ARTROSIS:
Guía de
la enfermedad
para el paciente
© Laboratorios Zambon, S. A., 2005
© por la presente edición, Random House Mondadori, S. A., 2005 Travessera de Gràcia, 47-49. 08021 Barcelona
Fotocomposición: Lozano Faisano, S. L. (L’Hospitalet) Impreso en BIGSA, Granollers (Barcelona)
Depósito legal: B. 23.391 - 2005
ÍNDICE DE TEMAS
1. ¿Qué es la artrosis? . . . . . . . . . . 9 por el Dr. Javier Paulino
2. ¿Por qué se produce la artrosis? . . . . . . 17 por el Dr. Francisco J. Blanco-García
3. ¿Qué síntomas produce y dónde puede apare- cer la artrosis? . . . . . . . . . . . . 27 por el Dr. Santiago Muñoz Fernández
4. ¿Cómo se puede diagnosticar la artrosis? ¿Cuál es su pronóstico . . . . . . . . . . . 39 por el Dr. Jesús Tornero Molina
5. ¿Qué importancia socioeconómica tiene la ar- trosis? . . . . . . . . . . . . . 51 por el Dr. Enrique Batlle-Gualda
6. ¿Cómo puedo mejorar la enfermedad y evitar que progrese? . . . . . . . . . . . . 61 por el Dr. Pere Benito-Ruiz
7. ¿Qué medicamentos existen para tratar la ar- trosis? . . . . . . . . . . . . . 71 por el Dr. Gabriel Herrero-Beaumont
8. ¿Existen formas de tratar la artrosis que no sean medicamentos?. . . . . . . . . . 83 por el Dr. F. Javier Ballina García
9. ¿Cómo y cuándo ha de operarse la artrosis? . 93 por la Dra. Ingrid Möller Parera
10. Las recomendaciones EULAR para la artrosis de rodilla . . . . . . . . . . . . . 101 por el Dr. Emilio Martín Mola
Anexo 1. Índice de Masa corporal (IMC) . . . . . 109 Anexo 2. Ejercicios de Rehabilitación en Patología
Osteoarticular . . . . . . . . . . . . 111
ÍNDICE DE PREGUNTAS DE LOS PACIENTES
¿Se puede curar esta enfermedad? . . . . . 15
¿Pueden mis hijos heredar la artrosis? . . . . 16
¿Por qué tengo yo artrosis? . . . . . . . . 24
¿Es el deporte que hago el que me produce ar--
trosis? . . . . . . . . . . . . . . 24
¿Por qué me comenzó la artrosis después de la
menopausia? . . . . . . . . . . . . 35
¿Puedo tener artrosis y osteoporosis al mismo
tiempo? . . . . . . . . . . . . . 35
¿La artrosis es una enfermedad de viejos? . . 36
¿Me puedo quedar inválido por la artrosis? . . 48
¿Por qué no me hace una resonancia o un es-
cáner? . . . . . . . . . . . . . . 49
¿Puedo perder mi trabajo por culpa de la ar-
trosis? . . . . . . . . . . . . . . 58
¿Tengo derecho a una minusvalía o a una incapa-
cidad? . . . . . . . . . . . . . . 58
¿Tengo que adelgazar o hacer alguna dieta espe-
cial? . . . . . . . . . . . . . . . 68
¿Cómo puedo combatir el dolor? . . . . . . 68
¿Son malas las infiltraciones? . . . . . . . 80
¿Qué tengo que hacer cuando se me inflama la
artrosis? . . . . . . . . . . . . . 81
¿Tengo que usar bastón? . . . . . . . . . 89
¿Son buenos los balnearios? . . . . . . . 90
¿Soy demasiado mayor para operarme? . . . 98
¿Puedo operarme si tengo una enfermedad del
corazón? . . . . . . . . . . . . . 99
¿Qué debo utilizar en la artrosis, calor o frío? . 105
¿Es bueno el reposo o el ejercicio? . . . . . 106
1
¿QUÉ ES LA ARTROSIS?
D
R. J
AVIERP
AULINO Jefe de Servicio de Reumatología.Complejo Hospitalario de Ciudad Real. SESCAM
L
a artrosis es una enfermedad tan frecuente que con toda seguri- dad la mayoría de las personas que lean este libro habían oído hablar de ella. Es posible, incluso, que la padezcan o que conozcan a personas que la sufren.También es muy probable que tengan algunas de las confusio- nes y dudas más habituales en el mundo, siempre complejo, de las enfermedades reumáticas:
1.º ¿La artrosis es lo mismo que el reuma?
2.º ¿Es una enfermedad o simplemente un envejecimiento de los huesos y articulaciones?
3.º ¿Merece la pena prevenirla y tratarla?
4.º ¿Es hereditaria?
Estas y otras importantes cuestiones son las que se van a tra- tar de responder en este libro de una forma clara y sencilla para disipar las dudas de aquellas personas ajenas al mundo técnico sa- nitario, pero que ocupan el centro y la razón de ser de todas nues- tras discusiones: los ciudadanos afectos de una enfermedad reumá- tica (pacientes) o no (usuarios).
Así que empecemos por la definición: ¿qué es la artrosis? Sin duda la artrosis es una enfermedad que se puede localizar en las ar- ticulaciones de miembros superiores e inferiores y en la columna vertebral, siendo más frecuente una localización múltiple (lo que llamamos poliartrosis). La artrosis es una enfermedad capaz de producir dolor, pérdida de movilidad y deformación de las zonas afectadas, e incapacitar de forma muy importante, hasta el punto de ser la primera causa de incapacidad laboral permanente; fíjese usted, por tanto, si se merece el título de enfermedad. Sin embar- go, existe la idea muy generalizada de que la artrosis es simplemente un desgaste articular. Este concepto tan simplista no es suficiente para entender este proceso.
Observar una articulación de forma muy esquemática (figura 1) puede ayudarnos a entender los cambios que se producen en la mis- ma, durante la presentación y el desarrollo de la artrosis (figura 2).
Los extremos óseos que componen una articulación están recubier- tos de cartílago, que es un tejido firme y elástico que facilita el des- lizamiento de esas superficies óseas, y reparte y amortigua las car-
gas físicas. La estabilidad de la articulación se asegura mediante la cápsula, que es una especie de saco cuya parte interna está re- cubierta de una fina capa llamada membrana sinovial. También influyen los músculos, que se insertan en la cápsula y en el hueso periarticular mediante tendones, y que refuerzan la estabilidad de la articulación.
La enfermedad artrósica se inicia en el cartílago articular, el cual es un tejido algo especial ya que carece de vasos sanguíneos y de nervios. El cartílago está compuesto de células, llamadas condroci- tos, y de una especie de gel que baña a las células denominado matriz extracelular. Los condrocitos son los que forman y renuevan todas las estructuras del cartílago, y la matriz está constituida por unas grandes moléculas proteicas (los proteoglicanos), las cuales se mantienen fijas a una red de fibras colágenas que se disponen en forma de arco. Todos hemos tenido ocasión de ver el cartílago en la articulación de algún animal, con ese aspecto blanco, naca- rado y brillante, lógicamente cuando está sano.
La artrosis se inicia cuando un cartílago es agredido por dife- rentes causas, y como consecuencia se reblandece, pierde resisten- cia, aparecen grietas y erosiones; ante esta situación, el hueso sub- condral reacciona, se hace más denso, crece por los lados y origina los osteofitos («picos de loro») que pueden percibirse fácilmente en una radiografía. La membrana sinovial que se encuentra en la ar- ticulación se engrosa, aumenta de volumen y es capaz de producir un derrame de líquido sinovial.
