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LA CONCEPCIÓN DEL MUNDO EN LA OBRA DE JORGE GUILLEN

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José Cervera Tomás

LA CONCEPCIÓN DEL MUNDO EN LA OBRA DE JORGE GUILLEN

O R G E Guillen es p o e t a de la vista. Todos los q u e h a n e s t u d i a d o la poesía de J o r g e Guillen e s t á n de acuerdo en q u e la sensación p r e d o - m i n a n t e en su poesía es la visual. No es lo m i s m o ser poeta d e la v i s t a que poeta del oído. El p o e t a del oído se d e b a t « en u n m u n d o q u e se le deshace de e n t r e las m a n o s . L a s cosas se le esfuman r o d e a d a s de niebla.

Su concepción poética del m u n d o és t e m p o r a l : las cosas al nacer llevan en sí enraizadas el no ser. L a s cosas p a s a n ; no son, devienen, y el poe- t a quiere siempre la esencialidad. U n pesimismo y u n a melancolía re- corren su obra. E l recuerdo pesa sobre el poeta. El recuerdo en A. Ma- chado es un m o m e n t o aprisionado, pálido, pero a ú n tembloroso q u e nos

e n t r e g a p a r a q u e v e a m o s lo q u e fué, y p o d a m o s soñar con él.

Sobre las sensaciones visuales es m á s fácil construir u n a concepción del m u n d o espacial, en la q u e aparece el m u n d o perfectamente articu- lado en el espacio; y las cosas o c u p a n su lugar, el q u e deben, enlaza- das» p o r lazos de armonía. M u n d o poético el de la vista, en el q u e suele

reinar el optimismo y en el q u e el t i e m p o q u e d a escamoteado p o r el presente. El sueño y el recuerdo, su f u n d a m e n t o , se esfuman.

N o h a c e n falta m u c h o s ejemplos p a r a p r o b a r que Guillen es p o e t a en el q u e las sensaciones visuales p r e d o m i n a n . E l mismo h a dicho que

«el poder esencial lo ejerce la mirada», q u e «vivir p a r a a d m i r a r » , «mi- r a r p a r a a d m i r a r » . Luz, alba, aurora, claridad, etc., y colores. De los co-

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lores los más abundantes el azul, el blanco, el verde. Es decir, los colo- res que con más abundancia se nos dan a los ojos; el azul que domina cielo y mar; el blanco que es luz del sol y fusión de colores; el verde del campo y los árboles.

El prinaer poema de su obra es el amanecer. Su obra empieza cuan- do el sol vence a las tinieblas, cuando el día sucede a la noche. El alma SQ dirige a los ojos y choca:

...¡Luz! Me invade todo mi ser. ¡Asombro!

Asombro ante la claridad del día, ante la luz que centelleante va creando, cincelando los objetos. Y de esta manera se van presentando las consistencias que se disponen en cosas. Guillen se pregunta si ha habido antes un caos. Ello, porque ahora reina la seguridad.

La luz pone ante el poeta un mundo. Un mundo de realidades con- cretas. Y ¡qué júbilo! ¡Cómo le hacen cantar estas «maravillas concre- tas» ! Entonces es cuando Guillen se propone no sólo cantarlas después

de verlas, sino decirlas, esto es, nombrarlas. Los nombres son las cosas mismas:

Albor. El horizonte entreabre sus pestañas

y empieza.a ver. ¿Qué? Nombres.

Están sobre la pátina de las cosas.

Las cosas ahí, estáticas, perfectamente lineales, perfectas. ¿ Qué hace el poeta con ellas? ¿Qué es poesía? Plenitud del ser en la fiel plenitud de las palabras.

Recordemos al otro poeta que hemos contrapuesto a Guillen. Para A. Machado, poesía es la palabra esencial en el tiempo. El verbo es lo esencial, lo que mejor expresa la temporalidad, la fluencia del ser. ¿Có- mo definir? ¿Cómo dar una definición de las cosas si son ríos siempre en movimiento hacia el mar, algo que se escapa del momento, del ahora?

