. Señalando que las acciones humanas van desde lo ritual hasta el juego.

Tanto Goffman como Schechner entiendan que la construcción de la vida social se da por medio de la interacción de variadas realizaciones consagradas en las performance o representaciones sociales.

5.2 Conducta restaurada.

Como hemos dado a conocer tanto Goffman como Schechner comprenden la relevancia de la performance en la construcción de la realidad social y como una acción depende del contexto de realización, para profundizar en el análisis fue necesario añadir los usos del cuerpo y como en la utilización satisfactoria del cuerpo, el individuo ensaya sus actuaciones. Schechner señala que en todas las clases de realizaciones dramáticas, es decir, performances que el individuo hace referencia a las conductas restauradas. “La conducta restaurada es conducta viva manejada como un director de cine trata una cinta de film. Las cintas de conducta pueden reacomodarse o reconstruirse; son independientes de los sistemas causales (sociales, tecnológicos, psicológicos) que las originaron” (Schechner 2006: 107).

Para el autor la conducta restaurada es la esencia de la performance de los individuos, siendo la conducta restaurada lo que le da vida a las variadas performance.

A través de esta el individuo logra adecuarse satisfactoriamente al contexto social. A partir de las experiencias individuales que a la vez son socialmente compartidas los individuos aprenden los distintos modos para desenvolverse adecuadamente, de tal manera que luego serán utilizadas una y otra vez. Para esto es necesario que los individuos practiquen y ensayen estas actuaciones de modo que hacen de este ensayo una actuación que es posible repetirla una y otra vez. Por lo tanto esta conducta restaurada es simbólica y reflexiva la cual está llena de significaciones los cuales se difunden socialmente.

Vale decir que a pesar de que las performance que se realizan bajo el supuesto de conocimientos previos entre los individuos generan una actuación preconcebida, quiere decir que todas las actuaciones en los espacios sociales no sean las mismas.

Esto se debe a que las teorías de performance están conscientes que los individuos dependen tanto de sus vivencias como de sus experiencias para generar una actuación, la cual a su vez no solo depende de su materialidad sino también de su interactividad.

Por lo tanto una adecuada actuación consiste en re-combinar pedazos de los comportamientos previamente adecuados, de este modo es posible articular los comportamientos futuros en caso de que la representación social no sea satisfactoria.

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5.3 Escenario social, institucionalización del contexto, fachada y realización dramática.

Las representaciones sociales se llevan a cabo dentro de un espacio social determinado que puede ser desglosando tal cual un escenario dramático.

Para Goffman el escenario es el contexto social en el cual está permitido comprender las acciones y sentidos que los individuos le otorgan a sus acciones ensayadas. En término de Goffman el escenario es identificable como el conjunto de elementos mobiliarios como elementos externos con un decorado específico y poseedor de un trasfondo escénico, de este modo las acciones humanas pueden realizarse. Para efectos de nuestra investigación el escenario viene siendo el estadio, principalmente las galerías diseñadas para las barras de fútbol.

Para entender la dinámica social que se realiza en los estadios desde esta perspectiva es importante comprender y caracterizar aquellos pedazos o formas de actuación que los individuos realizan en este determinado contexto social de tal manera podremos identificar como los individuos se sujetan a las conductas restauradas.

Por último, Goffman identifico en su análisis una serie de elementos teóricos para la realización de las actuaciones. Por lo tanto tenemos:

Desde el punto de vista de esta teoría la institucionalización del contexto no es un hecho azaroso sino que es poseedor de una continuidad social la que se encuentra determinada con anterioridad dentro de un contexto específico. De este modo las fachadas de los individuos tienden a institucionalizarse en función de las expectativas estereotipadas abstractas a la cuales dan origen a la adopción de estabilidad. Esto es relevante ya que de este modo a los individuos se les permite comportarse satisfactoriamente dentro de una realidad social.

Cuando Goffman habla de fachada hace alusión a:

“Parte de la actuación del individuo que funciona regularmente de un modo general y prefijado, a fin de definir la situación con respecto a aquellos que observan dicha actuación. La fachada, entonces, es la dotación expresiva de tipo corriente empleada intencionalmente o inconscientemente por el individuo durante su actuación”

(Goffman 2004:34).

Debido a la institucionalización del contexto y a las fachadas de los distintos individuos es posible dar paso a la realización dramática. Es por esto que para Goffman la sola intención de emitir un mensaje no es suficiente para asegurar una satisfactoria percepción por parte de los otros.

Es necesario fomentar y potenciar los mensajes expresivos dotados de sentido situacional mediante la realización dramática, para esto es menester que los individuos en su papel dramático interactúe de acuerdo a las capacidades que aluden al lenguaje y al manejo corporal. De esta manera será posible aplicarle en el instante del desenvolvimiento haciendo evidente la expresión dramatúrgica.

