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Ricardo Macías Picavea y el problema del regenaracionismo español

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UNIVERSIDAD AUTONOMA DE MADRID FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETRAS

DEPARTAMENTO DE FILOSOFIA

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REGtRO GC4EHAL

TES 15 DOCTORAL.

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AUTOR: FERNANDO HERMIDA DE BLAS

DIRECTOR: DR DIEGO NUÑEZ RUIZ

MADRID, 1995

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1 N]D 1 GNEIAL.

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I.aQ E3 QI1O E3 1 11

(3)

* 1 INTRODUCCION 5

* CRONOLOGIA DE LOS ESCRITOS DE RICARDO MACIAS PICAVEA. 17

* II BIOGRAFIA DE RICARDO MACIAS PICAVEA23

* III RESUMEN COMENTADO DE LAS FUENTES PRIMARIAS DE RICARDO MACIAS PICAVEA53

Kosmos59

Determinación de los géneros fundamentales literarios77

- Gramática general latina89

- Apuntes y estudios sobre la instrucción pública en Espafla y sus reformas93

Artículos publicados en la sección Nuestros principios de La Libertad150

Estudios sociales sobre la provincia de Valladolid222

- Los alcoholes industriales233

- (Sin título.)236

- La Capitanía General de Valladolid238

- Biblioteca Contemporánea: Historía de la Grecia, por Ernesto Curtius241

La mecánica del chogue244

- Artículos de viajes246

- Tipos de Castilla: Dos bachilleres de Campos252

Novelas peque?ias: El derecho de la fuerza254

- Lo flamenco256

- Crimínología positiva261

Zolísmos264

- Nuestra capitalidad militar y las economías266

Gramática general latina270

- José Muro272

Religión y política279

- Valladolid282

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- Geografía elemental: Compendio didáctico

y razonado 289 . - Castilla y Valladolid por Don José

Zorrilla301

- La Tierra de Campos306

- El problema nacional377

* IV APENDICE AL RESUMEN COMENTADO DE LAS FUENTES PRIMARIAS DE RICARDO MACIAS PICAVEA476

- Prólogo a El genio de las religiones, de Edgar Quinet477

* y RICARDO MACIAS PICAVEA VISTO POR LA CRITICA494

- Primera fase (1896-1922)502

Línea liberal—conservadora502

Necrológicas y artículos sobre la muerte de Picavea521

Artículos de amigos y ex—alumnos de Picavea540

Línea vinculada al regeneracionismo552

Línea progresista564

- Segunda fase (1943-1979)585

Línea tradicional—fascista585

Línea socialista-progresista671

- Línea liberal718

Crítica literario—intelectual732

Tercera fase (1980-1994)744

Línea biográfica sobre Picavea744

Visión de la Historia y crítica de la literatura españ’ola749

Principio de un análisis crítico del pensamiento de Macías Picavea752

* VI EPILOGO774

* BIBLIOGRAFIA791

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1

1 N Q1DtJ€ 1 QN

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La historiografía del pensamiento espaPiol se encuentra todavía lejos de ofrecer una visión completa de los movimien

tos intelectuales del siglo XIX. Entre éstos, destaca muy especialmente uno que recogió la herencia de la tradición ilustrada del XVIII, pero que se desarrolló en el cuarto final del siglo, aunque extendiera su acción hasta la primera parte del XX, y cuyas repercusiones alcanzan nuestra historia más reciente: el regeneracionismo.

La trascendencia que el regener.acionismo tiene dentro del pensamiento espafiol es un hecho reconocido, si bien quizá no lo suficiente. Por ello mismo, resulta sorprendente que desde los últimos estudios acerca de la figura y la obra de Joaquín Costa no se haya avanzado demasiado en la correcta comprensión de los literatos vinculados a esa corriente intelectual. Esta carencia de una investigación de base, ha sido originada, aparte de por las dificultades inherentes que continúa tenien do en el Estado espafiol el acceso a las fuentes primarias de

los autores, por motivos ajenos al ámbito más estricto de la historiografía: tales motivos han sido, primordialmente, de índole mental, ideológica y filosófica. A su vez, la falta de un fundamento sólido en los análisis realizados sobre estos escritores ha propiciado, en unas ocasiones de forma incons ciente, mas en otras con plena consciencia, el sostenimiento de una serie de mitos o leyendas acerca del regeneracionismo.

Entre los principales, se cuentan: la identidad entre regene—

racionismo y coBti8mo, la reducción del regeneracionismo a un movimiento eminentemente político, la procedencia krausista del regeneracionismo, la consideración del regeneracionismo como un movimiento nacido al hilo del Desastre del 98, la

inserción del regeneracionismo en la ideología prefasciata y la atribución al regeneracionismo de una actitud pesimista.

El caso de Ricardo Macías Picavea, quien es tenido junto con Costa como el gran representante del regeneracionismo, es uno de los mejores ejemplos de esta manipulación: denostado por comentaristas que no compartían sus presupuestos filosófi cos o políticos, o que simplemente querían emplearlo como

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excusa para entablar una polémica con sus rivales ideológicos;

reivindicado por aquéllos que, merced a la tergiversación de su pensamiento, pretendían convertirlo en el sostén intelec tual del anterior régimen, o que únicamente deseaban despres—

tigiarlo a los ojos de los sectores más progresistas. Sin embargo, nadie que haya hablado sobre él en tono de elogio o de censura parece haber llegado a conocerlo verdaderamente, pues no ha podido, o no se ha. preocupado de, elaborar una monografía crítica acerca de él. Por eso, la necesidad de una investigación seria, rigurosa y objetiva sobre la biografía y de la obra de Macías Picavea es absolutamente imperiosa para abordar con exactitud el sentido real de la problemática regeneracionista.