Los condrocitos, las células que forman el cartílago, son las en- cargadas de mantener el equilibrio entre los procesos de degrada- ción y regeneración del cartílago articular; son pocas pero sabias y con un protagonismo determinante en la aparición y progresión de la artrosis (figura 3). Todo esto da una idea de que la artrosis va más allá de un simple envejecimiento de las estructuras articulares.
En la columna vertebral, los cambios artrósicos se inician en los
discos intervertebrales, algo así como unas almohadillas situadas en- tre las vértebras con el fin de amortiguar la carga de la columna.
Cuando estos discos se degeneran, pierden volumen, elasticidad y contenido en agua, permitiendo la proximidad y el roce de las vér- tebras. Como consecuencia se produce el crecimiento del hueso, que forma los osteofitos, conocidos como «picos de loro» (figura 4).
La existencia de una artrosis no comporta obligatoriamente la presencia de dolor. En ocasiones, la radiografía de la articulación muestra la enfermedad, pero el paciente no aqueja ningún sínto- ma; esto es especialmente relevante en la columna vertebral.
Artrosis, por otro lado, no es lo mismo que reuma o reuma-
Fig. 3. Artrosis evolucionada.
cualquier parte de nuestro aparato locomotor: huesos, articulacio- nes, músculos, ligamentos, cartílago, membrana sinovial o discos intervertebrales. Por el contrario, las enfermedades denominadas degenerativas o artrósicas forman uno de los grupos que se encua- dran dentro de las enfermedades reumáticas, muy importantes por su frecuencia y repercusión sociosanitarias.
Por tanto no es correcto un diagnóstico de, simplemente, reu- matismo. Es necesario profundizar y saber qué enfermedad es en concreto, sus características, su pronóstico, su tratamiento y, sobre todo, qué puede hacer usted para obtener mejores resultados.
Fig. 4. Artrosis de la rodilla (radiografía).
PARA RECORDAR…
• La artrosis es una verdadera enfermedad y no simple- mente una manifestación del envejecimiento.
• Las lesiones principales de la artrosis se localizan en el cartílago.
• La artrosis no se cura, pero se puede controlar su evo- lución siempre que el paciente y el médico colaboren adecuadamente.
LAS PREGUNTAS DE LOS PACIENTES
¿Se puede curar esta enfermedad?
Naturalmente, ésta es la pregunta que más les importa a los enfermos, y la respues- ta, lamentablemente, es no. No obstante, yo le haría otra pregunta que complementa la anterior, como las dos caras de una misma moneda: ¿está usted dispuesto a colaborar para evitar la aparición o frenar el avance de la artrosis? Porque aunque no se puede cu- rar, sí que se puede controlar su evolución.
Se trataría, por tanto, de establecer una relación, de aceptar una mutua responsabilidad en medidas complementarias que forman la base de una relación adecuada paciente-médico y viceversa (figura 5).
Fig. 5. Seamos «colegas» y demos ejemplo.
Dr. Javier Paulino
Hay factores de riesgo que son modificables y que se tienen que controlar: obesidad, sobrecarga laboral, anomalías constitucionales y la práctica del ejercicio y del deporte. En algunos de ellos el médico tiene la máxima responsabilidad: detectar las alteraciones de los miembros inferiores que condicionan la vida laboral o de- portiva, explorar posibles desviaciones de columna con fines pre- ventivos… pero en otros es el paciente quien tiene dicha respon- sabilidad: poca mejoría puede esperar un enfermo que no modifica una obesidad o un sobrepeso.
También existen tratamientos que mejoran los síntomas y los signos inflamatorios, y tratamientos antievolutivos que pueden fre- nar la progresión de la enfermedad.
¿Pueden mis hijos heredar la artrosis?
Un último punto en este capítulo surge de la duda y preocu- pación de que se trate de una enfermedad hereditaria y que, por tanto, la podamos transmitir a nuestros hijos o a nuestros nietos.
En algunas familias existe lo que podríamos describir como una predisposición genética a padecer artrosis, debido a la posibilidad de transmitir en sus genes alteraciones que puedan dificultar la fa- bricación de un cartílago articular normal. En el caso concreto de la artrosis en los dedos de las manos, se ha detectado una anoma- lía genética específica que afecta especialmente a las mujeres. No obstante, y salvando la mencionada artrosis de los dedos, la heren- cia es únicamente uno más de los muchos factores que pueden influir en la aparición de la enfermedad. No hay, pues, que temer excesivamente esta posibilidad ya que, en la mayoría de los casos, no tendrá un papel relevante.
2
¿POR QUÉ SE PRODUCE LA ARTROSIS?
D
R. F
RANCISCOJ. B
LANCO-G
ARCÍA Reumatólogo. Servicio de Reumatología. Coordinador de la Unidad de Investigación. Laboratorio de Investigación de las Enfermedades Reumáticas.Complejo Hospitalario Juan Canalejo. A Coruña
L
a artrosis se produce por la destrucción y pérdida de un tejido—que forma parte de la articulación— llamado «cartílago ar- ticular». En la artrosis, el cartílago se va agrietando y erosionando progresivamente, con lo que pierde grosor, pudiendo incluso llegar a desaparecer por completo con el paso del tiempo. Con su desapa- rición se pierde la función de protección que posee el cartílago y quedan expuestos los extremos de los huesos que forman parte de una articulación, originándose lo que popularmente se conoce como «desgaste de la articulación» y el «rozamiento de hueso contra hueso».
Según se va produciendo la pérdida del cartílago, el hueso que se encuentra por debajo también se ve afectado. Ante esta situación el hueso lesionado responde haciéndose más duro y más denso.
También se forma nuevo hueso que crece por los bordes de la ar- ticulación, a modo de «picos de loro», que reciben el nombre de osteofitos. Además, la membrana sinovial (un tejido que recubre el interior de la articulación) se inflama y puede producir más líqui- do sinovial de lo normal (derrame articular); cuando esto sucede, la articulación con artrosis aparece hinchada.
La artrosis puede iniciarse debido a múltiples factores, cono-
cidos como factores de riesgo, entre los que se incluyen factores genéticos, ambientales, metabólicos y traumáticos. Dependiendo de la articulación afectada, los factores de riesgo son distintos, y se puede diferenciar entre factores generales, como la edad, osteopo- rosis, herencia y sexo; y factores locales de una articulación, como traumatismos, alteraciones anatómicas y ocupación laboral del paciente (tabla 1). Asimismo los factores de riesgo se pueden cla- sificar en función de si es o no posible actuar sobre ellos, reducien- do su presencia o incluso haciéndolos desaparecer. Este último grupo de clasificación de los factores de riesgo es realmente impor- tante porque supone un objetivo en todo tratamiento preventivo de la artrosis. Se expone más detenidamente en el capítulo 6.
Factores de riesgo asociados con la presencia de artrosis
Los factores que se describen en esta sección son aquellos que de algu- na forma se asocian con el riesgo de desencadenar y padecer artrosis en alguna articulación. Entre ellos, cabe destacar los siguientes:
1. Obesidad. Son numerosos los estudios que demuestran la re- lación entre obesidad y artrosis de rodilla, de cadera y de manos.
Sin embargo, no se conocen todavía los mecanismos por los que la obesidad favorece la aparición de la artrosis. Existen al menos tres teorías:
1) El sobrepeso aumenta la presión realizada sobre una arti- culación, y esto puede provocar la ruptura del cartílago.
