¿PODEMOS DESPETROLIZAR LA AMAZONIA?
I. Introducción
En el 2009, dos hechos relacionados al sector extractivo remecieron al país. Uno fue la huelga de los indígenas Amazónicos en protesta por la negativa del Gobierno Central de derogar un número de Decretos Legislativos orientado a facilitar el desarrollo de grandes inversiones en hidrocarburos, proyectos agroindustriales y forestación comercial en territorios indígenas.
El otro fue el anuncio que los lotes 88 y 56 del proyecto Camisea no tenían suficiente gas para abastecer el mercado interno, luego de que la certificadora internacional Gaffney, Cline &
Associates presentó un reporte que determinaba la existencia de de reservas en cantidades menores que las del Ministerio de Energía y Minas había usado para autorizar la exportación de parte de ese gas a México.1
Estas dos situaciones tienen en su base graves deficiencias en la gestión tanto del territorio como del sector energético, pues ni se realizó un ordenamiento territorial para establecer en qué zonas es conveniente desarrollar actividades extractivas, ni se hizo una adecuada estimación de cómo evolucionaría la demanda por gas ni del estado real de las reservas, para saber si realmente era posible comprometer parte del gas para la exportación.
El Perú necesita energía para producir y para crecer. El gobierno concesiona toda la Amazonía para asegurar que puede responder a esa demanda. Pero infla reservas y subestima la demanda interna por gas para permitir que parte del gas (más limpio y barato que el petróleo) se vaya a México. Para resolver el problema, se empeña en dar más concesiones para buscar más gas y más petróleo en la Amazonía.
En este contexto, la pregunta que se plantea entonces es: ¿podemos asegurar nuestro abastecimiento de energía sin tener que seguir buscando y sacando un petróleo sucio y caro de la Amazonía? ¿No es posible, por el contrario, “despetrolizar” la Amazonía y asegurar el abastecimiento de energía de otras fuentes y desde otros territorios? ¿No podríamos, de paso, disminuir así nuestra contribución al calentamiento global y proteger a la Amazonía como la gran reserva de biodiversidad, oxigeno y agua fresca?
¿Cuánta Energía Necesitaremos en los Años Siguientes?
Según datos oficiales del Ministerio de Energía y Minas (MEM), la tasa de crecimiento de energía continuará su tendencia creciente en los próximos años. Viendo cada fuente por separado, la demanda de petróleo para ser procesado por refinerías en el país crecerá a una tasa promedio anual de 8.8 %, la de gas natural en 24% (porque en el 2011 habría un salto por el inicio de la exportación a México) y la de electricidad en 8.7%. El cuadro 1 compara los acumulados de demanda con las reservas (o la oferta acumulada en el caso de la electricidad) según las proyecciones del MEM.
Cuadro 1: Balance de Oferta y Demanda por Fuentes de Energía 2009‐2017
1 Ver Gaffney, Cline & Associates: Certificación de la Reserva de Gas Natural Líquidos de Gas Natural de Camisea. Febrero 2009. Disponible en www.mine.gob.pe
OFERTA ACUMULADA o RESERVAS
DEMANDA
ACUMULADA AL 2017 Gas Natural (TCF) ‐ incluye
exportación 9.506 4.29
Petróleo (Miles de barriles) 447,382 776,400
Electricidad (GW.h) 54,737 62,000*
Fuente: Plan Referencial de Electricidad 2008, Plan Referencial de Hidrocarburos 2007, Anuarios Estadísticos de Hidrocarburos MINEM
Elaboración Propia
*Escenario optimista
Las reservas probadas de petróleo que actualmente tiene el país no serían suficientes para producir derivados y satisfacer la demanda del mercado interno. En el caso de la electricidad, si consideramos el escenario optimista de demanda de 62 mil GW.h, la generación tampoco sería suficiente para cubrir la demanda hasta el 2017, aunque a partir del 2019 aumentaría la oferta significativamente al comenzar a operar nuevas plantas de gran escala.
En el caso del GN, las reservas existentes sí son suficientes para cubrir las proyecciones de demanda hasta el 20172. Pero la proyección a más largo plazo que presenta el MEM muestra que las reservas ya no serían suficientes en el 2028. Es decir, las reservas actuales no podrían cubrir un periodo de 20 años, pues el total comprometido a México es 4.02 TCF y la demanda interna llegaría casi a 6 TCF.
Frente a esta situación, ¿cómo hacemos para cubrir la demanda de energía en la próxima década? Y luego, si no podremos cubrir la demanda de petróleo con las reservas que tenemos,
¿Cómo podemos despetrolizar la Amazonía?
Un primer escenario sería aumentar las importaciones de petróleo hasta cubrir la demanda que sería abastecida por el petroleo extraído de los lotes de la Amazonía. Para esto sería necesario importar 584.6 millones de barriles hasta el 2017 para reemplazar la producción proyectada de la Amazonía, además de 795.2 millones de barriles que se importarían de todas maneras.