¿Cuál habrá de ser la estructura de ese análisis?. Evi dentemente, deberá comenzar por la reconstrucción de la bio grafía personal e intelectual de Picavea; cosa que hacemos en el capítulo II de este trabajo. Tal reconstrucción resulta imprescindible a la hora de entender el significado de su producción, hasta ahora llena de lagunas que los comentaristas habían sido incapaces de cubrir y, lo que es peor, de datos equivocados: en qué ambiente familiar se formó, qué estudios cursó, cuál fue su intervención en los acontecimientos públi cos de su tiempo, qué supuso para él su ocupación de maestro de segunda enseñanza, cómo se desplegó su evolución ideológica y filosófica, cómo repercutió su vida familiar en todo ello.

Al no habérsenos permitido —por las razones que deta llamos en los siguientes capítulos— examinar el archivo priva do de este regeneracionista ni acceder a los datos de primera mano que algunos familiares podrían haber aportado, no nos es posible brindar un imagen completa de su biografía. Si hemos conseguido, en cambio, aclarar las dudas más importantes, y aun varias de las secundarias, así como señalar y enmendar los equívocos y confusiones más persistentes. Todo esto ha sido factible gracias al manejo de textos fiables de terceros y, preferentemente, de fuentes documentales localizadas en el Archivo Histórico Nacional y en el Archivo Histórico y Univer sitario de Valladolid, entre las cuales se incluyen, básica mente, el expediente académico de Picavea y una serie de manuscritos, suyos y ajenos, unos referidos solamente a cues—

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tiones relacionadas con su formación, mas otros a vicisitudes familiares. Entre las contribuciones más destacadas de la presente investigación, se cuentan:

1) Resolver el misterio de su nacimiento, el cual todos los autores, aun los que habían sido amigos o compañeros del propio Picavea, afirmaban, sin dar una fecha exacta, que se había producido en 1847. Lo cierto es que ocurrió el 17 de junio de 1846, si bien se ocultó posteriormente —según expli camos en el mencionado apartado— a causa de la ausencia en la Nación española de un proceso de secularización que, para los elementos progresistas, era aún una utopía, mientras que para los tradicionalistas y liberales más conservadores, en el poder, se trataba de una propuesta que anatemizaban y se resistían a aceptar. De esta manera, una peripecia que en un Estado moderno habría tenido poca o ninguna consecuencia,

llegó a tener una gran repercusión en la existencia de Pica—

vea, en la cual influyó todavía veintiséis años después de suceder, y probablemente a lo largo de toda ella. Por eso, se puede decir que, desde el mismo instante de venir al mundo, Picavea padeció en su propia persona los hábitos, costumbres y vicios nacionales que tanto fustigó durante su vida.

2) Despejar las incógnitas que existían acerca de su educación; debidas éstas, como hemos comprobado, a los sucesi vos cambios de residencia a los que se vio abocada la familia Macías—Picavea en seguimiento de los destinos militares de su padre, a la obligación que tuvo Ricardo de acudir a prestar el servicio militar y a que le fue menester cubrir una plaza en la enseñanza pública para ser capaz de atender económicamente a su familia. Así, hasta los treinta y dos años de edad, Macías Picavea no se asienta definitivamente en lo que desde

entonces sería para siempre su hogar: Valladolid. Anteriormen te, se había trasladado no menos de siete veces de una pobla ción a otra: Santoña, Valladolid, León, nuevamente Valladolid, Madrid, otra vez Valladolid y Tortosa. Muchos críticos opina ban que Ricardo había cursado la primera y la segunda enseñan za en León, aunque no justificaban el porqué de esa opinión;

incluso uno de ellos disentía y aseguraba, sin aportar ninguna prueba, que la segunda la había realizado en Valladolid y en León. Nosotros, en cambio, sí tenemos constancia documental de

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que Picavea alcanzó, cuando iba a cumplir diecisiete afos, el título de Bachiller en Artes por el Instituto de Segunda Ense?ianza de León. Las mayores confusiones existían en lo que se refería a su etapa universitaria: no se sabía con seguridad qué carreras había cursado, ni en qué afios, ni en qué lugares, ni cuándo había accedido a los títulos de Bachiller, de Licen

ciado y de Doctor, o aun si había conseguido este último. De la contrastación del expediente académico de Picavea, se deduce que: inició la carrera de Filosofía y Letras en Valla dolid, a los diecisiete a?ios y, en esa misma ciudad, la de Derecho a los diecinueve, dato que ningún comentarista indica ba con precisión y que otros negaban rotundamente; a los vein tiuno, abandonó esta segunda, apunte que tampoco nadie había sostenido; ese mismo afio recibió en Valladolid el grado de Bachiller en Filosofía y Letras, y continuó la carrera de Filosofía y Letras en Madrid, terminándola a los veintidós, si bien hasta los veinticinco no solicitó ser admitido en los ejercicios para optar al grado de Licenciado; a los veintisie te, y celebrados los exámenes correspondientes, finalizó la

licenciatura en Madrid, como varios autores se?ialaban, sin presentar dato alguno que lo apoyara, y al contrario que quienes suponían que había sido en Valladolid; un a?io después se matriculó en los cursos de doctorado de la Universidad Central, aunque probablemente los simultaneara con el desempe—

?ío de su cargo de profesor en el Instituto de Segunda Ense?ían—

za de Tortosa; a los treinta procedió a defender en Madrid su Tesis doctoral y, una vez aprobada, le fue concedido el grado de Doctor en Filosofía Letras, si bien éste es un extremo que ningún crítico había advertido hasta ahora.

3) Desmentir una fantástica historia relatada por ciertos personaje, de acuerdo con la cual Picavea se encontra ría en Madrid cumpliendo el servicio militar cuando el 22 de junio de 1866 ocurrió la famosa sublevación antimonárquica en el cuartel de artillería de San Gil, y que habría resultado gravemente herido en la explosión de los polvorines con la que culminó la sangrienta represión de que fue objeto aquélla. La realidad es que, en la fecha citada, nuestro regeneracionista seguía estudiando en Valladolid y que no se marchó destinado a la capital por lo menos hasta comienzos de octubre del a?io

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siguiente, según se desprende de un testimonio escrito del propio Picavea.