2) La obesidad actúa indirectamente induciendo cambios me-
3) Determinados elementos de la dieta que favorecen la obe- sidad producen daño en el cartílago, en el hueso y en otras estructuras articulares.
La hipótesis más aceptada es la primera; pero ésta no explica- ría la relación que existe entre la obesidad y la artrosis de manos.
2. Ocupación y actividad profesional. El uso repetitivo y la so- brecarga mecánica a la que se someten algunas articulaciones en de- terminadas profesiones predispone a la aparición de la artrosis. Se ha demostrado la asociación de la artrosis de rodilla con los traba- jos que exigen prolongadas y repetidas flexiones de esta articula- ción. Así, ya en 1952 algunos estudios encontraron que la preva- lencia de artrosis de rodilla, demostrada radiográficamente, era casi
seis veces mayor en los mineros. De igual manera, los artesanos y profesionales que utilizan mucho las manos presentan con mayor frecuencia artrosis en dicha localización.
3. Actividad física. Es necesario diferenciar entre actividad fí- sica intensa y actividad física moderada. En este sentido, no hay duda de que la actividad física intensa, que podemos definir como la que realizan los deportistas profesionales, es un factor de riesgo que favorece la aparición de artrosis. La afectación de los meniscos y ligamentos, y la continuación de la práctica deportiva tras sufrir alguna alteración en la articulación, predisponen a la enfermedad.
Por el contrario, la actividad física moderada —no profesional—
es necesaria para un buen funcionamiento de una articulación, e incluso puede prevenir la aparición y retrasar la progresión de la artrosis.
4. Osteoporosis. Se ha postulado que una masa ósea reducida, como sucede en la osteoporosis, puede mejorar la capacidad ósea de absorción de los traumatismos del hueso, y proteger así el car- tílago articular. En este sentido, no es frecuente que la artrosis y la osteoporosis estén presentes en el mismo paciente. Inversamente, un aumento de la dureza y densidad del hueso puede predisponer a la artrosis.
5. Género. La relación del género con la artrosis es clara después de la segunda mitad de la vida adulta, aunque se desconoce la ex- plicación de esta diferencia. Hasta los 45 años, la artrosis de rodi- lla es rara y algo más frecuente en los hombres. Entre los 45 y los 55 años, la frecuencia es similar en ambos sexos pero, a partir de esa edad, la enfermedad afecta de modo significativo a las mujeres.
No sólo su incidencia es mayor en la población femenina, sino que también es más severa y afecta a un mayor número de articu- laciones.
6. Edad. La edad es uno de los factores de riesgo que esta más estrechamente relacionado con la artrosis. Por este motivo la artro- sis es considerada una enfermedad asociada al envejecimiento del aparato locomotor. El mecanismo que provoca la asociación entre el envejecimiento y la artrosis es poco conocido. Entre las posibles causas se incluyen cambios anatómicos de las articulaciones y al- teraciones biomecánicas o bioquímicas en el cartílago articular, que comprometen las propiedades mecánicas del cartílago.
7. Menopausia. La frecuencia de la artrosis en la mujer experi- menta un brusco aumento con la pérdida de las hormonas sexua- les (menopausia). Sin embargo, no se ha podido demostrar que el uso de estrógenos tenga un papel protector en la artrosis de rodi- lla en la mujer.
8. Raza. Existen diferencias raciales en la frecuencia de la ar- trosis de cadera (los asiáticos tienen menos artrosis que la raza blan- ca), pero en otras artrosis, como la de rodilla, los resultados son similares en las diferentes etnias.
9. Genéticos. Actualmente se cree que la artrosis tiene un fuer- te componente genético. Sin embargo, todavía se desconoce la na- turaleza exacta de esta influencia genética. Parece ser que existen varios genes, a los que se les atribuye entre el 50 y el 60 % del riesgo de padecer la enfermedad.
10. Alimentación. La asociación entre artrosis y alimentación es un tema controvertido, aunque su relación está clara en la medida en que un exceso de alimentación también se asocia con obesidad.
Sin embargo, en este apartado nos referiremos a la alimentación desde un punto de vista cualitativo. Por ejemplo, la vitamina C es un potente antioxidante y tiene efectos beneficiosos sobre el car- tílago, por lo que puede tener efectos también beneficiosos sobre la artrosis. La vitamina D, además del efecto favorecedor en la osteoporosis, también puede frenar la progresión de la artrosis.
11. Alteraciones de la alineación de los ejes. Los trastornos de la alineación que pueda presentar una articulación afectan a la distri- bución de las cargas que actúan sobre ella y pueden, por lo tanto, influir en la aparición de la artrosis. El ejemplo más claro se pre- senta en la rodilla, donde las deformidades tipo genu varum (pier- nas en arco) son un claro factor de riesgo para padecer la artrosis de esta articulación.
PARA RECORDAR…
TABLA 1: Factores de riesgo asociados con presencia de artrosis de rodilla 1. Factores no modificables
a. Genéticos b. Sexo c. Edad
2. Factores modificables
a. Obesidad
b. Ocupación y actividad laboral c. Práctica de deporte profesional
d. Alteraciones de la alineación (genu varum, valgum) e. Traumatismos previos sobre rodilla
f. Fuerza del cuadríceps
g. Osteoporosis (densidad mineral ósea) h. Menopausia
• La aparición de la artrosis se incrementa con la edad, y es más frecuente y más grave en el sexo femenino.
• Está ampliamente demostrada la relación entre la obe- sidad y la artrosis de rodilla, de cadera y de manos.
• El uso repetitivo y la sobrecarga mecánica a la que se someten algunas articulaciones en determinadas pro- fesiones predispone a la aparición de la artrosis.
• La actividad física moderada —no profesional— no es un factor de riesgo asociado a la artrosis, e incluso pue- de prevenir su aparición y retrasar su progresión.
LAS PREGUNTAS DE LOS PACIENTES
¿Por qué tengo yo artrosis?
La artrosis puede ser iniciada por múl- tiples factores, conocidos como factores de riesgo responsables del padecimiento de esta enfermedad, entre los que se incluyen factores genéticos, ambientales, metabólicos y traumáticos. De todos estos factores la obesidad, la edad y los antecedentes de traumatismos sobre la articulación son los que más claramente incrementan el riesgo de padecer artrosis.
¿Es el deporte que hago el que me produce artrosis?
No es una cuestión sencilla de responder. Desde luego, hacer deporte es muy beneficioso, en general, para todo nuestro organis- mo. Sin embargo, el deporte profesional condiciona una actividad excesiva, con golpes y traumatismos sobre las articulaciones, que favorecen la aparición de artrosis. Determinados deportes, como el fútbol o el rugby, tienen mucho más riesgo que otros, como la vela o la natación. También influye el nivel al que se practique; en el deporte aficionado, los riesgos son mucho menores. Por otra par- te, si la persona presenta ya algún factor de riesgo previo, como anormalidades o lesiones en las articulaciones, la aparición de ar- trosis en ellas, es mucho más probable.
Los consejos para aquellos, que padeciendo la enfermedad, quieran realizar algún tipo de deporte, serían:
• Mantener una actividad física regular (incluyendo deportes
Dr. F. J. Blanco-García
• La natación, el ciclismo o el jogging (bien calzado y sobre terreno blando) son los deportes más recomendados para los pacientes con artrosis.
• El deporte que agrave el dolor articular debe suprimirse.