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Es lógico que aquellos gestos y signos deban realizarse de manera controlada ya que de este modo la audiencia (público o espectadores) podrán interpretar de manera satisfactoria los modos de actuación, en caso contrario se daría paso a lo que Goffman señala como una actuación cínica, es decir, la audiencia anuncia una desavenencia entre la performance que se realiza y la realidad que es percibida por esta audiencia.

Por lo tanto, es fundamental para los sujetos que la actuación sea lo más creíble posible, para esto es necesario mantener una consciente control expresivo y mantener una credibilidad frente a la audiencia, ya que es esta última la que valida las actuaciones de los individuos.

6. DISEÑO METODOLÓGICO.

6.1 Fundamentos Metodológicos.

Considerando la pregunta y los objetivos de nuestra investigación, es necesario que el enfoque metodológico sea de propuesto por un enfoque cualitativo. Este enfoque es entendido como “la investigación que produce datos descriptivos: las propias palabras de las personas, habladas o escritas, y la conducta observable”

(Taylor y Bogdan, 1987: 20). Principalmente este tipo de metodología permite aproximarnos de manera natural a nuestro objeto de estudio debido a que captaremos con mayor profundidad la subjetividad de los entrevistados, donde lo principal es poder caracterizar las expresiones de masculinidad en las barras bravas. A través de este enfoque realizaremos interpretación que nos permitirá acercarnos a los elementos subjetivos que constituyen los objetivos mencionados. La metodología cualitativa al ser de característica inductiva, proporciona una descripción más completa y detallada sobre el fenómeno de las barras bravas y como estas constituyen un tipo de masculinidad que puede ser analizado en base a sus prácticas y discurso, abordando los aspectos más subjetivos de este (Ruiz Olabuénaga, 2003); lo que no quiere decir que deje de ser menos empírica que otros enfoques. El enfoque cualitativo abarca temas de investigación que sean abordables desde una mirada más profunda, lo que Ruiz Olabuénaga (2003) define como “un intento de comprensión global” en donde aunque el contenido a investigar sea limitado debe ser estudiado en su totalidad y donde el investigador no pierda contacto con la realidad.

De modo que bajo el alero epistemológico que tiene la metodología cualitativa, nuestra investigación se sitúa en la comprensión e interpretación de sucesos que parezcan relevantes para nuestro estudio de manera naturalista e inductiva. La interpretación de los sucesos son logrados bajo la empatía y naturalidad que tiene el investigador al analizar el objeto de estudio, de manera que la información recolectada sea en base a la reconstrucción de la realidad del objeto de estudio mediante relatos descriptivos que posteriormente serán analizados (Rodríguez, Gil & García, 1999); de modo que considerando las variables de tiempo y costos de la investigación; nuestra técnica de recolección de datos será principalmente de tipo primario.

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6.2 Descripción y justificación de las técnicas de recolección de datos.

Para nuestra investigación utilizaremos dos técnicas de recolección que son principalmente técnicas primarias: la entrevista semi-estructurada y la observación participante. De manera con la entrevista semi-estructurada podremos caracterizar las principales prácticas y determinar las significaciones que los barristas le atribuyen a las prácticas desarrolladas comúnmente en las barras. La observación participante nos permite poder acercarnos de la manera más natural posible a los barristas para poder caracterizar la performance que constituyen los barristas a través de las prácticas que realizan desde nuestra observación, esta técnica nos permitirá contrastar la consistencia o no de lo que ellos expresan a través del discursos emitido en las entrevistas con respecto a las prácticas desarrolladas como barra brava, visualizando el accionar de sus prácticas, donde podremos establecer en qué medida los barristas constituyen un tipo de expresión de la masculinidad. La entrevista semi-estructurada,

“es caracterizada por la preparación de un guión de temas a tratar (y por tener libertad el entrevistador para ordenar y formular las preguntas, a lo largo del encuentro de la entrevista)”. (Valles, 2000: 180)

De esta manera, al realizar la recolección de datos, la estructura de una pauta rígida no será impedimento para obtener información más detallada y re direccionar la entrevista a los temas que más nos interesen cuando la situación lo amerite. La entrevista semi-estructurada implica que la conversación se desarrolle en base a un listado de temas que han sido determinados por el entrevistador, en donde la flexibilidad de la pauta permite ir direccionando las preguntas hacia los temas que el investigador considere más relevantes para obtener un registro. A medida que se va desarrollando la conversación, pueden surgir nuevas preguntas o temas que pueden ser considerados en la entrevista y que gracias a su forma no estructurada, estas sean incluidas sin mayor inconveniente en la entrevista, sin entorpecer el posterior análisis de los datos (Ruiz Olabuénaga, 2003).