Para Guillen el ser es, está, perfecto, ante mí: el nombre lo define. Las poesías de Guillen se pueden titular perfectamente: perro, jardín, bea- to sillón, el infante, etc. Al leer el poema de Guillen se ve inmediata- mente la cosa que responde al nombre. Mundo de cosas concretas, rea- 12

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lísimas, el de la primera parte de Cántico. Cosas estáticas, resaltadas por la luz y recreadas diariamente del abismo de la noche por ella.

Cuenta aquí, el instante, el presente.

No, no hay peligro de que se anegue el ser en el no ser, porque el ser es y basta:

Tanto presente, de verdad, no pasa.

Tenemos pues, un mundo de cosas concretas, geométrico, aprisiona- do len nombres y en poemas. Pero el mundo no es sólo ese mundo y Gtiillén lo sabe. ¿Y la vida? ¿y el movimiento?

Guillen es uno de los poetas que más importancia ha dado al impul- so elemental. Cantor de la vida, de las fuerzas naturales, de la potencia vital de la naturaleza, de la fuerza del amor. Tanto es así que se le hai podido comparar con Aleixandre. Dámaso Alonso. lo ha hecho. Sin em- bargo, AleLxandre niega que el paraíso sea para el hombre. En su poe- sía el hombre es un hombre desterrado. El poeta vislumbra una som- bra del paraíso y en el anhelo se le escapa el llanto. En Guillen, n o : el mundo es del hombre. Un optimismo exaltado recorre la obra del poeta.

¿Qué tiene que ver, pntonces, este vitalismo, esta fuerza cósmica con aquel estatismo que hemos señalado al principio? ¿Tiene algo que ver la perfección del círculo, perfectamente cerrado, sin posibilidad de un punto más de perfección, con ese movimiento genera.1 de los seres?

Pues el movimiento es de suyo imperfección. Moverse es tender a algo que no se posee.

Guillen es cantor de la forma, de la existencia, del acto. La actuali- dad es la palabra más suya y con ella define la perfección que ve en los seres. Para A. Machado, en cambio, no había nada en acto, todo era devenir:

Caminante no hay camino, se hace camino al andar

La palabra «ser» la emplea Guillen en tres acepciones importantes:

el ser que existe; el ser que está; el ser que actúa. La existencia es el mismo ser siendo. No concibe el poeta un ser posible; el ser que no exis- te con existencia real, aliora, concreto, ante mí, no es. El estar es más que ser; es ser entre los seres: las cosas son sólo, y están cuando el hombre se introduce entre .ellas; el hombre es y está. El acto es la per- fección del ser,

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P e r o es q u e Cruillén sabe que la v i d a es perfección t a m b i é n . E s la v i d a m o v i m i e n t o q u e empieza y a c a b a en el mismo ser q u e lo p r o d u c e ; es lo q u e los filósofos llaman movimiento i n m a n e n t e . Guillen c a n t a el m o v i m i e n t o i n m a n e n t e , el m o v i m i e n t o del ser q u e no es m á s q u e la perfección del propio ser a c t u a l manifestándose perfecto.

P o r eso, j u n t o a la perfección del círculo, c a n t a a las fuerzas d e la naturaleza. T o d o lo q u e es y aparece ser v i v o : los árboles, los anima- les, al niño que tiene la perfección del h o m b r e en sí mismo y cuyos m o - v i m i e n t o s no son m á s que u n despliegue de ella.

L a creación es u n t o d o orgánico en pleno crecimiento h a s t a m a n i - festar la plenitud, la perfección, que, p o r o t r a p a r t e , e s t a b a implícita

v i r t u a l m e n t e en el m i s m o ser que se exterioriza pleno.

L a m i s m a técnica de creación de sus o b r a s manifiesta ésto. H a es- crito u n solo libro que progresivamente h a crecido como u n ser vivo.