3
¿QUÉ SÍNTOMAS PRODUCE Y DÓNDE PUE- DE APARECER LA ARTROSIS?
D
R. S
ANTIAGOM
UÑOZF
ERNÁNDEZHospital Universitario La Paz. Madrid
Síntomas generales de la artrosis
E
l síntoma que motiva la consulta médica es el dolor. Éste suele ser de tipo «mecánico», el cual se caracteriza porque empeora al mover o sobrecargar la articulación afectada y mejora con el reposo.En fases más avanzadas de la enfermedad el dolor puede hacerse más rebelde y continuo, necesitando para su alivio de un tratamiento analgésico estable, no «a demanda». En algunos pacientes con artro- sis, el dolor se incrementa cuando cambia el tiempo; los cambios en la presión atmosférica podrían ser detectados por los receptores de presión de la articulación enferma y originar dolor. Se ha discutido, y se sigue discutiendo mucho hoy día, sobre cuál es la fuente del dolor articular en la artrosis, ya que el cartílago articular, que es el órgano que primero enferma en la artrosis, no tiene nervios en su interior.
El dolor se acompaña con frecuencia de rigidez, que es la sen- sación de «entumecimiento» que aparece en las articulaciones al empezar a moverlas tras un período de reposo, y que mejora con la actividad. De manera característica, la rigidez matutina (al des- pertar) que se asocia a la artrosis suele durar menos de media hora.
La rigidez articular también aparece en la artritis, pero ésta es mucho más prolongada y puede durar varias horas.
De forma paulatina, dependiendo de determinados factores predisponentes, aparecen la limitación o incapacidad funcional de- terminada por una pérdida de la movilidad, la atrofia muscular, derivada del desuso, y la deformidad debida al engrosamiento de las partes óseas de la articulación.
Otro de los síntomas frecuentes y característicos son la infla- mación de la articulación afectada, que suele cursar de forma inter- mitente (brotes) y los crujidos al mover la articulación.
Localizaciones de la artrosis
La artrosis puede afectar prácticamente a cualquier articulación del ser humano, pero las localizaciones más frecuentes de esta enferme- dad son las manos, la columna,
las rodillas, el primer dedo de los pies y las caderas (figura 1). En otras articulaciones es más rara y debe obligar al médico a descar- tar alguna enfermedad primaria que la motive, puesto que la ar- trosis puede ser una manifesta- ción secundaria de otra enfer- medad.
Artrosis de las manos
Las manos son la localización más frecuente de la artrosis. Dentro de ellas, afecta preferentemente a las articulaciones interfalángicas dis- tales, la base del pulgar (artrosis trapeciometacarpiana denominada también rizartrosis) y a las interfalángicas proximales (figura 2). Afec- ta cuatro veces más a mujeres que a hombres y tiene un marcado carácter hereditario, por lo que suele aparecer a edad temprana, incluso antes de los 40 años.
La artrosis de interfalángicas distales y proximales suele produ- cir dolor, inflamación y rigidez al principio de la enfermedad. En un tiempo variable, de unos meses a varios años, el crecimiento óseo provoca las deformidades nodulares características denomi- nadas nódulos de Heberden, cuando afectan a las distales, y de
Fig. 2. Distribución de la artrosis en las manos.
Interfalángicas Distales Interfalángicas Proximales
Metacarpofalángicas
Trapeciometacarpiana
Bouchard, cuando afectan a las proximales. En este punto, el do- lor a menudo desaparece. Estas deformidades es raro que conlleven una pérdida funcional significativa, aunque haya ciertos movimien- tos «finos» que no puedan realizarse normalmente.
La rizartrosis o artrosis trapeciometacarpiana o de la base del pulgar afecta al movimiento de pinza, y el dolor que produce sue- le ser más persistente que el de las interfalángicas.
Artrosis de rodilla
De las articulaciones periféricas, la rodilla es la segunda localización más frecuente de la artrosis. Predomina en las mujeres, suele ser bilateral y está claramente relacionada con el sobrepeso y la obesi- dad. Al ser la rodilla una articulación básica en el soporte del peso corporal, su afectación progresiva condiciona la autonomía y la movilidad del paciente.
El dolor suele aparecer al caminar, subir o bajar escaleras o al agacharse. Cuando existe inflamación, el exceso de líquido arti- cular puede desplazarse a la zona posterior de la rodilla (hueco po- plíteo, comúnmente denominado «corva» por los pacientes) for- mando lo que se denomina un «quiste de Baker». Si este quiste es suficientemente grande, la tensión puede hacer que se rompa des- plazándose el líquido hacia abajo, a lo largo de la pierna, pro- duciendo un edema. En ocasiones, esto provoca un brusco dolor que, con el edema, puede ser confundido con una trombosis ve- nosa.
Las deformidades que provoca la artrosis en las rodillas pueden dar lugar a un genu varo (rodillas en paréntesis) o genu valgo (ro- dillas en X) (figura 3). Se puede producir también una pérdida
Fig. 3.
tos óseos (cuerpos libres intraarticulares) produce el bloqueo de la rodilla por lo que el paciente, súbitamente, nota la imposibilidad de flexionarla o extenderla durante unos minutos.
Artrosis de cadera
Al tratarse de otra articulación de carga fundamental, su afección también condiciona la vida del paciente. Se relaciona claramente con factores profesionales, como el trabajo agrícola o ganadero.
También aparece con frecuencia de forma secundaria a otras enfer- medades, a veces congénitas, como la displasia de cadera.
El dolor aparece en la zona inguinal o en los glúteos, y se puede irradiar por el muslo hasta la rodilla. Con frecuencia se confunde con una lumbalgia y sólo la exploración detallada del paciente por el médico ayudará a establecer el diagnóstico y a evitar pruebas inútiles. El dolor y la pérdida de la movilidad de la cadera produ- cen incapacidad funcional, de manera que los enfermos suelen te- ner dificultades para ponerse los calcetines, las medias o atarse los cordones de los zapatos.
Genu valgo Genu varo
Artrosis de los pies
Aunque la artrosis puede afectar a cualquier articulación de los pies, la más característica es la afectación de la primera metatarsofalán- gica (base del dedo gordo). El sobrepeso o el uso de zapatos de tacón alto son factores predisponentes. La artrosis de esta articu- lación puede producir la desviación de la misma hacia la parte interna del pie (hallux valgus o «juanete») que, a su vez, provoca en el segundo dedo una deformidad «en martillo» la cual, al rozar en su cara superior con el zapato, derivará en una callosidad.
En el dedo gordo, la artrosis puede producir asimismo un ha- llux rigidus que se caracteriza por la pérdida de movilidad de la ar- ticulación, trastornos de la estática del pie y aparición de callosi- dades y dolor por sobrecarga en otros dedos.
Artrosis en otras localizaciones
A pesar de que la artrosis puede afectar a cualquier articulación periférica, su aparición en otras localizaciones de las anteriormen- te señaladas es más rara y obliga a descartar enfermedades prima- rias asociadas a ella. Algunas actividades laborales condicionan la aparición de artrosis en ciertas articulaciones. Por ejemplo, los tra- bajos manuales pesados se relacionan con la artrosis de hombro y codo (mineros, carpinteros, descargadores, limpiadores, etc.). Las fracturas previas, si han causado un mal alineamiento óseo con de- formidad, pueden condicionar la aparición de artrosis de la articu- lación vecina. Esto puede ocurrir en el tobillo con las fracturas de tibia, por ejemplo. También determinadas enfermedades de tipo metabólico, como la condrocalcinosis o la hemocromatosis, pue-
Artrosis de la columna vertebral
La artrosis afecta con frecuencia a distintas estructuras de la colum- na vertebral. Como en otras localizaciones, los cambios radiológi- cos incipientes de la enfermedad pueden detectarse incluso antes de los 40 años y, a menudo, puede que no produzcan ningún sín- toma. Otras veces mínimos cambios degenerativos ocasionan inten- sos síntomas, dependiendo del compromiso de estructuras que se produzca.