Cumplido ese designio, el siguiente paso es analizar críticamente las fuentes primarias que sean pertinentes a esta investigación, a fin de exponer con la debida seriedad y objetividad la evolución y el contenido del pensamiento de Ricardo Macías Picavea: con ese propósito hemos redactado los capítulos III y IV de la misma. Dichas fuentes se resumen en:

seis libros, el prólogo de un séptimo, el prefacio y la tra ducción de una obra francesa, dos novelas cortas publicadas tanto en un volumen como en cuatro entregas periodísticas cada una, un extenso poema también editado en un tomo, una Tesis doctoral y cincuenta y ocho artículos aparecidos en prensa. En total, setenta (setenta y seis, si se cuentan las ocho entre gas de las novelas cortas) frutos de la actividad intelectual de este regeneracionista.

Por supuesto, el total de su producción no se limita a ese número, sino que es bastante superior; pero los textos que no hemos enumerado poseen un carácter eminentemente estético,

ajeno al ámbito de la historia de las ideas. Y justo éstos son prácticamente los únicos de los que los comentaristas se han preocupado a lo largo de más de una centuria, con tres excep

ciones: hace casi ochenta aflos, un ex—alumno de Picavea trató de recopilar en poco más de cuarenta páginas los aspectos que creía eran más sobresalientes del universo literario creado por su viejo maestro; todos los críticos han examinado, en

ocasiones minuciosamente, El problema nacional de Picavea, escrito cumbre del regeneracionismo; en la década pasada, un hispanista extranjero tomó asimismo en cuenta una de las novelas del ilustre profesor vallisoletano, La Tierra de

Campos.

Fácilmente se comprenderá que, de semejante carencia de información, exclusivamente hayan surgido opiniones ilegíti mas, elucubraciones sin demasiado sentido y alguna que otra

intuición genial sobre asuntos muy concretos relativos a nuestro personaje. Sin embargo, ni siquiera éstas últimas han sido capaces de superar la grave ausencia de una base sólida que sustentara la distorsionada imagen de Picavea que han aspirado a hacer pasar por la verdadera: de una sinopsis tan

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corta como la que hizo su antiguo discípulo es quimérico pretender inferir acertadamente cuáles eran los valores, principios e ideales que guiaban a este regeneracionista; de

la lectura de El problema nacional tampoco es factible sacar una idea correcta de la filosofía de Picavea, pues se trata de una obra en la que sintetiza esquemáticamente los vastos y pormenorizados estudios que ha ido realizando durante toda su vida, con lo cual para entenderla es necesario conocer previa mente éstos; igualmente, sin negar la importancia que tiene La

Tierra de Campos, no proporciona suficientes elementos de juicio que autoricen una fidedigna reconstrucción de la figura de Macías Picavea y de la labor por él llevada a cabo.

¿Cómo se explica, entonces, lo mucho que se ha hablado acerca de Picavea?. Primero, porque las dificultades intrínse cas que sigue habiendo en el Estado español para acceder a las fuentes primarias de los autores, coartan muy sustancialmente la posibilidad de percibir atinadamente el significado del regeneracionismo picaveano.

Nosotros mismos las hemos padecido en nuestras carnes, ya que en nuestra búsqueda de materiales para la presente inves tigación, nos fue amablemente concedido el permiso para revi sar los fondos del periódico La Libertad, de Valladolid, del que Picavea había sido fundador y director, actualmente depo

sitados en la hemeroteca del diario El Norte de Castilla, de la misma localidad pinciana: entre aquéllos hallamos todos los artículos incluidos en nuestro análisis, y otros más, la mayoría de los cuales no había sido recogida por el resto de los comentaristas. Aparte del hecho de que gran número de ellos se encontraban en un deplorable estado de conservación, y de que faltaban ejemplares sueltos y aun un año entero de la publicación, para proceder al barrido de ésta sólo se disponía de lectores de microfilm con las lentes rayadas, lo que duran te semanas convirtió la faena diaria en poco menos que un es

fuerzo por descifrar jeroglíficos egipcios, al tiempo que intentábamos no dañarnos la vista irreparablemente. Por si esto fuera poco, advertidos del extremo de que ciertas hojas eran más fácilmente legibles a partir de su fotocopiado, al

interrogar al encargado, descubrimos con sorpresa que una reproducción costaba nada menos que doscientas pesetas. Dado

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que la máquina empleada dividía una página en cuatro partes, resultaba que había que pagar por cada artículo ochocientas pesetas. Sabiendo que eran absolutamente imprescindibles para nuestro propósito, especialmente los cuarenta aparecidos en la sección titulada Nue5tros principias, en los que se condensaba el pensamiento político de nuestro regeneracionista y no estudiados anteriormente por ningún crítico, los encargamos y, ante la cantidad que eran, nos rebajaron el precio a ciento cincuenta la copia. Así, entre las notas que habíamos ido tomando in .situ y el manejo, por medio de la inevitable lupa, de los mencionados duplicados, logramos completar el capítulo.

¿Cómo trabajar en esas condiciones?. Y si en lugar de ser un solo personaje, hubieran sido más, ¿qué habría que hacer:

disponer de un capital ilimitado y convertirse en un monje de clausura, todo el día agachado delante de documentos incom—

prensibles?. Estos son algunos de los infortunios a los que se ven sometidos los investigadores en España.

Sea como fuere, conseguimos probar en este apartado cómo Ricardo Macías Picavea fue tan influyente o más que Costa en multitud de aspectos de la vida nacional; cómo, siendo ambos regeneracionistas, existió un distanciamiento entre ellos provocado por las diferencias que van más allá de la simple estrategia política práctica, hasta alcanzar el terreno ideo lógico profundo; cómo el pensamiento de Picavea, tanto en su parte analítica como en la de los remedios propuestos a los males de la Nación española, tuvo en cuenta temas que no se limitaban a la esfera política, sino que también hacían refe rencia a los ámbitos material, social, cultural, religioso, educativo, filosófico, etcétera; cómo la influencia krausista que recibió fue mucho menor que la proveniente del positivismo y de la Ilustración del XVIII, y al final se limitó a las aportaciones pedagógicas recogidas del institucionismo krauso—

positivista; cómo alguno de sus escritos editados más de una década antes de 1898 incluían ya muchos contenidos típicamente regeneracionistas; cómo Picavea evolucionó ideológicamente desde el republicanismo liberal progresista hasta una actitud humanitario—socialista francamente cercana al movimiento obrero: cómo, conforme profundizaba en su postura regenerado—

nieta, iba rechazando más rotundamente cualquier determinismo,

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fatalismo o esencialismo a la hora de abordar la cuestión española.