Y h a s t a la m i s m a técnica de) v e r s o : el encabalgamiento de los versos a c e n t ú a la impresión de bloque continuo.

Perfectas las cosas, perfectos los impulsos vitales que son despliegue de perfección, el m u n d o es u n todo perfecto. E s m á s , es u n t o d o u n o .

«Actualidad infinita dura- creando» h a dicho Guillen. U n m u n d o a b - soluto, perfectamente e n s a m b l a d o y p o r t a n t o uno, parece deducirse de la lectura de la poesía de Cántico.

Todo en su luz naciente se aligera.

Y prorrumpe de nuevo el gran enlace.

U n a fuerza cósmica m a n t i e n e todo en t e n s i ó n : El mundo está rodeando

con sus fuerzas—aunque enorme por todas partes se aleje—

los caminos de aquel monte, hoja tras hoja en el viento los follajes de aquel bosque,

y uno tras otro los pasos aquellos...

E s t o se le representa con t a l evidencia que no es posible d u d a r : No hay discordia posible.

El acaso jamás en este círculo puede irrumpir, crujir.

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Guillen canta al aire que lo abraza, lo circunda todo, saltando, ha- ciéndose luz, besando las cosas. A las llamas que en la noche -luchan con las tinieblas interrogando los abismos. A la tierra y al agua. Los cuatro elementos de Empédocles que utilizaron los estoicos.

El mundo forma un bloque:

Alrededor, haz de vivaces vincidos, vibran los enlaces en las nervaduras del orbe,

tan envolventes...

El ser, sólo el ser en la poesía de Guillen. La nada no tiene cabida.

La nada no es más que ,eso, nada. Un mundo helénico, el mundo de Cán- tico. Un mundo eterno en el que todo está en orden, manifestando su gracia al hombre que admira tanta maravilla. Fuerzas elementales, le- gítimas, que hay que dejar desbordar pues es cumplimiento de su ley.

Un mundo del desnudo que no debe ser del artificio. El hombre gozan- do este paraíso, tactando las cosas y entregándose a ellas por la otra fuerza cósmica que es el amor:

Llegó el amor y prorrumpe de nuevo el gran enlace

Amor que consuma la plenitud. Mundo helénico de maravillas con- cretas, armonizando todo el gran todo. Mundo fundamentado en sí mis- mo según ley esencial.

Y me atrevería a afirmar la influencia de la concepción estoica • del mundo. Aparece como un ímpetu vital, un'aliento como respiración hú- meda se introduce entre las cosas y las da consistencia, amalgamando las partes y actuando de ley universal. Hálito universal al que no se escapa nada.

Pero en Guillen hay goce de realidad, de la existencia, cosa que no hay en el estoico. En este sentido un matiz renacentista se deja sentir por las páginas de Cántico.

En este mundo ¿qué puesto tiene el horñbre? Por de pronto es un ser más. Pero el hombre es ser y es más que ser, está: está entre las cosas. La objetividad de las cosas no es problema:

La realidad me inventa, soy su leyenda. ¡Salve!

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Sin las cosas el h o m b r e no sería, y sobre todo no estaría, n o se seru- tiría ser. Gracias a las cosas el h o m b r e se siente s e r :

¡Oh supremo paisaje!

por él voy despertando

P e r o el estar supone u n a relación e n t r e el yo y las cosas. P o r u n a p a r t e las cosas son, serán, sin nosotros. P o r o t r a p a r t e parece q u e las cosas necesitan del h o m b r e . L a cornisa es bella p o r q u e yo la m i r o . L a t a r d e es libre p o r q u e yo lo soy. D e esta m a n e r a s,e establece u n a ade- cuación e n t r e el h o m b r e y las cosas.

Mas el h o m b r e debe someterse al m u n d o . El m a l del m u n d o es no reconocer la l e y :

Sumiso a ese fluir de voluntad, escucho.