La afectación es más frecuente en las zonas de mayor movili- dad de la columna: zonas medias y bajas de la columna cervical, zonas medias de la columna dorsal y últimas vértebras lumbares.
Los síntomas son los comunes, ya descritos. Además, la artrosis de la columna es responsable de frecuentes contracturas de los múscu- los adyacentes a las vértebras, por lo que el enfermo nota exacer- baciones de intenso dolor y sensación de presión en el grupo mus- cular afectado.
Las deformidades producidas por la artrosis de columna pue- den producir la compresión de las raíces nerviosas que salen de la médula hacia los miembros, a través de agujeros situados en las vértebras, produciendo una ciática (en la columna lumbar) o una neuralgia cervicobraquial (en la columna cervical). Éstas causan dolor intenso y quemante, con hormigueos o calambres en los miembros y que, en fases muy avanzadas, puede comprometer funciones neurológicas como la fuerza y los reflejos. La artrosis también puede comprimir la médula espinal, alteración grave que exige una descompresión quirúrgica.
Con frecuencia, síntomas comunes como el mareo y el vérti- go son atribuidos, por médicos no experimentados en reumatolo- gía, a la artrosis cervical. Sin embargo, desde un punto de vista riguroso, es bastante raro que la artrosis cervical pueda producir estos síntomas.
PARA RECORDAR…
• El síntoma que motiva la consulta médica en la artro- sis es el dolor de tipo «mecánico».
• Las localizaciones más frecuentes de esta enfermedad son las manos, la columna, las rodillas, el primer dedo de los pies y las caderas.
• La artrosis de rodilla y cadera pueden condicionar una pérdida importante de la movilidad y de la autonomía de los pacientes.
• Contrariamente a lo que se piensa, el mareo no es un síntoma frecuente de la artrosis cervical.
LAS PREGUNTAS DE LOS PACIENTES
¿Por qué me comenzó la artrosis después de la menopausia?
Dada la conocida relación de la artro- sis con el sexo femenino se ha investigado mucho la posible influencia de las hormo- nas sexuales y las enfermedades ginecológi- cas en la aparición de esta enfermedad. Sin embargo, nunca se ha podido confirmar fe- hacientemente esta relación. Ni la meno- pausia incrementa el riesgo de artrosis, ni la terapia hormonal sustitutiva (estrógenos con o sin progesterona) parece proteger de ella. Como se ha comentado en el texto, los síntomas de la artrosis pueden aparecer alrededor de la cuarta o quinta década de la vida, incluso antes. Por otro lado, el trastorno hormonal repentino que se produce en la menopausia en estas mismas edades cursa con una sintomatología, a menudo muy pro- fusa, entre la que se incluyen los sofocos, sudores y dolores de ori- gen muscular. Si estos síntomas son severos y persiste el dolor, el estudio del mismo para descartar otros procesos hará que con fre- cuencia se encuentren signos radiológicos degenerativos en las ar- ticulaciones estudiadas, ya presentes anteriormente y que no pro- ducían aún síntomas. Por lo tanto, la aparición de dolor muscular en la menopausia es un síntoma frecuente de ésta y que no tiene, en muchos casos, relación con la artrosis.
¿Puedo tener artrosis y osteoporosis al mismo tiempo?
Al ser ambas dos enfermedades frecuentes, sí pueden coincidir.
No obstante, hay tipos de artrosis (rodilla, cadera) que se asocian a factores de riesgo, como la obesidad, la cual es un factor que fa-
Dr. Santiago Muñoz
vorece el incremento de masa ósea, proceso contrario al que ocu- rre en la osteoporosis. Por lo tanto, en dichas articulaciones, artrosis y osteoporosis no suelen aparecer juntas.
¿La artrosis es una enfermedad de viejos?
Aunque la degeneración del cartílago articular se relaciona con la edad y, en muchos casos, se considera un evento inevitable en el transcurso de la vida del ser humano, a lo largo del texto se ha hecho énfasis en una idea: la artrosis puede aparecer también en gente joven. Por ejemplo, la artrosis de manos, con marcado carác- ter hereditario, suele dar síntomas antes de los 50 años. En el es- tudio epidemiológico realizado en España en el año 2000 por la Sociedad Española de Reumatología —estudio EPISER (tabla 1)—
en el que se analizó, entre otras patologías, la frecuencia de la artrosis sintomática de rodilla y de manos, podemos observar cla- ramente que la artrosis no es una enfermedad exclusivamente de viejos (Figura 4).
TABLA 1: Frecuencia de aparición de la artrosis sintomática de rodilla y de manos en la población adulta española encontrada en el estudio EPISER, realizado por la Sociedad Española de Reumatología en el año 2000
Edad Artrosis de rodilla Artrosis de manos
20-29 0,4 % —
30-39 0,7 % —
40-49 3,5 % 1,1 %
50-59 9,8 % 6,7 %
60-69 28,1 % 15,3 %
70-79 33,7 % 23,9 %
>80 21,3 % 17,3 %
GENERAL 10,2 % 6,2 %
Fig. 4. La artrosis aumenta con la edad, pero también existe en personas jóvenes.
4
¿CÓMO SE PUEDE DIAGNOSTICAR LA ARTROSIS? ¿CUÁL ES SU PRONÓSTICO?
D
R. J
ESÚST
ORNEROM
OLINAPresidente de la Sociedad Española de Reumatología. Jefe de Sección de Reumatología. Hospital General Universitario de Guadalajara. Profesor
Asociado. Departamento de Medicina. Universidad de Alcalá
E
l diagnóstico de una enfermedad es un proceso intelectual en el cual el médico, a partir de los síntomas referidos por su pa- ciente y de los hallazgos que obtiene de la exploración física, cla- sifica la dolencia que aqueja al sujeto enfermo al que está atendien- do, conforme a unos cánones de uso universal establecidos por la ciencia médica. Es éste, pues, un proceso que básicamente depen- de del paciente y de su médico, especialmente (como sucede en la mayoría de las enfermedades reumáticas) cuando la base que sus- tenta el diagnóstico es la clínica, es decir, el conjunto de impresio- nes y riqueza de mensajes y comunicación que se obtienen y recu- peran de la vecindad, cercanía y confianza de una relación. Resulta, por lo tanto, de notable interés para el lector, ya conocedor por ca- pítulos previos de este libro de otros aspectos de la artrosis, el po- der adentrarse en el complejo entramado de elucubraciones, filtros y complementos utilizados por los médicos reumatólogos para con- firmar y afianzar el diagnóstico de esta enfermedad (tabla 1).El diagnóstico de la artrosis se debe basar en una correcta his- toria clínica la cual, a su vez, consiste en un interrogatorio (llama- do comúnmente anamnesis) y una exploración.
El profesional médico avezado y entrenado, a través de una
TABLA 1. Orientaciones diagnósticas en la artrosis
* Articulaciones que habitualmente se afectan:
— Columna vertebral.
— Manos: articulación de la raíz del pulgar, articulaciones entre falanges de los dedos.