Sin embargo, esos obstáculos que se encuentra uno cuando acomete la tarea de entender a un autor espafiol como Hacías Picavea no explican suficientemente el porqué de esa plétora de glosas apoyadas en tan débiles cimientos. Lo cual nos obliga a pasar a un tercer bloque de nuestro estudio: el del análisis comentado de los principales críticos de Picavea, que desarrollamos en el capítulo V de aquél. Para ello, tenemos en cuenta sesenta y un testimonios (catorce libros, tres prólogos y cuarenta y cuatro artículos y ensayos aparecidos en publica ciones periódicas) de más de cuarenta escritores e intelec tuales de los últimos cien aflos, entre los que incluyen nom bres tan prestigiosos como Marcelino Menéndez Pelayo, Juan de Valera, Rafael Altamira, Emilia Pardo Bazán, Gumersindo de Azcárate, Miquel deis Sants Oliver, Luis Legaz y Lacambra, Pedro Laín Entralgo o Enrique Tierno Galván. El esquema que

seguimos es el de dividir este capítulo en tres grandes fases:

la primera va de 1896 a 1922; la segunda de 1943 a 1979; la tercera de 1980 a 1994. Tal segmentación no es arbitraria, sino que apunta directamente al núcleo del problema de las interpretaciones que sobre Ricardo Hacías Picavea y su obra se han hecho.

En efecto, la primera de las citadas etapas, en parte contemporánea de nuestro regeneracionista vallisoletano, se caracterizó por las diatribas contra Picavea efectuadas por quienes, o bien profesaban una ideología más conservadora que la suya, o bien estaban adscritos a una escuela filosófica enfrentada a la línea de pensamiento en la cual aquél estaba englobado. Mas al lado de esto, existió, asimismo, un grupo de autores, primordialmente de ideología progresista, que procu raron ser objetivamente críticos con Picavea y mostrar lo que juzgaban acertado o errado de sus opiniones, concepciones y reflexiones. De ahí que las subdivisiones que realizamos en esta fase estén relacionadas con esos dos elementos: filosofía e ideología.

En la segunda, el tan traumático proceso histórico seguido tanto por la sociedad como por la Nación espa?tolas, dispuso que lo ideológico llegara a adquirir tal importancia

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que acabó por dejar en un segundo plano las controversias filosóficas: encima de Picavea cayeron, desde orientaciones políticas antagónicas, toda clase de infundios e injurias que, conforme pasaba el tiempo, iban ocultando más profundamente al público el verdadero significado del pensamiento de este rege—

neracionista. Los tradicional—fascistas se escindieron entre quienes pretendían convertirlo en la base intelectual del régimen franquista, a la vez que hacerlo caer en el descrédito

ante los sectores ideológicamente más avanzados, y quienes lo denostaban por saber que, realmente, no compartía sus mismos principios, valores e ideales. Los progresistas, entre quienes desde el exilio reconocían el mérito y la vigencia de algunas de las aportaciones de Picavea, y quienes desde el interior del Estado simplemente querían emplearlo como excusa para entablar una polémica con sus rivales ideológicos, sin preocu—

parse lo más mínimo por averiguar cuál era el auténtico senti do del regeneracionismo. Semejante manipulación se fundamenta ba en la descontextualización de algunas de las frases usadas por Picavea en sus libros y en la atribución a éste de ideas que nunca había expresado o sostenido. Unicamente al final de este período, ciertos comentaristas de enfoque liberal inten taron romper esa dinámica, pero no fueron capaces de sustraer—

se totalmente al afán ideologizante de sus coetáneos, sino que, a menudo, hablar de Picavea era para ellos un pretexto para defender su propio proyecto político. Por eso fracciona mos esta fase en secciones que se corresponden con los mencio nados grupos, excepción hecha de un corto ensayo de carácter eminentemente literario, al cual reservamos un apartado espe cial.

La tercera es la que guarda una menor coherencia interna: por un lado, busca, en ocasiones demasiado tímidamen te, recuperar en sus estudios acerca de Hacías Picavea el rigor y la seriedad de aquellos personajes de finales del siglo XIX e inicios del XX que abordaron el análisis de la figura y los escritos de nuestro regeneracionista; por el otro, continúa dependiendo excesivamente de los pareceres de los autores de la fase anterior, de suposiciones sin la debida base sólida, de intuiciones poco fiables y de inferencias

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claramente atrevidas. Por eso las subdivisiones están aquí tan personalizadas.

En cuanto al capítulo VI, en él hacemos una síntesis de cual fue la evolución del pensamiento de Macías Picavea a propósito de los temas más trascendentales que afectaban a la vida nacional de la época: el debate entre las diversas co rrientes filosóficas, la polémica de la ciencia española,

europeización y espaífolídad,modernidad y tradición, el pro blema político, la organización del Estado, la.confrontación entre el Estado y la sociedad civil, la cuestión social y el problema religioso.