Convivo

con esta convergencia de energías

Guillen se siente u n ser e n t r e los seres. C u a n d o la luz descubre los objetos, el h o m b r e siente su ser que flota, n a d a sobre sí mismo. C u a n d o el h o m b r e se m i r a a sí m i s m o , m a l a cosa. N o h a y salud, es u n h o m b r e enfermo. L o q u e c u b r e el ser a la consideración del h o m b r e es el dolor, la enfermedad, las tinieblas, la n o c h e :

¿Qué es esto?

¿Tal vez el caos?

-¡Oh!,

la niebla nada más, la boba niebla,

Guillen h a llamado al dolor s u m o escándalo, el i n t r u s o :

Padecer, sumo escándalo.

¿No me envuelve en discordia bárbara con m,i esencia, mi destino, mi norma?

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Sin embargo, p a r a Guillen, la niebla, el dolor—intrusos—son sólo accidentes en la sustancia, n o sustancia misma.

No hay nada accidental que ya me asombre, la esencia siempre me será prodigio.

U n a vez que el dolor se va, el h o m b r e p u e d e volver a ser el q u e e r a :

El intruso partió. Puedo ser donde estoy.

Ya nada me separa de mi, nada me arroja desde mi intimidad contra mi propio ser.

T a m b i é n tiene el día su p á r p a d o , sus p e s t a ñ a s , como el h o m b r e . Las cierra y y a es la noche. L a noche es como el teldn de fondo del espec- táculo diario. P e r o sabe Guillen q u e a u n q u e las p e s t a ñ a s le esconden u n m u n d o , ese m u n d o late sobre él. L a noche llena de recelo:

Tiembla el reloj sin paisaje.

¿Hacia dónde

va una hora sin un mundo que la asombre?

El tiempo quiere lugar, rechaza la hondura informe, no acierta a vivir sin fondo que enamore.

U n a vez r e n d i d o al sueño el cuerpo, se s u m a e n t r e las cosas. P e r o el orden eterno del m u n d o está velado por esos centinelas, luz en brazo, inflexibles, insobornables, que son las estrellas. Ellas presiden con sus luces la esfera p a r m e n í d i c a sin resquicios ni r e s q u e b r a j a d u r a alguna p o r d o n d e e n t r e el caos. Al amanecer el gallo e n t o n a su pregón al u n i v e r s o : t o d o sigu.e siendo. Y la tozudez del gallo parece decir q u e no quiere ca- llarse, q u e es la d i a n a necesaria de la creación.

Sólo la m u e r t e es límite necesario nuestro. P e r o la m u e r t e no es u n accidente, sino ley necesaria.

T a m b i é n Guillen h a poetizado la m u e r t e . L a ciudad de los m u e r t o s q u e es el cementerio con su verdor, con sus m u r o s encalados, es u n a ciu- d a d d e remanso, d e paz. Y como el fruto cae del árbol, así el h o m b r e se desprende de la vida. Y h a y q u e tener la dignidad de obediencia:

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...Y un día entre los días el más triste será. Tenderse deberá la mano

sin afán. Y acatando el inminente poder diré sin lágrimas: embiste, justa fatalidad. El muro cano

va a imponerme su ley, no su accidente.

Pero hasta la muerte queda vencida, en cierta manera, por el amor.

Por el amor se llega a la existencia en su mayor profundidad. Se llega a la posesión total, a la exaltación del ser.

Henos aquí. Tan próximos,

¡Qué oscura es nuestra voz!

ha carne expresa más.

Som,os nuestra expresión.

En eso consiste el ser, según vimos. La plenitud en su expresión. Por el acto del amor .el ser se expresa, se muestra, se patentiza, somos nues- tra expresión. Nos penetra en la realidad el amor; rios implanta en la existencia; empieza por él el gran enlace.

Pero, además, por pl amor se triunfa de la muerte. No es mero ca- pricho, ni sentimentalidad mal entendida—Guillen tiene poco de eso—el

que haya cantado a la luz natal, al padre; y que haya cantado al hijo.

Entre el padre y el hijo, procediendo de uno, continuándose en otro, él en medio, se enlaza una cadena et«ma.