Existe la ventaja de que al realizar una entrevista más flexible, permite mayor fluidez por parte del entrevistado para emitir información y establecer prácticamente una conversación entre entrevistado y entrevistador. En el caso de los barras bravas, este tipo de entrevista puede ser vital en el caso que haya que re dirigir las preguntas, ya que al ser en su mayoría grupos muy herméticos, el orden de las preguntas y la manera en que están planteadas, puede ser trascendental para que el investigador quiera aportar más información o cambiar de pregunta.

También utilizaremos la técnica de recolección de observación participante, la que podemos definir como “un proceso sistemático por el que un especialista recoge por sí mismo información relacionada con cierto problema. Como tal proceso, en el intervienen las percepciones del sujeto que observa y sus interpretaciones de lo observado” (Rodríguez, Gil & García, 1999: 150). De esta manera, el plan de observación que utilizaremos, es el de responder a la pregunta y objetivos, haciendo un análisis de la interpretación de nuestras observaciones y diferenciándola de las interpretaciones que tienen los barristas de sus prácticas con respecto a los discursos emitidos.

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Otra de las concepciones que se tienen por observación participante es entendida de la siguiente manera: “La expresión observación participante es empleada aquí para designar la investigación que involucra la interacción social entre el investigador y los informantes en el milieu de los últimos, y durante la cual se recogen datos de modo sistemático y no intrusivo” (Taylor y Bogdan, 1987: 31). Los principales objetivos que se desean responder mediante la observación participante es ser testigos del accionar de las prácticas cotidianas de los barristas y hacer una reinterpretación que caracterizará estas prácticas, vistas como una acción restaurada de sentido que los barristas efectúan en base a su realidad social.

Por otro lado, la observación nos permite poder visualizar los principales prácticas que ejercen una violencia simbólica entre hombres y mujeres, de manera que podamos establecer en que momentos y en base a que situaciones se generan las principales relaciones de dominación entre los barristas.

Por último, la observación nos permitirá caracterizar una performance del barrista dentro de su espacio: el estadio; de manera que podamos diferenciar la performance que existe entre los barritas dentro de un estadio y fuera de éste, para verificar si las prácticas y discursos que se expresan son transversales entre el contexto de un partido de fútbol y la realidad cotidiana.

En base a la estrategia de observación participante, según Taylor y Bogdan, “el escenario ideal para la investigación es aquel en el cual el observador obtiene fácil acceso, establece una buena relación inmediata con los informantes y recoge datos directamente relacionados con los intereses investigativos” (Taylor y Bogdan; 1987; 36).

En el caso de nuestro objeto de estudio, el escenario escogido corresponde a los lugares donde los barristas desarrollan sus actividades habitualmente: El estadio.

La elección se debe a que además de ser los lugares donde se congregan cotidianamente los barristas, son escenarios cuasi públicos donde existe un fácil acceso y la posibilidad de interactuar presencialmente en actividades realizadas por los barristas.

La estrategia de observación participante se estructura de la siguiente manera:

Lugar Equipo Cantidad

Estadio Monumental Colo Colo 4

Estadio Santa Laura Unión Española 4

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Se desarrollaran un total de ocho observaciones correspondientes a cuatro observaciones por equipo en partidos en que el equipo seleccionado juegue en condición de local, entre los torneos de Clausura 2011 y la Copa Chile. Las fechas y los rivales de los partidos serán seleccionados luego de que la Asociación Nacional de Futbol Profesional (ANFP) confirme la programación definitiva para ambos torneos. De acuerdo al sector en que se ubican ambas barras, para los partidos de Colo Colo, la observación se llevará a cabo en la galería norte donde se ubica la Garra Blanca y para los partidos de Unión Española, la observación se llevará a cabo en la galería sur, sector donde se ubica habitualmente la Furia Roja.

6.3 Operacionalización.

Dimensión Subdimensión Variables

Performance

- Relaciones de dominación

- Rol de barristas

- Participación

- Restricción de espacios - Privación de pasión

- Organización de la hinchada - Promotor masculinidad

- Directa en la barra - Indirecta en la barra

Discurso

- Legitimación

- Violencia simbólica

- Sentido otorgado

- Acciones violentas - Acciones no violentas

- Contra los dominados - Contra ellos mismos

- Pertenencia a la barra

Prácticas

- Prácticas violentas

- Carnavalización

- Significados asociados a la prácticas

- Vigencia del aguante - Demostración de

masculinidad

- Reproducción de códigos dominantes

- Celebración de la violencia

- Relevancia de la acción

Referencias

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