Este gran monto de importaciones por supuesto afectará la balanza de pagos del país y se incrementará la vulnerabilidad a las fluctuaciones de los precios internacionales. Las estimaciones de los precios del petróleo West Texas Intermediate producidas por la EIA muestran una tendencia al alza, registrando un nivel de US$ 101.2 por barril en el 2017. Por lo tanto, el Estado peruano tendría que fortalecer su Fondo de Estabilización de los Precios de los Combustibles con mayores recursos para que este incremento no afecte a los consumidores del país.
Un segundo escenario sería sustituir todo el petróleo que se produciría en los lotes de la Amazonía con gas natural de los lotes que ya están en explotación.
2 El monto de reservas de gas natural que se consideró como el total nacional está ajustado al monto de reservas de Camisea que señala el reporte de Gaffney, Cline & Associates, que es menor al que aparece en el reporte de reservas del MEM. Es por esto que se señala que las reservas son de 9.506 y no de 11.821.
Una estimación simple basada en la conversión de millones de barriles de gas natural a millones de barriles equivalentes de petróleo por su contenido energético sugieren que esto sí sería posible, pero solamente en el caso que no se exporte gas a México. 3
Cuadro 2: Demanda Proyectada de Gas Natural con y sin Exportación a México.
Demanda Proyectada de Gas Natural TCF Demanda interna no eléctrica
4.36 Demanda Interna eléctrica
1.53 Exportaciones a México
4.02 Demanda de petróleo convertida a gas
natural 3.25
Demanda total incluyendo exportaciones a
México 13.16
Demanda Total sin exportaciones a México
9.14 Fuente: Plan Referencial de Hidrocarburos 2007‐2016, MEM
Elaboración Propia
Desde la perspectiva fiscal, dejar de exportar gas natural a México no le generaría al Perú costo alguno ya que el precio que pagará el consorcio LNG a por el gas que exportará a México a los precios internacionales actuales del gas natural es inferior al que recibiría si el gas se vendiera al mercado interno4.
Sin embargo, el hecho mismo de dejar de producir petróleo en la Amazonía cerrando los 4 lotes que están produciendo actualmente y deteniendo todas las actividades de exploración sí significaría que el Estado dejaría de recibir ingresos por concepto de impuesto a la renta, canon y sobrecanon y regalías, además de los ingresos por exportaciones. En concreto, el petróleo producido en la Amazonía genera casi el 50% de los ingresos por exportaciones petroleras totales y más del 51% de las regalías petroleras totales.
Analizando el Destino de la Energía
Hasta este punto del análisis hemos tomado como supuesto que el nivel de consumo de energía en los próximos años será tal como lo estima el Ministerio. Sin embargo, en esta sección miramos qué sectores son los que están explicando las proyecciones.
El sector industrial y minero consumen el 32.3% de la energía total del país, mientras que el sector residencial, unido con el comercial y público suman el 27.7%.
Además, mirando dentro de las fuentes de energía que usa el sector minero5 vemos que el 55.9% de la energía usada proviene de los hidrocarburos líquidos y el 34.8% de la energía eléctrica. Es decir, el crecimiento del sector minero generará un importante incremento de la demanda de hidrocarburos líquidos, pues más del 55% de su energía provendría de ellos.
3 Se utiliza el factor de conversión de 1,000 millones de pies cúbicos = 0.18 millones de barriles equivalentes de petróleo.
4 Según Humberto Campodónico, a un precio del gas Henry Hub de US$ 4 por mil pies cúbicos, LNG pagaría US$ 0.14 por MPC después de restarle los costos de transporte, mientras que el precio a boca de pozo para el mercado nacional es de US$ 2.54 para las industrias y US$ 1.51 para las centrales eléctricas.
5Utilizando datos del Plan Referencial de Energía hasta el 2015 del MEM.
Es importante aclarar que esto no quiere decir que el petróleo que se extrae de la Amazonía va directamente a los proyectos mineros, pues estos no solo usan petróleo crudo sino también derivados de petróleo como diesel y GLP. Además, el crudo de la Amazonía no necesariamente es de la calidad que demandan estas operaciones.
Pero lo que sí es claro es que una parte cada vez más grande del consumo futuro de petróleo, fuertemente infuido por el sector minero, se pretende cubrir con las reservas extraídas de la Amazonía.
Esto se puede ver claramente en el Plan Referencial de Hidrocarburos, donde nos muestran que el petróleo que es procesado por refinerías crecerá a una tasa promedio anual de 8.8%
anual. Y para lograr ese crecimiento, la oferta petrolera de la Amazonía debe crecer de los 30.8 millones de barriles diarios de hoy a más de 93 millones de barriles diarios.