Para terminar, y volviendo al comienzo de esta introduc ción, la presente Tesis doctoral no tiene exclusivamente el

interés de cubrir una considerable laguna de la historiografía sobre el regeneracionismo, sino que también permite reflexio nar acerca de unas propuestas de Ricardo Macías Picavea que, si bien en algunos casos han quedado desfasadas y obsoletas o merecen no pocas críticas objetivas, en otros aún poseen una evidente utilidad práctica en un momento en el que el Estado está viviendo una apresurada y vehemente modernización. El regeneracionismo, y en particular el estudio íntegro de los males nacionales por parte de Picavea, se muestra mucho más operativo que otras corrientes intelectuales de la época, más apegadas a planteamientos ontológicos o esencialistas: los li berales de principios del siglo XIX fracasaron porque se apo yaron en los franceses, y el nacionalismo del pueblo español no pudo soportar ni a los extranjeros ni a sus amigos, o porque la monarquía absoluta supo hacerse más simpática a los ojos de ese pueblo; los liberales que sobrevivieron a ese período tan conflictivo, se fueron acomodando de facto a la situación, hasta que estuvieron tan integrados en el caciquis mo como los propios tradicionalistas; los krausistas, a pesar de la valentía que manifestaron al erifrentarse al escolasti cismo neocatólico, integrista y teocrático, no dejaron de

instalarse en un discurso teológico—idealista incapaz de encarar los problemas prácticos de la España de su tiempo; los miembros de la llamada “generación del 98 realizaron obras de gran belleza estética y artístico—literaria, mas, al pensar que las causas de la decadencia nacional se encontraban en

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fallos del carácter español, parecían no dejar la puerta abierta a solución alguna.

En cambio, Macías Picavea en concreto y los regenera—

cionistas en general encuentran las causas de esa decadencia en problemas de índole geográfica, económica, política, so cial, histórica,, religiosa, intelectual, pedagógica, mental, moral..., todos ellos más fácil o difícilmente modificables, e incluso suprimibles; y no en defectos intrínsecos de ese hipotético carácter español, que al ser algo tan oscuro e inasequible habría conducido a un puro y simple fatalismo. Tal es la actitud que inevitablemente adoptan estos optimistas herederos de la Ilustración del XVIII y del positivismo.

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Ofrecemos aquí en orden cronológico, cuando ello es posi ble, la lista de los escritos de Ricardo Macías Picavea perti nentes para una investigación referida al ámbito de la histo ria de las ideas, como es la presente. Tales obras comprenden:

seis libros, el prólogo de un séptimo, el prólogo y la traduc ción del francés de un octavo, dos novelas cortas publicadas tanto en un volumen como en cuatro entregas periodísticas cada una, un extenso poema también editado en un tomo, una Tesis doctoral y cincuenta y ocho artículs aparecidos en prensa.

Asimismo, incluimos las reediciones que, sabemos, se hicieron de dos de sus libros en vida de Picavea. El resultado total, sumadas las entregas de las novelas y estas dos reediciones, es de setenta y ocho escritos, que agrupamos en setenta y cinco entradas de la tabla que presentamos a continuación.

AÑO PUBLICACION TITULO

1872 Poema Kosrnos

1876 Tesis doctoral Determinación de los géneros fundamentales literarios

1878 Libro de texto (1 edición)

Gramática general latina

1882 Libro Apuntes y estudios sobre la instrucción pública en Espafia y sus reformas

1884 Artículos que integran la sección Nuestros principios

del periódico La Libertad

Nuestros principios Ser democrata

Buen sentido

. -

Independencia de cara cter Disciplina social

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El gobierno democrático Libertad

Igualdad Fra temí dad El Estado El pueblo

La ley

El legislador La Administración La soberanía

El imperio

La impersonalidad del mando El progreso

La evolución La revolución El orden

El trabajo y la democracia El organismo del Estado 1 El organismo del Estado II El organismo del Estado III

Centralización y descentralización La provincia 1 La provincia II

El poder del pensamiento El municipio 1

El municipio II 19

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La herencia de los títulos La tolerancia

La intolerancia El respeto a la ley La ense fianza 1

La ense fianza II La enea fianza III

Cada uno según sus obras Jesús y la democracia 1886 Artículos

de la serie Estudios sociales sobre la provincia de Valladolid, de

La Libertad

Un poco de historia

La situación actual

1886 Artículo de La Libertad

Los alcoholes industriales

1886 Artículo de La Libertad

(Sin título)

1886 Artículo de La Libertad

La Capitanía General de Valladolid

1887 Artículo de La Libertad

Biblioteca Contemporánea:

Historia de la Grecia, por Ernesto Curtius

1887 Novela corta titulada

La mecánica del choque, publicada

por entregas en La Libertad y tambien en libro-

Choque de trenes Choque de almas Choque de pasiones Choque de retroceso

(21)

1887 Artículos de viajes editados en La Libertad

La 005ta cantábrica

Laredo

A la Nestosa AAJo

1888 Prólogo al libro Tipos de Castilla:

Dos bachilleres de Campos, de Cayetano

Termens, también aparecido en

La Libertad

Tipos de Castilla: Dos bachilleres de Campos

1890 Novela corta, publicada en cuatro

entregas en La Libertad y también en libro

El derecho de la fuerza

1890 Artículo de La Libertad

Lo flamenco

1891 Artículo de La Libertad

Criminología positiva

1892 Artículo de La Libertad

Zoliarnos

1893 Artículo de La Libertad

Nuestra capitalidad militar y las economías

1893 Libro de texto (4 edición)

Gramática general latina

1894 Artículo de La Libertad

José Muro

1894 Articulo de La Libertad

Religión y política

1894 Artículo de La Libertad

Valladolid

21

(22)

1895 Libro de texto (1 edición)

Geografía elemental: Compendio didáctico y razonado

1896 Artículo de La Libertad

Castilla y Valladolid por Don José Zorrilla

1897 Libró de texto (nueva edición,

pero no pone cuál es)

Geografía elemental

1897 Novela (1 parte) La Tierra de Campos 1 1898 Novela (2 parte) La Tierra de Campos II 1899 Libro El problema nacional 18?? Prólogo y

traducción del libro de Edgar Quinet Le génie des religiona

El genio de las religiones

(23)

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(24)

Todos los comentaristas consultados coinciden en afirmar que Ricardo Macías Picavea 1 nace en Santoña, en el año 1847, sin mencionar el mes y el día exactos. Este hecho resultaba especialmente misterioso si se tiene en cuenta que varios de tales comentaristas no sólo son contemporáneos de Picavea, sino también alumnos, compañeros e incluso amigos suyos.