— Cadera.
— Rodilla.
— Pie: articulación entre el primer metatarsiano y la falan- ge (dedo gordo del pie).
* Síntomas del paciente:
— Dolor articular: mecánico.
— Rigidez articular local.
— Incapacidad funcional.
* Hallazgos del médico:
— Crepitación.
— Agrandamiento articular.
— Limitación de la movilidad articular.
— Alteraciones en la alineación de los huesos (rodilla, de- dos de manos).
— Exclusión de lesiones en partes blandas y en el hueso.
* Estudio radiológico por radiografía simple:
— El espacio articular se estrecha: los huesos se aproximan entre sí en la articulación.
— El hueso que está articulándose se vuelve más compacto (eburnización).
— El hueso que se está articulando crece hacia fuera y en sentido marginal (osteofito).
paciente todos aquellos datos que le ayuden a la clasificación de la enfermedad, incluyendo en primer lugar: 1) la edad: la artrosis es una afección propia de las edades medias o tardías de la vida; 2) la profesión: determinadas ocupaciones laborales (con exigencias me- cánicas altas para el aparato locomotor) predisponen al padecimien- to de artrosis, incluyendo las tareas agrícolas, el uso de martillos neumáticos, la insuficiente o mala mecanización del trabajo; 3) los antecedentes personales: el haber sufrido en la infancia, adolescencia o juventud, grandes traumatismos y fracturas, o determinadas en- fermedades articulares (displasias epifisarias, enfermedad de Perthes, artritis infecciosas, metabólicas o por cristales) puede explicar la aparición de la enfermedad, incluso en edades atípicas, por tempra- nas; 4) los antecedentes familiares: algunas formas o localizaciones de artrosis, especialmente la artrosis nodular de las manos, presentan un elevado grado de influencia genética, con mayor incidencia en las mujeres.
Una vez completado el paso anterior, que consideramos como primero e inicial en la búsqueda del diagnóstico, su médico le pre- guntará directamente por sus síntomas. Usted, enfermo con artro- sis, comunicará probablemente a su médico los siguientes síntomas, que también puede ver más desarrollados en el capítulo 3:
1) Dolor articular: el dolor es una experiencia subjetiva (na- die, salvo nosotros mismos sabemos de su cualidad e inten- sidad) debida a un daño corporal en la articulación de- generada y enferma. El dolor de esta enfermedad suele aparecer cuando se exige un esfuerzo mecánico a la articu- lación en la que se asienta (por ejemplo, estar de pie o an- dar cuando se trata de la rodilla, la cadera o la columna lumbar), pero que mejora con el reposo. Este dolor que los médicos llamamos mecánico es típico de la artrosis y per- mite diferenciarla de las artritis, en las que hay dolor con
el movimiento, pero también e incluso mayor con el des- canso.
2) Rigidez articular: en la artrosis, la articulación o articulacio- nes enfermas se vuelven rígidas, pierden elasticidad y se adaptan mal al movimiento tras un período de descanso.
3) Incapacidad funcional: el enfermo con artrosis puede refe- rir pérdida de capacidad para realizar actividades laborales, de ocio o de cuidado personal, cuando en las mismas se ejerza una solicitud o demanda de la articulación enferma.
Con el paso anterior, su médico dispondrá ya de datos sobre- salientes que le están orientando. La fase siguiente del proceso médico es la exploración física. ¿Qué es lo que buscamos en su or- ganismo que nos permita dirigir nuestra pericia profesional enca- minada al diagnóstico? Fundamentalmente, los siguientes datos:
1) La presencia de obesidad: existe una amplia evidencia en la literatura médica, trasfondo generalmente del sentido co- mún, de la asociación entre el excesivo peso corporal y la artrosis de rodillas.
2) La aparición de crepitación (sensación similar al roce de dos hojas de cuero seco y curtido) o la presencia de crujidos en los movimientos reproducidos por un médico sobre una articu- lación.
3) El agrandamiento articular: en la artrosis pueden agrandar- se las articulaciones por dos motivos: porque exista inflama- ción y se acumule más líquido en ellas, o, sobre todo, por- que crezca el hueso y aumente el perímetro articular. Esta última situación es fácilmente visible en las articulaciones de los dedos donde aparecen nodulaciones muy típicas que
ge) o nódulos de Heberden (si se observan en la unión entre la segunda y tercera falange) (figura 1).
4) La limitación de los movimientos activos articulares, la defor- midad de la articulación o la presencia de tumefacción, hin- chazón o derrame. En algunas articulaciones, especialmente en la rodilla, pueden aparecer por el daño del menisco, episodios de bloqueos o fallos articulares.
5) Alteraciones en la alineación: la artrosis no suele alterar la alineación articular, salvo en la rodilla donde puede ar- quear las piernas (figura 2) y en las articulaciones de los dedos, donde se pueden producir desviaciones de las úl- timas falanges.
6) La localización de los signos (es decir, de los hallazgos que el médico objetiva en su exploración) dentro de las articula- ciones de nuestro cuerpo: la artrosis no suele afectar habi- tualmente a las articulaciones del hombro, codos, muñecas ni tobillos; encontrar artrosis en estas localizaciones hace necesario descartar otras enfermedades reumatológicas.
Una vez obtenidos los datos del interrogatorio y del examen o exploración física, los médicos estamos en condiciones de estable- cer la sospecha diagnóstica. Este proceso es la esencia del quehacer médico, por mucho que pueda resultar largo y, en cierta manera
«atípico», en un siglo tan tecnificado y maquinizado como el nues- tro, en el que nos fiamos, a veces, más de los aparatos que de las personas. Es importante, por ello, reconocer la importancia en la inversión de tiempo y recursos en esta actividad médica, y ser cons- cientes de que no existen aparatos que la sustituyan, para poder comprender la complejidad de esta actividad en el ejercicio de la medicina del aparato locomotor.
Finalizada la relación humana recurrimos, no obstante, a la téc- nica. ¿Qué instrumentos nos proporciona para soportar el diagnós-
Fig. 1. Artrosis de las manos: se observa el agrandamiento con aspecto nodular de las articulaciones de los dedos y la desviación en la alineación, sobre todo en la última falange y en algunos dedos.
Fig. 2. Alteraciones en la alineación de una articulación producida por la artrosis: el paciente presenta una des-
tico? La radiología simple, en cualquier localización articular, ayu- da sobremanera al diagnóstico: la presencia de signos radiológicos de estrechamiento o disminución del espacio articular entre los huesos (por desgaste del cartílago), el aumento de la densidad ósea
—que se llama esclerosis en el lenguaje médico— y, sobre todo, los osteofitos (ganchos o picos de hueso que crecen en los bordes al terminar el tejido óseo) suponen una ayuda definitiva (figura 3).
Los análisis habituales de sangre y orina aportan poco al diagnós- tico. Sin embargo, dado que la artrosis es una enfermedad duradera que necesita de un tratamiento sintomático con medicamentos que pueden perjudicar a otros sistemas corporales, es aconsejable siempre disponer de la certeza de que el enfermo con artrosis no padece ningu- na enfermedad hepática o renal que contraindique el uso de esta me- dicación. Por eso los médicos solicitamos este tipo de análisis.
Fig. 3. Radiografía de una artrosis de rodilla donde se pueden apreciar el acercamiento de los huesos entre sí, la compactación ósea (que vuelve al hueso más blanco) y el crecimiento del hueso, más allá de sus límites nor- males.