Este aumento se basa en el supuesto de que para el 2016, los nuevos descubrimientos de petróleo serán de 1,197.9 millones de barriles (MMBls). Actualmente, las reservas de petróleo totales del Perú son 447.4 MMBls, según cifras oficiales. Es decir, los nuevos descubrimientos que espera el MEM tendrían que tener casi tres veces más reservas que todas las que tenemos hasta ahora.
Además, en el Plan Referencial de Electricidad podemos ver el impacto exacto de los proyectos mineros que se espera que entren en operación hasta el 2017 sobre la demanda de electricidad.
Gráfico 1: Demanda de Electricidad 2008‐2017 incluyendo Grandes Proyectos Mineros.
El Ministerio proyecta una tasa de crecimiento de la demanda de electricidad de 8.79%
promedio anual. Pero estas proyecciones se han construido incluyendo 11 proyectos mineros y ampliaciones que representan el 20.5% del total de la demanda de electricidad en este periodo.
Si, tomando en cuenta la falta de licencia social y ambiental de estos proyectos, recalculamos la demanda sin ellos, la tasa de crecimiento promedio anual de la demanda bajaría de 8.79% a 3.45%.
Gráfico 2: Valores estimados de la reducción de demanda de electricidad sin grandes proyectos mineros
Fuente: Plan Referencial de Electricidad 2008‐2017. Estimaciones propias
Sin embargo, dejar de desarrollar estos grandes proyectos mineros también implica un costo para el Estado en términos del impuesto a la renta y regalías que dejaría de recibir, además de perder una importante fuente de divisas.
II. CONCLUSIONES
El elevado dinamismo del sector energía de la última década no ha estado acompañado de una política energética nacional, ni de políticas sectoriales específicas para el sector hidrocarburos o electricidad. Por el contrario, se ha firmado un contrato de exportación de gas natural poniendo en peligro el abastecimiento interno y se han entregado concesiones de forma rápida y desordenada generando conflictos con las poblaciones indígenas amazónicas.
La revisión de las proyecciones de los diferentes instrumentos de planeamiento del Ministerio de Energía y Minas – los Planes Referenciales de Hidrocarburos, Electricidad y Energía – señala que, dadas las condiciones actuales, no es posible abastecer las necesidades energéticas del mercado interno sin el petróleo que se produce en la Amazonía.
Pero no solo esto, sino que aun con el petróleo producido en la Amazonía tampoco produciríamos internamente suficiente energía para satisfacer la demanda hasta el 2017 pues, nuestras reservas de petróleo son muy pequeñas (tenemos 415.8 millones de barriles, mientras que Brasil tiene 12,620 millones y Venezuela tiene 99,380 millones).
Estimaciones iniciales realizadas en este trabajo sugieren que si todo ese gas lo aseguramos para el mercado interno, se podría cubrir con gas la demanda de energía que ahora se está abasteciendo con petróleo.
Además, el crecimiento de la demanda de petróleo y de electricidad no tendría que ser tan acelerado como está calculando el MEM si todos o parte de los nuevos proyectos mineros y
ampliaciones calculadas no se llevan a cabo, ayudando a evitar una posible escasez hasta el 2017.
En síntesis, si rompemos el contrato de exportación a México y si reducimos la proyección del crecimiento minero a aquellos proyectos que realmente tengan licencia social y cumplan de verdad con las normas ambientales, los números indican que nos bastaría la actual producción de petróleo y gas de la Amazonía.
Se argumentará, y con razón, que esta propuesta se basa en que el Perú siga importando petróleo para satisfacer parte de sus necesidades de energía. Y es verdad. Pero, hay muchos países en el mundo que no producen petróleo ni gas. Cerca de nosotros, Chile –que es consumidor neto de energía‐ se proyecta como un megaimportador de gas licuado.
Cierto es también que ser un país importador nos hace vulnerables a la volatilidad de los precios internacionales del petróleo, y que para paliar esa volatilidad se necesitará mantener y gastar más el Fondo de Estabilización del Precio de los Combustibles. Este será un costo que como país tendremos que en el marco de una estrategia de desarrollo que despetrolice la Amazonía y mientras se desarrollan alternativas de energía limpia que vayan reemplazando al petróleo.
Se argumentará también que esta es una propuesta que se sostiene solamente en las cifras agregadas, pues no es posible pensar que el gas pueda en el corto plazo sustituir al petróleo ya que el proceso de reconversión de automóviles, casas y empresas para ese fin es lento y complejo. Eso también es verdad. Pero, al respecto decimos que no estamos haciendo una propuesta que creemos se pueda implementar de un día para otro, sino de demostrar que sí es posible explorar alternativas.
En otras palabras, lo que se afirmamos es que como país no podemos aceptar que estamos condenados a destrozar la Amazonía, sus recursos y sus gentes, para proteger los negocios privados de una empresa de hidrocarburos y sostener las necesidades de energía de un sector minero que todavía debe probar que es capaz de actuar con responsabilidad ambiental y social. Hay que abrir este debate.