Intrigados por ello, decidimos investigarlo, y aunque los des cendientes de Macías Picavea no estimaron oportuno darnos in formación alguna sobre su antepasado, logramos desvelar el se creto: entre los documentos que, en relación a él, se conser van en el Archivo Histórico Nacional, descubrimos uno de Mar tín Delgado, capellán párroco castrense del primer batallón del regimiento de infantería Gerona nQ 22, el cual explica las extrañas circunstancias que rodearon el nacimiento de Macías Picavea. En el escrito, fechado en Madrid a 9 de Julio de 1852, este sacerdote relata cómo Ricardo nace en la villa de Santoña el 17 de Junio de 1846, y que estando el niño en peli gro de muerte al nacer, es bautizado en su casa por Sebastián Canales, médico—cirujano del citado batallón; posteriormente, Ricardo Manuel José Macías Picavea, hijo de Francisco Macías, comandante graduado de ese tercer batallón, y de Saturnina Picavea, recibe, en la iglesia parroquial de Santoña y de manos de Martín Delgado, los santos óleos.

Este enredo podría parecer una anécdota con importancia meramente personal; sin embargo, no lo es. En efecto, al no quedar reflejado el bautismo de Macías Picavea en ningún órgano eclesiástico, tampoco el poder civil reconocía su nacimiento; y es que el proceso de secularización fue tan lento y tardío en España, frente a lo ocurrido en otros Esta dos europeos, que a mediados del siglo XIX todavía había muchos asuntos civiles de los que estaba encargado el poder eclesiástico, mientras que a la autoridad secular correspon diente no le quedaba, por el peso de la costumbre, otra opción

1 A veces aparece en documentos oficiales, Incluso en la firma del propio protagonista, como “Picabea”,forma pseudovasca de su apellido.

(25)

que obedecer al mismo. Pero aún había más: el que Ricardo Hacías Picavea no fuera bautizado de la forma habitual desper

taba la sospecha de que se tratare. de un hijo ilegítimo, lo cual, en España, era considerado un pecado gravísimo cometido tanto por la madre (no así por el padre), como por la inocente criatura recién nacida; y en esto, los órganos eclesiásticos y la sociedad española en su conjunto se mostraban en perfecta sintonía, pues la opinión pública española era débil y fácil mente manipulable y tenía perfectamente asimiladas unas tradi ciones seculares auténticamente fanáticas.

Pasado el peligro de muerte y siendo Ricardo muy niño, Francisco Hacías es destinado a Valladolid, adonde se traslada toda la familia, para pasar enseguida a León en seguimiento de los deberes castrenses del cabeza de familia. En esa capital cursa sus primeros estudios Ricardo, según afirma Santiago Va—

lentí Camp e insinúa Narciso Alonso Cortés, e igualmente los de segunda enseñanza; apunte, este último, en el que coinciden tanto Alonso Cortés como Valentí Camp, Celso Almuiña Fernández e Isidoro González Gallego, por más que disienta José Luis Abellán, quien opina que tales estudios los hizo en Valladolid y León. Lo cierto es que tenemos constancia documental de que Hacías Picavea obtiene, con fecha 15 de Junio de 1863 y cali ficación de sobresaliente, el título de Bachiller en Artes por el Instituto de Segunda Enseñanza de León, dependiente de la Universidad de Oviedo; pruebas, éstas, que hasta ahora ningún comentarista había mencionado como apoyo de sus suposiciones.

Ese mismo año 1863, la familia vuelve a trasladarse a Valladolid, dejando atrás dos tristes acontecimientos: la muerte de Saturnina Picavea, lo que había obligado a Ricardo, el hijo mayor, a cuidar en muchas ocasiones a sus hermanos pequeños, y la de uno de éstos, caído desde lo alto de las rejas de la catedral de León mientras jugaba con otros niños.

Parece ser que este accidente, ocurrido en 1860 6 1861, según se considere cierto uno u otro extremo de la información que da González Gallego, en el sentido en que Ricardo debía tener catorce años de edad y que se produjo en 1861 (esto es, cuando Ricardo tenía quince años), causó un profundo efecto en el adolescente Ricardo, hasta tal punto que entonces es cuando escribe su primer poema, dedicado al fallecido.

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Instalado ya en Valladolid, como consta en su expediente académico, que hemos podido manejar en el Archivo Histórico Nacional, inicia, a los diecisiete años de edad, la carrera de Filosofía y Letras y, en 1865, la de Derecho; esta última, creemos, impulsado por las dificultades económicas por las que atraviesa la familia, de origen más bien modesto, y tal vez por presiones paternas. Pero, según se desprende de algunos comentarios de los que llegaron a ser alumnos de Picavea, éste no ve en la carrera de Derecho más que la tradicional manera que tiene la burguesía española de lograr el prestigio social y de solucionar económicamente su vida; sintiendo siempre una particular repugnancia por el utilitarismo y por las costum bres sociales de la España monárquico—liberal de la época, y aun a pesar de los problemas económicos que padece su familia, en 1867 decide abandonar unos estudios que no cree coherentes con sus ideas y aspiraciones; dato que se muestra de acuerdo con las investigaciones que hemos efectuado en el Archivo Uni versitario de Valladolid, según las cuales habría aprobado en el curso 1865/66 las asignaturas de Derecho Romano 1 (sobresa

liente, con premio ordinario) y Economía política y estadísti ca (sobresaliente), y en el 1866/67 la asignatura de Derecho Romano II (sobresaliente). Por fin, tras aprobar en el curso 1863/64 las asignaturas de Historia universal (sobresaliente), Geografía (bueno) y Literatura latina (bueno), en el 1865/66 las de Estudios críticos sobre los prosistas griegos (notable) y Metafísica (notable) y en el 1866/67 las de Literatura gene ral y española (sobresaliente) y Literatura clásica, griega y

latina (sobresaliente, con premio ordinario), recibe el 17 de Junio de 1867, y con la calificación de sobresaliente, el gra do de Bachiller en Filosofía y Letras por la Universidad de Valladolid.