Si se acumula líquido sinovial en las articulaciones de un pa- ciente con artrosis se debe extraer para aliviar su dolor. Además se puede analizar. Generalmente suele ser un líquido claro y transpa- rente, de color amarillento, algo viscoso, con pocas células y sin presencia de cristales (habituales en otras enfermedades, como la gota) ni hallazgos de infección. Los líquidos articulares que presen- tan estas características los llamamos líquidos mecánicos.
Finalmente, en ocasiones el proceso diagnóstico en la artrosis se debe completar investigando, si los síntomas del paciente además de atribuirse al desgaste articular pueden explicarse por otras dolencias que, con frecuencia, se asocian a esta enfermedad. Aquí incluiríamos las lesiones de las partes blandas del aparato locomotor (tendones, li- gamentos y bolsas sinoviales) así como las del hueso.
Es importante volver a insistir en que el diagnóstico de la ar- trosis se basa en el relato del paciente, en la investigación pericial del médico y en unas pocas pruebas complementarias, que proba- blemente podríamos reducir a la radiografía convencional de las articulaciones. Los avances indudables de la técnica de diagnósti- co por la imagen, a saber tomografía axial computerizada (TAC o escáner en el lenguaje coloquial) y la resonancia nuclear magnéti- ca, son muy útiles en determinadas circunstancias, no todas ni mucho menos, de las que se presentan en la cotidianeidad de la atención médica. Como siempre sucede, además, estas técnicas deben estar indicadas siguiendo una sospecha clínica. Pedirlas sin esta premisa puede ser contraproducente, como más adelante ve- remos.
Usted, paciente con artrosis, ha sido correctamente diagnosti- cado de la misma. Ahora necesita indudablemente conocer su pro- nóstico. La artrosis no es una enfermedad que se pueda curar (la verdad es que a día de hoy son pocas las enfermedades crónicas que
médicas, quirúrgicas y de terapia física que pueden servir para su alivio y mejora del pronóstico. La ciencia médica ha proporciona- do, aporta y seguirá sirviendo numerosos medicamentos que alivien su dolor (cada vez con menos efectos secundarios), detengan o enlentezcan la progresión de su enfermedad y, en el caso más avan- zado, sustituyan su articulación enferma por un recambio artificial.
Son, además, numerosos los esfuerzos y proyectos de investigación que intentan, desde la base de la medicina, resolver el problema de salud que usted padece. Quisiéramos por ello, hacerle llegar desde estas líneas un mensaje positivo, optimista y esperanzador. La ar- trosis no acorta la esperanza de vida per se y, con la salvedad de la limitación física que ocasiona, es fácil que usted pueda desarrollar su vida intelectual y familiar con plenitud. En otros capítulos de este libro encontrará información más detallada sobre el tratamien- to de la artrosis.
PARA RECORDAR…
• El diagnóstico de artrosis se hace fundamentalmente con el interrogatorio del paciente (anamnesis) y la ex- ploración física.
• La radiología es muy útil en el diagnóstico, mientras que los análisis no suelen aportar datos importantes.
• La artrosis no se puede curar pero existen alternativas terapéuticas que permiten mantener la calidad de vida.
LAS PREGUNTAS DE LOS PACIENTES
¿Me puedo quedar inválido por la artrosis?
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha establecido una secuencia de acontecimientos que se inician en la enferme- dad, y que a través del deterioro, la incapaci- dad y la minusvalía explican el impacto de la dolencia. El deterioro es la lesión orgánica que tienen sus articulaciones con artrosis; la incapacidad es la dificultad para realizar una actividad concreta (como por ejemplo, cami- nar) y la minusvalía es el menoscabo produ- cido para realizar una tarea importante social o profesional, como atender a su familia o acudir a su trabajo.
Es por ello que la respuesta a esta pregunta no es sencilla ni fácil. El poder de la artrosis para originar una minusvalía depende básicamente del proyecto vital de la persona que la padece; el im- pacto objetivo y mensurable de la artrosis es posible de estimar con diferentes instrumentos, su capacidad de respuesta al cambio tam- bién, pero en definitiva nadie conoce mejor que el sujeto enfermo de artrosis cuánto y cómo le afecta su enfermedad.
Los datos oficiales no son concluyentes. La mayor parte de los estudios de discapacidad se han basado en calcular la repercusión económica de la incapacidad laboral, pero en nuestro ámbito la mayor parte de los casos de artrosis se dan en sujetos ancianos y amas de casa, cuyo coste de discapacidad es muy difícil o imposi- ble de cuantificar (es proyecto de nuestra Sociedad Española de Reumatología estudiar este fenómeno).
Dr. Jesús Tornero
temporal (los procesos dolorosos de la columna vertebral y la ar- trosis periférica y desarreglo interno de rodilla son causas impor- tantes de la misma) y la primera de invalidez permanente (con la artrosis como responsable de la mitad de estos procesos). Por ello se hacen esfuerzos constantes dirigidos a las Autoridades Sanitarias para hacerles llegar la importancia de este conocimiento. Dado que los trabajadores con artrosis que tienen que abandonar el merca- do laboral como consecuencia de esta enfermedad se encuentran en la plenitud de su capacitación profesional resultaría lógico asumir con interés el abordaje integral de este problema.
La capacidad de sustitución protésica articular en las articula- ciones de carga, como son la cadera y la rodilla, ha reducido no- tablemente (aunque no ha anulado) la posibilidad de que un en- fermo con artrosis dependa de otras personas para la realización de los actos cotidianos de la vida.
¿Por qué no me hace una resonancia o un escáner?
Estas dos técnicas complementarias de diagnóstico por imagen son de gran precisión y utilidad en la medicina del aparato loco- motor, pero se deben solicitar cuando existe una sospecha clínica fundamentada. No son necesarias para el diagnóstico general de la artrosis. Además, el pedirlas innecesariamente puede incluso ser contraproducente e inducir a error, pues se sabe que hay muchas personas que presentan, por ejemplo, anomalías asintomáticas en los discos de la columna vertebral que no son el origen de las mo- lestias de un paciente concreto. ¿Cuándo se deben, entonces, soli- citar? En contadas ocasiones, como las siguientes:
a) Cuando aparezca, además del dolor de la artrosis en la co- lumna vertebral, una irradiación del mismo, es decir que la molestia descienda desde la columna por una extremidad superior o inferior y llegue hasta la mano o el pie, con sen-
sación de hormigueo y a veces de falta de fuerza (en este caso la resonancia o el escáner pueden confirmar la sospe- cha de una hernia discal o de un crecimiento del hueso vertebral que está comprimiendo una raíz nerviosa).
b) Cuando se sospeche que la artrosis de la columna vertebral ha estrechado el canal que forman las vértebras y por don- de descienden las estructuras nerviosas.
c) En los raros casos en que se piense que la artrosis de la co- lumna vertebral pueda estar comprimiendo la médula espi- nal en la región cervical o el final de la misma (lo que se conoce como «cola de caballo») en la región lumbar.
d) Para estudiar meniscos y tendones internos de la rodilla.
e) Para estudiar los huesos que rodean la articulación, especial- mente el fémur y la tibia en la rodilla, que pueden sufrir zonas de falta de riego, como si fueran infartos, como com- plicación de la artrosis.
Agradecimientos
A los doctores Atero Carrasco, Beltrán Fabregat y Mulet por sus imágenes que ilustran el texto y corresponden al Banco de Imagen de la Sociedad Española de Reumatología.
5
¿QUÉ IMPORTANCIA
SOCIOECONÓMICA TIENE LA ARTROSIS?