El hijo es más vida. Este milagro del mundo que es el hijo ¿cómo es posible que se realice? Guillen se queda sin saber qué decir, asom- brado ante tanta perfección. ¿Porque se pregunta por qué gracia de via- je acertamos a estar en otro? Canción alborozada de Guillen ante el hijo.

Hijo, resplandor de mi júbilo

Gracias a tí, figura de mi amor bajo el sol, restituido

todo a esa luz...

Heme aquí de mi noche liberado, neto.

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E l hijo cadena necesaria en la g r a n creación:

¡Cuántos siglos ahora sosteniéndote.

Con el hijo, prolongación de la propia v i d a :

La mirada mía verá con tus ojos

el mejor universo:

el de tu asombro.

A través, de tus horas, sin descanso más allá de la muerte,

hasta el año 2000 he de llegar calladamente.

La creación en creación es quien te sitia.

E l h o m b r e , pues, h a de entregarse al m u n d o q u e le llama p a r a sí. E l m u n d o q u e se le i m p o n e y le s u b y u g a .

E x i s t e n c i a ; ni sueños ni soliloquios p e r t u r b a d o r e s , sino vida, m á s vida en cada m o m e n t o ; entregarse al r i t m o del universo.

Basta ya.

¿Para qué tanto

soliloquio? Siempre a ciegas, corrompe tanto soñar.

Vivir es gracia concreta.

Los recuerdos q u e t e n í a n t a n t a i m p o r t a n c i a en Machado, q u e eran el núcleo esencial de su poesía, y a q u e con ellos fabricaban las d o r a d a s abejas blancas cera y dulce m i e l ; de los q u e sacaba la noria sus cangi- lones llenos d e sueños, p a r a Guillen son p u r a n a d a . Los recuerdos no son m á s que ausencia. A veces se cae en ellos, pero h a y que d e s t e r r a r l o s :

Cedí,

me abandoné,

confié a la tiniebla toda el alma y su peso

para profundizar

hasta el fondo arenoso que el desvario puebla.

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¡Ay!

Emergí. ¡Qué dicha sobre el nivel del mar!

Sí, Guillen ha dicho que huelga la vanidad. La duda absurda no tiene entrada en el mundo suyo. Este es un mundo en el que hay que afincar los pies y tactarlo, no separarnos de él con elegantes abstracciones. Por eso trae a colación unos versos de Lope:

No es esto filosófica fatiga,

trasmutación sutil o alquimia vana sino esencia real que al tacto obliga.

Si fallase el mundo, que no puede fallar, fallaríamos nosotros. Que los sabios duden si quieren, que se llenen de abstracciones elegantes.

Guillen sabe qixe están negando la vida y están tratando de quebrar una vida inquebrantable.

Heme aquí solidario del día tan repleto, sin un solo intersticio por donde se deslice

la abstracción elegante de una duda.

Duden con elegancia los más sabios.

Yo, no ¡Yo sé muy poco!

Por el mundo asistido,

me sé, me siento a mí sobre esta hierba tan solícitamente dirigida.

¡Jornalero real!

También de mi jornada jornalero, voy pisando evidencias,

verdores.

Mas los hombres se empeñan en sus luchas, en sus intereses bastardos y crean un orden que ,es desorden.

En los últimos cánticos se acentúa una nota de melancolía. En el último Cántico llega a decir que el mundo de los hombres es malo.

¡Ah de la vida! ¿Nadie me responde ? 2 0

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pregunta con Quevedo.

¡Imperen mal y dolor!

En mi semblante un sonrojo de inaptifud se colore.

No cedo, no me abandono.

Oye el mal a su alrededor, pero Guillen cree en el m u n d o , a u n q u e no crea en los h o m b r e s :

El alma quiere acallar su potencia de sollozo.

No soy nadie, no soy nada, pero soy — c o n unos hombres que resisten y sostienen mientras se agrandan los ojos admirando como el mundo se tiende fresco al asombro.

Referencias

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