A continuación, Macías Picavea acude a prestar el Bervi—

cio militar en Valladolid, y es destinado a Madrid después del 30 de Septiembre de 1867, conforme a un testimonio escrito del propio Macías, en el que solicita al Rector de la Universidad Central le permita matricularse en la citada universidad, a pesar de haber finalizado el plazo prescrito, alegando para ello el haber estado realizando el servicio en Valladolid hasta que fue trasladado a Madrid tras la citada fecha. Estas

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afirmaciones del propio interesado contradicen tanto las insi nuaciones de Valentí Camp y Fermín Solana, conforme a las cuales Picavea se encontraría cumpliendo ese servicio en el cuartel de San Gil, en Madrid, ya en el año 1866, cuanto el relato de Alonso Cortés y González Gallego sobre unas supues tas heridas graves sufridas por Picavea al explotar los polvo rines del cuartel de San Gil como consecuencia de la represión de la sublevación del acantonamiento, efectuada por O’Donnell el 22 de Junio de 1866. En cualquier caso, en esta ciudad de Madrid, Ricardo continúa la carrera de Filosofía y Letras, alternando las clases que imparten profesores de renombre como Sanz del Río o Salmerón con sus obligaciones en la milicia y con un ideal político que le conduce a participar en las efervescencias revolucionarias contra la monarquía isabelina.

Así, interviene en la Septembrina, en el seno de la cual se adscribe al republicanismo progresista, una de las alas más radicales y revolucionarias del republicanismo español.

Por influencia paterna, con toda probabilidad, Macías Picavea se dispone a hacer carrera en la milicia, acometiendo la tarea de la reforma administrativa del ejército español, a fin de convertirlo en un órgano del Estado sometido al poder civil y respetuoso con la democracia. En efecto, Ricardo goza de la confianza del general Prim, uno de los líderes del progresismo y árbitro de la situación del momento, el cual decide nombrarlo auxiliar del comandante—bibliotecario del Ministerio de la Guerra. De hecho, el comandante alega no estar preparado para desempeñar su misión, así que Macías Picavea se convierte en bibliotecario de facto y recibe carta blanca para crear o reorganizar a su discreción los fondos y el funcionamiento de la biblioteca. Sin embargo, Prim apoya la existencia de una monarquía constitucional, lo cual provoca que los republicanos, y entre ellos Picavea, se aparten de él;

contra lo que muchos comentaristas han afirmado, Macías Pica—

vea deja de tener, ya en fecha tan temprana como ésta, con fianza en los caudillos militares, aun en los reputados como progresistas, en los pronunciamientos y en el pretorianismo.

Por otra parte, convencido de que su personalidad, su actitud y sus ideales no le permiten convertirse en profesional de la milicia, abandona el proyecto de seguir la carrera militar; lo

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cual no quiere decir que renuncie a seguir manifestando, siempre que puede, la necesidad de llevar a cabo una profunda democratización del ejército español, ni a promoverla con absoluta convicción, lo cual le conducirá varias veces a sufrir las represalias de la autoridad militar.

Picavea termina en 1866 los estudios requeridos para op tar al grado de Licenciado en Filosofía y Letras, tras aprobar en el curso 1867/68 las asignaturas de Metafísica y Etica (sobresaliente), Historia de España 1 (sobresaliente), Arabe 1 (sobresaliente), y haber sido dispensado, con fecha de 21 de Noviembre de 1868, de las asignaturas de Historia de España II y Arabe II; pero no es hasta el año 1871 cuando solicita ser admitido a los ejercicios para dicho grado, retraso motivado quizá por su permanencia en filas, y parece que también por el viejo enredo de su nacimiento, que le causa no pocas dificul tades administrativas y burocráticas. Sea cual fuere la causa, el 24 de Enero de 1872 es aceptada su petición y, celebrados los exámenes, obtiene el 28 de Junio de 1873 su grado, con la calificación de aprobado, y siendo uno de los miembros del tribunal el político liberal José Canalejas Méndez. Del estu dio de los documentos de su grado de Licenciado, incluidos en

el mencionado expediente, se desprende que tal título lo obtuvo en la Universidad Central, como señalan Alonso Cortés, Valentí Camp, Fermín Solana, Abellán y Federico Sainz de Robles, aunque no den razón justificada de su afirmación y, en el caso de los dos primeros, se sostenga que fue en el año 1872. En contra de esta opinión se manifiestan Carlos Serrano, que insinúa que los estudios universitarios los cursó exclusi vamente en Valladolid, María Dolores Gómez Molleda e Isidoro

González Gallego. Gómez Moheda cree que debió ocurrir en Valladolid, puesto que no ha podido encontrar el nombre de Ricardo Mecías Picavea en los registros de títulos madrileños, mientras que González Gallego, aparte de apoyarse en la supo sición de Gómez Molleda, aduce que en 1872 Picavea se encon traba en Valladolid, donde habría publicado Kosmos 2, un largo poema krausista y cientificista.

2 En ocasiones, aparece en los escritos de algunos comentaristas como CoBmos.

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Ciertamente, Hacías Picavea sí escribió ese poema, hecho que mencionan, sin más, José Muro, Oscar Pérez Solís, Enrique Tierno Galván y Carlos Serrano, y al que añaden una fecha de publicación (1872) y algún comentario tanto Valentí Camp como José Luis Abellán e Isidoro González Gallego. Sin embargo, el comentarista más fiable en lo que se refiere a Kosmos es Narciso Alonso Cortés, quien asegura que ese poema, efectiva mente, fue editado en Valladolid, en 1872, y fue prologado por Angel María Alvarez Taladriz. Incluso reproduce y glosa algu nos de sus fragmentos, que constituyen lo único que de este escrito queda hoy accesible al público, pues no hemos sido capaces de localizarlo a pesar de nuestros esfuerzos; al tiempo, Alonso Cortés señala cómo, a su juicio, los versos muestran dos peculiaridades respecto a la generalidad de los escritos panenteístas krausistas: su determinación de no caer de lleno en las extravagancias lingúísticas y en la oscuridad de frase de muchos krausistas y el intento de compaginar el krausismo con los últimos adelantos de las ciencias físico—

naturales. Estas doe características que indica Alonso Cortés muestran un aspecto de la personalidad y del pensamiento de Picavea que se irá plasmando de manera más positiva en etapas posteriores de su evolución vital e intelectual.