D
R. E
NRIQUEB
ATLLE-G
UALDAMédico adjunto. Sección de Reumatología. Hospital General Universitario de Alicante. Profesor asociado. Facultad de Medicina. Universidad
Miguel Hernández. Alicante
L
a artrosis es una enfermedad con una gran repercusión so- cioeconómica. Esto se debe a varios motivos, entre ellos que es una de las enfermedades más frecuentes en la población gene- ral, que se trata de un proceso crónico, que aumenta con la edad, y que a menudo afecta a las rodillas y caderas, esenciales para rea- lizar los movimientos de desplazamiento.En todos los países de nuestro entorno, cuando se realizan es- tudios sobre la salud de la población se observan de forma sistemá- tica los mismos hallazgos: la artrosis siempre es la dolencia más común en la población general, por encima de procesos tan fre- cuentes como la hipertensión arterial, las enfermedades cardiovas- culares, la bronquitis crónica o la diabetes. Alguien puede pensar que la artrosis no es una enfermedad que amenace la vida ni cau- se problemas graves como las enfermedades respiratorias o cardía- cas. Cierto, pero produce dolor y discapacidad a un gran número de personas lo que ocasiona un enorme coste social.
Las mejores condiciones de vida y el progreso en las ciencias de la salud han producido un aumento notable de la esperanza de vida
en las sociedades occidentales, y actualmente no resulta raro sobre- pasar los 80 años. En nuestro país entre un 15 y un 20 % de la población general de más de 20 años tiene artrosis. La artrosis suele aparecer a partir de los 40-50 años de edad. Aunque es poco fre- cuente en las personas jóvenes, la artrosis aumenta rápidamente con la edad, lo que significa que cuanto mayores sean las personas más probabilidades existen de padecerla, de forma que llega a ser una dolencia casi constante en el anciano de 80 años. Es bastante más frecuente en las mujeres que en los varones; en algunos grupos de edad, casi el doble. A partir de los 50 años una de cada cuatro personas tiene artrosis, y a partir de los 70 una de cada dos. Los datos de un estudio epidemiológico realizado por la Sociedad Es- pañola de Reumatología (EPISER) muestran que, por encima de los 65 años de edad, el 19 % de la población española tiene una artrosis sintomática de manos y el 28 % una artrosis sintomática de rodilla, es decir, con dolor y en muchos casos también discapaci- dad. Si tenemos en cuenta que en nuestro país en el año 2000 la población de 65 o más años se calculaba en 6.700.000 personas, se puede afirmar que actualmente 1.943.000 españoles padecen ar- trosis sintomática de rodilla.
TABLA 1: Frecuencia absoluta y relativa de artrosis sintomática de rodilla en la población adulta española por grupos de edad y sexo
Edad hombres Mujeres Total
20-29 — 2 (0,9 %) 2 (0,4 %)
30-39 2 (1,0 %) 1 (0,4 %) 3 (0,7 %)
40-49 4 (2,4 %) 9 (4,4 %) 13 (3,5 %)
50-59 8 (5,5 %) 24 (13,3 %) 32 (9,8 %) 60-69 27 (18,1 %) 61 (37,2 %) 88 (28,1 %) 70-79 13 (16,7 %) 56 (44,1 %) 69 (33,7 %)
80+ 4 (14,3 %) 12 (25,5%) 16 (21,3%)
Al pensar en el coste de una enfermedad, la primera mirada se dirige inevitablemente al coste del tratamiento. Éste incluye no sólo el gasto farmacéutico, sino todos los gastos derivados de su diag- nóstico y seguimiento. Son los que se denominan costes directos. La Sociedad Española de Reumatología (SER) y la Sociedad Españo- la de Medicina Rural y Generalista (SEMERGEN) realizaron a finales de 2003 el estudio ARTROCAD, con el objetivo de evaluar la utilización de los recursos sanitarios y la repercusión socioeco- nómica de la artrosis sintomática de rodilla y cadera en 1.071 en- fermos, de más de 50 años, en el ámbito nacional. El 70% de los enfermos del estudio ARTROCAD tomaba antiinflamatorios no esteroideos y el 70 % recurría a los analgésicos. En el mismo estu- dio se vio que el 43 % combinaba ambos tipos de fármacos al mis- mo tiempo. El 61 % tomaba, además, algún fármaco gastroprotec- tor. Otros datos relevantes pueden ser que, en los últimos seis meses, los enfermos con artrosis de rodilla o cadera habían realizado una media de seis visitas al médico de cabecera, y la mitad había consultado con algún otro especialista del sistema público. En ese mismo período se les había realizado 596 análisis de sangre, 854 radiografías de rodilla y 387 de cadera en el seguimiento de su en- fermedad. Además el 13 % de los enfermos precisaron de un ser- vicio de urgencias y el 4 % fueron hospitalizados por su artrosis. Ya fuera del sistema público, esos mismos enfermos habían realizado unas 2.600 visitas en los últimos seis meses a diferentes profesio- nales, fundamentalmente relacionados con la fisioterapia y el ejer- cicio. Con respecto a la cirugía, en España se colocan unas 30.000 prótesis al año, entre rodilla y cadera, y aunque no todas por ar- trosis, sí suele ser ésta la indicación más frecuente. En el estudio ARTROCAD llevaban una prótesis el 12% de los enfermos con ar- trosis de rodilla y el 20 % de los enfermos con artrosis de cadera.
Los costes indirectos de una enfermedad son mucho más difíciles de contabilizar; son aquellos que valoran la repercusión sobre la ac-
tividad laboral, las relaciones sociales o la necesidad de ayuda de otras personas. Se estima que los costes indirectos de la artrosis son de 2 a 5 veces mayores que los directos.
A pesar de ser más frecuente en las personas mayores, la artrosis puede aparecer antes de la edad de jubilación y por tanto interfe- rir con la actividad laboral de los pacientes. De hecho, la artrosis es la causa más frecuente de incapacidad laboral. Este impacto será mayor en aquellas ocupaciones que precisen permanecer de pie, hacer movimientos de flexión o desplazamiento o realizar esfuer- zos como en la agricultura, la albañilería, el transporte de mercan- cías, el comercio, la hostelería, etc. En realidad sólo las ocupacio- nes más sedentarias pueden ser bien toleradas por algunos enfermos con artrosis avanzada. Por supuesto, esto no significa que cualquier artrosis incapacite para la actividad laboral, pues una afección leve puede ser perfectamente compatible con la misma, aquí estamos haciendo referencia a los casos más avanzados. En este sentido, la artrosis puede ser causa de baja laboral temporal, en especial du- rante las épocas de mayor dolor, pero si la enfermedad avanza pue- de obligarnos a cambiar nuestra actividad laboral por otra más adecuada a nuestra situación o, en el peor de los casos, a abando- nar la actividad laboral. Esto conlleva a que la artrosis cause enor- mes costos en pérdidas de jornadas laborales, indemnizaciones y pensiones por incapacidad. En el estudio ArtroCad, descrito más arriba, se observó que la tercera parte de los enfermos laboralmente activos estaban de baja en el momento de la entrevista, la mayoría durante un mes y a causa de la artrosis; habiendo dejado de trabajar un total de 4.377 jornadas en los últimos seis meses. Los restantes enfermos, sin trabajo o jubilados, no pudieron hacer su actividad principal durante 25.000 días en los últimos seis meses. En defi- nitiva, este grupo de algo más de 1.000 enfermos, perdió alrede-