De todas estas investigaciones se puede deducir que, Hacías Picavea está en 1872 en Valladolid, donde escribe Kosmos; mas el grado de Licenciado lo consigue en Madrid al año siguiente.

Por otro lado, Valentí Camp y González Gallego son de la opinión de que Picavea participó, en algún momento entre 1872 y 1874 y a las órdenes del general Concha, en la última guerra civil que enfrentó a liberales y carlistas; idea ésta que no está confirmada. Sí que parece ser cierto, según Alonso Cor tés, Valentí Camp, José Luis Abellán y el propio González Ga llego, que Hacías Picavea aprueba en 1874 una oposición para ocupar la cátedra de Psicología, Lógica y Etica del Instituto de Segunda Enseñanza de Tortosa, por más que Carlos Serrano sostenga que esto ocurrió en 1872 y que Almuiña Fernández afirme que se trata del Instituto de Enseñanza Media de Tolo sa. Pero, ese año 1874, como hemos podido comprobar en su ex pediente, Picavea se matricu1a en los cursos de doctorado de

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la Universidad Central y, tras cursar y aprobar las a.signatu—

ras de Estética (notable), Historia de la Filosofía (notable) e Historia crítica de la Literatura espa?iola (notable), soli cita, el 22 de Septiembre de 1875, ser admitido a los exémenes necesarios para obtener el grado de Doctor en Filosofía y Le

tras. ¿Es, pues, posible que estuviera haciendo el doctorado en Madrid al tiempo que cubría su plaza de catedrático en Tor tosa?. Es éste un enigma que no hemos podido resolver, aun cuando haya muchas razones para pensar que no es algo descabe llado.

Por fin, el 13 de Junio de 1876, Macías Picavea procede a defender su Tesis doctoral, titulada Determinación de los géneros fundamentales literarios, que recibe la calificación de aprobado por el tribunal presidido por José Amador de los Ríos, y del cual forma parte el historiador y político repu blicano Miguel Morayta, amigo de Castelar. Por tanto, le es concedido el grado de Doctor.

Si en su Tesis Picavea aparenta seguir aceptando en parte el punto de vista de la filosofía idealista, lo cierto es que bebe de las fuentes del positivismo filosófico, ya que su estudio tiene la pretensión de adoptar un carácter científico moderno, eso sí, cargado de consideraciones filosóficas sobre el mismo concepto de ciencia y sobre la problemática metodoló—

gica de las diversas ciencias naturales y morales. Por tanto, si se puede decir que hasta entonces, en general, Macías Picavea adopta la visión propia del idealismo krausista, recibida de la mano de Sanz del Río y Salmerán, en Madrid, y de Piernas Hurtado y Francisco de Paula Canalejas, en Vallado

lid, y en cuanto que éste es la corriente dominante entre la minoría ilustrada y liberal espafiola, a partir del fracaso del Sexenio Revolucionario y del golpe de Estado contra la Repú blica, de la que es ferviente entusiasta y partidario, Pica—

vea, como la mayoría de los liberales, abandona el krausismo, a excepción de su vertiente pedagógica, filosofía a la que se considera culpable del fracaso. El paso siguiente en su tra yectoria intelectual, y que no será el último, es su inserción en lo que denomina krausopositivismo o krausismo positivo, producida ésta merced al institucionismo, en concreto a. su amistad con Francisco Giner de los Ríos.

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De acuerdo con la mayoría de los comentaristas, la estan cia de Mecías Picavea. en Tortosa finaliza cuando consigue el traslado a la cátedra de Latín del Instituto Provincial de Va lladolid. Con toda seguridad, Picavea se establece en esa ca pital castellana en 1878, ocupando la.citada plaza en el Ins tituto, aunque cuatro años después, según afirma el propio Ma—

cías Picavea, sea catedrático de Latín y Castellano: ¿se tra taría de una única cátedra, como cree José Luis Abellán, o es que con posterioridad a 1878, pero antes de 1882, pasó a

me

talarse en la de Castellano?. Es una pequeña incógnita que queda sin resolver, a pesar de que lo más seguro sea lo prime ro.

Ese mismo año publica en Valladolid su Gramática general latina 3, interesantísimo libro de texto, puesto que se trata del primero que en España aspira a ajustarse a las orientacio nes de la moderna Filología, y porque supone, además, el primer adelanto en el campo del latinismo español desde el Método latino español de Raimundo Miguel, aparecido en 1848.

Su pensamiento, pues, sigue evolucionando hacia posturas cada vez más positivistas. También, funda y dirige, junto con Nicolás Carmona, Antolín Burrieza y Nicolás López R. Gómez, una Academia de Derecho, Filosofía y Letras y Notariado, en la cual permanece al menos hasta 1885, pues después de esa fecha no es mencionado como miembro de la misma en los anuncios de la Academia que aparecían en la prensa vallisoletana de la época, y que hemos consultado.

Macías Picavea se integra rápidamente en la vida valliso letana, por más que, como era de esperar, no sepamos demasiado de su vida subterránea de republicano durante estos primeros años de la Restauración, tan duros para los contrarios a la monarquía. Sí conocemos su pertenencia a las tertulias demó cratas que operan al margen de la legalidad vigente, así como el amor que siente por el deporte (hacer footing, nadar, jugar a la pelota vasca...) y por los paseos en medio de la natura leza (no hay que olvidar la influencia institucionista), y que es un auténtico fanático del velocípedo. Su carácter funda.men—

Narciso Alonso Cortés la llama Gramática latina, a secas; sin embargo, la forma precisa del título es ésta.

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